Cbt1996: Hola linda. Sango es la persona que se pasa por los ovarios los miedos y el temor de no decir algo. Si ella ve que alguien esta mal con su comportamiento se los dice y si tiene que usar algun metodo brusco para haser entrar en razon a las personas simplemente lo hace, no importa quien sea jajaja.
Shima es un puto grano en el culo hasta para mi, es que no se cabrea de molestar. Urgente un maniático para ella y para las Teresas de paso jajaja.
Naraku quiere ayudar a las dos para qué todo esto se arregle, aunque el pobre esta ciego por que le sigue echando toda la culpa a Inuyasha, pero eso se vera mas adelante y a ver como hacemos para que el cambie de opinión jjjaja.
Sango tiene una personalidad que me encanta y dudo mucho poder hacer una sango como esta en otro fic, es que esta para mí, que soy la que lo esta escribiendo, se me va a hacer difícil escribir una personalidad cómo la que ella tiene aquí jajajaja
Miroku es una pieza muy importante aquí, al igual que Sango por ahora sólo puedo decir eso jijij .
Sesshomaru... El personaje que mas miedo medio de escribir. Quiero atrapar la esencia de Sesshomaru y eso es lo que me aterra de este fic jajajaj mi personaje del amo bonito es el que mas dolores de cabeza me da jajaja.
Saludos linda.
Kayla Lynnet: Hola linda. Pues ya queria que Sesshomaru apareciera, pero aun con algo de miedo por el desarrollo de su rol. Al amo bonito no le gusto nadita que su hermano tenga problemas con la abogada Higurashi mas por él que por Inuyasha, ya que corre es riego de perder a su socio internacional que tanto le costo unirse, por las de su hermano jajaja.
Sango en modo madre con la chancla y todo: A mi me respetas niña insolente jajajaja ok no
Kikyo tiene muchos sentimientos atravesados y pues podemos pensar que también algo de ego. Que su amiga haya logrado lo que ella no pudo a pesar de toda la intimidad que Inu y ella tuvieron. Por eso son muchos los motivos que puede estar aun enoja nuestra Kikyo.
El MirSan te va dar una sorpresa que ni te la esperas jajaja.
Saludos linda.
Karri taisho: Hola linda. Mori con el labio jajajaj
Woooo eso seria interesante de ver a Kag en un evento con los mejores empresarios y súmale que los sucios tengan hijos guapos wooooooo. Eso seria arder troya pero no me atrevo a llegar a tanta maldad, linda. Lo de Kag de no usar la vengansa en lo económico eso lo sabras en el próximo capítulo Linda
Mi Sango sufre en silencio, hasta yo le daria el primer lugar de la mejor amiga por todo lo que esta haciendo y por lo que tuvo que dejar aunque su corazón haya quedado destrozado en el proceso.
Si, ojala Kikis haya entrado en razon.
Claro que los amores de Sango y Kag es verdaderos y ellos lo sabran, linda, que no te quede duda de eso.
Naraku la tiene todas para ser el hombre ideal, no puedo decir lo contrario esta vez jajaja.
Koshó y Asuka una vez mas apoyando a sus amigas y a ver que nos espera despues con ellas.
Me alegra que el video haya servido para escribir la pelea y claro qué Sango no se va quedar con ese mal sabor de boca ni loca jaaja.
Saludos linda.
Eline higu taisho: Hola linda. En este capitulo muchas cosas van a quedar claras para muchos de ellos. Y en el proximo capítulo tambien, linda.
Hay que tener ojo con la enferma de Shima, esa mujer es capaz de todo y Miroku tarde o tembrano lo tiene que saber si o si.
Koshó y Asuka, ellas ya decidieron ayudar a Kag con Kikyo pero vamos a ver si pueden, Kikyo los salió bien terca y orgullosa la condenada jajaa.
Saludos linda.
Annie Pérez: Hola linda. Si, Miroku quiere escuchar a Sango, él no renuncia ni acepta que su relación haya tenido ese final. Saludos linda.
Guest: Hola linda. Gracias por leer, saludos linda.
