Aclaraciones: La historia esta basada en anime de los 90. Los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi. La historia es original y de mi autoría.

Capítulo 10: El camino de regreso.

Lita eligió las frutillas, las moras y los arándanos con mucho cuidado, seleccionando las más que le parecían más dulces. Pagó y cuando estaba por salir del mercado, en un estante cerca de la puerta, vio las hojas de menta. Pensó en un pastel rojo y decoraciones verdes. La dulzura de las frutas y la frescura de la menta la hizo sonreír. Antes de salir, le pidió al empleado un paquete.

Al salir de la tienda, disfrutó la vista de la calle comercial. Apenas empezaba el día, pero el sol brillaba en lo alto y ella se sentía bien, se puso sus anteojos negros antes de empezar a caminar. Ese día, después de muchas semanas agotadoras y tediosas, se había levantado con ganas de cocinar. Había ido a la cocina y sin embargo nada de lo que tenía la convencía para alguna receta. Así que después de meditarlo poco tiempo, se había tomado un café rápido, se alistó y salió directo hacia el mercado.

Apretó las bolsas que tenía en la mano y con una sonrisa por los ánimos renovados, apuró el paso hacía su casa.

…..

Mina estaba parada enfrente del edificio, sostenía con sus manos temblorosas, un papel con la dirección y el nombre de la persona por la que tenía que preguntar.

Para darse coraje, respiro hondo y cerró los ojos un momento. Había esperado tanto ese día que temía que fuese solo un sueño. Volvió a respirar y cuando abrió los ojos, dobló el papel y lo guardo en un bolsillo de su cartera.

Se mordió el labio y dándose ánimos, empujo las puertas de vidrió. El hall era grande y amplio, con los pisos lustrosos las luces brillando. Al fondo, antes de los ascensores, había dos molinetes y un gran escritorio de con dos secretarias que tipiaban con elegancia. Mina avanzo tratando de controlar el temblor de sus piernas.

—Hola… Soy Mina Aino…

La mujer más cercana a ella levanto su vista del monitor y le pregunto atropelladamente a quien iba a ver,

—Saúl Montegru, tengo una reunión con él.

La mujer volvió la vista a la computadora y después de unos segundos, después de pedirle sus datos, le dio un pase. Mina le agradeció y paso los molinetes. Llamó al ascensor y cuando este se abrió, antes de entrar, miro un momento hacía atrás. Había entrado a Illusion Records.

…..

Rei volvió a leer las respuestas que había anotado. Suspiro y el nudo de su estómago se hizo más fuerte. Sin embargo, a pesar de los nervios, no encontraba a primera vista, ninguna rectificación por hacer. Cuando se decidió, sus ojos brillaron por un momento, firmo con rapidez y se levantó del pupitre. Cuando llego al escritorio del profesor, él le recibió el parcial y le hizo firmar la asistencia nuevamente. Ella lo hizo de manera mecánica.

Salió de aula sintiéndose ansiosa, recordaba las preguntas y repasaba las respuestas que había dado. De salida, se cruzó con algunos compañeros que le preguntaron cómo le había ido. Fue cortes, pero algo cortante. Cada vez que los chicos la rodeaban, ella se sentía fuera de lugar, así que se apresuró a desearles suerte y fingiendo otro compromiso, siguió su camino.

Afuera el sol brillaba con fuerza, pese a ser más del mediodía. Ahora que había terminado de rendir los parciales, se sentía más liberada. Aunque todavía faltaba esperar los resultados. Camino hacía la parada del autobús, cuando la llamaron de un costado, ella se dio vuelta y se sorprendió de verlo allí.

—Pero ¿qué haces aquí?

Darien le sonreía apoyado sobre una de las barandas de las escaleras. —¿Quería saber cómo le había ido a mi mejor alumna?

Ella se sonrojo por un segundo y siguiéndole la broma, le contesto: —Estoy segura de que mi profesor sabe esa respuesta…

—¿Nerviosa?

—Algo. Y también hambrienta. Hoy no desayune de lo alterada que estaba.

—Creo que podemos hacer algo con eso. —Contestó el con una sonrisa.

…..

Setsuna se dejó caer en la cama con molestia. Estaba cansada, le dolía la cabeza y también el corazón. Había estado toda la noche tratando de abrir las puertas del tiempo, lastimosamente, sin éxito.

