UNA TORTURA, ¿ETERNA?
Hades miró con satisfacción cómo la hija de Hércules le miraba con temor ante las palabras que acaba de decir. "Bien, he conseguido asustarla un poco más", pensó.
— Como ya acordamos ayer, vas a trabajar para moi, en lo que sea, cuando sea y como sea. No te podrás oponer a ello, ya lo sabes.
Una parte de Erianthe se estaba arrepintiendo de haber sido tan impulsiva y de haber aceptado el trato de Hades, sin realmente pensar las cosas y ver si había mejores alternativas, pero ya era tarde. Para su desgracia estaba ahí en el embarcadero del palacio del señor de los muertos, en el inframundo, sin saber que le deparaba ese dios, ni que "tortura" le esperaba.
— Lo recuerdo, así que, no te demores más y haz lo que tengas que hacer. Tortúrame todo lo que quieras… — soltó inesperadamente Erianthe a Hades, parecía que sus palabras le desafiaban, pero sin ir más lejos de la realidad, lo que parecía es que escondía el miedo que sentía la chica en ese momento. "Mejor que sea rápido", se dijo a sí misma Eri.
— ¡JA! ¿Qué quieres que te chamusque? Para ello es mejor que te lleve al tártaro. Sí, bien pensado, te dejaré encerrada allí para que sufras lo que no has sufrido en toda tu corta vida, ¿qué me dices? —La miró buscando en sus ojos el terror que sentían los mortales al oír la palabra tártaro, pero en vez de ello lo único que se encontró fue una mirada de resignación, como si aceptase que ese iba a ser su destino. "Esta chica tiene agallas, pero es muy ilusa". — sin embargo, ¿sabes qué? Que antes de que acabes en el tártaro, quiero que hagas otras cosas, para mí…— esta vez su mirada cambió a una desconcertante, estaba jugando con ella y eso al rey del inframundo le chiflaba - Chicos, ya sabéis que tenéis que hacer.
Erianthe no entendía que acababa de ocurrir. Había pasado de una tortura eterna en el tártaro a vete a saber qué. Miró a los diablillos, quienes hicieron aparecer de la nada dos tablas de madera y unos lápices en forma de hueso. "¿Qué narices es todo esto?"
— Como ya hemos dicho antes, bienvenida al inframundo. — dijo Pena.
— Te vamos a introducir a tu nueva vida aquí abajo y para ello, primero vas a pasar — añadió Pánico.
— ¡Por la orientación del inframundo! — exclamaron los dos a la vez. Eri los miró con cara de "estáis de broma". Pero no, los dos diablillos la miraban seriamente, por lo que, miró de reojo al dios que la miraba con una sonrisa burlona, "me ha tomado el pelo, qué imbécil", pensó Erianthe, quien se había quitado un leve peso de encima en saber que no iba a ir por ahora al tártaro, pero le inquietaba que tipo de trabajo habían pensado para ella…
— Bueno, señorita, para empezar tienes que rellenar el formulario de empleado del inframundo, pero como vamos cortos de tiempo te formularemos las preguntas mientras subimos a la sala del trono, así ya te asignaremos enseguida tu nuevo trabajo. — le informó Pánico.
— Está bien…, adelante —respondió la chica. Los diablillos empezaron a subir por las escaleras, así que Eri los empezó a seguir. Detrás y muy de cerca los seguía Hades, curioso a lo que iba a contestar la hija de Meg.
— Bien, empecemos. — siguió el diablillo verde— ¿cómo te llamas?
— Erianthe.
— ¿Cuántos años tienes? — esta vez fue el diablillo lila fue quien habló.
— Tengo 15 años.
— ¿Cuándo es tu cumpleaños?
— El 20 de marzo.
— ¡Oh! Piscis, tu personalidad encaja por lo que vimos ayer, sí…, y encima cambio de estación. — Pánico iba apuntando. Erianthe arqueó una ceja, "¿estaba hablando del horóscopo?"
— ¿Los nombres de tus padres? — La chica los miró con mala cara, pues ya sabían de sobra quienes eran sus padres, pero bueno, iba a seguirles la corriente.
