Capítulo 21: Que comience la guerra.
Belisarius Cawl ingreso lentamente a la oficina del XIII Primarca, era una habitación grande, llena de tantas medidas de seguridad, que la propia noosfera se veía bloqueada en este lugar. Esta habitación era una creación del propio Primarca, y el propio archimagos no podía negar que estaba un poco celoso, su creación fue de hecho algo simple, pero muy elegante, y aún más efectivo.
Belisarius Cawl, agito su cabeza, alejando esas ideas, y concentrarse en el ser que se encontraba en la parte más profunda de esta habitación.
Roboute Guilliman estaba revisando los últimos reportes del archimagos Belisarius Cawl, obviamente estos reportes habían sido manipulados y redactados, para esconder las acciones más tachables del archimagos, aun así, el Primarca no pudo evitar notar que había una parte particularmente extraña en el reporte.
-Archimagos ¿Ordenaste el bombardeo orbital sobre un mundo tumba? Creí que habíamos quedado claros que nuestra prioridad era recuperar tanta tecnología como pudiésemos de estos mundos.
El archimagos asintió.
-Esa es sin duda nuestra mayor prioridad, pero hubo un motivo, que me obligo a replantear el curso que debía seguir. -Belisarius Cawl se calló por unos segundos, esperando a que el Primarca preguntase. -La puerta dolmen de ese mundo tumba fue activada de forma remota, no solo eso, tengo evidencia que indica que varios subsistemas estaban siendo reactivados poco antes de que nuestro bombardeo comenzase, si nuestro bombardeo hubiese tardado, puede que las antiguas armas Necronas se hubiesen activado.
Belisarius Cawl dudaba que semejante escenario pudiese darse, incluso si los subsistemas del mundo tumba estaban siendo reactivados por una entidad consiente, se necesitarían de varios años para que estos estuviesen correctamente en funcionamiento. Aun así, la idea de que alguien estuviese tratando de revivir a los malditos Necrones en esta línea de tiempo era muy preocupante.
Por alguna razón que ni el archimagos, o el Primarca podía imaginarse, los Necrones no habían podido despertar en esta línea de tiempo, lo cual era gran alivio. Pero si, al pareces, allá afuera había alguien que estaba tratando de despertarlos, lo mejor sería tratar con esta entidad con la mayor prioridad posible.
-Bien, comprendo tus acciones, sin importar el motivo, no podemos permitir que esas malditas calaveras robóticas despierten en esta línea de tiempo también. –Roboute Guilliman se paró, para darle a sus siguientes palabras un tono más urgente. -Belisarius Cawl, se te ordena impedir por cualquier medio que estas criaturas despiertes, y para eso se te autoriza el uso de armas "experimentales"
Pese a que el archimagos hace siglos que no tenía una boca, sintió la extraña necesidad de sonreír cuando su señor pronuncio esa última declaración. El Primarca había logrado "rescatar" una gran cantidad de planos tras su última visita a Santa Terra, planos que él había usado para recrear algunas de las creaciones de la viaja noche, creaciones que ahora podía poner a prueba.
-Por su voluntad. –El archimagos se disponía a retirarse, cuando una pregunta lo asalto. –Mik señor, antes de salir, me gustaría preguntarle sobre un tema en particular.
Guilliman asintió, dándole permiso al archimagos de hablar con confianza.
- ¿Cuándo va a tratar el tema de las casas de navegantes de Ultramar?
La pregunta hizo que el inmenso hijo del emperador sonriese de forma depredadora.
-Un tema a la vez archimagos, apenas acabe esta guerra, arrancare ese mal de mí amado reino.
Belisarius Cawl asintió, satisfecho, una vez el tema de los navegantes fuese tratado, el archimagos podría comenzar con una nueva línea de investigaciones.
Afuera de la oficina del Primarca, Belisarius Cawl, pudo ver una larga cola de personajes, que buscaban una audiencia con el señor de Ultramar, algunos seguramente traían los últimos informes sobre las defensas de los diversos mundos barrera, otros posiblemente tenían informes sobre los Tau o los Tiramidos, incluso puede que alguna de las personas aquí presentes, tenga los informes sobre los asesinos que los diversos templos del Officio Assassinorum enviaron delante de la cruzada. Pero nada de eso le importaba al archimagos, todos esos temas serian tratados con gran eficiencia por el Primarca. Lo que al él le importaba, lo único que realmente le importaba, era que el enviado con los reportes de su emisor PSI llegase de una vez. ¿Por qué ese maldito diablo se estaba tardando tanto?
-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-
La guerra estaba a punto de comenzar, Perturabo lo sabía, y se había estado preparando para ella toda su existencia. Él era un hijo del emperador, un avatar de la muerte y destrucción, recubierto de ceramita negra. Y aun así se sentía incómodo.
Algo estaba mal, algo estaba pasando, algo que no podía identificar estaba ocurriendo.
