[Septiembre.2024]
Capítulo inspirado por "So it goes" y "Dress" de Taylor Swift. Ando muy modo Reputation.
Gracias a Mickky y esmechan por los reviews :)
Le prometeré la luna
By Aurum Black
Capítulo 18: Siempre has sido tú
—¿Tienes otros planes, Harry? —le preguntó Hermione de forma aprehensiva, mientras ambos estaban sentados en la sala de su casa, escuchando en la radio el partido de las arpías.
—No —le contestó intentando sonar natural, aunque por dentro se moría de impaciencia.
—Es la milésima vez que miras tu reloj —le dijo con una mirada inquisitiva —Pareciera que tienes algo mejor que hacer que esto...
Él maldijo por dentro. A veces odiaba que su amiga fuera tan suspicaz. Y también, a veces odiaba que no podía controlarse a sí mismo.
—Sólo estoy nervioso por el partido —dijo suspirando. Ella no dijo nada y sólo asintió. El silencio y las frases vagas en esas últimas semanas se habían convertido en sus mejores armas.
—Siento mucho que las cosas con Ginny sigan sin aclararse —le dijo su amiga con sincera tristeza. Él hizo todo lo posible para no permitir que su rostro dejara en evidencia rastro alguno de la verdad que ocultaba. Una vez más, él sólo asintió en silencio. No sabía cuánto tiempo más iba a tener que seguir pretendiendo.
La verdad es que no sabía qué pensar o cómo sentirse. La verdad es que le causaba ansiedad pensar en ella y en su... situación. Era complicado.
Octubre había comenzado y él no podía creer que ya había pasado más de un mes desde que fue a buscar a Ginny a Holyhead por primera vez. Recordaba las palabras, los besos, las caricias, los vaivenes de sus cuerpos encontrándose, como si hubiera sido sólo ayer. Todo estaba tan fresco en su mente y en su cuerpo. Sobre todo porque seguía sucediendo. Había perdido la cuenta de las tantas veces que lo habían hecho.
Desde aquella primera vez en Holyhead, Harry había continuando colándose en secreto a su casa, a su habitación y a su cama. Los recuerdos eran tan vívidos, llenándole la mente y las sensaciones, que Harry tenía que hacer varios ejercicios de respiración para calmar sus erecciones cada que recordaba sus momentos íntimos con Ginny. Porque le era imposible no pensar todo el tiempo en ella. Se sentía tan incrédulo de poder tenerla de esa forma, de poder acariciarla y besarla de pies a cabeza, de disfrutarla toda desnuda y hermosa, sólo para él. Y mejor aún, que aquellos momentos eran más que sólo sexo. Era sentir su corazón tan pleno de solo escucharla parlotear acerca de su entrenamiento mientras se ponía alguna prenda que la hacía ver aún más sensual, como su bata de seda o la sudadera de Harry del ministerio, después de un encuentro particularmente intenso. Era platicar y compartir risas mientras comían pizza sobre su cama. Era contarle de su día en el cuartel mientras ella se recostaba sobre su pecho. Era verla caer rendida entre sus brazos y pasar la noche juntos abrazados, como aquella primera noche. Era despertar con las piernas entrelazadas y llenándose de besos y caricias.
Harry se sentía en un sueño.
El problema era que todas esas noches se sentían cortas e irreales. Era como vivir una fantasía, o entrar a un mundo secreto.
Aunque no negaba que el mantener todo en secreto le agregaba cierta excitación a sus encuentros, mientras más pasaba el tiempo más le costaba mantener las mentiras de por qué estaba siempre ocupado por las noches y de su supuesta falta de comunicación con Ginny. Además de que las noches de desvelo comenzaban a pasarles factura a ambos.
Y aunque aquellas noches con Ginny eran lo mejor que había tenido en su vida, Harry comenzaba a sentirse en una encrucijada, porque no quería que terminaran, pero tampoco sabía cómo dar el siguiente paso. Ni siquiera sabía lo que "dar el siguiente paso" significaba en ese contexto. Lo único que Harry sabía era que quería algo más que sólo aquello.
La cosa es que Ginny le había pedido mantener todo en secreto y él había accedido, sin querer presionarla. Al principio incluso pensó que ella quería mantenerlo como cosa de una sola noche, o un par de noches, pero después de cada vez juntos, ella le seguía pidiendo que volviera. Y él no iba a negarse. Pero tampoco sabía cómo moverse de aquella situación, y esta vez no podía pedirle consejo a nadie, mucho menos a Ron o a Hermione, puesto que le había prometido a Ginny en particular no contarle a sus dos mejores amigos acerca de aquellos encuentros íntimos.
Y claro que Harry se sentía feliz y extasiado porque la vida le daba la oportunidad de estar con ella casi cada noche, de besarla y tenerla entre sus brazos, de decirle cuánto la amaba... pero Harry había sido muy ingenuo. Había creído que con decirle lo que sentía por ella, las piezas del rompecabezas iban a encajar de forma mágica y que todo se resolvería por sí solo. Pero ahora no sabía qué más debía hacer por ella o decirle. Podía palpar el miedo y la desconfianza de Ginny, quien a pesar de las noches juntos, mantenía la guardia alta. A pesar de que Ginny se entregaba a él por completo, había algo que la detenía de decirle lo que sentía. Ella no le había dicho ni una sola vez que lo amaba, a pesar de que Harry se lo dijera una y otra vez. No quería presionarla y no quería arruinar las cosas, así que estaba dejando que todo fluyera, aunque le causara miedo e incertidumbre a él también.
