Capítulo 35
En una habitación de color blanco, se encontraba un chico de cabello negro y ojos violeta mirando la televisión en silencio, era la séptima vez que repetían la misma noticia y comenzaba a sentirse abrumado. Si bien deseaba cambiar la televisión y ver un partido de tenis, su compañera de habitación, una mujer de unos setenta años prefería estar al tanto del noticiero que oír otra cosa.
Aun así, sabía bien que no podía quejarse en la situación en la que se encontraba, después de todo, estaba bien de salud, considerando que la cirugía a la cual fue sometido hace nueve años, había sido todo un éxito y el sarcoma que tenía, logró eliminado completamente de su organismo tras la intervención. Ahora sólo debía hacerse controles anuales para verificar que no apareciera de nuevo, pero fuera de eso, tenía una vida normal y saludable.
El día de la cirugía, esperaba que su mejor con su esposa, Ann y sus padres estuvieran presentes en la operación, pero jamás imaginó que Sumire Ryuzaki se encontrara ahí en compañía de los ex titulares de Seigaku. Si bien les había comentado de su estado de salud, debido a que lo habían notado más decaído e inusualmente distraído, no esperaba que estuvieran ese día. Apenas los vio, sus ojos se comenzaron a nublar y evitó llorar frente a ellos, porque sabía bien que el chico de pañoleta verde se burlaría de él. Así que, prefirió desviar lo que sentía y respirar profundo. Luego de haberse despedido de ellos para caminar al pabellón, escuchó decir al doctor de que era la primera vez que era testigo de que un paciente tuviera una familia tan numerosa y no pudo evitar sonreír. Eso eran precisamente, su familia. Aunque era hijo único, sus amigos de alguna forma se habían vuelto como sus hermanos y Ann era la chica encantadora que tuvo la oportunidad de conocer en la Preparatoria.
De pronto, el sonido de unos murmullos a la distancia, ocasionaron que la señora que estaba a su lado, apagara la televisión de manera sorpresiva para peinar su cabello a una velocidad impresionante. Creía que su actitud se debía a la visita de su esposo o alguna persona de su círculo, pero quedó boquiabierto al percatarse de que se trataba de nadie menos que Ryoma vestido con su bata blanca y otros estudiantes de menor grado que lo acompañaban en sus rondas de ese piso. Sabía que su mejor amigo ya se encontraba supervisando a internos en medicina, pero no imaginaba justo encontrarlo en esa habitación, dado que, no le había avisado que iría.
Cuando Ryoma se percató que Momo se encontraba allí, no parecía tan sorprendido como lo estaba su amigo, dado que había sido informado con anticipación de todos los pacientes que estaban hospitalizados en ese lugar. Así que le hizo un gesto discreto en forma de saludo, teniendo en cuenta que no podía detenerse a saludar, mientras enseñaba a sus internos. Una vez que se detuvieron frente a la mujer, el doctor de ojos ámbar saludó a la paciente amablemente y le preguntó cómo estaba. Después que ella diera su respuesta y la hubiera controlado su presión arterial, llamó a uno de sus internos para que le anunciara a los demás el motivo por el que la señora Masumi estaba ahí. Mientras uno de ellos daba a conocer su caso, Momo advirtió como la paciente miraba a su amigo de manera cautivadora y jugaba con su cabello en algunas ocasiones. No sabía si reír o sentirse perturbado por lo que estaba presenciando. Si bien sabía que su amigo era un galán, no pensaba que a los 25 años iba a conquistar a mujeres incluso de 70 años. Suspiró, aun estando casado, no podía evitar que las mujeres se enamoraran de él.
Tras concluir que la señora Masumi estaba completamente estable y podía irse a casa, Ryoma se alejó de ella para revisar a su amigo, cuando fue retenido por otra paciente que tenía una lesión en el pie.
—Doctor, se ha olvidado de mí en sus rondas. —Dijo una mujer de unos treinta años con tristeza, actuando como una niña. —¿Por qué no ha ido a verme?
—Señorita Suzuki, uno de mis internos debe haber ido a verla esta mañana para informarle que ya no estará a mi cargo, ya que su pie se encuentra mejor y será controlada por mi colega, el señor Smith. — Respondió Ryoma con seriedad, entonces de forma respetuosa la apartó de su lado.
—Sí, lo hizo. Pero no estoy de acuerdo, me gustaría quedarme con usted...me ha tratado hace un año, no podría acostumbrarme a un nuevo médico, sería demasiado duro.
—Lo entiendo, pero lamentablemente no trabajo en el área de rehabilitación, eso le corresponde al Doctor Smith. Así que, debe contar con él a partir de ahora. Si me disculpa, debo atender a otro paciente.
—Espere, doctor. —Le rogó la mujer, tomándolo nuevamente del brazo. —No me preocupa sólo el tratamiento, también son los sentimientos que tengo por usted. Pensaba que si mejoraba en algún momento, nosotros podríamos…tener una cita.
—Creo que ha malinterpretado la situación, señorita Suzuki. Nuestra relación es únicamente de doctor a paciente, nunca he tenido sentimientos de ese tipo por usted, lo cual no sería ético. Aparte estoy casado, así que, no estoy disponible. —Suspiró Ryoma, no era la primera paciente que se le declaraba esa semana y sus internos ya estaban viendo ese espectáculo más seguido de lo común, lo que no le agradaba.
—¡¿Eh?! ¿Ya está casado?
—Así es, muchacha. El doctor Echizen no se involucra con pacientes. —Intervino Masumi. — Además su esposa, es una Psiquiatra reconocida.
Mientras las mujeres hablaban, Ryoma aprovechó la interrupción para dirigirse a Momo, pero apenas se dirigió a su camilla, se percató que se encontraba charlando de manera animada con tres de sus internos, los cuales susurraban de que ya iban cuatro pacientes esa semana que se le habían declarado y eso que era recién martes. Ignorando sus deseos de regañarlo, carraspeó para volvieran a su lugar. Entonces ellos se dieron cuenta de su presencia y se reunieron con sus compañeros.
—Yamada, cuéntanos sobre el caso.
