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Cuando Deje de Ser tu Sombra

Autor: Rana

Género: Drama, Fantasía, Romance

Sinopsis:

Era la mano de Dios, el pintor del siglo. Mi marido se convirtió en el mejor artista del imperio.

Y yo era su sombra.

Incluso cuando mi trabajo se volvió viral con el nombre de mi esposo, incluso cuando la gente hablaba mal de mí a mis espaldas.

Todavía estaba bien. Porque amaba a mi marido.

Pero en nuestro aniversario de bodas.

—Eres la única persona a la que amo de verdad.

Vi a mi esposo susurrando su amor a mi mejor amiga.

En el mismo momento en que mi esposo me vio descubrir su infidelidad, su rostro se contrajo con saña y me empujó.

—¿Dónde estás levantando la voz a tu marido?

Me di cuenta.

Me di cuenta de que ese hombre nunca me había amado.

Así que decidí convertirme en la esposa malvada de la que hablaban.

—Tengo una historia especial para ti —Inés sugirió con voz tensa.

Un hombre tan hermoso como Dios volvió sus ojos suavemente hacia ella.

—Es una historia especial, nuestro periódico no publicará el caso si no es lo suficientemente bueno…

—Es la caída del pintor conocido como la Mano de Dios… —Inés continuó con voz tensa—. ¿No es esto un escándalo lo suficientemente bueno como para ser publicado en Elton, el diario más grande del imperio?

—Entonces, ¿qué gana la condesa Brighton con el escándalo?

—Mi vida.

La respuesta de Inés trajo una expresión diferente a los ojos del hombre por primera vez.

Capítulo 1

Inés miró la escena frente a ella con una cara en blanco.

«Mentira.»

Un estudio que Inés consiguió vendiendo sus propias obras para ayudar a su marido con su trabajo. En el estudio, su esposo, a quien amaba profundamente, estaba de pie con otra mujer que no era ella. Para ser más precisos, la abrazaba con fuerza y la besaba apasionadamente.

¿Eso fue todo?

La mujer que sonrió dulcemente mientras besaba a su esposo era la amiga íntima de Inés, Charlotte. El cráter que yacía cerca cayó por los feroces movimientos de los dos.

Pero a los dos no les importaba.

Por el contrario, su aliento solo se volvió más caliente.

—Ja ja…

—Ah… Espera, allí…

La mano de su marido acariciando el cuerpo curvilíneo de Charlotte era lasciva.

—Mi amor eres solo tú.

Ante la afirmación de Ryan, Charlotte susurró con voz dulce.

—Ay, Ryan. Yo también.

El aire se calentó.

Ryan dejó un profundo beso en el cuello de Charlotte.

—Ugh, quiero divorciarme de inmediato...

Con sus labios presionados contra su cuello, Ryan murmuró con un suspiro emocionado.

—Es que Inés llora y llora tanto que no puede hacerlo.

—¿En serio?

Charlotte puso los ojos en blanco y envolvió sus brazos alrededor del cuello de Ryan. Ryan sonrió y abrazó la cintura de Charlotte.

—Sí.

El dobladillo del vestido se cayó, revelando sus blancas y suaves piernas.

La mano de Ryan tocó su pierna y trepó como una araña.

Al mismo tiempo, la fuerza se escurrió de las manos de Inés

La cesta que sostenía en la mano cayó al suelo.

Sonó un crujido agudo.

Los artículos en la canasta estaban esparcidos por todo el piso. El vino tinto se propagó por el suelo tras romperse la botella. Las dos personas, sorprendidas por el sonido, se dieron la vuelta.

Estas fueron las meriendas que Inés preparó y llevó para su esposo, quien estaba luchando con su trabajo.

—¿Inés?

—Hola, Ryan.

Su voz temblaba incómodamente.

Incluso después de llamar así a Ryan, Inés permaneció en silencio durante mucho tiempo.

Era difícil para ella aceptar esta situación ahora.

El marido al que amaba con todo su corazón, Ryan.

Y Charlotte, una amiga cercana desde la infancia.

«¿Cómo, cómo pudieron hacerme esto...?» Las lágrimas corrían por sus mejillas.

Inés se mordió el labio hasta que sangró.

—¿Qué… demonios estás haciendo aquí? —preguntó Ryan, disgustado.

A pesar de eso, Inés oró para que sucediera un milagro.

«No es nada, lo entendiste mal. Por favor, dímelo.»

Pero.

—¿Por qué estás aquí?

Más bien, Ryan preguntó descaradamente con los ojos bien abiertos.

—¿Me seguiste?

—¡Ryan!

—¡Este es mi espacio, mi estudio!

Los ojos de Inés temblaron violentamente.

Ryan se revolvió el pelo con nerviosismo.

—¿Siempre fuiste una mujer tan obsesiva? ¡Por eso salgo!

Su corazón latía como loco.

Numerosas protestas permanecían en su boca, pero ninguna de ellas pudo salir.

Después de lamerse los labios una y otra vez, las palabras que finalmente se le ocurrieron fueron...

—Dijiste que era una depresión.

Era una excusa de por qué había venido al estudio.

—Por eso vine. Debido a que el trabajo no va bien, ni siquiera puedes conseguir una comida adecuada… Me temo que dañará tu salud.

Inés apretó los puños con fuerza.

No entendía por qué estaba poniendo excusas. ¿No fue Ryan quien tuvo la culpa?

Pero.

—¡Entonces deberías haber llamado con anticipación!

Ryan le gritó a Inés. Asustada, Inés bajó los ojos reflexivamente.

—La razón por la que no dije que estaba de visita fue porque quería sorprenderte —dijo ella.

Los ojos de Ryan y Charlotte escocían mientras la miraban.

—Hemos estado algo distanciados…

Mientras pronunciaba esas palabras, Inés sintió un dolor en el corazón como si lo estuvieran desgarrando. Se sentía como si incluso el mínimo orgullo que constituía su existencia se estuviera haciendo añicos.

Era miserable.

Ahora que lo pensaba, Ryan se había estado molestando últimamente.

—¡Ja, la inspiración no viene, inspiración!

Hasta el punto de que Inés lo notaba cada vez.

—Cariño, si te tranquilizas…

—¡Es ruidoso, deja de regañar! ¡¿Crees que soy un niño?!

La parte de atrás de él saliendo de la habitación con gran ira seguía atrapándose en sus ojos.

—Señora, ¿va a traer su propia canasta de bocadillos? Podemos hacerlo.

—No, quiero hacerlo yo.

Empacando cuidadosamente bocadillos y vino en canastas, Inés esperaba que su esposo aliviara la carga de su corazón, aunque fuera un poco.

Incluso la sonrisa más pequeña estaba bien, así que esperaba que él sonriera para ella hoy.

Porque hoy…

—Ryan, por favor —dijo Inés con lágrimas en los ojos—. Hoy es nuestro aniversario de bodas.

Por un momento, Ryan se estremeció. Había olvidado por completo ese hecho hasta ahora.

Inés miró a Ryan con cara de asombro.

—¿Olvidaste eso?

—Si una persona está tan ocupada, puede olvidarse de eso. Deja de estar loca.

El desvergonzado Ryan abrazó la cintura de Charlotte.

—Vamos, Charlotte.

Charlotte se echó a reír, agarró el brazo de Ryan y salió. Sola, Inés miró fijamente la cesta de bocadillos esparcida por el suelo. Pedazos de queso pisoteados por los zapatos, sándwiches esparcidos y vino tinto que fluía y ensuciaba el piso.

Ella pensó que esa apariencia descuidada era como ella.

Cuando aún era una niña inmadura.

Inés pensó que era la persona más feliz del mundo.

Así fue, hasta que sus padres fallecieron un día debido a un accidente inesperado.

—¿Has oído hablar del conde Brierton y su esposa?

—Sí, hubo un gran accidente de carruaje…

Así Inés se convirtió en la única heredera de los Brierton. Un gran legado, y sucesor de un conde de renombre. Inés emergió de inmediato como la mejor novia del reino. Con quién se casaría era un tema de máxima preocupación en el círculo social.

Y cuando se reveló su novio elegido, los miembros de la alta sociedad estaban una vez más alborotados.

—¿Es el segundo hijo del vizconde Gott?

—Él tuvo suerte. Si fuera el segundo hijo, sería difícil heredar ni un centavo de fortuna, y mucho menos un título.

—Para obtener el título de conde de Brierton y una fortuna de un solo golpe, el matrimonio por sí solo es asombroso.

Al perder a sus padres cuando era joven, Inés era vulnerable a la soledad. La persona que indagó en esa soledad fue Ryan Gott.

Era el segundo hijo del vizconde Gott.

Quiero estar contigo por el resto de mi vida, señorita Brierton.

Inés tontamente creía eso.

Entonces Inés tomó la mano de Ryan y Ryan se convirtió en el conde de Brierton.

Pero Ryan siguió quejándose de que ella no era lo suficientemente buena.

—¿Qué haces con el título de conde de Brierton? Es solo una ilusión.

—Cariño, eso es…

—Si soy un hombre, debería hacerme un nombre en el mundo. ¿No lo crees?

Inés quería ver feliz a su marido.

Quería darle a su esposo todo lo que él quisiera.

Entonces, Inés hizo uso del pasatiempo de sus días de soltera y envió algunas pinturas a nombre de su esposo a una exhibición de arte. Ella solo estaba tratando de levantar un poco el espíritu de su esposo.

—¡Pintor en ascenso, Ryan Brierton!

—El hermoso pero delicado estilo de pintura es absolutamente perfecto…

Numerosos elogios y halagos.

Antes de darse cuenta, Ryan fue elogiado por todos como un pintor con las manos de Dios.

Aunque, Inés pensó que estaba bien.

El Imperio era un país conservador y era casi imposible que una mujer hiciera arte bajo su propio nombre.

Estaba feliz de ver brillar su talento bajo el nombre de su esposo y de ver su rostro feliz.

Definitivamente hubo un momento en que ese fue el caso.

Irónicamente, la relación de los Brierton se encendió por primera vez cuando Ryan se estaba asentando gradualmente como pintor.

«¿Ryan se quedará afuera hoy...?»

Inés no pudo ocultar su expresión complicada y se paró frente a la puerta principal.

No era sorprendente que Ryan no hubiera regresado a la casa en tres días. Dijo que hubo una reunión entre artistas.

Escuchó que era una reunión para una discusión profunda sobre el arte en general.

Pero el problema era que la reunión se hacía casi todos los días.

Debido a que asistió a esa reunión, el tiempo de Ryan en la casa se había reducido drásticamente recientemente.

Inés quería que Ryan estuviera a su lado hoy.

—Ryan, ¿tienes que irte hoy?

Entonces, mientras ayudaba a Ryan a prepararse para salir, Inés reunió todo su coraje e hizo esa pregunta. El rostro de Ryan se contrajo.

—¿Tienes algún tipo de problema dependiente?

—¿Qué?

Ante esa voz feroz, Inés se congeló en el lugar sin darse cuenta.

—De lo contrario, ¿cómo puedes interrumpir la vida social de un hombre de esa manera? —Ryan le disparó a Inés con disgusto—. ¿Me estás diciendo que me convierta en un hombre necio que vive de su esposa? Entonces, ¿qué pasa con la administración de mi red? ¡Reputación Social!

—Oh, no, no quise decir eso…

—¡Y qué si no es lo que quisiste decir!

Ryan casi tuvo un ataque.

—¡Debido a que estás demasiado obsesionada conmigo, estoy empezando a odiar volver a esta casa cada vez más!

ANGEL INVERNAL: Y con esto, estrenamos esta nueva novela aquí, hecha para que descarguéis la bilis y maldigáis con todo lo que tengáis mientras ansiáis el juicio final para ese perdedor y maltratador. Puede que la espera sea dura, que os frustréis a veces con la prota (debéis entender el contexto de una persona mentalmente débil y engañada) o que queráis entrar para estrangular a ese tipo, pero merecerá la pena. Bienvenidos a esta historia, queridos míos. Afilad los cuchillos.

Capítulo 2

—Hey, Ryan. qué es eso…

—¡Oh, es ruidoso! ¡No te metas en mis asuntos, ¿de acuerdo?!

Ryan le dio una palmada en la mano a Inés, que estaba arreglándose el cuello, y luego salió de la casa.

Habían pasado tres días desde que perdieron el contacto.

Sin embargo, Inés ni siquiera pudo enviar a una persona a ver a Ryan fácilmente. Fue porque tenía miedo de que Ryan se enfadara de nuevo.

Pero entonces.

—¡Ah!

Inés abrió mucho los ojos.

A través de la ventana, pudo ver el carruaje detenido en la puerta principal de la casa. Inés, olvidando los modales de una dama noble, salió corriendo a toda prisa.

—¡Ryan!

Cuando se acercó al carruaje, vio a Ryan, que estaba borracho y no podía saludarlo, inclinado en el carruaje.

Inés abrió la puerta del carruaje y trató de ayudar a Ryan.

—Oh, Dios mío, ¿qué es esto? ¿Por qué bebiste tanto…?

El aire estancado en el carruaje corrió hacia ella. El fuerte olor a alcohol y el dulce aroma del perfume se mezclaron con él.

«Este perfume definitivamente huele a mujer.»

Sintió como si le hubieran echado agua fría en la cabeza. Sin embargo, decidió preguntarle a Ryan cuándo se despertaría.

Inés se quedó allí sin comprender, mirando a Ryan que estaba dormido sin conocer el mundo.

«De ninguna manera. De ninguna manera. Estoy segura de que me dará una respuesta que tenga sentido…»

Al día siguiente, Ryan se despertó tarde.

—¿Qué? ¿perfume? ¿De qué diablos estás hablando? —preguntó de vuelta con una cara desvergonzada.

Más bien, regañó a Inés como si estuviera cansado de eso.

—Es solo porque eres tan sensible, ¿podremos vivir adecuadamente como pareja en el futuro?

—Uh, ¿qué quieres decir con que no podemos vivir como pareja?

—¿Haces que la gente se canse así, y crees que nuestra vida matrimonial puede durar?

Ryan se burló sarcásticamente de ella.

—¿Y si la heredera del venerable Brierton se divorciara?

Inés se mordió el labio.

Los Brierton con una larga historia, una de las familias más prestigiosas del reino.

Brierton era el orgullo de Inés y fue el legado más preciado que le dejaron sus padres. La razón por la que cedió un puesto como jefe de Brierton a Ryan fue en parte debido a la tendencia en la sociedad donde los hombres eran más reconocidos que las mujeres.

Sobre todo, era porque Inés amaba mucho a Ryan.

Porque quería hacer feliz a Ryan, porque quería reír junto a él. Pero Ryan ahora amenazaba a Inés al vincular la "vida de casada" y "Brierton". Porque estaba seguro de que Inés lo amaba a él ya Brierton apasionadamente.

Incluso por el honor de la familia, sabiendo que ella nunca lo dejará.

—Pero es cierto que últimamente has salido demasiado a menudo.

Inés, que no pudo soportarlo, protestó así.

—Inés, ¿me estás regañando ahora?

Ryan solo miró a Inés de arriba abajo con una expresión de asombro.

—Hay que entender que los hombres tienen una vida social. ¿Cuánto tiempo vas a ser tan inmadura?

Ante esa fría respuesta, Inés sintió como si el mundo se derrumbara.

Mientras que Inés estaba luchando sola por su relación con Ryan.

—¡Inés, cuánto tiempo sin verte!

Charlotte visitó, como si esperara que la pareja discutiera.

Inés estaba un poco avergonzada por la visita no anunciada.

—¿Así es como te comunicas con tus amigos? ¿Verdad, Inés?

Ante las amables palabras de Charlotte, Inés asintió en silencio.

Su relación con Ryan confundió su cabeza. No quería decirle nada malo a Charlotte, su única amiga y mejor amiga.

—Tengo una cita por aquí hoy, así que vine a visitar por un tiempo porque tengo algo de tiempo en el medio.

Era una actitud muy digna.

Charlotte se encogió de hombros y continuó.

—¿Me invitarías a una taza de té, Inés?

—Oh sí.

Por supuesto, Inés preparó té y aperitivos de alta gama como siempre.

Frente a esa espléndida mesa de té, Charlotte abrió la boca como si estuviera haciendo un gran favor.

—Dime si tienes alguna inquietud. Para eso están las amigas.

Por supuesto, si Inés hubiera estado en un estado normal, habría sospechado de Charlotte, quien había visitado a Inés en el momento adecuado y era impulsiva. Sin embargo, Inés estaba medio loca debido a sus preocupaciones sobre Ryan.

—Eso es en realidad...

Entonces Inés le contó con cautela sobre este asunto.

—Bueno, ¿no es culpa tuya?

Pero todo lo que volvió fue la increíble respuesta de Charlotte después de escuchar la historia de Inés.

—Inés se estremeció y enderezó los hombros.

—¿Es mi culpa?

—Por supuesto. Si no es así, ¿es culpa del conde Brierton?

Por un momento, Inés se quedó sin habla. Era extraño.

Definitivamente era culpa de Ryan con su sentido común, pero todos le decían a Inés que estaba equivocada.

Charlotte se encogió de hombros.

—Honestamente, eres el tipo de persona que molesta un poco a los hombres.

—¿Yo…?

—Sí. Los hombres odian absolutamente a las mujeres obsesivas como tú.

Charlotte siguió refunfuñando por los dulces de alta calidad que servían como refrigerio.

—¿No está cansado de ti el conde Brierton porque lo molestas?

—Bueno, entonces, ¿qué debo hacer?

—Um, si fuera yo...

Charlotte, que había inclinado la cabeza fingiendo estar pensando, sonrió suavemente.

—Creo que dejaré al conde en paz.

—¿A Ryan? Pero…

—En realidad, el conde tiene una personalidad de espíritu muy libre. Relajarse un poco puede ayudar a mejorar las relaciones a largo plazo.

Charlotte, quien dijo eso, se sorprendió y levantó su cuerpo.

—Oh, es casi la hora de mi cita. ¡Entonces me iré y nos vemos la próxima vez!

Inés miró la espalda de Charlotte, que salía de la habitación con una mirada desconcertada.

Ella no supo hasta entonces que la promesa de Charlotte de "estar cerca" era una reunión secreta con Ryan.

Inés, que no podía depender de nadie, se aisló poco a poco.

—¿Soy realmente rara? ¿Es mi falta de comprensión el problema? Si sigo intentándolo, ¿Ryan volverá a mí algún día? Estoy mal, estoy mal. No pude satisfacer a Ryan…

En medio de un sinfín de autodesprecio y autocompasión, Inés estaba cada vez más devastada.

Mientras tanto, fue testigo de una aventura entre Ryan y Charlotte.

Preferiría tener la oportunidad de aclarar por completo su relación con Ryan.

Después de trabajar en el estudio, Ryan cambió su actitud como moviendo la palma de su mano para convencer a Inés.

—Lo siento, esto es solo... Me desvié por un tiempo.

A pesar de tener un corazón frío hasta ahora, Ryan abrazó a Inés, que estaba aturdida, con fuerza en sus brazos.

—Los hombres a veces actúan como niños. ¿Entiendes, eh?

—Pero Ryan…

—Me desharé de Charlotte rápidamente.

Ryan empujó un empujón en la oreja de Inés.

—Eres mi única esposa, Inés. Si logro un poco más de éxito, Inés, seguramente te haré feliz.

Incapaz de rechazar esas dulces palabras, Inés todavía amaba demasiado a Ryan.

Porque así era.

—¿Hay algo nuevo en lo que estés trabajando estos días, Inés? Quiero que pintes algunas naturalezas muertas esta vez.

Todas las obras dibujadas por Inés se publicaron bajo el nombre de Ryan y fueron elogiadas como obras maestras que nunca volverán a suceder.

Así pasaron tres años.

Mientras tanto, Inés hizo innumerables dibujos, entregó los derechos a la familia de Gott y ayudó a Ryan.

Quería gustarle a Ryan.

Porque ella quería recibir, aunque sea un poco de cariño de él.

Entonces un día.

—Has trabajado duro todo este tiempo, Inés.

Ryan sonrió y palmeó a Inés en el hombro.

Ese momento en que el rostro de Inés se iluminó ante las amables palabras que no había escuchado en mucho tiempo.

—Entonces, terminemos nuestra relación.

—¿De… qué estás hablando, Ryan?

—¿Ves, Inés?

Ryan le entregó un documento a Inés.

—Ya no eres la condesa de Brierton.

—¿Qué?

—Eres solo un psicópata.

El documento emitido por cierto gran hospital psiquiátrico tenía un historial completo de la enfermedad mental de Inés.

Exceso de confianza, obsesión, paranoia, alucinaciones…. El único problema era que Inés ni siquiera había puesto un pie en ese hospital psiquiátrico.

—Ya se completó el procedimiento de hospitalización. El hospital psiquiátrico vendrá a recogerte pronto.

—¡No me gusta, no Ryan...!

Inés, que estaba sacudiendo la cabeza violentamente, vaciló hacia atrás.

Ryan frunció el ceño.

—¿Inés?

Al mismo tiempo, Inés salió corriendo de la casa.

«Debo huir. ¡No puedo quedarme encerrado en un hospital psiquiátrico por el resto de mi vida!»

Corrió sin aliento.

Quería salir del agarre de Ryan de alguna manera.

Y.

—Eh. ¿Qué pasa?

—¡Una persona fue atropellada por un carro!

Hubo una conmoción por todos lados.

Inés yacía en el suelo, inmóvil.

Sin embargo, no hubo dolor. Ella solo estaba confundida.

«Entonces, creo que solo he vivido para Ryan toda mi vida.»

Incluso el honor, la riqueza y el título que Ryan había acumulado hasta ahora.

Todas estas fueron las cosas que le dio Inés.

«Quiero recuperarlo.»

Al final del arrepentimiento que le atravesó el corazón, Inés cerró lentamente los ojos. Fue una muerte insignificante que no quedó en la memoria de nadie.

Athena: Lo que pueden llegar a hacer las personas con alguien que sea vulnerable. Hay quien puede criticar a Inés y decir que es tonta, pero en realidad debe dar bastante pena que alguien pase por todo eso y que la persona a quien más querías, te haga eso. Pero, ahora es cuando ella va a resurgir para acabar con esos hijos de puta.

Capítulo 3

Como si estuviera sumergida en agua fría durante mucho tiempo, su cuerpo se sentía entumecido y pesado.

—¡Señora!

En un instante, Inés abrió los ojos.

—¡Aaah...!

—¡Dios mío, señora! ¡Qué es esto, mire el sudor frío!

La criada sobresaltada limpió la frente de Inés con un pañuelo.

—Debe haber estado cansada, y en un día tan importante, se desmayó.

—¿Un día… importante?

Inés parpadeó en blanco.

Entonces la criada hizo una mueca de desconcierto.

—Hoy es su aniversario de bodas. Estaba deseando que llegara y preparó la cena usted misma.

—¿Aniversario de bodas…?

Por un momento, Inés tembló.

Aniversario de bodas.

La palabra la golpeó tan inquietantemente como una espada.

—Oh, ¿cuál es la fecha de hoy?

—Es el 28 de mayo de 1825.

En respuesta a esa extraña respuesta, Inés se congeló.

Ese fue el día.

Hace tres años desde el día en que perdió la vida.

El día que presenció por primera vez una aventura entre su esposo y su amiga cercana.

Fue el peor aniversario de bodas de su vida, y había vuelto una vez más.

«…Increíble.»

Inés se mordió el labio con fuerza.

Todo su cuerpo temblaba como un álamo temblón.

Pensó que iba a vomitar enseguida, así que se tapó la boca.

—Señora, su cara está tan demacrada. ¿Debo llamar al médico?

La criada habló con cuidado.

Inés, que estaba confundida, de repente volvió en sí.

«Sí, este no es el momento para mí para hacer esto.»

En este momento, había alguien a quien ella debería averiguar primero sobre su paradero. Ese hombre.

—No, está bien. ¿Qué pasa con Ryan?

Por un momento, la criada se detuvo.

—Eso…

—¿Él todavía no ha regresado?

La criada inclinó la cabeza con tristeza, como si hubiera hecho algo malo.

—Sí…

Sintiéndose indescriptible, Inés apretó los dientes.

—Ya veo…

Parecía que Ryan estaba pasando un buen rato con Charlotte en el estudio en este momento.

Fue bastante afortunado.

Si viera su rostro en este momento, definitivamente no podrá superar la sensación de ser humillada.

—Estaba preparando la cena…

Inés, que murmuró como un suspiro, se levantó.

Caminó lentamente hacia el comedor.

Un comedor limpio sin dejar polvo.

En el medio había una mesa cuidadosamente preparada. Era la mesa que Inés había montado con sus propias manos.

Vino, candelabros, comida, manteles y hasta las flores que adornaban la mesa.

No había nada que ella no pudiera alcanzar. Entre ellos, Inés miró las flores del jarrón.

Las rosas que eran de un rojo brillante hasta el punto de cegar sus ojos.

Se parecía al pelo de Charlotte.

—Realmente no fue un sueño —Inés murmuró con voz frustrada.

Ella sinceramente esperaba que todo esto fuera un mal sueño.

Sin embargo, el día de su aniversario de bodas, Ryan estuvo ausente y, dolorosamente, todo lo que pasó fue una realidad.

«Tal vez si voy al estudio ahora... veré a Ryan y Charlotte mezclando cuerpos.»

Inés, que estaba parada allí mirando fijamente las rosas, tomó una rosa y la aplastó.

—¿Oh, señora?

La criada sorprendida levantó la voz.

Inés se quitó los pétalos de rosa aplastados de las manos como si tirara basura.

Luego ordenó con frialdad.

—Llévatelo todo.

—¿Sí?

—Mi esposo no vendrá a casa de todos modos.

Después de decir esas palabras, Inés se dio la vuelta.

Un paso, dos pasos, tres pasos.

Se movía lentamente, pero finalmente no pudo soportarlo y cayó al suelo.

—¿Señora? ¡Señora!

La sirvienta asustada trató de apoyar a Inés. Inés sacudió la cabeza violentamente y apartó la mano de la criada.

—Está bien, está bien...

Como solía murmurar, "Está bien", se echó a llorar.

«Está bien, ¿qué quieres decir con que está bien? Me duele mucho el corazón.»

Las personas que una vez pensó que eran todo en el mundo en realidad nunca la amaron.

«Solo hoy, solo hoy. Voy a estar triste hoy y tirarlo todo por la borda.»

Sintió lástima por su tontería anterior, por el afecto que le tenía a Ryan, por la amistad que tenía con Charlotte que era tan preciosa.

—Ahhhhhhhh…

Inés gritó fuerte como un niño.

Pasaron unos días.

Mientras tanto, Ryan había estado encerrado en el estudio con el pretexto de pintar, por lo que ni siquiera podía irse a casa.

Mientras tanto, Inés tomó una decisión.

«Supongo que la reunión secreta con Charlotte es así de dulce.»

Inés se burló con frialdad.

Dejó pasar la tristeza que sentía como si el mundo entero se derrumbara.

Ahora, en lo más profundo de su corazón, solo quedaba la ira helada y la traición.

«Ya he estado bastante triste hasta ahora. No puedo llorar para siempre.»

De todos modos, la relación con Ryan ya había terminado.

Si era así, ¿no debería tener que cambiar un poco más realista ahora?

Lo primero que había que hacer era…

«Recuperar todo lo que fue robado por Ryan.»

Inés apretó los puños.

Era Ryan quien actualmente ocupaba Brierton. No había problema para que las mujeres heredaran títulos bajo la ley del reino, pero el ambiente social era un poco diferente.

—Es inusual que una mujer tenga un título.

La voz de Ryan, que había hablado como una persona compasiva, aún resonaba en sus oídos.

—Me haré cargo del título. También se vería bien.

—Pero…

—Debería tener al menos un título nobiliario para mostrar a los demás.

Ryan consoló gentilmente a Inés, quien dudaba.

—Inés, dices que me amas. ¿No odiarías ver a tu marido deambulando exhausto?

Cuando recobró el sentido, Ryan se apoderó repentinamente de Brierton. Aparte de eso, la fortuna que afluyó al vizconde Gott, los suegros de Inés, fue considerable. A pesar de que era la cantidad que ya se había aplicado, descubrió que había bastantes que recibieron fondos comerciales a nombre de Brierton.

—Por supuesto, los negocios se arruinan repetidamente.

Después de quitarse el amor ciego de Ryan, la realidad era tan clara.

«¿Qué diablos he estado haciendo todo este tiempo?»

Inés suspiró profundamente, sintiéndose patética.

En primer lugar, divorciarse de Ryan era una prioridad urgente. Sin embargo, según la Ley del Reino, para que se estableciera el divorcio de los nobles, estos debían obtener el permiso del rey.

Era un país conservador.

—No hay forma de que se otorgue el divorcio a menos que se convierta en un problema.

En ese momento.

Los ojos verde oscuro se volvieron hacia la pequeña pintura sobre la mesa. Era un dibujo de la propia Inés.

Debido a que era conocido en el mundo como el trabajo de Ryan, recitó una gran cantidad de dinero porque era el trabajo de un pintor famoso.

«Espera un minuto.»

Inés saltó de su asiento y recogió el marco.

«Por cierto, pinté este cuadro, ¿verdad?»

De hecho, Ryan apenas aprendió habilidades básicas de pintura.

Solo sabía jugar con pinceles, pero no tenía la capacidad de dibujar una imagen completa.

«Entonces…»

Como era el caso de las mujeres que asumieron el título, el Reino Lancaster no pensó positivamente en que las mujeres participaran en actividades al aire libre.

La mujer cuidaba la casa y se quedaba adentro, y el hombre cuidaba la casa demostrando sus habilidades afuera.

Ese fue el fundamento del reino.

Aun así, ¿si la reputación de Ryan como artista era de hecho falsa?

—Va a ser un gran golpe para Ryan.

Si a eso se suma su romance con Charlotte, sería un gran escándalo.

«¡Entonces puedo obtener el permiso de Su Majestad!»

Los ojos de Inés brillaron.

«Sin embargo, para escalar un escándalo hasta el punto de que el divorcio sea posible, la ayuda de los medios de comunicación es fundamental.»

Inés estaba una vez más profundamente preocupada. La agencia de noticias más famosa del reino en la actualidad era la corporación Elton, que publicaba el mejor diario del reino.

Por su precisión y excelentes artículos, Elton tenía reputación no solo en el reino sino en todo el continente.

Y quién era actualmente el propietario de Elton.

El duque de Sussex.

Enoch Fitzroy von Lancaster.

Un hombre cuyo apodo era más famoso que el del rey. Enoch era un hombre con antecedentes únicos en muchos sentidos.

Como línea directa de la familia real, era un príncipe que tenía derecho a la sucesión al trono después del rey actual.

Sin embargo, quería hacerse cargo de una empresa de medios que de repente estaba en declive, pero que se había convertido en una de las principales empresas de medios del reino.

Concentrándose en los negocios, se distanció por completo de la política y ahora se había convertido en un hombre de negocios de pleno derecho.

Además, su privacidad también estaba limpia.

A pesar de que se ganó los corazones de muchas mujeres con su apariencia sobresaliente, no tenía ningún historial con mujeres que pudiera dañar a la familia real.

Sin embargo, esa belleza y el sentido estético básico de Enoch se combinaron, todo lo que Enoch vestía, comía y usaba se convirtió en tendencia en el reino.

Por supuesto, se desconocía si Enoch usó su belleza estratégicamente o si sucedió de alguna manera.

Y Enoch mostró generosamente su sentido estético en su propio periódico…

«Por cierto, mi trabajo apareció una vez en la página de arte de la revista Elton.»

Desde que su trabajo se publicó en la revista Elton, su esposo, a quien se conocía ocasionalmente, se convirtió rápidamente en uno de los mejores pintores del imperio.

Ahora que había vuelto al pasado, su conexión con Elton ha desaparecido.

«Para ser honesta ... Estaba un poco feliz en ese entonces.»

Aunque no podía afirmar que era su trabajo, todavía sentía que se reconocía su talento.

La expresión de Inés, que había estado relajada por un tiempo, pronto se volvió decidida.

«Entonces debo obtener ayuda del duque de Sussex de alguna manera.»

¿Cómo llamar la atención del duque de Sussex?

En primer lugar, no había forma de conocer al duque de Sussex...

Mientras que Inés estuvo en problemas durante mucho tiempo.

La puerta se abrió de repente sin llamar.

Un hombre entró en la habitación.

Peinaba su cabello negro hacia atrás con elegancia y vestía un traje que se ajustaba perfectamente a su cuerpo.

Sin embargo, se notaba que su ropa estaba un poco desordenada.

Los rasgos en sí mismos eran bastante hermosos, pero los labios pálidos y los ojos grises brillantes daban una sensación de maldad.

—Inés.

Inés se enfrentó al hombre con un rostro inexpresivo.

La persona que la miraba ferozmente era el esposo de Inés.

Era el conde Brierton, Ryan Gott.

Athena: Vamos Inés, sé que podrás vengarte y acabar con esa chusma. Por cierto, el nombre del reino o el apellido Sussex son de regiones o títulos del Reino Unido. De hecho, existió una familia muy famosa noble que tenía el apellido Lancaster y que protagonizó junto a los York la conocida "Guerra de las Dos Rosas" y que, además, el famoso escritor George RR Martin usó como inspiración en su famosa saga de "Canción de Hielo y Fuego".

Oh, y antiguamente existió el Reino de Sussex en la Inglaterra medieval, y aún hoy día, existe el título de duque de Sussex, que, si no me equivoco, sigue a manos del príncipe Harry de Reino Unido.

Datos curiosos para mis lectores para que aprendáis más cosas jaja.

Capítulo 4

—¿Qué diablos estás haciendo ahora? —preguntó Ryan con voz enojada—. Tu esposo regresó a casa, pero ni siquiera me recibiste afuera. ¿Tienes responsabilidad como esposa o no?

En el pasado, Inés se habría encogido cada vez que Ryan estaba tan enfadado y trataría de complacerlo de alguna manera.

Pero.

—¿No es lo mismo para ti?

Inés respondió con indiferencia. Ryan hizo una pausa ante la respuesta Inésperada.

—¿Qué?

Inés replicó sin levantar una ceja.

—¿Cuántas veces vino alguien a avisarte que estaba enferma?

Eso era cierto. Mary, una sirvienta cercana a Inés, estaba preocupada cuando Inés se desmayó. Mary seguía enviando gente a Ryan, pero a Inés no le importaba. Porque no habría ninguna diferencia si él sabía que ella estaba enferma o no.

—Pero tú, a pesar de que tu esposa había estado enferma durante días, ni siquiera mostraste la cara.

—Eso no…

—Si tuvieras sentido de la responsabilidad como esposo, al menos no hubieras sido tan indiferente. ¿No lo crees?

Inés le devolvió lo que Ryan había dicho. El rostro de Ryan se puso rojo. Ryan, que no tenía nada que decir, levantó la voz sin razón.

—Ja, es porque estaba ocupado trabajando. ¡¿No entiendes eso?!

«Mentiroso.» Inés se rio de la ropa desordenada de su marido. Tal vez hubiera marcas de besos rojos en el cuello de esa camisa. Fueron huellas que Charlotte dejó como si quisiera verla para verlo.

En el pasado, ella simplemente lo ignoraría. Y ahora…

«Esta vez tendré que fingir que no lo sé.»

Inés se apretó levemente los dientes. Si Ryan supiera que ella se estaba preparando para el divorcio, seguro que trataría de apaciguar a Inés de alguna manera.

Pero no pudo evitar sentirse mal del estómago.

Después de arreglar la expresión en su expresión contorsionada, Inés hizo una pregunta.

—Entonces, ¿qué está pasando?

—Oh, sí.

Como si fuera bueno haber tenido la oportunidad de cambiar de tema, Ryan rápidamente abrió la boca.

—¿Sabes que hay un banquete de Año Nuevo esta vez?

—¿Un banquete de Año Nuevo?

Inés también lo sabía.

Era una fiesta que la familia real celebraba una vez al año para celebrar el final del año pasado y dar la bienvenida al nuevo.

Los nobles intentaron asistir con los ojos encendidos, incluso para conocer a la familia real.

—Pero, ¿qué tiene eso que ver conmigo?

Ella solo iba a sentar las bases para Ryan de todos modos.

En ese momento, Inés tenía una expresión bastante hosca en su rostro.

—El duque de Sussex también asistirá.

Por un momento, Inés de repente levantó la cabeza.

—Espera, ¿el duque de Sussex?

Había estado pensando en cómo conocer al duque de Sussex, ¡pero esta era la solución!

Ryan habló de nuevo.

—¿Sabes cuán influyente es el duque de Sussex en el mundo del arte? Tengo que mostrarme bien al duque esta vez. Entonces, Inés, tú también tienes que estar atenta…

Ryan susurró más, pero Inés no pudo oírlo en absoluto.

«Puedo reunirme con él.»

Su corazón latía con fuerza, e Inés presionó su pecho suavemente con su mano.

«Alguien que pueda darme la oportunidad de cambiar mi destino.»

Para hacer eso, tenía que lograr que el duque de Sussex estuviera de su lado.

Los ojos de Inés se iluminaron.

La puerta estaba cerrada.

«…Algo extraño.»

Ryan miró hacia atrás a la puerta cerrada con una cara cuestionable.

La Inés de hoy era un poco diferente a la de antes.

—¡Ryan, te extrañé mucho!

Si hubiera sido la Inés de siempre, se habría mostrado llena de cariño nada más verlo.

—¿Cómo estás hoy?

Se habría arrojado a los brazos de Ryan, diciendo que estaba tan feliz de poder morir.

—¿Has comido? ¿Estás cansado? ¿Quieres lavarte?

Habría preguntado por su bienestar tanto como él estaba cansado. Pero hoy fue diferente.

«Esos ojos.»

No quedaban emociones en los ojos de Inés, esa mirada que era simplemente indiferente. Era como si estuviera lidiando con una piedra rodante al costado del camino...

«No, estoy siendo sensible sin razón.»

Ryan negó con la cabeza.

Incluso si ese es el caso, ella era una mujer que pasaría toda su vida amándolo de todos modos.

«Si vuelvo mañana y la consuelo, sonreirá con una cara de estúpida que no sabe nada. Porque es una mujer así. Entonces vayamos a ver a Charlotte.»

Pensando así, Ryan dio un paso adelante.

Los pasos eran muy ligeros.

Unos días más tarde.

Inés conoció a una persona no deseada.

—Señora, la señorita Jason ha llegado.

La criada le dijo a Inés con una cara brillante. Fue porque Inés se había sentido débil recientemente, por lo que la criada pensó que la visita de la mejor amiga de Inés, Charlotte, la animaría.

Sin embargo, la reacción de Inés fue un poco diferente a lo esperado.

—¿Sin una cita?

Más bien, el rostro de Inés se había endurecido.

—¿La señorita Jason me dijo de antemano que ella estará de visita hoy?

—Uh, no.

De hecho, el punto de Inés era válido.

Era una cortesía básica hacer una cita con anticipación y pedir su comprensión antes de visitar la casa de alguien.

Sobre todo, los Brierton eran una familia noble considerable.

Esto significaba que no era un lugar donde cualquiera pudiera entrar y salir fácilmente.

Pero.

—¡Inés!

Una mujer asomó la cabeza en la habitación y llamó a Inés con una voz animada.

Era una mujer hermosa con cabello rojo y ojos morados.

Inés se enfrentó a la mujer con el rostro rígido.

—Charlotte.

Charlotte Jason.

Era una amiga cercana que había sido amiga de Inés desde la infancia.

Cuando los padres de Inés murieron, fue Charlotte quien estuvo a su lado y la consoló.

—Escuché que tenías un fuerte dolor de cabeza. Por eso vine a visitarte.

Charlotte se sentó junto a Inés.

Dijo que tenía que visitar a un enfermo, pero, no trajo nada como si fuera natural.

Siempre había sido así.

Inés no quería regalos.

Sin embargo, cada vez que Charlotte estaba enferma, Inés empacaba todo tipo de alimentos y regalos saludables.

Era gracioso pensar en eso ahora.

«La forma en que nos tratamos es diferente, pero yo, solo, creo que es una verdadera amistad…»

Pero entonces.

—¿La señorita Jason está aquí?

Una voz llena de alegría resonó.

Ryan entró de repente en la habitación.

—Hola, conde Brierton. Vine a visitar a Inés porque escuché que estaba enferma.

Los dos pretendieron ser casuales, pero ya se habían visto y se habían acostado varias veces antes de hoy.

Ryan sonrió brillantemente.

—Inés tiene una muy buena amiga. Viniste aquí así.

—Oh, no hay problema.

Los dos se echaron a reír como si fueran muy felices.

Inés los observó a los dos en silencio.

«Creo que ahora lo sé.»

La dulce mirada de Charlotte sobre Ryan. Ryan sonrió dulcemente a Charlotte. Hasta ahora, Inés no lo sabía.

«Qué estúpida.»

Al mismo tiempo, Charlotte, que compartía miradas significativas con Ryan, se volvió hacia Inés.

—Ya sabes, Inés. ¿Puedo pedirte un favor?

Charlotte puso sus manos sobre su pecho y sus ojos brillaron.

—El baile de Año Nuevo llegará pronto.

—¿Y qué?

—No tengo un carruaje para ir al baile de Año Nuevo...

Charlotte dejó caer los hombros como si fuera lamentable.

—Entonces, ¿puedo viajar en el carruaje contigo?

Se veía tan delicada que hacía que la gente quisiera abrazarla con fuerza.

Tal vez en el pasado, el corazón de Inés ya se habría debilitado por esos ojos húmedos.

«No siento nada sorprendente.»

Mientras tanto, frente a la silenciosa Inés, Charlotte sintió una extraña sensación.

«Algo es extraño.»

Si hubiera sido la Inés de siempre, ya habría respondido que sí a su sincera petición. Pero ahora, Inés solo miraba a Charlotte sin decir nada.

—Inés, tú y yo somos mejores amigas. —Impaciente, Charlotte engatusó a Inés—. Además, tengo una buena relación con el conde Brierton. ¿Sí?

Charlotte, que había actuado así, lentamente extendió la mano y colocó sus manos sobre las de Inés.

Inés se estremeció y enderezó los hombros.

Charlotte habló con voz triste.

—Sabes, no soy como tú.

De hecho, la familia Jason era una baronía, estaba cerca de una aristocracia caída. En circunstancias normales, Charlotte ni siquiera podría comunicarse con los Brierton, una de las familias más prestigiosas del imperio. Sin embargo, debido a una relación accidental cuando eran jóvenes, Charlotte se convirtió en la mejor amiga de Inés.

Con Inés como trampolín, Charlotte hizo su debut social y tuvo la oportunidad de interactuar con varias personas influyentes.

—Si estuviera en el mismo carruaje que Brierton, la gente me ignoraría un poco menos…

—Suelta mi mano.

Al mismo tiempo, sonó una voz terriblemente fría. Avergonzada, Charlotte abrió mucho los ojos.

—¿Inés?

Inés empujó la mano de Charlotte como si sacudiera la tierra.

—Debes saber que tocar el cuerpo de una persona de manera imprudente es un acto de falta de respeto.

Athena: Tírala por la ventana. Aunque a ese tipo de personas lo que mejor les sienta como venganza es precisamente, la humillación social.

Capítulo 5

—Pero Inés, somos amigas…

—Cuanto más amigas seamos, más educada deberías ser.

Inés trazó la línea con suavidad, pero con firmeza.

En realidad, eso era correcto.

En el Reino de Lancaster, a menos que se tratara de parientes o amantes, se evitaba el contacto físico íntimo.

El comportamiento de Charlotte fue claramente grosero. Inés siguió hablando con Charlotte, que estaba aturdida.

—Y no creo que pueda conceder tu petición.

—Eh, ¿por qué?

—Aunque somos amigas cercanas, estaríamos juntos en un carruaje con una pareja casada. ¿Qué pensarían los demás?

Tal vez el hecho de que Charlotte pidiera tal favor era para presumir que estaba tan cerca de los Brierton y también para burlarse de Inés.

Inés entrecerró los ojos.

En el futuro que ahora había desaparecido, Inés había escuchado bastantes chismes sobre Charlotte.

En ese momento, Inés no sabía nada sobre la aventura de Charlotte y Ryan, por lo que dijeron: "Es pura amistad".

Inés estaba demasiado ocupada para buscar afecto y era demasiado ingenua para ver la verdad.

«Ya no puedo ver mi reputación empañada.»

Mientras tanto, al ver a Inés rechazar fríamente la petición de Charlotte, Ryan se sorprendió con ojos de conejo.

—No, ¿por qué estás siendo tan fría?

—¿Qué quieres decir con corazón frío?

Ryan estaba magullado, pero Ines respondió sin levantar una ceja.

—Más bien, considerando la posición de Charlotte, ¿no sería correcto decir que no?

—¿Qué?

—Soy cercana a Charlotte, Ryan, y has sido amigo de Charlotte durante mucho tiempo, así que no importa.

Inés se encogió de hombros.

—Charlotte está en condiciones de preocuparse un poco por las opiniones de otras personas, ¿verdad?

—No, ¿qué importan las opiniones de otras personas?

—Sí importa. Charlotte sigue soltera y está muy interesada en casarse. —Inés sonrió suavemente, fingiendo no saber nada—. Me había pedido que le presentara a un caballero varias veces.

—Oye, Inés, eso es…

Charlotte miró a Ryan a los ojos, sin saber qué hacer.

«Sí, te va a doler el corazón.»

Inés torció los labios.

Porque frente a Ryan, Charlotte solo pretendería darle su inocencia de por vida.

—Si estás pensando en casarte, ¿no sería mejor no hacer algo que podría generar malentendidos de muchas maneras?

Inés se volvió hacia Charlotte, fingiendo no saber nada.

—Espera, eso es...

—No me importa, pero creo que las damas del círculo social tendrán prejuicios contra tu conducta.

—¿Prejuicios?

—Sí, el prejuicio de tener demasiada intimidad con hombres casados.

El rostro de Charlotte se calentó en un instante.

«Ella no se dio cuenta de la relación entre Ryan y yo, ¿verdad?»

Charlotte miró a Inés, pero Inés solo tenía una cara tranquila.

«Por supuesto que no.»

Charlotte se sintió un poco aliviada.

Aún así, su corazón se sentía incómodo como si tuviera una espina debajo de la uña.

«Estás diciendo que soy una persona vulgar... Ni hablar, esa ingenua Inés no podría decir algo así.»

Cuando Charlotte negó con la cabeza para sus adentros…

—No sabía que la señorita Jason estaba codiciosa por el matrimonio.

La fría voz de Ryan resonó.

«¡Ah!»

Sintiendo que su corazón se hundió, Charlotte levantó la cabeza.

Vio a Ryan mirándola fijamente.

—Ah, eso…

Charlotte trató de poner excusas, pero Inés fue más rápida.

—Ryan, ¿a las mujeres no les gusta eso siempre? Conocer a un buen hombre y encontrar estabilidad es la mayor felicidad de una mujer.

—¡Oye, Inés!

—Charlotte solo está soñando así.

Pretendiendo envolver sus brazos alrededor de Charlotte, Inés empujó a Ryan más.

—Pero Charlotte tiene un lado muy encantador, así que me pidió que le presentara a Sir Todd el otro día.

Ryan apretó los puños.

William Todd.

Como tercer hijo del vizconde Todd, era un hombre talentoso que incluso se unió a los Caballeros Reales con sus propias habilidades.

Tenía la misma edad que Ryan, los dos fueron comparados en todos los casos.

Para ser más precisos, la habilidad de William brillaba en comparación con Ryan.

A diferencia de Ryan, que no tenía nada antes de casarse con Inés, William se hizo un lugar.

La sonrisa de Inés se hizo un poco más profunda.

—Bueno, Charlotte incluso bordó el pañuelo para dárselo a Sir Todd. No digo esto porque sea mi amiga, pero ¿no es tan encantadora?

—Sí, así es…

Después de apenas dar esa respuesta, Ryan se quedó en silencio.

Había mucha fuerza en su mandíbula mientras apretaba los dientes.

«Tiene el orgullo herido.»

Inés, que miraba a Ryan con una mirada feliz, se levantó.

—Entonces iré al baño por un rato, vosotros podéis seguir hablando.

Inés, que salió, se apoyó en un lugar cercano.

Mientras escuchaba, resonó la voz reprimida de Ryan.

—¿Todd? ¿Todd? ¿Cómo pudiste traerle un pañuelo o cualquier cosa a ese hombre? —Después de estallar en una risa enojada. Ryan volvió a preguntar—. Charlotte, ¿has estado coqueteando con otros hombres además de mí?

—Yo tampoco puedo vivir siendo tu amante para siempre, ¿verdad?

—¡Dilo ahora!

Inés, que los escuchó discutir, sonrió.

Ha habido momentos como este antes.

En el pasado antes de la regresión.

Charlotte tenía un fuerte deseo de casarse, o para ser más precisos, de elevar su estatus a través del matrimonio.

Inés había tratado de presentarle a Charlotte un buen hombre. Pensó que, si Charlotte encontraba una buena pareja, podría romper con Ryan.

…Si eso sucedía, Inés creía que Ryan volvería con ella.

«Pero, incluso después de eso, se pegaron como un par de cucarachas y ni siquiera se cayeron.»

Inés se encogió de hombros y se dio la vuelta.

Ahora, una cosa tan vanidosa no importaba.

Lo que era importante para ella ahora.

«El baile de Año Nuevo.»

Allí tenía que conocer de alguna manera al duque de Sussex.

Los ojos verde oscuro de Inés se hundieron con frialdad.

El día del banquete de año nuevo.

Inés se paró frente al espejo con el rostro tenso. Un vestido blanco plateado que envolvía completamente su esbelto cuerpo y revoloteaba con elegancia.

Se envolvió un pelaje blanco alrededor de los hombros para hacerlo más elegante, y se usaron aretes de esmeraldas a juego con el color de sus ojos en los lóbulos de las orejas.

Aunque no había decoraciones lujosas, no se veía mal. Más bien, era elegante y digna como una reina. La tela del vestido en sí, la piel y los aretes que se usaban en el cuerpo eran caros.

«Ha pasado un tiempo desde que me puse estos pendientes.»

Inés se tocó la oreja con un toque nostálgico.

Le gustaba el tacto de los pendientes de esmeraldas que colgaban de los lóbulos de sus orejas.

«A mi madre le encantaban estos pendientes.»

Estos pendientes de esmeraldas eran el recuerdo de su madre.

Escuchó que el precio de este par de aretes era suficiente para comprar un carruaje.

En conmemoración del quinto aniversario de bodas de su padre con su madre, directamente le pidió a un famoso artesano que lo hiciera.

Sin embargo, Inés en su vida anterior ni siquiera usó estos pendientes solo algunas veces.

—¿Qué diablos son esos pendientes? Eso es demasiado extravagante. Si eres la anfitriona de una familia, debes saber cómo ser frugal.

Fue porque Ryan lo dijo.

Si no hubiera regresado al pasado, si la hubieran llevado a un hospital psiquiátrico y hubiera pasado allí el resto de su vida...

«¿Los aretes podrían pertenecer a Charlotte?»

Inés se mordió el carrillo.

—Señora, el carruaje está listo.

En ese momento, se escuchó la llamada de la criada.

—Está bien, voy a bajar.

Inés se dio la vuelta y salió.

Ryan, que estaba esperando en el primer piso de la mansión, la encontró y frunció el ceño.

—¿No es tu atuendo demasiado llamativo? —Las reprimendas volaron a la vez—. Dije que no me gustan las mujeres extravagantes. ¿Hasta cuándo seguirás vistiéndote de manera tan inmadura y costosa…

—Me gusta.

—¿Qué?

En un instante, los ojos de Ryan se agrandaron.

Inés agregó casualmente.

—Sé lo que te gusta. Pero me gusta, así que me vestí así.

—¿Inés?

—Dijiste que debería saber cómo ser frugal como anfitriona familiar, ¿verdad?

Los tacones de los zapatos chocaron con el piso de mármol, haciendo un sonido distinto.

Inés, de pie justo en frente de Ryan, extendió la mano y tocó el cuello de su esposo. Pensó que los dedos largos y delgados de Inés tocarían la parte superior de su traje perfectamente angulada, pero sus manos se dirigieron a su corbata.

—Hay algo de verdad en esa afirmación, pero todavía tienes que pensar en la cara del conde Brierton.

Inés apretó la corbata con fuerza.

—Ugh.

Ante la respiración que se hizo más apretada en un instante, Ryan tensó los hombros.

—Llevas los mejores trajes que has confeccionado en el vestidor y llevas corbatas de seda de Oriente —Inés juntó suavemente los ojos—. ¿No es todo por el bien de la cara del conde?

—Eso es cierto... pero…

—Así que de ahora en adelante, también pensaré en la cara del conde cuando me vista.

Inés terminó su discurso con calma.

—¡Ack, ack!

Ryan, cuya conciencia fue apuñalada, tosió sin razón y evitó su mirada.

Porque siempre usaba excusas para que Inés vistiera mal mientras él se entregaba a todo tipo de extravagancias.

Athena: Qué tipo más asqueroso, en serio. Espero su muerte o algo.

Capítulo 6

Ryan siempre le predicó a Inés que fuera frugal, pero todo lo que usaba él era ajustado a la más alta calidad.

Usó como excusa que los hombres trabajaban afuera y había muchos ojos para ver.

Y la persona que más le sentaba a Ryan con ese atuendo...

Era Charlotte.

Charlotte siempre quiso llamar la atención de todos.

Inés era, por ejemplo, un cáliz.

Al lado de Charlotte, quien estaba adornada como un pavo real, Inés no era más que un extra que hacía resaltar la belleza de Charlotte.

—Sobre todo, si salgo vestida con ropa muy gastada, ¿la gente no sospechará? —preguntó Inés.

—¿Qué quieres decir?

—¿El conde Brierton está tratando tan mal a la condesa, por eso está vestida con ropa tan andrajosa?

—Eso…

Como si lo hubieran apuñalado en la cabeza, Ryan se puso rígido. De hecho, esas palabras eran en realidad las que Inés había escuchado antes de su regresión.

En primer lugar, Ryan pudo convertirse en el conde Brierton debido a su matrimonio con Inés. Incluso después de que Inés dejó de salir y solo se concentró en ayudar a Ryan en la sombra, los rumores habían seguido la espalda de Ryan con bastante tenacidad.

Ha pasado tanto tiempo desde que vi la cara de la condesa…

El conde no puede estar tratándola mal, ¿verdad? ¿Es por eso que solo se le permite quedarse en la casa?

Bueno, los rumores no eran completamente falsos.

—Pensé que debería prestar un poco más de atención a mi atuendo, para evitar rumores tan desagradables. —Inés, con sus ojos redondos cerrados, retrocedió un par de pasos—. Todo esto es para ti. ¿Lo sabes bien?

Se sintió un poco incómodo, pero Ryan asintió obedientemente.

¿Era esa la ingenua Inés que conoció?

Ella nunca podría haber dicho lo que pensaba de esa manera.

«Porque Inés me ama.»

Frente a los desconocidos ojos verde oscuro de Inés, Ryan se consoló.

Inés sonrió suavemente.

—El banquete de hoy es un evento muy importante. Vámonos, llegaremos tarde.

Las luces de los candelabros de colores cayeron como joyas en el salón de banquetes. El champán dorado cae en cascada sobre las montañas de copas de champán.

La música suave y elegante hacía cosquillas en los oídos, y la gente se vestía de esplendor como ramos de flores conversando.

Entre ellos, algunas de las señoras saludaron a Inés.

—Ha pasado mucho tiempo desde que la vi, condesa Brierton.

Mirando a Inés con una mirada inusual, una dama sonrió brillantemente.

—Está muy hermosa hoy.

—Gracias.

Inés sonrió como un cuadro y asintió con la cabeza.

Tal vez el significado de las palabras de la dama fue: "¿Por qué ha estado usando ropa tan raída regularmente?"

¿Cuántos rumores se habían difundido en la oscuridad?

Si se atrevieron a decirle algo así en la cara, ¿cuánto hablaron a sus espaldas?

Inés luchó por tragarse el suspiro que estaba a punto de estallar.

—¡Entra el duque de Sussex!

El asistente real levantó la voz en voz alta.

En un instante, los ojos de la gente se volvieron hacia él.

Cabello rubio brillante como si hubiera sido extraído fundiendo oro puro y ojos tan azules como el mar. Realmente, era un hombre deslumbrantemente hermoso.

A pesar de que acababa de entrar al salón de baile, su presencia era abrumadora. Inés miró fijamente al duque de Sussex.

«Finalmente nos conocimos.»

Tratando de reprimir la tensión que subía hasta el final de su cuello, Inés apretó los puños.

«Mi divorcio, mi trabajo, mi vida.»

Una persona que podría ser el mejor ayudante para hacer que todas esas cosas sucedieran.

El hombre estaba parado justo en frente de ella.

Mientras tanto, el entorno se volvió ruidoso como un enjambre de abejas.

—Oh, Dios mío, ¿el duque de Sussex está aquí?

—Es increíble, sé que rara vez asiste a fiestas como esta.

—Creo que vino hoy porque es una fiesta de Año Nuevo organizada por la familia real. Ya que es el hermano menor del rey.

Posteriormente, entraron el rey y la reina, y comenzó la fiesta de Año Nuevo. Sin embargo, el protagonista de esta fiesta era definitivamente el duque de Sussex.

—¿Cómo está, duque?

—Esta vez disfruté el artículo especial publicado por la revista Elton.

Rodeado de gente en un instante, el duque de Sussex sonrió torpemente.

—¡Oh, Dios mío, el duque de Sussex!

Ryan, quien se acercó a Inés al mismo tiempo, susurró con voz muy emocionada.

—¡Si solo puedo recibir el patrocinio del duque, mi reputación será aún mayor!

Eso era cierto.

Porque el duque de Sussex era famoso por elegir solo genios para apoyarlos.

Todos los artistas apoyados por el Duque alcanzaron una fama considerable en el Imperio. De ahí el apodo de "El caballero que ve oro".

—¡Tengo que hablar con el duque de alguna manera...! —Ryan no pudo superar su nerviosismo y se mordió los labios.

La gente rodeaba al duque casi como un muro, por lo que no había forma de acercarse a él.

Y entonces.

—¿Inés?

Alguien llamó a Inés.

Era una voz mezclada con un ligero disgusto.

Mirando hacia atrás, Charlotte estaba allí, adornada como un ramo de rosas rojas.

—¿Qué llevas puesto? —Charlotte miró a Inés de arriba abajo y arrugó la frente—. Te lo dije, eres mucho más bonita cuando vistes ropa normal. ¿Qué pasa con este disfraz?

—Bueno, prefiero vestirme como me gusta más que lucir hermosa para los demás.

Inés respondió casualmente. Charlotte se mordió las muelas con fuerza.

«¿Qué diablos es esa reacción?»

Si hubiera sido la Inés de siempre, seguramente se habría quedado aterrada, sin saber qué hacer.

—¿Me veo tan extraña?

—Bueno… No te queda bien.

Después de decir algo así, Charlotte pretendía pensarlo un rato.

—Creo que sería mejor si arreglara tu maquillaje. ¿Vamos juntas a la sala de descanso?

Así era como Charlotte siempre retorcía la mente de Inés y luego se dirigían a la sala de descanso. Después de eso, Charlotte arreglaba el maquillaje de Inés lo más claro posible y luego regresaba al salón de baile.

De todos modos, como Inés era la condesa de Brierton, una de las prestigiosas nobles, había bastantes caballeros que querían saludarla cortésmente. Luego, Charlotte se paraba junto a Inés y esperaba mientras mostraba su hermosa belleza en contraste con Inés.

Los caballeros que saludaban a Inés le pedían a Charlotte un baile, y de entre ellos, ella escogía al hombre que le gustaba.

—Pero Inés, eso es…

—De hecho, Charlotte, hoy recibí un cumplido de la baronesa Wickham de que era hermosa. —Fingiendo ser tímida, Inés continuó hablando mientras se teñía ambas mejillas de rojo—. Nunca antes había recibido un cumplido así, y estoy muy contenta de escucharlo por primera vez.

—¿Qué?

—Supongo que mi gusto no es tan malo. ¿Verdad?

Charlotte no pudo evitar mantener la boca cerrada.

Si ella dijera "Tu gusto no es bueno" aquí, significaría que la baronesa Wickham, quien elogió a Inés, era una mentirosa.

—Nunca antes había recibido un cumplido así cuando me vestí con sencillez como dijo Charlotte. —Inés sonrió con picardía—. Es importante escuchar los consejos de los demás, pero no creo que sea malo vestirme a mi gusto. Después de todo, la persona que mejor me conoce soy yo.

—Inés, ¿de qué estás hablando? —Al mismo tiempo, Ryan interrumpió la conversación—. Charlotte lo dijo por tu propio bien.

Inés entrecerró los ojos y miró a Ryan.

Además de discutir sobre el problema de los hombres de Charlotte, su afecto cercano aún permanecía.

Verlo ponerse del lado de Charlotte de esta manera.

—¿Crees que hay alguien que se preocupa por ti tanto como la señorita Jason?

—Ryan —dijo Charlotte.

—¿Realmente necesitas reprenderla frente a gente así? ¿Eh?

Inés se quedó estupefacta.

«Ahora veo que Ryan nunca ha tenido en cuenta mi orgullo.»

En primer lugar, Inés no reprendió a Charlotte.

¿Cómo podría ser grosera su respuesta a "Tu ropa no es buena" con "Quiero usarla de acuerdo a mi gusto"?

¿No era Charlotte más grosera al hablar de la vestimenta de alguien así?

Pero la voz de Ryan solo siguió aumentando.

—Tienes cara de Brierton, ¿tienes que ser tan grosera?

De repente, los ojos de la gente se volvieron hacia él.

Ryan sintió esa mirada y estiró los hombros.

«Esta es una oportunidad.»

Recientemente, el comportamiento de Inés fue extrañamente molesto.

Para convertirla en la esposa obediente como antes, era necesario quebrantar su espíritu frente a personas como esta.

Era inevitable

Sobre todo.

«Frente a la gente, tengo que mostrarles cómo Inés se aferra a mí desesperadamente.»

De lo contrario, la gente pensaría que se casó con Brierton y tomó el título sin necesidad de trabajar.

Recientemente, Ryan había ganado mucha fama en el mundo del arte, por lo que la gente chismeaba menos que antes.

«Si no piso así a Inés, nunca sabré qué tan alto escalará.»

Ryan le dio fuerza a su voz y siguió hablando.

—¡Cada vez que actúas así, me humillas más...!

Pero entonces.

—Oh.

Una voz suave sonó.

Era una voz hermosa.

—Parece que llegué en un mal momento.

Athena: Por favor, que alguien lo asesine.

Capítulo 7

—¡Ah!

Sorprendido, Ryan miró hacia atrás.

El duque de Sussex, Enoch Fitzroy von Lancaster.

El hombre con el que Ryan desesperadamente quería tratar de hablar de alguna manera lo miraba con una mirada hosca.

—Las pinturas que el conde Brierton publicó recientemente son bastante buenas, así que vine aquí a saludar.

Los ojos azules como el mar tocaron a Inés por un momento, luego se volvieron hacia Ryan.

—Esta es mi opinión, pero el conde, en lugar de la condesa, debería prestar más atención al rostro de la familia.

—Ah, duque.

—No importa cuán intensas puedan ser tus emociones, es cierto que eres tú quien alzó la voz en un banquete organizado por la familia real… —Los ojos de Enoch se inclinaron suavemente—. No creo que eso ayude a la cara del conde Brierton de ninguna manera.

El rostro de Ryan estaba teñido de un rojo brillante como un tomate maduro. Al mismo tiempo, Enoch continuó hablando en voz baja.

—Además, que yo sepa, el comienzo de los logros del conde en el mundo del arte fue su matrimonio con la condesa. ¿No es así? —Por un momento, Ryan se congeló en el lugar—. Creo que la ayuda de la condesa hasta ahora se puede atribuir a los considerables logros que el conde ha mostrado hasta ahora.

—Eso, eso…

—Además, no se ve muy bien tratar a tu esposa con tanta dureza frente a la gente, incluso si no es por esa razón.

Después de decir eso, Enoch saludó a Ryan con un ligero guiño de ojos.

—Entonces, diviértete.

Enoch se excusó así como así.

De nuevo la gente rodeó a Enoch.

Entre aquellos que luchaban por obtener de alguna manera un atisbo del interés de Enoch.

Inés miró la espalda de Enoch con los ojos muy abiertos.

«Reconoció mis esfuerzos.»

Hasta ahora nadie reconoció el esfuerzo de Inés. Más precisamente, a ella ni siquiera le importaba en absoluto.

Eso podía haberla hecho aún más pegajosa a Ryan. El momento en que esperaba desesperadamente que su amado esposo sonriera, adaptándose a cada movimiento de su esposo, teniendo en cuenta sus gustos e incluso dedicándole toda su vida a Ryan.

«El duque lo sabe.»

De alguna manera, su corazón latía con fuerza e Inés se mordió los labios suavemente.

La primera persona que reconoció la existencia de Inés.

Y ahora ella...

«Quiero ser reconocida por Su Alteza.»

Como artista independiente con obras que contenían su propia firma.

No el conde Brierton, sino Inés Brierton.

Ella quería ser reconocida.

Un alegre vals se escuchaba a lo lejos a través de la puerta de vidrio cerrada.

—Ja...

Inclinándose en el balcón adjunto al salón de baile, Enoch dejó escapar un largo suspiro.

«Estoy cansado.»

Contrariamente a la espléndida apariencia de disfrutar de una fiesta toda la noche, de hecho, a Enoch no le gustaba mucha gente.

De hecho, la razón por la que asistió a este banquete de Año Nuevo fue por el pedido de su hermano, el rey.

—¿Cuánto tiempo planeas vivir soltero? Deberías casarte ahora y establecerte.

—No, no tengo intención de casarme todavía...

—Aún así, asegúrate de asistir a este banquete. Quién sabe, podrías conocer a una mujer que te guste.

No pudo superar la insistencia del rey, así que asistió, pero quería volver a la casa del duque y descansar.

Enoch sacó suavemente el reloj de bolsillo de su bolsillo.

Era el momento en que estaba juzgando si podía abandonar el salón del banquete sin previo aviso.

—Hola, duque de Sussex.

Se escuchó una voz tranquila.

Enoch miró hacia atrás.

—¿Condesa Brierton?

Una mujer con una apariencia elegante como un abedul cubierto de nieve se inclinó cortésmente ante Enoch. Ante la aparición de una persona que nunca había esperado, Enoch pareció algo sobresaltado.

Inés Brierton.

Dado que los Brierton eran una de las familias más prestigiosas del reino, Enoch también sabía un poco sobre Inés.

Inés era la única heredera del ex conde y una vez fue llamada la mejor novia del reino. Escuchó que después de casarse con Ryan, ella había estado viviendo una vida tranquila sin siquiera salir. Pero lo extraño fue que después del matrimonio, el conde se convirtió en un artista en ascenso.

De hecho, no todos los artistas aparecían como un cometa así, sino pintores famosos que se habían interesado por la pintura desde la infancia.

Sin embargo, que él supiera, Ryan no tenía ningún interés en la pintura cuando era joven, pero Ryan de repente mostró su genio al arrasar en numerosas exposiciones de arte.

Así lo supuso Enoch.

«¿Es porque pudo concentrarse únicamente en pintar sin tener que preocuparse por nada mientras se casaba con la condesa?»

Por supuesto, ciertamente hubo algunos artistas cuyos talentos florecieron a medida que mejoraba el entorno.

Pero incluso si el vizconde Gott fuera un aristócrata algo pobre, podría ser capaz de apoyar el talento artístico de su hijo...

Enoch, que tuvo un rostro cuestionable por un momento, volvió a hacer la pregunta.

—¿Qué hace aquí, condesa?

Por un momento, Enoch vio que los ojos verdes que habían estado ansiosos como capullos recién florecidos se volvían rápidamente nítidos.

Inés levantó la cabeza erguida.

—Duque de Sussex.

Pareció elegir sus palabras por un momento, pero luego miró directamente a los ojos de Enoch e hizo una pregunta.

—¿Sabe por qué mi esposo no pinta retratos de otros? Eso…

Inés juntó las manos para ocultar su tensión.

Sus manos enguantadas estaban empapadas de sudor frío.

—Es porque no puede dibujar.

Por un momento, los ojos de Enoch se entrecerraron.

Inés tragó saliva seca y miró a Enoch a los ojos.

«¿Tuve éxito?»

Ella solo tenía un objetivo.

Presentar un tema que interese al duque de Sussex tanto como sea posible.

«Al menos... estará interesado en mis palabras.»

Enoch tenía un gran interés en el arte e incluso encontró algunos artistas para patrocinar.

Además, Ryan era una estrella en ascenso a la que Enoch le prestaba atención. Entonces, si la condesa declaraba repentinamente que su esposo artista no puede dibujar, Enoch no podía evitar sentir curiosidad.

«Pero todavía no sé si terminará en un mero interés o se convertirá en un trato en el que él estará dispuesto a tomar mi mano.»

Inés sintió que se le secaba la boca.

Después de un momento de silencio, Enoch respondió.

—Él no puede dibujar…

Los ojos azul oscuro se entrecerraron con frialdad.

—¿Que significa eso?

—Las pinturas publicadas a nombre de Ryan en realidad no están pintadas por él. —Inés continuó, tratando de que su voz no temblara—. Hay un verdadero artista que pintó para Ryan.

—¿Puede probar eso?

—Sí.

Inés asintió y buscó en el bolso que llevaba en el brazo.

Enoch miró lo que estaba haciendo y lo que Inés había sacado de su bolso.

«¿Un bloc de notas y lápiz?»

Enoch tenía una cara bastante perpleja.

Sin embargo, el extraño comportamiento de Inés continuó. Dejó una nota en la barandilla y empezó a jugar afanosamente con su lápiz.

El sonido del lápiz rozando el papel cuadrado resonó durante mucho tiempo.

Entonces…

—Mire.

Inés le entregó el memorándum.

En él había un dibujo de la mitad superior del cuerpo de Enoch, desde la cara hasta los hombros.

Aunque el bloc de notas en sí era pequeño y no se podía expresar en detalle, eran las características del rostro y el cuerpo de Enoch.

Sobre todo.

«Este trazo.»

Los trazos en los que se dibujó el boceto eran muy familiares.

Inés volvió a hacer la pregunta.

—¿No cree que es un estilo que ha visto antes?

Enoch frunció el ceño ligeramente.

—¿Conde Brierton?

—Sí.

Inés asintió con la cabeza con decisión.

—El duque de Sussex probablemente lo sepa bien. Los retratos son la mejor manera de hacer famoso a un artista en un corto período de tiempo.

Era una actividad laboral efectiva para el artista en muchos sentidos.

La fotografía todavía no estaba muy desarrollada y el hecho de que las fotos en blanco y negro solo se usaran ocasionalmente en los periódicos.

Lo más popular en este período era el retrato. Incluso en los matrimonios entre nobles se intercambiaban retratos para entenderse, y, además, en las casas de los nobles se colgaba al menos un retrato familiar.

Por lo tanto, el retrato era la forma más efectiva para que un pintor ganara mucho dinero y, sobre todo, era la forma más rápida de llamar la atención de los aristócratas.

Pero la estrella en ascenso, el conde Brierton, nunca había pintado un retrato.

La gente le dio todo tipo de cumplidos a Ryan de esa manera.

La excentricidad de un genio, la nobleza de un noble.

La gente decía que era maravilloso que no estuviera obsesionado con el dinero.

«En realidad, eso no es todo.»

Inés se mordió las muelas.

«No sabe dibujar.»

Los retratos tenían que dibujarse con un modelo delante de ellos.

Y el sujeto del retrato podría continuar comprobando el proceso de dibujo del retrato. Todas las pinturas que se habían presentado bajo el nombre de Ryan hasta ahora habían sido dibujadas por Inés.

Por eso Ryan no podía pintar un retrato.

Temía que, si dibujaba un retrato, sus habilidades quedarían expuestas.

Capítulo 8

—Duque, ¿ni siquiera pensó una vez que el comportamiento de mi esposo era extraño?

Enoch se quedó en silencio por un momento ya que la pregunta de Inés era exactamente lo que había pensado.

«Definitivamente era extraño.»

El hecho de que Ryan no tuviera nada que ver con la pintura cuando era niño.

Y del matrimonio a empezar a ser famoso de repente.

Si Inés hubiera pintado en su nombre, todos los rompecabezas encajarían.

Mientras tanto, Inés miró a Enoch, que estaba en problemas.

«Está bien, eso es suficiente.»

No podía decir todo desde el principio.

Las dudas ya habían sido provocadas, y ahora era el momento de darle tiempo para pensar.

El duque de Sussex tenía una personalidad racional.

Entonces, cuanto más lo pensaba, más se daría cuenta de que la situación actual era sospechosa.

Inés dio un paso atrás y sonrió.

—Le daré la imagen, así que échele un vistazo más de cerca.

Luego levantó ligeramente el dobladillo de su vestido e hizo una reverencia.

—Entonces estaré esperando su nuevo contacto, duque de Sussex.

Después de decir esas palabras, Inés se giró ligeramente.

Enoch, que miraba su espalda lejana, llamó a Inés.

—Condesa Brierton.

—¿Sí?

—Tómelo.

Enoch sacó algo de su bolsillo y se lo tendió.

Inés, que lo había tomado de repente, tenía cara de sorpresa.

Era un lujoso pañuelo con delicadas esquinas bordadas.

Enoch continuó hablando con indiferencia.

—Tiene grafito en las manos. Límpielo antes de entrar.

Inés se atragantó por un momento.

Enoch, que nunca había tenido nada que ver con ella hasta ahora, notó que su mano estaba cubierta de grafito y le entregó un pañuelo.

Ryan, que saltó a la fama por las pinturas de Inés, nunca, nunca...

«Nadie había sido tan considerado antes.»

Inés, que se mordía los labios con delicadeza, sonrió levemente.

—Gracias.

—No fue nada. Ah, por cierto, condesa Brierton.

—¿Sí? —Inés miró a Enoch con cara de perplejidad.

Enoch de repente hizo una pregunta.

—¿La condesa está suscrita a la revista Elton?

Era una pregunta un poco extraña.

Inés, que parpadeó con ambos ojos, respondió rápidamente.

—Sí, lo leo todos los días.

—Bien.

Enoch asintió y siguió hablando en voz baja.

—Durante la próxima semana, le pido que mire cuidadosamente los anuncios en la página de Elton.

—¿Sí? ¿Qué quiere decir?

Inés estaba desconcertada, pero los dos habían estado solos durante demasiado tiempo para responder a la pregunta. Si alguien los viera a los dos juntos, las cosas podrían ponerse un poco molestas.

—Entonces, señor, entraré primero.

—Sí.

—Gracias.

Inés, que pidió permiso, se dirigió rápidamente hacia el salón de banquetes. Mientras tanto, Enoch fue capturado por un extraño sentimiento.

«Esa expresión de hace un momento.»

La expresión de Inés mientras se inclinaba y daba las gracias cuando le entregaba el pañuelo. De alguna manera parecía muy triste.

«¿Por qué la condesa tiene esa expresión?»

Expresiones faciales menores a las que normalmente no habría prestado mucha atención seguían abarrotando su mente. Quizás por eso Enoch no podía apartar los ojos de Inés, que se alejaba.

Tan pronto como Inés entró en el salón de banquetes, Ryan se acercó a ella.

—Inés, ¿estás bromeando ahora?

Ryan, que miró a su alrededor, bajó la voz y se molestó mucho.

—Quiero decir, ¿tengo que pararme en el salón del banquete estúpidamente porque no tengo pareja?

Inés miró a Ryan. Aunque ella se había ido por bastante tiempo, Ryan solo estaba considerando su propio rostro.

«Si yo estuviera en la posición de Ryan, primero habría preguntado por qué Ryan estaba fuera. No, habría buscado dónde estaba Ryan en primer lugar y me habría preocupado por su bienestar...»

… Inés se dio cuenta una vez más de que la magnitud de sus sentimientos el uno por el otro era muy diferente.

Inés, que se mordía el labio, respondió con indiferencia.

—Tenía dolor de cabeza, así que vine estirado para tomar un poco de aire.

Lo dijo en caso de que Ryan estuviera preocupado.

—¿Te duele la cabeza? Ah…

Ryan solo chasqueó la lengua como si estuviera aturdido.

«Sí, fui una estúpida por esperarlo.»

Inés, quien sonrió brevemente, le preguntó a Ryan.

—Entonces, ¿por qué no tienes pareja?

—¿Qué?

—Bailaste con Charlotte en el primer baile anterior. Así que pensé que estarías con Charlotte.

Ryan, quien fue apuñalado en el corazón, cerró la boca.

No importaba lo unida que estuviera Charlotte a Inés, la esposa legal de Ryan era Inés. Sin embargo, Ryan siempre le pedía a Charlotte que bailara primero.

Inés habló en voz baja.

—Siempre tienes una pareja que se llama Charlotte, así que no te importaba a dónde iba.

—¡No, eso es…!

Ryan estaba furioso, como si lo hubieran atrapado.

De hecho, fue porque las palabras de Inés eran ciertas. Hace un tiempo, mucho después de que Inés desapareciera.

A Ryan y Charlotte no les importaba en absoluto el paradero de Inés y bailaron varias canciones juntos. Pero hubo un zumbido que agarró sus oídos.

Por cierto, la condesa Brierton hace tiempo que no aparece.

El conde está con la señorita Jason.

¿Están el esposo y la esposa en buenos términos?

Siempre están separados.

Después de escuchar los susurros, Charlotte se apartó del lado de Ryan con una cara un poco avergonzada.

Conde, le veré más tarde.

Vale.

Después de separase de Charlotte, Ryan comenzó a buscar a Inés.

Sin embargo, Inés no estaba allí, y el ambiente a su alrededor me hizo temblar por nada.

Entonces Inés regresó justo a tiempo. Pero lo que ella le dijo fue Inésperado.

—Solo quiero volver, estoy cansada.

Ryan parecía abiertamente decepcionado.

—No, ¿ya?

Inés miró a Ryan con una cara extraña.

Aunque ella dijo que le dolía la cabeza y que quería irse a casa a descansar porque estaba cansada, él no se preocupó.

«Ni siquiera te importa.»

La sonrisa de Inés se oscureció un poco.

—No hay necesidad de estar decepcionado. ¿Por qué no te quedas solo y disfrutas un poco más de la fiesta?

—¿Qué?

—Es una fiesta importante organizada por la familia real, lo entenderé.

Ryan se estremeció. Fue porque notó la espina incrustada en la voz de Inés.

Pero.

—Está bien, ve a casa primero y descansa. —Ryan forzó una sonrisa.

—Es una vida social. Tú entiendes.

—Sí.

Inés, quien echó un vistazo a Ryan, salió del salón de banquetes inmediatamente.

Ryan miró su fría espalda mientras se iba.

«Bueno, si Inés está enojada, ¿debería importarme?» Pronto, Ryan se encogió de hombros por dentro. «De camino a casa, puedo comprarle unas flores.»

Entonces, con un paso agradable, Ryan se abrió paso entre la multitud.

En el carruaje de regreso a la casa.

Inés se agarró el pecho y respiró hondo.

Fue porque la tensión se alivió más tarde cuando estuvo sola.

«No puedo creer que haya hablado a solas con el duque de Sussex.»

Claro que, para divorciarse, para recuperar los cuadros que había dibujado hasta el momento, necesitaba desesperadamente la ayuda del duque.

«Aún así, realmente no pensé que tendría el coraje de acercarme al duque.»

Recordó lo que Ryan y Charlotte le decían cada vez.

No puedes hacer eso.

¿Qué crees que puedes hacer? Quédate quieta.

Esa voz severa y burlona.

Sin embargo, Inés logró persuadir al duque de Sussex por su cuenta. Como prueba de eso, ¿no estaba este pañuelo?

Inés miró el pañuelo que Enoch le había dado.

Un pañuelo blanco manchado de grafito. Aunque pudiera parecer insignificante para otros, era un artículo con un significado especial para ella.

«Puedo hacerlo también.»

Que Inés tenía el coraje.

Evidencia que probaba que ella dio el primer paso para recuperar su propia vida.

«Por favor, el duque de Sussex debe aceptar mi propuesta.»

Después de mirar el pañuelo durante mucho tiempo, Inés lo dobló cuidadosamente y lo guardó en su bolso.

Luego miró por la ventana.

Las luces de la calle estaban estropeadas fuera del carruaje en movimiento.

Era como su corazón roto.

—Ah…

Un largo suspiro escapó de los labios de Inés.

Capítulo 9

El día del banquete de Año Nuevo, naturalmente, Ryan pasó la noche fuera. Inés, que normalmente habría estado nerviosa, no se enojó ni buscó a Ryan esta vez.

«Bueno, yo sabía esto.»

Ella simplemente lo aceptó.

Después de eso, Inés llamó a Mary, su doncella personal.

—Mary.

—Sí, señora.

—Cuando entreguen el periódico de Elton por la mañana, tráemelo primero incondicionalmente.

Mary tenía una cara de perplejidad ante la orden un tanto repentina, pero luego asintió con la cabeza.

—Sí, señora.

Inés, que había devuelto así a Mary, fortaleció su corazón.

«De alguna manera recuperaré todo lo que fue robado.»

Los ojos verde oscuro brillaron con frialdad.

Ahora la única esperanza era el duque de Sussex.

Su vida, su obra. Todo.

Unos días más tarde.

Los ojos de Inés, que había abierto la página de anuncios del periódico Elton como por costumbre, se abrieron de par en par.

El regalo que me diste es apreciado.

Me gustaría hablar un poco más sobre ese regalo.

Espero su visita en cualquier momento.

De: S.

Un pequeño texto en una esquina de la página del anuncio.

Inés miró atentamente cada letra del anuncio, como si intentara memorizarla.

«Si fue la noche de hace tres días, seguramente...»

Era el día del banquete de año nuevo organizado por la familia real.

Al encontrarse a solas con el duque de Sussex, reveló los secretos de las pinturas que se habían publicado bajo el nombre de Ryan.

Además, la S inicial…

«¡Es el duque de Sussex!»

Estaba tratando de evitar los ojos de Ryan y contactarlo de alguna manera, pero no podía creer que el duque pusiera un mensaje en la página de anuncios.

Inés, que estaba sonriendo alegremente, se levantó.

Mientras se cambiaba rápidamente de ropa y se maquillaba ligeramente, Mary se quedó perpleja e hizo una pregunta.

—Señora, ¿va a salir?

—Sí.

Inés se miró al espejo y sonrió.

Entonces, la doncella se puso brillante y se aferró a Inés.

—Es una muy buena idea. A veces, cuando sale, su estado de ánimo cambia.

—Gracias, Mary.

La sonrisa de Inés se oscureció un poco.

Ahora, finalmente.

Era hora de ir a cambiar su vida.

Enoch se sentó en el salón, sumido en sus pensamientos.

Frente a él había un anuncio del periódico Elton publicado esta mañana.

«Le dije que prestara atención al anuncio, así que probablemente lo vea y me visite pronto.»

Los ojos verde oscuro de Inés que brillaban intensamente de repente destellaron en su mente. Fue la curiosidad lo que movió a Enoch ahora.

Hablando de la condesa de Brierton, era una dama con un alto rango en el reino. Ella vino a Enoch sola y expresó su opinión claramente incluso con una cara muy nerviosa.

La desesperación en esa actitud también era desesperación, pero, sobre todo.

«Si el conde Brierton realmente tiene a la condesa como pintora sustituta...»

Por un momento, los ojos de Enoch se entrecerraron… ¿Por qué no lo pensó antes?

Quizás, pensó que este mal podría haber existido hace mucho tiempo. Debido al ambiente conservador del reino, era casi imposible que las mujeres y los plebeyos realizaran actividades artísticas bajo su propio nombre.

Sin embargo, hasta ahora, tales asuntos nunca se habían discutido públicamente. Eso fue porque…

«Porque todo el mundo estaba obsesionado con el prejuicio de que las mujeres no se dedican a actividades artísticas.»

Incluso Enoch, que trató de pensar de manera bastante progresiva, no pensó en ello hasta que lo escuchó de Inés.

Ni siquiera podía imaginar la idea de "usar a una mujer como artista proxy". Pero ahora Enoc escuchó a Inés y confirmó que tal maldad realmente existía.

Entonces…

«Esto es un engaño para el reino y el mundo del arte en todo el continente.»

Enoch pensó que no podía simplemente tolerar tales males. Sólo entonces…

—Duque.

El viejo mayordomo, que había estado sirviendo a Enoch durante mucho tiempo, habló cortésmente.

—La condesa Brierton está aquí.

«¿Por qué viene tan pronto como pienso en ella?» Enoch sonrió y asintió.

—Tráela adentro.

Después de un tiempo.

Inés, que apareció, lo saludó cortésmente.

—Hola, ¿cómo ha estado, duque de Sussex?

—Sí, he estado bien. ¿Condesa Brierton?

—Gracias por su preocupación, he estado bien.

Inés sonrió suavemente.

Después de mirarla por un momento, Enoch sugirió un asiento.

—Por favor, siéntese.

—Gracias.

Inés se sentó sin dudarlo.

Los dos se miraron como si se estuvieran explorando. Entonces, Enoch se dio cuenta.

«Ciertamente no parece que se sienta desanimada o incómoda.»

Más bien, Inés estaba mirando directamente a los ojos de Enoch. La mayoría de los nobles se sintieron intimidados frente a Enoch, por lo que esta reacción fue refrescante.

«Es divertido.»

Enoch se rio entre dientes y finalmente abrió la boca.

—En primer lugar, quiero elogiarla por contarme sobre esto.

—Eso significa…

—Sé que se necesita mucho coraje para mencionar esto.

En un instante, un esplendor brillante apareció en los ojos verde oscuro. Incluso Enoch sabía lo que significaba la luz.

Era esperanza.

—Sin embargo, con respecto a lo que estaba hablando la condesa, sentí que era necesaria una discusión más profunda, así que me comuniqué con usted.

—Escucharé.

—En realidad, también pensé que era un poco extraño.

Enoch se recostó lentamente en el sofá de cuero y continuó.

—A pesar de que el conde Brierton es un pintor tan famoso, nadie ha visto nunca al conde en acción.

Sus ojos, tan profundos como un lago, se entrecerraron en un profundo pensamiento.

—Por supuesto, no hay razón para revelar el propio proceso de trabajo, pero no hay razón para ocultarlo.

Dedos largos y gráciles golpeaban el reposabrazos de la silla.

—Obviamente, si la condesa hizo la pintura para él, ciertamente entiendo por qué no quería exponer su trabajo.

Después de hacerlo, Enoch levantó la vista y miró directamente a Inés.

—Incluso si el conde Brierton actúa de manera sospechosa, no es por eso que debo cooperar con la condesa.

De hecho, estaba medio bien y medio mal.

Ahora que se enteró de esto, Enoch podría de alguna manera sancionar al conde Brierton, incluso por el bien del mundo del arte del reino.

Fue un pensamiento. Pero primero, necesitaba ver si el conde Brierton realmente nombró a la condesa como su pintora sustituta.

«Porque las sanciones no tienen que ser en la dirección de ayudar a la condesa.» Enoch habló con calma.

—Así que creo que debería explicar por qué debería ayudar a la condesa Brierton.

Inés sintió que se le secaban los labios.

—...Escuché que la mayoría de los nobles ni siquiera pueden hablar frente al duque de Sussex.

De hecho, frente a Enoch, la presión fue grande.

«Pero tengo que superarlo.»

Inés, que ya había tomado una decisión, miró a los ojos de Enoch y respondió con claridad.

—En primer lugar, sé que nombrar a un pintor sustituto es en sí mismo un acto de corrupción para el mundo del arte del reino.

Enoch asintió levemente, confirmando sus palabras.

Inés, que había ganado fuerza gracias a ello, habló rápidamente.

—Entonces, el problema de los pintores proxy debe erradicarse. Pero esta es una razón moral y de principios.

En un instante, sus ojos verde oscuro brillaron intensamente.

—El duque de Sussex también se beneficiará de esto.

—¿Cuáles serán los beneficios?

—El duque de Sussex es dueño de Elton y periodista. Entonces, ¿por qué no les doy un artículo interesante? —Inés siguió hablando claramente—. ¿Por qué no le doy al duque el derecho exclusivo de informar sobre la secuencia de la caída de mi esposo?

Por un momento, los ojos de Enoch cambiaron de color. Él pensó que ella era solo una dama inocente, pero en el buen sentido, era bastante presuntuosa. Pero aparte de gustar la respuesta.

—Hmm, el derecho exclusivo de informar.

Mientras reflexionaba sobre la respuesta de Inés, Enoch inclinó la cabeza en ángulo.

—Ciertamente, si la caída del pintor llamado Mano de Dios… Es un escándalo digno de la revista Elton.

Al contrario de dar una respuesta positiva, los ojos de Enoch todavía estaban fríos.

—Entonces, ¿qué gana la condesa Brierton con el escándalo?

Afortunadamente, esa pregunta ya había sido respondida.

Sonó una voz firme.

—Mi vida.

Ante esa respuesta, los ojos de Enoch cambiaron por primera vez.

—Ya no quiero vivir a la sombra de mi marido. Yo… —Inés concluyó la conversación resueltamente—. Mi vida, mi trabajo, incluso mi título. Quiero recuperar todo.

Enoch guardó silencio por un momento.

«Quiere recuperar su vida. Nunca había pensado en ello en esa dirección.»

El Reino de Lancaster era, en principio, un país en el que las mujeres podían heredar títulos. Sin embargo, lo endeble que era el principio quedó claro cuando consideró cuántas mujeres había entre las cabezas de familias nobles en el reino.

Las mujeres se contaban entre los tres dedos.

Aun así, estas mujeres eran mayores y tenían el estatus más alto en sus familias, un rasgo común.

Athena: Oh, sí, Venga, ML (porque en mi mente ya lo eres y el de la portada solo puedes ser tú), a ayudar a nuestra Inés y a por todas.

Capítulo 10

Es decir, todas quedaron viudas de sus maridos.

Al final, significaba que las mujeres que tenían maridos daban por hecho que entregaban sus derechos a sus maridos. A pesar de que ellos fueron los que realmente heredaron la familia.

«Así que es razonable empezar con un divorcio.»

Sin embargo, para las mujeres de la sociedad de Lancaster era difícil divorciarse.

Por eso a Enoch le gustó el hecho de que Inés tuviera el coraje de ir sola a él y persuadirlo.

«Interesante.»

Enoc elevó levemente la evaluación de Inés.

Pero aparte de eso, Enoch quedó desconcertado por sus palabras, o la admiró mucho.

Enoch aún no había comprendido completamente la respuesta de Inés.

—Es una respuesta interesante, pero es difícil convencerme solo de esa respuesta.

Así que Enoch respondió con calma.

—Si simplemente quiere recuperar su vida y sus pinturas, hay una forma más moderada que el divorcio.

—Una manera moderada…

—Se lo digo, tal vez sea mejor hablar con el conde Brierton.

Los hombros de Inés se endurecieron.

Era una punta afilada que apuñaló sus pulmones.

—Si quiere divorciarse a costa de arruinar al conde, creo que debe haber una buena razón. ¿no es así?

Ante esa pregunta, Inés se quedó en silencio por un largo tiempo.

Pensó en morderse los labios, luego inclinó la cabeza para evitar la mirada de Enoch.

Las manos sobre sus rodillas estaban llenas de fuerza.

Enoch, que observaba la escena en silencio, asintió.

—Como era de esperar, es difícil obtener una respuesta. Lo entiendo, porque cualquiera puede tener una situación.

Pero las palabras que siguieron fueron tan frías como el hielo.

—Pero no trabajo con personas que me ocultan algo. Así que…

—…Mi esposo nunca me ha amado.

Sólo entonces.

Una voz preocupada salió de los labios de Inés, con la cabeza gacha.

«¿Qué?»

Ante la confesión que nunca había esperado, los ojos de Enoch temblaron mucho. Al mismo tiempo, Inés levantó la cabeza.

Sonó una voz seca.

—Tengo una amiga cercana.

—Una amiga cercana…

Enoch reflexionó un momento. Desde que Ines hizo una propuesta audaz en el banquete de Año Nuevo, Enoch había recopilado información sobre ella.

Se enteró de que Inés solo había formado relaciones humanas muy estrechas hasta ahora. Su marido y su única amiga. Así que era fácil de recordar.

—¿Está hablando de la señorita Jason?

—Su Excelencia también lo sabe.

Inés sonrió levemente.

De hecho, sería aún más extraño no saberlo.

Desde que se casaron, Inés había vivido con Ryan y Charlotte toda su vida.

—Mi esposo ama a Charlotte, no a mí.

Pasó un silencio helado.

Enoch, que no había perdido la compostura durante toda la conversación, tenía una cara de sorpresa muy rara. Inés reprimió la sensación de ser barrida sobre su cuello.

—Charlotte también…

Tuvo que admitir con la boca que su marido amaba a otra mujer.

Qué miserable era esto.

La sonrisa de Inés se oscureció un poco.

—Pero, como bien sabe Su Excelencia, es difícil proceder con un caso de divorcio con una aventura.

—Sí, creo que sí.

Enoch frunció el ceño en acuerdo.

El Reino de Lancaster era en realidad bastante patriarcal y conservador en comparación con otros países.

Las personas mayores debían casarse incondicionalmente, y los roles de hombres y mujeres estaban claramente determinados. Incluso si pedían un juicio por la aventura, el juez las convencería de volver a llevarse bien con sus maridos.

Enoch pensó con cinismo.

Por supuesto, había un ambiente en el que la infidelidad en sí era condenada socialmente, pero eso era todo.

Se animaría a las esposas a aceptar a sus maridos con tolerancia.

«Bueno, incluso mi hermano mayor, que es el rey actual...»

Le pidió a Enoch que se casara cada vez, diciendo que era el momento.

Enoch frunció el ceño involuntariamente. Al mismo tiempo, Inés, que había capturado sus emociones, miró a Enoch con una cara fría.

—No pretendo enterrar este hecho tal como es.

—Entonces, ¿cuándo va a exponerlo?

—Planeo publicarlo más tarde como un artículo de seguimiento después de que termine mi divorcio.

Ante esa respuesta deliberada, Enoch estaba un poco sorprendido por dentro.

Al menos la condesa Brierton no parecía haber venido aquí emocionalmente. Enoch lo confirmó de nuevo.

—Entonces, ¿está diciendo que después de que termine el divorcio, publicará un artículo de seguimiento para alimentar el escándalo sobre el conde?

—Así es. —Inés asintió con calma—. No tengo la intención de dejar que Ryan pague el precio solo. Charlotte también me engañó, así que ambos deberían pagar el precio.

Porque el sueño de larga data de Charlotte era encontrar un buen matrimonio y lograr un ascenso en el estatus... Entonces este escándalo sería una gran venganza. El hecho de que todo el trabajo de su marido era una mentira, y ese artículo de seguimiento sobre su desordenada vida privada como único monopolio de Elton.

Inés inclinó la cabeza y preguntó.

—Creo que atraerá mucho interés de los lectores. ¿Me equivoco?

—No negaré las palabras de la condesa.

No estaba al nivel de la negación.

La experiencia de trabajar como ejecutivo de medios durante mucho tiempo le fue susurrada a Enoch. Si publicaba estos artículos seguidos, era obvio que las ventas de Elton estarían por las nubes.

Pero.

Enoch, que había elegido qué decir por un momento, continuó hablando con cautela.

—Pero, condesa Brierton, estoy preocupado por usted.

«¿Por mí?»

Inés abrió mucho los ojos.

—En el momento en que Elton informe sobre este escándalo, se hablará durante un tiempo del conde y la señorita Jason, así como de la condesa.

—…Su excelencia.

—Es un poco difícil decir esto con mi propia boca, pero Elton es un gran periódico al que están suscritos más del 80% de los residentes del reino. El impacto es enorme.

Enoch, que por lo general era menos hablador, rara vez hablaba mucho.

Por eso Inés estaba preocupada.

—Si la condesa se hubiera decidido, no la detendré más. De hecho, desde el punto de vista de un hombre de negocios, este artículo es muy pegadizo. Pero… —Enoch terminó su discurso con un suspiro—. Antes de que se decida, le pido que considere las heridas que sufrirá.

Inés se puso triste.

Ni su esposo ni su mejor amiga se preocuparon nunca por ella.

Solo este hombre que conoció después de regresar al pasado se preocupaba por ella.

«Es muy divertido.»

Inés, que estaba mordiendo la carne suave en su boca, miró a Enoch con una mirada firme.

—Todavía quiero hacerlo.

—Condesa.

—Por supuesto, desde su punto de vista, puedo parecer una tonta. Yo…

—No, eso no es verdad.

Interrumpiendo el balbuceo continuo de Inés, Enoch negó con la cabeza de inmediato.

—Nunca pensé que la condesa fuera tonta.

«¿Ahora qué? »

Inés dudó de sus oídos.

—A menos que la condesa me mintiera, la condesa es solo una víctima.

Pero Enoch se limitó a encogerse de hombros ligeramente.

—Cualquiera que sea la forma en que la víctima quiera vengarse, es el corazón de la víctima. No es algo con lo que pueda discutir.

Después de responder eso, Enoch hizo una pregunta en un tono profesional.

—De todos modos, la condesa no ha cambiado de opinión acerca de publicar el artículo, ¿verdad?

—Sí, así es.

Inés asintió con fuerza.

—Pero es un cruce entre si la condesa es realmente la víctima o si el conde y la señorita Jason son inocentes. Tiene que ser verificado.

De repente, Enoch había vuelto al frío hombre de negocios.

—Así que investigaré al conde Brierton y a la hija del barón Jason por separado. —Enoch inclinó la barbilla y continuó—. Elton solo publica ciertos hechos. En primer lugar, es urgente verificar si los dos están teniendo una aventura.

—Sí, creo que a mí también me gustaría. Por favor, investigue tanto como pueda.

—Está bien, entonces, dejemos de lado la vida privada del conde en este punto y hablemos sobre el tema más importante. —Enoch miró directamente a Inés—. Las pinturas publicadas bajo el nombre del conde Brierton fueron, de hecho, todas dibujadas por la condesa.

Inés no esquivó la mirada de Enoch.

Más bien, solo lo miró fijamente como si no tuviera nada que temer.

Capítulo 11

Enoch quedó extrañamente impresionado con la audacia de Inés.

Sin embargo, independientemente de los gustos o aversiones de ella, el trabajo debe identificarse claramente y continuarse.

—Me mostró un dibujo a lápiz el otro día, pero es difícil distinguir claramente el estilo de pintura con una imagen del tamaño de la palma de la mano.

Por supuesto, incluso con esos pequeños bocetos, podía decir de un vistazo que Inés tenía muchas habilidades.

Más precisamente, pudo notar que las líneas coincidían con los dibujos que el conde Brierton había publicado para la sociedad.

Aún así, Enoch quería una prueba más convincente.

—He coleccionado algunas pinturas del conde Brierton. Bodegones y paisajes.

¿Coleccionaba cuadros?

Inés parpadeó.

—Le voy a dar una naturaleza muerta, para que pueda pintar el mismo cuadro.

Aunque su voz era suave, era más una orden que una sugerencia.

Por un momento, Inés lo sintió.

Si no pasaba esta prueba, no obtendría la ayuda del duque de Sussex.

—Por supuesto, incluso si mira y dibuja, sería difícil dibujar exactamente la misma imagen. Así que solo quiero confirmar el estilo de pintura.

Después de agregar la explicación, Enoch se levantó.

—Los elementos a pintar se colocaron en otra habitación. Vamos juntos.

—Sí.

Inés también se puso de pie con el rostro tenso.

Enoch, que caminaba delante de Inés, la miró como si hubiera recordado algo.

—Oh, por cierto, hay algo que la condesa debería saber de antemano.

—¿Qué es?

—Si el conde tiene algún conocimiento de pintura, el caso de divorcio puede ser complicado.

Enoch arqueó ligeramente las cejas.

—Debido a que ustedes dos son una pareja, hay espacio para argumentar que el estilo de pintura es similar.

—Eso…

Inés, que había estado en silencio por un momento, curvó suavemente los ojos.

Era una sonrisa clara.

—Eso probablemente no sucederá.

—¿Cómo está tan segura?

—Porque es un insulto para mí comparar el mío con las toscas pinturas de Ryan.

Como si dijera una verdad muy obvia, su voz estaba llena de confianza.

—Los dibujos de Ryan ni siquiera combinan con mis tacones, así que no tiene que preocuparse por eso.

—Ya veo.

Era una respuesta que podría sonar un poco arrogante, pero extrañamente, Enoch no se ofendió en absoluto.

«Bastante. Es agradable verlo.»

El rostro confiado de Inés fue bastante agradable a los ojos de Enoch.

Enoch acompañó a Inés a una habitación espaciosa y bien iluminada.

La luz del sol entraba por la ventana grande y había una mesa en el medio. Un mantel arrugado sobre la mesa, varias frutas esparcidas por todas partes, e incluso una botella de agua de porcelana con rayas azules.

La apariencia era familiar para Inés.

—Esto…

Sus ojos verde oscuro se abrieron un poco.

No hacía falta decir que estos objetos eran casi idénticos a los bodegones de utilería que Inés dibujó antes.

Todo, desde la brillante luz del sol que entraba, era como el escenario del estudio donde pintaba Inés.

«En ese estudio, esos bodegones... Fue preparado solo para Ryan.»

Un sabor amargo llenó su boca.

Inés trató de fingir estar bien y miró a Enoch, ajustando su expresión.

—¿Cómo es que estas cosas son tan familiares? ¿El duque compró una naturaleza muerta con botellas de agua y frutas?

—Sí.

Enoch asintió y miró a un lado.

—Además, la pintura que mencioné está allí. —Inés la miró involuntariamente y suavizó la mirada—. No esperaba ver esa pintura en la casa del duque.

Era un cuadro de naturaleza muerta pintado a la acuarela. Los lugares por donde entraba la luz se dejaron atrevidamente con papel blanco, y las otras partes se colorearon con mucha agua para dar una sensación de transparencia.

—¿Es eso así? Me gustó mucho ese cuadro desde la primera vez que lo vi. Es bastante único.

Enoch continuó hablando mientras miraba la pintura de naturaleza muerta.

—En el reino, las pinturas al óleo que expresan textura mediante capas de pintura una encima de la otra son la corriente principal. Sin embargo, la Condesa fue la primera en utilizar técnicas de acuarela, que fueron traídas del exterior.

¿Era realmente el duque de Sussex tan hablador?

Inés entrecerró los ojos.

Mientras tanto, las palabras de Enoch continuaron.

—Y no mezclas pintura blanca para controlar la concentración de la pintura, solo controlas el color con agua, ¿verdad? Encontré que el color transparente es bastante atractivo.

La voz del duque sonaba extrañamente emocionada, ¿quizás se hubiera equivocado? Inés miró a Enoch con cara de perplejidad.

Quizás al mismo tiempo que sintió su mirada, Enoch giró la cabeza con una cara ligeramente avergonzada.

«Oh, él es tímido.»

Inés trató de fingir que no sabía tanto como fuera posible, pero al final no pudo soportarlo.

—Ja ja.

Ella solo se rio a carcajadas.

Enoch abrió la boca cuando lo atraparon.

—Sí, tengo que admitir que estaba un poco emocionado. Es vergonzoso cuando se ríe así.

—Oh lo siento. No quise avergonzar al duque a propósito.

Inés tosió brevemente y se aclaró la garganta.

Inés se acercó a la silla y continuó su explicación.

—De hecho, la pintura con acuarela es una técnica muy desconocida en el reino. Si no fuera por mis padres, no lo sabría.

—Como sus padres, ¿se refiere al ex conde de Brierton?

—Así es.

Inés asintió con una cara nostálgica.

—A mis padres les encantaba viajar cuando eran jóvenes. Así que viajaron por todo el mundo y así fue como conocieron la acuarela por primera vez.

—Tiene una historia como esa.

—Sí. Cuando era joven, mi madre solía pintar como pasatiempo y yo heredé esa habilidad.

Manos blancas recogieron el delantal que colgaba de la silla.

Después de anudar hábilmente el delantal, Inés se sentó.

—Después de que mis padres fallecieran, dejé el pincel por un tiempo, luego me casé con Ryan y comencé a pintar de nuevo. Quería complacer a Ryan. Pero… —Inés no pudo terminar sus palabras y sonrió torpemente—. Oh, hice un ruido tan inútil durante demasiado tiempo.

Inés, que murmuró algo en voz baja, tomó un lápiz afilado.

Por un momento, Enoch se sorprendió un poco.

Fue porque la delgada sonrisa en los labios de Inés desapareció en un instante. En cambio, Inés enderezó la espalda, miró fijamente el papel de dibujo blanco en el caballete y comenzó a mover su lápiz. Solo se escuchó el sonido de la mina del lápiz rozando el papel de dibujo.

«Es genial.»

Enoch estaba realmente asombrado.

La actual Inés no parecía ser consciente de los alrededores en absoluto.

Estaba completamente enfocada y sumergida solo en el dibujo.

Inés, quien terminó el boceto con líneas claras y sombras borrosas, exprimió la pintura directamente en la paleta.

Ella nunca dudó.

Como si ya hubiera decidido qué tipo de imagen iba a dibujar en su cabeza, movió el pincel con firmeza.

Pasó mucho tiempo.

Con los brazos cruzados, Enoch captó con sus propios ojos todo el proceso de pintura de Inés.

No pudo evitar hacer eso.

La forma de pintar de Inés era…

«Es fascinante.»

Porque no había nada más que admiración.

Fue tan abrumador.

Mientras tanto.

—Oh, Dios mío.

Inés, que estaba en trance, de repente volvió en sí.

—Señor, ¿ha estado parado detrás de mí?

Inés miró hacia atrás e hizo una expresión de perplejidad.

Enoch estaba de pie en un ángulo con los brazos cruzados, mirando a Inés.

En el rostro de Enoch, que era hermoso como una escultura, descendió una luz roja. Era el crepúsculo.

Significaba que el sol ya se estaba poniendo.

—¿Cuánto tiempo ha pasado? Oh, no…

Teniendo en cuenta que había estado visitando desde la mañana, habían pasado al menos diez horas. Inés, sin saber qué hacer, se levantó de su asiento a toda prisa.

—Lo siento, ¿me quedé demasiado tiempo?

—Está bien. No se preocupe por eso.

Enoch negó con la cabeza y caminó hacia la pintura de naturaleza muerta.

Sus ojos azules miraron atentamente la naturaleza muerta. Inés abrió la boca con cuidado.

—La pintura aún está sin terminar. Solo necesita un pequeño toque…

—Definitivamente es el estilo del conde Brierton.

Enoch, que estaba examinando la pintura, declaró.

—No puede pintar con el mismo estilo perfecto a menos que sea usted.

Inés se quedó helada.

Si tienes la más mínima aptitud artística, incluso una persona común sin tal alfabetización lo reconocerá.

—Los que dudan de esto deben ser tontos —dijo él y miró a Inés.

Entonces, de repente, extendió la mano.

Estaba pidiendo un apretón de manos.

Athena: ¡Lo has conseguido, Inés! Ahora a empezar el plan.

Capítulo 12

—Conocí a un artista maravilloso. Espero que nos llevemos bien.

Inés miró la mano extendida durante mucho tiempo.

Y.

—Sí, espero su amable cooperación. Su Excelencia.

Sosteniendo su mano, Inés sonrió brillantemente.

Era una sonrisa pura sin una sola mota de mentiras.

Enoch, que estaba mirando esa sonrisa, de repente abrió la boca.

—¿Sabe qué, condesa Brierton?

A Inés, que inclinó la cabeza, Enoch le habló en broma.

—Esta es la primera vez que la condesa tiene una sonrisa tan brillante.

—¿Es… eso así?

Inés se tocó los labios sin darse cuenta. Sus labios, tocados por la punta de su dedo, dibujaron un gran arco.

—Lo sé, verdad. Nunca había sonreído tanto… —Inés asintió con una sensación de alivio—. Gracias al duque, estoy sonriendo después de mucho tiempo.

Y Enoch, de alguna manera, sintió que lo habían tomado por sorpresa.

Ni siquiera podía adivinar qué era realmente este sentimiento. Su ceño se estrechó lentamente.

Enoch llevó personalmente a Inés a la puerta principal.

—Regrese con cuidado.

—Que tenga una noche de descanso, duque.

Después de despedirse, Inés, que estaba a punto de subir al carruaje, se dio la vuelta de repente.

—Oh, lo olvidé.

—¿Sí?

Inés rebuscó en la bolsa, luego sacó un pañuelo y se lo entregó a Enoch.

Era el pañuelo que Enoch le prestó en el baile de Año Nuevo el otro día.

—Estaba realmente agradecida entonces.

Inés, que sonreía alegremente, subió al carruaje.

En la ventana abierta, Inés volvió a inclinar la cabeza y el carruaje echó a correr.

Enoch miró el pañuelo.

Un ligero olor se desprendía de él.

Era el olor de Inés.

Enoch miró el pañuelo durante un rato, luego sonrió, dobló el pañuelo y se lo metió en el bolsillo. Era una extraña sensación agradable.

—Estoy muy satisfecho con este trato.

Tenía que admitirlo con franqueza. No esperaba mucho al principio, pero sorprendentemente, le ofrecieron un trato muy atractivo. De hecho, la "fama" que ofrecía Inés como contraprestación ya era un elemento desbordante para la revista Elton.

Debido a que Elton era la principal empresa de medios del reino, tenía un número de lectores sólido y una sólida base financiera. Pero el hecho de que la condesa Brierton, que era tan bonita como una flor en un invernadero, hizo tal propuesta.

Estuvo muy interesante. Es más.

La condesa Brierton nunca había estado en política, por lo que probablemente no sabía... Enoch obtuvo un beneficio al ayudar a Inés.

Eso fue, alejarse de la atención política no deseada. Edward, el rey actual y el hermano mayor de Enoch, era el hijo mayor del rey anterior y el miembro perfecto de la familia Lancaster.

Pero hubo un tiempo en que el trono de Edward estuvo amenazado. Eso fue cuando Enoch era todavía un niño.

—Aunque el príncipe Enoch es joven, es tan sobresaliente, ¿no estaría bien retrasar el nombramiento del príncipe Edward como príncipe heredero?

—Sí. Creo que podemos tomar una decisión después de que el príncipe Enoch crezca un poco más.

Algunos aristócratas se reunieron y discutieron.

No se sabía si realmente querían que Enoch tomara el trono, o si estaban diciendo tonterías como esa para mantener a raya a los Lancaster.

Sin embargo, era cierto que el joven Enoch sufrió un estrés extremo mientras tanto. Enoch no tenía intención de apoderarse del trono de su amado hermano y le causó problemas.

Sin embargo, el rey anterior estaba decidido a hacer rey a Edward incluso si estaba preocupado por los hermanos, y pensó que el problema se resolvería así. Sin embargo, los nobles persistieron.

Incluso si Enoch trató de vivir su vida sin prestar atención a la política tanto como fuera posible, los nobles siguieron persiguiendo a Enoch de vez en cuando.

—Duque de Sussex, ¿no es hora de que ingrese lentamente a la política?

—En cualquier momento, solo dígalo, siempre le estamos esperando.

De esa manera, secretamente formaron una facción centrada alrededor de Enoch y trataron de mantener al rey bajo control.

Así que Enoch estaba decidido a ayudar a Inés.

La condesa Brierton, una de las familias más prestigiosas de Lancaster, presentaba una demanda de divorcio.

La reputación del conde Brierton, un recién llegado al mundo del arte del reino, se logró, de hecho, al establecer a la condesa como pintora sustituta.

Lo sabía mejor porque él mismo era periodista.

Esos temas fueron lo suficientemente provocativos como para captar la atención del público de inmediato.

Si Elton abordaba esos temas y revelaba que Enoch también lo apoyó.

Los nobles que trataron de apaciguar a Enoch de alguna manera también morirían. Porque no había nada que mostrara más descaradamente la falta de interés de Enoch por la política que estar absorto en otras cosas.

Por eso, Enoch ya se había decidido a ayudar a Inés.

Si pudiera agregar una simpatía más... La condesa de Brierton era un genio.

Hasta ahora, había prestado mucha atención al mundo del arte y había descubierto y apoyado a algunos de los artistas por su cuenta.

Había visto las pinturas de muchos maestros y desarrollado habilidades artísticas.

Se enorgullecía de tener buenos ojos. Pero nadie había fascinado tanto a Enoch.

Era cierto que sentía pena por las circunstancias personales de Inés, pero más que eso, la razón por la que Enoch se movía en serio era…

«No puedo dejar que este genio se marchite, escondido en la sombra del conde.»

Fue porque pensó que sería una gran pérdida para el mundo del arte del reino en sí mismo.

«Por ahora, veamos si lo que dijo la condesa es cierto.»

Enoch ordenó sus pensamientos y volvió a la casa. Pero aparte de ese rostro inexpresivo, el corazón de Enoch latía aceleradamente por la emoción de conocer a un nuevo genio.

A última hora de la tarde, Inés entró en la casa de Brierton.

—¡Señora, está aquí!

La criada se acercó y le dio la bienvenida a Inés. Quitándose el abrigo y entregándoselo a la criada, Inés hizo una pregunta involuntariamente.

—¿Qué pasa con Ryan?

Era una pregunta que había estado grabada en su mente toda su vida, casi como un hábito.

Ante esa pregunta, la criada se quedó atónita al instante.

—Eso... Todavía no ha regresado.

Como si hubiera hecho algo malo, la criada parecía decepcionada. Sin embargo, Inés habló casualmente y sonrió.

—No pongas esa cara, porque no pensé que volvería en primer lugar.

Para ser precisos, fue una pregunta que salió casi por reflejo, pero sintió un poco de pena por la criada que hizo ese tipo de expresión.

«Pero, es bueno que Ryan esté fuera todos los días, así puedo andar libremente.»

Inés estaba pensando positivamente así.

Inés miró a la sirvienta mirándola con una expresión triste en su rostro.

—Señora…

—Tengo hambre. ¿Qué hay para cenar?

Cuando Inés preguntó con una voz brillante, la criada cambió rápidamente su expresión.

—Oh, ¿aún no ha cenado? Espere un minuto, le daré las noticias de la cocina…

Pero entonces.

—¡¿Eh, conde?!

Junto con el sonido de alguien cayendo ruidosamente, resonó la voz confundida del asistente. Sorprendidas, Inés y la criada miraron hacia atrás.

Vieron a Ryan, muy borracho, tirado en el suelo.

Ryan, que estaba sacudiendo la cabeza violentamente, miró a Inés con ojos hoscos.

—¿Inés?

Inés, quien miró a Ryan con una mirada asombrosa, abrió la boca.

—¿Es hora de andar borracho así?

—¡No, mujer! ¡Si tienes una vida social, serás así…!

Ryan levantó la voz para reprender.

Bebió tanto que hasta se le torció la lengua.

Tomando una respiración profunda, Inés se acercó a Ryan.

—Despierta, no molestes a los demás.

Inés, que estaba disparando así, arrugó la frente. Fue porque había un fuerte olor a alcohol que mareó su cabeza.

Y ahí estaba…

El olor a perfume.

Era un perfume de mujer.

Un intenso aroma a rosas que se podía sentir claramente incluso en el olor a alcohol era fuerte.

Inés se mordió el labio y se dirigió a los sirvientes.

—Lo siento, pero ¿puedes llevar a Ryan al dormitorio?

—Sí, señora.

Fue solo después de que dos sirvientes juntaron fuerzas que pudieron levantar a Ryan.

Pero las palabras de Ryan no terminaron ahí.

—¡Ah, deja de lado esto!

Ryan, que se emborrachó hasta la coronilla, fue llevado al dormitorio después de una larga lucha.

Sintiendo un latido en la cabeza, Inés se tocó la sien.

—Lo siento mucho. No tengo cara para verte.

—No, señora.

—Está bien.

Los sirvientes que respondieron de esa manera tenían la cara y la ropa desordenadas por lidiar con las luchas de Ryan.

Athena: Qué tipo más perdedor y asqueroso.

Capítulo 13

Inés entró en la habitación.

Ryan había perdido completamente el conocimiento por la embriaguez y estaba tendido en la cama.

—¡Zzzzz, kaaaa!

Roncaba ruidosamente y tosía como si tuviera la garganta bloqueada.

La apariencia era horrenda.

Inés, que había estado mirando a Ryan durante un rato, extendió la mano y le bajó el cuello. Al mismo tiempo, sus ojos verde oscuro se entrecerraron.

—Ah.

Inés dejó escapar una pequeña carcajada.

En el cuello de la camisa, las marcas de lápiz labial rojo eran claramente visibles. Era de Charlotte.

Unos días más tarde.

Enoch estaba revisando muchos papeles.

Lo que estaba contenido en esos documentos era la historia femenina de Ryan y las muchas mujeres con las que estaba interactuando actualmente.

—¿Cómo puedes ser tan desvergonzado cuando estás teniendo una aventura?

Enoch dejó escapar una risa absurda. Parecía que Ryan hizo muy poco esfuerzo por ocultar su aventura en primer lugar. No fue realmente una gran investigación, pero salió mucha evidencia.

Ryan había invitado abiertamente a camareras de lujo a pasar un rato desenfrenado, y se gastó una enorme cantidad de dinero en todo tipo de pubs.

Y.

La hija del barón Jason.

En la foto en blanco y negro, Charlotte orgullosamente sostenía su brazo como si fuera la esposa de Ryan.

Mientras Enoch miraba la foto, la voz de Inés, a quien había conocido el otro día, seguía resonando en sus oídos.

—…Mi esposo nunca me ha amado.

Esa voz tranquila que no tenía expectativas para su esposo.

Cuando se dio cuenta de que nunca había sido amada por el hombre con el que había decidido estar el resto de su vida. ¿Fue el sentimiento de desesperación en ese momento?

«Ni siquiera puedo imaginarlo.»

Sin embargo, Inés decidió iniciar una pelea a riesgo de arruinar su propia reputación. Entonces, Enoch solo podía adivinar que debió haber sido muy doloroso para ella.

Pero Enoch lo sabía.

La aparentemente indefensa Inés, dada una oportunidad muy pequeña, podía brillar deslumbrantemente.

Ojos verdes oscuro concentrándose mucho en la pintura y manos moviéndose sin dudarlo.

La apariencia era muy...

«Fue hermoso.»

Por primera vez, Enoch aprendió que una persona que estaba inmersa apasionadamente en algo era muy hermosa en sí misma.

Tal vez fue porque Enoch casi nunca había estado tan inmerso en nada.

La imagen de Inés seguía rondando en su mente.

De todos modos, la verificación cruzada para ver si la afirmación de la condesa Brierton era cierta estaba casi completa.

Como resultado, no había ni una sola mentira en las palabras de Inés.

Entonces.

«Yo también cumpliré mi promesa.»

Enoch tocó el timbre y llamó al viejo mayordomo.

—¿Me llamó, duque?

—Estoy pensando en realizar una exposición de arte, así que por favor prepárate para ella.

—Sí, señor.

Fue una orden bastante repentina, pero el viejo mayordomo no se sorprendió en absoluto y asintió con la cabeza.

Porque las órdenes de Enoch siempre tenían una razón.

—El nombre es... Hmmm.

Enoch sonrió.

Era una sonrisa tan afilada como una espada.

—Artistas de Sussex, eso sería suficiente.

Bueno, en realidad no fue tan sorprendente hasta ahora.

Porque Enoch ya tenía un historial de apoyar a artistas varias veces.

Pero el momento siguiente.

Una declaración impactante salió de la boca de Enoch.

—Y para esta exhibición de arte, asegúrate de que las obras sean aceptadas por igual sin importar la edad o el género.

—¿Sí?

Por un momento, el viejo mayordomo dudó de sus oídos.

También se debió a que nunca antes había habido un precedente de que las mujeres enviaran pinturas a una exposición de arte. Por supuesto, no existía una prohibición legal de que las mujeres se dedicaran a actividades artísticas.

Pero en realidad era diferente.

Esto se debía a que había una percepción generalizada de que las mujeres debían cuidar de la familia y, de hecho, incluso las propias mujeres no podían abandonar la idea de que "¿no es un poco inusual?"

Por eso, hasta ahora, había muy pocas obras de arte publicadas con nombres de mujeres…

—¿Hay algo mal?

Ante la pregunta de Enoch, el viejo mayordomo negó rápidamente con la cabeza.

—No señor.

El viejo mayordomo tragó saliva seca.

A través de esta exposición de arte, sintió que iba a haber una gran agitación.

Cuando la noticia de que el duque de Sussex inauguraba una exposición de arte, el círculo social de Lancaster se puso patas arriba.

Los ojos de todos se iluminaron con anticipación.

—¿El duque de Sussex está organizando una exposición de arte?

—¿No es este tipo de evento organizado por el duque bastante raro?

—¡Está bien, ya estoy deseando que llegue...!

La razón por la que el duque de Sussex abría una exposición de arte era para descubrir y apoyar a artistas prometedores.

El tema de las entradas era la libertad.

Cualquiera que quisiera podía enviar una obra a la exposición de arte sin importar el género o el estatus, pero entre las numerosas obras, muy pocas obras podían incluirse en la exposición de arte.

—El jurado, incluido el duque de Sussex, los selecciona él mismo, ¿verdad?

—Escuché eso también. Todos los pintores del reino están enviando su trabajo con entusiasmo.

—Además, los beneficios son enormes. Los artistas que llegaron a la exhibición de arte están patrocinados directamente por el duque.

—Patrocinado por el duque de Sussex. ¿No es esta una oportunidad increíble?

Cuando la gente se reunía, solo hablaban de la exposición de arte del duque de Sussex.

—Incluso lo llamó "Artistas de Sussex".

—¿No es esta una prueba de que el anfitrión, el duque de Sussex, concede gran importancia a esta exposición de arte?

Pero la reacción no estuvo del todo ausente.

La mayor reacción violenta provino de la Asociación Real de Arte, una reunión de artistas establecidos.

—Digamos que ese es el estatus quo, la gente común no recibió una educación adecuada de todos modos, por lo que no pudieron dibujar, será difícil exhibirlo.

—No importa cómo lo dibujen, no podrán alcanzar el nivel real de la exposición de arte.

Comenzando con comentarios tan arrogantes.

—Pero, ¿cómo puedes publicar la pintura de una mujer?

—Por supuesto, las damas también aprenden a dibujar, pero ¿no se trata solo de aprenderlo como cultura?

—Si eres dama, tienes que cuidar a tu familia, y si eres dama de buena familia, debes tomar clases de novia y prepararte para convertirte en una sabia anfitriona.

—Es cuestionable si realmente posee o no un gran conocimiento como artista. —Los artistas establecidos se habían puesto una vena alrededor del cuello así.

—Esta es mi opinión, pero tengo la sensación de que el duque de Sussex ha seguido adelante con la exhibición de arte demasiado esta vez.

—¿Cómo pueden presentar sus pinturas las mujeres que están ocupadas cuidando la casa?

—Prefiero dar más oportunidades a otros artistas que aún no han sido notados…

En medio de tal escepticismo, hubo uno de los más ruidosos de todos.

—¡¿Inés, me escuchaste?!

Fue Ryan.

Ryan ahora estaba sentado frente a la mesa de la cena que Inés había preparado.

Los candelabros de plata arrojaban una luz suave y la comida recién cocinada emitía un cálido vapor. Pero Ryan ni siquiera tocó la comida.

En cambio, se sentó en una silla con una postura arrogante y miró a Inés.

—Dije que el duque de Sussex está organizando una exposición de arte. Inés, ¿tú también escuchaste eso?

Ante esa voz emocionada, Inés, que estaba cortando el bistec con elegancia, levantó la vista.

—Te oí. ¿Por qué?

—Sabes que no deberías estar tan tranquila, ¿verdad?

Ryan preguntó con una voz llena de emoción. Sin embargo, Inés solo miró a Ryan con cara de indiferencia.

Ryan habló de nuevo.

—Es una exposición de arte organizada por el duque de Sussex, nadie más.

—¿Entonces?

—¡¿Entonces?!

Enfurecido, Ryan levantó la voz.

—Sabes lo influyente que es el duque de Sussex en el mundo del arte de Lancaster, ¿verdad?

—Lo sé. —Inés se encogió de hombros ligeramente—. Pero no sé qué tiene que ver eso conmigo.

—¡¿No recuerdas lo que dijo mi madre?! —Ryan jadeó—. Ella dijo que si a tu esposo le va bien, ¡a ti también! ¡Esta exhibición de arte es una oportunidad para mí de mejorar!

Era absurdo.

La vizcondesa Gott. La madre de Ryan y la actual anfitriona de la familia Gott. Y ella siempre le decía a Inés…

—Si a mi hijo le va bien, a ti también te va bien, ¿de acuerdo?

Hubo una vez en que Inés creía que era verdad.

Inés, que había perdido a sus padres a una edad temprana, era muy débil frente al tierno cariño de una anciana.

«Todos esos bocados fueron para Ryan al final. Qué estúpida fui.»

Temblando por su propia estupidez, Inés se metió un trozo de carne en la boca.

Tragando comida, se tragó la ira con ella. Por otro lado, Ryan era arrogante, como si estuviera representando a todo el mundo del arte.

—Pero es único. ¿Por qué le dio la oportunidad a las mujeres de participar...? Cuidar de las familias es la felicidad y la alegría de las mujeres. Creo que el duque de Sussex todavía no está casado y no sabe mucho sobre estos asuntos.

Las quejas continuaron sin cesar. Inés, que había perdido el apetito, se preguntaba si sería mejor dejar de comer en ese momento.

—Entonces, Inés.

Al mismo tiempo, Ryan, que luchaba por calmar su emoción, habló con Inés.

—Necesito que dibujes esta entrada.

No era una petición, sino una orden.

Athena: Muérete, asqueroso.

Capítulo 14

Inés miró a Ryan con cara inexpresiva y aún no había respuesta.

Irritado, Ryan comenzó a calmar suavemente a Inés.

—Inés, ¿dibujarás? ¿Sí?

Sin duda, si Inés no hacía un dibujo, no podría exponer en esa muestra de arte.

«¡Esta es una oportunidad dada por Dios! ¡Qué oportunidad de llamar la atención del duque de Sussex!»

Ryan, que estaba imaginando un futuro prometedor, apretó los dientes.

No debía perder esta oportunidad. Aunque tuviera que salirse de su camino para convencer a Inés.

Ryan le hizo cosquillas a Inés con molestia.

—¿Por qué no me respondes, incluso me escuchaste?

Al mismo tiempo, la punta de los labios de Inés se torció. Dejó el tenedor ruidosamente.

Sorprendido, Ryan miró a Inés.

—¿Inés?

—¿Sabes qué, Ryan? —Inés miró a Ryan con una mirada fría—. Esta es la primera vez desde el mes pasado que cenaste conmigo.

—¿Es eso así?