No sabía hasta cuando iba a tener que pretender ante Ron y Hermione que no se hablaba con Ginny, pero a la vez pretender con el resto de los Weasley que todo estaba bien entre ellos pero que estaba muy ocupado todo el tiempo, y por ende estar excluído del resto de su vida. Como aquella noche en que el resto de la familia Weasley se encontraba asistiendo al partido de las arpías en Holyhead, mientras Harry se quedaba con una Hermione que pretendía no querer ir a Holyhead sólo por lástima hacia él. Esa noche, Harry tenía que esperar a que el partido terminara y luego esperar a que Ginny y su familia fueran a cenar, para finalmente poder aparecerse en el jardín trasero de su pequeña casa, y luego entrar por la cocina y subir a su habitación.
De cierto modo intuía por qué ella estaba manteniendo su distancia de esa forma y por qué había dejado los límites de aquello muy claro. Harry sabía que Ginny tenía heridas que él no sabía cómo remediar... Recordaba sus palabras llenas de dolor después de su cumpleaños: "Todo el mundo lo sabe... todos sienten lástima por mí". Y él no iba a exigirle nada que le causara angustia. Lo menos que él le debía, era aceptar sus términos.
Sin embargo, muy en el fondo, Harry vivía aterrado de que todo terminara de un día para otro, y que eso significara perderla, esta vez para siempre.
–Seguro tendrán oportunidad de hablar en la fiesta... –dijo Hermione sacándolo de sus cavilaciones
–¿Eh?
–La fiesta pre-boda, Harry. Espero que no se te haya olvidado.
–Ah no, claro que no –dijo él volviendo a la realidad. – Soy el padrino
–Y Ginny la madrina...
–Si te preocupa que hagamos una escena, no va a suceder. Somos adultos.
–No lo parece –dijo ella por lo bajo volviendo la vista al libro que tenía entre las manos.
De cierto modo, Harry se sintió un poco reconfortado porque pasara lo que pasara, la boda de Ron y Hermione se acercaba y con ella una serie de eventos en los que tanto Harry como Ginny tendrían que estar y convivir de muy cerca. La fiesta pre-boda ocurriría a finales de mes en su propia casa de Grimmauld Place, a petición de Ron y Hermione. No sabía bien por qué, pero él sólo había accedido. Tal vez creían que haciendo que Ginny volviera a aquel lugar en el que habían compartido tantos años, ella se ablandaría.
Harry esperaba que aquel plan funcionara.
Ginny cerró la puerta detrás de sí y caminó casi sin pensarlo. El reloj marcaba apenas unos minutos después de media noche. Se masajeó el cuello. Se sentía exhausta después de aquel partido tan reñido pero que al final habían ganado. Un sentimiento de satisfacción le volvió al cuerpo. Sin embargo su cabeza seguía sin poder sacudirse la tensa conversación que había tenido durante la cena con su madre, quien no dejaba de molestarla con mil preguntas acerca de Derek y pedirle que reconsiderara su relación con su ex compañero de equipo. Ginny sentía que se iba a morir de la vergüenza si alguna vez su madre se enteraba de lo que en realidad había sucedido entre ellos. Aunque tal vez el hecho de que fuera Harry la razón, la escandalizaría un poco menos de lo esperado.
Suspiró con fuerza tirando su bolso de quidditch al piso y sacándose los zapatos. A pesar del paso de varias semanas, no podía dejar de sentirse culpable. En especial porque seguía acostándose con Harry. No sabía si aquello mejoraba o empeoraba la situación.
Ginny salió al jardín por la puerta de la cocina como acto reflejo. Sabía que Valerie no se encontraba en la casa y llegaría hasta el día siguiente, así que no tenía que preocuparse por guardar un poco la compostura.
Quería dejar de pensar y sentir. Más bien tenía la necesidad de un tipo específico de sentimiento. Era el deseo lo que la movía.
Lo vio muy apenas entre las sombras, vestido todo de negro, recargado contra la pared.
See you in the dark
All eyes on you, my magician
All eyes on us
En lugar de hacerle señas para que entrara a la casa, como de costumbre, se acercó a él lentamente, sintiendo mil cosas a la vez, por un segundo creyendo, como cada noche, que aquella figura era una obra de su imaginación. A pesar de todas esas noches juntos, Ginny aún sentía terror de que todo terminara en un abrir y cerrar de ojos. Por alguna razón Ginny estaba convencida de que Harry se cansaría de ella y de aquella situación. O que simplemente algún día dejaría de ser novedad tener sexo con ella. Ginny sentía en el fondo de sus huesos que aquello era sólo temporal.
Efímero.
Así que lo único que podía hacer era aprovecharlo lo más posible mientras durara.
You make everyone disappear, and
Cut me into pieces
Gold cage, hostage to my feelings
Back against the wall
Trippin', trip-trippin' when you're gone
Harry la recibió y la atrapó entre sus brazos mientras se fundían en un beso lleno de pasión. Ginny se sintió excitada tan sólo de sentir la lengua de Harry en su boca y sus manos recorrerle la espalda. Ginny se apretó contra su cuerpo; aspirando su perfume, olvidaba el mundo entero por completo. Allí juntos, sólo existían ellos dos y nada más. No necesitaban palabras, sólo sus manos, sus cuerpos y sus labios encontrándose.