—Sí, doctor. —Respondió nervioso un joven de cabello castaño y ojos verdes. —Momoshiro Takeshi de 27 años, fue operado hace 9 años de sarcoma de tejido blanco en el hombro derecho, lo que fue todo un éxito. Ahora se encuentra con controles anuales para evitar que vuelva a aparecer.
—¿Tienes los resultados de hoy?
—Sí, aquí están. —Comentó Yamada, quien se los entregó.
—Gracias. —Respondió el ambarino, quien por un momento se quedó en silencio analizando cada uno de los resultados, generando tensión entre sus internos y preocupación por su amigo. Al terminar de leer los resultados, se volvió a centrar en ellos. —Señor Takeshi, está todo bien, no se encontraron hallazgos significativos.
—Es un alivio, Doctor. —Sonrió Momo. —Si bien estoy enterado que no sale con sus pacientes, ¿podría hacer la excepción por hoy? Me gustaría conversar con usted, si me lo permite.
—Está bien…podemos vernos en unos minutos en la cafetería.
—¡¿Eh?! ¿Aceptará? —Preguntó Matsumi sorprendida. —¿Y qué hay de su esposa?
—Descuide, ella sabe mi existencia y aprueba lo que tenemos. —Se burló Momo, viendo como su amigo reprimía sus palabras, de seguro quería decirle "idiota", pero no podía tratar mal a sus pacientes, menos frente a los internos. Entonces no le quedó más remedio que asentir. —Nos vemos más tarde, Doctor Echizen.
—Nos vemos.
Matsumi y Suzuki los miraron con incredulidad, mientras los internos luchaban con todas sus fuerzas de no reír a carcajadas por la situación, ya que sabían que eran amigos. Incluso Momoshiro era quien los contenía cuando notaba que su superior era muy duro con ellos y los convencía de que en el fondo era una buena persona.
En otro lado del hospital, específicamente en el área de psiquiatría, se escuchaba todo un alboroto, ya que una de las pacientes que estaba internada en la Unidad, estaba desparecida hace unas horas y no podían encontrarla. Se trataba de una mujer de cincuenta años, quien llevaba unos meses en el hospital por Diagnóstico de Trastorno de estrés post traumático, debido a que había presenciado múltiples eventos desde la infancia a la adultez de violencia intrafamiliar. Si bien estaba siendo apoyada por un equipo multidisciplinario y era medicada con algunos medicamentos, en ocasiones tenía episodios de flashback en que recordaba su pasado y huía de manera inconsciente.
—¿La buscaron en la azotea? —Preguntó una doctora de cabello castaño y ojos carmesí.
—Sí, pero no estaba. Incluso la buscaron en el primer piso, en caso de que hubiera…atentado contra su vida y tampoco se encontraba allí. —Respondió la doctora Miyuki, viendo como su colega dejaba escapar un suspiro. —La han buscado en todas partes y no aparece. ¿Qué haremos? Sakuno.
—Tranquila, Miyuki. Si no fue a la azotea y no se han reportado elementos desaparecidos de ese tipo, no está intentando atentar contra su vida. Debe estar buscando un lugar seguro. —Respondió Sakuno. —Pensemos… ¿De qué hablaron en el último control que tuvieron?
—No lo sé con exactitud, tendríamos que preguntarle a la Psicoterapeuta. Pero me parece que en el último control con los médicos, había mencionado que tenía dificultades para dormir y episodios de angustia, dado que, estaba desbloqueando recuerdos. —Comentó Miyuki, revisando la ficha.
—¿De qué edad? ¿Lo recuerdas? Eso podría darnos una pista.
—Me parece que de los 16, pero no se menciona que tema, debido a la confidencialidad, no se detalló. Pero parece que tenía que ver con su padre.
—Si es así, creo que sé dónde está. —Respondió Sakuno decidida. —Diles a los guardias que revisen en todos los casilleros, tanto de los pacientes como de los doctores. Y también todos los armarios que existan, debe estar en alguno de ellos. Yo iré a la sala de rehabilitación de la zona norte, ya que le gustaba estar ahí.
—Pero ya revisamos allí.
—¿La sala de infantes o la de adultos?
—La de adultos… ¿Crees que esté en la de niños?
—Considerando los recuerdos que mencionas, es una posibilidad.
—Bien, les informaré. —Respondió Miyuki pensativa. —Pero ¿Crees que realmente esté ahí? Ya tiene 50 años, no podría esconderse en un armario de este tamaño.
—Tengo una corazonada, puede que me equivoque, pero hay que intentarlo. En ese lugar, hay un armario pequeño en el que guardan cosas esenciales, como también hay otro más grande donde guardan las pelotas de kinesiología, tal vez esté ahí.
—Tienes razón, confiemos en tu corazonada. Le avisaré a los guardias, ve tu primero. Pero ten cuidado.
Después de que Sakuno asintiera a sus palabras, se dirigió al lugar mencionado, el cual estaba en el quinto piso. Si bien solía ser restringido, ya que los pacientes no podían ir allí sin supervisión, aun así, en ciertos horarios como ese, estaba abierto. Aunque era información confidencial, había pacientes adultos que se enteraban por los rumores que se generaban, los cuales no podían evitar que se filtraran, como en todo hospital.
Al ingresar a la sala, se percató que no había ningún paciente entrenando, tal como se esperaba, pero estaba abierta la puerta que conducía a la sala de implementos. Caminó a zancadas a ese lugar, evitando hacer ruido. La paciente de apellido Noguchi, no era una mujer violenta, pero cuando se ponía nerviosa, era capaz de arrojar cosas. Por lo mismo, tenía un calmante en su bolsillo por si tuviera que administrarlo.
Una vez que ingresó a los armarios, revisó uno por uno, buscando alguna pista que le condujera a la paciente, pero no dio con nada. Entonces encontró en un pasillo algo inusual, ya que toda la ropa que estaba colgada en los armarios, se encontraba en el suelo. Caminó con sigilo por la alfombra, cuidando sus pisadas, intentando controlar su respiración, porque no podía evitar sentirse nerviosa en esa situación. Pero se detuvo al notar que un bulto llamó su atención en el centro de los armarios grandes, el cual dejaba entre ver unos pies descalzos, los cuales estaban dañados producto del desastre que había. Su rostro estaba completamente cubierto por un abrigo, como si se estuviera escondiendo de algo o alguien. Apenas la mujer sintió sus pasos, dirigió su mirada hacia Sakuno con temer.
