Sus ojos humedecidos no le permitían ver con claridad la imagen frente a él. Los tonos fríos predominaban, fundiéndose el cielo con los edificios, mientras desconocía el motivo de las lágrimas. Su cuerpo se tranquilizó y su vista se despejó lentamente.

Se dio cuenta de que estaba en una gran altura que le permitía ver el cielo con total claridad. Su cuerpo se sentía extremadamente débil y magullado, con las muñecas doloridas al estar atrapadas detrás de su espalda.

Los colores azules vivos y la superficie donde se encontraba, de colores claros, le hicieron comprender que ya no estaba en el bosque. En busca de respuestas, curioseó a su derecha y vio a un hombre sentado en el suelo, mirándolo fijamente. El hombre le parecía familiar, al menos el rostro que tenía barbilla dividida en tres partes y cabello azul.

—Franky... ¿Qué te pasó, hermano? —Pensó, analizando al cyborg de aspecto más humano, vestido con ropa a su medida, luciendo unos enormes brazos que parecían sacados de un gorila y su característica tanga.

—¡Dwahahahaha! ¡¿Morir hoy?! ¡Perfecto! ¡Tienes razón! —Burló una voz chillona y molesta. —¿Y cómo no? Eres una carga, no hay nadie en el mundo que te aguante.

—¡Dwahahaha! —Continuó mofándose de él un hombre de traje, con mascara de hierro que cubría parte de su rostro, cabello morado y nariz roja e hinchada.

Tras él, seis personas vestidas de negro con la frente en alto observaban con superioridad hacia adelante. —¿Quiénes son ellos? —Se preguntó.

La vista de Aoyama se dirigió hacia donde los susodichos miraban, y sus ojos se expandieron al ver a quienes tenían frente a ellos: en lo alto de una torre con una gran puerta, observaban detenidamente a los Sombrero de Paja que lucían apariencias distintas a las cuales estaba acostumbrado.

Nami lucía el cabello corto, Chopper tenía una forma más humana, un enmascarado que podría deducirse era Usopp por su gran nariz, Zoro estaba menos musculoso y tenía ambos ojos, Sanji mostraba el ojo contrario al descubierto, con barba corta y su característica ceja rizada al final.

Sombreros de paja... Se ven más jovenes... —Su vista continuó hacia abajo al ver que parecía un infinito y vio una gran caída de agua hacia la nada. —¡Eeeeeeeeeeeeeeeeh! ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo se sostiene esta isla? Por eso es el puente...

—¡MIREN LA BANDERA PIRATAS! —Spandam apuntó al cielo a la bandera ondeante

—Ese símbolo representa nuestra alianza, un pacto de ciento setenta naciones a lo largo de la gran ruta marítima. ¡ESTE ES EL MUNDO! ¿SABEN LO QUE SIGNIFICA? ¡SON INSIGNIFICANTES PARA ENFRENTARNOS!

—Asi de grande es la organización que va tras esta mujer ¿Ya lo entendieron? —Dijo apuntando a su derecha, hacia Aoyama.

El silencio reinó siendo solo el sonido de la bandera ondeante la que demostrara su gallardía.

Aoyama vio cómo era señalado por el occiso. —¿Esta mujer? —pensó, volviendo la mirada hacia su pecho semi-descubierto que mostraba parte de esos grandes y morenos senos, seguidos por un vestido negro entallado.

—¡Soy... Robin-sensei! ¡No! ¡Mi mente está en su cuerpo! —Gritó internamente, moviendo sus manos en su espalda al darse cuenta de que podía controlar el cuerpo. Luego dejó que su boca formara su característica "V", rompiendo los característicos ademanes de la morena.

—Ahora entiendo quién es el enemigo de Robin. —Dijo Luffy para sí mismo.

—Sogeking...

—¿Huh?

—Quema la bandera.

—De acuerdo

—¡Es hora, admiren el poder de mi nueva arma, la resortera gigante Kabuto!

Sogeking estiró las ligas de su enorme tirachinas, y tras apuntar, dejó ir la munición.

—¡Estrella del ave de fuego! —gritó, observando cómo una llamarada salía disparada hacia lo alto de la torre.

En un tiro perfecto, golpeó justo en el centro de la bandera, quemando el símbolo que representaba la alianza del mundo, y una ráfaga de fuego se expandió por el cielo, iluminando las caras de sorpresa de todos los marinos y dejando a Aoyama sin palabras.

—¡Esto es una declaración de guerra en los cuarteles de la marina! No puede ser... ¡Estoy viviendo el momento que les dio fama mundial y el mayor acto criminal en su historial! —Pensó alarmado, tratando de liberar sus muñecas. —¿Qué fue lo que hizo Robin? ¿Qué debo hacer? ¿Cómo debo proceder?

Sogeking reposó su arma y admiró su obra, mientras los marinos y agentes del gobierno permanecían atónitos y espantados, exclamando por la proeza del pirata y la audaz decisión del capitán.

—¡Idiotas! ¿Saben lo que significa? ¡ES SU FIN! —Es escuchó de entre la multitud

—Los piratas le declararon la guerra al gobierno mundial...

—¿Estan dementes? ¿Creen poder sobrevivir si se enfrentan al mundo entero?

—¡Y ESO A MI QUE! —Gritó con fuerza el capitán, callando a todos los murmuradores, y ocasionando que Spandam cayera en sus posaderas por la impresión, acompañando su caída por un grito, al no creer la audacia de esos idiotas.