Capítulo 25
La decisión de Rin
Un mes después de la pelea del gimnasio
Perspectiva de Rin
Estaba terminando de darle unos apuntes a mis niños cuando sunó el timbre de recreo. Les sonreí a mis pequeñitos para que salieran a jugar.
- Bien, eso es todo por ahora. ¡Vayan a jugar un rato, sí! Al patio, mis pequeños.
- ¡Gracias, maestra! - y empezaron a salir uno por uno.
Me quedé viendo a Shippo y a Sota. Se veían muy felices los dos mientras charlaban, y Sota se acercó a mí, detrás venía Shippo. Sota esperó a que todos los niños salieran para sonreírme y hablarme.
- Rin, ¿puedo hacerte una pregunta?
Sonrío con ternura. Sota siempre fue respetuoso, llamándome "maestra" cuando daba clases, pero cuando estamos solos, solo me decía "Rin". Aunque ahora estábamos acompañados del pequeño Shippo.
Miré a Sota para hablarle.
- Claro, Sota. Dime.
- Shippo no me cree que mi hermana y su hermano, Inuyasha, son novios. ¿Verdad que sí?
Me tensé con su pregunta.
- Niños, ¿por qué me preguntan eso?
- Porque tú viste a Inuyasha cuando yo me caí de las escaleras.
Solté un suspiro para luego sonreírles
- A ver, pequeñitos, lo que hagan sus hermanos mayores es algo que les concierne solo a ellos, ¿entendido?
- Pero...
- Pero nada, Sota. Es verdad que Kagome conoce al joven Taisho, pero a nadie le consta que tengan un noviazgo, mis pequeños querubines.
- Pero, maestra, yo vi a mi hermano Inuyasha bien atontado cuando está cerca de Kagome.
Solté una risita por lo que decían.
- A ver, pequeños, lo mejor es que ustedes mismos les pregunten a sus hermanos, ¿vale? Ahora vayan a jugar.
- Pero...
- ¡Vayan, pequeños traviesos! - les di un beso en la frente a cada uno, y ellos se fueron a jugar.
Caminé hacia mi asiento para sentarme y me quedé pensando.
- Pobres de mis niños. Ellos no se merecen que las malas decisiones de los adultos los afecten.
Solté un suspiro de cansancio. Recordé que faltaba poco para mi cumpleaños, pero no iban a estar todos.
- Si va Kagome, no irá Kikyo, y si va Kikyo, lo más seguro es que Kagome, para no molestar a su hermana, no irá. Pero yo los quiero a todos ahí. Es mi cumpleaños y mi tía me hará mi torta favorita, y quiero comer torta en mi cumpleaños con ellos. - susurré con tristeza.
Me quedé viendo hacia la nada hasta que un clic hizo en mi mente. Me levanté con decisión.
- Ni el joven Inuyasha, ni Kagome, ni Kikyo harán que mis niños se peleen por su culpa. Puedo soportar todo, pero menos que dañen a mis niños... Y también quiero comer torta.
Así que, con eso en mente, tomé un lápiz y un papel, anoté cuatro nombres y caminé hacia la salida. Me encontré con una maestra amiga mía y la saludé.
- Hola, Ayumi.
- Hola, Rin.
- Amiga, ¿te puedo pedir un favor?
- Claro.
- ¿Puedes hacerte cargo de mis alumnos? Sé que hoy es tu tarde libre, pero te lo recompensaré con un día entero. ¿Qué dices, por favor?
- Está bien, no hay problema. Debe ser algo muy importante porque tú nunca dejas a tus niños por pequeñeces, ¿verdad?
Sonreí, feliz por su comprensión. Ayumi me conocía muy bien.
- Así es, Ayumi, gracias. Nos vemos después.
- Claro, ve con cuidado.
Nos despedimos, y me fui a mi auto. Dentro, encendí el motor y me dirigí a mi destino. Tomé mi lista donde anoté los nombres, y el primero en mi lista era el joven Inuyasha Taisho. Fui a su empresa, por suerte Sango me dijo dónde quedaba.