Ryan no pudo ocultar su rostro avergonzado.

—Qué sabes. Si un hombre tiene una vida social, es posible que no pueda volver a casa...

—Entonces, en medio de una vida social tan ocupada, ¿llegas temprano a casa solo cuando pides un favor?

Ryan se quedó sin habla.

Inés suspiró profundamente y sacudió la cabeza.

—Creo que es así.

Se sorprendió por la fría respuesta de Inés y comenzó a rogar a Inés como un niño.

—Oh, ¿entonces no vas a dibujarlo para mí? Inés, ¿eh? —Ante el silencio de Inés, Ryan siguió hablando—: Llegaré a casa más temprano a partir de ahora. Sí, intentaremos comer juntos una vez a la semana…

Era simplemente patético verlo alborotar.

Además, la única manera de convencerla era comer "una vez a la semana".

«Qué divertida me veo.»

Inés, que se mordía el labio, fingió no ganar.

—Lo pensaré.

—¡Gracias, Inés!

Frente a la cara brillantemente iluminada de Ryan, Inés pensó para sí misma.

«¿Gracias? Es una trampa que me propuse para derribarte. Muchas gracias, Ryan. Porque tú mismo te metiste en la trampa.»

Inés sonrió suavemente.

Era una sonrisa como una cuchilla afilada.

Después.

Inés se encontró con Enoch una vez más.

—Ryan me pidió que hiciera un dibujo para la exposición de arte.

Su plan era simple.

Expondrían las pinturas a nombre de Ryan e Inés al mismo tiempo y dejarían el juicio al público.

Naturalmente, ambos cuadros serían dibujados por Inés.

La confusión provocada por los dos cuadros idénticos había decidido publicarlos exclusivamente en Elton.

—No lo sé, pero será todo un escándalo.

—Sí, creo que sí.

Enoch, que chasqueó la lengua brevemente, hizo una pregunta con cuidado.

—¿No es una carga?

Esta exposición de arte había estado atrayendo la atención de mucha gente incluso antes de su inauguración.

Entre ellos, artistas femeninas también presentaron su trabajo.

Se habló mucho de Enoch.

Si Inés enviaba una foto en esa situación, incluso en el proceso de la entrada, se revelaría el pintor sustituto del artista emergente conde Brierton.

Si se supiera que la pintora sustituta era Inés… Seguro que se vería envuelta en una gran polémica.

Inés dejó escapar un breve suspiro.

—En realidad... Mentiría si dijera que no es una carga.

Pero por un tiempo.

Los ojos verdes oscuro brillaron con resolución.

—Aún así, es lo que quiero hacer.

—Condesa.

—Si es para recuperar mi vida, puedo soportar esto. No, debo soportarlo.

Enoch miró a Inés con los ojos muy abiertos.

En los últimos días, hubo algo de lo que Enoch se dio cuenta al tratar con Inés. Aparentemente, Inés era solo una dama débil, pero sorprendentemente, tenía un corazón fuerte y audaz.

«Es realmente diferente de mí.»

Ya fueran asuntos políticos o expectativas de Enoch en la sociedad aristocrática.

A diferencia de él, que intentaba evitarlo todo, Inés no dudaba en enfrentarse a cualquier problema.

«Es asombrosa, es única, es un poco... "Respetuosa".»

Enoch asintió en silencio.

—Ya veo. Excelente.

—Gracias. Ni siquiera habría tenido esta oportunidad sin la ayuda del duque.

Inés sonrió brillantemente.

Esa sonrisa de alguna manera permaneció en la vista de Enoch como una imagen residual.

Enoch hizo una propuesta oficial de la nada.

—Si necesita un lugar separado para pintar, la apoyaré.

Entonces Inés negó con la cabeza.

—Gracias por su consideración, pero está bien. Puedo manejarlo yo misma.

—¿No sería un poco engorroso encontrar un lugar donde pudieras evitar por completo los ojos del conde Brierton?

A la preocupante pregunta de Enoch, Inés respondió con seguridad.

—También tengo un lugar en mente. No se preocupe.

—Tiene algo en mente. ¿Así que ya decidió qué pintar?

—Sí. Quiero dibujar el paisaje de la calle Hwabang.

—¿La calle Hwabang?

Enoch estaba un poco sorprendido por la respuesta inesperada.

La calle Hwabang.

Era una calle donde se reunían todo tipo de galerías de arte, pequeños marchantes de arte y pensiones donde principalmente alquilaban artistas pobres. Sin embargo, Inés era una de las más altas nobles de Lancaster.

Los aristócratas normales rara vez iban al distrito de los plebeyos, por lo que pensó que Inés tampoco lo visitaría allí. Sin embargo, Inés tenía una cara bastante desconcertada y solo miró a Enoch.

—Puedes comprar materiales de arte en la calle Hwabang.

—Ah, ¿la condesa compra directamente las herramientas de pintura en la tienda de arte?

Debía ser así, porque los nobles comunes tendían a enviar sirvientes a comprar artículos necesarios. Sin embargo, Inés solo se encogió de hombros ligeramente.

—Sí. Me siento cómoda viendo las cosas que usaré.

—Ya veo.

Enoch movió la barbilla torpemente.

Cada vez que hablaba con Inés, lo tomaba desprevenido.

Pero extrañamente, en lugar de sentirse mal… era interesante.

Enoch miró a Inés.

—Como voy y vengo a menudo, es un poco divertido ver las calles. —Inés sonrió suavemente y agregó más—. Y Ryan odia entrar y salir de las calles de plebeyos, diciendo que es vulgar, así que no habrá encuentro.

—Eso es ciertamente cierto.

—Sí. Así que alquilaré una habitación allí y la usaré como estudio temporal. También hay pensiones en la calle Hwabang.

Inés, que había estado charlando emocionada durante un rato, de repente hizo una mueca incómoda.

—Oh, Dios mío, el duque probablemente no esté interesado en eso. Estaba tan emocionada que seguí hablando de eso.

—No. Fue interesante porque era la primera vez que lo oía.

Afortunadamente, Enoch no tenía una cara aburrida.

Inés, que se sintió aliviada interiormente, pidió que la excusaran.

—Entonces, ¿puedo levantarme primero?

—¿Ya se va?

«Oh, eso es raro.»

Inés parpadeó.

De alguna manera, el duque de Sussex parecía estar decepcionado.

«¿Estoy equivocada? Ja, es porque soy demasiado sensible.»

Respondió Inés, que negó con la cabeza para sus adentros.

—Ah, estaba pensando en alquilar un estudio después de irme de aquí.

Enoch se puso en pie de un salto.

—La llevaré.

—¿Qué?

Inés dudó de sus oídos.

Sin embargo, Enoch solo miró a Inés con un rostro digno.

—Ahora que lo pienso, no creo que haya estado nunca fuera de Langdon.

—¿Oh…?

—Me avergüenza que, aunque soy miembro de la familia real de un país, no estaba demasiado interesado en la vida de la gente común.

Ante las palabras que fluyeron como una corriente clara, la mente de Inés se mareó.

—Así que me gustaría visitarlo con la condesa. Por supuesto, si te sientes incómodo…

—¡Oh, no!

Inés, que recobró el sentido, agitó la mano apresuradamente.

—¡Vamos juntos! Su Excelencia es tan considerado, ¿cómo puedo negarme?

—Ajá, gracias.

Enoch sonrió con una cara brillante.

Inés, que había estado mirando a Enoch durante mucho tiempo, frunció los labios y murmuró para sus adentros.

«Realmente, el duque tiene un lado sorprendentemente curioso.»

De todos modos, los dos se dirigieron al mercado en un carruaje.

Athena: Amor, amooooooor. Aquí eso es lo que va a aparecer. No lo digo yo, lo dice la ciencia.

Capítulo 15

La capital de Lancaster, las afueras de Langdon.

La calle Hwabang estaba ubicada en la esquina del distrito comercial donde principalmente iban y venían los plebeyos.

Las casas de huéspedes estaban juntas, y los coloridos letreros que dibujaban los pobres pintores en lugar de los gastos de comida y alojamiento.

E incluso galerías de arte repartidas por las calles.

Enoch miró a su alrededor con cara de curiosidad.

—Definitivamente es muy diferente. Parece que su estilo de vida es muy diferente al nuestro.

Inés, que caminaba adelante con paso ligero, miró hacia atrás y sonrió.

—Es por eso que realmente me gusta estar aquí. La atmósfera en sí es muy libre, ¿no es así?

—Ciertamente lo es.

Enoch asintió.

No importaba cuán lejos estuvieran el distrito aristocrático y el distrito plebeyo, estaban en el mismo distrito Langdon.

Era sorprendente que el ambiente fuera tan diferente. Mientras tanto, Inés, que caminaba familiarmente por la calle, entró en una de las tiendas de arte.

Una mujer de mediana edad que llevaba un delantal recibió a Inés con una cara luminosa.

—¿No es esa Inés? Ha pasado tanto tiempo desde que te vi.

—¿Cómo estás?

Inés también saludó casualmente a la mujer.

Enoch, que estaba viendo esto, hizo una mueca ligeramente sorprendida.

«¿La mujer acaba de llamar a la condesa como Inés hace un momento?»

Al parecer, el dueño de la tienda de arte desconocía la verdadera identidad de Inés. En ese momento, Inés volvió a mirar a Enoch.

«Lo siento, pero por favor trabaja conmigo.»

Después de mostrar un ligero guiño, se volvió hacia el dueño de la tienda.

Hubo un brillo en los ojos de Enoch.

«Por cierto, la condesa es muy amigable incluso con los plebeyos.»

¿No era bastante diferente de Ryan, quien parecía haber creado la supremacía aristocrática como ser humano?

Mientras tanto, Inés seguía hablando con el dueño.

—Me detuve porque me quedé sin pintura. Y quiero ver algunos pinceles…

—Oh, entonces, ven por aquí. Acaba de llegar un cepillo nuevo y estoy orgulloso de la calidad.

La dueña de la tienda de arte guio a Inés a un lugar donde se exhibían varios pinceles. Inés examinó meticulosamente el pincel.

—¿De qué tipo de cabello está hecho este?

—Es el cabello de Dambi.

—Hmm, ¿hay algo más?

—Aparte de eso, hay pelo de comadreja...

Mientras estaban teniendo una conversación como esa.

—Por cierto, Inés, ¿quién es ese señor? —La dueña de la tienda bajó la voz y preguntó en broma—. ¿No es esta la primera vez que Inés visita un estudio de arte con un hombre? ¿Él es tu pareja?

—Ah, no. Es un conocido…

Inés, que había respondido de esa manera sin pensar, de repente tomó aliento.

«¡Ah, el duque también está aquí! ¡Estaba tan obsesionada con el pincel que lo hice esperar demasiado!»

Asombrada, Inés levantó la cabeza. Al mismo tiempo, los ojos de Enoch se encontraron con los de ella.

«Oh…»

Inés, que solo se había lamido los labios, cerró los ojos con fuerza.

Enoch no parecía particularmente enojado, ¡pero nunca se sabía! Inés volvió a mirar al dueño de la tienda de arte.

«¡Oh, no puedo vivir!»

—Por favor, envuelve el pincel con esto.

—Sí.

Mientras la dueña de la tienda iba a empacar las brochas, Inés, quien se acercó a Enoch a paso lento, se disculpó con una expresión de disculpa.

—Lo siento, estaba demasiado preocupada con los pinceles.

—No, está bien. —Enoch negó con la cabeza e hizo una pregunta—. Entonces, ¿vas a ver el estudio ahora?

—Sí.

Inés asintió con la cabeza.

—No, Inés. ¿Vas a alquilar un estudio en la calle?

La dueña de la tienda, que acababa de empacar y traer el pincel, interrumpió la conversación.

—En ese caso, el piso superior de mi tienda está vacío. ¿Qué opinas?

—Ah, ¿arriba?

—Sí. Está en el quinto piso y recibe mucha luz solar y es agradable. Era la habitación de mi hijo, pero ahora va a la escuela. Así que está vacío.

La dueña de la tienda sonrió con picardía.

—No vayas y firmes un contrato para una habitación extraña de un extraño, ¿eh?

—Bueno… Echaré un vistazo y decidiré.

—Bien. Seguro que a Inés le gustará.

La dueña de la tienda respondió con confianza.

Y era cierto.

—¿Cómo es, no es genial?

La dueña de la tienda que llevó a Inés y Enoch a la habitación de arriba miró con orgullo a Inés.

Inés, que estaba examinando la habitación, sonrió y asintió.

—Sí, la habitación está bien.

En primer lugar, la habitación era bastante espaciosa.

Era suficiente tener todo tipo de materiales de arte.

Entre ellos, lo que más le gustó a Inés fue el gran ventanal al frente de la habitación. Inés se acercó a la ventana ligeramente y miró por la ventana.

—Guau.

Por un momento, Inés le dio una breve admiración sin darse cuenta.

Fue porque el paisaje de la calle Hwabang era claramente visible a través de la ventana. Carreteras que se extendían como una telaraña, edificios densos y lugares de espíritu libre donde se reunían los artistas.

Todas esas cosas que le gustaban a Inés.

—Excelente.

Inés, que ya había tomado una decisión, miró a la dueña de la tienda con una cara brillante.

—Firmaré un contrato para esta habitación.

Después de terminar el contrato con el dueño de la tienda, el sol se puso.

«Bueno, creo que la pasé bien, pero...»

Inés miró de soslayo a Enoch.

Sin embargo, Enoch era un hombre ocupado.

El único hermano menor del actual rey y el único duque del imperio.

La razón por la que brilló su nombre fue por las numerosas operaciones realizadas bajo su nombre.

«Por supuesto, es cierto que el duque dijo que me seguiría primero, pero ¿no debería haber sido más sensata?»

Inés sudaba así por dentro.

—Lo siento, creo que tomé demasiado de su tiempo hoy, Su Excelencia.

Enoch sonrió y le habló.

—Hoy fue muy divertido.

—¿Qué?

Inés, que se estaba disculpando por reflejo, abrió mucho los ojos.

—Bueno, sería bueno si ese fuera el caso.

—Lo digo en serio. Entonces, no te preocupes por eso.

«¡Pero lo siento mucho!»

Inés, que sentía pena por dentro, de repente encontró una tienda de sándwiches al otro lado de la calle.

Los sándwiches hechos con baguettes eran famosos, y la misma Inés lo compró varias veces mientras iba a la galería de arte.

«¡Sí, esto es!»

En un instante, Inés se volvió para mirar a Enoch con una cara brillante.

—¿Le gustan los sándwiches?

—…Bueno, no lo odio.

Enoch respondió a la repentina pregunta con cara de perplejidad.

Tan pronto como escuchó la respuesta de Enoch, Inés caminó rápidamente hacia la tienda de sándwiches.

El dueño de la tienda, que vendía bocadillos desde hacía un tiempo, se encontró con Inés y la saludó con una cara amable.

—Oh, Dios mío, ¿no es esa Inés?

—Ha pasado un tiempo, ¿cómo has estado?

Inés saludó y compró dos sándwiches de baguette.

Luego corrió hacia Enoch y le mostró el sándwich.

—Perdió mucho tiempo por mi culpa hoy, así que este es mi pequeño regreso.

Inés rápidamente entregó el sándwich a la mano de Enoch.

—Los sándwiches aquí son muy buenos. Puede confiar en mí.

Enoch estaba un poco aturdido.

Al mismo tiempo, Inés suspiró y miró a los ojos de Enoch.

—Bueno, no creo que el duque haya comprado nunca un sándwich en la calle, ¿verdad?

«¿Por qué diablos estoy haciendo esto? ¡El duque de Sussex no puede comerse un bocadillo en una calle como ésta!»

Inés se criticaba interiormente.

Enoch asintió con las cejas ligeramente levantadas.

—¿Va a reemplazar mi día con un sándwich? Esto es un poco demasiado.

«No, no te pedí que vinieras conmigo, ¿verdad?»

Inés se sintió un poco injusta.

Pero aun así, ella fue la que estaba emocionada hoy y arrastró a Enoch aquí y allá.

Inés, que se sentía deprimida, abrió la boca.

—Bueno, entonces, devuélvame el sándwich. Encontraré algo digno del día de Su Excelencia.

—Oye, no dije que lo devolvería.

Enoch replicó juguetonamente, desenvolviendo el sándwich con sus largos dedos y tomando un sabroso bocado.

Inés miró a Enoch, como si estuviera poseída.

Era como una pintura incluso comiendo un sándwich en la calle de esa manera. Enoch que masticó el sándwich, encogiéndose de hombros.

—Es solo que esto no es suficiente.

—¿Entonces… qué debo hacer?

A la pregunta contundente de Inés, Enoch respondió con sensatez.

—Hagámoslo. Cuando todo esto esté hecho, la condesa reclamará el título de conde de Brierton…

En un instante, Inés se puso rígida. Cuando estuviera completamente divorciada, recuperaría el título que le había entregado a Ryan. Sin embargo…

«De verdad, yo... ¿Podré reclamar el título de conde de Brierton?»

Capítulo 16

Inés apretó los puños ante la tensión que recorrió su cuerpo.

Frente a tal Inés, Enoch sonrió brillantemente.

—Cómpreme la cena cuando termine.

—¿Sí?

Ante la sugerencia inesperada, la atmósfera se volvió más ligera en un instante.

—Por ahora, cerraré los ojos y aceptaré este sándwich —agregó Enoch sarcásticamente.

Inés miró a Enoch con ojos insatisfechos durante mucho tiempo. Luego hizo un puchero y murmuró.

—Su Excelencia parece tener una personalidad muy, muy bromista.

—¿Soné como si estuviera bromeando? Lo digo en serio.

Por un momento, Enoch preguntó con una cara seria. Al final, fue Inés quien levantó la bandera blanca.

—...Está bien, le invitaré a la cena más deliciosa del mundo.

—Lo prometió.

Solo después de escuchar esa confirmación, Enoch puso una cara de satisfacción.

Inés miró a Enoch.

«Aún así... Debes ser considerado conmigo.»

Hasta antes, estaba atenazada por vagos temores acerca de si realmente podría divorciarse. Gracias a las palabras juguetonas de Enoch, parecía que la preocupación se había desvanecido un poco.

En ese momento, sugirió Enoch.

—La llevaré a tu casa.

—Oh gracias.

Los dos comieron sándwiches uno al lado del otro y caminaron hacia el carruaje.

Inés, que tenía un corazón un poco más ligero, continuó hablando en voz baja.

—Aún así, este sándwich es bastante delicioso, ¿no es así? De hecho, cada vez que iba al estudio de arte, lo compraba…

Enoch miró a Inés. Caminar, comer al costado del camino, escuchar las historias triviales de una dama. De hecho, Enoch nunca podría haberlo imaginado. Porque Enoch había vivido toda su vida como realeza, y tenía una vida aristocrática natural como respirar.

Sin embargo.

«Es divertido.»

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Enoch.

Este tiempo que pasó con Inés, le gustó mucho. Tal vez por eso Enoch hizo una pregunta inesperada.

—¿Puedo visitar el estudio de la condesa de vez en cuando?

—¿Sí?

Ante las palabras inesperadas, Inés abrió mucho los ojos.

Sin saberlo, Enoch agregó palabras como si estuviera poniendo excusas.

—Solo quiero ver cómo progresa la pintura.

—Ah. —Solo entonces Inés pareció relajada—. Bueno, en primer lugar, esto no sería posible de lograr sin la ayuda del Duque. Así que siéntase libre de venir y mirar. —Inés apretó ambos puños con determinación—. No se preocupe, no le defraudaré.

—No, no me refiero a eso…

Enoch, que por reflejo intentaba negar sus palabras, arqueó las cejas.

«¿Pero por qué estoy poniendo excusas?»

Estaban en una relación contractual.

Ines prometió llevarle una primicia a Elton, y Enoch la usaría para ayudarla en su futuro proceso de divorcio.

Enoch esperaba mejorar aún más la reputación de su periódico informando la primicia exclusivamente en Elton.

Además, la base de todo esto eran las pinturas de Inés, por lo que era natural comprobar si sus pinturas avanzaban bien.

Pero de alguna manera…

«¿No es como si estuviera enamorado de la condesa?»

Pensando en eso, Enoch sonrió.

«No puede ser.»

Tal vez fue porque el contrato con Inés era un gran problema, por lo que estaba un poco nervioso. Enoch se sacudió sus pensamientos inútiles.

Athena: No, pero es el comienzo. Todo comienza con interés…

Al regresar a la residencia de Brierton, Inés se encontró a una persona bastante desagradable. Fue Ryan, quien llegó temprano a casa por alguna razón.

—¿Dónde diablos has estado y acabas de regresar ahora?

Ryan se apoyó en el sofá y miró a Inés con los ojos bien abiertos.

«El sol debe haber salido por el oeste hoy porque Ryan ya está en casa.»

—Verte en casa a esta hora, debe ser un gran problema. ¿No estás ocupado hoy? —preguntó Inés, frunciendo el ceño.

—¡Hmmmm, hmm!

Ryan, cuya conciencia estaba herida, tosió un par de veces en vano antes de responder.

—Oye, vine temprano para cenar contigo. Decidimos comer juntos una vez a la semana, ¿no?

Los ojos de Inés se entrecerraron.

Ryan, que había mirado en secreto a los ojos de Inés, agregó palabras apresuradamente.

—Bueno, y tengo un poco de curiosidad sobre el progreso de tu pintura...

«Lo sabía.»

Inés se rio brevemente. Al final, Ryan regresó temprano a casa no para pasar tiempo con Inés, pero fue porque tenía curiosidad por lo que ella pintaría.

Inés respondió con voz fría.

—No te preocupes, estoy pensando en el tema.

—¿Oh, sí?

A pesar de esa respuesta contundente, el rostro de Ryan se iluminó.

Inés continuó, dejando su abrigo a su criada.

—Y salí un rato pensando en qué dibujar. Estaba un poco más preocupada porque el tema de la exposición de arte era la libertad.

Después de decirlo así, Ryan dudó e hizo una pregunta.

—Ya veo. ¿Estás cansada? Entonces la cena…

«...por supuesto que no te importa si estoy cansada o no.»Inés, que estaba mirando a Ryan, se dio la vuelta.

—Me duele la cabeza al pensar en la foto, así que quiero tomarme un descanso. Comes solo.

—Oh, lo hare. Buena suerte, Inés.

Como cortesía, al menos podría haberle dicho a Inés que comiera algo.

Pero Ryan simplemente asintió con satisfacción.

Inés entró en el dormitorio, reprimiendo la sensación de opresión como si las piedras le hubieran llenado el pecho.

La puerta estaba cerrada.

—...ja.

Al mismo tiempo, Inés dejó escapar un largo suspiro.

Tal vez fue porque acababa de regresar de encontrarse con Enoch y seguía comparando las acciones de Enoch y Ryan. Enoch había notado que el corazón de Inés estaba complicado y trató de solucionarlo con una broma ligera.

Y tan pronto como la vio, Ryan le preguntó cómo sería la pintura. ¿No era su mentalidad tan diferente?

—Eres peor marido que nadie.

Inés se llevó la mano a la frente y soltó una carcajada vacía.

Faltaba aproximadamente un mes para la exhibición de arte.

Inés había estado pintando mientras iba y venía del estudio en la calle Hwabang.

Como tenía que completar dos pinturas al mismo tiempo, el tiempo era un poco apretado.

Además, Enoch cumplió fielmente su palabra.

Siguió viniendo al estudio y comprobó cómo avanzaba la pintura. Mientras tanto, Enoch también conoció a la dueña de la tienda de arte.

—¿Estás aquí?

Al principio, la dueña de la tienda dudaba debido a la gracia única de Enoch, pero ahora estaba acostumbrada a él.

La dueña de la tienda miró hacia el techo donde se encontraba la habitación de Inés y habló con Enoch.

—Inés ha estado dibujando y saltándose comidas.

—¿Es eso así?

Enoch frunció el entrecejo. Si la condesa Brierton no sabía pintar, todo se echaría a perder.

Era bueno dibujar, pero primero debía cuidar su propia salud.

Parecía que Inés había desarrollado un mal hábito.

Era la costumbre de pintar continuamente una vez que se sumergía en ello.

—Parece que va a presentar su pintura en la exposición de arte del duque de Sussex. Pintar está bien, pero le hará daño a su cuerpo.

La dueña de la tienda chasqueó la lengua como si no estuviera satisfecha.

Fue así como Enoch se dirigió a la habitación de Inés, llevando comida en ambas manos.

Después de llamar a la puerta, esperó un rato, pero no hubo respuesta. Enoch frunció el ceño y agarró el pomo de la puerta.

—Discúlpeme un momento.

La puerta se abrió con facilidad, como si no estuviera cerrada con llave al principio.

Enoch, que había entrado en la habitación, inmediatamente se congeló en el acto.

«Esto…»

El color rojo del sol poniente que brillaba a través de la espaciosa ventana estaba quemando la habitación.

En el medio había dos caballetes uno al lado del otro.

Un cubo de agua en el suelo, una paleta de pinturas. E Inés estaba sentada como para gobernar todo en la habitación.

Mientras vestía toscamente un delantal que estaba manchado de pintura, tocaba el pincel con delicados movimientos. Ahora, estaba completamente inmersa en la pintura y parecía no darse cuenta de nada.

Fue la primera vez.

A esa persona, al aire que rodeaba a esa persona, al paisaje que alguien miraba.

Un sentimiento de ser devorado y abrumado envolvió a Enoch.

Como…

«¿No es mágico?»

Enoch sintió que se le secaba la boca.

De repente, se escuchó el sonido de las patas de la silla siendo arrastradas por el suelo. Tal vez ella quería ver la imagen completa.

Inés, que se levantó de su asiento, dio un paso atrás y se quedó mirando los dos cuadros. Inclinó la cabeza y observó las pinturas, y luego regresó a las pinturas y comenzó a jugar con el pincel nuevamente.

Por extraño que pareciera, Enoch no podía apartar los ojos de la espalda de ella en absoluto.

Se sentía como si estuviera poseído por algo.

Enoch apretó los puños por reflejo.

Entonces.

—¿Eh?

Al mismo tiempo, Inés sintió una presencia y miró hacia atrás.

Capítulo 17

Tan pronto como sus ojos se encontraron con los de Enoch, Inés se sorprendió.

—¡Oh, Dios mío! ¡¿Por qué no hizo un sonido y entró?

Ante la voz sorprendida, la atmósfera abrumadora que había envuelto la habitación desapareció por completo. Enoch respiró hondo y respondió.

—Ya toqué dos veces y pedí permiso para entrar.

—¿Oh, lo hizo?

En respuesta a esa respuesta, Inés se puso hosca y se disculpó con Enoch.

—Lo siento, a veces no puedo escuchar ningún sonido a mi alrededor mientras estoy dibujando.

—Puede suceder si se enfoca. Entiendo.

—Incluso la última vez que la señora Land me llamó cinco veces y no hubo respuesta, estaba muy molesta. Ah, y la señora Land es el nombre de la dueña de la tienda de arte.

Inés, que se apresuraba a poner excusas, señaló la bolsa de papel que sostenía Enoch.

—Por cierto, ¿qué tiene en la mano?

—Comida.

—¿Comida?

Ante la respuesta completamente inesperada, Inés se endureció.

—Escuché de la señora Land, y ella dijo que a menudo se salta las comidas cuando pinta.

—Oh…

—Así que compré algunas cosas.

Enoch tiró de la mesa, abrió la bolsa de papel, sacó los artículos uno por uno. Queso, varias frutas, pastel de carne, una botella de jugo y el sándwich de baguette favorito de Inés. Incluso trajo vajilla.

Inés, que estaba mirando la comida que se preparaba en un instante, le preguntó a Enoch.

—Entonces, ¿tiene miedo de que me salte las comidas?

—Entonces, ¿compraría tanta comida sin ninguna razón?

Enoch se encogió de hombros y hábilmente cortó un trozo de pastel de carne y lo colocó en un plato. Luego empujó el plato frente a Inés.

—Tome un poco.

«Ahora que lo pienso, no creo que nadie me haya cuidado tan bien.»

Porque ella siempre había estado cuidando a Ryan... Sintiéndose abrumada, Inés se mordió el labio.

—…gracias.

Dando las gracias, Inés levantó el tenedor. Cuando cortó el pastel de carne y se lo puso en la boca, pudo saborear el sabroso sabor de la carne cocida y la corteza crujiente.

Mientras tanto.

«¿Eh?»

Inés sintió la mirada clavada en ella.

Cuando levantó la vista, vio a Enoch mirándola con una expresión algo nerviosa en su rostro. Y luego preguntó en voz baja.

—¿Se adapta a su gusto?

—¿Sí?

—Lo compré en un lugar con buena reputación, pero si no le gusta, no dude en decírmelo.

Se sentía como si alguien la hubiera golpeado fuerte en la cabeza. Inés, que estaba un poco aturdida, le sonrió a Enoch.

—Está bien, es delicioso.

Ante la respuesta, Enoch miró detenidamente el rostro de Inés.

Luego frunció el ceño y dijo:

—No mienta.

—¿Qué?

—La gente no suele verse así cuando come comida deliciosa.

—Ah…

Confundida, Inés parpadeó con ambos ojos.

Reflexivamente, levantó la mano y se tocó los labios.

Aunque estaba sonriendo, sus labios se endurecieron con muchas emociones.

—De verdad, es delicioso. Yo solo… —Inés, que vaciló, habló—. Es un poco extraño.

—¿Qué quiere decir?

—Nadie en mi vida… Incluso mi esposo, Ryan.

Era como si alguien le hubiera bloqueado la garganta con una gran piedra.

Inés luchó por hablar.

—Nadie tomó en consideración mis gustos, por eso.

—Condesa Brierton.

—A excepción de mis padres, el duque fue el primero.

La sonrisa de Inés se hizo un poco más profunda.

Era una sonrisa triste.

«El que tomó mi gusto en consideración.»

Enoch, que miraba a Inés con un sentimiento complicado, respondió con calma.

—En el futuro, prestaré más atención.

—Ja, no quise ser una carga para usted.

—No hay presión. Es solo que quiero que me importe.

En respuesta, Enoch sirvió jugo de naranja en un vaso transparente y se lo dio a Inés.

—Tome, tome un poco más.

—Su Excelencia, ¿no come? No quiero comer sola.

Ante el travieso empujón de Inés, Enoch también levantó la vajilla. Al ver esa escena, el corazón de Inés volvió a doler.

¿Y si fuera Ryan?

No, Ryan no comería con ella. Tenía suerte si él no la regañó.

Inés, que había estado pensando en eso, hizo un gran esfuerzo por ignorar sus pensamientos sobre Ryan.

Si tuviera una cara hosca, Enoch pensaría que era extraño.

De esa manera, volvió a su forma habitual.

—Entonces, hoy la señora Land…

La voz que charlaba sobre las pequeñas cosas por las que había pasado era alegre. Enoch escuchó en silencio la historia.

De vez en cuando, asentía con la cabeza o aplaudía en señal de simpatía. Pero mientras tanto, Enoch….

«A excepción de mis padres, el duque es el primero. La persona que tomó mi gusto en consideración.»

La débil voz de Inés no se le cayó de los oídos. Era como una pequeña espina clavada debajo de su uña.

Faltaba una semana para la exhibición de arte.

Finalmente se terminó la pintura.

—Genial.

Enoch miró las pinturas y quedó realmente asombrado.

Ante ese elogio, Inés hizo una mueca de alivio.

—Me alegra que le guste.

Cada una de las dos pinturas contenía el paisaje de la calle Hwabang.

En el sentido de una serie, uno era el paisaje de la mañana y el otro era el paisaje de la tarde.

Los espléndidos colores del crepúsculo que parecían estar en llamas se destacaban excepcionalmente.

—Es como una serie.

—Lo hice a propósito para darle ese tipo de sentimiento.

Al escuchar el murmullo de Enoch, Inés sonrió con picardía.

—Para que otras personas puedan preguntarse inmediatamente cuando lo vean.

—Bueno, si esa era la intención, fue perfectamente exitoso.

—Es reconfortante escuchar que el duque, nadie más, ha dicho eso.

Inés se encogió de hombros y comenzó a envolver un cuadro en papel de regalo. Enoch, que estaba observando la escena, inclinó la cabeza y preguntó.

—¿Hay alguna razón para envolverlo? Si me lo deja a mí, lo llevaré a la exhibición de arte por mi cuenta.

Ante esa pregunta, Inés hizo una pausa y detuvo sus manos.

Después de un silencio tan largo, Inés se volvió hacia Enoch con una sonrisa incómoda.

—Aún….

—Condesa.

—Ryan… él podría estar preguntándose… —La mano que agarraba el papel de regalo lentamente ganó fuerza—... Qué tipo de cuadro pinté.

Había un rayo de esperanza en esa voz. Inés creía que al menos su esposo estaría interesado en sus logros artísticos. Quería poner sus esperanzas en Ryan...

En el momento en que notó esa pequeña expectativa, Enoch sintió que su estado de ánimo se hundió.

«¿Por qué me siento tan mal de repente?»

Había sido una sensación muy agradable hasta hace poco, pero era extraña.

Enoch frunció el ceño involuntariamente.

Al mismo tiempo, Inés miró el papel de regalo que sostenía en estado de shock.

—Oh esto. El papel de envolver está todo arrugado. Es un desperdicio.

El papel de regalo arrugado era como el amor que le había dedicado a Ryan.

Inés sintió que le dolía el corazón.

Se sentía tan amargo que Inés ni siquiera se dio cuenta.

El hecho de que Enoch la mirara así.

Esa tarde.

Inés volvió a la casa con el cuadro envuelto.

—Estoy aquí.

—¿Está usted aquí, señora?

La criada saludó a Inés con una voz brillante, pero ella no tenía una cara feliz.

Tan pronto como vio esa expresión oscura, Inés lo notó de inmediato.

—Ryan no ha vuelto a casa todavía, ¿verdad?

—Ay, señora. Eso…

La criada, que se había humedecido los labios para responder algo, inclinó la cabeza sin saber qué hacer.

Inés miró a tal doncella con un corazón triste. Ryan, que al principio parecía prestar atención a Inés, había estado saliendo durante los últimos días.

Aún así, ella pensó que él estaría en casa temprano hoy.

Porque ella le dijo de antemano que traería el cuadro para mostrárselo.

«Es estúpido.»

Hasta antes, la imagen que sostenía se sentía tan ligera.

Era demasiado pesado ahora.

«¿Qué diablos esperaba?»

Inés se rio de sí misma.

«¿Realmente pensé que Ryan estaría interesado en mis pinturas?»

De hecho, ella misma lo sabía.

Ryan no estaba interesado en su mundo artístico, sino solo en la fama que traían sus pinturas. Justo en ese momento, la mucama, que encontró el paquete de pinturas en la mano de Inés, rápidamente le tendió la mano.

—Señora, deme ese paquete. Yo me encargaré.

—Está bien.

Inés negó con la cabeza y se dio la vuelta.

—Entraré y descansaré, me encargaré de Ryan cuando llegue a casa.

—Sí, lo haré.

Frente a la espalda de Inés, que se alejaba, la criada miró hacia abajo e inclinó la cabeza.

—Pobre dama…

Los ojos de la criada que miraba a Inés estaban llenos de tristeza.

Capítulo 18

Ryan llegó a casa al día siguiente, tarde en la mañana cuando el sol estaba en medio del cielo.

—¿Inés…?

Inés, que estaba desayunando, levantó levemente la mirada. Ryan se frotó los ojos demacrados y se acercó a Inés. A medida que la distancia entre ella y Ryan se acercaba, el hedor a alcohol le picaba en la nariz.

—¿Qué pasa con la pintura?

No hubo disculpas por quedarse afuera sin una palabra.

Ante la actitud de preguntar sólo por sus propios asuntos, Inés frunció el ceño involuntariamente.

—Ya he solicitado en tu nombre.

—¡Oh, bien hecho Inés!

El rostro sonriente de Ryan de repente se puso pálido.

—¡Ugh!

Fue porque bebió demasiado la noche anterior y su estómago estaba revuelto. Ryan se tapó la boca y corrió al baño.

Inés, que miraba su patética espalda, dejó en silencio la vajilla. No había forma de que pudiera tener apetito después de ver eso.

Al poco tiempo.

—Uf, me estoy muriendo.

Ryan se tambaleó y volvió.

Ryan, quien acercó la silla a la mesa del comedor y se sentó, le espetó a la criada.

—Ah, me duele. ¡Ve y consigue algo!

—Sí, conde.

La criada, que se retiró con cara de preocupación, le trajo un té de miel, que era bueno para aliviar la resaca. Ryan, que bebió el té de miel, dejó la taza sobre la mesa con un golpe. Al mismo tiempo, Inés hizo una pregunta.

—Por cierto, Ryan.

—¿Sí?

—¿No tienes curiosidad por qué tipo de imagen dibujé?

Debía ser así, ¿no fue una pintura que se aplicó en nombre de Ryan?

Si Inés hubiera estado en el lugar de Ryan, habría echado un vistazo a la pintura antes de entregarla. Sin embargo, Ryan no parecía tener ninguna intención de revisar la pintura en absoluto. Como prueba de ello, el rostro de Ryan estaba lleno de asombro.

—¿Por qué debería sentir curiosidad por eso?

Inés se quedó momentáneamente sin habla.

Inés, que miraba a Ryan con una expresión de sorpresa, respondió.

—Es una pintura enviada a tu nombre. ¿No deberías al menos saber qué tipo de imagen dibujaste?

—Bueno, Inés, debes haberlo hecho bien. ¿Está bien? —Ryan se encogió de hombros y se levantó, rascándose la cabeza—. Oh, estoy cansado de quedarme despierto anoche. Necesito dormir un poco.

Así que Ryan dejó su asiento.

Mirando su espalda, Inés se mordió el labio.

«Está bien, Inés. No hay necesidad de que te vuelvan a hacer daño.»

De hecho, Ryan siempre había sido así.

Las imágenes que dibujó fueron solo una herramienta para que Ryan ganara la envidia y la fama de la gente.

Pero ahora.

«Ese cuadro será el arma más efectiva para atacarte.»

Los comentarios ignorantes de Ryan lastimaron su corazón, pero algún día todo estará bien. Inés se consolaba así.

Así que, finalmente, fue el día de la inauguración de la exposición de arte.

Inés salió del adosado temprano en la mañana.

Era para visitar la exposición de arte a tiempo para la inauguración. La exhibición de arte del duque de Sussex se llevará a cabo mediante el alquiler de una sala de exhibición permanente propiedad de la familia real.

De hecho, alquilar el pabellón real en sí era una gran cosa.

El Pabellón Real era básicamente solo las obras de arte de maestros o artistas pertenecientes a la Asociación Real de Arte sin importar cómo él era el único hermano del rey actual, exhibiendo obras en tal lugar, independientemente de los recién llegados y los artistas establecidos...

«El duque es asombroso.»

Como Inés admiraba a Enoch interiormente.

—Oh Dios mío.

Ante la escena llena de gente que se desarrollaba ante sus ojos, Inés parpadeó desconcertada.

Porque los carruajes de personas de alto rango se alinearon alrededor de la sala de exposiciones. Esto puede deberse a que la exhibición de arte del duque de Sussex fue un tema candente en el mundo social….

«Aún así, no pensé que habría tanta gente.»

Ante la ominosa sensación que invadió su cuerpo, Inés dejó escapar un doloroso sonido en su boca.

«Creo que llevará bastante tiempo entrar en la sala de exposiciones.»

Pero entonces.

Alguien llamó a la ventana de su carruaje.

—¿Sí?

Inés miró por la ventana con cara de perplejidad.

Un joven estaba parado afuera del carruaje, mirando a Inés.

—¿Es la condesa de Brierton?

A juzgar por el uniforme bien vestido, parecía que era un empleado perteneciente a la sala de exposiciones de la familia real.

Inés asintió.

—Así es.

—Me ha enviado el duque de Sussex. Hay mucha gente aquí, así que la llevaré por separado.

Ante esas palabras, Inés parpadeó sin comprender.

—El duque…

Ahora que lo pensaba, ella había dicho algo de pasada.

Pero.

«¿Recordó eso y colocó un bastón en el lugar por adelantado? ¿Para mí?»

Enoch siempre prestó una atención inesperada a los detalles.

…A diferencia de Ryan.

—¿Condesa de Brierton?

Al mismo tiempo que la voz del personal la llamaba, Inés recobró el sentido.

—Oh sí. Vamos.

Con la ayuda del personal, fue sola después de un período de dificultades.

Inés pudo por fin poner un pie en la sala de exposiciones.

Tan pronto como entró en el vestíbulo, toda la habitación estaba ruidosa como si fuera una colmena.

—¿Viste esas pinturas?

Una de las damas no pudo ocultar su sorpresa y abrió la boca.

—¡El conde Brierton había presentado una pintura esta vez!

En un instante, Inés apretó los puños con júbilo.

«¡Lo logré!»

—¿Por qué es la misma pintura bajo el nombre de la condesa Brierton?

—Quiero decir, pensé que era una serie, ¿verdad?

—Por cierto, ¿la condesa sabía pintar?

No solo las damas, sino también otros visitantes parecían tener dudas sobre las pinturas.

—¿O el Conde Brierton pintó dos cuadros y los presentó en su nombre y en el de su esposa?

—Pero es extraño. No hay necesidad de hacer una tarea tan engorrosa, ¿verdad?

Todo el mundo estaba hablando, así que todo el vestíbulo estaba ruidoso.

Mientras tanto, uno de los espectadores encontró a Inés de pie en la entrada.

—Oh, Dios mío, ¿condesa Brierton?

—¿Le ruego me disculpe? ¿Está aquí la condesa?

—¿Dónde, dónde está ella?

Los ojos de la gente se volvieron hacia Inés en un instante. Inés se detuvo, desconcertada.

Por supuesto, llamar la atención de la gente era su objetivo, pero... Aún así, la situación en sí era agobiante al ver a tanta gente mirándola con ojos duros.

Algunos incluso la miraron con ojos de reproche.

—Veo que las pinturas del conde y la condesa son similares.

Alguien abrió la boca con una voz chillona.

—Pero aun así, ¿cómo puede una dama noble presentar una pintura?

—Ella tiene que proteger y cuidar a la familia.

—Además, el Brierton es uno de los más prestigiosos del reino.

—¿Quiere decir que la anfitriona de una familia así no tuvo en cuenta el problema de dañar la dignidad de la familia?

Los rumores de chismes parecían atravesar el cuerpo de Inés con cuchillos.

Sus hombros se estremecieron ante la ráfaga de tensión.

Pero por un tiempo.

«Está bien.»

Inés respiró profundamente.

«Es mucho mejor que ser traicionada por Ryan y Charlotte, ridiculizada e insultada toda mi vida.»

Sus ojos, que habían estado borrosos por un momento, se volvieron agudos.

Inés, apretando los puños, enderezó la espalda y miró directamente a los ojos del público.

«Porque ya sabía que la gente no me daría la reacción que yo quería.»

Por muy loca que hablara la gente, Inés no hizo nada malo. Ella no hizo nada vergonzoso, entonces, ¿por qué debería retroceder?

«Sobre todo, esto... Es mi elección.»

Para recuperar su trabajo, su vida. Había un brillo en sus ojos. Inés se acercó al público confiada con paso digno.

—¿Qué, qué?

—Pensé que ella estaría desanimada...

—Ella no está avergonzada en absoluto, ¿verdad?

Por el contrario, la audiencia estaba algo perpleja.

Pero entonces.

—Condesa Brierton.

Una voz suave llamó a Inés.

La gente rápidamente volvió la cabeza hacia la fuente de la voz, y luego sus ojos se abrieron como platos.

¡El duque de Sussex!

Era Enoch.

Enoch, que de inmediato llamó la atención de la gente, se acercó a Inés con paso elegante. Mientras se movía, la gente se retiraba como olas.

Por fin, Enoch se presentó ante Inés. Entonces sus ojos se inclinaron suavemente.

Athena: Vaya reino más misógino. Aunque no nos engañemos, el mundo era así hasta hace muy poco. Demuéstrales quien manda, Inés.

Capítulo 19

—Estoy muy feliz de que la condesa haya venido a mi exposición de arte.

Era como si estuviera alentando a Inés a animarse, diciendo: "No tienes que desanimarte por los ojos de la gente".

Además del saludo, Enoch levantó suavemente la mano enguantada de Inés.

Inés sintió un ligero beso en el dorso de su mano.

Básicamente, era la cortesía de un caballero hacia una dama noble.

Pero la gente se asombró y miró a Enoch e Inés.

—Ah, ¿acabas de ver eso?

—¡El duque de Sussex…!

Aun así, esa etiqueta también tenía un significado diferente.

Así es, "el respeto a los de abajo".

Los nobles del Reino de Lancaster hicieron un juramento de lealtad besando el dorso de la mano del rey.

Por lo tanto, aunque básicamente era un ritual para una dama y un caballero, no era el deber de una persona de alto rango para con un subordinado.

Enoch nunca había tomado este ejemplo excepto por su hermano mayor, el rey y la reina.

Eso significaba… que Enoch mostró a todos cuánto respetaba a Inés con sus acciones.

—¿Oh, duque?

La propia Inés estaba aún más sorprendida y miró a Enoch con ojos de conejo sorprendidos.

Enoch separó los labios suavemente.

—Gracias a las pinturas enviadas por la condesa, mi exhibición de arte es muy popular.

—…Es mi honor —respondió Inés, que tragó saliva seca.

De hecho, era difícil evitar que su voz temblara.

«¡Qué debo hacer, estoy tan nerviosa que siento que estoy a punto de colapsar!»

En primer lugar, Inés nunca había recibido la atención de tanta gente a la vez.

¿Fue así en la fiesta de debutantes que se sentía muy lejos ahora?

Además, la persona que ahora le rindió tributo fue Enoch von Lancaster, ¡el único duque del reino!

—Vamos. Yo mismo la guiaré.

¿Eso fue todo?

Enoch, naturalmente, acompañó a Inés a la sala de exposiciones. Inés tuvo que esforzarse mucho para no tropezar ya que todo su cuerpo estaba rígido.

—Condesa, no me la comeré. —Al mismo tiempo, se escuchó un susurro maligno—. Así que no hay necesidad de estar tan nerviosa.

Enoch miró a Inés, brillando juguetonamente con sus ojos azul oscuro.

Inés arqueó las cejas sin darse cuenta.

—¿Me está diciendo que no me ponga nerviosa? ¿En esta situación?

—No le dije que no se pusiera nerviosa.

Cuando Inés bajó la voz y volvió a preguntar, Enoch respondió con sarcasmo.

—Dije que no había necesidad de estar nerviosa.

—¡Eso es lo que…!

Inés, que estaba furiosa, de repente miró un lugar de la sala de exposiciones como si estuviera poseída.

Dos cuadros colgados a lo lejos. Pintado en diferentes momentos en el mismo lugar, bajo los nombres de la pareja Brierton uno al lado del otro.

Innumerables personas estaban de pie frente a las pinturas que parecían una serie de obras.

—¿Quieres decir que el conde Brierton y la condesa dibujaron estas pinturas?

—Parece que el trabajo de una persona es demasiado para que eso sea cierto…

—Incluso si se trata de una pareja casada, ¿deberían dibujar lo mismo?

—¿No es un poco extraño?

La gente tenía dudas sobre las pinturas de Inés.

Al mirar esa figura, Inés sintió que muchas emociones se cruzaban. Fue la primera vez.

Mostrando pinturas a todos en nombre de "Inés" en lugar de "Ryan".

En ese momento, Enoch dio un paso adelante. Las personas que habían estado observando las pinturas durante mucho tiempo miraron hacia atrás con sorpresa.

—La mayoría de ustedes aquí probablemente lo saben, pero permítanme presentarles de nuevo.

—¿Oh, duque?

Sorprendida, Inés miró a Enoch. Pero Enoch solo habló con calma.

—Esta es la condesa Inés Brierton. También…

Enoch miró a Inés.

Sus ojos se encontraron.

A Enoch le resultó difícil apartar los ojos de sus ojos verde oscuro.

Esos ojos deslumbrantes, chispeantes de pasión por el arte.

Mirando suavemente esos ojos, Enoch continuó.

—Ella también es la creadora de esta hermosa pintura.

Todos los espectadores miraban a Inés como congelados.

Enoch, que apartó la mirada de Inés, abrió los labios ligeramente mientras miraba a la audiencia.

—Por favor, prestad atención a este destacado artista que acabo de descubrir.

El momento en que las palabras de Enoch cayeron.

Como por arte de magia, los espectadores comenzaron a moverse como por arte de magia.

Cada uno de los espectadores hizo preguntas a Inés con caras curiosas.

—¿Es eso realmente lo que hizo la condesa Brierton?

—El estilo de pintura es muy similar al del conde, entonces, ¿cuáles son las pinturas que el conde ha presentado hasta ahora?

Al escuchar las innumerables preguntas que le llegaban, Inés sintió que se le hinchaba el corazón. Finalmente, dio el primer paso fuera de la sombra de Ryan. Como prueba de ello, todos la miraban.

A Inés, no a Ryan.

—¡Ahhhh!

Cuando se quitaron las coloridas cortinas de encaje, la brillante luz del sol inundó la habitación.

Había pasado mucho tiempo desde que el sol ya había salido alto. Ryan arrugó la frente con enojo y se agachó.

—Creo que bebí demasiado ayer.

Se sentía como si alguien le estuviera golpeando la cabeza con un martillo, por lo que Ryan se mordió las muelas y emitió un ruido doloroso.

—Ugh…

—¡Oh, no! Ryan! ¡Ryan!

Pero estaba a punto de volver a dormirse. Alguien lo sacudió, que estaba profundamente dormido, para despertarlo. Ryan dio vueltas y vueltas bajo las sábanas.

—¡¿Uf, qué?!

—¡Mira esto, es un gran problema!

Independientemente, Charlotte sostuvo el periódico frente a la nariz de Ryan.

Era un artículo de Elton.

—¿Qué pasa…?

Ryan, que estaba confundiendo nerviosamente el final de sus palabras, abrió mucho los ojos por un momento. Fue porque el titular que estaba incrustado en la parte superior del periódico llamó su atención.

¡Dos cuadros de la exposición de arte del duque de Sussex! ¿Cuál es el secreto de las pinturas que el conde Brierton ha pintado hasta ahora?

—¡Oye, qué diablos es esto!

Ryan levantó la voz como un grito y arrebató el periódico de la mano de Charlotte. El contenido del periódico era verdaderamente especulativo.

—¡¿Inés, esto es…?!

Ryan apretó los dientes. Charlotte miró a Ryan con preocupación.

—Ryan, ¿qué debemos hacer?

—¡Qué demonios, tengo que ir y arreglarlo de inmediato!

Ryan gritó de frustración y se levantó con urgencia.

Al poco tiempo.

Ryan, que se había vestido toscamente, salió corriendo.

No tenía idea de cómo llegó a la exposición.

«Uf, creo que voy a vomitar.»

Ryan logró calmar su malestar estomacal bebiendo en exceso y salió del carruaje.

Tropezó un par de veces por la borrachera que no se le quitaba, pero de todos modos entró en la sala de exposiciones.

Al mismo tiempo, los ojos de la audiencia se dirigieron inmediatamente a Ryan.

—¿No es ese el conde Brierton?

—¡Así es! Llegó después de todo este alboroto…

—¿Qué diablos está pensando?

Las damas se taparon la boca con sus abanicos y asintieron.

Bajaron la voz, pero él podía escuchar todo.

¿Eso fue todo?

Algunos de los caballeros mayores chasqueaban la lengua.

¡Entre ellos estaban los hombres que jugaban al póquer con él y bebían con él en el club!

«¡Mierda!»

Ryan masticó una palabrota para sus adentros. Mirando a su alrededor, vio a Inés de pie en la distancia.

Parecía muy feliz, viéndola sonreír alegremente mientras estaba rodeada de gente.

«¡Eso!»Las chispas rebotaron en los ojos de Ryan. «¡Ese puesto me pertenece!»

La audiencia que lo admiraría, sus dulces voces admirando al genio.

Miles de personas que querrían una sola atención de él.

«Es mío. ¡Eso… todo mío…!»

Aunque toda la atención que tuvo fue por las pinturas de Inés, ¿qué había de malo en eso?

Cuando el trabajo externo del esposo iba bien, ¡la esposa también sería feliz!

«Si naciste mujer, ¡debes ser cortés y solidaria!»

—¡Inés!

Ryan gritó en voz alta.

Los espectadores, sobresaltados por la voz fuerte y resonante, se dieron la vuelta. Ryan se sorprendió por un momento por las numerosas miradas, pero luego puso fuerza en sus hombros y entró.

La gente se dispersó como granos de arena e Inés, de pie en el medio, se acercó.

Ryan agarró el hombro de Inés.

—¡Cómo diablos sucedió esto!

Ante el agarre en forma de garra, los hombros de Inés se ponen rígidos.

Un leve miedo se deslizó por su rostro.

Pero fue sólo por un breve momento.

—Suéltame.

Inés, que se sacudió la mano de Ryan, retrocedió un par de pasos.

Luego enderezó la espalda y miró a Ryan a los ojos.

Capítulo 20

—Como me pediste, presenté tu trabajo a la exhibición de arte. ¿Hay algún problema?

—¡Tú…!

Ryan contorsionó su rostro horriblemente.

Frente a los tranquilos ojos verde oscuro de Inés, de alguna manera se le retorció el estómago.

Estaba tan enfadado.

¿Por qué Inés estaba tan tranquila?

—¡Yo, lo que quería...!

—Debe haber sido que mis pinturas se enviarían solo con tu nombre. Lo sé.

En respuesta, Inés rápidamente miró a su alrededor.

Esos espectadores con los ojos bien abiertos difundirían la noticia de lo sucedido hoy al mundo social. Entonces, lo que tenía que hacer ahora era...

«Pero no tengo motivos para obedecerte, ¿verdad?»

Provocar a Ryan tanto como fuera posible para que ocupara una posición ventajosa.

Con ese juicio, Inés abrió la boca.

—Pero ya no quiero hacer eso.

—¿Qué?

—¿No puedes entender? Ya no quiero sacrificarme por ti.

Inés inclinó suavemente los ojos. Era una risa clara.

Al mismo tiempo, sus labios estaban ligeramente levantados.

—¿Cuánto tiempo planeas vivir dependiendo de mí?

Esas palabras que secretamente le susurró solo a Ryan, para que otros no las escucharan.

—Como un parásito.

En un instante, la razón de Ryan fue cortada.

—¡Estás loca!

Ante el comentario desorbitado, el público, que observaba con gran interés el enfrentamiento entre Inés y Ryan, se quedó boquiabierto.

—Wow, ¿qué acaba de decir el conde ahora?

—¡Cómo pudo decir una cosa tan vulgar!

Por supuesto, incluso los nobles que pasaban el rato con Ryan dijeron palabras duras detrás de él.

Sin embargo, al menos por el bien de la apariencia, era común tener cuidado con las palabras y las acciones. Sin embargo, Ryan, cuya cabeza se puso blanca de ira, volvió a pronunciar un lenguaje abusivo.

—¡¿Cómo te atreves a tratar de derribarme?!

Ryan infló su pecho y se acercó a Inés amenazante.

—¡Una perra insignificante como tú!

Pero Inés todavía tenía un rostro tranquilo.

Ryan frunció el ceño.

«¿Qué diablos es esta relajación?»

Inés generalmente se rendía rápidamente cuando Ryan la presionaba con la voz levantada así.

"Lo siento, debo haberte ofendido porque no estaba prestando atención... Por favor, perdóname".

Era costumbre de Inés decir tal cosa.

Sin embargo, la Inés actual era diferente.

Inés, que estaba haciendo contacto visual con Ryan, sonrió brevemente y le susurró algo.

—Ryan, ¿por qué no echas un vistazo alrededor?

Ante sus palabras, Ryan miró a su alrededor con una cara perpleja. Docenas y cientos de pares de ojos asombrados estaban fijos en Ryan.

Ellos fueron los espectadores que vieron esta situación desde el principio.

Por un momento, la mente de Ryan brilló como si lo hubieran golpeado con agua fría en la parte superior de su cabeza.

—Oye, ¡¿qué es esto…?!

Y entre los espectadores, por supuesto, también había aristócratas que eran famosos en el mundo social.

Pasó un silencio helado.

«¡Mierda!»

Ryan se mordió las muelas con fuerza.

«Cometí un error. ¿Cómo diablos se supone que voy a darle la vuelta a esto?»

Aun así, la situación actual era demasiado desfavorable para Ryan. No importaba lo enojado que estuviera, el acto de amenazar a Inés frente a todos los espectadores...

Al mismo tiempo, Inés dio un paso adelante.

El sonido de los tacones golpeando el suelo de mármol resonó con claridad.

Inés, que llegó a la nariz de Ryan, levantó la mirada y miró a Ryan.

—Y Ryan.

La voz de Inés llamando a Ryan era tranquila e inadecuada para la situación actual, que era caótica.

—Yo… Inés.

Ryan trató de apaciguar a Inés reprimiendo su ira.

—¿Sabes? Es porque estaba emocionado, yo…

—No.

Pero Inés negó con la cabeza y cortó las palabras de Ryan.

—No inventes excusas para estar emocionado.

—¡Qué quieres decir…!

—Siempre me trataste así justo después de casarnos. ¿No estás de acuerdo? —Hacia el congelado Ryan, Inés continuó hablando de nuevo con calma—. Hasta ahora, he soportado todo porque te amaba, pero no puedo soportarlo para siempre.

—¡Inés!

—Nunca olvides que te has convertido en el conde Brierton gracias a tu insignificante esposa.

Un comentario agudo fluyó de entre los labios de Inés.

Ryan dudaba de sus oídos.

—Inés. ¿Y ahora qué…?

—Sin mí, ¿podrías haberte llamado conde Brierton?

Su voz tranquila atravesó los oídos de Ryan como un látigo. Ryan miró a Inés con el rostro en blanco.

La Inés frente a él simplemente se sentía desconocida.

«Esa mujer de rostro frío y tranquilo… ¿Es realmente Inés, mi esposa?»

Inés no haría eso.

Como si solo pudiera amarlo apasionadamente y siempre bajara la cabeza y fuera feliz como si tuviera el mundo entero con una leve expresión de afecto.

Pero por qué…

En ese momento.

—¿Qué diablos es este ruido?

Se escuchó una voz fría.

Enoch, que estaba mirando las pinturas de otros pintores, regresó después de escuchar la conmoción entre Ryan e Inés.

La sangre se drenó de la cara de Ryan.

—¡¿Espera, el duque de Sussex?!

—Puse las pinturas del conde Brierton y la condesa en mi exhibición de arte.

Enoch miró a Inés y Ryan alternativamente con una mirada tranquila.

—Eso significa que el conde Brierton y la condesa son artistas iguales para mí.

Ryan tragó saliva seca.

Los ojos azules de Enoch, tan fríos como el mar de hielo, estaban fijos en Ryan.

—Y no quiero que nadie haga daño a mis artistas.

Ryan se sintió asfixiado. La intensa tensión estranguló su cuello.

—Y más aún si es una disputa entre los artistas que elijo.

—¡Ja, Su Excelencia, pero yo...!

Enoch añadió con severidad.

—No sé cuánto tiempo el conde Brierton podrá seguir siendo un artista desde mi punto de vista, así que no tengo más remedio que proteger un poco más a la condesa.

Ryan abrió mucho los ojos.

Eso significaba, las disputas entre el conde Brierton y su esposa.

Enoch confiaba en Inés mucho más que en Ryan.

Por un momento, Ryan tragó saliva.

«Espera un minuto, Elton, quien informó por primera vez este incidente en una edición adicional, ¿no pertenecía al duque de Sussex?»

Enoch miró a Ryan, que se había endurecido.

Los ojos de Enoch se contrajeron con repugnancia.

—Además, oprimiendo a la gente así y ejerciendo violencia verbal. Creo que es muy bajo.

Enoch habló bruscamente y volvió a mirar a Inés.

Inés tenía una cara aparentemente franca, pero prestó atención a sus manos.

Sus manos temblaban levemente.

Y para ocultar el hecho de que estaba temblando, juntó las manos con fuerza.

Los ojos de Enoch se entrecerraron.

«Debe de haber tenido miedo.»

Frente a todas estas personas, ella enfrentó a su esposo y fue amenazada por él.

Incluso si tuviera una personalidad fuerte, debe haber sido difícil de soportar...

Enoch se acercó a Inés con un gesto cortés.

—Parece que la condesa necesita un descanso. La guiaré a la sala de descanso.

Inés, que estaba mirando la mano que se extendía hacia ella, colocó con cuidado su mano sobre la de Enoch.

—Gracias, duque.

La voz que respondió de esa manera era tan pequeña que parecía que se apagaría en cualquier momento.

Por alguna razón, Enoch se sintió incómodo.

Enoch rodeó a Inés con sus brazos como para protegerla y dio órdenes al personal que custodiaba el área.

—Saca al conde Brierton.

—¿Su Excelencia? ¡Su Excelencia!

Ryan estaba aterrorizado y llamó a Enoch, pero fue en vano.

El personal de la sala de exposiciones se apresuró a entrar y agarró los brazos de Ryan con firmeza.

Ryan luchó duro.

—¡Déjame ir! ¡Suéltame, ya sabes quién soy!

El grito desesperado de Ryan resonó en la sala de exposiciones.

En cierto modo, a pesar de que los plebeyos estaban arrastrando al noble, nadie en la audiencia ayudó a Ryan.

Solo miraron a Ryan con una misteriosa expresión de interés y disgusto. Así que Ryan fue expulsado a la fuerza de la sala de exposiciones.

Después de entrar al salón, se hizo más fácil respirar.

Inés puso su mano sobre su pecho y dejó escapar un largo suspiro.

—Ah…

Enoch se acercó a la mesa de refrescos, sirvió un vaso de jugo frío y lo colocó en la mano de Inés.

—Beba. Le calmará un poco.

Inés se mordió los labios.

Fue porque la mano que sostenía el vaso todavía temblaba ligeramente.

«Soy patética.»

Bebió el vaso de jugo y se tragó una sensación de vergüenza sobre sí misma.

Su mente pareció tranquilizarse un poco cuando entró algo dulce y frío. Enoch miró la expresión de Inés.

Capítulo 21

—¿Está un poco más relajada ahora?

—Sí.

Inés asintió con la cabeza y rápidamente expresó su agradecimiento.

—Muchas gracias por hoy.

El apoyo del propio duque de Sussex fue una gran fortaleza para Inés.

Si Enoch no hubiera trazado una línea perfecta con Ryan...

«Debe haber habido muchos chismes.»

Ahora su mente se había calmado un poco.

Inés, que estaba apoyada en el sofá, miró a Enoch en silencio.

—Pero, ¿está bien, duque?

Como para preguntar qué quieres decir, Enoch miró a Inés.

Inés continuó hablando con cautela.

—Echó a Ryan. Creo que los nobles conservadores podrían sentirse ofendidos por el hecho de que se expulsó a un noble. Además…

Inés, que estaba confundiendo sus palabras, apretó los dientes.

—...Después de todo, Ryan sigue siendo mi esposo legal.

—Condesa Brierton.

—Creo que es por la creencia del reino…

Inés no pudo terminar sus palabras y bajó la mirada.

Al menos, la creencia de la sociedad aristocrática de Lancaster no era favorable para alguien que quería tomar un camino diferente al de los demás.

Conservador y rígido, mantuvo el trabajo de hombres y mujeres completamente separados.

Una mujer que tenía una familia y soñaba con avanzar en la sociedad como artista... se consideraba bastante peculiar.

La desviación de Ryan estaba claramente equivocada. Era aceptable que los hombres salieran a jugar.

Pero Inés era diferente.

No tenía precedentes para ella presentar una pintura con su propio nombre.

Más bien, fue en la medida en que Enoch, quien aceptó voluntariamente su propuesta, era un poco extraño.

«Por mi culpa, el duque sería menospreciado por la sociedad aristocrática...»

Cuando Inés se mordía el labio y en agonía…

—Es el conde quien se equivocó.

Llegó una respuesta tranquila.

Sorprendida, Inés levantó la cabeza.

A diferencia de ella, que estaba muy sorprendida, Enoch tenía una expresión tranquila en el rostro.

—¿Por qué, el que cometió el error no debería salir de la habitación?

—Pero…

Inés se mordió los labios.

En principio, sí.

Pero, ¿no había sido siempre así la sociedad?

Inés misma no podía pedir el divorcio solo porque su esposo no era fiel a la familia.

Enoch hizo todo esto para sentar las bases para el divorcio...

—No es justo que la víctima tenga que irse. Al menos eso pienso.

Pero Enoch frente a ella estaba hablando de "lo correcto".

Además, pensó que Inés tenía "razón", por lo que estaba ayudando a Inés a pesar de que se rebeló contra la creencia de la sociedad. Inés sintió que el respeto brotaba de lo más profundo de su corazón.

Nunca antes había visto a nadie así.

Era firme en su opinión sin vacilar.

«Quiero ser como tú.»

Al mismo tiempo, Enoch habló, como evocando la atmósfera.

—Conozco la creencia de la sociedad aristocrática. Pero… —Esa sonrisa juguetona era tan refrescante como la de un niño pequeño—. Tengo mi identidad para usar en momentos como este.

—¿El duque?

—Incluso si soy un poco arrogante, ¿quién puede decirme algo?

En cierto modo, era una declaración arrogante, pero también era un hecho sin culpa.

Porque Enoch era el único hermano menor del actual rey y uno de los herederos al trono del reino.

Inés incluso escuchó que tenía muy buena relación con su hermano mayor, el rey.

—En lugar de hacer algo malo para quedar bien ante los nobles, es mejor hacer lo correcto ejerciendo la autoridad de una familia real. Esa es mi creencia.

Habiendo dicho eso, Enoch tenía una cara ligeramente avergonzada y se limpió las comisuras de la boca.

—Um, ¿suena un poco arrogante?

—No. —Inés negó con la cabeza en un instante—. Por el contrario, creo que el duque es genial.

—¿Soy genial…?

—Sí. Su Excelencia no está atado por la mirada de quienes lo rodean, y solo hace lo que cree que es correcto.

Por un momento, Enoch se detuvo.

—Porque no puedo, no, nunca antes había tenido ese coraje —Inés miró a Enoch con ojos brillantes llenos de respeto—. Respeto a Su Excelencia.

En respuesta a esa respuesta, Enoch miró a Inés en silencio con una mirada curiosa.

¿No pensaba lo mismo de Inés?

—Me alegro.

Sintiendo picazón por alguna razón, Enoch tosió un par de veces y apartó la cabeza.

—Aún así, la condesa debe preparar su corazón. Esto probablemente va a causar mucha controversia.

—Sí, estoy preparada.

—Por el momento, es mejor que se mantenga alejada del conde.

—Yo también lo creo. Gracias por su preocupación.

Inés, que había recuperado su energía, asintió vigorosamente con la cabeza. Enoch siguió mirándola así.

Sin saberlo, Enoch hizo una pregunta que no necesitaba hacer.

—¿Puedo visitarla en algún momento?

—¿Sí?

Inés abrió mucho los ojos.

Enoch, que estaba incómodo, añadió apresuradamente.

—Para comprobar su seguridad. Sería un gran problema si el conde Brierton viniera de visita.

«Ajá, eso es lo que quiso decir.»

En ese momento, Inés, que estaba convencida, sonrió ampliamente.

—Siempre estoy en deuda con el duque. Gracias de nuevo.

—…No es nada.

Al final de esas palabras, Enoch no pudo superar su vergüenza y desvió la mirada.

Inés se miró las manos.

Sus manos ya no temblaban.

Al verlo, la sonrisa de Inés se hizo un poco más profunda.

«Está bien, hagamos lo mejor que podamos.»

Inés apretó los puños con fuerza.

La exposición estaba en auge todos los días.

Esta exposición fue un tema tan grande que se convirtió en una nueva tendencia en el mundo social para visitar la exposición y mirar las pinturas de la condesa y el conde.

La gente se reunió alrededor de las tres o cinco y charlaron sobre el enfrentamiento entre la Condesa y el Conde involucrados en la exposición y las pinturas. La noticia fue tan candente que llegó incluso a oídos del rey.

Como prueba de ello, el rey estaba leyendo el Elton con cara de curiosidad.

¡La condesa de Brierton está decidida a encontrar su propia vida...!

¡¿Quién es el dueño de las pinturas?!

Numerosos titulares llenaron sus ojos.

La revista Elton dijo que este número se organizó como una característica especial y continuó publicándose continuamente. Y el dueño de Elton era…

—Has hecho algo bastante interesante, ¿verdad?

El rey, Edward, dejó el periódico que estaba leyendo y miró a Enoch.

Frente a Edward estaba sentado Enoch, el dueño de Elton y el único hermano de Edward.

Enoch preguntó con una cara un poco incómoda.

—¿Me llamaste aquí solo para decir eso?

—¿Solo? ¡¿Qué quieres decir con solo?! —Edward golpeó el reposabrazos del sillón con una expresión alegre en su rostro—. Esta es la primera vez en mi vida que te veo tan profundamente involucrado con una mujer.

—Hermano mayor.

—¡Incluso si te pidiera que fueras a ver a la señorita, ni siquiera escucharías con tus oídos!

Edward entrecerró los ojos y continuó.

—Por cierto, has sido muy popular entre las damas durante mucho tiempo, ¿no es así? Pero nunca te gusta nadie, así que…

—Oh, ¿realmente estás haciendo esto todo el tiempo?

Enoch odiaba las molestias prolongadas.

Edward agitó la mano y soltó una risita como si se fuera a morir de diversión.

—Bien, bien. Es asombroso.

—Tienes muchas cosas increíbles.

Independientemente de la reacción de molestia de su indiferente hermano, Edward no pudo dejar de reír durante mucho tiempo. Después de eso, después de reír tanto como quiso, apenas dejó de reír y sacó el tema.

—Incluso si es una relación de trabajo, ¿cómo puedes estar tan cerca de una mujer así? ¿Ha estado saliendo el sol por el oeste durante los últimos meses?

Se trataba de Inés otra vez.

Enoch miró a Edward con ojos insatisfechos. Edward se encogió de hombros cuando encontró su mirada.

Era una especie de expresión, "¿De qué estás insatisfecho?"

—Ja.

Edward sonrió y miró a su hermano, quien suspiró cuando el suelo se cerró. Una apariencia deslumbrante que parecía haber sido creada por Dios mismo. Como el único hermano menor del rey, tenía un estatus noble con incluso el derecho de heredero al trono. La riqueza y el honor que había acumulado como instigador de Elton, la mejor agencia de noticias del reino.

Tenía un ojo sobresaliente para descubrir y apoyar a numerosos artistas. No es que Edward lo tratara bien porque era su hermano menor, pero Enoch era el novio que cualquiera en el reino de Lancaster querría.

Lo más inusual de Enoch era su relación con las mujeres. Como miembro de la realeza, Enoch fue cuidadoso con su conducta y su vida privada fue muy limpia.

El único problema era que aún no se había casado debido a su limpieza.

Athena: Oh, creo que el futuro cuñado me va a caer bien. Sí, yo ya he casado a Inés y Enoch en mi mente.

Capítulo 22

«Sea lo que sea, la edad del matrimonio pasará pronto.»

Edward miró a Enoch con insatisfacción y abrió la boca.

—No sabía que tú, que solías mirar a las mujeres como piedras, ahora usaste a Elton para hacer el problema tan grande.

—Vale la pena para la condesa Brierton.

Edward dudó de sus oídos por un momento.

—¿Qué acabas de decir ahora? ¿La condesa es tan especial?

—Sí. —Enoch respondió con firmeza—. Ella es un genio.

—No…

Edward no pudo ocultar su sorpresa.

—Enoch, ¿es suficiente que digas eso?

—Así es. Esta es mi opinión, pero… —Enoch concluyó con voz seria—. Ella tiene el talento para sacudir el mundo del arte en el futuro.

—Hmm, condesa Brierton. ¿Se llamaba Inés?

Edward estaba sumido en sus pensamientos.

Inés Brierton.

Los Brierton fueron una de las familias más prestigiosas del Reino de Lancaster desde la antigüedad. Riqueza, fama e incluso una larga historia comparable a la de la familia real.

Una familia que lo tenía todo.

Inés, la única heredera de esa familia, de quien alguna vez se dijo que era la mejor novia del reino.

Edward podía recordar vagamente su debut social.

Una hermosa joven de largo cabello castaño oscuro en gruesas trenzas, decorada con flores frescas y vestida con un vestido blanco como la nieve.

A primera vista, parecía un hada.

Después de eso, Inés dejó de aparecer en sociedad y había llegado la noticia de que estaba casada.

«Pensé que solo vivía bien porque tenía marido.»

Si la tranquila mujer causó tanto revuelo, parecía que la relación con su esposo no era muy buena.

Edward, que estaba pensando con la barbilla en la mano, de repente abrió la boca.

—Entonces creo que debería ir a la exposición una vez.

—¿Qué? ¿Hermano?

Enoch expresó abiertamente su disgusto, e hizo una expresión de disgusto en su rostro.

Edward miró a Enoch con tristeza.

—¿Por qué, no puedo ir? Es una artista a la que alabas tanto que quiero conocerla en persona al menos una vez.

—Para. —Enoch lo dijo como si estuviera dando una orden—. La condesa ya está atormentada de aquí para allá. Le pondrás una carga si vas allí.

—Enoch, ¿qué es esa reacción?

Por un momento, los ojos de Edward se iluminaron. Los hombros de Enoch se tensaron.

Porque cada vez que Edward ponía una cara tan curiosa, las cosas nunca salían tan bien.

—¿Has estado viendo a la condesa durante mucho tiempo?

—…Estás equivocado.

—Oye, no me equivoco. ¿Cuánto tiempo hemos sido hermanos? —Edward abrió los ojos con picardía—. Te preocupas tanto por la condesa. Oye, cada vez tengo más curiosidad por esto.

A medida que la sonrisa de Edward se oscurecía más y más, el rostro de Enoch se distorsionaba cada vez más.

Edward se recostó en el sillón con las piernas cruzadas.

—Entonces, ¿dónde está la condesa Brierton ahora? Hay este alboroto, así que no creo que se quede en su casa.

—¿Es eso una orden del rey?

—¿Entonces qué?

—Todavía no puedo decírtelo.

—Este tipo, realmente… —Edward miró a Enoch juguetonamente por un momento y luego agregó—: De todos modos, bueno, si sigue adelante con el divorcio, veré a la condesa en la corte.

Divorcio.

Ante esa palabra, Enoch se detuvo.

Era la única manera de que Inés saliera del puesto de condesa de Brierton y recuperara el título de conde.

Y si se salía del matrimonio y volvía a ser la misma de antes...

Enoch sintió que su boca estaba seca por alguna razón.

No podía entender por qué estaba extrañamente nervioso solo de pensar en Inés.

«Pensamientos inútiles.»

Enoch se esforzó por fingir que estaba tranquilo y enderezó su expresión, y fijó su mirada en su hermano mayor.

—Entonces, ¿qué tipo de juicio harás en este juicio de divorcio?

—¿Eso no lo sé?

En respuesta a la pregunta de Enoch, Edward se encogió de hombros con sarcasmo.

—Después de examinar los datos adecuadamente, emitiré un juicio que no favorece a nadie. pero ¿por qué tienes curiosidad por eso?

—…No es nada.

—¿Qué es? Esa no es una cara que dice que no hay nada.

Para ser realmente problemático para Enoch, Edward no era del tipo que perdía la oportunidad de molestar a su hermano. Al final, Enoch tuvo que sufrir durante mucho tiempo por las travesuras de Edward.

En ese momento, el último piso del Hotel Hamilton.

Inés corrió la cortina y miró por la ventana. Numerosos reporteros se reunieron como nubes.

«Increíble.»

Sintió que su estómago iba a explotar.

Inés, que volvió a cerrar las cortinas, resbaló y se sentó en el sitio.

«Es bueno que se haya convertido en un problema. Es bueno…»

Bueno, el propósito previsto en sí se logró.

Porque era cierto que ella iba a hacer un tema de divorcio desde el principio.

Pero.

«¡Es difícil incluso vivir una vida normal!»

Inés gritó para sus adentros y se alborotó el cabello.

Después del primer día de la exposición, Inés inmediatamente solicitó el divorcio.

Y tan pronto como los medios se enteraron de que ella había solicitado el divorcio, se precipitaron y comenzaron a acampar frente a la casa de los Brierton.

Nerviosa, Inés salió de la casa y comenzó a hospedarse en el Hotel Hamilton.

Por supuesto, ella no sabía si Ryan estaba sufriendo por los medios o no.

«Bueno, parece que los medios se han puesto en contacto con Ryan un par de veces.»

Ryan también afirmaba ser una víctima, pero en comparación con Elton, otros periódicos comunes tenían una presencia diferente.

De acuerdo con el incidente de la exhibición de arte, la opinión pública en general parecía darle más poder a Inés.

Pero el problema era.

—Otros medios de comunicación son bastante persistentes.

Cuando salió de la casa, pensó que podría evitarlos.

La prensa ahora perseguía a Inés como loca, y se habían reunido como nubes frente al hotel.

El duque de Sussex ya había compensado la interrupción del negocio hotelero… Como si hubiera previsto esta situación, Enoch había pedido comprensión al hotel y pagó la compensación por adelantado.

Inés también pasó por el proceso de compensación con Enoch.

Al recordar ese momento, Inés naturalmente pensó en Enoch…

«Ahora que lo pienso, ¿cómo trató el duque con todos estos reporteros?»

Inés se volvió más respetuosa con Enoch.

Como la celebridad más famosa del reino, parecía atraer la atención de la gente de forma natural.

Para ser honesta, Inés quería echar a Ryan de la mansión Brierton en primer lugar...

«Entonces no sé cuánto hablarán los nobles de mí detrás de escena.»

Inés arrugó la frente.

No pasaría mucho tiempo antes del divorcio. No había necesidad de hacer un ataque verbal.

Más que eso, sería ventajoso proteger minuciosamente la posición de la víctima.

«Pero.»

Inés bajó los ojos en silencio.

Si fuera el duque, ¿lo habría tratado de otra manera?

Un hombre que siempre era seguro y digno.

Desde su nacimiento, Enoch parecía ser una persona diferente a Inés.

Él brillaba intensamente solo, y ella seguía mirando….

Pero entonces.

Alguien llamó a la puerta de su habitación.

Inés levantó la cabeza.

«¿Quién es?»

Había una leve vigilancia en su rostro.

En primer lugar, Enoch reservó directamente este hotel, y se prohibió estrictamente la entrada a muchas personas. Así que ni siquiera los reporteros pudieron entrar y solo se quedaron fuera del hotel.

Entonces, si fuera alguien que pudiera venir hasta aquí...

Al mismo tiempo, la brillante voz de una mujer de mediana edad llamó a Inés.

—¡Soy yo, Inés!

Ah.

Por un momento, Inés se congeló.

Esa voz le era familiar.

Esa voz que sonaba un poco nerviosa...

La vizcondesa Gott.

Inés se mordió los labios.

La vizcondesa Gott era la madre de Ryan y la suegra de Inés. Probablemente podría entrar porque conocía a alguien en el hotel.

—¿Puedo entrar?

Inés vaciló por un momento.

—¡Vine porque escuché que estás aquí! ¡¿No puedes abrir esta puerta ahora mismo?!

Se oían golpes en la puerta.

—Una anciana te está hablando, pero no tienes modales. ¡Inés!

La vizcondesa Gott gritó mientras golpeaba violentamente la puerta. Aun así, ella era la que siempre hablaba de la dignidad de una familia noble.

Pensando que otros invitados también se verían afectados, Inés se levantó con los ojos bien cerrados.

La puerta se abrió.

Lo primero que vio fue a la vizcondesa Gott, parada orgullosamente con los brazos cruzados. Todos los invitados curiosos miraban en esta dirección.

Athena: Me parece que el rey va a hacer las cosas más fáciles jajaja. Qué interesante que dos hermanos se comporten realmente como tal.

Capítulo 23

—¿Qué diablos está pasando?

—¿No es esa la condesa Brierton?

—La vi en Elton. Esta vez tenía un cuadro en la exposición del duque de Sussex…

Los huéspedes del hotel bajaron la voz y susurraron, pero la vizcondesa podía escuchar todo. El rostro de la vizcondesa Gott estaba arrugado.

—¿Qué estás haciendo, Inés?

—Madre.

—Un anciano vino a visitarte, pero ni siquiera me recibes adentro.

A pesar de la actitud defensiva de Inés, a la vizcondesa no le importó en absoluto.

Más bien, sin el permiso de Inés, entró en la habitación y miró a su alrededor.

Habitación tipo suite con salón, saleta y dormitorio independientes. El papel tapiz, la ropa de cama e incluso las necesidades diarias más pequeñas eran lujosas.

—Tienes el orgullo del duque de Sussex, no puedo dejar que vivas inconvenientes.

Era una habitación que Enoch había reservado personalmente para Inés. Los ojos de la vizcondesa, que había estado observando la habitación, se achicaron.

—Eres tan afortunada, ¿no? —Entonces empezó a culpar a Inés—. Después de que te fuiste de la casa así, tu esposo dejó de comer y beber y se enfermó.

«De ninguna manera.»

Inés casi se echa a reír a carcajadas.

Tal vez Ryan estaba abrazando a Charlotte y revolcándose en la cama en este momento.

—Me atreví a enfrentar a mi esposo. —Inés, que pensaba con cinismo, miró a la vizcondesa—. ¿Cómo has llegado hasta aquí?

—¡¿Eso es lo que me estás preguntando ahora?! —La vizcondesa alzó la voz con rabia—. ¡Ni siquiera me preguntes si me costó mucho venir aquí! ¿Cómo puedes ser tan egoísta?

—Madre.

—Como dije, no he venido a un lugar al que no debería haber venido. —La vizcondesa miró a Inés sin pestañear—. ¿Qué tiene de malo que visite a mi nuera?

—Madre, como es posible que ya hayas oído hablar de eso, me voy a divorciar de Ryan.

—¿Divorcio? ¡¿Divorcio?! —La vizcondesa se echó a reír como sorprendida—. Inés, ¿en qué diablos estás pensando?

—Es justo como dije.

Al contrario de la sobreexcitada vizcondesa, Inés aún tenía el rostro tan tranquilo como un lago helado.

—Ya no quiero vivir con Ryan.

—¡Oye, es ridículo! ¿qué? ¿No quieres vivir como una pareja casada?

La vizcondesa frunció el ceño y se acercó a Inés.

El largo dedo índice extendido asomó a la frente de Inés.

—¡Deberías conocer tu tema, la niña huérfana que ni siquiera podía tener un hijo! ¡¿Cómo te atreves a tratar de expulsar a mi precioso hijo?! —La vizcondesa miró a Inés—. ¿Crees que sería bueno para Brierton que te comportaras de esta manera?

Por un momento, los ojos de Inés llamearon rojos. Pero la vizcondesa no tenía idea del enfado de Inés.

Fue porque estaba tan obsesionada con gritar mientras usaba la excusa de ser una anciana.

—¿Quieres ver el honor de tu familia rodar por el suelo por tu culpa?

Con eso, la vizcondesa levantó la punta de sus labios con satisfacción.

—Está bien, en este punto, habrías entendido lo que estaba diciendo, ¿verdad?

De hecho, el juicio de la vizcondesa no era tan erróneo.

Si fuera la Inés del pasado, habría inclinado la cabeza obedientemente si la vizcondesa la presionara así.

Pero.

Inés extendió la mano y agarró la muñeca de la vizcondesa, quien estaba a punto de hurgarle la frente a Inés una vez más. La vizcondesa estaba asombrada.

—¡Oye, qué es esto!

—Tocar los cuerpos de las personas imprudentemente no es un acto que se ajuste a la dignidad de una mujer noble.

En serio, ¿de qué estaba hablando esa chica en este momento?

La vizcondesa dudó de sus oídos.

Pero las palabras de Inés aún no habían terminado.

—Además, entiendo completamente tu preocupación por el honor de Brierton, madre.

Inés sonrió brillantemente.

Frente a esa sonrisa, la vizcondesa sintió un escalofrío en la espalda por alguna razón.

—Pero mi madre es un poco presuntuosa.

—¡¿Presuntuosa?!

—Sí. La razón por la que Ryan pudo convertirse en conde de Brierton desde el principio fue porque me casé con él. ¿No deberías estar agradecida en su lugar?

—¡Qué!

La vizcondesa chilló, pero el rostro de Inés permaneció tranquilo.

—Eso significa, desde el momento en que se establece el divorcio.

—¡Inés, qué estás diciendo…!

—Ryan ya no es el conde de Brierton.

Era como decir: "Hoy voy a almorzar un bistec", solo en un tono casual.

Inés tiró una bomba.

—Eso significa que madre también es una extraña para Brierton.

—¡No, ni siquiera conoces los modales, tú, este...!

—Te digo que no hay necesidad de que madre se preocupe por cosas innecesarias como esa.

Sorprendida, la vizcondesa ni siquiera podía hablar correctamente.

Ella solo movió sus labios como una carpa.

Sea como sea, añadió Inés, sin levantar una ceja:

—Además, es necesario examinar si es culpa mía o de Ryan por no tener hijos.

—¿Qué? ¡¿Entonces quieres decir que mi hijo tiene un problema?!

—Podría ser. Porque…

Como si no pudiera seguir hablando, Inés soltó el final de su discurso.

Luego, respiró hondo, cubriendo su mejilla con una mano.

—Sabes que Ryan pasó innumerables noches con Charlotte y conmigo, pero Charlotte aún no ha tenido hijos.

—¡Tú, Dios mío, de qué estás hablando ahora!

—Ryan debe haberse acostado con Charlotte mucho más que conmigo. —Inés se encogió de hombros con picardía—. Mirando el hecho de que ninguna de las dos mujeres ha podido concebir todavía, parece que el problema de Ryan es más grande que el mío en lo que respecta a la fertilidad...

—¡Ey!

Incapaz de soportarlo por un momento, la vizcondesa gritó una vez más.

Sin embargo, Inés no se mostró sorprendida ni retraída, sino que solo ladeó la cabeza por los movimientos exagerados.

—¿Ey? Madre, una palabra tan vulgar va en contra de la dignidad de un noble.

—¡Cómo te atreves a responder a tus mayores!

—Ahora que lo pienso, Ryan fue muy vulgar en la sala de exposiciones del duque de Sussex esta vez, y la reacción de la audiencia no fue muy buena...

—¡¿No puedes parar?!

La vizcondesa gritó como un ataque. Inés levantó las cejas y cerró la boca por un momento.

La vizcondesa respiró hondo.

«¿Desde cuándo esa chica comenzó a ser tan agresiva con una anciana?»

Inés, que era tan obediente, se había ido. Más bien, ahora estaba rascando los nervios de la gente con una cara sonriente.

Pero.

«Espera. Tengo que ser paciente.»

La vizcondesa respiró hondo brevemente. La voz de su hijo resonaba en sus oídos.

—Madre, ¿sabes cuánto se beneficia nuestra familia con el Brierton? Nunca dejes que ocurra el divorcio.

Esas fueron las palabras desesperadas de su hijo, que ya no era conde.

—¡Si me divorcio de Inés, no nos quedará nada! ¿No sería más útil para nuestra familia en el futuro si yo fuera el conde de Brierton?

Ryan suplicó con lágrimas.

«Sí, tengo que hacer lo que pueda por mi hijo.»

La vizcondesa, que estaba decidida, abrió la boca con una voz suave esta vez.

—Inés, eres demasiado joven para entender.

«¿Qué es esto de nuevo?»

Inés miró a la vizcondesa con ojos fríos.

Después de darse cuenta de que la intimidación no funcionó, pasó a la conciliación.

—Por supuesto, podría ser malo desde su punto de vista que su esposo esté saliendo con otra mujer. Qué molesta debes estar.

Inés entrecerró los ojos. Efectivamente, la vizcondesa solo habló sobre la aventura de Ryan.

El tema más candente en ese momento, el hecho de que Ryan hubiera privado a Inés de su reputación como pintora, parecía no preocupar a la vizcondesa.

—Pero todos los hombres son así. Incluso si sale un poco, un día volverá con su esposa. Hablaré con Ryan. Así que tú también, relájate, ¿de acuerdo?

Frente a la vizcondesa, que la consolaba, Inés sintió una leve tristeza.

En el pasado, Inés pensó que era un cariño de madre que la vizcondesa se entrometía en su relación matrimonial.

Inés estaba hambrienta de amor paterno, pues perdió a sus padres cuando aún no era adulta.

Capítulo 24

Pero ahora.

—No tengo nada que decirle a madre.

—¿Qué…?

—Regresa antes de que realmente me enfade.

Inés trazó la línea con frialdad.

La vizcondesa, que tenía los ojos bien abiertos y miraba a Inés, pronto hizo una mueca.

—¡Estoy tratando de decir cosas buenas aquí!

Inés, que miró a la vizcondesa, suspiró profundamente.

—Debido a la antigua relación, estaba tratando de ser amable.

—¡¿Qué?!

Pero Inés, sin prestar atención a la vizcondesa, miró hacia la puerta entreabierta.

—Ahora es el momento de que madre se vaya…

Tan pronto como Inés murmuró, llamaron a la puerta.

—Condesa Brierton, este es el guardia del hotel. ¿Necesita ayuda?

—Sí. La puerta está abierta, entra.

Tan pronto como se concedió el permiso de Inés, hombres fuertes se apresuraron a entrar.

La vizcondesa miró alternativamente a Inés ya los guardias del hotel con una mirada de asombro.

—¿Quiénes, quiénes son estas personas?

—¿Quién? Los guardias del hotel Hamilton.

Inés respondió sin rodeos.

Había una razón por la que Enoch insistió en que Inés se quedara en el Hotel Hamilton.

Si hubiera algún disturbio en la habitación, los guardias del hotel serían enviados en cinco minutos.

Inés separó los labios con una cara fría.

—Por favor, llevad a mi madre afuera cortésmente.

—Sí.

Los guardias del hotel, asintiendo con la cabeza, se acercaron a la vizcondesa.

A pesar de que solo estaba reduciendo la distancia, había mucha presión a medida que los hombres grandes acudían en masa.

La vizcondesa se apresuró a mirar a Inés con el rostro pálido.

—¿Me estás obligando a salir?

—Sí, lo hago.

—¡Soy tu suegra y soy anciana! ¡Cómo pudiste hacer algo tan terrible!

—Bueno, fue mi madre quien corrió al hotel donde me alojé primero y dijo cosas tan groseras. —Inés, cuyos ojos se inclinaron ligeramente, se volvió hacia los guardias del hotel—. Y voy a presentar una queja formal al Hotel Hamilton.

—Eso es…

Ante esa voz aguda, los guardias pusieron una cara bastante difícil.

—Ya sea un reportero o alguien que dice ser mi amigo o pariente. No importa quiénes fueran, todos los que vinieran a verme necesitarían mi permiso.

—Oh, lo siento. Pero la vizcondesa insistió con tanta firmeza en que ella era su familia…

—No necesito ninguna excusa, así que llévatela ahora.

Con esas palabras, Inés se cruzó de brazos y se alejó como si no fuera a hablar más. Los guardias del hotel hablaron apresuradamente con la vizcondesa.

—Vamos, vizcondesa.

—¡Yo, yo soy un noble! ¡Soy su suegra! ¡No puedes arrastrar a la gente así!

La vizcondesa trató de estirarla varias veces, pero fue en vano.

—Si sigue haciendo esto, no tengo más remedio que llamar a las fuerzas de seguridad.

Fue porque los guardias del hotel habían dado un ultimátum.

La vizcondesa miró a Inés con ojos mortales, pero Inés permaneció inmóvil.

Más bien, ella solo sonrió brillantemente y preguntó.

—¿No te vas?

Así terminó la serie de conmociones.

Inés, que estaba sola en la suite, se tocó la frente.

—Guau.

Un largo suspiro escapó de sus labios.

Estaba terriblemente cansada.

«Está bien. Después del divorcio…»

Inés se esforzó por consolarse a sí misma.

Mientras tanto, luego de terminar la conversación con Edward, Enoch se dirigió al Hotel Hamilton.

«¿Por qué diablos mi hermano habló de la condesa Brierton...?»

Se quejó, pero, por otro lado, estaba preocupado por Inés.

—Mmm.

Enoch, que estaba sentado en el carruaje, frunció el ceño.

A través de la ventana se podía ver a los reporteros acampando como nubes desde la entrada del hotel.

—¡Regresa! ¿No dije que no hay entrevistas?

—¡En nuestro hotel, la privacidad de nuestros huéspedes es nuestra prioridad número uno!

El personal del hotel sudaba a sangre fría para vencer a la multitud de reporteros.

—¿Qué diablos está pasando?

—Es porque la condesa Brierton se hospeda en este hotel.

Algunos de los invitados miraban a los reporteros con los ojos bien abiertos.

—La condesa debe estar bastante cansada…

Mientras tanto, los ojos de Enoch se abrieron un poco.

A lo lejos, desde la entrada del hotel, una señora de mediana edad, rodeada de guardias, era escoltada.

De hecho, si ese hubiera sido el caso, Enoch no habría estado particularmente interesado.

—¡A ver, Inés! ¡¿Crees que estará bien si me tratas así?!

Los gritos de la dama eran tan fuertes que resonaban en los alrededores.

Inés.

Enoch prestó atención al nombre familiar pegado en su oído. A juzgar por la forma familiar de llamar a Inés, parecía que la mujer era pariente de Inés.

—¡Cómo puede ser esto, vamos a ver!

La mujer estaba enojada y desapareció en su carruaje.

Enoch, que estaba observando la escena, dio una orden.

—Detened el carruaje.

El carruaje se detuvo suavemente al costado del camino.

Enoch se bajó del carruaje y miró en dirección a la mujer que había desaparecido.

«Debería investigar a esa mujer.»

Más bien, los reporteros que bloquearon la entrada al hotel fueron muy molestos.

Si Enoch apareciera aquí, sería suficiente para atraer la atención de todos en un instante.

«No va a funcionar.»

Enoch chasqueó la lengua y se dirigió a la puerta trasera del hotel.

Era un lugar utilizado por algunos VIP cuando se movían en secreto.

Afortunadamente, los reporteros no parecían haber encontrado esta puerta. Enoch llegó a la habitación de Inés y llamó suavemente.

—Soy yo, condesa Brierton.

Después de que Enoch dijo eso, la puerta se abrió. Inés asomó la cabeza por la rendija de la puerta.

Luego sonrió ampliamente como si estuviera aliviada.

—¿Está aquí?

—Sí. ¿Cómo está?

—Eh... bueno...

Inés se volvió, evitando la mirada de Enoch.

Al mismo tiempo, Enoch arqueó las cejas y preguntó.

—Ahora que lo pienso, una mujer salió gritando el nombre de la condesa.

«Oh, lo has visto todo.»

Incapaz de superar su vergüenza, Inés cerró los ojos con fuerza.

«¿Pero eso no es ya agua derramada?»

—Ella es mi suegra. La vizcondesa Gott.

—Ya veo.

Enoch, quien una vez asintió con la cabeza, rápidamente preguntó de vuelta.

—Entonces, ¿por qué la vizcondesa vino a uste?

—Eso…

Al sentir la sensación de ardor en el rostro, Inés se abanicó el rostro con las manos y retrocedió un par de pasos.

—Oye, ¿le gustaría entrar?

—Gracias.

Enoch entró en la suite sin dudarlo.

Enoch estaba sentado frente a ella, pero Inés dudó por un momento.

—Siento que estoy revelando mi humillación.

Por supuesto, con la personalidad de Enoch que había visto hasta ahora, él no la ridiculizaría ni se reiría, pero...

—Solo quiero mostrarle al duque mi lado bueno.

Inés apretó los puños con fuerza sobre su regazo.

Si tuviera que elegir a la persona que más admiraba, esa persona definitivamente era Enoch.

El que le dio la oportunidad de cambiar su vida.

¿No era natural que ella no quisiera mostrarle su lado vergonzoso?

«De todos modos, nunca pensé que mi suegra entraría al hotel tan imprudentemente...»

Su rostro estaba caliente. Cuanto silencio pasó.

Enoch, que miraba a Inés en agonía, de repente abrió la boca.

—Si es difícil de decir, no tiene que hacerlo.

—Pero…

—Puedo ver que la condesa se siente incómoda y no quiere sacarlo a la luz.

Enoch estaba realmente bien.

Inés de alguna manera sintió que su corazón se ablandaba.

«El duque de Sussex... está de mi parte.»

Él fue el único que la apoyó cuando todos estaban interesados en consumir su trabajo.

No quería ocultarle nada más a esta persona. Aunque sería vergonzoso, no era educado hacer un secreto.

—No, se lo diré.

Inés, que ya había tomado una decisión, abrió la boca.

—En realidad, la vizcondesa vino a protestar por el divorcio...

Al principio le resultó muy difícil abrir la boca, pero una vez que empezó a hablar, las palabras le salieron con naturalidad.

De alguna manera sentía que se estaba quejando o delatando a él, pero no importaba.

Y durante esa larga historia, Enoch nunca trató de hablar o detener a Inés.

Más bien, solo escuchó a Inés en silencio.

«Si fuera Ryan... Habría sido...»

—De todos modos, mi madre es mayor que tú, ¿verdad? Así que deberías haberte inclinado un poco más.

—¡Si me amas, también debes cuidar bien a mi madre!

…Como si fuera su maestro, Ryan solía enseñarle modales a Inés.

Inés sintió que se le revolvía el estómago.

Athena: Pequeña mía, ya falta menos para quitarse de en medio a esos parias.

Capítulo 25

Al mismo tiempo, Enoch abrió la boca.

—Si tuviera que informar a la vizcondesa Gott, ¿se ofendería la condesa?

—¿Qué?

Inés abrió mucho los ojos.

Debe ser así, porque Enoch, que siempre había estado relajado, tenía una rara expresión en su rostro.

«Su Excelencia se ve muy infeliz por alguna razón... ¿Por qué es eso?»

Inés miró en silencio a los ojos de Enoch. Enoch habló en un tono duro.

—La vizcondesa Gott entró a la fuerza, y también la amenazó e insultó.

—Bueno, sí.

—No puedo tolerar la falta de respeto que la vizcondesa Gott ha cometido esta vez.

Frente al rostro severo de Enoch, Inés parpadeó sin comprender.

«¿Está enojado en este momento? ¿Por mí?»

Al mismo tiempo, Enoch sacudió la cabeza y habló.

—Pero depende de la condesa, no de mí, porque no puedo hacer las cosas a mi manera.

—Ah, Su Excelencia.

—Sin embargo, si la revista Elton maneja esto en detalle, definitivamente ayudará al divorcio de la condesa...

—Lo haré.

Inés respondió sin dudarlo.

Enoch, que estaba preparando numerosas explicaciones para convencerla, se sobresaltó.

—¿Está realmente de acuerdo con eso?

—Sí. En realidad, después del divorcio, ya no será mi suegra. —Inés se encogió de hombros y sonrió tímidamente—. ¿Puede hacer esto por el divorcio?

Enoch miró a Inés.

«¿Por qué me miras así? ¿Tengo algo en la cara?»

Inés, que se estaba tocando la mejilla como si buscara algo, llamó con cautela a Enoch.

—¿Eh, Su Excelencia?

—…Ah, sí.

Enoch, quien asintió bruscamente con la cabeza, cambió rápidamente de tema.

—Por cierto, creo que será difícil para usted quedarse en el Hotel Hamilton por más tiempo.

—Sí, supongo que tendré que encontrar otro lugar.

Cuando ella dijo eso, Inés tenía una cara bastante oscura.

Si incluso el Hotel Hamilton, del que se decía que tenía una estricta seguridad, tuviera a los reporteros acampando así...

«Hay tan pocos lugares donde puedo quedarme.»

Había algunas villas propiedad de los Brierton, pero el problema era que estaban demasiado lejos de la capital, Langdon.

No podía alejarse demasiado de Langdon porque el caso del divorcio comenzaría pronto.

«Incluso si me mantengo alejada de Langdon para evitar a los reporteros, es difícil si me quedo en un área a más de treinta minutos de distancia de Langdon.»

Inés sufría de tal dolor de cabeza.

Enoch, que había estado pensando profundamente, de repente abrió la boca.

—Entonces, ¿qué hay de mi villa?

—¿Qué?

Ante la sugerencia inesperada, Inés se sorprendió con ojos de conejo.

Enoch continuó hablando con calma.

—Soy dueño de una villa cerca de Langdon.

—¿Es eso así?

—Sí. Los reporteros no la seguirán a la villa real, y es fácil llegar al juzgado cuando comience la audiencia de divorcio.

—¿Me prestaría su villa?

Inés abrió mucho los ojos mientras preguntaba.

—Me quedaré en la casa de Langdon por el momento, para que pueda estar tan cómoda como le gustaría a la condesa. —Enoch se encogió de hombros ligeramente, como si no hubiera ningún problema—. Debido a que ya ha sido acosada varias veces por los reporteros, la condesa debe ser protegida. De hecho, la gente no estará en desacuerdo.

—Sí, pero…

—No se preocupes. Tomaremos medidas para que, aunque esté solo, no haya inconvenientes para su vida.

Inés, quien se quedó atónita por un momento, habló apresuradamente.

—Sí, me gusta. Estoy muy agradecida, gracias… ¿realmente está bien?

—¿Qué quiere decir?

—Creo que el duque me está dando demasiado —dijo Inés con un poco de dificultad—. Ya ha ayudado lo suficiente, así que tal vez se está excediendo por mi culpa...

—Condesa Brierton.

Pero entonces, una voz severa sonó.

Inés, sobresaltada, levantó la cabeza.

—Enoch miraba a Inés con ojos firmes.

—¿Me veo tan irresponsable?

—¿Qué? No, no es así…

—No sé qué tipo de persona cree la condesa que soy. —Enoch frunció el ceño y continuó—: No soy tan mala persona como para tirar algo de lo que he decidido responsabilizarme solo porque puede ser un poco molesto.

—Bueno, no quise decir eso de esa manera. Yo solo…

—También es la artista de mi elección. ¿No es una artista de Sussex?

Artista de Sussex.

La palabra era inusualmente pegadiza.

—Así que es natural para mí proteger a la condesa.

—¿Es eso... porque el duque cree que mis pinturas tienen valor?

—Por supuesto. —Enoch añadió con un ligero encogimiento de hombros—. Hay alguien en una situación difícil justo frente a mí, y tengo la capacidad de ayudar a esa persona, entonces, ¿por qué no debería hacerlo? También es porque no se ajusta a mi personalidad para ignorarlo.

De repente, una amarga sonrisa apareció en los hermosos labios de Enoch.

Como si su ayuda no fuera nada, y no fuera genial en absoluto.

«No sabes cuanta fuerza me da tu apoyo…»

La gratitud se hinchó hasta el final de su cuello, e Inés estaba un poco ahogada.

—Entonces estaré a su cuidado. Gracias.

—No tiene que agradecerme. —Enoch, que volvía a ser él mismo, preguntó en broma—. ¿No es ese el trato que originalmente acordamos hacer?

—…Su Excelencia.

—Ya he presentado el trabajo de la condesa en Elton, y las ventas de Elton han aumentado enormemente.

Enoch, que volvió al rostro del empresario, continuó la explicación con tono orgulloso.

—Sobre todo, es alentador que la tasa de compra no solo de los aristócratas, que son los lectores existentes, sino también de la gente común haya aumentado en gran medida.

—¿Es eso así?

—Sí, eso significa que ya he recibido un precio razonable.

Enoch sonrió suavemente.

—Así que la condesa merece mi ayuda, para su satisfacción. Entonces, no se sienta agobiada y piense que está obteniendo lo que se merece.

Al escuchar esa respuesta, Inés de alguna manera se sintió abrumada. Enoch mencionó sobre el trato que tenía como si no fuera nada.

De hecho, las palabras mismas fueron consideración suficiente para Inés. En rigor, Enoch ya había pagado todo el precio que debía pagar a Inés.

Enoch prometió crear un "ambiente favorable para el divorcio" mediante la publicación de un artículo en Elton.

Su promesa fue estrictamente cumplida.

Ahora, ¿Enoch incluso quería proteger a Inés?

Incluso por todas las cosas que ha hecho por ella, se negó a escuchar ningún precio o agradecimiento.

A diferencia de Ryan.

—Yo…

Inés, que se humedeció los labios y estuvo a punto de negarse, decidió decir algo diferente.

—Siempre le estaré agradecida, señor.

Y en el momento en que Enoch vio sonreír a Inés.

Sintió una sensación de hormigueo en lo profundo de su corazón.

Al mismo tiempo, Inés se puso de pie.

—Si ese es el caso, entonces, ¿deberíamos movernos rápidamente?

—…Vamos a hacerlo.

Siguiendo apresuradamente a Inés, Enoch se tocó el cuello y fingió arreglarlo.

Extrañamente, le resultaba difícil mirar directamente a los ojos de Inés.

«¿Qué fue ese sentimiento de ahora?»

De alguna manera, cuando Inés estaba frente a él, parecía estar actuando un poco menos natural que de costumbre. No podía entender por qué en absoluto.

Sintiéndose frustrado, Enoch frunció el ceño involuntariamente.

El carruaje de Inés y Enoch salió de la ciudad de Langdon y corrió felizmente durante mucho tiempo. Luego llegaron a un pueblo rural aislado cerca de Langdon.

El pueblo era muy pequeño y parecía que no había más de diez hogares.

Inés pensó que iba a detenerse en el pueblo, pero el carruaje siguió moviéndose y se dirigió a una colina baja ubicada más allá del pueblo.

Encima se alzaba una bonita casa de dos pisos con techo rojo y paredes blancas.

—Wow, qué hermoso lugar.

Inés se bajó del carruaje y lo admiró mientras se tapaba la frente con la mano.

—Es como un juego de muñecas.

Luz solar brillante, cielo azul.

Una casa parecida a un cuadro que se podía ver claramente a la luz del sol, y el pequeño pueblo ubicado colina abajo.

—Me alegro de que le guste —dijo Enoch con una sonrisa.

—¿Gustar?

Inés miró a Enoch.

Sus ojos verde oscuro brillaban de emoción.

—El paisaje que lo rodea es muy hermoso. ¡Me dan ganas de dibujar ahora mismo!

—¿Tanto?

—¡Sí!

Inés apretó los puños con orgullo.

La sonrisa de Enoch se hizo un poco más profunda.

—Entonces supongo que tomé una buena decisión.

Ante las palabras inesperadas, Inés se detuvo mientras apretaba los puños.

—¿Una buena decisión?

—Sí. —Enoch respondió con orgullo—. Tenía las herramientas básicas de dibujo en la villa. Afortunadamente, no creo que se aburra durante su estadía aquí.

—¡Oh, Dios mío!"

Mientras los ojos de Inés estaban muy abiertos, Enoch señaló la villa con un gesto juguetón.

—Entonces, ¿vamos a entrar?

Athena: Joder, qué hombre tan perfecto. Hasta ha pensado en eso para que se entretenga pintando.

Capítulo 26

—¡Sí, sí!

Ines siguió apresuradamente a Enoch al interior de la villa. Los sirvientes les dieron la bienvenida cortésmente.

—Bienvenido, duque.

—Estaba esperando.

Enoch se volvió hacia Inés.

—Estos son sirvientes residentes que la ayudarán. El chef y las camareras.

—Encantada de conocerlos. Soy Inés.

Cuando Inés los saludó, los sirvientes respondieron inclinando la cabeza nuevamente.

—Si necesita algo, no dude en decírselo. No se preocupe por la seguridad porque tienen la boca pesada.

—Gracias.

Después de eso, Inés siguió la guía de Enoch y miró alrededor de la villa.

—Le dejaré con algunos escoltas, para que no tenga que preocuparse por la seguridad.

—Ah, gracias.

—No importa lo que use en la villa. Todo está a su disposición.

Inés se sintió un poco avergonzada de decir gracias cuatro veces.

Inés, que estaba a punto de responder sin querer, cambió sus palabras a toda prisa.

—Lo siento, le debo tanto.

—Esta es mi sugerencia, por lo que no hay absolutamente ninguna necesidad de sentirse incómoda. Ah, esta habitación será su dormitorio…

Enoch, quien sonrió brillantemente, continuó explicando la villa.

El gusto de Enoch se sintió en cada pequeña cosa.

Entonces, para resumir sus impresiones de visitar la villa en una línea.

«¡Vaya, es muy lujosa!»

Como única heredera del conde de Brierton, Inés estaba orgullosa de estar bastante familiarizada con la alta cultura de la clase alta.

Incluso a sus ojos, esta villa se veía impecablemente elegante.

«Bueno, no sé si es apropiado usar la expresión de que un lugar tiene dignidad.»

Inés, que estaba pensando eso, de repente miró por la ventana. Una vasta llanura donde crecía el grano y las casas repartidas por el pueblo.

Era tan hermoso como una casa hecha de cajas de fósforos.

Era pacífico.

Ryan y Charlotte estaban teniendo una aventura e Inés misma sufrió una muerte horrible.

Volviendo al pasado, incluso el hecho de que ella estaba a punto de divorciarse, Ryan se sentía tan lejano.

Los alrededores a su alrededor eran simplemente pacíficos.

«Ryan.»

De mala gana, los pensamientos fluyeron hacia Ryan.

La expresión de Inés se oscureció un poco.

Al mismo tiempo, Enoch la llamó.

—¿Condesa Brierton?

—¡Ah, sí!

Inés, que de repente había recuperado la conciencia, miró a Enoch, pero sus hombros se endurecieron de inmediato.

«Ah, hicimos contacto visual.»

Los ojos azul oscuro de Enoch la miraban fijamente.

—¿Qué ocurre?

—No es nada.

Inés negó reflexivamente con la cabeza.

Entonces Enoch entrecerró los ojos.

—La condesa responde "Nada" con demasiada frecuencia.

—¿Yo?

Inés pareció un poco avergonzada por el inesperado comentario.

Enoch lo señaló de nuevo.

—Probablemente no sea nada.

—Eso…

—Si no quiere, no tiene que decirlo. Pero… —Enoch habló en voz baja—. Espero que no descartes sus pensamientos y sentimientos como "nada".

Cuando dijo eso, la mirada de Enoch de alguna manera parecía preocuparse mucho por ella.

Cuando encontró su mirada, su corazón latió.

—Sí. No era nada.

Inés, que respondió rápidamente, miró por la ventana sin motivo alguno.

Si no hacía eso, Enoch se enteraría de sus mejillas ardiendo.

Ya sabe, una vez. —Una voz como un suspiro se dispersó por el aire—. Una vez quise venir con Ryan a un lugar tan hermoso.

Los ojos verde oscuro de Inés se llenaron de una luz triste y cayeron profundamente.

—Desearía que Ryan fuera amable conmigo, y desearía que pudiéramos pasar tiempo juntos… Fue realmente difícil dejar de lado esa expectativa.

—¿Por qué?

Enoch frunció el ceño ligeramente.

Cada vez que Inés ponía a Ryan en su boca, tenía ese tipo de expresión. Una expresión perdida, como si hubiera caído al mar con una piedra colgando del tobillo.

Y para Enoch, el hecho de que Inés hiciera ese tipo de expresión para Ryan era...

«Es desagradable.»

Al mismo tiempo, Inés sonrió con amargura y se encogió de hombros.

—¿Dije algo fuera de lo común?

—No.

Sacudiendo la cabeza, Enoch frunció el ceño y agregó sus palabras.

—Pero no me gusta.

—¿Qué?

—La condesa está gastando su energía pensando en el conde.

«¿Por qué se ofende el duque de Sussex por eso?»

Inés inclinó la cabeza y miró la expresión de Enoch.

«De alguna manera, el duque parece estar sutilmente enojado ahora. Honestamente, ¿por qué?»

Inés y Enoch tenían una relación de cooperación con un objetivo común.

Por supuesto, Enoch era bastante amigable, pero eso era porque Inés era la pareja de Enoch.

No había razón para estar tan emocionado... Mientras tanto, Enoch, que había movido los labios como para decir más, dejó escapar un suspiro y abrió la boca.

—Regresaré a Langdon ahora.

—¿Ya?

—Ya ha pasado bastante tiempo. Tengo algo de trabajo por hacer.

Entonces Inés asintió con la cabeza en acuerdo.

—Sí, el duque es un hombre ocupado, así que debería regresar rápidamente. Gracias por su consideración.

—No es nada.

Fue extrañamente molesto cuando Inés dijo que entendía y le dijo que regresara rápidamente.

Pero no podía entender por qué eso le molestaba, por lo que Enoch salió de la villa con paso tímido.

Inés también lo siguió para despedirlo.

—Regrese con cuidado.

—La condesa también debe estar cansada, espero que descanse un poco.

Incluso después de despedirse de Inés, sus pasos no cayeron en absoluto.

Enoch subió al carruaje, tratando de no mirar atrás.

—A la casa de la ciudad.

—Sí, duque.

El carruaje comenzó a correr suavemente.

Enoch reflexionó lentamente sobre lo que había sucedido hoy.

—¿Por qué estoy tan molesto?

Siempre que la condesa mencionaba al conde. Como si alguien hubiera encendido un fuego en su pecho, su estómago seguía calentándose.

Incluso cuando ella le dijo que regresara. Era una respuesta de sentido común y educada.

Pero Enoch no podía entender por qué le molestaba esa respuesta.

¿Qué diablos esperaba de la condesa?

Enoch, que había estado pensando profundamente durante mucho tiempo, se detuvo por un momento.

«¿Desearía poder pasar un poco más de tiempo con ella?»

La frente de Enoch se arrugó por un momento.

Se rio en vano.

«De ninguna manera.»

Dado que el caso de divorcio de la condesa no estaba muy lejos, debía ser porque él mismo se había vuelto demasiado sensible. Al estar tan absorto en todo tipo de pensamientos, Enoch no se dio cuenta en absoluto.

El hecho de que Inés no volvió a la villa y estaba mirando la parte trasera de su carruaje mientras se alejaba.

Al mismo tiempo.

Ryan no pudo contener su ansiedad y se estaba tirando de los cabellos.

—Charlotte, ¿qué debo hacer?

Ryan, que se mordía los labios, miró a Charlotte, que estaba sentada a su lado, con ojos temblorosos.

—¿Inés realmente me va a dejar?

—¡De ninguna manera!

Charlotte rápidamente agarró la cabeza de Ryan y le dio unas palmaditas en la espalda.

—Inés no puede vivir sin ti.

—¿Es así?

—Entonces, todo esto pasará, no te preocupes.

Ryan enterró su cabeza en los brazos de Charlotte.

Charlotte abrazó a Ryan como para apaciguar a un niño que lloraba.

—Esa chica es mala, atormentando tanto a nuestro Ryan.

Pero a diferencia de las dulces palabras que salieron de su boca, Charlotte también estaba pensando en Inés.

«Maldita perra.»

Charlotte apretó los dientes. Para Charlotte, Inés siempre había sido objeto de envidia.

Inés era la única heredera de una de las familias más prestigiosas del reino. Tenía una apariencia elegante y digna como un ciervo, y una enorme riqueza que no disminuiría sin importar qué. Y ella fue amada por todos, con su personalidad amable.

Dondequiera que iba Inés, captaba la atención de la gente.

Por otro lado, la propia Charlotte no tuvo nada que ver con su apariencia glamorosa.

«Es muy molesto.»

Charlotte era de una familia baronesa que no pudo avanzar al mundo social central desde el principio. Se compadeció de sí misma porque estaba atrapada en la familia y no podía hacer nada.

«¿Cuál es la diferencia entre Inés y yo?»

Esa intensa sensación de inferioridad.

«¡No me di cuenta de que nuestras vidas eran tan diferentes, a pesar de que venimos de una sola familia diferente como mucho!»

Así que Charlotte aprovechó al máximo su posición como única amiga de Inés.

Capítulo 27

Inés, soy tu única amiga. Sólo quiero estar contigo…

Entonces, como amiga de Inés, Charlotte ingresó al círculo social central.

—¿Estás buscando a Inés? Inés estaba cansada y se fue a descansar un rato.

Usando a Inés como excusa, intercambió amistades con numerosas damas nobles.

—Hola, ¿eres el esposo de Inés?

Y sabiendo que Inés realmente amaba a Ryan, Charlotte se convirtió deliberadamente en la amante de Ryan. Ella hábilmente aisló a Inés. Fue bastante divertido ver cómo Inés se dejaba llevar por cada palabra que decía.

Sin embargo.

«Esa chica... Algo ha cambiado últimamente.»

Los ojos de Charlotte se entrecerraron con sospecha.

No sabía que la tímida Inés daría a conocer su obra exhibiendo sus cuadros en la exposición del duque de Sussex.

«No creo que Inés se dé cuenta de la relación entre Ryan y yo.»

Charlotte tragó saliva seca.

«Creo que tendré que pasar desapercibida durante un tiempo.»

Con eso en mente, Charlotte se clavó en los brazos de Ryan.

De todos modos, ¿no estaba ella actualmente a cargo del esposo de Inés?

«Le gané a Inés.»

La sensación de victoria era muy dulce.

Dentro de la oficina de la mansión de Sussex.

Solo se oía el sonido de la punta del bolígrafo rascando el papel.

Pero después de un momento.

—Mmm.

Enoch se llevó la mano a la frente y dejó escapar un breve suspiro.

No podía concentrarse en el trabajo en absoluto.

Enoch desvió la mirada y miró el calendario de escritorio. Sólo quedaba un día para el proceso de divorcio de la condesa Brierton.

«Así que supongo que es por eso que no puedo concentrarme.»

Tal vez fue porque la fecha de la corte estaba a la vuelta de la esquina y sus pensamientos seguían centrándose en la condesa.

A estas alturas ya estaría bastante disgustada con ella.

De hecho, como Enoch le había prestado su villa a Inés, trató deliberadamente de no pensar en Inés.

Su mente era complicada.

Así que ni siquiera visitó la villa tanto como pudo.

No era que no tuviera en cuenta las miradas a su alrededor, sino más bien. Porque la condesa lo molestaba constantemente.

Enoch arrugó la frente.

¿Fue porque estaba fascinado por su brillante talento?

Fue Enoch quien nunca perdió la compostura bajo ninguna circunstancia.

Pero ahora, solo pensar en Inés hacía que su cabeza se volviera loca. Estaba tan poco familiarizado con el statu quo que pensó que sería mejor no conocer a Inés.

Todo fue en vano.

Al menos con su paciencia sobrehumana, se había detenido en caminar hacia la villa innumerables veces.

Pero de alguna manera, pensó más en ella porque no vio su rostro.

Enoch se mordió el labio y agarró su pluma. Miró los papeles una vez más, pero los blancos eran papel y los negros solo estaban escritos a mano.

Después de estar sentado así durante mucho tiempo, Enoch finalmente se levantó.

Fue porque decidió que sería difícil para él concentrarse en el trabajo por más tiempo si permanecía sentado y quieto. Con mano apremiante recogió su chaqueta, que había colgado en su silla.

—Sí, esto es para comprobar el estado de la condesa Brierton.

Enoch trató de convencerse a sí mismo de esa manera.

Incluso para proteger su genialidad estelar, el divorcio de Inés era fundamental. Y para proceder sin problemas con su caso de divorcio, Inés debía estar en su mejor momento.

«Así que esta visita a la condesa porque soy su jefe.»

Pero, de hecho, el propio Enoch lo sabía.

Estaba recibiendo informes periódicos de sus sirvientes sobre el estado de Inés, por lo que no tenía que comprobarlo con sus propios ojos.

Al darse cuenta de sus propias contradicciones, su estado de ánimo empeoró aún más.

Sin embargo, Enoch no detuvo sus pasos urgentes.

Cuando salió del edificio, el conductor que esperaba encontró a Enoch e inclinó la cabeza.

—¿Adónde lo llevaré, señor?

Enoch respondió con un suspiro.

—Voy a la Casa Meldon.

Casa Meldon.

Era el nombre de la villa que le había prestado a Inés.

Inés se sentó en el alféizar de una ventana grande y soleada.

Sus ojos verde oscuro miraban el exterior y estaba ocupada con el cuaderno de bocetos que él sostenía en sus brazos.

Ella se burló del lápiz.

Mientras ella estaba tan absorta en la pintura.

—¿Eh?

Inés, que estaba escaneando casualmente el paisaje circundante, abrió mucho los ojos.

Fue porque podía ver un lujoso carruaje corriendo en la distancia.

La apariencia del carruaje era de alguna manera familiar.

—¿El duque?

Sorprendida, Inés se levantó de su asiento.

Sus ojos no estaban mal.

Tan pronto como vio a Enoch descender de su carruaje, Inés bajó rápidamente al primer piso.

¡El duque de Sussex!

—Ah, condesa Brierton.

Enoch encontró a Inés y sonrió, inclinando suavemente los ojos.

—¿Cómo está?

—Estoy bien. ¿Cómo ha estado, Su Excelencia?

—Sí. Yo también he estado bien.

Inés miró a Enoch con un sentimiento algo nuevo.

«Por cierto, creo que es la primera vez que nos vemos desde que el duque me alquiló esta villa.»

Mientras tanto.

Inés ladeó la cabeza.

«¿Qué es este sentimiento?»

Recientemente, ha estado extrañamente deprimida e incluso se ha saltado las comidas. Pero tan pronto como conoció a Enoch, su melancolía pareció desvanecerse.

«Como era de esperar, el duque es asombroso.»

¿Cómo podría ella explicar este sentimiento?

El deseo de ser reconocida por alguien en sí misma era muy diferente del pasado cuando quería ser reconocida por Ryan.

Y.

«Su Excelencia es diferente de Ryan.»

A diferencia de Ryan, con quien tenía un afecto racional, sus sentimientos por Enoch eran puro respeto.

Inés se convenció a sí misma.

De todos modos, cuando estaba con Enoch, se sentía cómoda y libre como si estuviera usando ropa que le quedaba bien a su cuerpo. Ella no tenía que estar atenta al estado de ánimo del oponente o tratar de encajar.

Qué agradable era estar con alguien que la miraba positivamente. En ese momento, Enoch miró las manos de Inés.

—Debe haber estado pintando.

—Ah, sí.

Inés sonrió avergonzada.

Como la situación no era tan buena, trajo consigo todos sus cuadernos de bocetos y lápices.

Enoch sugirió a la ligera.

—¿Quiere ir a dar un paseo?

—¿Un paseo?

—Sí. Escuché que solo estaba adentro todo el tiempo, debe estar mal ventilado.

Inés vaciló un poco sin darse cuenta.

No odiaba salir a caminar con Enoch. Pero…

—Pero, si alguien alrededor me encuentra, la reputación del duque...

—¿No le dije antes que esta área es tierra privada? No se preocupe, los alrededores están estrictamente controlados.

Tal vez había notado la preocupación de Inés, la tranquilizó Enoch casualmente.

—Y realmente no me importa si alguien realmente ve a la condesa.

—¿Qué? Pero…

—La condesa no hizo nada malo. Pero, ¿por qué se preocupa tanto por las opiniones de los demás?

Con un rostro tan tranquilo, Enoch hizo una pregunta que atravesó sus pulmones.

Inés se quedó sin palabras.

Enoch añadió sus palabras con calma.

—La gente que no hizo nada malo se esconde, y la gente que hace el mal corre afuera. No me gusta eso.

—…eso.

—Por supuesto, entiendo la incomodidad de la condesa. Pero lo que quiero decirle es —Enoch dio fuerza a su voz—: La condesa puede tener más confianza.

Inés miró fijamente a Enoch.

Cada vez que Enoch hablaba con tanta decisión, el corazón de Inés latía cada vez más rápido. Erguido, imperturbable ante cualquier palabra, y no preocupado por la mirada de los demás.

Perseveró en lo que creía correcto. Su apariencia en sí brillaba intensamente.

Él era una persona completamente diferente a ella que siempre estaba retraída...

Al mismo tiempo, Enoch hizo una pregunta en broma.

—Ahora que le he explicado esto, ¿le gustaría salir a caminar juntos?

Después de estar en silencio por un momento, Inés sonrió y asintió con la cabeza.

—Me gustaría.

Así que los dos caminaron lentamente por el sendero del bosque.

El aire fresco del campo llenó los pulmones.

Aunque el clima todavía estaba frío, se sentía refrescante en lugar de frío.

Cada vez que los tacones de los zapatos pisoteaban las hojas congeladas, el dulce pero refrescante olor invernal golpeaba la punta de la nariz.

Enoch miró a Inés y abrió la boca.

—Ahora solo queda un día para el divorcio. ¿Cómo se siente?

—Bueno... no lo sé. —Después de reflexionar por un momento, Inés respondió con cautela—. Estoy emocionada y deseando que llegue…

Mientras Inés continuaba hablando, bajó los ojos.

Su expresión de repente se volvió sombría como un cielo nublado.

Capítulo 28

—…Estoy un poco asustada.

—¿Por qué tiene miedo?

Enoch hizo la pregunta con una voz bastante tensa.

Era realmente extraño.

Con solo una respuesta de Inés, el corazón de Enoch terminaría hecho un lío como un hilo enredado. ¿Qué pasaba si Inés no quería dejar a Ryan, o si quería reconsiderar su relación con Ryan nuevamente?

Entonces Inés respondió como si estuviera preguntando algo obvio.

—Es porque me preocupa que el divorcio no suceda.

—Oh, ¿era eso?

Enoch se sintió aliviado sin darse cuenta.

Al mismo tiempo, había profundas arrugas sobre sus hermosas cejas.

«¿Por qué diablos me siento aliviado?»

Aunque el divorcio de Inés estaba a la vuelta de la esquina y él se puso sensible, era un poco excesivo.

Cada palabra de Inés y cada pequeña acción podía hacerlo sentir feliz o triste.

Por otro lado, Inés estaba recordando los tiempos en que había estado separada de Ryan. La vida sin Ryan era demasiado dulce.

Hasta el punto de que deseaba no haberse casado nunca con Ryan.

La idea de tener que vivir en pareja con Ryan una vez más era aterradora.

Inés, que se estremeció ante la idea, miró a Enoch con cara de perplejidad.

—Entonces, ¿por qué está sonriendo tanto, duque?

—¿Qué?

«¿Sonreí?»

Enoch, sobresaltado, reflexivamente se tocó la cara.

«De verdad… estaba sonriendo.»

La punta de los labios de Enoch se había elevado repentinamente en el cielo sin darse cuenta. Afortunadamente, Inés no le prestó más atención a Enoch.

—¡Ah, mire esa fruta del árbol!

Inés señaló el árbol de coníferas que había crecido muy cerca.

Debajo de las ramas del árbol conífero, que permanecía azul incluso cuando hacía frío, las frutas rojas colgaban burlonamente.

—¿No es muy lindo?

Emocionada, Inés trotó hacia él.

Queriendo mirar el paisaje del árbol, inmediatamente sacó su cuaderno de bocetos.

Luego se volvió para mirar a Enoch con cara de preocupación.

—Voy a dibujar, ¿puede esperar un poco?

—Por supuesto.