— Hércules y Megara. — sintió una punzada en su pecho al pronunciar el nombre de sus padres, los echa de menos y pensó en su madre, en cómo habría reaccionado a la nota de la cocina.
— ¿Dónde naciste? — Pena cortó el tren de los pensamientos de Eri, "¿más preguntas?"
— En Tebas.
— ¿Pero ya no vives allí?
— No, ahora vivo cerca de la aldea de Thivaiki, lo que le llaman ahora el distrito agrícola de Tebas.
— ¿Distritos?
— Sí, el nuevo rey decidió que la región se divida en distritos, siendo Tebas la capital.
— ¿Y cómo es que vivís en ese distrito? Tu padre ganó mucho dinero como para vivir allí, ¿no?
— Hace 5 años el rey expropió a muchas familias de sus casas, saqueando todas las riquezas, pero a nosotros, además, nos acusaron de traición, por lo que, quemaron nuestra casa cuando aún estábamos todos dentro…
Ante esa afirmación, los diablillos pararon y miraron a la chica, horrorizados. "¿Qué? O, sea, ¿hace 5 años toda la familia de su sobrino estuvo a punto de morir?", en parte Hades se alegraba de que no hubiesen muerto, así él mismo se aseguraría de que esa familia tuviese un destino peor, pero al ver la cara de la mocosa, algo en él se le removió y no eran sus tripas.
— ¿Traición?
— No quiero hablar de ello ahora, chicos…, ¿pasamos a la siguiente pregunta?
Los dos subordinados de Hades miraron a su señor, buscaban el permiso de su señor para ver si insistían o si podían saltarse esa parte. El dios asintió, ya indagarían más adelante lo que de verdad ocurrió 5 años con la familia de su sobrino.
— Está bien — dijo Pánico — ¿sabes cuánto mides o cuánto pesas?
La chica se ruborizó. Sabía perfectamente que su peso actual distaba bastante de ser uno saludable:
— N-no, no lo sé, hace mucho que no me han hecho un chequeo. Aparte de lo de hoy, hace años que no he ido al médico, ¡pero me encuentro muy bien! - los tres observaron a la chica, por muy hermosa que fuese, se veía a una legua que no comía lo que debía. Erianthe se percató que la estaban escudriñando:
— ¿Qué? Es verdad, me encuentro bien. Es cierto que debería comer más, pero ya habéis visto que las cosas arriba no es que estén "bien", por lo que, como me puedo permitir. — les contestó molesta. De repente el silencio se rompió por el sonido del estómago de Eri, está, se puso más roja que antes - es que, no he desayunado nada… — dijo con un hilo de voz de la vergüenza que estaba pasando.
— Mmh…, bueno, podemos hacerte hoy mismo un chequeo. Así comprobamos lo bien que estás de salud y también te enseñaremos donde está la cantina. — dijo Pena — Vamos a ver, sigamos, ¿nivel de estudios?
— Solo he asistido al colegio hasta los 8 años, luego he tenido educación en casa por parte de mi madre.— contestó más calmada la chica.
— ¿Hasta los 8 años? No te has graduado de lo básico, señorita.
— ¡No tengo la culpa! Cuando 2 años después de empezar la guerra cerraron los colegios. Acusaron a los profesores de meternos ideas "que no beneficiaban al estado", por lo que, las cerraron y a aquellos profesores que se opusieron los ejecutaron.
Otra vez volvía a salir otro de los decretos del Rey de Tebas, a Hades ya no le apetecía tanto conocerlo, le parecía un bárbaro sin escrúpulos, como él, pero al menos no era un bárbaro. No se le ocurriría dejar sin educación a los mortales.
Durante todo el trayecto, Hades observó a su ya subordinada. Tenía tanta curiosidad por saber más de ella que se quedó escuchando durante toda la dichosa entrevista, nunca lo había hecho, odiaba la burocracia, pero, ¡eh! Llevaba un negocio y lo debía tener todo en regla, por eso, ese tipo de trabajos recaían en sus subordinados.
No sabía por qué, pero había algo que le atraía de esa mocosa, pero que a la vez le daba mucha rabia. Por sus respuestas, sabía que no había tenido una vida fácil, lo había visto mientras respondía a las preguntas y lo había presenciado cuando la espió el día anterior y, aun así, sonreía, es más, radiaba una luz que nunca había visto, una luz que parecía provenir de un espíritu que nunca se rinde.