Cuando al fin llegué, estacioné mi auto y me quedé en la puerta. No sabía si me recibirían, pero tenía que intentarlo. Con la frente en alto y caminando con determinación, me acerqué al guardia.
- Hola, buenas tardes, señor.
- Hola, señorita. ¿En qué le puedo ayudar?
- Busco al joven Inuyasha Taisho.
- ¿Tiene cita con él?
- No, pero él me conoce. Soy la maestra de su hermanito pequeño.
- Sí, claro, cómo no...
- Pero si es verdad, puede llamarlo y preguntarle.
- Señorita, si no tiene cita con él, le pido que se retire. Tengo órdenes del señor Taisho de no dejar pasar a ninguna mujer que lo esté buscando, así que mejor retírese, ¿de acuerdo?
- Pero yo...
- ¿Qué pasa aquí?
Escuché una voz muy seria detrás de mí y me di la vuelta para verlo. Tuve que levantar la cabeza para mirarlo a la cara, ya que era mucho más alto que yo, y me quedé sin palabras. Por Kami, era el hombre más hermoso que había visto en mi vida.
- Señor Taisho, esta señorita quiere ver al señor Inuyasha Taisho. - escuché al guardia detrás de mí, y el joven que tenía enfrente me miró de arriba a abajo, muy serio.
Me puse nerviosa por su mirada.
- ¿Es usted alguna de sus amiguitas o amante de mi hermano?
Lo miré con la boca abierta, muy indignada.
- ¿Cómo dice?
- Le pregunté si es alguna amiguita o amante de mi hermano. - repitió.
Indignada, le respondí:
- Señor, ha sido muy grosero conmigo. Yo no soy ni lo uno ni lo otro, y me parece muy feo que hable así de una mujer. Por lo que veo, su educación está muy por debajo del apellido que presume con tanto orgullo. Es de humanos equivocarse, pero también es de humanos retractarse. Así que espero una disculpa por haberme tratado de esta manera. - le expresé con seriedad.
Él solo se cruzó de brazos sin quitarme la mirada de encima.
- ¿Quién es usted? - me preguntó.
Con la cabeza bien alta, le respondí:
- Soy la maestra Rin Kimo.
- ¿Maestra?
- Sí, la maestra del pequeño Shippo.
- ¿Le pasó algo al niño?
- No, gracias a Dios, no. Pero necesito hablar con su hermano, señor.
- ¿Sobre qué?
Solté un suspiro de derrota antes de responder.
- Vengo a hablar de mi amiga Kagome Higurashi.
Vi sorpresa en su rostro, y luego miró al guardia.
- Yo me encargo de ella.
Sin decir más, me tomó del brazo con delicadeza y me llevó hacia el ascensor.
- ¿A dónde vamos, señor?
- Quieres hablar con mi hermano, pero antes hablarás conmigo. ¿Por qué quieres hablar de tu amiga con él?
Me preguntó mientras nos deteníamos.
- Señor...
- Sesshomaru. Llámame Sesshomaru.
- Bien, señor Sesshomaru, verá... ¿Usted sabe lo que pasó?
- Sí, lo sé todo. La venganza de la señorita Kikyo y la abogada Higurashi. Estoy enterado de todo, así que le pido que si vino a hacer esto más difícil, le diré...
- No, señor, se equivoca. Le suplico que me escuche, todo tiene una razón, por favor. Le ruego que me escuche, las cosas no son como ustedes piensan. Hay muchas cosas que ustedes no saben, escúcheme, por favor... - le supliqué.
Lo vi pensarlo, pero al final me dijo que sí.
- Está bien, le daré la oportunidad de aclarar esto. Vamos, entremos al ascensor.
Pero yo me quedé allí con los brazos cruzados detrás de él.
- ¿Qué pasa? - me preguntó.
- Señor Sesshomaru Taisho, usted me debe una disculpa por haberme faltado el respeto de esa manera.
Lo vi resoplar y susurrar un "Lo siento, señorita".
- Gracias, lo perdono. - le dije con una sonrisa, y entré al ascensor.