Enoch asintió cálidamente con la cabeza. Con permiso, Inés comenzó a tocar el lápiz con una cara encantada.

Enoch miró a Inés desde atrás.

Qué vívida la figura de un ser humano concentrándose en algo y dejando brillar sus talentos. Y qué agradable era poder observarla de lado.

«Espera.»

En un instante, Enoch se dio cuenta de repente.

¿Quién lo había sacudido así alguna vez...?

No había otra que Inés.

Finalmente, amaneció el día del juicio.

Inés miró hacia el techo y parpadeó lentamente.

«Mi corazón está palpitando.»

Levantó la mano y la presionó contra su pecho.

Tantas emociones se precipitaron, Inés apenas durmió la noche anterior.

Pero no estaba cansada ni somnolienta.

Más bien, la anticipación total energizó todo su cuerpo.

«Está bien, solo necesito terminar bien el juicio hoy.»

Los dos ojos de Inés se iluminaron.

Su larga vida de casada finalmente estaba terminando a partir de hoy.

Finalmente terminaría su relación con Ryan y se convertiría en Inés Brierton en lugar de la condesa Brierton.

Había poco temor de que, por alguna razón, su caso de divorcio fracasara.

«Probablemente no... porque el duque me apoya.»

Cuando pensó en Enoch, una leve sonrisa apareció en la comisura de sus labios sin darse cuenta. A lo largo de su estadía en la villa, Inés había recibido regularmente la revista de Elton.

El artículo lógico único de Elton fue agradable cada vez que lo vio.

Uno de los editoriales fue especialmente interesante.

[Si es cierto que el conde Brierton ha hecho pintar a la condesa como su suplente, no solo es una desgracia como noble del reino, sino que es aún peor porque explotó la habilidad de los miembros como cabeza de familia. El puesto es algo pesado para el actual conde de Brierton, una de las familias más prestigiosas del reino…]

El editorial que hábilmente tildó a Ryan de "hombre incompetente" y la hizo reír fue excelente.

Contemplando el contenido, Inés, que había estado acostada en la cama, se levantó.

«Ahora tengo que levantarme.»

Cuando abrió la ventana, el aire frío y refrescante característico del final del invierno entró en la habitación. Al amanecer, una luz azulada lo inundó todo. Inés capturó el tranquilo paisaje del pueblo durante mucho tiempo.

—…hermoso.

Una voz como un suspiro salió.

«Después del exitoso divorcio de Ryan, probablemente ya no podré mirar este paisaje.»

Pensando así, Inés se detuvo por un momento.

«Entonces ahora... ¿Aquí termina mi relación con el duque de Sussex?»

Había una alta probabilidad.

Porque él y ella solo estaban tomados de la mano para sus respectivos propósitos.

A través de un artículo especial sobre el conde Brierton, las ventas de Elton se dispararon día a día, y Enoch también cumplió fielmente su promesa a Inés.

Porque cada vez que salían artículos de la revista Elton, la reputación de Ryan se tiraba al suelo como basura.

Así fue como pudieron llevar a Ryan a juicio.

Inés se esforzó por consolarse a sí misma, pero no funcionó tan bien como él esperaba.

Hasta ahora, se había sentido tan ligera. Tan pronto como se dio cuenta de que su relación con Enoch estaba terminando, su pecho se sintió pesado como si se hubiera tragado una gran piedra.

La mano que agarraba el marco de la ventana ganó fuerza.

«Está bien, dejemos de pensar en eso.»

Inés negó con la cabeza y dio un paso atrás.

«Despierta, Inés. Ahora mismo, tienes que concentrarte en el caso del divorcio.»

Incluso después de repetirlo muchas veces, Inés no pudo cerrar la ventana al final.

Fue porque la frustración como si se hubiera tragado una piedra grande probablemente no desaparecería si no sintiera el viento frío.

Al poco tiempo.

Inés, que había terminado de prepararse para salir, subió al carruaje un poco temprano en la mañana. Tuvo que irse temprano debido a la distancia entre la Casa Meldon y Langdon.

Inés, que observaba en silencio la lejana Casa Meldon, prestó atención a su reflejo en la ventana.

Aunque su expresión parecía un poco tensa, no se veía mal cuando estaba parada frente a los demás. Fue gracias a dejar de ser la "mujer sencilla" que Ryan quería que fuera.

«Está bien.»

Inés apretó sus puños de fuego.

«Puedo hacerlo bien. He hecho un buen trabajo hasta ahora.»

En cierto modo, fue un milagro en sí mismo convencer a Enoch de que se uniera a ella.

Era posible que no hubiera creado la situación en la que podría solicitar el divorcio si no hubiera sido por la ayuda de Enoch.

«Ahora que lo pienso... el duque de Sussex dijo que asistiría como observador.»

Desde el principio, Enoch había sugerido que él mismo la llevaría a la corte si ella quería.

Pero Inés se negó.

De todos modos, Inés aún no estaba divorciada, por lo que estaba un poco preocupada por cómo la miraban los demás.

Sobre todo.

—Porque no debo causarle problemas al duque.

De hecho, ella era sincera.

Quería evitar dañar a Enoch tanto como fuera posible.

A pesar de que dijo que estaba bien que Inés se quedara en esta villa. Porque ella era la artista que el duque de Sussex había prometido apoyar y necesitaba protección de la prensa, y que la gente lo entendiera.

Sin embargo.

—No debería ser malinterpretado por algo más que una relación artista-partidario.

La verdad de que Inés y Enoch no tenían ese tipo de relación probablemente no les importaba mucho a los demás.

El respeto de Inés por Enoch, su benefactor, quien le dio la oportunidad de recuperar las cosas preciosas que había perdido.

Ella solo estaba agradecida.

Pero todo eso simplemente se consumiría como chismes por interés público.

Además, ese malentendido podía ser una mancha considerable para Enoch, quien tenía una reputación impecable.

Los ojos verdes de Inés se hundieron profundamente por un momento.

«Quizás el duque pensó lo mismo, por eso se abstuvo de visitar la villa.»

Desde que le prestó la villa a Inés, Enoch nunca la había visitado personalmente.

Solo vino a verla ayer.

Pero Inés entendió por qué Enoch era cauteloso.

Si ella fuera él, no habría sido más sabia que Enoch.

Además, ¿no pasó ayer y consoló a Inés a pesar de que estaba ocupado?

Aunque sabía que Enoch ya la había ayudado mucho, y que sería bastante egoísta desear más de él en tal situación.

«...Ojalá hubiera venido un poco más a menudo.»

Inés, sobresaltada por un momento, sacudió la cabeza violentamente.

«¡Qué diablos estoy pensando!»

Después de pensarlo un rato, se dio cuenta de que la ciudad de Langdon estaba a poca distancia.

Inés miró el palacio de justicia a lo lejos. A pesar de que la distancia aún era considerable, el tamaño del palacio de justicia era lo suficientemente grande como para que ella lo viera de inmediato.

Bajo el deslumbrante sol de la mañana, la Estatua de la Justicia esculpida en mármol blanco puro brillaba intensamente.

«Ahora... El juicio comenzará en un rato.»

Su boca estaba seca.

Aproximadamente un mes antes de que comenzaran los trámites de divorcio. Durante este tiempo, Inés nunca conoció a Ryan.

Y ella se dio cuenta.

Solo un Ryan desapareció de su vida, ¿cómo podía vivir tan pacíficamente?

Una vida en la que estaba completamente enfocada en sí misma.

Ella no lo sabía en absoluto, pero el momento en que salió de su atadura de llamarse Ryan fue muy intenso.

«No quiero volver a ese matrimonio infernal otra vez.»

Athena:Lo que os pasa es que ambos os habéis empezado a gustar, peeero vais a tardar mil años en daros cuenta. Además, Inés va a ser muy cautelosa con su sentir y eso es completamente lógico.

Capítulo 29

En ese momento, el carruaje se detuvo.

«De acuerdo, vamos.»

Respirando profundamente, Inés abrió la puerta del carruaje.

Al mismo tiempo, un sudor frío le recorrió la espalda.

«Es realmente…. Es enorme.»

Lo primero que vio Inés, que salió, fue innumerables personas reunidas como nubes en la entrada de la corte.

Era un caso de divorcio que causó gran revuelo en el reino, por lo que la cantidad de espectadores que quisieron asistir a este caso fue considerable.

Mientras tanto, los reporteros de varios medios de comunicación se mezclaron entre sí.

Para vencer a Elton de alguna manera, corrieron como una hiena.

—¡Condesa Brierton!

—¡Condesa, por favor mire aquí solo una vez!

La parte de atrás de su cuello se puso rígida por la tensión cuando escuchó a los reporteros llamándola.

Inés trató de sacudirse la sensación de presión que aplastaba todo su cuerpo, poniendo fuerza en sus hombros.

—¿Cómo se siente acerca del juicio de hoy?

—¡Solo una palabra por favor!

«...No, ni siquiera puedo pensar en pasar por eso.»

Fue cuando Inés frunció el ceño sin darse cuenta.

—Usted está aquí, condesa.

Sonó una característica voz elegante.

Inés levantó la cabeza en un instante.

—¿Sir duque de Sussex?

Era Enoch.

Inés sintió que su tensión se liberaba de inmediato.

Enoch se acercó a Inés con paso lento. Los reporteros densamente agrupados se dispersaron como olas con cada paso que da Enoch.

—Venga por aquí.

Enoch cortésmente se acercó a Inés.

Era la escolta de un caballero a una dama.

Inés colocó su mano sobre la de él, como si estuviera poseída.

Enoch, quien agarró suavemente su mano, miró a su alrededor con una mirada fría.

—Todos, manteneos fuera del camino.

Incluso con una sola palabra, se sintió una fuerte sensación de intimidación. Los reporteros, sin saberlo, retrocedieron.

Al mismo tiempo, funcionarios judiciales llegaron y comenzaron a mover a los reporteros.

—¡Todos, por favor, haceos a un lado!

—¿Qué estáis haciendo frente a la Corte Sagrada?

Durante ese tiempo, Inés y Enoch pudieron salir del lugar.

Después de una distancia tan larga de los reporteros. Al entrar en la sala del tribunal, Inés le dio las gracias.

—Gracias, duque.

Entonces Enoch inclinó los ojos con picardía.

—La razón por la que detuve a los reporteros no fue por la condesa, sino por mí.

¿Eh?

Inés ladeó la cabeza.

Enoch se encogió de hombros con orgullo.

—Como propietario de Elton, ¿no tengo el deber de proteger a nuestro precioso proveedor de primicias?

—¿Es eso así?

—Por supuesto. Estoy en posición de ser responsable de las ventas de nuestro periódico.

Sonó una respuesta juguetona.

Inés, que miraba a Enoch así en silencio, se tapó la boca y se echó a reír brevemente.

—Ja ja.

Entonces, se sobresaltó y abrió mucho los ojos.

—Ah, lo siento. No quise reírme del duque…

—Por lo general, pediría un cargo de desacato a la familia real, pero esta vez lo dejaré pasar.

—…Si el duque bromea así, estoy realmente asustado. Suena real.

Inés se quejó suavemente.

Entonces Enoch preguntó en voz baja.

—Creo que ha llegado a sus sentidos ahora. ¿Está aliviada?

Ah.

Inés parpadeó.

«Entonces, ahora, ¿hizo una broma como esa para aliviar mi tensión?»

Una pequeña sonrisa se deslizó sobre sus labios rojos.

—Sí, creo que sí.

—Me alegro.

Enoch, que asentía con la cabeza con una sonrisa, de repente frunció el ceño.

Se sintió extraño.

«¿Por qué?»

Solo ver la sonrisa de la condesa lo hizo sentir tan aliviado.

Enoch arqueó las cejas con perplejidad, pero no pudo detenerse en la pregunta por mucho tiempo.

Porque el sirviente real corrió hacia Enoch.

—¡Duque de Sussex! ¡Su Majestad el rey le está buscando!

—¿Mi hermano?

Por un momento, Inés miró el bello rostro de Enoch, la expresión de enfado a muerte pasó de largo.

«¿Eh?»

Sin embargo, esa expresión desapareció en un instante, y Enoch, que volvía a tener un rostro normal, saludó a Inés.

—Creo que debería ir a ver a Su Majestad. Nos vemos en la sala del tribunal.

—Ah… Sí, Su Excelencia.

«Bueno, debo estar equivocada.»

Inés asintió con la cabeza con un sentimiento de desconcierto.

Así que Enoch se fue.

Inés, que se quedó sola, respiró hondo.

«Está bien.»

Incluso teniendo unas pocas palabras con Enoch, se sintió extrañamente valiente.

«Finalmente, puedo terminar legalmente mi matrimonio con Ryan.»

Inés apretó los puños con fuerza.

Solo quedaban treinta minutos para que comenzara el juicio.

Mientras tanto, en ese momento.

El rey, Edward, que acababa de entrar en el palacio de justicia, saludó a su hermano con una cara brillante.

—¡Enoch!

—En público, debería llamarme duque de Sussex, Su Majestad.

Enoch criticó cortésmente.

«No, o regañarás o serás cortés o simplemente harás una cosa. ¿Qué demonios es eso?»

Edward tenía una cara humeante.

—¿Qué es Su Majestad? Tsk tsk.

—Hay muchos ojos. Su Majestad, crezca.

—Me llamaste Su Majestad, pero me dijiste que creciera. ¿No es demasiado irrespetuoso?

Edward, que se quejaba, de repente miró detrás de Enoch con ojos curiosos. Su mirada se volvió hacia Inés, que estaba de pie en la distancia.

—Oh, ¿es esa mujer "esa" condesa de Brierton?

Un cuerpo esbelto, cabello castaño oscuro elegantemente rizado, un cuello elegante y vívidos ojos verde oscuro como un bosque.

Era una mujer que recordaba extrañamente a un ciervo.

Su dignidad aristocrática se sentía en su postura con una postura erguida.

—Es agradable ver esto después de mucho tiempo. ¿Saludamos? —dijo Edward.

—Para. Es una carga para la condesa —espetó Enoch malhumorado.

Edward frunció el ceño y miró a su hermano.

—¿Te gusto más yo o la condesa de Brierton?

—Su Majestad, por favor proteja la dignidad del rey. —Pero Enoch era terco—. En primer lugar, Su Majestad el rey asumió el papel de juez en este juicio. Qué defecto sería que una persona así tuviera una conversación por separado con la parte del juicio...

—¡Esta bien, lo tengo!

Edward malhumorado estrechó su mano, interrumpiendo a Enoch.

Enoch entrecerró los ojos y preguntó:

—Por favor, sea consciente de su posición.

«Uf, regañando... Incluso mis abuelos fallecidos no me presionaron tanto.»

Edward, que miraba a Enoch con ojos insatisfechos, de repente abrió la boca.

—¿Sabías que también puedes aplicarte esa frase a ti mismo?

En un instante, el rostro de Enoch se convirtió en un rostro desconcertado.

—Así es. ¿No eres mi único hermano, heredero al trono y el único duque del reino? Pero estás ayudando a la condesa sin tener en cuenta ninguna de esas cosas.

Enoch luchó por protestar.

—Ayudé, pero todo es por una buena razón...

—Por una buena razón, sí. No eres el tipo de persona que se hace algo vergonzoso.

Edward, que había respondido con una sensación de victoria, volvió a preguntar, inclinando la mirada.

—¿Pero eso es realmente todo?

—Eso…

—Estás ayudando a la condesa explotando activamente tu estado y posición ahora.

Los ojos azules profundos y siempre silenciosos de Enoch temblaron.

Edward, que estaba mirando esos ojos temblorosos con interés, lo logró de inmediato.

—Ahora, ¿no has ignorado ese hecho? Estabas fascinado por el genio de la condesa de Brierton. Porque siempre te han interesado mucho los artistas. Pero… —Edward, quien alargó sus palabras, palmeó a Enoch en el hombro—. Nunca te había visto apoyar y preocuparte tanto por alguien.

—Hermano.

Por un momento, Edward se quedó atónito.

Enoch, que separaba estrictamente las posiciones públicas y privadas, no llamaría a Edward "hermano" en público. Eso significaba que Enoch estaba avergonzado hasta el punto de que ni siquiera le importaba la dignidad.

Su expresión mostraba que no sabía que le estaba dando un trato especial a la condesa Brierton.

—Bueno, sí.

Edward se encogió de hombros.

Enoch estrechó la frente y miró hacia atrás en la dirección donde estaba Inés.

Pero no se la veía por ninguna parte ya que acababa de entrar en la sala del tribunal.

Edward no pudo ocultar su expresión intrigante.

«¡Oye, esto es increíble! ¿Quién es este Enoch?»

El hermanito, que no sangraba aunque lo pincharan con una aguja, ahora estaba pasando por un mal momento.

Era bastante divertido ver a Enoch haciendo ese tipo de expresión.

Edward quería bromear con Enoch de inmediato, pero lo aguantó por ahora.

Athena: Jajajaja, me encanta este hermano mayor. Además que es algo fresco que no se quieran matar ni sean malos ni nada. Este ya se ha dado cuenta de que le gusta Inés jajaja. Va a hacer el divorcio seguro.

Capítulo 30

«Si lo arruino accidentalmente, podría destruirlo todo.»

Edward estaba seguro de que Enoch volvería a su característico rostro frío y diría: "No puede ser".

El amor y la preocupación por su hermano como un hermano mayor, que Enoch necesitaba ser honesto con sus propios sentimientos de vez en cuando. Y si esperaba a que las emociones de Enoch maduraran un poco más, podía disfrutar jugando y bromeando con Enoch más tarde.

Además de eso.

«Porque la condesa Brierton sigue casada con su marido.»

No estaba bien interesarse demasiado en una mujer con marido.

Además, dado que no tenía intención de hacer un juicio injusto por Enoch, Edward decidió dar un paso atrás.

«Si la condesa Brierton pierde, los sentimientos de Enoch deberían aclararse.»

Entonces, no había nada bueno en empujar a Enoch.

—¿Qué estás haciendo? Ahora tenemos que entrar.

Así que Edward se dio la vuelta, fingiendo no notar nada.

Mientras tanto, en ese momento.

Cuando Inés entró en la sala del tribunal, se encontró con una persona no deseada.

—¡Inés!

Era Ryan.

Ryan saltó de su asiento y trató de acercarse a Inés.

—¡Qué diablos es esto, realmente quieres demandarme...!

Era una llamada lúgubre, como el protagonista masculino de una historia trágica.

Inés hizo una mueca de disgusto sin saberlo.

Pero, de cualquier manera, Ryan solo levantó la voz exageradamente.

—¡Dijiste que me amabas!

Con solo escuchar esa triste denuncia, Inés se sintió como una villana en donde traicionó a su amor.

Inés estaba simplemente asombrada.

La voz de Ryan era tan fuerte que toda la audiencia en la sala del tribunal lo miraba con interés.

Afortunadamente, la actuación apasionada de Ryan no duró mucho.

—¡Su Majestad y el Duque de Sussex están entrando!

Fue porque Edward y Enoch acababan de entrar a la sala del tribunal.

Todos se levantaron y saludaron a ambos.

—Los saludo, Su Majestad, y al duque de Sussex.

—Que todos se sienten.

Edward, quien dio una orden solemne, tomó asiento en la mesa del juez.

En honor al duque y al rey, a Enoch se le asignó un asiento justo al lado de Edward.

Mientras tanto.

Los ojos de Enoch e Inés se encontraron.

«¿Eh?»

Inés estaba un poco desconcertada.

Fue porque Enoch tenía una mirada de incomodidad en su rostro, y luego desvió la mirada.

«¿Qué le pasa?»

No parecía enojado, pero parecía extrañamente perplejo.

Al mismo tiempo, Edward abrió la boca.

—Comenzaremos ahora el juicio del divorcio presentado por la condesa Brierton.

Por un momento, los ojos de Inés temblaron.

Fue Inés quien obtuvo el derecho de hablar primero.

El abogado de Inés se levantó.

Al mismo tiempo, los ojos de Ryan se abrieron como platos.

«¡¿Por qué está aquí el vizconde McDowell?!»

El vizconde McDowell.

Como abogado que se había desempeñado en puestos de alto nivel en la profesión legal, era uno de los mejores abogados.

Tenía una reputación muy alta, por lo que una tarifa alta era lo predeterminado, y luego era famoso por examinar meticulosamente el caso.

Y, teniendo todo eso en cuenta, el hecho de que Inés contrató al vizconde McDowell….

«¡Inés, eso!»

Ryan afiló los dientes y miró a Inés.

«¡Realmente quieres pelear conmigo!»

Pero, como si Inés preguntara: "¿Qué pasa?", se limitó a encogerse de hombros levemente.

Ryan sintió que la rabia subía a la parte superior de su cabeza.

En ese momento, el vizconde McDowell levantó las gafas de la punta de su nariz y abrió la boca.

—Soy McDowell, defendiendo a la condesa Brierton. Juro solemnemente decir la verdad en este tribunal.

Después de eso, el abogado de Ryan se levantó de su asiento.

—Yo, yo soy Turner, la defensa del conde Brierton. Juro solemnemente decir la verdad en este tribunal.

Sin embargo, el ambiente se inclinó hacia Inés desde el principio.

Fue porque el prometedor abogado que Ryan contrató frente al abogado McDowell, que había ganado muchos casos hasta el momento, no podía mantenerse erguido.

«De verdad, qué duro trabajé para contratar al abogado McDowell...»

Inés sintió que se le crispaba la punta de la nariz.

Más bien, el dinero no era un problema.

Sin embargo, dado que los procedimientos de divorcio no eran tan comunes dentro del reino, era difícil encontrar abogados que estuvieran familiarizados con ellos.

Sin embargo, los efectos de la exhibición de arte fueron significativos, y asumir un evento importante que atrajo la atención de todo el reino fue un honor considerable incluso para un abogado. Después de varios días de persuasión, aceptó el caso.

Además, Inés tenía muchas posibilidades de ganar, así que eso se debía haber tenido en cuenta.

«Antes de volver al pasado, no había exposición de arte, por lo que era imposible encontrar un abogado.»

Inés miró al abogado del lado de Ryan con una sonrisa. Pero no sabía por qué Ryan contrató a un abogado tan joven. Ahora que Ryan estaba en desventaja, no había tiempo suficiente para contratar a otro abogado.

«¿Superó la tarifa?»

En un instante, Inés se endureció en el acto.

Fue por la personalidad de Ryan que pensó que era una buena oportunidad para que hiciera eso.

Mientras tanto, mientras Inés especulaba en su cabeza, el juicio continuaba.

Se dibujó una imagen en la que un lado presionó abrumadoramente al otro lado, lo cual fue una pena incluso llamarlo una batalla legal.

Desde el principio, Inés salió perfectamente victoriosa.

—Aquí hay dos pinturas que se han presentado a la exposición de arte del duque de Sussex.

El vizconde McDowell continuó hablando abrumadoramente.

—Pero el estilo de pintura, el método de coloreado e incluso aquellos que usan técnicas de acuarela que rara vez se usan en el reino son los mismos.

No solo el rey, sino también el público miraban las pinturas con los ojos bien abiertos.

—"Mañana en la calle Hwabang" y "Tarde en la calle Hwabang". Esas dos pinturas fueron las que causaron una gran controversia en el reino. Pero uno fue presentado a nombre de la condesa Brierton, y el otro pertenece al conde Brierton.

Al escuchar la explicación del vizconde McDowell, los ojos de la audiencia se entrecerraron con sospecha.

—Parecen una serie cuando están uno al lado del otro.

—Así es.

—¿Puede ser así?

El público susurraba.

Edward tampoco pudo ocultar su expresión dudosa.

Solo Enoch, que ya había visto esos dos cuadros, estaba tranquilo.

«¡No, esto va a cambiar completamente el estado de ánimo hacia ese lado!»

Insoportable, Ryan pidió su opinión.

—Su Majestad, ¿puedo hablar?

Edward miró a Ryan y asintió con la cabeza.

—Está bien.

Ryan se levantó con cautela.

Su actitud prepotente hacia Inés era autoritaria.

«¡¿Qué diablos hace ese maldito abogado?!»

Ryan miró ferozmente a su abogado.

Desde el principio, amenazó con que solo podía pagar una tarifa tan pequeña como la cola de una rata. Así que había olvidado que solo podía contratar a un abogado novato que acababa de graduarse del departamento de derecho de la universidad.

«¡Mierda!»

Ryan, quien masticó una palabrota por dentro, cambió su expresión y miró a Inés con ojos serios.

—Querido rey, Inés es mi única y amada esposa.

«¿Qué?»

Inés dudó de sus oídos.

Al mismo tiempo, Enoch miró a Ryan con un rostro endurecido.

Pero Ryan solo continuó hablando con una voz triste.

—Honestamente, yo… nunca imaginé que Inés presentaría un divorcio así. No sabía que estaba tan descontenta conmigo.

«Porque me has estado ignorando, Ryan.»

Además, a él no le importaron los sentimientos de Inés desde el principio.

Inés se levantó de su asiento mientras luchaba por reprimir su deseo de devolver el fuego.

Ryan dejó caer los hombros con tristeza.

—Era una mujer tan virtuosa y comprensiva que pensé que entendería la mayoría de mis desviaciones. Sin embargo…

El final de la voz de Ryan temblaba de emoción.

—Me di cuenta de que era mi codicia...

Pero al contrario de esa voz triste, Ryan estaba bastante satisfecho por dentro.

«Vale, todo el mundo me está escuchando.»

Al menos, parecía haber logrado atraer la curiosidad de la gente.

Ryan, quien fingió estar triste, inclinó la cabeza y reprimió una sonrisa, luego volvió a levantar la cabeza con una expresión triste y continuó hablando.

Athena: Así que Edward es justo y no va a hacer trato de favor… Mis respetos, la verdad. Pero, aquí simplemente es necesario que Inés pueda divorciarse de ese parásito basura bueno para nada. Si no, entraré yo a la novela y lo mato.

Capítulo 31

—Es verdad que yo no era muy fiel a mi familia. Como hombre, he estado ocupado con mi vida social.

La gente se concentraba en las palabras de Ryan como si estuvieran poseídos.

«Hya, eres una persona que es buena hablando como el agua que fluye», pensó Inés con sarcasmo.

La propia Inés se dejó engañar por las dulces palabras de Ryan e incluso se casó con él. Ryan continuó con una voz bastante exagerada.

—Tengo entendido que Inés estaba sola. Las mujeres suelen sentirse solas, y yo estaba ausente a menudo, así que ella debe haber estado. Pero…

Ryan volvió a mirar a Inés, como si no pudiera entender su acción.

Sus ojos estaban ardiendo.

—¿Cómo puedes cometer tal perjurio?

Perjurio.

La palabra comenzó a agitar a la audiencia.

—¿Es cierto que el conde Brierton acaba de decir perjurio?

—Perjurio, ¿entonces la condesa llevó a su esposo a la corte por razones falsas?

Ryan declaró con una elevación de su cuello, animado por el murmullo.

—Inés y yo hemos estado pintando juntos durante mucho tiempo. Por supuesto, podemos influirnos unos a otros.

Ryan apretó los puños y preguntó de vuelta.

—Eso significa que las parejas pueden tener estilos de pintura similares, ¿verdad?

La actitud y la voz eran tan firmes que la audiencia comenzó a discutir.

—¿Es eso así?

—Eso es posible.

Al escuchar el susurro, Ryan sintió un escalofrío en la columna con una sensación de victoria.

«¡Esta cosa fácil, ese abogado incompetente ni siquiera podría manejar tanto!»

Confiado, Ryan volvió la cabeza hacia Inés.

«En este punto, Inés debería haber entrado en razón, así que si me ruegas ahora, te perdonaré.»

Al mismo tiempo, Ryan endureció sus hombros encogidos.

«¿Qué es?»

La expresión de Inés era tranquila a pesar de que constantemente empujaba a Inés a un rincón. Sus ojos verde oscuro miraban directamente a Ryan.

Y.

Inés sonrió brillantemente.

Ryan sintió un escalofrío en la espalda por un momento.

«¿Qué, por qué estás sonriendo así?»

Mientras tanto, Inés contemplaba su conversación con Enoch.

El día que Inez hizo un trato con Enoch, y Enoch accedió a ayudarla.

Debido a que ustedes dos son una pareja casada, se puede argumentar que el estilo de pintura es similar.

Probablemente no sucederá.

Recordó reírse sin darse cuenta porque era un sonido tan absurdo.

¿Cómo está tan segura?

Porque es un insulto para mí comparar la pintura tosca de Ryan con la mía.

Ella hablaba en serio.

Ryan no tenía experiencia en dibujo.

No, sería más correcto decir que ni siquiera estaba interesado en primer lugar. Por lo tanto, Inés pudo responder con confianza.

Los dibujos de Ryan ni siquiera combinan con mis tacones. Así que no se preocupe por eso.

Y ese pensamiento aún no había cambiado.

Ryan tartamudeó un poco y llamó a Inés.

—Eh, Inés.

En lugar de responder, Inés miró a Ryan suavemente.

Ryan puso una mirada desesperada en su rostro y trató de persuadir a Inés.

—Lo haré mejor en el futuro. Realmente quiero llevarme bien contigo otra vez. No te decepcionaré más, ¿eh?

Hacia la silenciosa Inés, Ryan continuó balbuceando.

Sin embargo, Inés no levantó una ceja.

Al poco tiempo.

Inés abrió la boca.

—Solicito hablar, mi rey.

Sin embargo, esas palabras no fueron dirigidas a Ryan, sino al rey Edward.

Edward miró a Inés con interés.

—Permitido.

—Gracias. Su Majestad.

Inés se levantó de su asiento e hizo un saludo de cortesía al rey.

Después de eso, habló con voz clara.

—El conde Brierton afirmó que era simplemente una semejanza de estilo, y que las pinturas que envió eran suyas.

—Sí, lo hizo.

—Entonces hay una manera simple de verificarlo.

—¿Cómo?

Los ojos de Edward brillaron con curiosidad.

Asintiendo con la cabeza, Inés miró directamente al rey y a Enoch.

—Frente al rey, al duque de Sussex y a todos los presentes aquí…

Una brillante sonrisa apareció en sus labios.

Era una sonrisa llena de confianza.

—El conde Brierton y yo pintaremos al mismo tiempo.

Por un momento, los ojos de la audiencia se abrieron como platos.

—¿Van a pintar?

—¿En esta sala del tribunal?

El público parecía un poco reacio.

—Bueno, si ese es el caso, estoy bastante seguro...

—¿Pero Su Majestad lo permitirá? Pintar en un tribunal no tiene precedentes, ¿no es así?

—En realidad, desde mi punto de vista, ¿no es muy raro que una esposa solicite el divorcio?

Mientras tanto, Ryan resopló para sus adentros.

«Inés, ¿crees que tu pedido será aceptado? Eres tan ingenua.»

No era que Ryan ni siquiera pensara en esta solicitud de Inés en primer lugar.

Sin embargo, el Reino de Lancaster era básicamente un país conservador y enfatizaba la armonía familiar.

Por supuesto, Su Majestad podría reprenderlo por descuidar a su familia. Sin embargo, en la cultura hogareña de Lancaster, eso no era suficiente para romper un matrimonio.

Sobre todo, el rey estaba muy cerca de la reina.

E incluso le pidió que se casara a su hermano menor, el duque de Sussex, muchas veces.

Era una historia famosa en el reino.

Enfatizó mucho la familia armoniosa.

«Entonces, si quiere pintar un cuadro para revelar abiertamente su intención de romper la familia, estoy seguro de que Su Majestad...»

Alrededor de la época en que Ryan imaginaba un futuro prometedor.

Una ligera respuesta rompió los pensamientos de Ryan.

—Está bien, lo permitiré.

«¿Qué?»

Asombrado, Ryan miró a Edward.

Pero Edward ya había tomado una decisión.

—La condesa Brierton ha hecho una sabia propuesta. Me gusta mucho.

—¡Ja, Su Majestad!

Ryan llamó apresuradamente a Edward.

Edward entrecerró los ojos y miró a Ryan.

—¿Algo que decir, conde?

«No, decir que no puedo pintar aquí es admitir que las palabras de Inés son ciertas.»

Cuando Ryan no dijo nada, Edward se encogió de hombros y dio la orden.

—Prepara las herramientas.

Entonces Enoch volvió la cabeza hacia Edward y habló.

—Su Majestad, he preparado las herramientas con anticipación.

—Oh, ¿el duque de Sussex?

Edward, que miró a Enoch con sorpresa, inmediatamente bajó los ojos con picardía.

—Sí, claro. Mi hermano también es muy sabio.

Enoch miró a Edward como si fuera a morir de vergüenza, pero no refutó, considerando la mirada de quienes lo rodeaban.

Enoch añadió sus palabras en su lugar.

—También he contratado a expertos que saben bien de pintura, así que si es necesario, los traeremos.

—Genial. Si no fuera por el duque de Sussex, ¿no habría habido grandes dificultades en el juicio? —dijo Edward.

«¿De verdad tienes que burlarte de mí así, aquí?»; pensó Eoch.

Enoch convocó a los expertos con cara de mal humor.

Después de un rato, Ryan se enfrentó al caballete y las herramientas de pintura frente a él con una expresión desconcertada.

«No, ¿realmente tengo que pintar?»

El tema era la naturaleza muerta.

Se colocó una canasta llena de frutas sobre una mesa cubierta con un mantel a cuadros. Contemplando, Ryan rápidamente miró a Edward.

—¡Ah, Su Majestad!

—¿Qué es?

—¡Quiero decir, pintar es…!

Ryan solo miró a Edward con una mirada desesperada, pero no pudo atreverse a hablar hasta el final.

Edward miró a Ryan con los labios contraídos con una mirada curiosa.

—¿Por qué no sigues hablando? Me has estado llamando por un tiempo, ¿no?

La voz de Edward estaba mezclada con una ligera irritación.

Ryan tragó un trago y trató de convencer a Edward.

—Oh, Su Majestad. ¿Cómo podría ser esto en la corte sagrada...?

—Bueno, ¿por qué el conde piensa que esto no se puede permitir en la corte sagrada? —preguntó Edward.

Ryan no pudo ocultar su desconcierto.

—¿Sí?

—Poder distinguir entre los que están equivocados y los que no lo están, y juzgar con justicia ante Dios, ¿no es sagrado?

Mirando a Ryan, que no sabía qué hacer, Edward sonrió tranquilamente.

—Si no es ilegal, ¿por qué no se puede hacer por un juicio justo?

—¡Su Majestad!

—Siéntate por ahora.

Edward señaló el caballete con la barbilla.

—¿La condesa no está esperando al conde?

Con esas palabras, Ryan reflexivamente miró hacia atrás.

Inés ya estaba sentada frente a su caballete.

Sus ojos verde oscuro que le devolvían la mirada estaban inmóviles, imperturbables.

Athena:Me va a encantar ver cómo te humillas, gilipollas.

Capítulo 32

Edward se encogió de hombros ligeramente.

—No podemos tomarnos un tiempo indefinido, así que pintemos hasta que termine la prueba de hoy.

Se emitió una orden firme.

—Entonces ambos pueden comenzar.

Inés movió la mano sin dudarlo como si esperara.

Delineó objetos borrosos con un lápiz, marcando la dirección de la luz y la sombra.

Era la libre circulación sin restricciones.

«¡Mierda!»

Ryan finalmente comenzó a jugar con su lápiz mientras se mordía las muelas.

Aunque su alfabetización artística era solo el dibujo, que aprendió durante un tiempo cuando era niño, tenía que dibujar algo.

Aun así, si continuaba así, sería completamente derrotado por Inés.

«Acuarela». Ryan afiló sus dientes.

De repente recordó cómo Inés solía charlar con voz emocionada.

—Ryan, ¿qué pasa con este dibujo? La concentración se ajusta con agua, no con aceite. ¿No es increíble? Y…

—Ah, de verdad. ¿Por qué haces tanto ruido solo con pinturas?

En ese momento, él le disparó.

Ante esta situación, lamentó no haber escuchado a Inés en ese momento.

Mientras tanto, Inés ya empezaba a pintar.

Cada vez que jugueteaba con su pincel, el color transparente se fijaba deslumbrantemente en el papel de dibujo blanco.

«¡Oh, no!»

Incapaz de superar su nerviosismo, Ryan comenzó a exprimir pintura al azar. Los dedos que comenzaron a colorear temblaban de tensión.

Ajuste la densidad de la pintura con pintura blanca y exprese la luz.

Así pasó el tiempo, y finalmente.

—Deteneos.

Edward abrió la boca.

—Deja tu pincel.

Inés dejó el pincel sin demora, pero Ryan era diferente.

Estaba sudando profusamente y trató de arreglar la pintura de alguna manera.

—¡Conde Brighton!

—¡Sí, sí!

Fue solo después de que Edward gritó que Ryan soltó el pincel estético.

El sol se estaba poniendo a través de la ventana. No quedaba mucho hasta la hora de cerrar.

—Vamos a comprobarlo rápidamente.

Así que Edward, Enoch y los expertos comenzaron a evaluar las pinturas.

Después de eso, se hizo el juicio.

—La pintura del conde Brierton… Bueno, es difícil incluso decir que fue pintada por un pintor profesional.

Un anciano experto levantó sus anteojos y abrió la boca.

Otros expertos estuvieron de acuerdo.

—Esto parece un estudio de caso. En lugar de tener una educación profesional, es una pintura de una persona que ha aprendido un poco a través de la cultura.

—¿Es eso así?

—Sí. Podemos hablar en nuestro honor.

Los expertos se inclinaron ante Edward.

El rostro de Ryan se puso azul.

«¡Oye, esto no puede ser!»

Mientras tanto, Enoch, que estaba examinando la pintura, levantó los labios.

La pintura de Ryan ni siquiera combina con mis tacones. Así que puede estar seguro de eso.

Fue porque las palabras confiadas de Inés de repente vinieron a su mente.

«La condesa Brierton no mintió.»

No hacía falta decir que las dos pinturas eran cualitativamente diferentes desde el principio.

Era una falta de respeto comparar las pinturas de Inés con las de Ryan.

Era marcadamente diferente de la perfección de la pintura.

Inés completó la pintura casi a la perfección dentro del límite de tiempo, mientras que Ryan apenas pintó el papel de dibujo sin espacios en blanco.

Además, había una diferencia crucial entre las dos pinturas, y eso era todo.

—El método de coloración en sí es bastante diferente.

Enoch abrió la boca.

Ante esas palabras, Ryan se encogió como si lo hubieran golpeado con un látigo. Porque fue apuñalado en el corazón.

«¡Maldita sea!»

Estaba tratando de colorear la forma en que pintaba pinturas al óleo.

«En realidad, no es que el método sea malo.»

Aunque Ryan trató de usar técnicas de acuarela, lamentablemente, esos esfuerzos fueron en vano.

Fue porque no entendía la pintura de acuarela transparente única de Inés.

Así que Ryan, con el conocimiento superficial que tenía, usó pintura blanca para ajustar el color de la pintura.

Quizás si hubiera sido Inés, habría pintado un cuadro excepcionalmente espléndido con el método de Ryan. Porque ella era una maestra que no estaba limitada por sus herramientas.

Pero Ryan no pudo.

—Es porque no es muy bueno en eso, la pintura en sí es descuidada.

Enoch juzgó con frialdad. La pintura de Ryan se sintió algo aburrida.

No podía controlar el agua correctamente, por lo que el papel de dibujo estaba visible en todas partes. En cambio, Inés solo ajustó la concentración de pinturas con agua.

La parte más brillante de la imagen, que estaba iluminada por la luz, se expresó dejándola audazmente en papel blanco.

Entonces, se sentía una sensación única de transparencia.

Fue el método de colorear que la gente llamó a Ryan el genio del siglo.

Y si se comparara con los dos cuadros que exhibió Inés en la exposición de arte de Enoch…

—¿No es muy diferente?

—Sí, ¿cómo puedes afirmar que es la misma técnica?

La audiencia que vio la pintura ahora estaba hablando a sus espaldas.

La diferencia entre las dos pinturas era lo suficientemente grande como para que incluso el público en general pudiera reconocerlas claramente.

—Bueno, no hace falta decirlo.

Edward miró la pintura y negó con la cabeza.

—Conde Brierton, no, debería llamarte joven maestro Gott ahora.

—¿Qué?

Ryan tenía la cara inexpresiva como si le hubieran dado una bofetada en la mejilla.

—Ja, ¿qué significa eso...?

—Porque el joven maestro Gott perdió este juicio.

—¡Su Majestad, cómo es eso!

Ryan levantó la voz sin darse cuenta.

Edward miró a Ryan con una mirada de disgusto en su rostro.

—No, ¿realmente tienes conciencia?

—¡Ja, pero…!

—¿Pensaste que ganarías después de pintar así? ¿En serio?

Edward se sintió más absurdo que enojado.

Ryan no sabía qué hacer, solo abrió mucho los ojos.

—Es suficiente, no necesito decir más.

Edward negó con la cabeza y se volvió hacia Inés.

Sonó una voz tranquila.

—A partir de este momento, declaro que se ha establecido el divorcio entre Inés Brierton y Ryan Gott.

«¡Qué!» Ryan abrió los ojos en estado de shock.

Pero Edward continuó sin pestañear.

—Y el título de conde Brierton también irá a Inés Brierton.

—¡Su Majestad!

—No hay reversión. Esto termina el juicio.

Edward, que había terminado de hablar con firmeza, se volvió.

Ryan sintió que sus piernas aflojaban toda la fuerza.

«Oye, esto no puede ser...»

Con la cabeza mareada, Ryan se dejó caer en el acto. Pero nadie le prestó atención a Ryan de esa manera.

—¿Se aceptó el caso de divorcio?

—Oh, Dios mío, ¿debería llamarla condesa de Brierton ahora como cabeza de familia?

El público sorprendido comenzó a alzar la voz uno por uno.

Por un momento, Ryan volvió en sí.

—¡Inés!

Tenía que contener a Inés ahora mismo.

«¡Tengo que convencer a Inés de alguna manera ahora, o de lo contrario...! ¡El título de conde de Brierton desaparecerá como una burbuja!»

¡La lujosa vida que llevó como conde y los numerosos privilegios y beneficios que otorgó a su propia familia, los Gott! ¡Todos desaparecerán!

—¡Eh, Inés! Espera…!

Ryan se levantó con urgencia de su asiento y trató de acercarse a Inés.

Pero entonces.

Alguien se interpuso entre Ryan e Inés.

Era Enoch.

—¿Algo que decirle a la condesa de Brierton?

Enoch inclinó la cabeza y le hizo una pregunta a Ryan.

—Ese... Duque.

Ryan miró el semblante de Enoch y abrió la boca.

—Estaba a punto de tener una pequeña charla con Inés…

En ese momento, Ryan sintió que se le erizaba la piel de gallina.

Fue porque la enemistad se extendió por el rostro inexpresivo de Enoch en un instante.

Al poco tiempo, Enoch sonrió brillantemente.

Era una sonrisa tan aguda como una hoja afilada.

—Bueno, no creo que sea un movimiento muy inteligente.

—¿Sí? Un movimiento inteligente, qué…

—Ahora la condesa de Brierton y el joven maestro Gott ya no son pareja.

Ryan se congeló ante esas extrañas palabras.

Ya no eran pareja.

Esas palabras tocaron sus huesos.

Sobre todo, la mirada de Enoch.

Los ojos azules que miraban directamente a Ryan eran extrañamente fríos.

Como si no permitiera que nadie se acercara a Inés.

«¿Por qué, por qué me mira así?»

Ryan tragó saliva seca.

Sin saberlo, retrocedió y Enoch inclinó los ojos con gracia como si estuviera satisfecho.

Athena: Vete a la basura, de donde no deberías haber salido.

Capítulo 33

—El juicio ha terminado.

—¡Eso, pero…!

—Parece que la condesa de Brierton está muy cansada de asistir al juicio de hoy.

Enoch, que miró a Inés, se movió como si protegiera a Inés de Ryan. El cuerpo de Inés estaba cubierto con la parte posterior de su cuerpo sólido.

—Sería mejor para los dos tener una conversación después de estar juntos un poco más. Sobre todo, quiero a la condesa de Brierton en un estado de calma.

Enoch trazó una línea.

—Como su patrón, que está decidido a apoyarla a ella y su bienestar.

Con esa actitud obstinada, Ryan ni siquiera podía rebelarse contra Enoch.

Mientras tanto, Enoch, que había derramado todo lo que tenía que decir, volvió a mirar a Inés.

—Vamos, condesa Brierton.

—Gracias.

Inés, quien fue escoltada por Enoch para irse, finalmente pudo ver a Ryan.

—¡Inés…!

Ryan, que estaba tratando de contener a Inés de alguna manera, se detuvo.

Antes, cada vez que Inés miraba a Ryan, sus ojos verde oscuro siempre eran tan dulces como la primavera. Ahora esos ojos estaban llenos de desprecio.

Era una mirada que nunca había visto antes.

Inés se giró con frialdad, como si no valiera la pena decir más.

Ryan miró las espaldas de las dos personas mientras se alejaban con ojos atónitos.

—Por aquí.

Enoch se adelantó a Inés.

Inés, que lo seguía involuntariamente, cerró los ojos con fuerza por un momento y luego los volvió a abrir.

«Estoy mareada.»

Su visión temblaba a voluntad, y su respiración también estaba caliente.

Así que mientras ella estaba recuperando el aliento.

Inés de repente sintió una sensación de incongruencia.

«Pero, ¿dónde estoy?»

Ahora estaba de pie en un pasillo desconocido.

Lo más extraño era que no había gente alrededor.

El juicio acababa de terminar, por lo que los reporteros y la gente deberían llenar el lugar.

Inés ladeó la cabeza.

—Ah, duque. ¿Este camino…?

—Es un pasaje que solo usa la familia real.

Al mismo tiempo, alguien respondió de repente a Inés en lugar de a Enoch.

Atónita, Inés alzó la voz sin darse cuenta.

—¡¿Oh, Su Majestad el rey?!

—Entonces, sé agradecida.

El rey, Edward, continuó con un astuto encogimiento de hombros.

—Porque nunca hemos permitido que nadie más que la familia real use este pasaje.

—Ya veo. Gracias.

—Honestamente, era reacio a permitirlo al principio. Pero… —Edward miró a Enoch juguetonamente—. Mi querido hermano me pidió tanto usar este pasaje que no pude negarme.

—Habrá muchos reporteros en la entrada del juzgado. Pregunté porque tenía miedo de que hubiera caos. Eso es todo.

Interrumpiendo las palabras juguetonas de Edward, Enoch arrugó la frente.

—Aceptaste esto en primer lugar, pero ¿por qué de repente estás haciendo esto?

—Oh, ¿quién dijo qué? Acabo de decirlo.

Enoch miró a Edward con fiereza.

Edward se rio.

—Entonces debería irme ahora, ¿verdad? Porque creo que Enoch realmente me agarrará por el cuello si me quedo aquí más tiempo.

—¡Hermano, de verdad...!

—Pues bien, condesa Brierton. Fue un placer conocerte hoy.

Edward le sonrió a Inés.

—Te veré más tarde.

Luego agitó su mano suavemente y salió primero.

Inés, que tenía una cara desconcertada, rápidamente se inclinó ante el rey que se alejaba.

—Cuídese, Su Majestad.

Enoch miró la espalda de su hermano con ojos insatisfechos y suspiró largamente.

—Ah…

—¿Duque?

—No es nada. Tenemos el carruaje listo, vámonos.

Enoch, que se había dado la vuelta así, se sobresaltó por un momento y abrió mucho los ojos. Porque Inés, que estaba a punto de seguir a Enoch, tropezó.

Enoch estiró reflexivamente su mano y apoyó a Inés.

—¿Condesa Brierton?

—Oh, lo siento. Creo que fue porque me sentí aliviada.

Inés se disculpó apresuradamente. Enoch arrugó la cara.

—¿Es este el momento de disculparse conmigo? ¡Tiene fiebre!

Todo el cuerpo de Inés estaba caliente como una bola de fuego.

Mientras tanto, Inés se dio cuenta solo después de escuchar esas palabras.

—Ah, claro.

Inés miró a Enoch con una mirada nebulosa.

—Supongo que estaba mareada porque tenía fiebre.

En ese momento, todo su cuerpo se volvió pesado como si una piedra estuviera colgando de sus extremidades.

Incapaz de controlar adecuadamente su cuerpo, Inés se tambaleó y se apoyó contra Enoch.

—¿Está bien, condesa?

La voz de Enoch solo podía escucharse en la distancia.

«Supongo que me enfermé por estar expuesta al viento frío en la mañana.»

Inés, que lo había pensado con la cabeza aturdida, de repente abrió los labios.

—Más que eso, Su Excelencia.

Enoch miró a Inés con ojos preocupados.

Tan pronto como se encontró con sus profundos ojos azules, Inés sonrió.

—Todo el mundo me llama condesa Brierton.

—Condesa…

—Mira, el duque también me llama condesa.

Su nariz se volvió tapada.

De alguna manera trató de no llorar, pero fue en vano.

Las pestañas de color marrón oscuro se humedecieron en un instante.

—Finalmente... ¿Todo ha terminado?

Muchas emociones la inundaron, e Inés tiró de sus labios involuntariamente y preguntó.

Se sentía como si todas las cadenas que habían enredado su cuerpo se hubieran aflojado.

¿Había sido alguna vez tan libre?

Las lágrimas corrían por las mejillas de Inés.

—¿Ya no soy la condesa Brierton consorte, sino la condesa Brierton?

Enoch, que miraba así a Inés, extendió la mano y le secó las lágrimas.

Sonó una voz baja.

—Sí, condesa Brierton. Es su victoria.

Al escuchar esas palabras, Inés realmente se dio cuenta de que todo había terminado.

—Ahhhhhhh…

Su garganta se puso caliente. Inés comenzó a sollozar, sacudiendo los hombros.

Enoch no le dijo a Inés que dejara de llorar ni la consolara. Solo se quedó con Inés así durante mucho tiempo.

Después.

Enoch llevó personalmente a Inés a la mansión de los Brierton.

—¿Está realmente bien con estar solo así?

—Sí, también hay empleados en la casa.

En respuesta a la preocupante pregunta de Enoch, Inés asintió y sonrió. Las esquinas de sus ojos todavía estaban rojas después de llorar durante mucho tiempo, pero su sonrisa en sí misma era tan brillante como una lámpara.

—...Está bien, entonces descanse bien hoy.

Incluso mientras decía eso, Enoch no pudo ocultar sus ojos preocupados.

—¡Señora!

En ese momento, Mary, sobresaltada, salió corriendo al encuentro de Inés.

—¡Me dijeron que hoy tenía un juicio de divorcio...!

—Gané.

Inés respondió de inmediato.

Los ojos de Mary se agrandaron.

—¿Sí?

—Gané.

Inés repitió una vez más, y la alegría se extendió por el rostro de Mary.

—¡Ay dios mío!

—Entonces, de ahora en adelante, debes llamarme Señor. ¿Entiendes?

—¡Sí, entonces, mi señor!

Mary, que asintió con la cabeza ansiosamente, encontró a Enoch de pie junto a Inés.

—Oye, ¿esto es…?

—Ah, la presentación llega tarde.

Inés, con una expresión acalorada en su rostro, y sus ojos estaban curvados, habló.

—Este es el duque de Sussex.

—¿¡Qué!?

Inesperadamente, salió el nombre del gigante.

Como si estuviera a punto de desmayarse, Mary se apresuró a hacer una reverencia.

—¡Saludos al duque de Sussex!

—Actúa con comodidad. Parece que la condesa Brierton estaba un poco sobrecargada de trabajo hoy.

Enoch entregó a la tambaleante Inés a Mary e hizo una proclamación.

—Tiene fiebre, así que cuídala bien.

—¿Sí? fiebre... ¡oh, Dios mío!

Mary, que estaba apoyando a Inés sin pensar, se sorprendió por un momento.

—¡Señor, su cuerpo es una bola de fuego!

—Estoy bien. Solo estoy un poco mareada…

—¿Qué quiere decir con que su fiebre es tan alta?

A la aterrorizada Mary, Enoch añadió sus palabras una vez más.

—Llama al médico y asegúrate de asegurar los perímetros, en caso de que venga el joven maestro Gott.

—Sí, Su Excelencia. ¡Gracias!

Después de dejar su agradecimiento, Mary rápidamente ayudó a Inés a entrar a la casa. Los dos desaparecieron en la casa.

Enoch miró la casa con una mirada complicada.

De hecho, los Brierton eran una de las familias más prestigiosas del reino.

Por supuesto, Inés podría cuidar de sí misma y proteger su entorno también. Así que no tenía que preocuparse, y él mismo lo sabía.

Pero… ¿Por qué sus pasos no caían así? Así que Enoch se quedó frente a la mansión de los Brierton durante mucho tiempo.

Ese día, Inés tuvo un sueño profundo sin siquiera soñar.

Fue el sueño más dulce que había tenido desde que regresó al pasado.

Athena:Ah… qué contenta estoy. Y no se ha tardado mil años para divorciarse. Ahora veamos cómo se desarrolla su nueva vida ya como cabeza de familia, pero sospecho que el subnormal de Ryan volverá para molestar. Y Edward yo creo que en el fondo quiere verla ya como cuñada jajaja.

Capítulo 34

A la mañana siguiente.

Inés levantó sus párpados centelleantes.

Mary, que estaba sentada a su lado, miró a Inés con una sonrisa.

—Señor, ¿está despierta?

—Ay, Mary.

Inés, que había parpadeado en blanco, sonrió suavemente.

—¿No dormiste porque me estabas cuidando?

—¡Uf, por supuesto! ¿Sabe lo preocupada que estaba ayer? ¡Siguió colapsando todo el camino de regreso a la casa!

Se produjo un largo rugido.

Mary se levantó de su asiento, levantó la mano y la colocó en la frente de Inés.

Luego exhaló un suspiro de alivio.

—Pero parece que la fiebre ha bajado ahora. Aún así, es mejor recuperarse por un día más o menos…

—No.

Inés negó con la cabeza y se levantó lentamente.

Todo su cuerpo era tan ligero como una pluma.

—Tengo que salir hoy. Tengo trabajo que hacer.

—¿Qué? ¿Qué va a hacer?

—Ayer, ¿no me llevó a casa el duque de Sussex? —preguntó Inés con una cara un poco avergonzada.

«Yo era estaba fea.»

Estaba llorando profusamente y no podía controlar su cuerpo adecuadamente. Mientras recordaba haber regresado con el apoyo de Enoch, su rostro se calentó por sí solo.

«¡De verdad, no importa cuán mala sea mi condición física!»

Excitada por el calor, parecía haber hecho el ridículo.

Inés prometió enviar una carta de disculpa a Enoch de inmediato.

—Cierto.

Mientras tanto, los ojos de Mary se abrieron como si acabara de recordar algo.

—El duque de Sussex le ha enviado algo.

—¿El duque?

Mary caminó hacia la mesa y luego regresó con algo grande en sus brazos. Luego sonrió brillantemente mientras lo sostenía frente a Inés.

—¡Mire esto, el duque le ha enviado una canasta de frutas para que se mejore!

Por un momento, Inés sintió ganas de llorar.

Una lujosa canasta llena de varias frutas preciosas.

Efectivamente, esa canasta tenía un significado especial para Inés.

«Es el mismo tipo de cesta de frutas que dibujé en la sala del tribunal.»

Una naturaleza muerta que la ayudó a resolver su relación con Ryan al ganar el caso. El bodegón fue pintado con esa canasta de frutas como tema.

—¡Oh, hay una tarjeta!

En ese momento, la voz animada de Mary resonó.

Inés, que de repente recobró el sentido, se acercó a María.

—¿Sí? Dámela.

Una oración corta estaba escrita en la tarjeta rígida con una letra elegante característica.

—Es una letra perfecta.

Inés soltó una risa corta sin darse cuenta. No sabía que el duque de Sussex fuera tan aristocrático incluso en su letra.

Mientras tanto…

—¿Eh?

Inés estaba un poco sorprendida.

Pensó que solo terminaría con un deseo, pero inesperadamente, el memorándum aún no había terminado.

¿Elton?

Inés rápidamente se volvió hacia Mary.

—Mary, ¿qué pasa con el periódico de la mañana de hoy?

—Aquí está.

Mary entregó la revista Elton emitida esta mañana.

Inés, que hojeaba rápidamente el periódico, se echó a reír como un suspiro.

—Ay, dios mío.

Enoch cumplió su promesa con Inés hasta el final. Además de la noticia del divorcio de la condesa de Brierton ayer, la noticia de la aventura de Charlotte y Ryan se presentó de manera llamativa.

Inés, que había estado mirando el artículo durante mucho tiempo, saltó.

—¿Lord? Por qué de la nada…

—Te lo dije antes, tengo trabajo que hacer.

Entonces May regañó.

—¡No, creo que la persona enferma necesita descansar!

—Mary, ahora soy la condesa Brierton. Entonces…

Inés sonrió confiada.

—Ahora tengo que ir a ver a Ryan para recuperar el patrimonio del conde.

Era hora de recuperar todo lo que le había entregado a Ryan.

Una habitación oscura con gruesas cortinas opacas.

Ceniceros llenos de cenizas de cigarrillos, botellas de vino vacías y ropa tirada en el suelo desordenadamente como piel de serpiente.

Y en la cama en la esquina de la habitación.

Un hombre y una mujer desnudos estaban enredados como serpientes y dormían.

Solo se oía el sonido de la respiración, y la habitación estaba tan silenciosa como una tumba.

Pero entonces.

Alguien llamó con fuerza a la puerta.

Los golpes estaban en el vestíbulo de entrada del estudio, pero se sentía como si todo el edificio estuviera temblando.

—Ugh…

El hombre, Ryan, hizo un sonido enfermizo.

Era porque le dolía la cabeza por el alcohol que bebió ayer.

—Oh, maldita sea…

Ryan murmuró una palabrota y se acurrucó.

Charlotte, que estaba a su lado, se clavó en los brazos de Ryan.

Murmuró con voz molesta.

—Ryan, levántate…

—Ruidosa, Charlotte, ¿no puedes irte...?

Los dos gimieron como perros, pero no pudieron abrir los ojos. Fue por la fuerte resaca.

Después del juicio de ayer. Charlotte y Ryan se sentaron juntos en el estudio y bebieron hasta el amanecer.

—¡Cómo pudo Inés hacerme esto!

Ryan vomitó su dolor.

—Es porque ella no ha llegado a sus sentidos todavía. Conoceré a Inés y trataré de convencerla, así que cálmate. ¿Eh?

Mientras Charlotte consolaba a Ryan con sus dulces palabras, sintió una sutil sensación de crisis. El otro día pidió ir en el mismo carruaje al baile de Año Nuevo, pero Inés se negó rotundamente.

—No creo que sea la Inés del pasado.

Pero Ryan frente a ella estaba tan desesperado que no tenía lugar para la duda.

Compartir uno o dos tragos de esa manera llevó a beber en exceso.

En ese momento, la atmósfera se volvió tan tranquila cuando cesaron los golpes. Charlotte dejó ir su mente y trató de cerrar los ojos de nuevo.

Hasta que de repente escuchó un ruido extraño.

Hubo un sonido agudo de roce de metal.

—¡¿Que que?!

Sorprendida, Charlotte levantó los párpados.

Ryan, que se levantó al mismo tiempo, miró a su alrededor con su cara de estúpido.

—¿Quién, quién está rompiendo la puerta...?

Una voz ronca salió.

Como para burlarse de esos dos, el fuerte ruido continuó.

Se sentía como si el pomo de la puerta hubiera sido quitado a la fuerza.

El sonido del pomo de la puerta y la puerta al separarse retumbó con fuerza.

Finalmente, la puerta se desprendió por completo.

En ese momento, el sueño de Ryan y Charlotte se esfumó.

—¿Qué, qué? ¿Es un ladrón?

—¡Algún bastardo loco arrancó el pomo de la puerta...!

Los dos se levantaron a toda prisa.

Fuera de la puerta cerrada, el sonido de los tacones golpeando el suelo resonó claramente.

Entonces, la puerta de la habitación se abrió.

La brillante luz del sol del mediodía se derramaba como agua en la habitación oscura.

Una mujer estaba de pie de espaldas a la luz. Ryan la llamó con una cara desconcertada.

—¿Eh, Inés?

Era Inés.

Inés frunció el ceño y se tapó la nariz con el pañuelo.

—Ay, el olor. ¿Cuánto bebiste? Además, fumar cigarrillos en el estudio.

El fuerte olor a alcohol y el olor a cigarrillos mezclados permanecieron en la habitación.

El olor era tan fuerte que Inés sintió que iba a vomitar. Inés, que había mirado a su alrededor, luego estrechó la frente y miró hacia el suelo.

—Además, Charlotte, ¿no dijiste que no fumabas?

Los ojos verde oscuro miraron el cenicero y las marcas de lápiz labial rojo estaban impresas vívidamente en las colillas.

—Pensé que es tu sueño conocer a un buen hombre y cambiar tu vida.

—¿Eso, qué? Inés, ¿qué...?

Charlotte miró a Inés con ojos avergonzados.

Frente a esa cara de estúpida, Inés sonrió hermosamente con los ojos entrecerrados.

—Entonces, ¿no dijiste que odias a los caballeros que fuman?

—¡Oh, no, eso es...!

—Pero Charlotte. —Interrumpiendo las palabras de Charlotte, Inés inclinó la cabeza—. Desde el momento en que pasas una noche tan calurosa con el esposo de tu amiga, tu sueño de formar una familia con un buen hombre ya se esfumó. —Luego agregó—. Ah, por supuesto que ahora es un "ex esposo", pero eso es todo.

—¡Oh, eso es un malentendido!

—¿Malentendido?

En un instante, el rostro de Inés se hundió tan frío como una hoja afilada.

Charlotte abrió mucho los ojos.

Era la primera vez que veía a Inés, que siempre era tan amable, con esa expresión. Al mismo tiempo, Inés torció los labios.

Fue una mueca aguda.

—Estás acostada desnuda en la cama con mi ex esposo, ¿es un malentendido?

—¡¿Que que?!

Ante el comentario contundente, Charlotte sintió que su rostro se calentaba.

Charlotte, por reflejo, tiró de la manta para cubrir su cuerpo desnudo. Inés miró a Charlotte como si fuera interesante.

Athena: Muajajajajajaj.

Capítulo 35

—Bueno, veo que tú también sientes vergüenza.

—¡Inés, tú!

—Pero, ¿cómo es que no se ha mostrado esa vergüenza cuando te has estado acostando con mi ex durante años?

De los labios de Inés, que solía ser tonta y amable, brotaron palabras inesperadas.

La sangre se drenó de la cara de Ryan.

«Maldita sea, ¡no esperaba que Inés me atrapara!»

La situación en sí era un caso atípico.

Ryan trató apresuradamente de persuadir a Inés.

—Yo, Inés. ¡Solo cálmate y escucha, nosotros…!

Inés miró a Ryan, que estaba poniendo excusas con sus ojos fríos.

«¿Cómo podría amar a un hombre así?»

Era simplemente patético. Era un desperdicio tener que aferrarse a un hombre así, dedicarle su vida y agotar sus emociones.

Inés torció los labios.

«Bueno, afortunadamente.»

Volvió el pasado, la época en que Inés todavía quería mucho a Ryan.

En ese momento, Ryan no tuvo vergüenza cuando descubrió que tenía una aventura con Charlotte. Pero ahora, estaba ocupado tratando de salvar las apariencias y consciente de los ojos de Inés.

—¡Charlotte y yo, no, la joven Jason...!

Inés, que escuchaba por un oído, dejaba salir las palabras por el otro, sacó un grueso montón de periódicos de su bolso

Luego arrojó el paquete de periódicos frente a los dos. Fue un movimiento muy poco sincero, como patear una piedra atrapada en la punta de un pie.

Ryan frunció el ceño.

—Periódico... ¿Por qué?

—Echa un vistazo.

Inés señaló la pila de periódicos con un gesto del mentón.

—¿Eres feliz, Ryan? Siempre has soñado con ser famoso.

Ryan miró a Inés con ojos alerta.

—¿Qué quieres decir?

—Felicidades por llegar a la portada de Elton, el mejor diario del reino.

Inés le dio una emotiva felicitación.

—Al menos hoy, todos en Lancaster hablarán de ti más que nadie.

—¡No!

Sorprendido como si fuera a desmayarse, Ryan tomó rápidamente el periódico.

Cuando abrió el periódico, había un artículo del tamaño de una puerta.

¡La historia detrás del caso de divorcio del Conde de Brierton! De hecho, ¡¿la relación entre la pareja se ha roto desde hace mucho tiempo?!

El título era un titular que estimulaba la curiosidad de la gente.

Los ojos de Ryan temblaron como si hubiera ocurrido un terremoto.

Charlotte, que estaba leyendo el periódico con Ryan por encima del hombro, estaba asombrada.

—¡Espera un minuto, si es la hija del barón Jason...!

Charlotte arrebató el periódico de la mano de Ryan.

Sonó una voz chillona.

—Uh, ¿por qué estoy en este artículo?

Charlotte leyó el periódico con la cara azul. Elton dedicó toda la portada a la historia de amor de Ryan en detalle.

De las muchas mujeres de Ryan, Charlotte era la más destacada.

Era una mujer hermosa con un cabello rojo exuberante. Además de Ryan, interactuaba con muchos hombres.

Y la razón por la que Charlotte pudo hacer su debut social fue porque era amiga de la ex condesa Brierton.

Para resumir toda la situación, era la siguiente.

"La mujer que robó el hombre de su mejor amiga."

Y el resumen en sí había encendido la curiosidad de la gente.

En circunstancias normales, habría sido arrogante y habría dicho: "La mujer se atrevió a reclamar su divorcio y prevaleció". Tales quejas misceláneas serían incluidas.

—Uh, ¿cómo podría ser esto…?

El dorso de las manos de Charlotte que agarraba el periódico temblaba de ira y vergüenza.

Charlotte, que levantó la cabeza, miró a Inés con una mueca.

—¡Inés, cómo pudiste hacerme esto!

—¿Cómo pude hacerte esto? —Sin embargo, Inés respondió con calma—. Una mujer que puede besar casualmente y mezclar su cuerpo con el ex de su amiga.

—¡Tú…!

—¿Por qué no puedo hacer esto? —Inés se encogió de hombros.

En el momento en que lo vio, Charlotte sintió como si le hubieran cortado algo en la cabeza.

—¡Esta loca…!

Charlotte saltó de su asiento y abofeteó a Inés en la mejilla. Ante la mano feroz, la mejilla de Inés se puso roja e hinchada en un instante. Aun así, Charlotte no pudo superar su ira y respiró con dificultad.

—¡Esto, vicioso, terrible! ¡Realmente tienes la intención de bloquear mi camino…!

Charlotte gritó mal por un rato. Entonces su voz fue cortada.

Porque Inés levantó la mano y abofeteó a Charlotte en la mejilla. Charlotte agarró su mejilla y miró a Inés con desconcierto.

—¡Tú, tú! ¿¡Me pegaste!?

Ya sea que Charlotte saltó o no, Inés apretó su mano temblorosa. La abofeteó tan fuerte que le hormigueó la palma de la mano.

Satisfecha con la sensación de su entumecimiento, Inés le preguntó a Charlotte.

—No pensaste que estaría bien ser golpeada por ti, ¿verdad?

—¡Inés!

—La aventura que tuviste con el hombre que una vez fue mi esposo, y todas las heridas que me infligiste. —Inés miró a Charlotte con una mirada severa—. Voy a pedirle una compensación al barón Jason.

—¡Bueno, no sirve de nada salir así! ¿Crees que mi familia se detendrá?

Charlotte estaba furiosa y levantó la voz.

—¡Tú también me golpeaste! ¡También me lesioné físicamente!

—Ajá, ¿en serio?

Entonces Inés se echó a reír como si hubiera escuchado algo muy divertido.

El rostro de Charlotte estaba tan rojo como un tomate maduro.

—Esto, ¿te estás riendo ahora?

Después de reírse un rato, Inés asintió con la cabeza.

—Sí, intentémoslo una vez.

Ella se rio tanto que las lágrimas brotaron de sus ojos. Limpiándose las lágrimas con los dedos, Inés añadió suavemente.

—Solo cuando las dos familias de Brierton y Jason se conocieron en la corte.

Charlotte tensó los hombros mientras se estremecía.

La sonrisa de Inés se oscureció un poco.

Era una clara burla.

—Veamos quién puede ganar.

—¡¿Tú, me estás amenazando ahora?!

—¿Escuchar esto como una amenaza porque sabes que la situación actual es muy desventajosa para ti?

Charlotte se quedó sin palabras.

—Bueno, eso es bajo la premisa de que Jason me demandará.

Inés miró a Charlotte, que sacudía los hombros de arriba abajo con una mirada de muerte en los ojos.

—Esta es mi opinión, pero si Jason es una familia de sentido común. —Luego añadió tranquilamente sus palabras—. No creo que tu familia se atreva a enfrentarse a la condesa de Brierton frente a una derrota obvia, ¿verdad?

—¡Tú, tú…!

Charlotte apretó los dientes y levantó la mano una vez más.

Trató de abofetear a Inés, incapaz de vencer su furia.

Pero Charlotte no podía hacer lo que quería.

—¡Char, Charlotte!

Sobresaltado, Ryan extendió la mano y agarró la muñeca de Charlotte.

Era tan urgente que había olvidado por completo el título de "Lady Jason", que normalmente llamaba para engañar a Inés.

—Pero antes de que seas más grosera conmigo, o me abofetees. —Inés, que los miraba a los dos, añadió lentamente sus palabras—. Será mejor que lo pienses antes de actuar.

—¿Qué?

—¿Crees que habría llegado tan lejos sola?

Charlotte hizo una pausa por un momento.

Inés continuó hablando con calma.

—¿Había un poco de ruido antes? Es porque rompí la puerta por completo cuando entré al estudio.

—¡Tú, tú, eso…!

—¿Podría romperlo yo misma?

Ante esa pregunta, el rostro de Charlotte se puso blanco como una hoja en blanco.

Charlotte, que solo se lamió los labios, finalmente se mordió las muelas.

Luego se volvió hacia Ryan mientras lloraba.

—¡Ryan, haz algo con Inés!

Pero Ryan no podía moverse como un ratón frente a una bestia. Inés solo miró a Ryan como si fuera patético.

Debía ser así.

Como debía ser, Ryan, que ya no era el conde de Brierton, no era nada.

En el mejor de los casos, era solo el segundo hijo de un vizconde, que ni siquiera podía heredar el título.

Por naturaleza, era débil con los fuertes y fuerte con los débiles. Ryan era débil.

Además, había fuertes guardias esperando afuera. En esta situación, no se atrevería a dar el paso a la condesa de Brierton.

Como prueba de eso.

—…Vamos.

—¡Eh, Ryan!

—¡Oh vamos!

Ryan se sonrojó y agarró la muñeca de Charlotte con fuerza.

Eventualmente, los dos se vistieron y se escaparon del estudio. Incluso a medida que aumentaba la distancia, se podía escuchar el sonido de ellos peleando.

Athena:Ah, adoro los finales felices, muajajajaa

Capítulo 36

—¿Cómo podría ser esto? ¡Esa perra es tan grosera conmigo...!

—¡Cállate, Charlotte!

Charlotte protestó como si fuera injusto y Ryan la regañó ferozmente.

Mientras tanto, al ver cortada la conversación, tal vez se toparon con los acompañantes que Inés traía consigo.

Inés, que estaba escuchando el sonido de la lucha, chasqueó la lengua brevemente.

«Necesitan ventilar primero.»

El olor a alcohol y cigarrillos en la habitación le producía dolor de cabeza. Inés caminó hacia la ventana y abrió las cortinas.

La brillante luz del sol se derramaba en la habitación como una cascada.

Las huellas de la noche anterior se revelaron por completo.

Botellas y vasos tirados, marcas de alcohol en la alfombra, platos de comida empujados a un rincón sin comer.

Colillas de cigarrillos apiladas en ceniceros.

Inés arrugó la frente.

—Incluso si es un salón, ¿cómo podrían beber y fumar en el estudio de arte...?

Era algo que nunca podría haber imaginado.

Pero entonces.

—Condesa de Brierton.

Al escuchar la voz que la llamaba, Inés rápidamente se dio la vuelta.

Inesperadamente, Enoch estaba de pie allí.

—¿Señor, duque de Sussex?

Inés abrió mucho los ojos.

—¿Que está pasando aquí…?

—¿Se siente mejor? —Enoch caminó hacia Inés—. Tuvo fiebre ayer. Llamé a la casa y me dijeron que vino aquí…

Las palabras de Enoch rara vez eran largas.

Como si estuviera tratando de explicar por qué vino a ver a Inés en persona.

De hecho, fue al revés.

Sería suficiente enviar a alguien para verificar su estado, pero ¿por qué se molestó en venir al estudio?

Pero Inés no podía preguntar qué se estaba preguntando.

Fue porque Enoch estrechó la frente.

—¿Qué le pasa a su mejilla?

Enoch descubrió que una de las mejillas de Inés estaba hinchada y roja.

—Oh.

Inés inconscientemente levantó la mano y se acarició la mejilla.

Sintió un dolor agudo y frunció el ceño.

—Ugh.

Enoch redujo la distancia y reflexivamente le cubrió la mejilla con la mano.

—Si lo toca así, el dolor empeorará.

Por un momento, Inés contuvo la respiración.

Una sombra proyectada suavemente bajo la sombra de unas pestañas doradas.

Ojos azules medio enterrados debajo de ellos.

Esa mirada de preocupación y foco únicamente en Inés.

Incluso el toque de sus largos dedos acariciando suavemente su mejilla.

«Extraño.»

Cada vez que Enoch estaba frente a ella, su corazón seguía latiendo salvajemente.

¿Este corazón acelerado latía por el deseo de mostrar los verdaderos sentimientos por su patrón?

Sintiendo su boca seca, Inés dio un paso atrás, mordiéndose los labios.

—Gracias. Pero está bien.

Reflexivamente hablando, Inés cerró los ojos con fuerza y los abrió. ¿No le temblaba mucho la voz por decir que estaba bien?

Enoch la miró sin comprender y luego miró su mano vacía.

Al poco tiempo.

Una voz como un suspiro salió.

—Siento haber tocado su mejilla. Si se sorprende, le pido disculpas.

—Eso no. No me refiero a eso…

—Pero incluso si dice que está bien con su cara hinchada así. —Entonces Enoch continuó con una cara extrañamente enojada—. No se ve bien en absoluto.

Al final de esas palabras, Enoch se dio la vuelta.

Miró a su alrededor y encontró una jarra de agua tirada cerca.

Enoch sacó un pañuelo, lo mojó con agua y se lo entregó a Inés.

—Manténgalo en la mejilla. Es una medida temporal, pero es mejor que nada.

—…gracias.

Inés tomó mansamente el pañuelo y se refrescó la mejilla.

«Es genial.»

Cuando el agua fría tocó su mejilla, el dolor ardiente disminuyó un poco.

Al mismo tiempo, Enoch de repente hizo una pregunta.

—Entonces, ¿qué le pasó en la mejilla?

—Ah… ¿mi mejilla?

Por un momento, se quedó sin habla, e Inés solo puso los ojos en blanco.

Decir que Charlotte la abofeteó y ella le devolvió la bofetada...

«¡No eres una niña, pero eres demasiado infantil!»

Su rostro ardía e Inés quería esconderse en una ratonera. Pero si Enoch no escuchaba una explicación adecuada, nunca retrocedería.

«No, ¿por qué está de tan mal humor?»

Inés murmuró para sí misma, pero al final, fue derrotada por los ojos ensangrentados de Enoch.

Luchó por abrir la boca.

—…De hecho.

Inés contó la infantil historia de que ella y Charlotte se abofeteaban y ella oprimía a Charlotte usando el estatus de Condesa de Brierton.

—Debe pensar que es infantil, ¿verdad?

Inés miró de soslayo a Enoch.

Sin embargo, inesperadamente, Enoch no mostró ningún signo de reprender a Inés.

Bastante.

—Bien hecho.

—¿Qué?

Ante ese cumplido contundente, Inés dudó de sus oídos.

«De alguna manera, la cara del duque se ve aliviada, ¿me equivoco?»

Al mismo tiempo, Enoch volvió a elogiar resueltamente a Inés.

—Dije que lo hizo bien.

—Eh… ¿es así?

—Sí.

«Si lo dijo así, ¿supongo que no me equivoco?»

Inés parpadeó con los ojos en blanco.

—Buen trabajo. Si algo así sucede en el futuro, devuélvalo de la misma manera.

—¿Habla en serio?

—Lo digo en serio.

—Ah, claro…

Mirando el rostro tranquilo de Enoch, Inés se quedó sin palabras.

«Soy tan torpe, ¿no se siente incómodo el duque?»

Al final, el que se arrepiente, pierde.

Inés intentó cambiar de tema.

—No sabía que el duque vendría al estudio.

—Sí, porque la condesa parecía muy enferma ayer.

Enoch se encogió de hombros y sonrió.

Ante esa brillante sonrisa, Inés se estremeció y endureció los hombros sin darse cuenta.

«De verdad, esa sonrisa es tan mala para mi corazón.»

No importa cuánto pensara en Enoch como un "partidario respetable", se dio cuenta de que él era del sexo opuesto.

Al igual que ver cosas hermosas reflexivamente te hacían sentir bien, también lo hizo Inés.

Cada vez que Enoch sonreía así, su corazón continuaba ablandándose. Al mismo tiempo, Enoch continuó hablando mientras examinaba la tez de Inés.

—Pero me alegro de que parezca haberse recuperado un poco ahora.

Porque la voz que le pedía saludos era muy amable.

Inés de alguna manera se sintió emocional.

—¿Lo… molesté demasiado ayer?

No solo era indignante aferrarse a Enoch durante mucho tiempo y llorar, sino que también casi tuvo que llevarla al carruaje...

Al recordar lo que pasó ayer, Inés sintió que quería huir de este lugar una vez más.

—Oh, no se preocupe por eso.

Lo único bueno era que a Enoch no parecía importarle.

—No se puede evitar si una persona está enferma.

—¿Cree eso…?

—Por supuesto, me sorprendió un poco cuando la condesa se echó a llorar...

«…Lo que acaba de decir, olvídalo.»

Inés cerró la boca y bajó la mirada.

Enoch miró a Inés, conteniendo la risa que estaba a punto de estallar. De repente, la parte posterior de sus orejas se puso de color rojo brillante.

Enoch la llamó en broma.

—Condesa Brierton.

—Sí…

Inés respondió con voz ronca. Enoch pensó que era lindo y quería molestar a Inés un poco más.

«La razón por la que mi hermano siempre trata de burlarse de mí... ¿Quizás es porque siente algo así?»

Enoch entendió sin querer los sentimientos de Edward.

«Realmente lo odio.»

Gimió para sus adentros y volvió a hablarle a Inés.

—Condesa, su cara está roja. ¿Es posible que la fiebre haya vuelto a subir? Creo que deberíamos ver a un médico lo antes posible.

Ante esa voz traviesa, Inés miró a Enoch con una mirada resentida.

—¿Se está burlando de mí a propósito?

—Tiene razón. Sin embargo, se da cuenta rápidamente.

Enoch respondió astutamente.

Inés sintió que le hervía el estómago.

«Espera, tengo que ser paciente. Porque esta vez estaba muy endeudada…»

Así que Inés respiró hondo y controló su corazón.

Enoch, que había estado mirando a su alrededor, de repente hizo una pregunta.

—Por cierto, ¿qué pasa con este estudio ahora?

En un instante, Inés se puso rígida.

—Este estudio parece haber sido utilizado por el joven maestro Gott hasta ahora.

—…Si, eso es correcto.

Inés quiso responder con la mayor calma posible, pero no pudo evitar que su voz temblara.

Enoch pareció darse cuenta, pero no dijo nada.

En cambio, le recordó con calma a Inés lo que había logrado.

—Ahora que el divorcio ha terminado, ¿no volverá este estudio a la propiedad de la condesa?

Fue entonces cuando Inés sintió que su corazón se calmaba un poco.

«Sí, ahora estoy divorciada.»

El conde Brierton era Inés, no Ryan. Al reconocer ese hecho, su cabeza se enfrió un poco.

Capítulo 37

Inés respiró profundamente.

«Este estudio... Este es un lugar que diseñé personalmente con Ryan en mente.»

Pequeños muebles, papel tapiz y otras cosas.

No había lugar que Inés no hubiera tocado.

«Y... Los toques de Charlotte también deben estar en todas partes.»

En este lugar, Charlotte y Ryan se besaron dulcemente, se sonrieron y tuvieron sexo.

Mientras se burlaba de Inés, quien confiaba y amaba a su esposo y a su mejor amiga.

Inés apretó los dientes.

Este estudio era el epítome de su amor por Ryan.

—Quiero deshacerme de él.

Después de estar en silencio durante mucho tiempo, Inés luchó por abrir la boca.

Sin embargo, la voz ya no tembló.

Enoch, que miraba a Inés, asintió con la cabeza.

—Bien.

Enoch no añadió más palabras.

Con su actitud pasajera, Inés se sintió un poco más tranquila.

Inés pudo sonreír un poco entonces.

—De todos modos, el duque fue de gran ayuda. ¿Cómo debo devolver este favor...?

—No, fue un trato entre nosotros.

Enoch negó con la cabeza de inmediato.

—No sé cuántas veces he dicho que me han pagado lo mismo por ayudar a la condesa. ¿Tengo que decírselo de nuevo?

—No.

Inés soltó una breve carcajada y sacudió la cabeza.

Luego continuó hablando con voz sincera.

—Aún así, gracias. Si el duque no me hubiera ayudado, todavía sería la esposa de Ryan.

Por un momento, Enoch se mordió los labios con firmeza.

«Si el divorcio hubiera fracasado, Ryan y la condesa todavía estarían casados...»

Cuando imaginó a Inés siendo llamada "Condesa Brierton consorte", su mente se sintió retorcida.

—Está bien. —Quizás por eso Enoch abrió la boca impulsivamente—. Si realmente me aprecia, hay una cosa que desearía que la condesa hiciera por mí.

—¿Qué desea? ¡Está bien, diga cualquier cosa! —Inés apretó los puños con fuerza—. ¡Haré todo lo que pueda!

—Entonces me gustaría recibir un retrato pintado por la misma condesa.

Inés ladeó la cabeza.

—¿Qué? ¿El retrato de quién...?

—Por supuesto que soy yo.

Ante esa respuesta casual, los ojos verde oscuro de Inés revolotearon brevemente.

«¿Está diciendo que voy a pintar al duque?»

Mientras tanto, Enoch continuó hablando con calma.

—Me lo dijo antes. —La voz sonaba un poco emocionada—. ¿Por qué el joven maestro Gott no pintó retratos?

Ah.

Inés parpadeó. La noche del baile de Año Nuevo, el día en que Inés conoció y convenció a Enoch.

Inés le entregó un borrador a lápiz y se aferraba desesperadamente a Enoch.

¿Sabes por qué mi esposo no pinta retratos de otras personas?

La nieve se amontonaba blanca y congelada, y los ojos azules de Enoch eran más fríos que la nieve. Y ella misma, incapaz de superar su tensión, juntó sus manos con fuerza.

Eso es porque no puede dibujar.

Pensándolo ahora, estaba cerca de una declaración absurda.

Pero Enoch escuchó a Inés y le dio la oportunidad de demostrar que las pinturas eran suyas. ¿No acababa de ayudar a Inés a obtener un divorcio exitoso?

Enoch inclinó suavemente los ojos.

—Todavía conservo el retrato a lápiz que dibujó la condesa cuando me convenció.

Inés estaba aterrorizada.

—Uf, ¿todavía tiene ese dibujo?

—Sí.

—No, ¿cómo puede llamar a ese graffiti un retrato? ¡Tírelo a la basura!

—¿A qué se refiere con tirarlo y grafiti? —preguntó Enoch, perplejo—. Cómo puede decir eso al primer cuadro que me regaló la condesa… Estoy triste.

Inés entrecerró los ojos y miró a Enoch.

—En ese momento, en la casa del duque, dibujé un bodegón cuando revisó el estilo de mi pintura. ¿Dónde puso eso?

Inés lanzó un contraataque de conversión, pero Enoch no parpadeó.

—Eso es eso y esto es esto.

—De verdad... ¿Realmente necesita mantener el dibujo de desecho?

—La chatarra de un maestro es el valor en sí mismo. Como coleccionista, me lo merezco.

Ante esa respuesta descarada, Inés se quedó sin palabras.

Poco después, Enoch se encogió de hombros y continuó.

—No es solo que la condesa sea un genio que guardo ese dibujo.

—¿Entonces por qué?

Con esa pregunta, Inés miró a Enoch.

—Bueno, ¿qué debería decir sobre esto? Solo… —Enoch continuó con una cara amable—. Quería todo lo que la condesa había tocado.

Golpear.

Definitivamente era su corazón, sus sentimientos.

Se movió por su cuenta.

Seguía siendo consciente de ese hombre.

«Duque... ¿Sabe cómo suenan sus palabras para mí?»Se preguntó Inés, tirando de la tierna carne en su boca.

Mientras su corazón se aceleraba como loco, Inés, sin saberlo, levantó la mano y la presionó contra su pecho.

Porque temía que, si no lo hacía, Enoch escucharía los latidos de su corazón.

«Como eso.»

El hombre, hermoso como una estatua creada por Dios, miró a Inés con una sonrisa desconocida.

E Inés, como poseída por el hombre que tenía delante, no podía apartar los ojos de él.

«Su Excelencia, yo…»

Su boca se sentía seca.

Inés retrocedió.

«Parece que está pensando en algo especial.»

Ese pensamiento cruzó su mente.

Inés soltó una carcajada sin darse cuenta.

Fue un pensamiento estúpido.

Ante el reino conservador de Lancaster se veía divorciada con ojos blancos.

Y ella era una mujer divorciada que eligió "divorciarse".

Aunque la culpa de Ryan era muy razonable ahora, y también estaba el nombre del prestigioso Brierton, por lo que nadie señaló con el dedo a Inés abiertamente.

Inés estaba confiada.

En los clubes donde Ryan solía ir y venir, estarían hablando de Inés sin parar.

En contraste, Enoch era el único hermano menor del rey, heredero al trono y el único duque. Sentido común, ese hombre perfecto no tenía por qué elegirla.

«Así que no te equivoques, Inés.»

La expresión de Inés se suavizó gradualmente.

—Bien.

Inés, quien asintió con la cabeza, se tocó el cabello.

Luego sonrió ampliamente a Enoch.

—De todos modos, yo era la que quería decir gracias.

—¿Condesa Brierton?

Parecía que la atmósfera de Inés había cambiado de alguna manera.

A Enoch, que la miraba con ojos extraños, Inés le habló con calma.

—Dibujaré su retrato.

Inés llevó a Enoch a otra habitación.

Tal vez era un lugar donde Inés trabajaba en sus propias pinturas, era diferente a la otra habitación y varias herramientas de pintura estaban ordenadas.

—Ah…

Inés miró alrededor de la habitación y se rio como un suspiro.

—Está tan limpio como antes.

Inés se acercó al caballete y levantó su dedo índice para barrer su superficie.

Una fina capa de polvo se desmoronó de la punta de su dedo. Una habitación sin sentido de habitabilidad.

Esta habitación en sí misma era una prueba de que Ryan nunca había usado pintar antes.

Inés miró a Enoch.

—¿Le importaría esperar un momento? Tengo que arreglar un lugar para el fondo del retrato.

—Haga lo que le haga sentir cómoda.

Enoch asintió con la cabeza.

Inés se perdió en sus pensamientos por un momento, y luego se puso a trabajar y comenzó a arreglar sus cosas.

Enoch observó a Inés en silencio.

El lugar donde los profundos ojos azules se quedaron por un tiempo inusualmente largo fue en la nuca de Inés.

Era la costumbre habitual de Inés.

Para mantener su cabello alto para que no estorbara cuando pintara.

Debajo de su exuberante cabello castaño, toscamente rizado, su delgado escote se reveló tan elegante como un ciervo.

«¿Por qué?»

En un instante, el cuello de Enoch se movió mucho.

Cada vez que Inés hacía esa mirada de "pintora", sus labios se sentían extrañamente secos. Quería que los ojos verde oscuro que se asemejaban a un bosque verde se miraran solo a sí mismo y se enfocaran completamente en él.

Un sentimiento tan irracional...

«Maldita sea.»

Al mismo tiempo, Enoch masticó y tragó una palabrota vulgar que no era propia de él.

Las palabras de Edward de repente vinieron a su mente.

Estás ayudando a la condesa al aprovechar activamente tu estado y posición.

Esas palabras que perforaron sus pulmones.

Ahora, ¿no estás tratando de ignorar ese hecho?

La voz juguetona de Edward parecía ver a través de los pensamientos más profundos de Enoch.

Realmente es la primera vez que te veo apoyar y cuidar a alguien así.

Enoch apretó los dientes.

La razón por la que recordó esas palabras que normalmente dejaría salir de sus oídos de inmediato... tal vez porque era verdad.

Enoch luchó por admitirlo.

Ahora le estaba dando un trato especial a la condesa Brierton.

Athena: Se viene la escena que representa la portada de la historia. ¡Aaaaaaaaagh! Noooo, ahora Inés se va a poner muchas trabas mentales para no hacer nada con Enoch mientras que el otro se va dando cuenta de sus propios sentimientos.

Capítulo 38

Aunque no quiso negar que lo primero que fascinó a Enoch fue la brillante genialidad de Inés. Pero ahora era diferente.

«Yo…»

Como si todo el lago se sacudiera violentamente con una sola piedra lanzada involuntariamente. Su mente divagaba salvajemente.

Enoch ahora estaba interesado en una mujer llamada Inés. Incluso si el interés fuera solo una simple curiosidad sobre un tipo de persona completamente diferente.

...O si tenía un significado diferente. Todavía era difícil resolverlo por su cuenta.

En ese momento, se escuchó el sonido de algo pesado arañando el suelo.

Enoch recuperó repentinamente la conciencia y levantó la cabeza. Inés, que había arreglado toscamente los accesorios de fondo de su retrato, sacó un sillón que estaba en un rincón.

Quizás el peso del sillón era considerable y parecía que ella estaba luchando.

—Condesa Brierton. —Enoch reflexivamente caminó hacia Inés—. Déjelo, lo moveré.

Enoch extendió las manos.

En ese momento, los dedos de Enoch recorrieron el dorso de la mano de Inés. Por un momento, la respiración de Inés se vio perturbada.

Antes.

Inés, quien arregló todos los accesorios para el retrato, tenía una expresión satisfecha.

—Está bien, es suficiente, lo último que necesito es una silla para que se siente…

Inés miró a su alrededor.

Había un gran sillón en la esquina.

Era un sillón que había puesto allí para Ryan, temiendo que se cansara mientras trabajaba.

Tenía un cojín y era cómodo.

Todos los artículos fueron cuidadosamente seleccionados por Inés, pero…

«Bueno, parece que Ryan apenas se ha sentado en este sillón, ¿verdad?»

Inés se acercó sarcásticamente al sillón.

Extendió la mano y trató de tirar de la silla.

—Ugh…

La silla era más pesada de lo que pensaba.

Inés frunció el ceño y fortaleció los brazos.

Entonces.

—Condesa Brierton. —Enoch se acercaba por aquí—. Déjelo, lo moveré.

Dedos largos y gráciles rozaron el dorso de su mano mientras él se movía.

Inés suspiró involuntariamente.

Era solo su mano frotándose contra la de ella, así que ¿por qué se estaba poniendo tan nerviosa?

Quería fingir estar tranquila de alguna manera, pero todo su cuerpo se puso rígido.

Al mismo tiempo, Enoch apartó la mano con bastante rapidez.

—Oh, lo siento.

Inés miró de soslayo a Enoch.

Por alguna razón, parecía que Enoch también estaba un poco perplejo.

«¿Soy demasiado tímida?»

Inés reflexionó por un momento, luego frunció el ceño.

«Más que eso, mi corazón es algo extraño...»

Fue solo un ligero toque, ¿por qué se sentía tan extraña? Ella no moriría con sólo tocarlo. Inés, que había estado apretando y abriendo la palma de la mano sin razón, rápidamente agarró sus manos.

Era muy consciente de que Enoch era un caballero educado y que no era el tipo de persona que haría contacto físico con la dama de manera imprudente.

Aunque sabía que Enoch estaba ayudando porque estaba siendo considerado. ¿Por qué se sentía incómoda…?

Ocultando su corazón retorcido, Inés sonrió como si nada hubiera pasado.

—Disculpe, estoy agradecida por su ayuda.

Ella podría haber dicho eso.

Inés agregó sin pensar mucho en su exmarido.

—Si fuera Ryan en primer lugar, no le importaría si movía el sillón sola, y mucho menos si me ayudaba. Entonces…

Al mismo tiempo, Inés enderezó los hombros.

Fue porque tan pronto como salió el nombre de Ryan, los ojos de Enoch se enfriaron.

«¿Por qué el duque de repente sintió tanto frío?»

Ella no podía entenderlo. Inés empezó a sudar frío y rápidamente cambió de tema.

—Ah, por favor siéntese aquí.

—Sí.

Enoch se sentó en silencio.

Inés retrocedió un par de pasos y miró a Enoch.

La mirada desconcertada se había ido, y de repente Inés tenía una expresión muy seria.

—¿Le importaría inclinar un poco la cabeza? Sí. Y levante un poco la barbilla…

Reflexivamente, Enoch también se puso un poco nervioso.

Después de que ella corrigiera la postura de Enoch a tanta satisfacción, Inés se sentó frente al caballete.

Sus ojos verde oscuro estaban prestando mucha atención a Enoch, y luego el lápiz corrió sobre el papel de dibujo sin dudarlo.

Inés en este momento parecía estar separada de este mundo.

Volvió toda su atención a la pintura y a Enoch, el objeto de la pintura.

Y Enoch.

Estaba haciendo todo lo posible para mantener su rostro inexpresivo.

Tal vez estaba un poco emocional.

Frente a un genio que podría dejar una gran huella en la historia del arte, era natural sentir esta secreta alegría. Aun así, esta situación en la que Inés solo se centró en él... Enoch estaba simplemente extáticamente satisfecho.

Después de que ha pasado mucho tiempo.

—Ah…

Inés dejó escapar un largo suspiro y dejó su lápiz.

—El boceto está terminado por ahora.

—¿Es eso así?

Cuando asomó la cabeza por encima del caballete, vio a Enoch frotándose los rígidos hombros. Inés sonrió involuntariamente.

—Ha trabajado muy duro, señor.

—La condesa trabajó aún más duro.

—No, qué difícil es mantener la misma postura durante mucho tiempo.

Inés negó con la cabeza y se levantó.

Al mismo tiempo, Enoch también se levantó de su asiento y se acercó a Inés.

—¿Qué tal el boceto?

Inés le preguntó a Enoch con una expresión nerviosa en su rostro. Para ella, el boceto parecía haber sido dibujado bastante satisfactoriamente, pero para el grupo, Enoch, podía ser diferente.

Afortunadamente, Enoch asintió con la cabeza satisfecho.

—Es genial. Me gusta.

—Eso es afortunado"

Así que mientras se limpiaba el pecho.

Inés de repente frunció el ceño.

«Yo, de alguna manera, parece estar prestando más atención a la pintura de lo habitual.»

Miró a Enoch con los ojos entrecerrados.

Enoch estaba examinando cuidadosamente el boceto con una expresión de satisfacción en su rostro.

¿Era porque el propietario de este cuadro es el duque de Sussex?

En un instante, Inés se mordió el carrillo.

«No, no pensemos en vano.»

Solo estaban uniendo sus manos para lograr sus respectivos objetivos.

Así que no había necesidad de estar consciente de Enoch.

«…Esa es la manera que debe ser.»

—Sin embargo, creo que llevará algún tiempo terminar el proceso de coloración. —Inés, que se esforzaba por mantenerse unida, habló con voz tranquila—. Así que creo que tendré que verlo unas cuantas veces más, ¿está bien?

—Obtuve este maravilloso retrato y, por supuesto, debería estar bien.

Incapaz de apartar los ojos del boceto, Enoch respondió en broma.

«Creo que es verdad que al duque le gusta el cuadro.»

Aliviada en su interior, Inés agregó sus palabras como si nada hubiera pasado.

—Entonces continuaré usando este taller hasta que la pintura esté completa.

Por un momento, Enoch se detuvo.

Inés dijo que este estudio había sido utilizado por Ryan en el pasado. Si era así, entonces Inés debía tener muchos sentimientos por este lugar.

Y antes

Quiero deshacerme de él.

¿No lo dijo Inés con su propia boca?

Por un momento, Enoch sintió un intenso disgusto.

Desde este lugar donde una vez se quedó Ryan, quería sacar a Inés de inmediato.

Pero entonces.

—Aunque estoy feliz.

Inesperadamente, Inés abrió la boca.

Enoch, que había recuperado la cordura, preguntó.

—¿Está feliz?

—En realidad, este estudio era muy valioso para mí.

Inés miró a su alrededor con una mirada tranquila.

—Este es un lugar que diseñé personalmente para Ryan. También vendí el edificio y lo alquilé, y traje todas las herramientas.

—Condesa.

—Muebles en la habitación, sillas y mesas… No hay nada que no haya elegido.

La sonrisa de Inés se oscureció un poco.

El dolor, el sentimiento de traición, e incluso el patético sentimiento de estar enamorada de Ryan.

Era una sonrisa mezclada con muchas emociones.

—…Cada vez que pinto aquí, quiero que Ryan piense un poco en mí.

Sus dedos acariciaron suavemente el caballete.

—Así que cada vez que veo este lugar, me duele. Me sigue recordando a Charlotte y Ryan susurrando amor.

Enoch miró a Inés con una mirada complicada, pero no dijo nada ni la detuvo.

Él solo la escuchó en silencio.

E Inés se complació con ese silencio.

Por cierto, el duque siempre había sido así.

Dijera lo que dijera, Enoch nunca la había refutado ni enseñado.

Si fuera Ryan, él la habría condenado, diciendo: "Eres de mente estrecha porque eres una mujer".

—Pero ahora estoy aquí para pintar el retrato del duque.

Tal vez por eso el tiempo que pasó con Enoch fue muy cómodo.

Entonces Inés pudo hablar con un humor ligero.

—De alguna manera, es como una sensación de borrar los malos recuerdos cubriéndolos con los buenos.

—Oh, entonces.

Por un momento, Enoch abrió mucho los ojos, luego los inclinó ligeramente.

Capítulo 39

—¿Voy a ser el buen recuerdo de la condesa de Brierton?

Una sonrisa se extendió lentamente por el hermoso rostro de Enoch. Era una sonrisa juvenil.

—Esto se siente bien.

Enoch, quien dijo eso, parecía realmente feliz.

Inés sintió que su corazón latía rápidamente. En ese momento, Enoch dio un paso más cerca de Inés.

«¿Por qué me siento de esta manera?»

Sus ojos azules la miraron directamente.

Inés encontró la mirada como si estuviera poseída.

Como si estuviera atrapada en esos ojos como lagos, no podía apartar los ojos de ellos.

Ese momento.

«¿Es Su Excelencia...? ¿Mirándome con razón?»

Sin saberlo, Inés puso rígidos sus hombros ante el repentino aumento de la duda.

De hecho, Inés no era terriblemente ignorante de las relaciones.

Antes de casarse con Ryan, vivió como la mejor heredera del reino y tuvo la experiencia de ser cortejada por muchos hombres.

Aunque aún no se sabía si el duque era consciente de sus propios sentimientos o no.

Pero…

Inés tragó su saliva seca.

«Entonces, ¿qué hay de mí?»

Inés, que reflexivamente se cuestionó a sí misma, se sintió aterrada al mismo tiempo.

«¿Realmente traté al duque solo con respeto?»

Ella no podría responder a esa pregunta.

Inés sintió que su corazón latía con fuerza.

«...Había estado tratando con el duque con razones.»

Pero, ¿cómo podría estar frente a un hombre perfecto como Enoch sin ser consciente del sexo opuesto? Enoch era un hombre muy agradable y apuesto. Más bien, debido a su abrumadora belleza, la característica personalidad dulce y reflexiva de Enoch quedó ensombrecida.

Era por eso.

Para no dañar la reputación del duque, tenía que tratarlo de alguna manera como un "patrón respetuoso".

Porque Enoch era tan buena persona…

«No.»

En un instante, Inés se mordió el labio con fuerza.

«Respeto al duque. Tiene que ser eso

El duque de Sussex la descubrió, la reconoció y la ayudó en todos los sentidos.

Fue, con mucho, Elton quien hizo la mayor contribución a su divorcio de Ryan esta vez.

Las sospechas sobre el cuadro de Ryan y el romance entre Ryan y Charlotte.

Todo fue informado por Elton.

Y era Enoch el propietario del Elton.

En tal situación, en este punto, no mucho después de que terminara el divorcio.

Si alguien alguna vez duda de la relación entre Enoch e Inés.

«Puede dañar el honor de Su Excelencia.»

Tan pronto como pensó en eso, Inés sintió una sensación aterradora como si le hubieran cortado el corazón con una daga afilada.

«El duque de Sussex es una persona a la que estoy agradecido por brindarme una ayuda decisiva.»

Además.

«Me temo que…»

Inés reflexivamente dio un paso atrás. Enoch llamó a Inés preocupado.

—¿Condesa Brierton?

Inés, sin saber qué hacer, miró a Enoch.

Enoch trató de acercarse a ella.

—Su complexión no es buena. ¿Está bien?

—Estoy bien. ¡Estoy bien!

Un grito agudo estalló reflexivamente.

Enoch se detuvo.

Incapaz de superar su nerviosismo, Inés masticó la carne suave en su boca.

«Ahora debo tener un aspecto extraño.»

Inés seguía estremeciéndose.

Porque sus recuerdos de ser traicionada por Ryan aún eran vívidos.

Incluso si miraba su vida antes y después de la regresión, nadie era mejor que Enoch.

Él la ayudó a apoderarse de su libertad e incluso le devolvió la vida perdida. Entonces, si profundizó sus sentimientos por Enoch y luego se vino abajo...

«Va a terminar en una relación en la que ni siquiera podemos vernos la cara.»

Inés apretó los puños con fuerza.

Sus uñas cuidadas le perforaron dolorosamente las palmas de las manos, pero su mente era tan compleja que no sentía dolor.

«A mí tampoco me gusta eso.»

Al final, solo había una forma de superar la situación actual.

Ninguno de los dos había expresado adecuadamente sus sentimientos todavía.

En este momento, cuando uno no era claramente consciente de sus sentimientos.

«Tengo que cortar por completo la posibilidad de cualquier progreso en la relación.»

—Gracias por su preocupación, creo que fue porque estaba un poco cansada de concentrarme en el boceto.

Inés trató de parecer lo más normal posible, con cara de inocente. Enoch sonrió.

—Entonces, ¿regresamos pronto a la casa? La coloración se hará más tarde.

—Sí…

Luego, Enoch miró su reloj y luego miró a Inés.

—Es la hora del almuerzo, así que me gustaría invitarla a comer. También para felicitar a la condesa por su divorcio. ¿Cómo lo ve?

—No.

Pero Inés negó con la cabeza resueltamente.

—Estoy un poco cansada hoy. Voy a ir temprano y descansar.

—...Ah, tuvo fiebre ayer.

Enoch asintió dócilmente con la cabeza, pero no pudo ocultar su rostro arrepentido.

—¿Cómo planea volver a la casa?

—El carruaje está esperando afuera.

Inés solo trazaba obstinadamente la línea.

—Está bien.

Enoch finalmente dio un paso atrás.

Así fue como los dos salieron del estudio.

Salió de la casa temprano en la mañana, y ahora era mediodía cuando el sol estaba alto en el cielo.

«De alguna manera, por mi culpa... Creo que la atmósfera se ha vuelto un poco incómoda.»

Pero ella no quería hacerle daño al duque, así que tenía que trazar la línea.

Inés, que se sintió avergonzada sin razón, se disculpó con Enoch.

—Lamento haber tomado su tiempo ocupado.

—No, no hay necesidad de disculparse. —Enoch sacudió la cabeza con decisión—. Fue porque quería encontrarla en primer lugar.

—...Duque.

—Quería ver a la condesa de Brierton. —Enoch concluyó con voz tranquila—. Por eso vine.

Por un momento, la expresión de Inés tembló ligeramente.

Pero solo por un momento.

—Entonces regrese con cuidado.

Inés, que sonreía alegremente, trató de subirse al carruaje sin arrepentirse. Al mismo tiempo, Enoch llamó a Inés.

—Condesa.

—¿Sí?

Inés miró hacia atrás.

Después de hablar un momento, Enoch volvió a abrir la boca.

—La condesa brillará intensamente como artista y cabeza de familia en el futuro.

Ante las palabras inesperadas, Inés miró fijamente a Enoch.

Enoch habló con voz tranquila.

—Y me siento honrado de verla extender sus alas y volar.

Inés estaba de alguna manera ahogada. Nadie a quien ella apreciaba jamás le había dicho tal cosa. Un esposo al que una vez amó apasionadamente, una amiga cercana en quien confiaba.

Sin embargo, este hombre frente a ella creía en su potencial. Cuando lo miró a los ojos, sintió la sinceridad de sus palabras. Enoch realmente pensó eso.

—…gracias.

Inés, cuyos labios temblaban como si fuera a decir algo, finalmente abrió la boca con solo un mensaje de agradecimiento.

Enoch sonrió y dio un paso atrás.

—No exagere hoy y descanse bien. Es una promesa.

—Bien. Duque, no se quede así y súbase al carruaje.

Ante las palabras preocupadas de Inés, Enoch negó con la cabeza.

—No, voy a ver partir a la condesa.

Inés apretó los labios con fuerza.

Quizás Enoch no estaba haciendo esto para ganarse el favor de Inés.

Debía ser solo la consideración que estaba arraigada en su cuerpo.

Y para Inés, el comportamiento de Enoch la sacudió sin cesar.

«Mi corazón sigue latiendo.»

Por eso quería hacer la vista gorda a lo que sentía por Enoch. Inés luchó por subirse al carruaje fingiendo que no había nada.

—Entonces iré primero.

Dejando solo esas palabras atrás, Inés arrancó el carruaje como si fuera a huir.

El estudio se alejó en un instante.

Y todo el tiempo que el carruaje estuvo en marcha, Inés no miró hacia atrás a propósito. Fue porque no quería que Enoch viera su expresión miserable en su rostro.

—...Está bien, eso es algo bueno.

Presionando su palpitante pecho con la mano, Inés se exhortó así.

—Buen trabajo, Inés.

Inés, que murmuraba como un hechizo, apoyó la cabeza contra la ventana.

Como un hilo enredado, su mente estaba desordenada.

Pensó en lo que había hecho antes.

Si Enoch no sentía nada por ella, entonces había trazado una línea excesiva.

Estaba sensible.

Inés bajó los ojos.

«Su Excelencia solo está siendo cortés conmigo, solo estoy equivocada.»

Y tan pronto como ella hizo esa suposición.

Inés sintió que se le helaba el corazón como si se hubiera tragado un gran trozo de hielo.

Athena: Oh, mi pequeña… Esto va a ser muy complicado. Inés no es tonta y sabe que le está empezando a gustar el duque, quiera ponerse las barreras mentales que quiera. Pero, hay que tener en cuenta que ella fue traicionada y eso le ha dejado una herida muy difícil de sanar. Y ese miedo a ser herida de nuevo va a causar muchas trabas aquí.

También comete el error de pensar por Enoch. Con esto quiero decir que está suponiendo cosas de qué podría ser bueno para él o qué podría pensar, cuando él no ha expresado nada, son solo sus interpretaciones. Esto lo hacemos muchas personas también.

Si Enoch se da cuenta de sus sentimientos y quiere ir por ella… va a tener que ser claro y eliminar malentendidos. Recoger y sanar un corazón roto es complicado, y su tarea tampoco será sencilla.

Capítulo 40

«No me gusta…»

Inés se encogió de hombros levemente.

De hecho, ella misma lo sabía.

Su comportamiento y emociones eran inconsistentes. En primer lugar, abandonó el lugar como si huyera, temiendo que Enoch tomara conciencia de sus pensamientos.

Pero no obstante.

«Quiero que sea consciente de mí.»

Aunque era muy débil, era un deseo sincero de que no pudiera rechazarse por completo.

Aunque sabía que no debería ser así, seguía deseándolo.

A pesar de que claramente eran sus propios sentimientos, no siempre salió como ella quería. Después de que todo su amor por Ryan fuera horriblemente pisoteado, estaba segura de que nunca más la sacudiría nadie.

Sus sentimientos por Enoch eran solo de respeto, su gratitud por su nuevo salvador.

No tenía dudas de que era solo eso.

«Pero, ¿qué diablos es esto…? No, no pensemos en vano.»

Inés cerró los ojos con fuerza.

Hizo todo lo posible por deshacerse de algún modo de sus pensamientos sobre Enoch.

Pero cuando cerró los ojos, no pudo evitar que el rostro de Enoch brillara.

A lo lejos, el carruaje de Inés desapareció.

Enoch, que estaba cuidando su espalda, dejó escapar un largo suspiro.

«No tengo ni idea de por qué.»

Cuando se vieron hoy, Inés había tratado a Enoch cómodamente.

Pero en algún momento ella comenzó a actuar como si lo estuviera evitando...

Había una profunda arruga en la frente de Enoch.

Porque él realmente lo sabía.

La razón por la que la actitud de Inés había cambiado repentinamente de esa manera.

«Debe ser porque me acerqué a ella demasiado de repente.»

Más temprano, tan pronto como vio la mejilla hinchada de Inés, su corazón se hundió.

Así que reflexivamente cubrió su mejilla, pero...

«Fui irracional.»

Enoch se mordió los labios.

«Debo reflexionar.»

Si hubiera sido el Enoch habitual, probablemente no lo habría hecho.

Sin embargo, cuando Inés estaba de pie frente a él, su mente normal seguía perdiendo el control. La tensión de la razón se aflojó y las emociones se descontrolaron. Su sonrisa lo hizo feliz, y cuando ella bajó los ojos en silencio, su corazón se hundió.

Cuando de repente recobró el sentido, se encontró mirando a Inés como si estuviera poseído.

Enoch estrechó la mano que había acariciado la mejilla de Inés.

Parecía que el suave toque aún permanecía en su palma.

Para borrar ese sentimiento de alguna manera, Enoch trató de detenerse en otros pensamientos.

Afortunadamente, otro pensamiento vino a su mente rápidamente.

Más que eso, ¿dijo que era la hija del barón Jason?

La mujer que puso así la mejilla a Inés.

Por supuesto, Inés le devolvió lo mismo a la mujer, y ella sonrió diciendo que no se preocupara.

«...Todavía no me gusta.»

Los relucientes ojos azules brillaron ferozmente.

La "Historia de fondo sobre el proceso de divorcio de la condesa de Brierton", reportada extensamente en la revista Elton, despertó la curiosidad del público, de todos los ámbitos de la vida.

La exposición y proceso de divorcio de que su esposo le robó sus logros artísticos.

Eso solo fue suficiente para llamar la atención de la gente, se agregó el hecho de que su esposo tuvo una aventura con su amiga cercana.

Y así, las ventas de Elton se dispararon sin saberlo, hubo una persona que contribuyó a las ventas mientras tanto.

Esa persona era el rey actual, Edward.

—Edward, ¿qué estás mirando con tanta atención?

En ese momento, se escuchó el sonido de pasos. Edward, que había estado absorto en el periódico durante mucho tiempo, levantó la cabeza ligeramente.

—Helena.

La reina, Helena, estaba frente a él.

Edward se rio entre dientes y señaló con la barbilla el periódico.

—Este artículo. Escuché que las ventas de la revista Elton han aumentado considerablemente y es más realista que ficción.

—¿Qué quieres decir?

Helena bajó la mirada hacia el periódico y miró con curiosidad.

—¿Estás hablando de la joven dama del barón Jason, verdad?

No era solo una voz que reconocía a la mujer escandalosa, había desagrado en su voz.

—No sabía que Helena conocía a Lady Jason.

—No puedo decir que no.

Helena respondió insignificantemente.

Charlotte Jason.

Una hermosa mujer de cabello rojo vivo y un cuerpo voluptuoso, como una rosa en plena floración.

Siempre estuvo rodeada de muchos hombres, e incluso en el lujoso salón de baile, se destacó mucho.

Helena recordaba claramente a Charlotte, no solo por su belleza o su apariencia.

—El otro día, tuve la oportunidad de conversar con la joven dama del barón Jason… bueno.

Helena contó su historia.

—Bueno, para decirlo de una buena manera, puedes decir que es muy activa.

Como reina de un país, era natural que la gente de alguna manera intentara hablar con ella. Alrededor de Helena, la gente acudía como nubes para saludarla.

Pero entre ellos, Charlotte era única en muchos sentidos.

—Puedo decir que ella es un poco grosera.

Helena no pudo ocultar su disgusto.

Edward pareció un poco sorprendido.

Helena, que solía ser amable y tranquila y fue llamada modelo para todas las damas. ¿Cómo podía trazar la línea con tanta frialdad?

—Nunca te había visto juzgar a alguien con tanta dureza.

—Pero es verdad.

Helena sonrió con amargura. Charlotte no se atrevió a hablar primero con Helena, porque la diferencia de estatus estaba lejos del principio.

Porque las personas con las que interactuaba Helena eran las únicas personas que se consideraban celebridades en el mundo social.

Sin embargo, Charlotte optó por la segunda mejor opción. Siguió a Helena a donde quiera que fuera, y seguiría husmeando en el rincón de la vista de la Reina. Las damas de alto rango cercanas a la reina se molestaron por el comportamiento extremo de Charlotte.

—No, ¿por qué la joven dama del barón Jason te persigue de esta manera?

—Lo sé. Esto ni siquiera es un estanque de peces de colores…

Pero Helena no le prestó mucha atención. Ella pensó que no era asunto suyo dondequiera que fuera Charlotte.

El comportamiento de Charlotte fue un poco extremo, pero pensó que era porque era una persona activa.

Algo asombroso sucedió después de eso.

—Inés Brierton saluda a Su Majestad la reina.

Charlotte usó a Inés como una oportunidad para saludar a Helena. Inés tenía cara de renuencia, pero Charlotte estaba llena de sonrisas.

—Charlotte Jason saluda a la reina.

Helena se sentía bastante infeliz.

¿Tenía que usar a otra amiga para saludar así? Es porque se sentía de esa manera.

—'Es un honor ver a la reina. Por favor, páselo bien.

Mientras tanto, Inés, quien notó el desagrado, saludó apresuradamente y le guiñó un ojo a Charlotte para que se fuera.

—¡Mi reina! ¡Estoy tan feliz de poder hablar con usted así!

Pero los ojos de Charlotte se iluminaron y se aferraron obstinadamente a Helena. Helena asintió con la cabeza con una cara renuente.

—…Vete.

Habría deseado haber dicho eso. Pero Charlotte cruzó la línea casualmente.

—El clima es realmente agradable hoy, ¿verdad? Es perfecto para navegar en el río Humpson en un día como este.

En un instante, la atmósfera se calmó. Pero Charlotte todavía parloteaba alegremente.

—El río Humpson no está lejos de la capital, ¡así que sería genial si pudiéramos ir en bote con la reina alguna vez!

—¡Cha, Charlotte!

La aterrorizada Inés agarró el cuello de Charlotte.

Sin notar el entorno tan silencioso como si hubiera sido vertido con agua fría, Charlotte interrogó a Inés con desagrado.

—¡¿Por qué haces esto, Inés?!

—No, eso es…

Inés se detuvo, pero de alguna manera logró arrastrar a Charlotte. La gente se miraba a los ojos. Eso fue porque el primo cercano de Helena murió en el río Humpson. La causa directa de la muerte fue ahogamiento mientras navegaba.

Helena no hablaba mucho al respecto, por lo que la mayoría de la gente no lo sabía. Pero si estás interesado en la Reina, deberías saberlo.

Helena recordó los eventos de esa época y sintió que su estado de ánimo decaía.

—¿Helena?

—Ah, sí.

Al mismo tiempo, ante la llamada de Edward, Helena recobró el sentido.

Capítulo 41

—Después de todo, si te quedas en el mundo social durante mucho tiempo, escucharás rumores sobre esto y aquello.

Por lo que Helena había oído desde entonces, Charlotte no parecía tener muy buena reputación entre las damas. Ella estaba tratando abiertamente de entablar amistad con personas de alto estatus o riqueza, y después de familiarizarse, trató de conocer a los caballeros.

Era difícil negarse a la sincera petición de la condesa Brierton.

«Porque ese tipo de enfoque es difícil. No importa cuánto quiera construir una conexión, ¿cómo se me acercó esa mujer de esa manera?»

Era obvio que Charlotte se acercaba a las personas solo con el propósito de conectarse sin la menor consideración por la otra persona.

Helena murmuró para sí misma involuntariamente.

—Aún así, estoy un poco sorprendida.

—¿Qué quieres decir?

—Cuando conocí a la condesa Brierton, parecía bastante tímida.

Aunque Inés y Charlotte eran amigas, Inés tenía un estatus mucho más alto. Era vergonzoso comparar al barón Jason con el conde de Brierton.

Pero Inés de esa época pareció seguir las palabras de Charlotte.

—Pero ella procedió con el divorcio así…

—¿Es eso así? La condesa Brierton que vi no era así en absoluto.

Edward puso una expresión de curiosidad y se acarició la barbilla. Inés se mostró inquebrantable en la sala del tribunal, y era tan fría y serena como un lago helado. No había señales de estar asustada.

Y los ojos de Enoch al mirar a Inés.

En ese momento, Helena abrió la boca.

—Ahora que lo pienso, ha pasado bastante tiempo desde que vi al duque de Sussex. ¿Cenamos juntos después de mucho tiempo?

Una leve picardía apareció en los ojos de Helena.

—Tengo una historia que contar.

—Si es una historia que contar... ah.

Los ojos de Edward parecieron agrandarse un poco, y luego sus ojos brillaron.

—Sí, pronto habrá un "evento".

—¿Tal vez el duque de Sussex estaría bastante interesado?

La pareja se miró a los ojos y sonrió.

Era una sonrisa secreta y juguetona, como un niño con un juguete divertido frente a él.

Athena: Oh, por dios, son tal para cual jajaajaj. Corre, Enoch.

Estaba oscuro en la habitación con las cortinas bajadas y no entraba una sola luz.

En el medio, Charlotte estaba sentada con su cuerpecito agachado sobre la cama.

Su pelo rojo, que siempre había estado cuidadosamente recortado y lustroso, estaba desordenado.

Había sombras oscuras debajo de sus ojos y su piel también estaba seca.

Sin mencionar que Charlotte no pudo dormir anoche.

—¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? —murmuró con voz moribunda.

Numerosos sobres estaban esparcidos frente a ella, rotos en un desastre.

Tan pronto como se publicó el artículo sobre el asunto en la revista Elton, hubo una avalancha de cartas cancelando invitaciones a fiestas de té y fiestas que se habían recibido anteriormente.

Charlotte agarró las cartas con ambas manos.

—No puedo hacer esto.

En su agarre, las cartas se arrugaron a voluntad.

—¡Yo, yo…! ¿Cómo puedo aparecer en el mundo social? ¡Arghh!

Charlotte, incapaz de superar su ira, gritó y empujó los sobres fuera de la cama. Los sobres revolotearon blancos en la habitación oscura.

El lenguaje abusivo brotó de entre los labios secos y agrietados.

—¡Cuántos problemas tuve realmente para ingresar al círculo social central!

No era Charlotte para ser exactos, sino Inés, que había trabajado duro para convertirse en miembro del círculo social central. Para decirlo sin rodeos, la entrada de Charlotte en el círculo social central fue un milagro en sí mismo.

Ya en la mente de Charlotte, ella era más una heroína trágica.

Charlotte, que había estado respirando con dificultad durante un rato, de repente levantó la cabeza.

—Inés, debo ver a Inés.

Al final, solo Inés podía resolver este problema.

Charlotte afiló los dientes.

—¡Es Inés quien arruinó las cosas, así que ella es la responsable de esto!

Sin embargo, fue porque la propia Charlotte había tenido una aventura con el esposo de su mejor amiga desde el principio. En la mente de Charlotte, ella misma era, por supuesto, la víctima, e Inés se estableció como perpetradora.

Charlotte se mordió las uñas con una mirada irritada en su rostro.

—Sí, una vez que la vea… Vamos a explicarle que ella entendió mal y que me duele mucho ser malinterpretada por ella.

Por un momento, los ojos de Charlotte se iluminaron.

—Soy una víctima, Ryan sedujo a mi inocente, ¡así que no pude evitarlo! ¡Así es como lo diré!

Charlotte se levantó y saltó de su asiento.

—¡Después de eso, ella le pedirá a Elton una corrección y estará bien! ¡Todo volverá a su lugar!

De hecho, si lo pensabas un poco, podías ver que la idea en sí era una tontería.

Inés vio a su ex esposo divorciado y a su amiga acostados desnudos en la cama, ¿cómo podría ser eso un malentendido?

Pero Charlotte ya estaba completamente impresionada por la sensación de crisis de que podría ser expulsada del mundo social.

Además.

—¿Quién sería el amigo de esa chica si no fuera yo?

Había tanta confianza.

Inés, a quien Charlotte conocía, era ingenua y estúpida. La temprana pérdida de sus padres la hizo vulnerable a la soledad y valoraba la relación que alguna vez estableció con ella.

Inés confió en su mejor amiga, Charlotte, de todo corazón y abiertamente, muy influenciada por cada palabra de Charlotte.

Qué tipo de viento soplaba, pero Inés fingía trazar su línea con resolución….

Por un momento, Charlotte apretó los labios y pensó.

Cuando Inés la atrapó con Ryan, Inés la abofeteó sin dudarlo. En un estado de ánimo aterrador, Charlotte sacudió la cabeza para sacudirse sus pensamientos.

—Debe haber sido porque estaba enojada. ¡Después de todo, soy la única amiga de Inés!

Intentando pensar positivamente, Charlotte rápidamente se dio la vuelta.

Sus pasos corriendo hacia el baño detrás de ella eran urgentes.

Charlotte, que fue a la casa adosada de Brierton con el corazón hinchado.

—El Señor no permitió que Lady Jason entrara.

Fue bloqueada por los guardias que custodiaban la entrada a la casa. Sintiéndose absurda, Charlotte levantó su voz aguda.

—¿Qué les pasa a todos? ¡Soy Charlotte, Charlotte Jason! ¡La mejor amiga de Inés!

Pero los guardias solo miraron a Charlotte con ojos disgustados.

Charlotte miró a los guardias con una mirada feroz.

—¿No puedes quitarte del camino ahora?

—No puedo.

—Como dijo Inés antes, ¡abre la puerta cada vez que vengo!

—Así es como solía ser. El Señor ahora ha retirado su orden.

—¡¿Qué, qué?!

Ante la conmoción que golpeó su cabeza, Charlotte abrió mucho los ojos.

«¡¿Cómo pudo Inés hacerme esto?!»

Incapaz de superar su resentimiento, Charlotte apretó los puños con fuerza.

Ella dio su fuerza con tanta fuerza que sus huesos se destacaron blancos en el dorso de su mano.

Fue así mientras discutía con los guardias.

—¿Qué demonios es esto?

Sonó una voz fría.

El personaje principal de esa voz era Mary.

Supervisaba la limpieza de la casa de Brierton y la criada más cercana de Inés.

Por supuesto que también conocía a Charlotte.

Charlotte estaba encantada de verla.

—¡Mary!

Charlotte caminó rápidamente hacia la puerta cerrada.

El rostro de Mary se reflejó a través de la puerta de parra pintada de blanco.

Charlotte, que casi asomó la cabeza por encima de la puerta, pronto inclinó los ojos y sonrió ampliamente.

—Mary, sabes quién soy, ¿verdad? ¡Charlotte! No sé qué les pasa a los guardias de repente. Date prisa y abre esta puerta, ¿quieres?

Pero algo era extraño.

Por lo general, Mary se mostraba bastante profesional cuando trataba con Charlotte, pero al menos tenía cuidado de no ser grosera. Pero ahora Mary solo la miraba con una mirada fría.

«¿Qué le pasa a ella?»

Sintiéndose ansiosa, Charlotte frunció el ceño y volvió a preguntar.

—¿Qué sucede contigo? Estoy aquí para ver a Inés

—En el horario del Señor hoy, no vi la cita con Lady Jason.

—¿Me estás diciendo que haga una cita con Inés antes de visitar?

Charlotte resopló. Sin embargo, Mary solo asintió con la cabeza.

—Tiene razón, Lady Jason.

—¡¿Qué?!

—Por favor váyase hoy, y haga una cita formal la próxima vez.

Sin levantar una ceja, Mary sugirió a Charlotte.

—Si viene a visitarnos tan imprudentemente, el Señor definitivamente se ofenderá.

—¡Tú, tú…!

Charlotte señaló a Mary.

No obstante, Mary sólo tenía lo que tenía que decir.

—Además, el Señor tiene un arreglo previo hoy.

—¿Un acuerdo previo? ¿A dónde va ella?

—Bueno, no hay razón para que le diga eso, ¿verdad?

Mary negó con la cabeza con una sonrisa. La voz desgarrada de Charlotte se elevó hacia el cielo sin darse cuenta.

—Vine aquí para ver a Inés en persona, ¿pero dijiste que se fue con su arreglo anterior?

Y en ese momento.

Mary sintió que algo se rompía en su cabeza.

Capítulo 42

«¿Cómo puede una persona ser tan desvergonzada?»

Hacía ocho años que Mary estaba al lado de Inés.

Cuando la joven perdió a sus padres, hizo su debut en la alta sociedad, se hizo amiga de Charlotte y conoció a Ryan.

Observó todo el proceso de su matrimonio.

Durante todo ese tiempo, Inés siempre había sido fiel tanto a Ryan como a Charlotte.

Dedicada a su esposo y fiel a su amiga. Sin embargo, Ryan y Charlotte siempre habían sido duros con Inés.

—¡Cómo pueden los dos hacerle eso, señora!

Mary, que no pudo evitar expresar su resentimiento, pero Inés dijo:

—Está bien, es porque no soy lo suficientemente buena.

Inés solo sonrió impotente.

Afortunadamente, Inés tenía el corazón puesto y finalmente cortó a Ryan y Charlotte.

Eso no significaba que las heridas que había sufrido Inés hasta el momento desaparecieran. El sonido de su llanto suave cuando la dejaban sola todas las noches, todavía sonaba vívidamente en los oídos de Mary.

—Joven dama Jason.

Así que Mary abrió la boca sin darse cuenta.

—Sé que mis acciones son presuntuosas y groseras, pero tengo que decirle esto. —Su voz era terriblemente apagada—. ¿Hasta cuándo piensas causarle problemas al Señor?

—¿Qué? ¡¿Causar problemas?!