Al principio atribuyo este sentimiento a la lastima, Roboute Guilliman no había participado abiertamente en la traición, de hecho, tras una lectura simple de los archivos de la Herejía Dorniana, cualquiera se podía dar cuenta que la XIII legión había sido engañada, no por nada su hermano era conocido como; "El hijo traicionado" traicionado primero por Dorm, y luego por Fullgrim.
¿Por qué nunca se trató de llegar a un acuerdo? ¿Por qué el Imperio no trato de negociar? ¿Por qué sus hermanos habían estado tan desesperados como para condenar a Roboute a una eternidad atrapado en éxtasis?
No lo sabía, el señor del hierro simplemente no lo sabía, y llegados a este punto, ya no importaba. Los siglos que paso preso, entre la vida y la muerte, habían enloquecido a su hermano, sus últimas acciones y declaraciones, no dejaban duda a ese hecho. Roboute había enloquecido, y estaba dispuesto a arrasar con toda la galaxia, si se lo permitían.
Pero eso no era lo que le molestaba, no, había algo más, algo más oscuro se estaba moviendo justo por debajo de su línea de visión.
Roboute había tenido la oportunidad de destruir el Trono Dorado, ¿Por qué no lo hizo? ¿Qué se lo impidió? ¿Qué ganaba montando ese inmenso circo que hizo? ¿Por qué los Eldars de repente estaban tan empeñados en eliminarlo? Habían muchas preguntas, pero ninguna respuesta.
Y, aun así, eso no era lo que le molestaba. Había algo más.
El Mechanicus talvez. La tenue alianza que mantenía Terra y Marte parecía estarse deshilachando, tanto, que el propio fabricador general le había ofrecido una alianza a Roboute, una alianza que por suerte su hermano no había aceptado. ¿Por qué se negó? Otra pregunta a las muchas que ya tenía. Todas sin respuesta.
De momento, y por sugerencia de su hermano Magnus, Perturabo había optado por no tomar cartas en el asunto, pero eso no duraría mucho tiempo, tarde o temprano se tendrían que tomar acciones contra el fabricador general, y todos sus seguidores.
Bueno, al menos en ese punto Perturabo tenía la ventaja. El XIII le había dejado un video donde la traición del fabricador general se ponía en evidencia, si jugaba bien sus cartas, podría negarle al fabricador general el apoyo de la mayoría de mundos forja. Obviamente el Primarca no esperaba que el fabricador general dejase su puesto por la buenas, pero ya se estaban realizando movimientos en su contra.
¡No! eso tampoco era lo que le molestaba.
La guerra estaba tocando la puerta de Ultramar, una flota tan grande como nada que el Imperio hubiese visto tras la Herejía de Dorn se había formado, única y exclusivamente para arrasar Ultramar hasta sus cimientos.
Era imposible que su XIII hermano no lo supiese. Las tropas de Ultramar eran superadas en 10 000 a 1, y, aun así, su hermano parecía tener un plan.
Los espías que el Imperio envió a recolectar información de Ultramar, indicaban que se respiraba un aire de tranquilidad y calma en todo el reino de su hermano caído en desgracia. Era como si ya hubiesen ganado, y solo les restase extender la mano y reclamar su premio.
¿De dónde nacía esa confianza?
Roboute Guilliman, por muy Primarca que fuese, jamás fue de los más fuertes, de hecho, siempre fue considerado de los más débiles, apenas por encima de Lorgar.
Si, su legión era la más numerosa, y por mucho la más disciplinada y versátil en el campo de batalla, pero si su hermano de verdad esperaba ganar esta guerra, necesitaría más que solo marines espaciales, necesitaría una carta que le permitiese alterar todo el tablero.
¿Cuál podría ser esa carta?
¿Tecnología?
Si bien la tecnología con la que contaba Ultramar era superior a la del Imperio, no era tan avanzada, estaba apenas por encima del promedio general que los mundos centrales tenían, así que esta no sería un factor decisivo.
¿Números?
La población también era muy inferior en número, incluso si Guilliman le daba un rifle láser a cada niño o anciano de Ultramar, lo flota de invasión seguiría superándolo por un amplio margen de más o menos 500 a 1. Otro factor que no estaba a favor de su hermano.
¿Marines espaciales?
La XIII legión estaba dividida en cientos capítulos, y de alguna forma esto les había otorgado un amplio margen de maniobra e independencia, además de haberles permitido aumentar su número de forma exponencial. Si sus cálculos eran correctos, Roboute Guilliman contaba con al menos el doble de marines espaciales de los que él tenía para esta cruzada. Este podía ser un punto a su favor.
Su hermano siempre había sido muy bueno para movilizar sus tropas de la forma más eficiente posible. Razón por la cual él había enviado a su hermano Alpharius a crear un nuevo frente, uno junto en la retaguardia de Ultramar. Perturabo no confiaba en los Xenos que su hermano había llevado, pero no necesitaba hacerlo, con que su hermano y sus aliados Xenos lograsen atraer la atención de su hermano, le bastaba.
¿Había algo más?
No.
No sabía.