Lágrimas brotaron de los ojos de Aoyama mientras comprendía perfectamente lo que estaba sucediendo, sintiéndose identificado con la situación. Recordó cómo tuvo que traicionar a sus amigos por el bienestar de su familia que se había sacrificado por él. Aunque los casos eran diferentes, el sentimiento era similar: cargaba con el peso de mantener una lucha en silencio y a veces solo deseaba desaparecer para que sus padres ya no fueran amenazados por All for One y para no seguir proporcionando información que perjudicara a sus compañeros. Simplemente quería morir para no dañar a nadie más, pero sabía que, al hacerlo, sus padres también sufrirían las consecuencias de sus actos.

Y ahora se encontraba en el cuerpo de una mujer perseguida por el mundo entero, una carga constante para quienes la rodeaban. Aoyama podía sentir el peso de esa persecución, el temor y la culpa que la acompañaban. Pero, al observar a la tripulación de los Sombrero de Paja, notó algo sorprendente: entendían su problema y no dudaron siquiera un segundo en respaldarla... Aunque ello significara asumir su mismo peso, aceptaban el desafío sin vacilar.

—¡Robin! —Llamó el capitán, captando la atención del joven, que volteó a verle entre lágrimas, con su boca inestable, ondeando sin parar, tratando de mantener su pesar.

—¡Escucha! ¡No me iré hasta que lo digas!

—¡DI QUE QUIERES VIVIR!

Por un momento, el joven traidor sintió una gran presión en el pecho. Hace unos instantes pensaba en su muerte para dejar de ser una carga, pero las palabras del capitán reflejaban sus verdaderos deseos. No quería esa carga; deseaba no haber hecho ese trato. Quería ser libre y vivir su vida con sus amigos y familia, sin temor a ser la razón de sus muertes. No deseaba formar parte de esa oscuridad porque, a pesar de estudiar para ser un héroe, solo se sentía como un villano.

Las palabras de Luffy resonaron profundamente en su corazón, como si fueran dirigidas directamente a él, despejándole de la oscuridad e iluminándolo con esperanza. Se dio cuenta de que lo que realmente quería era redimirse y luchar por su propia libertad y la de sus seres queridos. Anhelaba ser un verdadero héroe, no solo para los demás, sino también para sí mismo, dejando atrás el sentimiento de traición y abrazando la posibilidad de un nuevo comienzo.

Aoyama inmediatamente rompió en llanto.

—¡QUIERO VIVIR! —Gritó con una voz rasposa que nunca habia escuchado de esa enigmática mujer. —¡QUIERO SER LIBRE COMO USTEDES! ¡QUIERO DEJAR DE TENER MIEDO! —Finalmente confesó lo que por meses le abrumaba, impidiéndole ser genuinamente feliz.

Luffy sonrió ampliamente, y al momento de su respuesta los piratas reaccionaron de distintas maneras preparándose para el contraataque.

—¡BAAAAAW SON UNOS TONTOS, COMO LOS QUIERO! —Apenas podía expresar Franky por tantas lágrimas.

Luffy tronó sus nudillos y dio la orden. —VAMOS

El puente comenzó a descender de manera inesperada y los piratas se prepararon para abordarlo.

—¡ROBIN! —Luffy dijo descansando sus manos sobre sus rodillas, manteniendo una pose de calentamiento —¡VAMOS A SALVARTE!

Una bulla comenzó a resonar desde el interior del puente, indicando que se estaba llevando a cabo una pelea y que los aliados parecían estar perdiendo, como lo demostraba el puente a medio descender.

—¡Se detuvo! —Reaccionó Sanji

—No puede ser. ¡Déjenos en paz! —Luffy protestó cual berrinche. —¿Quién fue?

—¿Les estan ayudando? ¿Eran más en su tripulación? —Pensó al no reconocer las voces del resto de los nakamas que conocía.

—Bien... Gracias, buen trabajo. —Dijo Spandam bajando del borde. —Vamos a la puerta antes de que lleguen. ¡Nos vamos, Nico Robin! —Ordenó tomándole del hombro y jalándole con fuerza. —¡Que alguien se encargue de Cutty Flam!

—¿Cutty flam?

—¡ROBIN!

—Esos piratas son patéticos. —Spanam dijo con desdén. —CP9 los matará, son profesionales. Tengo a la única capaz de revivir el arma ancestral, Nico Robin... Y la persona que posee sus planos: Cutty Flam...

—Esta es una oportunidad única ¡No pienso desperdiciarla! —Amenazó terminando con una risa de satisfacción al saborear la victoria única, para despues voltear encontrándose con Franky, posando de pie y libre de ataduras.

—Cutty Flam...

—¿El nombre de Franky es Cutty Flam?

El cyborg, con expresión seria, mostró una serie de papeles antiguos en sus manos con el título "Plutón", atrayendo la atención del CP9, que volteó con interés hacia él.

—No, ¿Esos son... Los planos del arma Plutón? —Sus ojos temblaban de la impresión, mientras el peli azul rebelde, le respondía con una retadora sonrisa.

—Correcto. —Confirmó hojeándolos para que pudieran ser examinados por los sicarios que se mostraron turbulentos.

—Lucci, Kaku, ¿Qué piensan ustedes?

—No creí que fuera verdad, pero sospechaba los tuvieras escondidos. —Respondió el narizón

—¿Son reales? Me estas mintiendo. ¡Dámelos! ¡Dámelos ahora!

—Nico Robin. —Llamó Franky al joven, que volteó antes su mención.

—Aprendí que no puedes confiar en lo que dicen los demás. Mientras estábamos en este lugar, entendí que no eres un demonio que quiere apoderarse de esta arma... y además el legado de wáter 7 no son estos planos. Desde el principio jamás lo fueron.