—Hasta ahora, el Señor ha hecho tantas cosas por usted porque era su amiga. —Mary fijó su mirada azulada en Charlotte—. Sin embargo, Lady Jason ni siquiera le agradeció por eso, pero ¿no vengó su amabilidad en su lugar?

—¡Qué estás diciendo ahora…!

Charlotte torció el rostro horriblemente, como si pudiera agarrar a Mary por el cuello en cualquier momento.

Pero entonces.

Un carruaje salió corriendo del interior del jardín de la casa.

Era un carruaje con el escudo de armas del conde Brierton.

Además, en este momento, solo había una persona en ese carruaje.

—¡Inés!

Charlotte llamó a Inés con voz amistosa.

A medida que se acercaba la distancia entre el carruaje y la puerta principal, los guardias abrieron la puerta principal para que el carruaje pudiera pasar.

Mary dio un paso atrás, poniendo una cara triste.

—Mi señor…

A través de la ventanilla del carruaje se podía ver a Inés.

La culpa inundó.

No quería que el Señor viera a Lady Jason.

Al ver esa actitud descarada, Mary levantó la voz sin darse cuenta.

«Pero yo soy la sirvienta más cercana del Señor.»

Aunque sabía que cada uno de sus propios comportamientos estaba directamente relacionado con la reputación de Inés, se enojó.

Al mismo tiempo, Charlotte rápidamente le gritó a Inés.

—Mary, ¿cómo te atreves a abofetearme por el tema de una criada? Me estás fastidiando. ¿De qué estás hablando? ¡Cómo puede ser…!

Charlotte estaba ahora incluso señalando a Mary. No tenía dudas de que Inés reprenderá a Mary, y tenía una actitud eufórica mientras le grita a Mary.

Inés, que miraba fijamente a la frívola figura, se volvió hacia Mary.

—Mary.

—Sí, mi señor.

Mary inclinó la cabeza.

Al mismo tiempo, sonó una voz cálida.

—Gracias.

¿Eh?

Ante su agradecimiento inesperado, Mary abrió mucho los ojos y miró a Inés.

—¿Inés?

Charlotte, mientras tanto, parecía haber recibido un golpe en la cara.

Inés, que sonrió a Mary, dio una orden al cochero.

—Vamos.

El carruaje salió corriendo de la casa. Aterrorizada, Charlotte salió corriendo del camino.

—¡Inés!

Charlotte llamó al carruaje mientras se alejaba una y otra vez, pero en lugar de detenerse, el carruaje aumentó aún más su velocidad y desapareció.

«¿Me estás ignorando ahora? ¿Inés?»

Antes de que el carruaje se fuera.

Los ojos inexpresivos de Inés, que la habían mirado, perforaron su pecho.

Tal vez hubiera sido mejor si fuera una mirada despectiva o de enfado.

Era como si Inés estuviera mirando una piedra clavada en sus pies, esa mirada frente a algo completamente sin valor. Era una mirada que Charlotte nunca pensó que vería en Inés...

«¡Uh, cómo podría ser esto!»

Sintiendo que su orgullo se hacía pedazos, Charlotte se mordió los labios hasta sangrar.

Pero ni siquiera tuvo tiempo de sumergirse en ese sentimiento por mucho tiempo.

—¿Te vas a quedar aquí así?

El guardia le preguntó a Charlotte con voz áspera.

Charlotte, que de repente recobró el sentido, levantó la cabeza en un instante.

«¡No, si me voy así, perderé a Inés...!»

¡En una situación en la que ni siquiera fue suficiente convencer a Inés!

El nerviosismo envolvió todo su cuerpo. Charlotte corrió frenéticamente hacia el borde de la carretera.

El lugar que Inés decidió visitar hoy fue la casa de la baronesa Wickham.

Le había enviado la invitación a la hora del té directamente a Inés.

Aunque esta vez invitó a Inés tal vez porque tenía curiosidad por el glamuroso caso de divorcio de la condesa de Brierton.

«Nada mal.»

La baronesa Wickham también tenía una mentalidad bastante amplia en el mundo social.

Además, las otras damas que interactuaron con la baronesa tenían tendencias similares a ella. Significaba lujo.

Entonces, si hablaban de este caso de divorcio con moderación, se encargaría de difundirlo ampliamente.

Mientras tanto.

¿Eh?

Inés, que estaba a punto de entrar al salón, se detuvo.

Fue porque durante la conversación de las damas, se escuchó un nombre familiar.

—Señor duque de Sussex.

¿El duque de Sussex?

Inés abrió mucho los ojos.

De hecho, Inés estaba esperando que su historia saliera a la luz.

Porque se habló mucho de su divorcio.

Pero ¿por qué de repente el duque?

—La primera persona en excavar el conde Brierton esta vez es el duque de Sussex.

Una de las damas reunidas en el salón habló con una voz interesante.

—¿No es realmente único?

—Así es. De hecho, es raro que una familia real inmediata dirija directamente un negocio.

—Su Majestad el rey y la reina también se opusieron mucho a esto, diciendo que la dignidad de la familia real era inferior, ¿verdad?

Al escuchar esa historia, Inés recordó su pasado lejano, que había quedado enterrado en su memoria.

Por cierto, el hecho de que el duque se hiciera cargo de la Compañía Elton, que colapsaba, fue bastante significativo.

Fue cuando Inés aún era una niña.

El segundo príncipe de Lancaster, Enoch, de repente anunció que se haría cargo de uno de los de la prensa.

Había mucho revuelo a su alrededor. Ahora, Elton era uno de los principales periódicos del reino, pero en ese momento, Elton era una empresa pequeña y en ruinas.

Para que nadie pudiera entender las excentricidades del príncipe.

—Pero ahora mira, el duque de Sussex es la persona más famosa del reino en este momento, ¿verdad?

La señora estaba tomando su té y hablando.

—Elton es la prensa más confiable del reino, y como el duque se enfoca en Elton, naturalmente, la cuestión de la sucesión al trono se resolvió perfectamente.

—Ya veo, hubo un momento en que era bastante ruidoso sobre el tema de la sucesión...

Inés parpadeó en silencio.

Tal vez fue porque había estado expuesta principalmente al lado comercial de Enoch.

No había pensado en esa parte en absoluto.

«Entonces... Parece que el duque de Sussex no deseaba el trono en absoluto.»

De hecho, Enoch siempre había tenido habilidades sobresalientes y fue un talento prometedor en la familia real.

Para decirlo más sin rodeos.

Significaba que estaba en una posición en la que habría estado bien si hubiera intentado tomar el trono.

Pero mirando hacia atrás en sus pasos, fue como...

«¿No parece que se ha distanciado deliberadamente del trono?»

En ese momento, la señora abrió la boca de nuevo.

—Además, todos los principales artistas emergentes del reino fueron descubiertos por el duque.

—Así es, recientemente descubrió a la condesa Brierton.

Ah, de ahí venía la historia del duque de Sussex.

Inés estaba convencida.

Aparentemente, al hablar de ella, el hilo de la conversación se extendió a las personas que la descubrieron y la ayudaron.

—¿No es asombroso? Pensándolo ahora, la decisión del duque de Sussex de dirigir una imprenta fue la elección perfecta en muchos sentidos.

—¿Qué quieres decir con que llamas a esto un regalo del cielo?

Las damas charlaban con voces interesantes. Mientras tanto, Inés, que sin querer estaba escuchando, mostró su presencia y entró en la sala.

—¡Oh, Dios mío, condesa Brierton!

La organizadora de la hora del té, la baronesa Wickham, se levantó de su asiento para dar la bienvenida a Inés.

—Bienvenida, todos la han estado esperando.

—Está aquí. ¿Condesa?

—¡Ha sido un largo tiempo!

Al otro lado de la mesa de té bellamente decorada, las damas que estaban sentadas juntas también dieron la bienvenida a Inés. Inés respondió a las damas con una suave sonrisa.

—¿Como están? Ha pasado un tiempo desde que asistí a la hora del té, por lo que es un poco incómodo.

En ese momento, las damas pusieron caras tristes sin saberlo.

Capítulo 43

Todos sabían por qué Inés ni siquiera podía asistir a una hora del té tan ligera hasta ahora.

Inés Brierton.

Aunque ahora ella era la protagonista de un caso de divorcio que había llamado la atención del mundo, las valoraciones de las nobles damas fueron bastante diferentes. Se resumía la valoración de Inés en su momento en una línea.

«Pobre mujer.»

La ingenua dama aristocrática, cegada por su amor, se casó con su marido, que estaba muy por debajo de ella, y le dio una gran fortuna además del título de conde Brierton.

¿Eso fue todo?

Después de su matrimonio, se abstuvo de realizar actividades externas y únicamente apoyó a su esposo.

Ella era bastante diferente a Ryan, quien mostraba su rostro en todo tipo de fiestas y reuniones. Incluso cuando Inés rara vez salía con Ryan, la dinámica estaba apagada.

—¿Que sabes?

—Pero, cariño.

—No interfieras. ¿Bien?

Ryan fue autoritario cada vez, e Inés no sabía qué hacer frente a él.

Incluso en ese momento, algunas personas pensaron que la relación era extraña.

Pero en ese momento, Ryan era un pintor genial y todos lo admiraban. Incluso aquellos que tenían dudas sobre la relación entre Inés y Ryan preferirían el silencio en lugar de ser hostiles con Ryan.

Pero ahora.

—Condesa, ¿qué quiere decir... sabemos que fue muy difícil para usted?

La baronesa Wickham agarró la mano de Inés y abrió la boca.

Las otras damas también se unieron y consolaron a Inés.

—¡Cómo pudo el maestro Gott hacer eso! ¡Qué devota le era la condesa!

—¡Claro, es tan desvergonzado!

El reino era un país conservador y había muchas personas que veían el divorcio de forma negativa.

La mayoría de las damas estaban emocionalmente del lado de Inés. Aparentemente, la culpa de Ryan era demasiado grande, y no había damas que se hubieran sacrificado tanto por la familia.

¿Qué tan difícil hubiera sido poder divorciarse?

Esa fue la evaluación común de las damas.

Para el incontable consuelo que llovía, Inés respondió claramente.

—Gracias a todas por su preocupación.

Naturalmente, el ambiente se movió a favor de Inés.

Las damas disfrutaron de té y refrescos y charlaron sobre varias cosas.

—Hubo una vez, la vizcondesa Gott se jactaba de su hijo, el conde de Brierton, y de cómo cargaba tanta fuerza sobre sus hombros.

Por eso la vizcondesa ni siquiera venía a las reuniones sociales estos días.

—Ajá, es difícil presumir ahora.

—Sí. ¿Cómo puede llevar su cara avergonzada?

Un rugido de risa estalló.

Inés, que había estado escuchando atentamente la conversación, bebió el té con satisfacción.

«Esto es suficiente.»

Incluso sin que Inés tuviera que lidiar con eso, la reputación de Gott ya se había secado por completo. Parecía que era por el comportamiento que por lo general hacía muchos enemigos aquí y allá.

Pero entonces.

Sonó un golpe corto.

La baronesa Wickham frunció el ceño y miró hacia la puerta.

—Es extraño, no llamé a nadie.

Durante la hora del té, les dijo a los sirvientes con anticipación que no interrumpieran a menos que fuera urgente.

Pero si alguien llamaba así a la puerta, tal vez necesitaba el permiso de la anfitriona.

—Adelante.

La baronesa le concedió permiso.

La puerta se abrió.

La doncella, que entró en el salón, inclinó la cabeza con expresión preocupada.

—¿Qué pasa?

—Bueno, señora —dijo la doncella con cautela—. La señorita del barón Jason ha venido de visita.

—¿Qué? —El rostro de la baronesa Wickham se arrugó—. Estoy segura de que envié la carta de cancelación. ¿Lo entregaste correctamente?

—Lo hice. Pero ahora, ella está de pie frente a la casa, insistiendo obstinadamente en que quiere conocer a la condesa Brierton…

—¡¿Qué?!

La baronesa Wickham, que había respondido con molestia, miró a Inés.

La persona más influyente en este puesto en este momento era, con diferencia, Inés.

Jefe de los Brierton, una de las familias más prestigiosas del reino.

Una enorme cantidad de poder financiero que levantó incluso el Gott, la familia de su marido, que una vez se arruinó.

Además, el artista que demostró que la pintura de Ryan era suya a través de un proceso de divorcio y demostró su genio.

«No te metas con la condesa de Brierton.»

Con tal cálculo, la baronesa Wickham levantó la voz.

—¡Dile que regrese ahora! Qué clase de falta de respeto es esta…

Pero la baronesa no pudo terminar la frase.

Fue porque el sonido de la taza de té y el platillo chocaron resonó claramente. Aunque no fue un sonido fuerte, fue suficiente para llamar la atención de la gente de inmediato. Frente a cinco o seis pares de ojos centrados en ella, Inés habló tranquilamente.

—Está bien, déjela entrar.

—¿Sí?

La baronesa Wickham dudó de sus oídos.

Al mismo tiempo, la sonrisa de Inés se oscureció un poco.

—Si me extraña tanto, déjela entrar.

—Ah, pero.

—Lady Jason está afuera ahora mismo. Por eso no me gusta —Inés añadió, encogiéndose de hombros ligeramente—. Además, no quiero que la gente hable de la baronesa por nada por mi culpa.

—Oh no, condesa…

Ante esas cariñosas palabras, la baronesa Wickham se conmovió.

La reputación de Charlotte estaba en su peor momento debido al artículo de Elton.

E Inés asistía actualmente a la hora del té de la baronesa Wickham.

«Por supuesto que no tengo miedo de una familia pequeña como Jason, pero circulan rumores... Es solo la apariencia de nuestra familia lo que se verá extraño.»

La baronesa se mordió las muelas.

Charlotte incluso tuvo varias interacciones con la baronesa Wickham, con la ayuda de Inés. Entonces, a los ojos de los demás, parecería que la baronesa cortó a Charlotte para llegar a Inés.

Por eso, Inés lo tomó en consideración, incluso reuniéndose con Charlotte, lo cual sería muy desagradable para ella.

Entonces, Inés habló en voz baja.

—Es mi culpa que la joven dama del barón Jason viniera aquí, así que no debería hacer que la baronesa Wickham tenga más problemas, ¿verdad?

Por un momento, las damas estaban un poco nerviosas.

Sin mencionar, ¿no era esta la primera vez que Inés llamaba a Charlotte "La joven dama del barón Jason" en lugar de "Charlotte"?

Eso sonó como si Inés trazara una línea con Charlotte.

«Tengo que ser cuidadosa.»

Las damas se miraron y sonrieron torpemente.

—Ugh, pensé que me lo iba a perder.

Charlotte, que de alguna manera siguió a Inés sin perderla, se tambaleó y se apeó de su carruaje.

Habría extrañado a Inés por completo si el carruaje alquilado no hubiera pasado justo a tiempo.

Pero de alguna manera el paisaje circundante le resultaba familiar a sus ojos.

Charlotte abrió mucho los ojos y miró el edificio frente a ella.

—Vaya, aquí… ¿No es esa la casa adosada del barón Wickham?

Charlotte tragó saliva.

La baronesa Wickham.

Había muchas mujeres de mayor rango que ella en el círculo social central.

Sin embargo, no había nadie que se hiciera amigo de varios nobles tan coloridos como ella. Su agradable personalidad característica y amistosa la ayudó a conectarse con muchas personas, a pesar de su estatus no tan alto como baronesa.

Mientras tanto, cuando varias familias que eran amigas de la baronesa Wickham se casaron, rápidamente emergió como la mejor casamentera.

Y Charlotte, cuyo sueño de "casarse con un buen hombre y elevar su estatus", no tuvo más remedio que querer conocer a la baronesa Wickham.

—Charlotte.

—¿Qué pasa, Inés? ¿No es esta una invitación de la baronesa Wickham?

Tan pronto como encontró una invitación a un picnic de la baronesa Wickham en el escritorio de Inés, Charlotte instó a Inés a asistir.

Inés no pudo ocultar su expresión preocupada, pero al final, fue derrotada por la terquedad de Charlotte. Así que Charlotte siguió a Inés al picnic de la baronesa y conoció a las damas prominentes que se sorprendieron mucho de ver a Charlotte allí.

Después de eso, salió varias veces con la baronesa usando a Inés como excusa.

«¡Tan pronto como sucedió esto, la invitación a la hora del té que me enviaste se canceló rápidamente...!»

Charlotte afiló los dientes.

«¿Y aún así invitaste a Inés?»

Su miserable orgullo de ella barrió cualquier razón por la que se había ido. Charlotte apretó los puños.

Capítulo 44

«¡Tengo que encontrarme con Inés ahora mismo!»

Era importante convencer a Inés para que mejorara rápidamente esta vergonzosa situación.

Mientras Charlotte caminaba hacia la puerta principal, un guardia que custodiaba la casa la detuvo.

—¿Quién eres?

—Hazle saber a la baronesa Wickham que Charlotte Jason ha visitado.

Charlotte levantó la barbilla y le dio la orden al guardia con arrogancia.

—Dile que estoy aquí para ver a la condesa de Brierton.

—¿Vino con una cita?

El guardia le preguntó a Charlotte con voz cuestionable.

Pero dijo que Charlotte seguía siendo una cara descarada.

—¿No?

El guardia se quedó sin palabras.

Entonces Charlotte se puso muy nerviosa y empezó a quejarse.

—¡¿Qué estás haciendo sin ir a informar de inmediato?!

—No, pero…

—Bueno, haz lo que quieras.

Charlotte se cruzó de brazos y miró al guardia.

—Esperaré aquí hasta que se lo digas a la baronesa Wickham.

El guardia no pudo ocultar su rostro preocupado.

Después de todo, Charlotte era una noble.

Un noble con un estatus similar al de la baronesa Wickham.

Era demasiado agobiante tratar a Charlotte según su propio juicio, por lo que, finalmente, el guardia fue a informar de la situación.

Así que la respuesta volvió…

—Puede entrar.

—¡Sí, debería!

En respuesta a la respuesta inesperada, Charlotte se echó a reír.

«No importa lo orgullosa que esté Inés, ¡no puede vivir sin mí!»

Quizás ahora Inés estaba asistiendo a la hora del té.

«No hay forma de que esa chica tímida se lleve bien con las otras damas.»

Así que Inés finalmente debía haberse dado cuenta de la importancia de Charlotte.

—Guíame.

Charlotte levantó la barbilla y dio órdenes al guardia. De esta manera, fue guiada al elegante salón.

Los ojos de las damas se volvieron hacia Charlotte en un instante. Frente a esas miradas hostiles, Charlotte vaciló por un momento sin darse cuenta.

—¡Inés!

Tan pronto como encontró a Inés sentada entre las damas, Charlotte se emocionó y caminó hacia Inés.

Añadió con voz alegre.

—¡Muchas gracias por verme así, yo...!

—Tiene que estar equivocada. Nunca la busqué, Lady Jason.

Pero Inés trazó la línea con frialdad.

—¿Qué?

Ante esa fría reacción, Charlotte parpadeó sin comprender.

Inés miró a Charlotte con una mirada fría.

—La situación actual es que Lady Jason irrumpió en la hora del té a voluntad. ¿No es así?

Sin palabras, Charlotte se mordió los labios.

Hacia Charlotte, Inés curvó los ojos como una media luna.

Tenía una sonrisa tan fría como el hielo.

—¿Me perseguiste desde la casa de Brierton?

—¡Sí, pero…!

—Me dio vergüenza ver que me siguiera a toda prisa, pero espero que no pretenda ser amigable.

—¡Inés!

—Además, si su oponente es un noble con un título, es educado llamarlo por ese título.

La sonrisa de Inés se volvió un poco más oscura.

—No debería decir el nombre de otra persona imprudentemente.

—¡Qué…!

Enfurecida, Charlotte intentó protestar, pero fue interrumpida por la baronesa Wickham, que solo observaba la situación.

—Señorita del barón Jason, deténgase y siéntese.

—¡Ja, baronesa Wickham!

—Quería asistir a esta hora del té, por eso se paró frente a la casa, ¿verdad?

La baronesa Wickham miró a Charlotte con su mirada afligida.

—Entonces beba su té y váyase. No provoque problemas por nada.

Entonces la baronesa la regañó abiertamente, pero Charlotte no abrió la boca. Fue porque la baronesa Wickham, así como las otras damas, mostraron signos de disgusto.

Charlotte no tuvo más remedio que sentarse incómodamente al final. Entonces la baronesa Wickham sonrió ampliamente y habló con Inés.

—Por cierto, condesa, ahora que ha recibido su título de vuelta, ¿estará más ocupada en el futuro?

—Creo que sí. Hay límites para lo que una persona puede hacer.

—Muchas gracias por asistir a nuestra hora del té a pesar de que está tan ocupada.

La baronesa presumió en secreto su relación con Inés.

Luego, las otras damas se unieron ansiosamente.

—No sabe lo lindo que es verla así.

—Bien. Espero verla más a menudo en el futuro.

—Yo también lo espero.

Inés sonrió suavemente a las damas.

Charlotte, mientras tanto, sintió una sutil sensación de privación al enfrentarse a la atmósfera amistosa.

Sin mencionar que la forma en que las damas trataban a Inés y Charlotte era completamente diferente.

Era como si me convirtiera en una persona invisible.

Charlotte apretó los puños.

Nadie quería hablar con ella.

Todos estaban ocupados tratando de hablar con Inés.

«¡Ese asiento era originalmente mío!»

El centro de la conversación, un puesto que recibe la atención de todos.

Pero ahora fue Inés quien ocupó ese puesto.

Charlotte sintió que se le hervía el estómago. En ese momento, Inés cambió suavemente de tema.

—Ah, vizcondesa Fildette. ¿Escuché que su esposo está en el negocio de importar cerámica recientemente?

—Oh, ¿lo sabía la condesa?

La dama con los ojos bien abiertos asintió rápidamente.

—Sí, es por eso que está tan ocupado estos días.

—Definitivamente funcionará. Entonces, si le da a Brierton la oportunidad de invertir un poco, sería feliz…

—¡Oh, Dios mío, si la condesa invierte en nosotros, solo estamos agradecidos!

Ante esa sugerencia, el rostro de la vizcondesa Fildette se iluminó.

Inés tuvo una conversación amistosa con las otras damas así.

Ni siquiera miró a Charlotte.

Así pasó una hora.

Y mientras tanto, Charlotte ni siquiera podía decir una sola palabra.

Fue porque Inés, naturalmente, estaba tomando la iniciativa en la conversación. Charlotte trató de forzarse a participar en la conversación, pero no pudo. Porque el contenido de la conversación entre Inés y las damas era muy desconocido para Charlotte.

Por ejemplo.

—La cosecha de trigo de este año ha sido bastante buena, ¿no? Así que Su Majestad había establecido una política de almacenamiento de trigo por adelantado para la hambruna…

Estaba relacionado con proyectos nacionales; o…

—¿Escuchó que el duque de Sussex participó recientemente en la reunión de la nobleza?

Anécdotas del mundo financiero.

—Esta vez, mi hermano abrió un restaurante y dice que las ganancias son muy buenas.

O bien, operaciones comerciales que solo podrían realizarse con un enorme poder financiero. Todos eran temas de los que solo la clase alta podía hablar naturalmente. Ni siquiera se mencionó el interés habitual de Charlotte por los vestidos elegantes y las joyas, las fiestas, las reuniones con caballeros agradables y las bodas.

«¡¿Qué diablos soy?!»

Finalmente, la paciencia de Charlotte, que apenas se estaba conteniendo, se hizo añicos.

«No era así por lo general, ¡nunca había estado tan alienada!»

De hecho, la razón por la que Charlotte no había sido alienada fue gracias a Inés. Fue porque Inés le dio tanta consideración desde el principio para que Charlotte también pudiera participar en la conversación. Pero ahora que Inés se ha alejado de Charlotte. La situación había cambiado por completo.

—Entonces, esta vez…

—Oh, ¿eso sucedió?

Todas las damas que asistieron a la hora del té actuaron como si hubieran olvidado la existencia misma de Charlotte

Todas parecían felices excepto Charlotte.

Y para Charlotte, escuchar las risas y charlas de las damas estallando alegremente fue insoportablemente desagradable.

—¡¿Qué estáis haciendo ahora?!

Impaciente, Charlotte levantó la voz.

La atmósfera quedó en silencio como si se hubiera derramado agua fría.

Las damas se sorprendieron y miraron a Charlotte con los ojos muy abiertos.

Pero entre ellas, solo había una persona con una cara indiferente. Era Inés.

—¿Qué falta de respeto es esta, señorita del barón Jason?

Esa voz tranquila más bien tocó los nervios de Charlotte. La expresión la hizo sentir horrible. Quería estropear ese rostro tranquilo de inmediato.

Charlotte saltó de su asiento y señaló a Inés.

—¡Qué descortesía! ¡Lo que estás haciendo es grosero!

Luego, incapaz de superar su ira, jadeó mientras miraba a Ines.

—¡No trates a las personas como si fueran invisibles!

—¿Qué quiere decir con gente invisible?

—¡Ahora ni siquiera pienses en negarlo! Todos me están ignorando, ¡¿no crees que no lo sé?!

Charlotte exclamó en voz alta.

—¡Tú ordenaste todo esto!

Inés miró a Charlotte con una mirada de triunfo.

Athena: Jooooooder, como puede ser tan estúpida. De verdad, la gente con los egos y la subnormalidad.

Capítulo 45

—¿Por qué crees que haría algo tan problemático?

—¡Problemático, tú…!

—Así es. La razón por la que Lady Jason pudo asistir a esta hora del té en primer lugar fue... —Inés miró a la baronesa Wickham con una sonrisa—. Porque le pedí a la baronesa Wickham que trajera a Lady Jason.

—¡¿Qué demonios significa esto?!

La sangre abandonó el rostro de Charlotte. Miró de soslayo a la baronesa Wickham y vio que la baronesa asentía con la cabeza como si estuviera de acuerdo con Inés.

Significaba que no había mentira en las palabras de Inés.

—Es mucho más fácil no entrar desde el principio que entrar y ser ignorada.

—Bueno, entonces, ¿qué diablos está pasando?

—No es que ignoramos a la dama, sino que la dama no estaba dispuesta a participar en nuestra conversación, ¿verdad? —preguntó Inés en voz baja.

Al mismo tiempo, las damas salieron una por una para ayudar a Inés.

—Tiene razón, condesa.

—En primer lugar, fue Lady Jason quien intervino a la fuerza en esta hora del té.

—En tal situación, es demasiado tener una conversación con Lady Jason.

—¿Por qué no intentó hablar con nosotras primero?

Dado que no era su posición dar la bienvenida a Charlotte desde el principio, la reacción de las damas fue bastante intensa.

Charlotte irguió los hombros.

«¿Cómo pasó esto?»

Cuando recobró el sentido, se dio cuenta de que estaba a la defensiva.

En esa situación, Inés lo volvió a clavar.

—Por encima de todo, sabe que lo que dijo Lady Jason es un insulto para las damas aquí, ¿verdad?

—¡Oye, de qué estás hablando!

—Así es. No hay una relación jerárquica entre las damas y yo…

Inés suspiró.

—Las damas en esta sala no pueden dejarse influir por mis palabras, ¿verdad?

Ups. Charlotte sintió frío, como si se hubiera tragado un gran trozo de hielo.

«Cometí un error.»

Como prueba de ello, las damas miraban a Charlotte con ojos ensangrentados.

Para ser honesto, era cierto que las damas desconfiaban de Inés. Pero hablar de ello era otro asunto.

Era lo mismo que decir: "Eres más baja que Inés". Las damas que estaban reunidas aquí no eran personas que no eran nadie y, por supuesto, tenían una nariz alta. En la situación actual que era desfavorable para Charlotte, incluso ha tocado el orgullo de las damas...

«Se acabó.»

Inés puso cara de satisfacción.

—Ah, eso, eso…

Charlotte no estaba segura de qué hacer y miró a su alrededor.

Pero ella no tenía salida.

Entonces a Charlotte, que estaba en su aprieto, se le ocurrió una solución.

—¡Inés!

Al final, lo único que pudo hacer fue aferrarse a Inés.

—¿Por qué diablos me estás haciendo esto?

Charlotte le suplicó a Inés con sus ojos muy abiertos.

—Somos amigas, ¿no?

—¿Oh, Dios mío, amigas?

Inés abrió mucho los ojos por un momento, luego se echó a reír como si hubiera escuchado una broma muy divertida.

—¿Cómo puede ser considerada su amiga una mujer que está teniendo una relación inapropiada con el esposo de su amiga?

—¡¿Oye, Inés?!

—Incluso el día después de que me divorcié, yacías desnuda en el estudio que compré para mi ex.

Inés continuó haciendo comentarios explosivos sin levantar una ceja.

Las damas estaban asombradas.

—Vaya, ¿es eso cierto?

—¡Dios mío, cómo sucedió eso!

El murmullo de las damas no se calmó fácilmente.

—Honestamente, ¿cuánto se ha preocupado la condesa Brierton por Lady Jason?

—Bien. Cada vez que asistía a una fiesta o a la hora del té, siempre estaba con la condesa.

—En realidad, si no fuera por la condesa, ni siquiera habría sido invitada.

—Qué desvergonzada.

La repugnancia se quedó en los ojos de las damas.

Charlotte, mientras tanto, parecía que estaba a punto de desmayarse en cualquier momento.

La sangre se escurrió de su rostro, y se puso blanca, luego se puso azul, y sus ojos rojos parecían como si fuera a estallar en lágrimas.

Pero Inés no tenía ninguna simpatía en absoluto.

Más bien, la emoción que Inés estaba sintiendo en este momento.

«Me siento bien.»

Se sintió renovada como si su pecho se hubiera abierto.

La opinión pública de que su venganza fue inútil, por lo menos no le sentó nada a Inés.

No importaba si otras personas la señalaban con el dedo diciendo que era mala.

Quería que Ryan y Charlotte sintieran tanto dolor como ella.

—...Para ser honesta, estaba realmente sorprendido.

Por lo tanto, Inés bajó los ojos y habló en voz baja.

—Después del divorcio, fui a limpiar el estudio y vi que los dos estaban durmiendo juntos.

—¡Inés, de qué tonterías estás hablando ahora!

Charlotte levantó la voz como un grito.

Por otro lado, las damas dejaron escapar un suspiro con una expresión triste en sus rostros.

—Ay dios mío.

—De ninguna manera…

Puede que fuera una metáfora algo barata, pero a primera vista parecía una composición de una mujer adúltera y la buena esposa que perdió a su marido.

Y la adúltera era íntima amiga de la buena esposa. Significativamente, todas las personas que asistieron a esta hora del té eran mujeres casadas, mujeres que en un momento u otro habían estado preocupadas por las historias femeninas de sus maridos, ya fueran ligeras o profundas. Significaba que la situación estaba llena hasta los topes de simpatía emocional por Inés.

Charlotte, por otro lado, sintió una asfixiante sensación de crisis.

«No, no puedo seguir así, ¡no está bien!»

La situación estaba en su contra.

Charlotte trabajó desesperadamente en su cerebro.

«Tengo que convencer a Inés de alguna manera. Para hacer eso... ¡Oh, sí!»

Por un momento, los ojos de Charlotte se iluminaron.

Ahora que lo pensaba, había una razón para persuadir a Inés.

Así es.

—Pero Inés, escúchame. ¡Yo también soy una víctima!

Charlotte levantó rápidamente la voz.

Inés le preguntó a Charlotte con una mirada perpleja en su rostro.

—¿Víctima

—Sí, Ry…. ¡No, joven maestro Gott!

Casi siempre llamaba a Ryan.

Charlotte cambió rápidamente el nombre y asintió violentamente con la cabeza.

—El Joven Maestro me sedujo. ¡Simplemente me enamoré de él!

Las lágrimas brotaron de los ojos de Charlotte.

—Era tan joven e ingenua en ese entonces… Simplemente no pude resistirme a él.

Al suplicar eso, Charlotte cantó una canción deliciosa en su corazón.

«Vale, ¡esa es una explicación perfecta!»

Mientras tanto, Charlotte enterró la cara en sus manos y gritó en voz alta. La vista de las lágrimas corriendo por sus mejillas enrojecidas fue tan lamentable que hizo que la gente quisiera abrazarla y consolarla.

Siempre había sido así con los hombres. Cada vez que derramaba lágrimas, trataban de consolarla, sin saber qué hacer.

«Si hago esto, Inés también se ablandará un poco, ¿verdad?»

Charlotte estaba tan absorta en el "papel de víctima" que no se dio cuenta el hecho de que Inés y otras señoras la miraban con cara de cansancio.

Al poco tiempo.

—¿Por qué necesito saber sobre eso?

Una voz lastimosa volvió a Charlotte.

Sorprendida, Charlotte levantó la cabeza con un destello.

—¿Ah, Inés?

Con las lágrimas brotando, el rostro de Inés apareció más allá de su visión borrosa.

El rostro de Inés estaba tan frío que parecía no tener sangre.

—Esas son las aventuras amorosas de Lady Jason.

—¿Qué?

Por un momento, Charlotte dudó de sus oídos.

«Incluso me inclino así y me quejo de la injusticia, ¿pero tú eres así?»

¿Esa dulce Inés?

Charlotte se sintió entumecida como si le acabaran de dar una bofetada en la nuca.

Inés volvió a disparar.

—En la relación inapropiada entre el maestro Gott y Lady Jason, incluso si la dama es una víctima…

—No, espera…

—Para mí, tú eres la perpetradora.

Ante esas palabras descaradas, el rostro de Charlotte se endureció.

Inés habló con una cara sombría.

—Entonces, no te atrevas a fingir que eres lamentable frente a mí.

—¡Fingiendo ser lamentable, yo...!

—No quiero ser tan baja como Lady Jason, así que estoy siendo muy paciente.

¿No es esto? Charlotte, que miró a su alrededor perdida, enderezó los hombros.

Efectivamente, las damas también tenían la misma expresión en sus rostros que Inés.

No había piedad, ni siquiera una señal de sentir pena. Lo único que se podía ver en los rostros de las damas era patético, disgusto y disgusto.

—Lady Jason.

Al mismo tiempo, la baronesa Wickham llamó a Charlotte con voz solemne.

—Estoy muy decepcionada con el comportamiento de la señorita hoy.

—¿Sí? ¡Pero!

—Obviamente, recibió la carta de cancelación, pero fue muy grosera al venir tan arbitrariamente.

La baronesa que dibujó una línea aguda, miró de reojo a Inés.

Capítulo 46

—Además, con la generosidad de la condesa, le permitió asistir a la hora del té, pero causó un revuelo.

—¡Espera un minuto, eso es...!

—Espero nunca ver a la joven dama Jason en la residencia de los Wickham en el futuro.

La baronesa levantó la barbilla y terminó sus palabras.

—Entonces, quiero que se vaya ahora.

—¡¿Qué?!

Charlotte estaba aterrorizada.

Pero la baronesa Wickham estaba decidida.

—Si renuncia ahora, terminará con la partida personal de Lady Jason, pero si persiste, será una disputa.

—Ja, baronesa Wickham. Quiero decir…

—Ahora te estoy dando la oportunidad de encubrir silenciosamente la conmoción actual.

Charlotte, que se apresuraba a inventar excusas, irguió los hombros.

—Si no acepta esa oportunidad, tampoco tengo intención de aguantarla —declaró la baronesa Wickham con frialdad.

Charlotte estaba a punto de llorar, de hecho, la situación actual en sí misma era demasiado desventajosa.

Su aventura fue reportada por Elton, la revista más confiable del reino.

E incluso el testimonio personal de Inés. Incluso la excusa de "¡Yo también soy una víctima!", que ella creía en su corazón, fue destruida por Inés.

No importa cómo lo mirara, Charlotte no tenía espacio para girar.

La baronesa Wickham volvió a alzar la voz.

—¿Hay alguien ahí? Lady Jason se va, llévala a la puerta principal.

—¡No, puedo salir sola!

Al final, Charlotte se vio obligada a retroceder con resentimiento en su rostro.

Tan pronto como Charlotte salió de la sala, las palabras de consuelo cayeron sobre Inés.

—Uf, qué es esto… Parece que la tormenta ha pasado.

Empezando por la baronesa Wickham.

—¿Está bien, condesa?

—Ya sea que Lady Jason tenga un concepto o no...

Las damas también arrojaron descaradamente palabras duras hacia Charlotte.

—Ella afirma ser la víctima; es indignante.

En particular, la vizcondesa Fildette, que se enteró de la inversión de Inés, estaba ansiosa por hablar.

—Incluso si el Maestro Gott la hubiera seducido en primer lugar, ella pensó en habérselo dicho primero a la condesa, ¿verdad?

—Quiero decir. Si ella realmente no quisiera ese tipo de relación, ya se habría distanciado del Maestro Gott.

—Parecía que se divertían juntos, pero ahora qué…

Al escuchar las abundantes palabras de consuelo, Inés tenía una sonrisa amarga en su rostro.

—Gracias a todas por consolarme así. Es un gran consuelo.

—¡Oh, Dios mío, condesa!

—Pero ahora estoy bien. —Inés continuó hablando con voz tranquila—. Aunque es cierto que una vez amé mucho a Ryan y le di todo.

—Oh, condesa Brierton…

—Sin embargo, en cierto modo, creo que es una suerte que este sea el final.

Inés no derramó lágrimas ni se puso triste.

En cambio, expresó con calma sus sentimientos internos con una actitud constante de principio a fin.

—De todos modos, el divorcio se completó con éxito y puedo filtrar a las personas que alguna vez pensé que eran amigos pero que no lo eran.

Los ojos de las damas que habían escuchado esas palabras se llenaron de admiración.

—Debe haber sufrido mucho dolor hasta ahora, pero ¿cómo puede estar tan tranquila...?

—Si fuera yo, no habría estado tan tranquila.

Inés continuó.

—De todos modos, lo que quiero decir es que no tienen que dejar de interactuar con Lady Jason por mi culpa.

—¿Qué? Aun así, condesa…

—¿Cómo puedo entrometerme en las amistades de las damas?

Inés hizo esa pregunta casualmente.

Por un momento, las damas parecieron sorprendidas.

«¿Cómo puede ser tan generosa? Ahora que lo pienso, Inés no interfirió en absoluto con la hora del té de hoy, ya sea que Lady Jason estuviera presente o no.»

Era solo que las damas sabían y actuaban por su cuenta.

—Sin embargo, no tengo intención de interactuar más con ella, así que espero que lo entiendan.

Inés terminó sus palabras suavemente.

Cada una de las damas miró a Inés con una expresión solemne en sus rostros.

—¡Por supuesto, condesa!

—No fue porque la condesa lo hizo así, tampoco queremos interactuar con una mujer tan desvergonzada.

—¡Bien! ¿qué? ¿La condesa nos dijo que siguiéramos interactuando con Lady Jason?

Entre ellas, algunas damas nobles con un fuerte orgullo estaban enojadas y celosas hasta la coronilla. Frente a las damas emocionadas, Inés levantó los labios con satisfacción.

—¿Quién cree que somos?

«Bien.»

Al menos para las damas presentes, la reputación de Charlotte parecía haber llegado a su fin.

Y dada la influencia que tuvieron en el mundo social…

«Charlotte, lo vas a pasar mal.»

La sonrisa de Inés se hizo un poco más profunda.

Ese día, Inés volvió a casa más tarde de lo habitual. Aunque la baronesa Wickham la invitó a quedarse a cenar, Inés se negó.

—¿Está aquí, mi señor?

Mary recibió a Inés. Pero, de alguna manera, había una expresión triste en su rostro.

—¿Mary? ¿Qué pasa?

Inés miró a Mary con cara de perplejidad.

Luego, después de dudar durante mucho tiempo, Mary abrió la boca con dificultad.

—Lo lamento…

—¿Por qué?

—Acerca de antes...

Mary amortiguó sus palabras con una expresión oscura.

Más temprano ese día, cuando Charlotte fue a ver a Inés, Mary no pudo soportarlo y le respondió. Aunque Inés dijo "gracias" y siguió adelante.

—Sin embargo, era una tarea con la que el jefe de la casa tenía que lidiar, pero creo que fui demasiado presuntuosa.

Mary encogió los hombros, evitando la mirada de Inés.

Sólo entonces.

—¡¿Ah, mi señor?!

Sorprendida, Mary abrió mucho los ojos. Fue porque Inés abrazó fuertemente a Mary en sus brazos.

—No.

Al mismo tiempo, sonó una voz débilmente húmeda.

—Al contrario, he estado agradecida y arrepentida todo este tiempo.

—…Mi señor.

—Supongo que estaba demasiado ocupada con mi trabajo para decir gracias apropiadamente.

Inés fue sincera.

Hace ocho años, cuando Inés aún era una niña, hasta ahora, Mary siempre estuvo a su lado.

Cada vez que Ryan era duro con Inés, Mary era la única que la consolaba y era amable con ella.

«Y... Incluso antes de la regresión.»

Los brazos de Mary lentamente ganaron fuerza.

Ahora que lo pensaba, un año antes de que Inés fuera ingresada a la fuerza en un hospital psiquiátrico.

De repente, Mary fue despedida.

Para ser precisos, no solo Mary, sino todos los sirvientes que habían estado trabajando para Brierton durante mucho tiempo fueron expulsados.

En ese momento, Inés solo estaba indefensa.

Incluso en una situación en la que las personas que habían sido amables con Inés estaban saliendo a la fuerza de la residencia.

Lejos de evitar que sucediera, solo temía que Ryan la odiara.

¿Qué le dijo Mary entonces?

No es su culpa. Así que sea fuerte. No llore.

Una voz apagada salió de entre los labios de Inés.

—Lamento mucho no haber podido separarme de Ryan antes. ¿Me desperté demasiado tarde?

—Oh, Dios mío, ¿qué quiere decir? Eso…

—Aún así, me alegra ser llamado por el título de Señor.

Después de abrazarse durante mucho tiempo, Inés dio un paso atrás, tomó la mano de Mary con fuerza con ambas manos y sonrió brillantemente.

Sus ojos verde oscuro estaban empapados de agua.

—Gracias por enojarte por mi bien.

En su estado de ánimo indescriptible, Mary, que solo se había humedecido los labios, frunció el ceño y sonrió.

—Es cabeza de familia y llora mucho, ¿qué debo hacer?

—Entonces, ¿no puedo llorar frente a Mary?

—Oh por supuesto.

Mary asintió con la cabeza rápidamente y abrió la boca como si acabara de recordar algo.

—Oh, mi señor. Ha llegado una carta para usted.

—¿Para mí?

Inés abrió mucho los ojos.

—Sí, una carta del duque de Sussex. Lo puse en tu estudio.

En un instante, Inés se puso rígida. Mary inclinó la cabeza y preguntó.

—¿Milord?

—Oh nada.

Inés, que recobró el sentido, se movió apresuradamente a su estudio.

Dentro de la bandeja de plata sobre el escritorio. Vio una letra blanca dentro.

Sir duque de Sussex.

Inés, quien miró el sobre con una mirada complicada, tomó el sobre.

El propósito de la carta era simple.

Como el retrato estaba incompleto, le preguntó cuándo podría continuar. Sin embargo, incluso por ese simple asunto, Inés no pudo responder fácilmente.

Ella solo jugueteó con el sobre durante mucho tiempo.

«Bien. Para completar el retrato, tengo que ver su cara…»

¿Será capaz de no ser sacudida frente al Duque?

¿Podrá enfrentarse a él sin pensar en razones?

«Pero no puedo seguir evitándolo así.»

Estrictamente hablando, el problema de Inés era que ella era consciente de que Enoch era la atracción opuesta.

También era extraño que Enoch no hiciera nada malo, pero ella siguió evitándolo.

«Bien.»

Respirando hondo, Inés acercó una silla y se sentó.

Desdobló el papel y agarró un bolígrafo.

Pero incluso después de eso, la luz que iluminaba el estudio no se apagó durante mucho tiempo.

Capítulo 47

En ese momento, el palacio.

Enoch había sido llevado a la mesa de la cena por la inesperada llamada de Edward.

Aunque cenar juntos fue idea suya, Helena, ocupada en su trabajo, aún no había llegado.

Así que ahora, Enoch y Edward estaban sentados uno frente al otro solos.

De alguna manera, en lugar de cenar, Enoch parecía estar ocupado con otros pensamientos todo el día.

—Enoch… ¡Enoch!

Después de que Edward llamara a Enoch varias veces.

—Oh sí.

Enoch, quien de repente recobró el sentido, miró a su hermano.

Edward entrecerró los ojos y preguntó.

—¿En qué diablos estás pensando?

—No, es nada.

Enoch negó con la cabeza y habló secamente.

Sin embargo, era evidente que su mente estaba en otra parte.

—¿En serio? ¿Es eso una expresión de nada?

—Dije que no es nada, así que ¿por qué? ¿Tengo que dar la respuesta que quieres?

—Wow, ¿estás molesto con el rey ahora?

—Es porque sigues preguntando. Se llama privado, hermano.

Enoch no reprimió una sola palabra y respondió a la pregunta una y otra vez. Edward, que miraba a Enoch de arriba abajo con insatisfacción, de repente abrió mucho los ojos.

—¿Adivinamos por qué estás tan sensible?

—No estoy sensible en absoluto...

—¿Es por la condesa de Brierton?

—No.

Enoch respondió con una cara seria.

Al mismo tiempo, la sonrisa de Edward se profundizó.

Era una sonrisa malvada.

—Hasta donde yo sé, hay casos en los que la negación excesiva equivale a la afirmación.

Enoch tenía una cara triste, pero no se atrevió a replicar.

Honestamente, era cierto que Edward había dado en el clavo. Lo que a Enoch le preocupaba en este momento era...

«¿Por qué la condesa Brierton no respondió a la carta?»

De hecho, fue bastante extraño recibir una respuesta a tiempo. Era el mediodía de hoy cuando originalmente le envió la carta, y después de eso, entró al palacio de inmediato debido a la llamada de Edward.

Pero no pudo evitar mantener sus pensamientos enfocados en la carta que le envió a Inés.

El pensamiento que comenzó con la carta continuó extendiendo sus ramas a voluntad.

«Ahora que lo pienso, la condesa parece estar un poco incómoda conmigo. ¿Si por casualidad ella rechaza un horario relacionado con el retrato...?»

Los ojos azules de Enoch se oscurecieron.

«Entonces, ¿será difícil ver el rostro de la condesa en el futuro?»

En un instante, sintió que su corazón se hundió.

Sintiéndose molesto, Enoch se quedó mirando los cubiertos que yacía sobre la mesa para nada. Por otro lado, Edward estaba observando a Enoch, cuya expresión cambiaba de momento a momento con una expresión misteriosa en su rostro.

«¿Le pasó algo a la condesa de Brierton?»

Cuando Edward entrecerró los ojos con sospecha.

La reina, Helena, entró en el comedor.

—Lo siento, llego un poco tarde. Tenía algunas cosas que decirle a la criada.

—No. Mucho tiempo sin verla, mi reina.

Enoch la saludó cortésmente.

La reina sonrió brillantemente.

—Ha pasado un tiempo, duque de Sussex.

—Helena, por favor toma asiento.

Edward, que amaba mucho a su esposa, rápidamente le ofreció a Helena su asiento. Helena tomó asiento y la comida comenzó a salir una tras otra.

No fue una cena formal, sino más bien una comida familiar.

—¿No es el trabajo demasiado ocupada en estos días? Tu rostro se ve delgado.

—Me alegro de que estés preocupado por mí. Pero estoy más preocupado por Su Majestad que por mí misma.

Hoy, el rey y su esposa estaban muy cariñosos. Era bueno, pero Enoch, emparedado entre la pareja, se sentía absolutamente mal del estómago.

«Debo comer rápido y levantarme.»

Enoch cortando el bistec mientras se derramaba bruscamente sobre la parte posterior de su oreja mientras el rey y su esposa conversaban.

Pero entonces.

Helena abrió lentamente la boca.

—Por cierto, las noticias sobre la condesa Brierton están en todo el mundo, ¿no es así?

Por un momento, Enoch irguió los hombros.

Helena siguió hablando con picardía.

—Incluso la familia real se suscribe a Elton.

—¿Ah, sí?

—Por supuesto. Los periódicos hablan de la condesa Brierton todos los días, así que no hay forma de que no lo sepa.

A pesar de que el tema de Inés salió a relucir, el rostro de Enoch estaba simplemente tranquilo. Pero Edward y Helena notaron que los nervios de Enoch estaban de punta. Porque Enoch solo había estado rebanando bistecs antes, pero no los comía. Edward abrió la boca.

—Enoch.

—Sí.

—¿Tu objetivo es convertir el bistec en poder de la carne?

Ups.

Entonces, Enoch recobró un poco el sentido.

El bistec cocinado con sumo cuidado por el chef ya estaba hecho pedazos, por lo que era difícil incluso reconocer su forma.

—…No.

Enoch puso un pequeño trozo de bistec en su boca con una cara incómoda.

Luego masticaba mecánicamente y tragaba la carne.

Helena sonrió y abrió la boca.

—Ah, duque de Sussex. ¿Me puedes ayudar?

—¿Ayudar?

—Quiero decir, no ha habido un intercambio en los últimos años, ¿verdad?

Tan pronto como escuchó esas palabras, los ojos de Enoch brillaron.

Helena pronunció sus palabras, ignorándolo.

—Así que estoy pensando en realizar una exposición de intercambio después de mucho tiempo. Ya hemos terminado de hablar con Kaldorov.

Exposición de intercambio.

Era literalmente un lugar donde interactuaban artistas de cada país.

Para saber dónde comenzó el intercambio, tenemos que retroceder unos trescientos años. En ese momento, Lancaster y Kaldorov habían estado luchando durante cien años, repetidamente tregua y guerra. El largo período de guerra se llama Guerra de los Cien Años en los libros históricos. Mientras tanto, después de que terminó la Guerra de los Cien Años, se había convertido en una tradición continuar intercambiando para promover la amistad.

La reina de Lancaster, que asistió por primera vez a la reunión de fin de guerra, era una amante del arte y, a partir de ella, se convirtió en un intercambio de artistas organizado por la realeza.

Y ahora, trescientos años después.

Lo bien que manejaron ese intercambio se convirtió en una sutil batalla de orgullo entre Kaldorov y Lancaster.

Enoch, que parecía estar pensando profundamente por un momento, de repente abrió la boca.

—Entonces, ¿puedo recomendar un talento?

—El duque de Sussex recomienda personalmente un talento, por lo que estoy deseando que llegue. ¿Quién es?

—La condesa Brierton.

En respuesta a esa respuesta, el rey y su esposa miraron abiertamente a Enoch.

Pero en lugar de levantar una ceja, Enoch se esforzó por convencer a Helena.

—Le aseguro que el talento artístico de la condesa es sobresaliente.

Eso era cierto.

Si Inés no hubiera tenido talento en primer lugar, Ryan no le robaría su talento y andaría fingiendo ser un gran pintor.

—Porque es una artista emergente y también es mujer.

Enoch habló con entusiasmo.

—Entre todos los artistas que han participado en el intercambio hasta ahora, ¿no ha habido una sola artista femenina?

—Bien, eso es cierto.

—Debe haber un simbolismo libre de género frente al arte.

Ante esas palabras, Helena sintió que le escocían los oídos.

Lancaster y Kaldorov eran países opuestos en muchos sentidos. Si Lancaster era conservador y aristocrático, Kaldorov era de mente abierta y relativamente libre.

Entonces, cada vez que tenían una exhibición de intercambio, Kaldorov ridiculizaba en secreto que no había mujeres artistas en Lancaster.

Ante la oposición de artistas establecidos dentro de Lancaster, no había habido precedentes de una artista femenina presente.

Nunca pensaron que Enoch realmente recomendaría a la condesa de Brierton.

«Es interesante.»

Ahora era un poco tentador.

Enoch siguió avivando el palpitante corazón de Helena.

—¿No ha ridiculizado Kaldorov en secreto la atmósfera rígida de Lancaster todo este tiempo?

—Sí, eso es verdad.

—Si la condesa está presente en esta situación, entonces es muy positivo.

Era lo correcto para decir.

Pero.

«¿Habías visto alguna vez a Enoch recomendar a alguien con tanta pasión?»

«Al menos creo que es la primera vez que lo veo.»

Edward y Helena intercambiaron miradas en secreto.

Ni siquiera había un rastro de su apariencia aparentemente aburrida, ya que generalmente era indiferente a todo.

«Ésta es la indicada

Los ojos de Edward se iluminaron.

¿No parece como si la participación de la condesa Brierton en el intercambio y el aumento de su fama fuera algo muy importante para Enoch?

Sin embargo, no fue una mala propuesta desde el punto de vista de albergar el intercambio.

—Está bien, pensemos en ello positivamente.

Helena asintió con la cabeza.

—Gracias.

A pesar de que aún no había recibido una confirmación, el rostro de Enoch se iluminó. Helena, que miraba a Enoch así, de repente hizo una pregunta.

Capítulo 48

—Por cierto, duque de Sussex.

—Sí, dime.

—¿Por qué el duque incluso dice gracias?

Se quedó desconcertado.

Enoch, que tenía una cara muy emocionada, se endureció como estaba.

—Incluso si la condesa Brierton se une a la tripulación del intercambio, no sería bueno para el duque.

Helena volvió a hacer la pregunta en broma.

—¿No es inconveniente pedirme que haga esto?

—Eso…

El cuello de Enoch se movió ruidosamente.

—Solo espero que el intercambio se lleve a cabo con éxito.

—¿Es eso así?

—Sí. Y personalmente, aprecio el genio de la condesa Brierton.

Enoch continuó, fingiendo estar tranquilo.

—Descubrí a la condesa, así que quiero que su talento brille tanto como sea posible.

—Hmm, entonces.

Helena no hizo más preguntas.

Con una mirada de saber algo, parpadeó y asintió con la cabeza.

Esa tarde.

El rey y su esposa regresaron de despedir a Enoch.

—Seguramente... creo que el duque de Sussex estaba enamorado de la condesa.

La primera en hablar fue Helena, que tenía un rostro algo inesperado.

—Nunca había visto al duque hablar de alguien con tanto entusiasmo.

A diferencia de Helena, que parecía un poco sorprendida, Edward tenía una sonrisa juguetona en el rostro.

—¿Bien? ¿No es gracioso?

—¿Desde cuándo se dio cuenta Edward?

—Bueno, para ser honesto, pensé que sospechaba un poco desde el momento en que abrió una exhibición de arte de la nada.

Edward, quien barrió su barbilla, habló.

—De todos modos, no lo he confirmado yo mismo, así que veámoslo por ahora.

—Sí.

Helena asintió con cara de perplejidad.

Pero la pareja real ya lo estaba sintiendo. El hecho de que Enoch, quien solo era indiferente bajo cualquier circunstancia, mostrara diversas expresiones cuando "Inés" se convirtió en un tema de discusión.

Tarde noche.

Después de regresar a la casa de la ciudad, Enoch escuchó las buenas noticias.

—Ha llegado una respuesta de la condesa Brierton.

—¿En serio?

Enoch escuchó las noticias sobre la carta del mayordomo, fingiendo estar despreocupado.

Enoch, que entró inmediatamente en el estudio, pospuso incluso cambiarse de ropa y cogió un cortapapeles.

Entonces, la respuesta de Inés que fue confirmada fue simple.

Había mucho trabajo por hacer con el reciente regreso de la condesa Brierton.

Entonces, se trataba de volver a encontrarnos en el estudio el otro día en una semana.

—Una semana después…

Enoch habló en voz baja para sí mismo.

Antes, frente al mayordomo, Enoch fingió ser indiferente, ahora solo él estaba en el estudio.

Una sonrisa se extendió lentamente por su hermoso rostro.

Era una sonrisa muy feliz.

Mientras tanto, Inés estaba ocupada.

Si bien asistió a eventos sociales en los que nunca antes había puesto un pie en apoyo de Ryan, también se reunió cara a cara con representantes de empresas en las que había invertido en Brierton.

Entonces, sucedió un incidente que Inés no esperaba. Se trataba de la pelea con Charlotte a la hora del té de la baronesa Wickham.

—Cariño, ¿lo sabes? ¿Cómo se divorció la condesa Brierton?

Las damas que asistieron a la hora del té hablaron con sus esposos uno por uno.

—Bueno, esta es la historia que escuché. La señorita del barón Jason y el joven maestro del vizconde Gott…

Luego, los esposos les dijeron a sus amigos en su club que Inés había presenciado una vista impactante en el estudio de arte.

Los rumores que se habían difundido así de repente crecieron y se inflaron, e incluso las personas que no estaban interesadas en los asuntos de otras personas llegaron a conocerlos.

Incluso llegó a los oídos de Ryan, la parte del rumor.

—¡Ryan!

Alguien agarró el hombro de Ryan por detrás.

En ese huracán, el alcohol que fluyó sobre el vaso mojó los hombros y el pecho de Ryan. Ryan miró hacia atrás con una mueca.

—¿Este gamberro?

El oponente era uno de los asistentes a la fiesta del club, con quien Ryan bebía a menudo. Un hombre borracho empujó abruptamente su rostro hacia Ryan.

La distancia era tan cercana que las puntas de sus narices se tocaban.

—¡Tú, aléjate...!

—Ryan, tienes mucho talento, y el día de tu divorcio, tuviste una noche caliente con la joven dama del barón Jason.

Por un momento, Ryan arrugó la frente.

—¿Qué?

—¿Qué? Escuché que la joven dama del barón Jason estaba llorando profusamente. Dijo que tú la sedujiste primero.

El humilde hombre vulgar se rio suavemente.

—Entonces, escuché que la joven dama Jason no pudo soportar tu presión y pasó la noche contigo.

Por un momento, Ryan sintió que sus ojos giraban.

«¡Charlotte, maldita perra!»

¡También le molestó que Inés se divorciara de él por su enredo con Charlotte!

¡¿Pero ahora Charlotte difundió tonterías a sus espaldas?!

—¡Qué triste estaba sollozando Lady Jason, fue desgarrador para todos los que lo vieron!

El hombre ahora estaba sosteniendo su barriga y se reía.

Ryan, que no pudo ganar, golpeó la mesa y saltó de su asiento.

—¡Mierda!

En medio de eso, las botellas de vino y los bocadillos en la mesa estaban esparcidos por todo el lugar. Ryan, que había estado muy enojado, salió corriendo.

Los ojos de las personas que estaban borrachas y colgadas siguieron la espalda de Ryan.

—Bastardo, ¿a dónde vas?

—Bueno, ¿vas a ir a ver a La condesa Brierton?

Uno de los hombres abrió la boca con saña.

—Para recuperarla, ponte de rodillas y llora como un niño.

—¡Jajaja!

—¡Así es!

La risa estalló entre la gente.

—Un bastardo no tiene orgullo…

—Bueno, ¿no es más ridículo cuidar su orgullo frente a la condesa?

—¡Es el bastardo que tenía el Brierton en la espalda, y ahora es un perro!

Las personas que se rieron de Ryan durante mucho tiempo volvieron a titular la botella.

En realidad, se lo merecía, porque la reputación de Ryan no era muy buena entre la gente. ¿A quién le gustaría un hombre que siempre alardeara de esa manera en primer lugar?

Sin embargo, Ryan estaba orgulloso del dinero de Inés y pagaba bien su alcohol, por lo que la gente salía con él.

Eso significaba que Ryan, que había perdido el título de Conde de Brierton, no era más que una burla.

Pero entonces.

—Hola.

Se escuchó la suave voz de una mujer.

—Quiero ver al joven maestro Gott.

Los ojos de la gente inmediatamente se volvieron hacia un lado. Al final de esa mirada, una hermosa mujer con su largo cabello rojo estaba de pie con una expresión orgullosa.

—¿La señorita del barón Jason?

Mientras tanto en ese momento.

Ryan subió al carruaje a toda prisa.

—¡Vamos a la mansión Brierton ahora mismo!

Ryan, que gritó primero, apretó los dientes.

«Charlotte, ¿qué diablos se supone que debo hacer con esta perra?»

Ryan no pudo evitar morderse las uñas.

«Iba a visitar a Inés nuevamente cuando se calmara moderadamente, pero no esperaba visitarla así.»

Pero si se quedaba así, solo la apariencia de Ryan se arrastraría hasta el barro.

En primer lugar, dado que Charlotte mintió que "Ryan me sedujo primero", tenía que aclarar el malentendido.

¿Qué pasa si Inés realmente cerraba la puerta de su corazón...?

«¡Eso no es bueno!»

De alguna manera tenía que apaciguar el corazón de Inés.

En ese momento, el carruaje se detuvo.

Ryan salió corriendo del carruaje.

Tarde en la noche cuando solo las lámparas de gas iluminan los alrededores de forma rojiza.

El ambiente estaba en silencio.

«Por ahora, tendré que esperar y ver si puedo aferrarme a Inés.»

Aunque sabía que los guardias estaban vigilando la casa, todavía quería conocer a Inés una vez.

Ryan caminó hacia la casa con una expresión sombría en su rostro.

—Quiero ver a la condesa Brierton.

En lugar de intentar llamar a Inés por reflejo, Ryan apretó los dientes.

Inés.

No sabía que el nombre que solía llamar casualmente se sentiría tan lejano.

Los guardias, que solían llamar cortésmente a Ryan "Conde Brierton", ahora lo miraban con rostros severos.

—El Señor aún no ha regresado a casa.

—¿Qué? ¡Es demasiado tarde…!

Ryan gritó enojado.

Hablando del diablo, escuchó el sonido de un carruaje corriendo desde lejos.

Era un carruaje con el escudo de armas de Brierton.

Capítulo 49

—¡Hola, Inés!

Ryan rápidamente se dio la vuelta.

Inés, que estaba sentada en el carruaje, miró a Ryan con una mirada patética.

—Siempre lo mismo.

—¿Qué?

—Al visitar la casa de otra persona, es de buena educación hacer una cita con anticipación y no visitarla demasiado tarde o demasiado temprano.

Mirando a Ryan con una cara confundida, Inés sonrió lindamente.

—Incluso esos modales básicos todavía no se observan.

Tan pronto como se encontraron cara a cara, el veneno continuo se derramó y Ryan sintió que su mente se mareaba.

Pero por un tiempo.

«Oh, no.»

Tuvo la suerte de ver a Inés, pero no podía quedarse de brazos cruzados así. Ryan rápidamente abrió la boca.

—Bueno, Charlotte.

—¿Charlotte?

—Creo que Charlotte está difundiendo rumores, y todo es una tontería. —Ryan continuó hablando apresuradamente—. Yo seduje a Charlotte primero, dijo, ¿qué tontería es esa? Tú no crees en esas tonterías, ¿verdad? ¿Eh?

Ryan, que balbuceaba una y otra vez, sintió que el calor subía a su cabeza.

Una vez más, se debió a la ira.

Ryan levantó la voz sin darse cuenta.

—¡Más bien, Charlotte me sedujo primero! ¡Eres a la única que amo, aunque por un momento me volví loco!

Se sintió sofocado por el aire tenue que lo rodeaba. Ryan le suplicó a Inés con voz apretada.

—¡Eres la única para mí!

Inés solo miró a Ryan con una mirada incomprensible y se quedó en silencio.

Ryan sintió que su corazón se apretaba cuando entró en pánico.

«¿Por qué está tan callada?»

Preferiría que Inés se enojara o le respondiera. …

Pero entonces.

Inés abrió la boca con una voz alegre.

—¿Ah, Charlotte?

Al mismo tiempo, la cara de Ryan estaba distorsionada.

«¡¿Charlotte?!»

Ryan rápidamente miró hacia atrás.

Charlotte, que estaba de pie detrás de Ryan, abrió los ojos y miró a Ryan.

Ella disparó con una voz muy aguda.

—Ryan, ¿cómo pudiste hacerme esto?

Charlotte ahora incluso se ha olvidado de llamar a Ryan "Maestro Gott", que solía llamar en consideración a las opiniones de otras personas.

Charlotte rugió de nuevo.

—¡Ignoraste mis llamadas hasta ahora! ¡¿Tengo que ir a buscarte así?!

Después de la hora del té de la baronesa Wickham.

Charlotte reflexionó durante varios días y llegó a la conclusión de que no debería ser así.

«Si sigo así, realmente me convertiré en basura.»

Y ya había sido completamente humillada por Inés. No pudo persuadir a Inés, y no quería volver a hacerlo porque su orgullo estaba herido.

Así que ahora el último hilo que quedaba era Ryan.

«¡No es una familia prestigiosa, y al menos tengo que aferrarme al segundo hijo de un vizconde!»

Pero los rumores que rodeaban a Charlotte ya no eran demasiado buenos.

Además, ya había tenido una mala relación con las damas que podrían presentarle buenos hombres, por lo que Ryan era la única alternativa.

Pero el problema era.

«¿Por qué diablos no puedo contactar a Ryan?»

Después de divorciarse de Inés, Charlotte no había podido ponerse en contacto con Ryan. Como si la estuviera evitando deliberadamente.

«...De ninguna manera, eso no es cierto.»

Con su mente inquieta, Charlotte miró alrededor de los bares que Ryan solía frecuentar.

—Ese bastardo de Ryan, huye como un potro en llamas.

—Bueno, tal vez le esté rogando a la condesa Brierton que lo acepte de regreso.

Los hombres borrachos hablaban entre sí con voces burlonas.

Entonces, por si acaso, Charlotte vino a la residencia de los Brierton para comprobarlo una vez.

«No, ¡¿por qué está Ryan aquí?!»

Charlotte abrió mucho los ojos.

Ryan estaba discutiendo, bloqueando el carruaje de Inés que entraba a su casa.

—Por favor confía en mí. ¿Sí?

Ryan miró a Inés en su carruaje con ojos suplicantes.

Y Charlotte vio la cara de Ryan así por primera vez. Cuando le susurraba palabras dulces a Charlotte, o cuando mezclaban sus cuerpos y llegaban al clímax juntos, Ryan siempre actuaba como si tuviera el control.

«¡Nunca me había deseado de esa manera o tan desesperadamente!»

Los ojos de Charlotte se pusieron blancos de rabia. Ella disparó bruscamente.

—¿Por qué no le ruegas más a la linda condesa de Brierton?

—¡Charlotte, tú!

—Entonces también le lamerás los zapatos. ¿Sí?

Ante ese sarcasmo absoluto, Ryan tenía una mueca en la cara, pero eso fue por un momento.

Ryan inmediatamente se volvió hacia Charlotte con una expresión descarada en su rostro.

—¿Por qué te importa si le suplico a Inés o no?

—¿Qué?

El rostro de Charlotte se endureció.

Ryan torció la punta de sus labios en un ángulo.

Era una sonrisa mala.

—¿Qué me pides que haga?

—¡Ryan, qué estás diciendo...!

—Contrólate, Charlotte. No eres nada para mí.

Ryan miró a Charlotte de arriba abajo con una expresión patética.

—En primer lugar, ¿crees que eres un buen partido para Inés?

—¡Ryan!

Los ojos de Charlotte revolotearon violentamente.

Ryan volvió a reírse de Charlotte.

—Inés es la condesa Brierton, ¿y tú?

—¡Tú, tú...!

—¿No eres la única hija de un barón, cuyo único polvo sale cuando lo sacudes?

Charlotte, incapaz de superar su vergüenza, apretó los dientes. Ryan amenazó a Charlotte de esa manera.

—Sobre un tema como ese, ¿cómo te atreves a difundir el rumor de que te seduje primero?

—¡Dijiste que me amabas! ¡Entonces…!

—¿Amar? ¡No seas ridícula!

Ryan levantó la voz bruscamente.

Inés, que miraba a la pareja, sonrió con picardía. Ahora Ryan y Charlotte se habían olvidado por completo de Inés y estaban peleando entre sí.

—¿Sabes qué? ¡Me divorcié de Inés por tu culpa!

Ryan señaló a Charlotte.

—Eso solo me enoja, pero ¿cómo te atreves a difundir semejante tontería?

—¡Ryan, eso es...!

—¡Sabes lo avergonzado que estaba con esa tontería!

Charlotte se mordió el labio para protestar, pero eso fue todo lo que pudo hacer.

Fue porque se quedó sin palabras por la incesante lluvia de insultos de Ryan. Además, dado que su pareja era Ryan, con quien había estado saliendo durante mucho tiempo, el susto debió haber sido grande.

Inés miró a Charlotte.

Era bastante patético ver a Charlotte sacudiendo los hombros y luciendo lamentable, pero Inés no quería consolar a Charlotte.

En cambio, Inés recordó el pasado antes de su regresión.

Fingiendo ser el amor del siglo de esa manera.

En su estudio, que Inés le regaló a Ryan, mientras se frotaban los labios y mezclaban sus cuerpos.

Inés se rio.

«Un amor tan superficial...»

—Vamos.

No había nada más que mirar.

Después de dar la orden al cochero, el carruaje se puso en marcha de nuevo.

—La puerta de la casa se abrió.

—¡Eh, Inés!

Ryan, quien tardíamente se dio cuenta de que Inés estaba entrando en la casa, corrió hacia el carruaje.

—Regrese, Maestro Gott.

Ante las frías palabras de Inés, Ryan tuvo que detenerse.

—Por supuesto, si quieres ser más caótico, está bien. Pero… —Al mirar el rostro desconcertado de Ryan, Ines inclinó sus ojos brillantes—. Lo reportaré a las autoridades, para que lo sepas.

—Vamos, espera un minuto. qué es eso…

—Además, nunca te di permiso para decir mi nombre, así que en el futuro, sé cortés y llámame condesa Brierton.

La sonrisa de Inés se oscureció un poco.

Era una sonrisa fría.

—Es muy inculto que el hijo de un vizconde pronuncie el verdadero nombre de un conde. ¿No lo crees?

Con esas palabras, el carruaje de Inés entró en la casa.

La puerta de hierro estaba cerrada.

—¡Vamos, espera! ¡Espera…!

Ryan de alguna manera trató de hablar un poco más con Inés, pero todo fue en vano.

—Para. Es tarde, así que por favor vete a casa.

—Si sigues haciendo esto, realmente no tengo más remedio que denunciarlo a las autoridades.

Los guardias interceptaron a Ryan con una cara sombría. Ryan miró la parte trasera del carruaje que se alejaba con una mirada desconcertada, pero ya no podía decir el nombre de Inés tan temerariamente como antes.

Inés estaba muy complacida con la tranquilidad.

Capítulo 50

A la mañana siguiente.

Inés finalmente ha hecho el trabajo ocasional.

Así es.

—Después de mirar los documentos, parece que la cantidad invertida en el negocio del vizconde Gott es sustancial.

—Sí, eso es correcto. El ex conde me dijo que primero invirtiera dinero…

El agente, que había sido llamado desde la madrugada, abrió mucho los ojos y miró a Inés. Durante la presidencia de Ryan como conde Brierton, su familia recibió una cantidad considerable de fondos.

«Ryan, eres realmente demasiado.»

Inés sonrió brevemente y declaró.

—Ahora, deja de pagar todas esas inversiones.

Tan pronto como escuchó esas palabras, una sonrisa floreció en el rostro del agente.

—¡Sí, señor!

Al ver que estaba feliz como si estuviera haciendo su trabajo, Inés estaba un poco atónita.

¿Fue algo que le gustó tanto?

Pero de hecho, debería.

Hasta el momento, los fondos invertidos en la familia de Gott habían sido dinero ciego.

Ryan había abusado de su posición como conde Brierton, manteniendo apenas un negocio al borde de la bancarrota con el dinero de Brierton.

—Conde, reduzca un poco el tamaño de su inversión…

El agente lo sugirió cuidadosamente mientras Ryan aún era el conde.

—Haz lo que te digan, ¿cómo te atreves a decir algo?

Todo lo que respondió fueron los comentarios groseros de Ryan. Así que el agente tuvo que mantener los ojos abiertos y ver cómo se filtraba el dinero de Brierton.

Finalmente, Inés dio permiso para retirar los fondos.

—Entonces me iré.

—¿Qué? ¿ya?

—Sí. Nos estamos quedando sin tiempo para recuperar el dinero lo antes posible. No es suficiente irse ahora mismo.

Inés parpadeó.

Bueno, ella no le dijo que lo recuperara hoy...

Pero ni siquiera quería echarle agua fría al ambicioso agente, porque Inés también quería recuperar su dinero.

—Excelente.

Inés simplemente asintió con la cabeza.

Así, después de que el agente saliera del estudio con cara de felicidad.

Inés miró el calendario sobre el escritorio.

—…Ya es mañana.

La fecha de conocer a Enoch y reanudar el trabajo de retratos estaba a la vuelta de la esquina.

Inés se mordió los labios.

Era extraño.

Incluso si intentaba no pensar en Enoch, seguía pensando en él.

La mente que funcionaba arbitrariamente estaba fuera de control, y si dejaba que se relajara, su mente se llenaría de pensamientos sobre Enoch.

«Eso es suficiente.»

Inés negó con la cabeza y se levantó.

«Hoy, no te preocupes por cosas inútiles, solo descansa bien.»

Después de reclamar el título de conde Brierton, no había podido descansar lo suficiente en los últimos días para organizar las cosas.

Inés dijo que necesitaba descansar e inmediatamente salió del estudio.

Pero.

—¿Mary?

Los ojos de Inés se abrieron como platos.

Asimismo, Mary, con ojos de conejo sobresaltados, se paró afuera de la puerta.

Ella sostenía una bandeja llena de refrescos y té en sus manos.

—¿Qué es todo eso?

—El Señor incluso se saltó el desayuno esta mañana y trabajó. Así que preparé algo…

—Ajá, ¿te preocupaste por mí?

Inés se rio.

—¿Pero qué hacer? Hoy estoy en huelga empresarial. Voy a descansar.

—¿En serio? Eso es bueno.

Mary, que estaba a medio camino de la puerta de la oficina, giró su cuerpo a la velocidad del rayo.

—Entonces volveré a poner esto en la cocina para preparar el desayuno.

—¿Qué? No, solo puedo beber el té que trajiste contigo...

—No.

Mary miró a Inés y sacudió la cabeza con severidad.

—Si el Señor quiere descansar bien, primero debe comer bien.

—¿Es eso así?

—Sí.

Mary sonrió y rápidamente corrió a la cocina.

Después.

Inés tuvo un momento de tranquilidad después de mucho tiempo.

Los huevos revueltos y frutas variadas favoritos de Inés, cuidadosamente elaborados por el chef.

Después de disfrutar del desayuno, se sentó junto a la ventana soleada, disfrutando del sol y leyendo.

El fragante aroma del té se extendió desde la taza de té caliente sobre la mesa. Así que pensó que el día pasaría en paz.

Hasta que esa tarde, una persona inesperada vino a visitar el adosado.

—Yo, mi Señor.

—¿Qué ocurre?

Inés, que estaba leyendo tranquilamente un libro, levantó la cabeza.

Una criada anunció con una mirada de vacilación.

—Ha llegado un invitado.

—¿Invitado?

Pero no había citas hoy.

Inés, que había inclinado la cabeza, frunció el ceño por un momento.

—¿Es una persona de la familia Gott por casualidad?

—…Sí.

La criada miró a Inés sin saber qué hacer.

Inés tenía cara de asombro.

—Wow, ¿cómo puede una persona ser tan desvergonzada?

Cuando Inés no tocó la inversión, nunca la habían contactado. Incluso por la fealdad que Ryan había hecho anoche, ni siquiera mostraron la más mínima sinceridad para enviar a alguien a disculparse.

Pero esta vez, en cuanto Inés retiró la inversión, llegaron a toda prisa…

«¿Cómo pueden actuar de manera tan obvia?»

Inés se encogió de hombros con un chasquido de lengua.

—Si me han enviado una carta, no necesito leerla, simplemente tirarla a la chimenea.

—El... vizconde Gott vino de visita.

—¿El vizconde Gott?

Inés estaba un poco sorprendida por primera vez.

El vizconde Gott.

Era el hermano mayor de Ryan y quien alguna vez fue cuñado de Inés.

Aunque por fuera pretendía ser un caballero decente, a Inés no le gustaba mucho el vizconde Gott. Porque solo se preocupaba por sí mismo.

—Mi familia acaba de abrir un negocio. Estaba un poco corto de fondos, así que…

Cuando el vizconde Gott sonrió amablemente y lo mencionó furtivamente, Ryan fue el primero en morder el anzuelo.

—¡Mi hermano dijo que el negocio es realmente sólido!

Además, la anciana vizcondesa Gott se unió como si esperara.

—Es la familia. Seguramente invertirás, ¿verdad?

—Ah, pero después de discutir eso con nuestros vasallos…

—No, ¿qué importan los vasallos?

Ryan, que se golpeaba el pecho y sonreía salvajemente, actuaba orgulloso.

—No te preocupes, soy el conde. ¡Se puede hacer cualquier cosa con mi permiso!

—No, espera un minuto. Eso…

—Es natural que una familia haga este tipo de inversión. ¿Verdad, Inés?

Entonces, la familia Gott obligó en secreto a Inés a responder.

Al recordar ese momento, Inés entrecerró los ojos.

—Dile que no puedo verlo porque estoy durmiendo la siesta.

Era para expresar que no quería ver a la otra persona lo suficiente como para dar una excusa tan sin sentido. Pero el rostro atribulado de la doncella no se iluminó en absoluto.

—Bueno, hay algo que el Señor debe ver por sí misma al menos una vez.

—¿Por qué razón?

—El... Vizconde Goth envió un regalo por la visita.

—¿Un regalo?

Fue una respuesta completamente inesperada.

Inés ladeó la cabeza con desconcierto.

—Entonces tráelo.

Entonces, dos sirvientas forcejearon y pusieron el regalo frente a Inés…

—¿Estás segura de que esto es un regalo?

Inés no pudo ocultar su desconcierto.

—Sí…

Las criadas estaban más avergonzadas.

Cuando se despegó el papel de regalo innecesariamente colorido, se reveló el objeto en el interior.

—Oh, Dios mío, es un osito de peluche.

Con un poco de exageración, era un oso de peluche del tamaño de Inés. Estaba cortado y elaborado con la seda más fina, tenía una lujosa cinta de raso alrededor del cuello y ojos con incrustaciones de zafiro.

Era algo realmente caro e inútil.

Inés sabía el significado de este regalo.

«Traje un regalo así de caro, así que estoy seguro de que no fingirás que no me conoces, ¿verdad?»

Así presionaron a escondidas a Inés.

En ese momento, una criada agregó cuidadosamente sus palabras.

—Ah, el vizconde Gott me ha pedido que le dé un mensaje.

—¿Qué es?

—Eso... Él dijo que este peluche fue elegido por el Maestro Gott en consideración al Señor.

—Ajá.

Inés pareció entender un poco lo que había sucedido entonces.

En el pasado, cuando Ryan y ella todavía estaban casados. Una vez llamó a Charlotte y tomaron el té juntas.

Y tan pronto como Charlotte visitó, Ryan, que había estado husmeando en el salón, tomó asiento.

Entonces, mientras tenían una conversación, Ryan de repente abrió la boca.

—Una muñeca es el mejor regalo para una mujer. ¿No lo es?

Inés se rio torpemente.

—Bueno, por supuesto, hay personas a las que les gustan las muñecas. Pero no me gusta mucho…

—¿Qué? Inés, tienes una personalidad muy extraña.

Entonces Charlotte cortó así las palabras de Inés e interrumpió la conversación.

—¡Me gustan las muñecas! ¿No son lindos?

—No, no estoy diciendo que no sean lindos.

Sintiéndose presionada por alguna razón, Inés se mordió el labio, sin saber qué hacer. En primer lugar,

En primer lugar, no a todas las mujeres les debían gustar las muñecas.

Solo a Inés, desde niña le gustaba jugar con herramientas de arte más que con muñecas.

—¿Cómo es posible que a una mujer no le gusten las muñecas?

—El conde tiene razón. Para ser honesto, entre las jóvenes que me rodean, no puedo encontrar una sola persona a la que no le gusten las muñecas.

Pero Ryan y Charlotte conducían a Inés como si se hubiera convertido en una persona extraña.

Athena: Ya es que hay que estudiar para ser tan tonto, en serio.

Capítulo 51

Ryan señaló a Charlotte primero.

—Mira eso, Lady Jason incluso dice eso.

—A Charlotte y a las otras chicas les gustan las muñecas. Sin embargo, el gusto puede diferir de persona a persona…

Entonces Ryan miró a Inés, como si fuera patética.

—Inés, ¿cuánto tiempo vas a seguir hablando así? No hay ternura. —Luego continuó hablando como si estuviera enseñando—. Las mujeres deberían ser femeninas y que les gusten los objetos femeninos como las muñecas.

Inés se estremeció y enderezó los hombros.

—¡Eso…!

—Eres poco atractiva porque eres tan rígida como un trozo de madera.

Ryan chasqueó la lengua como si estuviera molesto.

Ante ese insulto, el rostro de Inés se puso rojo.

En ese momento, dijo Charlotte mientras sonreía suavemente:

—Por favor, comprenda, conde Brierton, nuestra Inés solo había crecido en la casa.

Luego parpadeó y añadió sus palabras.

—Estoy a su lado. Puedo ayudarla de muchas maneras.

—Realmente, Inés debería ser amable con Lady Jason. ¡En qué otro lugar del mundo puedes encontrar una amiga así!

Los dos se echaron a reír uno al lado del otro. Solo que Inés no sabía qué hacer, así que solo los miró a los dos.

Cuando Inés recordó ese momento, naturalmente se sintió deprimida. Inés habló con frialdad.

—Solo tira eso.

—¿Qué? Si es así, ¿no sería mejor devolverlo?

—No, ni siquiera necesitas devolverlo. Solo tíralo a la basura.

Inés, que estaba al mando una vez más, de repente abrió los ojos.

Había visto a la criada jugueteando con la oreja del peluche con una expresión triste en su rostro.

«Oh sí.»

Inés tuvo una buena idea.

—Entonces hagamos esto.

—¿Sí?

—Ese peluche parece bastante caro. Es una pena tirarlo así…

Inés miró de arriba abajo el peluche y sonrió brillantemente.

—Dejaré que te encargues de él.

Con ojos de conejita sorprendida, la sirvienta le preguntó a Inés.

—Bueno, ¿está bien? Fue un regalo para el Señor, y es demasiado costoso para nosotros desecharlo.

—No te preocupes por eso.

Inés se encogió de hombros.

—No importa cómo se deshaga del regalo, ¿no depende del destinatario?

Inés volvió a hablar en voz baja. Ante eso, las sirvientas se miraron con ojos brillantes.

—Los materiales con los que están hechos los muñecos son de muy buena calidad. Entonces, ¿por qué no usarlo de muchas maneras?

En un instante, los rostros de las sirvientas se iluminaron.

El vizconde Gott estaba parado afuera de la residencia de los Brierton con una expresión molesta.

«Oh, me voy a morir de frío.»

El vizconde encogió los hombros y apretó más su abrigo.

Aunque era principios de la primavera, el clima todavía era frío para estar afuera por mucho tiempo. Quería desesperadamente entrar en una habitación cálida y beber té caliente. Sin embargo,

«¿Cuánto tiempo planeas dejarme afuera?»

Inés seguía sin llamar al vizconde a la casa.

El vizconde Gott masticó las malas palabras en su boca y las tragó.

«Maldita sea, si Ryan lo hubiera hecho bien, las cosas no habrían resultado de esta manera...»

Anoche.

Ryan se arrastró hasta la casa, borracho.

Había estado viviendo de la bebida desde su divorcio, pero ayer fue un poco extraño. No podía vencer al que tenía la cara roja y palpitante.

—¡Charlotte, no conoces el tema y te atreves…!

—¿Qué sucede contigo?

El vizconde Gott, incapaz de superar su frustración, le preguntó a Ryan.

Luego, Ryan lamió sus calzoncillos y entró a trompicones en su dormitorio.

—¡No necesitas saberlo!

Hasta entonces, era solo una pelea con Charlotte, pensó que no sería gran cosa.

La historia completa del incidente fue revelada esta mañana.

—Inés, esa chica, ¿no es muy graciosa?

El desayuno comenzó con el chisme de la exnuera de la familia Gott.

—¿Qué diablos hicimos mal?

La anciana, la vizcondesa Gott, ni siquiera tocó la comida y levantó la voz en un tono sarcástico.

—Ella solía aferrarse a Ryan como si se estuviera muriendo, pero ahora, ¡¿se divorció de él así?!

La vizcondesa Gott no pudo contener su ira y golpeó la mesa con su vajilla.

—Hijo mío, ¿qué debemos hacer con Ryan? Míralo. ¡Inés es tan fría que le hace beber todos los días…!

La vizcondesa Gott parecía que estaba a punto de morir de lástima por su hijo Ryan, pero el vizconde Gott, su hijo mayor, era diferente. El vizconde Gott miró el asiento vacío de Ryan con ojos lastimosos.

«Niño estúpido.»

¿Quién era Inés Briarton?

Ella era la cuerda dorada a la que todos en el reino querían aferrarse.

Heredera de una de las familias más prestigiosas de Lancaster, tenía una apariencia sobresaliente, heredó una gran fortuna e incluso tenía una personalidad obediente. Si Ryan hubiera tenido la suerte de aferrarse a esa cuerda, no debería haberla perdido, pero ya la había perdido.

Si se hubiera quedado quieto, ¡podría haber seguido fingiendo ser el Conde de Brierton!

—Ja, lo que sea.

El vizconde Gott dejó escapar un largo suspiro y sacudió la cabeza.

—Perder a Brierton también es una gran pérdida para nosotros, así que observemos la situación un poco y luego respondamos…

Habiendo dicho eso, el vizconde miró a su madre con molestia.

—¿Por qué diablos madre se metió con la cuñada sin ninguna razón?

—¡Oh, no! ¡Lo hice para que funcionara!

La vizcondesa mayor estaba furiosa.

—Honestamente, ¿no es gracioso que se divorciara de Ryan?

—Madre, por favor.

—¡Qué, ella es una niña sin padres! ¡Si mi precioso hijo la tomó por esposa, no debería ser tan ingrata…!

Cuando la vizcondesa estaba muy enfadada.

—¡Vizconde!

Alguien entró corriendo al comedor. Era el secretario personal del vizconde Gott.

—¡Un gran, gran problema!

El secretario levantó la voz.

Su rostro estaba tan pálido que parecía que iba a perder la cabeza si alguien lo tocaba. El vizconde Gott frunció el ceño.

—¿Qué? ¿No ves que estoy comiendo ahora mismo...?

—¡Ahora, el agente de la condesa de Brierton ha venido de visita!

El secretario jadeó y exclamó.

—¡Están retirando toda la inversión que invirtieron en nuestro negocio!

—¿Qué?

El vizconde Gott dudó de sus oídos. El rostro del secretario estaba lleno de desesperación.

—Si se recupera toda la inversión, nuestro negocio se acaba, ¡no podremos hacerlo!

—¿Por qué, por qué de repente están retirando el dinero?

La vizcondesa saltó de su asiento, como si estuviera a punto de desmayarse. Francamente, dado que Inés y Ryan estaban divorciados, era natural que Inés detuviera sus inversiones.

Pero nunca imaginaron que se produciría un retiro de fondos tan repentino. El negocio de Gott estaba bien establecido, pero una retirada tan repentina acabaría con él.

—¿Cuál diablos es la razón?

—El agente acaba de decir que la condesa Brierton tomó esa decisión, pero no dio una razón específica…

—¡Como así!

El secretario, que dudó un momento, cerró los ojos con fuerza y habló.

—Ayer, el joven maestro fue a visitar al conde y se quedó afuera.

—¡¿Qué?!

—Incluso la joven dama del barón Jason estaba allí con él.

—¡Qué diablos has hecho, Ryan!

El vizconde Gott gritó.

Después de enterarse de las circunstancias, corrió a la residencia de los Brierton.

«No, estará bien.»

El vizconde Gott luchó por persuadir a su nervioso corazón.

También preparó un regalo y decidió aproximadamente cómo convencer a Inés.

Ryan estaba reflexionando sobre lo que le hizo a Inés ayer.

En su apasionado amor por Inés, al ver correr los rumores, actuó con rudeza antes de tiempo. No pudo venir a visitarnos hoy, pero en cambio, él mismo preparó este regalo y se lo envió a Inés.

Lo que Ryan realmente quería era un reencuentro con Inés.

«Tengo que convencer a mi cuñada de alguna manera.»

El vizconde Gott estaba firmemente arraigado en su corazón.

La única forma de evitar la quiebra de su negocio era el apoyo de Brierton.

«De todos modos, es cierto que la cuñada realmente amaba a Ryan... Creo que probablemente volverá si se lo suplico.»

El vizconde chasqueó la lengua brevemente.

«Ugh, por el momento, tengo que decirle a Ryan que se mantenga oculto.»

Ya en la mente del vizconde estaba claramente establecido el futuro donde Inés y Ryan se reencontrarían.

Capítulo 52

Pero entonces.

—Vizconde Gott.

Sonó una voz tranquila.

Era Mary, la criada íntima de Inés.

El vizconde Gott estaba encantado.

—¿Qué dijo la condesa?

—El Señor está descansando actualmente.

—¿Qué?

El vizconde frunció el ceño.

—Es un descanso que el Señor apenas tuvo mientras ella estaba tan ocupada después de asumir el título. Ya que no puede recibir al vizconde, pidió su comprensión.

—No, espera. Qué quieres decir…

—También quería decirle al vizconde que el regalo que envió fue bien recibido. —Mary sonrió suavemente e inclinó la cabeza cortésmente—. Me temo que se está lastimando por el frío, por lo que el vizconde también debería regresar.

—Oye, oye. ¡Debo ver la cara de la condesa esta vez…!

—Entonces me iré.

Después de terminar sus palabras, Mary simplemente desapareció.

El rostro del vizconde Gott enrojeció de ira.

—¡Mierda!

¿Fue realmente rechazado así?

Miró alrededor de la mansión por un rato, por si acaso, pero la puerta principal no mostraba señales de abrirse.

Al final, el vizconde Gott se dio por vencido y subió a su carruaje.

—¡Volvamos!

Justo así, en el momento en que el carruaje estaba a punto de partir.

—¿Eh?

El vizconde Gott abrió mucho los ojos.

Justo a tiempo, las sirvientas salieron de la mansión con un cesto de basura.

Parecía que estaban llevando la basura al contenedor público afuera...

—No, no. ¡Espera un minuto!

El vizconde Gott le estrechó la mano y detuvo al cochero.

El cochero que estaba a punto de poner en marcha el carruaje se dio la vuelta con cara de perplejidad.

—¿Señor?

—¡Espera un minuto!

El vizconde miró por la ventana.

Podía oír el parloteo de las criadas.

—La seda y las plumas que el Señor nos dio. ¿Dónde planeas usarlo?

Por un momento, el vizconde Gott frunció el ceño y se endureció.

—¿Seda y plumón?

Todos los materiales eran familiares.

Porque era el material para el osito de peluche que le llevó a Inés.

La criada respondió con voz emocionada.

—Bueno, en realidad, siempre he querido un pañuelo de seda. Era tan caro que ni siquiera podía soñarlo. Así que decidí intentar hacer un pañuelo.

—¡Buena idea! Entonces, ¿qué vas a bordar en el pañuelo? ¿Flor? ¿O vides?

—Por ahora, estoy pensando en diseños florales.

Las criadas abrieron la tapa del bote de basura y vertieron el contenido de la canasta. El vizconde entrecerró los ojos y miró cuidadosamente la basura que caía.

«¿Eso?»

Estaba muy lejos, por lo que no podía verlo con claridad, pero de alguna manera la basura le resultaba familiar.

Las sirvientas que tiraron la papelera cerraron la tapa del bote de basura con un ligero gesto.

—¡El plumón de pato también es de muy alta calidad! ¡Voy a hacer una almohada nueva!

—Bueno, ¿agrego pieles a mi abrigo de invierno?

—Eso también suena bien. Creo que va a hacer mucho calor.

Finalmente, las sirvientas regresan a la mansión. El vizconde Gott corrió apresuradamente hacia el bote de basura.

No se sentía muy bien.

El vizconde, quien por reflejo abrió la tapa del bote de basura, abrió mucho los ojos.

«¡Increíble!»

En el interior, el peluche que había enviado estaba hecho trizas.

Para ser más precisos, solo quedaban unos pocos retazos de tela que alguna vez fueron un peluche. Los ojos hechos de joyas no se veían por ninguna parte, e incluso las plumas de pato de alta calidad que llenaban el interior de la muñeca solo revoloteaban con unas pocas plumas.

—¿Qué? ¡¿Dijiste que recibiste bien el regalo?!

El vizconde no pudo controlar su ira y cerró la tapa de la basura de un golpe.

Y había alguien observándolo de lejos a través de la ventana.

—Excelente.

Inés sonrió satisfecha.

El obsequio de mala calidad enviado por el vizconde Gott se procesó cuidadosamente y las doncellas del conde también estaban felices.

Tiró una piedra y atrapó dos pájaros.

«Si fuera normal, habría corrido como un tonto de inmediato, preguntando cómo podía ignorar la sinceridad del vizconde Gott.»

Parecía que tenía miedo de perder el dinero de la inversión. Al ver que no fue capaz de protestar directamente a Inés a pesar de que estalló en ira de esa manera.

«Bueno, eso no quiere decir que no tendrán su inversión.»

Inés se dio la vuelta con una cara clara. Pensó que iba a tener un buen sueño esta noche.

El tiempo pasó rápidamente y llegó la fecha de su cita con Enoch.

Todavía era temprano en la mañana. Inés, acostada en la cama, suspiró profundamente y miró hacia el techo.

«Este es uno, perdí completamente el sueño.»

Era solo para terminar el trabajo del retrato, pero no podía entender por qué estaba tan nerviosa y emocionada.

De niña, sentía como si hubiera llegado el ansiado día de picnic. El hecho de que iba a ver a Enoch hacía que su corazón latiera cada vez más rápido.

«No, espera.»

Al mismo tiempo, Inés estrechó la frente y saltó de su asiento.

«¿Quieres seguir pensando cosas inútiles, Inés?»

En este caso, lo mejor sería darse un baño con agua caliente.

Al dejar que el agua fluya, también borraría sus pensamientos.

Inés se dirigió resueltamente al baño. Pero, lamentablemente, todos sus esfuerzos que había hecho fueron en vano.

Cuanto más intentaba no pensar en el duque, más pensaba en él...

Cuando regresaba a su dormitorio después de bañarse, Inés sacudió la cabeza con tristeza. Y luego.

Sonó un golpe.

—Adelante.

Mary entró en el dormitorio y sus ojos se abrieron como platos.

—Milord, ¿ya está despierta?

Era comprensible que Mary se sorprendiera porque Inés hizo un pedido ayer antes de irse a dormir. "No me dejes quedarme dormida y despiértame a tiempo."

—Bueno, de alguna manera, me desperté temprano.

Inés, que sonreía con torpeza, se sentó frente al tocador. Mary hizo una pregunta mientras secaba el cabello mojado de Inés con su toque hábil.

—¿Cómo le gustaría que la peinen hoy?

—¿Puedes levantarlo? Y un tocado…

Inés, que había abierto el joyero sin pensarlo, cayó en una profunda agonía por un momento.

«¿Debo usar un alfiler de rubí? ¿O es mejor esta perla? Bueno, o de lo contrario preferiría tener un tocado limpio...»

Inés, que estaba examinando detenidamente el interior del joyero, empezó a recoger y dejar los accesorios.

¿Eso fue todo?

Incluso recogió varios adornos y se los puso por toda la cabeza, haciendo todo tipo de decoraciones.

Mary, que estaba mirando a Inés así, de repente abrió la boca.

—Milord, se ve muy feliz.

Por un momento, Inés se estremeció.

—¿Es eso así?

—Sí. Sobre todo… —Mary habló con su voz afectuosa—. Ha pasado mucho tiempo desde que la vi preocuparse tanto por sus decoraciones.

Desde que se casó con Ryan, la sonrisa se desvaneció gradualmente del rostro de Inés.

¿Qué es ese atuendo? Cuando te conviertes en la anfitriona de una familia, debes saber cómo ser frugal.

Debido a todas las molestias, era difícil vestirse adecuadamente porque siempre miraba a Ryan a los ojos.

Pero ahora, verla vestirse con tanta emoción...

—Ahora siento que he vuelto a mi maestra original.

No la condesa Brierton consorte que fue oprimida por Ryan, sino la feliz condesa de Brierton.

Mary preguntó de nuevo con una cara feliz.

—¿A quién va a encontrar?

—Ah… Es una persona importante.

Inés, que dudó un momento, sacudió la cabeza apresuradamente.

—Nada.

—¿Un caballero?

—Oye, no creo que los adornos para el cabello sean necesarios. Solo… —Inés vaciló por un momento, pero luego concluyó la conversación resueltamente—. Por favor, hazlo lo más simple que puedas.

—¿Sí? Ya que va a salir ahora, ¿no es mejor cambiar su estado de ánimo y salir más bonita?

—No, no tienes que hacerlo.

Inés rechazó el consejo de inmediato.

Mary, sorprendida, asintió bruscamente con la cabeza.

—Ah, sí…

—Tienes que hacer que parezca que no me importa mi apariencia. ¿Entiendes?

Inés lo repitió de nuevo.

Mary estaba desconcertada, pero no pudo obligarla a vestirse como lo dijo Inés.

Mientras cepillaba el cabello de Inés con tanto pesar, los ojos de Mary se volvieron redondos.

«¿Oh?»

Inés trató de fingir estar tranquila y estaba sentada con la espalda erguida. Pero las orejas de Inés y la nuca ya estaban teñidas de rojo vivo.

«Ajá»

En un instante, Mary se dio cuenta.

Quizás Inés no se percató adecuadamente de sus propios sentimientos.

Pero, en opinión de Mary, al menos.

«¡No sé con quién se va a encontrar hoy, pero creo que Milord está deseando que llegue!»

Mary tomó resueltamente el cepillo para el cabello. Al mismo tiempo, Inés entrecerró los ojos y miró a Mary a través del espejo.

—Mary, ¿por qué tienes una expresión tan traviesa en tu rostro?

—¿Traviesa? —Mary la miró con una sonrisa—. ¡Milord, solo relájese y déjemelo a mí!

Athena: Mary me cae muy bien jajaja. Me alegro de que en la casa si tuviera alguien que la apreciara de verdad. Por otro lado, he decidido que se dirija a ella como "Lord" o "Milord". Es verdad que en castellano pues se puede usar conde o condesa igualmente para sustentar el cargo de cabeza de familia, pero parece ser que en otros idiomas sí que se distingue con el título masculino aunque seas mujer… Así que bueno, intentaré adaptarlo de la mejor manera que se me ocurra jaja.

Capítulo 53

Y después de una hora.

Inés se sentó en el carruaje con una cara ligeramente perpleja.

«Bueno, supongo que Mary era increíblemente ambiciosa...»

El reflejo visto a través de la ventana era bastante hermoso incluso para la propia Inés. Aunque no lo decoró con mucha fuerza, fue minuciosa en muchos sentidos.

Desde un peinado elegante hasta un maquillaje que aportaba vitalidad al rostro.

«¿Qué pasa si el duque no entiende por culpa de Mary?»

Inés se quejó por dentro por nada, pero para ser honesta, no la hizo sentir mal.

Porque no quería verse andrajosa cuando viera a Enoch.

Mientras tanto,

«Ah.»

El estudio de arte apareció en la distancia. Inés miró la apariencia del edificio, más precisamente, la puerta de entrada que parecía mucho más nueva que el edificio.

Previamente, Inés hizo que alguien quitara la puerta, por lo que la antigua puerta de entrada ya no se podía usar.

Entonces, fue reemplazada con una nueva puerta…

Los ojos verde oscuro se hundieron profundamente con innumerables emociones.

Al poco tiempo.

El carruaje se detuvo suavemente frente al estudio. Inés entró en el edificio y miró a su alrededor.

Ahora que lo pensaba, muchos recuerdos terribles se enredaron en este lugar.

Fue el lugar donde Ryan y Charlotte fueron completamente pisoteados antes de regresar. Ella también fue testigo de la noche caliente de Charlotte y Ryan aquí esta vez también. Así que era un lugar que no le gustaba en absoluto. De hecho, solo entrar en este estudio la hizo sentir como insectos arrastrándose por todo su cuerpo.

«Es realmente extraño.»

Cuando pensó que realmente se encontraría con Enoch en este taller, este lugar se sintió especial.

El disgusto hacia el estudio desapareció sin dejar rastro. Su corazón estaba lleno de anticipación y se infló como un globo.

«Entonces organicemos las herramientas primero.»

Inés se dirigió rápidamente hacia la sala de pintura.

Quizá estaba de buen humor, empezó a tararear Inés.

Se disponía a pintar el retrato arreglando los cráteres, arrastrando y colocando el caballete.

—¿Pasa algo bueno?

Una voz ligera le habló a Inés. Sorprendida, Inés miró hacia atrás.

—¿Oh, duque? ¿Cuándo llegó?

—Acabo de llegar.

Enoch respondió con su característico rostro amistoso.

Confundida, Inés miró de soslayo el reloj de pared.

—Todavía quedan veinte minutos para la hora de la cita… No, ¿cómo entró?

—Porque la puerta principal estaba abierta. —Enoch miró a Inés con una mirada estricta—. Se lo digo ahora mismo, condesa. Por favor, cierre bien la puerta. Dejó el estudio abierto el otro día. Pero en ese momento, había trabajadores con usted, pero ahora está sola. ¿Qué harías si alguien entrara con mal corazón?

Lo primero que Inés escuchó cuando vio a Enoch por primera vez en mucho tiempo fue un regaño.

Al escuchar los interminables regaños, Inés sintió una sensación de familiaridad.

Cuando Inés era todavía una niña, sus padres la regañaban…

—Para ser honesta, todo esto es su culpa.

Inés, que no pudo oír las molestias durante mucho tiempo, escupió en voz alta.

—Porque me estaba preparando para dibujar mientras esperaba a Su Excelencia, así que olvidé cerrar la puerta.

—Bueno, no creo que eso sea una excusa.

Enoch, que negó con la cabeza con decisión, añadió más palabras.

—…aún.

En ese momento, Inés lo vio.

Una fina sonrisa se extendió como ondas sobre el hermoso rostro de Enoch.

—Es agradable pensar que la condesa estaba tan preocupada por verme.

Inés parpadeó con los ojos en blanco.

De alguna manera, sintió una sensación de déjà vu.

Tal vez teniendo en cuenta el trabajo del retrato, Enoch estaba vestido igual que cuando tuvo su boceto anterior.

Aparte de eso, había otras similitudes.

A pesar de que fingió estar tranquilo, había emoción en los profundos ojos azules que miraban a Inés...

Frente a tal Enoch.

Era como un gato.

Sin darse cuenta, Inés pensó en un gato.

Aunque fingió ser inocente por fuera, el gato no podía superar la alegría y envolvió el tobillo de su dueño con su cuerpo.

«No, ¿qué diablos estoy pensando?»

Por un momento, Inés se sintió un poco avergonzada.

Era de mala educación pensar en el único duque del reino como un gato.

En ese momento, Enoch habló con calma.

—Salí temprano, pero no sabía que la condesa llegaría primero. Lo siento si ha esperado mucho tiempo.

Ante esas palabras, Inés se sintió agradecida y amargada al mismo tiempo.

A diferencia de Ryan, a quien tuvo que esperar toda su vida, a Enoch le preocupaba que ella lo hubiera esperado.

¿No llegó antes de la hora señalada? Porque la actitud de los dos hombres hacia Inés era incomparable…

—Está bien, no esperé demasiado.

Inés, que había escapado de sus pensamientos, sacudió la cabeza.

—Entonces comencemos, ¿de acuerdo?

—Vamos a hacerlo. Ah, por cierto, condesa de Brierton.

—¿Sí?

—Me he estado preguntando por un tiempo, ¿qué la hizo tan feliz?

—¿Eh?

Inés miró a Enoch con cara de perplejidad.

No tenía idea de cuál era el propósito de la pregunta.

—¿Qué? ¿Qué quiere decir con lo que me hizo feliz?

Enoch, que la miraba, tenía un rostro extrañamente juguetón.

—Estaba tarareando hasta que te hablé.

Agh.

En un instante, el rostro de Inés se puso rojo brillante. Ahora que lo pensaba, lo primero que Enoch le preguntó fue: "¿Pasa algo bueno?"

¿Estaba tarareando mientras movía las herramientas de arte antes...?

—Yo tarareé… ¿yo?

—Sí.

—¡No mienta! ¡Yo nunca he hecho eso!

Entonces Enoch se rio entre dientes e hizo una pregunta.

—¿No fue porque estaba deseando verme?

—¡Oh, no lo hice!

Inés lo rechazó de inmediato.

Entonces Enoch sonrió y se encogió de hombros.

—Está bien, pensemos que sí.

Inés abrió mucho los ojos y miró a Enoch.

Para ser honesta, estaba tan avergonzada que mintió que no tarareaba, pero era cierto que sí.

«Con toda probabilidad, el duque escuchó todo eso...»

Inés, que tenía un rostro bastante arrugado, se mordió los labios con fuerza.

Aún así, la hizo sentir un poco aliviada en su corazón.

«Estoy tan feliz.»

Después del trabajo de retrato, le preocupaba qué hacer si se sentían incómodos el uno con el otro. ¿No estaban los dos hablando libremente como antes?

—Por favor, venga aquí y siéntese.

Inés, que sentó a Enoch en la silla que había sido dibujada de antemano, se ajustó el vestido una vez más.

Mientras tanto…

—Oh, espere un minuto.

Los dedos de Inés tocaron el cuello de Enoch.

En un instante, la fuerza entró en los hombros de Enoch.

Se trataba de alisar el cuello, pero no podía entender por qué la atmósfera seguía poniéndose rara. Inés dio un paso atrás, fingiendo estar tranquila, y sonrió torpemente.

—Entonces voy a empezar.

En lugar de responder, Enoch asintió con la cabeza.

Entonces Inés se volvió hacia él.

—No, moverse alterará su postura.

—…Lo siento.

Enoch, que había enderezado su postura, ofreció una disculpa.

En poco tiempo, Inés tenía una mirada seria única que solo era visible cuando pintaba.

—Está bien. Quédese ahí, ¿vale?

Inés, que volvió a preguntar, se sentó frente al caballete.

En un instante, la atmósfera se volvió silenciosa.

El único sonido de traqueteo que se escuchaba ocasionalmente era cuando Inés mojaba su pincel en el balde de agua.

La apariencia de ser consciente de la extraña atmósfera que fluía entre ellos se había ido, Inés ahora se estaba enfocando únicamente en pintar y su objetivo, Enoch.

Y era difícil para Enoch apartar los ojos de Inés.

Estar fascinado por alguien.

Sus manos, que estaban colocadas en su regazo, se fortalecieron lentamente.

Enoch apretó los puños y fijó su mirada en Inés como si estuviera poseído.

«Ese era el sentimiento.»

Sintió que estaría bien mirar a Inés por el resto de su vida.

Inés tenía el ceño fruncido mientras se concentraba en la pintura.

Los ojos verde oscuro se entrecerraron.

De vez en cuando, miraba por encima del caballete y levantaba la cabeza, observando este lado. La aparición de Inés, que estaba inmersa únicamente en el cuadro, era sencillamente fascinante.

¿Cuánto tiempo había pasado?

«Ay dios mío.»

En un instante, Inés recobró el sentido.

Miró su reloj y ya eran más de las dos de la tarde.

Ya habían pasado cinco horas desde que se conocieron.

Y…

«El duque.»

Ojos azules como el mar miraban directamente a Inés.

En el momento en que ella lo miró, parpadeó brevemente.

Capítulo 54

Hasta ahora, prosiguió con su trabajo en paz, porque solo miraba a Enoch como el tema de un retrato.

Pero ahora, en lugar de eso.

«¿Desde cuándo me miras así?»

¿No era demasiado consciente de la situación en la que la miraba Enoch?

Mucho más que una imagen.

En un instante, la fuerza entró en la mano de Inés, que sostenía el cepillo.

Su mente estaba desordenada a voluntad.

Era como perderse en un laberinto desordenado, solo porque estaba vacío.

«Tranquilízate, Inés.»

Inés masticó la carne suave en su boca.

Cuando sintió el dolor punzante, volvió en sí un poco.

Enoch estaba justo frente a ella.

Si estaba demasiado consciente, podría ser atrapada.

«La atmósfera definitivamente se va a poner rara.»

Y eso tampoco era lo que Inés quería. Inés luchó por arreglar su expresión y enderezó su cuerpo.

—Señor, el retrato está casi terminado.

En un instante, el denso silencio que se había instalado en la habitación se hizo añicos.

Una expresión se deslizó por el rostro inexpresivo de Enoch.

Era una leve sonrisa.

Fue solo un pequeño cambio.

Pero Inés seguía poniéndose nerviosa con cada movimiento que hacía Enoch...

Inés sintió que se le secaba la boca.

—Ya veo. Gracias por su duro trabajo.

Ella se quedó en silencio.

—¿Condesa?

Ante esa llamada, Inés de repente recobró el sentido como si le hubiera dado un golpe de agua fría.

«No seas tonta, Inés.»

Inés continuó con calma, reprendiéndose por dentro.

—Puedo terminar el retrato yo sola, así que no tiene que molestarse más en visitarme.

—Si es así, ¿la reunión termina hoy?

—Sí.

Inés asintió con la cabeza con decisión.

—Enviaré la pintura terminada a la residencia del duque.

—Está bien.

Enoch tenía un corazón arrepentido, pero se retiró en silencio.

Temiendo que Inés se sintiera agobiada, incluso tuvo cuidado de expresar sus arrepentimientos. En ese momento, Inés le hizo señas a Enoch.

—Aún no está terminado, pero ¿le gustaría ver el retrato?

Enoch reflexionó un momento y luego negó con la cabeza.

—No.

¿Eh?

Ante la inesperada respuesta, Inés abrió mucho los ojos.

—Quiero verlo cuando el retrato esté completamente terminado —dijo Enoch con calma.

—Pero…

Inés enturbió el final de su discurso.

Por decir eso, Enoch estaba mirando el caballete con ojos llenos de arrepentimiento.

Al ver la mirada apasionada, pensó que Enoch también sentía curiosidad por la pintura.

—Entonces, ¿no puede simplemente mirarlo?

Cuando In'es ladeó la cabeza.

Enoch abrió la boca abruptamente.

—Por cierto, ¿alguna vez la condesa recibió una caja de chocolates cuando era niña?

En respuesta a la repentina pregunta, Inés asintió con la cabeza.

—Sí…

Al dar regalos a los niños, los artículos más comunes que eligieron fueron dulces y chocolate. Enoch habló en voz baja.

—Cuando era niño, me regalaron una caja de bombones. Había varios tipos de nueces, frutas secas, etc., por lo que había una variedad de sabores mezclados.

—Ah, yo también tengo eso.

Por un tiempo, Inés desconfiaba de tener sentimientos especiales por Enoch.

Pero ahora estaba inmersa en la historia de Enoch con los ojos brillantes. Sin mencionar la historia de la infancia del duque de Sussex, quien se mostró extremadamente reacio a revelar su vida privada. Al final, solo triunfó la curiosidad.

—Mi sabor favorito era el de caramelo por dentro, pero el problema es que mi madre solo me permitía un chocolate al día.

Enoch se encogió de hombros y le hizo una pregunta a Inés.

—Entonces, ¿cuál cree que comí primero?

Inés frunció suavemente el ceño.

—¿Comió su sabor favorito primero?

—No, es al revés. —En respuesta, Enoch sonrió y sacudió la cabeza—. Comí el chocolate caramelizado el último.

—¿Por qué?

—Incluso el tiempo de espera para el chocolate con caramelo fue agradable.

La sonrisa de Enoch, que recordaba aquellos días, se hizo un poco más profunda.

—Y el cuadro de la condesa, para mí, es como ese chocolate. La vida se vuelve más placentera incluso con solo esperar, así que quiero disfrutar ese placer un poco más.

Inés sintió que se le encogía el corazón.

«¿Hay alguien más que piense que mis pinturas son tan importantes?»

Al menos hasta ahora, nadie lo había hecho.

Su ex esposo, Ryan, solo usó las pinturas de Inés para aumentar su reputación.

—Estoy muy feliz de que mis pinturas hayan significado eso para usted. —Inés abrió la boca con sinceridad—. Puede esperarlo con ansias, porque haré todo lo posible para terminar el retrato.

—Bien.

Entonces Enoch tenía una cara bastante incómoda.

—No conté la historia de mi infancia para presionar a la condesa...

—Lo sé. Eso es lo mucho que valora mis pinturas, ¿verdad?

Inés sonrió brillantemente y añadió sus palabras.

—Puede que sea un poco grosero decirlo, pero es la primera vez que cuenta su propia historia. Estoy realmente feliz.

Por un momento, Enoch sintió una sensación de ardor detrás de las orejas.

Afortunadamente, Inés no pareció notar su reacción anormal. Si notara que su corazón latía tan rápido, Inés no lo miraría con esa cara amable.

—De verdad, nunca imaginé que fuera tan lindo. Su Excelencia en ese momento era probablemente el niño más adorable del mundo.

Inés, que había estado parloteando un rato, se levantó con ligereza.

—Entonces, ¿regresamos? Tengo que visitar la calle Hwabang por la tarde.

—¿La… calle Hwabang?

—Sí, vi antes que la pintura casi se había acabado. Ahora que estoy en camino, voy a mirar los pinceles y la pintura.

En un instante, los ojos de Enoch se iluminaron.

—Entonces iré con usted.

—¿Sí?

«¿Qué demonios es esto?»

Con esa pregunta en mente, Inés miró fijamente a Enoch. Enoch sonrió.

—¿Ya lo olvidó? Me debe la cena.

—Ah… —Inés, que se quedó desconcertada por un momento, abrió la boca—. ¿Está hablando de cuando fuimos a alquilar un estudio en el pasado?

—Así es.

—¿No es solo una broma?

—Nunca dije que estaba bromeando.

Enoch enderezó su postura y miró directamente a Inés.

—Me gustaría cenar con la condesa.

Aunque estaba fingiendo ser juguetón, los ojos azules de Enoch eran serios.

Ojos mirando a Inés con emociones especiales, pero fingiendo estar tranquilo reprimiendo esas emociones tanto como fuera posible.

E Inés…

«Tengo que decir no.»

A pesar de que ella pensaba eso en su mente.

—Bien…

Ella no podía rechazarlo.

Entonces Enoch sonrió brillantemente, como si se hubiera convertido en el hombre más feliz del mundo.

—Estoy feliz.

En un instante, Inés sintió que su corazón latía como loco.

En medio de la calle iluminada con oro mientras caía el crepúsculo, Enoch sonreía como un niño mientras mordía un bocadillo. Ese momento vino vívidamente a la mente de Inés.

De hecho, a partir de entonces, se sintió atraída por Enoch y empezó a dudar de sí misma.

«Bueno, es cierto que te debo la cena.»

Para que no se notara que su expresión se derrumbaba, Inés se dio la vuelta, evitando su mirada.

—Vamos rápido. Tenemos que pasar por la tienda de arte y comprar la cena.

Dejando atrás esas palabras, Inés salió en silencio primero. Incluso su espalda era demasiado hermosa.

Pero sabía demasiado bien que no debía obligar a Inés a acelerar su corazón.

Enoch se mordió los labios.

Seguía teniendo sed.

La calle Hwabang que visitó después de mucho tiempo todavía estaba llena de gente y era ruidosa.

En el buen sentido, es animada, y en el mal, simplemente caminar por la calle toma la mente de la gente.

Los artistas pobres caminaban masticando sándwiches con ropa descuidada y, a veces, sentados al sol y discutiendo sobre arte en general.

Enoch murmuró con una voz fresca.

—Cada vez que vengo aquí, veo algo nuevo.

—¿Sí? Por eso me gusta estar aquí.

Inés, que caminaba junto a Enoch, lo miró y sonrió brillantemente.

Hacía tiempo que no caminaba por las calles sin dudarlo. Los dos finalmente llegaron a la tienda de arte.

La dueña de la tienda de arte, la señora Lant, sostenía un plumero con cara de aburrimiento. La apariencia de su polvo era muy letárgica.

—¡Señora Lant!

La señora Lant, que encontró a Inés, se quedó atónita por un momento.

—¡Hola, Inés! ¡¿No, condesa de Brierton?!

«Ay dios mío.»

Inés chasqueó la lengua brevemente por dentro.

Al parecer, la señora Lant también había leído a Elton.

La entrada de Inés a la exhibición de arte y la demanda de divorcio fueron temas muy populares, por lo que no había forma de no saberlo.

Inés sonrió avergonzada.

Capítulo 55

—Puedes llamarme Inés como antes.

—Pero, ¿cómo puedo llamar a la condesa...?

—Nos conocemos desde hace mucho tiempo. Espero que no me llames así.

Ante esa voz suave, la señora Lant endureció sus hombros temblorosos.

Inés continuó con una cara seria.

—Quiero ser amiga de la señora Lant como Inés, no como la condesa Brierton.

—¿En serio?

La señora Lant, que estaba estupefacta, miró a Inés con los ojos muy abiertos.

Inés asintió con la cabeza rápidamente.

—Sí. Así que no hay necesidad de estar tan incómoda.

—Bueno, si realmente dices eso...

Fue por un momento que la señora Lant se sintió un poco aliviada así.

«Espera un minuto. ¡Aquél!»

Tan pronto como encontró a Enoch de pie a espaldas de Inés, la señora Lant volvió a contemplarse.

En el pasado, había especulado que Enoch era solo un plebeyo rico. Salía con Inés, que compraba herramientas de arte caras y no sentía ninguna presión.

Sin embargo,

«¿Por qué no me di cuenta en absoluto?»

Una apariencia tan notablemente hermosa y un comportamiento elegante que emanaba de su cuerpo.

Además, teniendo en cuenta la exposición de arte que desencadenó el divorcio de Inés...

—Él, yo, Sussex, el príncipe… el duque…

La señora Lant, que estaba congelada, sus labios temblaron.

La conversación juguetona que tuvo con Inés el otro día pasó por su mente.

¿No es esta la primera vez que Inés visita un estudio de arte con un hombre? ¿Él es tu novio?

¿Qué?

«¡Qué diablos se supone que debo hacer con el duque...!»

El rostro de la señora Lant se puso azul, luego rojo y luego blanco.

Enoch, incapaz de ver los coloridos colores de su rostro, sacudió la cabeza.

—Solo llámame señor Fitzroy como antes.

—¿Sí?

La señora Lant saltó de su asiento. Era extraño que nunca se hubiera dado cuenta hasta ahora.

¡Efectivamente, "Fitzroy" era el segundo nombre del duque de Sussex!

Pero Enoch todavía tenía un rostro tranquilo.

—No hay necesidad de revelar mi identidad. Es simplemente problemático.

—Uh, eso, pero…

—Por favor.

Enoch habló cortésmente, pero con firmeza.

El propio duque dijo eso, por lo que no podía negarse, pero llamarlo "señor Fitzroy" como antes…

También era muy difícil. Cuando la señora Lant puso los ojos en blanco, sin saber qué hacer, afortunadamente, Inés salvó a la señora Lant, que estaba a punto de desmayarse.

—Señora, voy a comprar algunas de esas pinturas.

—Ah, ¿pinturas? ¡Bien! ¡Justo a tiempo, hay una pintura nueva…!

La señora Lant se dio la vuelta apresuradamente.

«Vaya, la señora Lant está muy nerviosa.»

Fue sólo por un momento que Inés se rio en voz baja. Entonces ella tragó su aliento.

Aparentemente, fue porque se encontró con los ojos de Enoch.

Inés se dio la vuelta e inclinó la cabeza.

«Pero, ¿es este mi error?»

Sintió que Enoch la había mirado así varias veces antes.

Como si Enoch estuviera mirando a Inés todo el tiempo…

«No, debo estar sensible.»

Aun así, no pudo evitar ser consciente de Enoch.

Inés habló con la señora Lant para cambiar el ambiente incómodo.

—Oh, además de pintura, necesito una nueva botella de agua y una paleta. ¿Puedo mirar?

—Botellas de agua y paletas… Está por ahí.

La señora Lant tembló y condujo a Inés a la esquina de la habitación.

Después de mirar las herramientas por un rato, Inés miró hacia atrás sin darse cuenta.

Y…

Una vez más, se encontró con los ojos de Enoch. Enoch sonrió, no sorprendido tan pronto como sus ojos se encontraron. Inés rápidamente bajó la cabeza hacia las herramientas.

«Hace que los corazones de las personas se aceleren, ¿por qué sigues sonriendo así?»

Entonces, después de terminar las compras de materiales de arte.

—¡Gracias, Inés!

El rostro de la señora Lant estaba completamente florecido.

Era cierto que estaba muy nerviosa al principio. Viviendo como propietaria de una pequeña tienda de arte, ¿con qué frecuencia podía encontrarse con aristócratas con un estatus tan alto?

Sin embargo, esa tensión ahora se ha desvanecido frente a las considerables ventas que Inés había comprado.

—¿Puedo hacer que los trabajadores carguen los suministros que compraste ahora en el carruaje como antes?

—Sí, gracias por eso.

Inés, quien dijo gracias, de repente hizo una pregunta.

—Ah, la habitación del quinto piso que alquilé la última vez. ¿Alguien más lo alquiló?

—No, aún no.

En respuesta a esa respuesta, Inés volvió a preguntar con una sonrisa.

—Entonces, ¿puedo echar un vistazo?

Si bien no fue un estudio donde permaneció mucho tiempo, el lugar fue especial para Inés.

Fue el lugar donde se dibujó la serie de la calle Hwabang que condujo al divorcio de Inés.

Afortunadamente, la señora Lant asintió con la cabeza con gracia.

—Haz lo que quieras. Inés es la mayor cliente de nuestra tienda, así que puedes hacer lo que quieras.

—¡Gracias!

Habiendo obtenido el permiso, Inés se mudó al quinto piso. Subió las escaleras que crujían y abrió la puerta cerrada. Una vista de la espaciosa habitación se extendió.

—Ah.

Inés de alguna manera sintió que su pecho se apretaba.

Las herramientas de arte que trajo se habían quitado hacía mucho tiempo, por lo que la habitación estaba vacía. Solo polvo dorado brillando a la luz del sol flotando en el aire.

«Aquí... Solía pintar los dos cuadros que se exhibirían en la exposición de arte.»

La exposición de arte e incluso el divorcio.

Había sucedido durante un par de meses como máximo, pero parecía que había pasado mucho tiempo. Incluso su horrible matrimonio con Ryan ahora se sentía como un pasado muy lejano. Inés, que caminaba por la habitación empapada de su vago humor, se acercó a la ventana y corrió las cortinas. El paisaje animado único de la calle Hwabang llenó el campo de visión.

—¿Es este el paisaje?

En ese momento, se escuchó una voz tranquila.

Enoch se acercaba y miraba por la ventana.

—El tema de sus pinturas expuestas en mi exposición de arte.

—Sí, así es.

Inés asintió con la cabeza.

Enoch recordó de repente que Inés estaba pintando en esta habitación.

El crepúsculo abrasador y la espalda de Inés, que parecía caer en el cuadro en cualquier momento.

Incluso los brillantes y hermosos ojos verde oscuro que solo miraban las pinturas.

Sin saberlo, Enoch miró a Inés.

La cara lateral blanca y elegante tallada en marfil miraba la escena de la calle, no a Enoch. Al mismo tiempo, sus ojos azules se hundieron profundamente.

De nuevo.

Aunque sabía que era infantil, quería que Inés solo lo mirara a él. Por mucho que los nervios de Enoch estuvieran centrados en Inés, esperaba que ella también fuera consciente de él.

Enoch sonrió levemente.

«¡Qué clase de pensamiento infantil es este!»

Pero entonces.

Inesperadamente, Inés volvió la cabeza y miró directamente a los ojos de Enoch.

—Señor, ¿hay algo que quiera decirme?

Parecía que estaba mirando a Inés demasiado profundamente.

No esperaba que ella notara sus ojos y le preguntara de vuelta.

En un instante, la nuca de su cuello se calentó.

Enoch quedó momentáneamente perplejo, pero afortunadamente tenía algo que decirle a Ines.

Intentó fingir estar tranquilo y abrió la boca.

—Será difícil verla por un tiempo.

—¿Sí?

Por un momento, Inés sintió que su corazón latía con fuerza.

Afortunadamente, Enoch no pareció notar la expresión endurecida de Inés.

Entonces Enoch añadió una explicación.

—Pronto habrá un intercambio de arte internacional.

—¿Un intercambio de arte internacional?

—Sí. Esta exhibición de intercambio está organizada por la reina, y yo también he decidido ayudar.

Solo entonces Inés alivió un poco la tensión de su cuerpo.

«Me alegro de que no sea que ya no pueda ver al duque...»

Ella solo estaba aliviada.

Inés, incapaz de superar su mente complicada, agarró con fuerza el dobladillo de su vestido.

«¿Qué diablos te pasa, Inés?»

Claramente pensó que debería distanciarse de Enoch.

¿Por qué su corazón seguía volviéndose hacia él?

Ella nunca pudo entender por qué.

«Está bien, deja de pensar tonterías.»

Para sacudirse sus pensamientos mundanos, Inés abrió la boca fingiendo que no era nada.

—Han pasado casi siete años desde que tuvimos una exhibición de arte de intercambio.

De hecho, fue un tema de interés tanto para pintores como para nobles del reino en muchos sentidos.

Era un intercambio de arte entre países con una larga tradición.

Sin embargo, debido a la larga historia de enemistad entre Lancaster y Kaldorov, fue un evento que a menudo se extendió como una lucha por el orgullo.

—Por cierto, el último intercambio se llevó a cabo en Kaldorov, ¿no?

Sin embargo, el resultado de ese intercambio no fue bueno.

En ese momento, se dijo que Kaldorov se centró mucho en el intercambio y que los Lancaster regresaron abrumados por su estilo libre.

Cómo fue un golpe para la autoestima de Enoch en ese momento, e incluso condujo a la fundación de la Real Asociación de Arte…

—Entonces el duque estará muy ocupado.

Inés, quien parecía haber estado profundamente pensativa por un momento, sonrió brillantemente.

Capítulo 56

—Sería genial si pudiera ayudar a Su Excelencia.

Por un momento, el rostro de Enoch se convirtió en un rostro desconcertado.

«¿Cómo puede una persona ser tan adorable?»

¿No era eso una falta?

Mostrando una sonrisa tan bonita de una manera Inésperada...

Por otro lado, Inés, ignorante del corazón atribulado de Enoch, siguió hablando con los ojos chispeantes.

—También recibí mucha ayuda del duque, ¿no?

Aunque Enoch había dicho varias veces que era un trato y que ya le habían pagado bastante bien. No sabía que las palabras mismas hablaban en consideración a Inés. La sonrisa de Inés se hizo un poco más profunda.

—Entonces, si hay algo que pueda hacer para ayudar, por favor dígame.

Enoch, que miró a Inés, asintió con la cabeza.

—Sí, lo haré.

Al mismo tiempo, Enoch logró tragarse las palabras que se precipitaban hasta la punta de su cuello.

«Me gustaría que la condesa participara en el intercambio.»