De momento Perturabo se negaba a creer que su hermano hubiese caído en la insidiosa tentación de los dioses del caos. Y por eso debía apresurar las cosas, debía eliminar a su hermano antes de que este en su locura, le jurase lealtad a alguno de los poderes oscuros.
Ultramar no era tan grande, poderoso, o numeroso, pero si el reino entero caía en la adoración al caos, una tragedia similar a la Herejía de Dorn podría repetirse. Eso era algo que debía evitarse a toda costa.
Bueno eso ya no importaba. Era hora de actuar.
Con el propósito de asegurarse de la total destrucción de Ultramar, las fuerzas de la cruzada fueron divididas en tres partes.
La primera. Seria comandad por el Lord Solar Macharius. Esta fuerza sería la primera en entrar en batalla, y sería la encargada de abrir el camino para las otras fuerzas.
La segunda. Seria comendada por Magnus el rojo. Esta fuerza tomaría el oeste galáxico, su función seria apoyar el esfuerzo bélico de Macharius, mientras se aseguraba que el alma de Roboute Guilliman no fuese consumida por los dioses oscuros.
Y la tercera. Él mismo seria quien la comandase. Su función seria proteger la retaguardia, asegurándose de mantener la cadena de suministros funcionando. Además de ser la columna que mantendría la presión en el frente.
Un inmenso tridente había sido lanzado contra Ultramar. Qué curioso.
-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-
La guerra había por fin llegado a Ultramar, con toda su gloria, y todo su horror.
Guilliman lo sabía, lo sabía muy bien, todos los ojos estaban puestos sobre su reino. Una fuerza compuesta por tres Primarcas atacaría su reino en menos de un mes. La galaxia no había visto un despliegue semejante de fuerzas en más de diez milenios.
Para cualquier mortal le sería imposible resistir semejante envestida, pero él no era cualquier mortal, él era Roboute Guilliman, un auténtico hijo del emperador, Primarca de la XIII legión de marines espaciales, y él no caería sin luchar.
Para su fortuna, y desgracia para sus oponentes, él tenía acceso a una variedad de secretos, que su padre había guardado en las profundidades de las celdas negras, bajo su palacio.
El primero, y seguramente el que le daría la victoria, era una PCE que contenía los planos para una armadura de infantería.
La armadura en si no era muy pesada o poderosa, pero al poder crearla en masa, él habia podido equiparla a más del 90% de su infantería con ella.
La armadura en si no era más que un conjunto de varias placas de ceramita, sobre un exoesqueleto de plastiacero, el cual usaba, pequeños servomotores para moverse.
La armadura ofrecía; resistencia a ambientes contaminados, un aumento de fuerza y velocidad, además de un aumento en la defensa contra disparos laser.
La armadura no ofrecía ninguna protección contra el vacío del espacio, poderes psíquicos, o el disparo de un bolter.
Para el ojo inexperto, semejante armadura no sería algo muy prometedor, pero eso solo se aplicaba cuando se la comparaba contra algo superior como la armadura estándar de cualquier astarte. Para la milicia, quienes prácticamente luchaban en guerras cubiertos con nada más que tela, esta armadura sería un punto decisivo.
Además, con el aumento de fuerza que ofrecía la armadura, los soldados de a pie, ahora podrían cargar con armas más grandes, y cantidades mayores de suministros, sin depender de grandes vehículos de transporte. Esto podía traducirse en: menores líneas de suministros, más tiempo de combate, y más autonomía a la hora de moverse. Mientras su comandante no fuese un incompetente, esta armadura sería una marcada ventaja a su favor.
Entre los planos que recupero, también había armas, algunas tan terribles y abominables, que él nunca usaría, pero también había algunas que podía implementar libremente. Entre esas, los modelos que habia podía implementar para su ejército regular eran;
Cortadora de plasma 211-V, el cual usaba munición de plasma súper caliente, pese a su corto alcance, y poca cadencia de fuego, seria especialmente efectivo contra armaduras de ceramita.
Rifle de impulso motorizado SWS, un rifle de asalto automático de gran alcance, seria especialmente útil contra las fuerzas del Astra Militarum, además, su gran peso y tamaño impedirían que sus enemigos pudiesen usarlo en su contra incluso si lo capturaban.
Y, por último, pero no menos importante, la joya de la corona en su milicia. El cañón lineal IM-822, originalmente una Herramienta de minería, había sido modificado para su uso en el campo de batalla. Este cañón podía cortar en dos el blindaje de un tanque de batalla.
Las milicias de Ultramar estaban armadas y listas, además los entrenamientos que habían realizado los pelotones, habían mostrado buenos resultados.
Por supuesto que allí no terminaban los secretos que había robado. Para aquellos que habían demostrado tener un talento innato especial para la batalla, el Nanotraje CryNet.
Un poderoso traje, hecho de fibras musculares artificiales, que le permitía a su usuario entrar en combate en cualquier posible ambiente, incluso en el vacío. No solo eso, también le daba a su usuario una fuerza, velocidad y resistencia solo superada con un astarte totalmente armado.