—¡¿Quién es?! —Preguntó llorando, dispuesta a atacar a esa persona.
—Soy yo, señora Noguchi. La doctora Echizen. —Respondió Sakuno con voz calmada y caminó a su lado con sigilo.
—¿Doctora Echizen? —Preguntó confundida Noguchi, quien se zafó de las prendas que tenía en su rostro y la miró. —¿Se ha tomado la molestia de venir hasta aquí? Lo siento, lamento por haberle causado problemas.
—Tranquila, no ha sido ninguna molestia. —Respondió Sakuno con una amplia sonrisa y se sentó a su lado lentamente. —Ya que, nos encontramos en la zona norte del hospital, en el área de rehabilitación.
—¿Eh? ¿Seguimos en el hospital? Yo pensé que…estaba en mi casa.
—¿En cuál de ellas?
—Pues…la de mi infancia. —Susurró nerviosa, entonces comenzó a temblar más. —Suena absurdo ¿no? Es imposible que pudiera regresar ahí, después de todo lo que pasó…es obvio que no encontraría nada. Pero aun así, hace unos días…o bueno tal vez fueron horas, cuando desperté en la habitación, me dio la sensación de que estaba ahí y mi padre…también. Sentí sus pasos fuertes acercarse a mí.
—¿Y qué sintió en ese momento?
—Mucho terror, tenía miedo de que me encontrara y me hiciera daño otra vez. —Susurró triste. —Por eso, apenas la puerta se abrió, tuve que huir de ahí para refugiarme el armario como solía hacerlo.
—¿Y vio realmente a su padre?
—Ahora que lo menciona…no, me parece que era el enfermero Sato. En verdad, nunca vi a mi padre, sólo sentí sus pasos. Es una locura, espero no haberlo dañado sin querer.
—No lo hizo, tranquila. Él está bien, sólo se sorprendió por lo sucedido.
—Qué bueno, es un alivio. No quiero dañar a nadie, no quiero ser como…mi padre lo fue.
—Lo sé, usted está tomando un camino completamente diferente a su padre, ya que decidió internarse aquí de manera voluntaria para priorizar su salud mental. Y eso, no lo hace nadie. —Le sonrió Sakuno. —Por lo mismo, permítanos que le ayudemos en este proceso. Si vuelve a tener pesadillas o siente que está viendo a su padre, puede presionar el botón que se encuentra junto a la cama y vendremos a ayudarla.
—Gracias, doctora. Aun así, yo…no puedo evitar sentirme así.
—Entiendo, es natural que se sienta así, considerando todos los eventos horribles que vivió en el pasado en que no tuvo apoyo de sus cercanos. Pero ahora ya no lo está, se encuentra a salvo en el hospital y tiene una gran red de apoyo, entre ellos, su esposo y su amiga, quienes la están esperando en su habitación.
—¿Eh? ¿Están aquí?
—Si, han venido a verla esta semana y no la encontraron en su habitación. Por ello, han estado buscando, porque están preocupados por usted.
—¿De verdad? Lamento mucho haberles causado ese dolor, pero yo…no sé qué me sucedió esta mañana.
—No se preocupe, usted no tiene la culpa de lo que ha sucedido. Como se han estado abordando ciertos elementos en el proceso de terapia conectados con su historia, pueden suceder este tipo de eventos. Por lo mismo, es importante contar con una red de apoyo. —Le sonrió. —Ahora ¿Qué le parece si regresamos a su habitación para que se encuentre con ellos? Puedo ayudarla a levantarse.
—Si, me parece bien. Gracias, doctora.
Una vez que ambas se pusieron en marcha, Sakuno escribió un mensaje veloz a su amiga para informarle de que la había encontrado, y acompañó a la señora Noguchi a su habitación. El hecho de que hubiera buscado un lugar seguro para refugiarse en lugar de atentar contra su vida, como lo había hecho en otras ocasiones en que sentía que se aproximaba su padre, marcaba una diferencia. Aunque sabía que no podía involucrarse emocionalmente con sus pacientes, cuando se había enterado de que estaba desaparecida, le aterraba la idea de que la encontrara muerta. Por ello, se sentía aliviada, dado que, la señora Noguchi estaba mostrando muchos avances en el último tiempo y estaba dispuesta a trabajar en ella. Lo que generaba un buen pronóstico.
Tras reunirse con los demás e informar sobre lo sucedido, regresó a su oficina agotada, siendo acompañada por Miyuki, quien quería oír los detalles de lo ocurrido, pero Sakuno estaba tan mareada que apenas podía escucharla.
—¿Te sientes bien? ¿Quieres que llame a alguien? Estás temblando. —Preguntó preocupada.
—No te preocupes, debo estar así…porque no he comido mucho hoy.
—¿Vamos a almorzar? Kevin no podrá acompañarme hoy, tenía que hacerse cargo de unas cosas. ¿O ibas a comer con tu esposo?
—No, me escribió hace unos minutos que comería con su mejor amigo. Así que, podemos almorzar juntas.
—¡Me parece grandioso! Hace tiempo no lo hacemos. —Sonrió Miyuki victoriosa. —¿Podríamos ir a comer afuera? Ya que, entraremos una hora más tarde hoy por lo ocurrido.
—Me parece bien.
El entusiasmo de Miyuki le recordaba mucho al que tenía Tomoka en la escuela, definitivamente ellas dos se parecían, aunque lo negaran cuando se encontraban. Miyuki tenía ese tipo de energía que Sakuno jamás podría igualar, siendo capaz de hacer dos turnos de noche sin una pizca de cansancio, la admiraba por eso. Aunque tenían la misma edad, la mujer de cabello castaño y ojos carmesí, solía estar tan cansada en los últimos 3 meses que a ratos se sentía de edad avanzada. Incluso sus amigas bromeaban con eso, ellas creían que la razón por la que estaba así, era porque trabajaba en psiquiatría y constantemente se encontraba con casos de alta complejidad en que debía actuar rápido, pero no era la razón. Había otra, la cual sólo estaba enterado su esposo y nadie más.