'Cause we breakdown a little
But when you get me alone, it's so simple
'Cause baby, I know what you know
We can feel it
Estando en la obscuridad de la noche, el pudor quedaba olvidado. Harry bajó sus manos hacia el trasero de Ginny, primero recorriéndolo con suavidad y luego tomándolo con fuerza, apretándola hacia sí mismo mientras seguía besándola y Ginny gemía entre sus labios. Ella se frotó contra él una vez más, aplastándolo contra la pared. Se separó para tomar un poco de aire y verlo a los ojos. A pesar de la poca luz que los rodeaba en esa parte del jardín, Ginny pudo ver su característico cabello despeinado y que la boca de Harry se encontraba un poco roja y echa un lío a causa de su propio labial. Harry era tan malditamente sexy.
And all the pieces fall
Right into place
Getting caught up in a moment
Lipstick on your face
So it goes
Ginny le sonrió y le pasó los dedos por la comisura de sus labios, limpiándolos. Harry atrapó la punta de uno de sus dedos entre sus dientes de forma muy suave y luego jugueteó con su lengua alrededor de él, muy sensualmente. El deseo la volvió loca. Sintió que lo necesitaba en ese momento en ese lugar.
Sin reparo Ginny le desabotonó el pantalón y metió la mano dentro de su ropa interior tomando con fuerza su parte íntima que se encontraba muy firme. El sentir aquella reacción fisiológica, la instó a seguir. Le bajó un poco las prendas para poder tocarlo bien, moviendo la mano de arriba hacia abajo sin dejar de mirarlo a los ojos, logrando que él maldijera por lo bajo.
Harry no pudo contenerse mucho más. La detuvo e hizo que intercambiaran de lugar, girándola, haciendo que recargara la espalda contra la pared. Le bajó los pantalones con todo y pantaletas de un sólo movimiento y la tocó entre las piernas. Se agradeció internamente por llevar puestas prendas que le daban fácil acceso a aquella parte que tanto necesitaba de él. Ginny podía sentir lo mojada que se encontraba. La masajeó así como Harry había descubierto que a Ginny le encantaba, ella se tuvo que morder el labio para no gritar. Luego Harry se acercó hacia ella estimulándola con su propio miembro, acariciándola entre sus pliegues, tentándola. Ella no se pudo resistir y entonces comenzó a hacer espacio para él, abriendo las piernas y moviendo su cuerpo en el ángulo necesario. Pudo sentirlo desconcertado por un segundo.
–Házmelo ahora –le susurró
–Gin –murmuró con la respiración agitada
–Harry –suplicó –te necesito
I'm yours to keep
And I'm yours to lose
You know I'm not a bad girl
But I do bad things with you
So it goes
Harry no necesitó más razones. La cargó, sosteniéndola por el trasero. Ginny se liberó de su pantalón y pantaletas con destreza con un par de sacudidas para poder envolver a Harry entre sus piernas. Recargándola en la pared, la penetró. Se movió contra ella mientras ambos respiraban muy agitados y extasiados. Ginny tuvo que hacer fuerza de todo su autocontrol para ahogar todos sus gemidos en el oído de Harry, o mordiéndole el hombro, mientras se aferraba a su espalda y continuaba siendo embestida una y otra vez en la obscuridad y silencio de esa noche.
Cuando despertó al día siguiente se dió cuenta de inmediato que ya pasaba del medio día. Le hubiera encantado seguir durmiendo, pero el malestar en su cuerpo era más fuerte que el cansancio.
–¿Te duele? –le preguntó Harry con voz suave pero notoriamente preocupado. Pudo sentir su cuerpo muy cerca al de ella, pero sus manos indecisas de tocarla.
–Mmm –murmuró ella en un gemido de dolor corto, llevándose la mano al vientre, sin querer aceptar lo obvio. En esos momentos le era difícil justificar sus decisiones de la noche anterior. Dejarse llevar se sentía bien en el momento, pero inevitablemente siempre había consecuencias.
Ginny no aprendía la lección. Sobre todo cuando de Harry se trataba.
–Lo siento mucho, Gin – la culpa y la preocupación le recorrían el semblante –No dejaré que vuelva a pasar.
Ginny no tuvo fuerza para contradecirlo, aunque al final había sido culpa de ambos.
Después de aquel pasional encuentro en el jardín, Ginny tuvo que preparar y tomarse la poción anticonceptiva de emergencia, sabiendo que le podía causar efectos secundarios. Nunca antes la había tomado, pero se le hizo fácil como alternativa para no interrumpir el impresionante sexo que tuvieron en la obscuridad. Sabía que en el mundo del quidditch las pociones anticonceptivas de cualquier tipo no eran del todo recomendadas porque podían entrometerse con los procesos del cuerpo de las atletas. Ginny estaba aprendiendo a la mala el por qué.
Sintió a Harry pararse de la cama y enseguida le alcanzó un vaso de agua y analgésicos para el dolor. Se dio cuenta que tenía preparada una charola con el desayuno. Ginny se dejó cuidar por él sin tener muchas ganas ni fuerza para negarse. El estrés y el cansancio físico también le estaban pasando factura. No pudo evitar la sensación de deja vu al recordar la ocasión en que Harry la cuido cuando tenía cólicos y una migraña muy fuertes. Eran memorias de una vida pasada. Eran recuerdos del momento en que se dio cuenta que amaba a Harry Potter. Pero esa era una verdad que, por alguna obstinada razón que no quería sobre analizar, no se permitía aceptar en voz alta. A pesar de que Harry le había dicho que la amaba, una y mil veces más, Ginny no había podido decírselo de vuelta.
Sintió otra vez el remolino en el estómago. Tenía que dejar de pensar. Sólo tenía que concentrarse en el aquí y ahora.
Volvieron a recostarse y Harry la abrazó por la cintura con infinita delicadeza.
–No necesitas quedarte
–¿Me estás corriendo?