—¡QUE ME LOS DES!

—La razón de que estos planos pasaran de generación en generación, se debe a que, si se diera el caso de que un idiota como tu tuviera el arma, nosotros podríamos defendernos. Ese es el deseo de quien creo los planos. Cierto, puedes despertar el arma usando a Nico Robin... Aunque tenga buenas intenciones, si se aprovechan de ella, es peligrosa. Pero Nico Robin tiene compañeros que darán la vida por ella... Asi que haré una apuesta.

—¿Que tramas Franky sensei?

—Ahora mismo, solo hay un modo en el que puedo cumplir los deseos del creador de estos planos.

—¡Deja de hablar y dámelos! ¡Quiero esos planos!

Franky alzó los planos y tomó aire, para luego expulsarlo en una llamarada, destruyendo el tan deseado tesoro.

Aoyama sonrió, ya que en un santiamén; Franky ahora también era un renegado ante el gobierno. Sentía satisfacción al ver el rostro espantado de Spandam, cuyos ojos se desorbitaron y los mocos caían cual cascadas de su nariz, dejándolo sin palabras mientras las cenizas de los planos caían, por lo que intentó atrapar los restos, quemándose las manos en el proceso.

—Cinco años a la basura... —Dijo una sensual mujer de negro parada junto con los sicarios que veían como se desintegraban los planos, ocultando su rabia ante el suceso.

—Es la segunda vez que el gobierno busca los planos. Pero esta será la última... Si es algo secreto y lo destruyo, permanecerá siendo secreto... Con esto, no tenemos nada contra el arma ancestral. Si Nico Robin acaba en sus manos, se terminó... Pero si sus compañeros la salvan, el gobierno abra perdido y su misión habrá sido en vano... Asi que... ¡APUESTO TODO POR ELLOS!

—¡¿Sabes lo que acabas de hacer?! No necesito tenerte en prisión para matarte. —Spandam pendiéndose de pie guiado por el colera.

—¡ANIKIII! —Se escuchó desde el puente a medio abrir —¡VINIMOS POR TI!

Varias voces llamaban al carpintero, y Aoyama vio varias cabezas asomarse por las ventanas.

—¿Son hermanos de Franky? ¿Su familia se metió en esto para rescatarlo? —Pensó con emoción, dejando salir unas lágrimas al ver de primera mano lo que era la lealtad. Esto le golpeó aún más duro, haciéndolo sentirse miserable en comparación.

—¡ANIKIIII!

—VINIMOS CON SOMBRERO DE PAJA

—ANIKIII VÁMONOS A CASA

—¿NO ESTAS HERIDO?

—Ustedes... Estan aquí... NO LES PEDÍ QUE VINIERAN A SALVARME. ¡PERO AQUÍ ESTAN! WAAAAAAAAAAAAAAH—soltó su llanto, ahogando sus ojos en lágrimas. —IDIOTAS, SE LOS JUTO NO ESTOY LLORANDO.

—Siempre tan macho... —Pensó Aoyama enternecido con una sonrisa al ver que el cyborg, a pesar de su apariencia... No había cambiado nada.

—¡BASTA! YA CALLENSE. —Gritó Luffy desconsideradamente

—¡AAAAAAAH! ¡C'EST MÉCHANT!

—¡Bajen el puente!

—¡A trabajar! —Ordenó Nami

—Me gusta cuando eres despiadada Nami Swaaa~an

—Oi, Mugiwarrra, Creo que te debemos una... ¡Cuentas conmigo y con mi gran fuerza incomparable! —Declaró Franky, seguro de sí mismo sintiendo en su espalda un empujón que lo llevó fuera de la torre de justicia, directo a la cascada.

—¿EH? ¡WOAAAH!

—¡FRANKY SA~!

Ambos gritos fueron interrumpidos por el silbato que se acercaba rápidamente.

—¡¿Un tren?! —Pensó viendo a su alrededor. —¿De dónde viene? No veo rieles.

Luffy volteó con Sogeking y sonrió ampliamente con su sonrisa traviesa. —¡Je!

—¡JE! ¿Qué quieres decir con JE? —quejó el enmascarado.

—Oh no... Conozco esa sonrisa de Luffy san... De seguro está planeando alguna estupidez. —Se lamentó atento el héroe... Y sus pensamientos dieron en el clavo, pues los brazos del capitán se estiraron a ambos lados, rodeando a sus nakamas y atrapando a aquellos en las orillas de la cintura.

Todos sin excepción se alarmaron al saber lo que estaba por suceder, pero antes de que pudieran escapar, el joven sombrero de paja, saltó hacia el frente en dirección al profundo vacio de la cascada.

—¡VAMOS!

—¡EEEEEEEEEEEEH! —Gritaron con lágrimas recorriendo sus ojos, que terminaron como lluvia dejando su camino en el aire.

—¡EEEEEEEEEEEEEH! —Aoyama no pudo evitar expresar al ver como los llevaba a una muerte segura. —¡¿DE DONDE SALIÓ ESE TREN?! ¡CET IDIOT FOU! —Gritó internamente, dando un paso hacia atrás por la impresión.

Pero apenas terminó sus palabras, un tren descarrilado usó el puente a medio levantar como rampa, saliendo volando hacia el edificio donde se encontraban. Poco a poco, cada uno de los piratas aterrizó de manera grácil o torpe, algunos golpeando el tren con la cara y otros chocando de cuerpo completo, mientras el frente del Umi Resha chocaba de frente contra Franky y el edificio... Logrando así todos llegar a su interior de la torre en una peligrosa maniobra, sumando caos a la escena.