Guilliman no podía negar que le hubiese gustado usar algunos de estos súper trajes en sus hijos genéticos, pero las existencias eran limitadas, y no contaba con los recursos para realizar modificaciones mayores a ninguno de los trajes. Así que tuvo que conformarse con una unidad especial, conformada por solo trece miembros.
Todos sus miembros habían superado sus pruebas para demostrar su lealtad, y solo por si las moscas, Roboute habia autorizado que se les instalase una pequeña nanobomba en la base del cráneo, solo para estar seguros.
Cada uno de esos trajes era una reliquia de la era oscura de la tecnología y no se arriesgaría a perderlos. Además de que tenía una extraña sensación cuando recordaba que cada uno de esos trajes había estado encerrado en su propia celda particular, debajo del palacio de su padre. ¿Por qué? No sabía, no había registros.
Por supuesto que el Primarca no había dejado olvidados a sus propios hijos. Que todos y cada uno de sus hijos genéticos atravesasen el rubicon primaris antes de que la guerra comenzase, había sido su máxima preocupación, y para lograr esto, había tenido que recurrir nuevamente a los oscuros secretos que se escondían debajo del palacio imperial.
El Tanque de bacta había sido la solución a sus problemas. Roboute Guilliman jamas habia visto una solución tan rápida o elegante para solucionar el problema siempre presente de los múltiples daños que cualquiera podía sufrir en el campo de batalla. Quemaduras de tercer grado, podían curarse en días, ¡horas! En cualquiera de estos tanques, llenos con un líquido que solo se podía llamar milagroso.
Este era un invento genial, y uno que el Primarca estaba muy arrepentido de no poder compartir con el resto de la humanidad. El Tanque de bacta tenía altos riesgos de mutación, una grave falla que la humanidad solo descubrió cuando ya era muy tarde. Roboute Guilliman nunca se había percatado de lo feliz que era al ignorar que razones llevaron a la Quietud Olámica a desechar sus cuerpos biológicos.
De momento el tanque de bacta seria puesto en cuarentena, y cada uso estaría bajo una estricta observación, porque si cualquiera de sus hijos mostraba algún signo de mutación, el mismo se encargaría de destruir esta tecnología.
El siguiente problema era la armadura que sus hijos genéticos portarían, en esta línea de tiempo, sus hijos habían usado tecnología xeno para potenciar sus armaduras, y serbia, de alguna forma. Pero Roboute, no estaba para cargar con otro problema, así que opto por la solución que ya tenía, por lo que reutilizo el modelo Mark X que ya había usado en su línea de tiempo. Aunque más adelante tendría que examinar que partes de las viejas armaduras de sus hijos podían usarse, y que partes era mejor desechar.
Al final, el mayor y más incómodo problema que Ultramar tenía, era su pequeña cantidad de naves con capacidad disforme. Hasta cierto punto Roboute comprendía que su capacidad de crear naves estaba directamente relacionada con la cantidad de navegantes que pudiesen tener. Pero la situación era ridícula.
Las casas de navegantes que se habían quedado en Ultramar, se habían fusionado en una sola, y usando su influencia habían amasado una fortuna incalculable, mundos enteros los consideraban dioses.
Debido a su qué hijos genéticos no tenían ninguna forma de moverse por la disformidad sin la guía de los navegantes, se habían visto obligados a ceder en cuanta petición ridícula esta única casa de navegantes realizase, pero esa realidad estaba a punto de cambiar. Roboute en persona se encargaría de arrancar esta mala hierba que había estado creciendo sin control en su reino. Cuando la guerra terminase, estos paracitos serien los siguientes en conocer su ira.
Las tropas estaban listas, las armas preparadas, ahora solo quedaba el plan de batalla.
Si sus espías habían hecho bien su trabajo, la cruzada estaba dividida en tres fuerzas semiautónomas. Una que protegería la retaguardia, Perturabo seguramente estaría a cargo de esta. Una encargada de proteger los flancos, además de ser el centro desde donde se mandarían todas las señales y comunicaciones, Magnus debía estar a cargo de esta. Y la última que serviría como punta de lanza Alpharius no serbia para esta posición, así que seguramente sería Macharius quien estaría a cargo de esta posición.
Bien, más o menos sabía que movimientos usarían sus enemigos, conocía muy bien a sus hermanos y que tácticas les gustaba usar, además de que había leído toda la información que pudo obtener de Macharius en su línea de tiempo, por lo que tenía una idea general de que podía esperar de él. El problema, nuevamente era Alpharius ¿Dónde estaba? ¿Qué planeaba? Era indispensable que él lograse encontrar a esa serpiente, y le cortase la cabeza de una vez por todas, o puede que su veneno lo condenase de nuevo.
Aun así, el problema más inmediato seguía siendo el aplastante número de tropas terrestre y naves que invadirían su reino. En un combate directo Ultramar seria aplastado definitivamente, por lo cual el Primarca tendría que jugar con las debilidades de sus hermanos, para poder nivelar el campo de batalla.