–No –dijo ella acomodándose más contra él –sólo te estoy diciendo que no tienes por qué pasar tu domingo en mi cama
–Tu cama es el mejor lugar para pasar los domingos –le dijo besándole el cuello con ternura.
Ella se dejó perder en aquella dulce sensación y durmió de forma intermitente por el resto del día, con Harry resguardando sus sueños, una vez más. Sin poder creerlo, aquello se estaba volviendo costumbre.
El código de vestimenta era formal-casual, o eso le había dicho Hermione. Se miró al espejo y trató de acomodarse un poco el cabello, lo cuál era imposible. Se alisó el pantalón y el saco formal que llevaba sobre una camisa de cuello de tortuga negros. Le incomodaba un poco pero no iba a negarse a sí mismo que se veía muy bien. Había sido Ginny quien le había comprado aquel atuendo casi un año atrás justamente cuando su casa había sido prácticamente demolida y tuvo que irse a vivir con su entonces mejor amiga, quien le escogió un closet entero de vestimentas nuevas. Sabía que Ginny tenía cierta debilidad por los hombres que vestían cuello de tortuga. Y también sabía que le encantaba verlo vestir todo de negro. Harry estaba sacando todas sus armas aquella noche.
Harry escuchó ruido en el piso inferior. Miró su reloj y se dio cuenta que ya iba tarde para la fiesta en la que él sería el propio anfitrión. En realidad él no organizó nada, sino que Hermione lo hizo todo. Harry sólo era el dueño de la casa. Igual, le tocaba estar en la sala principal y saludar a los invitados en su rol de padrino de boda. Cuando bajó las escaleras, escuchó su voz. Ella también tenía el rol de madrina, así que no había forma de seguir evadiendo encontrarse frente a su familia y amigos.
La vio al fondo de la sala, dando ciertas instrucciones a uno de los meseros que llevaban bocadillos y bebidas para los invitados que comenzaban a llegar. Sus miradas se encontraron y Harry pudo notar que sus preciosas mejillas se sonrojaban al verlo. Se sintió como cuando ella era una niña que se intimidaba ante su presencia. Esperaba que Ginny no hiciera el equivalente a meter el codo en la mantequilla, como tantos años atrás. Ella le evitó la mirada como para ocultar que la descolocaba y se volteó para platicar con algunos de sus colegas del cuartel de aurores que acababan de entrar a la sala. Inmediatamente sintió celos, sabiendo que obviamente ellos y muchos otros iban a intentar coquetear con ella toda la noche.
Sabía que debía ser más discreto, pero no pudo evitar encontrarse a sí mismo mirándola durante la velada. Llevaba un vestido negro que resaltaba su figura y aunque era largo llevaba una apertura en una pierna. Harry no podía dejar de imaginarse recorriendo esa pierna con sus dedos.
–¡Harry! –la voz de Luna lo sacó de sus fantasías –Te ves como un villano
–¿Eh? –volteó a verla. Dean Thomas y su pareja iban con ella. Se saludaron con un gesto de cabeza.
–Tu vestimenta –insistió Luna
–Ah ¿en serio? –preguntó confundido – Ginny escogió esto para mí –dijo como defendiéndose, casi sin pensarlo.
–A veces tenemos debilidad por los chicos malos, Harry – él no dijo nada.
–Hablando de chicos malos, ¿qué pasó con ese tal Derek? –dijo Dean de pronto. Su novia le metió un codazo de inmediato.
–No seas entrometido... –dijo con la voz baja
Harry carraspeó sin entender la situación. ¿Por qué Dean querría saber sobre Derek?
–Es un misterio en las revistas –aclaró Luna sacándolo de la duda
–¿Misterio?
Los tres miraron a Harry con reserva.
–Ya sabes, se especulan muchas cosas en torno a estas situaciones con las parejas que se vuelven famosas –dijo al fin Dean– Que si él no quiso apoyarla al moverse a las arpías o que hubo alguien más de por medio...
–¿Quién mierda especula con eso?
–Corazón de Bruja, Bruja Moderna...
–Claro. Rita Skeeter y Romilda Vane. Qué buenas fuentes.
–En el quisquilloso nunca se publican chismes de ese tipo –dijo Luna con orgullo
–Sólo historias de nargles y otras criaturas que no existen.
–¡Claro que los nargles existen!
Harry dejó de poner atención a aquella conversación. Casi sin querer volvió a posar la mirada en Ginny. Llevaba los hombros descubiertos y el pelo recogido. Merlin, tenía ganas de caminar hacia ella y besarla con ganas.
Olvidarse de los nargles, de los chismes y de Derek.
Hacía tanto que no pensaba en él. Desde que Ginny se mudó a Gales la idea de Derek dejó de existir en su mente. Y sin embargo... tal vez seguía en la de Ginny. Pensó que Hermione debía saber la verdad. Ella siempre estaba al tanto de todo. ¿Por qué no le había contado lo de las revistas?
Se disculpó con sus amigos del colegio y se dedicó a buscar a Hermione.
Escuchó sus voces antes de entrar a la cocina. Ron y ella estaban teniendo un momento romántico. Se paro en seco y decidió no interrumpirlos. Con todos los preparativos de la boda, los chismes de las revistas seguro no eran la prioridad de sus dos amigos.
La noche continuó entre choques de copas, pláticas y risas. Y por un segundo, por fin ella se encontró por su cuenta, en medio de una de las habitaciones llenas de gente. Antes de que nadie pudiera acercársele, Harry llegó a su lado, antes de que siquiera pudiera pensar si aquello era lo más adecuado.