Debido a que la Reina aún no ha confirmado la participación de Inés, Enoch no podía pedirle a Inés que se uniera a él directamente.

«Tengo que obtener el permiso de la Reina de alguna manera.»

Enoch una vez más se decidió.

En ese momento, Inés cambió de tema.

—Entonces es un poco temprano, pero ¿vamos a cenar? Hay un buen restaurante que conozco.

Inés, que estaba orgullosa, miró en silencio a los ojos de Enoch.

—Sin embargo, este no es el restaurante de lujo al que suele ir el duque. Lo lamento…

—Está bien.

Enoch sonrió suavemente.

—Dondequiera que pueda estar con la condesa, está bien.

Inés miró inexpresivamente a Enoch.

«¿No es demasiado decir algo tan dulce como eso?»

Era una figura perfecta para que las damas la malinterpretaran.

¿No alimentaba cada pequeña cosa como esa las muchas fantasías que las damas tienen sobre el duque de Sussex?

Sin embargo, le dolía el orgullo dejarse llevar por todas y cada una de esas acciones.

«El duque debe haber dicho eso sin ningún significado especial.»

Además, si había algún significado en esas palabras...

«Si ese es el caso, no debería ser sacudido aún más.»

Con tal pensamiento, Inés se dio la vuelta resueltamente.

—Entonces vamos.

De todos modos, fue una suerte que la puesta de sol fuera excepcionalmente roja.

Para poder ocultar la nuca enrojecida.

Inesperadamente, Inés se dirigió al callejón trasero de la calle Hwabang.

«Aunque es un restaurante, ¿no sería inconveniente recibir invitados si está ubicado en una esquina como esta?»

Enoch estaba un poco desconcertado, pero como Inés estaba tan confiada, la siguió en silencio.

Entonces, sus ojos azules se abrieron un poco.

Fue porque las mesas y las sillas estaban colocadas una al lado de la otra en el lote vacío del callejón trasero que nunca imaginó que habría un restaurante.

En el lado bueno, era bastante liberal, y en el lado malo, era un completo desastre.

Tenía papel doblado en las patas porque la altura de la mesa no era la adecuada.

Las viejas sillas crujieron.

Después de una breve e intensa deliberación, Enoch encontró lo único bueno de este restaurante…

«Aún así, la mesa y las sillas son del mismo diseño.»

Si no hubiera sido por eso, habría pensado que era un vendedor de chatarra en lugar de un restaurante.

Mientras tanto, Inés parecía muy familiarizada con este lugar. Entró en el lote baldío y se sentó hábilmente.

Inesperadamente, Enoch también se sentó frente a Inés.

—Es un poco desconocido, ¿verdad? Puede sentarse donde quiera.

Al mismo tiempo, Inés se inclinó hacia Enoch y susurró con su voz suave.

—Creo que el duque solo ha estado en el restaurante donde el personal lo guía, ¿es correcta mi suposición?

—No lo negaré.

Enoch asintió con la cabeza, ligeramente avergonzado.

Entonces Inés volvió a hablar con una voz llena de alegría.

—Si no es por mí, ¿cuándo vendrá a un restaurante como este?

—Sí, debería agradecer a la condesa.

Mientras afirmaba dócilmente sus palabras, era Inés quien tenía una cara desconcertada.

Era una oportunidad para burlarse del duque de Sussex, pero todo había terminado. Enoch sonrió brillantemente.

—Lo digo en serio.

Esa sonrisa era tan clara.

En un instante, Inés sintió que su corazón latía salvajemente.

La sonrisa de Enoch estaba grabada en sus ojos como un sello, y seguía brillando frente a sus ojos.

Inés miró hacia otro lado por nada, recogió sus palabras casualmente.

—Entonces, para ser honesta, hoy es la primera vez que como en este restaurante también.

—Entonces, ¿cómo supo de este lugar?

—Ah, la señora Lant es una habitual aquí.

Afortunadamente, mientras seguían hablando, ella se sintió un poco menos nerviosa. Inés continuó enérgicamente.

—La señora Lant elogió tanto este lugar que me salieron costras en los oídos. En el pasado, cuando trabajaba en la serie de "Calle Hwabang", solía pedirlo y comerlo cada vez...

Mientras tanto, Enoch escuchaba en silencio la voz de Inés.

Las palabras parlanchinas de Inés sonaban como una canción.

—Entonces, voy a comer pasta de tomate con albóndigas. Las albóndigas aquí son enormes y deliciosas. ¿Qué hay de Su Excelencia?

—Oh —ante la pregunta que volvió de repente, Enoch parpadeó sin comprender.

Inés lo miró fijamente como si se preguntara.

—¿Qué ha estado pensando?

—No, nada.

Por su vida, no podía decir "Tu voz sonaba como una canción, y le estaba prestando atención", por lo que Enoch rápidamente miró el tablero del menú frente a él, evitando la mirada de Inés. Inés asintió con la cabeza y habló.

—El filete de salmón de este restaurante también es bueno. Servido con salsa tártara y limón, no sabe a pescado y está delicioso.

—Entonces lo pediré.

De hecho, el menú en sí no era familiar, por lo que Enoch asintió con la cabeza diciendo que entendía.

Entonces Inés levantó la mano y alzó la voz.

—¡Hola, toma mi pedido, por favor!

Por un momento, Enoch miró a Inés con cara de sorpresa.

Fue porque los restaurantes en los que Enoch había estado hasta ahora tenían un mesero separado a cargo de los clientes. Era la primera vez que veía que alguien tenía que llamar a un camarero tan fuerte para pedir.

Pero el mesero aquí estaba ocupado tomando órdenes de varias personas, por lo que no pareció escuchar a Inés correctamente.

Inés no se dio por vencida y volvió a llamar al camarero.

—¡Aquí está la orden!

—¡Oh, sí!

Solo entonces el camarero se apresuró.

—Una pasta de albóndigas con tomate, bistec de salmón y…

Después de terminar hábilmente la orden, Inés encontró a Enoch con una cara desconcertada.

«Oh.»

Preguntó con una voz traviesa, rebosante de su alegría.

—¿Está muy sorprendido? ¿Es la primera vez que realiza un pedido como este?

—Honestamente, es un poco sorprendente. ¿No tiene un camarero dedicado?

—¿Cómo puede tener un mesero dedicado en un restaurante tan pequeño? Si lo hicieran, el costo de la mano de obra sería mayor.

Inés miró a Enoch con una sonrisa.

«Por cierto, su apariencia es fresca en muchos sentidos.»

Enoch, a quien Inés conocía, siempre estaba tranquilo y relajado.

Para agregar un poco de exageración, había la impresión de que una aguja no encajaría. Pero Enoch en este momento no pudo ocultar su expresión desconcertada...

«Creo que es un poco lindo.»

Era un poco grosero pensar eso sobre el duque, pero ¿qué pasa con eso? Era cierto que era lindo.

No es que el duque pudiera mirar dentro de su cabeza. Inés, que tosía sin razón, estiró los hombros y agregó.

—Espere un minuto, la sorpresa aún no ha terminado.

Y lo que decía Inés era cierto.

Después de unos veinte minutos, Enoch, que se enfrentó a la comida cocinada, se convirtió en ojos de conejo por la sorpresa.

—¿Es esto realmente para una persona?

Solo estaba sorprendido.

Era porque la comida estaba apilada que el plato se desbordaba.

Dado que los artistas con bolsillos pequeños eran los principales clientes, la comida también era barata y abundante.

Inés no pudo contenerse y se echó a reír. Avergonzado, Enoch frunció el entrecejo involuntariamente.

—...no tiene que reírse así.

Inés sonrió por un momento, luego agitó su mano.

—Lo siento, Su Excelencia… Fue por su expresión inesperada.

—¿Qué quiere decir con inesperada?

—Bueno, el duque que conozco siempre está tan tranquilo.

Se rio tanto que se le llenaron los ojos de lágrimas. Inés terminó la conversación, secándose las lágrimas de los ojos.

—Pensé que era increíble que no perdiera la compostura sin importar qué. Creo que está un poco diferente hoy.

Por un momento, los ojos de Enoch se profundizaron.

«¿Eh?»

Al mismo tiempo que Inés parpadeó, Enoch negó con la cabeza con decisión.

—Bueno, creo que la condesa probablemente esté equivocada.

—¿Estoy equivocada? ¿Qué?

—Soy una persona mucho más emocional de lo que piensa la condesa.

Athena: Por dios, qué lindo es todo. Es muy natural y agradable.

Capítulo 57

Recogiendo un cuchillo y un tenedor en un movimiento elegante característico, Enoch continuó.

—Ya he perdido la compostura varias veces frente a la condesa.

—Perdió la compostura, por qué...

—Bueno, por qué… —Enoch, que estaba cortando el salmón, sonrió—. Es un secreto.

En realidad, no era nada especial.

Pero ¿por qué fue así?

Una suave fuerza entró en la mano que sostenía la vajilla.

¿Por qué perdió la compostura? Quería preguntar de alguna manera.

Además, ¿por qué tenía la boca tan seca?

¿Por qué su corazón seguía temblando incontrolablemente?

En un instante, una lámpara se encendió en el lote baldío oscurecido.

El mesero caminó alrededor y comenzó a encender las linternas esparcidas alrededor.

En la oscuridad, las linternas escarlatas se elevaban como estrellas una por una. Al mismo tiempo, el ruido del mundo estaba muy lejos.

En un mundo donde la luz escarlata se extendía suavemente, solo Enoch frente a Inés estaba claro. Él solo se concentró en ella, mirándola directamente a los ojos.

Frente a unos tranquilos ojos azules como un lago en la noche...

«Ah, claro.»

Inés se dio cuenta de repente.

«No ser consciente del duque es imposible...»

Su mente tranquila ahora estaba fuera de su control.

Entonces sólo había una cosa que tenía que hacer ahora.

Para que su nueva amistad no se rompiera y no fuera una carga para el otro.

—Por cierto, ¿la comida se adapta a su gusto?

Inés le preguntó a Enoch como si nada hubiera pasado. Enoch, que miraba a Inés con una mirada misteriosa, rápidamente asintió con la cabeza.

—Sí, es genial.

—Eso es afortunado.

Inés, que se había visto obligada a reír, se mordió el labio mientras miraba el plato de pasta. Por eso Inés no se dio cuenta. En el momento en que desvió la mirada.

El hecho de que los ojos de Enoch revolotearon brevemente como un lago del que se arrojaron piedras.

—No estoy mintiendo.

No había ni una sola palabra de mentira en lo que le acababa de decir a Inés.

Sin embargo, no reveló completamente sus verdaderos sentimientos. Más francamente hablando.

«Siempre que la condesa está a mi lado, mis emociones no están controladas como yo quiero.»

Entonces, los dos escondieron sus corazones y se concentraron en la comida.

«Destruyes mi compostura.»

Era el secreto más profundo que no podía confesar. Una amarga sonrisa se dibujó en los labios de Enoch.

Después de eso, pasó algún tiempo.

—No sabía que podía terminar todo el bistec.

Enoch miró el plato vacío con admiración.

La comida estuvo muy sabrosa.

A pesar de la enorme cantidad, vació todo el plato.

Pero entonces.

—¡No, por eso! ¡Hice un dibujo, y ese dibujo…!

Uno de los invitados sentados cerca golpeó la mesa y levantó la voz con cara de disgusto. Enoch levantó la oreja hacia la mesa.

Aunque sabía que era una falta de respeto mirar a alguien, no miró hacia atrás.

—Uf, ¿quién le dio de beber a esta persona? ¡Mira cómo tu voz ya se está haciendo más fuerte!

—¿No puedo tener una bebida a mi disposición?

De hecho, Enoch tenía mucha curiosidad por la atmósfera de espíritu libre que tiene ahora.

Desde muy pequeño, le enseñaron a seguir una etiqueta estricta al comer.

Había sido así toda su vida...

—Guau, ¿y qué pasó?

—¡Oh, no te rías y escúchame! ¡Por eso le acabo de advertir!

La gente aquí se ríe a carcajadas o habla en voz alta sin mirar a los demás.

Pero no era un mal presentimiento solo porque no era familiar.

Bastante.

«Es divertido.»

¿Era esta alegría debido a este ambiente alegre, o era por Inés sentada justo en frente de él?

O ambos, aunque no podía asegurarlo.

—Por cierto, antes estaba hablando sobre el intercambio.

Al mismo tiempo, Inés, que estaba comiendo budín de chocolate de postre, abrió la boca.

—¿No es realmente gracioso Kaldorov?

—¿Qué quiere decir?

—No, solía ser así.

Inés tenía una cara severa y pinchaba el budín con la cuchara.

El budín blando estaba terriblemente aplastado bajo la cuchara.

—Escuché que era terriblemente ignorante de Lancaster en ese entonces.

Inés se quejó, arrugando su rostro.

—¿Que dijeron? Dijeron que Lancaster en general es demasiado rígido. Gracioso, de verdad.

De hecho, ser ignorada por Kaldorov de muchas maneras en el último intercambio seguramente lastimaría el orgullo de Inés como artista en Lancaster.

—Mostraron que valoraban un ambiente artístico libre. ¿Quién sabe que son los únicos que lo ven?

Inés, que tenía mucho calor en la cabeza, pareció olvidarse del budín.

—¡Mire, incluso esta calle de galerías de arte! Esos idiotas son arrogantes, pero ya tenemos suficiente de esa atmósfera libre.

Eso era cierto. El propio Enoch solo estaba inmerso en la cultura aristocrática de la clase alta y no lo sabía.

Esta calle donde convivían muchos artistas tenía un ambiente libre único que nunca antes se había encontrado. Mientras tanto, Inés se detuvo como si se le hubiera ocurrido algo. Entonces ella estaba profundamente preocupada.

—…ummm.

Enoch, que podía ver su vacilación, animó a Inés.

—Si tiene algo que decir, siéntase libre de decirlo.

Incluso después de que Enoch dijo eso, Inés dudó mucho tiempo antes de hablar con una cara cuestionable.

—Bueno, se me acaba de ocurrir. Hasta ahora, el intercambio de arte se ha centrado en la realeza y la nobleza, ¿verdad?

—Sí.

Enoch asintió.

—Estoy hablando de esto sin saber mucho sobre el intercambio, así que si estoy diciendo tonterías, dígamelo.

—Escucharé.

Enoch enderezó su postura.

Era una expresión de escuchar a Inés en serio.

«De verdad, si fuera Ryan, ¿no habría pretendido escucharme con la parte de atrás de su oreja?»

Inés, que estaba pensando de nuevo en Ryan, pronto se disgustó y siguió hablando.

—El intercambio de arte que se ha realizado hasta ahora es, en cierto modo, dominio exclusivo de la clase alta. ¿Sí?

—Así es.

—Entonces, ¿qué tal expandir el intercambio para que no solo la clase alta pueda disfrutarlo, sino también la gente común?

Ante esa pregunta, los ojos de Enoch se abrieron un poco.

—Hay tantos artistas en esta área en este momento. Y no son nobles. —Inés siguió hablando mientras miraba a su alrededor—. Eso significa que ciertamente hay personas que no son aristócratas y que pueden hacer arte.

—Eso es posible.

—Entonces aquí está la pregunta —preguntó Inés de repente—. Su Excelencia, ¿sabe cómo se ganan la vida los artistas comunes?

—…Bueno, ¿no hacen trabajos relacionados con la pintura?

—Así es. Hacen cuadros y los venden baratos en la calle, o a veces reciben pedidos de tiendas para hacer letreros. —Inés se encogió de hombros como si estuviera orgullosa—. Con solo mirarlo, los plebeyos tienen el deseo de disfrutar del arte en sí, pero simplemente no tienen la oportunidad de hacerlo.

Enoch estaba completamente impresionado.

Siguió una breve explicación de Inés.

—Además, Lancaster también tiene un lugar único llamado calle Hwabang, ¿verdad?

El lugar más característico de la capital Langdon.

Un lugar donde naturalmente se reunían los artistas pobres, y la calle misma se convirtió en una especie de enorme distrito artístico.

—Personalmente, creo que es una tontería dejar un lugar único como la calle Hwabang sin usarlo.

Ahora los borrachos cantaban, hombro con hombro.

Mirándolos con ojos cariñosos, sugirió Inés.

—Entonces, ¿por qué no usamos toda la calle Hwabang para el intercambio esta vez?

—¿Toda la calle Hwabang?

—Sí. Y si el intercambio en sí se lleva a cabo como un festival, ¿no sería más fácil acceder no solo a los nobles sino también a los plebeyos?

Cuando se dio cuenta de que la otra persona la escuchaba seriamente, la voz de Inés también se calentó por sí misma.

—Esta es mi opinión, pero creo que será útil para el distrito comercial de la calle Hwabang si los visitantes vienen para el intercambio.

Los ojos de Inés brillaron.

—Por supuesto, puede haber protestas de los nativos de la calle Hwabang, pero ¿no se puede superar ese grado?

—¿En qué manera?

«Oh.»

Por un momento, Inés miró en secreto a los ojos de Enoch.

Capítulo 58

—Bueno, es un poco de presupuesto, pero probablemente sea la forma más fácil de darles a los dueños de las tiendas una cantidad razonable de compensación, ¿verdad?

Fuera lo que fuese, el mayor problema era la financiación.

Como se trataba de un evento de intercambio entre países organizado por la reina, el presupuesto en sí sería abundante. Pero, ¿y si ella pensaba que era una pérdida de dinero?

Inés estalló en un sudor frío.

—Es una recompensa. Esa no es una mala idea.

Por el contrario, Enoch asintió con la cabeza casualmente.

—La calle Hwabang es un lugar digno de un presupuesto.

—Gracias por decir eso.

Inés respiró aliviada y volvió a hablar.

—Y si los artistas de la calle Hwabang pueden participar, habrá menos oposición a usarla como lugar para el intercambio.

—Entonces, en el proceso, podemos descubrir nuevos artistas que nunca antes habíamos conocido. Es una buena idea.

Sintiéndose bien, Inés sonrió brillantemente.

La conversación con Enoch fue muy amena.

Entendió todo lo que ella dijo y lo organizó perfectamente.

Amplió ideas que simplemente quedaron como pistas. Como si Enoch hubiera entrado en la mente de Inés. En ese momento, Enoch preguntó con una cara seria.

—¿Está bien si le digo a la reina lo que la condesa me acaba de decir?

—¿Sí? Sí, sí. —Inés asintió con la cabeza sin pensarlo mucho—. Aunque es una idea tosca, estaría feliz si le fuera útil, Su Excelencia.

—No es tosco en absoluto. Era muy fresco.

Enoch respondió con una cara seria.

Luego le sonrió suavemente a Inés.

—Recibí una gran ayuda de la condesa. Gracias.

Cuántas veces había deseado recibir cumplidos y agradecimientos tan honestos.

Sintiendo que su rostro se calentaba sin razón, Inés tosió un par de veces y se levantó de su asiento.

—Ahora que hemos terminado de comer, ¿volvemos?

—…Sí.

¿Fue porque la conversación se había resuelto?

Enoch tenía una cara muy triste.

Inés miró a Enoch así con un sentimiento sutil.

«¿El duque lo sabe?»Cada vez que Enoch hacía esa expresión triste en su rostro, el corazón de Inés era como el mar atrapado en una tormenta.

Seguía siendo el mismo.

Una vez más, su corazón fluctuó a voluntad.

«Vale, es porque soy sensible.»

Inés rápidamente enderezó su expresión y giró su cuerpo.

Enoch miró a Inés con ojos complicados.

El carruaje con el escudo de armas del duque de Sussex se detuvo frente a la mansión Brierton. Inés, que se bajó del carruaje, saludó cortésmente a Enoch.

—Hoy fue muy divertido. Por favor, regrese con cuidado.

—Realmente lo disfruté también.

Incluso después de responder eso, Enoch dudó por un momento.

Inés ladeó la cabeza.

—¿Duque?

—Una vez más.

Ante las palabras inesperadas de Enoch, los ojos de Ines se abrieron un poco.

—Ojalá pudiera pasar más tiempo así con la condesa.

Inés miró fijamente a Enoch.

Pero Enoch solo sonrió y señaló la puerta.

—Debe estar cansada, así que por favor entre.

—Quiero ver que el duque se vaya...

—No, quiero ver a la condesa entrar a la casa.

Después de dudar un rato después de que Enoch se negara a irse primero, Inés finalmente entró en la mansión.

La puerta principal estaba cerrada.

Inés observó a Enoch a través de la ventana.

Después de confirmar que Inés había regresado sana y salva a la casa, Enoch movió los pies.

Después de ver desaparecer su carruaje por el bulevar.

«Oh, ¿qué debo hacer?»

Inés se agarró el pecho y respiró pesadamente.

«¿¡Estoy tan nerviosa…!?»

Sus mejillas ardían y su corazón latía salvajemente.

Pero por un tiempo.

Sus ojos verde oscuro se hundieron profundamente.

«...pero ahora no nos veremos más.»

El retrato estaba casi terminado, e Inés incluso dijo que ella misma lo terminaría y se lo enviaría a Enoch.

Ya no había ninguna justificación para encontrarse con Enoch.

—Espero poder pasar tiempo con la condesa nuevamente.

La voz de Enoch aún resonaba en sus oídos...

«Está bien, ahora, dejemos de demorarnos.»

Aun así, no pudo evitar sentir un poco de amargura en la boca.

Inés levantó su espalda contra la pared y caminó lentamente por el pasillo.

Entonces se detuvo de repente. Fue porque el estudio de la mansión llegó a su vista.

—El retrato del duque.

El retrato aún sin terminar fue trasladado a la mansión. Inés entró impulsivamente al estudio.

Bajo la luz de la luna que brillaba a través de la espaciosa ventana, se colocó el retrato en un caballete. Inés acercó una silla y se sentó frente al retrato.

Miró el rostro de Enoch en la pintura.

Ojos azules intelectuales, nariz elegante, mandíbula afilada y cuello largo.

—Ah…

Un largo suspiro fluyó.

Su mente estaba tan complicada que Inés no dejó el cuadro por mucho tiempo.

Pero dos días después.

Inés se dio cuenta de que estaba completamente equivocada.

Fue porque un enviado de la familia real de repente vino a visitarla.

—Condesa Brierton, prepárese para recibir las órdenes de la reina.

—Inés Brierton. Estoy lista para recibir las órdenes de la reina.

Era imposible dejar colgado al enviado real, Inés acogió con cortesía las órdenes de la reina.

Mientras desdoblaba cuidadosamente el papel, se quedó rígida en su lugar. Escrito con letra elegante, el contenido era...

[La condesa Brierton es nombrada miembro del equipo directivo de este intercambio.]

«¿¡Qué!?»

Inés estaba perpleja.

Finalmente, Inés entró en el palacio.

Con la reina nombrándola directamente como miembro del equipo de gestión, no se atrevió a rechazar el nombramiento.

Además, mirándolo objetivamente, esta era una muy buena oportunidad para Inés.

«¿No voy a liderar un evento nacional al lado de la reina?»

La realeza del reino, y un artista. Teniendo en cuenta ambos puestos, era un verdadero honor unirme al equipo de gestión del intercambio de arte. Fue como si la familia real reconociera la visión artística de Inés. La reputación de Inés aumentará en poco tiempo, y los chismes sobre su "pobre esposa que perdió su trabajo con Ryan" desaparecerán.

Pero mientras tanto, había una persona que complicaba su mente.

—Hola.

Era Enoch.

Frente a su sonrisa tan brillante como una rosa en flor, Inés se sintió mareada ante sus ojos. Ella pensó que apenas había organizado su mente, ¿ahora se topó con él así?

De hecho, el daño psicológico para ella fue enorme.

Por supuesto, era natural que Enoch estuviera aquí.

Dijo desde el principio que ayudaría a la reina con el intercambio de arte.

Sin embargo,

«¿No es como algo que pone a la gente a prueba...?»

Inés tragó lágrimas de sangre e hizo una pregunta.

—¿Cómo llegué a participar en el intercambio?

Entonces Enoch inmediatamente se preocupó y le preguntó a Inés.

—¿Se siente incómoda?

—¡No, no! Por supuesto que es un honor, pero…

Pero entonces.

—Me alegro, pero lo siento si la condesa no lo quiere, pero se ve obligada a hacerlo.

En ese momento sonó una voz suave.

—Aquí viene la reina.

Asombrada, Inés se apresuró a preparar sus modales.

Una señora de aspecto elegante entraba en el salón a paso pausado.

Era la reina, Helena. Ante la avalancha de tensión, Inés tragó saliva seca sin darse cuenta.

«Ahora que lo pienso, la reina es la anfitriona de este intercambio ella misma.»

La familia real parecía estar muy preocupada por este intercambio. En la operación del intercambio participó directamente no solo la reina sino también el único hermano menor del actual rey.

«No puedo creer que también me uní al equipo de gestión.»

Inés sintió que se estaba enfermando.

En ese momento, Helena le habló en voz baja.

—Escuché que esta vez a la condesa Brierton se le ocurrió una muy buena idea para el intercambio.

¿Eh?

Por un momento, Inés aguzó las orejas con una cara cuestionable.

«¿Se refiere a la conversación que tuvimos sobre la calle Hwabang?»

Cuando Inés miró de reojo a Enoch, Enoch asintió levemente con la cabeza.

Significaba "adivinaste bien". Inés estaba aterrorizada.

¿Cuándo habló con la reina al respecto?

En términos de tiempo, tal vez Enoch le contó a la reina sobre la idea de Inés al día siguiente de haber hablado con Inés.

Athena:A ver, es su cuñada y pronto también la tuya; se lo iba a contar pronto porque quiere pasar tiempo contigo jajajaja. Además, seguro que Helena aprovecha para conocerte y ver si eres un buen partido para Enoch.

Capítulo 59

—Escuché sobre tu idea, y realmente me gustó.

—Me halaga.

—Lo digo en serio.

Helena, que habló con voz firme, inclinó los ojos y sonrió.

—De todos modos, no puedes decir tonterías cuando se trata de un evento organizado por la reina, ¿verdad?

—Es un honor escuchar a Su Majestad decir eso.

—Bueno, la gloria no te alimenta.

Una broma aguda fluyó de los elegantes labios de Helena.

«Wow, ¿la reina incluso bromeó así?»

De vez en cuando, Inés veía a la reina en los banquetes y pensaba que ella era impecablemente elegante. Inés se quedó sin palabras.

—Tengo que darte algo, pero pensé que sería mejor proceder de la mejor manera para la condesa Brierton.

—Mi reina.

—La condesa ya está llena de riqueza, así que no creo que el dinero sea útil.

Helena se encogió de hombros.

—Mirando lo que sucedió recientemente, pensé que la oportunidad para que mostraras tu talento como artista sería lo más útil. ¿Me equivoco?

—No, Su Majestad. Gracias por su consideración.

Inés rápidamente se inclinó.

Al mismo tiempo, la sonrisa de Helena se hizo un poco más profunda.

—Para ser más honesta, la condesa Brierton fue un poco codiciada.

—¿Yo…?

—Por supuesto. Deberías saber… —Helena miró a Enoch con su mirada juguetona—. El duque de Sussex elogió mucho a la condesa.

Por un momento, Enoch frunció el ceño y se volvió hacia Helena.

—Mi reina. Eso…

Enoch se apresuró a callar a Helena, pero ya era demasiado tarde.

Helena siguió hablando como para escuchar.

—El duque dijo que la condesa es una pintora sobresaliente y debe ser reclutada.

—Su Excelencia…

Inés miró a Enoch con los ojos bien abiertos.

Ignorando sin esfuerzo la mirada, Enoch fingió estar bien y enderezó la espalda.

—Yo no mentí.

Pero Helena lo vio.

Enoch, que por lo general era inexpresivo, estaba un poco avergonzado.

Como prueba de ello, Enoch miraba a Helena con una mirada de resentimiento.

Helena sonrió y asintió con la cabeza.

—¿Quién dice qué? No tengo intención de negar que la condesa Brierton es una artista destacada. —Helena, que interrumpió de inmediato el discurso de Enoch, miró a Inés—. Vi la serie de "Calle Hwabang" que se exhibiste en la exhibición de arte el otro día. Fue muy hermoso y único.

—Es un placer saber que le gustó, mi reina.

—Hoy te llamo aquí para conocerte, y pronto hablaremos de eso en detalle. —Helena habló en voz baja—. Os deseo todo lo mejor en el próximo intercambio de arte.

—…Ah.

Inés, que tragó saliva seca, volvió a hacer una reverencia.

—Muchas gracias por esta maravillosa oportunidad.

«Tendré que darle las gracias al duque más tarde.»

Inés prometió con determinación.

Entonces Helena sugirió.

—Es bueno conocer a la condesa así, así que me gustaría invitarte a una taza de té. ¿Qué tal?

—¿Té…? Gracias.

Aunque en un estado de ánimo confundido, Inés asintió con la cabeza rápidamente.

Aunque estaba un poco avergonzada, no podía perder la oportunidad de tener una conversación privada con la reina.

Al mismo tiempo, Helena miró amablemente a Enoch.

—Entonces la condesa irá conmigo, y el duque de Sussex, visite a Su Majestad el rey.

Entonces Enoch hizo una expresión de disgusto.

—Por qué, Su Majestad, de repente...

—Eso es porque el rey ha estado esperando al duque de Sussex desde la mañana —añadió Helena—. Incluso dijo que realmente quiere tener una conversación con su único hermano, y pospuso la reunión de gobierno de hoy hasta mañana.

Incapaz de dejar ir cualquier esperanza, preguntó Enoch.

—¿Por qué ahora? Puedo verlo más tarde.

Pero la esperanza de Enoch se hizo añicos por la traviesa respuesta de Helena.

—¿No es porque el duque de Sussex siempre evita a Su Majestad el rey?

Para ser honesto, incluso Enoch no tenía nada que refutar.

Por mucho que Edward se divirtiera mucho burlándose de su hermano, Enoch también había estado evitando a Edward porque estaba molesto. En ese momento, Helena entrecerró los ojos y dijo:

—Oh, y sabes que Su Majestad se entristece cuando haces esa cara frente a él, ¿verdad? Así que por favor controla tu expresión.

—Está bien…

Enoch finalmente se vio obligado a levantarse de su asiento con el rostro lleno de descontento.

—Entonces me iré.

Finalmente, después de mirar a Inés con los ojos llorosos de arrepentimiento.

Enoch salió del salón cortésmente.

Al mismo tiempo, Helena chasqueó la lengua y se habló a sí misma en voz baja.

—Uf, de verdad. Tienes que estar tan lleno de sentimientos persistentes.

Al mismo tiempo, Inés estaba un poco desconcertada.

¿Sentimientos persistentes?

Pero ella nunca tuvo la oportunidad de escuchar la respuesta.

Fue porque Helena volvió a mirar a Inés y sonrió brillantemente.

—Entonces, ¿tomamos el té con nosotras, damas?

El fragante aroma del té flotaba en el aire.

Helena, que sirvió el té directamente en la taza de Inés, habló en voz baja.

—Espero que el té se adapte a tu gusto.

—Oh, gracias.

Inés bebió el té con una cara ligeramente nerviosa.

Incluso en medio de esto, el movimiento de beber té fue elegante sin romper ninguna regla.

Los modales conversacionales y los modales educados parecían estar bien educados en una buena familia. Helena observó a la mujer frente a ella como si estuviera explorando.

Inés Brierton.

Alguna vez fue la única heredera del conde Brierton y ahora era una de las pocas mujeres en el reino que ostentaba el título.

Aunque pasó por un matrimonio y un divorcio, todavía tenía un rostro juvenil.

Este año cumplía veintitrés años.

Después de hacer su debut social, Inés se casó con Ryan de inmediato cuando tenía dieciocho años.

Helena se había encontrado con Inés unas cuantas veces antes en banquetes, y pensó que Inés era solo una dama débil.

Se preguntó qué había encantado a Enoch, y Helena no pudo evitar preguntarse.

«Por cierto, el duque de Sussex no podía apartar los ojos de la condesa Brierton antes.»

Realmente era la primera vez que veía a Enoch prestar tanta atención a alguien. Al recordar la imagen de Enoch que acababa de conocer, Helena de repente abrió la boca.

—¿Sabes qué? El duque de Sussex realmente aprecia a la condesa.

En un instante, el rostro de Inés se calentó.

—Eso... He recibido muchos favores del duque que son difíciles de pagar.

Helena miró así a Inés con ojos curiosos.

Inés siempre fue digna y tranquila, pero en el momento en que "Enoch" se convirtió en un tema candente, Inés perdió la compostura en un instante.

Su apariencia parecía la de una niña pequeña que estaba perdida en la dulzura de su primer amor y estaba indefensa.

«¿Tal vez estaba equivocada?»

Tal vez no era solo el interés unilateral del duque de Sussex...

Parecía que había sentimientos en ambos lados.

Sólo entonces.

—Mi reina.

Inés, que miraba a Helena, abrió los labios con cuidado.

—¿Puedo preguntar por qué cree eso?

Por un momento, los ojos de Helena se iluminaron.

Efectivamente, Inés no pudo superar su curiosidad y estaba preguntando por Enoch. Si ni siquiera estuviera interesada, no se molestaría en preguntar por qué la otra persona estaba enamorada de ella.

Más aún cuando se atrevió a hacerle una pregunta aleatoria a la reina.

Esto significaba que Inés sentía más curiosidad por Enoch que por la carga que tenía sobre Helena.

Helena respondió cortésmente.

—Bueno, es la primera vez que veo al duque de Sussex preocuparse tanto por alguien.

—¿Es eso así?

—No estarás diciendo que no lo sabías, ¿verdad?

A esa pregunta pícara, Inés bajó la mirada y respondió con cuidado.

—¿Cómo me atrevo a juzgar los sentimientos del duque imprudentemente?

—Mmm.

Aunque Inés dio una respuesta fácil, Helena lo sabía.

Que la dama frente a ella en este momento estaba prestando atención a cada movimiento de Helena. Helena, que había estado reflexionando por un momento, de repente hizo una pregunta.

—Entonces. —Helena, que se perdió brevemente en sus pensamientos, de repente hizo una pregunta—. ¿Sabes por qué el duque de Sussex es el dueño de Elton?

—¿Sí? De hecho, no he oído hablar de ninguna razón en particular.

—Es en consideración al rey actual. Al menos Su Majestad y yo lo estamos adivinando.

Los ojos de Inés se abrieron ligeramente ante el hecho inesperado.

Athena:Me cae bien Helena. Y me gustaría ver la conversación paralela de los dos hermanos jajajaja.

Capítulo 60

Helena sonrió con amargura.

—Para contarte un poco de los viejos tiempos, el duque de Sussex ha sido prominente desde la infancia.

—Creo que es posible porque el duque es una gran persona.

—Tienes razón, pero ser genial no siempre es bueno.

Helena tocó la taza de té con una mirada pensativa en su rostro.

—Dado que el duque de Sussex es tan destacado, se ha formado la opinión pública de que el duque debería ser coronado en lugar del actual rey.

Inés pareció muy sorprendida, pero no dijo nada imprudentemente.

Y a Helena le gustó la prudencia de Inés.

—Por supuesto, el rey y la reina anteriores no querían que los dos príncipes se dividieran, y la voluntad del rey actual de suceder al trono también era fuerte, por lo que eso no sucedió.

Un pequeño suspiro escapó de los labios de Helena.

—...Tal vez la situación en sí era demasiado onerosa para el joven duque de Sussex.

Helena recordó brevemente el pasado. Cuando tenía quince años, su prometido, Edward, fue nombrado príncipe heredero. Mientras asistía a la ceremonia de dedicación, conoció a Enoch por primera vez.

Enoch era un niño de ocho años que estaba de pie en silencio con una túnica glamorosa que incluso un adulto encontraría muy incómodo de usar.

—Estoy muy contento de que mi hermano haya sido nombrado príncipe heredero.

El rostro del niño estaba lleno de alivio. Esa joven voz susurró suavemente, como si contara un gran secreto.

—No tengo ningún interés en el trono en absoluto.

—Príncipe.

—Entonces mi hermano no me odia, ¿verdad?

La vocecita, temerosa de ser odiado por su hermano mayor, todavía resonaba en los oídos de Helena.

Sin embargo, el interés público en Enoch no desapareció fácilmente, y Enoch estaba cada vez más aislado del ojo público. Después de años de sufrir así, los sentimientos de Enoch continuaron secándose.

Y en algún momento, Enoch se había convertido en una persona indiferente y sin emociones. A diferencia de su hermano mayor, Edward, que estaba lleno de emociones.

Mientras tanto, Inés, que había estado escuchando la historia de Helena, de repente tenía una expresión de sorpresa en su rostro.

—Entonces, el duque de Sussex se convirtió en el dueño de Elton…

—Sí. Para demostrar que no tiene interés en el trono.

Helena, asintiendo levemente con la cabeza, se calmó la garganta con té.

Antes de darse cuenta, le dejó un regusto amargo en la boca por el té tibio.

—En realidad, cuando empezó a prestar atención a Elton, el interés de la gente por él disminuyó bastante. Al menos los políticos casi han perdido la esperanza.

—…eso fue lo que pasó.

—Tal vez por eso, aunque no fuera el propósito del duque de Sussex, valoraba bastante a Elton.

Helena dejó su taza de té y le preguntó tranquilamente a Inés.

—Por cierto, ¿cuántas veces ha publicado artículos sobre la condesa Brierton en Elton?

Por un momento, Inés se encogió de hombros. Helena entrecerró suavemente los ojos.

—Por supuesto, a través de la validación cruzada, solo habría publicado artículos con cierto contenido.

—Eso, eso…

—¿No es eso prueba de que la condesa Brierton era una persona importante para el duque de Sussex? Creo que sí.

Frente a la cara al rojo vivo de Inés una vez más, Helena terminó sus palabras con sarcasmo.

—Todavía no sé qué significa eso de "especial".

Completamente impecable.

Era la palabra más apropiada para Enoch.

No fue sacudido por nada y siempre fue suave.

De hecho, no era una mala cualidad para una familia real.

La calma y el juicio minucioso de Enoch naturalmente asombraron a quienes lo rodeaban.

Sin embargo,

«...Cuando era más joven e incluso ahora, nunca parecía feliz.»

No le dio un lado a nadie.

Era impecablemente cortés, y siempre tenía cuidado de no ser grosero con los demás, pero... Esa cortesía era, en cierto modo, un fuerte muro que había construido hacia los demás. Al excluir las cosas defectuosas, trató de no enredarse con los demás tanto como fuera posible. Pero ni Edward ni Helena querían que Enoch fuera tan perfecto, ya que era su único hermano.

Más bien, los dos querían que él fuera una persona con una variedad de expresiones. Ni insensible ni una cara que lo veía todo era aburrida.

«¿Puede la condesa evocar varias emociones en el duque?»

Por supuesto que era desconocido.

Pero era cierto que la condesa era, en ese momento, la persona más probable.

Tragándose esos pensamientos para sí misma, Helena pronunció sus palabras en broma.

—Sobre todo, el día que el duque habló con la condesa, se atrevió a visitarme de madrugada para contarme tu idea.

Por un momento, Inés se sobresaltó, como si fuera a desmayarse.

—¿Qué? ¿Qué?

—Honestamente, me sorprendió mucho. ¿Qué gran persona era la condesa que hizo que el duque visitara a la reina incluso a esa hora?

«¡Uf, qué debo hacer...!»

La cara de Inés se puso roja de una manera diferente a la anterior.

Helena se rio.

Mirando hacia atrás, el Enoch que conoció en ese momento era completamente diferente al de ahora.

Su característico rostro inexpresivo desaparecía de la nada, y pocas veces explicaba la idea de Inés con voz alegre.

—La condesa es un genio.

¿Qué hay de esa firme creencia?

—Si mi nombre va a pasar a la historia, creo que es porque fui yo quien descubrió al artista.Sí, ciertamente dijo eso.

Helena sonrió.

—No quiero ser una carga para ti. Solo quiero que sepas que el duque de Sussex tiene grandes expectativas para la condesa y yo también tengo expectativas para ti.

Por un momento, la expresión de Inés se volvió determinada.

Enderezó la espalda y miró directamente a los ojos de la reina y habló.

—Todo lo que puedo decir es que la persona a la que más no quiero decepcionar es al duque de Sussex.

Inés recordó a Enoch.

Sus profundos ojos azules la miraron directamente con confianza.

No podía traicionar esa creencia.

«No, no quiero rendirme.»

Esperaba cumplir con las expectativas del duque tanto como fuera posible. Quería verlo sonreír por ella.

—Lo prometo. Haré todo lo posible para no decepcionar al duque y a Su Majestad la reina.

Por un momento, Helena parpadeó. Inés acababa de mencionar a Enoch ante la reina Helena.

Tal vez lo dijo casualmente sin ninguna intención. Pero…

«Significa que ella se preocupa mucho por Enoch.»

La sonrisa de la Reina se hizo un poco más profunda.

—Es una buena actitud. Entonces lo espero con ansias.

Al mismo tiempo.

Edward saludó a su hermano menor con emoción.

—¿Por qué llegas tan tarde? He estado esperando.

—¿Qué es? ¿Por qué estás esperando tan desesperadamente?

—¿De verdad vas a seguir el ritmo de esa boca?

No fue hasta que Edward lo criticó que Enoch abrió la boca con una mirada de aburrimiento.

—Me disculpo por la larga espera. Vine justo después de recibir el mensaje de la reina, pero llegué un poco tarde.

—Ya veo.

Entonces Edward palmeó a Enoch en la espalda y exclamó alegremente.

—Oye, ¿por qué necesitas disculparte cuando solo somos nosotros?

—¿Qué quieres decir?

Enoch miró a su hermano con cara de estupefacción.

Por supuesto, Edward no parpadeó, solo dijo lo que tenía que decir.

—¡Siéntate, siéntate! ¿Té? ¿O alcohol?

—...Bebiendo alcohol por la mañana, si la reina lo sabe, tus oídos estarán llenos.

¿Qué tan aguda fue la voz de réplica?

Edward sonrió.

—¿Te estás quejando de que interrumpí tu tiempo con la condesa?

Debía haber dado en el blanco.

Ver a Enoch mirando a Edward con ojos ensangrentados.

Edward continuó hablando.

—Sí. Es cierto que a Helena no le gustará, así que bebamos té por ahora.

Así que los dos hermanos se sentaron con tazas de té frente a ellos.

—Ahora que lo pienso, has estado molestando bastante a mi esposa esta vez, ¿no?

Edward miró a Enoch, sus ojos brillaban.

—Mi hermano, que claramente separa los asuntos públicos de los privados, nunca nos ha pedido a mí ni a mi esposa que le hagamos tal favor. ¿Mi hermano piensa que la condesa Brierton es tan especial?

Edward gimió con picardía.

Pero parecía que Enoch estaba decidido a ejercer su derecho a permanecer en silencio.

Al verlo mantener la boca cerrada, Edward cambió de tema sin más preámbulos.

—Pero debes tener mucha fe en la condesa, ¿no? Me sorprendió un poco ver que le presentó a la condesa a mi esposa con tanta confianza.

Entonces Enoch abrió la boca por primera vez y respondió.

—Sí.

Era un tono muy natural.

«Oh, mira esto.»

Edward estaba un poco sorprendido. No sabía que Enoch estaría tan seguro.

Athena:Venga, este par de reyes tienen que actuar como celestinos jajaja. Aunque Enoch sí va con todo, lento, pero bien.

Capítulo 61

—El hermano debe haberlo escuchado de la reina.

La relación entre el rey y la reina era muy buena, y era natural que el rey supiera lo que sabía la Reina.

Por el contrario, Enoch preguntó con confianza.

—¿No está el hermano también convencido? Si procedemos con la idea de la condesa, el intercambio tendrá éxito.

—Bueno... creo que es una idea nueva.

Edward respondió con una mirada ligeramente vacilante en su rostro.

—Es la calle Hwabang, nunca pensé que usaríamos ese lugar.

Era cierto que estaba francamente atónito.

Porque la calle Hwabang era utilizada principalmente por plebeyos.

Era inevitable que Edward, que había sido miembro de la realeza toda su vida, no pudiera pensar en ello de inmediato...

«Aunque yo sea el rey.»

Aunque resentido porque la condesa Brierton había reconocido primero el valor del lugar, estaba agradecido con la condesa.

Era raro que los aristócratas se interesaran por el distrito de los plebeyos.

Incluso la condesa de Brierton era la cabeza de una de las familias más prestigiosas del reino, examinó y recordó cuidadosamente las fortalezas de su país y se dio tiempo para ayudar.

Edward se palmeó la barbilla y murmuró.

—Es la calle del arte. Sé que está construida en las afueras de Langdon, pero en realidad nunca la había visitado antes.

—Gracias a la condesa, fui allí por primera vez.

La expresión en el rostro de Enoch, quien dijo eso, no era tan brillante.

—Bueno, tengo muchos pensamientos.

—¿Sí? ¿Qué pensaste?

—Soy miembro de la familia real y, por supuesto, debería conocer cada rincón y grieta de mi país, pero… —La voz de Enoch de repente se hizo pesada—. Sentí que había tantos lugares que no conocía.

—Mmm.

—Me hizo reflexionar sobre mi ignorancia.

Enoch tenía una cara seria.

Edward, que estaba mirando a su hermano así, de repente abrió la boca.

—Tengo que admitir que al menos la condesa Brierton tiene una buena influencia sobre ti.

—¿Qué quieres decir?

—Oye, sé que eras un tipo que no le prestaba atención a nada.

Por un momento, Enoch se quedó sin palabras.

Edward se encogió de hombros.

—¿No es esta la primera vez que te has interesado en los que te rodean?

Eso era cierto.

Al principio era deliberadamente indiferente a todo.

No quería discutir con su único y precioso hermano por el trono, porque cada pequeño acto de Enoch despertaba la codicia de la gente.

"Si el príncipe al que apoyo sube al trono, ¿no podría obtener crédito por ello?" Enoch simplemente estaba harto de la codicia de la gente.

Por eso se distanció aún más de la gente.

Como vivió así durante casi diez años, su indiferencia característica estaba arraigada en su cuerpo. Sabía que Edward y Helena estaban preocupados por él.

Prefería vivir sin prestar atención a nada, porque pensaba que así se sentiría mucho más cómodo.

«De alguna manera... creo que ahora es diferente.»

Una sensación de estar centrado en alguien.

Su mente seguía divagando, sacudida, y estaba en un lío.

Aun así, la sensación de que el mundo entero se iluminaba con su única sonrisa.

«Para ser honesto, no está mal.»

Al mismo tiempo, Edward sonrió.

—¿Sabes? Siempre pones esa cara de estúpido cada vez que la condesa Brierton es el tema de conversación.

Enoch hizo una pausa.

—¿Realmente tienes que describir mi rostro en un lenguaje tan vulgar?

—Mira, estás enojado con mis palabras, pero no negarás lo que dije. —Edward preguntó sarcásticamente de nuevo—. No puedes decir que no, ¿verdad?

Dio en el blanco.

Sería mejor estar callado aquí, por lo que Enoch mantuvo la boca cerrada por la insatisfacción.

Edward quería burlarse de él más, pero se detuvo.

«Bueno, de todos modos, este tipo parece haber notado sus sentimientos hasta cierto punto.»

Pensó que sería mejor dejar de hurgar y observar.

«Ja, no hay hermano tan generoso como yo.»

Edward interiormente elogió su propia generosidad.

Pasó el tiempo y el sol se estaba poniendo.

Después de terminar la hora del té con Helena, Inés fue guiada por el sirviente mientras movía sus pasos.

Iba a su carruaje.

«Por cierto, Su Majestad la reina nunca mencionó mi divorcio.»

Inés reflexionó sobre la conversación que tuvo con la reina hoy.

¿Qué pasaría si Helena preguntara sobre su divorcio? Le preocupaba que la reina no mirara su divorcio de manera positiva.

Sorprendentemente, Helena no mencionó el tema de su divorcio en absoluto.

En cambio, solo mostró interés en los logros artísticos de Inés.

—No quiero ser una carga para ti. Sin embargo, quiero que sepas que el duque de Sussex tiene grandes expectativas para la condesa, y yo también tengo expectativas para ti.

Las palabras de Helena de repente vinieron a su mente.

Al mismo tiempo, sus nervios estaban nuevamente sobre Enoch.

No tenía ni idea de que Elton significara tanto para el duque.

Después de escuchar esa historia, se dio cuenta de lo poco razonable que le había preguntado a Enoch.

Sus ojos verde oscuro se hundieron profundamente.

«Sin embargo, escuchó mi petición.»

La amabilidad que Enoch le mostró de alguna manera hizo que le doliera el corazón.

Porque ella no sabía lo que significaba su amabilidad, y... Tenía miedo de que la amabilidad de Enoch la convenciera y ambos pudieran resultar heridos en el proceso...

«¡Otra vez otra vez!»

Por un momento, Inés se reprendió a sí misma.

«¡Solo estoy pensando en el duque otra vez, de verdad!»

Pero entonces.

—Condesa Brierton.

¿Estaba demasiado absorta en el pensamiento del duque? Se sentía como si estuviera escuchando cosas.

—Condesa. Condesa, ¿no puede oír mi voz?

Entonces Inés, sorprendida, miró a Enoch.

—¡¿Ah, duque?!

—Si, soy yo."

Era Enoch.

Inés parpadeó, convirtiéndose en ojos de conejo sobresaltados.

—¿Su Excelencia? Pensé que ya había regresado.

—Eh...

No era una gran pregunta, pero parecía que la respuesta de Enoch llegó extrañamente tarde.

Después de dudar por un momento, Enoch abrió la boca.

—Se sintió un poco decepcionante simplemente dejar el palacio.

—¿Ah, por qué?

—Tal vez porque ni siquiera pude despedirme de la condesa Brierton.

Inés dudó de sus oídos.

«¿Por mí?»

Enoch frente a ella tenía una cara bastante avergonzada.

—Quería verla cara a cara y saludarla en persona…

¿No fue demasiado para él hacer eso?

—Oh…

Inés estuvo aturdida por un tiempo.

Luego sonrió y sacudió la cabeza.

—Preferiría decir gracias. Me dejó participar en el intercambio de arte.

—Eso es porque la idea de la condesa es genial.

—Pero fue el duque quien le pasó la idea a la reina y me recomendó.

Mientras tanto, la expresión de Inés se ensombreció sin darse cuenta.

¿Y si fuera Ryan?

En lugar de pasarle la idea a la reina en primer lugar, él le habría tomado el crédito al afirmar que era suyo. En un instante, Inés sintió como si cayera en un abismo.

«Ahora ya no quiero pensar en Ryan. ¿Por qué todavía no estoy completamente libre de la sombra de Ryan?»

Mientras tanto, Enoch notó la expresión sombría de Inés.

Y él pareció entender por qué ella estaba poniendo esa cara.

«Probablemente por el amo Gott.»

Enoch se mordió los dientes.

Aunque el caso de divorcio ya se completó con éxito, Ryan e Inés ya no eran marido y mujer.

Inés a veces tenía esa cara de gruñona. No mucho después de que terminó su matrimonio, probablemente se vio obligada a reflexionar sobre el historial de Ryan.

Podía entenderlo en su cabeza.

Sin embargo,

En su corazón, no quería entender.

«No me gusta que la condesa piense en otro hombre.»

Ese fue su pensamiento honesto. Sabía que pensaba como un niño, pero cuando se trataba de Inés, parecía haber perdido la razón.

Enoch miró a Inés en silencio.

«Puede que sea ofensivo mencionar primero al maestro Gott.»

El consuelo apresurado a veces puede herir a otros sin querer.

Así que, en lugar de hablar de Ryan, Enoch optó por cambiar de tema suavemente.

—De todos modos, estoy feliz de colaborar con la condesa una vez más.

Afortunadamente, la expresión de Inés se iluminó rápidamente.

—Lo sé. Estoy encantada de poder volver a trabajar con usted.

—Me alegro.

Enoch sonrió y se acercó a Inés para estrecharle la mano.

—Espero su futura cooperación.

Inés miró la mano extendida de Enoch.

La gente de Lancaster pensaba que era una virtud que las mujeres se quedaran en casa para cuidar y proteger a sus familias. Ella no estaba contenta con ese hecho.

Pero Enoch siempre la vio como su compañera y la trataba por igual.

Inés tomó la mano de Enoch con firmeza y sonrió brillantemente como el cielo soleado.

—Espero su amable cooperación también.

Y Enoch pensó que la sonrisa de Inés era verdaderamente deslumbrante.

Athena: A ver, creo que se está dando un desarrollo bastante natura. Tiene que ser lento, pero sin pausa. Y Enoch lo está haciendo bien. ¡Vamos, vamos!

Capítulo 62

Después…

Las noticias relacionadas con el intercambio de arte aparecieron en la revista Elton.

Entre ellos, lo que más llamó la atención de la gente fue que la condesa Brierton se uniría al equipo de administración del intercambio.

—¡Cómo diablos sucedió esto!

Ryan, que estaba lo suficientemente asombrado como para desmayarse, agarró el periódico hoy y alzó la voz.

Ryan, con los ojos bien abiertos, miró el titular que aparecía en la parte superior de la revista Elton como si estuviera a punto de comérselo.

[¡Intercambio con Kaldorov confirmado! ¡Su Majestad la reina nombra personalmente a la condesa Brierton para que se una a su equipo de gestión!

Hoy, Su Majestad la reina anunció que pronto se llevará a cabo un intercambio de arte con Kaldorov.

Su Majestad la reina es la anfitriona de este intercambio de arte, y el duque de Sussex y la condesa de Brierton participarán como equipo de gestión. La Real Academia de Arte cuestionó los logros de la condesa Brierton, pero Su Majestad la reina los descartó de inmediato…]

Después de leer el artículo como si masticara cada letra así.

—¡Cómo, cómo podría ser esto...!

Un suspiro escapó de los labios de Ryan.

—¿Inés está en el equipo de gestión del intercambio de arte?

La mano que sostenía el periódico se tensó.

Al menos, estaba claro que la familia real de Lancaster otorgaba gran importancia a este intercambio.

Fue en la medida en que la reina Helena iba a organizar este intercambio ella misma.

E Inés fue seleccionada para unirse al equipo de gestión del intercambio. Teniendo en cuenta que nunca antes ha habido un historial de mujeres artistas que participen en el intercambio.

El hecho de que Inés estuviera en el equipo directivo demostró lo importante que era para la familia real actual.

—¡Si tan solo no me hubiera divorciado de Inés…!

Los ojos de Ryan temblaron.

Si tan solo hubiera mantenido a Inés a su lado. Podría haber agarrado todo lo que quería.

Fama, favor real y hasta la envidia del pueblo.

Todo ello.

Genio pintor y miembro de la alta sociedad, el conde Brierton podía hacer precisamente eso.

Pero, ¿cuál era la realidad de Ryan ahora?

—Todavía no puedo ni mostrar mi cara afuera, y me tratan como basura… ¡Inés!

Ryan afiló sus dientes.

Le dolía hasta los huesos perder todo lo que había disfrutado hasta ahora, pero había un problema mayor.

—…Si continúa así, tendrá un gran impacto en mi familia.

Ryan se mordió el labio hasta que sangró.

Solo habían pasado dos semanas desde que Inés recolectó toda la inversión que había invertido en la familia de Gott.

En ese breve tiempo, el vizconde Gott se dio cuenta en tiempo real de lo mucho que habían sido parásitos de los Brierton. Aunque logró no vender su patrimonio, ya se habían vendido varios de sus edificios para evitar la escasez de fondos.

Para convencer a Inés, el hermano mayor de Ryan (el vizconde Gott), que se había marchado confiado a la residencia de los Brierton, volvió resoplando.

La apariencia que había devuelto todavía se veía vívidamente.

Y la voz irritada de su hermano.

—Inés, esa chica no es tan fácil como pensaba.

El vizconde Gott intentó reconstruir el negocio de alguna manera, pero fue en vano. Como un castillo de arena barrido por las olas, el negocio de Gott se estaba desmoronando. El vizconde Gott deambuló y trató de salvar el negocio, pero fue en vano. Entonces un día.

—¡Ryan!

La puerta se abrió con un golpe.

El vizconde Gott agarró a Ryan por el cuello y lo levantó mientras Ryan dormía con su borrachera.

—¡Ack, ack!

Ante la sensación de su aliento sofocante, Ryan luchó con fuerza.

—¡Ahhh! Hermano, ¿¡qué es esto…!?

—¡Haz algo! ¡Tenemos que conseguir ayuda de esa chica!

Los ojos del vizconde, que saludaban salvajemente a su hermano menor, brillaban con locura.

—Uno de los negocios ya se ha ido a la quiebra. ¡A este ritmo, todo el negocio está realmente al borde de la bancarrota!

—¡Retira tu mano por ahora…!

—¡Este no es el momento de acostarse después de beber así!

Ese grito todavía resonaba en los oídos de Ryan.

Era la primera vez que su hermano mayor, que siempre actuaba como si estuviera encima de su cabeza, mostraba una apariencia tan desesperada.

—…Mierda.

El periódico que Ryan sostenía en la mano había perdido su forma original y estaba arrugado.

Para ser honesto, era cierto que había sido lo más optimista posible hasta este momento.

De todos modos, ¿quebraría el negocio?

Estaba observando la situación. Su patrimonio y propiedades fueron desapareciendo uno por uno y los rostros de su hermano y su madre se fueron engrosando gradualmente con arrugas.

Ryan también comenzó a sentir una sensación de crisis.

—¡Tengo que reunirme con Inés de alguna manera, de lo contrario...!

Pero no podía pensar en una manera.

Inés siguió siendo fría con Ryan, y las cosas se complicaron aún más por culpa de Charlotte.

—¡Maldita sea!

Ryan sintió que se estaba volviendo loco y tiró la bola arrugada del periódico al suelo.

—¡Maldita sea, maldita sea...!

No lo suficiente, pisoteó y pisoteó los periódicos.

Pero no había señales de alivio de la asfixia.

Mientras tanto, en ese momento.

Hoy, había otra persona a la que se le voltearon los ojos después de leer la revista Elton.

—¡Aaaah!

Esa persona era Charlotte.

Incapaz de contener su ira, se tiró del cabello y dejó escapar un fuerte grito.

—¡¿Inés, qué diablos es esa chica?!

Mientras la arrojaban a la esquina de la habitación como basura, ¿pero Inés ganaba cada vez?

—¿Qué? ¿El equipo directivo del Intercambio de Arte? ¡¿Gestión?!

Una fiebre subió en su cabeza.

Charlotte miró el periódico con ojos desorbitados.

Un fino detalle en el periódico llamó su atención.

La reina sonreía alegremente y Enoch e Inés estaban de pie junto a ella.

Era como si se estuvieran burlando de Charlotte en la foto.

—¡No, no!

Charlotte no pudo soportarlo más y rompió el periódico en pedazos. Fragmentos de periódicos caen blancos como la nieve.

—¿Qué diablos estaba pensando la reina? ¡Inés es una chica tan aburrida!

Charlotte tenía una razón para estar enojada así.

Básicamente, era muy honorable conocer a la familia real.

El hecho de que la reina, quien era el centro del círculo social actual de Lancaster, estuviera a su lado también significaba que la influencia de esa persona en el círculo social aumentaría de inmediato.

En otras palabras, el elegido por la reina se convertirá en una celebridad en el mundo social. Y Charlotte siempre había querido ser la reina de la alta sociedad.

—¡Yo, yo nunca…!

¡Ni siquiera podía hablar con la reina, y mucho menos tener una conversación adecuada!

La ira y el desánimo quemaron sus ojos blancos, los hombros de Charlotte temblaron.

Después de la hora del té en la residencia de la baronesa Wickham, Charlotte nunca fue invitada a ninguna de las muchas reuniones sociales.

Todas las damas se fueron corriendo como si Charlotte se hubiera convertido en un enfermo de peste.

Mostraba su rostro en las reuniones sociales, pero la gente no la miraba y solo recibía una respuesta fría.

—¿Soy el único que se siente incómodo con Lady Jason?

—Yo también. Incluso cuando la ignoramos…

—¿Por qué sigue fingiendo ser cercana?

—Incluso si no tienes ni idea, es suficiente.

Las personas que alguna vez hablaron de todo tipo de cosas dulces para acercarse a Charlotte e incluso los hombres a los que les gustaba ella cortaron el contacto de inmediato.

Incluso Ryan estaba ignorando su llamada porque estaba consciente de Inés.

—¡Cómo pudieron todos hacerme esto, cómo!

Charlotte gritó una vez más mientras se tiraba del cabello.

Pero la realidad frente a ella seguía siendo desastrosa.

Por otro lado, la participación de Inés en el intercambio de arte causó diversas reacciones en diversos sectores de la sociedad. Representativamente, estaba la Real Asociación de Arte, donde se reunían los artistas consagrados.

Un club lleno de humo de cigarro.

—No importa cuánto crea Su Majestad la reina en la condesa Brierton, el intercambio de arte es un evento importante entre los dos países.

Cuando uno de los caballeros habló, los otros caballeros también lo imitaron como un enjambre de abejas.

—Tienes razón. Por supuesto, no dudo del talento artístico de la condesa, pero…

—Bueno, ¿es verdad que la condesa nunca ha tenido vida social?

—Ella solo se quedó en la casa.

—Tengo muchas dudas sobre si podrá cumplir con sus deberes correctamente.

Además, también afloró la insatisfacción con la idea del intercambio de arte sugerida por Inés.

—Además, este intercambio se llevará a cabo en forma de festival, ¿verdad?

—¿No es esto demasiado frívolo recibir a los distinguidos invitados?

—Todos parecen tener grandes expectativas para este intercambio, pero no creo que sea bueno para la posición de la Condesa si comete un error.

—Si los enviados de Kaldorov se ríen de nosotros, es un gran problema...

Numerosas quejas, y palabras de cheques disfrazadas de preocupaciones.

Si tuvieran que eliminar todo eso y expresar solo sus verdaderas intenciones flagrantes, sería más o menos así.

—'No es bueno que la condesa Brierton, una mujer, juegue un papel activo en el intercambio de arte que solía ser dominio de los hombres.

Athena: Pero si precisamente se ríen de vosotros porque sois unos retrógrados. A callar bocas, Inés. Hay que callar e impresionar a todo un país.

Capítulo 63

Pero todavía tenían que protestar abiertamente contra la condesa Brierton.

Fue porque la reina, así como el duque de Sussex, que tenía una gran influencia en el mundo del arte del reino, creían y apoyaban plenamente a la condesa.

El primer hombre que abrió la boca agregó sarcasmo mientras arrojaba humo de un cigarro.

—Bueno, de todos modos, hasta ahora, solo cosas buenas han sucedido con la condesa.

Brierton era uno de los más prestigiosos del reino, pero desde la muerte de los padres de Inés, Inés no había salido a la luz.

La única heredera, Inés, se había abstenido de sus actividades externas después de casarse con Ryan.

Ryan, quien se casó con Inés y se convirtió en conde Brierton, lo usó a su favor.

Sin embargo, esta vez, mientras Inés ayudaba a la reina con el intercambio de arte, la condesa Brierton volvió a destacar.

Mientras tanto, los caballeros que se habían reunido en el club reprendieron al hombre grueso de mediana edad que estaba sentado a su lado.

—¿Vas a quedarte quieto, marqués Usher?

—Así es. El intercambio de arte fue originalmente un evento organizado por la venerable Real Asociación de Arte, ¿no es así?

Ante la flecha que le apuntaba, el marqués Usher dejó escapar un gemido en la boca.

Marqués Usher.

Era el presidente de la Real Asociación de Arte y era un aristócrata bastante prestigioso en el reino.

Sin embargo, por mucho que el marqués Usher actuara como un punto focal para los artistas nobles de Lancaster, era imposible decirle abiertamente a la familia real que había un problema con la gestión del personal en esta situación.

—El problema es que la familia real tiene derecho a designar el equipo directivo como quiera.

El marqués Usher se recostó en su silla con una expresión incómoda en su rostro.

—No podemos pedirle a la gerencia que retire a la condesa Brierton. Puede parecer una protesta contra la familia real.

—Entonces, ¿tenemos que quedarnos quietos así?

Uno de los nobles estaba furioso. Entonces preguntó el marqués Usher, con los ojos muy abiertos.

—¿Quién te dijo que te quedaras quieto?

—...Me pregunto si el marqués tiene alguna idea.

—Entiendo que la familia real otorga gran importancia a esta exposición de intercambio, pero en ese caso, deberían haber elegido a la Real Asociación de Arte como equipo de gestión.

De hecho, la familia real no excluyó a la Real Asociación de Arte de esta exposición de intercambio. Antes de elegir a Inés para que se uniera al equipo de gestión, buscaron el asesoramiento de la Real Asociación de Arte.

Fue en el sentido de respetar a la Real Asociación de Arte, que hasta ahora había participado en las exposiciones de intercambio. Sin embargo, el marqués Usher no habló de esa parte, sino que animó en secreto a los caballeros.

—Elegir a la condesa sin experiencia sobre la Real Asociación de Arte... —El marqués Usher miró a su alrededor y se encogió de hombros—. En cierto modo, ¿no es eso un insulto para nosotros?

El marqués Usher entrecerró los ojos.

Era una sonrisa siniestra.

—Así que tendremos que actuar a nuestra manera.

—Qué tipo…

—Este intercambio.

Los ojos del marqués Usher se iluminaron.

—Vamos a boicotearlo.

Por otro lado, sin importar de qué hablara la gente detrás de escena, Inés estaba ocupada preparándose para el intercambio de arte.

En el interior de la gran sala de conferencias del Palacio Real. Inés y Enoch estaban sentados uno al lado del otro, revisando los papeles.

En el espacioso escritorio para seis personas, la vista de pájaro completa de la calle Hwabang, mapas detallados y bolígrafos estaban tirados.

La vista en sí misma demostró cuán sobrecargados de trabajo estaban.

—Solo quedan dos meses para el intercambio.

Inés habló con determinación. El tiempo asignado no era suficiente y, sobre todo, Inés deseaba sinceramente que este intercambio fuera un éxito.

«Tengo que hacerlo bien en este intercambio.»

De hecho, las ganancias que obtendría al hacer que el intercambio fuera un éxito también eran beneficios, pero era mucho más reacia a decepcionar a Enoch.

«Además, la reina parece tener grandes expectativas para este intercambio.»

Como era de esperar, la reina no ahorró ningún apoyo para este intercambio.

—Si necesitas algo, no dudes en decírmelo.

La voz confiada de la reina Helena resonó en los oídos de Inés. Y Helena siguió estrictamente sus propias palabras.

No solo aprobó el presupuesto, sino que también asignó administradores para ayudarlos con su trabajo. Y los magistrados habían estado despiertos toda la noche durante tres días ya.

Como el duque de Sussex y la condesa Brierton no tenían la intención de abandonar el palacio, los funcionarios bajo su mando naturalmente no pudieron abandonar la oficina.

«Está bien, trabajemos más duro.»

Inés apretó los puños pensando en cómo llorarían los magistrados si se enteraran. De repente, miró a Enoch con los ojos entrecerrados.

«Pero algo es extraño.»

Sus ojos verdes se entrecerraron.

Enoch a su lado tenía una cara feliz desde la mañana.

Para ser más precisos, desde que revisó a Elton hoy, parecía haberse ablandado extrañamente…

«Sé que el periódico no tenía nada especial.»

Inés ladeó la cabeza.

El artículo principal de hoy en la revista Elton fue que la reina anunció que se llevaría a cabo el intercambio de arte.

Además, desde la perspectiva de Inés y Enoch, el tema del intercambio fue informado por la reina con anticipación.

Así que no había razón para que Enoch se viera afectado por ese artículo.

—Duque, ¿sucedió algo bueno?

—No sé.

Incapaz de contener su curiosidad, Inés hizo una pregunta, pero Enoch solo dio una respuesta ambigua.

Inés frunció el ceño. Contrariamente a la vaga respuesta, la sonrisa de Enoch se profundizó.

Creo que hay algo en esto.

Pero entonces…

—¿No es esta razón suficiente para sentirse bien?

Enoch se volvió hacia Inés y sonrió con picardía.

—Estoy pasando tiempo con la condesa así.

En un instante, Inés se endureció en el acto. Era como si estuviera hablando de su vida diaria normal, diciendo: "Hoy hace buen tiempo". Era solo una voz casual.

«Tal vez el duque dijo eso sin ningún significado en particular.»

Sin embargo. Inés sintió que su rostro se calentaba.

Una vez más, ella estaba atrapada en eso.

«Tranquilízate, Inés.»

Mordió suavemente la suave piel de su boca.

«No puedo concentrarme en mi trabajo. ¿Y si me emociono así?»

—Estoy muy contenta de que el duque valore tanto el tiempo que pasa conmigo.

Los ojos verde oscuro miraron a Enoch con timidez, y él sonrió brillantemente.

—Entonces debo trabajar duro para no ir en contra de las expectativas del duque, ¿verdad?

Con esas palabras, Inés dejó los papeles sobre el escritorio. Se escuchó el sonido de un bolígrafo cuadrado rascando el papel.

—En primer lugar, en lo que debemos centrarnos en este intercambio es, creo...

Enoch miró a Inés así. Si bien Inés se concentraba en el trabajo, a él le costaba concentrarse en su trabajo en este momento.

«Esto es demasiado.»

El sol de la mañana se esparcía deslumbrante a través de la ventana y brillaba sobre el cabello castaño oscuro de Inés, que estaba cuidadosamente trenzado para que ni siquiera se soltara un solo mechón.

Los brillantes ojos verde oscuro de Inés se concentraron en los papeles y su mano blanca se afanó en tomar notas de las ideas que le venían a la mente.

Esa figura estaba llena de entusiasmo...

Ella era inevitablemente adorable.

Su corazón seguía latiendo rápido.

Pero calmar su corazón no era algo que Enoch quisiera hacer. Solo quería capturar y proteger la imagen apasionada de Inés.

«Para hacer eso, tengo que excluir gradualmente a aquellos que son hostiles con la condesa...»

En un instante, sus ojos azules se hundieron profundamente.

«Por cierto, la joven dama del barón Jason continúa en la miseria.»

También hubo una razón por la que Enoch tuvo un buen presentimiento cuando revisó a Elton hoy.

Charlotte había estado usando a Inés como trampolín hacia el círculo social. Además, tenía mucha codicia, así que hoy el artículo iba a ser bastante doloroso para ella.

Si bien Inés había alcanzado el centro del círculo social lo suficiente como para interactuar directamente con la reina, Charlotte ahora estaba fuera del círculo social. Esta sería la venganza por abofetear a Inés en la mejilla.

«Soy un poco infantil.»

Pensando así, Enoch frunció el ceño y sonrió con amargura.

No importaba porque lo único que le importaba era Inés.

En cualquier caso, nunca iba a ignorar el ataque a Inés.

Por supuesto, considerando que Inés estaría agobiada, tenía que tener cuidado para que ella no se diera cuenta.

Pero entonces.

—¿Duque?

Una voz penetrante llamó a Enoch.

Enoch, que había recobrado el sentido, levantó la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Inés.

—¿Eh, condesa?

Entonces Inés frunció el ceño y señaló su bolígrafo.

—Duque, ¿le importaría prestar un poco más de atención?

—Um, lo siento.

Enoch se disculpó con una cara incómoda.

Athena: Me enerva leer que esos retrógrados asquerosos quieran hacerle daño a Inés de esa manera. Solo espero que ella pueda perseverar y salir adelante. Además, también espero que Enoch los hunda en la miseria.

Capítulo 64

Inés miró a Enoch con cara hosca y se puso manos a la obra.

—Por ahora, mi objetivo es completar la investigación preliminar de la calle Hwabang durante una semana, luego escribir un informe y enviarlo a la reina.

Inés levantó la pluma en posición vertical y abrió la boca.

—Después de eso, tenemos que planificar qué tan grande será el intercambio de acuerdo con el presupuesto que se nos asignó…

Inés, que había estado hablando, miró a Enoch con un suspiro momentáneo.

—¿Tal vez estoy haciendo las cosas de manera demasiado arbitraria?

—No. No se preocupe, es bastante razonable. —Enoch negó con la cabeza juguetonamente—. No sé si se me permite seguir haciendo esto.

—Bueno, le perdono por eso. La razón por la que pude unirme al equipo de gestión fue por Su Excelencia.

Inés también respondió en broma.

Enoch sonrió e hizo una pregunta.

—De todos modos, me gustaría escuchar más sobre esa parte.

—Um… bueno, como dije antes.

Inés sacó un papel blanco y escribió "festival" en él.

—Estaba pensando en hacer de esta exposición de intercambio un festival. —Inés continuó, dando vueltas alrededor de la palabra festival—. Si eso sucede, no será un formato que permita ver las obras de los artistas de manera uniforme.

Había calor en su voz.

—Por ejemplo… Digamos que hay músicos.

Inés levantó la cabeza para encontrarse con la mirada de Enoch.

—¿Y si el músico estuviera tocando música en la calle?

—Bueno, si su actuación es excelente, naturalmente atraerá al público, ¿verdad?

Sin embargo, parecía que Inés no buscaba una respuesta tan sensata.

Inés miró a Enoch.

—¿Y?

—Y… bueno, los artistas que participan en la exhibición de intercambio no son solo pintores…

Enoch, que había estado reflexionando durante mucho tiempo, preguntó con voz cuestionable.

—...Por ejemplo, si hay una bailarina cerca, ¿tal vez ella bailará con la música o algo así?

—¡Eso es!

Inés exclamó emocionada.

—Espero lo que dijo. Permitir que los artistas interactúen libremente entre sí y aprecien el arte de los demás.

Inés parloteaba con una cara feliz.

Enoch imaginó la escena por un momento.

«Seguro que parece que va a ser un gran espectáculo.»

Sobre todo, los artistas participantes en la muestra de intercambio fueron seleccionados y elegidos de cada país.

Obviamente, la calidad de su arte sería excelente.

—Bien. Naturalmente, varias actuaciones de pequeña escala ocurrirán esporádicamente en la calle. —Enoch siguió hablando, sumido en sus pensamientos—. La audiencia puede ver el programa como lo desee, o si no les gusta el programa, pueden pasar a ver otra cosa.

Inés asintió ansiosamente con la cabeza en respuesta a las palabras de Enoch.

Quizás debido a esa reacción, Enoch se sintió motivado a compartir un poco más sus pensamientos.

—Los artistas también deben estar un poco nerviosos, porque pueden ver los gustos y disgustos del público frente a sus ojos. De todos modos, creo que será una atmósfera bastante única…

En un instante, los ojos de Enoch se abrieron como platos.

«No esperaba ser así.»

Hasta ahora, la actuación y el arte habían estado cerca de la cultura de la aristocracia.

Caro, noble, monopolizado por unos pocos.

Vistas de lujo en el gran teatro de la ópera, la elevada sala de conciertos o el teatro de ballet.

Disfrutar de esos pasatiempos demostraba que eran de clase alta.

Además, se limitaba a los críticos o nobles que habían construido cultura artística desde la infancia para evaluar a los artistas.

La gente común estaba naturalmente alienada de evaluar el arte porque eran extraños. Cuando se trataba de arte, incluso el mismo Enoch, que tenía una visión muy despierta, pensaba de manera inconsciente.

Las opiniones de la gente de Lancaster probablemente no eran muy diferentes de las del propio Enoch.

«Por supuesto, no es que no haya habido actuaciones callejeras hasta ahora, pero un pequeño número de aficionados tiene una oportunidad.»

Los ojos verde oscuro brillaron con entusiasmo.

Enoch miró a Inés como si estuviera poseído.

—Condesa Brierton.

—Tal cultura en sí misma debería ser disfrutada equitativamente por todos, y cualquiera podría evaluarla libremente.

—Pero esta vez, en un lugar al que cualquiera puede acceder fácilmente, la calidad de los profesionales invitados al evento de intercambio es alta. Pueden ver el programa de forma gratuita.

Mientras tanto, Inés estaba tan absorta en la conversación que no se dio cuenta de la expresión de sorpresa de Enoch. Ella continuó alegremente.

—Es bueno para el público y, sobre todo, ayuda a los artistas aficionados de la calle.

Por un tiempo, Enoch estuvo desconcertado. Sus ojos se abrieron.

—Ya veo. Porque este evento es un evento de intercambio.

—Bien. La exposición de intercambio es un lugar para discutir y tener conversaciones sobre las ideas artísticas de cada uno, ¿verdad? —Inés sonrió.

—Es una oportunidad de ver, escuchar y recibir consejos de profesionales de alto valor. ¿Quizás los artistas de la calle vendrán con los ojos encendidos?

Luego añadió un comentario sarcástico.

—Bueno, ¿sabe lo que dice Kaldorov todo el tiempo? El arte de Lancaster es propiedad de la nobleza, y nosotros somos diferentes.

Inés tensó el cuello, imitando a una artista virtual que se respeta a sí misma.

Entonces, dio fuerza y concluyó su discurso.

—Este intercambio demostrará que podemos hacerlo tan bien como, no, mejor que Kaldorov.

Los ojos de Enoch brillaron.

La exposición de intercambio era un evento para las clases altas, encabezadas principalmente por la familia real y los aristócratas.

Sin embargo, si siguieran la idea de Inés, realmente, sin importar el estatus o la riqueza, todos en la calle Hwabang podrían disfrutar del arte que se adaptara a su gusto.

«Fresco... Increíble.»

A pesar de que ya había escuchado la explicación sobre la idea varias veces, seguía sintiéndose nueva.

—...Por supuesto, el informe debe estar bien escrito para que Su Majestad la reina pueda entenderlo y aprobarlo, y el presupuesto también debe asignarse de manera eficiente.

Por otro lado, Inés, que había estado hablando durante un rato, miró en silencio a los ojos de Enoch.

—Vaya, ¿estoy demasiado emocionada?

Solo más tarde se dio cuenta de eso.

Al mismo tiempo, Enoch asintió en silencio con la cabeza.

—Estoy seguro de que la condesa puede hacerlo.

—Ja, ¿no está demasiado confiado? —preguntó Inés sarcásticamente—. Si tuviera que atreverme, todavía solo tengo un concepto, así que tengo que idear un plan real...

—No, la condesa puede hacerlo.

Pero Enoch respondió con firmeza una vez más.

Inés parpadeó en blanco.

—Así que cree en usted misma y siga adelante. —Al agregar esas palabras, Enoch sonrió suavemente—. Estoy muy feliz de poder ayudar a la condesa también.

Inés miró a Enoch como si estuviera poseída.

Esos hermosos ojos, llenos de pura confianza. Era como estar atrapado en un mar azul.

Ella no podía moverse.

«Ah», pensó Inés, sintiendo que estaba a punto de llorar. «Creo que el duque es especial.»

Si no, su corazón no se enredaría así con una sola palabra de bondad ligera.

Inés, que asentía dócilmente con la cabeza, le dio fuerza a la mirada.

—Creo lo que dijo el duque.

En respuesta, la sonrisa de Enoch se amplió un poco.

Esa brillante sonrisa permaneció durante mucho tiempo como si estuviera estampada en los ojos de Inés.

No pudo evitarlo mientras su corazón se aceleraba.

Pero entonces.

Con un breve golpe, apareció un sirviente.

—¿Qué está sucediendo?

—Duque de Sussex, condesa Brierton. —El sirviente tragó saliva seca y abrió la boca—. La reina los está buscando a ustedes dos con urgencia.

—¿A nosotros? ¿Ahora mismo?

—Sí.

Había una profunda arruga en la frente de Enoch.

Tenía la sensación de que algo no estaba bien.

Y esa predicción era exactamente correcta.

—Aquí estáis.

El rostro de Helena cuando los miró a los dos estaba lleno de tristeza.

Entonces ella tiró una bomba.

—La Real Asociación de Arte me ha informado que no participarán en este intercambio.

—¿Qué? ¿Qué quiere decir…?

Sorprendida, Inés enturbió el final de sus palabras sin darse cuenta.

Como si le doliera la cabeza, continuó Helena, frotándose la frente.

—Parece que tenemos un boicot.

—¿Por qué?

—Por razones superficiales, se humillaron diciendo que no creen que puedan ser de ayuda en el intercambio. Pero la verdadera razón es…

La mirada de Helena se desplazó hacia Inés.

Inés levantó los labios y dijo con voz segura.

—Es por mi culpa.

Athena: Por dios, eran súper lindos hablando de esa manera, conectando entre sí.

Capítulo 65

Una pintora que sobresale como un punzón escondido en el bolsillo. Incluso la razón por la que Inés llamó la atención en primer lugar fue para demostrar su talento al exponer el engaño de su esposo.

Para los artistas establecidos, era vergonzoso que tales males fueran expuestos al exterior. Si hubiera tenido un estatus inferior, la habrían pisoteado.

Inés era la cabeza de una familia noble de Brierton y también estaba protegida por el duque de Sussex.

Entonces ella ya tenía intereses creados, ¿no era suficiente para ser considerada una espina en la Real Asociación de Arte?

Enoch abrió la boca.

—Entonces, ¿rechazaron el consejo que la condesa había dado por adelantado?

—Sí.

Helena asintió pesadamente con la cabeza.

—Quiero decir…

Los ojos de Enoch se entrecerraron con frialdad.

—Entonces lo probaré.

—¿Qué?

—Para demostrar que no son de ayuda para este intercambio como dijeron.

Enoch torció los labios.

Fue una burla fría.

—Literalmente, la existencia de la Real Asociación de Arte se borrará por completo de la exposición de intercambio.

—¿Estaría bien? —preguntó Inés con cautela.

Enoch se encogió de hombros y preguntó.

—¿Por qué no?

—Porque la Real Asociación de Arte ha sido el pilar de las exposiciones de intercambio hasta ahora...

—Bueno, en palabras, lo han sido. —Enoch respondió con severidad—. ¿No son muy pobres los logros que la prestigiosa Real Asociación de Arte ha logrado en exposiciones de intercambio hasta ahora?

Inés y Helena se quedaron sin palabras.

Parecía que Enoch estaba muy enojado.

Había renunciado a sus modales amables y mostraba una apariencia sarcástica.

«Hay verdad en las palabras del duque.»

Inés entendió completamente las palabras de Enoch.

¿Cuál fue la razón por la que Inés se unió al equipo de gestión en primer lugar?

Por supuesto, también había una razón por la que Kaldorov despreciaba el mundo del arte conservador de Lancaster. Básicamente, fue porque la Real Asociación de Arte no había producido ningún resultado en las exposiciones de intercambio recientes. Enoch preguntó con voz aguda.

—Además, incluso si alguien no es un artista de la Real Asociación de Arte eso no significa que no tenga talento.

Los ojos de Inés se abrieron un poco.

—Cuando visité la calle Hwabang esta vez, miré muchas cosas. —Enoch habló con cuidado—. Creo que el mundo del arte allí es, en el buen sentido, un poco diferente del arte de élite de la Real Asociación de Arte.

—¿Qué significa eso?

—El arte se mezcla naturalmente con el espacio habitable. Tiene un encanto único. Fue interesante.

No convencional no reconocido por la Real Asociación de Arte convencional. La gente de la calle Hwabang sobrevivía un día vendiendo su arte.

Sin embargo, no había razón para ser ignorado incondicionalmente solo porque no era convencional.

—Además, como dijo la condesa de Brierton, "la oportunidad de experimentar el arte de los demás".

—Ah, sí.

—¿Por qué deberíamos darle esa oportunidad a la Real Asociación de Arte?

¿Eh?

En respuesta a la pregunta inesperada, Inés parpadeó desconcertada.

La sonrisa de Enoch se oscureció un poco.

—Mostrémosles que podemos hacerlo sin ellos.

—Se refiere a…

—Para los artistas afiliados a la Real Asociación de Arte, omita las invitaciones.

Entre las dos mujeres que tenían ojos de conejo asustados, solo Enoch tenía una cara tranquila.

—De todos modos, esta exposición de intercambio se centrará en la calle, por lo que la dirección es diferente de todos modos.

—¿Pero no es eso demasiado radical? —La reina Helena preguntó con una cara cuestionable—. Todavía no sé cómo es la calle Hwabang. Pero si procedemos en dirección al duque de Sussex...

Helena, que había soltado sus palabras por un momento, miró a Enoch con preocupación.

—Al menos sé que será un intercambio poco convencional.

Helena volvió a preguntar a Enoch.

—¿Realmente puedo confiar en ti? Si el intercambio falla de esta manera, la dignidad de la familia real se verá muy dañada.

—Sí. Puede creerlo. —Enoch asintió con la cabeza sin dudarlo—. A la condesa de Brierton se le ocurrió la idea y yo la probé.

—Duque Sussex…

—No soy una persona que aprecie el talento de alguien de manera imprudente.

Era solo una voz tranquila, como diciendo la verdad.

—Por supuesto que no, pero…

Helena, que respiró hondo, miró a su cuñado con cariño.

—Tenéis que hacerlo bien. ¿Bien?

—Por supuesto.

Enoch, quien respondió con una sonrisa, volvió a mirar a Inés.

—Condesa Brierton.

—Sí.

Inés enderezó su postura y se encontró con la mirada de Enoch.

Enoch dio fuerza a su discurso.

—Condesa, no importa cómo se desarrolle la situación externa, concéntrese solo en el intercambio. Me ocuparé de cualquier otra cosa.

—Oh…

Inés se quedó atónita por un momento.

Temía que el duque se sintiera agobiado y no pudiera llevar a cabo el plan hasta el final. Pero al ver su determinación y coraje, Inés no pudo evitar admirarse.

—Sí, haré lo mejor que pueda.

Inés tampoco tuvo más remedio que estar a la altura de las expectativas de Enoch con todas las fuerzas que tenía.

Entonces, Inés realmente obedeció solo el consejo de Enoch.

Significaba que ella no prestó atención a la reacción externa y se concentró en prepararse para el intercambio.

Cada vez que iba a la calle Hwabang, miraba a su alrededor y obtenía el consentimiento de las personas en la calle para proceder con el intercambio y comenzaba a escribir un informe en serio.

Enoch la ayudó mucho, especialmente con el presupuesto.

Enoch era realmente un buen ayudante, y solo tenerlo a su lado era suficiente para hacerla sentir que tenía a mil personas.

—Los residentes de la calle Hwabang deberían recibir una compensación suficiente.

Dedos largos y elegantes agarrando un bolígrafo y escribiendo notas en papel.

Al menos el doble del presupuesto previamente asignado.

La justificación era esta.

En primer lugar, como se trataba de alquilar la calle Hwabang, un espacio residencial para los residentes, no debería interferir en sus vidas.

En segundo lugar, no solo era fácil buscar la cooperación de los residentes a corto plazo, sino que también se vuelve más fácil buscar la cooperación nuevamente a largo plazo cuando esto sucedía.

Tercero…

Inés miró el documento escrito sobre la base de la necesidad de aumentar el presupuesto.

«Nuevamente hoy, el personal trabajará horas extras.»

Inés lloró en su corazón, hacia el personal, que tuvo que lidiar con el papeleo.

Para duplicar el presupuesto, el personal tuvo que sudar todo el día de hoy.

Inés abrió la boca con sinceridad.

—Estoy muy contenta de que el duque haya asumido esta tarea.

Con esas palabras, la mirada que se había fijado en el papeleo se elevó hacia arriba.

Frente a los brillantes ojos azules, Inés sonrió suavemente.

—En realidad, esta exposición de intercambio es un poco diferente de los eventos que hemos realizado hasta ahora, ¿no es así?

—…Condesa.

—Es la primera vez que hago esto, por lo que hay muchas dificultades aquí y allá, pero si no hubiera estado a mi lado, definitivamente me habría rendido.

La sonrisa de Inés se hizo un poco más profunda.

—Muchas gracias.

Ante las palabras de Inés, Enoch parpadeó como si estuviera atónito.

—...Uh, si queremos informar a la reina, también debemos complementar este presupuesto.

Tosió brevemente y apartó la cabeza.

Inés inclinó la cabeza y sus ojos se abrieron.

«De ninguna manera... ¿está avergonzado?»

Por alguna razón, la nuca del duque se había puesto roja.

—No creo que pueda trabajar tan eficientemente. Creo que tengo que aprender a distribuir el presupuesto del duque. ¿Cómo es que es bueno en todo? No creo que pueda seguir el ritmo de sus pasos.

Bueno, no era como si no fuera cierto.

Inés, que estaba juguetona, continuó deliberadamente alabando a Enoch.

Entonces, la nuca de Enoch se puso aún más roja.

«No, ¿está realmente avergonzado?»

Inés estaba desconcertada.

—…Su Excelencia es sorprendentemente débil con los cumplidos, ¿no es así?

Entonces Enoch protestó con una voz bastante insatisfecha.

—No siempre soy débil.

—¿En serio?

—Mi reacción depende de quién esté alabando.

Entonces preguntó Inés inocentemente.

—¿Puedo interpretar eso como si estuviera avergonzado porque le estoy alabando?

—Sí…

Por alguna razón, sintiéndose perdido cuanto más hablaba, Enoch cerró la boca con fuerza.

—Ah…

Al mismo tiempo, el sonido de la risa brotó de los labios de Inés.

Enoch frunció el ceño y miró a Inés.

—¿Realmente tiene que reírse así?

—¡No, nunca quise molestarlo! —Inés rápidamente agitó su mano—. Solo pensé que el duque también tiene un lado muy lindo. Lo siento si lo ofendí.

Inés miró en silencio a los ojos de Enoch.

Pero aún tenía una sonrisa en los labios que no podía ocultar.

Porque el duque era irresistiblemente encantador...

—Lo dejaré pasar esta vez.

Al final, el mismo Enoch se rio a carcajadas.

Era realmente extraño.

Incluso si solo era una conversación sin sentido, solo el hecho de que la persona con la que estaba hablando era Inés.

Su estado de ánimo era infinitamente agradable.

Capítulo 66

Entonces, después de muchos giros y vueltas, el informe finalmente se completó.

¿Fue por el tiempo y el esfuerzo de Enoch, Inés y un sinnúmero de empleados?

El informe era absolutamente impecable.

—Oh, Dios mío, no había visto un informe tan perfecto en mucho tiempo.

Incluso Helena, que se ocupaba de los asuntos internos del palacio real y era propietaria de numerosos empleados del palacio, se sorprendió con ojos de conejo.

Mientras tanto, Enoch le preguntó a Helena en secreto.

—Por cierto, ¿cuál es la reacción de la Real Asociación de Arte?

—Bueno, no es muy diferente de lo que esperábamos.

Tal vez, si la Real Asociación de Arte pusiera una fuerza súper poderosa para retirarse del intercambio, la familia real doblegaría su voluntad.

Sin embargo, todo lo contrario.

—Entonces la Real Asociación de Arte estará completamente ausente de este intercambio.

—¿Vas a realizar una exposición de intercambio sin la Real Asociación de Arte?

—¡Cómo es posible!

—¡Nunca ha habido tal precedente!

Tal vez olvidaron por completo que dijeron que no se unirían en primer lugar, los miembros de la Real Asociación de Arte saltaron y se quejaron.

Enoch ignoró limpiamente la objeción.

Aunque Helena se mostró escéptica ante la reacción de Enoch.

No dijo más, pues ya había accedido a darles fuerza a Inés y Enoch.

Después de eso, el horario fue sencillo.

El último horario restante era que la reina inspeccionara personalmente la calle Hwabang donde se iba a realizar la exhibición de intercambio.

—No sabía que había un lugar tan único en Langdon.

Helena, que visitaba la calle, estaba encantada como una niña pequeña al recibir un regalo inesperado.

—La condesa Brierton ha hecho un gran trabajo al descubrir un lugar como este.

—Dado que este es un distrito de plebeyos, es poco probable que la reina venga aquí.

—Gracias. Es gracias a la condesa que este intercambio se desarrolla sin problemas.

Helena elogió a Inés.

—Esto es suficiente para que te enfrentes a la Real Asociación de Arte sin problemas.

—…Me halaga.

Inés no quería mostrarlo por fuera, pero estaba extremadamente orgullosa por dentro de que sus hombros estaban llenos de fuerza.

Y Enoch no podía apartar los ojos de Inés.

«¿Cómo puede una persona ser tan linda?»

Por otro lado, había una persona que estaba prestando mucha atención a las extrañas corrientes de aire de estas dos personas.

«Oh.»

Era la reina Helena.

Sus ojos brillaban.

—Por cierto, creo que sería una buena idea que los dos participéis como socios en la celebración antes de la exhibición de intercambio. ¿Qué opináis?

—¿Sí?

—¿Sí?

Tanto Inés como Enoch estaban desconcertados al mismo tiempo.

Ambos miraron a la reina con los ojos bien abiertos.

«¿Cómo es que tenían la misma expresión de sorpresa?»

La reina entrecerró los ojos y sonrió con picardía.

—Por qué, los dos sois el equipo de administración de este intercambio, ¿no es así?

—Sí, pero…

—Entonces, ¿suena tan extraño ser compañeros en la celebración?

Helena se encogió de hombros como si estuviera orgullosa de sí misma.

—Sería mucho más fácil lidiar con muchas cosas si estáis juntos.

Como si ya hubiera pensado en el asunto durante mucho tiempo, las palabras de Helena fueron realmente convincentes.

De hecho, esta era la oportunidad correcta.

«¡¿Cómo?!»

Inés, sin saber qué hacer, miró a Enoch.

Fue porque estaba preocupada por lo que sucedería si ella fuera la única consciente de Enoch.

«¿Eh?»

Por un momento, Inés tenía una cara ligeramente sorprendida.

Porque Enoch, que siempre había estado tranquilo, rara vez estaba perplejo.

«Pensé que Su Excelencia consideraría un problema como este estrictamente comercial.»

Sorprendentemente, este no fue el caso.

Si no hubiera sido consciente de Inés en absoluto, no había razón para mostrar una cara tan avergonzada.

Era un poco vergonzoso, pero Inés también estaba feliz.

«Era un alivio que el duque no se niegue a ser mi compañero.»

Inés, que había pensado de esa manera sin pensar, inmediatamente enderezó los hombros.

«¿Desde cuándo me siento feliz mirando cada expresión del duque?»

Como si hubieran arrojado una piedra a un lago en calma.

En un instante, su corazón se aceleró.

—De todos modos, pensad en la sugerencia de pareja y hacédmelo saber. ¿Bien?

Helena no parpadeó y les recordó.

Luego volvió al palacio real.

Al mismo tiempo, Enoch habló cuidadosamente con Inés.

—Condesa.

—¿Sí? ¿Sí?"

Inés miró a Enoch con sorpresa.

Enoch reflexionó un momento y luego levantó pesadamente los labios.

—Acerca de que seamos compañeros para esta celebración... Fue solo una sugerencia arbitraria de Su Majestad.

—Oh sí. Lo sé.

—Entonces, si se siente incómoda, puede decir que no.

Inés permaneció en silencio.

Ella misma lo sabía.

Porque Enoch se preocupaba por ella, temiendo que se sintiera avergonzada.

Así que la mejor respuesta aquí fue….

—Gracias por su consideración. Depende de nosotros encontrar un compañero de fiesta.

—Sí…

Enoch accedió con mucho esfuerzo, o para calmar su corazón tembloroso.

Era mejor mantener la distancia lo más lejos posible.

Sin embargo.

—La reina lo ha ordenado —dijo Inés, juntando sus labios—. Vamos a hacerlo.

—¿Sí?

Al escuchar la respuesta inesperada, los ojos de Enoch se abrieron un poco.

Inés siguió hablando, fingiendo estar tranquila.

—La reina lo ha propuesto personalmente, ¿cómo podemos negarnos?

—Si es por Su Majestad, no se preocupe, puedo decirle por separado.

Enoch respondió cortésmente.

¡Ese hombre ignorante!

Sin saberlo, Inés abrió los ojos y miró a Enoch.

—¡No!

—¿Condesa…?

—Seré su pareja.

Inés habló con firmeza.

—Se refiere a…

—Quiero decir que seré su compañera para esta celebración. Eso es todo.

Como si no existiera el interés propio, como para no dudarlo siquiera.

Inés clavó la palanca.

Enoch pareció desconcertado por un momento, pero luego asintió con la cabeza.

—Sí, la condesa aceptó la oferta de la exposición.

—Sí, así es.

Inés respondió con timidez.

Al mismo tiempo, una voz inesperadamente dulce aterrizó en su oído.

—Aunque estoy feliz. La condesa será mi compañera.

Porque esa sonrisa que se extendía lentamente por su hermoso rostro era tan deslumbrante. Inés pudo olvidar por un momento la arraigada pregunta.

«La reina solo nos pidió la opinión, pero no la obligó en absoluto.»

Aún así, usando las palabras de la reina como excusa, Inés aceptó la propuesta de pareja de Enoch.

Así pasó el tiempo así.

Finalmente, la delegación de Kaldorov entró en el país.

Era una delegación verdaderamente lujosa con muchos artistas famosos en Kaldorov.

La pareja real saludó directamente a la delegación.

—Bienvenidos a Lancaster, delegaciones de Kaldorov.

—Su Majestad el rey de Lancaster y Su Majestad la reina han sido muy acogedores, qué honor.

Los saludos de cortesía iban y venían.

Inés y Enoch se pararon justo detrás de la pareja real y educadamente se inclinaron ante la delegación.

—El programa de hoy fue una celebración para conmemorar la exhibición de intercambio.

Inés miró hacia atrás sobre el horario futuro en su cabeza.

La exhibición oficial de intercambio se realizaría mañana.

Y mañana, Enoch e Inés decidieron hacerse cargo de llevar a cabo la misión. Inés, que recordaba todo el proceso…

«¿Qué debo hacer? Creo que me voy a morir de los nervios.»

Sus labios temblaron mientras sonreía desesperadamente.

Sus manos enguantadas estaban empapadas de sudor frío.

Pero entonces.

Enoch miró a Inés.

Sus ojos se encontraron.

Inés sintió que su respiración se hizo más fácil por un momento.

Capítulo 67

Cuando se conocieron por el tema del divorcio con Ryan, esos ojos azules eran simplemente insensibles.

Ahora su mirada estaba llena de un destello de preocupación.

No podía ignorar que Enoch estaba preocupado por ella.

Esa sola mirada momentánea fue suficiente para consolarla.

«...Siento que la tensión se va.»

Como prueba de ello, sus rígidos hombros se suavizaron.

En ese momento, la reina señaló a Enoch e Inés.

—Les presento al duque de Sussex y a la condesa Brierton.

En un instante, los ojos de la gente se volvieron en esta dirección.

Inés reflexivamente enderezó la espalda y levantó ligeramente la barbilla.

Como única heredera de una familia prestigiosa, tenía una actitud aristocrática que había sido educada toda su vida.

Solía ser una mujer pasiva.

Ahora, parecía estar rebosante de confianza en cada acción que hacía.

No importa lo que pensara por dentro, su apariencia exterior estaba llena de confianza que no se inclinaba ante nadie.

Había un brillo en los ojos de la gente.

—Los dos fueron el núcleo de este intercambio y supervisaron la operación.

En ese momento, Helena habló con una voz poderosa.

—Tengo confianza, pero pueden esperar este intercambio.

Por un momento, los ojos de la gente se abrieron un poco.

Era muy inusual que la reina de un país elogiara a alguien tan directamente.

Aunque el duque de Sussex, que ya era famoso por su destreza artística, hizo una concesión...

Su Majestad también mencionó a la condesa de Brierton.

Al menos, parecía ser cierto que Helena tenía un gran respeto por Inés.

Helena habló en voz baja.

—Quisiera dar un gran aplauso a las dos personas que han trabajado duro en esta exhibición de intercambio.

Sonó un fuerte aplauso.

Al mismo tiempo, los ojos de Inés revolotearon ligeramente.

Había pasado mucho tiempo desde que había sentido una sensación tan abrumadora.

La sensación más parecida a esta…

La abrumadora satisfacción que sintió cuando su existencia fue reconocida por primera vez en la exhibición de arte de Enoch.

«Si no fuera por el duque, habría tenido que vivir toda mi vida sin conocer este sentimiento.»

Ahora que lo pensaba, ¿no fueron todos sus cambios positivos a través de Enoch? Inés miró a Enoch con gratitud.

Y Enoch.

—Gracias, pero me avergüenza que mi nombre y el nombre de la condesa se mencionen juntos.

Volviendo los créditos a Inés, Enoch dio un paso atrás.

—¿Qué?

Confundida, los ojos de Inés se agrandaron.

Enoch notó su mirada y sonrió.

—La primera idea de este intercambio fue toda de la condesa de Brierton. Simplemente expandiría su idea. Eso es todo.

—Oh, duque.

—Así que este aplauso merece ser recibido en su totalidad por la condesa de Brierton.

Sintiéndose un poco ahogada, Inés apretó los labios.

Sintió como si algo caliente estuviera siendo disparado desde las profundidades de su pecho.

Helena, que la observaba, sonrió con gracia.

—Entonces tened una buena fiesta.

Con esas palabras, la atmósfera del banquete comenzó a madurar en serio.

Enoch entretuvo a los demás invitados distinguidos en el salón de banquetes e Inés se dirigió a la delegación de Kaldorov.

—Encantado de conocerle, Inés Brierton.

—Ah, usted es el equipo de administración de este intercambio.

—Sí. Solo quiero agradecerles por asistir a esta celebración.

—De nada. Estamos realmente impresionados con esta hospitalidad.

La respuesta de la delegación también fue bastante favorable.

Inés, que sonrió suavemente, habló con calma.

—Espero que a través de este intercambio, Lancaster y Kaldorov desarrollen una relación más profunda.

—Yo también. Espero con ansias el intercambio de mañana.

Mientras tanto, la gente se sorprendió al ver a Inés hablando hábilmente con la delegación de Kaldorov.

—¿No crees que la condesa ha cambiado mucho de lo que solía ser?

—Sí. No se pone nerviosa en absoluto cuando trata con delegaciones de otros países.

—Por cierto, escuché que la reina tiene mucha confianza en la condesa…

—Realmente, ¿quién sabía que la condesa de Brierton se levantaría tan rápido?

Bajaron la voz a su alrededor, susurrando, e Inés estaba absorta en la conversación con la delegación.

Los ojos del representante de la delegación se iluminaron con curiosidad.

—Por cierto, dijeron que la condesa pinta principalmente en acuarela, pero ¿no es la pintura al óleo la corriente principal en Lancaster?

—Así es. Pero se necesita al menos una persona no convencional como yo para hacer que el mundo del arte sea colorido en el futuro. ¿No está de acuerdo?

El hombre sonrió ampliamente ante la ingeniosa respuesta de Inés.

—Je, je, así es.

Sin embargo, no todos quedaron satisfechos con el cálido ambiente.

Por lo general, los artistas establecidos que pertenecen a la Real Asociación de Arte miraban a Inés con una mirada algo cautelosa.

No era exactamente una artista de la asociación, sino una mujer noble con títulos.

Dijeron que no querrían participar en este intercambio, pero vinieron de todos modos.

No querían dejar pasar la oportunidad de estampar su presencia en el rey y la reina, así como en los invitados extranjeros.

Tal vez ellos mismos sabían que sus acciones eran frívolas, pero no acudieron directamente a Inés.

Sin descansar la boca, hablaron de esto y aquello.

—¿Este intercambio realmente irá bien?

—Bueno, la reina tiene mucha confianza...

—Aún así, tienes que verlo una vez para saberlo.

Una mezcla de celos, envidia y malicia insidiosa brilló en los ojos que miraban a Inés con los ojos entrecerrados.

El secreto oculto entre sus conversaciones podría, de hecho, resumirse en una sola línea. Sería más reconfortante verlos arruinados.

Y entre los que albergaban tanta malicia, Ryan, que deambulaba por el salón del banquete como aceite flotando en el agua.

«Maldita sea, tengo que ver con mis propios ojos cómo gana Inés así...»

Ryan se sintió enojado y herido.

Hoy Ryan estaba solo.

En primer lugar, solo hubo una invitación que la familia real entregó al vizconde Gott.

«El conde Brierton recibió un número ilimitado de invitaciones, ¡qué diablos es esto!»

La gente de Lancaster podía ver claramente qué familias eran más importantes.

Era suficiente para estimar el poder de la familia por sí mismo.

—Escuché que solo una persona de la familia Gott fue invitada.

—De alguna manera, es tan diferente de cuando era conde de Brierton.

Inevitablemente, Ryan tuvo que escuchar una mueca tan secreta desde atrás.

Incluso Ryan no fue invitado hoy. Por lo general, a un banquete real asistía el cabeza de familia y su cónyuge.

—Trataré de convencer a Inés de alguna manera, ¿eh?

Ryan insistió en que él asistiría en lugar de su hermano.

—No, ¿cómo diablos puedo confiar en ti?

El vizconde Gott disparó enojado, pero finalmente le entregó la invitación a Ryan. Porque a él tampoco le gustaba Inés.

Aunque bebió mucho alcohol el otro día y fue a visitar a Inés, arremetió. Cuando se trata de mejorar su relación con Inés, pensó que Ryan tendría una tasa de victorias un poco más alta que él.

Pero a pesar de la conmoción y la asistencia a la celebración, hasta el momento Ryan no había logrado nada.

Esto se debió a que Inés estaba rodeada de numerosos nobles.

«¿Cómo es posible que ni siquiera hable una palabra hasta ahora?»

Así que mientras él gemía por dentro.

«Espera un minuto.»

Por un momento, los ojos de Ryan se iluminaron.

Fue porque de repente recordó lo que había pasado con Inés el otro día.

El día que Inés se retractó de toda la inversión que había hecho en la familia Gott. El vizconde Gott preparó un regalo y fue a visitar a Inés, pero fue en vano.

Inés tiró a la basura el regalo que le había enviado, y aún podía ver la expresión furiosa de su hermano.

«Entonces, ¿no se puede interpretar esto como que ella ha recibido un regalo?»

Incluso si era vergonzoso, ¿no era una excusa para hablar de ello?

Ryan sonrió con picardía.

«Excelente.»

Al mismo tiempo, Inés conversaba con los nobles.

Si intervenía inesperadamente, Inés no sería capaz de tratarlo con frialdad frente a los nobles.

Con ese cálculo en mente, Ryan habló en secreto con Inés.

—¿La condesa de Brierton participó en el intercambio esta vez?

Inés miró a Ryan con cara de amargura.

Pero Ryan solo sonrió descaradamente.

Capítulo 68

—Su Majestad la reina reconoció la habilidad de la condesa de Brierton con buen ojo. Soy muy afortunado de poder mostrar las habilidades de la condesa al máximo a través de este intercambio.

Ser capaz de hablar sin vacilar también era un talento.

En primer lugar, la razón por la que Inés no pudo mostrar su talento como pintora fue porque Ryan le robó su identidad.

Además, había demasiadas personas hostiles que no aceptaban mujeres artistas en la sociedad.

Aun así, Inés estaba en condiciones de reducir al máximo los roces como equipo directivo de la exposición de intercambio.

«Sabe que está en problemas, así que me habla a propósito.»

Inés frunció el ceño.

Ryan habló en un tono suave.

—Ahora que lo pienso, muchas gracias por aceptar el regalo que te envié hace un tiempo.

Por un momento, los ojos de Inés se enfriaron.

Aunque Ryan estaba diciendo gracias en voz alta, Inés pudo ver a través de su intención.

Cuando no rechazó el regalo, significaba que no había terminado por completo con Ryan.

Como evidencia de eso, los nobles de los alrededores parecían un poco sorprendidos y curiosos.

—¿Aceptó el regalo?

—¿Pero no están ustedes dos ya divorciados?

—¿Por qué le da un regalo a su ex esposa…?

Al mismo tiempo, Inés sonrió brillantemente.

—Oh, debería haberle dicho antes, pero estaba tan ocupada que lo olvidé.

—¿Decirme qué?

El rostro de Ryan se endureció ligeramente.

Siguieron palabras suaves.

—¿Le importaría esperar un momento?

Inés se disculpó e hizo una seña a un sirviente cercano.

—Tengo un documento que dejé en el casillero, ¿me lo traes?

—Sí, condesa.

El sirviente respondió cortésmente.

La gente miraba la espalda del sirviente, que se alejaba, con los ojos llenos de curiosidad.

—¿Un documento? —preguntó Ryan.

—Lo verá cuando lo traiga.

Tan pronto como escuchó esas palabras, Ryan sintió que su pecho se inflaba como un globo con anticipación.

«¿Estás tratando de relajar un poco la línea financiera de Gott?»

De hecho, ¿qué tipo de documentos recibiría Ryan oficialmente de Inés?

«¡Después de todo, Inés no debe haberse dado por vencida por completo conmigo!»

Trató de enderezar su expresión, pero los labios de Ryan ya estaban sonriendo.

Inés miró a Ryan patéticamente.

Entonces, en la mano del sirviente que regresó, sostenía un sobre bastante lujoso.

Inés lo tomó y se lo entregó a Ryan.

—No, ¿qué es todo esto…?

Ryan, quien tomó el sobre con una cara feliz y emocionada, inmediatamente se endureció. Fue porque el documento era completamente diferente de lo que esperaba.

—¿Esto…?

El nombre de un lugar en el que nunca había pensado estaba claramente grabado en la parte superior del sobre de lujo.

"Orfanato Turner."

La sonrisa de Inés se oscureció un poco.

—Ábralo.

Los ojos de la gente ya estaban enfocados en esto.

Incapaz de superar la presión de esas miradas, Ryan vaciló y sacó el documento. El documento con el sello del orfanato fue revelado.

[Expreso mi gran gratitud al vizconde Gott, y la cantidad donada esta vez se utilizará solo para los niños.]

—¿Un certificado de donación?

Ryan miró la escritura con cara de perplejidad.

La sonrisa de Inés se hizo más profunda.

—Sí. En nombre del vizconde Gott, doné la misma cantidad del regalo que me dio.

Ryan se sorprendió.

Miró a Inés con ojos ensangrentados.

Ya fuera que estuviera enojado o no, Inés simplemente continuó hablando.

—Como dijo el joven maestro, la familia Gott me envió un regalo el otro día.

—¡En ese momento, lo tomaste bien, entonces por qué de repente...!

—El regalo llegó tan repentinamente que no tuve tiempo de rechazarlo. —Inés cortó las palabras de Ryan a la mitad y continuó hablando de nuevo—. Pensándolo bien, no creo que estemos en una relación para intercambiar regalos.

—¡Condesa Brierton!

—Sin embargo, si devolvía el regalo, me preocupaba que el vizconde Gott, que estaba parado afuera de mi casa, perdiera la cara.

Eso también era cierto.

¿No fue eso un anuncio público al exterior de que las familias tenían una relación tan mala entre sí?

Inés se encogió de hombros ligeramente.

—Así que tomé el regalo tal como está, pero doné la cantidad del regalo a nombre del vizconde Gott.

—¡Qué!

El rostro de Ryan se contrajo horriblemente.

Inés se burló por dentro.

Sabía que lo iba a complicar.

Así que desde un principio decidió donarlo a un orfanato.

Era una de las formas en que los nobles rechazaban cortésmente algo.

Cuando recibía un regalo incómodo, usaba esa cantidad de dinero para ayudar a alguien que lo necesitara.

Sin embargo, dado que era un método tan anticuado, en estos días era extremadamente raro rechazar regalos de esa manera.

Así que Ryan no lo habría esperado...

—Acabo de recibir el certificado hoy. Así que estaba pensando en enviarlo a la residencia de Gott, pero lo traje conmigo porque pensé que vería al vizconde Gott hoy. —Inés agregó una declaración animada—. Estoy muy contenta de poder darle este certificado.

—¡No, quién quiere donar…!

Ryan, que estaba a punto de alzar la voz por reflejo, se detuvo por un momento.

Fue porque los nobles que observaban la situación en secreto se inclinaron hacia Inés.

—En realidad, no es tan malo como método de rechazo, ¿verdad?

—Sucedieron muchas cosas entre la condesa de Brierton y el joven maestro Gott, así que supongo que sería una respuesta amistosa.

—Creo que sí. ¿Por qué envió un regalo no deseado en primer lugar?

Ryan rápidamente afiló sus dientes.

«¡Maldita sea!»

Estaba en ventaja.

Inés susurró en voz baja.

—¿Escuché que la donación de la familia Gott ha disminuido recientemente?

—¡Qué demonios es eso…!

Ryan estaba furioso, pero Inés ni siquiera levantó una ceja.

—Como nobles en el reino, creo que deberíamos ser un ejemplo para los demás. No siempre puedo cuidar de ti, ¿verdad?

Inés solo habló hasta ese momento, pero a la gente no le resultó difícil leer las líneas entre ellos. El hecho de que la donación hubiera disminuido desde que Inés se divorció de Ryan significaba que las finanzas de la familia Gott estaban ajustadas.

Abundaban los rumores de que los Brierton habían recuperado la inversión que habían invertido en la familia Gott.

Esas palabras que agregó Inés "No puedo cuidarte siempre" lo dejaron más claro.

—¿Así que incluso antes del divorcio, la condesa se encargó de las donaciones para la familia Gott?

—No importa si estabas casado, la condesa debe haber sufrido mucho cuidando a la familia de sus suegros.

Un ligero desprecio pasó por los rostros de los nobles.

Era práctica tácita del reino que los nobles de alto rango donaran incluso una pequeña cantidad una o dos veces al año.

Por supuesto, no era una obligación, pero solían donar una buena cantidad por el bien de la cara de la familia. ¡Pero incluso esa donación habría pasado a la condesa de Brierton!

Ryan tenía un historial de disfrutar de los beneficios del título de conde Brierton a través de su matrimonio con Inés. Tener todos los beneficios pero habló del regalo más pequeño que le hizo a la condesa…

«Está bien, en este punto, la atmósfera parece estar bien establecida.»

Ahora era el momento perfecto para dejar a Ryan fuera de la conversación.

Con ese juicio, Inés miró a los nobles de nuevo.

Luego sonrió con cara de pena.

—Lo siento, mi historia personal fue demasiado larga. Entonces, en lo que queremos enfocarnos en esta exhibición de intercambio es…

Así que el tema pasó naturalmente a la exposición de intercambio y al arte en general.

Y Ryan se mordió la boca como si la tuviera pegada.

Para ser honesto, no podía interferir con el tema porque no sabía nada de arte.

«¡Elegiste ese tema a propósito!»

La vergüenza y la ira estaban manchadas en el rostro de Ryan.

¡Sabiendo que Ryan tenía un conocimiento superficial del arte, para alejarlo deliberadamente de la conversación! En primer lugar, apenas dominaba lo que los nobles comunes aprendían a través de la cultura, y no había forma de que pudiera mantenerse al día con la conversación entre los enviados e Inés.

Tal vez al darse cuenta de la mirada feroz de Ryan, Inés miró a Ryan con los ojos entrecerrados. Cuando sus ojos se encontraron, ella sonrió brillantemente.

"¿Qué ocurre?" Sus ojos parecían preguntar.

Eventualmente, Ryan estaba completamente alienado al final de la conversación.

«¡Maldita sea!»

Se sentía como un humano invisible.

La cara de Ryan se puso roja de vergüenza.

Athena: Hale, por imbécil.

Capítulo 69

Después, los miembros de la delegación se dispersaron por el salón del banquete y comenzaron a disfrutar de la celebración. En ese momento, Inés dejó escapar un pequeño suspiro.

«Aún así, el ambiente de la celebración parece ser bastante bueno.»

Era una suerte.

Sin embargo, no se olvidó de observar el banquete a través de los ojos de un halcón.

La comida y las bebidas eran abundantes, y la gente bailaba con caras felices.

La pareja real, que charlaba entre ellos, parecía satisfecha.

Inés, que estaba muy atenta a las reacciones de la gente, miró a su alrededor.

«Y el duque…»

Estaba teniendo una conversación con el representante de la delegación.

Inés sonrió suavemente.

«Está bien, creo que esto es lo suficientemente bueno.»

La delegación parecía estar satisfecha con la conversación con Enoch.

Sobre todo, le gustaba que Ryan no estuviera a la vista en este momento.

Lo último que vio fue lo enojado que estaba cuando no pudo unirse a la conversación entre ella y la delegación antes, y su rostro estaba teñido de rojo...

—Inés.

Ante la voz que la llamaba, Inés frunció el ceño.

«Oh, Dios mío, es persistente.»

Ryan vino como si hubiera sido conjurado.

Inés chasqueó la lengua internamente y lo miró.

Ryan la miraba con una mirada desesperada.

—¿Qué pasa?

—Hablemos.

Ryan suplicó fervientemente. Pero…

—No. —Inés se negó rotundamente—. ¿No crees que eres demasiado desvergonzado? No es como si estuviéramos en una relación amistosa para hablar entre nosotros.

Ryan estaba furioso por la respuesta.

—¡Cuántas veces me he disculpado por equivocarme! ¡¿Cuánto tiempo vas a estar así de enojada?!

Inés estaba asombrada.

Como si su disculpa, por supuesto, la obligara a perdonar, Ryan estaba demasiado seguro de sí mismo.

Más bien, comenzó a discutir con Inés como si se hubiera convertido en una víctima.

Pero estaba preocupado de que las personas a su alrededor lo escucharan, así que bajó la voz y maldijo. Era ridículo.

—Es solo presentar un caso de divorcio. Pero, ¿realmente te estás divorciando?

—Ryan, ¿cuál crees que es el propósito del caso de divorcio? Por supuesto, está destinado a ser un divorcio, ¿no es así?

—¡Ahora dices eso...!

Ryan, que había alzado la voz sin darse cuenta, arrugó el ceño y volvió a contener la voz.

—Sí, hablaremos sobre el divorcio más tarde. Entonces, ¿por qué de repente retiraste toda tu inversión?

—Soy el jefe de mi familia, tengo derecho a cobrar e invertir dinero como mejor me parezca. —Inés se encogió de hombros—. ¿Cuál es el problema?

—¿Estás loca? ¡¿Sabes cuánto daño ha sufrido mi familia?!

La cara de Ryan se puso roja.

—Ajá, así que vayamos al grano.

Frente a tal Ryan, Inés sonrió torcidamente.

—El negocio de la familia Gott se está tambaleando, así que ahora parece que el fuego se ha apagado, ¿así que viniste a mí?

—…Inés.

Ante ese descarado sarcasmo, Ryan se mordió el labio con fuerza.

Sentía ganas de gritar y amenazar a Inés de inmediato. Ryan apenas reprimió su ira.

—Sé que estás enfadada, así que detengámonos.

—¿Qué diablos vamos a dejar de hacer?

—Esta vez, seré un esposo fiel. No voy a salir ni a hacer nada, así que detengamos esta pelea emocional…

—Detente…

Ante esas palabras de súplica, las cejas de Inés se torcieron y se endurecieron.

Disparó con frialdad.

—¿De quién es la culpa?

Ryan se quedó sin palabras por un momento.

Inés continuó.

—Ahora que esto ha llegado a esto, me aseguraré de ello aquí.

—¿Asegurarte de qué?

—Ryan, el matrimonio contigo fue terrible.

Ryan se quedó en blanco como si lo hubieran golpeado en la cara.

Inés clavó el último clavo.

—Entonces, nunca vuelvas a decir tonterías, como una reunión o algo así.

—¡Increíble, nosotros…!

—Porque la única forma en que puedo ser más feliz es vivir mi vida libre de enredos contigo.

En un instante, Ryan perdió los estribos.

«¡¿Cómo se atreve Inés a rechazarme?!»

Una vez ella lo miró con ojos cariñosos, pero ahora esa persona no estaba por ningún lado.

No importaba cuánto suplicara, ella no titubeó en lo más mínimo.

Trazó la línea con frialdad.

Y Ryan no podía creerlo en absoluto.

«¿Cómo podría Inés no amarme?»

Una vez juró que su amor por él no cambiaría.

Y ahora ella lo negaba frente a su cara.

Fue vergonzoso ya que su orgullo había sido hecho pedazos y pisoteado. Y la ira surgió sobre esa vergüenza.

«¡Ya veremos!»

Ryan, poseído por el mal, agarró con fuerza la muñeca de Inés.

Ante el dolor acelerado, Inés dejó escapar un grito ahogado.

—¡Suéltame…!

Inés trató de apartar la mano de Ryan de alguna manera, pero no pudo.

El agarre de un hombre adulto cuyos ojos estaban vueltos por la ira era algo que una mujer calumniadora no podía quitarse de encima.

Y en ese momento.

—¿Qué demonios estás haciendo? —Una voz tan fría como una hoja afilada resonó.

—¡Agh!

Un gemido reprimido salió de la boca de Ryan.

Enoch, quien se acercó a Inés en un instante, agarró la muñeca de Ryan con fuerza.

El agarre fue tan fuerte que sintió que su muñeca se iba a romper en cualquier momento.

—¡Ugh…!

Ryan, cuyos ojos estaban desorbitados por el dolor, levantó las garras e intentó quitar la mano de Enoch.

Todo fue en vano.

Por el contrario, la fuerza que apretaba su muñeca solo se hizo más fuerte.

—Creo que necesito escuchar alguna explicación sobre la situación actual.

Aunque su comportamiento era tranquilo, ni siquiera estaba tranquilo con las emociones en su voz.

Ryan gritó con voz quebrada.

—¡Mi muñeca…!

Pero Enoch era tan frío como el hielo.

—¿Por qué debería dejarte ir?

—¡Oh, uf!

Ryan, que estaba tratando de poner una excusa a toda prisa, no pudo soportar el dolor y se torció la muñeca.

Fue porque la fuerza aplicada a la muñeca se estaba volviendo más y más fuerte.

—¿Está bien que el joven maestro Gott trate a la condesa con tanta rudeza?

—¡Ah, Su Excelencia!

—¿No es justo devolver lo que hiciste a la condesa?

Era un tono terriblemente frío.

—Una vez habías amenazado a la condesa en mi exhibición de arte el otro día. Nunca mostraste ningún respeto por ella.

Enoch terminó su discurso.

Agarró la muñeca de Ryan y caminó hacia la puerta.

«¡¿Estás tratando de echarme?!»

Los ojos de Ryan se agrandaron.

Trató de sacudirse la mano de Enoch, pero fue en vano.

—¡Ja, yo también recibí una invitación!

Ryan apretó los dientes.

—No es educado para mi familia, el vizconde de Gott, que me arrastres así…

—¿No educado?

—¡Sí! ¡Ve, la familia Gott son nobles del reino! ¡Entonces…!

Al mismo tiempo, chispas rebotaron en los ojos de Enoch.

No quería escuchar más las tonterías de Ryan.

Y por encima de todo.

La condesa Brierton.

Detrás de él estaba Inés.

Por eso, Enoch ya no podía soportar ver a Ryan merodeando por Inés.

—¿No fuiste tú quien fue grosero con la condesa primero?

—¡Duque!

—Tienes que ser un invitado para ser tratado con cortesía. ¿No estás de acuerdo?

Hasta ahora, Enoch había mantenido el respeto con una cortesía mínima.

Ahora, se había saltado el uso de honoríficos.

—Ya no puedo tener a un bastardo como tú a su lado.

Al final de esas malditas palabras, Enoch volvió a jalar bruscamente la muñeca de Ryan.

«¡Duele!»

Ryan apretó los dientes.

Un dolor agudo surgió de la muñeca que sostenía Enoch, como si la hubieran cortado con un trozo de vidrio.

Parecía que los huesos estaban rotos.

«¿Qué demonios? ¿Quiere decir que incluso será guardaespaldas de Inés?»

Ryan, que estaba amargado, miró a Enoch con ojos asesinos.

«¡El esposo de Inés era yo, y el hombre que Inés amaba era yo...!»

Pero Ryan no tuvo más remedio que rizar la cola de inmediato.

—Además, ¿el vizconde Gott está al tanto de lo que has hecho?

Enoch disparó bruscamente de nuevo.

—¡Vaya, qué hice…!

—En la celebración organizada por la reina, a la que asistió la delegación de Kaldorov. —Era una voz de tono bajo, similar al gruñido de una bestia salvaje—. Estabas tratando de intimidar a la condesa, uno de los miembros del personal del intercambio, y avergonzar a los nobles.

Por un momento, Ryan sintió que se le helaba el estómago, como si se hubiera tragado un trozo entero de hielo frío.

—Oh, no. ¡Yo…!

Cuando el agua fría se derramó sobre su cabeza excitada, de repente volvió en sí.

Capítulo 70

Ryan miró a su alrededor apresuradamente.

Antes de que se diera cuenta, la gente estaba mirando de esta manera.

Incluso la delegación de Kaldorov y el rey y la reina estaban prestando atención a los dos con ojos sorprendidos.

—¿El joven maestro Gott fue grosero con la condesa de Brierton?

—¿Así que el duque de Sussex va a tratar con él él mismo?

—Creo que sí, pero están haciendo tanto alboroto...

—Es demasiado violento.

Docenas de ojos llenos de asombro.

En esos ojos, Ryan leyó el descuido y su patetismo.

El rostro de Ryan estaba descolorido.

—Creo que será mejor que me sigas en silencio. —Enoch susurró con voz helada—. ¿O preferirías ser estigmatizado porque el joven maestro Gott, que asistió a la celebración imperial en nombre del vizconde Gott, estaba tan loco como un perro?

Los ojos de Ryan se abrieron de par en par ante el abuso verbal poco característico de Enoch, quien usualmente usaba un lenguaje elegante.

«¡¿Qué, me vuelvo loco como un perro?!»

Pero Enoch continuó con frialdad.

—De lo contrario, después de la celebración de hoy, la familia real responsabilizará directamente a la familia Gott por arruinar esta celebración.

Ryan se asustó.

—¡Ja, qué quieres decir...!

—Así que será mejor que te vayas antes de aplicar más lodo a la reputación de Gott.

Enoch miró a Ryan con determinación.

—Si sigues siendo terco, tu familia no podrá levantar la cabeza en la sociedad.

Ryan sintió la piel de gallina por todas partes.

La puerta del salón de banquetes estaba cerrada.

La elegante melodía clásica que había estado fluyendo desde el salón del banquete se cortó.

Ryan, a quien sacaron a rastras, miró a Enoch con expresión temerosa y abrió la boca tímidamente.

—¿A qué te refieres con responsabilizar a mi familia…?

Pero Ryan ni siquiera pudo terminar su oración.

Los ojos azules que lo miraban fijamente eran mortales.

Enoch agarró a Ryan por el cuello y lo empujó contra la pared.

—¡Agh!

Ryan, que fue estrangulado por el cuello, respiraba con dificultad.

—¡Ah, déjame ir…!

Ryan luchó por alejarse de Enoch, pero fue en vano.

Más bien, el poder del agarre en su cuello solo se estaba volviendo más fuerte.

—¡Ugh!

Su cuello se tensaba y su visión se oscurecía.

Ryan arañó la mano de Enoch que pesaba sobre su cuello y forcejeó, pero todo fue en vano.

Al mismo tiempo, Enoch gruñó furiosamente.

—No vuelvas a aparecer frente a la condesa nunca más. ¿Lo entiendes?

—¡Oh, ahh…!

El rostro de Ryan se puso azul y pronto se desvaneció como una hoja en blanco.

Justo cuando sus ojos estaban a punto de ponerse al revés.

—¡Suéltelo, duque!

