Rebecca salió del edificio rápidamente para tomar un taxi de aplicación y volver a su departamento. Billy no quería dejarla ir sola, o que saliera sola, pero la insistencia de la chica lo llevó a acceder que se fuera, principalmente porque le dijo que no quería correr riesgos por su juicio civil.

Aparentemente habían llegado a una especie de trato en el que intentarían tener prudencia al verse, en el que mantendrían las apariencias de día, y de noche buscarían reconectar. El trato fue propuesto por Rebecca, quien decidió mantener una dinámica práctica para poder adaptarse a la presencia del exmilitar en su vida.

Llegó a su casa, se bañó y cambió de ropa para llegar al laboratorio con solo diez minutos de retraso.

Anne, su asistente, llegó para darle los resultados de la investigación elaborada en un año después del incidente de la casa de los Baker.

Rebecca al ver las felices consecuencias de todo su trabajo, sonrió abiertamente. La alegría se sentía cuando vio el prototipo de la vacuna de la serie E y en las pantallas de la investigación el cómo funcionaba en teoría, teoría que muchas veces se ha confirmado durante la práctica, teniéndola a ella como su propio objeto de estudio.

Envió un mensaje a Chris para reportarle los avances de la vacuna, y cómo esta podría servir de prototipo para variantes futuras.

La jornada de trabajo terminó rápidamente, lo que la obligó a querer salir temprano, no sin antes delegarle a Anne las tareas del día siguiente, como el monitoreo del funcionamiento del prototipo de la vacuna en mamíferos como ratones.

Anne, quien se había ganado la confianza de Rebecca, accedió a anotar sus trabajos y tareas del día siguiente y a programar el itinerario de la científica de nuevo. Con el fin de alivianar su día, le liberó de algunos compromisos en el laboratorio y algunas juntas y citas con hospitales para la implementación de las vacunas contra el virus A.

La médico utilizó ese tiempo libre para poder ir a la sala de tiro, donde encontró a Jill practicando sus disparos.

La agente vio a la médico entrar y la saludó únicamente con un gesto mientras, con los tapones de oídos, disparaba a los blancos que estaban de frente.

—¿Cómo estás, Jill? —le preguntó mientras la veía concentrarse en cada uno de sus tiros. No entendía cómo es que tras todo lo vivido, la mujer aún tenía las agallas de sostener un arma entre sus manos.

Tal vez era como manejaba el dolor, pero lo dudaba.

Jill en el fondo quería venganza después de como Wesker la utilizó en Kijuju, manejándose por la ira y una vida basada en el dolor y el enojo que no podía parar de controlarla.

Se sentía en cada disparo, en cada momento en el la castaña de azul presionaba el gatillo, emanaba el odio hacia aquello que la llevó a terminar combatiendo a armas biológicas. Precisamente las armas biológicas.

Si para Rebecca fue traumático perder a sus compañeros, no imaginaba las consecuencias emocionales que Jill había vivido como policía descubriendo que su jefe, una persona a la que admiraba, estaba detrás de todo el desastre, para después ser perseguida y acosada por otra arma, sobrevivir al desastre de la ciudad, ser infectada en el proceso y continuar con las labores propias de la agente.

Consideraba que la mente de Jill tenía que estar hecha un caos, pero también entendía que su manera de lidiar con eso era matando a todo aquel organismo creado sintéticamente para destruir a cualquier ser que se atreviera mínimamente a respirar.

Se quitó los protectores para oídos y se dirigió a la mirada a su amiga para saludarla como sentía que tenía que ser, con contacto y cuidado.

—Bien, Rebecca —respondió mientras dejaba las armas y el equipamiento en su sitio —¿cómo va todo con el juicio? ¿Edward ya se comunicó contigo?

—Parece que todo irá bien —respondió la chica mientras se sentaba en las bancas de la sala de tiro —me habló hoy en el almuerzo, y me dijo que el juicio tuvo una investigación muy corta por el tiempo en que ocurrió todo y por las fechas, involucra cuestiones de seguridad nacional, así que básicamente está en la bolsa. Igual me comentó que Chris va a ser mi testigo.

—Sí, algo así nos dijo a nosotros también, la verdad es muy bueno en lo que hace —apuntó Jill mientras tomaba una botella de agua —pero me interesa saber una cosa, Becca.

—¿Qué cosa? —preguntó extrañada.

—¿Qué tipo de relación tuvieron tú y Coen? —le preguntó notando que a esta se le coloreaban las mejillas —es que se me hace increíblemente fuerte el hecho de que lo hayas conocido solo en una noche y ya estés arriesgándote por él.