–Hola
–Hola –respondió ella con una sonrisa tímida que él encontró adorable. Pudo reconocer en sus mejillas sonrojadas que Ginny llevaba más de una copa de vino esa noche. Le dieron muchas ganas de acariciarle el rostro. Podía sentir el aire entre ellos electrizante. Las copas que él llevaba encima lo instaban a tomarla entre sus brazos y besarla con ganas, pero lo único que pudo hacer fue darle a entender con la mirada todo lo que sentía por ella.
Our secret moments in your crowded room
They got no idea about me and you
–Quedó muy bien... la reconstrucción –dijo ella haciendo un gesto a la sala alrededor, pero obviamente refiriéndose a todo Grimmauld Place.
Harry asintió mirando alrededor y luego a su rostro, sintiendo un pinchazo de tristeza de que ella no hubiera estado presente en el proceso.
–Reconstruyeron muchas partes a su estado original y con algunas otras nos tomamos la libertad de modernizar el lugar un poco.
–La chimenea es idéntica –dijo ella impresionada –Una pena que no hayan reconstruido el retrato de la madre de Sirius.
–Estaría gritándonos "sangre sucias" y "traidores a la sangre" en este mismo momento. No creo que los invitados lo apreciarían.
–¿Bromeas? Eso haría la fiesta mucho más interesante.
–¿Estás diciendo que mi fiesta es aburrida?
–Eres el peor anfitrión del mundo, Harry. Deberías estar bailando o dando un discurso.
–¿Me quieres ver hacer el ridículo?
–Sólo lo normal
Ambos rieron ligeros, mirándose uno al otro. Era tan raro qué tan sólo unos días atrás habían estado desnudos uno contra el otro y ahora estaban allí rodeados de gente que no tenía idea de lo que en realidad sucedía entre ellos dos. Harry suspiró perdido en el aroma de Ginny, mientras intentaba terminar de contarle los detalles de la remodelación. Ella asentía mientras tomaba pequeños sorbos de su copa de vino tinto y volteaba a mirarlo con ojos que brillaban de ilusión.
Sintió ganas de que aquella noche se terminara para poder estar a solas con ella. Daría cualquier cosa por poder besarla. Tuvo que meter las manos a sus bolsillos para no caer en la tentación de tocarla.
All of this silence and patience, pining in anticipation
My hands are shaking from holding back from you
All of this silence and patience, pining and desperately waiting
My hands are shaking from all this
–¡Harry! ¡Ginny! –chilló una voz lamentablemente familiar. Acercándose a ellos se encontraba la infame tía Muriel, que iba acompañada de Molly Weasley. Harry pudo notar que Ginny se tensaba de inmediato. Ambas mujeres les abrazaron efusivamente uno por uno.
–Qué guapos mis muchachos –dijo Molly suspirando
–Yo cosería esa apertura de la falda, Ginevra, si es que me lo preguntas –dijo Muriel mirando el vestido de Ginny de forma desaprobatoria
Molly chasqueó, mientras Ginny le dedicaba una mirada que guardaba desprecio.
–Déjalos, Muriel. ¡Son jóvenes! Mi niña es hermosa con lo que sea que lleve puesto.
Harry casi se tuvo que morder la lengua para no hablar y coincidir con Molly en voz alta. También tuvo que enterrar las uñas en sus palmas para no dejar salir que de hecho Ginny era aún más hermosa cuando no llevaba nada puesto.
–¡Y tu Harry, te ves tan cansado! –le dijo Muriel sin pena, aunque en eso todos seguramente coincidían. Entre el trabajo y las noches de desvelo con Ginny, muy apenas dormía unas cuatro o cinco horas al día.
–Me parece que estás trabajando demasiado, cielo –le dijo Molly –Hace tanto que no te veo.
Ginny cruzó un brazo y desvió la mirada.
–Alguien tiene que salvar al mundo mágico –respondió él con una sonrisa, intentando no ser serio.
–Mi Ron dice que el ministro te quiere mandar a una gira por Europa.
Harry sacudió la cabeza, viendo la expresión de sorpresa en el rostro de Ginny. No había querido mencionar nada de ello porque no era opción alguna para él dejar el país en esos momentos de su vida.
–Ya sabe lo mucho que me disgustan las misiones diplomáticas. Lo mío es la acción, no las juntas aburridas y negociaciones.
–No me digas que vas a rechazar la oportunidad
–¿Acaso quiere verme aún menos, Molly?
–¡Por supuesto que no! –dijo ella entre sonrojada y ofendida – Sólo pienso que tal vez te haría bien dejar la acción por un rato, hijo.
–¿Cuánto tiempo? –preguntó Ginny abruptamente, sorprendiéndolos –Quiero decir... ¿Cuánto duraría esta gira?
Harry la miró deseando poder comunicarle en ese momento que no tenía de qué preocuparse.
–No sé, unos ¿6 meses? pero no, no estoy interesado en absoluto.
–Ustedes los jóvenes no tienen sentido de la obligación –replicó Muriel con enojo– si yo fuera el ministro te mandaría sin si quiera preguntarte qué opinas.
–Qué pena que no lo eres –soltó Ginny sin poder contenerse.
–Ginny –le regañó Molly dedicándole una mirada reprobatoria.
–Y tú jovencita, ¿crees que no sabemos lo que se dice de ti?
–No es algo que me quite el sueño, tía –le dedicó una mirada fría –Si me permiten, tengo que...
La tía Muriel la tomó del brazo
–No debiste dejar a tu novio y a tu hogar para irte a ese equipo de libertinas.
Ginny no pudo evitar reír con evidente asombro, para luego soltarse de ella y caminar fuera del salón.