En el comedor del hospital, se encontraban Momo y Ryoma disfrutando de su almuerzo, mientras conversaban sobre recuerdos de la Preparatoria, aunque a Echizen no le gustaba recordar mucho esa época, teniendo en cuenta de cómo había sido con Sakuno, al menos su mejor amigo le recordaba los buenos momentos que tenía junto a los titulares de Seigaku. En cuanto se detuvo a beber su gaseosa, el ambarino aprovechó de preguntarle de cómo iba todo en su vida, dado que no se veían tan seguido como en otras ocasiones.
—He estado bien, sólo agotado de hablar con mi madre. Como descubrió que quiero ser terapeuta, me pasa preguntando si ya leí los libros que me envío y me hace preguntas constantemente sobre temas relacionados. —Suspiró Momo. —No sé de dónde sacó que es mi entrenadora personal jaja pero bueno, las madres son así ¿no?
—Sí, tienes razón. Mi madre también haría lo mismo si quisiera seguir sus pasos. Se creen nuestras profesoras.
—¡Exacto! Pero bueno, supongo que está emocionada por convertirme en lo mismo que ella. —Se encogió de hombros, viendo como Ryoma asentía. Después de una pausa volvió a mirarlo. —Por cierto…he estado pensando en algo.
—¿En qué?
—No le digas a Sakuno sobre esto, porque quiero que sea una sorpresa para Ann. Pero…ahora que ella terminó sus estudios y yo tengo un trabajo estable en paralelo a mis estudios. He pensado pedirle que…sea mi esposa.
—Sospeché que dirías algo así. —Se burló Ryoma, viendo a su amigo avergonzado.
—¿Qué piensas de eso? ¿Será muy precipitado? Si bien tú lo hiciste pronto, aun así…no sé cómo se lo tomará Ann.
—No lo sé, no conozco a tu novia tanto como tú. Pero basándome en su personalidad, debería tomárselo bien. Llevan mucho tiempo juntos y han demostrado que se quieren. Por ello, no pierdes nada con intentarlo. Además si ella no está de acuerdo, te lo hará saber sin duda.
—Es verdad, me lo dirá para bien o para mal. —Tragó saliva.
—¿Ya tienes el anillo?
—Sí, lo compré hace unos días. Sólo estoy buscando el momento oportuno para hacerlo. —Respondió nervioso. —Hablando de eso, si todo sale bien… ¿Serías mi padrino de bodas?
—Tengo que pensarlo. —Respondió bebiendo lo que quedaba de su gaseosa. —Es broma, lo haré.
—¡Gracias! —Sonrió Momo, viendo como su amigo retiraba su bandeja para caminar al basurero y lo acompañó. — ¿Puedo abrazarte?
—No te atrevas.
—Sigues siendo un gruñón. —Se burló Momo. —Lo lamento por tus internos.
—No sigas con eso.
Al llegar la noche, Sakuno se quedó en su oficina realizando informes pasado las 9, ya había realizado sus últimos controles nocturnos a pacientes de mediana y alta complejidad con algunas enfermeras, ahora sólo le faltaba terminar unas fichas clínicas para poder terminar su turno. Estaba exhausta, no había dormido bien en los últimos días y le dolía el cuerpo, si bien sabía que no dormir en el horario correspondiente le haría daño, no podía evitarlo, después de todo su trabajo consistía en hacer rondas por la noche sin poder evitarlo.
Aunque sus internos en Psiquiatría le decían que podían hacerse cargo de sus quehaceres, sentía que no quería sobrecargarlos con informes, porque no era lo único que quería enseñarles, por lo mismo, les permitía que asistieran a sus rondas o entrevistaran a los pacientes, así como también investigaran sobre posibles enfermedades que tenían. De esa forma, podrían ser capaces de realizar mejor sus informes que sólo haciendo cosas administrativas sin estar en acción. Además, si los entrenaba bien como Miyuki decía, quizás algún día serían magníficos doctores que trabajarían ahí en el futuro. Y ellas podían demostrarlo, dado que gracias a su gran desempeño como internas, habían sido contratadas en ese lugar.
Cuando el reloj marcó las 10 pm, Sakuno se levantó de su escritorio con dificultad, apagó las luces y se dirigió al pasillo somnolienta. Estaba tan hambrienta que se arrepentía de no haber ido antes a la maquina dispensadora, considerando que la de su piso ya no tenía ninguna barrita de cereal y sólo tenía líquidos. Suspiró, no le quedaba otra alternativa que esperar llegar al departamento para alimentarse.
Desde que ella y su esposo trabajaban en ese lugar a tiempo completo, habían decidido rentar el viejo departamento que utilizaba Ryoma que quedaba cerca del hospital, de modo que tuvieran un lugar donde descansar si lo requerían y poder irse a su casa los fines de semana. Al principio, ese era el plan, pero cuando los turnos comenzaron a cambiar, hicieron de ese departamento, su nuevo hogar. Lo que le traía ciertos beneficios que no tenían en la casa grande, uno de ellos, era precisamente tener privacidad. Porque si querían ver una película en la sala de estar, siempre había alguien más mirando. O si querían cenar algo distinto, debían contemplar a todos los integrantes de la casa. Así como también, no podían tener momentos de intimidad, salvo los días que estaban solos. Por ello, el vivir en ese departamento, les había brindado un espacio intimo que los ayudara a volver a conectarse como pareja, después de lo sucedido con Hiro.
Al salir del edificio, se percató que estaba lloviendo y recordó que había dejado su paraguas en el departamento. Entonces cogió el teléfono dispuesta a pedir un taxi, cuando escuchó unos pasos acercarse a ella, producto de la oscuridad de la noche no podía distinguir de quien se trataba, hasta que se acercó cada vez más y su corazón se aceleró. Se trataba de Ryoma, quien sostenía un paraguas en una mano y llevaba una bolsa en la otra.
—¿La acompaño? Madame. —Sonrió Ryoma, cubriéndola con su paraguas.
—Ryoma…creí que habías salido antes, Kevin lo mencionó cuando fue a buscar a Miyuki.
—Sí, salimos temprano. Pero no podía irme, sabiendo que mi esposa se iba a quedar hasta tarde sola y no tenía un paraguas.
—¿Cómo lo supiste?
—Adivina.
—¿Miyuki?
—Sí.
—Ya veo.