Cuando llegamos arriba, salimos del ascensor y caminamos por un pasillo. Nos acercamos a un secretario.
- ¿Alex, mi hermano está?
- Sí, señor, está en su oficina con el señor Mushin.
- Perfecto.
Caminamos hacia la puerta, y él la abrió sin tocar.
Perspectiva de Inuyasha
Vi la puerta abrirse, y era el idiota de mi hermano.
- Oye, Sesshomaru, ¿no sabes que se toca antes de...?
Pero me callé cuando vi a la persona que lo acompañaba.
- Rin. - susurré.
- Hola, joven Inuyasha. - dijo ella con una sonrisa amable.
- Inuyasha, la señorita Rin viene a hablar contigo sobre la señorita Higurashi, así que la vas a escuchar, ¿de acuerdo? - dijo mi hermano, con esa frialdad caracterí el .
- Yo no tengo por qué escuchar a las amigas de esa... - empecé a decir, irritado.
- Inuyasha. - me interrumpió mi hermano, serio. - ¿Qué fue lo que hablamos el otro día? Te vas a sentar y vas a escuchar lo que la señorita tiene que decir, ¿de acuerdo?
Me senté de mala gana, esperando que Rin hablara.
- Bien, diga lo que tenga que decir. - le espeté, ya harto de todo esto.
- Inuyasha... - volvió a hablar Sesshomaru, en tono amenazante.
Yo solo hice un gesto para que Rin empezara a hablar.
- Gracias. - dijo ella, dirigiéndose a mi hermano. Él le indicó la silla para que se sentara.
- Bien, señor Inuyasha, vengo a hablar de mis amigas, Kikyo y Kagome.
- ¿Ellas te mandaron?
- No, señor, vine por mi propia cuenta. Le agradecería mucho que me escuchara todo lo que tengo que decir, y si después de eso usted sigue pensando igual, pues no tengo nada más que hacer aquí, señor.
Lo pensé por unos segundos y La curiosidad me ganó.
- Bien, te escucho. - dije.
- Gracias. - me respondió. - Pero para que las cosas se entiendan, usted tiene que responderme algunas preguntas, por favor.
- ¿Yo? - pregunté, sorprendido.
- Sí, es la única manera de resolver este problema.
- No creo que esto se resuelva. - respondí con desdén.
- Inuyasha. - fue otra vez la advertencia de Sesshomaru.
Resoplé, molesto, para contestar.
- Está bien, responderé. ¿Feliz? - dije, con sarcasmo.
Rin hizo una reverencia, dando las gracias.
- Bueno, primero que nada, dígame, ¿es verdad que hace seis años estuvo muy enamorado de una mujer que, el día de su boda, lo humilló y se fue con uno de sus mejores amigos? Y después de eso, usted quedó muy lastimado y humillado, al punto que, cegado por el odio, empezó a vernos a nosotras, las mujeres, como lo peor del mundo, y solo jugaba con ellas. ¿Es verdad o no, joven Taisho?
- Vaya, veo que Kagome te contó todo con lujo de detalles.
- Inuyasha... - otra vez fue mi hermano quien habló, pero Rin continuó.
- Señor, si quiere saber la verdad, tiene que responder mis preguntas. Todo tiene una explicación.
- Sí. - dije, molesto. - lo que tu amiga te contó es verdad.
- Bien, entonces, ¿así fue usted durante seis años? ¿Y hace poco conoció a Kikyo y la vio como una más, verdad?
- Sí. - respondí.
- Y se comportó con ella como si la quisiera, haciendo que Kikyo se enamorara de usted. ¿Es verdad?
Me quedé callado, pero sabía la respuesta.
- Joven Inuyasha, ¿es verdad o no?
- Sí. - susurré.
- Y usted solo quería una cosa de ella, y no le importó que ella pensara que usted estaba enamorado de ella, cosa que no era verdad.
- Sí. - volví a repetir.
- Y cuando Kikyo llegó a su oficina y lo encontró con su secretaria en... ya sabe qué... Usted la humilló y la insultó de la peor manera. ¿Es verdad o no?