—Si no los conociera, pensaría murieron por eso. —Susurró sorprendido por la invasión kamikaze.

—En... entraron. —Gimoteó Spandam

Aoyama redirigió su atención al grupo de sicarios, esperando ver cómo perdían la compostura como su líder. Sin embargo, lo que presenció le heló la sangre. El CP9, en lugar de mostrar miedo, parecían extasiados; Con grandes sonrisas, se volvieron hacia el interior de las instalaciones, preparados y ansiosos por enfrentarse a los piratas.

—¡ENTRARON! ¡CORRAN! —Ordenó tomando a Robin con fuerza del codo y jalándola sin tacto alguno hacia su dirección.

—Bien, ¡No se queden ahí parados CP9, vayan a trabajar! ¡Acaben con los piratas! ¡Que no salgan de la torre! Les doy permiso de matarlos. ¡Lucci, tu vienes conmigo, protege mi vida a cualquier costo!

Cobarde...estoy esposado... Estoy seguro que Robin sensei podría contigo sin problema... —Pensó mientras avanzaba débilmente a su paso, mientras no paraba de pensar en la situación en la que estaba atrapado.

—No entiendo lo que debo hacer... ¿Por qué estoy aquí? No creo que esté viendo su memoria a través de sus ojos... Estas esposas realmente me drenan la energía, mis muñecas lastiman y puedo sentir como su mano presiona mi codo... Es como si habitara su cuerpo en esa ocasión. Pero... ¿Con que objetivo? ¿Debo escapar?... Robin sensei es inteligente... Pero incluso ahora está atrapada, inmovilizada y custodiada por estos sujetos encargados de enfrentar a Luffy y les autres... ¿Qué debo hacer? —Presionó sus manos en impotencia tras su espalda mientras continuaba con su camino.

—¿Deberé darles tiempo para que me alcancen? ¿O llamarlos para que me encuentren?

—Debo olvidar este miedo de no ser aceptado... En estos momentos soy Robin sensei y vienen por mí, aunque eso signifique la muerte... Aunque les haya traicionado...—Quedó pensativo unos instantes. —¿Eso harían los chicos por mí... Sabiendo lo que he hecho? —Soltó lagrimas cerrando los ojos con fuerza y permitieron que se deslizaran libremente.

—Gajajajaj incluso tú sabes que no podrán salvarte. —Burló el hombre de mascara de hierro.

—Está muy equivocado, Monseiur... —Pronunció con el copete cubriéndole la mirada. —Se que podrán hacerlo. —Respondió con una firme sonrisa que hizo enojar a Spandam, que sin pensarlo dos veces la golpeó en la cara y tiró del cabello, para tenerla frente a su rostro.

—¡Mujer insolente! ¡Para tener toda tu vida escapando de nosotros, parece que aun subestimas lo que es capaz el gobierno!

—No... Tu estas subestimando al capitán. —Defendió, solo para volver a ser agredido.

Con el rabillo del ojo, vio cómo Lucci sonreía, volteando en dirección de donde se escuchaban los gritos de guerra de los piratas, quienes se recuperaban del golpe contra los muros. Sentía un aura emanando de él; agresiva y sedienta de sangre. Aoyama comprendió que no debía involucrarse con Lucci, pero decidió que podía molestar a Spandam para ganar tiempo mientras los demás llegaban.

—No eres nada sin el gobierno quien te proteja... No te atreves siquiera a llevarme sin guardaespaldas... Incluso estando debilitada. —Volteo retadoramente, más por dentro tenía miedo.

Estaba por golpearla, pero Lucci lo detuvo

—¡¿Qué haces Lucci?!

—No caigas en su juego... quiere hacerte perder tiempo, con lo debilitada que está quedará inconsciente con el golpe y tendrás que cargarla, lo cual nos hará perder más tiempo.

—¡La puedes cargar tú!

—Entonces tendría mis manos ocupadas y faltaría con mi servicio de protección.

—...

—Tienes razón... Astuta Nico Robin... Pero Lucci lo es más. Gajajaja —burló tirándola del cabello.

El camino por los pasillos parecía eterno al desconocer el destino y Aoyama trató de todo para distraer a su captor cuestionando su autoridad, dañando su ego y finalmente al no lograr nada, ofendiéndole en francés al acabarse todas sus ideas; más nunca intentó realmente huir, pues de lo único que estaba completamente seguro era: Que aquel miembro que lo resguardaba, le hacía helar la sangre... A pesar de que sus palabras eran contadas. Su persona emitía un aura asesina que solo había logrado presenciar en vida, una sola vez.

Los incesables y refinados insultos del joven fueron interrumpidos por un estruendo enorme que se escuchó hasta hacer vibrar las paredes, causando que los 3 se detuvieran.

—¿Qué fue eso? —Preguntó Aoyama

—Gajajaja, ¡Esos piratas deben estar pidiendo clemencia!

—¡ROOOOOOOOOOOOOOOBIIIN!

El grito del capitán resonó en los pasillos, ocasionando que una sádica sonrisa se dibujara en el rostro del guardaespaldas, que se quedó de pie, cuidando la huida de su líder.

Aoyama intentó soltarse del agarre de Spandam, pero su fuerza drenada por el kairoseki lo volvía una tarea imposible, por lo que Lucci, ni siquiera le prestó atención al par.

El forcejeo continuó durante el túnel subterráneo sin cesar incluso durante el trayecto por las escaleras al puente que conectaba a las puertas colosales hacia Marineford, el joven no daba tregua haciéndole la tarea al imbécil de cabello lila, algo bastante frustrante.