Los caballeros que custodiaban el salón de banquetes se precipitaron y apartaron a Ryan de Enoch.

—¡Por favor, cálmese por ahora!

—¡El joven maestro Gott definitivamente se desmayará si no lo sueltas!

Solo después de que los caballeros persuadieron a Enoch durante mucho tiempo, Enoch soltó a Ryan.

Ryan, que se derrumbó en el suelo, tosió violentamente.

—¡Ack, ack… ah!

Mirando a Ryan como un insecto, Enoch tiró de su corbata holgadamente.

«Nunca había visto a un duque tan enojado...»

«¿Qué diablos pasó en el banquete?»

Los caballeros miraron nerviosos a Enoch.

Nunca habían visto a Enoch, que siempre estaba tranquilo, perdiendo así la razón.

Enoch respiró hondo para calmar su ira por un rato.

«Tengo que calmarme, la celebración aún no termina… la condesa.»

Sabía cuánto dedicaba Inés su tiempo a este intercambio más que nadie.

Así que él no podía ser el que arruinó esta celebración por culpa de un hombre basura.

Enoch, que tenía su expresión en orden, miró a Ryan, que estaba aterrorizado.

—El joven maestro Gott se va a casa. Escoltadlo de regreso.

Ahora Enoch había vuelto a su habitual discurso elegante.

Los caballeros se regocijaron.

—Sí, señor.

—Tomaré sus órdenes.

Los caballeros, que habían sido corteses con Enoch, instaron a Ryan cortésmente.

—Vamos.

—¡No, pero…!

Ryan trató reflexivamente de retroceder.

Le dolía el orgullo renunciar así.

Pero eso fue sólo por un momento.

—¿Qué?

Ryan abrió mucho los ojos.

Fue por el firme agarre de los caballeros en sus brazos.

El agarre de los caballeros era tan duro como el acero.

—¡Soltadme!

Ryan luchó para alejarse de los caballeros.

Después de eso, apretó los dientes y respondió.

—¡Puedo caminar por mis propios pies!

Luego, enderezó su ropa arrugada.

Enoch observó el rostro de Ryan con una mirada patética y luego se dio la vuelta.

La puerta del salón de banquetes se abrió y se cerró detrás de él.

La figura de Enoch desapareció en el colorido paisaje con pasos imponentes.

«Nunca podré volver a entrar en este mundo de fantasía. No soy el conde de Brierton, no soy nada. ¡Así que consigue una pista!»

—¡Maldita sea!

El rostro de Ryan estaba horriblemente distorsionado.

Cuando Enoch entró de nuevo en el salón del banquete, los ojos de todos se posaron en él.

Lo hicieran o no, la mirada de Enoch estaba fija en una sola persona.

Era Inés.

Enoch caminó hacia Inés.

Inés, que estaba inquieta, se apresuró a hablar con Enoch.

—Oh, Duque. El maestro Gott…

—¿Cómo está su muñeca?

«¿Eh? ¿Mi muñeca?»

Con los ojos bien abiertos, Inés se bajó la manga por reflejo para cubrirse la muñeca.

—Oh, mi muñeca.

Pero Enoch ya lo había visto.

Los moretones oscuros en la muñeca de Inés.

Fue porque un hombre adulto la retuvo a la fuerza.

Los ojos azules de Enoch se volvieron fríos.

—...necesita ser tratada.

—Está bien. Puedo soportar esto…

—¿Qué está bien?

Enoch respondió bastante bruscamente.

Sorprendida, Inés tragó saliva.

—Su Excelencia.

Enoch no tenía intención de enfadarse con la condesa.

Miró a Inés con ojos complicados y murmuró con voz pesada.

—…Lo lamento.

Enoch, que apenas reprimió su ira, levantó la cabeza.

Sus ojos se encontraron con el rey y la reina, que lo observaban.

Al mismo tiempo, el rey y la reina parecían un poco sorprendidos.

Enoch caminó directamente hacia ellos.

—Duque…

Inés, que por reflejo estaba tratando de disuadir a Enoch, rápidamente cerró los labios.

Enoch, de pie frente al rey y la reina, habló rígidamente de disculpa.

—Lamento la molestia.

Aunque dijo que lo sentía, no parecía arrepentido en absoluto.

Enoch, quien se disculpó, explicó.

—La condesa estaba siendo maltratada, así que tuve que intervenir.

La voz de Enoch sonaba tranquila a primera vista, pero el rey notó el sutil desagrado en su voz.

Al mismo tiempo, añadió Enoch con los dientes apretados.

—...le lastimó la muñeca.

Mirando los agudos ojos azules, Edward chasqueó la lengua internamente.

Los ojos de Enoch eran mortales.

De hecho, Enoch nunca había querido atención para sí mismo.

Enoch, que siempre estuvo tranquilo e indiferente. Hoy estaba completamente diferente.

Edward podría afirmar.

En los treinta y cinco años de su hermandad con Enoch, nunca había visto a Enoch tan enojado.

Significaba que se tomaba en serio las amenazas hacia Inés.

Al menos para Enoch, significaba que la condesa era muy importante.

Los sentimientos de Enoch por Inés parecían ser bastante serios.

Mucho más de lo que Edward había imaginado.

—Las heridas de la condesa son graves. Ella necesita tratamiento lo antes posible. —Enoch agregó como si volviera en sí—. Oh, por favor, perdone mi insolencia.

Edward se rio en vano.

Sin embargo, Enoch no iba a moverse en absoluto hasta que le dijeron:

—Puedes dar un paso atrás.

Por fin Edward asintió.

—Está perdonado.

—Gracias.

Mientras tanto, Inés, que escuchaba la conversación de fondo, estaba impactada.

«No, ¿realmente puedo irme? Soy parte del equipo de gestión.»

Miró a Enoch con esa pregunta, pero Enoch solo sacó a Inés del salón de banquetes con mucha naturalidad.

Al final, Inés siguió apresuradamente a Enoch después de saludar al rey y la reina.

Athena: Ay, qué piel tan sensible. Aunque eso no es una exageración; a mí me pasa igual y ante cualquier percance ya me aparecen moretones. Si lo unes a la torpeza o ir con prisas a todos lados, pues…

Por otro lado, vaya Enoch, qué intenso.

Capítulo 71

«¿Qué voy a hacer?»

Inés, que salió del gran salón de banquetes, miró a Enoch con cara de vergüenza.

Enoch tenía una cara rígida todo el tiempo.

«El duque parece enfadado.»

Inés, que miraba en secreto a Enoch, abrió la boca con cuidado.

—Bueno, Su Excelencia… ¿No sería mejor volver ahora?

En ese momento, sintió que la temperatura a su alrededor disminuía repentinamente.

«¿Lo hice enojar más?»

Inés estaba un poco nerviosa por dentro, pero tampoco parecía que fuera a funcionar así.

Abrió la boca con cautela.

—La celebración de hoy es un evento importante al que asiste la delegación de Kaldorov. Es mejor resolver la situación de la manera más silenciosa posible.

—Condesa Brierton.

Al mismo tiempo, Enoch, que había estado en silencio todo el tiempo, abrió la boca con firmeza.

—Nada es más importante que la seguridad de la condesa.

Inés se quedó en silencio.

Enoch apretó el puño con fuerza en un barril de ira en la punta de la cabeza.

—¿Por qué la condesa siempre se preocupa por otras cosas primero que por sí misma?

Quería que Inés se pusiera más primero.

Mirándola preocupada por la celebración en lugar de por su seguridad, él seguía sintiéndose molesto.

Sabía que era natural que Inés fuera así racionalmente, pero seguía enojándose...

—Se lastimó la muñeca.

La emoción de enojo llenó sus palabras.

—Tal como está la situación, los enviados lo entenderán.

Mientras decía eso, su cabeza se calentó.

«Cálmate.»

Pensando que estaba demasiado excitado, Enoch cerró los ojos con fuerza y los volvió a abrir.

Luego trató de hablar con voz tranquila.

—Vamos al salón y tratemos su muñeca primero. Su muñeca todavía está hinchada.

Inés miró a Enoch.

«Estoy segura de que el duque está muy enfadado. ¿Por qué sigo sintiéndome apretada?»

De repente se dio cuenta.

«Probablemente se deba a que el duque está realmente preocupado por mí.»

Por un momento, la parte posterior de sus orejas se puso caliente.

«Ni siquiera la celebración a la que asistió la delegación de Kaldorov es tan importante como yo.»

La reacción brusca de Enoch fue una preocupación para ella.

Su mente seguía revolviéndose y su corazón dio un vuelco.

Inés se mordió el labio inferior.

«Honestamente, estoy aliviada.»

Ver a Ryan, quien estaba atrapado en las garras de Enoch y siendo arrastrado fuera del salón de baile forcejeando como un insecto.

Debido a la presión de comportarse con gracia como una dama.

¿No se hizo cargo Enoch de las cosas que ella siempre imaginó y que no podía soportar hacer?

Ese hombre noble y elegante...

Solo por ella...

Su boca se secó.

¿Cuántas personas en su vida se habían enfadado tanto por ella?

De alguna manera, se le hizo un nudo en la garganta, e Inés, que dudó un momento, susurró tanto como un mosquito.

—…gracias por su preocupación.

Enoch hizo una pausa.

Después de un momento.

Respondió con una sonrisa amarga.

—En lugar de un agradecimiento así, prefiero que la condesa se trate la muñeca rápidamente.

—Sí, lo haré.

Inés asintió obedientemente.

Cada vez que Enoch hablaba de su preocupación por ella, se le oprimía el pecho.

Pero ella no se sintió mal.

No, más precisamente.

«Estoy feliz.»

Inés, que caminaba detrás de Enoch, sonrió lentamente.

Era una sonrisa feliz.

Los dos llegaron al salón.

El problema, sin embargo, era que era un salón real, no un salón abierto para nobles ordinarios.

Inés, que intentaba seguir a Enoch sin pensarlo mucho, se detuvo.

—Este es un salón solo para la familia real, ¿puedo entrar?

—¿Por qué no puede? —Enoch respondió con amargura—. El salón general debería estar lleno de gente ahora, pero no tengo la intención de mantener a la condesa en ese lugar tumultuoso.

—Bueno, aun así.

—Soy miembro de la realeza y estoy de acuerdo con eso. ¿Cuál es el problema?

Enoch puso a Inés en su asiento, vacilante, y le pidió que cerrara los ojos.

—Relájese.

¿Fue porque Enoch le dijo que lo hiciera?

Inés sintió que todo su cuerpo, endurecido por la tensión, se relajaba.

Enoch se dio la vuelta y se dirigió al cajón del salón, y hábilmente sacó el botiquín de primeros auxilios.

Cuando abrió el botiquín de primeros auxilios, se aplicaron desinfectantes, vendajes, abrasiones ligeras y ungüento para los hematomas, etc.

Había una variedad considerable de medicamentos.

Inés, que lo miraba, ladeó la cabeza.

—¿Suele tener un botiquín de primeros auxilios en el salón?

Además, no es solo una variedad, sino que, sorprendentemente, es bastante serio.

Entonces Enoch arrugó la frente.

—Es por Su Majestad.

—¿Qué? ¿Su Majestad?

—A Su Majestad le gusta beber, pero a veces se lastima porque bebió demasiado.

Luego añadió con voz cansada.

—Por supuesto, tengo que encargarme de todo después de eso.

—Ah…

—Aunque es una idea impía dejar atrás a Su Majestad, sabe que limpiaré el desastre en primer lugar. —Enoch continuó con una cara hosca—. Casi dudo que beba demasiado solo cuando estoy cerca.

Parecía que había habido un aumento en el conocimiento inútil de Su Majestad.

Aun así, era el conocimiento de que el respeto por Su Majestad estaba cayendo.

Sin saber qué responder, Inés sonrió torpemente.

Enoch abrió la tapa del ungüento.

—Puede picar un poco.

—Ah, sí.

Enoch aplicó cuidadosamente ungüento en la muñeca hinchada de Inés.

El toque de sus dedos le hizo cosquillas en la delicada piel.

Inés no podía respirar correctamente y miró a Enoch.

Un rostro escultural con largas pestañas doradas, ojos azules debajo y líneas suaves.

«¿Qué debo hacer?»

Su corazón latía salvajemente.

Un espasmo recorrió su cuerpo, y sus nervios estaban al límite.

«Despierta, Inés.»

Inés se reprendió interiormente.

«Él está ayudando a aplicar ungüento, ¿por qué estoy tan nerviosa?»

Al menos Enoch frente a ella no parecía ser consciente de ella en absoluto.

Solo estaba preocupado por su muñeca lesionada.

«No puedes hacer esto.»

Para quitarse de encima los pensamientos que no paraban de darle vueltas en la cabeza, Inés trató de abrir la boca como si no pasara nada.

—Creo que a menudo vengo al salón cuando estoy con el duque.

—Si es un baño…

—Hizo eso el otro día. Cuando el duque inauguró la exposición.

Incluso entonces, Ryan trató de intimidarla y Enoch bloqueó firmemente a Ryan.

La situación era un poco similar a la de entonces.

Inés murmuró para sí misma inconscientemente.

—Su Excelencia siempre me ayuda.

Luego, cerró la boca sorprendida.

«¡Oh, mi corazón acaba de salirse de mi boca!»

Ante las palabras, Enoch, que había estado concentrado solo en la muñeca de Inés todo el tiempo, levantó la cabeza por primera vez.

Sus ojos se encontraron.

Los ojos azules eran como un lago desconocido.

Había un viejo dicho que dice "si miras las aguas profundas durante mucho tiempo, te sentirás atraído por ellas".

Cada vez que miraba a los ojos de Enoch, Inés a veces recordaba el mito.

Sintió que se estaba hundiendo lentamente en esa mirada.

No podía moverse en absoluto.

Pero lo más raro fue...

«Pero creo que está bien.»

Si el oponente fuera Enoch. Esta extraña sensación de estar encantada.

Inés no pudo superar su mente complicada y tiró de sus labios suavemente y para preguntar.

Entonces Enoch respondió mansamente.

—Así es. Quiero ayudar a la condesa tanto como pueda.

—¿Por qué es eso?

—Bueno, ¿por qué cree eso?

Enoch respondió bruscamente en un tono tranquilo.

Los ojos de Inés temblaron violentamente.

Su corazón latía como loco.

Enoch no la presionó más.

Solo se concentró en el tratamiento de la muñeca de Inés como si le estuviera pidiendo que lo pensara por su cuenta.

Hubo un largo silencio.

—Bueno, ya está todo hecho.

Enoch soltó la muñeca de Inés solo después de haberla vendado cuidadosamente.

—Gracias.

Inés jugueteó con su muñeca vendada.

Su mente era muy complicada.

«Bueno, ¿por qué crees que sería así?»

Era sólo una pregunta, pero seguía inquieta.

Al mismo tiempo, Enoch suspiró.

—Fui rudo en el salón de banquetes antes. Pido disculpas.

De hecho, era inevitable.

Tan pronto como vio a Ryan agarrando la muñeca de Inés, Enoch sintió la expresión convencional con todo su cuerpo.

Su cabeza estaba blanca de ira.

—Aún así, la condesa Brierton debe haber estado algo preocupada por mis acciones antes.

«No puedo creer que esté considerando la posición de Inés solo después de que mi cabeza se enfríe.»

Enoch reflexionó sobre sí mismo, pensando que debería haber sido más cuidadoso.

Athena: Ah… por dios, era un momento bueno para un beso. Pero sé que esto es lento…

Capítulo 72

Pero entonces.

—No.

Inesperadamente, Inés negó con la cabeza.

—Estaba enojado por mí.

Enoch miró a Inés con ojos asombrados.

También era vergonzoso mirarlo a los ojos, por lo que Inés mantuvo la cabeza gacha.

—Su Excelencia, gracias por cuidarme.

Su voz ahora era tan pequeña que no se podía escuchar a menos que él tratara de escuchar con atención.

—Por evitar que Ryan intente intimidarme.

Aun así, Inés se mantuvo fiel a sus palabras.

—Estoy agradecida.

Enoch rara vez tenía una cara en blanco.

Inés, que levantó un poco la cabeza, sonrió a Enoch.

—Más que eso, me convertí en la pareja del duque por primera vez, pero es una pena que no pudiéramos bailar correctamente una vez.

En ese momento, Enoch saltó de su asiento.

Inés, avergonzada, miró a Enoch.

—¿Duque?

—Tome un descanso.

Enoch se volvió apresuradamente.

—Enviaré un médico de inmediato.

—¿Qué? ¿Un médico? No necesito un médico.

—No, puede volver al salón de banquetes después de recibir el tratamiento. Hasta entonces, estaré entreteniendo a los distinguidos invitados.

Enoch, que había hablado con determinación, salió del salón.

Inés, que se quedó sola, se dijo a sí misma con voz desconcertada.

—¿Por qué un médico de repente?

Según todos los informes, su muñeca no tuvo que ser tratada por un médico.

Sobre todo.

—¿No lo ha tratado ya Su Excelencia?

Inés se miró la muñeca con asombro.

Enoch, que salió corriendo, se paró contra la pared.

—Ah…

Un largo suspiro salió.

Levantó la mirada y miró su reflejo en el cristal de la ventana.

Había salido corriendo a toda prisa.

—Estoy sin palabras.

Su rostro estaba rojo como si estuviera pintado y cálido cuando lo tocó con la palma de la mano.

Athena: ¡Pero bueno, has huido! ¡Lo tenías a huevo! ¡Que hasta ella estaba dando pasos! ¡Aaaaagh!

En ese tiempo.

El vizconde Gott estaba atónito.

Ryan, quien asistió con confianza a la celebración, llegó a casa mucho antes de que terminara la celebración.

Fue porque había una grieta en una de sus muñecas.

Todo su brazo estaba hinchado y parecía una salchicha.

—¡Oh, Dios mío, hijo mío!

La anciana vizcondesa Gott trajo a un médico para que revisara sus heridas y estaba aterrorizada.

—Ryan, ¿qué diablos es esto?

Mientras tanto, el vizconde Gott estaba preocupado por qué otro accidente había causado su hermano.

—Ahora está herido. ¿Eso es todo lo que tienes que decir?

La madre del vizconde Gott le dio una cara seria y lo regañó, por lo que bajó sin hacer más preguntas.

Al día siguiente del disturbio.

—¡Agh!

Ryan estaba acostado en la cama, gimiendo.

Entonces, se enojó mucho con la criada que lo estaba cuidando.

—¡Ay, me duele!

La criada, que había trabajado durante mucho tiempo en la familia Gott, de repente enderezó los hombros.

—Lo siento, lo siento.

—Ni siquiera puedes cuidar a las personas adecuadamente. ¿Hablas en serio?

El sarcasmo enrojeció a la criada de vergüenza.

En realidad, fue una ridiculez.

La criada solo estaba cuidando a Ryan, y no le puso un dedo encima.

Ryan solo estaba gruñendo con una voz irritante, sin importar si la criada estaba avergonzada o no.

—Oh, duele como el infierno. ¿Cómo puede usar la violencia contra una persona como esta?

Fue poco tiempo cuando estaba exagerando así.

Ryan apretó los dientes.

«Pase lo que pase, ¿cómo pudo enviarme una invitación y echarme del salón de banquetes?»

Recordó el fuerte agarre del duque en su muñeca.

Los gélidos ojos azules que miraban a Ryan como un insecto.

Era elegante incluso cuando era verbalmente abusivo, diciendo: "Estás loco como un perro".

Todo estimulaba el complejo de inferioridad de Ryan.

Y la mayor distorsión del juicio de Ryan fue...

«Inés, esa chica. Actuó como una anfitriona y no me gusta la forma en que pasa el rato con el duque de Sussex.»

Era que Inés y Enoch se veían terriblemente bien juntos.

Cuando recordó las imágenes de los dos, sintió que su cabeza estaba ardiendo con celos crecientes.

—¡Oh, eso es suficiente! ¡Sal ahora!

Al final, Ryan no pudo vencer su ira y echó a la criada con mal genio.

—Es tan molesto... Uf.

Ryan trató de barrer su cabeza con su mano derecha habitualmente agrietada, frunciendo el ceño por el dolor creciente.

Sus ojos se volvieron hacia la mesa.

Un montón de sobres de cartas apareció a la vista.

Entre ellos, el nombre que se destacó.

Charlotte Jasón.

Todas las cartas procedían de Charlotte.

Ryan chasqueó la lengua brevemente, mirando las aparentemente cinco letras.

«De verdad, estoy cansado y harto de las cartas de Charlotte.»

Ryan tomó un sobre y lo leyó bruscamente.

Pero sólo por un breve momento.

Lo arrugó y lo tiró al azar.

«Bueno, Charlotte no es importante en este momento.»

Debía aferrarse a Inés de alguna manera.

Ryan yacía en la cama, mirando al techo con ojos nerviosos.

«Esta vez intervino el duque de Sussex, así que no pude acercarme.»

En ese momento, Ryan sin saberlo se atragantó.

«¡¿Por qué diablos el duque de Sussex sigue interrumpiéndome?!»

Cuando se peleó por primera vez con Inés en la exhibición de arte, pensó que valía la pena.

De todos modos, era una exposición de arte organizada por Enoch, y Ryan habría odiado ver un escándalo allí.

Pero éste no era el caso.

Aunque era el duque de Sussex quien dirigía la exposición de arte, la acción de esta vez fue claramente desmesurada.

«¿Cómo puedes arrastrar a una persona como un perro? ¿Porque es el duque y el hermano de Su Majestad?»

Ryan pensó con arrogancia, sin considerar la rudeza que había cometido.

Y recordó la expresión del duque.

La frialdad y la expresión mortal como si pudiera matar a Ryan de inmediato.

—Maldita sea.

La muñeca sostenida por Enoch latía una vez más.

Ryan se miró la muñeca con expresión triste.

Fue cuando.

Alguien abrió la puerta de golpe.

La puerta fue empujada con tanta fuerza que golpeó la pared y estuvo a punto de romperse.

Más allá, estaba el vizconde Gott de pie y jadeando.

—¿Hermano?

Ryan miró al vizconde Gott con ojos perplejos.

—¿Qué le pasa a tu cara? Como si vieras un fantasma.

La cara del vizconde Gott estaba literalmente azul.

—¡Tú, bastardo!

El vizconde Gott, que entró en la habitación, levantó el puño.

—¡Agh!

Ryan cayó de bruces sobre la cama.

De repente siendo golpeado, el desconcierto fue mucho mayor que el dolor.

Ryan sostuvo su mejilla hormigueante y miró a su hermano.

—¡No, qué estás haciendo!

—¿Qué diablos hiciste en la celebración? ¡La familia real me envió una carta de queja en persona!

—¡¿Qué?!

En ese momento, Ryan abrió mucho los ojos.

Lo que dijo Enoch ayer vino a su mente.

—¿O preferirías ser estigmatizado porque el joven maestro Gott, que asistió a la celebración imperial en nombre del vizconde Gott, estaba tan loco como un perro? De lo contrario, después de la celebración de hoy, la familia real responsabilizará directamente a la familia Gott por arruinar esta celebración.

Ryan realmente no esperaba que el duque enviara una carta de protesta como esta.

Pensó que el duque lo dijo para presionarlo.

Ryan sintió que su cabeza se mareaba.

El vizconde Gott arrojó la carta de protesta que sostenía con la mano izquierda sobre la cara de Ryan.

—¡Ahora, abre tus ojos y mira! ¿Qué has hecho?

Ryan se quedó mirando fijamente el papel esparcido por el suelo.

En la parte superior de una lujosa hoja de papel adornada con diseños reales, la pulcra letra describía específicamente las acciones de Ryan.

[El joven maestro Gott intimidó a la condesa de Brierton, el personal del intercambio, y trató de avergonzarla.

La condesa de Brierton es el personal administrativo del intercambio que yo, Helena, la propia reina nombré.

Así que la familia real se ocupará estrictamente de este asunto.]

—¿Qué vas a hacer?

El vizconde Gott miró a Ryan con una expresión letal.

—¡Tonto incompetente, lo mejor que has hecho en tu vida fue casarte con la condesa Brierton!

—¡Espera, hermano!

—¡Tampoco me llames hermano! ¡Eres un bastardo tan inútil!

El vizconde Gott, quien respondió ferozmente, se estremeció fuera de la habitación nuevamente.

Ya ni siquiera quería hablar con Ryan.

—¿Te estás tomando esto en serio? ¡¿Qué demonios es esto?!

Solo, el rostro de Ryan estaba horriblemente distorsionado, manchado de desesperación e ira.

Capítulo 73

Al día siguiente, la calle Hwabang donde se realizaría la exposición de intercambio.

Hacía un muy buen día.

El sol brillaba intensamente y el cielo era azul.

Helena, Inés y Enoch condujeron a los enviados de Kaldorov a la calle Hwabang.

—Estaba deseando que llegara cuando Su Majestad dijo que confiaba en esta exposición de intercambio.

—Ciertamente merece ser elogiado.

—No sabía que había un lugar como este en Lancaster…

Los ojos de la delegación brillaron con curiosidad e interés.

En primer lugar, la calle en sí era muy singular.

Una calle laberíntica creada por artistas pobres era un paisaje muy característico en sí mismo.

Y en él, muchos artistas mostraban libremente su mundo artístico.

Tocaban música, bailaban y hacían pequeños espectáculos de títeres en las calles.

A lo largo de la calle, la gente se hacía retratar por pintores.

Mientras tanto, los visitantes entraban y salían libremente para ver la escena o participar directamente en forma de modelo para un retrato.

Helena sonrió a la delegación.

—Solo espero que este intercambio sea recordado como un momento divertido. Por favor, siéntete libre de disfrutarlo.

Entre los miembros de la delegación, una persona muy ansiosa levantó la mano.

—¿Puedo ir a echar un vistazo ahora?

Aunque trató de no ser tan impaciente, no podía esperar.

Eso fue porque este intercambio fue perfecto con la personalidad única de espíritu libre de Kalodorov.

Helena asintió.

—Por supuesto. Disfrútelo cómodamente.

Tan pronto como se concedió el permiso, la delegación de Kaldorov se dispersó con entusiasmo como niños.

—¿Vamos allí primero? ¡Tocaba el vals del Levante!

—¡No, prefiero ver un espectáculo de marionetas!

Mientras tanto, Enoch, que miraba las espaldas distantes de la delegación, murmuró con una cara cansada.

—...Creo que debemos trabajar más duro en seguridad.

—Por favor, duque de Sussex.

Helena miró a Enoch juguetonamente.

Enoch arqueó las cejas.

«Qué parecido...»

El rey y la reina se parecían en personalidad. La forma en que ordenaba y organizaba a sus subordinados naturalmente como Edward.

Por supuesto, la capacidad de nombrar al talento como rey y reina de un país era necesaria, pero…

Era inevitablemente triste desde el punto de vista de que se estaba dividiendo.

Enoch, quien sin querer entendió la posición de los administradores, inmediatamente llamó a un oficial de seguridad.

—Esta calle es peligrosa porque no hay farolas, así que envía más gente a patrullar con frecuencia. Y también…

Enoch abrió el mapa y comenzó a discutir esto y aquello con la persona a cargo.

Helena, que observaba feliz la escena, miró a Inés.

—Ahora que lo pienso, ¿cómo está tu muñeca?

—…Ah.

Inés estaba un poco aturdida.

Fue porque no esperaba que Su Majestad le preguntara por su bienestar.

—Gracias por su preocupación. No estoy gravemente herida.

—Me alegra escuchar eso, pero... pero no exageres. —Helena continuó con voz dulce—. La condesa de Brierton es un talento muy útil.

Inés irguió los hombros y asintió rápidamente.

—...Sí, lo tendré en cuenta.

Podía sentir la obsesión con el "talento útil" de esa voz demasiado dulce.

Este era probablemente su malentendido, ¿verdad?

Incluso después de eso, Inés se movía salvajemente sin saber cómo pasaba el tiempo.

Finalmente, el sol se puso.

Helena decidió irse primero con las delegaciones de Kaldorov.

Era porque era hora de cenar.

—La calle Hwabang es un lugar muy atractivo.

—Por supuesto, sé que la cena de Su Majestad es importante, pero...

Sin embargo, al ver que miraba hacia atrás con los ojos llenos de sentimientos persistentes, estaba claro que a la delegación le gustaba mucho esta calle Hwabang.

Hasta el punto de querer quedarse más que asistir a la cena de la reina.

Pero las delegaciones eran gente que sabía distinguir entre lo público y lo privado.

—Si os gusta tanto, podéiss volver a visitarlo mañana.

Por sugerencia de Helena, finalmente se fueron de nuevo al palacio.

Sin embargo, Inés y Enoch decidieron quedarse en la calle Hwabang.

Esto se debió a que tenían que continuar observando el progreso del intercambio y administrarlo.

—Ugh, finalmente tenemos algo de tiempo libre.

Inés negó con la cabeza.

—Aprendí lo que significa estar tan ocupada que ni siquiera puedo parpadear.

Enoch, que estaba siendo informado por el personal que había sido enviado a varios lugares antes del intercambio, la miró.

—Sin embargo, parece que el intercambio va con éxito.

—Estoy de acuerdo.

Los ojos de Inés, que habían estado trabajando duro en este momento, se suavizaron.

Aunque estaba extremadamente cansada, estaba más orgullosa.

El enviado de Kalodorov y Su Majestad parecían muy satisfechos, ¿verdad?

El esfuerzo valió la pena.

Inés miró de soslayo a Enoch.

«...y el duque parece estar satisfecho.»

No quería decepcionar a Enoch en absoluto. Ella fue honesta.

Fue un verdadero alivio.

Mientras tanto, sus ojos se dirigieron a quienes disfrutaban del evento.

Para ser exactos, miró a los pintores que usaban la gran pared como lienzo.

Al mismo tiempo, Enoch abrió la boca con picardía.

—La condesa parece estar interesada en la pintura mural.

Por un momento, Inés se estremeció.

Como miembro del equipo de gestión, tenía que concentrarse en el intercambio, pero le avergonzaba tener la mente en otra parte.

Inés apartó la mirada con timidez.

—Bueno, eso no es realmente…

—¿En serio? No ha podido apartar la vista del mural desde hace un tiempo.

—¿Bien? El duque debe haberlo visto mal.

Inés negó descaradamente.

Entonces Enoch sonrió con los ojos.

—¿Por qué no intenta dibujarlo?

—¿Qué?

Por un momento, Inés miró a Enoch con ojos de conejo sorprendidos.

—Bueno, estoy en el equipo de gestión...

Al mismo tiempo, el deseo de pintar se apoderó de su mente.

Ella misma era pintora, y era lamentable que solo se preparara para esta exposición de intercambio y no tuviera la oportunidad de participar en persona.

Enoch alentó en secreto a Inés.

—Es por eso que debemos mostrar el arte de la condesa a muchas personas que visitaron la exposición de intercambio. ¿No lo cree?

—Em...

—La principal razón por la que la nombraron miembro del equipo de gestión de esta exposición de intercambio en primer lugar es porque es una artista destacada.

No esperaba que Enoch la elogiara tanto.

Inés tragó su saliva seca.

—Soy mecenas de la condesa y miembro de la realeza de este país. Espero que muchas personas puedan disfrutar de sus pinturas. —Enoch continuó de una manera extraña—. ¿No es natural querer que el talento de la Casa de Brierton sea ampliamente conocido?

—¿Es eso así?

—Por supuesto, también es cierto que, como miembro de la realeza de este país, quiero que el arte de Lancaster sea más conocido.

Cuando él la persuadió así con un rostro tranquilo, hubo una parte en la que ella se sintió realmente tentada.

Inés agonizó mucho tiempo, pero al final no pudo quitarse de encima la tentación del mural.

—Bien entonces.

Inés se acercó a la pared con cuidado.

La mayor parte de la pared ya estaba cubierta con murales, pero solo uno estaba vacío.

La pintura azul caía por la pared.

La pintura se esparció a su alrededor arbitrariamente, por lo que no estaba en un estado en el que pudiera pintar libremente.

Ella pensó que parecía que alguien accidentalmente derramó la pintura.

—Bien.

Inés se tomó un momento para mirar la pared y con audacia tomó un pincel grande.

Luego comenzó a aplicar otras pinturas sobre las marcas de pintura azul que fluían.

Después de mucho tiempo.

—¡Guau, es una cascada! —gritó un niño que pasaba por la calle, señalando con el dedo la pared donde estaba parada Inés.

La pintura azul se había transformado en una cascada que caía con gracia.

Incluso la espuma blanca debajo de la cascada estaba vívidamente encarnada.

Las manchas de pintura salpicadas en todas direcciones se convirtieron en gotas de agua que rebotaban en la cascada.

La roca mojada brillaba a la luz del sol, y el bosque verde que se extendía más allá agregaba frescura.

—Guau…

El niño miró el mural de Inés con los ojos brillantes.

Entonces Inés sonrió y le entregó el pincel.

—¿Te gustaría probarlo, mi pequeño caballero?

—¡Sí, sí!

El niño agarró el cepillo con emoción.

Dibujó una línea con una expresión enfocada.

Luego, gimió durante mucho tiempo y se burló del pincel, pero el resultado ni siquiera fue reconocible.

El niño parecía que estaba a punto de llorar.

—Quería dibujar una mariposa…

—¿Mariposa?

Inés inclinó la cabeza y luego sonrió brillantemente.

Capítulo 74

—¿Sabes esto?

Agachándose, haciendo contacto visual con el niño, Inés susurró como si estuviera contando el secreto más grande del mundo.

—Lo que dibujaste es una oruga. Todavía no se ha convertido completamente en una mariposa.

—Ah, ¿en serio?

El niño miró a Inés con cara de perplejidad.

Inés guiñó un ojo juguetonamente.

—¡No te preocupes, usaré magia y la convertiré en una mariposa pronto!

—¿Magia?

Los ojos del niño se llenaron de curiosidad.

Entonces, la línea que el niño dibujó toscamente se convirtió en una mariposa tigre que revoloteaba con sus coloridas alas.

Inés se puso de pie ante los rostros de los niños que miraban la escena con entusiasmo a su alrededor.

—¡Yo también, yo también!

—¡Quiero intentarlo!

Así fue como entraron los niños.

Incluso los padres de los niños miraban de esta manera con ojos brillantes.

Inés, quien sin querer llamó la atención de la gente, sonrió torpemente.

—Bueno, niños. Entonces, ¿podéis esperar un poco?

—¡Sí!

Los niños cantaron al unísono.

Enoch, mientras tanto, dio un paso atrás y miró fijamente a Inés, rodeada de niños.

Ella era realmente especial.

Independientemente de la edad o el estado, ella interactuaba libremente, no discriminaba y sonreía alegremente a todos.

Esa mirada despreocupada…

«Qué hermosa es ella.»

Mientras tanto, Inés de repente miró a Enoch y sonrió ampliamente.

«¡Mira, he terminado el mural!»

Sus ojos parecían decir.

En ese momento, Enoch sintió que su corazón dejaba de latir.

—¡Eres muy guay!

—¡Quiero ver flores!

Los niños emocionados charlaban.

Inés, de pie contra el telón de fondo de un crepúsculo rojo, una temperatura ligeramente fría, un ambiente alegre y un bosque refrescante pintado con las yemas de sus dedos.

Ella era el centro de todo este paisaje espectacularmente hermoso.

La presencia de Inés estaba perfeccionando este momento.

Su boca estaba seca.

Este tiempo quedó grabado en su mente, y no podría olvidarlo por el resto de su vida.

Inés, que terminó todo el cuadro, se despidió de los niños.

—¡Entonces pasadla bien, señoritas y caballeros!

—¡Adiós, hermana!

—¡La pintura es tan bonita!

Los niños agitaron sus manos.

Solo después de saludar, Inés caminó rápidamente hacia Enoch.

—¡Su Excelencia!

—Oh, condesa de Brierton.

Enoch recobró el sentido ante su llamada.

Inés, de pie junto a Enoch, susurró con voz desgarradora.

—Mire, todos se están divirtiendo.

Tanto los artistas como el público que participó en la muestra de intercambio estaban llenos de alegría.

Hubo gente que trajo un violín y tocó como el agua, y cantó espontáneamente en consecuencia.

El público se sentaba en el suelo o se apoyaba contra la pared para ver la actuación.

Mientras tanto.

—Yo… yo…

Un joven con la cara roja le habló con cuidado a la chica sentada a su lado.

—¿Si pudieras bailar conmigo?

Estaba tan avergonzado que tartamudeó.

Al mismo tiempo, la chica con los ojos bien abiertos sonrió tímidamente.

—Por supuesto.

Comenzando con los dos, se creó la atmósfera de baile natural entre hombres y mujeres jóvenes.

Los amantes se tomaron de la mano y salieron al espacio abierto.

Inés observaba el paisaje con ojos complacidos.

Entonces…

—Condesa Brierton.

Ante la llamada grave, Inés miró a Enoch con asombro.

Antes de darse cuenta, Enoch se acercó cortésmente a ella.

—¿Puedo invitar a bailar a la condesa?

—…Duque.

De repente, recordó lo que dijo ayer.

Más que eso, me convertí en la pareja del duque por primera vez, pero es una pena que no pudiéramos bailar correctamente una vez.

Inés sonrió levemente.

Hacia arriba, tomó la mano de Enoch.

—Está bien.

Una interpretación ligera de violín, un cantante tarareando suavemente encima.

La gente bailaba y caminaba dando vueltas y vueltas al ritmo.

El calor se sentía en su mano.

Los tiernos ojos de Enoch mirándola.

Todo era tan perfecto.

—Es divertido.

El pecho de Inés reventaba de olas.

Después de todos los horarios del día, estaban en el camino de regreso a sus hogares.

Inés y Enoch regresaron a casa en un carruaje real uno al lado del otro.

En primer lugar, sólo podían utilizarse carruajes autorizados por seguridad para el intercambio.

—Uf, estoy tan cansada.

Apoyada en el asiento del carruaje, Inés suspiró satisfactoriamente.

—Aunque parece muy feliz.

—Bueno, honestamente estaba orgullosa.

La pregunta traviesa de Enoch hizo que Inés se sonrojara.

—Bueno, ¿puede elaborar más?

Inés, que pensó detenidamente qué decir, continuó en voz baja.

—¿Qué debería decir? En estos días, siento que soy una persona que puede lograr algo.

—¿Qué quiere decir?

—Bueno, ¿debería decir que soy capaz de pensar en mí misma de manera más positiva?

La sonrisa de Inés se profundizó un poco.

—Y la razón de eso fue, quizás, conocer al duque.

Exposición de arte de Enoch, el divorcio y la exposición de intercambio.

Todos ellos se lograron al conocer a Enoch.

Inés continuó con sinceridad.

—Así que todo esto es gracias a Su Excelencia. Muchas gracias.

—No, todo esto fue hecho por la condesa. —Enoch negó con la cabeza con firmeza—. Para ser precisos, solo le di a la condesa una pequeña plataforma para moverse libremente.

—Pero, Su Excelencia. —Inés abrió la boca con calma—. Algunas personas en el mundo no tienen un punto de apoyo, por lo que tienen que vivir bajo la sombra de los demás por el resto de sus vidas.

Sus ojos verde oscuro se hundieron profundamente.

Fue porque el pasado vino a su mente antes de la regresión.

Esos tiempos en los que todo estaba perdido para Ryan y ella tuvo que vivir en la miseria.

Lo que Inés no tenía en ese momento era su voluntad de cambiar de vida.

Entonces sucedió Enoch.

Y el presente se hizo real.

¿Conocer a Enoch no cambió su vida?

Inés le dio fuerza a su voz.

—Realmente me ha ayudado mucho.

—Condesa, eso es...

—Me salvó la vida.

Enoch se detuvo ante la voz seria.

—El duque es generoso, pero quiero que acepte mi agradecimiento.

Enoch pensó de repente, frente a los ojos de Inés, que estaban quietos e inquebrantables.

«La condesa... lo decía en serio.»

Ella realmente pensó en Enoch como un benefactor de por vida.

Enoch, que había dudado durante un rato, asintió.

—Estoy feliz de que la condesa piense así.

—Sí. Espero poder pagar este favor algún día…

—Dígalo de nuevo. —Enoch golpeó juguetonamente a Inés—. Tal vez si mi nombre permanece en la historia, seré acreditado como el patrocinador que descubrió a la condesa de Brierton.

—¿Qué?

—Así que estaba bastante en deuda con la condesa. ¿No lo cree?

Cuando lo dijo medio en broma medio en serio, Inés se echó a reír.

—Realmente espero eso.

—Lo será —dijo Enoch, con mucha razón.

Ante la pura fe en ella, Inés de alguna manera se sintió un poco avergonzada.

Aún así.

«Estoy feliz.»

Después de eso, Inés habló de esto y aquello.

Si le gustó la exposición de intercambio de hoy o lo que le gustó de los artistas que conoció durante el día…

Al poco tiempo, miró a la ventana con los ojos muy abiertos, como si estuviera conteniendo un bostezo.

El esfuerzo por no dormirme tanto como sea posible fue difícil, pero…

—Está dormida.

Enoch chasqueó la lengua brevemente.

Incapaz de superar la creciente somnolencia, la cabeza de Inés estaba inclinada hacia un lado mientras dormía.

Parecía muy incómoda mientras estaba apoyada contra la ventana.

Enoch, que había estado agonizando durante un rato, se quitó el abrigo.

Cuando dobló y puso su abrigo debajo de su cabeza, Inés tarareó y pareció satisfecha.

Enoch miró a Inés, que estaba profundamente dormida, durante mucho tiempo.

Antes de darse cuenta, había una leve sonrisa en sus labios.

Después de mucho tiempo, el carruaje real llegó a la mansión Brierton.

—¡Oh, lo siento!

Inés se despertó y miró a Enoch con horror.

—Siento haberme quedado dormida, pero hasta me prestó su abrigo. ¿Qué tengo que hacer?

—No se preocupe por eso.

Enoch negó con la cabeza, sus ojos se inclinaron suavemente.

—Es solo porque quería hacerlo por usted.

—Pero…

Inés parecía que estaba a punto de llorar.

—¡Bueno, lavaré su abrigo y se lo devolveré!

—Seguro. Hizo un gran trabajo hoy.

—…y el duque también. Vuelva a casa sano y salvo.

Inés saludó a Enoch y se apresuró a entrar en la mansión avergonzada.

Entonces, Inés miró el abrigo en sus brazos.

Algo profundo en su pecho se apretó por alguna razón.

«Tengo que devolverlo...»

Aunque lo pensó en su cabeza, Inés no pudo apartar los ojos del abrigo durante mucho tiempo.

Capítulo 75

Al poco tiempo.

Inés abrazó el abrigo con fuerza y corrió a su dormitorio.

Aunque sabía que no había nadie en el dormitorio, echó un vistazo para ver si había gente alrededor, tragando saliva seca.

Luego se puso con cuidado el abrigo sobre el cuerpo.

El abrigo estaba lleno del elegante aroma corporal único de Enoch.

Las mangas cubrían completamente sus manos y el dobladillo lo suficientemente largo para cubrir sus muslos.

El peso único y pesado de la ropa de hombre la envolvía agradablemente.

«¿No se sentiría así si abrazara a Enoch? ¿Qué tengo que hacer…?»

Inés se sonrojó.

Ahora que esto sucedió, no tuvo más remedio que admitirlo.

«Me gusta el duque.»

Ya no podía ignorar este sentimiento.

El intercambio fue simplemente muy popular.

—¡Fue una exposición de intercambio interesante!

—Quiero quedarme un poco más, pero es una lástima que tenga que volver.

La delegación de Kaldorov prodigó elogios en los labios.

La Real Asociación de Arte no estaba contenta con la respuesta satisfactoria.

—¿Te gustó este intercambio?

—Dado que es una forma diferente a la anterior, me preocupa que pueda haber sido un poco desconocido.

—¡Fue tan divertido y fresco!

—¡Estoy pensando en presentarlo de esa manera a Kaldorov!

La delegación estaba tan emocionada que solo resultó en elogios.

Al final, la Real Asociación de Arte no tuvo más remedio que dar un paso atrás con expresiones misteriosas.

Después de que el intercambio terminó así.

—Duque, tengo un paquete de la condesa de Brierton.

Enoch recibió los paquetes inesperados.

El paquete contenía una chaqueta de traje limpia y lavada.

Y el segundo paquete...

Era un retrato.

Era un retrato de Enoch en el que estaba trabajando Inés.

Enoch en el retrato tenía una suave sonrisa en sus labios, no su cara inexpresiva habitual.

Sin darse cuenta, levantó la mano y se tocó los labios.

—Estoy en un retrato… y sonriendo así.

Quizá a los ojos de la condesa de Brierton, siempre sonreía así.

Enoch miró el retrato durante mucho tiempo.

Esta pintura en sí era evidencia.

Evidencia de sus sentimientos por Inés.

«Ella es... ella es especial.»

La única existencia en el mundo, incomparable con cualquier otra cosa.

Incluso el genio de Inés, que inicialmente fascinó a Enoch, ahora se sentía insignificante.

Sin embargo, esta ambigua relación con Inés.

...No pudo resistir la sensación de sed.

Después del intercambio, el nombre de Inés se convirtió en la noticia más candente en Lancaster.

—¿Todos escucharon eso?

En una fiesta de té para las damas.

Una de ellas abrió la boca con un gran abanico.

—Últimamente, escuché que la reina es muy cercana a la condesa de Brierton, ¿verdad?

El tema más comentado del último Lancaster.

Inés Brierton.

Estaba influenciado por la sociedad de Lancaster, y recientemente, los salones de damas y los clubes de caballeros hablaban de Inés todos los días.

—Es comprensible, ella hizo de este intercambio un gran éxito.

—¿Se enteró? Gracias a esta exhibición de intercambio, las ventas en la calle Hwabang también han aumentado enormemente.

Los artistas que asistieron a la exhibición dejaron artículos como murales y esculturas pintadas o producidas en la calle Hwabang.

Inés fijó un presupuesto relacionado por adelantado y compró las obras con la compensación adecuada.

Desde el punto de vista del artista, el arte como los murales era ambiguo para moverse por separado.

Era relativamente fácil aceptar la propuesta de Inés.

La calle se convirtió en una atracción turística, y los turistas continuaron llegando incluso después de que terminó la exhibición de intercambio.

—Escuché que las citas en la calle Hwabang son populares entre los jóvenes en estos días.

—Sí, en realidad fui a jugar cuando se llevó a cabo la exhibición de intercambio.

—Una vez, llevé a mis hijos conmigo, pero quiero ir allí de nuevo y quiero saber cuánto se preocupan por eso.

—Bueno, hay esculturas de artistas famosos en todas partes y pinturas en exhibición. Es genial para la educación.

La calle Hwabang fue generalmente bien recibida por los socialités.

—En estos días, hay un dicho que dice que, si quieres interactuar con Su Majestad, primero debes apuntar a la condesa Brierton.

—Bueno, la reina dice que tiene a la condesa a su lado.

—Oh, debería enviar una invitación a la condesa de Brierton.

Las damas se echaron a reír una al lado de la otra durante un rato.

Una de ellas continuó de nuevo.

—Digo esto porque es solo entre nosotras. ¿No es increíble la condesa?

—¿Asombrosa? Por supuesto, sé que este intercambio es bastante popular, pero…

—No, eso no. Me refiero a su divorcio.

La señora se encogió de hombros.

—¿Bien? Honestamente, cuando solicitó el divorcio, me pregunté si podría ganar, pero ganó.

Ante las palabras, las otras damas que estaban frente a frente asintieron respectivamente.

—Eso es cierto.

—Por supuesto, había evidencia de que había estado pintando durante mucho tiempo como pintora de sombras, pero... No es fácil ganar un caso de divorcio.

—En cierto modo, Su Majestad también tomó una decisión poco convencional.

De hecho, las damas estaban secretamente satisfechas con el movimiento de Inés.

Una mujer que se había divorciado sola en una sociedad conservadora de Lancaster.

En una sociedad donde las mujeres domésticas y sumisas eran consideradas virtudes. Las mujeres que tenían títulos y hacían arte y participaban activamente en actividades sociales eran menospreciadas.

Al ver que Inés hizo lo que hasta ahora pensaban que era imposible, se vieron obligadas a envidiarla.

Sin embargo, aparte de la satisfacción vicaria de las damas, esta situación no fue necesariamente aceptada por todos.

La otra dama habló con voz dudosa.

—Pero a algunas personas no les gusta la condesa de Brierton.

—Em...

—Estoy de acuerdo.

Las damas se quedaron en silencio por un momento.

Con el movimiento de Inés, no todos en la sociedad de Lancaster podrían hacer la misma evaluación.

Para ser exactos, la evaluación de este intercambio se dividió en extremos.

Definitivamente fue bien recibido en Kaldorov, el pilar de este intercambio.

Además, los plebeyos, los artistas aficionados y las mujeres que básicamente estaban excluidas de la sociedad estaban más que emocionados.

Sin embargo, fue criticado por artistas establecidos, incluida la Real Asociación de Arte, que era la corriente principal del mundo del arte de Lancaster.

—Pero, bueno, esto no es seguro. —Una de las damas abrió la boca con una tos zumbante—. Escuché que los miembros de la Real Asociación de Arte también fueron a ver la exposición de intercambio…

—Oh, es cierto. Esta vez también vi a Lord Kelton.

—¿Qué? ¿Escuché que Lord Kelton bajará al feudo esta vez?

La otra dama preguntó desconcertada.

Entonces la joven, que estaba bebiendo té, abrió la boca con cuidado.

—En realidad, yo también lo vi. ¿No anduvo con Lord Wilbur?

—Sí, señora Grey. ¿Has visto al señor?

Lord Kelton y Lord Wilbur.

Ambos eran miembros de la Real Asociación de Arte.

—De ninguna manera…

Las damas intercambiaron miradas secretas, sin mencionar quién fue el primero.

En ese tiempo, los aristócratas pertenecientes a la Real Asociación de Arte alzaron la voz.

—¡Lo escuché todo!

Uno de los nobles miró a su alrededor con una vena abultada en su cuello.

—¡Escuché que personas de la Asociación de Arte fueron a ver la exhibición de intercambio!

Luego, otros aristócratas se escabulleron.

—Bien, bien.

—Pero no se puede evitar, ¿verdad?

—¿Quién hubiera imaginado que el intercambio sería tan exitoso?

—Si no vieras el intercambio, no verías lo que pasó.

Cuando protestó tan tímidamente, el aristócrata que habló primero golpeó la mesa con violencia.

Los nobles tensaron los hombros.

—¿No ves lo grave que es la situación?

—Bueno eso es…

—¡Su Majestad quería nombrar a la condesa Brierton como miembro de la Real Asociación de Arte!

Eso era cierto.

Helena valoró los logros de la exposición y quiso nombrar a Inés miembro de la Real Asociación de Arte.

Sin embargo, se suspendió temporalmente porque la oposición de los miembros existentes era muy fuerte.

—Incluso el marqués Usher, presidente de la Asociación de Arte, no asistió a la exposición de intercambio, ¿cómo puede ser esto?

El aristócrata, que habló primero, volvió a alzar la voz.

Mientras tanto, el marqués Usher, que estaba observando el desorden, intervino en la conversación.

Capítulo 76

—No te enfades tanto.

—¡Pero, marqués Usher...!

—Es porque a todos les apasiona el arte.

El marqués Usher sonrió, fingiendo ser generoso.

—¿Pero no lo sabes bien, también? Para trabajar como artista en Lancaster, debes tener mucha experiencia.

—Experiencia... ¡Ah!

Los rostros de los nobles, que habían estado desconcertados por un tiempo, se iluminaron.

—¡Como era de esperar, el marqués tiene una idea!

—¡Eres increíble!

El marqués Usher disfrutó de innumerables cumplidos con una cara complacida.

Luego abrió la boca con severidad.

—Mientras yo sea presidente de la Real Asociación de Arte, esta nunca aceptará a la condesa de Brierton.

Una luz despreciable brilló sobre los ojos del marqués Usher.

—Por supuesto... ella no podrá obtener una exhibición de intercambio individual.

La exposición de intercambio fue un éxito y altamente elogiada por Kaldorov y el público.

Recibió una reacción violenta de la Real Asociación de Arte, y fue inesperado desde el principio, por lo que pensó que no tenía que prestar mucha atención.

Inés todavía estaba en agonía.

—Ah.

Inés exhaló un largo suspiro.

Sabía que la Real Asociación de Arte era hostil y sensible a las acciones de Inés.

Sin embargo…

«...No sabía que no importaba cuánto me mantuvieran bajo control, interferirían así.»

Uno necesitaba algunas condiciones para ser reconocido como artista en Lancaster.

Entre ellos, se incluyó un logro individual de la exposición de intercambio bajo su nombre.

Así, mientras completaba con éxito la exhibición de intercambio, Inés también trató de continuar con la exhibición de intercambio individual.

Mientras tanto, se topó con una pared inesperada.

—No esperaba que la Real Asociación de Arte encontrara fallas en todo momento.

Inés arqueó las cejas.

Si bien la exposición de intercambio fue definitivamente un gran logro como artista, no fue suficiente.

La única exposición en la que participó Inés hasta ahora fueron las obras ganadoras de la exposición de arte que organizó Enoch.

Sin embargo, era mejor no realizar una exposición individual a sus expensas.

Si el artista no tenía el talento suficiente para una exposición de intercambio individual, sería ridiculizado tras bambalinas.

Así, los artistas ordinarios realizarían exposiciones individuales con la certificación de la Real Asociación de Arte.

En Lancaster, la Real Asociación de Arte era un grupo influyente.

La certificación por parte de la propia Real Asociación de Arte supuso que el talento del artista fuera reconocido en parte por la institución oficial.

Así que, por supuesto, Inés envió una solicitud de certificación a la Real Asociación de Arte…

Fue rechazada en menos de medio día.

Inés, que estaba decidida, siguió haciendo pedidos, y fue rechazado uno tras otro.

No importa cuán profundo fuera el objetivo emocional en esta exhibición de intercambio, no sabía que serían tan malos para bloquear su camino.

De ser así, se debía considerar que la forma de realizar una exhibición de intercambio en Lancaster estaba completamente bloqueada.

Cuando Inés estaba desplomada sobre el escritorio, incapaz de superar su frustración, hubo un golpe corto.

Inés respondió impotente, apoyándose en el escritorio.

—Adelante.

Mary, que entró en la habitación, abrió mucho los ojos.

—Maestro, tiene que mantener su espíritu.

—Dile eso a la Real Asociación de Arte. Qué ridículos están siendo.

—Ah…

La hosca respuesta de Inés hizo que Mary sintiera lástima.

Mary sabía que Inés estaba pasando por un momento difícil últimamente por tratar de abrir su propia exposición.

—Entonces, ¿qué está pasando?

—Oh eso es…

Mary miró a Inés con una postura erguida.

—Llegó un mensaje de la familia real. Su Majestad le ha ordenado que entre en el palacio.

—¿Yo?

Los ojos de Inés se abrieron.

Ahora que el intercambio había terminado, pensó que ya no volvería a ver a la reina.

Hasta entonces, Inés no tenía ni idea.

El problema de la exposición individual de larga data se resolvería de una manera completamente inesperada.

Inés, que entró en el palacio real, se enfrentó a una persona inesperada.

—¿Duque de Sussex?

Enoch.

—Oh, condesa Brierton.

Enoch la recibió con una agradable sonrisa.

—¿La condesa también recibió la llamada de la reina?

—Sí, así es.

Inés asintió con entusiasmo.

Como la reciente exposición de intercambio había terminado, se alegró de volver a ver a Enoch.

«Sin embargo, espero que el duque esté complacido de verme.»

Inés, que estaba mirando a Enoch, pronto recobró el sentido.

«Oh, Dios mío, ¿en qué estoy pensando?»

En ese momento.

Inés hizo contacto visual con Enoch.

—Se ve feliz.

—¿Yo?

—Sí. Ha estado sonriendo desde hace un tiempo.

—Ah…

Por un momento, su rostro se encendió.

Recientemente, la Real Asociación de Arte la había rechazado una y otra vez, entonces, ¿por qué estaba feliz?

Objetivamente, no había nada bueno.

Y, sin embargo, la razón por la que sonreía tan levemente que Enoch lo dijo...

«Como era de esperar... Probablemente sea por haber visto al duque.»

Inés rápidamente dominó su expresión.

Por muy decidida que estuviera a admitir su interés por Enoch, otra cosa era dejarlo claro.

Si salía mal, la relación fluida actual podría arruinarse.

Sin conocer la confusión de su mente, Enoch habló.

—¿Nos vamos?

—Sí, vamos.

De todos modos, entraron en el palacio por invitación de la reina.

«Necesito arreglar mi actuación.»

Inés apartó los ojos de Enoch a propósito y caminó solo mirando hacia adelante.

De lo contrario, pensó que él se daría cuenta de los latidos de su corazón.

—Lamento no haber podido hacerte miembro de la Real Asociación de Arte esta vez. Tenía muchas ganas de nombrarte…

La reina Helena parecía realmente arrepentida.

Inés sonrió suavemente.

—Eso está bien. No me importa en absoluto, así que no se preocupe por eso, Su Majestad.

—Aún así…

Helena no pudo ocultar su pesar.

Eso era porque la propia Helena quería de alguna manera nombrar a Inés como miembro de la Real Asociación de Arte.

Inés había sido sombreada durante mucho tiempo como la pintora de sombras de Ryan, a pesar de la conclusión exitosa del intercambio.

Por lo tanto, ser miembro de la Asociación de Arte, que alguna vez fue de Ryan, también debía significar algo especial para Inés.

«Pero la oposición era demasiada...»

Helena apretó los dedos contra su palpitante sien.

Entiendo que la reina quiera felicitar el logro de la condesa Brierton, ¡pero…!

Los artistas de la Real Asociación de Arte se pronunciaron en contra del nombramiento de Inés.

¡La Real Asociación de Arte nunca ha recibido a una mujer!

¡No importa cuánto la condesa Brierton haya logrado resultados notables, no podemos ignorar la historia y las tradiciones de nuestra asociación de arte de esta manera!

¡Así es! ¡Por favor reconsidérelo!

Fue lo que dijeron...

Enfrentada a numerosas objeciones, Inés finalmente no logró convertirse en miembro de la Real Asociación de Arte.

Helena suspiró profundamente y abrió la boca.

—Gracias por decir eso. Más bien, la razón por la que los invitamos a los dos hoy es por la solicitud oficial de Kaldorov.

—¿Qué quiere decir con una petición?

—En el mundo del arte de Kaldorov, quedaron muy impresionados con el éxito de la exposición lograda por la condesa.

—¿Sí?

Ante la noticia inesperada, los ojos de Inés se abrieron de par en par.

Al mismo tiempo, Helena sonrió con gracia.

—Entonces quieren invitar oficialmente a la condesa Brierton y al duque de Sussex, quienes fueron los líderes de esta exhibición de intercambio.

—¿A mí?

—Sí. Dijeron que querían escuchar la experiencia del equipo de gestión que llevó a cabo con éxito la exhibición de intercambio.

Helena se encogió de hombros y le preguntó a Inés.

—Ahora que lo pienso, la condesa Brierton nunca ha realizado una exposición individual, ¿verdad?

—Sí, eso es verdad.

Inés asintió con cara de perplejidad.

Entonces Helena le guiñó un ojo juguetonamente.

—Eso es genial, en Kaldorov, parece que quieren hacerse cargo de la primera exposición individual de la condesa.

—Ah…

«¿Cómo puedo explicar este sentimiento?»

Una emoción indescriptible rugió en su cuello.

Inés no pudo responder y sólo sus labios temblaban.

Era un sueño hecho realidad.

Era un gran honor como artista recibir tal oferta.

Incluso Ryan, quien usó a Inés como pintora de sombras en el pasado antes de su regreso, no experimentó tal experiencia.

Sin embargo.

—¿Realmente puedo ir a Kaldorov?

Ante la pregunta preocupada de Inés, Helena pareció perpleja.

—¿Qué significa eso?

—Eso…

Inés, que había estado agonizando durante un tiempo, continuó con cuidado.

Capítulo 77

—Pensé que habría una fuerte reacción de la Real Asociación de Arte.

En ese momento, la frente de Enoch estaba profundamente arrugada mientras escuchaba.

«Oh…»

Helena miró de soslayo a Enoch.

Por otro lado, Inés, que nunca había notado el mal humor de Enoch, continuó explicando en voz baja.

—Honestamente, la Real Asociación de Arte todavía piensa en mí como una monstruosidad.

—Condesa de Brierton.

—Si acepto esta propuesta, tal vez cause un gran revuelo en el mundo del arte…

Inés soltó el final de sus palabras.

Todo lo que Inés había hecho hasta ahora se ha repartido críticamente entre la gente.

El público aplaudió su movimiento, pero el mundo del arte establecido, incluida la Real Asociación de Arte, la menospreció.

No pudo evitar prestar atención ya que era obvio.

Además, Inés tenía la intención de continuar con sus actividades artísticas en el futuro, por lo que había dificultades para seguir chocando con el mundo del arte.

—Teniendo en cuenta la reacción violenta del mundo del arte, es mejor trabajar un poco más en el campo que ir a Kaldorov esta vez…

Pero entonces.

—¿Por qué debería hacer eso?

Escuchó una voz severa.

Era de Enoch.

Inés parpadeó sorprendida.

—¿Duque?

—Hay un dicho que dice que en un pueblo de un solo ojo, las personas con dos ojos son tratadas de manera anormal.

Enoch habló en un tono extrañamente firme.

—No sé por qué una persona con dos ojos debería rebajarse para igualar a una persona con un solo ojo.

—Eh, yo…

—Solo haga lo que quiera.

Enoch concluyó su discurso con determinación.

—La condesa es demasiado preciosa para dejarse influir por alguien.

Frente a Enoch, que parecía bastante enojado, Inés involuntariamente tragó su saliva seca.

«Tal vez el duque está diciendo eso porque realmente valora mi talento sin mucho sentido.»

Sin embargo,

Inés apretó el puño sobre su regazo.

«Cada vez que dice eso, me sigo emocionando.»

Mientras tanto, una sonrisa inesperada apareció en los labios de Helena mientras observaba la situación.

Fue porque notó la sutil corriente de aire que fluía entre Enoch e Inés.

«Ahora que lo pienso, cuando el duque de Sussex se enfada así... ¿No es solo cuando está relacionado con la condesa de Brierton?»

Pero parecía que las partes involucradas ni siquiera eran conscientes de lo que sentían el uno por el otro.

«¿No estaría bien presionarlos un poco?»

Con tal interés propio, Helena abrió la boca con picardía.

—Ahora que lo pienso, Lady Margaret puso mucho esfuerzo en la invitación de Kaldorov esta vez.

¿Margaret?

Había pasado tanto tiempo desde que Inés había oído hablar de su nombre.

Inés aguzó el oído.

Al mismo tiempo, Helena añadió una curiosa explicación.

—Oh, no sé si la condesa de Brierton sabe cuándo digo Margaret. Me refiero a la marquesa de Attlee.

—Si es la marquesa de Attlee…

A primera vista, Inés supo el nombre.

Era prima del actual rey Kaldorov y esposa del marqués de Attlee, una de las familias más prestigiosas de Kaldorov.

También estaba muy interesada en el arte, por lo que encontró nuevos artistas y los patrocinó.

Por un momento, Inés miró de soslayo a Enoch sin darse cuenta.

«Pues... ella es como el duque de Sussex.»

Ambos estaban relacionados con la familia real y descubrieron y apoyaron a los artistas.

Extrañamente recordaba a Enoch.

Al mismo tiempo, la sonrisa de Helena se profundizó un poco.

—Ahora que lo pienso, ha pasado mucho tiempo desde que vi a Margaret.

…Margaret.

Ante la amistosa dirección, el ceño de Inés se arrugó.

Parecía que la reina Helena conocía personalmente a Lady Margaret.

Y luego.

Helena soltó la bomba casualmente.

—Bueno, Margaret una vez estuvo involucrada con el duque de Sussex. No lo sabías, ¿verdad?

—¿Involucrada?

En ese momento, Inés se estremeció.

Era claramente una mirada de agitación.

Helena la observó sin perder detalle y continuó tranquilamente.

—Bueno, eso fue hace mucho tiempo, sin embargo. Ahora, como esposa del marqués de Attlee, tiene una profunda influencia en el mundo del arte de Kaldorov.

—Bueno ya veo. Es una dama muy talentosa.

—Incluso en esta exposición de intercambio, Margaret me envió varias cartas. Diciendo que lamenta mucho no poder asistir.

Inés mordisqueó la tierna carne en su boca.

Mientras tanto, Enoch, que no sabía nada, miró a Helena con cara de perplejidad.

—Ahora que lo pienso, pensé que el marqués de Attlee asistiría a la exhibición de intercambio, por supuesto.

—Dijo que estaba embarazada. Así que es difícil viajar una larga distancia.

Entonces Enoch sonrió.

—Oh, Andrea debe estar feliz de tener un hermano menor.

—¿Por qué no le preguntas a Andrea tú mismo cuando visites a Kaldorov esta vez?

Tanto Helena como Enoch mantuvieron conversaciones amistosas sobre el marqués.

Inés, que estaba escuchando la conversación, de alguna manera se sentía deprimida.

«Recuerdas la historia familiar del marqués de Attlee, así como sus nombres

¿Qué tan cercanos eran?

Además…

«¿Qué quieren decir con eso de involucrarse el uno al otro?»

Inés mordió su carrillo.

Ella lo sabía en su cabeza.

Enoch ya estaba un poco por encima de la edad casadera, más precisamente la edad adecuada.

Así que no era extraño si estaba involucrado con alguien.

La propia Inés, que era más joven que Enoch, ya se había casado una vez y se había divorciado.

Por supuesto, ella era muy consciente de esos hechos, pero...

«Mi corazón está tapado.»

Sintió como si alguien estuviera desgarrando las profundidades de su corazón con un pincho largo.

Justo a tiempo, Helena miró a Inés.

—De todos modos, si vas a Kaldorov esta vez, podrás conocerla.

—Oh sí. También tengo muchas ganas de ver a la marqusa.

Inés rápidamente dominó su expresión y sonrió.

Helena miró a Inés con una expresión extraña y le sonrió.

Pero esa sonrisa se sentía como si ella supiera algo.

A Inés le costaba mirar directamente a Helena sin ningún motivo.

Un atardecer en el que el sol brillaba intensamente.

Finalmente, concluyó la conversación con Helena e Inés y Enoch se levantaron.

Pero entonces.

El sirviente real, que apareció con un golpe corto, se inclinó profundamente hacia Enoch.

—Duque de Sussex, Su Majestad lo está buscando.

—¿De nuevo?

Enoch preguntó con voz curiosa.

De alguna manera, cada vez que ingresaba al palacio real, sentía que su hermano lo llamaba sin previo aviso.

—¿Por qué me está llamando esta vez?

—Yo tampoco lo sé. Sin embargo, el rey se aseguró de traer al duque y le pidió que lo hiciera.

Enoch parecía cauteloso, pero no podía ignorar la llamada de Su Majestad el Rey.

Volvió a mirar a Inés con un suspiro.

—Condesa, creo que debería regresar primero hoy.

—Ya veo.

Aunque respondió reflexivamente, Inés aún no estaba familiarizada con sus sentimientos.

¿Por qué demonios se arrepentía?

De todos modos, se dirigían juntos al lugar donde esperaba el carruaje.

Ella tenía su propio carruaje. Así que no era como si montaran juntos.

No podía creer que estaba molesta por no poder estar con él durante ese corto tiempo de viaje...

Al mismo tiempo, Enoch agregó en un tono arrepentido.

—Es una lástima que no pude volver con la condesa.

Ciertamente el duque lo dijo sin mucha intención.

Pero sintió como si él hubiera leído su mente.

—Entonces me iré ahora.

Inés se dio la vuelta como si no pasara nada.

—Hermano.

Al entrar en el salón, Enoch llamó a Edward con voz cansada.

—¿Puedes dejar de llamarme sin previo aviso?

Edward, que estaba recostado en el sofá y mirando los documentos, levantó la vista.

—Entonces, ¿habrías venido feliz si te lo hubiera dicho con anticipación?

—Bueno, eso no es cierto.

Edward entrecerró los ojos ante la descarada respuesta.

—Este chico.

—De todos modos, ¿por qué me llamaste?

Enoch, que se acercaba, se dejó caer en el sofá sin pedirle permiso a Edward.

Por lo general, Edward lo asaría, diciendo que era grosero.

Edward ahora tenía una extraña expresión seria en su rostro.

—Sabes, en la Real Asociación de Arte, hay muchas reacciones violentas contra la condesa de Brierton, ¿verdad?

Edward fue directo al grano.

Los ojos de Enoch se hundieron sombríamente.

—…Sé que la Real Asociación de Arte está tomando la iniciativa.

Capítulo 78

Inés Brierton.

No había patata tan caliente como ella en la actual sociedad de Lancaster.

Tenía una buena reputación por terminar bien la exhibición de intercambio y se estableció con éxito en el mundo social.

Como conde, su habilidad para gobernar la familia también fue bien recibida.

En particular, los gerentes profesionales que dirigían el negocio en su nombre coincidieron en que el negocio de Ryan se había vuelto mucho más fácil de llevar que cuando era el conde de Brierton.

Sin embargo, no todos quedaron satisfechos con Inés.

—No importa lo difícil que sea, pero ¿el divorcio?

—¿No podría ella tener una conversación con su cónyuge y hacer que el matrimonio funcionara?

A diferencia de las damas que apoyaron en secreto el divorcio de Inés, era más probable que los caballeros simpatizaran con la posición de Ryan.

A pesar de que era una minoría, tales opiniones salieron al punto de saber.

Además, la reputación de Inés en el mundo del arte se dividió por la mitad.

—Esta exposición de intercambio ha despertado el interés por el arte en su conjunto.

—Muchos turistas visitan la calle Hwabang y ha aumentado el número de personas que quieren comprar pinturas o esculturas.

Los artistas desconocidos que aún no habían visto la luz estaban a favor de Inés.

—Admito que la condesa de Brierton tiene excelentes habilidades, pero ¿no es eso demasiado llamativo?

—No es bueno hacer esto y aquello solo porque te va bien sola.

—Uno tiene que pensar en adaptarse a nuestro mundo del arte, ser una tormenta… Tsk.

Los artistas consagrados seguían mirando a Inés con ojo avizor.

—Entonces, quiero decir, ir a Kaldorov esta vez.

Edward inclinó la cabeza y miró a Enoch.

—¿Por qué no te quedas?

—¿Qué quieres decir?

Los ojos azules de Enoch se agudizaron rápidamente.

Edward suspiró.

—Envía sola a la condesa Brierton y quédate en Lancaster.

—¿Por qué?

—Porque eres mi único hermano. —Edward continuó en voz baja—. Ya se habla mucho de ti y de la condesa.

—Sabes bien que no me importan esas cosas.

—Pero me molesta.

Edward trazó la línea bruscamente.

Al mismo tiempo, los ojos de los hermanos se encontraron.

Enoch se mordió el labio suavemente.

«Si hubiera sido lo habitual, me habría resistido de alguna manera, pero ¿por qué estoy tan sin palabras?»

Fue porque se dio cuenta de que Edward estaba realmente preocupado por él.

Edward le respondió a Enoch en un tono bastante agudo.

—Tu reputación puede estar en juego si tú y la condesa vais juntos.

—Hermano.

—Te dije antes. Ya se habla mucho en el mundo del arte sobre la condesa de Brierton.

Edward golpeó nerviosamente el reposabrazos de su silla.

Enoch, que estaba observando la escena, se mordió el labio.

Esa fue la reacción de Edward cuando sus nervios se volvieron extremadamente agudos.

—No iba a decir esto… ¿Sabes lo que dicen? —Edward frunció el ceño y habló en voz alta—. La razón por la que la condesa de Brierton pudo participar en esta exhibición de intercambio es gracias a tu ayuda.

—¡Eso es ridículo!

—Lo sé, mi esposa no es una persona tan descuidada.

Solo después de recordar a Helena, a quien amaba profundamente y en quien confiaba firmemente como su reina, Edward pudo calmarse un poco.

—¿No sería mejor para ti renunciar esta vez, tanto para ti como para la imagen de la condesa Brierton?

Enoch apretó los dientes.

Edward tenía razón en cada nota.

Pero además de darse cuenta de lo mucho que su hermano estaba preocupado por él y lo razonable que era la propuesta de Edward.

—La condesa de Brierton es mucho más importante que mi reputación.

Enoch no tuvo más remedio que decirlo.

Rápidamente continuó.

—No me importa lo que digan los demás, protegeré a la condesa de alguna manera. Su talento no debe romperse. Es una pérdida nacional. Así que… —Enoch apretó el puño—. No voy a perder la oportunidad de estar cerca de ella. Nunca.

¿Eso fue realmente todo?

Una leve sospecha acechaba en lo más profundo de él.

Pero Enoch descartó la pregunta.

Era un asunto que podría ser considerado más adelante.

Mientras tanto, los ojos de Edward parecían adelgazarse mientras miraba a su hermano.

Enoch encontró la mirada directamente.

Hubo un largo silencio en la habitación.

—Ciertamente dijiste en el pasado que la ayudarías por su talento. —Edward habló pesadamente—. ¿Estás ayudando a la condesa simplemente por eso? ¿Estás seguro?

Cuando se le preguntó de nuevo, Enoch fue tomado por sorpresa.

La pregunta que trató de ignorar volvió a él de los labios de su hermano.

Edward preguntó de nuevo.

—Estoy preguntando si quieres ayudarla solo por su talento.

Enoch no sabía cómo responder a la pregunta.

Y en ese silencio, Edward leyó el corazón interior de Enoch.

Edward escupió.

—Yo tampoco lo creo.

Enoch, que había estado agonizando durante un tiempo, asintió con sinceridad.

—El hermano tiene razón.

—¿Qué?

—Insisto en seguir a la condesa por mi propia codicia. —Enoch enderezó la espalda y miró directamente a los ojos de Edward—. Incluso si es egoísta, no se puede evitar. Quiero ver a la condesa Brierton mostrando plenamente sus talentos con mis propios ojos.

—Enoch.

Edward permaneció en silencio, gritando el nombre de su único hermano.

La expresión de Edward era muy complicada.

Enoch masticó suavemente la carne tierna de su boca.

Aunque Enoch tenía muchos sentimientos especiales por Inés, todavía quería que ella tuviera éxito como artista.

Él creía que hacer florecer su talento era mucho más importante que sus sentimientos.

Sin embargo,

«¿Qué pasa con los sentimientos de la condesa Brierton?»

Tal pregunta se le ocurrió.

Inés ya estaba divorciada, y la exposición privada también fue bloqueada por la interrupción de la Real Asociación de Arte.

Al menos, logró encontrar una salida con la invitación de Kaldorov.

Enoch estaba orgulloso de ella, así que confiaba en que no le importaría lo que dijeran los demás.

«Pero la condesa…»

El rostro de Enoch se volvió sombrío como un cielo nublado.

Edward, que estaba observando de cerca la expresión de Enoch, suspiró largamente.

—Si eres tan terco... no puedo evitarlo. —Continuó en un tono amargo—. Le diré a Kaldorov que tú y la condesa Brierton están de visita. ¿Qué estás pensando?

Pero Enoch no escuchó lo que dijo Edward.

En cambio, estaba pensando mientras miraba a su hermano mayor con ojos complicados durante mucho tiempo, y de repente llamó a Edward.

—Hermano.

—¿Qué?

Ante la voz contundente, Enoch sonrió suavemente por primera vez.

—Sé cuánto me amas y te preocupas por mí.

—¿Qué?

Por un momento, Edward dudó de sus oídos.

Era la primera vez que Enoch, que siempre se mostraba indiferente, hablaba de sentimientos.

—Gracias. Siempre.

Ahora Edward estaba en seria agonía sobre si el sol había salido por el oeste esta mañana.

Ya fuera que estuviera sorprendido o no, Enoch simplemente se inclinó profundamente hacia Edward.

—Entonces me iré ahora.

Ese fue el fin de la conversación.

Enoch salió del salón, luciendo aliviado de haber dicho todo lo que quería.

—Oh, vaya, estoy sorprendido. No esperaba escuchar todos los agradecimientos de él…

Edward, al quedarse solo, sonrió torcidamente.

—No puedo regañarlo más.

Mientras tanto,

—Condesa Brierton.

¿Eh?

Inés, que caminaba, se detuvo en el acto ante la súbita mención de su nombre.

Un grupo de nobles caminaba a lo lejos y conversaba.

—No sé si ella sabe que su enfoque del arte es demasiado superficial.

—Así es, ¿cómo se atreve la gente común a participar en el festival y la exhibición de intercambio…?

—¿Ni siquiera dijo que en esta exposición de intercambio, los artistas de la calle y los artistas establecidos trabajarían juntos?

—¿Qué pasará con el mundo del arte de Lancaster?

—Es el fin del mundo del arte, si no el fin del mundo.

—Ella es realmente arrogante.

Inés, al escuchar los chismes descarados, entrecerró los ojos.

Capítulo 79

«Ellos son…»

Algunos de los hombres entre los nobles eran familiares.

Era la gente de la Real Asociación de Arte.

En esta vida, los vio pasar toscamente en la celebración del intercambio, pero Inés conocía muy bien sus rostros.

Antes de su regreso, cuando Ryan estaba en racha como el mejor artista del reino y escribió a la Real Asociación de Arte.

Fue porque los había encontrado con Ryan un par de veces mientras esperaban.

«¿Vinieron a la familia real a informar sobre tus logros hoy?»

La Real Asociación de Arte fue establecida por la familia real, por lo que tenían que informar periódicamente sobre sus logros a la familia real.

La propia Inés había pintado innumerables veces para hacer los logros de Ryan en su vida anterior.

Inés, que estaba pensando en ese momento, sintió que se le amargaba la boca.

«...pero no sabía que me encontraría así.»

Pensó que sería mejor pasar de largo sin tropezar con ellos tanto como fuera posible.

Además, se había confirmado la exposición individual de Kalodorov.

Por el momento, era bueno tener cuidado de no caer en chismes.

Por supuesto, Inés no se sentía bien.

Habría muchas palabras para responder si se enfrentaran cara a cara.

Pero incluso si se encuentran así aquí, la asarían de todos modos.

«En primer lugar, si discuto abiertamente con la Real Asociación de Arte, la corriente principal del mundo del arte...»

El duque de Sussex.

Pensó que lastimaría a Enoch, quien siempre confió en ella y la apoyó.

No importaba lo mal que se sentía Inés.

«Sin embargo, el duque de Sussex no debería escuchar esto y aquello por mi culpa.»

En ese juicio, Inés retrocedió con cautela, mordiéndose el labio.

Pero entonces.

—Entonces preguntaré.

Una voz aguda interrumpió su conversación.

Ante esa pregunta, los ojos de la gente de la asociación, que se habían estado quejando, se agrandaron.

La persona que habló fue…

—¿Cuál es el estándar de arrogancia que piensa la asociación?

—¿Duque de Sussex?

Era Enoch.

Con sus agudos ojos azules mirándolos fijamente, la gente sin darse cuenta tragó saliva seca.

—Bueno, eso es porque la condesa no piensa en tratar de adaptarse a nuestro mundo del arte, pero sigue tratando de salirse de la caja.

Uno de ellos trató de protestar.

La punta de los labios de Enoch se torció ante la pobre excusa.

—¿Vas a dejar que tenga la oportunidad de acostumbrarse?

—¿Qué? Qué quiere decir…

—Si hablas de fundirte con el mundo del arte de Lancaster, pero si la socavas tanto como sea posible, diciendo que la exposición de intercambio es superficial en el fondo. ¿Sentirías que vas a fundirte en ese gran mundo del arte? —preguntó Enoch con voz amarga.

—¡No, mi Señor…!

—La Real Asociación de Arte continúa rechazando la solicitud de la condesa Brierton para la certificación de exposiciones individuales.

En ese momento, los ojos de Inés se agrandaron un poco.

—¿Pensaste que no lo sabía?

«…él sabía.»

Ni siquiera mencionó la exhibición de intercambio individual porque temía que Enoch se sintiera agobiado.

Enoch inclinó la cabeza.

—Para argumentar que deberíamos mezclarnos con el mundo del arte, al menos deberíamos dejar de lado el obstáculo.

No había excusa, por lo que los nobles mantuvieron la boca cerrada como conchas.

—Además, pareces haber olvidado quién era la gestión de esta exposición de intercambio.

Una voz severa cayó.

—Su Majestad ha designado a dos personas, la condesa Brierton y yo, para el equipo directivo.

Por un momento, la sangre se escurrió de los rostros de los nobles.

Estaban tan absortos en criticar a Inés que se olvidaron por completo.

Enoch también estaba en el equipo de administración de la exhibición de intercambio, por lo que fue un insulto para Enoch que hablaran mal al respecto.

—Para su información, fui yo quien recomendó a la condesa Brierton para el puesto de dirección. —Enoch se encogió de hombros con orgullo—. Entonces, según tu lógica, yo... Oh, sí.

La sonrisa en sus labios se profundizó un poco.

Era una sonrisa fría como si estuviera hecha de hielo.

—¿Vas a discriminar porque la condesa es una mujer?

—¡Ja, de ninguna manera!

—¡Cómo nos atrevemos!

La gente abrió la boca para defenderse.

Enoch escuchó las excusas tontas con una expresión aburrida.

Él inclinó la cabeza.

—Entonces, ¿la condesa tendría su apoyo?

Era una pregunta difícil.

La gente mantuvo la boca cerrada al unísono.

Enoch continuó, rompiendo el pesado silencio.

—Pensé que un artista lo suficientemente grande como para unirse a la Real Asociación de Arte tendría un conocimiento y una personalidad considerables.

Ahora, la gente ni siquiera podía respirar correctamente y solo se miraban unos a otros.

Era muy raro que Enoch, que siempre había estado tranquilo, expresara abiertamente su disgusto.

—Pero al verte hablar así a espaldas de otra persona, siento que las expectativas que tenía para ti están siendo pisoteadas.

Enoch miró alternativamente a la gente con una mirada fría y apagada.

Y…

—Es muy decepcionante.

Enoch, que hablaba en un tono lastimoso, se volvió como estaba.

Mirando la espalda distante, la gente sintió una profunda sensación de crisis.

—No puedo hacer esto.

Uno de ellos murmuró suavemente.

—No esperaba que el duque de Sussex defendiera a la condesa de esa manera.

—Si dejamos a la condesa haciendo lo que le gusta, nuestro prestigio será completamente destruido.

—Así es. Tenemos que resolver este problema de alguna manera…

Emociones profundas revolotearon en los ojos de la gente.

Inés era una clara enemiga.

Mientras tanto, Inés estaba escondida contra la pared y perdida.

«Oh, ¿qué debo hacer?»

Ella solo quería pasar tranquilamente sin ningún conflicto con la gente de la Real Asociación de Arte.

Inesperadamente, no esperaba que Enoch se pusiera abiertamente de su lado frente a ellos.

No esperaba que él dijera que estaba decepcionado.

Su corazón latía con fuerza.

Inés levantó la mano y la apretó con fuerza contra su pecho.

No debería ser feliz.

Enoch se acercó a ella.

Previno todo tipo de calumnias ridículas contra ella.

Ignorando la resistencia de los nobles, él la apoyó.

«Deja de reírte, Inés.»

Inés se mordió bien los labios, que estaban a punto de sonreír.

Y entones…

—Condesa Brierton.

Enoch apareció frente a ella de la nada.

—¡Oh! —Sobresaltada, Inés respiró pesadamente—. ¿Oh, duque?

—¿Qué está haciendo aquí? —preguntó Enoch con curiosidad—. ¿Por qué la condesa se esconde en un lugar como este cuando no hizo nada malo?

—Bueno eso es…

Con el ceño fruncido, Enoch señaló detrás de ella con el gesto de la barbilla.

—No hay razón para que la condesa haga esto, incluso esas personas estúpidas están caminando por el Palacio Imperial a su antojo.

«No, ¿a qué te refieres con estúpido...?»

Fue un comentario franco que no era propio de Enoch.

Inés, sorprendida, miró hacia atrás para ver si había alguien allí.

Afortunadamente, la gente de la Real Asociación de Arte se había ido hace mucho tiempo.

«Es un alivio.»

Se sintió aliviada por un momento.

Inés miró a Enoch.

Cuando Enoch notó la mirada, la miró directamente.

—¿Hay algo que quiera decir?

—Ah… eso es…

Inés apretó los labios.

Después de pensar durante mucho tiempo, Inés abrió la boca con un largo suspiro.

—Pensé que debería. Lo lamento.

—¿Por qué?

—Tuvo una discusión con la Real Asociación de Arte antes.

Incapaz de superar sus disculpas, Inés bajó la mirada.

Había una leve profundidad de preocupación sobre una cara blanca como el marfil.

—…Si no fuera por mí, Su Excelencia no habría tenido que discutir así.

Pero la mirada culpable de Inés no duró mucho.

Inesperadamente, fue porque Enoch estrechó la frente y preguntó de vuelta.

—Bueno, ¿por qué cree que es por la condesa?

Ante la pregunta inesperada, Inés se quedó perpleja.

—Por supuesto, es cierto que su comportamiento de insultar a la condesa fue desagradable, pero también soy miembro del equipo de gestión de la exhibición de intercambio.

—¿Qué? Lo sé, pero…

—Entonces, significa que también necesito defenderla por mi bien.

—¿Por su bien?

—Por supuesto, esta exposición de intercambio ha sido un gran logro, como reconoce Kaldorov.

—Bueno, aun así.

No fue una exposición de intercambio planeada y realizada por la propia Inés, sino un hecho objetivo.

La exposición de intercambio no solo finalizó con éxito, sino que de ella se derivaron diversos efectos positivos.

Tanto Inés como Enoch se sintieron muy orgullosos de este evento.

—También es un insulto para mí que llamen vulgar a tal exhibición de intercambio.

Inés no tuvo tiempo de decir nada.

Enoch pronunció sus palabras con determinación.

Capítulo 80

—La Real Asociación de Arte es definitivamente una asociación que opera a nivel nacional. Los salarios que se les pagan se componen de los impuestos del pueblo, por lo que deben lograr resultados dignos.

—¿Y bien, Su Excelencia?

—No pueden emularla en una situación en la que otros artistas están promoviendo el prestigio nacional, pero están tratando de socavarla arbitrariamente porque está realizando una exposición individual en el extranjero. —Enoch parecía realmente disgustado—. ¿No son demasiado malos?

«...el duque debe haber estado extremadamente descontento con la Real Asociación de Arte.»

Pero Inés se sintió renovada por dentro.

Aunque se sentía incómoda al quejarse abiertamente ante la Real Asociación de Arte, también estaba insatisfecha.

¿Cómo debería decirlo?

Además.

«Su Excelencia ahora... me está diciendo que no me preocupe.»

Entonces, los pensamientos más íntimos en esas largas palabras fueron claramente por su bien.

«La razón por la que está tan enojado no es solo por él mismo sino también por mí.»

—Así que no se preocupe por nada y no se sienta culpable.

«¿No está tratando de tranquilizarme de alguna manera?»

El momento en que ella lo notó.

Inés de repente se sintió emocionada.

Al mismo tiempo, Enoch frunció el ceño y miró a Inés.

—¿Por qué está sonriendo así?

—Oh, ¿sonreí?

Inés alisó sus labios reflexivamente.

Antes de darse cuenta, pudo sentir sus labios dibujar un arco redondo.

—Solo pensé que usted y yo podríamos ser muy similares.

Dado que esto sucedió, Inés decidió decir lo que pensaba con honestidad.

—Para ser honesta, una vez quise ser reconocida por la gente por ser parte de la Real Asociación de Arte.

Ryan apareció en su cabeza.

Pensándolo bien, la fuente de todo el complejo de inferioridad de Inés era Ryan.

¿Fue porque hubo un momento en que Ryan tuvo el honor de unirse a esa asociación antes de su regreso?

Había una compulsión por pertenecer a la Real Asociación de Arte de alguna manera.

«Pero ahora... Ryan no me importa para nada.»

Su Majestad y la reina, la Real Asociación de Arte y el público, por delante de todos ellos.

La prioridad era ser reconocida por este hombre frente a ella.

Si tan solo este hombre la reconociera, la mirada de los demás ahora no tendría importancia.

—Pero después de escuchar sus palabras, lo entiendo.

—…Condesa.

—No importa lo que los demás piensen de mí, incluso si no tengo que unirme a la Real Asociación de Arte.

La sonrisa de Inés se profundizó.

Era una sonrisa brillante como el sol.

—Ya soy un artista.

Inés expresó su más sincero agradecimiento.

—Muchas gracias por convertir mi viejo complejo de inferioridad en nada.

Su sonrisa era impecable.

Su sonrisa era tan brillante.

«Si sigo enfrentando esa sonrisa, creo que mi corazón será atrapado temblando», pensó Enoch.

—...Si lo sabe, está bien.

Enoch dio un paso atrás, fingiendo que no pasó nada.

—Por cierto, mi Señor.

Inés miró de soslayo a Enoch, como si tuviera algo que decir.

Sus brillantes ojos verde oscuro encontraron su mirada.

—No quería que me sintiera agobiada, así que habló a propósito tanto como lo hizo hace un momento, ¿verdad?

«...No pensé que te darías cuenta de eso.»

Enoch aceleró un poco el paso en lugar de responder.

Inés lo siguió de cerca.

—¿Qué? ¿Por qué camina tan rápido? ¿Es porque di en el clavo?

—¿Qué?

A pesar de las innumerables preguntas, Enoch se mantuvo callado.

Pero el silencio mismo estaba afirmando las palabras de Inés.

Mirando a Enoch así, de alguna manera se sintió insoportablemente agradable.

—Eso es lo que dijo que era para mí, ¿no?

Inés no podía parar de reír.

Pero entonces.

—Condesa Brierton.

Deteniéndose de repente, Enoch miró a Inés.

—Sí.

—Esta invitación a Kaldorov.

Su expresión era tan seria que Inés se puso un poco nerviosa sin darse cuenta.

—¿Por qué no va sola?

—Al... ¿De repente?

Inés, que estaba tan sorprendida, tartamudeó inconscientemente.

«Tranquila, Inés.»

Inés trató de recomponerse.

Objetivamente, Enoch e Inés no tenían relación.

Trabajo en colaboración, nada más.

«Si expreso demasiado arrepentimiento aquí, puede resultar una carga para el duque.»

Con ese juicio, Inés abrió la boca con el mayor cuidado posible.

—El duque y yo fuimos invitados juntos. Pero si voy solo, ¿no sería descortés con Kaldorov?

—No importa eso, voy a proceder con un rechazo cortés con razones moderadas.

Pero Enoch era terco.

Inés no pudo superar su arrepentimiento y se mordió el labio inferior suavemente.

—…si usted lo dice.

Inés, quien respiró hondo, miró a Enoch.

—¿Puedo preguntar por qué tomaste esa decisión y por qué de repente cambió de opinión?

—Eso es…

Enoch reflexionó sobre su conversación anterior con Edward.

La razón por la que la condesa Brierton pudo jugar en esta exhibición de intercambio es gracias a tu ayuda.

¿No sería mejor para ti renunciar esta vez, por tu bien y el de la condesa Brierton?

Para ser honesto, Enoch era muy consciente de lo que le preocupaba a Edward.

Y que la preocupación tenía sentido.

Aunque, frente a Edward, tuvo el descaro de decir: "Tengo razón en ser egoísta".

«Pero… cuando vi la cara de la condesa.»

No quería ver a la condesa en problemas.

—Esta vez, hubo una reacción violenta en el mundo del arte de muchas maneras.

Enoch eligió cuidadosamente sus palabras.

—Así que me temo que acompañar a Kaldorov provocará los celos de la gente hacia la condesa.

—Ah.

Inés parpadeó con cara de sorpresa.

Entonces, el final de su voz se elevó sin saber que era alto.

—¿Va a rechazar la invitación de Kaldorov debido a los rumores?

—El logro artístico de la condesa es más importante.

—Tampoco es que no conozca esos rumores. Hace un momento, escuché a los nobles hablar a mis espaldas. —Inés negó con la cabeza y continuó rápidamente—. Pero estuvo a mi lado.

—Condesa.

—Su Excelencia me dijo que el lado equivocado no era yo, sino la Real Asociación de Arte. Y aún así dice que no vendrás conmigo… —Los ojos verde oscuro brillaron con resolución—. ¿No es como ceder a su lógica?

Ante las palabras, Enoch tenía una cara rara que fue tomada con la guardia baja.

Inés respiró hondo.

Ahora que dijo esto, Inés también necesitaba estar preparada.

—Pero está bien, haré lo que desee…

Inés se armó de valor y miró a Enoch.

—¿Su Excelencia estará en muchos problemas?

Enoch encontró la mirada de Inés con una expresión misteriosa.

«Oh no, si estoy pidiendo demasiado...»

Inés se impacientó.

Al mismo tiempo, Enoch sonrió.

—No.

—¿Duque?

—Para ser honesto, creo que esperaba que la condesa dijera eso.

Hace un momento, parecía preocupado.

Enoch ahora tenía una cara extrañamente refrescante.

—Fui un cobarde. Tomé la decisión sin consultarla.

—No diga eso. —Inés negó con la cabeza con firmeza—. Más bien, estoy agradecida de que me haya pedido mi opinión primero.

Ella lo dijo en serio.

Hasta ahora, Inés había estado rodeada de gente que forzaba su opinión.

Así que Enoch era muy especial para ella.

La primera persona en tratarla en igualdad de condiciones, y en escucharla.

—Así que cuando tenga tales preocupaciones en el futuro, por favor dígamelo.

Inés sonrió brillantemente y se encogió de hombros.

—¿Por casualidad lo sabe? Si unimos nuestras cabezas, podríamos tener una mejor solución.

Enoch, que había estado mirando a Inés en silencio durante mucho tiempo, asintió lentamente.

—Sí, lo haré.

Era una voz claramente más ligera.

Athena: Me gusta mucho que hablen las cosas y se resuelvan posibles malentendidos. Es una relación muy sana la que están construyendo. Pero… Agh, va a ser muuuuuuuuuuuuuuuuuy lento. Auguro que él no dirá nada de sus sentimientos hasta que ella no sea reconocida por todos como artista. Él no va a querer que piensen que lo consigue todo por estar cerca de él. Es genial, pero el salseo romántico se estanca.

Capítulo 81

Helena entró en el salón.

Edward estaba mirando un punto por encima de la ventana.

—¿Fue bien tu conversación con el duque de Sussex?

Sonó una pregunta tranquila.

Edward miró hacia atrás.

Helena caminó con gracia a su lado.

A través de la ventana, pudo ver los carruajes con los emblemas de la condesa Brierton y el duque de Sussex que se alejaban.

Edward murmuró con voz amarga.

—¿Cuando la condesa de Brierton está involucrada?

Helena miró a su marido.

No podía entender lo que Edward estaba sintiendo en ese momento.

Parecía un poco insatisfecho, orgulloso, satisfecho y triste.

—Parece que tu hijo te está dejando.

Helena sonrió en silencio por dentro.

—¿Qué harías si los dos tuvieran buenos sentimientos el uno por el otro? ¿Vas a estar en desacuerdo?

—No, realmente no lo sé. Solo me preocupaba que Enoch pudiera lastimarse debido a su curiosidad apresurada. —Edward continuó, encogiéndose de hombros—. Por supuesto, Enoch ya es un adulto, y no tengo derecho a interferir con sus elecciones, pero...

Pero por decir eso, la voz de Edward tenía una nota de anhelo.

—Mmm.

Helena, que miraba a su marido como si lo estuviera observando, pronto cerró los ojos y sonrió.

—Te ves bastante molesto por decir eso, ¿no?

—Es solo... —Edward, que arrastraba las palabras al final de su discurso, arrugó las cejas—. Mi único y querido hermano menor crece y conoce a una mujer, así que si digo que no me siento emocional, sería una mentira.

—Estás molesto.

—Por supuesto, como dijiste. Siento que estoy renunciando a mi hijo que fue criado en mis brazos.

Después de algunas quejas, Edward continuó en un tono más bien suave.

—...pero puede que necesite a la condesa Brierton.

—Oh, ¿lo crees así?

—¿Honestamente? Siempre parecía que no estaba interesado en el mundo.

La voz gruñona estaba llena de un afecto indescriptible por su hermano menor.

—Ahora puede expresar su enojo, molestia e incluso sonreír.

Helena apoyó la cabeza en el hombro de su marido en lugar de responder.

Había visto el rostro de Edward con Enoch muchas veces antes de que él accediera al trono como príncipe heredero.

¿Qué sentía Edward por su hermano?

Afecto fraternal, culpa y perdón.

—…Enoch siempre me trató como si nada.

Edward suspiró y abrió la boca.

Sabía que Enoch era considerado con Edward a su manera.

Sin embargo, la actitud tranquila de Edward estaba en su mente.

¿Hubiera sido mejor si se hubiera quejado o enojado porque lo había estado pasando tan mal por culpa de su hermano?

Pero entonces.

—Como dijiste, me alegro de que el duque se viera bastante feliz a diferencia de antes.

Helena asintió y afirmó las palabras de Edward.

Edward miró a Helena.

—¿A ti también te parece así?

—Sí, así que no te preocupes demasiado.

Helena le dirigió una mirada desagradable.

—Siempre eres tan serio.

—¿Es eso así?

—Por supuesto. Tal vez el duque se sentiría agobiado por tu miedo.

La crítica mordaz hizo que Edward se viera bastante incómodo.

—Como dijiste, el duque ya es un adulto.

—Helena.

—Si el duque eligió algo, y si estaba seguro de que la elección fue correcta. Solo tenemos que confiar en él y apoyarlo.

Por un momento, Edward pareció tomado por sorpresa.

Helena continuó en silencio.

—Sé que te sientes en deuda con el duque por su infancia. Pero no puedes vivir para siempre atado a tu infancia, ¿verdad?

—…Sí.

—Sobre todo, el duque no querría que hicieras eso. —Helena lo logró de nuevo—. Así que deja de preocuparte como un niño en el agua, ¿de acuerdo?

Edward, que había estado escuchando durante mucho tiempo, asintió en silencio.

—Sí, lo haré.

—Está bien.

Helena sonrió como para animarse.

Edward frunció el ceño.

—Oh, siento que los hombres de mi familia están siendo dirigidos por mujeres.

Enoch, que ni siquiera había tenido una relación, y mucho menos casado, ya daba señales de haber sido atrapado por la condesa...

«Bueno, estoy casado, sin embargo. Estoy mejor.»

Con esa autojustificación, Edward sonrió a su esposa.

En las últimas horas de la noche.

Charlotte se paró frente a la mansión del vizconde Gott con el rostro en blanco.

—…Ryan.

El aire frío dispersó la voz baja.

Ahora Charlotte se estaba volviendo cada vez más aislada.

El dinero que había recibido como amante de Ryan se había ido hacía mucho tiempo.

La vida solo empeoraba y no había señales de mejora.

No pudo evitar ir a la mansión de Gott para volver a ver a Ryan, pero el resultado fue simplemente desastroso.

—¡No, mi familia también está en un estado de confusión!

La madre del vizconde Gott, que la perseguía, levantó la voz a Charlotte.

—¿Estás loca por pedir dinero? ¡No tienes sentido de la vergüenza!

—Por favor, Ryan definitivamente intentará apoyarme.

Charlotte se aferró desesperadamente a la anciana vizcondesa Gott.

—Déjame ver a Ryan solo una vez. Si haces eso, me retiraré en silencio…

—¡Indignante!

Un grito agudo golpeó a Charlotte como un látigo.

—¿No sucedió esto por ti en primer lugar?

—¡Vizcondesa!

—¿Por qué estás golpeando a mi precioso hijo de esta manera?

La vizcondesa miró a Charlotte, asqueada, como si estuviera viendo algo sucio y repulsivo.

—¡Si no fuera por ti, mis hijos no habrían tenido que sufrir así!

—Ja, pero Ryan me amaba. ¡Ryan es...!

—¿Qué? ¿Amar? —La vizcondesa resopló—. Escuchémoslo. Estás diciendo todo tipo de cosas. ¡Mi hijo te odia, ni siquiera piensa en verte!

«¿Qué?»

Charlotte se congeló en el acto.

La señora continuó, torciendo los labios.

—¡Soy la madre de Ryan! ¿No crees que lo conozco?

—¡Bueno, todavía…!

—Así que deberías dejar de tratar de llegar a él y deja de molestarnos. ¿Entendido?

La vizcondesa Gott, que advirtió con los ojos bien abiertos, se dio la vuelta y entró en la casa.

—¡Qué persona tan desafortunada!

Al final del grito.

La puerta estaba cerrada.

Charlotte tropezó en el acto porque todo su cuerpo estaba drenado.

—Oh, no.

De hecho, Charlotte lo sabía.

Así que a la defensiva, antes de acampar frente a la mansión del vizconde Gott.

Ella había estado siguiendo a Ryan todo el tiempo para verlo.

—¿Por qué no me contactaste estos días?

Charlotte, que se aferraba desesperadamente a Ryan, se detuvo.

Ryan, que siempre sonreía cuando la miraba, parecía tan frío.

Su voz tembló automáticamente.

—Bueno, ¿realmente estás tratando de abandonarme así? ¿Eh?

En respuesta a la desesperada Charlotte, Ryan respondió en tono de molestia.

—Oh, detente.

—¡Ryan!

También había un límite para pretender ser amigable para tratar de restaurar la relación con Ryan de alguna manera.

El rostro de Charlotte se endureció con desesperación.

Ryan continuó, sacudiendo la cabeza.

—¿Estábamos siquiera cerca el uno del otro?

—¡Ryan, cómo pudiste decirme eso…!

—No importa, nunca nos volvamos a ver.

Ryan, que saltó de su asiento, miró a Charlotte con frialdad.

—Porque solo pensar en cómo recuperar a Inés me está matando.

—¿Inés? ¿Importa ahora Inés? ¡Nuestra relación es…!

—Charlotte.

Charlotte, que estaba levantando la voz como un ataque, estaba horrorizada.

Fue porque Ryan la miró con una expresión feroz.

Apretó el puño con fuerza, parecía que iba a darle una bofetada de inmediato.

—Lo digo en serio, ¿no lo entiendes?

Ryan escupió cada palabra.

—Ya no quiero verte más.

Al final de la oración, Ryan se fue.

Capítulo 82

Charlotte miró la espalda de Ryan que desaparecía con una cara atónita.

«Incluso Ryan... No sabía que me abandonarías.»

Todos se fueron para encontrar su propio camino.

Antes de darse cuenta, Charlotte se quedó sola.

«Sin Ryan, realmente no me queda nada.»

Su sueño de casarse con una familia conocida era también su ambición de convertirse en una dama que controlara la sociedad.

Todo desapareció como una burbuja.

En un arrebato de vergüenza, Charlotte se mordió el labio lo suficientemente fuerte como para sangrar.

Y se preguntaba si podría encontrarse con Ryan al menos una vez para convencerlo.

Sabiendo que no podía casarse con nadie si no se aferraba a Ryan.

Miró alrededor de la mansión con impotencia.

—Está bien.

Era hora de abrazar la realidad.

Charlotte se volvió y comenzó a caminar por las calles oscuras cojeando.

Ahora que ni siquiera tenía dinero para viajar en un carruaje, tuvo que caminar a pie para volver a su casa.

Mientras tanto, Charlotte llevaba zapatos elegantes.

Zapatos que no eran muy adecuados para largas caminatas, solo usados en fiestas.

—…Duele.

Charlotte jadeó en silencio.

Los zapatos que usaba eran el último orgullo que no podía dejar como dama aristocrática.

Los plebeyos solían usar zapatos suaves para moverse cómodamente, pero Charlotte, que iba a todo tipo de fiestas, nunca se había quitado los zapatos elegantes.

—Ugh.

Charlotte se miró los pies con ojos llorosos.

Fue porque los zapatos estaban muy apretados.

Los talones estaban cubiertos de sangre.

Sin embargo, Charlotte obstinadamente no se quitó los zapatos.

El lugar al que llegó después de una larga caminata después de arrastrar los pies fue...

Bajo la tenue luz de la lámpara de gas, un lugar destartalado crujía débilmente.

Apareció una mansión vieja y destartalada.

Una mansión que ni siquiera era comparable con la antigua casa de Brierton o la casa de los Gott.

Pensiones baratas donde los aristócratas pobres del campo se alojan durante la temporada social.

Allí vivía Charlotte.

La creciente sensación de inferioridad le apretó la garganta, por lo que Charlotte respiró hondo.

«…Ni siquiera puse mi pie en un lugar como este en algún momento.»

Después de que se descubriera su romance con Ryan.

Inés cortó todos los gastos que le había proporcionado a Charlotte a nombre de un amigo cercano.

Por lo tanto, fue esta pensión a la que se mudó con urgencia.

Pero Charlotte siempre se había mezclado con Ryan y dormido en las habitaciones más lujosas, se había endulzado y bebido, y había disfrutado de todo tipo de placeres.

Por supuesto, era difícil ver una mansión tan destartalada, incluso alquilando una de una habitación.

—Lo odio.

Charlotte cerró los ojos con fuerza.

Mientras subía las escaleras cojeando, vio una pila de correo frente a la puerta vieja.

Entre ellos, había un sobre excepcionalmente notable.

—¿Es esto…?

Charlotte lo tomó con el ceño fruncido.

Cuando rasgó el sobre con un gesto seco, notó una letra familiar.

La madre de Charlotte era la baronesa Jason.

Estaba tan avergonzada de leer la carta, y las letras que llenaban el papel eran como una lombriz arrastrándose.

Incluso quedaron manchas de tinta en las letras, ya que la pluma estaba goteando.

[Esta vez me contactó la condesa de Brierton.

Dios, es una historia tan horrible y escandalosa que todavía me tiemblan las manos.

¿Qué diablos has hecho?

Con el esposo de Lady Inés… Escuché que tuviste una aventura con él.

¿Hablas en serio? Por favor, dime que no, ¿eh?]

Lady Inés.

Charlotte apretó el papel de carta con fuerza en la mano ante la palabra.

Las esquinas del papel de carta se arrugaron gravemente.

Siempre había sido así.

Charlotte era Charlotte, pero Inés era Lady Inés.

Desde que se conocieron y se hicieron amigas.

[Pudiste subir a Langdon en primer lugar gracias al favor de la condesa de Brierton, ¿no es así?

Si no fuera por Lady Inés, ¿hubieras debutado en Langdon?

No tienes gracia, nunca te he enseñado eso.

No sé de dónde salió algo como tú.

¡Si supiera que esto sucedería, te casaría rápidamente!

No sé qué riqueza y gloria te envié a Langdon.

Tu padre se derrumbó por el shock.

Estoy demasiado avergonzada para mirar a alguien.

Por favor, despierta y discúlpate con Lady Inés de alguna manera.

¡Y vuelve a casa ahora!]

Después de un largo lamento y reprensión, la carta terminó.

Charlotte, que había estado mirando la carta durante mucho tiempo, agarró el sobre y entró en la habitación.

Rompió la carta y la tiró a la basura.

«No me hagas reír. ¿Crees que me arrastrarán a la casa de Jason?»

Sus ojos estaban llenos de veneno.

«¡Como llegué aquí…!»

Aunque fue gracias a Inés que Charlotte pudo entrar en la sociedad de Langdon.

La razón por la cual la chica noble del campo se convirtió en la favorita de la sociedad fue porque Charlotte se esforzó mucho.

«No puedo volver a ser una chica de campo. ¡Nunca!»

Un largo recuerdo pesaba una vez más sobre Charlotte.

La baronesa Jason era simplemente una típica aristócrata rural.

Un pequeño aristócrata que no tenía posesión ni siquiera de la tierra y tenía que inclinarse ante los ricos plebeyos.

Aun así, Charlotte era la chica más bonita del barrio, y había un sutil orgullo en el hecho.

Sin embargo, el orgullo se hizo añicos en el momento en que conoció a Inés.

Un sombrero de ala ancha decorado con flores hechas de seda costosa.

El dobladillo de un vestido que ondeaba abundantemente sobre los tobillos con un generoso corte de tela.

Zapatos de punta redonda con esmalte brillante.

Incluso cabello castaño oscuro brillante que había sido recortado cuidadosamente.

Charlotte nunca antes había visto a alguien vestido tan deslumbrante.

Una niña que parecía una princesa en un cuento de hadas saludó amablemente a Charlotte.

Encantada de conocerte, mi nombre es Inés Brierton.

Los ojos verde oscuro que se asemejaban al verde fresco del verano se inclinaron suavemente.

Seamos amigas de ahora en adelante.

Charlotte, mirando inexpresivamente a Inés, miró reflexivamente su ropa andrajosa.

Intentó cuidarla lo mejor que pudo, pero llevaba un vestido viejo que le llegaba hasta los tobillos.

Zapatos con suela desgastada.

El sombrero heredado de su madre ondeaba al viento.

De pie junto a Inés, que era tan bonita como una muñeca de porcelana fina, Charlotte era solo una niña montañesa.

La figura contrastante estaba claramente atrapada en su mente.

Fue ese momento.

La primera vez que Charlotte aprendió el sentimiento de inferioridad.

Los Brierton habían bajado al campo para pasar sus vacaciones de verano en familia.

Inés, que no tenía amigos de su edad, rápidamente se acercó a Charlotte.

Después de eso, incluso después de que Inés volviera a Langdon.

Charlotte e Inés continuaron escribiendo cartas y, mientras tanto, los padres de Inés fallecieron.

Y Charlotte.

«Finalmente tengo una oportunidad.»

Charlotte consoló a Inés, que se quedó sola, con un secreto sentimiento de inferioridad en lo más profundo de su corazón.

Inés estaba profundamente agradecida con esa amiga y gradualmente se volvió dependiente.

Después de ganarse el corazón de Inés, Charlotte le susurró en secreto a Inés lo que quería.

«Quiero ser educada por un buen maestro como otras damas.»

Tan pronto como envió la carta, Inés reclutó a maestros famosos en Langdon para enseñar a Charlotte.

«Es mi sueño debutar en la sociedad de Langdon. Siempre he querido tener una familia armoniosa con un buen esposo.»

Era más fácil controlar a Inés que retorcerle la muñeca a un niño.

Así que cuando finalmente subió a Langdon.

—Ryan"

Charlotte se dio cuenta en el momento en que se topó con él.

Si iba a obtener una victoria completa sobre Inés, debía llevarse al amado Ryan de Inés.

Entonces Charlotte lo hizo.

Justo a tiempo, escuchó un grueso paquete de papel caer sobre la puerta.

El periódico de la mañana fue entregado.

Charlotte miró hacia la puerta con el rostro blanco.

—Hoy... ¿tendrá novedades de Inés?

Recientemente, Charlotte estaba recopilando obsesivamente las noticias de Inés en periódicos y revistas.

Cada vez que veía la historia de Inés en rollo, la envidiaba y le dolía el orgullo y sentía que se había vuelto loca.

Sin embargo, no podía dejar de prestar atención a las noticias.

Era como si estuviera estimulando continuamente la herida que no había cicatrizado.

Aunque sabía que no tenía que tocarlo para curar la herida, siguió adelante.

Charlotte, que caminaba frente a la puerta, se agachó y recogió un grueso fajo de periódicos.

Elton.

Cuando pasó la página con un toque seco, la sección cultural apareció a la vista.

Y…

—Ah…

Charlotte torció la punta de sus labios.

Era natural ahora que todos los medios de comunicación tenían artículos sobre Inés.

La primera página ya hablaba de Inés….

«Eso es demasiado para mí.»

Todo el mundo parecía estar burlándose de Charlotte.

Charlotte apretó los dientes y fijó los ojos en el periódico.

Athena: La inteligencia la persigue, pero ella es más rápida. Es que de verdad. Cómo puede ser tan corta de mente, no ver sus errores y ver qué ha hecho mal. Es que hay que ser mala persona y gilipollas al mismo tiempo.

Capítulo 83

¡La condesa de Brierton está invitada a Kaldorov!

Había una explicación detallada debajo de los titulares.

[La noticia es que la condesa Brierton, que recientemente completó con éxito la exhibición de intercambio, irá a Kaldorov.

Kaldorov, que apreciaba los logros artísticos de la condesa, envió una solicitud formal y dijo que querían hacerse cargo de la exposición individual de la condesa.

La invitación fue hecha por el marqués de Attlee, una familia prestigiosa en Kaldorov, y la familia real de Kalodorov da la bienvenida oficialmente…]

Los ojos de Charlotte se hundieron en frío.

Inés estaba sonriendo alegremente en el periódico.

Al igual que la joven cuando Charlotte conoció a Inés por primera vez, fue realmente brillante.

Todos los traseros sucios y las emociones del mundo, incluso ese desesperado complejo de inferioridad que mordía todo el cuerpo de Charlotte.

Uno no tenía idea.

Con una apariencia noble solo en su rostro, como si se estuviera riendo de Charlotte…

—No puedo ser la única que se revuelca en el barro de esta manera.

Una voz mezclada con hierro salió.

—Soy la única que está sufriendo... ¿Crees que voy a estar en un estado terrible? Eres la única que brilla en el centro de atención.

Ryan, quien la abandonó implacablemente, diciendo que se aferraría a Inés.

—¿No es justo hacer un lío de todos?

Charlotte se dijo a sí misma, con los ojos brillantes.

—Lo sé.

El periódico apretado en su mano estaba arrugado.

—…Verás.

Un susurro lleno de malicia se hundió en el cuarto oscuro.

Unos días más tarde.

Inés estaba parada frente a un carruaje a Kaldorov, recibiendo la despedida de Mary.

—La Dama tiene un estómago débil, así que tenga cuidado con la comida y el agua fría. Tengo un medicamento para el mareo en la bolsa, así que no olvide tomarlo. Y también…

—Está bien, Mary.

Mary parecía mucho más nerviosa que Inés.

Inés, que no podía escuchar las preocupaciones fluyendo una tras otra, abrió la boca con dulzura.

—No me voy a morir, está bien.

Entonces Mary abrió mucho los ojos.

—¿Qué está bien? Cuando era joven, siempre le dolía el estómago cuando cambiaba el agua. Estoy realmente preocupada por usted…

Mary, que había estado hablando de muchas cosas, comenzó a llorar.

—Bueno. Asegúrese de tomar medicamentos para el mareo por movimiento y tenga cuidado con el agua fría y la comida.

—Sí.

Inés, sorprendida, respondió apresuradamente.

Mary continuó, sollozando.

—Realmente, si pudiera, iría con usted…

—Está bien, Kaldorov dijo que me cuidarían bien.

—Mi señora siempre bebe té caliente todas las mañanas. ¿Quién se encargará del té por usted, ya que estará fuera de Lancaster durante un mes?

Mary lloró y preguntó.

—No, no tienes que preocuparte tanto solo por el té caliente.

Inés tragó saliva la emoción que le llegaba hasta el final de la garganta.

Después de unos momentos.

Mary se secó los ojos y sonrió brillantemente.

—Pero yo estoy contenta.

—¿Qué?

—Finalmente ha sido reconocida.

E Inés notó fácilmente el significado oculto entre las líneas de las palabras de Mary.

El hecho de que Inés fuera reconocida.

Significaba que se escapó de las garras de Ryan y recuperó su vida.

Había una sonrisa lenta en el rostro de Inés.

Era una sonrisa tan brillante como la de Mary.

—Cuídese y regrese sana y salva.

Mary, que se estaba despidiendo, se sobresaltó.

Fue porque Inés estiró los brazos y abrazó fuertemente a Mary.

—Sí, volveré, Mary.

—Cuide su salud y diviértase, ¿de acuerdo?

Un toque amistoso palmeó a Inés en la espalda.

Una joven que perdió a sus padres y fue empujada como una pelota.

La frágil mujer, que ni siquiera podía respirar adecuadamente bajo la sombra de Ryan, se sacudió la sombra de su exmarido antes de darse cuenta.

El hecho de que ella pudiera sonreír con una cara tan clara...

Podía ser algo grosero tener este pensamiento sobre su amo.

Sin embargo.

—Estoy tan orgullosa de ti.

«¿Es así como se siente mirar a una hija que ha crecido y es independiente?»

Mary sintió que su corazón latía rápidamente.

Así se despidió de los empleados de la mansión.

Por fin Inés subió al carruaje.

Enoch, que estaba esperando en el carruaje, habló con Inés.

—Mary se preocupa mucho por la condesa.

—Sí, Mary ha estado a mi lado desde que era joven.

Inés abrió la boca sin darse cuenta, saludando suavemente a Mary fuera de la ventana.

—No sabía mucho al respecto antes, pero creo que hay mucha gente buena a mi alrededor.

—¿Buena gente?

—Sí, incluido el duque.

Con esa palabra inesperada, Enoch se quedó sin palabras.

Inés no lo sabía.

Cómo temblaba Enoch con cada pequeña cosa que hacía, cada palabra ligera que decía.

—…Vamos ahora.

—¡Sí!

Ignorante del complicado corazón de Enoch, Inés estaba alegre.

El carruaje corrió rápidamente.

Después de un largo viaje, Inés y Enoch finalmente llegaron a Kaldorov.

—Vaya, es asombroso.

Inés miró por la ventana con los ojos brillantes.

—Ciertamente se ve diferente de Lancaster.

El paisaje exótico único de Kaldorov perturbó la visión de Inés.

Los árboles en la calle eran principalmente árboles con hojas grandes, y el viento que tocaba su rostro también era cálido.

Enoch, que estaba mirando por la ventana del carruaje, respondió a la ligera.

—Kaldorov se encuentra en el sur de Lancaster. El clima también es templado porque está conectado con el mar. —Él continuó—. Ahora que lo pienso, Kaldorov tiene un buen plato de mariscos. También hay algunas tiendas famosas en Calips, el camino real.

En ese momento, Inés se encogió de hombros.

«¿Cómo es que el duque de Sussex sabe tanta información?»

Como si hubiera estado aquí una vez antes…

Al mismo tiempo, Enoch agregó como si hubiera leído en la mente de Inés.

—Es hace mucho tiempo, pero he probado platos de langosta. Fue bastante impresionante.

Inés frunció el ceño sin darse cuenta.

«Inés, despierta. ¿Qué te importa si el duque viene o no a Kaldorov?»

Intentó calmarse, pero todo fue inútil.

Cuando recobró el sentido, ya le había hecho una pregunta a Enoch con voz sospechosa.

—¿Había estado alguna vez en Kaldorov antes?

Al mismo tiempo, Inés, que recobró el sentido, se mordió suavemente la punta de la lengua.

Enoch, que no se dio cuenta de nada, solo asintió con la cabeza.

—Vine aquí cuando tenía veinte años. En ese momento, visité a Su Majestad.

Los ojos verde oscuro se entrecerraron con sospecha.

«No me digas, ¿estabas de visita para una boda con el marqués de Attlee?»

Mientras tanto, Enoch inclinó la cabeza y le hizo una pregunta a Inés, como si sintiera la mirada implorante.

—¿Por qué me mira así? ¿Tengo algo en la cara?

—No, no es así…

Inés tragó su saliva seca.

Su razón fue dar una fuerte advertencia, diciendo: "No hagas nada inútil".

—¿También conoció a la marquesa de Attlee en ese momento?

Lamentablemente, la curiosidad prevaleció.

Enoch no pudo ocultar su expresión de perplejidad ante el tema inesperado.

—¿Por qué de repente pregunta por la marquesa de Attlee?

—Solo... tengo curiosidad. —Inés respondió a toda prisa—. La persona que nos invitó esta vez también es la marquesa de Attlee, y ella…

«Oh, no sé.»

Inés, que miró a Enoch, cerró los ojos con fuerza y continuó.

—Parece estar bastante familiarizada con el duque, sin mencionar a la reina.

—¿Oh?

—Sí. Incluso conocía el nombre de la marquesa Attlee, ¿verdad?

—¿Se refiere a Andrea?

Andrea.

En la dirección amistosa, Inés sintió que se le retorcían las entrañas sin motivo alguno.

—Ahora que lo pienso, esa fue la primera vez que conocí a Andrea. Sólo supe de ella por cartas.

—Cartas…

—Sí, y para responder a la pregunta de la condesa…

Enoch se apoyó en una silla de carruaje blanda y se encogió de hombros.

—He estado en Kaldorov y he visto a la marquesa.

—¿Ambos estaban solteros en ese momento?

—Sí.

La mente de Inés estaba complicada mientras que Enoch estaba indiferente.

Mirando esa cara, ella seguía sintiéndose deprimida.

—Ya veo.

Inconscientemente, salió una respuesta amarga.

Inés volvió la cabeza con tristeza.

Enoch volvió a preguntar a Inés con cara de perplejidad.

—¿Pero por qué pregunta eso?

—Nada.

«...No es una apariencia de nada.»

No podía entender por qué Inés de repente se sintió deprimida.

Enoch se quedó atónito como si se hubiera enfrentado a un misterio sin respuesta.

Capítulo 84

Después, el lado de Kaldorov sirvió muy bien a Inés y Enoch.

En particular, hubo muchas personas que mostraron curiosidad antes de la exhibición de intercambio y no escatimaron esfuerzos para hablar con los dos.

«¿La exposición de intercambio debe haber sido más popular de lo que pensaba...?»

Inés pensó eso sin darse cuenta.

De hecho, en Lancaster, debido al cheque de la Real Asociación de Arte, hubo mucha gente que descontó la exposición de intercambio de una forma u otra.

Pero Kaldorov era diferente.

Debido al flujo constante de invitaciones de todos lados, era difícil volver en sí.

Con la sensación de crisis de que le faltarán diez cuerpos para todas estas invitaciones.

Inés obtuvo un pequeño período de gracia al declarar: "Responderé a la invitación después de terminar la exposición individual".

Estaba ocupada preparando la exposición individual.

Kaldorov también ayudó varias veces, especialmente el rey Calypse. Dejó que Inés tuviera la sala de exposiciones más famosa.

«Quizás hubiera sido difícil cumplir con el horario si el duque no me hubiera ayudado tanto material como mentalmente...»

Fue una suerte que pudiera recuperar las pinturas que se habían publicado con el nombre de Ryan.

De lo contrario, no habría podido poner sus obras en la exposición individual.

Después de toda esa preparación, el tiempo pasó volando.

Era el día de la exposición individual.

—Guau.

Inés se miró en el espejo.

Allí estaba sentada una dama que mostraba su elegante belleza como un esbelto abedul.

«Bueno, no está mal.»

Inés se elogió a sí misma, recordando cuántas personas la habían ayudado a vestirse.

Su cabello castaño estaba finamente rizado.

Los esfuerzos desesperados de la maquilladora cubrieron la sombra debajo de sus ojos, y sus pálidas mejillas estaban animadas con polvo rojo.

En el clima cálido, usó un vestido hecho de finas capas de tela, que recientemente siguió la tendencia de Kaldorov.

Telas finas como las aletas de la cola de los peces tropicales se superponían para crear un color misterioso.

—¿Qué opina? ¿Le gusta?

La maquilladora, que le estaba dando palmaditas en la cara por última vez, hizo la pregunta con cuidado.

—Gracias. Me encanta.

Inés sonrió como si estuviera aliviada.

—Gracias a la condesa pude asistir a la exposición sin problemas.

—Gracias por decir eso.

Solo entonces la maquilladora pareció aliviada y sonrió brillantemente.

Inés volvió a escrutarse en el espejo.

En particular, le gustaba que la fatiga que la acompañaba desapareciera cuando abría los ojos.

Se preparó para una exposición individual casi toda la noche durante unos días, y hoy durmió mucho.

Pero el presentador de la exposición individual no debe mostrar cansancio.

«Aunque solo dormí cinco horas. Tal vez pueda descansar un poco después de hoy.»

Inés, que miraba de soslayo el reloj, se levantó.

Era hora de partir hacia la sala de exposiciones.

Mientras bajaba las escaleras, vio a Enoch esperándola en el vestíbulo del hotel.

El rostro de Inés, que había estado mostrando signos de fatiga todo el tiempo, estaba vivo por primera vez.

¡El duque de Sussex!

Enoch levantó la vista ante su llamada.

—¿Eh?

Obviamente estaba contento al principio, pero de repente puso una mala cara.

Luego acortó la distancia con Inés de una vez.

«¿Qué, qué? ¿Hice algo mal?»

Inés estaba un poco nerviosa sin darse cuenta.

Enoch, que se acercaba, tenía una expresión preocupada.

—Parece cansada, ¿está bien? ¿Durmió bien anoche?

Ah.

Inés parpadeó desconcertada.

—¿Me veo tan cansada? Lo cubrí con maquillaje tanto como pude...

—Condesa… —Enoch continuó con una voz llena de preocupación—. Estoy preocupado por usted.

«¡Es trampa si de repente lo dices así!»

Inés sintió que su rostro se sonrojaba.

Sabía que él no estaba destinado a sacudir su mente, pero era aún más problemático en el sentido de que no había intención.

¡Cada acción y discurso como ese fue muy dañino para la salud del corazón de Inés!

—Bueno, no diría que estoy completamente bien, pero... pero no es suficiente para forzar el horario de hoy.

De alguna manera, en un estado de ánimo cosquilloso, respondió Inés, mirando a Enoch.

Entonces Enoch de repente puso algo en la mano de Inés.

—Tómelo.

—¿Es esto…?

Cuando abrió la mano, había un chocolate del tamaño de un bocado en su palma.

—Supongo que la condesa también se ha saltado comidas hoy.

Enoch miró a Inés con una mirada severa.

—¿Bien?

El silencio fue la respuesta.

Había mirado la lista de VIP asistentes a la exposición individual hasta el amanecer del día anterior, y se quedó dormida viendo salir el sol de la mañana.

Después de eso, se despertó a toda prisa por la tarde y estaba ocupada preparándose para asistir a la fiesta, por lo que no podía permitirse el lujo de comer.

—…No puedo decir que no.

Reflexionando nuevamente sobre su estilo de vida poco saludable, Inés quitó el chocolate y se lo puso en la boca.

Al mismo tiempo abrió mucho los ojos.

—Oh, es delicioso.

Se sintió un poco energizada porque era dulce.

Enoch sonrió con los ojos entrecerrados.

—Me alegro de que le guste. ¿Nos vamos?

Inés, que había estado pelando chocolate como una ardilla, rápidamente se paró junto a Enoch.

Enoch sonrió amargamente sin darse cuenta.

«Incluso si mi hermano se burla de mí porque mis ojos están cubiertos de frijoles, no puedo hacerlo.»

La Inés frente a él era tan encantadora.

Su sola presencia hace que su boca sea tan dulce como un caramelo.

La exposición individual invitó a los VIP a realizar un cóctel ligero como celebración antes de mostrar la exposición directamente al público.

Así que Inés llegó a la sala de exposiciones una hora antes para revisar los últimos detalles.

Simplemente moviéndose afanosamente con Enoch, mirando las exhibiciones y asegurándose de que hubiera muchos refrescos y bebidas.

El tiempo voló como una flecha.

«Realmente, no habría sido capaz de manejar todo esto si no fuera por usted, Su Excelencia...»