—Como siempre, es muy observadora. —Respondió el ambarino y le entregó la bolsa. —Así mismo, insinuó de que no debía dejarte sola, porque te veías mareada hoy y no habías comido mucho en el almuerzo.
—Ya veo que no se le escapa nada. —Sonrió Sakuno. —Gracias, justo estaba hambrienta.
—Lo supuse. Ahora vamos antes que te resfríes. —Susurró, tomándola de la mano.
—Sí.
Ambos caminaron bajo la oscuridad de la noche, escuchando como el sonido de la lluvia los invadía cada vez más, impidiendo que pudieran hablar mientras caminaban. Al abrir la bolsa, sacó unas galletas de vainilla y las comió encantada, aunque sus favoritas eran las de frutilla, últimamente quería comer de esas. En esos momentos de hambruna, sentía como si esas galletas fueran las mejores que hubiera probado en toda su vida, estaban deliciosas.
Una vez que llegaron a su apartamento, se encontraron con Karupin que estaba acostado en el sofá, jugando con un trozo de lana. Aunque sabían que estaba envejeciendo, todavía parecía rejuvenecerse cuando ejercitaba de esa manera. De hecho, en los últimos controles que había asistido, los veterinarios estaban sorprendidos de la edad que tenía, dado que, estaba saludable. Lo que les impactaba a todos. Si bien pensaron al inicio dejarlo en casa con los demás, porque no estarían tanto tiempo en el departamento, apenas empezaron a empacar, notaron que estaba con un comportamiento inusual en que impedía que se fueran de casa o si Ryoma desaparecía un momento, se ponía a maullar con desesperación.
Sakura insinuaba de que quizás estaba con un estrés post traumático desde la última vez, cuando Ryoma se había ido sin despedirse. Y tenía sentido, considerando que en ocasión incluso estaba comiendo mucho menos y no quería ir a dormir a su propia cama. Por ello, luego de conversarlo bien, decidieron que la mejor opción era llevarlo. Además era un buen acompañante en momentos que uno de los dos estuviera de turno nocturno y se quedaran solos en el departamento.
Tras dejar sus cosas y saludar a Karupin, Sakuno caminó a la cocina para servirle comida, mientras Ryoma preparaba la mesa. Apenas la castaña se sacó el uniforme, se percataron que su abdomen estaba creciendo y no podían seguir ocultándolo.
—Por cierto, Kevin me mencionó que Miyuki está sospechando que estás embarazada. —Hizo una mueca Ryoma.
—¡¿Eh?! ¿En serio? —Preguntó la castaña nerviosa.
—Sí, yo creo que ha llegado el momento de decirlo.
—Sí, tienes razón…
—Además ya han pasado 3 meses y medio desde que lo sabemos. Y el doctor dice que todo marcha bien, así que no debería haber problema.
—Sí, tienes razón.
—Podríamos hacerlo este fin de semana en el cumpleaños de Sakura.
En ese momento, Sakuno se puso de pie y caminó al otro lado de la cocina a buscar una servilleta, cuando volteó su rostro estaba lleno de lágrimas, las cuales no podía esconder, aunque deseara frenarlas. Ryoma se levantó deprisa y se puso a su lado, hace muchos meses que no lloraba y le preocupaba la reacción que había tenido.
—Lo siento, no quería presionarte. Si no quieres hacerlo todavía, está bien. —Se apresuró a decir, viendo como Karupin se acercaba a sus piernas con sigilo a ronronear.
—No es eso… —Respondió la castaña, mientras desplazaba las manos a su vientre. —Es que contarle a todos la noticia, significa que es real. Vamos a tener un bebé. —Sonrió.
—Así es, seremos padres. —Sonrió el ambarino.
Entonces rodeó su cintura para encontrarse con sus manos que estaban sobre su vientre. Se sentía aliviado de que esas lagrimas no eran de angustia, sino de emoción. Hace meses atrás, había tenido una reacción completamente distinta, no podía olvidar la mirada que tenía de temor…no quería volver a sufrir una pérdida, eso le aterraba. Hasta él se desconcentraba en sus labores, pensando que le pasaría algo malo si estaban separados. Como era un secreto, no podía decirle a Kevin lo que sucedía, pero muchas veces él lo sorprendió mirando el celular con preocupación y le hacía preguntas, las cuales no podía responder.
Tras haber confirmado que el embarazo era viable, iniciaron controles regulares para calmar la ansiedad de los futuros padres y tranquilizarlos de que la salud tanto de Sakuno como su bebé eran saludables. Después de casi 4 meses, los exámenes marchaban bien y todo estaba estable. Si bien en todos los embarazos puede existir alguna probabilidad mínima de sufrir algún riesgo, en su caso el médico les garantizó de que no tenían de qué preocuparse. Ahora sólo faltaba que dieran el gran paso de informarle a los demás.
—Podríamos conversar con nuestra familia el fin de semana y luego con nuestros amigos. —Comentó Ryoma.
—Sí, es una excelente idea. Hablando de eso, Ann me contó de que pronto se reunirán todos.
—Ah sí, Momo-Sempai me mencionó lo mismo esta misma tarde.
—Por cierto ¿Cómo se encuentra de salud?
—Bien. De hecho, mucho mejor. —Respondió el ambarino, mientras se preparaba un café. —Los exámenes muestran resultados magníficos.
—¡Qué bueno! Me alegro mucho por él.
—Sí, yo también. Es un alivio de que la operación lo haya salvado…al principio, me preocupaba que no fuera así.
—Lo sé, recuerdo lo preocupado que estabas en su operación, bueno, todos lo estábamos. Pero la relación que ustedes tienen, es más cercana que la que tiene con los demás ¿no? —Susurró Sakuno, posando su mano sobre la suya.
—Sí, lo es. —Admitió sonrojado.
—Pero lo bueno es que se ha recuperado.
—Sí, es verdad. —Tomó su mano y la acarició. —Con respecto al cumpleaños de Sakura… ¿Qué le regalaremos?
—¿Eh? No lo sé.
—Pensé que habías pensado en algo.
—Sí, pero pensé que tú también lo harías, como es "Tu hermana". —Bufó la castaña, Ryoma rara vez pensaba en esas cosas.
—Pues…no. Podríamos ir mañana, es tu día libre ¿no? —Propuso el ambarino. Al verla asentir, siguió con su plan. —El mío también. Podemos ir al centro comercial y verlo.