Las preguntas de Rin ya no me estaban gustando para nada, pero la amenaza en los ojos de Sesshomaru me impedía terminar con esta charla.
- Joven Inuyasha...
- Sí, Rin, es verdad.
- Y usted se comportó así con ella porque aún estaba ciego por el odio. ¿Es o no verdad?
- Sí, es verdad, Rin.
- Por lo tanto, nunca le importó lo que Kikyo sentía por usted.
- No, Rin, nunca.
- ¿Sabe cómo se sintió Kikyo cuando llegó a su departamento?
- No, no lo sé.
- Pues Kikyo llegó a su hogar destrozada y humillada. Kikyo quería que la tierra se la tragara, y lo peor fue que su gran amiga, su hermana de toda la vida, no estaba ahí para consolarla, porque Kagome estaba en Estados Unidos acompañando a su familia. Su tío Ken iba a ser operado del corazón.
Cuando pasó una semana desde que usted humilló a Kikyo, unas amigas que también estaban en el bar donde conoció a Kikyo...
- Sí, las recuerdo, las que parecen gemelas.
- Sí, ellas son Koshó y Asuka. Bueno, ellas le contaron todo lo que pasó con Kikyo a Kagome por teléfono, y ella, al otro día, ya estaba en un avión viajando a Japón. Cuando Kagome llegó al departamento de su amiga, ¿sabe usted cómo la encontró?
- No - respondí, dudoso.
- La encontró en su cuarto, tirada en el piso y rodeada de botellas de alcohol. Estaba con la misma ropa del día en que usted la humilló. ¿Sabe lo que eso significa?
- Sí. - susurré, y una pequeña culpa comenzó a hacer estragos en mi pecho.
- ¿Y sabe lo que fue para Kagome ver a su hermana así?
- No...
- Kikyo y Kagome se conocen desde el día que nacieron. Fueron más que mejores amigas; su vínculo era más fuerte que el lazo de sangre que pueden tener las hermanas, haciendo que Kikyo vea a la familia Higurashi como su propia familia, y Kagome vea a la abuela de Kikyo como su propia abuela. Así de fuerte es su vínculo.
Por eso, cuando Kikyo le contó lo que usted le hizo, Kagome se cegó, y lo único que quería era humillarlo, así como usted lo hizo con su amiga. Por eso empezó todo esto de la venganza.
Cuando usted la vio en el bar, ella estaba con Sango, por si algo salía mal. Pero todo iba bien con la venganza al principio, pero...
- Pero... - le interrumpí, desesperado. - ¡Diga todo de una maldita vez!.
- Con el paso del tiempo, usted no se comportó como la persona que Kikyo le describió.
- Claro, porque con Kikyo solo fingía algo que no sentía, pero fue diferente con Kagome. - solté sin pensarlo.
- Usted se enamoró de ella, y más cuando Kagome, por cosas del destino, le contó esa mentira de la boda y que fue engañada. Pero Kagome inventó eso para no estar con usted, ya sabe a lo que me refiero.
Yo solo asentí, esperando que siguiera hablando.
- Desde ese día, Kagome empezó a verlo con otros ojos. Y aunque no quería verlo de esa manera, el corazón no se manda. Cuando usted le contó su pasado, Kagome quiso morirse por el dolor.
Ella entendió por qué usted era así con las mujeres, y también supo que usted vio en ella a la persona que podría sacarlo de esa oscuridad en la que estuvo durante seis años.
Kagome ya no sabía cómo lidiar con eso, y lo peor de todo es que no solo usted se enamoró de ella, ella también se enamoró de usted.
Cuando fueron al hogar de la abuelita Kaede, Kagome no sabía qué hacer...
- Espera un momento. - le interrumpí. - ¿Cómo que la abuelita Kaede?
- Ya sabrá por qué, joven. Déjeme seguir relatando la historia.
- Sí, adelante.
- Bien, cuando llegaron al hogar, ella no sabía qué hacer porque ella y todas nosotras conocemos ese lugar.