–¡Muriel! –la reprimió Molly furiosa –Te pedí que no mencionaras a Derek
Las ganas de continuar escuchando lo que las mujeres tenían que decir acerca del ex novio de Ginny fueron superadas por sus ganas de saber que Ginny se encontraba bien. Así que se disculpó y salió a buscarla.
No la vió por ninguna parte.
–Harry, por fin te encuentro –dijo Ron cuando había apenas llegado al pie de las escaleras pensando en buscar a Ginny en las habitaciones del segundo piso.
–¿Has visto a Ginny?
El semblante de Ron cambió de inmediato
–¿Qué le hiciste?
Harry perdió la cabeza en un segundo, frustrado con su amigo.
–¿Por qué siempre tengo que ser yo el culpable de algo?
–No lo sé, Harry. Tal vez porque fuiste tu quien se acostó con mi hermanita.
Ok. Así que estaba pasando; por fin tendrían aquella conversación que ambos habían estado evitando por meses.
–Pensé que aún estabas apostando por mí para estar con ella.
–No más. Vaya que me equivoqué.
Aquello dolió más que un golpe al estómago.
–¡Fuiste tu quien me dijo que luchara por ella!
–Te dije que lucharas, que le dijeras lo que sentías, ¡no que la sedujeras, idiota!
Harry no tuvo forma de negar que su amigo tenía razón. Si hubiera empezado por hablar con ella... Merlín, por primero aceptar sus sentimientos en lugar de tener sexo, las cosas tal vez serían muy diferentes.
Harry suspiró derrotado.
–Todo es mi culpa... –Se sentó en uno de los escalones sin ganas de seguir peleando. Ron se sentó a su lado. –No sabía de los chismes acerca de su ruptura con Derek...
–¿Por qué habrías de saberlo? Sólo la gente que lee las revistas habla de eso
–Parece que todo el mundo...
Lo que a Harry le dolía era entender que Ginny había tenido que sobrellevar los comentarios y las preguntas todo ese tiempo, y que no le había contado nada. La verdad es que cuando pasaban tiempo juntos, sus conversaciones eran animadas y enfocadas en las cosas buenas que tenían para contarse. Además que buena parte de ese tiempo lo pasaban con las bocas muy ocupadas. Ahora entendía por qué Ginny llegaba a él como con una necesidad de olvidarse del mundo entero cuando estaban juntos.
–¿Por qué no me contaron?
–¿De qué habría servido? –Ron suspiró –Mira, tal vez lo mejor sea que aceptes la gira con el ministro y te tomes un tiempo fuera, mientras a todo el mundo se le olvida que Ginny y Derek fueron la pareja del momento y así la gente deja de molestarla.
–¿Crees que... ?
Se detuvo sin poder formular lo que le atormentaba.
–¿Qué?
Se quedó en silencio un rato. Ron le dedicó una mirada comprensiva.
–¿Que aún tenga sentimientos por Derek?
Ron suspiró encogiéndose de hombros.
–Ella habla muy poco con nosotros del asunto... sólo espero que se apoye de sus amigas en su equipo y que no esté pasando por esto sola.
El semblante de Ron estaba cargado de preocupación y tristeza.
Harry pensó en Valerie, quien se había vuelto muy cercana a Ginny en esos últimos meses y quien de hecho era la única persona en el mundo que sabía lo que estaba sucediendo entre Ginny y él. Harry confiaba que Valerie estaba siendo un gran apoyo para ella. Aunque ahora que lo pensaba, él estaba causando que pasara menos tiempo con su compañera de casa. Se sintió un poco culpable.
Se pasó las manos por el cabello con un pinchazo de desazón en el pecho.
–Fue tu tía Muriel –le dijo a Ron de pronto.
–¿Qué?
–Quien hizo que Ginny huyera.
–Por supuesto –dijo Ron abatido –Aunque... mamá tampoco ha dejado de molestarla con lo de Derek. Se la pasa pidiéndole que recapacite y le de otra oportunidad.
Harry no pudo soportar más y se levantó sin pensarlo.
–Yo... necesito un momento a solas
Subió las escaleras sin decirle nada más. Ron, sólo lo dejó irse.
Cuando entró a su habitación y cerró la puerta detrás de sí mismo, pudo detectar el aroma de Ginny de inmediato. Su cama estaba vacía pero el cobertor se veía un poco desarreglado, como si alguien hubiera estado sobre él. Los zapatos de Ginny estaban junto a su cama. Examinó cada esquina pero la habitación estaba vacía.
Caminó al baño y tocó la puerta.
–¿Gin?
No hubo respuesta.
Abrió la puerta con suavidad. La encontró sentada en el borde de la bañera, sosteniendo su copa con una mano.
–Necesitaba escapar un rato–dijo casi en un susurro
Harry asintió quedándose en la puerta. No sabía si ella quería estar a solas, pero Ginny no dijo nada, sólo bebió un sorbo de su copa con la mirada perdida.
–Estaré afuera por si me necesitas
–Harry... –se detuvo de inmediato –No te vayas
Entró con cautela y cerró la puerta tras de sí, sin saber si acercarse a ella.
–Siento lo de... las revistas y las cosas que se dicen de ti. No... no sabía nada de eso.
Ella se encogió de hombros y le dedicó una sonrisa triste.
–Es mi culpa. No debimos hacer nuestra relación tan pública.
–No es justificación suficiente.
–Es lo menos que merezco
Harry sintió un vacío en el estómago.
–Gin, lo siento tanto... – Ella se limpió una lágrima que apenas estaba por salir, respirando profundamente, visiblemente intentando controlar sus emociones –No deberías estar pasando por esto.
