—Despierta, que llegas tarde —le dijo Billy a Rebecca mientras le daba un beso en la mejilla.

Los dos se encontraban envueltos en sábanas con una ventana cuya vista al Empire State dejaba pasar las suaves luces del sol a través del cristal.

—¿Dónde estoy? Preguntó Rebecca mientras veía su teléfono en la mesa de noche del hotel de Billy Coen —¡Las 6 de la mañana!

—Por eso te desperté —indicó él exmilitar, quien mostró amabilidad al abrazar a la chica, quien se veía enredada entre las sábanas —necesitas tu trabajo.

—Tengo dinero ahorrado —reveló Rebecca mientras estiraba los brazos, notando que estaba vestida con una playera ancha y larga —¿cómo me puse esto?

—No necesitas tu trabajo por el dinero y lo sabes —respondió Billy mientras la veía con incomodidad, entonces él sonrojaba también, pero buscó mantener la calma —tranquila, solo dormimos.

—¿Estás seguro de eso?

Billy se levantó para mostrar que aún llevaba la ropa del día anterior, los texanos y la playera que ella le había visto debajo de la gabardina.

—Estábamos muy adormilados, Rebecca —le explicó, buscando calmarla tras notar su desconcierto —prometí cuidarte, y eso involucra todo.

—Gracias —dijo más relajada —¿solo dormimos?

—Sí —contestó secamente mientras se metía al baño de su hotel con una toalla, era obvio que buscaba bañarse, lo que sonrojó a Rebecca y como excusa volteó a ver a su teléfono.

—¿Y cómo llegamos a tu hotel? —preguntó sin saber que había pasado —estábamos más cerca de mi casa ¿no?

—No. Todo lo que caminamos nos alejó de tu casa, terminamos por Broadway —le explicó Billy desde el baño —Necesitas cambiarte, no quieres que sepan que pasaste la noche fuera.

—En realidad no me interesa mucho —explicó Rebecca —soy la investigadora en jefe, no me pueden cuestionar.

—¿Qué se siente tener tanto poder? —le preguntó entre broma Billy mientras salía únicamente vestido con una toalla tras haberse dado una ducha rápida de agua. Rebecca volteó a verlo, impresionándose con el cuerpo del hombre, el que en efecto, no sentía que hubiera cambiado desde el Incidente del tren.

—Ya estoy acostumbrada, supongo que me lo gané junto con el apoyo de Chris.

Billy agarró ropa nueva y se metió al baño para vestirse, ahora con una playera roja y texanos negros, pero al percatarse de la extrañeza de Rebecca ante su situación, tras vestirse, le explicó lo ocurrido.

Estaban tan cansados que Billy decidió que debían ir a un lugar cercano, después comenzó a llover y se habían empapado. Para evitar que ella se enfermara, decidió pagarle una estadía de un día para que se pudiera bañar.

Rebecca estaba tan relajada y adormilada que bostezaba y desfallecía. Luego de tomar una ducha caliente, aprovechó para dormirse. Billy le proporcionó una playera larga que funcionó de pijama y luego de que se cambió, la chica fue llevada en brazos a la cama de Coen, donde ella se durmió profundamente. Claro, él también estaba cansado, y tras pasar veinte años desde la última vez que durmió con tranquilidad, no dejó pasar la oportunidad de caer en los brazos de Morfeo, pero abrazado al cuerpo de Rebecca.

—Chris te ayudó a sobrevivir, comprendo que le tengas confianza y te la tenga a ti.

—Él me ayudó más a mí de lo que yo a él —le contó con naturalidad, con un poco menos de dolor al narrar los hechos en la Mansión —él me cuidó y evitó que muriera ahí adentro también.

—Le tienes agradecimiento igual ¿no? —preguntó curioso, probablemente con un poco de molestia.

—Sí, pero él era del equipo Alpha en ese momento y de los más experimentados en combate y en campo —explicó Rebecca —yo no podía proporcionarle más ayuda de la que él podía darse a sí mismo, es un tipo duro, tengo la teoría de que él no puede morir fácilmente, como Jill.

—Supongo que esos del equipo Alpha eran los más experimentados ¿o me equivoco?

—Sí, eran los más fuertes, pero todos teníamos nuestro chiste. Algunos eran expertos en comunicaciones o tecnología, pilotos, armas y ahí entré yo en medicina —comenzó a contar —Jill fue asignada en Alpha por su capacidad de abrir cualquier cerradura y desactivar bombas por su paso en las Fuerzas de Seguridad Delta, y Chris estuvo en la Fuerza Aérea, aportó su puntería y capacidad de combate, Bravo era enviado en misiones de categoría sencilla comparadas con las habilidades de ellos.

Billy se sentó a su lado mientras sonreía jubiloso de verla recordar eventos que la hacían feliz, como el hecho de que pasó las pruebas de selección para los S.T.A.R.S., su fiesta de graduación como una prodigio en la universidad y encima siendo menor de edad en ese entonces, y también cómo fue que un mes antes de los hechos de la Mansión Spencer le avisaron que sería asignada al equipo Bravo y cómo ellos la trataban como una niña, lo que ahora en retrospectiva le parecía tierno, pero la hacía sentir insegura y con ganas de mostrar su valía.

Él sonreía, mostraba los ojos brillantes y se acomodaba el despeinado cabello azabache al buscar controlar cuando su atracción descontrolada le empezaba a traicionar. Le emocionaba la emoción de Rebecca, especialmente saber que a diferencia de él, ella sí fue feliz muy poco antes del desastre del tren, lo que explicaba perfectamente por qué la sensación de culpa era tan fuerte en ella.

Entre más alto estás, más dura es la caída, y ella era el ejemplo.

La conocía más y eso le gustaba.