Ya habían llegado a las puertas de la sala del trono, a lo que Hades dijo:
— Chicos, creo que ya tenéis lo necesario para el informe, formalizad el pase de empleada y luego, os la lleváis para el chequeo médico. Voy a acabar de hablar con ella.
— ¡Oh! ¿Va a darle su toque personal, jefe? Eso va muy bien para los recién llegados. — le dijo Pánico.
— ¡A por ella jefe! — añadió Pena y se fueron, a dondequiera que fuesen a hacerle el carnet a Erianthe.
Hades estaba molesto, se pellizcó la nariz. "Ese par podían ser peor que estar sentado al lado de Trivia en un banquete". Se volteó para ver a la chica, quien miraba la puerta de la sala del trono embelesada. La puerta era inmensa, hecha enteramente de mármol negro y en ella, habían esculpido innumerables siluetas que recordaban a esqueletos. Era macabro, pero para Erianthe, le pareció una maravilla. Tocó la puerta esperando el tacto pulido del mármol y efectivamente, era perfecto. Lástima que tuviera una buena capa de polvo y no estaba completa, justo al lado había un agujero enorme…
— Ejem — Erianthe salió de su trance. De pie a su lado estaba Hades que la miraba con una ceja arqueada. "Es la primera vez que veo que a alguien le fascina esta puerta". — siento interrumpir tu curiosidad por la puerta, pero tenemos un negocio pendiente que cerrar y soy un dios muy ocupado, así que no tengo todo el día.— le hizo una señal —Sígueme. Cuidado con los escombros del agujero, pero cierto héroe entró muy cabreado a lomos de Cerbero y destrozo parte de la entrada de la sala del trono. — le dijo con cierta ironía el señor de los muertos.
—¿Mi padre? ¿Hizo esto? — Erianthe estaba sorprendida, su padre, para salvar a su madre, bajó hasta aquí, hace 17 años — ¡Oh, cierto! Nos dijo, que entró a la sala del trono subido a Cerbero, pero no mencionó ni que el perro del inframundo fuese gigante, ni que hubiese dejado tal boquete al entrar — miró el agujero con otros ojos e imaginó esa escena en su cabeza y por un momento pensó, "ojalá estuviese aquí para que viniera a por mí".
— Sí, tu querido padre hizo eso y lo que nos va a costar reparar todo eso y dejarlo como entonces, me va a salir muy caro, por no decir que tengo que buscar más gente para la reconstrucción. — ya dentro de la sala, la chica se quedó asombrada por lo grande que era. En medio de la sala había una mesa, o lo que quedaba de ella con lo que parecía el mapa de Grecia, y al fondo estaba el trono de Hades. Se fijó que no solo la sala estaba llena de polvo y escombros, sino que también estaba parcialmente carbonizada, como si le hubiesen prendido fuego a todo, ¿habría sido el mismo dios de los muertos?
Al llegar al trono, Hades se sentó y miró a la chica, saboreando el hecho de que volvía a estar en su trono. Observó que Eri miraba toda la estancia con aire curioso y con un brillo en sus ojos, como nunca había visto en alguien que haya visitado el inframundo, ya que nadie llegaba a apreciar el reino de los muertos.
— Bien, acabemos de hablar de negocios y sobre "tu cometido en el inframundo". — eso último lo saltó con mucha malicia. A Eri le entró un escalofrío, tenía un mal presentimiento, porque no si no iba a al tártaro, de momento, ¿qué narices le esperaba? ¿Tortura? ¿Prostitución? Ese último pensamiento le hizo temer más al dios, "y sí, ¿quería abusar de ella?", pensó. Su madre nunca le contó que Hades le pusiera un dedo encima, pero "y sí, ¿solamente adornó un poco sus historias y omitió otras?". No sabía qué pensar, pero Hades se debió percatar de su miedo, porque su creciente sonrisa maliciosa, pero estaba atada al trato que había hecho con él. Estaba irremediablemente a atada a él. — No sé, que te estarás imaginando; aun así, me gusta la cara que estás poniendo ahora…
— Eres un sádico — le espetó Erianthe.