La princesa había dejado al príncipe, las guerreras se habían separado, y el futuro rey pasaba demasiado tiempo con Mars…. No lograba entender en qué punto, el futuro que conocían tanto, habían cambiado.

Ella no había sentido ninguna turbación, pero ante la duda, le había empezado a enviar mensajes a Neptune, para saber si podía ver algo en su amuleto. Sin embargo, Neptune había sido bastante esquiva, primero restándole importancia y después dejándole de contestar.

Cansada de las vueltas de la joven, la había llamado enojada, pero la respuesta la sorprendió.

—No voy a utilizar el amuleto.

—¡Tienes que hacerlo! Necesito saber que está pasando…

—Si a la guardiana del tiempo se le esta negando ver el futuro, por algo es…

—¡El futuro de todas podría estar en peligro!

Michiru soltó una risa melodiosa antes de preguntar. —¿A que le tienes miedo?

Setsuna había cortado ofendida. Los ojos le ardían de la bronca y más tarde cuando ya se había tranquilizado, se dio cuenta que la distancia también las había afectado a ellas.

Solo quedaba una persona a quien recurrir, y después de encontrársela en la casa del joven príncipe, no deseaba hacerlo. Se dio vuelta y escondiendo su rostro entre las almohadas, se tragó las lágrimas hasta que se quedó dormida.

…..

Seiya termino el café y acomodó las partituras en las que había estado trabajando toda la noche. Las mayorías de las melodías estaban bien, pero sentía que ciertas canciones tenían problemas con la armonía. Lo mismo le pasaba con algunas de las letras.

Se froto el puente de la nariz, la cabeza le palpitaba. Era muy estresante estar viviendo el mejor momento de su vida y al mismo tiempo, lidiando con cosas que en el pasado, hacía tan fácil y natural.

Se apoyó contra el respaldo de la silla y se masajeo el cuello. Todavía tenía tiempo, pero él era muy perfeccionista. No era necesario tener todas las canciones listas, pero de alguna manera tenerlas lo hacía sentir más tranquilo, evitaba sorpresas innecesarias.

El celular sonó arriba de la mesa, se estiro para agarrarlo y apenas vio la pantalla, toda la turbación que tenía desapareció. Atendió con rapidez y como estaba apoyado sobre el codo izquierdo, resbalo. No se golpeó por los reflejos que tenía, y se alegró de que su rubia novia no lo viera así. Prefería que ella siempre viera su mejor versión.

—Hola.

—Hola, ¿todo bien?

—Sí, a punto de irme de la reunión…

Serena sonrió comprendiendo los nervios del chico que estaba del otro lado de la línea. —Va a salir bien. Trabajaste durante días.

—Y noches…

Ella se rio de lo divertida que le resultaba la voz de Seiya haciendo un mohín. —Estoy segura que después de esta reunión podemos hacer algún plan.

—Te extraño. —Le oyó decir con la voz baja y ronca.

Ella se sonrojo furiosamente, el cuerpo se tensó y un escalofrió la recorrió entera. Non se habían visto desde la tarde en que casi habían hecho el amor. Seiya había estado con compromisos en la disquera, y ella había estado ocupada preparando unos trabajos prácticos. Hablaban todos los días, pero no era lo mismo.

Recordaba esa tarde con mucha claridad. Los besos y de Sieya eran difíciles de olvidar. En ese momento Seiya había visto la duda en ella, y como siempre, tomó la iniciativa. Le hizo un chiste, bastante malo, por cierto, pero que había servido para aligerar el ambiente, y después de reírse un rato, la había invitado a tomar algo.

Ella se sintió agradecida. Lo amaba, y ahora que había convivido más con él, y que su relación no era solo un sueño, el sentimiento era mucho más intenso. Incluso más de lo que alguna vez pensó que era el amor. Sin embargo, mientras una parte de ella quería haber seguido hasta el final, la otra parte, quería salir corriendo de esa situación.

Ahora, después de días sin verse, lo necesitaba. Se mordió el labio y con una sonrisa en el rostro le respondió: —Entonces sería bueno vernos… Porque yo también te extraño…

—Entonces tengamos una cita. ¿Mañana a la noche?

—Acaso el Gran Seiya Kou se esta liberando un sábado a la noche, ¿solo por mí?

—Para que veas lo mucho que te amo Bombón…

—No tanto como yo a ti…

…..