- ¿Cómo?
- La abuelita Kaede es la abuela de Kikyo.
- No puede ser... - exclamé. - ¡Esto tiene que ser una broma!
- Joven Inuyasha, por favor, escuche toda la historia.
- Habla!. - respondí, con irritación.
- Cuando las dos al fin se vieron las caras, Kagome le suplicó con la mirada que no dijera nada. Y Kaede le hizo caso. Cuando se quedaron solas, Kaede le exigió que le dijera qué hacía con usted, y Kagome le echó una mentira. Pero le pidió a la abuela que no dijera que ella era su nieta. Aún así, le suplicó a Kaede que le hablara de dónde lo conocía, y Kaede le contó todo sobre usted, haciendo que Kagome se sintiera peor aún.
Kagome le suplicó a la abuela Kaede que no dijera que era su nieta porque, si el día de mañana ustedes se separaban, usted ya no vería a esos niños que tanto quiere y con los que le gusta pasar tiempo.
Cuando ella se despidió de usted esa tarde, fue a hablar con Sango. Quiero que sepa que solo Sango sabía todo esto. Yo y las demás chicas nos enteramos cuando explotó la situación. Bueno, Koshó y Asuka sabían de la venganza, pero no cómo iban las cosas, y a mí me dejaron de lado.
- ¿Por qué? - pregunté.
- Porque ellas sabían muy bien que yo no apruebo estas cosas. Pero bueno, ¿en qué me quedé? Ah, sí, Kagome le contó todo a Sango sobre lo que pasó en el hogar. Kagome quería que la tierra se la tragara; no quería hacerle daño a esas alturas de la vida, porque se enamoró del verdadero Inuyasha. Tampoco quería traicionar a su mejor amiga.
Fue Sango quien mantuvo la cabeza fría todo ese tiempo para aconsejarle que lo mejor que podía hacer era alejarse de usted, para que nadie saliera lastimado. Kagome, con mucho dolor, aceptó esa idea. Ese día, cuando se vieron en la noche, ella iba decidida a terminar de la mejor manera para que usted no sufriera, pero bueno... Las cosas no salieron como ella pensó, y usted ya sabe a lo que me refiero... - dijo con rubor en las mejillas, sabiendo muy bien a qué se refería.
- Y ella prefirió huir. - le expresé a Rin
- Si usted estuviera en su lugar, ¿Qué haría?
Me quedé callado por unos segundos. Ella volvió a hablar:
- Kagome llegó esa noche al departamento de Sango, destrozada porque lo perdió a usted y perdió a Kikyo. Sango la consoló lo más que pudo. Después de eso, ella se fue a su departamento, pero...
- ¿Pero qué? - pregunté.
- Al otro día, llegó Kikyo a su hogar y se enteró de todo. Kikyo, cegada por el dolor de la traición, la insultó y la golpeó, y...
- ¡¿Qué?! - me levanté de la silla con brusquedad. - ¡¿Qué hizo que Kikyo?!
- Inuyasha, siéntate y escucha todo lo que le queda por decir a la señorita. - me respondió Sesshomaru.
Me volví a sentar, aunque muy molesto. No me estaba gustando nada hacia dónde iba esta conversación.
- Cuando la discusión terminó, Kikyo se fue, pero justo en la salida del edificio se encontró con Sango y el primo de Kagome. Kikyo se fue con el primo de Kagome, y Sango subió al departamento...y Lo que vio la aterrorizó.
- ¿Qué pasó, Rin? - En ese momento, la venganza estaba pasando a segundo plano, y una terrible preocupación me envolvía por Kagome.
- El departamento de Kagome estaba hecho un desastre. Kagome estaba destruyendo su casa: rompió espejos, vajilla... Gracias a Kami, no se cortó con los vidrios. Sango entró y trató de tranquilizarla, pero en un segundo Kagome se quedó sola en la sala y...
- ¡Maldita sea! ¡¿Qué más pasó, Rin?!
