Hola!
Precia... En verdad a veces me duele pensar en esta Precia. Cuando pienso que estas situaciones suceden en el mundo real, me duele más.
Disclaimer: MSLN ni sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos autores.
TW: Este capítulo contiene escenas de abuso físico / psicológico.
Capítulo 7: Fue tu culpa
Fate acababa de vestirse cuando escuchó un acelerado golpeteo en la puerta de su pequeña cabina. Extrañada, miró la hora en el reloj que colgaba en la pared solo para confirmar que estaba dentro de su horario habitual de preparación matutina, por lo que no estaba atrasada en ninguna de sus tareas. Mientras trataba de hacer memoria para verificar que no hubiese olvidado algo importante el golpeteo de la puerta se repitió con mayor intensidad, por lo que se apresuró a dirigirse hacia la puerta para abrirla.
Del otro lado del umbral se encontraba Yuuno, con una expresión de urgencia que disparó todas sus alarmas.
- ¿Y a ti qué te pasa? - preguntó Fate, mirándolo con una ceja alzada.
- Tenemos problemas - respondió Yuuno, en un murmullo rápido - Bueno, no tenemos, TIENES problemas.
Por un momento sintió ganas de empujar a Yuuno hacia el interior de la cabina y así poder darles un poco más de privacidad, pero los pasos acelerados de dos orientadoras que se dirigían casi corriendo hacia la cabaña de su madre la hicieron replantearse esa idea. A pesar de que su madre estaba más que complacida con el noviazgo que mantenía con Yuuno, estaba segura que se infartaría si se se llegaba a enterar de que el orientador había estado a solas con ella en ese lugar, aunque solo estuviesen hablando.
Acercándose más para no tener que alzar la voz, Yuuno intentó darle una veloz explicación de lo que estaba sucediendo.
- Encontraron a dos de las tuyas besándose tras las cabañas - soltó Yuuno.
- ¿¡Qué!? - exclamó Fate.
Consciente de que esa pregunta había sonado casi como un grito, miró a su alrededor para descartar que su grito hubiese llamado la atención de alguien más y se acercó más al rubio.
- ¿Qué? - repitió en voz más baja - ¿Qué rayos estás diciendo?
- Es un caos Fate, en serio - susurró el orientador - Era bastante temprano y uno de los orientadores que estaba haciendo rondas miró que habían dos chicas fuera de las cabañas y bueno, cuando se acercó las encontró besándose. Ya tu madre lo sabe.
- Ay no - murmuró Fate, palideciendo ante esa información - ¿Ya la viste?
- No, no he ido hasta su oficina, pero otro de los orientadores me dijo que ya llamaron a los padres de las chicas para que vengan a retirarlas del campamento, así que tu madre debe de estar hecha una furia.
Visiblemente estresada, Fate se pasó una mano por los largos cabellos rubios, intentando recomponerse.
Eso que había sucedido era una falta gravísima. Cuando sucedía algo similar su madre se ponía histérica, y eso solo la hacía despotricar con más ganas, como si con eso fuese a solucionar el fallo de sus terapias.
Y, por supuesto, como legalmente no podía castigar a los hijos de otras personas por sus fallos, eso solo significaba que sería ella quién tendría que asumir ese castigo como una mártir.
Porque ellas eran su responsabilidad. Ella era quién tenía que haberles hecho entender que el milagro existía, por ende, al no poder obrar un falso milagro sería ella quién tendría que asumir las consecuencias de esos actos.
- ¿Sabes quiénes fueron? - preguntó Fate, con un hilo de voz.
- Sé que una de las chicas se llama Arisa - contestó Yuuno - La otra chica creo que se llama Susy, Susu… No lo sé. Lo escuché en una conversación de otros orientadores. Cuando iba camino al comedor ya estaba encendido el desastre así que he ido recopilando pedazos. Apenas supe más o menos qué fue lo que pasó preferí venir a advertirte.
- Mi madre me va a matar.