Michiru se movió en la cama, buscando más comodidad. Las sabanas enredadas en sus piernas, que subían solo cubriendo hasta la mitad de su cuerpo. La espalda, de piel blanca y tersa al aire libre, apenas cubierta por el cabello color aguamarino. Con los ojos cerrados, estiro los brazos y con su mano sobre el colchón busco a tientas a su compañera, a su amor.

Pero la cama estaba fría. Abrió los ojos y se sentó con rapidez. Con una mirada busco en la habitación, pero se dio cuenta de que estaba sola. Se deshizo de la tela y fue directo al pequeño sofá de un cuerpo en la esquina. Se cubrió con la bata de seda fría que estaba allí y salió del cuarto.

Encontró a Haruka en la cocina, revolviendo una taza de café. Estaba desnuda, salvo por la bombacha blanca. Se acercó sin hacer ruido y la abrazó, haciendo que la rubia se sobresaltara.

—Eso es nuevo.

La rubia intentó sonreír, pero no pudo —¿Qué cosa?

—Es raro que pueda sorprenderte… ¿Qué pasa? —dijo mientras la rodeaba y se apoyaba en la mesada.

—Cuando me desperté, tenía un mensaje de Hotaru… —antes de que la interrumpiera continúo— quiere saber si puede quedarse unos días con nosotras.

—¿Las cosas con Setsuna no están bien?

Haruka negó con la cabeza y tomo un sorbo del café. —No lo se…

—¿Y eso es lo que te preocupa? Las tres criamos a esa niña… Y no es la primera vez que pasa tiempo con nosotras…

—Pero esta vez todo es diferente… Rini era especial para ella, y si Serena no esta con Darien…

Michiru se acercó y sacándole la taza de las manos, la abrazó. —Ciertas decisiones traen consecuencias… Nosotras decidimos apoyarla.

La rubia le devolvió el abrazó y la beso en la frente, sus ojos brillaban cada vez que sus ojos se encontraban. —Lo más importante, esta frente a mí. Ambas tomamos una decisión y vamos a cumplir con eso.

—¿Cuándo vendría?

—Este sábado.

Michiru le sonrió y separándose un poco, empezó deshacer el nudo de la bata. Con una sonrisa coqueta, dejo que la tela se deslice por sus brazos y quedando totalmente expuesta le dijo —Entonces no hay tiempo que perder…

…..

Ami termino de subrayar el texto que tenía delante y de hacer algunas anotaciones en su cuaderno. Se quitó los lentes y con cansancio se frotó los ojos. Giro el cuello para estirarse y vio la hora en el reloj de la pared.

Eran pasadas la una de la madrugada y su madre aún no volvía. Miró su escritorio, estaba atiborrado de apuntes de la facultad, un capuchino frío y a medio terminar y a un lado, un plato con sanguche, esperando a ser devorado. Se levantó y fue con los restos de su cena a la cocina.

Calentó el café en el microondas y puso a tostar una vez más el emparedado. Suspiro y volvió a ver el reloj. No habían pasado ni cinco minutos. Cuando la campana del electrodoméstico sonó, sacó el café y lo tomo a sorbos cortos.

El café caliente la reconforto, pero no la hizo sentir mejor. En las últimas semanas se sentía perdida, no dejaba de pensar entre lo que estaba pasando con Serena y Darien, pero tampoco podía descuidar sus estudios ni sus compromisos. Sentía que había algo que estaba pasando desapercibido, y esa sensación le molestaba.

Durante las últimas noches había dormido unas pocas horas, daba vueltas en su cama, repasando los eventos de los últimos años, tratando de encontrar el momento donde la relación de Serena y Darien había comenzado a deteriorarse. Su desanimo fue grande cuando se dio cuenta de que había espacios en blanco que no podía llenar, pero su sorpresa fue mayor, al darse cuenta de lo mucho que se había distanciado el grupo.

Esa mañana había intentado hablar con Rei sobre esto, de todas, ella parecía la más decidida a confrontar la situación y encontrarle solución. Hablaron por teléfono, una llamada rápida ya que la morocha tenía examen, pero en esa charla Rei había mencionado algo que la había dejado pensando aún más.

Ella había sido sincera —Es que no sé si la actuamos bien…

—Actuamos como pudimos… —la escucho suspirar— Serena tampoco nos dio muchas oportunidades…. Y Darien no esta bien…

—Me pregunto si Serena lo esta…

—Por lo que vimos hace unas semanas, no…. —iba a decir algo, pero la morocha acotó en voz baja —No importa el tiempo que pase, un corazón no cambia tan fácil.