- Kagome entró en shock y empezó a golpearse a sí misma hasta el punto de lastimarse. Sango intentó detenerla, pero no pudo. Tuvo que noquearla para tranquilizarla. Fue entonces cuando me llamó a mi, y cuando llegué vi todo eso... En ese momento, Sango me contó todo lo que ahora les estoy contando a ustedes.
Después de eso, al otro día, usted llegó, y esa parte de la historia ya la conoce.
- Cuando usted se fue, Kagome volvió a quedar en shock. Sango llegó y la acostó en su cama. Nos Llamó a todas nosotras para que estuviéramos pendientes tanto de Kagome como de Kikyo. Kikyo quedó al cuidado del primo de Kagome, y Kagome al cuidado de Sango.
Pasaron unos días después de eso. Un día, cuando llegué al departamento de Kagome, fue Sango quien me abrió la puerta. Le pregunté por Kagome, y Sango me dijo que seguía igual. Nuestra amiga estaba en una fuerte depresión. Cuando las dos nos dirigimos a su cuarto, ella...
Vi que los ojos de Rin se nublaron por las lágrimas.
- Rin, por el amor de Dios, ¿Qué le pasó a Kagome? - le pregunté.
- Nuestra amiga estuvo a punto de suicidarse...
Mi cuerpo se congeló al escuchar eso.
- ¿¡Qué hizo Kagome!? - exclamé.
- Pero gracias a todos los dioses, Sango llegó a tiempo para quitarle el frasco de pastillas. -respondió Rin.
- ¿Pastillas? - repetí.
- Sí, pastillas para dormir. Zolpidem, me dijo. No sé si usted las conoce.
Claro que las conocía. Esas pastillas eran muy fuertes, pero ¿Qué carajo estaba pensando esa mujer al tomarse un frasco entero?
- Sango la regañó muy fuerte. Ella me pidió que me quedara con Kagome mientras ella salió del departamento. Yo me preocupé mucho, porque vi a Sango muy enojada. No la culpo, si hubiéramos tardado solo unos segundos más... Kagome estaría muerta.
Cerré los ojos, intentando borrar ese pensamiento.
Kagome no podía haber muerto, no podía...
Pensé con el corazón en la garganta.
- Después de una hora, más o menos, Sango volvió, llorando, diciendo que esa tonta venganza también destruyó su relación con el joven Miroku. Es usted, ¿verdad?.
Rin miró a mi amigo, y él asintió con la cabeza, tan impactado como yo.
-Y pues eso fue lo que pasó, joven Taisho.
Miré a Rin para hacerle la última pregunta.
- ¿Por qué Kagome tenía dos departamentos?
- Al igual que usted tenía dos departamentos, joven Inuyasha. No puede culparla por eso cuando usted también tenía dos.
- Pero yo jamás la llevé a ese de soltero.
- Pero ella no lo sabía, joven. Además, como todo empezó como una venganza, era obvio que Kagome no quería que usted supiera sobre su verdadero hogar, ¿no le parece lo más sensato en una situación como esta?.
No le respondí, porque ella tenía razón.
- Bueno, ya cumplí con mi deber. Ahora me tengo que ir. Con permiso.
- Espere. - fue Miroku quien la detuvo. - ¿Cómo está Sango? La he buscado, pero no sé nada de ella.
- Sango está con Kagome. Teme que Kagome vaya a hacer alguna otra tontería si se queda sola. Y no se preocupe por si su amor es sincero, porque el de mi amiga sí lo es. Ella no sabía que usted era amigo del joven Inuyasha, fue una mala jugada del destino. Pero, ¿sabe algo?
- ¿Qué? - preguntó Miroku.
- Creo que el destino los está poniendo a prueba. Si usted ama a Sango, esto no será un impedimento para estar con ella. Tenga fe, joven Miroku - y le sonrió.
- Gracias. - dijo Miroku también con una sonrisa.