—Sí, me parece bien.
—Bien, es una cita.
—Está bien, pero que sea una cita corta. —Sonrió Sakuno. —Estoy cansada por el último turno, podríamos volver a ver una película con Karupin. —En ese instante, Karupin maulló en respuesta.
—Si hacemos eso, eres consciente que nos quedaremos los 3 dormidos ¿no?
—No perdemos nada con intentarlo. —Respondió Sakuno, reprimiendo una carcajada al ver a Ryoma hacer una mueca, ambos sabían que no lo lograrían, ya que desde que trabajaban en ese hospital, no podían hacerlo.
Hace unos años, Sakuno nunca hubiera imaginado que terminarían trabajando en el mismo lugar, teniendo en cuenta que en promedio sólo 5 de 15 estudiantes de una generación tenían la posibilidad de postular en el Hospital de Tokio, entre los cuales solían quedar alrededor d anualmente. En ese sentido, Ryoma había sido uno de los afortunados de haber realizado su especialidad en ese lugar, y posteriormente ser uno de los médicos contratado en ese lugar. Lo cual no le sorprendía a Sakuno, considerando las calificaciones y sus logros académicos a lo largo de su carrera.
A diferencia de ella, quien no había tenido un buen comienzo a nivel académico, debido a su inestabilidad emocional en sus primeros años. Sin embargo, gracias a la red de apoyo que tenía, logro obtener buenas calificaciones al final, siendo capaz de graduarse con distinción. Si bien realizó su último internado en el Hospital de Tokio con Miyuki, le sorprendió cuando meses después fue llamada por uno de sus superiores para trabajar de forma permanente en ese lugar. Era como era proverbio japonés que le habían pasado hace años en literatura: "Haz todo lo que puedas, lo demás déjaselo al destino". Ann solía decirlo en momentos de agonía, ya sea en los estudios, como cuando sufrían por amor, lo cual frustraba escuchar inicialmente, porque sentía que no era suficiente lo que hacía, pero ahora, era todo diferente.
Al pasar los días, se dirigieron a la casa de sus familiares para celebrar el cumpleaños de Sakura, el cual tenía una decoración distinta a la que habrían imaginado, porque apenas hace unos año habían hecho una temática de uno de sus cantantes favoritos y ahora parecía haber salido de una revista minimalista, transmitiendo una sensación de calma. No sabían si era por el orden que tenían las cosas o qué, pero parecía que el comedor había cambiado totalmente de estilo… las parades de color blanco combinaban con los globos de colores más neutrales. Así mismo, la comida era variada, pero todo estaba ordenado en bandejas sofisticadas. Se notaba que la cumpleañera era estudiante de último año de Arquitectura, nadie podía negarlo.
Apenas Sakura se percató que habían llegado, se apartó de sus invitados y se lanzó a los brazos de su cuñada, ignorando por completo que su hermano estaba ahí. Pero al ambarino no le importaba, sabía la conexión que tenían y le gustaba que fuera así. Rinko en cambio fue directo a su hijo y lo abrazó con tanta fuerza que sintió que se ahogaba. Sus abrazos eran incluso más fuertes que los de Momo o Kikumaru. A los minutos después, apareció Nanjiro, quien los saludó por igual y los ayudó con sus cosas.
Cuando Ryoma se dirigió al refrigerador a sacar una gaseosa, se encontró con su hermano mayor que jugaba como siempre a equilibrar una naranja con su raqueta en plena cocina. Él no cambiaba, sin importar cuantos años pasaran, pero al menos, la relación entre ellos era más estable. A los minutos, apareció Aoi, el novio de su hermana, quien estaba más alto que de costumbre y estaba a punto de pasarlo.
Antes de saludar a Aoi, Ryoga lo sorprendió lanzándole una naranja directamente a su cuerpo, generando que Aoi reaccionara rápido y la sostuviera en el aire sin dudarlo.
—Buena atrapada. —Respondió Ryoma sorprendido.
—Sí, mejoraste tus reflejos. —Sonrió Ryoga. —Sabes lo que significa ¿no?
—¿Eh? No lo sé. —Respondió Aoi confuso.
—Qué eres digno de estar con mi hermana. —Le cerró un ojo.
—Sabes que llevan años juntos ¿no? —Bufó Ryoma, viendo como su hermano mayor hacía un mohín. —En lugar de juzgar a las personas con las naranjas, deberías aceptarlo.
—¿Qué estás diciendo, Chibisuke? Obvio que acepto su relación, pero todavía no le daba toda mi aprobación.
—Entonces… ¿ahora la tengo? —Preguntó Aoi dudoso.
—Por supuesto. —Sonrió Ryoga, entonces rodeó sus hombros. —Por lo mismo, hoy vamos a beber juntos.
—¿Eh? Pero yo no bebo…—Respondió Aoi nervioso.
—Eso cambiará hoy. —Sonrió con malicia, entonces lo empujó por la puerta para conducirlo a la sala. —Debemos celebrar por el cumpleaños de Sakura y por su noviazgo.
Sakuno se sentó junto a la mesa de bocadillos, ya que debía comer cada ciertas horas y ahí tenían precisamente las frutas que le gustaban. Entonces su abuela la sorprendió y la saludó con una amplia sonrisa. Desde que trabajaban en el hospital que no hablaban tan seguido y le impactaba lo mucho que había cambiado, su cabello estaba más blanco que antes y su rostro comenzaba a envejecer. Aunque tenía algunas dificultades para escuchar, todavía tenía la misma energía que antes para retar a Nanjiro a hacer apuestas de quien ganaba en los torneos de tenistas que transmitían en televisión abierta. Para muchos, las abuelas están presentes sólo en festividades o fechas importantes, pero para ella esa mujer era mucho más que eso, era como su madre, considerando que era quien la había criado. Por ello, de todas las personas que vivían en esa casa, Sumire era a la que más quería contarle la noticia de que sería bisabuela.
—¿Cómo van las apuestas? —Le preguntó Sakuno sonriente.
—Bien, pero últimamente hemos fallado ambos en nuestras predicciones. El otro día, Rinko apostó una teoría que era imposible, y no vas a creer lo que pasó.
—¿Ganó?