Ami se no sabía que decir, así que solo preguntó —Esto es por el bien de ellos, ¿verdad?

Escucho a la morocha reir amargamente —El bien de ellos... Su amor parece venir de tiempos inmemoriales…

—Por eso no puedo creer en las acciones de Serena. ¿Esto podría ser un capricho? Sabemos que a veces a ella le gusta llamar la atención…

—Solo sé que Darien está sufriendo…

—Me pregunto… ¿si esto puede hacer que el futuro cambie?

—Tu eres la genio…

Ami se había perdido en sus pensamientos, y el café se había vuelto a enfriar. Se dio cuenta y volvió a calentarlo mientras se terminaba el emparedado de jamón y queso, en unos cuantos bocados. Suspiró cansada, mientras las preguntas se acumulaban una tras otra en su cabeza.

¿Podía cambiar el futuro que conocían? ¿Qué iba a ocurrir con los enemigos que iban a aparecer? ¿Qué iba a pasar con la pequeña Rini? ¿Para qué habían protegido tanto la tierra si al final sus futuros gobernantes no parecían interesados?

Quería mucho a Serena y respetaba a Darien, pero no entendía sus acciones. Ellos eran responsables del futuro, y tenían una historia que compartían, desde tiempos inmemoriales. Y aún así, Serena había terminado con Darien. ¿Qué oportunidades tenemos si ellos no están juntos?

…..

Hotaru apago el celular y lo guardo en su bolso. Levanto la vista al cielo nocturno y las lágrimas acumuladas durante días, empezaron a caer. Se limpió el rostro con las manos y se abrazó tratando de calmarse.

Siempre se había sentido un poco fuera de lugar. Con sus múltiples reencarnaciones, los recuerdos acumulados, las experiencias a flor de piel en una forma física e infantil, la mentalidad adulta con la que veía el mundo… Por primera vez en mucho tiempo esas sensaciones la envolvían y la mareaban.

Después de que Rini, a quien consideraba su única amiga, había regresado al siglo treinta, ella se había alejado bastante de las jóvenes guerreras. Durante algunos años, había viajado con Setsuna, Haruka y Michiru. Pero al entrar en la secundaria, las cuatro volvieron para radicarse en la ciudad.

Haruka y Michiru habían decidido mudarse del centro, a la zona más residencial, pero Setsuna quería estar en el centro, y como ella iba al colegio, se había mudado con esta última.

Aún así, siempre que podía, se tomaba un tiempo para compartir con la pareja. Se levantó del banco donde estaba sentada, la plaza estaba oscura y silenciosa, pero no le daba miedo. Sabía que, con su poder, si había alguien a quien temer, era a ella. Agarro el bolso que estaba en el piso y empezó a caminar con pesadez.

Agarró el celular del bolsillo y lo prendió. Las notificaciones empezaron a aparecer. Llamadas perdidas y mensajes de Setsuna. Silenció el aparato y respiro con frustración. Desde hacía días, la morocha estaba nerviosa y controladora y un aura de pesada flotaba a su alrededor.

No pudo evitar pensar que esto era culpa de ellas. Después de todo, la preocupación que tenían era justamente por tener conocimiento de un futuro, que, en primer lugar, nunca debió de ser revelado. Llego a la vereda y espero unos minutos. La calle estaba vacía y no pasaba ningún taxi.

Iba a pedir un auto, pero la noche estaba despejada y fresca. Así que, poniéndose el bolso al hombro, tomo su pluma de transformación y con un movimiento, uso la energía para transportarse.

Cuando sus pies tocaron el suelo, se dio cuenta que estaba a unos metros de la casa de sus otras madres. Camino imaginando sus caras de sorpresa por caer una noche antes, y en parte contaba con eso. Pero al llegar a la puerta, no pudo dejar de sonreir con un sentimiento de paz. La lámpara en la entrada que iluminada en tonos cálidos, las macetas llenas de flores a los costados de la puerta, el felpudo con el clásico "bienvenidos", ambas podían ser rudas, pero en el fondo, eran sumamente amables.

Aún teniendo las llaves, sabía lo cuidadosas que eran las dos en su intimidad, así que toco el timbre. Una agitación empezó a aparecerle en el pecho. Necesitaba verlas y sobretodo, poder hablar.