Inés suspiró aliviada.

Sonó una voz tranquila.

—Faltan exactamente diez minutos para las siete.

La exposición individual se realizó a las siete de la mañana.

Enoch, que estaba mirando el reloj de pulsera y midiendo el tiempo, le hizo una pregunta a Inés.

—¿Está nerviosa?

—Por supuesto. Es mi primera competencia de exhibición individual, ¿cómo no estar nerviosa? —Inés negó con la cabeza—. Mi corazón late tan rápido que tengo ganas de vomitar.

—¿Es tanto?

Enoch miró a Inés con una mirada preocupada.

Al mismo tiempo, Inés lo miró con ojos traviesos.

—Bueno, está bien. —Luego añadió—: No se preocupe. Porque Su Excelencia estará conmigo.

La voz indiferente dejó a Enoch sin habla por un momento.

Hermosos ojos verde oscuro llenos de fe solo para él.

Cada vez que miraba esos ojos, se prometía a sí mismo que nunca querría decepcionarla.

—Por supuesto.

Enoch asintió con fuerza.

Inés sonrió como si supiera que lo sería.

Junto con él, entró el personal de la sala de exposiciones.

—Bueno, la condesa y el duque.

El personal parecía bastante estupefacto.

—Es hora de dar la bienvenida a los VIP.

«¿Por qué se ven así?»

Inés sospechaba un poco, pero no tuvo tiempo de averiguarlo.

—Sí, vamos.

Inés, quien respiró profundamente, dio un paso adelante.

Y…

—Ay dios mío.

Inés, que salió a la calle, parpadeó sorprendida.

Fue porque la sala de exposiciones estaba llena de más VIP de lo esperado.

Cuando seleccionó a los invitados y envió las invitaciones, no pensó que todos asistirían.

Parecía que todas las personas asistieron.

—Condesa…

A la llamada en voz baja de Enoch, Inés, que había estado distraída durante un tiempo, volvió en sí.

Tragando su saliva seca, Inés se acercó al frente de la gente.

Ojos curiosos se volvieron hacia ella.

—¿Es esa la condesa de Brierton?

—Oh, Dios mío, es mucho más joven de lo que pensaba.

—Escuché que la marquesa Attlee invitó personalmente al gerente de la última exhibición de intercambio...

—Entonces el duque de Sussex debe haber asistido.

En medio del murmullo, Inés se detuvo frente a la sala de exposiciones.

Capítulo 85

Inés saludó cortésmente a los VIP.

—Muchas gracias por venir a mi exposición individual, distinguidos invitados de Kaldorov. Es un honor poder hacer mi primera exposición en Kaldorov.

Era una voz clara que era justo escuchar, y una actitud impecablemente educada.

Los ojos de los distinguidos invitados eran ligeramente simpáticos.

Inés continuó con calma.

—El tema de esta exposición individual es "Retorno".

La mirada afectuosa hurgó lentamente en la pared de la sala de exposiciones.

Innumerables cuadros colgados en la pared.

En un momento, esas pinturas se publicaron todas bajo el nombre de Ryan.

Solicitó el divorcio de Ryan y lo recuperó, demostrando que eran sus propias pinturas.

—Porque los cuadros expuestos en esta exposición individual son en sí mismos la prueba de que he recuperado la vida.

La voz de Inés estaba energizada.

—Espero que mis pinturas puedan llegar a ustedes con un solo eco. Gracias.

Tan pronto como terminó de hablar, estalló un aplauso entusiasta desde la esquina de la sala de exposiciones.

Inés miró hacia atrás reflexivamente.

Mirando su barriga redonda, la mujer parecía mucho más allá de la mitad de su embarazo.

Sin embargo, ella era una dama noble que de alguna manera mantuvo el sentimiento de una niña.

—Oh, esa persona.

Por un momento, Inés sintió que su corazón se aceleraba.

Ella no pudo evitar saberlo.

—Usted es la marquesa de Attlee.

El autor intelectual de invitar al equipo de gestión de la exposición de intercambio a Kaldorov, y la dama que una vez tuvo una relación con Enoch.

Inés trató de reprimir su complejo estado de ánimo.

Se puso la mano en el pecho y dobló las rodillas para mostrar cortesía.

Era un saludo cortés que era común en todos los continentes.

Entonces la expresión de la marquesa Attlee se iluminó.

Frente a la cara brillante, Inés cayó en un estado de ánimo confuso.

«La marquesa Attlee es definitivamente una persona a quien agradecer.»

Ella le dio una oportunidad de oro para realizar una exposición individual en Kaldorov.

Así que estaba agradecida.

«¿Por qué mi corazón se vuelve tan pesado en el momento en que me enfrento a las carpas...?»

Mientras tanto, comenzando con los aplausos, estalló un estruendoso aplauso.

Inés, que volvió en sí, una vez más mostró cortesía a la gente.

—Muchas gracias por esta hospitalidad. Pero la razón por la que pude llegar tan lejos es… —Volvió a mirar a Enoch—. Su Alteza, el duque de Sussex ha sido de gran ayuda.

Sus ojos se encontraron.

Mirando a sus ojos azul lago, Inés continuó claramente.

—Si él no me hubiera apoyado, no habría tenido la oportunidad de recuperar mi pintura y presentársela a los Kalodov.

Inés concluyó sus palabras con sinceridad.

—Muchas gracias, señor.

Una vez más, estalló una gran ronda de aplausos.

Frente a innumerables personas que la aplaudían, Enoch sonrió levemente.

A diferencia de su habitual sonrisa suave, tenía una sonrisa bastante torpe.

Eso fue realmente extraño.

Ciertamente no le gustaba ser el centro de atención.

—Me siento honrado de ser el primero en reconocer el talento de la condesa.

Enoch cortésmente le dio crédito a Inés.

Inés se mordió el labio suavemente.

Ciertamente fue una bendición para Enoch tomarla en serio.

Y todavía…

«Estoy confundida.»

Desde que se encontró con la marquesa Attlee, había sido difícil calmarse.

Inés, que se vio obligada a sonreír, volvió la cabeza.

Bajo la sombra de sus pestañas inferiores, sus ojos verde oscuro temblaron ligeramente.

Como un bosque de verano barrido por fuertes vientos.

Había pasado un poco de tiempo.

El ambiente de la exposición individual estaba maduro al máximo.

—Encantado de conocerla, condesa de Brierton.

—Tenía muchas ganas de ver a la condesa esta vez, y estoy muy feliz de tener esta oportunidad.

Inés se vio rodeada de gente en un instante.

Lo más sorprendente fue que no solo las damas sino también los caballeros intentaron hablar con Inés de alguna manera.

Por supuesto, al igual que en Lancaster, nadie dijo nada abiertamente sobre el divorcio de Inés.

Sin embargo, también hubo una visión negativa de decir: "¿Cómo se atreve una mujer a divorciarse?"

En particular, la vista era más prominente con los caballeros que con las damas, y algunos de los caballeros se mostraban algo reacios a Inés.

—Acabo de cruzar la frontera, pero no sabía que el ambiente era tan diferente.

Fue un poco aturdido, pero no un mal presentimiento.

De hecho, no puede ser bueno ser condenado al ostracismo por alguien.

Inés estaba agradablemente absorta en la conversación.

Por otro lado, había una mirada sobre ella.

«La condesa de Brierton, de verdad... Es muy popular.»

Era Enoch.

Había un pliegue profundo entre sus cejas.

Racionalmente, Enoch sabía claramente por qué Inés era tan popular.

Demostró su habilidad en la exposición de intercambio y también fue excelente como pintora.

La aristócrata de Kaldorov, que durante mucho tiempo había sido rival de Lancaster, prestó atención a Inés y realizó su primera exposición individual en el extranjero.

Además, aparte de su talento artístico, Inés era lo suficientemente bonita como para atraer la atención de los hombres.

Era un hecho objetivo, no por el favor de Enoch con Inés.

No era de extrañar que Inés también fuera secretamente popular en Lancaster.

Aunque había algunas personas detrás de escena que hablaban en secreto de ella por el hecho de que se divorció una vez.

Inés, que era joven, hermosa, rica y hasta tenía un título, seguía siendo una de las mejores candidatas a novia del reino.

Inés estaba tan herida por Ryan que dibujó demasiadas líneas a su alrededor que no notó el interés.

Aunque sabía cómo los hombres muestran su interés con solo mirarlo.

«¿Necesitas ser tan popular?»

Extrañamente, sintió que se le retorcía el estómago.

Y entonces.

—Duque de Sussex.

Justo a tiempo, escuchó una voz que lo llamaba.

Enoch miró a su oponente con una elegante sonrisa.

Una hermosa dama noble miraba a Enoch con ojos brillantes.

Acababa de hacer su debut en sociedad, pero todavía era cercana a una adolescente.

—Es un gran honor tener esta oportunidad de conocer al equipo directivo.

—No puedo dejar de agradecerles lo suficiente por apreciar nuestra exhibición de intercambio en Kaldorov.

—Oh, Dios… ¿Cómo puede ser tan humilde?

La dama aristocrática parloteó, sus mejillas se pusieron rojas.

—Tenía muchas ganas de ir a la exposición de intercambio. Estaba muy triste porque no pude ir porque mis padres no me lo permitieron…

Sus ojos se cerraron de una manera gentil.

—Estoy tan feliz de conocer así al famoso duque de Sussex.

—Me halaga.

—¡No! Su reputación también es muy alta en Kaldorov.

La dama tenía una cara bastante tímida, pero sin embargo era elocuente.

—En realidad, he querido ver su cara durante mucho tiempo.

Con esa voz emocionada, Inés miró hacia Enoch.

Miró a Enoch, preguntándose quién era la dama noble que hablaba con él.

—Es lo mismo en Kaldorov, como dice la gente, es el más popular de Lancaster.

Mirando a Enoch rodeada por las damas, su corazón de alguna manera se congestionó.

Por supuesto, quedaba por entender la popularidad de Enoch.

Una realeza soltera hermosa y rica estaba destinada a ser popular en todas partes.

En Lancaster, las damas solían hacer fila para tratar de hablar con Enoch, por lo que era natural que hubiera una reacción similar aquí.

Además, la diferencia de edad entre esa dama y Enoch parecía significativa a primera vista.

Inés no tenía por qué ser consciente de esa señorita.

«Lo conozco bien, pero...»

Inés tiró de sus labios inconscientemente.

A veces, cada vez que veía a Enoch así.

Sintió que él estaba muy lejos.

Porque era el hombre que todos querían.

Parpadeando lejos, fuera del alcance de sus manos.

«No creo que deba atreverme a cruzar la línea...»

—Hola, condesa de Brierton.

Justo a tiempo, una voz alegre saludó a Inés.

Los pensamientos negativos se rompen.

Inés, quien reflexivamente miró hacia atrás, abrió mucho los ojos.

«Oh, esa persona...»

Esa persona con una sonrisa amable.

De Lancaster a la mente complicada de Inés…

—Es realmente agradable conocerla así. Soy Margaret Attlee.

…Era la marquesa de Attlee, la dama que una vez tuvo una relación con el duque de Sussex.

Athena: Los celos supongo que ya son necesarios. Aunque no los necesitáis porque os amáis mutuamente, pero a ver si así os lanzáis a la piscina.

Capítulo 86

Inés rápidamente dominó su expresión y la saludó.

—Me siento muy honrada de que la marquesa haya venido a mi exposición individual.

—Invité a la condesa de Brierton, por supuesto que debería venir.

La voz de la marquesa de Attlee era tan alta como podía ser.

—No sé cuántas ganas tenía de esta exposición individual. Pero cuando vine aquí, fue mucho mejor de lo que pensaba.

—Me halaga.

—Oh, no tiene que ser demasiado humilde. —La marquesa agitó la mano y continuó suavemente—. Todos eran cuadros muy bonitos. En particular, el color transparente único de la condesa era muy hermoso.

Frente a la mirada amistosa de la marquesa de Attlee, Inés sintió pena.

La otra persona le mostró pura amabilidad.

Sin embargo, tenía celos patéticos solo porque solía haber una relación entre la marquesa y el duque.

«Espera. ¿Celos?»

Inés hizo una pausa por un momento.

«Ya veo…»

Ahora estaba celosa de la marquesa de Attlee.

Mientras tanto, la marquesa, que no tenía idea de la mente complicada de Inés, habló felizmente.

—La condesa eligió "Retorno" como tema de esta exposición individual, ¿verdad?

—Sí, lo hice.

—Si digo que era un tema que parecía expresar implícitamente la vida de la condesa, ¿soy demasiado presuntuosa?

La marquesa sonrió a Inés.

—En realidad, es única en muchos sentidos.

—¿Qué? Qué quiere decir…

—Como la condesa ya sabe, Kaldorov tiene un mayor porcentaje de mujeres que ingresan a la sociedad que Lancaster.

La marquesa que dijo eso parecía bastante amargada.

—Sin embargo, ninguna de las mujeres de Kaldorov ha logrado tanto como la condesa.

—¿Eso... marquesa?

—Simplemente, tuve muchos pensamientos.

Inés parpadeó.

La marquesa tenía una mirada realmente complicada en su rostro.

«Bueno, no es que no entienda cómo te sientes, pero...»

Para ser honesta, Inés tenía tales preocupaciones.

Solo en Lancaster, Inés se había enfrentado varias veces con artistas consagrados.

Inés, que llevaba un rato agonizando, abrió la boca con cuidado.

—Pero lo que he logrado, no soy la única que lo ha hecho.

—¿Qué?

—El duque de Sussex y Su Majestad la reina me ayudaron a establecerme como artista en Lancaster.

El duque de Sussex.

Enoch.

Cuando pensó en el nombre, su corazón latió sin razón, pero Inés continuó con una voz agradecida y enérgica.

—Debido a que me invitó a Kaldorov esta vez, pude realizar una exposición individual como esta.

—Eso es…

—Entonces, si lo mira con cuidado, al menos me ayudan tres personas. —Inés continuó, contando sus dedos—. Su Majestad la reina, el duque de Sussex y la marquesa de Attlee.

—Oh, ¿es así?

Los ojos de la marquesa de Attlee se abrieron como platos.

Inés asintió con entusiasmo.

—Por supuesto. Además, pude obtener un divorcio exitoso porque Su estimado Majestad tomó una sabia decisión.

Luego, una dulce sonrisa se dibujó en el rostro de la marquesa.

—Me alegro de que la condesa lo haya dicho. Es un placer apoyar a artistas talentosos.

En respuesta a la respuesta amistosa, Inés se sintió una vez más confundida.

La marquesa de Attlee se parecía mucho a Enoch.

Tal vez por eso se cayeron bien.

...hasta el punto en que incluso se habló de matrimonio.

—De todos modos, ganar la demanda de divorcio en ese conservador Lancaster. Es bastante genial.

—Ese es un comentario demasiado exagerado, marquesa Attlee.

—¿A qué se refiere con demasiado? Espero que algún día, Andrea crezca para ser como la condesa.

La marquesa continuó con una voz bastante emocionada.

—Su vida se trata de personas que se las arreglan a sí mismas.

—No yo…

—Aunque la condesa habló con modestia, todavía la respeto mucho.

Entonces, frente al duque, Inés sintió que le remordía la conciencia.

«La marquesa Attlee es una persona realmente agradable.»

Por celos inútiles se sentía patética consigo misma, que seguía desconfiando de la marquesa.

En un estado de ánimo sofocante como si una piedra estuviera clavada en su pecho, Inés tomó una copa de champán del sirviente que pasaba.

Mientras bebía champán frío, se sintió un poco sofocada.

Mientras tanto, Enoch miraba de cerca a Inés.

«¿No estás bebiendo demasiado?»

El champán que Inés bebió era tan dulce como el jugo y fácil de beber a la ligera, pero aparte de eso, tenía un alto contenido de alcohol.

—Se ha estado preparando para la exposición individual durante toda la noche durante unos días, así que incluso con tanto alcohol, estoy seguro de que podría sentirse enferma.

Preocupantemente, Enoch se acercó a Inés.

—Condesa Brierton, el champán…

Pero las palabras de Enoch se interrumpieron a la mitad.

—Oh, ha pasado un tiempo. Duque de Sussex.

Fue porque la marquesa Attlee saludó a Enoch con voz de bienvenida.

La marquesa tuvo una larga relación con Enoch.

—Cuánto tiempo sin verte, Margaret. No, ahora eres la marquesa de Attlee, ¿verdad?

Enoch también respondió amablemente.

—Ahora que lo pienso, ¿dónde está el marqués?

—Él no ha venido todavía. Es una persona muy ocupada.

Los ojos de la marquesa se llenaron de afecto por su marido cuando lo mencionó.

—Pero dijo que no vendría demasiado tarde. Podrás ver su rostro.

—Eso es un alivio.

Hace un momento, Inés pensó que era patética, celosa de la mujer casada.

Al ver a los dos tener una conversación amistosa, Inés una vez más sintió que se le retorcía el estómago.

La actitud de Enoch también era algo diferente de la de los demás.

«El duque nunca ha estado muy cerca de los demás... ¿No estás manteniendo una conversación bastante amistosa con la marquesa de Attlee?»

Justo a tiempo, la marquesa lo mencionó con picardía.

—Me recuerda el pasado. Me enamoré del rostro del duque de Sussex y le pedí una propuesta de matrimonio, ¿no?

—Si dices eso, creo que los oyentes lo entenderán mal.

—¿Qué quieres decir con malentendido? No es una completa mentira, ¿verdad?

—Hay que considerar que la marquesa tenía solo quince años en ese momento.

—Bueno, la forma en que lo veo no ha cambiado mucho, incluso a la edad de quince años.

La marquesa de Attlee se encogió de hombros juguetonamente.

—Parece que el tiempo no tiene ningún efecto sobre el duque. Sigues siendo guapo como antes.

—Gracias por el cumplido.

—Oh, Dios mío, ¿ni siquiera niegas que eres guapo?

Cuando la marquesa se burló de él de esa manera, Enoch respondió con una cara descarada.

—En realidad es un cumplido que he escuchado mucho.

—Estoy asombrada, de verdad.

Así que los dos continuaron su conversación amistosamente.

Había una atmósfera amistosa única para ellos que habían estado cerca durante mucho tiempo.

…algo que Inés nunca podría tener.

Para ocultar sus sentimientos complejos, Inés bebió champán distraídamente.

—Pero gané.

La marquesa se encogió de hombros.

—Mientras el duque de Sussex, que me negó, sigue soltero, conocí a mi esposo, el hombre más amable y dulce del mundo.

Inés trató de pensar lo más racionalmente posible.

La marquesa estaba casada desde hace mucho tiempo y su amor a la temprana edad de quince años ya estaba resuelto.

Así que sabía que la marquesa de Attlee nunca volvería a involucrarse con Enoch.

Aunque ella sabía que…

«Siento náuseas.»

Inés finalmente decidió dejar este puesto.

—Voy a tomar un poco de aire fresco.

—¿Qué? Pero…

Enoch trató de disuadir a Inés, pero Inés retrocedió ligeramente.

Luego fingió una sonrisa.

—Me temo que me interpondré en el camino de ustedes dos compartiendo su reunión después de mucho tiempo.

—¿Condesa?

—Le veré de nuevo en un rato.

Dejando solo un ligero saludo, Inés se alejó con paso ligero.

—¿Qué?

En ese momento, la marquesa sintió una profunda sensación de incompatibilidad.

Enoch solo miró impotente en la dirección en la que desapareció Inés.

Ni siquiera estaba pensando en reanudar la conversación.

—…Su excelencia. ¡Duque de Sussex!

Solo después de que la marquesa llamara varias veces, Enoch recuperó el sentido.

—Oh sí. ¿Me llamaste?

La marquesa, que miraba a Enoch con mirada comprensiva, suspiró y señaló la puerta con un abanico.

Athena: Ay, marquesa, ayúdalos jajajaja.

Capítulo 87

—No luzcas tan molesto como si fueras a morir, pero date prisa y síguela.

La marquesa de Attlee era también el invitado más importante de la exposición individual.

Así que era correcto permanecer con la marquesa de manera racional.

—Disculpe, entonces.

Pero Enoch no podía dejar que la condesa se marchara sola.

Corrió entre la multitud de personas y desapareció.

Cuando ella le dijo que la persiguiera, la marquesa pareció bastante sorprendida.

—...hay momentos en los que actúa con tanta prisa.

El marqués de Attlee, que llegó tarde justo a tiempo, corrió hacia la marquesa.

—Perdón por llegar tarde, Margaret.

—En serio, ¿por qué llegas tan tarde?

La marquesa miró a su marido con disgusto.

—Realmente, deberías ser regañado por hacerme esperar tanto.

—Lo siento, pero me perdonarás, ¿verdad?

Después de una larga y dulce conversación.

El marqués miró a su alrededor.

—Por cierto, ¿dónde están la condesa de Brierton y el duque de Sussex? Saludémoslos…

—No, no tenemos que hacerlo.

La marquesa se tapó la boca con un abanico y sonrió de forma extraña.

El marqués miró a su esposa con los ojos entrecerrados.

—¿Señora?

—Los hombres y mujeres adultos a veces necesitan su propio tiempo personal. Lo sabes bien.

Después de una respuesta traviesa, la marquesa tiró suavemente de la manga de su marido.

—No seas curioso.

—¿Señora?

—Disfrutemos un poco más de la exposición.

Inés salió rápidamente de la sala de exposiciones.

Ahora bien, explicó casi todas las obras expuestas en la exposición individual, y mostró su rostro lo suficiente como para dejarse ver en el cóctel.

Todos estaban apreciando las pinturas o participando en actividades sociales entre los VIP.

Inés no tenía por qué estar pegada a la sala de exposiciones.

—Ah…

Inés se detuvo en el jardín anexo a la sala de exposiciones y respiró hondo.

Una luna redonda arrojaba una hermosa luz de luna sobre todo.

Los ojos verde oscuro escanearon el paisaje circundante.

Las hojas negras que se balanceaban en la oscuridad eran como su mente complicada.

—...en serio, ¿por qué soy así?

Inés murmuró nerviosa.

Pensó que el aire exterior la calmaría, pero parecía ser su ilusión.

El viento estaba tranquilo y el aire de la noche era tibio.

Inés caminó y se dejó caer en un banco bajo la sombra de un árbol.

Sentía que su cara seguía calentándose, así que trató de abanicarla sin ninguna razón.

—Tengo que estar sobria rápidamente.

Inés trató de consolarse a sí misma.

«Soy la organizadora de esta exposición. No es de buena educación estar fuera por mucho tiempo…»

Al poco tiempo.

La expresión de Inés estaba distorsionada como si fuera a llorar.

«...qué es tan confuso.»

Toda su atención estaba en Enoch.

—Siento que estoy flotando en un laberinto del que puedo escapar.

«Mira, incluso ahora. Ahora que lo pienso, he estado así con el duque antes.»

Obviamente, ahora era un clima cálido de primavera, pero extrañamente, el aire frío peculiar del invierno parecía flotar en la punta de su nariz.

En ese momento Enoch estaba recostado contra el balcón.

Fue cuando los indiferentes ojos azules que la miraban se convirtieron en una luz amistosa.

Desde cuando quería que esos ojos la miraran solo a ella…

Pero entonces.

—Condesa Brierton.

Inés miró hacia atrás a una voz inesperada.

Ella se congeló.

—…Su excelencia.

Enoch se puso de pie frente a las luces de colores de la sala de exposiciones.

Era como si hubiera salido en invierno cuando conoció a Enoch.

Justo como estaba parado frente a ella ahora.

—¿Por qué está aquí sola?

Enoch se acercó a ella con expresión preocupada.

—Entremos.

Innumerables palabras circulaban por su boca.

«¿Por qué me seguiste? ¿Dejaste solo a la marquesa? Vuelve rápido. Es la invitada más preciada, así que tienes que quedarte con ella.»

Pero Inés no se sacó las palabras de la boca.

En cambio, dijo algo más.

—Se siente raro de alguna manera.

Un suspiro de susurros esparcidos por el aire.

—En el pasado, visité a Su Excelencia el duque, pero esta vez, Su Excelencia me visitó a mí.

Enoch se detuvo en el lugar.

Al mismo tiempo, Inés sacudió la cabeza con un largo suspiro.

—Lo siento, estoy avergonzada porque dije algo de la nada.

—…Condesa.

—Creo que bebí un poco demasiado.

Ya se había tomado tres copas de champán mientras miraba a Enoch y al marqués de Attlee hablando antes.

—Se sentirá mejor después de un pequeño paseo.

Inés trató de levantarse de su asiento pero se tambaleó por la mezcla de cansancio acumulado y alcohol…

—Oh.

Inés, que perdió el equilibrio, se estaba cayendo.

—¡Condesa!

Sorprendido, Enoch agarró reflexivamente la muñeca de Inés.

—También puede sentarse. Entonces es mejor moverse después de que esté sobria…

—Su Excelencia el duque.

Al mismo tiempo, Inés llamó a Enoch con voz clara, a diferencia de un bebedor empedernido.

Enoch miró a Inés como si estuviera poseído.

Ojos de color esmeralda que solo lo miraban, brillando claramente solos en la oscuridad.

Esos ojos eran únicos en el mundo.

Algo que pudiera evitar que se moviera.

Inés, que había estado mirando a Enoch durante mucho tiempo, de repente hizo una pregunta.

—La relación con la marquesa de Attlee… ¿Qué tan seria fue?

«¡Estúpida, estúpida Inés!»

Inés se reprendió a sí misma en su mente.

Al día siguiente, cuando estuviera sobria y con la mente clara, lamentaría haber hecho esta pregunta.

Y más.

—Quiero saber.

Cuán seriamente tomó Enoch la propuesta de matrimonio de la marquesa de Attlee.

Cuán profundos eran los sentimientos que tenía por la marquesa en ese momento.

—Eso es…

El momento en que Enoch movió sus labios fue tan largo como la eternidad.

Inés se olvidó de respirar y centró toda su atención en Enoch.

—Eso es... de hace mucho tiempo.

Enoch, mientras tanto, respondió sinceramente con una cara perpleja.

—Tanto la marquesa como yo aún no éramos mayores de edad, por lo que ninguno de los dos era muy serio…

—¿Y nosotros? —preguntó Inés reflexivamente—. Debe haber estado en una relación muy amistosa hasta el punto en que nos llamas juntos.

«Oh, por favor no hagas esto.»

Al mismo tiempo, Inés apretó el puño con fuerza.

Se sentía como si se hubiera convertido en una niña llorando y gimiendo.

Pero su mente estaba completamente fuera de control.

Ella seguía soltando palabras puntiagudas.

—Creo que ustedes dos tienen muy buen gusto y personalidad. Es una lástima que el matrimonio no haya sucedido…

—Condesa Brierton,

En ese momento, Enoch abrió repentinamente la boca.

Sus ojos azules, que miraban directamente a Inés, estaban sumidos en la oscuridad.

—¿Por qué me pregunta eso?

Dio en el clavo.

Inés enderezó los hombros.

Enoch inclinó la cabeza y miró a Inés.

—No importa con quién hablé o si me confesé con alguien —preguntó Enoch en voz baja—. A la Condesa nunca le ha importado antes. ¿Por qué ahora?

Era una pregunta que le atravesó el corazón.

Inés cerró y abrió los ojos con fuerza.

—Solía ser.

Ella pensó que no debería hacerlo antes.

Porque ella no merecía entrometerse en quién amaba Enoch.

En primer lugar, tenía miedo de enamorarse de él, así que trató de trazar una línea y distanciarse.

Por lo tanto,

«Tal vez esta es la última vez.»

Inés se mordió el labio lo suficientemente fuerte como para sangrar.

Un momento para dar un paso atrás.

Quería sonreír y disculparse por ser grosera cuando estaba borracha.

Pero…

«...No quiero.»

Inés abrió sus labios secos.

—No es que no me importara.

Quería dejarlo lo más claro posible y fingir que no pasaba nada.

Su voz salía con un terrible temblor.

—Traté de que no me importara.

Cayó un pesado silencio.

Sin confianza para enfrentarse a Enoch, apartó la mirada.

—Yo…

Inés inclinó la cabeza para evitar la mirada de Enoch.

—Estoy preocupada por Su Alteza... demasiado.

Athena: Veeeeenga, veeeeeeeeeeeeeeenga.

Capítulo 88

La confesión que se hizo con el mayor coraje fue tan pequeña y delgada.

Era difícil incluso escuchar su voz.

—Me alegré de que Su Excelencia hubiera considerado mi posición el otro día.

—Condesa.

—Cuando la Real Asociación de Arte interfirió con esto y aquello, agradecí su apoyo.

La sinceridad que había estado enterrada durante mucho tiempo fluyó divagando.

—Pero todas esas cosas, a pesar de que el duque dijo que estaba bien…

Su voz seguía temblando, por lo que Inés se tomó un momento para recuperar el aliento.

Tenía miedo de que Enoch escuchara los latidos tan salvajes de su corazón.

—¿Cómo puede estar bien? No está bien, porque sacrificó tanto.

La cabeza de Inés estaba más baja.

—Su Excelencia es un hombre muy bueno, y ya le he causado muchos problemas.

Inés se mordió el labio.

No tenía el coraje de mirar a Enoch.

—Con todo mi corazón, pensé que no debería ser una carga para el duque.

—Condesa, eso es…

—No, para ser más honesta.

Inés tragó su saliva seca.

Ella solo descubrió ahora que había confesado todos sus verdaderos sentimientos.

El verdadero peso de su corazón, que había estado enterrado profundamente durante mucho tiempo, mientras trataba de ignorarlo.

Que en realidad era demasiado pesado.

—Si sabe cómo me siento, me temo que ya no podremos volver a nuestra antigua relación... Tenía miedo de eso.

Era por eso.

La sensación de desahogar toda la sinceridad era alegre y bastante aterradora.

«¿Qué pasará ahora con mi relación con el duque? De repente... todos estos sentimientos enterrados.»

—Su Excelencia debe sentirse incómodo.

Un montón de pensamientos pasaban por su mente.

Pero entonces.

Enoch estiró la mano y tocó la mejilla de Inés.

Antes de darse cuenta, Inés miró a Enoch.

Sus ojos se encontraron.

Ojos que brillaban con colores azules en la oscuridad miraban solo a Inés.

Inés sintió que se le secaba la boca.

Era como el cielo nocturno.

Era tan profundo, tan claro que sus ojos brillaban, y tan hermoso que no pudo evitar llorar.

«Me dan ganas de quedarme en él para siempre...»

—¿Por qué la condesa se preocupa por mí?

Una voz dividida le preguntó.

—¿Le puedo preguntar?

Inés de alguna manera se sintió perdida.

Había pasado un tiempo desde que se había quedado en el jardín, y ya era hora de que empezara a sentirse sobria.

El calor subió por todo el cuerpo, haciendo imposible juzgar racionalmente.

Esos ojos azules que la hacen incapaz de moverse.

Todo eso paralizó su mente.

—¿Está preguntando porque no sabe…?

No sabía de dónde procedía el nervio.

Inés agarró el cuello de Enoch y tiró de él hacia ella, cerrando los ojos por reflejo.

Enoch se endureció.

Sus labios tocaron los suyos brevemente como un pájaro picoteando.

Más que un beso denso entre el sexo opuesto, fue un beso ligero compartido por chicos y chicas jóvenes conscientes de su primer amor.

Inés levantó los párpados lentamente.

Enoch, que siempre estaba relajado, tenía una rara cara de vergüenza.

Ante la cruda emoción, Inés abrió los labios.

—Qué tipo de corazón siento por usted... No puede ignorarlo, señor.

Un susurro bajo salió.

Enoch, aturdido, fijó sus ojos en Inés a la luz de la luna.

Una cara enrojecida, ojos húmedos. Los labios rojos que resaltaban claramente sobre la piel blanca, todo.

…No pudo evitar volverlo loco.

Mientras tanto, Inés, quien respiró hondo, dominó su expresión.

Continuó hablando con la mayor calma posible.

—Está bien seguir adelante como si nada hubiera pasado.

—Condesa Brierton.

—Está bien seguir pensando que cometí un error porque bebí demasiado. Pero yo…

Pero Inés no pudo terminar su oración.

Fue porque Enoch de repente la besó apasionadamente en los labios.

Fue un beso verdaderamente devorador, como si fuera a tragársela de pies a cabeza.

Sin respiración, sin voz, todo desapareció en los labios de Enoch.

Sus ojos verde oscuro se abrieron de par en par.

—¡Eh… espera un minuto…!

Sorprendida, Inés trató de retroceder reflexivamente, pero Enoch la siguió persistentemente.

Las lenguas se entrelazaron y la respiración se mezcló.

Mientras la suave carne enredada en su lengua escaneaba a través de los dientes uniformes, Inés sintió una sensación de blancura en su cabeza.

Todo su cuerpo pareció derretirse.

Inés se aferró a Enoch sin darse cuenta.

Sus duros brazos se enroscaron alrededor de su cintura, Inés estaba sentada en el regazo de Enoch antes de darse cuenta.

—Oh, señor, espere un minuto...

Inés jadeó desesperadamente.

Mientras su cuerpo se unía a su amplio y sólido pecho, su corazón comenzó a latir como loco una vez más.

Solo después de ser devorada por tanto tiempo.

Enoch se relajó un poco en sus brazos, abrazando a Inés.

Sin embargo, él no la dejó ir.

Enoch preguntó de vuelta en una voz lenta y sonriente, con Inés fuertemente encerrada en sus brazos.

—¿Por qué seguiría adelante?

—¿Su excelencia?

—He estado esperando el "error" de la condesa durante mucho tiempo.

Ojos azules mirando directamente a los de Inés.

Era una mirada persistente como la del depredador a su presa.

—No importa si es un error o no. Pero lo que puedo decirle es. —Enoch declaró enfáticamente—. No importa cuánto intente empujarme la condesa ahora, no retrocederé.

Parecía una declaración de guerra.

En ese momento Inés se convenció.

«Ahora... ya no puedo fingir que no sé.»

El afecto que había tratado de reprimir estalló como una inundación.

Como pisar el pie equivocado en el pantano y caer en él en un instante.

Ella previó un amor apasionado por el hombre frente a ella.

Pero estaba bien, sin embargo.

«Está bien si no puedes salir de esto para siempre.»

Más bien, estaba dispuesta a ser enterrada en él.

—La sala de exposiciones... tengo que volver.

Inés logró captar la razón al borde del pánico, y así lo susurró.

—Lo sé.

Mientras respondía con la boca, Enoch una vez más se inclinó hacia sus labios como si fuera una cuestión de rutina.

Inés volvió a cerrar los ojos.

Ella naturalmente aceptó sus labios.

El aliento mezclado, el calor de sus labios que la devoraban con ternura, era tan dulce.

Su cabeza estaba aturdida.

La exhibición duró hasta tarde y terminó casi a la medianoche.

Así que en el carruaje donde estaban sentados los dos.

Inés estaba profundamente dormida sobre el hombro de Enoch.

—Condesa.

Enoch llamó en voz baja a Inés, pero Inés no pensó en abrir los ojos.

Solo se escuchaban sonidos respiratorios regulares.

«Debes de estar muy cansada.»

Después de besarse en el jardín nocturno, Inés y Enoch regresaron a la sala de exposiciones.

Inés agasajó a los distinguidos invitados con una graciosa apariencia.

Era simplemente una figura impecable de una dama.

—Has estado bastante tiempo fuera de la exposición, ¿terminaste bien tu trabajo?

La marquesa de Attlee sonrió extrañamente y preguntó con picardía, pero Enoch no respondió.

Sin embargo, la situación cambió tan pronto como los VIP regresaron.

Debido al cansancio y al alcohol acumulados durante varios días, Inés se durmió nada más subir al carruaje.

Enoch miró a Inés.

En el pasado, solo dobló su abrigo y lo colocó debajo de su cabeza mientras ella se apoyaba en el costado del carruaje.

Ahora Inés estaba sentada lo suficientemente cerca para sentir su aliento.

Se sintió feliz cuando su distancia se acortó.

Solo…

«Esto es demasiado... ¿No está indefensa?»

Aun así, Enoch era un hombre, y ella se durmió así sobre su hombro.

Quizá por eso Inés confiaba en él.

«…pero aún.»

Enoch tenía sentimientos encontrados en el fondo.

Era un caballero, pero era difícil porque se sentía atraído por ella.

—Maldita sea.

Las dos emociones estaban entrelazadas y su cabeza estaba a punto de explotar.

Y entonces.

El carruaje se detuvo.

Enoch, que fijó sus ojos en Inés como si estuviera poseído, rápidamente levantó la cabeza.

«…Fue peligroso.»

No creía que alguna vez en su vida hubiera estado tan impulsado al punto en que su razonamiento se interrumpiera.

Justo a tiempo, el personal del hotel llegó corriendo y abrió la puerta del carruaje.

—¿Hemos llegado, señor...?

La condesa de Brierton dormía profundamente sobre los hombros del duque de Sussex.

El ambiente entre los dos era bastante íntimo.

Los ojos del empleado eran redondos.

Athena: ¡Por fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin! ¡Sí, por dios! Por fin este beso que llevaba tanto tiempo esperando. ¡Vivan los novios!

Capítulo 89

—¿Debería llamar a los otros empleados para servir a la condesa?

—Shh, cállate.

Ante la cuidadosa pregunta, Enoch negó con la cabeza, llevándose el dedo índice a los labios.

—Durmió profundamente después de mucho tiempo. Yo mismo la llevaré a su habitación.

—Oh sí.

El conductor asintió con una expresión incómoda.

Enoch sostuvo a Inés con cuidado.

—Uh, uh…

Inés, que había estado durmiendo, se aferró con fuerza a Enoch.

—Condesa, no mucho antes del dormitorio.

Enoch tranquilizó a Inés con una ligera sonrisa.

Al mismo tiempo, la boca del personal del hotel se abrió de par en par.

«¿Qué diablos vi?»

El empleado se frotó los ojos y trató de reprimir el impulso de mirar de nuevo.

El duque de Sussex.

El duque y el rey de Lancaster eran las personas más difíciles que el personal del hotel había conocido.

Aunque básicamente era un aristócrata famoso que era educado, amable y no hacía demandas irrazonables.

Sin embargo, la razón por la que a la mayoría de la gente le resultaba difícil complacer al duque de Sussex era porque... era frío.

Como si a nadie se le permitiera acercarse.

Además, con su apariencia deslumbrantemente hermosa, el duque a veces parecía más una obra de arte viviente que un ser humano.

Una persona casual a la que no le importaba nada.

Sabían que era un prejuicio, pero de todos modos esa fue la primera impresión que el personal de la posada tuvo de Enoch.

Por supuesto, parece bastante amigo de la condesa, pero aun así.

Sin embargo, la amabilidad presente de Enoch estaba lejos de ser simplemente amistosa.

En otras palabras, parecía que estaba tratando con una pareja.

Justo a tiempo, Enoch levantó la vista y miró a los empleados.

—Lo que ha pasado ahora…

—Sí, por supuesto que lo mantendré en secreto.

El personal se enderezó rápidamente.

El hotel donde trabajaban tenía una regla estricta de mantener la privacidad de los clientes.

Era natural que fuera un lugar donde normalmente se hospedaban los nobles de alto rango y la realeza de cada país.

—Gracias.

Enoch, quien asintió, abrazó a Inés y desapareció en el hotel.

«Oh, eso es asombroso.»

El personal miró a la espalda que se retiraba con rostros atónitos.

La puerta se abrió.

Enoch colocó cuidadosamente a Inés en la cama.

—Em...

Inés parecía estar dando vueltas brevemente y pronto comenzó a hacer un extraño sonido de respiración.

No había señales de despertar.

Enoch miró a Inés, que estaba dormida.

Pestañas que caían ordenadamente como una mariposa, labios rojos que se abrían como pétalos.

Al mirarlo, de repente recordó el jardín de la noche en la que estaba sentado junto a Inés antes.

El momento en que se tragó esos labios rojos con urgencia, se sintió tan distante como un sueño.

Al mismo tiempo, la frente de Enoch estaba profundamente arrugada.

«¿Qué estoy pensando frente a una persona dormida?»

Enoch se volvió con un gesto bastante frenético.

Justo cuando estaba a punto de salir del dormitorio.

Inés murmuró con voz somnolienta.

—Duque… Su Excelencia.

Enoch hizo una pausa.

Inés hablaba en sueños.

Sus dedos se estiraron y agarraron el cuello de Enoch con fuerza.

Luego sonrió brillantemente como un niño.

Enoch miró a Inés con una mirada indescriptible.

¿Era esta la sensación de ser tocado?

No podía soportar el afecto desbordante.

Enoch se inclinó y besó brevemente su blanca frente.

Pero entonces.

Los párpados bien cerrados se abrieron suavemente.

Los borrosos ojos verdes miraron a Enoch.

—...no te vayas.

—¿Qué?

Ella gimió suavemente.

—Esta noche... quiero estar contigo.

En el momento en que escuchó ese dulce susurro, Enoch sintió que el último hilo de razón al que se aferraba con todas sus fuerzas se cortó repentinamente.

A la mañana siguiente.

La deslumbrante luz del sol asomó a los párpados cerrados.

—Ugh…

Inés hizo un sonido enfermizo sin darse cuenta.

No solo tenía sed, sino que sentía como si alguien le estuviera golpeando la cabeza con un martillo.

Inés contó lo sucedido ayer con los ojos cerrados.

En la sala de exposiciones, conoció a la marquesa de Attlee, que tenía una propuesta de matrimonio con Enoch, y bebieron champán uno tras otro con una mente complicada.

Recordó que la marquesa y Enoch se veían bastante cerca y estaba molesta.

«Fui al jardín para recuperar la sobriedad... Me encontré con Enoch. ¡Cierto, lo hice!»

Por un momento, Inés recobró el sentido como si se hubiera echado agua fría en la cabeza.

Los recuerdos dispersos se ordenaron a la vez.

Besos que compartieron en el jardín por la noche.

La plenitud de Enoch cuando la abrazó con todas sus fuerzas.

—Cuando regresé a la sala de exposiciones, compartí una mirada secreta que evitó los ojos de las personas.

Y que se había quedado dormida en el carruaje, y que Enoch la había llevado al dormitorio.

Ella se dio la vuelta y lo agarró y gimió para que no se fuera...

—Oh, Dios mío, ¿qué he hecho?

Inés sintió una oleada de fiebre en la cara.

Ella abrió mucho los ojos.

Lo primero que apareció a la vista fue un cabello que brillaba como un hilo de oro.

«Espera, espera, espera…»

Inés abrió mucho los ojos como si fuera a desmayarse.

Grandes ojos verdes se movieron lentamente a lo largo del contorno del cabello.

El lóbulo de la oreja como de marfil, la nariz elegante, los labios rojos ligeramente abiertos, e incluso los párpados bien cerrados, como Dios los hizo con todo su corazón y alma.

Las pestañas doradas proyectaban una tenue sombra sobre el bello rostro.

Inés, que observaba la escena como poseída, de repente se asustó.

«Oh, Dios mío…»

Había actuado impulsivamente por el alcohol y la fatiga, pero ahora el recuerdo de la noche anterior era tan claro.

Respiración mezclada con el aire caliente, ambos brazos atados entre sí y una temperatura corporal excepcionalmente alta.

¡Besos que caían como lluvia y ojos azules que la miraban directamente como si estuvieran tomando una foto!

Pero entonces.

—Condesa.

Sonó una voz soñolienta.

Era Enoch.

Sorprendida, Inés se quedó helada en el acto.

—Duque, ¿está despierto?

«¿Estoy segura de que estaba dormido...?»

Antes de darse cuenta, Enoch giró la cabeza y miró en su dirección.

Frente a esa dulce mirada, Inés involuntariamente tragó su saliva seca.

—Te ves como una persona diferente a la de ayer…

Anoche, Enoch estaba completamente diferente de lo habitual.

Él persistentemente se aferró a ella, como si no quisiera alejarla de sus brazos por un momento.

La oleada de placer fue tan espesa y densa que fue conducida al punto de oscuridad varias veces.

Entre ellos, los ojos de Enoch fueron los más memorables.

Los ojos azules que se hundían en negro como si fueran a comérsela de inmediato al mantener la oscuridad en su totalidad.

La intensa obsesión por Inés y la satisfacción que sentía Enoch en secreto por quererla tanto.

Todas esas cosas aún estaban claras…

Pero ahora la mirada de Enoch, a la que se enfrentaba, solo brillaba cálidamente bajo el sol.

—¿Tuviste un buen sueño?

Con una pregunta curiosa, Enoch se acercó a Inés.

Un dedo largo y elegante arregló su cabello despeinado sobre su mejilla.

Fue un toque muy tierno.

—Has dormido profundamente.

—¿No me hiciste tener otra opción que quedarme dormida?

Oh.

Inés, quien preguntó sin pensarlo mucho, se mordió la punta de la lengua suavemente.

Sin darse cuenta, sus pensamientos internos aparecieron.

Mientras tanto, Enoch abrió mucho los ojos, quizás tomado por sorpresa.

Luego sonrió.

—Lo sé. Lo lamento.

La sonrisa era refrescante como la de un niño pequeño.

Inés le dio fuerza a su boca, que trató de sonreír a voluntad.

«Por favor, no nos emocionemos.»

¿No estaba su corazón sin tacto latiendo de nuevo y comenzando a latir a su manera?

Justo a tiempo, Enoch volvió a hacer la pregunta.

—Al verte decir eso, recuerdas todo lo que pasó anoche, ¿verdad?

—Ah…

Inés, que se quedó sin palabras por un momento, finalmente respondió con un suspiro.

—Bueno, ¿cómo puedo olvidar eso?

Nunca había tenido tanto placer en su vida.

Una sensación de placer derritiéndose por todo su cuerpo.

Las noches que pasó con Ryan hasta ahora no fueron nada.

Era un poco obvio, pero era una pena que viviera sin conocer la euforia del éxtasis.

«¿Qué debo hacer?»

Inés, quien sin darse cuenta se tocó los labios, miró a Enoch.

«Siento que voy a morir... Creo que la intensa sensación de besarlo ayer todavía persiste. Pero aún…»

Vergonzosamente, Inés evitó mirar.

Pero entonces.

—Condesa Brierton.

Una voz apagada la llamó.

Athena: Anonadada me hallo. Del beso al sexo en menos tiempo del que van a tardar en llamarse por sus nombres ajajajajajaj. Ay, pero qué emoción. Me ha gustado mucho. Me alegro un montón por ellos. Y me alegro de que Inés lo disfrutara mucho jeje.

Capítulo 90

El vello esponjoso de todo su cuerpo parece erizarse.

No estaba segura de mirar a los ojos de Enoch.

—Sí.

Inés respondió a la llamada de Enoch, fijó la mirada en la almohada.

—¿Por qué sigues evitando mis ojos? —preguntó Enoch.

Realmente, ¡cómo puede ser tan despistado!

Inés miró de soslayo a Enoch con resentimiento.

Enoch parecía no retroceder nunca hasta que escuchó una respuesta.

En su persistencia, Inés le preguntó entre lágrimas.

—¿No puedes fingir que no lo sabes?

—¿No te lo dije ayer?

Pero Enoch negó con la cabeza con firmeza.

—Ahora, no importa cuánto intente alejarme la condesa, no retrocederé.

—¡No, esto no se trata de alejarte...!

Inés, que levantaba la voz reflexivamente, frunció el ceño.

Fue porque sintió que dijo algo que no debería.

—¿Entonces que es eso?

Enoch continuó.

Su voz enojada y su actitud nerviosa eran extrañas.

En medio de la vergüenza, Inés se quedó un poco perpleja.

«¿Qué sucede contigo?»

¿No distaba mucho esa imagen de la tranquilidad que Enoch solía mostrar?

Como si estuviera enojado con ella...

—Ah.

Por un momento, los ojos de Inés se agrandaron un poco.

Tal vez la razón por la que Enoch seguía mirando su estado de ánimo de esa manera, haciendo preguntas y poniéndola de los nervios.

«...porque siento lo mismo.»

Tanto como Inés valoraba a Enoch, tanto como estaba feliz con sus acciones.

Lo mismo podía ser cierto de Enoch.

Cuando pensó eso, su corazón se calmó en un instante como si la nieve se estuviera derritiendo bajo el sol primaveral.

«Bien.»

Aunque estaba avergonzada y quería esconderse en algún lugar de inmediato, no podía esconderse de esto para siempre.

Inés, que estaba decidida, abrió los labios.

—Yo…

—¿Qué?

—Eso es…

Pero la voz de Inés, que sacaba todo el coraje de su boca, era más pequeña que el sonido de un mosquito.

Por supuesto, Enoch no la entendía.

El rostro de Inés se puso más y más rojo.

—Quiero decir que yo…

—Disculpe, condesa, no puedo escucharla muy bien.

—¡Ah, de verdad!

Inés finalmente no pudo resistirse y alzó la voz.

—¡Es porque estoy emocionada de estar contigo! ¿Tienes que oír eso de mí?

Inés, que había tenido una rabieta, se detuvo un momento.

Fue porque Enoch estaba sonriendo brillantemente antes de darse cuenta.

—¿Fue por eso que estabas tratando de evitarme?

—Dios, no hay forma de que te evite.

Mirando esa brillante sonrisa, le hizo cosquillas en el corazón.

Inés tartamudeó un poco inconscientemente.

Al mismo tiempo, la sonrisa de Enoch se profundizó.

—Estoy emocionado.

Enoch, que estaba reflexionando sobre las palabras de Inés, susurró en voz baja.

—Me alegro.

—…Me alegro de todo.

Inés miró de soslayo a Enoch.

Pero ya fuera que Inés lo regañó o no, Enoch tenía una cara realmente feliz.

Había una leve sonrisa en su voz.

—¿Cómo no voy a ser feliz?

Era un tono tranquilo que decía un hecho muy natural.

Más bien, Inés estaba avergonzada.

Enoch añadió con cautela.

—De hecho, me temo que la condesa se arrepentirá de lo que pasó anoche... Estaba un poco preocupado por eso.

Sin embargo, Inés no podía simplemente escuchar eso.

Ella respondió de inmediato.

—No hay forma de que me arrepienta.

Enoch la miró fijamente.

Frente a la mirada directamente, Inés la clavó con firmeza.

—¿Ya te olvidaste? Yo soy la que dijo que me gustabas primero.

—…Condesa.

—Bueno, no miento sobre eso.

Inés recordó lo que pasó anoche.

Besos calientes. Toque apasionado. Gemidos de éxtasis…

Y el hermoso hombre frente a ella que hizo todo ese tiempo perfecto.

—Hablo en serio de todas las confesiones que hice ayer.

Todo se sentía como un sueño.

Hasta el punto en que podría vivir con ese recuerdo por el resto de su vida y recordarlo como el momento más extático de su vida.

—Condesa, yo…

Enoch trató de decir algo, pero Inés fue un poco más rápida.

—¿Hasta cuándo me vas a llamar condesa?

—¿Qué?

Enoch, tomado por sorpresa, parecía un poco avergonzado.

«¿Por qué, por qué, por qué?»

Inés encontró la mirada de Enoch con fuerza en sus ojos.

—Cuando estemos solos, llámame Inés.

Para ser honesto, el duque llamó a la marquesa de Attlee, Margaret.

¡Aunque rápidamente corrigió su título a marquesa Attlee pero…!

¡No podía evitar estar celosa!

Además…

—Ahora que lo pienso, ¿qué pasó exactamente con la conversación matrimonial con la marquesa de Attlee?

Su voz salió aguda sin filtros.

Enoch, quien notó que su estado de ánimo había bajado en un instante, rápidamente abrió la boca.

—¿Eh? ¿Por qué la marquesa Attlee de repente...?

—No, bueno.

Inés respondió con frialdad.

—He estado casada con Ryan antes, así que me preguntaba…

Tan pronto como empezó, el rostro de Enoch se endureció.

Inés se estremeció por dentro.

No, se veía muy feliz en este momento. ¿Que estaba mal con él?

—Pero honestamente, tengo curiosidad. Así que si no te importa…

Inés miró a Enoch, borrando el final de sus palabras.

Al mismo tiempo, Enoch abrió la boca con firmeza.

—Parece que hay un malentendido, así que vamos a corregirlo.

—¿Su excelencia?

—No importa lo que sientas curiosidad por mí. Puedo decirte cualquier cosa. Pero.

¿Pero?

Inés tragó su saliva seca.

—Dejemos de hablar del joven maestro Gott.

Era una rara voz fría.

—No quiero oír su nombre de boca de la condesa.

—Oh…

«¿Te sentiste tan deprimido porque hablé de Ryan? ¿En serio?»

Inés, que estaba parpadeando en blanco, preguntó con picardía.

—¿Eso son celos?

—Eso es posible.

Para aliviar el estado de ánimo. Iba a burlarse de él un poco.

Más bien, Enoch simplemente afirmó.

Inés se quedó sin palabras.

—¿Está bien que digas que estás celoso?

—Lo que sea. —Enoch se encogió de hombros con orgullo—. Prefiero ser un poco más honesto que tener malentendidos en nuestra relación.

—Eso…

—La gente dice que el que más gusta pierde.

Por un momento, Enoch miró a Inés con una sonrisa suave y esponjosa.

Inés se quejó tímidamente.

—Incluso si lo dices, siento que estoy perdiendo ahora.

—Me alegra escucharlo.

Enoch sonrió.

—¿Es por eso que me miras tan seriamente?

«¿Cómo puedes hacer que el corazón de una persona palpite con cada palabra?»

Inés, que miraba fijamente a Enoch, recobró el sentido.

Rápidamente arregló su expresión y preguntó como si nada estuviera mal.

—Bueno, entonces. ¿Cuándo exactamente le propusiste matrimonio a la marquesa?

En cierto modo, se trataba de la vida privada de un individuo, por lo que era una pregunta que podía tomarse con cierta sensibilidad.

Enoch respondió con sinceridad.

—Fue hace unos siete años.

—Oh, ¿siete años?

Fue hace mucho tiempo…

La cara de Inés se sentía caliente porque parecía demasiado enojada por los viejos tiempos.

Enoch pasó a explicar suavemente.

—La marquesa de Attlee era hija del conde de Lloyd antes del matrimonio.

—Si es Lloyd, ¿no es una de las familias más prestigiosas de Kaldorov con el marqués de Attlee?

—Así es. Tenemos dos años de diferencia, pero como teníamos la edad adecuada para casarnos a la misma edad, se habló de matrimonio…

Una charla de matrimonio.

La charla de matrimonio de Enoch hizo muy infeliz a Inés.

A pesar de que fue en el pasado, y sabiendo que incluso si no sucedió, se sentía celosa de todos modos.

Ella siguió haciendo una expresión cortante.

Enoch se encogió de hombros.

—Pero todo fue hace mucho tiempo. Como puedes ver, el marqués de Attlee y su esposa tienen mucha suerte de tenerse el uno al otro.

—Pero es verdad que le gustabas a la marquesa.

—Bueno... no puedo decir que no a eso.

Enoch, que todavía parpadeaba, sonrió brillantemente.

—De todos modos, estoy aquí ahora, no a su lado.

—Bueno eso es…

—Al igual que tú estás ahí para mí.

El sol sale por el este, se pone por el oeste, y las gotas de lluvia caen del cielo y mojan el suelo.

Era simplemente una actitud natural.

—Sobre todo, la persona que amo eres tú, no a la marquesa de Attlee.

Athena: Una conversación muy importante. Ah… genial. Me alegro mucho.

Capítulo 91

Su boca era tan dulce como un caramelo.

Inés se quedó sin palabras por un momento.

Enoch lo clavó.

—Lo digo en serio.

Ante la firme declaración, el rostro de Inés se sonrojó como el fuego.

—Bueno, por cierto. Tenías una cita para almorzar con la familia real de Kaldorov hoy, ¿no es así?

Inés trató de ponerse de pie rápidamente.

—A este ritmo, llegaré tarde a la cita. Tengo que prepararme rápido…

—Espera un minuto.

Los brazos firmes de Enoch abrazaron la cintura de Inés.

Cuando los músculos estuvieron moderadamente unidos y el sólido pecho tocó la piel desnuda, Inés endureció rápidamente su cuerpo.

—Todavía tenemos mucho tiempo. Podemos permanecer juntos un poco más.

—No, podría ser muy tarde…

Inés, que estaba tratando de escapar de los brazos de Enoch de alguna manera, se detuvo.

Eso era cierto, a diferencia de su actitud aparentemente relajada.

El cuello de Enoch también estaba rojo.

«…Yo no era la única que estaba avergonzada.»

Inés acarició lentamente el cuello de Enoch con los dedos.

Al mismo tiempo, los hombros de Enoch estaban rígidos.

—Su excelencia.

—Sí.

—Tu cuello está realmente rojo.

Enoch, que había estado en silencio durante mucho tiempo, se quejó, enterrando su rostro en el hombro de Inés.

—¿Por qué no fingiste que no sabías?

Esta es una situación en la que lo que ella dijo volvía a ella.

Inés se echó a reír sin darse cuenta.

—No.

Fue una sensación muy agradable.

Enoch miró a Inés con una mirada de descontento, luego la acercó y la acostó en la cama.

Inés, que cayó sobre la cama, miró a Enoch con el rostro alterado.

—¿Ah, señor?

—Inés.

Enoch la llamó por su nombre con voz melosa.

«Uh, ¿qué acabas de decir?»

Inés entró en pánico.

Por supuesto, era cierto que ella le pidió que la llamara por su nombre.

Pero…

—Eh, ¿de repente?

Sus profundos ojos azules estaban llenos de una luz traviesa.

—Me pediste que te llamara Inés.

Este sentimiento…

Enoch, quien besó su mejilla, susurró cuando sus labios tocaron su oído.

—¿Por qué no me llamas Enoch?

—Bueno, eso es…

Inés trató de decir algo, pero no salió nada.

Fue porque Enoch se tragó sus labios en un instante.

—Ah.

Su estómago se puso caliente como si se hubiera tragado una bola de fuego.

Al final, Inés no pudo levantarse de la cama hasta que se acercó la hora de la cita.

En la sala de recepción real de Kaldorov.

«Me alegro de no llegar tarde a mi cita...»

Inés respiró aliviada, frotándose el pecho.

Inés sabía que Enoch era fuerte y viril, y su resistencia en la cama era alucinante.

Afortunadamente, Enoch tenía tanto sentido común que no debería llegar tarde a una cita con la familia real de Kaldorov que la dejó ir, incluso con una cara triste….

«Pero la hora de llegada estaba muy cerca

Inés miró a Enoch con una mirada de resentimiento.

Por lo general, para las citas con la familia real, era común llegar unos veinte minutos antes y esperar, pero apenas llegaron faltando diez minutos.

Mientras tanto, tan pronto como notó su mirada, Enoch inclinó los ojos y sonrió brillantemente.

Inés sintió que se le revolvía el estómago.

«Realmente, no sé cómo se siente la gente.»

Sin embargo, la sonrisa de Enoch se veía deslumbrantemente bonita.

Inés solo estaba suspirando profundamente por dentro.

«¿No es esto lo que es una vaina de frijol?»

Inés estaba pensando seriamente cuando, justo a tiempo, el sirviente real entró y se inclinó ante los dos.

—Les mostraré la mesa de la cena.

Después de moverse junto con el asistente durante mucho tiempo, el asistente que esperaba frente al comedor abrió la puerta.

Una anciana sentada en la parte superior les dio la bienvenida a los dos.

—Bienvenidos, soy Melissa Kaldorov.

—Es un gran honor conocerla aquí.

Inés y Enoch saludaron cortésmente a la anciana.

Melissa Kaldorov.

Ella era la hermana del rey anterior y la tía del rey actual.

También era la monarca de mayor edad en la familia real de Kaldorov.

Al mismo tiempo, la marquesa de Attlee, que estaba sentada junto a Melissa, saludó a los dos.

—Es realmente agradable verlos a ustedes dos de nuevo.

La marquesa de Attlee se sobresaltó.

—La condesa de Brierton parecía un poco cansada ayer, ¿está bien hoy?

La marquesa de Attlee preguntó ansiosamente a Inés.

Inés sonrió socialmente.

—Gracias por su preocupación. Gracias a usted, descansé bien.

Era una cosa muy extraña.

Cuando conoció a la marquesa de Attlee ayer, estaba en un terrible estado de celos.

Tan pronto como Enoch e Inés confirmaron sus sentimientos, ella no pudo estar más tranquila.

—Siéntate de esta manera, por favor.

Siguiendo la guía de Melissa, Inés y Enoch se sentaron.

—Su Majestad está ocupado con los asuntos de estado, por lo que es difícil reunirse con ustedes dos de inmediato, pero dijo que haría tiempo para hacerlo al menos una vez antes de que regresen a casa.

—Entiendo cuánto se preocupa Kaldorov por nosotros. Gracias.

Enoch respondió cortésmente.

De hecho, era cierto que Kaldorov estaba prestando mucha atención a Inés y Enoch.

Además, el anfitrión del invitado no era el rey, sino la marquesa de Attlee.

El rey dijo que haría tiempo en persona, aunque no tenía por qué hacerlo.

Melissa entrecerró los ojos arrugados y sonrió.

—Ahora que lo pienso, el duque de Sussex todavía no está casado, ¿verdad? Si tuviera una hija, le habría dado la bienvenida al duque como mi yerno.

—Gracias, pero me temo que ahora es difícil.

Los ojos azules tocaron a Inés por un momento y cayeron.

Luego le sonrió a Melissa.

—Tengo a alguien en mente ahora.

—¿Ah, entonces es así?

Melissa abrió mucho los ojos.

—Me pregunto quién es la mujer afortunada.

—Si tengo la oportunidad algún día, se la presentaré. Todavía soy un poco cauteloso.

Desde entonces, Enoch y Melissa continuaron teniendo una conversación amistosa.

«No, ¿por qué Enoch mira hacia este lado...?»

Solo Inés miraba la vajilla frente a ella porque estaba avergonzada y feliz sin razón.

El ambiente de la cena fue agradable.

La gente tenía esta y aquella conversación.

Tendencias recientes en el mundo del arte de Kaldorov, saludos del rey y su esposa en Lancaster o el hijo de la marquesa de Attlee…

La marquesa de Attlee abrió la boca y cortó el plato de cordero ligeramente cocido.

—Personalmente, creo que la condesa Brierton es realmente genial. ¿Debería decir que la respeto mucho como mujer?

De repente se mencionó el nombre de Inés.

—¿Eh? ¿A mí?"

Avergonzada, Inés miró a la marquesa.

Tan pronto como hizo contacto visual con Inés, el semblante de la marquesa de Attlee se volvió más suave.

—Dicen que Lancaster tiene una atmósfera un poco más estricta que Kalodorov, ¿verdad? Admiro tanto a la condesa que se destaca en una sociedad así.

—Me halaga.

—Kaldorov tiene pintoras, pero es muy raro.

La marquesa apretó suavemente sus manos sosteniendo la vajilla.

—El arte no. No solo es difícil recibir educación formal en un campo en particular. Si eres una dama de una familia aristocrática, tiendes a darle más importancia a la creación de una mezcla.

Inés estaba un poco nerviosa.

Evidentemente, hace apenas un momento, la marquesa había cortado la carne con gráciles movimientos tal como ella la había pintado.

«…Supongo que así es como me siento.»

—Kaldorov critica que es un ambiente más libre que otros países, pero hay muy poco que podamos hacer. Hasta Andrea quiere estudiar pintura, pero por más que lo busco, no hay escuela donde puedan entrar niñas. Esa es la realidad.

«Espera, ¿escuela?»

Por un momento Inés sintió como si le hubieran dado un golpe en la cabeza.

Lo que señaló el marqués de Attlee fue, en efecto, que Inés ya se había dado varias veces contra la pared.

¿Acaso Inés no aprendió también de un tutor en lugar de recibir una educación formal sobre pintura?

Al menos, sus padres, que amaban terriblemente a Inés, se preocuparon por aprender esto y aquello, pero era más común que los niños pequeños de la aristocracia común tomaran clases de novia que eso.

—Marquesa de Attlee.

Justo a tiempo, Melissa llamó a la marquesa de Attlee con voz severa.

Capítulo 92

Sólo entonces sonrió la marquesa.

—Oh no, lo siento. Debo haber dicho algo demasiado duro frente a los invitados.

—No, como madre, debe estar preocupado por la educación de su hija.

Inés rápidamente ayudó.

Entonces la marquesa centelleó en sus ojos.

«¿Qué es?»

En sus simpáticos ojos, Inés, que estaba sorprendida, encogió los hombros.

Al mismo tiempo, la marquesa habló en secreto con Inés.

—En realidad, Andrea está muy interesada en la condesa. Si no le importa, ¿por qué no la conoce?

—Andrea, ¿es ella su hija?

—Sí. La residencia dla marquesa Attlee no está lejos de aquí.

—¿Puedo hacer eso?

—¡Por supuesto, por supuesto!

Más respuestas entusiastas de lo que pensaba.

—Honestamente, fui yo quien invitó a la condesa, pero en la exposición individual de ayer, la condesa siempre se la llevaba el duque.

Con ese gruñido, la marquesa de Attlee miró a Enoch juguetonamente.

Supuso que a Enoch también lo pincharon por dentro.

Dado que solo tosió brevemente y no refutó las palabras de la marquesa.

Finalmente, después de mirar a Enoch con los ojos bien abiertos, la marquesa volvió la cabeza hacia Inés.

—No es un alarde, pero el paisaje alrededor de la residencia de Attlee también es muy hermoso. Viene con una playa propiedad de la familia.

—Debe ser agradable tener una playa familiar.

—Por supuesto. Es una propiedad privada del marquesado Attlee, así que puede disfrutar del mar tranquilamente.

La marquesa volvió a recomendar con una voz claramente emocionada.

—Ya que ha venido hasta Kaldorov, es una lástima regresar inmediatamente después de trabajar, ¿verdad? ¿Qué opina?

—Bueno…

Inés estaba brevemente preocupada.

La marquesa de Attlee, pariente de la familia Kaldorov, así lo sugirió pero también era difícil de rechazar.

El mar.

«Ahora que lo pienso, creo que ha pasado mucho tiempo desde que vi el mar. Creo que andaba mucho cuando mis padres vivían.»

Desde que se casó con Ryan, solo se había quedado en casa para apoyar a Ryan.

«...En cambio, Charlotte y Ryan fueron a ver el mar con cariño.»

Un recuerdo doloroso saltó como un punzón y apuñaló el corazón.

Inés trató de mantener una cara sonriente.

De todos modos, no era una mala sugerencia.

Había estado ocupada con la exposición individual en Kalodorov, así que no estaría mal disfrutar un poco.

Inés asintió ante ese juicio.

—Gracias, entonces estaré a su cuidado.

La marquesa de Attlee también asintió con expresión complacida.

—Andrea estaría muy feliz. Tenía muchas ganas de conocer a la condesa, y ahora mi hija finalmente cumplirá su deseo.

…Ella pensó que era solo una exageración para halagar a Inés hasta ese momento.

Después del almuerzo.

Inés, que llegó a la mansión de Attlee, tuvo que cambiar un poco de opinión.

—¡Madre, padre!

La niña salió corriendo. Fue muy lindo ver las coletas atadas con cilantro revoloteando.

—¡Andrea!

El marqués de Attlee inmediatamente trató de levantar a su hija.

Andrea luego le preguntó al marqués con una cara seria a la vez.

—¿Qué hay de la condesa Brierton?

—¿Papá ni siquiera es visible?

El marqués se enfadaba a menudo, pero Andrea estaba tranquila.

—Papá, puedo verte todos los días, pero no eres una condesa, ¿verdad?

El marqués arqueó las cejas con insatisfacción y respondió.

—Ya que trajimos a la condesa que has estado esperando por siempre, no hay necesidad de apresurarse.

—¿Qué? ¿A qué te refieres con eso? ¡Guau!

Andrea abrió mucho los ojos.

Detrás de su padre y su madre, encontró a Inés y Enoch, quienes estaban en la puerta principal.

Las mejillas de la niña se pusieron rojas.

—¡Encantada de conoceros, soy Andrea Attlee!

Andrea, que estaba llena de energía, rápidamente inclinó la cabeza.

Los ojos chispeantes de la niña estaban fijos sólo en Inés.

Inés sonrió inconscientemente porque una niña así era linda.

—Encantada de conocerte, soy Inés Brierton.

—¡He escuchado mucho de ti! ¡Es un honor conocer a la condesa así!

Era una linda niña de siete años, Inés quería morderla cuando intentaba hablar lo más adulta posible.

Mientras tanto.

Inés ladeó la cabeza.

Era porque la niña miraba ansiosamente a Inés.

Ni siquiera a Enoch, que por lo general llamaba la atención de los niños con su destacada apariencia, se le prestó atención.

«¿Tienes algo que decir?»

La niña, que había estado dudando durante mucho tiempo, le tendió suavemente un gran folleto que había estado abrazando con fuerza.

—Bueno, quiero pedirte tu firma.

—¿Quieres que lo haga?

«De ninguna manera…»

Inés miró el folleto que le sobresalía con cara de perplejidad.

La predicción fue correcta.

Era el folleto de su exposición individual.

—¡Sí! ¡Me preguntaba si podrías firmar por mí!

Los ojos de la niña brillaron.

«Oh, Dios mío, mi autógrafo...»

Es un poco vergonzoso, pero también estaba orgullosa de ver a la niña así.

Inés firmó el folleto.

Andrea sonrió brillantemente, abrazando el folleto con fuerza en sus brazos.

—¡Gracias! ¡Definitivamente iré a la próxima exposición individual de la condesa! ¡Mi mamá prometió llevarme allí!

—Estoy más agradecida de que hayas dicho eso.

Andrea parecía algo animada por la respuesta favorable de Inés.

—Bueno, condesa.

—¿Sí?

—Estoy aprendiendo pintura recientemente, ¿puedo pedir algún consejo?

—…Bueno, no sé si puedo ser un buen maestro.

Inés sonrió torpemente.

Tener suficiente conocimiento en un campo pero enseñarle era algo completamente diferente.

Inés hizo una pausa por un momento.

—¿No estás aprendiendo de tu maestro?

Pero Andrea estaba decidida.

—¡Aún así! —Una emocionada Andrea levantó la voz apretando ambos puños—. ¡Tengo muchas ganas de escucharlo! ¡El consejo de la condesa!

En respuesta a la respuesta entusiasta, la marquesa calmó suavemente a su hija mientras observaba la situación.

—Andrea, la condesa es una invitada, ¿cómo puedes decir lo que quieres?

—Estoy bien. Más bien, es bueno ver esta mirada motivada.

Inés respondió con una sonrisa.

Ella lo dijo en serio.

Los niños pequeños aristocráticos ordinarios rara vez expresaban sus opiniones con tanto orgullo debido a su virtud.

Además, era muy agradable verla interesada directamente en el arte.

Quizás gracias a que la pareja marquesa estaba criando a su hija sin limitar sus posibilidades tanto como fuera posible.

«...como mis padres.»

Mientras tanto, cuando Inés defendía, Andrea apretaba los hombros.

—¡Mamá, la condesa dice que está bien!

—Andrea.

La marquesa advirtió, pero Andrea se mantuvo firme.

—Bueno, condesa. ¿Te gustaría ir a mi estudio?

No importa cuán madura pretendiera ser, un niño era un niño.

Era lindo de ver.

La sonrisa de Inés se profundizó un poco.

—Está bien, ¿vamos juntos?

—¡Sí!

Andrea, que estaba tan emocionada, caminó adelante.

Inés la siguió con paso pausado.

El estudio de Andrea era bastante auténtico para decir que pertenecía a un niño de siete años.

Quizás los Attlee estaban muy atentos a la educación de su hija, por lo que el estudio estaba bien equipado.

—¡Espere, condesa!

Andrea, que había sentado a Inés, corrió hacia el escritorio y pronto regresó con un grueso cuaderno de bocetos en los brazos.

—¡Estos son mis dibujos…!

Las huellas de la práctica del dibujo se completaron en el cuaderno de bocetos.

Eran obras en la dirección de sentar las bases, como la perspectiva básica y la estructura muscular del cuerpo humano.

Por lo general, los niños se aburrían con estas prácticas.

Era obvio que había estado practicando durante bastante tiempo.

Inés, que examinó de cerca las obras, elogió con alegría a Andrea.

—Dibujas bien.

Sus habilidades eran bastante buenas para su edad.

Ante el cumplido, el rostro de Andrea se iluminó.

—¡Gracias!

Inés señaló la foto y siguió explicando todo.

—Sin embargo, la pintura de esta mujer, los músculos de los brazos que sostienen la bandeja, en lugar de ser sostenidos así…

—¡Sí, sí!

Andrea escuchaba a Inés como poseída.

—Es bueno probar croquis a menudo. No tienes que intentar dibujar bien, pero será útil si te enfocas en los movimientos y características del personaje en el menor tiempo posible.

—¡Sí, lo haré!

Athena: Vaya, ¿tal vez una artista a futuro? Qué linda.

Capítulo 93

Después de mucho tiempo de preguntas y respuestas.

El rostro de Andrea se alivió y sonrió.

—Es tan agradable conocer a la condesa así y recibir consejos.

—Me alegro de haber sido útil.

Inés también le sonrió a Andrea.

Entonces Andrea movió los dedos y preguntó con cautela.

—Bueno, ¿cuánto tiempo se quedará aquí la condesa?

—No lo sé. ¿Probablemente una semana?

—Ah…

Por un momento, la expresión de Andrea se oscureció ligeramente.

—¿No puedes quedarte un poco más?

—¿Sí? ¿Qué es eso…?

—Lo siento, no quise ser terco.

Aunque se disculpó, Andrea tenía una cara triste.

—Ojalá pudiera preguntarle a muchos maestros así…

Por alguna razón, Inés sintió un poco de lástima por Andrea por ese bajo diálogo interno.

Ahora que lo pensaba, Inés y Andrea estaban en posiciones similares en muchos sentidos.

Los padres se preocupaban por la educación independientemente del género del niño, pero aún tenían hambre de aprender.

«La hija del marqués es mucho más joven que yo, pero no puedo creer que no haya mejorado en absoluto en comparación con cuando yo era joven.»

Inés, que pensaba eso, de repente sintió como si le hubieran dado un golpe en la cabeza.

«Ahora que lo pienso, ¿la marquesa de Attlee no habló también de la academia antes?»

Academia.

Un lugar donde podía obtener consejos de numerosos maestros, interactuar con sus compañeros y crecer mientras comparte varias perspectivas.

Un lugar donde podía ampliar drásticamente los horizontes de su hija en crecimiento.

Sin embargo, actualmente muy pocos niños podían ir a la escuela.

Incluso en Lancaster, solo había una escuela de arte, y solo los hijos varones de aristócratas de alto rango estaban matriculados en esa escuela.

Los niños que crecieron en la academia se convirtieron en artistas establecidos y, además, se convirtieron en miembros de la Real Asociación de Arte.

«Kaldorov habla de ser más libre que otros países, pero pueden hacer muy poco.»

Incluso Andrea quiere estudiar pintura, pero no importa cuánto busque, no hay academia donde las niñas puedan ingresar. Esa es la realidad.

Mirando hacia atrás en las palabras de la marquesa de Attlee, parecía que la situación de Kaldorov no era muy diferente.

No podía mejorar este sólido sistema por sí misma.

«Además... Los plebeyos constituyen la gran mayoría de Lancaster.»

No podían cruzar el umbral de la academia solo porque eran plebeyos.

Al mismo tiempo, los aristócratas podrían recibir educación si superaban el límite de género, pero los plebeyos no pudieron superar el doble triple vínculo y finalmente colapsaron.

Entonces…

Inés miró a Andrea.

«¿Qué pasa si nutrimos a jóvenes estudiantes que romperán este rígido mundo del arte?»

Como esta niña que tenía delante, con hijos que tenían fuerza de voluntad pero se enfrentaban a los límites del género.

Incluso los numerosos plebeyos que tenían talentos brillantes pero que no fueron descubiertos debido a su estatus social.

Enseñando a todos estos niños por igual.

Después…

Inés se separó de Andrea y fue a ver a Enoch y la marquesa de Attlee.

Pero Enoch estaba un poco insatisfecho.

Fue porque mientras le servían el té y salía a caminar por la playa, Inés estaba casi perdida en sus propios pensamientos.

—...es ¡Inés!

Inés, sobresaltada, se volvió hacia Enoch.

Enoch la miraba con los ojos entrecerrados.

—¿Qué estás pensando?

—Ah…

¿Qué clase de grosería era esta de seguir teniendo pensamientos diferentes frente a la gente?

Inés estaba un poco avergonzada.

—Solo, recordé mi conversación con Andrea antes.

—¿Andrea?

Enoch preguntó con una cara hosca.

—Has estado con Andrea desde que llegaste a la residencia de los Attlee. ¿Aún quieres volver a pasar más tiempo con Andrea?

—Eso no…

Inés se rio torpemente.

—Aún no he organizado mis pensamientos. Te lo diré cuando esté un poco organizado…

—Eso suena como si estuvieras tratando de concentrarte en otros pensamientos mientras estás conmigo.

Inés se quedó sin palabras.

Sin embargo, Enoch estaba decidido a no retroceder hasta escuchar la respuesta.

Al final, Inés no pudo superar la mirada triste de Enoch y abrió la boca.

—Hace un tiempo, Andrea estaba decepcionada de que fuera difícil experimentar varias cosas. La marquesa de Attlee también se quejó de eso.

—¿Es eso así?

—Sí. Así que, naturalmente, pensé en la escuela…

Aún así, mientras le explicaba a Enoch paso a paso, sintió que algo era un poco más concreto.

Explicó Inés.

La idea de la escuela surgió de una conversación con Andrea y la marquesa de Attlee.

Ahora que lo pensaba, incluso en Lancaster, había muy pocos niños que pudieran recibir educación formal en las artes.

—Porque soy plebeya, porque soy niña, porque mi familia es pobre…

Muchas razones bloqueaban las aspiraciones de aprendizaje de los niños.

—…Quiero enseñar a esos niños sin discriminación, siempre y cuando tengan la voluntad de aprender.

Así concluyó Inés.

—Entonces, para resumir, quieres decir que quieres construir una escuela, ¿verdad? —preguntó Enoch con voz cautelosa.

—Así es.

—Honestamente, creo que es una excelente idea. Sin embargo… —Enoch farfulló—. Será muy difícil.

Inés se quedó en silencio por un momento.

Si Enoch, quien generalmente ayudaba y apoyaba a Inés tanto física como mentalmente, dijo eso entonces...

Tal vez sería realmente difícil.

Sin embargo,

—Todavía quiero hacerlo.

Inés respondió resueltamente.

Enoch miró a Inés.

Esos brillantes ojos verdes, decididos a llevar a cabo lo que creen.

Era hermoso.

Por la deslumbrante pasión que la hizo moverse sin dudarlo.

Estaba encantado de nuevo como si fuera un hecho.

—¿Su excelencia?

La mirada de Enoch se fijó en ella, Inés inclinó la cabeza.

«Oh querido.»

Estaba demasiado distraído.

De repente, Enoch volvió en sí y maliciosamente corrigió sus palabras.

—Es Enoch, no Su Excelencia.

—…Bien, eso es cierto.

Tal vez un poco avergonzada, Inés se aclaró la garganta y miró hacia otro lado.

—Aún así, dado que esta es propiedad privada del marqués Attlee, ¿no sería mejor ser un poco más cuidadosa con el título?

—A quién le importa, solo somos nosotros dos en este momento. —Enoch se encogió de hombros y volvió a preguntar—. Y cuando te llamé Inés antes, no me disuadiste.

En ese punto agudo, Inés cerró la boca con insatisfacción.

—Entiendo los grandes planes de Inés para el futuro, pero ¿puedes enfocarte un poco en mí hoy?

La voz de Enoch, que así lo preguntó, estaba llena de picardía.

—Es la primera vez que estoy solo desde el "error" de Inés.

—¡De verdad, deja de hablar de errores!

Inés tenía miedo de ser escuchada.

Sonriendo, Enoch preguntó de repente.

—¿Puedo besarte?

Por un momento, Inés dudó de sus oídos.

«¿Estás bromeando o hablas en serio?»

Pero Enoch solo la miraba con una sonrisa.

Inés sintió que su rostro se calentaba.

—¿Realmente tienes que preguntar sobre eso?

Incapaz de superar su vergüenza, Inés lo regañó por ser estúpido.

Sin embargo, la respuesta que volvió fue innecesariamente seria.

—No haré nada sin tu permiso.

En ese momento.

Incluso la suposición habitual de "¿cómo era Ryan?" fue completamente olvidada.

Sentía que su corazón explotaría ante la amabilidad de Enoch.

Sus labios se movieron salvajemente mientras respondía a su pregunta.

—No tienes que pedir permiso ni nada por el estilo.

Inés respondió casualmente, sorprendida por lo que dijo.

Aún así, ella no retrocedió.

En cambio, añadió sus palabras como clavando clavos.

—Enoch, si eres tú, está bien.

Tan pronto como se le concedió el permiso, sus dedos largos y gráciles acariciaron suavemente la mejilla de Inés.

Sus dedos levantaron suavemente su barbilla.

Inés cerró los ojos como si fuera natural.

Sus labios se encontraron.

La sensación.

Todo su cuerpo se relajó y los labios de Inés se separaron ligeramente.

Un suave trozo de carne se clavó en sus labios, acariciando su delicada boca, rozando sus dientes sin dudarlo.

—Ah…

Inés involuntariamente jadeó para recuperar el aliento.

Todo su cuerpo pareció derretirse ante el dulce placer que invadía todo su cuerpo.

«Estoy feliz.»

Inés se deleitaba con su desgarradora satisfacción.

La playa de arena con espuma blanca y el horizonte azul profundo brillando con la luz del sol.

Una brisa fresca del mar agitando su cabello.

E incluso este hermoso hombre que estaba jugando con ella.

Era un momento perfecto.

Athena: Agh, son muy lindos. Me encantan.

Capítulo 94

Al poco tiempo.

Inés terminó la exposición con éxito y regresó a casa.

—Fue un tiempo muy gratificante —dijo Inés con orgullo.

En realidad, valió la pena tanta autoevaluación.

Los artistas la invitaron a discutir los puntos de vista de los demás sobre el arte y ver las exposiciones de otros artistas.

También tuvo frecuentes intercambios con miembros de la alta sociedad, incluido el marqués de Attlee y su esposa.

De hecho, equivalía a regresar a casa después de estampar a todas las celebridades de Kaldorov.

—Honestamente, no esperaba tener una audiencia con Su Majestad el rey de Kaldorov. Estaba tan nerviosa que mi corazón estaba a punto de estallar.

Mientras tanto, Enoch, que había estado escuchando la charla de Inés, sonrió extrañamente.

—Probablemente estarás bastante ocupada cuando regresemos a Lancaster.

—¿Qué? ¿Por qué?

Enoch respondió, como si fuera una cuestión de rutina, para su perplejidad.

—Bueno, esta vez la condesa de Brierton tuvo un logro verdaderamente abrumador. Estoy seguro de que habrá una avalancha de solicitudes de entrevistas.

—Aprecio el cumplido repentino, pero no tengo nada en particular que ofrecer.

—No estoy tratando de felicitarte, solo estoy exponiendo los hechos. Además, ¿no crees que tienes muchas cosas que ofrecer?

Enoch, quien respondió así, tenía un rostro extremadamente de hombre de negocios antes de darse cuenta.

—Como periodista, no tengo intención de perderme la gran historia de una entrevista exclusiva con la condesa de Brierton.

—¿Qué?

—Entonces, la primera entrevista después de regresar a casa debería darse a nuestra revista Elton. —Enoch lo clavó firmemente—. ¿Bien?

Inés, llena de ánimo, se rio.

—Está bien, no te preocupes, definitivamente lo haré.

Hasta entonces, ella era escéptica al respecto.

La profecía de Enoch se hizo realidad.

Al regresar a su hogar en Lancaster, Inés estaba rodeada de reporteros.

—¡Escuché que la exposición individual de Kaldorov fue muy bien recibida!

—¡Escuché que también hay solicitudes para realizar la exposición individual de Kaldorov en Lancaster!

—¡Condesa de Brierton, solo una palabra por favor!

Por supuesto, era cierto que la exposición individual fue un éxito considerable.

Sin embargo, la razón por la cual el ambiente estaba tan caliente fue por la singularidad del lugar donde se reconoció a Inés.

Kaldorov.

Era un país vecino con fronteras, y el poder nacional también era similar.

Un país que durante mucho tiempo había sido rival de Lancaster e incluso había librado una larga guerra en el pasado.

El hecho de que Kaldorov la reconociera satisfizo a la gente.

—Entonces, ¿esto es una mejora del prestigio nacional?

Inés, apenas saliendo de la multitud de reporteros, murmuró desconcertada.

Incluso el actual rey, Edward, dijo que ella había elevado el prestigio nacional, y oficialmente felicitó a Inés directamente.

Eso significaba que la opinión pública favorable a Inés estaba en su apogeo.

Entonces.

Nunca ha habido un mejor momento que ahora para llevar a cabo un proyecto que provocaría diversas reacciones en todos los ámbitos de la vida.

Por ejemplo, la creación de escuelas.

—¿Cuándo es la entrevista de Elton?

—Bueno, estoy tratando de encajar en el horario de Inés.

—Entonces procedamos con la entrevista lo antes posible.

—¿Tan de repente?

Frente a Enoch, que tenía cara de desconcierto, Inés sonrió con picardía.

—Voy a anunciar que construiré una escuela.

La entrevista en solitario de la revista Elton con la condesa de Brierton provocó tremendas repercusiones en toda la sociedad.

Fue como tirar una bomba.

Así es, porque nunca había existido una escuela como esta en Lancaster.

—No, ¿de qué demonios estás hablando?

Uno de los aristócratas sentados en el club abrió la boca con una voz asombrosa.

—Es para inscribir a damas de familias aristocráticas en escuelas de arte. Es cierto que la condesa de Brierton tiene talento en muchos sentidos. —El aristócrata que habló primero chasqueó la lengua y continuó—. ¿Pero no es un poco excesivo admitir no solo nobles sino también plebeyos en la escuela?

—Tienes razón. ¿Cómo pueden los nobles y los plebeyos ser educados juntos, incluso si eso significa hacer una concesión a las mujeres aristocráticas?

—Además, enseñar arte y nada más.

Era un punto de vista extremadamente discriminatorio.

Sin embargo, los aristócratas ni siquiera tenían la noción de que la discriminación estaba mal.

Los plebeyos eran inferiores a los nobles.

Ese pensamiento había estado encarnado en los nobles toda su vida.

—Ciertamente la condesa está pensando en aceptar a todos los artistas que hacen ruido en la calle diciendo que son artistas…

Cuando alguien murmuró eso con un suspiro, otro noble estuvo de acuerdo con las palabras.

—¿Conocen los plebeyos las sensibilidades artísticas? Tengo que pasar por varias experiencias desde que era joven y agudizar mi sensibilidad…

—Para ser honesto, darle a la gente común tal oportunidad de educación es un desperdicio.

Así es como los aristócratas masculinos, la corriente principal de la sociedad de Lancaster, vieron con enojo la idea de Inés.

Y, por supuesto, la Real Asociación de Arte como la más vehemente opositora a la jugada de Inés.

—¡El movimiento de la condesa de Brierton es demasiado radical!

—No, ¿no es suficiente darles a las mujeres nobles la oportunidad de obtener una educación primero? ¡Es prematuro abrir la puerta a la educación incluso a la gente común!

—Dicen que te cansas de la comida que comes a toda prisa.

Esa fue la tesis de la Real Asociación de Arte.

Para ser honesto, fue un movimiento audaz.

La Real Asociación de Arte temía que sus intereses creados pudieran verse amenazados.

Recibir educación avanzada significa que pronto tendrá la oportunidad de aprovechar los intereses creados.

Además, si hubiera más artistas a través de la escuela de Inés, tendrían que competir con muchos artistas nuevos.

La Asociación con sus barcos llenos de aceite, no quería para nada semejante competición.

Un día cuando la reacción se intensificó.

La reina, Helena, convocó en secreto a Inés a su palacio.

—Condesa Brierton.

Helena, llamada discretamente Inés, tenía una mirada pensativa en su rostro.

Inés bajó la cabeza en silencio.

—Sí, Su Majestad la reina.

—¿Lo sabe la condesa? La Real Asociación de Arte se opone mucho a la escuela que está estableciendo la condesa.

—Lo sé.

Incluso mientras decía eso, Inés no evitó los ojos de Helena.

Además, Helena estaba familiarizada con esa mirada en el rostro de Inés.

Una mirada que no dudaba de que sus pensamientos fueran correctos.

Sí, parecido.

Esta era la expresión del duque de Sussex.

Al mismo tiempo, Inés abrió la boca con calma.

—Sin embargo, no voy a renunciar al tema de establecer la escuela de arte.

—¿Es eso así?

Elena se rio.

Incluso los ojos de Inés eran los mismos que los de Enoch.

—Obviamente es una gran carga tener la oposición de la Real Asociación de Arte y, además, de la clase aristocrática. Su Majestad debe haberme llamado porque estaba preocupada por esa parte.

—No diré que no.

—Sin embargo, la razón por la que digo que estableceré una escuela es…

Inés enderezó la espalda.

Miró directamente a los ojos de Helena y conectó sus palabras con claridad.

—Es porque pensé que el mundo del arte no podía permanecer estancado para siempre.

—No puede quedarse estancado, eh.

—Sí. Es cierto que soy bastante famosa en el arte de Lancaster en este momento, pero...

Inés se aclaró la garganta.

Pronto, una voz clara siguió.

—Creo que hay un límite para entrar solo en el mundo del arte y ser reconocido por ese talento.

—Hmm, ¿podrías elaborar un poco más?

—Soy demasiado poco convencional para la escena artística de Lancaster. —Inés continuó sin dudarlo—. La razón por la que el mundo del arte de Lancaster está insatisfecho con mi progreso pero moderadamente hace la vista gorda es probablemente porque estrictamente hablando, soy la condesa de Brierton.

Fue una palabra que apuñaló el corazón.

—Una vez fui considerada una de las mejores herederas del Reino de Lancaster y sigo siendo la cabeza de una de las familias más prestigiosas del reino.

—Condesa, eso es…

—Es por eso que he sido capaz de no quedar atrapada en el género de ser mujer. Mientras siga así, probablemente podré continuar con mis actividades como artista hasta el final.

Había un ligero calor en la voz de Inés.

—¿Pero qué hay de mis descendientes?

Ante esa pregunta, los ojos de Helena se abrieron como platos.

—De hecho, las artistas femeninas después de mí y, además, las artistas que están atadas por el estatus de plebeyos... ¿Pueden florecer sus talentos en este rígido mundo del arte?

Y Helena pudo responder muy fácilmente a las preguntas de Inés.

La respuesta era "no".

—No solo las mujeres, sino también los artistas plebeyos con estilos de pintura libres, independientemente del género, deben seguir llegando. Si es así, se inyectará sangre nueva en el rígido mundo del arte, y si no…

Parecía que Inés había estado pensando en esto durante mucho tiempo.

Siguieron palabras imparables.

—Porque en el momento en que desaparezca, volverá nuevamente al mundo del arte cerrado.

Al concluir sus palabras, Inés se sonrojó levemente.

Fue porque parecía haber vomitado demasiada elocuencia frente a la reina.

Athena: Me gusta mucho que se traten estos temas, y que sea tan certera y clara. Es una realidad cruel que ha existido en el mundo y sobre la que se ha tenido que luchar. La diferencia de clases, la desigualdad, la discriminación y los roles de sexo… Me parece interesante cómo se va tratando este tema y que la protagonista quiera cambiar el mundo, siendo consciente al mismo tiempo de que ella es una privilegiada y por ello, comenzar el cambio. Inés me gusta mucho como personaje.

Capítulo 95

Helena miró fijamente a Inés durante un rato y luego declaró abruptamente.

—Yo también lo creo.

—¿Disculpe?

—Creo que la condesa tiene razón.

—Ah…

Inés no sabía que la reina estaría de acuerdo con ella tan amablemente.

Inés parpadeó en blanco.

Al mismo tiempo, Helena añadió con calma sus palabras.

—Además, Su Majestad el rey piensa lo mismo que yo.

—Eso significa…

—Significa que la familia real no impedirá que la condesa establezca la escuela.

La respuesta también sorprendió a Inés.

Aunque no se opuso tan abiertamente como la Real Asociación de Arte, la aristocracia también apoyó en secreto su movimiento.

Ante esta situación, la familia real declaró que ignoraría el descontento de la aristocracia.

Helena le sonrió con amargura.

—Incluso la familia real solo puede hablar en principio de todos modos. Siento no haber podido ser de mucha ayuda.

—No, Su Majestad la reina. Es una tremenda ayuda.

Inés respondió con una brillante sonrisa.

Tenía a alguien que creía en ella.

Tenía gente que la apoyaba en que tenía razón.

Por lo tanto, nunca se derrumbará.

Cuando cerró los ojos, recordó la sonrisa amistosa de un hombre, e Inés tomó una decisión.

Después de una conversación confidencial con Inés.

En cuanto a la reina, estaba segura de mantener su palabra de haberlo hecho.

La familia real de Lancaster declaró que no se opondrían oficialmente a este tema.

—No hay base para bloquear el establecimiento de la escuela de la condesa de Brierton.

Eso era cierto.

Desde un principio, la escuela privada fue una academia que Inés hizo con su propio dinero.

No era una escuela real que usaba las finanzas reales o una escuela nacional que usaba los impuestos de las personas.

La familia real ni siquiera tenía una razón para frenar el establecimiento de la escuela por parte de Inés.

Sin embargo, la decisión de la familia real volvió a levantar las voces de todos los ámbitos de la vida.

—¡Los enfoques demasiado radicales de la educación solo conducen al caos en la sociedad! ¡Tenemos que poner los frenos correctamente en la corte real!

La Real Asociación de Arte protestó enérgicamente por la decisión real.

—La familia real ha tomado una sabia decisión, ¡la puerta a la educación debe estar abierta para cualquiera!

Por el contrario, la gente común expresó su ferviente apoyo.

Por otro lado, Inés no sucumbió a la oposición o al apoyo de todos los ámbitos de la vida.

Más bien, se puso en contacto con artistas extranjeros famosos para que se convirtieran en profesores, buscó el sitio para la escuela y continuó sus pasos para establecer la escuela.

Por supuesto, la Real Asociación de Arte sospechaba del comportamiento de Inés, por lo que visitó a la familia real una vez más.

—Si la gente lo quiere así, no tenemos por qué oponernos.

Frente al director de la Asociación de Arte, quien inevitablemente vino a su encuentro, Edward trazó una línea con firmeza.

Más bien informal, respondió positivamente a la escuela que Inés estaba tratando de construir.

—Y la lógica de la gente en realidad no está mal. Si la condesa Brierton construye una escuela, está bien si ayuda a Lancaster, ¿verdad?

—¿Eh? ¡Pero, Su Majestad!

El presidente de la asociación de arte trató de protestar, pero Edward habló un poco más rápido.

—Además, es una pensión que se le da a la asociación de arte del presupuesto nacional, y el trato preferencial fue considerable, pero es cierto que el rendimiento fue bastante bajo en comparación con eso.

—¡Eso es…!

—Si fuera yo, simplemente me quedaría callado en lugar de incurrir en la ira de la gente al plantear problemas escolares. ¿Qué le parece, señor?

No había forma de decir nada en un momento en que fue apuñalado en un lugar doloroso.

De hecho, el rey tenía una razón para decir eso.

Era cierto que el ambiente de los plebeyos era fuerte.

—Además, la condesa dijo que usaría su propio dinero para construir una escuela privada.

—¡El hecho de que el número de instituciones educativas aumente en primer lugar ayudaría a Lancaster en el futuro!

—¿Tiene sentido que los plebeyos no reciban una educación debido al excesivo sentido de privilegio de los nobles?

En tabernas donde solía reunirse la gente común, en restaurantes baratos y en las calles.

Cuando los plebeyos se reunieron, todos sacaron el tema de la escuela de Inés.

Por supuesto, al principio, la clase aristocrática, incluida la Real Asociación de Arte, ni siquiera escuchó a la opinión pública.

—¡Para los plebeyos, qué...!

—Estoy seguro de que protestará un poco antes de desaparecer.

Pero esta vez, la reacción del pueblo fue más intensa de lo que esperaban los nobles.

Fue porque la gente común que tenía dificultades para tener oportunidades educativas tenía sed de la instalación en sí misma llamada "escuela".

Bajo tales circunstancias, Inés profesaba aceptar a sus alumnos en su escuela, sin importar su género y estatus.

Anunció que el costo de la educación también era muy bajo en comparación con las escuelas convencionales, y que incluso se estaba considerando un sistema de becas para estudiantes destacados.

Era natural que las personas que se vieron privadas de la oportunidad de recibir educación apoyaran de todo corazón.

—¡Así es como se desperdicia el dinero de nuestros impuestos!

—¡Tienes razón! ¡Solo hay un puñado de escuelas públicas que enseñan a los plebeyos mientras pagan impuestos al estado!

—¿Hay alguna necesidad de interferir con la escuela privada que la condesa Brierton está construyendo con su propio dinero?

Y las flechas de la reacción violenta cayeron sobre los aristócratas y, además, sobre la Real Asociación de Arte.

—¡Sobre todo, la gente de la Real Asociación de Arte no tiene derecho a reclamar así!

—¡Tienes razón! De todos los artistas mayores que ponen fuerza sobre sus hombros, ¿quién ha logrado más que la condesa Brierton?

—¡La condesa Brierton también tuvo éxito en la exposición de intercambio y su primera exposición individual también se llevó a cabo en ese país alto de Kaldorov!

—¡Sobre el tema de poner sus nombres en la Real Asociación de Arte, obtener pensiones entre ellos y construir amistades!

—¿Quién paga el costo de mantener viva a la Sociedad? ¿No se debe todo eso a los impuestos pagados por la gente?

A medida que se acumulaba el descontento con la Real Asociación de Arte, algunos plebeyos extremos incluso comenzaron a formar una opinión pública para abolir la Real Asociación de Arte, diciendo: "¡Más bien desháganse de la Real Asociación de Arte!"

Si fuera normal, la opinión pública extrema no habría cobrado tanta fuerza.

Pero esta vez, el objetivo para quemar su ira era muy claro.

Una oportunidad educativa largamente privada.

Casi tuvieron esa oportunidad, pero se la iban a quitar justo en frente de sus narices.

Por otro lado, al observar la opinión pública, la Real Asociación de Arte sintió una gran sensación de crisis.

Ellos inflamaron aún más su enemistad hacia Inés.

—¡Si tan solo la condesa de Brierton no hubiera dicho que construiría una escuela en primer lugar!

Y lo mismo le sucedió al presidente de la asociación de arte, el marqués Usher.

—No puedo dejar a la condesa de Brierton así.

La opinión pública sobre la abolición de la Real Asociación de Arte se extendió como la pólvora entre la gente común y la clase media.

Tan pronto como pensó en ella, el presidente de la asociación de arte sintió una escalofriante sensación de crisis en el estómago.

—A partir de ahora, la opinión pública... La Real Asociación de Arte, que tiene una larga historia y tradición, realmente podría desintegrarse.

De ser así, era natural que volara al puesto de presidente de la Asociación de Arte.

—Esto no es para mí. Por el bien de la Real Asociación de Arte y, además, por el bien de este país.

Los ojos del presidente de la asociación de arte brillaron insidiosamente.

Así fue como se gestaba el descontento con la Asociación de Arte.

De repente, apareció un artículo de una entrevista en la prensa amarilla.

La razón por la que el artículo, que normalmente iría a uno de los muchos artículos basura, llamó la atención fue por la persona señalada en la entrevista.

[¡La condesa de Brierton aceptó sobornos en relación con el establecimiento de la escuela!]

Inés Brierton.

Se había mencionado a una persona que recientemente había estado atrayendo la atención del público.

Y la persona que acusó la corrupción fue Charlotte Jason.

Una vez fue amiga cercana de la condesa de Brierton, y usó esa posición para tener una aventura con el ex esposo de la condesa.

Era Charlotte la que casi había quedado enterrada en el mundo social.

Charlotte habló agresivamente sobre las acusaciones de soborno de Inés.

—La condesa de Brierton recibió un soborno inapropiado de cierto noble al comprar el sitio de la escuela.

Aquí hay un resumen aproximado de su afirmación que comenzó con esas palabras:

La condesa de Brierton se puso en contacto con un noble y le prometió comprar y vender algunas de las tierras del noble para construir una escuela, pero en realidad los sobornó.

Por otro lado, no fue una mala oferta para los otros nobles.

Cuando se construía una escuela, se formaban diversas infraestructuras a su alrededor, y el precio del terreno alrededor de la escuela aumentaba naturalmente.

Incluso si Inés pagaba una cantidad considerable de sobornos, el daño se compensaría naturalmente con el aumento en el precio de la tierra circundante.

Además, la infraestructura, una vez formada, continuaría generando ingresos, por lo que los bolsillos de los nobles crecerían con el paso del tiempo.

Al final, Inés adquirió la tierra a bajo precio mediante sobornos, y el terrateniente pudo generar ganancias más allá del soborno, por lo que fue una estructura de ayuda mutua.

Pero aquí surgía un problema.

Después de que Inés aceptó un soborno, decidió comprar otro terreno, ignorando ese trato secreto con los nobles.

—…Hice todo el trabajo sucio por Inés, no, la condesa de Brierton.

Charlotte miró al reportero sentado frente a ella con lágrimas en los ojos.

—Como todos ustedes bien saben... En realidad, la condesa y yo no nos llevamos muy bien.

Athena: Esta gente no aprende, ¿verdad?

Capítulo 96

—Así es, todos en el reino no sabrían eso.

—Y la condesa quería ponerse en contacto con su contraparte de los nobles en secreto para que nadie lo sospechara.

Charlotte se mordió los labios con una expresión débil.

—Quizás por eso me eligió la condesa.

—¿Qué quieres decir?

—Debido a que tengo una relación tan mala con la condesa, es por eso que nadie sospechará la colusión entre la condesa y yo.

A primera vista, sonaba plausible.

El reportero que casualmente asintió con la cabeza preguntó de nuevo.

—Entonces, ¿por qué Lady Jason ayudó a la condesa de Brierton?

—Eso es…

Dudó por un momento, luego abrió la boca como si hubiera tomado una decisión.

—A cambio de que ayude a la condesa, la condesa prometió ayudarme en mi difícil vida.

—¿La condesa de Brierton hizo esa promesa?

—Sí. Además... Ella también dijo que ayudaría a reparar mi reputación social arruinada.

Charlotte bajó los ojos húmedos.

Sus pestañas revolotearon como mariposas.

El reportero, que había estado mirando a Charlotte con lástima, procedió a entrevistarla nuevamente.

—Entonces, ¿qué evidencia hay de que la condesa de Brierton aceptó un soborno o sobornó a la gente?

—Tengo un documento de regalo. En ese documento…

Como si su corazón estuviera acelerado, Charlotte cerró los ojos por un momento y controló sus emociones.

Después de un momento,

Su vocecita resonó como si fuera a apagarse en cualquier momento.

—La condesa de Brierton lo firmó personalmente—dijo ella.

—¡¿Es eso cierto?!

El deber del reportero era ser sereno, pero lamentablemente el reportero que entrevistó a Charlotte no lo hizo.

El reportero sorprendido levantó los ojos como platos.

—Entonces, ¿quieres decir que hay evidencia física?

—Sí. Con su firma.

Charlotte asintió con la cabeza con fuerza.

Después de eso, se derrumbó y renunció a sus palabras.

—Es cierto, por supuesto, que estuve involucrado en un trato de soborno y que ayudé a la condesa de Brierton.

—Oh, Dios mío, Lady Jason.

—Sin embargo, la razón por la que confieso mis pecados así, aunque sea tarde...

Sobre sus blancas mejillas, una vez más, se desbordaron gotas de lágrimas.

Charlotte enterró la cara en su pañuelo y sollozó.

—Es cierto que siento remordimiento, pero la emoción más definitoria que me trajo aquí fue el miedo.

—¿Miedo?

—Sí. ¡Estaba tan ansiosa y asustada de que la condesa tratara de silenciarme sobre este trato…!

Charlotte no pudo seguir el ritmo de sus palabras hasta el final y sus hombros temblaron levemente.

—Pensé que si cometía un crimen, debería ser castigado apropiadamente, así que vine aquí descaradamente…

Sin embargo, si lo pensaba un poco, podía ver que las palabras de Charlotte eran extrañas.

Aparte del hecho de que Inés y Charlotte eran enemigas feroces, Inés era la cabeza de una de las familias más prestigiosas de Lancaster.

Incluso si no fuera Charlotte, ya tenía muchas personas a las que podía comandar, por lo que no tenía motivos para convencer a Charlotte de que se pusiera de su lado para correr ese riesgo.

Además, era de sentido común no dejar evidencia cuando un soborno iba y venía.

Alternativamente, hubo casos en los que se redactó un contrato para mantener el secreto.

Sin embargo, la evidencia que salió esta vez fue un certificado de regalo con la firma de Inés.

Para ser honesto, a menos que Inés fuera una idiota, no había forma de que ella personalmente firmara el certificado de regalo que prueba sus crímenes...

¡Dios mío, qué dolorosa debe haber sido la dama bajo la presión de la condesa de Brierton!

—Para ser honesto, ¿cómo podría una aristócrata de bajo rango como Lady Jason enfrentarse a la condesa de Brierton?

Las cosas estaban tomando un giro extraño.

Incluso el proceso del anterior divorcio de Inés había sido sutilmente cuestionado por más y más personas.

Además, la Real Asociación de Arte, que era hostil con Inés y algunos aristócratas, que habían menospreciado las acciones que Inés había mostrado hasta el momento, también la apoyaron.

En particular, algunas personas revoloteaban como peces en el agua.

Los nobles, que en secreto estaban descontentos con Inés, pero no pudieron expresarlo, apoyaron abiertamente a Charlotte.

—Hay rumores de que la razón por la que Lady Jason tuvo una relación inapropiada con el joven maestro Gott fue solo porque el joven maestro la presionó.

—¿Entonces la condesa de Brierton no se enteró personalmente del asunto?

—Me pregunto si descargó su ira en la débil Lady Jason...

—Bueno, quién sabe cuál es la verdad... Si piensas en la mirada dura que ha mostrado la condesa hasta ahora, hay una buena posibilidad.

Las personas que conocían a Charlotte en la vida real ni siquiera lo escucharon, diciendo que era una tontería.

Sin embargo, dado que fue un incidente tan interesante, la atención del público se centró de inmediato en Charlotte.

Sobre todo, fue muy estimulante ver a una mujer hermosa, brillante como una rosa, quejándose mientras derramaba sus lágrimas.

Era natural que la opinión pública se volviera tan feroz.

—¿Podemos realmente dejar que la condesa de Brierton construya la escuela?

—¿Cómo sabes si el propósito de establecer una escuela es puro?

—¡Así es, la escuela es solo un pretexto, tal vez para defraudar ventajas indebidas como esa!

La gente levantó la voz.

Además, la situación era desfavorable.

Lo que Inés estaba tratando de establecer era una "escuela para enseñar a los niños", y la pancarta que levantó también fue "Trataré de enseñar a los niños sin discriminación".

—La escuela es donde los niños estudian, entonces, ¿podemos dejar que una persona tan controvertida establezca una escuela?

—Para proteger a los niños, ¿no sería mejor posponer el establecimiento de la escuela hasta que se resuelvan los problemas?

—Sería un gran problema si los niños se vieran afectados por las malas acciones de la condesa de Brierton.

La gente se hizo pasar por el bien de los niños y pronunció palabras calumniosas contra Inés.

Mientras tanto, Inés, por supuesto, insistió en que el certificado de regalo era falso.

No era sorprendente que Inés nunca hubiera firmado el papeleo.

Desde que se fue a Kaldorov y regresó, Inés había estado muy ocupada con los problemas escolares.

Incluso Enoch, que acababa de convertirse en su pareja, no podía verla mucho.

Inés se sorprendió profundamente cuando vio el certificado de regalo que Charlotte había mostrado como prueba.

—Oh, Dios mío, ¿cómo podría ser...?

Tenía una razón por la que Charlotte estaba tan segura.

Fue porque la firma en el certificado de regalo era de hecho la misma que la de Inés.

«Era tan parecida que hasta dudé, ¿realmente firmé ese documento?»

Incluso para revelar la verdad, varios jueces de firmas vinieron y trataron de identificar la firma...

La firma de la condesa de Brierton es correcta.

De hecho, la decisión era inevitable.

Era una firma tan elaborada que hasta Inés se confundió.

Y así, la confusión que rodeaba a Inés continuó profundizándose.

Era como si el acertijo no pudiera resolverse a menos que alguien fuera señalado y destruido.

Dentro del estudio oscuro.

Inés se quedó de brazos cruzados, mirando fijamente las numerosas pinturas que había dibujado.

Entre ellos, no había ni un solo trabajo terminado mientras pasaba al último trabajo.

«...No puedo dibujar.»

Inés miró sus manos con ojos temblorosos.

Desde las falsas revelaciones de Charlotte en la prensa amarilla, Inés ni siquiera había sostenido un lápiz, y mucho menos un pincel.

De hecho, sabía en su cabeza que Charlotte estaba tratando de destruirla. Pero la verdad se revelaría algún día.

Pero no había tiempo para estar en una desesperación tan pausada.

Sin embargo, lo único a lo que Inés pudo responder en una situación tan urgente fue a usar un agente para anunciar que la firma en el certificado era falsa.

Eso fue posible gracias a que Enoch hizo todo lo posible por ayudarla.

«Tengo que moverme, pero no puedo.»

El letargo que le hacía difícil incluso mover un dedo se apoderó de Inés.

Se sentía como si la llevaran a un callejón sin salida.

«Yo... ¿Había estado haciendo algo incorrecto todo este tiempo?»

Era confuso.

Sentía que todo lo que había hecho alguna vez le estaba siendo negado.

Ella pensó que era lo correcto, así que trató de proceder incluso con el dinero de su propia familia.

Pero había tantas personas que eran hostiles a Inés y trataban de interferir con su trabajo.

Frente a esa gigantesca maldad que de alguna manera intentaba reprimir a Inés, se sentía inmensamente impotente.

Capítulo 97

Justo a tiempo, sonó un golpe cauteloso.

Pero Inés no respondió al sonido.

Ni siquiera tenía la energía para reaccionar.

—Mi señora.

Después de esperar mucho tiempo y no obtener respuesta, una voz desesperada volvió a llamar a Inés.

Era Mary.

—¿Está bien? No ha salido en días ya…

Desde que Inés había estado encerrada en el taller de la residencia, Mary había estado pisando fuerte preocupándose por Inés.

No es que Inés no conociera el nerviosismo de Mary.

—…todo está bien.

Al final, Inés respondió con voz ronca.

La voz que escuchó después de mucho tiempo era muy desconocida.

Ella solo respondió, pero la voz de Mary se animó.

—¡Oh, Dios mío, mi señora!

—Está bien, no tienes que preocuparte por mí. Solo quiero pasar un poco más de tiempo a solas.

—Sí, entiendo ese sentimiento. Pero yo…

Mary, que dudó durante mucho tiempo, abrió la boca con cuidado.

—…Ha venido un invitado.

—¿Un invitado?

—Sí. El duque de Sussex ha estado de visita durante varios días.

En un instante, los ojos de Inés se abrieron un poco.

Enoch.

Era un nombre que había estado escondiendo.

Tan pronto como volvió a pensar en él, sintió un hormigueo por dentro como si se hubiera tragado un fragmento.

—Dile que regrese.

Inés abrió la boca con bastante urgencia.

—Dile que lo siento mucho. Además, dile que no venga a visitarme en el futuro…

No venir.

Esas palabras perforan su corazón como un punzón.

Inés respiró pesadamente.

Pero esto era correcto.

Enoch era una persona que no escatimó ningún apoyo para descubrir el talento de Inés y consolidarla como artista.

Aunque su primer encuentro con Inés fue su oferta, a partir de entonces Enoch se dedicó a ella.

Porque Enoch no ocultó su intimidad entre él y ella.

Más bien, lo expuso al mundo entero…

«Enoch sufrió daños por mi culpa.»

Inés cerró los ojos con fuerza.

«Cuanto más se revele la amistad conmigo, más dañará el honor de Enoch.»

Entonces ella entendió esto bien.

Prefería mantener la distancia con Enoch, al menos hasta que los asuntos de Charlotte estuvieran perfectamente resueltos...

Sin embargo…

—Condesa de Brierton.

Por un momento, Inés se sobresaltó.

Esta voz.

No había manera de que ella no pudiera saberlo.

«¿Por qué está Enoch aquí?»

Asustada, Inés involuntariamente levantó la voz.

—¡Mary, el duque de Sussex no puede venir a mi residencia...!

—Lo siento…

—No tienes que culpar a Mary.

Una vez más, la graciosa voz de Enoch irrumpió en la conversación.

—Es porque insistí en asumir la responsabilidad de todo.

—...Su Excelencia, duque de Sussex.

Inés no sabía qué hacer.

Por supuesto, Enoch también fue una de las razones por las que se instaló en la residencia de Brierton.

Al reducir intencionalmente sus encuentros con Enoch al mínimo, estaba tratando de evitar incluso un poco de chisme de la gente sobre Enoch.

Pero Enoch se acercó abiertamente a Inés de esta manera...

—¿Puedes abrir la puerta por un momento?

Enoch habló en voz baja pero con firmeza.

E Inés no pudo resistir esas palabras.

La puerta que había estado cerrada durante mucho tiempo se abrió.

Más allá de eso, se reveló el rostro demacrado de Inés.

Enoch apretó los dientes.

Mirada oscura.

Hombros encogidos.

Inés bajó los ojos para evitar la mirada de Enoch y abrió la boca con voz apagada.

—No puedes venir aquí así.

—Inés.

—Si te quedas conmigo... también dañará el honor de Su Excelencia.

Persuadiendo a Enoch para que lo hiciera, Inés se mordió suavemente el labio.

«Terminó así.»

No quería presionar a Enoch de ninguna manera.

Porque él fue quien salvó a Inés.

No quería que Enoch se arrepintiera de haber aceptado su oferta y tomado su mano.

Por cierto…

«Por mí…»

No importa cuán confinado a la residencia, no era difícil adivinar cómo resultaría la situación exterior.

A medida que la disputa con Inés se hizo más fuerte, cuestionarían el discernimiento de Enoch.

«Esa persona brillante... ¿Qué pasa si terminas en el barro conmigo?»

Solo pensar en eso hizo que su estómago se sintiera frío, como si se hubiera tragado un gran trozo de hielo.

Mientras tanto, Enoch miraba fijamente el rostro cada vez más oscuro de Inés.

Entonces…

—Discúlpeme un momento.

Con esas palabras, Enoch entró en el taller.

La puerta estaba cerrada.

Inés miró a Enoch con la expresión en blanco en su rostro como un niño perdido.

Enoch le sonrió.

—Prometiste llamarme Enoch, no Su Excelencia, ¿verdad?

Inés se quedó sin palabras por un momento.

Enoch seguía siendo como ella lo había conocido.

Cariñoso y tranquilo.

En sus ojos azules mirándola, no había ni una sola señal de que la estuviera reprendiendo.

Por el contrario, Inés se sentía aún más culpable.

—…Lo lamento.

Inés murmuró en voz baja.

Entonces Enoch inclinó la cabeza como si realmente no entendiera.

—¿De qué te arrepientes?

—Debido a esta controversia, Enoch también está siendo seguido por chismes. —Inés respiró hondo y continuó rápidamente—. Si no fuera por mí, no habrías tenido que escuchar esos chismes. Entonces, esto es algo por lo que debería disculparme.

—No, no es culpa de Inés. —Enoch trazó firmemente la línea—. Con los documentos manipulados y las firmas falsas creadas, eres tú quien más sufre.

—Enoch.

—Eres solo una víctima, entonces ¿por qué te disculpas conmigo?

Enoch preguntó con calma.

Aun así, Inés era simplemente culpable.

Hasta el punto en que era difícil incluso mirar a la cara de Enoch.

—Si no hubieras estado conmigo, Enoch…

—Inés.

Enoch cortó las palabras de Inés a la mitad.

Habló con calma.

—No vine hasta aquí para escuchar una disculpa tuya.

Ante esas palabras, Inés miró a Enoch con sus ojos húmedos.

Era su mirada hundida como un arbusto empapado de lluvia.

Enoch habló en voz baja.

—No era mi intención, pero he vivido toda mi vida lejos de la gente.

Ante esas palabras, Inés reflexivamente enderezó los hombros.

Desde el tema de la sucesión al trono entre Edward y Enoch, hasta el tema de los nobles que intervinieron en el medio y se metieron arbitrariamente con los hermanos.

Porque él lo supo todo el tiempo.

«Una persona así... Gracias a mí, soportó todo tipo de chismes.»

Así trató Inés de culparse a sí misma una vez más.

Enoch continuó con calma.

—Y tú, Inés, eres la primera persona por la que sentí amor, aunque no me gusta mucho la gente.

Los ojos verde oscuro que habían estado empapados de desesperación todo el tiempo se abrieron de par en par.

Como si hubiera sido golpeada en la cabeza por uno, hacia Inés, que lo miraba fijamente.

Enoch habló claramente.

—No puedo renunciar a una persona así tan fácilmente, ¿verdad?

—Ah, pero…

—Mi amor no es tan ligero.

Ante esa sincera confesión, Inés se quedó sin palabras.

Al mismo tiempo, los ojos de Enoch se atenuaron ligeramente.

—Prefiero disculparme contigo.

—¿Qué? ¿Por qué…?

—Estabas luchando sola así, ¿no?

Enoch, quien dijo eso, parecía realmente angustiado.

Realmente sintió pena por Inés…

Inés no podía soportar abrir la boca.

—Cada persona tiene una forma diferente de superar las dificultades, y pensé que Inés podría necesitar algo de tiempo a solas, así que lo dejé como estaba.

Una mano suave acarició la mejilla de Inés y alisó el cabello que le caía sobre la frente.

—No creo que ese fuera el caso.

Es entonces cuando Inés estalló en llanto.

Gracias a ella, Enoch también estaba en una situación en la que estaba recibiendo la atención de personas que normalmente evitaba tanto.

No había ni un solo atisbo de disgusto hacia ella en la actitud de Enoch.

Él realmente se preocupaba por ella.

—Realmente necesitas una mano amiga y no podría estar contigo un poco antes.

Una voz tranquila sonó.

—…Es solo que lo siento.

—¿Por qué se disculpa Enoch?

Los ojos de Inés ardían rojos.

Tartamudeó sus palabras, tragándose sus gritos.

—No es el trabajo de Enoch disculparse. Yo soy…

Las lágrimas que habían estado cayendo una por una, estallaron como una presa que había estado bloqueada durante mucho tiempo.

No podía controlarse en absoluto.

Athena: Ay, pequeña mía. No tienes que soportarlo ya sola. Ninguno de los dos. Apóyate en él y él lo hará en ti. Déjate querer, que ya no vas a estar más sola. Apóyate en ese adonis.

Capítulo 98

—Lamento mucho haberte preocupado… Tengo que disculparme…

—Inés.

—...Ngh, ugh.

Inés se cubrió la cara con ambas manos y se derrumbó.

Las lágrimas caían por sus palmas y se le enredaban las mangas, pero no podía parar.

Los brazos firmes de Enoch la sostuvieron suavemente.

Como un viajero que llevaba mucho tiempo deambulando en la nieve del invierno, buscando calor frente a la estufa.

Inés se estrechó ansiosamente en los brazos de Enoch y rompió a llorar.

Fue un llanto largo y doloroso, como si estuviera derritiendo el dolor en su pecho.

Después de mucho tiempo pasó.

Inés, un poco calmada, se sentó frente a Enoch.

—Lo siento, te he mostrado mi fealdad.

Aunque los ojos de Inés estaban rojos por las lágrimas, sus ojos verde oscuro brillaban tan intensamente como siempre.

Enoch se sintió aliviado por ese hecho.

—Estoy bien. Más que eso, Inés, tú…

—Después de llorar durante mucho tiempo, mi cabeza se ha aclarado un poco, gracias.

Inés sonrió levemente.

Su voz que siguió fue muy firme, a diferencia de alguien que había estado llorando.

—Lo pensé un poco y sospecho de cómo Charlotte pudo faltarme al respeto.

—¿Qué quieres decir exactamente?

—Charlotte fue una vez una amiga cercana mía, así que sé muy bien cómo es Charlotte.

Inés tenía una mirada sospechosa en su rostro.

—Si quieres contratar a alguien lo suficientemente hábil para manipular mi firma, debes tener muchas conexiones y te costará mucho dinero...

—¿Estás diciendo que no es algo que Lady Jason pueda hacer sola?

—Sí.

Inés asintió y volvió a hablar.

—Además, ese aristócrata con el que Charlotte me acusó de estar involucrada…

—¿Te refieres al conde Hanson?

—Sí. Debe haber sido difícil encontrar y contactar al conde Hanson con las conexiones de Charlotte. Aunque es un aristócrata anónimo que vivía en el campo, tiene un estatus más alto que Charlotte.

Los ojos verde oscuro de Inés se entrecerraron en duda.

—Sin embargo, Charlotte finalmente encontró al conde y obtuvo su ayuda.

—¿Crees que tiene un cómplice?

Era una pregunta aguda.

Inés asintió tranquilamente con la cabeza en afirmación de la pregunta.

—En mi opinión, sí.

—Exactamente... Era demasiado importante pensar que estaba actuando sola.

Enoch también estuvo de acuerdo con Inés.

Aunque Charlotte no tenía un alto estatus, había atraído a nobles con el título de conde.

Realizó extensas entrevistas a través de la prensa amarilla.

Incluso presentó como prueba el certificado de regalo, falsificado con la firma de Inés.

Objetivamente, Charlotte era incapaz de hacer todo esto por sí sola.

—Es un poco difícil decir esto con mi propia boca, pero la familia Brierton es una de las familias más prestigiosas de Lancaster.

Inés concluyó con una voz fría.

—Para enemistarse con la Casa Brierton al menos para apoyar a Charlotte, sería justo suponer que ella pagó tanto. Entonces, quiero investigar esa parte primero.

—Muy bien.

Enoch sonrió.

—Es diferente, pero estoy un poco aliviado.

—¿Aliviado?

—Ahora, siento que volví a ver la Inés que conocí.

Frente a Enoch, que parecía realmente aliviado, Inés estaba un poco avergonzada.

«Ahora que lo pienso, lloré mucho frente a Enoch esta vez también...»

Es como cuando se estaba divorciando y es así en la exposición individual de Kaldorov esta vez.

«No sé por qué sigo mostrando una apariencia descuidada frente a Enoch.»

Pero entonces.

—Inés.

—¿Sí?

Al escuchar su voz tranquila llamándola, Inés reflexivamente enderezó su postura.

La mirada afectuosa de Enoch se demoró en Inés durante mucho tiempo.

Luego habló de nuevo.

—No te dejaré.

¿Eh?

Ante las palabras inesperadas, Inés parpadeó.

Pero Enoch siempre tuvo una cara seria.

—No te amo porque me ayudes.

Inés vaciló.

El Enoch actual estaba hablando como si hubiera leído su mente.

—Entonces, no importa cómo te veas. —Enoch concluyó con firmeza—. Eso no cambiará mi afecto.

—...Enoch.

—Entonces, espero que no me evites asumiendo que me volverás a hacer daño.

Era una voz honesta.

Inés había fruncido los labios, asintió rápidamente con la cabeza mientras su rostro se sonrojaba.

—…Gracias. Lo tendré en cuenta.

Era tan extraño.

Cada vez que Enoch se paraba frente a ella, sus miedos e inseguridades que carcomían su cuerpo desaparecían como si fueran lavados.

Y los sentimientos que llenaban ese vacío…

«Es cálido.»

Era un profundo alivio.

Mientras tanto, en ese momento.

Una conmoción inesperada estalló en la residencia del vizconde Gott.

Fue porque la madre del vizconde Gott irrumpió repentinamente en la habitación de su hijo.

—¡Ryan, Ryan!

—Uf... es ruidoso.

Pero Ryan no se movió ni siquiera con los gritos de su madre.

Se limitó a abrazar su cuerpo y enterrarse en la manta.

De hecho, no tuvo más remedio que hacerlo.

Ryan había estado yendo y viniendo de algunos bares la noche anterior y ni siquiera pensó en regresar a casa.

Porque regresó a la residencia cerca del amanecer, solo después de que el vizconde Gott hubiera enviado a su sirviente.

—¡Dios mío, la habitación apesta a alcohol!

La vizcondesa Gott abrió la ventana con disgusto.

Ryan espetó molesto cuando el aire frío y fresco del exterior se precipitó en la habitación.

—¡¿Ah, qué estás haciendo?! ¡Hace frío!

—¡¿Eso es todo lo que tienes que decir?!

La vizcondesa Gott levantó la voz.

Luego arrojó el periódico a la cara de Ryan.

—¡Despierta, mira de qué está hablando esta chica!

—No, ¿a qué diablos se debe este alboroto…?

Incapaz de superar la tensión, Ryan abrió los ojos.

Un periódico que rara vez era leído por las familias aristocráticas por su mala calidad.

En la primera plana del periódico, estaba la hermosa Charlotte, como una rosa en plena floración.

—¿Charlotte?

Ryan murmuró con voz desconcertada.

—¿Esta niña no está hablando de ti, Charlotte?

La vizcondesa Gott estalló en exasperación.

—¡¿Pero vas a quedar atrapado en la esquina de la habitación así?!

De hecho, solo mirando el contenido de la entrevista, fue bastante sorprendente que la vizcondesa Gott se enfureciera así.

El argumento de Charlotte fue, hablando en términos generales, que Ryan la sedujo y ella simplemente se dejó engañar.

Se convirtió en una situación en la que se abofeteaba la mejilla mientras estaba parado.

Pero esa no era la parte a la que Ryan prestaba atención.

—Uh... Espera un minuto.

Ryan se aferró al periódico. La visión volvió a los ojos que estaban nublados por el alcohol.

Al ver esa extraña apariencia, la vizcondesa Gott llamó a su hijo con una mirada de perplejidad en su rostro.

—¿Ryan?

De cualquier manera, Ryan solo estaba mirando el periódico.

Ryan murmuró con voz sospechosa.

—¿Un contrato de regalo...?

En ese momento, una persona pasó por la mente de Ryan.

Presidente de la Real Asociación de Arte, Marqués Usher.

Era una persona que a menudo interactuaba con Ryan.

Más precisamente, en lugar de intercambios como amigos cercanos, alimentó comidas caras, sirvió alcohol de alta calidad y proporcionó entretenimiento secreto.

Era un esfuerzo sangriento convertirse en miembro de la Real Asociación de Arte, incluso si eso significa tintinear con el presidente.

Por supuesto, el marqués Usher interrumpió a Ryan después del divorcio.

—Este bastardo, ¡cuántas botellas de alcohol me bebí!