Las paredes perdían ladrillos, y retumbares sonaban por todos lados; demostrando que las batallas entre los agentes del gobierno y los piratas no cesaban, e incluso parecía que se acercaban cada vez más.

Con los contratiempos desfavoreciéndole y desesperado por la constante lucha de la mujer que no paraba de balbucear en otro idioma y diciendo en su lengua cualquier cosa, impidiéndole pensar con claridad, tomó en sus manos el Den Den Mushi dorado, presionando su botón para llamar a sus aliados.

—¡CP9! —Se escuchó un click metálico. —¡Oi! Respondan, actualización de la situación. ¡¿DÓNDE CARAJOS ESTÁN?!

Nuevamente Aoyama volteó de reojo para ver a su captor, más el deslumbrante artilugio en sus manos, llamó su atención.

—¡WOAAAAH! —Sus ojos se iluminaron inmediatamente convirtiéndose en brillantes estrellas, olvidándose por un segundo en la situación en la que estaba. —Ese esplendido y reluciente Mushi-mushi, casi es capaz de opacar mi brillo.

—Y ahora que te pasa Nico Rob... ¿Reluciente?

El hombre volteó a su mano, solo para ver como su dedo presionaba el pesado botón dorado. Y un segundo despúes se detuvo para guardar completo silencio.

—¡GYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! —Sus ojos salieron de sus orbitas, y su lengua comenzó a ondear cual bandera.

—¿Ah? ¿Qu'est-ce qui se passe?

Temiendo las represalias de sus actos, tomó un segundo Den Den Mushi para comentar el error e intentar cancelar la buster call ; todo siendo escuchado por Aoyama, que aun no tenía idea de lo que sucedía... Sin embargo, al expresar su queja ante el Den Den Mushi transmisor, se dió el lujo a detalle de escuchar lo que el despistado lider acababa de ocasionar.

Sus manos comenzaron a temblar incontrolablemente, un temblor que se propagó por sus brazos hasta su pecho, haciendo que su respiración se volviera entrecortada y superficial. Sentía un peso aplastante en el pecho, como si una garra invisible lo estuviera estrujando, dificultando cada inhalación. Un sudor frío perlaba su frente y su espalda, empapando su ropa y pegándola incómodamente a su piel.

Sus piernas se volvieron de gelatina, incapaces de sostener su peso, mientras el miedo se apoderaba de su cuerpo. Sus rodillas se doblaron ligeramente, amenazando con ceder en cualquier momento. Su corazón latía desbocado, martilleando contra sus costillas con una fuerza que le hacía temer que podría estallar en cualquier instante...

Una sensación pura de terror al escuchar la confesión de su captor: Había dado inicio al ataque de una Buster Call, el ataque capaz de destruir una isla completa con todos quienes la habitan.

Por más que Aoyama le suplicó de detenerlo; las palabras de Spandam terminaron por demostrarle la verdadera imagen de quienes encabezan el poder judicial.

—NO IMPORTA A CUANTOS IDIOTAS MATEMOS, O CUANTOS SOLDADOS DEBAMOS SACRIFICAR, SI TU SOLA PRESENCIA ES CAPAZ DE REVIVIR ESA ARMA CAPAZ DE ACABAR CON TODOS LOS PIRATAS... ENTONCES ESTOY DISPUESTO A LO QUE SEA PARA LOGRARLO...

—Y no lo olvides... El CP9 es una agencia secreta. Si tenemos que sacrificar cien vidas para salvar a otras mil, entonces estamos dispuestos a ensuciarnos las manos. La justicia necesita sus sacrificios... ¿Para que necesito soldados inútiles que no pueden detener a unos simples piratas? ¡Estamos mejor sin esos buenos para nada!

—Además, no puedo dejar de pensar en esa hermosa promoción que me darán en entregarte, arrogante niña demonio. —Dijo con satisfacción al fantasear con su vida tras ser premiado.

Aoyama no era capaz de creer lo que escuchaban sus oídos. Cientos de vidas de compañeros, amigos, desconocidos y subordinados serían sacrificadas por el deseo egoísta de una sola persona. Sintiendo asco por la manera de pensar, pero pronto un peso se sintió en sus hombros y se tragó sus palabras... ¿Qué diferencia había entre ese sujeto y lo que él hacía?

Por el deseo de encajar, condenó la seguridad de sus padres y la de sus compañeros y amigos. Él podía dar un alto cuando lo desease y dejar de ser un informante para cuidar de quienes siempre le apoyaron, pero les recompensó poniéndoles en peligro, logrando que Midoriya destrozara sus brazos, Tokoyami perdiera el control y fuera casi raptado, mientras Bakugo habia caido en manos de villanos que guio a la pérdida del Símbolo de la paz... Una reacción en cadena por un deseo que aparentemente simple, terminó siendo egoísta por todo aquello que se desencadenó tras cumplirlo.

Mordió en frustración su labio inferior hasta hacerlo sangrar, tenía meses viviendo con remordimiento, pero ahora no hacia mas que ver un espejo en esa persona tan detestable que tenía en frente.

Recordó por unos instantes como era un chico cual siempre había recibido el amor incondicional de sus padres desde pequeño, quienes dieron todo para que su hijo fuera integrado en una sociedad donde predominaban los quirks, consiguiéndole así, uno que lo protegería a la distancia para evitar que fuera herido.