Ahora que se encontraban en privado, sin nadie mirando, sin riesgos aparentes, Billy se levantó y le tendió la mano.

—Ven, por favor —le pidió, notando que se le había ido media hora en la conversación con ella, entonces le dio un beso en los labios, uno ligero, suave y tierno, tomando desprevenida a Rebecca, pero para su sorpresa, ella se limitó a sonreír.

Era un gran progreso dadas las circunstancias en la noche de Central Park.

—Prometí que te cuidaría esa noche.

—Lo recuerdo bien —repitió.

—Si me lo permites, quisiera tener la facultad de seguir cuidándote.

Billy estaba sacando un lado muy galante con Rebecca, un lado que el propio exmarine desconocía. Claro, llevaba mucho tiempo sin conectar con alguna mujer que de verdad le interesara, e incluso esta conexión se había vuelto más fuerte en los pocos días que llevaban juntos y en los que la tranquilidad era una constante.

—Solo así siento que duermo en paz —señaló, rompiendo con el tono galante de sus palabras, buscando mostrar cinismo para evitar presionarla.

—¿Soy una especie de xanax para ti? —preguntó con una sonrisa, identificando la ironía del exteniente cuando este la tomó de la cintura y la unió a él.

—No —le respondió mientras la cargaba como si de una princesa se tratara —porque eres algo mucho mejor que una pastilla, créeme, me la recetaron.

—¿Pasaste por tratamiento psiquiátrico después de que te internaran? —preguntó Rebecca preocupada, mientras que en su posición de princesa cargada, le acariciaba el rostro y con el brazo, le tomaba el cuello.

—Sí, resultó que la experiencia internado me ayudó un poco y guardé números de teléfono al salir del hospital. Pero medicarse es lo que pasa cuando no puedes dormir por las pesadillas —señaló —y las pastillas me causaban dolor de cabeza, me cansaba, irritaba y vomitaba —Rebecca le dio un pequeño beso en la mejilla, como estaba haciendo desde la noche, llevando la situación con cautela —y tú no me haces vomitar.

Rebecca se rió ante el comentario y le dio otro beso cauteloso, corto, suave y tierno que solamente se podía entender como una lenta aceptación de su nuevo rol en la vida del exmarine, pero que de a poco la iba a llevar a admitir que él también tenía un papel importante en su vida.

—Tengo que irme a trabajar —indicó mientras él la bajaba al colchón —pero antes sí me voy a cambiar a mi casa, si llovió entonces no quiero llegar oliendo a humedad.

—Te acompaño si quieres.

—Ya es de día, Billy… —señaló, recordando su situación legal, los consejos de Edward y que ambos necesitaban mantener una distancia para que tanto su juicio civil como el futuro juicio militar no se vieran empañados por problemas debido a una presunta relación entre ambos que pudiera favorecer una mala reputación para ella por encubrimiento —la realidad nos espera afuera de la puerta.

El chico comprendió y aceptó la situación.

—¿Y crees que por la noche podamos encerrar a la realidad en una bodega y botar la llave?

La médico dudó al voltear al piso con la mirada apagada, Billy se desanimó ante esta reacción, pero entendía la postura de la joven.

—Entiendo…

—Lo siento —respondió ella mientras volteaba al piso con tristeza —pero te prometo hablar cuando los juicios hayan terminado.

—Está bien —dijo el chico con una ligera sonrisa, pero con el semblante roto —eres demasiado práctica a veces.

—Se necesita… —dijo no muy convencida de sus propias palabras.

—Cuando termine tu juicio…

—¿Sí?

—Cuando acabe todo este desastre, yo voy a buscarte otra vez…

Rebecca detuvo el paso que estaba dando en camino a la puerta, se congeló súbitamente. Retornó su andar y volvió a acortar distancia con Billy, con el caminar decidido, rostro enfadado y una lágrima cruzándole por el pómulo. Era obvio, no estaba siendo ella misma.

Algo la dominaba por dentro cuando tomó al hombre entre sus manos desde el cuello y dijo: "Al diablo".

Lo besó nuevamente, pero ahora con una intensidad dirigida por sus propios labios, con su lengua, con sus manos enterradas ahora en el bosque oscuro de los cabellos del hombre, quien no pudo hacer nada más que dejarse llevar por la electricidad que la mujer le descargaba con el solo contacto.

Él volvió a sentirse hombre mientras acariciaba a la mujer entre sus brazos y la presionaba hacia sí en un abrazo que podía poner en entredicho el tamaño de ella, quien comparada con el bíceps del exmarine, era una minuatura confirmada. Se detuvieron un momento, Billy, con la cara mostrando escepticismo evidente a la turbulenta reacción de la científica, le preguntó:

—¿Estás segura?

—Más segura que de nada antes en el mundo —dijo con una sonrisa en el rostro.

Billy no creyó esto en un inicio, mirándola con duda, buscando una respuesta más cautelosa, como la joven se había manejado en días recientes.

Pero eso no pasó, por el contrario, la chica volvió a darle un beso fuerte, intenso, cargado con todo su amor.

Sí, amor. Al fin podía pensar en ese concepto.

—Yo también quiero cuidarte —expresó la chica, pensando en mandar las sugerencias del abogado al diablo aunque fuera por un momento. Quería decidir por sí misma algo que la hiciera feliz, algo que la ayudara a dormir como lo había hecho a un lado del chico al que quería… sí. Querer y amar, apenas iba relacionando los conceptos con el redoble de tambores que su corazón alcanzaba a emular.

Billy, con una sonrisa enternecida y una lágrima cruzándole por el rostro, le correspondió al beso intenso, y procurando no romperla, la unió hacia él con las fuerzas suficientes para mantenerla junto a su cuerpo.

En pocos segundos, acabaron juntos, desnudos y apasionados entre las sábanas.