—Sí…ambos perdimos nuestro dinero en esa apuesta. —Suspiró Sumire. —Ya sabes cómo es ella, tiene un sexto sentido de las cosas.
—Sí, es buena dando pronósticos.
—¿Y cómo han estado tus turnos?
—Emocionantes y agotadores. —Hizo una mueca Sakuno. —Pero han estado bien.
—¿Quieren natto? —Les preguntó Nanako sonriente, mostrando un plato de soja fermentada.
Sakuno negó con la cabeza, pero apenas lo dejó en la mesa junto a ellas, no pudo evitar sentir asco frente al intenso aroma que desprendía la bandeja. No sabía que era más asqueroso, el aroma que tenía como el amoniaco, o la textura que tenía, una sustancia pegajosa que parecía secreción nasal. Cuando uno de los invitados se detuvo frente al plato y sacó un poco, la castaña no resistió más y sintió deseos de vomitar. En ese instante, tuvo que levantarse deprisa y anunciar que regresaba en un momento, pero ni siquiera pudo escuchar la respuesta de su abuela, porque tuvo que correr a la escalera, sorprendiendo a Sumire.
Ryoma caminó a zancadas hasta su antiguo baño privado para preguntarle si se encontraba bien, pero sólo escuchaba el sonido del lavado. Luego de unos minutos, la castaña salió con el rostro pálido y las manos temblorosas. No fue necesario preguntarle lo que le sucedía, dado que Sumire lo había alertado. Por ello, la acompañó a sentarse en su antigua cama para que descansara.
—Era asqueroso, no quiero ni recordar esa textura…
—Mejor no pienses en eso.
—Si, tienes razón. Por cierto ¿Cómo lucía mi abuela cuando te lo mencionó? ¿Parecía que sospechaba algo?
—Sí, pero no me lo dijo. Hablando de eso, estaba pensando de que…quizás deberíamos volver a vivir aquí, teniendo en cuenta que vamos a necesitar más apoyo de ahora en adelante.
—He pensado lo mismo, si bien en los últimos meses hemos controlado algunos síntomas, quizás en algún momento lo necesitaremos.
—Así es. Además si quieres trabajar un tiempo más, podemos pedirle a mi padre que nos preste el auto por las mañanas y nos vamos juntos.
—Pero nuestros turnos son diferentes.
—Sí, pero ya estoy conversando eso para que tengamos los mismos horarios, porque si el bebé llega a adelantarse o algo, no puedes estar sola—Susurró, tocando su vientre. Ella asintió.
—¡¿Eh?! ¿Un bebé? — Exclamó una voz femenina, ocasionando que ambos dieran un respingo, habían olvidado cerrar la puerta. —¡¿Voy a ser tía?!
—¡Sakura, baja la voz! —Le pidió Ryoma a su hermana que sonreía de oreja a oreja y saltaba como una niña pequeña. Una vez que la calmó, la hizo pasar y cerró la puerta con llave.
—Lo siento, Hermano. Es que estoy emocionada, no puedo creer que seré tía. ¡Este es el mejor cumpleaños que he tenido!
—Lo entendemos, pero por favor, no lo grites. —Le recordó Ryoma. —Eres la primera en saberlo.
—Está bien, no gritaré. Pero ¿Cómo pasó esto…? —Preguntó, pero apenas vio su rostro de incomodidad, se sonrojó. —No, no tienen que responder eso, sé cómo vienen los bebés.
—Es un alivio no tener que explicar eso. —Respondió Sakuno riendo, mientras Ryoma estaba sonrojado.
—Lo que quería saber era ¿Cuántos meses tienes? Sakuno.
—Casi 4.
—Oh bastante ¿Por qué no lo habían dicho antes?
—Porque teníamos miedo de que sucediera lo mismo que con Hiro. —Comentó la castaña, mientras Ryoma tomaba su mano. Sakura entendió a lo que se refería y sintió tristeza de recordarlo. —Pero hoy pensábamos contárselo a todos.
—Sí, por eso te pedimos que guardes el secreto hasta ese momento.
—Está bien, pero ¿Ni siquiera a Aoi-kun puedo contarle? Él es confiable.
—No, además él puede que deje de ser confiable en unas horas.
—¿Eh? ¿Por qué dices eso? No me digas que tu hermano… —Preguntó nerviosa Sakuno, sospechando lo que sucedía.
—Así es, lo invitó a beber.
—¡¿Eh?! ¡Pero si él no bebe! —Respondió Sakura aterrada.
—Lo sabemos, pero ya sabes cómo es Ryoga.
—Debo ir a detenerlo. —Gruñó Sakura. —Pero antes de eso… ¿Cuándo les dirán?
—No podemos decirte con certeza, pero tal vez cuando hagan el brindis. —Respondió Ryoma encogiendo los hombros. —Podría ser un buen momento.
—Eso será dentro de poco. —Sonrió Sakura triunfante. —¡Qué emoción!
—Sí, pero no lo grites.
—Lo sé, lo sé. Bueno, iré a ver a Aoi-kun. Nos vemos en un rato.
Al ver a Sakura salir de la habitación, ambos liberaron un suspiro de alivio, de todas las personas que tenían que guardar ese secreto, al menos sabían podían confiar en ella, al menos por unas horas. Aun así, sabían que no contaban con mucho tiempo para hacerlo, ya que el brindis sería dentro de poco. Cuando Ryoma miró a Sakuno un momento para preguntarle si se sentía preparada, las faltas sobraron, porque apenas tomo su mano para levantarse, lo confirmó por el mismo. Por ello, caminaron por el corredor con seguridad, dispuestos a dar la gran noticia.
Una vez que llegaron a la planta baja, Rinko los recibió con una bandeja con copas de Champagne para celebrar a la festejada, Sakuno lo recibió para aparentar, pero apenas Rinko se marchó, Ryoma le robó el vaso y se lo tomó raudamente, agregando que lo necesitaría en un momento como ese. Apenas se encontraron en el salón, vieron a Nanjiro levantando su copa dando un discurso conmovedor, el cual era un tanto exagerado, sólo por efectos del alcohol, pero los compañeros de Sakura parecían no notarlo. Después de que todos aplaudieran, Rinko dio unas palabras, luego Ryoga, Nanako, Sakuno y finalmente llegó el turno de Ryoma.