Como era un joven delicado que desconocía lo que era ser violento... Sin embargo, en un acto de autodesprecio y frustración, golpeó con su frente contra los dientes de Spandam, alcanzando también su nariz hinchada, que, al estar cubierta por una máscara de metal, abrió una herida en la frente de la morena. Sin dudarlo, aprovechó la situación para escapar en búsqueda del capitán.

Con las esposas limitando su poder y su vista borrosa a causa de la sangre, no tardó mucho en tropezar en las escaleras; Pero, a pesar del dolor que recorría su cuerpo, siguió arrastrándose por ellas, tratando de ponerse de pie una y otra vez, logrando conseguir algo de tiempo, antes de que nuevamente el líder del CP9 lo tomara del cabello, arrastrando el cuerpo por las escaleras, mientras Aoyama trataba de evitarlo, anclando sus pies con cada escalón que pasaba.

El trayecto se sintió interminable, lleno de tirones, golpes e insultos, pero después de una incesante lucha, sus profundos ojos azules vislumbraron la luz. Al principio, la brillantez lo cegó por unos segundos, pero pronto pudo observar el estado en que se encontraba la torre donde había comenzado su terrible experiencia.

La imponente estructura estaba partida por la mitad, con su parte superior y lateral parcialmente destruidas. Los restos de la torre se extendían como un campo de ruinas, escombros dispersos por doquier. Aoyama se quedó inmóvil, tratando de entender la magnitud de la destrucción y los retos que esos sicarios representaban ante los piratas... De los cuales no se mostraba ningún indicio de su estado.

—¿Perdieron? ¿Debí hacer algo para cambiar las cosas? —Lamentó preocupado y arrepentido de su actuar.

—¡Maldición! No tenía que dejarme llevar... Tenía que escapar y detenerlos... Quizá enfrentarlos. No dejo de ser un cobarde. —Se culpó, tirándose al suelo y cayendo sobre sus rodillas, viendo con sus pupilas temblorosas los restos de la torre de justicia.

—¡Muévete, Nico Robin! —gruñó Spandam, tirando de su brazo y lanzándola al suelo. Pero Robin, con una fuerza nacida de la desesperación, mordió con fuerza la mano del agente, arrancándole un grito de dolor mientras le hacía sangrar y le levantaba parte de la piel.

Enfurecido, Spandam la pateó casi hasta el borde del puente, tomándola del cuello y comenzó a golpearla repetidamente.

—¡Una vez que pases por esas puertas, se acabó! —Mofó Spandam, mientras los pensamientos de Aoyama se volvían un torbellino de desesperación. —¿Qué hice mal? ¿Debía resistirme más? ¿Qué hiciste, Robin? ¿Cómo te liberaste de esto? Quiero ser libre... No hay nadie...

Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro, cada sollozo un testimonio de su angustia. Justo en ese momento, un disparo resonó, impactando en la cara de su captor. Spandam cayó hacia atrás, soltando a Robin, mientras con la vista borrosa, trataba de enfocarse en el salvador que había aparecido de la nada.

—¿Ah?

Se mostró confundido al no ver a nadie, por lo que solo escuchaba las voces de los marinos a su alrededor que estaban atónitos al igual que el joven héroe.

—¿Que fue eso? —Dijo uno de ellos, siendo interceptado por más disparos que acertaron con los marinos.

—¡¿Usopp?! No puedo a ver a nadie...

—¿De donde disparan? —Cuestionó un marino, siendo respondido por otro que apuntó a los restos del edificio.

—¡La torre de justicia!

Aoyama vio a lo lejos la torre partida en dos y se dio la libertad de llorar. Comprendió lo que estaba sucediendo y quien lo había rescatado de su captor. La batalla aun no terminaba, el corte de la torre mostraba el nivel donde se encontraba Zoro, y a lo alto de la torre, los marinos divisaron a un joven enmascarado quien logró conectar un tiro esplendido desde una gran distancia.

—Estos piratas... Hicieron todo esto por una persona. —Pensó mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. Se sentía apoyado y a la vez contrariado... Realmente deseaba que alguien hiciera lo mismo por él.

—¡DESPIERTA NICO RROBIN! —Llamó Franky, sacándolo de sus lamentos, mientras envestía marinos que iban por ella, al tener a Spandam inconsciente.

—¡Franky san! —Se alegró el joven al ver como el peli azul asistía en su rescate y le liberaba de sus esposas, con una llave disparada por Sogeking. Sin embargo, algo llamó su atención durante su trato con el pirata; La manera de referirse a su nakama, era usando su apellido, por lo que entendió con el trasfondo que vivió... Que el cyborg aun no era parte de la tripulación, y aun así se involucraba en la batalla para defender sus ideales.

—Puedo usar mi Quirk. —Dijo en voz baja observando sus manos para despues cruzar sus muñecas sin logra nada. —¿Como se usa? Concéntrate... Imagina que florecen flores.

Ante el peligro, Aoyama cerró sus ojos tratando de bloquear los sonidos a su alrededor. Se concentró en las auras de sus enemigos, imaginando que sus almas eran el nutriente que haría florecer las manos en sus cuerpos, para detener así a sus agresores... Cuando sintió la energía fluir, una fuerte explosión que golpeó contra el puente robando su atención.

—Ya comenzó... —Su voz temblorosa pronuncio al ver a lo lejos la flota de barcos. —Búster Call

—¡No puede ser! ¡Bombardearon la valla! —Spandam se recuperó solo para sorprenderse que incluso sus aliados les atacaban, y ahora habían entrado a la isla judicial.

—Los barcos estan entrando. —Señaló Franky a la flota que comenzó el ataque.