–No me importa lo que diga la gente de mí –Soltó una risa abatida– Es lo que menos me preocupa
Harry no pudo detenerse.
–¿Aún lo quieres?
–No soy de piedra, Harry. Claro que aún lo quiero... –A Harry le dolió el pecho. No supo qué contestarle. Su estómago se contrajo–No me arrepiento de lo que está pasando entre nosotros. Cuanto estoy a solas contigo todo es tan simple –continuó ella con los ojos aguados al ver su reacción –Pero cuando tengo que lidiar con el resto del mundo yo... me siento tan confundida – su voz se quebró sin poder contener más las lágrimas. Y Harry a la vez no pudo contenerse más de verla así sin abrazarla.
Le tomó apenas un par de segundos llegar junto a ella, tomarle el rostro y besarla con fervor.
–Oh – exclamó ella, separándose. Harry sintió el vino de la copa de Ginny caer sobre él y luego derramarse en la bañera. Le quitó la copa y la hizo a un lado. –Lo siento
Ella le sacó la camisa del pantalón como analizando el daño.
–No importa –le dijo besando su pómulo.
–Te ves tan sexy con el cuello de tortuga –le dijo como sin poder contenerse. Él sonrió divertido y halagado.
–Me vestí para que me desvistieras
Ella rió, aunque sus ojos aún se encontraban cristalinos.
Le alzó el rostro con una mano y le acarició la mejilla con suavidad.
–Ya no quiero que seamos sólo amigos –le confesó él sin pensarlo. Ella suspiró, mirándolo a los ojos como desconcertada
–Harry...
De algún modo, las lágrimas seguían corriendo por el rostro de Ginny.
–Pero si tu no quieres y aún sientes cosas por Derek...
–No quiero regresar con él –le dijo con seguridad. Harry no supo si intentaba convencerlo a él o convencerse a sí misma –Yo sólo... –suspiró cerrando los ojos –Me siento culpable. De... de usarlo, de dejar que todo pasara tan rápido. Por cómo acabó todo –Aquello lo hizo sentir terrible a él también.
Harry pensó en disculparse por arruinar su relación, pero la verdad es que no se arrepentía en absoluto. Lo único que le pesaba era las consecuencias para ella y el verla así.
–Te amo –le dijo mirándola a los ojos –siento no habértelo dicho antes de todo este desastre.
La besó y pudo sentir a Ginny suspirar entre sus labios. Era un suspiro de alivio, de rendición. Ginny por fin había bajado la guardia y le había confesado su sentir.
La tomó de la mano y la dirigió de vuelta a su habitación. No sabía cuántas veces había soñado con ese momento. La sentó en el borde de la cama y se agachó entre sus piernas, acariciando con el dorso de la mano la pierna que llevaba expuesta, tal como lo había deseado toda la velada.
–¿De dónde salieron todos esos nombres? –dijo ella de pronto, señalando la cabecera de madera de su cama.
Harry sonrió. Ginny conocía muy bien su habitación y su cama, había estado tantas veces allí antes de que su casa quedara destruida, que por supuesto notaría el cambio.
–Es la cama original de Sirius
–Estás bromeando
Harry se encogió de hombros
–Es lo que la agencia mágica de reconstrucción me dijo.
Ginny abrió la boca entre fascinada y divertida. Se acercó a la cabecera, gateando sobre su colchón. Harry estuvo a nada de darle una palmada a su bello y redondo trasero, pero enseguida ella se sentó de lado, dándole la espalda. La vio examinar una serie de nombres tallados en la madera, tocándolos con los dedos. La cabecera estaba repleta de nombres femeninos, tallados al descuido, como con algún cuchillo o navaja pequeños.
–¿Por qué? –fue todo lo que ella pudo preguntar aún con incredulidad
Él se quitó los zapatos con destreza y trepó a la cama, arrodillándose detrás de ella. La abrazó por la cintura.
–Según un diario de Regulus, cuando Sirius era joven le encantaba traer y acostarse con chicas muggles o de padres muggles a escondidas. Llevaba la cuenta sólo para molestar a su familia, en especial a su madre.
–Increíble –dijo ella riendo
Harry menos interesado en las historias de su padrino y más en la bella pelirroja entre sus brazos, comenzó a recorrer con besos la piel de su cuello y su hombro expuesto.
–Por un momento pensé que eran los nombres de tus mujeres –soltó ella sorprendiéndolo
Harry paró en seco por un segundo y se acercó a su oído.
–La única mujer que me interesa eres tú– Ginny suspiró pero no dijo nada más. Él se dio cuenta que ella no estaba segura –¿Es eso lo que te preocupa?
–Una vez mujeriego, siempre mujeriego
–No después de ti.
Ella rió, a pesar de todo. Luego, volvió a suspirar.
–Cómo quisiera creerte –murmuró posando sus manos sobre las de Harry que le rodeaban la cintura.
–Gin –le tomó el mentón y la giró para que volteara a verlo– Contigo no es sólo sexo, contigo hago el amor.
Ella separó los labios sin poder decir nada. Sus ojos brillaron desconcertados.
–Harry...
–Sabes que eso es cierto ¿no? Que nunca antes lo había hecho por amor... hasta que lo hice contigo.
Le acarició el rostro inundado de emoción por sus palabras.
Ella sólo atinó a besarlo con fuerza.
–Me encanta hacerte el amor, Ginny Weasley – susurró contra sus suaves labios.
–Entonces házmelo ahora –le respondió de una forma tan sensual que le encendió los sentidos en un instante.