Entre todo lo malo de esta situación, lo bueno era que sus oponentes no eran los más carismáticos o los más queridos de los hijos del Emperador, una vez lograse desmoralizar lo suficiente a las tropas del Imperio, la invasión terminaría.
Una guerra de guerrillas no serviría contra Magnus, sus poderes psíquicos le permitirían estar siempre un paso delante de sus oponentes, pero como lo había demostrado la historia su hermano y su legión dependían demasiado de sus dones, sin ellos, estarían condenados.
En el pasado Lemman usaría a las hermanas del silencio para debilitar los poderes de los Mil Hijos, y así poder vencerlos, pero él no podría hacer eso, así que tuvo que usar un método menos directo.
Cuanto Roboute Guilliman le entrego a su hermano a sus hijos corrompidos, Magnus seguramente no comprendía las intenciones de su hermano, debilitarlo al crear una distracción en su psique, un punto muerto, una duda que seguramente mantendría a Magnus el rojo, a la mitad de sus poderes en la guerra que estaba por venir. Bueno, esto no era algo seguro, su hermano podía estar distraído, como podía no estarlo. Y la verdad era que no importaba, habían otros métodos para tratar con los psíquicos, uno en particular era algo que Roboute había estado queriendo probar desde hace años. Los pilares de piedra negra creados por el archimagos Belisarius Cawl, serian su carta oculta contra Magnus y su Mil Hijos.
Luego estaba su hermano Perturabo, el siempre directo y metódico Señor del Hierro. Ninguna fortaleza podría esperar aguantar contra el Primarca de la IV Legión. Por lo que no usaría ninguna, en su lugar planeaba usar una táctica que a sus hermanos Alpharius y Corax se les daba muy bien, golpear y huir.
Roboute Guilliman planeaba usar a su elite vestida con los Nanotraje CryNet, para sabotear las naves, los suministros, las armas, y todo lo que pudiesen de la flota de Perturabo. Atacarían desde las sombras, y regresarían a ellas tan rápido que nadie sabría dónde están. Con algo de suerte esto retrasaría lo suficiente a su hermano como para aislar a Macharius.
La tercera flota, la que Macharius comandaba era un problema, si bien, él había estudiado las tácticas y toda la información que pudo encontrar, él se encontraba en una línea de tiempo diferente, por lo que todo lo que creía saber, bien podía ser mentira.
Aun así, Macharius era, y por mucho, el punto más crítico de la cruzada, si él lograba sacarlo de la ecuación, la flota de invasión perdería casi todo su empuje. Seria problemático, pero tenía una idea general de cómo podía hacerlo de forma rápida y sencilla.
El problema seguía siendo Alpharius, ninguno de los Custodes que se habían quedado en el palacio a especiar, había podía encontrar alguna información sobre el paradero del XX Primarca. Así que él tendría abierto un flanco hasta que lograsen encontrar a su hermano.
Tal vez debería considerar la posibilidad de que su hermano Konrad apareciese junto a su legión cuando menos se lo esperase, pero ya había desplegado medidas que deberían mantenerlo distraído, además según los últimos informes que él había recibido, ubicaban a Konrad en el Segmentum Pasificus cazando a los señores de Terra que habían traicionado a su padre.
No podía, simplemente no podía pensar en una contingencia adecuada para todas y cada una de las posibles eventualidades, no tenía los recursos o los números necesarios para hacerlo. En especial con los dioses del caos mirando fijamente a Ultramar.
Nurgle el Dios de la podredumbre, seguramente comenzaría pronto su invasión en el sistema Verminox, había enviado a todos los hijos de la XX legión que se hacían pasar por sus hijos a ese sistema y los sistemas vecinos, con la intención de ganar tiempo sacrificándolos.
Khorne el Dios de la sangre, seguramente no intervendría, no había nada que le pudiese interesar en este reino, aunque seguramente influenciaría de alguna forma. Tenía que estar atento a cualquier explosión de salvajismo entre sus tropas o las del enemigo.
Slaanesh el Dios del Exceso, parecía estar empeñada a unirlo a su causa, por lo que pronto tendría que jugar alguna carta para asegurarse de que se mantenga alejada de Ultramar.
Tzeentch el Dios del cambio. Este sería un problema, seguramente sus planes ya estaban afectando a todo Ultramar, además, la presencia de Magnus, seguramente llamara su atención. ¿Podría usar a su hermano para limitar el área de influencia de este molesto dios? Tratar no costaba nada.
-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-
Alpharius estaba jodido, y no se molestaba en ocultarlo, de alguna forma se había metido en medio de una invasión de Nurgle al plano real, y una migración de Tiramidos.
Ya sospechaba que todos sus hijos fuesen enviados a un solo punto en la retaguardia de Ultramar era demasiado, demasiado conveniente.
Varios mundos cerca de Verminox habían sido devorados por una plaga, plaga que dio paso a una invasión demoniaca, de momento habían logrado controlar dicha invasión, pero la situación era muy mala, sin apoyo, todo este sector caería en cuestión de meses. Pero obviamente no era como si pudiese pedirle apoyo a los Ultramarines, por fortuna los Eldars y su mundo astronave parecían estar atrapados, así que se habían visto obligados a ayudar. Al menos hasta que encontrasen una manera de sacar a su mundo astronave de este Segmentum.