Ante el estruendo de los disparos, los ojos azules de Aoyama se enfocaron en una bala de cañón que volaba directo hacia la cima de la torre de justicia. En un instante, la bala impactó y terminó de destruir la estructura por completo.

—¡USOPP!

La torre, en su colapso, cayó sobre el puente a medio abrir, destruyendo su única ruta de escape. Aoyama sintió una oleada de desesperación al ver cómo se desmoronaba la única salida. Los escombros caían y el sonido del metal retorciéndose y la piedra rompiéndose llenaban el aire.

—Eso fue... fue todo... estamos perdidos —Golpeó en impotencia el suelo. —Usopp ha muerto. No hay señales de Luffy ni los chicos y nuestra salida ha sido destruida, solo queda ser eliminados por los buques. —Dijo dirigiéndose a Franky, más una llamada del Den Den Mushi de Franky logró calmarlo.

—¡Franky, Robin chan, estamos a salvo, iremos a su dirección!

—¡¿Qué hay de Usopp?!

—¿Usopp? ¿De que Usopp hablas? Oh, te refieres a mi amigo, ohohoho, el está bien... verás... El y yo nos cono...

—¡¿Saltaste de la torre?! —Cuestionó Franky interrumpiendo su historia.

—Ejem... Me lo ordenaron. —Quejó el narizón

—Ce'st bien. —Agradeció la pelinegra, posando delicadamente su mano en el pecho, dejando salir un respiro de alivio.

*KACHA*

—Entonces debemos hacer algo acerca de nuestra situación... ¿Puedo contar con tu apoyo? —Cuestionó el cyborg, a lo que vio a la pirata titubear.

—¡VAYAN! ATRAPENLOS ANTES DE QUE LOS BOMBARDEROS LLEGUEN

—¡Si señor!

Franky retiró la piel de su mano falsa, exponiendo el metal de su exoesqueleto. —¿Ves el buque al otro lado del puente? —Dijo señalando la nave. —¿No crees que esa será nuestra oportunidad de escapar?

—Robar a la marina... —Aoyama pronuncio en voz baja, indeciso de lo que debía hacer, para despues empuñar sus manos.

—¡Parece que no hay otra manera! —Se levantó nervioso con su boca en V, dudando de sus próximas acciones, deteniéndose en seco.

—¿Y si me gusta la vida de villano!... —Pensó con sus piernas temblando.

—¿Estas bien Nico Robin?

—Eh... si...

Enormes sombras de buques emergieron del humo del bombardeo, revelando finalmente los imponentes barcos acorazados con sus capitanes. Franky y Robin quedaron atónitos, conscientes como marines de que dispararían sin importar si se trataban de aliados.

—Ya es demasiado tarde...

Ennies Lobby se había vuelto una lluvia de bombas que destruían todo a su paso.

—¡CHICOS! ¡SOMBRERO DE PAJA!

—¡Franky! —Llamo la pelinegra —¡¿No esta tu familia en la isla?!

La pregunta dejó al cyborg helado al ver la terrorífica escena, mientras Robin cubría su boca al percatarse como el carpintero presenciaba la perdida de sus seres queridos.

Un acontecimiento fuera de lo común captó la atención de todos los presentes. Un puño colosal se abrió paso violentamente a través de la entrada que conectaba el inicio del puente con las puertas de Marineford.

—¡Luffy san!

En un intento de escape, la intensa batalla terminó por desarrollarse sobre la cubierta de un barco de la marina, a lo que sus aliados no mostraron vacilación al intentar hundir el buque con tal de eliminar a los Sombrero de Paja.

La falta de consideración hacia los compañeros de su propio grupo dejó a Aoyama consternado. —No les importan sus compañeros... No solo es ese maldito de la máscara... Todos aquí estan dispuestos a sacrificar las vidas de sus amigos. — Aoyama apretaba los dientes con fuerza, incapaz de creer la brutalidad con la que sus compañeros estaban dispuestos a sacrificar vidas con tal de alcanzar sus objetivos. La escena de destrucción y caos a su alrededor lo dejó atónito; nunca antes se había visto envuelto en un campo de batalla tan crudo y despiadado. Cuestionó su propio papel en este conflicto, preguntándose qué quería realmente y cuáles eran sus valores en medio de tanta violencia.

Nunca había imaginado que estaría involucrado en una guerra, y mucho menos que se vería obligado a formar parte de ella. Se sentía perdido, con su cuerpo incapaz de seguir el ritmo de la lucha mientras su mente trabajaba frenéticamente en busca de respuestas. ¿Qué estaba dispuesto a aceptar como correcto? ¿Qué significaba verdaderamente la justicia en un escenario tan despiadado?

—NICO ROBIN! REACCIONA, NO ES TIEMPO DE LAMENTARSE, NECESITO AYUDA. —Pidió quitándose a 12 marinos de encima, pero Aoyama no respondía.

Desde ese momento, todo se volvió aún más bizarro y caótico. Los Sombreros de Paja aparecieron en el barco, siendo llevados por una sirena que parecía desaliñada y con evidentes signos de estar bajo la influencia del alcohol. Junto a ellos, la acompañaban una niña y un conejo cuya sonrisa perturbadora contrastaba con su aparente inocencia.

Los Sombreros de Paja apenas terminaron de discutir con la sirena y recobrar el aliento, corrieron hacia sus brazos. Después de un breve momento de reunión, se dirigieron rápidamente hacia el puente para unirse a la batalla y ayudar a despejar el área mientras esperaban el fin del enfrentamiento de su capitán.

A pesar de no sentirse preparado, Aoyama simplemente no podía permitir al verlos gravemente heridos y exhaustos dejarles defenderle sin apoyarlos, por lo que decidió ayudarles, pero no eso solo hizo que se sumergiera en una situación desgarradora.