— ¿Yo? No hace falta que me adules de esa manera, muchacha. — Hades se rio del comentario de Eri, "esta mortal me va a entretener un montón". — En fin, vamos al grano. Hoy acabarás la integración, Pena y Pánico te enseñarán un poco el lugar, te harán el chequeo, y blablablá. Ya me entiendes, hoy va a ser un día lleno de papeleo, así que mañana en cuanto salga el sol empezarás a trabajar.
— Y, ¿cómo sé que ha salido el sol? - arqueó una ceja la chica, "aquí abajo no hay sol…"
— Por ese detalle no te preocupes, ya verás cómo te levantas a temprano. — El dios se levantó del trono y se dirigió hacia lo que quedaba del mapa de Grecia. Pasó el dedo por la superficie y como en la puerta, había una buena capa de suciedad. — El inframundo ya no es lo que era y menos cuando tu padre decidió bajar y sacar el alma de tu madre del vórtice de las almas. ¡Mira cómo está este lugar! Y es por culpa de tu familia… — volteó a ver a la chica. Lo miraba con ojos muy abiertos, como si cayese en la cuenta que la deplorable situación del reino de los muertos era básicamente por la consecuencia de los actos de su padre y de su madre. — Es por ello, que tendrás que pagar sus actos. Además, de que tu santo padre incumplió parte del trato que hicimos, ya que "si tu madre salía, él se tenía que quedar", y al final ninguno de los dos se quedó en el inframundo. Y nadie le engaña al dios de los muertos, ¿lo entiendes, nena? - la voz de Hades se volvió amenazante.
Erianthe asintió, y entendió a la perfección, porque ese dios era el más temido de todos. Estaba muy asustada, quería llorar, incluso estaba segura de que en ese momento estaría temblando del miedo.
Hades estaba pletórico, sus "amenazas" estaban surgiendo el efecto deseado con la mortal. Se la veía desesperada, a punto de desmoronarse. "La tengo en la palma de mi mano, a ver cómo se toma lo que le voy a decir ahora", pensó el rey del inframundo con una sonrisa.
— De momento no irás al tártaro, ni tampoco me llevaré tu alma a la laguna Estigia, pero vas a enmendar lo que hizo tu padre. Así que, a partir de mañana empezarás a ordenar y limpiar todo el inframundo, luego veremos donde te reubico.
Durante unos minutos se hizo el silencio en la sala del trono.
— ¿Qué? — exclamó Erianthe — ¿solo me toca limpiar? ¿Esa es mi tortura?
— ¿Cómo que qué? ¿Sabes lo grande que es el inframundo? ¿Cuánto crees que vas a tardar en limpiarlo todo? - el dios se estaba calentando cada vez más.
— ¿Una semana? - dijo dubitativa la chica.
— ¡JAJAJAJAJAJA, no me hagas reír mocosa! ¿Una semana? Eres muy graciosa. Este lugar se tardó más de un siglo en construirlo. — las llamas del dios volvieron a su color habitual azulado.
— ¿Más de un siglo? Entonces, ¿me voy a pasar toda la vida limpiando el inframundo?
— Tú verás, ¿o prefieres ir al tártaro?
— ¡No, no, no! Prefiero limpiar, así arreglaré lo que hizo mi padre, lo prometo - dijo decidida Erianthe.
— ¡Perfecto! Deja este lugar reluciente, o te irás derechito a una celda del tártaro - Hades se iba a asegurar que la vida de la mocosa en el inframundo fuese una tortura, incluso si solamente era dejarlo como una patena. — Ahora sí, bienvenida al equipo Hades, Erianthe… — y el dios sonrió satisfecho, pues la hija de Hércules iba a estar toda la eternidad encerrada en el inframundo.
¡Tachan! Ya tenemos el capítulo de la semana, espero que os guste.
Hades ya ha revelado sus cartas y ya le ha asignado "la tortura eterna" a Erianthe. ¿Le dará uniforme? ¿La humillará? O, ¿se llevarán bien? Quién sabe…, lo veremos en el siguiente capítulo.
¡Gracias por los comentarios, me animan a seguir escribiendo y saber que os parece la historia! Así que no dudéis en dejar vuestros reviews.