Luego estaban los Tiramidos, su número aún seguía siendo pequeño, pero cada psíquico que había interrogado le juraba, que una inmensa masa con infinidad de bocas, garras, y ojos se estaban acercando. Aparentemente todos los fragmentos de la destruida flota Enjambre Leviathan habían acordado reunirse en este mundo o sus alrededores.
Lo más preocupante de eso, era que, si los exploradores Eldar estaban diciendo la verdad, esta situación estaba a punto de empeorar. Aparentemente todas y cada una de esas pequeñas flotas que alguna vez formaron la flota Enjambre Leviathan, parecían estar ignorando todos los mundos a su paso con tal de llegar mar rápido a este pequeño rincón de la galaxia.
¿Por qué? Nadie sabia
¿Para qué? Era algo que esperaba no tener que averiguarlo.
Con una invasión del caos a sus espaldas, y una flota entera de Tiramidos apunto de envestirlo por el frente. Alpharius realmente comenzaba a sentirse acorralado. Lo más triste es que técnicamente había terminado ayudando a Ultramar.
-Maldito traidor, maldito traidor. –Alpharius comenzó a maldecir a su hermano como si esto fuese un mantra.
Alpharius estaba atrapado, se sentía atrapado, el caos a sus espaldas, y los Tiramidos de frente, para cuando llegase la flota invasora de Perdurabo, seguramente este rincón de la galaxia, ya no sería más que un recuerdo. Y su único consuelo era que, si llegaba a morir, se llevaría a todo un mundo astronave con él.
Esto era una locura. Pero no podía dejar que sus hijos viesen su desesperación. Él era un Primarca, y si existía alguna forma de sobrevivir a lo que estaba por venir, él debía encontrarla.
Reviso nuevamente los datos que tenía frente a él, y un dato llamo su atención. Algunos de sus hijos habían puesto nuevamente en funcionamiento parte de la industria del planeta.
No era una mala idea, ser capases de reemplazar las balas gastadas sería muy útil, en especial porque estaba claro que sus refuerzos, puede que nunca llegasen.
Lentamente observo los movimientos de sus hijos. Era curioso, estos hijos suyos habían pasado tanto tiempo en Ultramar que habían terminado aprendido sus patrones de comportamiento.
Refugios fueron preparados, a cada ciudadano en edad de luchar le fue entregado un rifle laser, kilómetros y kilómetros de trincheras fueron cavadas afuera de las ciudades colmena, y varios millones de bunkers fueron preparados en toda la superficie del planeta.
No fue un gran movimiento, ya que la mitad de dicho trabajo había sido hecho cuando se esperaba usar estos mundos como un yunque desde el cual acosar la retaguarda de Ultramar, pero la eficiencia con la que sus hijos hicieron todas esas tareas fue impresionante.
Talvez la doctrina de los hijos de Roboute, era más que solo un libro con muchas páginas y discursos bonitos.
Alpharius movió su mano, y de uno de los cajones del escritorio saco un libro. Este era una copia del Codex de Ultramar, cuando Alpharius decapito al Lord del planeta, en esta misma oficina, el pobre diablo había estado abrazando este mismo libro como si su vida dependiese de ello. En su momento no le tomo importancia, limpio la alfombra, organizo los archivos, y se preparó para cumplir con su tarea lo mejor que pudiese, pero ahora que repasaba los hechos de ese día. ¿Por qué no había destruido el libro?
Alpharius odiaba a su hermano, lo odiaba más allá de las palabras o la razón, Guilliman había matado la mitad de su alma, así que apenas pudo, no le peso enviarlo un infierno hecho a la medida. Pero su hermano escapo, y aquí estaba él, tratando de arreglar su error, atrapado entre dos fuerzas que colisionarían, con pocas posibilidades de sobrevivir, y, aun así, todo en lo que podía pensar, era en que había algo en este libro que le llamaba la atención.
Alpharius rodo los ojos, antes de extender su mano, y abrir el libro en la primera página.
"Un Marine Espacial no espera a que el enemigo ataque, sino que obliga a su enemigo a que deba reaccionar a sus movimientos"
-Una declaración prepotente. –Juzgo Alpharius. -Fue esa prepotencia lo que me permitió capturarte.
Alpharius movió su mano, y paso varias hojas.
"En la guerra, siempre debes tratar de conquistar y ocupar una posición elevada. Desde ahí pueden verse claramente los movimientos del enemigo y a este le es más difícil llegar hasta ti y mucho más, luchar contra ti. La órbita exterior es la posición más elevada que existe."
-Verdad, verdad. Pero también te pone en una posición donde todo saben dónde estás.
Alpharius movió nuevamente su mano, y varias páginas pasaron.
"Las murallas, las trincheras y las torres no son ningún obstáculo; la falta de imaginación y la falta de voluntad sí."