Por más que intentara evitarlo, su mente y su corazón no estaban preparados para causar daño físico. Cuando intentó detener a los enemigos con su torpe habilidad, solo logró impedir que tomaran sus armas, pero no pudo evitar ser capturado por ellos en el proceso.

Convertirse en una carga para sus compañeros era una realidad que le pesaba profundamente. Su incapacidad para contribuir activamente en la lucha dificultaba su propio rescate, mientras veía a los Sombreros de Paja, gravemente heridos y exhaustos, luchando valientemente a su lado. La impotencia de no poder defenderse ni defender a sus amigos lo llenaba de frustración y autoacusación.

Mientras observaba a sus camaradas enfrentarse a enemigos cada vez más feroces y sufrir heridas severas por protegerlo, Aoyama se sentía más inútil que nunca. A pesar de su deseo de ser útil y proteger a quienes le importaban, se veía incapaz de corresponderles de la misma manera. La sensación de ser un estorbo se intensificaba con cada segundo que pasaba, sumiéndolo en un profundo sentimiento de culpa y desesperación...

—No seas hipócrita, Yuga... Has causado más daño de manera indirecta que ahora. Esto no eres tú... Hazlo por ellos, así como ellos lo hacen por ti... Les debes eso. —El joven se armó de ánimo, imitando las técnicas de su mentora.

—Seven Fleur. — Manos surgieron de los torsos de los marinos mientras Yuga recordaba el momento en que Robin rompió la columna de Mineta.

Las manos inferiores sujetaron a las superiores y ambas tiraron al unísono, quebrándolas como si fueran ramas secas, doblándoles así las espaldas cual computadoras portátiles, dejándoles posiblemente inmóviles de por vida... Por lo cual no fue capaz de pronunciar el nombre del ataque al ver lo que habia ocasionado.

—¡ESO ROBIN!

Celebró Nami, a la par que la pelinegra caía de rodillas. —Está bien, solo es un recuerdo... ¿verdad? Esto ya pasó... o tal vez esta es mi vida ahora. —Murmuró, con las lágrimas empapando sus mangas mientras se aferraba al flequillo para ocultar su mirada

Prontamente, sintió cómo un peso invisible se posaba sobre su pecho, dificultando su respiración. Cada inhalación era agitada, como si no pudiera llenar sus pulmones lo suficiente. Su corazón latía desbocado y su ritmo acelerado resonaba en sus oídos como el tambor de una marcha frenética.

Sus manos temblaban incontrolablemente, los músculos de su cuerpo se contraían y una oleada de miedo lo invadió, dejándolo paralizado mientras sus pensamientos se volvían turbios y caóticos. Se sentía atrapado en una espiral de pensamientos aterradores, incapaz de encontrar claridad mental.

—No quiero... No quiero asesinar marinos... No quiero ser un villano... Quiero ser un héroe. —Dijo entre sollozos, sintiéndose abrumada por la carga emocional.

—¡Robin! ¿Estás bien? —Llamó Nami visiblemente agotada.

—¡Robin! No hay tiempo para lágrimas, debemos salir de aquí. —Intervino Zoro, con su habitual franqueza.

—¡Zoro! No seas tan inconsciente, idiota.

—¡Si idiota! —Reclamó Usopp

—Todos estamos exhaustos. Si te quedas lamentándote en lugar de actuar, nos afectará a todos. Recuerda lo que acordamos... Si alguna vez decides poner fin a tu vida, hazlo después de que todos estemos a salvo.

—¡Descorazonado!

Secó las lágrimas, pero se encontraba en una encrucijada desgarradora. ¿Debería corresponder al sacrificio de aquellos que habían arriesgado sus vidas por el o mantenerse fiel a su deseo de no causar más sufrimiento a los que se consideraban justicia? Sin embargo, al decidir apoyar a estos últimos, sabía que implicaba entregarse a ellos. Se quedó de rodillas, desorientado, con el sonido ambiental y las imágenes difuminándose a su alrededor como si estuviera en un estado de distorsión. Consideró que esto podría ser efecto del Quirk del que era víctima, pero también se dio cuenta de que la presión emocional estaba al borde de hacerlo desmayar.


Los señores Aoyama se encontraban terriblemente intimidados ante el poderoso e indescifrable ser que tenían frente a ellos; un hombre alto que se ocultaba en las sombras a quienes se referían por el nombre All For One. En contraste, su pequeño hijo actuaba de manera inusual; ya no mostraba el miedo típico ni la vitalidad que solía caracterizarlo. Parecía más bien intrigado, como si estuviera calculando lo que iba a suceder a continuación.

Robin, en el cuerpo del pequeño Aoyama, rápidamente comprendió la situación. Aunque desconocía las implicaciones del Quirk que la había transportado a la mente de aquellos que la rodeaban, decidió no percibirlo como una desventaja. Más bien, lo vio como una oportunidad invaluable para obtener información que de otro modo no tendría acceso en su situación actual.

—¿Estás dispuesto en volverte mi informante a cambio de una habilidad? —Preguntó el villano con un tono frio al rubio que solo sonrió con la mirada.

—Fufufu


SUNDANCER AQUÍ:

Solo espero que el capitulo del manga de esta semana, no me vaya a arruinar o cambiar el Lore del capi del proximo Lunes TToTT

Maldito Vegapunk, ya suelta el maldito mensaje completo.

Si llega a ser así, se pospondrá 'Mesías' una semana mas... Ya que este tiene info y evento importante.