- ¿Estarás bien?. ¿Crees que esta vez lo deje pasar? Es decir, aún no llegamos a la mitad del programa. Podrías decirle que aún no habías tenido oportunidad de hablar bien con ellas, que aún faltaba tiempo.
- Ambos sabemos que ella no aceptará ninguna excusa.
Yuuno, incapaz de decir algo que pudiese aliviar el conflicto que se desarrollaba en el interior de su amiga, optó por colocar una mano sobre su hombro, intentando que ese pequeño gesto la reconfortara lo suficiente como para que Fate pudiese enfrentar la tribulación que esperaba por ella.
Él también sabía que Precia no aceptaría ninguna excusa.
- Tengo que ir a hablar con ella - dijo Fate - Mientras más tarde peor será.
- Buena suerte.
Despidiéndose con una leve inclinación de cabeza se dirigió hacia la cabaña de su madre con paso firme. Encontrándola ocupada, esperó afuera unos minutos antes de que salieran las dos orientadoras que había visto en su encuentro con Yuuno, y respiró profundamente antes de abrir la puerta para ingresar a la oficina de su madre.
Cuando entró, la encontró con la cara contraída en una dura mueca de rabia. Intentó hablar, pero su madre, al verla abrir la boca, solo levantó su mano en una señal que le pedía callar.
- Fate, necesito que hoy ayudes en las cocinas - dijo Precia, sin traslucir mayor emoción en su voz.
- Mamá puedo…
- Necesito que vayas a las cocinas ahora - la interrumpió la mujer, mirándola severamente - Al final de la jornada ven a verme. Hablaremos de lo que pasó luego.
Eso era infinitamente peor.
Reprimiendo un escalofrío, Fate se apresuró en obedecer, saliendo de la oficina y cerrando la puerta tras de sí, para dirigirse hacia las cocinas del campamento.
Se obligó a mantenerse enfocada en la tediosa tarea de fregar ollas y sartenes, pero no pudo evitar echar un vistazo hacia el comedor una vez terminó esa primera tarea. Muy pronto se arrepintió de esa decisión, al encontrarse con caras sombrías entre los chicos que asistían al campamento.
Incluso el grupo de los chicos se había enterado de lo que había pasado, y lo disgustados que estaban con el proceder del staff del campamento se veía reflejado en las muecas de rabia que no podían ocultar del todo. Entre las chicas también había muchas expresiones de rabia, pero eran escasas en comparación a las que se veían entre los asistentes masculinos. Entre las mujeres, parecía predominar la tristeza y la resignación por sobre otras emociones.
Unos ojos purpúreos sí parecían haberse anclado en la rabia. O al menos eso fue lo que pudo ver en Nanoha, quién la miraba desafiante, como si quisiera levantarse de su asiento e ir a reclamarle directamente a la cara por qué no había hecho nada para evitar la expulsión de sus compañeras de habitación.
Avergonzada, tuvo que desviar la mirada al sentir el escrutinio de Nanoha. Ella no podía hacer nada. Nunca había tenido alternativa.
Así como ellos era una prisionera más, solo que su condena duraba más que un simple verano.
Con la moral por el suelo vertió su atención nuevamente en las labores de limpieza en las cocinas, manteniéndose en silencio mientras que por los cuchicheos del staff se enteraba de lo que iba sucediendo fuera del comedor. Algunas horas después se enteró de que las adolescentes implicadas en el suceso de ese día habían sido ya retiradas del campamento por sus representantes, y tuvo que aguantarse las risas de las otras orientadoras mientras escuchaba como clamaban a Dios por que les diera a ambas un castigo justo.
Al final de la tarde, tenía las manos acalambradas de tanto tallar los platos y utensilios con la esponja, y un peso en el estómago que se incrementaba a medida que se acercaba la hora de enfrentarse a su madre.