-Vale en esta ocasión si te doy la razón, si tus hijos no fuesen tan tremendamente tercos, Ultramar ya habría caído.
"No esperes que el enemigo caiga derribado tras el primer golpe, hay que estar preparado para seguir golpeando hasta que lo haga."
-Un libro con muchas páginas, y un montón de frases bonitas.
Alpharius se rio, por mucho que no le gustase, la lectura le había levantado el ánimo. No solo eso, en su mente ya comenzaba a formarse un plan de acción.
Sería un error esperar a que ambas fuerzas convergiesen en su ubicación, pero si lograba incapacitar a una, aunque solo sea por poco tiempo, podría concentrar sus fuerzas en una única amenaza.
¿Cuál sería más fácil de incapacitar? La respuesta a esa pregunta era sin duda el caos.
Para que los mundos fuesen consumidos por el inmaterium se debían cumplir una serie de requisitos, requisitos que serían imposibles de cumplir, si alguien, Él, quemaba la atmosfera de los planetas infectados por la presencia de Nurgle.
No sería fácil, y seguramente tendría que sacrificar una cantidad considerable de fuerzas para lograrlo, pero era preferible a tener que enfrentarse a dos enemigos al mismo tiempo.
-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-
Tzeentch movía alegremente sus fichas por Ultramar, hacia siglos que había dejado de importarle esta remota zona de la galaxia, así que no tenía muchas fichas, pero con el despertar del XIII hijo del emperador, este lugar se volvería rápidamente su patio de juegos.
Un libro que susurraba medias verdades, y mentiras, fue encontrado por "casualidad" por un psíquico latente, que había logrado esconderse de la atenta mirada de los bibliotecarios.
Una daga que consumía la energía vital de su víctima para alimentar a su maestro, se usó para eliminar a un lord planetario.
Un espejo que mostraba el futuro, fue descubierto en una nave mercante.
Una piedra que rueda colina arriba, un túnel sin final, un refrigerador con partes humanas, una marioneta que pide que la mates. Información que enloquece
Los incidentes siempre comienzan igual, pero eran sus ramificaciones lo que llamaba la atención del dios del cambio.
Aun así, los marcados no resultaron ser tan interesantes como el dios lo hubiese deseado.
Los humanos dentro de Ultramar también intentaron contenerlos, pero en lugar de contenerlos en una habitación de hormigón armado donde nadie podría salir herido, los habitantes de Ultramar comenzaron a catalogarlos, ¡Estaban documentando las anomalías! Como si en lugar de alejarse de él, quisieran recordarlo, entenderlo.
Líneas y líneas de texto fueron escritas, archivos sobre archivos, todos llenos de conocimiento.
Donde otros incontables se habían rendido, donde seres infinitamente más sabios y poderoso que ellos, habían sido consumidos por la locura. Los humanos de Ultramar estaban dándolo todo en un intento de comprender lo incomprensible.
Con sus cuerpos frágiles, y mentes simples, se enfrentaron a lo imposible, bestias que podían despedazarlos de un movimiento, lugares que respiraban y tenían pulso, criaturas capases de tragarse la luz misma fueron documentados, a todos se les asigno un caso, y un número de registro, todo con el mismo número de letra.
Cada vez que estos humanos se encontraron con los regalos de Tzeentch, no apartaban la mirada, les devolvían la mirada, antes de tararear una nota de reconocimiento, y seguir adelante.
Cuando lo imposible invadió su mundo, lo enterraron bajo el ruido de los carros, y el tintineo de sus trabajos.
Cuando lo extraño irrumpió en sus vidas lo ataron con impuestos y alquileres.
Tzeentch vio como los horrores que había enviado a asechar a los mortales, eran atados con palabras y formatos.
Y por primera vez desde su nacimiento, Tzeentch sintió miedo, esta humanidad no estaba atada al dogma o la creencia, esta humanidad comprendía y abrazaba la verdad que el Anatema alguna vez trato de promover por la galaxia. Esta humanidad no creí en lo paranormal, ni aceptaba la magia como una explicación, esta humanidad estaba regida por verdades científicas, y su poder no podía cambiarlos.
Seguían siendo de carne y hueso, seguían siendo tan frágiles como cualquier otro humano de la galaxia, pero en sus mentes, él no podía entrar, no podía alimentarse de sus miedos.
Estos humanos eran su propia subespecie, una que era inmune a las influencias del caos. Sería peligroso dejarlo vivos, debían ser eliminados, no podía permitírseles vivir.
En una galaxia controlada por los dioses del caos, seres como estos no debían existir.
Levanto su mano listo para descargar toda su furia contra el mundo materia debajo de él, pero le fue imposible, una inmensa mano enguantada sujeto su brazo, y con gran fuerza lo rompió.
Khorne había llegado. No había llegado a proteger a los humanos, eso estaba claro, había llegado únicamente para hacer que las reglas del gran juego fuesen respetadas.