—Primero que todo, les agradezco a todos por estar aquí en un día tan especial para mi hermana menor. Aunque las palabras no son mi especialidad, como el resto de los integrantes de la familia. —Comentó, ocasionando que algunos rieran. —Puedo decir con sinceridad que estoy orgulloso de todos los logros de Sakura, muchos hemos sido testigos del talento innato que tiene en su carrera y estamos seguros de que va a llegar muy lejos, tanto como persona como futura Arquitecta. Felicidades, Sakura por tu cumpleaños.
—Gracias, hermano. —Respondió Sakura con lagrimas en sus ojos. Como sabía que su hermano era de pocas palabras, valoraba el esfuerzo que había hecho.
—Hermosas palabras, sin duda. Ahora ¿Quién quiere pastel? —Preguntó Nanako con una sonrisa, viendo como muchos levantaban la mano. —Ryoma, Sakuno ¿Quieren un trozo?
—Sí, pero antes de eso…queríamos hablarles de otra cosa.
—¿Eh? ¿Qué es? —Preguntó Nanjiro asombrado. —¡¿Un nuevo ascenso?!
—No, es otra cosa. —Suspiró Ryoma, viendo como todos lo miraban expectante.
Antes que el ambarino pudiera seguir, Rinko lo interrumpió anunciando a los invitados que se ausentarían un momento, debido a que tenían que hablar de un asunto familiar importante. Entonces todos los integrantes de la familia, incluido Aoi que ahora era parte del clan, se dirigieron a la terraza para conversar. Ahora Sakuno se sentía un poco más tranquila, porque no sería capaz de hacerlo frente a tantos invitados, así que, agradeció en silencio el gesto de su suegra. No sabía quien estaba más emocionados, si Sakura que sabía la verdad y esperaba expectante, o los demás que murmuraban cuestionándose de que se trataba, la familia estaba tan animada que les recordaba a cuando vivían juntos. Incluso Karupin estaba en los brazos de Nanako admirando el espectáculo.
—Ya, estamos todos.
—Bien. —Respondió Ryoma. —¿Quieres empezar Sakuno? ¿O lo digo yo?
—Está bien, lo haré. —Tomó aire Sakuno. —Todo comenzó hace unos meses atrás, yo estaba en el hospital realizando un chequeo a un paciente, cuando comencé a sentirme mareada, al inicio pensé que se trataba de estrés, pero cuando los síntomas se mantuvieron en el tiempo y se agregaron otros más, decidí hacerme exámenes de sangre.
—¿Por qué? ¿Estás enferma? —Preguntó Rinko con preocupación.
—No es eso, Mamá. —Se aclaró la voz Sakura.
—¿Por qué lo dices? ¿Sabes algo? Sakura. —La interrogó Nanjiro.
—No seas ansioso, viejo. Deja que Sakuno-chan continué la historia. —Intervino Nanjiro.
—Sí, gracias. Al terminar el chequeo, si bien los resultados habían sido buenos, de acuerdo con lo que esperáramos, no queríamos creer nada hasta confirmarlo. —Comentó Sakuno, en ese momento Ryoma tomó su mano y se sintió preparada. —Hasta ahora.
—¿Confirmar qué…? —Preguntó Nanjiro confundido.
—¡Será posible que estás…! —Exclamaron Nanako y Rinko con lágrimas en los ojos, mientras Nanjiro las miraba confundido.
—Sí, estoy embarazada. —Sonrió Sakuno con Ryoma a su lado.
—En otras palabras, vamos a ser padres. —Afirmó Ryoma, consiguiendo que su padre pasara de estar confundido a gritar de felicidad, como si hubiera ganado un partido de tenis.
En unos instantes, todo eran gritos, llantos y expresiones de felicidad, mientras Sakuno era abrazada por las mujeres de la familia, Ryoma era felicitado por su padre, hermano, y cuñado. En medio de la conmoción, ambos se miraron en silencio y sonrieron a la vez, la emoción que sentían en ese momento no se podía comparar con ninguna otra experiencia que hubieran tenido antes, aunque era similar al día de su boda, o el día que habían terminado la Universidad, sabían que nunca habían sentido algo igual.
Era la sensación de que era el inicio de una nueva vida juntos, ya no sólo como Ryoma y Sakuno, dos estudiantes de Preparatoria, ni como una pareja recién casada que habían sido, ni mucho menos como los doctores que se habían convertido, sino más bien como padres de una personita que esperaban conocer con muchas ansias en el futuro. O quizás no sólo sería una, nadie lo sabía en ese minuto. Lo que si estaban seguros, es que se cuidarían y amarían por toda la eternidad.
The end
Hola! Tanto tiempo ¿Cómo están? Después de mucho tiempo ausente, finalmente he decidido terminar esta historia, creo que una parte de mí, estaba procrastinando porque le tenía mucho cariño a la historia. Pero ya es hora de poner fin. Quizás no sea el final que esperaban, ya que quedaron varias cosas inconclusas, sin embargo, he descubierto en los últimos años que hay historias que deben terminar de esa forma. Aun así, he pensado en hacer un capítulo extra más adelante sobre eso :D Ahí les estaré contando.
Para finalizar mi conexión con este fic, debo decir como dato curioso que comencé a publicar la primera temporada correspondiente a "Say you love me" el día 21 de febrero del 2013 en wattpad, finalizando con 34 capítulos. Luego el 26 de diciembre del 2014, subí la segunda temporada ¿Do you love me?" en la misma plataforma.
Un año más tarde, decidí publicar el fic en wattpad en el año 2015, donde recibí mucho apoyo desde el inicio. Ahora finalmente, termino en el año 2024 este fic con 35 capítulos. Es increíble como ha pasado el tiempo, cuando lo inicié estaba en 2do año de Universidad y ahora ya estoy trabajando en lo que estudié 3
¡Muchas gracias por seguirme todo estos años! Tanto a quienes vienen de fanfiction, como los de wattpad. Gracias a sus comentarios y muestras de apoyo pude terminarlo, considerando que también me tocaron hater…quienes querían que no siguiera con esta historia.
Mi página de Facebook seguirá siendo Hinata-Sakuno fanfiction
Un abrazo virtual :D