Sonrió acariciando su cuerpo.
–Tus deseos son mis órdenes.
...
No mucho tiempo después, abrazados en su desnudez, Harry le depositaba besos en la frente y le acariciaba la suave espalda, mientras ella le rodeaba el torso con el brazo.
–Lástima que soy sangre pura – dijo ella de pronto
–¿Qué? –respondió confundido, aún disfrutando del placer después de estar con ella.
–Sino tendrías que tallar mi nombre en tu cabecera. Sólo para mantener la tradición.
Harry rió casi halagado.
–Seguro "traidora a la sangre" es ofensa suficiente para la noble familia Black
Harry tomó su varita de su mesa de noche y comenzó a tallar su nombre en letras gigantes.
–¡Estaba bromeando!
Ella rió pero no lo detuvo. Esperaba que ese gesto le ayudara a sentirse segura de lo que él sentía por ella, aunque fuera una tontería.
–¿Así o más grande?
Su nombre y apellido cruzaban de lado a lado la cabecera por sobre todos los otros nombres.
–¿Quieres que alguno de mis hermanos te mate?
–Ya tengo su bendición –ella frunció el ceño –Bueno, sólo tengo la bendición de Ron. Masomenos... Pero sabes que no sería difícil ganarme a tu familia ¿no?
Ginny no podía dejar de reír incrédula ante su descaro.
–¿Crees que a mamá le causaría gracia esto de los nombres?
–No. Pero estoy listo para pedirles que me aprueben como tu novio en cuanto me des permiso.
Se sentó abruptamente dejando de reír.
–¿Me estás jodiendo? – Él la imitó – Sabes que te voy a arrancar las pelotas si me estás jodiendo ¿no?
–Y tu sabes que te encantan mis pelotas y que nunca las lastimarías.
–Eres imposible
–No sé de que otra forma demostrarte que esto es en serio. Lo que siento por ti es real –Ella suspiró. La tomó del cuello y la besó con suavidad. Al final recargó la frente sobre la de ella –Eres tú, Gin. ¡Siempre has sido tú! Intenté engañarme a mi mismo por tanto tiempo, pero ya no puedo hacerlo.
–Harry, yo...
–No tienes qué decir nada, sé que las cosas no son tan simples allá afuera –Ella le sonrió conmovida –Voy a esperarte todo lo que sea necesario. Tú me esperaste todos estos años, así que lo único que puedo hacer es esperar a que estés lista para estar juntos.
Las lágrimas recorrieron el rostro de Ginny. Pero de algún modo él sabía que esta vez eran lágrimas de alivio, de felicidad. Su sonrisa le indicaba aquello.
Volvió a besarla, como sellando la promesa. Ella ahogó un suspiro entre sus labios y entonces lo dijo. Era más bien un murmullo.
–Te amo, Harry.
En ese momento podía caer muerto y la vida habría valido la pena. Nada nunca se había sentido como aquellas palabras, apenas perceptibles, de la única persona en el mundo que significaba todo para él. Su mente viajó años atrás cuando se enfrentó a Voldemort y su último pensamiento antes de morir había sido ella. Nunca se lo había contado a nadie. Algún día llegaría el momento perfecto para confesárselo, pero no hoy. Tal vez cuando le pidiera matrimonio. Su corazón latió emocionado al darse cuenta lo claro que se veía todo ahora. Quería una vida entera a su lado.
Antes de que pudiera decir o hacer nada, un destello y un sonido melódico muy suave aparecieron de la nada.
–¿Qué...?
Harry se despegó de Ginny en alerta, pero en seguida se dio cuenta que eran sus pulseras las que emitían aquella luz dorada.
–¿Qué está pasando? –preguntó ella entre maravillada y confundida
–No tengo idea
Esperaron a que algo más pasara, pero el destello y el sonido desaparecieron después de un par de segundos más. Harry tocó su pulsera y luego la de Ginny intentando entender qué había sido aquello. Los recuerdos perforaron su mente.
"En tiempos antiguos solían llevar un hechizo que estrechaba el apego entre las personas que la usaran. En algunos lugares se usaron en reemplazo de los anillos de bodas porque se creía que la amistad era el punto más importante en una unión, pero el hechizo sólo funcionaba cuando las personas eran compatibles."
–Tal vez si me dices que me amas otra vez, vuelva a pasar
Ella sonrió de forma encantadora
–Muy listo
–Es sólo una teoría fácil de comprobar
Ella se quedó en silencio. Harry no supo si estaba jugando con él o si genuinamente no quería volver a decirlo.
Volvió a besarla como para darle a entender que no había necesidad, pero ella volvió a susurrar entre sus labios.
–Te amo
Harry olvidó las pulseras y sólo se dedicó a besarla con más intensidad, envolviendo su cuerpo desnudo, perdiéndose en ella una vez más. Volvieron a hacer el amor, pero esta vez fue mil veces más especial porque ella no dejaba de repetirle que lo amaba, aunque las pulseras no volvieron a destellar. El ritmo de sus cuerpos se mantuvo lento pero intenso.
Y a Harry no pudo causarle más que un sentimiento de felicidad desbordada ver el nombre de Ginny Weasley grabado en su cabecera mientras se movía sobre su menudo cuerpo, amándola casi con devoción. Porque después de cinco años de amistad y de dudas, por fin había entendido que era ella y sólo ella.
No sólo su mejor amiga. Su destino, su persona favorita, el amor de su vida. Su último pensamiento antes de morir.
Siempre había sido ella.
Fin.
Notas: sólo queda el epílogo! Gracias por leer esta historia!
