Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon) está basada en la serie de libros de mismo nombre de la autora británica Cressida Cowell, y realizada por Dreamworks Animation.
No poseo ningún derecho sobre los personajes y detalles originales de HTTYD.
El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.
DRAGONS: A Twins Story
El gélido calvario de una doncella irascible (Parte 12)
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En Pingüino Peregrino, los jinetes de dragones y los miembros de la armada de Berk esperaban pacientemente el regreso de su líder y del herrero que habían descendido a la isla de Chilblain, pero a como los minutos transcurrían sin noticias, era normal que la ansiedad y los nervios se apoderaban de ellos llevándolos a imaginarse los peores escenarios.
¿Qué tal si Stoick y Gobber corrían peligro? ¿Si habían sido atacados? ¿Hechos prisioneros? ¿Cómo saber si necesitaban ayuda o no?
La duda crecía en ellos… o al menos en la mayoría. Ya que un par de jinetes y sus dragones no pasaban por la misma incertidumbre.
Unas carcajadas roncas fue lo primero que llamó la atención de los presentes en el barco, pero pronto su atención fue captada por la visión de los gemelos Thorston y de Snotlout. Tuff y Ruff motivaban a su dragón a regurgitar una flema mocosa que luego el monstrous nightmare del joven Jofferson prendía en llamas con un ligero soplido. Después, los tres apagaban rápido el fuego aplastándolo con los pies en lo que sus risas tontas se apoderaban de la cubierta.
–Déjame ver si entiendo –dijo Barbara "the Barbarian" mientras reposaba contra la proa del barco y contemplaba atónita el comportamiento de los gemelos y de Snotlout –, los habitantes de Berk han logrado entrenar a los más fieros dragones que azotan despiadadamente el archipiélago ¿Y se la pasan jugando con ellos a hacer mocos explosivos?
–Bueno, también ayudamos a otros dragones que están en problemas –comentó Hiccup a su lado tratando de mostrar una mejor cara de la situación.
–Pero principalmente son los mocos explosivos –pero Honey agregó descaradamente a un lado de su hermano, impidiendo las intenciones de este.
Hiccup intentó rápidamente contrarrestar la situación, antes de que pudiera agregar otra palabra, Barf generó una masa mucosa de gran tamaño que a los Thorston divirtió arrojar en otra dirección fuera de su alcance.
–Creo que mejor… –comentó Hiccup nervioso al ver como unas mamparras comenzaban a prenderse en llamas – necesito detener eso antes… –y sin más fue en su dirección, acompañado de cerca por Toothless –. ¡Chicos!
Barbara y Honey presenciaron como Hiccup regañaban a los gemelos y a Snotlout, en lo que Toothless apagaba el fuego pisoteándolo. Parecía que todo estaba en control, hasta que Hiccup se distrajo por un segundo, tiempo suficiente para que Barf aprovechara para soltar otro moco sobre la cabeza Snotlout.
Hookfang pareció listo para prenderlo en llamas.
–Va a necesitar mi ayuda –dijo Honey una vez que empezaron los gritos. Sin más corrió hasta aquel extremo del barco sin la compañía de Furry, quien continuaba con su siesta diurna a pesar de los alaridos de dolor.
Astrid remplazó el lugar de los gemelos Haddock apoyándose junto a Barbara, quien ella y su gato, contemplaban atónitos lo que sucedía ante ellos.
–Vaya –soltó Barbara –. Que bien se lo tenía escondido este secreto Anserd, ese maldito hijo de Loki, nunca dijo nada.
–Es porque no lo sabe –explicó Astrid con calma, provocando una expresión de incredulidad en el rostro de la guerrera –. Ansred tiene mucho tiempo que no vuelve a la isla y la creación de la academia no tiene mucho tiempo, solo un par de años. Gracias a Hiccup.
Ambas jóvenes se volvieron hacia el gemelo pecoso que trataba de mantener el hocico de Barf cerrado y que no escupiera más mocos. Honey trataba de apagar las llamas en el chaleco de Snotlout, mientras los gemelos Thorston se destornillaban de risa.