—Este…

—Una noche… hace veinte años —completó —entiendo que hayas apelado a tu sentido de la justicia, yo también lo hago, pero es un gran riesgo estar en un tribunal defendiendo a alguien con el historial de ese hombre.

—¿No crees que sea inocente? —preguntó Rebecca con un poco de enojo en su voz —porque si no lo fuera, me hubiera matado, y por el contrario me salvó en muchas ocasiones.

—No dije que no lo fuera —respondió Jill —y me alegro de que haya sido así, pero a lo que voy es que el historial es fuerte y puede perseguirle para siempre.

—No tiene por qué ser así —le contestó la doctora mientras resoplaba ligeramente molesta.

Así se sentía el enojo, combinado con amor. Tenía la necesidad constante de defender a Billy después de lo que había pasado hace veinte años, y también después de la noche pasada, en la que él se tomó la molestia de protegerla aunque fuera de una leve gripe.

—No, pero a lo que voy es que a pesar de las evidencias, a pesar de todo, puede que no sea tan fácil para él reconstruir su vida contigo —la observación dejó a Rebecca con la boca abierta y los ojos pelados —sí, noté cómo lo veías, aunque fuera por milisegundos. Ese hombre te encanta, niña.

—¿Cómo puedes decir eso? —preguntó sorprendida, incluso molesta, porque no podía creer que su atracción fuera algo obvio o incluso un chisme de boca en boca —Billy es…

—¿Es la razón por la que terminaste con Dereck? ¿Es la razón por la que no te has involucrado con nadie en realidad?

—Tú tampoco tienes pareja —declaró Rebecca —incluso teniendo disponible cualquier oportunidad con Chris —apuntó, logrando un sonrojo y sorpresa en Jill. Ambas podían jugar el mismo juego.

—Pero no lo estoy buscando —replicó una Jill sorprendida ante la insolencia de Rebecca, pero no se ofendió, entendió que la chica se sintió invadida —además…

—¿Ves que no es agradable? —preguntó Rebecca.

—Ok, entendí el punto, lo siento.

—Chris ha estado ahí para ti siempre, puedes confiar ciegamente en él, incluso casi te sacrificas para mantenerlo con vida, Billy hizo lo mismo por mí solo por una noche ¿qué tiene de malo querer protegerlo? ¿qué diferencia hay entre la relación que tengo con Billy con la que tú tienes con Chris? —preguntó indignada, dominada por el enojo —¿qué tiene de malo querer proteger a una persona inocente y que aparte de eso es honrada, digna y justa?

—Solo te digo que nunca terminas de conocer a una persona, me pasó con Wesker, a Chris le pasó con Jessica al explorar el Queen Zenobia. No quiero incomodarte, solo quiero cuidarte.

—Creo que sé lo que estoy haciendo —replicó Rebecca, llamando con esta frase la atención de Jill.

—¿Y qué estás haciendo? —preguntó mientras arqueaba las cejas, Rebecca se sonrojó.

—Nada…

—Lo has visto, ¿verdad? —adivinó, Rebecca no pudo contestar —¡Rebecca!

—Fue ayer, nada más. Me fue a buscar a mi casa y salimos por la noche, pero no nos vio nadie —replicó —se puso una gabardina y yo también.

Jill suspiró y miró al piso mientras la miraba inquisitivamente. Se estaba condenando, o eso pensaba la agente.

—¿Por eso llegaste tarde? —Rebecca se mantuvo en silencio de nuevo —¡estás loca!

—Fue un momento de debilidad.

—¿Debilidad? ¿A eso llamas solo 'debilidad'? Rebecca, si cualquiera te ve y se da cuenta…

—Son civiles —apuntó —¿crees que van a llevar a civiles a un juicio por un tema en el que está involucrada la seguridad nacional? —replicó, a lo que Jill miró al piso recordando la situación en la que Rebecca, por su naturaleza en B.S.A.A. se encontraba.

—Supongo que es verdad.

—Y Billy es un exmilitar, tampoco creo que haya mucho riesgo si me ven caminando en la oscuridad con él usando una gabardina, Jill.

—A Billy lo acusó un excompañero suyo en Louisiana, con él sí te recomiendo tener cuidado —señaló Jill mientras daba un trago de agua pesado y se levantaba. —No quiero meterme en tu vida privada, Rebecca, pero sí quiero cuidarte —le indicó —mira, yo no sé mucho de relaciones. No tengo ninguna desde Raccoon City, y la B.S.A.A. me quita todo mi tiempo, y no es mi prioridad ahora, pero te digo una cosa que es muy cierta, y esa es que cuando el corazón se involucra en cuestiones fuertes, tienes que prepararte para el dolor. La mierda nos ensucia a todos.

