Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon) está basada en la serie de libros de mismo nombre de la autora británica Cressida Cowell, y realizada por Dreamworks Animation.
No poseo ningún derecho sobre los personajes y detalles originales de HTTYD.
El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.
DRAGONS: A Twins Story
El gélido calvario de una doncella irascible (Pt. 14)
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Las tierras del norte eran llamadas "las congeladas" por una importante razón, y era la increíble capa de hielo y nieve que cubría por kilómetros toda la superficie. No se podía apreciar ningún árbol o surco a sus alrededores, solo tundra congelada hasta donde llegaba la vista.
Una fuerte ventisca helada que calaba hasta los huesos, cruzaba el campo congelado, y golpeaba con fuerza ante la falta de cualquier estructura que obstruyera su intensidad. La blancura de la nieve era tal, que la poca luz solar que atravesaba las nubes de tormenta, se reflejaba y lastimabas sus ojos. Para poder seguir a Eggingard por la larga planicie nevada, debieron colocarse unas gafas especiales como las que Hiccup usaba para protegerse al trabajar en la forja o un sombreado sobre sus parpados con hollín.
A pesar de ser vikingos curtidos en el salvaje archipiélago barbárico, estar cubiertos con gruesas pieles de animales que adquirieron del ladrón Angrim y estar acostumbrados a las constantes heladas en su territorio, la marcha por la planicie congelada fue difícil y pesada. Inclusive los dragones, con sus cuerpos calientes apenas resentían tales inclemencias de clima.
Solo la pequeña niña en la piel de osos que dirigía al grupo parecía inmune a las durezas del tiempo.
–Falta subir esa pendiente –explicó Eggingard con un grito para que voz pudiera escucharse a pesar del fuerte viento –. De ahí podremos ver el campamente, argg.
Con un último gruñido de animal, la niña continuó la marcha como si fuera un paseo en el campo. Los vikingos que la seguían intercambiaron algunas miradas nerviosas, pero al final siguieron adelante.
Solo una persona contemplaba la situación con gran asombro y estupefacción, y esa era Astrid, cuyo razonamiento la sacudían y alejaban cada vez más del grupo, pronto quedo al final de la caravana. Desde su posición podía ver a cada uno de los marchantes con claridad, los siete dragones caminados junto a los vikingos, el jefe de su tribu, su amigo y principal consejero, la antigua amiga de este, los jóvenes jinetes de dragones, diez miembros de la guardia de Berk, incluido el padre de Snotlout, Barbara "La barbarian" la mejor amiga de su primo y la pequeña niña esclava amistad de Hiccup y Honey.
Una multitud de amigos, conocidos y nuevas amistades que habían enfrentado el mar de norte, los casquetes congelados, una tribu poco amigable y una terrible ventisca en un terreno helado y todo para ayudarla a recuperar a su dragona.
Porque efectivamente, todos los que estaban ahí para ayudarla. Incluso los que no la conocían bien, quienes decían despreciarla, o los que lo hacía por un favor a otro amigo. Era más que un sentimiento de camaradería o lealtad. Era afecto.
Eran una familia, una tribu, todos pertenecían a todos y Astrid siendo uno de ellos tenía su apoyo incondicional, incluso en la más desesperadas travesías.
Era irónico, ya que Astrid apenas unos días se había sentido alejada de todo tipo de soporte y valoración, que debía luchar con uñas y dientes su lugar y respeto en la tribu. Pero en aquella meseta helada pudo darse cuenta que siempre la tuvo, siempre fue parte de algo y era importante para otros.
Podía haber burlas y competencia entre ellos, pero su tribu, sus amigos, sus seres queridos estarían siempre para ella y no necesitaba mucho para ganarse esa condición, porque ya la tenía.
Que ciega y necia había sido. Astrid no pudo evitar sentirse como la mayor tonta de mundo. Detuvo sus pasos en lo que su cuerpo se entumió y no por el frío de la ventisca, sino por la realidad que la golpeaba y la dejaba tambaleante.
No se percató cuanto tiempo estuvo inmóvil hasta que escuchó su nombre como susurro en el viento.
– Astrid.
Era Hiccup, quien había regresado sus pasos hasta ella, en lo que el resto de la caravana esperaba casi en la cima de la colina, preguntándose porque se había detenido.
–¿Estas bien?
Las palabras se atragantaron en la garganta de Astrid siendo imposibles de salir. La chica pudo abrir levemente los labios, pero ni un suspiro salieron de ellos, estaba más que muda… estaba paralizada.
Sus ojos azules estaban enforcados en los verdes delante de ella que mostraban su preocupación. ¿Pero cómo podría responderle? Astrid se sentía como su propia villana, la que se contó a su mente que era una víctima del desprecio de otros, que estaba sola en el mundo, y debía mover montañas para ser respetada. En cambio, estaba ahí, rodeada por amigos y compañeros dispuestos hacer lo imposible por ella y Stormfly.
Y todo gracias a Hiccup.