–Él nos demostró a nosotros… a todos en realidad, que no era necesario pelear con los dragones –explicó Astrid a Barbara –. Que ellos no eran muy diferentes a nosotros y por igual, buscaban vivir, comer, crecer en este mundo cruel que está listo para masticar a los débiles.
–No lo había pensado de esa manera –contestó la guerrera.
–Nadie lo había hecho –agregó la joven rubia –. Nuestras tradiciones no son principalmente empáticas con los que no son como nosotros. Tal vez por ello es tan difícil que las tribus congenien o que traten bien a un par de chicos huesos de pescado. Era mucho esperar que intentáramos ponernos en el lugar de animales que por mucho tiempo nos parecieron bestias asesinas sin cerebro.
–Definitivamente te doy la razón en eso –aceptó la otra con una sonrisa cómplice en lo que rascaba el mentón de su gato guerrero –. En mis viajes por el archipiélago no me he topado con la gente más receptiva –aclaró –. Todos está encerrados en su pequeño mundo. Con excepción de Berk… a pesar de sus restricciones de recorrer su isla –comentó ella de ultimo –, pero eso se entiende.
–No podemos permitir que el resto del archipiélago se enteré todavía de nuestra coexistencia con los dragones –le explicó con Astrid tomándola de su musculoso brazo en un pedido desesperado –. Todas las armadas y hasta los muertos en Valhala rodearían nuestra isla al instante al considerarnos una amenaza.
–No se preocupen, su secreto está seguro conmigo –le aseguró Barbara dándole unas palmaditas en su mano.
–Gracias. Probablemente puedas pensar que estamos corriendo mucho riesgo por los dragones, pero créeme, ellos lo valen completamente. Son seres tan inteligentes, empáticos y leales. Hay mucho en ellos que te hacen sentir completo, y cuando miras a sus ojos te das cuenta…
Astrid se detuvo en seco mientras su mirada se perdía en un punto inespecífico, en lo que su mente podía solo estar presente una dragona azul.
–Que te ves a ti mismo –agregó ella sin pensar en sus palabras, que brotaron de su garganta casi involuntariamente.
Pero tan pronto Astrid se percató de lo que había dicho, su rostro se volvió al gemelo pecoso que regañaba inútilmente a Tuff y Ruff. Un sonrojo se apoderó de las mejillas de la rubia, en lo que rápido intentó ocultar su rostro en vergüenza.
No se había percatado, pero Hiccup había dejado una marca permanente en ella. Y posiblemente le sería imposible borrarla por el resto de su vida.
–Wow, por Odín –dijo Barbara ignorando por completo la reacción de Astrid –. Eso suena maravilloso. Me hace envidar el tener mi propio dragón –agregó provocando que el gato negro en su hombro refunfuñara en molestia –. No te enojes sucia bestia, tú sabes que te quiero –agregó dándole una leve caricia al gato en compensación.
Astrid no pudo evitar ver la comparación en la reacción del animal, a como su fiel dragona respondía a su afecto.
–Creo que ya no podría vivir sin Stormfly –admitió la rubia –, ella está todas las mañanas conmigo lista para empezar el día, a su lado me siento invencible y en las noches, su presencia me da seguridad. Es por eso que deseo recuperarla a pesar de todo.
–Y todo eso gracias a Hiccup –soltó Barbara con una sonrisa pícara en lo que continuaba rascando la barbilla de su gato –. Suena como si él hubiera abierto las puertas a un mundo maravilloso que nunca nadie antes había descubierto.
–Sí… –aceptó Astrid volviéndose una vez más en dirección de joven pecoso – le debemos todo a Hiccup.
Los pensamientos de Astrid divagaron en sus recuerdos mientras contemplaba a Hiccup llevaba a cabo su pantomima de brazos en su intento de reprimir a Snotlout y a los gemelos Thorston, enfocándose principalmente en aquellos momentos en los que Hiccup les mostró los secretos para acercarse y conectar con sus dragones. Una demostración que cambió por completo sus vidas.