Rebecca respiró profundo, comenzó a reflexionar las palabras de su amiga.

—Creo que sí me he excedido —indicó la joven mientras jadeaba por la intensidad que sentía tras pensar en el hecho de que Billy podría traicionarla —creo que podría hacer más por protegerme a mí misma.

—Eso es cierto —contestó Jill —por cierto, gracias a tu ataque de rabia, diría que me debes un taco.

—Te lo pagaré cuando regrese —Rebecca salió del cuarto sin despedirse de Jill, quien volvió a tomarse un trago de agua mientras sacaba su teléfono celular.

—Redfield —contestó al otro lado de la línea.

—Chris, aquí Jill. Tenemos un problema —le dijo a su eterno compañero.

—¿Qué pasó? —preguntó relajado mientras por su lado, se encontraba en el gimnasio entrenando con pesas.

—Que Rebecca cayó en una trampa mortal.

—¿Armas biológicas? Es nuestra historia desde siempre.

—Peor que eso —dijo, dejando a Chris sorprendido ¿qué era peor que un arma biológica como trampa? —cayó en la trampa del amor.

Chris entendió de inmediato, y mostró la misma preocupación que ella.

—Ay, Rebecca… voy para allá.

Chris no tardó mucho en terminar su rutina, tomando algo de tiempo también en bañarse y vestirse, y llegó con Jill, quien se encontraba en la sala de tiro aún tomando su botella de agua.

—Explica que pasó —dijo Chris al abrir la puerta y verla en el banco.

Aún era su amiga Jill, aún era esa chica de Raccoon City y de S.T.A.R.S., pero diario percibía lo rota que estaba y que con cada misión se resquebrajaba un poco más.

—Resulta que nuestra niña, Rebequita, está enamorada de ese tipo —explicó.

—Bueno, eso es algo que no era de extrañarse —contestó Chris —por algo estaba interesada en darle protección ¿o no?

—Si se enamora no es el problema —remarcó Jill —sino que se han visto —dio otro trago de agua —Rebecca llegó tarde hoy. Normalmente eso no pasa, Chris, y me dijo que estuvo con él.

El ceño de Chris cambió a uno preocupado, con las cejas tensas. De inmediato llegaron las instrucciones de Edward a su cabeza, entre las que destacaban el hecho de que Billy y Rebecca debían mantener una distancia muy prudente.

—Los niños enamorados hacen cualquier tontería —dijo Chris mientras suspiraba, sobrepensando todos los escenarios que el enamoramiento de Rebecca podría traer —¿te dijo algo de eso?

—Solo admitió que fue débil, lo que dice mucho de lo que hizo con él anoche. Chris, esto es serio, si la relacionan de alguna manera, bueno, nos quedamos sin ella, y eso es un verdadero problema.

—No pienso permitir eso, tenemos injerencia aquí.

—¿Pero caer en corrupción? No, Chris, sé que podríamos hacerlo, pero no necesitamos meter a Rebecca en más problemas.

—El punto es cuidar de ella, y bueno, demuestra confianza.

—¿A dónde fue? —preguntó Jill mientras pensaba en la situación —la vi salir, pero no me dijo más…

—Edward le programó una cita para un peritaje psicológico y avalar su versión de los hechos. Como el juicio ya se programó, lo único que quedará será que lo tenga y esperar la resolución.

—Es el último paso entonces.

—Para Rebecca, sí —explicó Chris —para Billy no.

—Explícate —le pidió Jill mientras se levantaba y buscaba más agua. Un acto común cuando estaba nerviosa, era que tomaba más agua de la que debía.

—Billy además de presentarse, va a tener que esperar una investigación de seis meses o un año, a eso añade la resolución que tarda entre un mes o dos —explicó Chris mientras veía a su compañera de frente, la notaba nerviosa.

—Me preocupa Rebecca —confesó la chica —no solo por su rol profesional, sino por…

—Porque es de tus mejores amigas aquí ¿verdad?

—Es de las pocas que no nos ha traicionado en este lugar —resaltó, Chris cambió su semblante —¿cómo vas con los Winters? ¿sabes algo de por qué los ubicaron en Rumanía?

—No, y sigue sin gustarme —confesó Chris —últimamente la B.S.A.A. ha estado tomando decisiones que… que no me cuadran.

—Ni a mí… —cerró Jill mientras salía con él de la sala de tiro.