En el cielo ya se había extendido la noche cuando salió de las cocinas en dirección a sus oficinas. Cuando observó a lo lejos que las luces de los dormitorios se apagaron, se llenó de valor para tomar el pomo de la puerta y entrar a la cabaña de la líder del campamento, quién sonrió al verla.
Fate conocía esa sonrisa. Su madre estaba positivamente molesta, y eso significaba que, para ella, esa noche no existiría el perdón.
Esa sonrisa no traía cosas buenas.
- Fate, siéntate - pidió Precia, señalando la silla frente a su escritorio.
Como un perrito obediente, Fate siguió las órdenes de su dueña y se sentó en la silla, temerosa de mirar a su madre a los ojos.
- Supongo que ya te enteraste de lo que pasó - expuso Precia.
- Madre, lo siento, yo no sabía… - intentó explicar Fate
- ¿No lo sabías? - preguntó duramente la mujer - ¿Estás diciendo que eso estaba pasando frente a tus ojos y tú no lo sabías?
La sonrisa de Precia se ensanchó, mientras Fate solo pudo hundirse más en el asiento, deseando ser capaz de desaparecer.
- Ellas son tu responsabilidad Fate - dijo la predicadora.
- Necesitaba más tiempo para…
- No. Si haces las cosas bien no necesitas tiempo. Las dejé en tus manos. Que ellas fallaran es tu culpa.
Fate intentó hablar nuevamente, pero Precia la detuvo con un gesto de su mano mientras se levantaba de su cómoda silla y se dirigía a uno de los estantes de la oficina. Del cajón superior sacó una delgada regla de madera y, al verla, Fate no pudo evitar que el pánico empezara a reflejarse en sus ojos.
- Extiende tus manos - pidió Precia.
- No fue mi culpa - insistió desesperadamente Fate
- ¡Extiende tus manos! - gritó la líder.
Con un nudo en la garganta, la joven rubia extendió frente a ella sus temblorosas manos con las palmas hacia arriba, como tantas otras veces la mujer que la miraba fríamente le había pedido.
- ¿Qué dicen los mandamientos del señor acerca de esos actos Fate? - preguntó Precia
En su silla, Fate se revolvió. Claro que sabía la respuesta.
- No cometerás actos impuros - murmuró
Paf*
La regla golpeó sus manos con tanta fuerza que Fate tuvo que reprimir un gemido de dolor.
- ¿Quiénes no entrarán al reino de los cielos? - insistió Precia.
- Los lujuriosos…
Paf*
- Los idólatras…
Paf*
- Los adúlteros…
Paf*
- Los afeminados…
Paf*
- Los homosexuales - susurró Fate, reprimiendo los sollozos que amenazaban con salir.
Precia, finalmente satisfecha, guardó nuevamente la regla en el cajón y se dirigió hacia ella.
- Sabes que odio tener que corregirte ¿Verdad?.
Ante esa interrogante, Fate solo pudo asentir, mientras bajaba sus enrojecidas manos.
Desde hace bastante tiempo sospechaba que a la mujer no le desagradaba para nada el tener que corregirla.
- Puedes irte Fate - le dijo Precia, sentándose nuevamente en su silla - Espero no tener que corregirte de nuevo pronto.
En silencio Fate se levantó y, al llegar a la puerta, no pudo evitar soltar un quejido cuando tuvo que cerrar una de sus adoloridas manos sobre el pomo de la puerta para poder abrirla.
La risita que soltó su madre ante ese sonido le confirmó sus sospechas.
A Precia no le desagradaba castigarla.
Precia lo disfrutaba.
Nadaoriginal: Mi querido nadaoriginal... El látigo no le faltó. Esta Fate, a pesar de ser un AU, sigue encarnando muy bien ese principio de proteger. Por eso, creo que me gustó mucho hacer aquella aclaratoria al inicio. Precia es alguien terrible (a pesar de ser "religiosa"), así como considero que esta Fate es una persona bastante noble (siendo también religiosa). Podemos encontrar esos contrastes también en la vida real.
¡Nos leemos el próximo domingo!