La joven rubia ya no podía verse sin su fiel dragona a su lado, y no era algo que la volvía débil, sino algo que la fortalecía. Y todo se lo debía a Hiccup.
Pasará lo que pasara entre ellos, Astrid siempre estaría en deuda con él por enseñarle algo increíble y que se estaba perdiendo por completo.
–¡Miren a esos tarados! –los gritos de Snotlout sacó de sus pensamientos a la joven rubia y llamó la atención del resto de la tripulación, en lo que joven Jorgenson indicaba en dirección de la costa helada y nevada de Chilblain.
En un principio, atribuyeron los gritos al regreso del jefe de Berk y el herrero, pero pronto se percataron que estaban enfocados en realidad en un grupo de jóvenes que jugaban en la nieve.
Unos chicos de similar edad a la de los jinetes se deslizaban del montículo más alto de nueve sobre una especie de tablones de madera.
–¿Qué son esas basuras sobre las que están parados? –masculló Ruffnut en burla.
–Porquería –soltó su hermano, para luego agregar con una mordaz sonrisa –. Vamos a robárselas.
Ambos hermanos estaban listos para lanzarse por la popa, cuando Hiccup se plantó frente a ellos y los detuvo de inmediato.
–¡Hey! ¡Hey! –ordenó con una mirada tajante –. Nadie va a roba a nadie.
–Santurrón –masculló Snotlout.
–Aguafiestas –agregó Tuff.
–¿Qué es lo que están haciendo esos chicos? –preguntó Honey, retomando el interés en los jóvenes en la playa.
Era algo curioso. A veces los jinetes de dragones olvidaban, que aún eran chicos y que por su edad solo deberían preocuparse por divertirse.
–Si bien recuerdo, es snowmageddon –explicó Barbara acercándose a los jinetes en compañía de Astrid –, un juego que inventaron los chicos de aquí.
–Patéticos –se burló Ruff –. ¿Cómo se juega?
–Los chicos deben hacer sus trineos de troncos de madera cortados en tiras largas –explicó la barbaría – y apiladas unas contra las otras, hasta crear una tabla similar a una mesa, pero más delgada y resistente al peso. Suben al montículo de nieve más alto que pueden y se deslizan hasta llegar al fondo.
–Similar cuando deslizamos colina abajo con los dragones –soltó Hiccup recordando el juego que solía compartir con Astrid en las faldas del pico Thor allá en Berk. Su mirada buscó inconscientemente a la joven rubia con la que había compartido grandes momentos en esa montaña.
Pero Astrid no pudo sostenerle la mira, fuera por duda o resentimiento. No estaba segura.
–Así suena tan mediocre –se quejó el joven Jorgenson –, quien quiere jugar ese juego tan ridículo.
–Snotlout ¿estás babeando? –le preguntó Fishlegs casualmente.
–¡¿Qué?! ¡No! –bramó él de inmediato limpiándose el resto de moco explosivo, pero pronto se ganó las burlas de sus amigos y de los demás tripulantes, tanto que casi nadie se percató en la mirada que se había apoderado del rostro de Hiccup.
–Esperen un momento –musito él.
–Esa mirada significa algo… –dijo su hermana siendo la única en poder leerlo a la perfección.
–¡Tengo una idea! –soltó el joven pecoso tan repentinamente que hizo brinca a Toothless del susto.
–Definitivamente –asintió Honey.
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Hola a todos.
De nuevo me tarde en traer el capítulo, pero debo advertirles que eso probablemente se estará repitiendo ya que tengo un nuevo problema de salud por lo que estaré algunos especialistas y tomándome algunos días para mí. Pero quiere quede claro que esto no significa que abandone el fic, solo puede tomar días de no normal sacar los capítulos.
Por cierto, todo el arco de Chilblain viene del comic de Titan "Dragons: Snowmageddon". Los chicos que juegan en los trineos se vuelven amigos de los jinetes, pero debido a que ya hay muchos elementos integrados en este arco, decidí no incluir la amistad de estos chicos con los jinetes.
Eso sería todo por ahora,
Un abrazo a todos.