Su amigo, compañero, su amor adolescente. El chico que la conquistó de mil maneras inimaginables, que daba todo para apoyarla y aquel que ella había maldecido por tratar de hacerla ver la realidad.
Que ciega había sido… que ingrata… realmente no merecía a Hiccup.
Pero el chico no tradujo su silencio en la tormenta que ocurría dentro de su cabeza, en cambio le regaló una sencilla sonrisa que era capaz de derretir témpanos de hielo; la tomó de la mano, le lanzó una piel lanuda de oso sobre los hombros y la llevó de regresó al grupo sin esperar una respuesta.
Como siempre, dispuesto para ella.
Astrid no se merecía Hiccup… no merecía nada de eso.
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Eggingard les indicó a los vikingos que debían arrastrarse sobre sus vientres el ultimo trecho de la colina hasta alcanzar el punto más alto. En silencio, los hooligans y sus dragones imitaron a la joven de piel de oso, que prácticamente desaparecía en su entorno con aquel abrigo blanco.
Tan pronto alcanzaron el punto más alto de la colina, los hooligans se percataron la razón por la que la niña había insistido en que se arrastraran por la nieve helado con sus barrigas. Unos metros abajo, en las faldas de la colina había un largo campamento, donde las tiendas de campaña ofrecían la única protección de los elementos. Había puestos improvisados de vendedores ofreciendo sus productos y una redonda arena un poco más pequeña que la Berk, que era la única construcción solida de todo el lugar.
Habría sido un campamento ordinario, sino fuera que había jaulas de acero de todos tamaños llenando cada rincón, y en ellas podías apreciarse a su pobre victimas atrapadas: dragones. Pequeños terrors de colores apretados por montones en jaulas raquíticas, nightmares con las alas amarradas sobre sus espaldas, gronckles con bozales de acero que les impedía abrir sus hocicos. Cada una de la bestia se veía más miserable que la anterior, mientras que los bandidos los intercambiaban entre ellos, sus pieles y huevos. Era casi probable que la carne que cortaba un carnicero perteneciera a una de esas pobres bestias.
Los dragones junto a los vikingos soltaron leves gemidos de horror, y uno que otro intentó levantar su cabeza, para luego ser detenidos por sus jinetes. Por suerte, el bullicio del campamento cubrió a la perfección cualquier sonido que ocurría sobre la colina.
–Tranquilo chico – susurró Hiccup a su dragón de ébano en lo que frotaba su nariz para tranquilizar sus leves gruñidos.
–Es horrible –soltó a su lado Fishlegs horrorizado.
–Es peor de lo que me imaginaba –dijo a su vez Honey.
–Sí, ese tipo está preparando un asado con fuego alto –comentó Tuffnut indignado elevando la voz –, solo va a conseguir quemar la carne.
–Es un monstruo –acompañó su hermana, pero pronto ambos fueron silenciados por su dragón cuando los presionó contra la nieve con sus cabezas.
–Chicos, calmémonos por un momento –dijo Hiccup percatándose del riesgo de ser descubiertos si continuaban elevando la voz –. Sé que todo esto es terrible, pero debemos ser objetivos.
–Hiccup tiene razón – agregó Stoick volviéndose a los miembros de la guardia –. No hay que olvidar porque vinimos, uno de ellos creyó que podía entrar a nuestra isla a robarnos e irse tranquilamente con uno de los nuestros.
–Hay que descubrir a cuantos nos enfrentamos –agregó Gobber a su lado mascullando sus palabras.
–Sus debilidades… –continuó Smolder entornando la mirada.
–El punto exacto para atacar –dijo Barbara en lo que acariciaba la cabeza de su gato.
–¿Dónde está Stormfly? –soltó de repente Astrid alzando la cabeza –. No la veo por ningún lado.
Pero antes de que alguien pudiera calmarla o hacerla bajar la cabeza, un bramido captó la atención de los hooligans ocultos en la colina. Era una voz que todos reconocieron de inmediato.
En el centro de la arena, donde muchos de los cazadores se habían reunido, había un podio improvisado con piezas de navíos olvidados, donde rápidamente distinguieron al ladrón Arngrim en el centro del mismo:
–Sean todos bienvenidos a otra gran subasta en el "Doomed ice sickle". Pronto empezaremos con las demostraciones de mercancía que han traído consigo los cazadores de dragones más forajidos del archipiélago barbárico y de tierras más lejanas.
Sus palabras fueron recibidas con gruñidos poco amistosos del resto de los forajidos.
–Pero recuerden –agregó el bandido –, no toda la riqueza viene en bienes materiales. Y antes de que piensen en degollarme, en esta ocasión traigo varios secretos que valen cada palabra oro.
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Hola a todos.
Sé que fue una espera larga para un capítulo tan sencillo, pero la verdad es que me tomé unos días de descanso por mi cumpleaños y otros porque no me sentía bien. Pero finalmente lo publique y tengo que informarles que estamos por llegar a clímax de esta aventura. Los veo en el siguiente capitulo.
Saludos