Tzeentch gruño maldiciones y amenazas, pero no se atrevió a desafiar al señor de los cráneos. No era el momento, no todavía.
Tzeentch se retiró, no tenía sentido jugar con peones que no se movían como él quería, que no sufrían con cada cambio de humor que él tuviese. Estas fichas, estos humanos, no eran de su agrado.
Cuando Tzeentch se había ido, y su presencia hubo desaparecido, Khorne se permitió una sonrisa, una pequeña y burlona mueca de aprobación, para quienes habían hecho perder la paciencia a su hermano.
-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-
Slaanesh estaba aburrida, tanto que estaba literalmente moviendo los pulgares de una de sus marionetas frente a sus ojos de lo aburrida que estaba. La guerra no era una actividad que a ella le interesase, tampoco era como si pudiese sacarle provecho, y la guerra que se aproximaba, apuntaba a ser incluso más aburrida que su actual juego con los pulgares de su marioneta.
Fue en ese momento que recibió un mensaje. El XIII la estaba llamando, al mismo aburrido lugar donde siempre se encontraban.
Por unos segundos se planteó no ir. La situación en la que se encontraba ya no era tan desesperada, ya no necesitaba al señor de Ultramar.
Aun así, estaba aburrida, muy aburrida, y lo que sea que el aburrido hijo del anatema le dijese, no podía ser más aburrido que romperles los pulgares a sus marionetas mortales.
Con gran desprecio se desprendió de una pequeña parte de su ser, y luego la lanzo atreves del infinito.
-Te ofrezco un trato.
Fueron las palabras con las que el XIII recibió a su invitada. Slaanesh ya no se sentía ofendida por ese trato seco, simplemente había aceptado que el XIII tenía una especie de palo metafórico metido en su culo físico, lo cual le impedía disfrutar de la vida.
-Te escucho.
-Si me das el ojo de Hoeth, causare tal desastre, desatare tal locura, que la propia disformidad quedara marcada por toda la eternidad.
Esa declaración llamo la atención de la diosa, más que nada porque había una chispa de locura en los ojos del XIII.
-Me estas pidiendo mucho. Hijo del Anatema. Y aunque estas mostrando más iniciativa de lo normal. No siento que este trato me convenga en lo más mínimo.
Slaanesh estaba un poco interesada en las palabras del hijo del Anatema, no mucho, pero lo suficiente como para escucharlo.
-El trato es simple, tú me entregas el ojo de Hoeth, y yo creo tal desastre que, pasaran siglos antes de que puedas aburrirte de nuevo.
Slaanesh levanto una ceja, en un gesto demasiado humano para su gusto, aun así, había algo que le estaba llamando la atención.
-Pides mucho, pero no veo que estés dando una garantía.
-Mi alma es mi garantía, si fallo, puedes quedártela.
-Así de simple, fallas y me quedo tu alma.
-Si.
-Que aburrido. No me interesa.
Slaanesh había perdido el interés, y se disponía a irse cuando al XIII volvió a llamar su atención.
-Sera algo genial, algo que no ha pasado en más de 10 000 años, y si me apoyas, incluso dejare que escojas quien de tus hermanos se llevara la peor parte.
Nuevamente la curiosidad pico a Slaanesh. Hoeth si la diosa recordaba bien, era un dios de la sabiduría y los viajes. ¿Por qué el XIII necesitaría de su poder? Trato de encontrar algún escenario donde algo parecido hubiese ocurrido, pero nada, la situación era totalmente nueva.
Todo lo que ocurriría o no ocurriría, dependía enteramente de la decisión que iba a tomar.
-Tzeentch. Estoy dispuesta a regalarte los ojos de Hoeth, al mismo Hoeth, si logras que Tzeentch sufra.
El XIII sonrió, mientras extendía una mano.
- ¿Entonces tenemos un trato?
-Si es un trato.
Slaanesh, la original, busco en su vientre al dios Eldar del conocimiento. Resulta que la herramienta que el XIII le estaba pidiendo era un inmenso ojo de cristal verde, que el dios siempre cargaba en su pecho. Incluso torturado hasta casi desaparecer, el dios se aferraba a ese artefacto con toda la voluntad que su débil alma podía reunir.
Deshacerse de esta cosa horrible sería fácil, ya no quedaba mucho de todas formas. Bueno, le iba a servir para conseguir un juguete más interesante.
Partió el alma del dios Eldar. Y luego fusiono sus pedazos en ese inmenso ojo de cristal del cual no había querido separarse.
-69 años XIII, si no cumples tu promesa en 69 años, devorare tu alma, ña de tus hijos, y la de todos y cada uno de los habitantes de este aburrido reino. ¿Entiendes XIII?
-Entiendo que tengo tiempo de sobra. No te preocupes, será algo divertido, y estoy seguro que lo disfrutaras.
-Meeeee. -Slaanesh solo movió su cabeza sin ganas. –Lo que sea para matar este aburrimiento que me consume.
Slaanesh arrojo el cristal verde a su nuevo dueño, y sin más palabras se fue.
Tenía sueño, mucho sueño.