Tan pronto como aumentó el calor en su cabeza, Ryan masticó una palabrota y la escupió.

De todos modos, si era el marqués Usher.

La razón por la que Ryan prestó atención al marqués Usher fue por uno de sus alumnos.

El marqués Usher era una persona rara incluso en Lancaster que prefería la enseñanza aprendiz y entre sus discípulos había un hombre con muy buena destreza.

¡Ese hijo de puta, si no fuera por mí, estarías en la calle!

Todavía podía ver al marqués Usher balanceando su copa y alzando la voz.

El marqués Usher continuó poniendo a su alumno debajo de él a pesar de que estaba celoso de su brillante talento.

La razón era sencilla.

Debe poner a su discípulo debajo de él, para que ese discípulo no vea la luz.

Porque puedes pisotear los brotes de los discípulos de antemano.

Y el talento del alumno era la "miniaturización".

Solo lo había visto una vez y había oído que pintaba cosas con gran detalle.

«…De ninguna manera.»

Los ojos de Ryan brillaron siniestramente.

Athena: Oh vamos, se van a juntar los dos imbéciles. A ver si consiguen matarlos o yo que se.

Capítulo 99

Numerosos medios de comunicación publicaban constantemente artículos sobre Inés todos los días.

Al menos, fue Elton quien publicó artículos de la manera más neutral, pero nadie le prestó atención.

De cualquier manera, porque no era interesante.

Entre todo tipo de artículos estimulantes, la revista Elton, que publicó artículos que no estaban sesgados hacia ningún lado, simplemente se sentía aburrido.

«Está bien, creo que me fue bien en la entrevista de hoy.»

De regreso de la entrevista.

Charlotte estaba empapada de la emoción de la victoria.

Una situación en la que todos dudaron de las intenciones de Inés y miraron a Ryan con reprimenda.

Y Charlotte era la víctima lamentable perfecta en medio de ella.

«¡Finalmente me vengué de Inés y Ryan!»

Inés enterró a Charlotte en el mundo social y Ryan la abandonó con frialdad en cuanto ella cayó al abismo.

«¡Finalmente les di a los dos una inyección de su propia medicina!»

Mientras Charlotte avanzaba sus pasos alegres.

—Cuánto tiempo sin verte, Charlotte.

De repente, alguien le habló.

Por un momento, Charlotte se congeló en su lugar.

Esta voz…

—¿…Ryan?

Charlotte se volvió hacia Ryan con expresión dura.

Ryan sonrió y continuó.

—Tenemos muchos temas de los que hablar, ¿no?

Era una sonrisa relajada que la hizo querer golpearla una vez.

Charlotte giró su cuerpo con una cara seria.

—No tengo nada que decirte.

No le hizo ningún bien a Charlotte mezclar sus palabras con Ryan de todos modos.

Entonces, sería mejor evitar a Ryan tanto como sea posible.

Con tal juicio que hizo, Charlotte aceleró sus pasos.

—¿De verdad no tienes nada que decir?

Una voz torcida agarró los hombros de Charlotte.

—¿Por qué sigues molestándome? —Charlotte frunció el ceño—. No tengo nada que decirte. ¡Cuántas veces tengo que decirlo para que lo entiendas…!

—Manipulación de contratos de donación.

¿Qué?

Charlotte se quedó inmóvil en el lugar.

Al mismo tiempo, una risa siniestra se mezcló entre la voz de Ryan.

—¿Realmente no hay nada de qué hablar?

—¡Rah, Ryan!

—Bueno, si no te importa, no te obligaré...

Charlotte se dio la vuelta.

Se volvió contemplativa y se aferró a Ryan.

—Mirando hacia atrás, creo que tenemos algo de qué hablar. ¿Hablamos adentro?

—¿Por qué? No importa si hablamos aquí, ¿verdad?

Ryan miró tranquilamente a su alrededor.

Luego entrecerró los ojos y volvió a preguntar a Charlotte.

—Ah, ¿estás preocupada por los ojos de otras personas?

«¡Este hijo de puta!»

Los ojos de Charlotte se iluminaron con furia.

Todo este tiempo, Charlotte insistió ante la prensa amarilla en que ella era solo una víctima entre Ryan e Inés.

Si la vieran hablando aquí con Ryan, estaría en problemas.

Además, esa declaración de que el contrato de regalo fue fabricado...

«¿Cómo demonios se dio cuenta Ryan?»

Estaba tan confundida pero no podía seguir hablando con Ryan afuera de esta manera.

Charlotte sonrió con espasmos en las comisuras de sus labios seductoramente.

—Ooh, vamos a mi casa. ¿Sí?

—Sí, si realmente lo dices.

Ryan asintió con la cabeza como si le estuviera haciendo un gran favor.

Así llegaron a la casa de Charlotte.

Charlotte hizo que Ryan se sentara en una mesa y le sirvió el té con manos temblorosas.

Ryan saboreó tranquilamente el té.

Entonces.

—Supongo que tu hogar ha mejorado estos días. Sé que esta hoja de té es bastante lujosa.

Al verlo evaluar repentinamente el aroma del té, Charlotte se molestó.

Sin embargo, en esta situación, el lado en desventaja era Charlotte.

«Seamos pacientes. Por ahora, tengo que ser paciente.»

Charlotte reprimió su creciente irritabilidad.

Después de eso, trató de mirar a Ryan con una sonrisa en su rostro.

—Ryan, dijiste antes que tenías algo que decir sobre la manipulación de los contratos de regalos, ¿verdad?

—Así es.

—Pero no tengo idea de lo que estás hablando...

Charlotte parpadeó inocentemente como si no supiera nada.

Pero en su cabeza, ya había calculado todo.

«En primer lugar, no sé por qué el contrato de regalo es una invención, así que intentaré negarlo.»

Pero desafortunadamente, el plan de Charlotte ya estaba mal desde el principio.

—¿En serio? ¿No tienes idea de lo que estoy hablando?

Ryan preguntó con una sonrisa sombría.

—Eso es extraño. Entonces, ¿por qué me trajiste a tu casa, Charlotte?

—¡Eso es…!

—Charlotte, si no te importaran los contratos de regalos. ¿No sería mejor fingir que no sabías lo que estaba diciendo?

En ese punto agudo, el rostro de Charlotte se puso blanco.

«¡Me atraparon!»

Ryan tenía razón.

En primer lugar, a menos que el contrato de regalo fuera realmente inventado, no había necesidad de preocuparse por las pocas palabras de Ryan.

Entonces, lo mejor que pudo hacer Charlotte fue...

«No importa lo que diga Ryan, ¡simplemente pretendo no saberlo!»

Pero ya había derramado agua.

Ryan miró a Charlotte con ojos astutos.

—Escuché que Inés firmó personalmente los certificados de regalo.

—Eso, eso…

—¿Falsificaste la firma de Inés?

Charlotte se quedó sin palabras por un momento.

¿Cómo diablos lo supo?

Atrapada con la guardia baja, miró fijamente a Ryan.

Entonces Ryan preguntó sarcásticamente.

—Charlotte, no eres buena mintiendo, ¿verdad?

—¿Qué? ¡De qué estás hablando! ¡Simplemente no sé lo que estás diciendo…!

Sorprendida, Charlotte protestó tardíamente.

—¿Ah, de verdad? Si fuera yo, habría tratado de apaciguarme en un momento tan difícil.

La iniciativa ya había pasado por completo a Ryan.

Ryan tomó un sorbo del té frío, miró a Charlotte de arriba abajo con ojos malvados.

—La situación es obvia. Una firma falsificada que incluso el verificador de firmas no pudo verificar adecuadamente, no hay forma de que puedas hacer tal falsificación sola.

Cada palabra que dijo Ryan le atravesó los oídos como un cuchillo.

—Entonces debe haber habido un ayudante, pero tengo una idea aproximada de quién es ese ayudante.

—¡No seas malo, Ryan!

Charlotte levantó la voz convulsivamente.

Entonces Ryan inclinó la mirada y se quedó mirando a Charlotte.

—El marqués Usher. ¿Tengo razón?

Charlotte había sido apuñalada en la cabeza, se mordió la boca.

—Pensé que el marqués Usher, el director de la Asociación de Arte, odiaba a Inés y por eso estaba tratando de ayudarte a desacreditar a Inés… Supongo que tengo razón por la expresión de tu rostro.

Ryan estaba hablando de su conjetura en un tono relajado, encogiéndose de hombros con orgullo.

—Piensa con cuidado, Charlotte. Solo estoy hablando frente a ti ahora, pero dependiendo de tu comportamiento, puedo hablar descuidadamente en un lugar donde se reúne mucha gente.

—¡Qué…!

—Por supuesto que no tengo pruebas. Hasta ahora, es solo especulación.

Ryan tenía una sonrisa traviesa en los labios.

—¿Pero no es eso suficiente para cambiar la opinión pública?

—¡Tú!

—No solo grites así. ¿Qué vas a hacer?

Después de hacer esa pregunta, Ryan se recostó arrogantemente en su silla.

—¿Quieres que me calle? ¿O te gustaría hablar un poco más libremente?

—Ryan, yo…

—Si solo voy a hacer mucho ruido.

Ryan estaba completamente de humor para la victoria, tenía una cara relajada.

—Tal vez me di cuenta accidentalmente de la firma falsificada con la ayuda de alguien... ¿Podría estar sacando mi suposición de mi cabeza cuando estoy borracho? Si esa especulación se extiende a las personas que te rodean, el ayudante estará bastante disgustado. ¿No lo crees?

Charlotte miró a Ryan, se mordió los labios hasta que le salieron sangre.

Pero eso fue solo por un breve momento.

Trató de poner una gran sonrisa en su rostro.

—Sí, Ryan. ¿Es dinero lo que quieres?

—¿Dinero? Qué… El dinero también es bueno.

Ryan asintió con la cabeza, como para humillar las palabras de Charlotte.

En cambio, Charlotte fue bastante dulce y rápidamente sacó la chequera.

Escribió una gran cantidad en su cheque y rápidamente lo puso en la mano de Ryan.

—Vamos a conseguir esto primero. ¿Eh?

Ryan tomó el cheque de manera arrogante y frunció el ceño.

—¿Es esto todo lo que puedes darme?

La cantidad que Charlotte anotó era objetivamente una cantidad considerable de dinero, pero su reacción fue desdeñosa.

Charlotte gimió para sus adentros, pero luchó y habló en voz baja.

—Las cosas han sido difíciles. Ryan, si lo entiendes…

—¿Entender? ¡¿Quieres que entienda?!

Ryan miró ferozmente a Charlotte.

—¡Mi reputación se ha arruinado por tu culpa cuando hablas como quieres con la prensa amarilla!

«¡Para ser honesta, tu reputación ha sido la peor incluso antes!»

La protesta subió hasta la parte superior de su garganta, pero Charlotte sonrió una vez más.

—Sí, entiendo tu enfado. En cuanto a tu reputación, haré lo mejor que pueda.

—¿Tu mejor? Ah…

Ryan se levantó el flequillo con enojo y lo chasqueó con furia.

Capítulo 100

—¿Sabes cuánto daño sufrí?

—Sí, lo sé bien.

—Tendrás que hacerlo bien de ahora en adelante. ¡¿Entiendes?!

—Lo prometo.

Charlotte siguió arrastrándose ante Ryan, conteniendo su ira.

Después, Ryan se levantó después de una larga charla.

—Actúa bien por tu cuenta para que no tenga que cambiar de opinión.

—Sí, claro.

Después de fingir que no pasó nada, Charlotte despidió a Ryan con una cara brillante.

Charlotte se mordió el pulgar con una mirada nerviosa.

—…Todo estará bien, ¿no es así?

Pero Charlotte lo sabía.

Su silencio sobre Ryan ahora era solo un recurso provisional.

Por el momento, estaría tranquilo porque ella tenía dinero para alimentarlo, pero Ryan era como una bomba de tiempo que estaba a punto de explotar algún día.

No podía dejar que Ryan se volviera loco para siempre.

Tenía que encontrar alguna solución definitiva.

—Por ahora... Esperemos un poco más.

Los ojos de Charlotte se hundieron tan fríos como el hielo.

Un carruaje con el escudo del vizconde Gott cruzó la calle al galope.

Ryan se recostó cómodamente en el asiento del entrenador, examinando el cheque que Charlotte le había entregado con una mirada satisfecha.

Esto era más de lo que pensaba.

Parecía que la vida familiar de Charlotte era mucho mejor de lo que esperaba.

Fingió estar enojado y levantó un poco la voz para que ella pagara.

Además, la cantidad escrita en el cheque estaba más allá de la imaginación.

Cuando se enfrentó a Charlotte, estalló en ira y dijo: "¿Cómo podría mantener la boca cerrada por esta cantidad de dinero?"

—Bueno, con esto, puedo vivir un poco mejor.

Ryan se rio entre dientes.

Mientras tanto.

Su mirada pasó a través de la ventana a una joyería.

—Oh, espera.

Ryan le indicó a su carruaje que se detuviera.

Se bajó frente a la joyería, torció los labios.

«Si voy a obtener un beneficio, ¿no sería mejor aprovecharlo de ambos lados?»

Por supuesto, Ryan no tenía intención de cumplir la promesa que le hizo a Charlotte desde el principio.

Fingiendo mantener su secreto, tenía la intención de chuparla hasta dejarla seca y tirarla.

«Tengo que hacer una gran inversión en el lado más importante.»

Si Inés había tenido problemas con Charlotte últimamente, solo era temporal.

Inés era la cabeza de la Casa Brierton, una de las familias más prestigiosas de Lancaster.

Numerosos negocios construidos a nombre de Brierton y la riqueza derivada de ellos.

Y el honor que naturalmente tenía como una familia prestigiosa de muchos años...

«¡Mientras me reúna con Inés, todo volverá a rodar en mis manos!»

Por lo tanto, estaba claro para quién debería anotar Ryan.

Inés Brierton.

La mujer que lo haría rico y honorable al mismo tiempo, con solo tenerla como esposa.

Tenía que recuperarla de alguna manera.

«Excelente.»

Ryan recordó los muchos beneficios que una vez disfrutó como conde de Brierton y se frotó las manos con avidez.

El cheque que acababa de darle Charlotte le había hinchado los bolsillos. Ryan no estaba nada preocupado.

Ryan entró en la joyería con curiosidad.

Athena: En serio, ¿qué drogas se toma este tipo? ¿Cómo puede estar todavía pensando en eso? Es que de verdad, yo flipo con la estupidez. Va a dejar al dios griego Enoch por ti, claro JAJAJAJAJA.

Unos días más tarde.

Inés recibió una carta.

El remitente era Ryan Gott.

Su exmarido.

Al principio, pensó en simplemente tirarlo a la basura sin revisar el contenido...

[Te arrepentirás si no revisas el contenido.]

La frase escrita con orgullo en el sobre de la carta llamó su atención.

Inés arqueó las cejas.

«¿Qué diablos estás haciendo?»

Pero fue siniestro no comprobar cuando escribió el mensaje de advertencia con tanta confianza.

Inés abrió el sobre con una mirada sospechosa en su rostro.

[¿No te preguntas quién falsificó tu firma en el certificado de regalo presentado por Charlotte?]

—Oh…

Una sola oración escrita en la carta.

Inés, quien lo confirmó, sonrió.

—Bueno, hay razones para tener confianza después de todo.

Por un momento.

Inés se quedó mirando la carta con una mirada afilada como una cuchilla.

—Si dices que necesitas conocerme así, está bien.

«¿Qué diablos está tramando Ryan? Tengo que mirar dentro.»

Un elegante restaurante en Langdon, Islas.

Una dama elegante entró al restaurante con pasos gráciles.

—Tengo una reservación.

—¿Cuál es el nombre de la persona que hace la reserva?

—Ryan Gott.

Entonces, el lugar donde el personal condujo a la señora era una habitación secreta del restaurante donde pocas personas podían tener una conversación privada.

Un señor que había llegado al restaurante la vio primero y saltó de su asiento.

—¡Inés, cuánto tiempo sin verte!

Esa persona era Ryan.

A diferencia de cuando se trata de Charlotte, la voz de Ryan era bastante suave.

—¿Cómo has estado? Sé que estás pasando por un momento difícil con Charlotte…

—Bueno, no creo que estemos en una relación en la que nos damos la bienvenida.

Inés, quien trazó una línea de inmediato, miró a Ryan con una cara inexpresiva.

—¿Qué pasó con el contenido de la carta?

—Inés, tan pronto como veas mi cara, ¿vas a empezar a hacer preguntas primero?

Ryan levantó las cejas y dejó escapar una voz triste.

—¿No estás siendo demasiado dura conmigo?

Inés arqueó las cejas.

«¿Cómo puede cada una de sus acciones ser tan irritante?»

Al mirar a Ryan así en un momento, sintió pena por sí misma.

Ryan agregó con cariño.

—Estoy tan feliz de verte. Realmente te extrañé, Inés.

Escuchar las palabras de Ryan así le puso la piel de gallina en todo el cuerpo.

Inés se disgustó y le disparó.

—No vine hasta aquí para escuchar esas tonterías, solo dime.

—Mmm.

Entonces, la expresión de Ryan cambió por completo.

Se sacudió por completo su expresión triste y abrió la boca lentamente.

—Escribí algo en la carta... Entonces, ¿dije que te iba a decir quién falsificó tu firma?

—Así es.

—Antes de eso, hay algunas cosas que debes saber, Inés.

Inés había estado de pie todo el tiempo, sentada frente a Ryan.

Quería ver lo que tenía que decir.

Profundamente satisfecho, continuó Ryan.

—En primer lugar, no hay pruebas. Es solo una conjetura, así que tendrás que encontrar pruebas por tu cuenta.

—Está bien.

—Segundo, no puedo decirte quién es el falsificador en este momento.

Ante las audaces palabras de Ryan, Inés entrecerró los ojos.

—¿De qué estás hablando?"

—Bien. Si te lo digo y me dejas hecho polvo. Terminaré como un perro persiguiendo gallinas, ¿no crees?

Aunque no le gustaba la forma en que Ryan se estiraba tranquilamente, no era que no pudiera adivinar qué era lo que preocupaba a Ryan.

Inés volvió a preguntar, conteniendo un suspiro que estaba a punto de estallar.

—Entonces, ¿qué debo hacer para saber quién es el falsificador?

—¡Excelente! Esta tercera sugerencia es la más importante.

Ryan le propuso matrimonio a Inés con ojos brillantes.

—Si quieres conocer al falsificador, reúnete conmigo.

—¿Qué?

En el rostro de Inés, que había estado helado todo el tiempo, había una leve sorpresa por primera vez.

Ryan sonrió.

—Te avisaré al falsificador si volvemos a estar juntos.

—¿En serio?

Inés respondió bruscamente.

—¿Quieres que volvamos a estar juntos si quiero conocer al falsificador? No puede ser a menos que estés loco.

El rostro de Ryan se endureció.

«De verdad, su nariz alta.»

Pero Inés era diferente a Charlotte.

Ella era la única que podía llevar a Ryan de regreso a la buena vida.

Así que Ryan rompió los ojos y abrió la boca hoscamente.

—Bueno, la elección es tuya. Solo quiero que me escuches, Inés.

«¿Qué diablos estás tratando de decir con una boca tan grandiosa?»

Inés ni siquiera trató de ocultar su expresión de disgusto.

Al mismo tiempo, Ryan fingió una voz triste y abrió la boca.

—Admito que me he desviado de muchas maneras durante nuestro matrimonio.

Ryan levantó un poco la cabeza y miró a Inés.

—¿No puedes simplemente darme una oportunidad más? Cuando volvamos a estar juntos, esta vez tengo la intención de serte fiel.

—¿Oportunidad? —preguntó Inés con voz triunfante—. Ya te he dado suficientes oportunidades.

Si cuentas no solo esta vida, sino incluso la vida antes de que ella regresara, simplemente no había números.

Antes de la regresión, Ryan trató descaradamente de poner a Inés en un manicomio.

El pesado cuerpo del carruaje que la había golpeado con violencia, y el dolor que sacudía todo su cuerpo como si fuera a romperse.

Cuando pensó en ello, un sudor frío brotó de sus palmas.

Capítulo 101

Mientras tanto, Ryan logró apaciguar a Inés.

—Solíamos ser buenos, ¿eh?

Ryan agarró la mano de Inés.

—Mirando hacia atrás, creo que el momento más feliz de mi vida fue cuando estaba contigo.

Horrorizada, Inés rápidamente se sacudió la mano de Ryan.

—¡Suéltame!

—Oh, Dios mío, Inés. No tienes que estar asqueado como si hubieras tocado un insecto, ¿verdad?

Ryan, que fingió estar herido, pronto levantó las comisuras de la boca y sonrió.

—Pero está bien. Porque sigues siendo la única mujer que amo.

Al decir eso, Ryan miró a Inés con ojos húmedos y húmedos.

La mirada afectuosa solo asqueó a Inés.

Al poco tiempo.

—Es difícil probar mi corazón con tanto, pero…

Ryan estaba buscando en su bolsillo, sacó una caja del tamaño de la palma de la mano y la puso sobre la mesa.

—Pero esto es una señal de mi sinceridad.

Era una caja envuelta en cinta de seda y la apariencia lujosa era obviamente una caja de joyería.

Inés miró la caja como si fuera una bomba.

—¿Qué es esto?

—Ábrelo.

Ryan respondió triunfalmente.

Inés finalmente abrió la caja con una mano poco dispuesta.

—¿Una pulsera?

Inés parecía desconcertada.

Dentro de la caja envuelta en terciopelo, había un brazalete de diamantes espléndidamente elaborado.

A diferencia del osito de peluche que el vizconde Gott dijo una vez que era un regalo, era algo terrible para dárselo a una mujer adulta.

Pero Inés no estaba nada feliz de ver la pulsera.

Por el contrario, solo miró a Ryan con ojos sospechosos.

—¿Dónde conseguiste esta pulsera?

No había forma de que el dinero pudiera salir de las finanzas de la casa del vizconde Gott, que todavía se estaba recuperando de las dificultades financieras.

Ryan respondió, recostándose en su silla.

—Es mi amor por ti.

—¿En serio?

Inés cerró la tapa de la caja con un clic y la empujó frente a Ryan.

—Entonces ya no necesito esta pulsera.

—Solo acéptalo. Es porque realmente quiero dártelo.

—Te dije que no la quiero.

Después de algunas peleas, Ryan volvió a guardar la caja en su bolsillo con pesar.

Luego le volvió a preguntar a Inés.

—De todos modos, piensa cuidadosamente en mi propuesta. ¿Lo entiendes?

—Responderé con seguridad, pero la oferta es un no.

Inés respondió enfáticamente.

—Porque nunca me juntaré contigo.

—Bueno, eso ya lo veremos.

Ryan dio una respuesta firme.

Disgustada por su apariencia relajada y su voz, Inés salió del restaurante sin siquiera saludar.

Esa tarde.

Los hombros de Charlotte temblaron con una creciente sensación de traición.

«¡¿Cómo puedes hacer una cita con Inés tan pronto como me amenazas?!»

De hecho, Charlotte lo sabía.

Ryan era una serpiente.

Charlotte entregó todos sus propios fondos disponibles a Ryan pero, al mismo tiempo, no esperaba que Ryan permaneciera en silencio durante mucho tiempo desde el principio.

«¡Pero no sabía que me golpearías la nuca de esta manera!»

Incapaz de superar su ira, Charlotte rechinó sus muelas con fuerza.

Después de investigar el paradero de Ryan, según los informes, Ryan se puso en contacto con Inés tan pronto como tomó el dinero de Charlotte.

¡Compró una pulsera de diamantes para Inés con el dinero de Charlotte!

Cuando recordó el hecho, Charlotte se sintió molesta una vez más.

«Hasta que descubra su debilidad...»

Incapaz de superar su nerviosismo, Charlotte se mordió la uña del pulgar.

«Entonces el marqués Usher ya no me apoyará.»

A pesar de que era una prensa amarilla, los medios y Charlotte pudieron contactarse.

También hizo un contrato de donación que arrinconó a Inés.

Incluso la existencia de otro aristócrata que coincidió con las palabras en relación con el contrato de regalo.

Todo era imposible sin la ayuda del marqués Usher.

—El enemigo de mi enemigo es mi amigo.

La mano extendida hacia ella se sintió casi como la salvación.

—¿No podemos ayudarnos unos a otros?

Sin embargo, a diferencia de Charlotte, que tenía un gran rencor contra Inés, el marqués Usher tenía como objetivo destruir la reputación de Inés.

El marqués Usher solo quería preservar la presidencia de la Real Asociación de Arte, junto con su existencia.

Aunque se unió a Charlotte para socavar a Inés, era obvio que abandonaría implacablemente a Charlotte si lo señalaban como el autor intelectual.

…como solía ser Ryan.

—Entonces yo… tengo que vivir como basura otra vez.

Charlotte murmuró con una mirada en blanco.

La vida cómoda ahora, la atención de todos y el hecho de que la gente escuche cada palabra que dice.

Todo desaparecería como un espejismo.

Ella se convertiría de nuevo en una "niña de campo".

—No puedo dejar que Ryan arruine más las cosas.

Charlotte murmuró con una cara inexpresiva.

Entonces había una solución.

—…Debo obligarlo a mantener la boca cerrada.

Con esa voz lúgubre, Charlotte saltó de su asiento.

«Ya me he decidido.»

Charlotte tenía un trabajo que hacer.

Y Charlotte no tenía intención de vacilar más.

Unos días más tarde.

La noticia de la muerte de cierto aristócrata fue noticia en los medios de comunicación.

Según la investigación inicial de los oficiales, las circunstancias de su muerte fueron que estaba borracho, tropezó y cayó al agua.

La razón por la que la gente sentía curiosidad por su aparentemente insignificante muerte era por la relación humana que tenía el espíritu aristocrático.

Un hombre que tuvo una aventura con una hija del barón Jason, Charlotte Jason, causó revuelo en los medios esta vez.

Un hombre que también fue el exmarido de la condesa de Brierton, a quien Charlotte Jason acusó de soborno.

Él era Ryan Gott.

Inés no pudo ocultar su asombro.

—Ay dios mío…

Su mano sostenía el periódico Elton de hoy.

El contenido fue simplemente impactante.

—¿El cuerpo de Ryan salió del lago?

El cuerpo fue encontrado en un famoso parque cerca de Langdon.

No solo los niños sino también los ciudadanos frecuentaban el parque, por lo que los turistas familiares que habían estado en el parque estaban bastante sorprendidos.

[Se presume que el joven maestro de Gott tropezó accidentalmente en el lago mientras daba un paseo nocturno mientras estaba borracho...]

Inés leyó el artículo del periódico con ojos temblorosos.

Por supuesto, era cierto que Ryan tenía la costumbre de beber demasiado.

Sin embargo…

«Ryan estaba tan motivado cuando me pidió que nos reuniéramos recientemente...»

¿Bebió tanto que no pudo controlar su cuerpo por completo?

Por supuesto, ese podría ser el caso, pero el parque donde Ryan se ahogó en el lago era extraño.

Porque el parque estaba abierto a los ciudadanos durante el día pero restringía el acceso a partir de las diez de la noche.

Eso significó….

—Desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana, cuando las puertas del parque estaban abiertas, no había gente en el parque.

¿Cómo podría un borracho así irrumpir deliberadamente en un parque cerrado?

¿Y ahogarse mientras caminaba alrededor del lago?

Justo cuando Inés estaba reflexionando.

Hubo un golpe urgente.

Inés levantó los ojos con expresión curiosa.

—¿Quién es?

—Es Mary, milord.

La voz de Mary sonaba muy nerviosa, sin su habitual calma.

—Entra.

Mary entró en la habitación, continuó cuidadosamente.

—Señor, la madre del vizconde Gott está aquí.

A Inés la pilló desprevenida. Preguntó con los ojos bien abiertos.

—¿Aquí?

—Sí. Debido a que la madre del vizconde Gott seguía insistiendo en que debía ver a milord…

Mary parecía desconcertada.

Inés también estaba perpleja.

Si fuera lo habitual, habría despedido a la vizcondesa, pero ahora era una madre que acababa de perder a su hijo.

Sintió un poco de pena por ella y además.

La muerte de Ryan era sospechosa.

Había tales dudas.

Por una u otra situación, Inés asintió de mala gana.

—Primero, llévala al salón.

—Sí, milord.

Mary asintió y salió directamente de la habitación.

—Ah...

Inés también suspiró y se levantó de su asiento.

De todos modos, dado que la vizcondesa Gott la visitó, iba a ver su rostro.

Athena: No me esperaba que lo matara la verdad. Agh, yo prefería que sufriera en vida, pero bueno, una sabandija menos supongo. Ahora hay que terminar de deshacerse de esa furcia.

Capítulo 102

La vizcondesa Gott se sentó en el sofá con la espalda erguida, sin tocar el té que le había dado Mary.

La vizcondesa, envuelta en un vestido de luto de cuello negro, se veía muy demacrada, a diferencia de su habitual confrontación rencorosa con Inés.

Inés entró en la sala, la saludó con cara de complejo.

—Cuánto tiempo sin verla, vizcondesa Gott.

Aunque Inés habló primero, la vizcondesa permaneció en silencio.

Pero el hecho de que ella no pudiera reprender abiertamente a una gran dama…

Creo que se va a desmayar ahora mismo.

Una tez pálida.

Labios cubiertos de sangre por morder repetidamente debido a emociones intensas.

Ojos con ojeras y desesperación.

Eso era comprensible.

La vizcondesa era la única persona que vivía con sus dos hijos como único orgullo de su vida.

Uno de los hijos que se crio en oro murió en tal accidente.

«Estoy segura de que está destrozada.»

—Sabes algo, ¿no?

La vizcondesa, que había estado en silencio durante mucho tiempo, de repente abrió la boca.

Inés enarcó las cejas.

—¿Qué quieres decir con eso?

—¡Sabes, Ryan me lo dijo!

Incapaz de superar la emoción, la vizcondesa saltó de su asiento.

—¡Tarde o temprano se reunirá contigo!

—¿Qué? ¿Quién?

Inés dudó de sus oídos.

Sin embargo, la vizcondesa ya estaba en un estado de fiebre.

Las palabras de Inés quedaron en oídos sordos.

La vizcondesa estalló en un rugido.

—¡Él invirtió todo el dinero que recibió de Charlotte para comprar un regalo, diciendo que te lo daría…!

Por un momento Inés se detuvo.

—¿Charlotte?

¿Por qué se mencionó repentinamente a Charlotte?

—Ryan… ¿obtuvo el dinero de Charlotte? ¿Por qué? —preguntó Inés con voz sospechosa.

—¿Cómo sé eso? —La vizcondesa respondió bruscamente—. Charlotte estaba ansiosa por reunirse con Ryan, ¡así que lo hizo para sacar el lado bueno de Ryan!

Sin embargo, en el momento en que Inés escuchó la respuesta, sintió un escalofrío en la columna.

Ella no sabía que ya no estaban juntos.

«¿Por qué diablos debería Charlotte darle dinero a Ryan?»

Al recordar la pulsera que le dio Ryan, parecía que Charlotte le dio a Ryan una suma considerable de dinero.

Pero según los informes de las redes sociales, Charlotte tenía una muy mala relación con Ryan.

Después del incidente con Inés, eliminó a Charlotte de la familia Gott.

Charlotte estaba ocupada tratando de recuperar a Ryan, pero corrieron rumores de que Ryan cortó con frialdad.

Debido a los rumores, Charlotte podría haber tomado la posición de la víctima en el caso de soborno al revés.

¿Le estaba pagando a Ryan por esa situación?

¿Reunirse con Ryan?

«…es extraño.»

Además, Ryan ciertamente sugirió que sabía la verdad.

Te diré quién falsificó tu firma.

Y si se encontraba al falsificador, seguramente habría funcionado contra Charlotte, la acusadora que acusó a Inés.

En otras palabras…

Ryan tenía las debilidades de Charlotte.

Los ojos verde oscuro de Inés se hundieron con frialdad.

«Al menos la muerte de Ryan es lo mejor para los intereses de Charlotte.»

En primer lugar, Ryan era un hombre de boca ligera.

Si Ryan hubiera aprovechado la debilidad de Charlotte, Charlotte se habría visto obligada a entrar en pánico.

Más aún porque Ryan no era un hombre digno de confianza.

Además, la vizcondesa dijo que recibió una gran suma de dinero de Charlotte.

¿Y si el dinero fuera por el silencio de Ryan?

«Pero Ryan dijo que vendría a mí y me diría quién era el falsificador.»

Charlotte tampoco era una completa idiota, por lo que era posible que hubiera descubierto que Inés y Ryan se vieron en secreto.

Entonces Charlotte debía haber sentido una sensación de crisis.

Los ojos de Inés se entrecerraron.

«Además, la forma más perfecta de tapar la boca de alguien...»

El hombre muerto no cuenta cuentos.

Inés sintió piel de gallina por todas partes.

«Pero esta parte... La vizcondesa no tiene idea.»

Además, el vizconde Gott había sido tan bueno como un tigre desdentado desde que perdió la ayuda de Brierton.

Incluso si sintieran que la muerte de Ryan era sospechosa, no tendrían suficiente dinero para investigar.

Entonces…

—En resumen, Ryan recibió una cantidad considerable de dinero de Charlotte y compró el regalo que se suponía que me daría con ese dinero, ¿verdad?

Inés, que había estado pensando durante mucho tiempo, abrió la boca.

—En primer lugar, la vizcondesa debería saber que no recibí la pulsera.

—¿Qué?

—Rechacé la pulsera y el joven maestro la recuperó.

—Bueno... entonces, ¿por qué falta la pulsera?

¿Había desaparecido la pulsera?

El rostro de Inés se endureció ligeramente.

Mientras tanto, los ojos de la vizcondesa se llenaron de humedad.

—¡Después de la muerte de Ryan, registré la casa y sus pertenencias a fondo! ¡Pero no había nada!

—Tómeselo con calma, vizcondesa.

—¡Cómo puedo calmarme en esta situación!

—Es lamentable que el joven maestro esté muerto y entiendo que la señora esté triste. —Frente a la enfadada vizcondesa, Inés prosiguió con calma—. Pero no hay razón para que la señora venga a mí y descargue su ira.

La vizcondesa abrió mucho los ojos.

—¡Tú, este sin sangre, sin lágrimas...!

—Sin embargo, si hay algo sospechoso sobre la muerte del joven maestro, si quieres descubrir la verdad. —Inés se enderezó y miró directamente a los ojos de la vizcondesa—. Estoy dispuesta a ayudarte.

—¿Me vas a ayudar?

—Sí. Para ser claro, no es porque tenga afecto por la familia del Vizconde Gott. —Inés trazó la línea enfáticamente—. Me preocupa que mi nombre sea incluido en este caso y deshonren al Brierton.

—¿Que qué?

—Aunque no recibí la pulsera, Ryan me la compró de todos modos.

Además, el falsificador de firmas mencionado por Ryan también estaba en su mente.

No había razón para hablar con la vizcondesa sobre eso, por lo que Inés se quedó en silencio sobre esa parte.

Mientras tanto, la madre de la mañana miró a Inés con una mirada como si estuviera mirando basura.

—¡No sabía que eras una persona tan fría de corazón! —dijo la vizcondesa sin vergüenza—. ¡Debería haberlo sabido mejor, pero fui un idiota porque Ryan era débil cuando se trata de ti!

Inés permaneció en silencio.

Y el silencio enfureció a la vizcondesa.

—¡¿Ayuda?! Eso es suficiente. ¡Sé que es mejor no obtener ayuda de ti!

La madre respondió así, pisoteó.

Inés suspiró con cara de cansancio.

—De todos modos, creo que tenemos que investigar esto un poco más.

Entonces.

«Voy a pedirle consejo a Enoch.»

Era extraño cómo iban las cosas.

Inés frunció el ceño.

Esa tarde.

Inés y Enoch se vieron en secreto, evitando la mirada de la gente.

—¿Te enteraste de la muerte de Ryan?

—Por supuesto. ¿No es esta una oportunidad para los medios?

Enoch se encogió de hombros y pronto sonrió amargamente.

—Escuché que la familia Gott estaba completamente patas arriba.

De hecho, incluso la expresión "patas arriba" era demasiado eufemística.

La actual familia Gott fue casi destruida.

La vizcondesa Gott dijo que no creía que su hijo estuviera muerto y se desmayó varias veces.

Inés habló con cautela.

—En realidad, la vizcondesa Gott vino a verme.

—¿Ella lo hizo?

El rostro de Enoch se endureció ligeramente.

—De ninguna manera, ¿ella fue quisquillosa y actuó de manera grosera otra vez esta vez?

Enoch recordó la vez que la vizcondesa llegó a la habitación de hotel de Inés e hizo una escena durante el proceso de divorcio de Inés.

—Es difícil decir que no sucedió en absoluto, pero... De todos modos, ese no es el punto.

Inés sonrió torpemente y volvió a preguntar.

—Me encontré a Ryan y me dijo que me contaría sobre el falsificador. ¿Te acuerdas?

—¿Como puedo olvidar?

Enoch habló con una cara seria.

Athena: Vaya, parece que Enoch sabía que había visto a Ryan. Muy bien, así no hay malentendidos.

Capítulo 103

—En ese momento, el joven maestro Gott les pidió que os reunierais, ¿no?

Enoch se enteró de lo que sucedió en ese momento por Inés, supo por primera vez lo que se sentía al tener sangre fluyendo hacia atrás.

Cuanto más hablo de ello, más parece enfadarse Enoch.

A pesar de que los labios estaban dibujados en un arco, sus ojos estaban completamente desprovistos de una sonrisa.

Las mandíbulas apretadas…

«Bien.»

Esto es todo, pensó que sería mejor decir el asunto rápidamente.

Inés continuó apresuradamente.

—La vizcondesa Gott dijo que Ryan en realidad tomó una gran suma de Charlotte.

—¿Eh?

Aunque sufría de incomodidad fisiológica hacia Ryan, Enoch rápidamente ocultó sus sentimientos.

Inés asintió.

—Sí. Aparentemente, Ryan compró la pulsera de diamantes que me dio como regalo con ese dinero.

—Eso es un poco extraño. —Enoch lo dijo de inmediato—. ¿No son ahora casi enemigos el joven maestro Gott y la dama Jason?

—Así es. Supongo que la vizcondesa asume que Charlotte entregó el dinero para reunirse con Ryan.

—Bueno, no estoy familiarizado con Lady Jason... —Enoch frunció el ceño y continuó—. Aún así, Lady Jason que vi parecía bastante arrogante y orgullosa.

Así había sido Charlotte todo este tiempo.

Charlotte hizo su debut social con Inés como trampolín y de alguna manera había luchado por tener un impacto en el círculo social.

Era muy consciente de su entorno y su necesidad de aprobación era igual de grande.

—Tal persona lucha por aferrarse a la persona que la abandonó… Ah.

Tampoco encajaba.

—Mmm.

Por un momento, estuvo sumida en sus pensamientos.

Enoch levantó levemente la mirada y le preguntó a Inés.

—Además, no sé qué decir, ¿pero la prensa amarilla no ha promocionado mucho últimamente a la hija del barón Jason? Sobre la acusación de Inés.

—Sí.

—En ese caso, ella debe haber estado viviendo cómodamente, entonces, ¿por qué volvió a encontrarse con el joven maestro Gott?

Los ojos azules de Enoch se entrecerraron con duda.

—¿Y entregar una gran suma de dinero para una reunión?

—También sospecho de esa parte.

—Según su personalidad, sería mucho más natural para ella encontrar un nuevo hombre —añadió Enoch—. Si ese es el caso, entonces hay una razón por la que tuvo que entregar una cantidad tan grande de dinero.

Incluso después de que Charlotte le dio dinero a Ryan, ¿no hubo una situación en la que Ryan muriera repentinamente?

Aunque no había evidencia física, la situación actual en sí era sospechosa.

Inés volvió a hablar.

—Oh no, la pulsera de diamantes ha desaparecido.

—¿Desaparecido?

—Sí. Cuando lo rechacé, Ryan la retiró. —Inés continuó con un suspiro—. Después de la muerte del joven maestro, la vizcondesa parece haber organizado las pertenencias... Dijo que no encontró la pulsera.

—Las cosas están tomando un giro realmente extraño.

Enoch chasqueó la lengua brevemente.

Luego, como si refrescara el ambiente, surgió un nuevo tema.

—Oh, por cierto, también tengo una historia que contarle a Inés.

¿Una historia que contar?

A la parpadeante Inés, Enoch le hizo otra pregunta.

—¿Recuerdas al conde Hanson?

—¿Conde Hanson? Ah.

Inés vaciló.

El conde Hanson.

Esta vez a través de Charlotte, era el nombre del noble que afirmaba que Inés había sobornado.

—Tenía un poco de curiosidad sobre por qué esa persona accedió a acusar a Inés de soborno, así que lo busqué.

—…Gracias. Este es mi trabajo, así que debería haberlo investigado primero.

Avergonzada, Inés se sonrojó un poco.

Cuando estalló el primer incidente, Inés estaba perdiendo el sentido.

Enoch debía haberse movido rápidamente primero.

Mientras tanto, Enoch había escuchado la respuesta de Inés, la miró fijamente con una expresión severa.

—¿Por qué hablas de esa manera?

—¿Perdón?

—El trabajo de Inés también es mi trabajo. Así que no dibujes la línea diciendo que es tuyo.

Enoch tenía una cara realmente seria, por lo que Inés estaba un poco avergonzada.

Sin embargo, se sintió bastante bien porque sintió lo mucho que Enoch se preocupaba por ella.

—De todos modos, volvamos al tema principal.

Enoch habló lentamente.

—El conde Hanson es un aristócrata ordinario que no es nada especial. Lo único que tiene de él es su afición…"

—¿Cuál es tu pasatiempo?

—Apostar.

—Ah.

El juego.

Con solo esa palabra, Inés pareció tener una idea aproximada de a dónde conduciría la explicación.

Y sus sentidos estaban en lo correcto.

—Dijeron que el juego lo llevó al borde de la bancarrota.

Las familias nobles no querían revelar su vergüenza ni siquiera por orgullo, pero aun así, la historia de la bancarrota de la familia debido al juego a menudo se filtraba.

Parecía que el conde Hanson también estaba en tal crisis.

—Con la situación financiera del conde Hanson, no podía sobornar a Inés en primer lugar. No podrá obtener el dinero.

—¿Es suficiente?

—Sí. Ya ha enajenado todos los bienes de los que puede enajenarse y todo lo que queda es el patrimonio que se ha transmitido de generación en generación en la familia.

La herencia del conde Hanson.

Era el territorio del que Inés dijo que compraría una parte como sitio escolar y, por lo tanto, se trataba de un certificado de regalo falsificado.

Inés le preguntó a Enoch con una mirada cautelosa.

—Entonces, ¿está bien la finca?

—No puede ser. Inés sabe muy bien cuánto puede tener como garantía una persona que está cegada por el juego, ¿verdad?

Inés asintió lentamente con la cabeza.

Antes de la regresión, cuando vivía con Ryan como su cónyuge, Inés también tenía antecedentes de haber pagado varias veces las deudas de juego de Ryan.

Por supuesto, después de su regresión, Ryan aún no se había apoderado por completo de Brierton.

Todo eso pasó, pero…

—Así que miré las relaciones y los lazos del conde Hanson, y se reveló una persona inesperada.

—¿Una persona…?

—El marqués Usher.

En respuesta, los ojos de Inés se abrieron un poco.

Así es, el marqués Usher...

—¿Te refieres al presidente de la Real Asociación de Arte?

—Sí. Para ser más precisos, el marqués Usher es el acreedor de la familia Hanson.

Enoch sonrió ferozmente.

—La deuda que el conde Hanson tenía sobre la propiedad le fue prestada por el marqués Usher.

—No… puede ser.

—Hay algo aún más sorprendente. La relación entre el conde Hanson y el marqués Usher es bastante armoniosa.

—¿Armoniosa?

Inés dudó de sus oídos.

—¿Como puede ser? El conde Hanson no pudo pagar sus deudas. ¿Y sin embargo mantiene una amistad?

Y Enoch entendió la confusión de Inés.

Porque cuando lo escuchó por primera vez, Enoch estaba tan perplejo como lo estaba Inés en este momento.

—Tienes razón. Incluso con tanta deuda como la del conde Hanson, tendría que preocuparse por recuperarla de alguna manera.

Una profunda arruga se formó entre las cejas de Enoch.

—Por el contrario, los dos comieron juntos en restaurantes elegantes, se hospedaron en hoteles lujosos e incluso jugaron.

—Eso…

—Cómo, como muy buenos amigos.

Enoch torció las comisuras de sus labios.

—Y todo el dinero que usan lo paga el marqués Usher.

En este punto, Inés no pudo evitar darse cuenta.

Sus ojos se oscurecieron con frialdad.

—El marqués Usher también podría estar involucrado en esto.

Sobre la base de la deuda adeudada, el conde Hanson se vio obligado a cooperar.

Pero si el conde Hanson cambiaba de opinión y decía la verdad, estaría en problemas, por lo que lo mantendría fuera de la vista.

En la superficie, era como ser amigos.

Enoch añadió con frialdad.

—La motivación también es suficiente. Esta vez, cuando anunciaste que establecerías la escuela, la Real Asociación de Arte fue la que más sufrió.

La existencia misma de la Asociación fue un desperdicio de impuestos. Codicia…

Fue la mirada de la gente común en los últimos años ver la Real Asociación de Arte.

Al oponerse al establecimiento de la escuela por parte de Inés, la Real Asociación de Arte, por el contrario, mostró su línea de fondo.

Incluso hubo personas que se mostraron escépticas sobre la existencia de la Asociación.

Mientras tanto.

Inés frunció el ceño.

«Por cierto, siento que me estoy perdiendo algo.»

Charlotte le pagó a Ryan una gran suma de dinero por alguna razón.

Ryan murió inesperadamente.

El conde Hanson trató de incriminar a Inés por soborno.

Un falsificador que falsificó su firma.

Y…

«Espera un minuto.»

Sus ojos se abrieron ligeramente.

«¡Si el presidente de la Real Asociación de Arte, el marqués Usher...!»

Sus vagos recuerdos de hace mucho tiempo o más precisamente, antes del regreso, de repente aparecieron en la superficie.

La voz gruñona de Ryan resonó en sus oídos mientras se emborrachaba.

Capítulo 104

«Marqués Usher, el jefe de la Real Asociación de Arte...»

Era un frío invernal.

Inés era natural para atender a Ryan en ese momento, naturalmente se quitó el abrigo primero.

El fuerte olor a alcohol del pesado abrigo y el olor a perfume de mujer le perforaron la nariz.

—¿En qué es bueno? ¡Él es el presidente, eso es todo!

El enojado Ryan estalló en un ataque de ira nuevamente.

Inés arregló su abrigo y le preguntó a Ryan con cuidado.

—Ryan, ¿por qué estás tan enojado?

—¡Ya sabes! ¡¿Cuántas botellas de alcohol le di para que se viera bien pero no me puede hacer un favor?!

Los ojos de Ryan estaban muy abiertos.

—¡Si no es el presidente, no es nada!

—Cálmate, Ryan.

—¡¿Parece que me voy a calmar?! ¡Todas las personas se están enamorando de él!

Ryan estaba enojado hasta la coronilla, continuó, agitando los brazos amenazadoramente.

—¡En lo que es bueno es en explotar a sus aprendices y hacer su propio trabajo!

Por un momento, Inés puso rígidos sus hombros temblorosos.

Fue entonces cuando Inés ya actuaba como pintora de sombras de Ryan.

Pero entonces Inés estaba enamorada de Ryan.

Porque ella tenía mucho miedo de ser abandonada por él….

«Tú también estás haciendo eso.»

En lugar de protestar así, Inés le sonrió torpemente a su esposo.

—¿En serio?

—¡Oh, eso es todo! ¡Es común quitar ideas e incluso usa a un niño estudiante para hacer su trabajo!

Ryan se enfureció.

El fuerte olor a alcohol era abrumador.

—¿Sabes por qué el marqués Usher lo eligió como su alumno?

—¿Por qué?

—¡Es porque es bueno dibujando imágenes detalladas!

Ryan gruñó.

—¡Pero es un niño de diez años, así que hay algo más que mantener bajo control!

Después de alzar la voz, inmediatamente chasqueó la lengua.

—Bueno, dibuja increíblemente bien. Como objetos reales.

Luego, miró desgarbadamente a Inés.

—Así que deberías esforzarte más.

—¿Qué?

—Voy a enviar esta pintura a un festival de arte en el extranjero, así que haz tu mejor esfuerzo para dibujarla. ¿Entendido?

Ryan enarcó las cejas.

—Necesito que lo hagas bien para poder ver la luz.

—…Sí, lo sé.

Ese día, Inés no pudo dormir hasta bien entrada la noche.

La situación de no poder siquiera decir que sus pinturas eran suyas, ocultas por el nombre de su esposo Ryan.

El aprendiz desconocido, que estaba oculto por el nombre de su maestro, el marqués Usher, ni siquiera pudo mostrar sus talentos correctamente.

Inés y el niño estaban en la misma situación.

Fue así en ese momento.

—Detallado.

Inés murmuró como si estuviera poseída.

Con esa voz aturdida, Enoch inclinó la cabeza y miró a Inés.

—¿Inés?

—Es una letra pequeña… ¡Es una letra pequeña!

En ese momento, Inés levantó la cabeza.

En ese entonces, el niño era un joven estudiante del marqués Usher.

Ahora era diferente.

—Lo he escuchado. Uno de los jóvenes estudiantes del marqués Usher es un niño que dibuja muy bien los detalles finos.

—¿Por qué de repente estás hablando de detalles? De ninguna manera. —Por un momento, los ojos de Enoch se agudizaron—. ¿Estás sospechando que el estudiante del marqués Usher es el falsificador de tu firma?

—No estoy segura. Pero. —Inés miró a los ojos de Enoch y dijo con firmeza—. Creo que es una buena posibilidad.

El alumno del marqués Usher.

Nunca había estado expuesto al mundo exterior, por lo que no había temor de que otros lo atraparan si falsificaba la firma de Inés.

¿No cumplía todas las condiciones que debía tener un falsificador?

Además, el marqués Usher era el presidente de la Real Asociación de Arte y le guardaba rencor a Inés por el establecimiento de la escuela.

Por lo tanto, también había un motivo para falsificar su firma usando a su discípulo.

Dañar la reputación de Inés.

—Eso tiene sentido.

Enoch también asintió con decisión.

—Entonces, antes que nada, debería mirar cuidadosamente a los discípulos del marqués Usher.

El día del funeral de Ryan.

La vizcondesa Gott yacía casi completamente cubierta de comida y bebida.

En su cabeza, la conversación que tuvo con Inés sonaba una y otra vez.

—Es una lástima lo del joven maestro y entiendo que la señora esté triste.

Los ojos fríos que la miraban.

Una voz sin calidez.

—Pero no hay razón para que la señora venga a mí y desahogue su ira.

¿Cómo podía ser tan fría frente a una madre que acababa de perder a su hijo?

La vizcondesa se estremeció de rabia.

—Sin embargo, hay algo sospechoso en la muerte del joven maestro, si quieres saber la verdad… estoy dispuesta a ayudarte.

—Para ser claros, no es porque tenga mucho afecto por la familia del vizconde Gott.

Era una mujer terrible de sangre fría, solo enfocada en el honor del nombre de su familia.

La vizcondesa rechinó los dientes.

—¿Crees que recibiría ayuda de ti?

Y entonces.

Hubo un golpe corto.

La vizcondesa cerró los ojos con fuerza y no respondió a la llamada.

Luego, la puerta se abrió en silencio y se oyó el sonido de pasos.

Se detuvo frente a la cama donde yacía la vizcondesa.

—Madre.

Una voz sombría la llamó.

Era el vizconde Gott.

—Tienes que salir ahora. Se llevará a cabo el funeral de Ryan. Ahora tienes que dejar ir a Ryan…

—¿Lo estás enviando?

En ese momento, la vizcondesa se incorporó.

Sus ojos se encendieron.

—¡Enviando a alguien!

—¡Madre!

—¡Mi hijo murió así y a esa corta edad, ya se fue así…!

Las lágrimas rodaron por sus pálidas mejillas.

El vizconde Gott miró a su madre, quien se echó a llorar con una mirada atónita.

Después de llorar durante tanto tiempo, la vizcondesa Gott se levantó tambaleándose de su asiento.

Se secó las lágrimas de los ojos.

—Mi precioso hijo se va, ¿cómo puedo...? ¿Cómo puedo dejarlo ir?

—Madre, apóyate en mí.

—Anda tú.

La vizcondesa agitó bruscamente las manos y bajó las escaleras a trompicones.

Cuando dio un paso afuera, el cielo azul, donde la luz del sol se derramaba brillantemente, dio la bienvenida a la gran dama.

La madre miró al cielo con ojos resentidos.

El clima era tan soleado que podía llorar, como si la desesperación que sentía la madre no fuera asunto suyo.

Ryan decidió ser enterrado en la tumba de la familia de Gott.

La vizcondesa no paraba de llorar todo el camino al cementerio en su carruaje.

—Hic, ngh…

—Madre, deja de llorar…

El vizconde Gott tranquilizó a su madre.

Aunque Ryan era estúpido, seguía siendo su hermano.

El único hermano falleció y no pudo evitar estar triste.

Así, después de muchas idas y venidas, la madre y el hermano llegaron a la tumba familiar.

Se dirigió a la tumba que habían cavado con anticipación para bajar el ataúd, y alguien los llamó a los dos en voz baja.

—El vizconde Gott y la vizcondesa Gott.

—Oh, marqués Usher.

El marqués Usher, presidente de la Real Asociación de Arte.

El vizconde Gott miró al marqués Usher con una expresión irrespetuosa.

«Has cortado el contacto con mi hermano desde que estalló la cólera vicaria de la condesa de Brierton.»

No sabía qué vergüenza lo trajo aquí.

Mientras tanto, si conocía el disgusto del vizconde Gott, el marqués Usher simplemente ofreció consuelo con voz cortés.

—Debes estar muy triste.

Sin embargo, su oponente era un aristócrata de mucho más estatus e influencia que el Vizconde Gott.

Al final, el vizconde Gott respondió a su consuelo con una cara amarga.

—Solo aprecio tu preocupación.

—No, he pasado por algo tan grande... Por favor, anímate.

Mientras tenían algunas palabras, los tres se dirigieron a la tumba donde se excavó el suelo.

Lo primero que les llamó la atención fue una caja grande.

Tan pronto como encontró a Ryan con el rostro pálido acostado en él, la vizcondesa Gott se echó a llorar como si tuviera un ataque.

—¡Ryan!

Se tambaleó hasta el costado del ataúd.

Tocando la fría mejilla de Ryan, derramó lágrimas incontrolables.

—¡Ay dios mío! ¡Mi hijo…!

Un grito desesperado que salió de las profundidades de su estómago.

Incluso aquellos a quienes normalmente no les gustaba la vizcondesa Gott sintieron simpatía.

Los dolientes la miraron con pena.

Athena: Ninguna pena, la verdad. Next.

Capítulo 105

—No sabía que el joven maestro Gott moriría a una edad tan temprana. ¿Quién sabe?

—Qué triste y desgarrador debe ser…

—¿Qué tan vano es que se ahogó por beber en exceso?

—Jaja, la vizcondesa crio a sus hijos de manera muy preciosa.

Luego, un largo llanto continuó durante mucho tiempo.

—Madre, deberías parar ahora.

—¡Cómo puedo parar! ¡Mi hijo está siendo tan frío!

—Si madre está así de triste, Ryan no podrá irse apropiadamente. ¿Eh?

El vizconde Gott engatusó a su madre.

Mientras tanto, los ojos del vizconde Gott se llenaron de tristeza y dolor.

Pero entonces. hubo una conmoción en la distancia.

—¿Quién…?

—¡No puedes hacer esto, vete…!

—¡Ryan!

La voz lastimera de la mujer gritó el nombre del muerto.

Los dolientes se miraron unos a otros con cara de perplejidad.

—¿Qué quiere decir esto?"

—Lo sé, en un funeral que debería ser solemne...

Apareció una mujer.

—¡Ryan, estoy aquí!

Un sombrero decorado con perlas negras y encaje negro, un vestido rico, zapatos negros con punta puntiaguda.

Como doliente, vestía solo artículos negros mínimos, pero se veía tan glamorosa como si estuviera asistiendo a una fiesta.

La vizcondesa Gott estaba llorando en los brazos del vizconde Gott, abriendo mucho los ojos.

—¡No, esa chica está loca!

Era Charlotte.

—Ella no conoce la vergüenza. ¿Cómo podría pensar en venir aquí?

Mientras tanto, el marqués Usher, mezclado entre los dolientes, miraba a Charlotte con una mezcla de asombro e irritación.

—Lady Jason, ¿por qué demonios viniste aquí?

Sin embargo, Charlotte miró la mirada punzante sin levantar una ceja.

Luego, derramó lágrimas como cuentas en ambas mejillas.

—Hic, Ryan… No sabía que ibas a morir…

Los hombros de Charlotte temblaron cuando enterró la cara en su pañuelo.

«Aunque es cierto que Ryan me jugó una mala pasada.»

—¡Bueno, esa chica!

¿De dónde vino la energía? La vizcondesa se levantó de su asiento, señalando con el dedo a Charlotte.

Charlotte volvió a llorar en un tono extremadamente teatral, indiferente con el ambiente hostil.

—¡Pero todavía amaba a Ryan!

—¡De dónde viene esa chica! ¡¿No puedes salir de aquí ahora mismo?!

La vizcondesa, cuyos ojos estaban al revés por la ira, gritó en voz alta.

Charlotte, con ojos llorosos, protestó a la vizcondesa.

—¡No hagas esto, tengo que despedirme de Ryan…!

—¡Bueno, desvergonzada! ¡Argh!

La vizcondesa no pudo superar sus sentimientos y se derrumbó en un grito.

El vizconde Gott se aferró a su madre a toda prisa.

—¡Madre, te vas a desmayar!

—¡Ja, qué le dijo esa chica a nuestro Ryan… que desvergonzada…!

—¡¿Oh, que estás haciendo?! ¡Saca a Lady Jason de aquí ahora mismo!

El vizconde Gott se dio la vuelta y ordenó enojado.

—Vamos, señorita Jason.

—¡No, suéltame! ¡Ni siquiera me he despedido de Ryan todavía!

Charlotte luchó, mirando hacia atrás.

Un ataúd entraba en la fosa justo a tiempo.

La tapa del ataúd estaba claramente grabada en la retina de Charlotte.

Al mismo tiempo, sus labios rojos dibujaron un arco.

—¿Qué? ¿Qué?

Los ojos de la vizcondesa al presenciar la escena, se abrieron significativamente.

Charlotte con una extraña sonrisa se dio la vuelta.

La emoción evidente en el hermoso rostro fue un profundo alivio.

«¿Por qué está sonriendo?»

En un funeral caótico, todo el mundo se movía afanosamente.

La vizcondesa lo vio claro.

Charlotte estaba encantada con la muerte de Ryan.

Se alejó plácidamente como si estuviera bailando.

La puerta se abrió.

Charlotte entró en la habitación.

—Ah, de verdad.

Charlotte se dejó caer en la cama, se frotó los ojos con movimientos nerviosos.

—Lloré tanto que mis ojos estaban llorosos.

Su voz estaba ronca por el llanto constante, todo su cuerpo estaba rígido por haber sido arrastrado fuera del funeral y estaba inmensamente cansada.

Pero esto era manejable.

Charlotte murmuró con voz orgullosa.

—Los dolientes que asistieron al funeral… Todos me miraban.

Y algunos reporteros se reunieron para cubrir el funeral de Ryan.

Tal vez el periódico de mañana mostrara su llanto de tristeza.

Solo eso había logrado todos sus objetivos.

La gente sentiría pena por ella.

Aunque fue abandonada por un hombre al que amaba con todo su corazón, sintió pena por su muerte.

Y…

«Porque me he asegurado de que el cuerpo de Ryan también esté enterrado.»

El cuerpo, que también era la mayor evidencia de asesinato.

El cuerpo desapareció en el suelo.

Ahora todo lo que tenía que hacer era esperar a que el cuerpo se pudriera y desapareciera.

Charlotte estaba satisfecha y se acercó a la cómoda de un cajón justo al lado de la cama.

Cuando abrió el cajón, había un lujoso joyero en él.

Charlotte abrió la tapa de la caja.

Dentro había una pulsera de brillantes diamantes.

—¿Cómo te atreves a darle un regalo a Inés con el dinero que me robaste?

Charlotte habló para sí misma con voz aguda.

Ryan se atrevió a elegir a Inés sobre ella.

Bien.

«Me traicionaste, así que por supuesto que tienes que pagar. ¿No lo crees?»

El agarre de la pulsera estaba fuertemente apretado.

Pero entonces.

Alguien llamó con fuerza a la puerta.

Charlotte miró a la puerta con una mirada molesta.

—¿Quién es?

—Abra la puerta ahora mismo, Lady Jason.

Quería gritar y enojarse de inmediato, pero temía que alguien la escuchara, así que reprimió la voz.

—¿Oh qué es?

Charlotte se levantó cansada de su asiento,

Agarró el pomo de la puerta mientras se acercaba a la puerta.

El rostro enojado de un hombre de mediana edad se reveló a través de la puerta.

Hacia la cara, Charlotte entrecerró los ojos y sonrió hermosamente.

—¿Qué estás haciendo aquí, marqués Usher?

El marqués Usher apretó los dientes y entró pisoteando en la habitación.

Cuando cerró la puerta con fuerza, incapaz de superar su ira, Charlotte arqueó las cejas.

—Marqués, la puerta se aplastará.

—Lady Jason.

El marqués Usher apretó los dientes y miró a Charlotte.

—¿Por qué viniste al funeral hoy?

Ante la voz feroz, Charlotte abrió mucho los ojos, fingiendo ser inocente.

—¿No es eso obvio? Necesitamos asegurarnos de que el cuerpo de Ryan esté debidamente enterrado en el suelo.

—Pero no tenías que venir al funeral, ¿verdad?

El marqués Usher estalló en cólera.

—Asistiré, así que te he dicho varias veces que te quedes quieto. ¡Lo comprobaré y te lo contaré!

Le gritó a Charlotte mientras un padre regañaba a su hijo.

—¿Y qué pasa con ese atuendo? ¿Fuiste a un baile de luto?

—Pero no sabemos cuándo ni dónde aparecerán los reporteros.

Charlotte se encogió de hombros y protestó ante el marqués Usher.

—No sé cuándo saldré en el periódico, así que no puedo aparecer mal.

—No, ¿qué estás diciendo?

El marqués Usher parecía incrédulo.

Pero las palabras de Charlotte aún no habían terminado.

—Sé que solo cuando me vean como una mujer pobre tanto como sea posible, puede ser útil para el marqués.

—¡Debería haber decidido dónde y cuándo!

El marqués Usher no pudo evitar levantar la voz.

Sabía desde el principio que Charlotte tenía un fuerte deseo de fama y atención.

Estaba tratando de volver a la sociedad de alguna manera después de que la sacaron de la sociedad debido a su historia con la condesa de Brierton.

Fue acorralada mientras buscaba varios medios de comunicación para vengarse de la condesa.

Por eso, el marqués Usher eligió a Charlotte.

Tenía un rencor considerable contra la condesa de Brierton y Ryan Gott, y mostró su disposición a pagarlo de alguna manera.

Fue porque estaba segura de que se movería con entusiasmo.

Sin embargo…

—¡Tienes una idea o no!

El marqués Usher respondió, deteniéndose por un momento.

Algo brilló en la mano de Charlotte.

Eso es…

—¿No es la pulsera de diamantes que Ryan Gott le regaló a la condesa?

Por un momento, el marqués Usher sintió un escalofrío en la columna.

Fue porque le vino a la mente el reciente incidente secreto con Charlotte.

El punto de partida fue el contacto repentino de Charlotte.

—Hay algo con lo que realmente necesito tu ayuda.

Era casi un contacto amenazante.

La razón por la que no podía ignorar el contacto que normalmente ignoraría esta vez era la actitud extrañamente firme de Charlotte.

Capítulo 106

—Si no haces esto bien, estoy seguro de que será un gran daño para la reputación del marqués. Te lo prometo.

Finalmente, el marqués Usher se molestó, pero se dirigió a la dirección que dejó Charlotte.

Lo que fue sorprendente al mismo tiempo fue.

—Alquilas una villa por uno o dos días como máximo, pero ¿por qué te molestaste en usar un alias?

Así, una terrible escena se desarrolló en la villa a la que llegó.

—Ah, señorita Jason. ¡Esto es…!

Sobre la mesa de todo tipo de refrigerios lujosos, el vino tinto fluía como sangre.

El vino que goteaba coloreaba lentamente la alfombra del suelo.

Pero la vista más sorprendente fue la de Ryan en el suelo.

Lo que comió burbujeaba alrededor de su boca.

—Ryan Gott. ¿Está bien? ¡Qué es esto!

El marqués Usher trató de salvar a Ryan a toda prisa, pero ya era demasiado tarde.

La respiración de Ryan ya se había detenido.

El marqués Usher miró confundido a Charlotte.

—¡De ninguna manera! ¿Fue Lady Jason quien lastimó al joven maestro Gott?

Pero la consternación del marqués Usher no era de su incumbencia, Charlotte solo parpadeó inocentemente.

—Sí, lo hice.

—¿Qué?

El marqués Usher sintió como si lo hubieran golpeado en la cabeza.

Al mismo tiempo, Charlotte preguntó con voz inocente.

—Es mejor que Ryan muera, ¿no?

—¡Qué clase de tontería es esa!

—¿Sabías que Ryan identificó al marqués Usher detrás de la falsificación del certificado de regalo?

Cuando se le preguntó, el marqués Usher se puso rígido.

Charlotte sonrió como una niña, mirando al marqués como si se estuviera divirtiendo.

—Ryan es una persona de boca ligera como una pluma, pero ¿sería yo el único en peligro si Ryan hiciera un escándalo? El Marqués también lo estará.

—¡Bueno, aún así...!

—Es por eso que me aseguré de que Ryan no abriera la boca nunca más. El marqués ni siquiera sabe cómo me siento, en realidad.

Charlotte se quejó, haciendo un puchero con sus bonitos labios.

Los ojos de Charlotte brillaron.

—Sería mejor deshacerse del cuerpo de Ryan en primer lugar, pero luego no sé hasta dónde llegará la vizcondesa Gott, que está obsesionada con su hijo.

—Espera un minuto, Lady Jason…

—Para que la vizcondesa Gott no lo dude, deberíamos hacer apropiado que murió en un accidente. —Luego suspiró y continuó—. Así que hay algo que el marqués tiene que hacer. La mayoría de los cuerpos son examinados por un médico forense, ¿verdad?

—Bueno, sí, pero…

—Entonces, el marqués sobornará al forense, tenemos que obtener el certificado de defunción.

El marqués Usher abrió mucho los ojos en estado de shock.

Para el marqués Usher, Charlotte continuó con voz lánguida.

—Bueno, tú eres el que manipuló la firma de Inés. No creo que esto sea difícil… Pero si te lo digo en caso de que estés preocupado.

—Lady Jason, qué demonios…

—Yo no usé drogas cuando maté a Ryan. Así que, que examinen el cuerpo. Incluso si es tan sospechoso, no saldrá a la luz.

Charlotte sonrió brillantemente al marqués Usher.

Era una sonrisa loca.

—Quiero decir, solo un poco, solo necesitamos obtener el certificado de defunción de una manera que esté a nuestro favor.

Luego volvió a hacer preguntas lentamente.

—Bueno, me vas a ayudar, ¿verdad?

El marqués Usher finalmente no pudo rechazar la propuesta de Charlotte.

«Maldita sea, estuvo mal tomar la mano de esa chica.»

Mirando el rostro sonriente de Charlotte, el marqués Usher apretó los dientes.

Pero el agua ya estaba derramada.

Ya no se podía recoger.

—De todos modos, no hagas nada que se destaque a partir de ahora, ¿entiendes?

El marqués Usher, que habló con fiereza, salió.

Charlotte saludó en broma, mirando la espalda que se alejaba.

—¡Vete a casa a salvo!

La puerta se cerró de golpe.

Al mismo tiempo, los ojos de Charlotte se hundieron con frialdad.

—Nunca me atraparán, nunca.

Charlotte murmuró como si se estuviera lavando el cerebro a sí misma.

La pulsera de diamantes aún brillaba en su mano.

Tarde en la noche.

El vizconde Gott celebró el funeral de Ryan hoy, y ahora la casa estaba sumida en un silencio sepulcral.

Esto se debió a que el cansancio acumulado durante el funeral, todos se quedaron dormidos al comienzo de la noche.

Pero uno de ellos no podía dormir y miraba al techo.

Era la madre del vizconde Gott.

¿Qué estaba haciendo Charlotte?

Reflexionó sobre lo que había sucedido hoy.

Charlotte irrumpió en la sala funeraria de repente y se echó a llorar, diciendo que amaba a Ryan con todo su corazón.

Según Charlotte, el funeral fue una despedida para siempre del ser amado.

Pero ver la escena del ataúd de un ser querido siendo enterrado en un pozo...

«¿Cómo pudo sonreír tan inquietantemente?»

—Esa sonrisa…

En la mente de la madre del vizconde Gott, la sonrisa descorazonada de Charlotte una vez más vino a la mente.

«Estoy segura de que estaba contenta con la muerte de Ryan.»

Sintió la piel de gallina por todas partes.

Hasta ahora, la ira de la vizcondesa había sido únicamente sobre Inés.

Cuando se divorció de Ryan, odiaba a Inés, quien puso en peligro a la familia Gott.

Por otro lado, Ryan ignoró en secreto a Charlotte.

«¿No es esa la chica que fue la amante de Ryan como máximo?»

¿Qué podía hacer una chica tan humilde?

Eso es lo que ella pensó al principio, pero…

¿Y si Charlotte tuviera algo que ver con la muerte de Ryan?

Las dudas pasaron por su mente y la vizcondesa se congeló.

—Bueno, eso no tiene ningún sentido…

Era absolutamente ridículo.

La vizcondesa se las arregló para sacudirse la teoría de la conspiración y sacudir la cabeza salvajemente.

Pero cuanto más hacía, más persistente era la duda en su cabeza.

Pero incluso si la muerte de Ryan es realmente un asesinato, es difícil de investigar.

Después de perder el apoyo de Brierton, a Gott le resultó difícil construir negocios antiguos.

Con varias propiedades de la familia vendidas, no había fondos para investigar en secreto la muerte de Ryan.

«Estoy molesta... pero no puedo evitarlo.»

La vizcondesa se levantó de su asiento.

Se acercó tambaleándose al escritorio y sacó una hoja de papel.

En el dorso de la mano que sostenía la pluma, las articulaciones de los huesos estaban tensas.

La anciana que llevaba mucho tiempo agonizando, garabateó el nombre en la carta.

[Querida condesa de Brierton.

No podía evitarlo aunque fuera vergonzoso pedirle ayuda a mi nuera.

Ryan... Quiero saber cómo murió mi precioso hijo.]

La vizcondesa se mordió los labios hasta sangrar y empezó a mover de nuevo la pluma.

Estaba más cerca del amanecer que de la mañana.

Inés estaba mirando los datos sobre el aprendizaje del marqués Usher.

«...entre los aprendices recientes, hay un niño que no sale.»

El nombre del aprendiz era Félix.

Era un plebeyo y no tenía apellido.

Tenía doce años.

Se registró que había perdido a sus padres y no tenía un lugar en quien confiar, por lo que el marqués lo acogió como tutor y lo entrenó como su alumno.

Excepto por no salir a la calle en absoluto, en realidad no era nada especial.

Pero la razón por la que esa parte se sentía extraña era...

El marqués Usher tenía una personalidad muy cautelosa y decía que odiaba la presencia de otros que no fueran sus discípulos en su estudio.

Así que fue Felix quien estuvo a cargo de los asuntos misceláneos del estudio.

Podía comprar cosas para el estudio, hacer mandados o dejar que otros aprendices asumieran las tareas problemáticas.

Se le permitió salir a veces antes, pero de repente, ¿su acceso al exterior se cortó así?

Los ojos verde oscuro de Inés se entrecerraron con duda.

«Necesito averiguar dónde está este Félix.»

Inés golpeó con las uñas el apoyabrazos de la silla y se perdió en sus pensamientos.

«¿Cuánto tiempo ha pasado?»

Un golpe repentino despertó a Inés de su tren de pensamientos.

—Adelante.

Mary entró en la habitación.

Inés miró a Mary con los ojos muy abiertos.

—Mary, ¿qué haces tan temprano en la mañana?

Mary frunció el ceño y volvió a preguntar a Inés.

—¿No ha dormido milord hasta esta hora?

—Oh, bien…

Ahora ella iba a escuchar un montón de regaños.

Inés se lo tomó con entusiasmo.

Sin embargo,

—Ah.

Mary suspiró profundamente y se acercó a Inés a la ligera.

Luego, cortésmente, entregó una carta.

Capítulo 107

—Alguien del Vizcondado Gott acaba de llegar.

—¿Del vizconde Gott?

Por un momento, los ojos de Inés se volvieron agudos.

Mary asintió.

—Sí, él me dio esta carta. Lo envió la madre del vizconde Gott y ruego milord que lo confirme.

Aunque Inés no compartió los detalles con Mary, Mary también sabía por intuición que las cosas iban de manera extraña recientemente.

—Parecía ser una carta importante, así que inventé una excusa para visitarla temprano en la mañana. Lo lamento.

—Estás diciendo todo tipo de cosas.

Inés inclinó los ojos, cogió un cortapapeles con mano ocupada y cortó la cubierta exterior de la carta.

—Gracias por decirme esto, puedes irte ahora.

—Está bien, milord.

Mary volvió a mirar a Inés con una expresión de preocupación en su rostro.

—Pero no se exceda, ¿de acuerdo?

—Claro, por supuesto. Si me enfermo, ¿no me abrazaría Mary y me regañaría durante tres noches y cuatro días?

—En serio, ¿alguien que conoce se queda despierto toda la noche?

Mary salió de la habitación con una pregunta juguetona.

Inés bajó la mirada a la carta, hojeando rápidamente el contenido.

Y…

—Está bien.

Los ojos de Inés brillaron.

Finalmente tenía la oportunidad de investigar la muerte de Ryan adecuadamente.

Una noche ambiciosa fuera de la vista.

Con el permiso de la madre del vizconde Gott, la tumba de Ryan fue excavada en secreto.

Entonces, el ataúd de Ryan se dirigía a una autopsia en las afueras de Langdon.

Inés entró al edificio de piedra con pasos rápidos.

Era donde se examinaría el cuerpo de Ryan.

—Ay, hace frío.

Inés encogió suavemente los hombros.

Aunque el clima ha sido bastante cálido recientemente, el aire en el centro de autopsias se sentía inusualmente frío, quizás debido al estado de ánimo.

—Oh, estás aquí.

Enoch fue la primera persona en saludar a Inés.

—Bienvenida, condesa Brierton.

El oficial médico que examinó a Ryan luego saludó a Inés.

—El examen ha terminado. Los resultados de la autopsia se compartirán en privado.

—Buen trabajo, doctor.

Inés también se inclinó ante el médico.

El oficial forense comenzó a caminar delante de los dos.

—Le mostraré el interior.

Inés estaba cerca de Enoch, susurrando.

—Muchas gracias, Enoch.

Inés miró a Enoch y sonrió ampliamente.

—Sin la ayuda de Enoch, el cuerpo de Ryan no podría haber sido examinado tan rápido.

El clima ha sido cálido últimamente, por lo que el cuerpo de Ryan puede descomponerse rápidamente.

Sin embargo, todo fue gracias a Enoch que pudo organizar un centro de autopsias y traer a un médico forense competente tan rápido.

Enoch también sonrió cara a cara a Inés.

—Gracias es suficiente. Solo quería ayudar a Inés.

—Pero este es mi…

Inés estaba tratando de responder tan casualmente y cerró la boca.

Fue porque Enoch la estaba mirando con una mirada mordaz.

Afortunadamente, Enoch no parecía tener ninguna intención de criticar el desliz de Inés.

Enoch se giró en su lugar, frunciendo el ceño.

—Sobre todo, es aún más sorprendente que la vizcondesa Gott le permitiera a Inés examinar el cuerpo.

La autopsia del cuerpo del difunto solo fue posible con el consentimiento de la familia en duelo.

Si era necesario, incluso deberían ser disecados, pero había bastantes familias en duelo que se resistían a dañar el cuerpo del muerto, sin importar cuánto quisieran determinar la causa de la muerte.

Se preguntó cómo la madre del vizconde Gott era tan estricta y pensaba que su hijo era precioso, pero permitió que examinaran a su hijo.

Inés sonrió torpemente.

—En realidad, no hice mucho. Solo dije que ayudaría con la investigación si fuera necesario…

—Eso en sí mismo ya ha hecho algo. —Enoch negó con la cabeza—. Te ofreciste a ayudar a la vizcondesa Gott, ¿verdad?

—¿Qué? No, eso es…

—Considerando la mala relación con la familia del vizconde Gott, no hubiera sido fácil hacer tal recomendación. —Enoch sonrió con los ojos—. Estoy orgulloso de ti.

Inés se sintió muy avergonzada de ser elogiada.

Pero no era un mal presentimiento.

De hecho, se sintió mejor sin razón, y sus hombros tensos se relajaron un poco.

El lugar al que llegaron era una habitación en mal estado con solo una mesa grande y algunas sillas.

—Por favor, siéntense de esta manera.

Inés y Enoch se sentaron cara a cara con el forense.

El médico sacó los papeles con destreza.

Estos fueron los datos de la autopsia del cuerpo de Ryan.

—Por ahora, como dijo el duque, los análisis de sangre y las disecciones se realizaron juntos.

Al mismo tiempo, Inés miró de soslayo a Enoch.

«Enoch realmente se preocupaba por mí

Un análisis de sangre.

El precio era extremadamente alto, por lo que generalmente no se solía hacer en el cuerpo que llegaba por accidente.

Sin embargo, el orden de la prueba fue evidencia de que Enoch apoyó la autopsia tanto física como emocionalmente.

Y luego.

El oficial forense tiró la bomba.

—Para empezar, creo que hubo presión externa sobre esta muerte.

Inés tragó su saliva seca.

—¿Cree que fue asesinado?

—En mi opinión, sí. —El hombre asintió con seriedad—. El joven maestro Gott murió porque estaba borracho y cayó al lago, ¿verdad?

—Sí.

—Por lo general, los cuerpos ahogados tienen agua en las vías respiratorias. Es natural que el ahogamiento provoque que el agua bloquee las vías respiratorias y muera sin respirar. —El forense susurró—. Pero los pulmones del joven maestro Gott estaban muy limpios. No había agua en absoluto.

—Eso significa…

—Significa que se ahogó pero ya estaba muerto cuando lo hizo.

Inés y Enoch intercambiaron miradas rápidamente y volvieron a fijar sus ojos en el médico.

—Además, la concentración de alcohol en el cuerpo no es tan alta.

—¿Quiere decir que no estaba borracho?

—Sí. Puede que esté un poco borracho, pero no es suficiente para perder la razón.

El forense respondió, así que señaló el documento y continuó.

—También hay más puntos sospechosos. Se detectó una cantidad excesiva de pastillas para dormir en su sistema y el ingrediente principal de esta pastilla para dormir es la flor de Togo.

—¿Flor de Togo?

—Es básicamente una flor que tiene un efecto medicinal para relajar el cuerpo.

Inés miró los papeles.

En la parte superior del tallo delgado, se pintó una imagen de flores redondas de color púrpura que colgaban cómodamente.

Parecía completamente inofensivo en la superficie.

—Las pastillas para dormir que usan flores de Togo son básicamente seguras, pero también pueden actuar como veneno en ciertas situaciones.

—En ciertas circunstancias…

—Cuando se toma con cafeína, va más allá de relajar tu cuerpo, haciéndote incapaz de respirar espontáneamente.

Los rostros de Enoch e Inés se endurecieron.

El médico suspiró y concluyó.

—Y el joven maestro Gott tenía chocolate con alcohol. Se detectó chocolate en el estómago.

—…quiere decir que hubo una intención de asesinato.

—Además, el experto forense que había sido examinado antes que yo probablemente no sabía esto. Es difícil saber lo que comiste a menos que cortes el estómago y, por lo general, las familias en duelo son reacias a hacer una autopsia. —El médico se encogió de hombros—. Por supuesto, esa parte es sospechosa porque reveló que el agua no entró en las vías respiratorias. No reconocerlo significa que ni siquiera tiene conocimientos básicos como científico forense.

—El primer médico que realizó la autopsia también sospecha. ¿Es esto?

—Creo que sí, pero... Solo soy un oficial médico, así que me detendré aquí.

El oficial médico organizó los documentos y los tendió al frente de los dos y concluyó la conversación.

—En resumen, parece que el joven maestro Gott murió asfixiado debido a la combinación de esa pastilla para dormir y cafeína.

—Gracias. Fue una gran ayuda.

Al aceptar el documento, Inés asintió con gravedad.

«De verdad… no esperaba que Ryan fuera asesinado.»

Era como si alguien le hubiera barrido la espalda con una mano fría.

Capítulo 108

Inés y Enoch se movieron y hablaron solos.

—Tal vez hubo un cómplice.

Enoch, que había estado pensando mucho, de repente abrió la boca.

—El joven maestro Gott era un hombre de constitución robusta. Ya sea que el culpable sea un hombre o una mujer, sería difícil mover un cadáver sin ayuda.

—Un cómplice suena bien.

—Sí.

—…Estoy de acuerdo.

Ryan no se ahogó. Fue asesinado por alguien.

Aún no estaba completamente confirmado quién era el criminal.

Pero en este punto, la persona con la mayor motivación para dañar a Ryan era...

Charlotte.

Inés frunció el ceño.

Supongamos que Charlotte realmente hirió a Ryan.

Era prácticamente imposible para Charlotte, una mujer esbelta, mover sola al corpulento Ryan, así que definitivamente tuvo ayuda.

—Entonces, antes que nada, debemos investigar el paradero del joven maestro Gott el día antes de su muerte.

—Ya lo estoy investigando. —Enoch continuó—. Está claro que el joven maestro Gott fue asesinado, por lo que podemos pedir ayuda a las fuerzas de seguridad.

—Pero si los medios saben sobre el asesinato, definitivamente alertarán a los culpables.

—Solo tiene que imponer una prohibición de informar hasta que se identifique al criminal.

Enoch explicó como si le hubiera dicho que no se preocupara.

—Soy el propietario de la Corporación Elton y miembro de la familia real. No te preocupes.

Inés se sintió tranquila.

Miró a Enoch con una mirada cálida, asintió y respondió.

—Entonces terminaré de buscar el paradero de Félix.

—¿Félix?

—Oh, el nombre del discípulo del marqués Usher.

Por un momento, los ojos de Enoch se agudizaron.

—¿Te refieres al joven estudiante que es bueno dibujando detalles finos?

—Así es. —Inés frunció el ceño ligeramente—. Los otros estudiantes están haciendo actividades al aire libre, pero él es el único que no ha salido recientemente.

Enoch e Inés se miraron y se pusieron de pie.

La mayoría de los acertijos del caso estaban reunidos.

Ahora quedaba la tarea de armar los rompecabezas correctamente.

—¡Félix!

Un grito estridente estalló.

El pequeño levantó la cabeza con gran nerviosismo.

—¡Sí, marqués Usher!

Luego, un apuesto hombre de mediana edad frunció el ceño y miró al chico.

—¿Por qué eres tan lento? ¡Si alguien te llama, te mueves rápido!

—¡Lo siento, marqués!

Félix, el niño, tragó su saliva seca y miró hacia abajo.

El marqués Usher miraba al niño de arriba abajo con una mirada indeseable, se dio la vuelta y chasqueó la lengua como si estuviera disgustado.

—Sígueme. Tengo algo que pedir.

—¡Sí, sí!

Félix siguió rápidamente los pasos del marqués.

Cuando ellos llegaron…

—¿Qué?

Félix inclinó la cabeza con curiosidad.

—¿No es esta la oficina del marqués?

Sin estar seguro de poder entrar en esta habitación, Félix examinó reflexivamente el rostro del marqués.

Félix fue tratado casi como un sirviente, no solo como un estudiante.

Como prueba de ello, Félix nunca había llamado "maestro" al marqués.

Ni siquiera había puesto un pie en el espacio privado del marqués, siempre en el estudio.

La puerta de la oficina se abrió.

El marqués Usher se deslizó en la oficina.

Félix dudó en entrar a la oficina, olvidó que estaba asustado y tragó su saliva seca.

—Guau.

Nunca había visto una habitación tan lujosa.

Cada artículo parecía caro.

El marqués Usher señaló el sofá.

—Ven y siéntate aquí.

—Sí, sí.

Felix se sentó con una cara muy nerviosa.

El marqués sostenía una pluma y dos papeles.

Uno tenía una firma, el otro no tenía firma.

—Aquí, ¿ves esta firma?

—Sí.

—Copia esa firma, exactamente.

—¿Qué?

Por un momento, Félix miró al marqués con cara de perplejidad.

El marqués se sintió irritado por su desgana.

—¿Qué estás haciendo? Date prisa.

—Bueno, pero…

Felix examinó cuidadosamente los ojos del marqués.

Aunque solo tenía doce años, Félix sabía que la situación actual era un poco extraña.

No podía entender por qué tenía que copiar la firma de otra persona.

Entonces el marqués estalló en cólera y de repente levantó la mano.

—¡Cómo te atreves a rechazar mi pedido!

Su impulso fue feroz como si fuera a golpearlo de inmediato.

—¡Oh, no! ¡Lo haré ahora!

Félix se encogió de hombros y agarró el bolígrafo a toda prisa.

Al mismo tiempo, estaba preocupado por dentro, por lo que trató de leer el contenido del documento con una mirada de soslayo.

El problema era que Félix no aprendió a leer bien.

Entonces, todo lo que Félix reconoció fue la cantidad indicada en el documento.

—¿50,000 de oro?

«¿Qué? ¿50.000 de oro?»

Los ojos de Félix se agrandaron.

50.000 de oro.

En Langdon, esa cantidad podría permitirse dos de las casas más caras.

Para Félix era una enorme suma de dinero que no podría ver aunque trabajara el resto de su vida.

La mano que sostenía la pluma se congeló de miedo.

El marqués lo regañó como la pólvora.

—¿Qué estás haciendo? ¡Muévete!

—¡Sí!

Félix, asustado, movió el bolígrafo a toda prisa.

El marqués frunció el ceño mientras observaba a Félix copiar la firma.

—¿Es suficiente?

Félix se encogió reflexivamente.

Efectivamente, estalló un grito agudo.

—¿Eso es todo lo que puedes hacer?

El marqués rompió en pedazos los documentos que tenía en la mano con los ojos bien abiertos.

—¡La forma es diferente! ¡Tiene que ser exactamente igual!

—¡Lo lamento! ¡Lo haré de nuevo!

—¡Eres perezoso mientras pago tus comidas!

Felix comenzó a copiar la firma una y otra vez muchas veces.

Solo después de que pasó un tiempo y el sol estaba completamente oscuro, Félix pudo salir de la oficina.

—Uf.

Félix, exhausto, cruzó el pasillo y dejó escapar un largo suspiro.

Los dedos que habían estado sosteniendo la pluma todo el día palpitaban.

«Hoy es un día muy extraño. No, creo que he estado pasando por cosas extrañas desde hace un mes.»

El comienzo fue cuando el maestro comenzó a reunirse con algunos aristócratas.

A primera vista, el nombre del aristócrata era conde Hanson.

Cuando conoció al conde, el marqués Usher parecía generalmente feliz.

Sobre todo, estaba tan obsesionado con el conde Hanson que no tenía ningún interés en el talento de Félix.

Félix esperó en secreto a que el conde Hanson lo visitara todos los días.

Porque el marqués Usher no estaba enojado con él cuando el Conde lo visitó.

Y luego, de repente, hoy... lo llamó para copiar una firma.

Inés Brierton.

Félix estudió detenidamente el nombre.

En el mundo aristocrático, Félix estaba casi ciego, pero aún sabía quién era la condesa de Brierton.

Fue porque el marqués Usher apretaba los dientes cada vez y chismeaba sobre la condesa.

—¡Solo ha pasado un tiempo desde que hizo su debut en el mundo del arte y está mostrando su amistad con el duque de Sussex!

De hecho, las palabras eran engañosas.

La condesa de Brierton había sido pintora en las sombras para el hermano del vizconde Gott incluso antes del divorcio.

Esto significó que toda la carrera del joven maestro Gott fue creada por la condesa de Brierton.

El marqués Usher, sin embargo, parecía tener un gran odio por la condesa.

—¿Exhibición de intercambio? ¿Exposición en el extranjero? ¿Cuál es el problema con eso?

El marqués golpeó con el puño el apoyabrazos de la silla, incapaz de vencer su ira.

—¡¿Te dejé de lado porque eres un artista y ahora estás construyendo una escuela?!

Ella ciertamente lo hizo.

¿Por qué quería copiar la firma de la condesa Brierton?

La última firma completa, que Félix había copiado, se parecía mucho.

—Sí, debería ser así.

Sólo entonces el marqués se rio con satisfacción.

Antes de enviar a Félix, dijo a modo de advertencia.

—No puedes decirle a nadie lo que pasó hoy. ¿Entendido?

La ansiedad no provocada erosionó todo el cuerpo del niño.

Sintiéndose muy seco en la boca, Félix se encogió de hombros y se alejó.

Y unos días después.

—¿Se enteró? ¡Condesa Brierton!

—¿Escuché que recibió un soborno mientras compraba el sitio de la escuela?

Los otros aprendices de Atelier se reunieron en grupos de dos y tres para hablar.

El tema de conversación fue el caso de soborno de la condesa de Brierton.

«¿Qué pasó?»

Félix puso los ojos en blanco con inquietud en la esquina.

Fue porque de repente recordó el documento que copió la firma de la condesa.

Capítulo 109

[Se confirmó que Ines Brierton recibió 50 000 de oro del Conde Hanson.]

….la noticia misteriosa.

—Félix.

El marqués Usher le hizo una seña a Félix.

—¡Sí, marqués!

Félix corrió hacia el marqués Usher.

El marqués Usher miró a Felix con el ceño fruncido e hizo un gesto para que lo siguiera.

Yendo a la parte trasera del edificio Atelier, un gran carruaje estaba estacionado frente a Félix.

Fuera de la ventana, las persianas estaban cerradas, lo que hacía que pareciera una prisión.

Al mismo tiempo, el marqués Usher espetó.

—Necesitas ir a algún lado por un tiempo.

En ese momento Félix tuvo una corazonada.

La paz momentánea que disfrutó el niño ahora se hizo añicos.

«¿Dónde es eso? ¿Puedo volver?»

Félix, asustado, llamó al marqués con voz temblorosa.

—Marqués Usher, pero…

—¿Por qué estás tratando de responder?

El marqués preguntó furioso.

Así que Félix no pudo evitar subirse al carruaje.

—Si te quedas callado, te recogeré algún día.

—¿Qué?

La puerta del carruaje se cerró de repente.

—¡Oye, ábrelo!

Félix, sorprendido, llamó a la puerta, pero no sirvió de nada.

Después de una larga carrera, cargado en un carruaje oscuro donde ni siquiera la luz podía entrar, Félix fue encarcelado en una pequeña casa en un pueblo rural.

Después…

Félix no podía dar un solo paso fuera de la casa.

Los rudos guardias aparecieron de la nada, estaban estrictamente atentos a los alrededores, mientras observaban a Félix.

Un día, dos días, tres días, una semana…

Pasó un mes como un largo sueño.

Mientras tanto, Félix estaba atrapado en la prisión con guardias.

Ni siquiera podía dar un paseo ligero, y mucho menos salir a la calle.

Incluso a los prisioneros en confinamiento solitario no se les prohibiría salir al exterior de esta manera.

—Bueno, ¿cuándo podré salir…?

Félix no pudo soportarlo, reunió el coraje para preguntar,

Como si estuvieran mirando un objeto inanimado, solo miraron a Félix con ojos indiferentes.

No se dio respuesta.

—Bueno el…

Félix estaba tratando de hablar más, vacilante.

Era frustrante como si hablara con la pared.

Un guardia señaló la puerta con un parpadeo perezoso.

—Ve adentro.

—Sí…

En el momento en que Félix dejó caer los hombros, estaba a punto de darse la vuelta.

Algo se rompió ruidosamente afuera.

—¡¿Qué es?!

Félix, sobresaltado, abrió mucho los ojos.

Al mismo tiempo, los guardias alzaron la voz.

—¿Qué estás haciendo? ¡Entra de inmediato!

Alguien pateó con fuerza la puerta.

La puerta se abrió de golpe, y más allá, la gente se precipitó como agua.

Todos eran agentes de seguridad uniformados.

—Tsk, ¿los guardias de seguridad?

—¿Por qué los guardias de seguridad están aquí?

Los guardias de la cárcel miraron a los oficiales de seguridad, todos tensos.

Uno de los oficiales se adelantó con paso pausado.

—Recibí un informe de que el niño estaba siendo detenido ilegalmente, así que salí para una investigación.

Los ojos del oficial de seguridad alcanzaron a Félix mientras él permanecía inexpresivo.

—No creo que sea un informe falso.

Para cuando se pronunciaron las palabras, alguien lanzó un puñetazo.

—¡Argh!

Un guardia fue aplastado contra la pared, derrumbándose.

Después de eso, estalló una guerra.

Con gritos y gemidos haciendo eco, y el sonido de un golpe alegre llenando los alrededores.

Félix se estremeció, se encerró en un rincón.

Nadie podía vigilar la seguridad de Félix porque la lucha entre las fuerzas de seguridad y los guardias era muy feroz.

Félix miró la puerta abierta con ojos temblorosos.

«Tengo que salir.»

Había estado atrapado en esta casa durante demasiado tiempo.

Si no fuera ahora, la oportunidad de salir nunca volvería a presentarse.

Félix trató de sacar toda la fuerza que tenía y levantar su cuerpo tembloroso.

—¡¿Dónde vas a rebotar?!

Uno de los guardias logró notar que Félix se movía y levantó la voz.

Félix de repente se congeló en el acto.

—¡No puedo quedarme aquí!

Una voz como un látigo se estrelló en el oído.

Félix encogió el cuello como una tortuga.

—¡Oye ven aquí!

Alguien llamó a Félix con urgencia.

—¿Qué?

Sorprendido, Félix levantó la cabeza.

Una hermosa mujer de repente se empujó por la rendija de la puerta y corrió hacia él como si fuera natural.

No importa cuántos oficiales estuvieran bloqueando a los guardias, aún podría ser peligroso.

No vio ninguna vacilación por parte de la mujer.

Además… ¿No era esa... la condesa Brierton?

Cabello castaño oscuro que fluía suavemente sobre los hombros, ojos verdes oscuros que brillaban suavemente.

Y la apariencia era tan elegante como un ciervo.

«¿No es la misma que he visto en el periódico muchas veces?»

La dama agarró la mano de Félix y se deslizó entre el desorden.

—¡Es peligroso aquí, salgamos de aquí!

—¿Qué?

Félix fue arrastrado de la mano de la dama.

Entonces…

—¡Ah!

Lo primero que apareció en su vista fue la deslumbrante luz del sol.

«No sé cuánto tiempo ha pasado desde que estuve dentro.»

El aire fresco llenó sus pulmones.

Junto a él, la señorita corría con Félix.

Entonces ella preguntó amablemente.

—¿Estás bien?

—Oh…

Era una voz tan cálida como un edredón de plumas, lejos de los ruidos brutales que la rodeaban.

Una mirada preocupada, solo preocupada por la seguridad de Félix.

Además, el calor que se extendía desde la mano sostenía la suya.

Fue la primera vez que Félix se arriesgó y llegó a un lugar tan peligroso que sucedió algo maravilloso.

—Eso…

Felix reflexivamente trató de decir lo siento.

Estaba tan avergonzado y arrepentido de que la dama estuviera en medio de esa pelea por su culpa.

Pero Félix se quedó sin palabras cuando la dama dijo lo siguiente.

—Estabas muy asustado, ¿verdad? Pero lo soportaste bien.

Félix tragó saliva.

Hasta ahora, Félix solo había tenido adultos a su alrededor que lo intimidarían o se enojarían.

Porque no había uno solo que lo consolara tanto.

Pero entonces.

Los oficiales de seguridad que rodeaban la mansión se asustaron de esta manera.

—Condesa de Brierton, ¿cómo puede entrar cuando hay una pelea? ¡Ya le he dicho varias veces que se quede afuera porque es peligroso!

La señorita respondió con una expresión cautelosa, como si se hubiera perdido.

—Si estalla una pelea así, el niño podría quedar atrapado y lastimado. Las fuerzas de seguridad tienen que rodear el exterior, por lo que no podemos rescatar al niño de inmediato…

Borró el final de sus palabras, luego inmediatamente entregó una disculpa.

—No podía pretender no saber que el niño estaba allí. Lo lamento.

—No, eso es cierto.

Los oficiales de seguridad estuvieron de acuerdo.

Y Félix.

Estaba luchando por contener las lágrimas que brotaban de las profundidades de sus ojos.

Pero, eclipsando el esfuerzo, Félix reprimió sus emociones.

—Ugh…

—¿Qué?

La dama miró a Félix con expresión burlona.

Al mismo tiempo que sus ojos verde oscuro eran redondos, Félix alzó la voz con miedo.

—¡Lo lamento!

—¿De qué te arrepientes?

La dama se agachó y miró a Félix a los ojos, sin importar el arrastre de su vestido al suelo.

—Tenías miedo. Si estuviera en la misma posición que tú, habría llorado.

—Bueno, aun así.

«¿Realmente puedo llorar?»

Félix miró en secreto el rostro de la dama con ojos llorosos.

Los adultos que Félix había experimentado hasta ahora habían expresado explícitamente su molestia ante la mera señal de que Félix lloraba.

De hecho, ser perezoso fue una respuesta leve.

Era natural no solo gritarle cuando ni siquiera estaba equivocado, sino también levantar la mano…

—Para que puedas llorar todo lo que quieras.

La dama palmeó a Félix en la espalda con expresión lastimera.

—Está bien, no habrá nada aterrador en el futuro...

La forma en que ella le palmeó la espalda fue tan dulce.

Al ver a los aterradores guardias siendo arrastrados por los oficiales de seguridad justo a tiempo, de repente sintió que ya no tenía que estar asustado.

En un torrente de alivio, Félix se echó a llorar.

Los detalles exactos del incidente fueron más o menos así.

Después de que Inés anunciara que construiría una escuela.

La Real Asociación de Arte sintió una gran amenaza para la escuela que Inés estaba tratando de construir.

No era de extrañar que la intención de Inés de construir una escuela fuera brindar oportunidades educativas sin importar el género o el estatus.

—Incluso ahora, la popularidad de la condesa Brierton está por las nubes, diciendo que ha elevado el honor de Lancaster gracias a la exposición de intercambio y la exposición individual en el extranjero...

¿Qué pasaría si la condesa Brierton estableciera una escuela y convirtiera a los graduados de esa escuela en su propia división?

Además, la opinión pública sobre la Real Asociación de Arte estaba en su peor día a día.

El marqués Usher, presidente de la Real Asociación de Arte, sintió una fuerte sensación de crisis por la preservación de su lugar.

Así que fue a Charlotte a quien encontró el marqués Usher.

Charlotte estaba en un estado de venganza y frustración.

Ella trató de vengarse de Inés y Ryan de alguna manera, pero todos la rechazaron.

Para el marqués Usher, esa lamentable Charlotte parecía una herramienta bastante buena.

Usarla para acabar con la condesa de Brierton.

Athena: Menos mal que al final todas las alimañas caen.

Capítulo 110

—Lady Jason.

El marqués Usher, frente a Charlotte, sonrió maliciosamente.

—¿Vas a dejar en paz a la condesa de Brierton?

—¿Qué quieres decir?"

—Lady Jason sabe mejor que la condesa se está volviendo loca, diciendo que ella es la única que es buena.

El marqués Usher de repente se acercó a Charlotte.

—¿Qué dices sobre la colaboración?

Los dos parecían ser buenos compañeros al principio.

Aunque el propósito específico puede haber sido diferente, Charlotte y el marqués Usher tenían como objetivo destruir a Inés de alguna manera.

El marqués Usher trajo al Conde Hanson y creó un cargo de soborno para acusar a Inés.

Además, utilizando a Félix, se produjo un documento de regalo con una firma falsificada para probar que se entregó el soborno.

Charlotte desempeñó el papel de acusadora.

Sin embargo, la acusación, que al principio parecía ir bien, dio un giro inesperado cuando Ryan intervino en el medio.

Ryan se dio cuenta de que el certificado de regalo era falso y amenazó a Charlotte.

Charlotte estaba cegada por su codicia y mató a Ryan.

—Bueno, me vas a ayudar, ¿verdad?

Al final, el marqués Usher no tuvo más remedio que ayudar a Charlotte.

Sin embargo, de alguna manera, la familia Gott y Brierton colaboraron para realizar la autopsia del cuerpo de Ryan.

Por lo tanto, se reveló que Ryan fue asesinado y las fuerzas de seguridad acudieron en masa para rescatar a Félix, que había estado escondido en el campo.

El marqués Usher y Charlotte tuvieron el presentimiento de que las cosas estaban mal.

Los dos intentaron huir del país, pero ya era demasiado tarde.

Las astutas fuerzas de seguridad capturaron al marqués Usher y Charlotte, así como a todos los testigos involucrados en el incidente.

Charlotte y el marqués Usher estaban tras las rejas sin posibles rutas de escape.

Así que ahora, un juicio presidido directamente por el rey.

Charlotte, el presidente de la Asociación de Arte y el Conde Hanson se enfrentaban como locos para aliviar incluso un pequeño pecado.

—¿Hubieras esperado que la hija del barón Jason matara al joven maestro de Gott?

El marqués Usher levantó la voz.

—¡Yo también soy una víctima! ¡No tuve más remedio que ayudar a la señora Jason porque me amenazó!

—¿Víctima?

Charlotte, enojada por la voz, miró al marqués.

—¡En ese caso, el marqués Usher no tenía que mentir en primer lugar que la condesa de Brierton había aceptado sobornos!

Charlotte señaló con el dedo al marqués.

—¡Tú eres la razón por la que mi vida empeoró!

—¿Yo? ¡¿Terminaste de hablar ahora?!

—¿Dije algo que no podía decir?

Los dos olvidaron por completo que ahora estaban en un tribunal y comenzaron a discutir.

Edward, el rey que parecía ser invisible para ellos, gritó con voz solemne.

—¡Todos, callaos!

El marqués Usher y Charlotte se sobresaltaron y callaron pero no quitaron la mirada que se miraban con descontento.

Mientras tanto, el conde Hanson rápidamente abrió la boca.

—El marqués me dio la oportunidad de pagar mi deuda de juego... me ayudó a vender mi tierra.

—¡Conde Hanson!

El asustado marqués Usher miró amenazadoramente al conde Hanson, pero el conde ni siquiera miró al marqués.

En cambio, miró a Edward y le rogó con seriedad.

—Su Majestad tenga piedad. Le debía al marqués Usher, así que no tuve elección.

Edward inclinó la barbilla con atención embelesada.

Animado por el gesto, el conde Hanson continuó rápidamente.

—El marqués Usher dijo que la condesa Brierton había elegido mi finca como sede de la escuela. Una vez que se construya la escuela, se construirá la infraestructura a su alrededor y luego podré vender el terreno donde el precio ha subido y pagar la deuda. Solo estaba cooperando con la propuesta.

—¡No, cómo puedes desagradecido decir eso!

El marqués Usher le gritó al conde Hanson, impidiéndole hablar, pero los guardias de seguridad lo reprimieron rápidamente.

—Fue una propuesta sin rechazo. Y presentó el documento con una firma firmada…

El conde Hanson puso los ojos en blanco y miró al marqués Usher.

—…El marqués Usher dijo que tenía que hacerlo como si realmente sobornara a la condesa de Brierton. El marqués me lo devolvería.

—¿Cuándo lo hice?

El marqués Usher tuvo otro ataque.

Independientemente, el conde Hanson solo sonrió servilmente a Edward.

—Además, pensé que la revelación que hacía Lady Jason todos los días era para presionar un poco a la condesa de Brierton.

—¿Presionar?

—¡Sí! El marqués dijo que la condesa de Brierton no cumpliría su promesa de comprar mi propiedad. Así que hice lo que tenía que hacer.

Para resumir el argumento de larga data del conde Hanson, "él también fue una víctima engañada por el marqués Usher".

El conde Hanson finalmente exprimió todo su atractivo y dijo:

—Yo no estuve involucrado en ninguna de las transacciones. El trato real fue hecho por el marqués Usher. Lo sé muy bien en primer lugar porque solo estaba endeudado con el marqués y no era tan cercano a él.

Pero entonces.

Una voz fuerte resonó.

—Eso es una mentira.

En un instante, la atención de la gente se desvió hacia un lado.

De pie al final de esa mirada estaba un niño pequeño.

Quizás los ojos que estaban sobre él eran una carga, por lo que el niño se encogió de hombros reflexivamente.

Aún así, continuó con firmeza.

—El marqués Usher y el conde Hanson estaban muy juntos... lo vi.

—¿Fe… Félix?

El marqués Usher, sin saberlo, gritó el nombre de Félix y cerró los ojos con fuerza.

No debería haber hecho eso.

¡Debería haber evitado ver a Felix tanto como pudo!

Félix miró de soslayo al marqués y pronto enderezó la espalda.

—Soy el aprendiz del marqués Usher…

La garganta de Félix se movió con fuerza por la tensión.

Sin embargo, Félix no dejó de hablar.

—…Soy la persona que falsificó la firma de la condesa Brierton.

El público jadeó en estado de shock.

—Oh, Dios mío, falsificación de una firma...

—Realmente debe ser cierto que la condesa Brierton fue incriminada.

La gente empezó a murmurar.

Al mismo tiempo, Félix humedeció sus labios secos con la lengua, abrió la boca con una voz lo más clara posible.

—Comenzaré a testificar ahora.

Entonces, Félix habló en un tono de voz tranquilo sobre todo lo que había visto y oído hasta el momento.

El marqués Usher y el conde Hanson habían sido amigos durante mucho tiempo.

La relación era más que una simple relación de deuda y parecían amigos cercanos.

Entonces, un día, el marqués Usher llamó a Félix y le pidió que copiara la firma de Inés en el documento.

Aunque no sabía exactamente de qué se trataba el documento porque no sabía leer ni escribir, estaba seguro de que al menos 50,000 de oro estaban escritos en él.

Luego parecía estar poniéndose nervioso día a día y de repente hasta encerró a Félix en un campo desierto…

—¡Eso es todo una mentira!

El marqués Usher gritó en un ataque pero nadie lo escuchó.

Fue porque Félix renunció y apareció la siguiente persona.

—¡Esa persona!

Los rostros de Charlotte y el marqués Usher se pusieron pálidos uno al lado del otro.

Porque él fue la persona que le dio el certificado de defunción de Ryan.

—Soy el primer oficial médico en mirar el cuerpo del joven maestro Gott.

El médico abrió la boca con el rostro rígido.

—El marqués Usher pidió un documento que indicara que la causa de la muerte fue ahogamiento. Por lo que miré, no había fluido en las vías respiratorias que cualquier persona ahogada pudiera encontrar en el cuerpo del joven maestro Gott...

El médico cerró los ojos con fuerza.

—El marqués Usher me entregó una suma sustancial de dinero para declarar que la muerte fue por ahogamiento y acepté la oferta.

—¡¿Qué tontería es esa?!

—¡Eso es una tontería, está tratando de incriminarnos!

El marqués Usher y Charlotte gritaron en protesta.

Pero sabían mejor.

«Se acabó.»

Charlotte se mordió los labios hasta el punto de sangrar.

Había evidencia pre-recopilada sobre la mesa en la distancia.

Entre ellos, apareció una pulsera de diamantes.

Brillaba como si estuviera bromeando con Charlotte.

Incapaz de enfrentarse a la luz, Charlotte cerró los ojos con fuerza.

La visión oscura parecía su futuro.

Capítulo 111

Así terminó el juicio.

Charlotte fue sentenciada a treinta años de prisión por acusaciones falsas, asesinato y ocultamiento del cuerpo.

El marqués Usher fue condenado a veinte años de prisión por denuncias falsas y ocultamiento del cuerpo.

Además, el médico forense que falsificó el certificado de defunción por dinero fue castigado por falsificación de documentos oficiales, y el conde Hanson también fue llevado a su celda al lado del otro por fraude.

—¿Como puedes hacerme esto? ¡Mi precioso hijo, mi hijo…!

—¡¿Cómo te atreves a matar a mi hermano?!

Mientras tanto, la madre del vizconde Gott estaba sentada entre la audiencia, no pudo contener su ira e injusticia y atacó a Charlotte.

—¡Yo, yo, no puedo respirar!

Charlotte cayó cuando la vizcondesa usó su cuerpo para reprimirla.

—¡Su Majestad, por favor, tenga piedad de mí una vez!

Hubo varios disturbios, como el marqués Usher corriendo hacia Edward, llorando, suplicando y mostrando una apariencia fea.

En cualquier caso, el juicio que había despertado a Lancaster durante meses había llegado a su fin.

Mientras que los involucrados en el incidente estaban recluidos en prisión.

Inés visitó a Félix que estaba preso en un penal de menores por falsificación de documentos oficiales.

—Condesa Brierton.

Félix se veía mejor de lo que pensaba.

—¿Cómo estás?

—Estoy bien. Todos son amables conmigo.

—Ya veo.

Inés miró a Félix con una mirada lastimera.

Tal vez Félix se sintiera mucho más cómodo en una prisión de menores que viviendo como aprendiz con el marqués Usher.

—Cuánto debes haber sufrido por el marqués Usher.

Sintiendo lástima por Félix, que sonrió brillantemente, Inés se mordió los labios.

Por supuesto, no podía sacar a Félix de la cárcel por mucho que lo deseara.

Había que pagar el precio de la falsificación de documentos oficiales.

«Sin embargo, Félix tuvo que cometer un delito por mi culpa.»

Enoch ya le había aconsejado a Inés que no la hiciera por culpa.

Aunque Inés lo sentía de todos modos.

—Félix, ¿te interesa estudiar pintura?

—¿Qué? Qué quiere decir con eso…

—Bueno, no sé si lo sabes, pero en realidad estoy interesada en construir una escuela.

—¿Escuela?

Los ojos de Félix se agrandaron.

Inés asintió.

—Sí. Voy a aceptar a todos los estudiantes sin importar su estatus o género y quiero ayudarte a entrar a la escuela si quieres. Brindaremos apoyo para los gastos de manutención y no tendrás que preocuparte por la matrícula…

Inés estaba emocionada.

—…Oh, por supuesto, primero deberías salir de la prisión juvenil, ¿verdad?

Había silencio.

«No, ¿qué puedo hacer?»

¡Todavía está en prisión!

Para arreglar la atmósfera incómoda, Inés rápidamente abrió la boca nuevamente.

—Por supuesto, no tienes que ir a la escuela. Si hay algo más que quieras hacer, te ayudaré a presentar la solicitud, así que no creas que es forzado…

—Quiero hacerlo.

—¿Qué?

Inés abrió mucho los ojos.

Quería ir a la escuela, porque era la primera vez que se le presentaba una oportunidad así.

Félix expresó su opinión con claridad.

—Quiero estudiar pintura e ir a la escuela.

Una voz temblorosa salió.

Félix tuvo que hacer acopio de valor y separar los labios.

Inés, mirando a Félix, sonrió.

—Puedes hacer lo que quieras hacer.

—¿En serio?

—Sí, te ayudaré.

Ante la firme respuesta, una sonrisa comenzó a dibujarse lentamente en el joven rostro de Félix.

Era una sonrisa brillante.

Inés salió después de encontrarse con Félix.

Enoch, que esperaba en la sala de espera, dio la bienvenida a Inés.

—Inés.

—Ay, Enoch.

Inés se acercó a Enoch con pasos rápidos.

—Has estado esperando por mucho tiempo, ¿no es así? Lo siento, tomó un poco de tiempo.

—No, ¿qué pasó?

—Una vez que Félix salió de prisión, decidí apoyarlo hasta que se hiciera adulto.

De pie cerca de Enoch, habló con entusiasmo.

—Ah, por cierto, le pedí que estudiara en mi escuela y accedió.

—¿Lo hizo?

—Es un alivio que el niño parezca estar entusiasmado por estudiar…

Pero entonces, la expresión de Inés se oscureció de repente.

—…pero no quería que Félix tuviera antecedentes penales.

—Pero hiciste todo lo posible para reducir la sentencia del niño. —Enoch consoló a Inés—. La falsificación de documentos oficiales es un delito grave, por lo que no puede evitar ser castigado en absoluto.

—Es... lo sé.

Inés suspiró brevemente, sonrió con amargura.

—Además, el problema de construir una escuela es problemático en muchos sentidos.

Después del juicio, Inés fue absuelta por completo de los cargos.

Sin embargo, era un problema en sí mismo que ella sufriera de chismes durante mucho tiempo.

Aunque la verdad estaba clara, no se sabía hasta qué punto las imágenes negativas que se habían acumulado hasta el momento habían causado su reputación.

—Es un alivio que no haya ningún problema en establecer la escuela, pero no puedo estimar el número de participantes en absoluto...

Los hombros de Inés cayeron.

Por lo general, antes de establecer una escuela, verificaban con anticipación cuántas personas se esperaba que ingresaran a la escuela.

Qué esperar, cuál será la calidad de la educación, etc.

Antes de establecer una escuela, era estimar un indicador u otro de antemano y presentarlo a la familia real.

Sin embargo, le preocupaba que los padres y los estudiantes ya tuvieran pensamientos negativos sobre la escuela después de experimentar este tipo de chismes…

—Pero, bueno, tengo que animarme.

Estuvo deprimida por un tiempo.

Inés pronto apretó los puños.

—Porque creo que mi idea es correcta... No dudaré más.

—Sí.

Enoch sonrió y asintió.

—Siempre estoy de tu lado, ¿sabes?

—Por supuesto. ¿En quién confiaría para avanzar así?

Inés también sonrió juguetonamente a Enoch.

—Todo es porque Enoch está a mi lado.

«…Ciertamente lo hice. »

—¿Qué está pasando aquí?

Inés murmuró con voz desconcertada con la nariz metida en un montón de papeles.

Inés apartó la vista del documento y miró por la ventana, preguntándose si sería porque tenía la vista cansada.

Después de una larga mirada al jardín verde oscuro, después de parpadear un par de veces.

—Guau.

Respiró hondo y volvió a mirar los documentos.

Sin embargo, el número en el documento no había cambiado en absoluto.

En otras palabras, Inés no se equivocó.

—Oh, ¿más de 500?

Ella estaba considerando un total de cuatro años de escuela, así que pensó en 200 a 300 estudiantes por grado…

¡Más de la mitad del número total de estudiantes solicitó admisión desde el primer reclutamiento!

—Ay dios mío. No estoy soñando conmigo, ¿verdad?

Inés extendió la mano y le pellizcó la mejilla.

—Oh.

Dolía hasta el punto de las lágrimas.

—Oh, no debe ser un sueño.

Inés sonrió con lágrimas en los ojos.

Se había estado riendo sola durante tanto tiempo, rápidamente recogió su ropa exterior y se levantó.

—Oh, Dios mío, ¿milord?

Mary encontró a Inés con los ojos muy abiertos y sorprendidos.

—¿Adónde va?

—¡Estaré fuera por un segundo!

Inés salió corriendo como estaba.

Tan pronto como subió al carruaje, gritó con voz emocionada.

—¡A la residencia del duque de Sussex!

El carruaje comenzó a correr rápidamente.

Inés finalmente llegó a la residencia, tocó el timbre de inmediato.

—¿Inés?

Ante la visita inesperada, Enoch la recibió con cara de sorpresa.

Tan pronto como lo enfrentó, Inés gritó de repente.

—¡Hay 500 personas!

—¿Qué?

—¡Hay 500 personas que quieren entrar a mi escuela!

Estuvo confundido por un momento y luego una sonrisa comenzó a extenderse lentamente en el rostro de Enoch.

Los dos se abrazaron y se echaron a reír.

Capítulo 112

Lista para salir, Inés leyó una carta que acababa de llegar.

[Querida condesa de Brierton.

Hola, condesa. Soy Andrea Attlee.

¿Cómo estás?

Mi madre dijo que la ceremonia de apertura de la Academia Evans se llevará a cabo esta vez.

Cuando crezca un poco más, definitivamente iré a la academia a estudiar.

Ahora mi madre dijo que soy demasiado joven para ir sola a Lancaster.

Mi madre me trata como a un niño.

Entonces te escribiré de nuevo.

Con amor, de Andrea.]

Inés sonrió.

—¿Todos los niños son normalmente así de lindos?

Félix y Andrea… tenía muchas ganas de besarlos.

—Inés.

Justo a tiempo, escuchó una voz suave que la llamaba.

Inés miró hacia atrás.

—Oh, Enoch, ¿estás aquí?

Era Enoch con un elegante traje.

Enoch se acercó a Inés, le barrió la mejilla y preguntó con voz preocupada.

—¿Te estás tomando un descanso estos días? Hay una sombra debajo de tus ojos.

—Bueno…

Inés, que trató de evitar la mirada de Enoch, pronto sonrió.

—Pero la mayor parte del trabajo se hizo perfectamente.

—Has trabajado demasiado tu cuerpo hasta ese punto, por lo que será injusto si el trabajo no termina bien.

Tenía talento para hurgar en la conciencia de una persona con una cara sonriente como esa.

Pero en esa parte, no había nada que decir, por lo que Inés cerró los labios en silencio.

Pero había una razón para ello.

Al enterarse de que había más postulantes de los esperados, Inés se dedicó apasionadamente a establecer una escuela, incluso reduciendo el sueño nocturno.

Como le costó mucho comprar el terreno de la escuela la última vez, decidió hacerse cargo y renovar la escuela existente.

Así, logró la hazaña de abrir la escuela en dos años.

Mientras tanto, prestó atención a la salida de prisión de Félix.

Si ingresaba a la escuela el próximo año, ella podría ayudar al futuro del niño y enseñarle a escribir antes de ingresar a la escuela.

Había un montón de trabajo.

«Quizás si Enoch no hubiera ayudado, me habría derrumbado un par de veces por exceso de trabajo...»

Inés reflexionó sobre sí misma.

Afortunadamente, Enoch no reprendió a Inés.

En cambio, miró el reloj y extendió el brazo.

—Salgamos por ahora. Hoy es el día en que eres el personaje principal, así que no deberías llegar tarde.

Protagonista.

Poniendo su mano sobre el brazo de Enoch, Inés sonrió.

—Tengo muchas ganas de hacerlo.

No se pudo evitar.

Hoy era la ceremonia de apertura de la Academia Evans, donde pasó todos sus dos años de tiempo y esfuerzo.

Una tarde soleada.

Inés se paró frente a los VIP que vinieron a celebrar la ceremonia de apertura con cara de nervios.

—Hola, me siento muy honrada de estar aquí.

Al comienzo de su discurso, su voz temblaba ligeramente.

Aunque participó en la exposición de intercambio y tenía su propia exposición en el extranjero, todavía estaba nerviosa.

Era porque no estaba acostumbrada a llamar la atención de la gente.

Sin embargo…

—Inés.

Inés encontró a Enoch entre los distinguidos invitados.

Los profundos ojos azules que la miraban sin vacilar, estaban llenos de confianza en ella.

Mientras enfrentaba la mirada, el temblor de todo su cuerpo disminuyó poco a poco.

Ella era la directora que fundó la Academia Evans.

Así que ella tenía que mostrarles su confianza.

Y… a Enoch, quien había confiado en ella y la había apoyado todo este tiempo.

«No quiero avergonzarlo.»

Inés respiró hondo, cerró los ojos y volvió a abrirlos.

Había recuperado la compostura antes de darse cuenta.

—Vengo de una familia prestigiosa llamada Brierton. Fue porque me dieron ese gran ambiente, la gente en ese ambiente me apoyó. Pude dar un paso adelante para lograr mi sueño. Es por eso… —Inés miró a los ojos a los distinguidos invitados—. Estoy aquí con la esperanza de compartir las oportunidades que he tenido con otros.

Aunque no fue un discurso elegante, era atractivo porque habló honestamente sobre lo que había pasado hasta ahora.

—Por supuesto, no soy lo suficientemente buena en muchos sentidos. Pero os prometo una cosa. Escucharé humildemente los consejos que me deis y aprenderé a mejorar.

Inés concluyó sus palabras con todo su corazón.

—Haré lo mejor que pueda para que el tiempo que los alumnos pasen en nuestra academia sean felices y se cumplan. Gracias.

Inés se inclinó profundamente.

Al mismo tiempo, estallaron estruendosos aplausos.

La ceremonia de apertura terminó cortando cintas de colores en la entrada de la academia con una tijera.

Después de terminar todos los horarios, Inés se aferró a Enoch y le hizo preguntas.

—¿No fue extraño mi discurso? ¿Estuvo bien?

—Por supuesto, fue maravilloso.

—¿En serio? ¿No estás diciendo eso para hacerme sentir bien?

Inés miró a Enoch con amor, y Enoch respondió casualmente.

—Sabes que no hablo de trabajo en vano, ¿verdad?

—Bueno, eso es cierto, pero... De todos modos, me alegro de que estuviera bien.

Inés dio un largo suspiro de alivio.

—Entonces es tu turno de darme tiempo.

—Oh, sí.

Mientras asentía, Inés estaba un poco desconcertada.

Inés, ¿puedes darme algo de tiempo después de la ceremonia de apertura?

Eso fue lo que le preguntó Enoch hace unos días.

Aunque respondió que no tenía ningún horario especial después de la ceremonia de apertura, tenía curiosidad.

«¿No pensé que estaría montando el carruaje de repente?»

Desconcertada, Inés le preguntó a Enoch.

—Bueno, ¿adónde vamos?

Enoch levantó ligeramente la punta de sus labios y sonrió.

Era una sonrisa juguetona mezclada con anticipación y tensión.

—Hay algo que quiero darte.

Inesperadamente, Enoch llevó a Inés a la residencia del duque de Sussex.

—¿Por qué aquí…?

Inés miró a Enoch con cara de perplejidad.

Sin embargo, parecía que ya estaba planeado, por lo que las sirvientas los acompañaron adentro.

—¿El taller?

Inés murmuró con voz desconcertada.

Varias herramientas de arte estaban cuidadosamente dispuestas y las amplias ventanas para la buena luz del sol estaban equipadas con cortinas opacas.

Debía haber sido cuidadosamente cuidado para que la luz no incida en las pinturas.

Cada mueble se dispuso para que fuera cómodo de mover teniendo en cuenta el movimiento del usuario.

Y todas esas cosas.

«Es mi tipo.»

Color, estructura, diseño de muebles, etc.

Todo parecía haber sido suyo.

Si ella misma decorara el taller, no sería capaz de decorarlo a su gusto de esta manera.

Enoch hizo la pregunta en un tono bastante tenso.

—¿Te gusta?

—Sí, mucho.

Inés asintió con seriedad por ahora.

Era cierto que le gustaba.

Pero ella todavía estaba un poco dudosa.

«Esta es la residencia de Enoch, así que ¿por qué me pidió mi opinión?»

Pero entonces.

Enoch dijo con una sonrisa amable:

—Me alegra escucharlo. Este taller es tuyo a partir de ahora.

—¿Qué?

Inés todavía no podía entender hacia dónde se dirigía el flujo de esta conversación.

Al mismo tiempo, los ojos de los dos se encontraron.

—Ah.

Inés parpadeó en blanco.

Para su sorpresa, Enoch frente a ella parecía bastante nervioso.

Como un niño pequeño con su primer amor frente a él.

—Quiero decir... quiero decir...

La conversación fluida parecía haberse perdido.

—Mi residencia, no, ah.

Enoch se pasó las manos por la cara y sonrió torpemente.

—He estado practicando bastante… pero mi cabeza está en blanco frente a ti. Así que déjame ir al grano.

«¿Ir al grano?»

Inclinando la cabeza, Inés dudó de sus oídos al momento siguiente.

—Te amo, Inés.

Ah, ¿de repente confesarse el amor?

Pero las palabras de Enoch aún no habían terminado.

—Por qué decoré mi residencia con un taller para ti... Mi casa e incluso esta residencia. —Enoch miró a Inés con ojos serios—. Espero que sea un lugar donde puedas relajarte.

En ese momento, los ojos de Inés temblaron mucho.

—Hasta ahora, solo has decorado talleres para otros, pero nadie ha decorado uno para ti. Quería darte un lugar así. —Enoch continuó con una voz cálida—. Un lugar donde puedes borrar todos los recuerdos dolorosos y construir solo recuerdos felices.

—Eso significa…

—No quiero apresurarte ahora mismo. Pero si puedes dejar atrás tu pasado doloroso y estás lista para tener a alguien nuevo a tu lado algún día.

Enoch tomó suavemente la mano de Inés entre las suyas.

El anillo de diamantes brillaba intensamente en el dedo anular de la mano izquierda.

Dejándole un beso encima, Enoch habló en voz baja.

—…Quiero estar contigo para siempre.

Inés estaba más que sorprendida, tan abrumada.

Ella se quedó momentáneamente sin palabras.

Enoch continuó apresuradamente interpretando su silencio.

—No estoy forzando mi voluntad sobre ti. Puedo esperar tanto tiempo como…

—Enoch.

Y entonces, Inés llamó a Enoch con firmeza.

—Bueno, yo no dije que no.

Los ojos verdes danzantes miraron directamente a Enoch.

Enoch estaba distraído en ese momento.

—¿Eso significa…?

—Significa que sí. —Inés continuó—. Pero no quiero casarme ahora mismo. Quiero disfrutar de la dulzura del período de compromiso.

—Por supuesto.

—Bueno, voy a estar ocupada en el futuro. Tengo que continuar con el trabajo escolar y quiero seguir dibujando.

—No está mal. Quiero vivir una vida cómoda apoyando a mi capaz esposa.

Enoch respondió en broma.

Inés, que había estado mirando a Enoch durante mucho tiempo, sonrió brillantemente con ojos llorosos.

—Entonces ahora... dame un beso.

Y Enoch estaba feliz de hacerlo.

Fin

Athena: ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! El matrimonio se viene, la felicidad llegó, los malos pagaron y mi chica todo empoderada ha empezado a cambiar el reino. ¡Me encanta! ¡Los amo a los dos! Espero que tengan una vida muy feliz juntos.

Ah… chicos, con esto llegamos al final de la historia "Cuando deje de ser tu sombra". Espero que la hayáis disfrutado y si os quedáis con ganas de más, bueno, traeré otras historias a la página.

¡Nos vemos en otra novela!