Pero Rin me miró a mí para decirme algo más:
- Kagome está enamorada de usted. Pero si usted no siente lo mismo por ella, le pediré de la mejor manera que se aleje porque está sufriendo mucho. Ella quiere recuperar a su amiga, y también sería bueno que, si usted quiere recuperar a Kagome, lo primero que tendría que hacer es pedirle perdón a Kikyo por lo que le hizo. Sería lo más lógico empezar por ahí, ¿no cree? Pero si no quiere saber nada de ellas, una vez más le suplico que se aleje de ambas, porque aquí puede haber más personas que salgan lastimadas. ¿Sabe de quién hablo? De mis niños, Sota y Shippo. Ellos se han hecho muy amigos y no me parece justo que, por las malas decisiones de los adultos, ellos salgan perjudicados. Bueno, eso es todo lo que tenía que decir. Me despido. Adiós.
- La acompaño. - le dijo Sesshomaru, para acompañarla. Y los dos se fueron juntos.
Me quedé sentado en mi silla con un remolino de pensamientos en mi cabeza, pero la voz de Miroku me sacó de mi trance.
- ¡Me ama, me ama! ¡Sango me ama! Lo sabía, no podía ser yo el único que sintiera esto por ella.
Puse los ojos en blanco y le tiré un libro en la cara a Miroku.
- Oye... - me dijo.
- Miroku, ¿por qué no vas a tu oficina a gritar tu felicidad? - le grité cabreado porque él tenía las cosas más fáciles que yo.
- Como quieras. Pero ¿sabes algo, Inuyasha? Aquí todos cometimos errores, pero también es de sabios enmendarlos. La señorita Kagome te ama, ¿y tú...?
- ¡Lárgate, Miroku! - interrumpí.
- Bien, como quieras - dijo, y se fue, dejándome allí solo con mis pensamientos.
- Kagome... - susurré. - ¿Por qué hiciste esa tontería de intentar suicidarte? ¿Qué habría pasado si Sango no llegaba a tiempo? Tú... ¡NO! - grité, moviendo la cabeza de un lado a otro.
No puedo perder a Kagome de esa manera, no , ahora que sé cómo pasaron las cosas.
Perspectiva de Sesshomaru
Íbamos caminando por el pasillo en silencio hasta que llegamos al ascensor, así que me decidí a hablar.
- Gracias por venir a aclarar las cosas, maestra Rin.
- De nada, señor Sesshomaru. Era mi deber hacer algo por todos ellos, o al menos intentarlo.
- Hizo más que eso, lo sabe.
- Solo hice lo correcto, señor.
- Aun así, ¿no cree usted que lo mejor es que todos tomen caminos separados?
- ¿Por qué dice eso, señor Sesshomaru?
- Usted misma lo dijo. La abogada Higurashi busca el perdón de la señorita Kikyo Tama, y con Inuyasha entre medio, eso no podrá ser. Creo que lo mismo pasa con Miroku y su amiga Sango.
- Es verdad que dije eso, pero también es cierto que dije que si el amor es sincero, no habrá nada que les impida estar juntos, señor.
- ¿Y usted cree en esas cosas del amor?
La vi soltar una risita y mirarme a los ojos.
- Señor Sesshomaru, si no tuviéramos amor en esta vida, no tendríamos nada.
- ¿Por qué dice eso? ¿Cree que uno no puede vivir sin amor?
- No dije eso. Claro que se puede vivir, pero ¿de qué servirían nuestras vidas si no amáramos a alguien? Hay muchas formas de amar: amor de hermanos, de amigos, de familiares y amor hacia una pareja.
- Eso suena como cuentos.
- Cuando uno está enamorado, crea su propio cuento, ¿sabe?
- ¿Usted siempre es así de optimista?
- ¿Y usted siempre es así de serio, señor?
- ¿Cómo?
Ella soltó otra risita, buscó algo en su cartera y luego me tomó la mano. Me sorprendió su acto, y cuando retiró su mano, abrí la mía y encontré un dulce con envoltorio de Hello Kitty. La miré y ella me sonrió antes de volver a hablarme.
- Para endulzar la vida, señor Sesshomaru. Y si me disculpa, ya me voy. Adiós.
Hizo una reverencia y, por primera vez, me quedé como un tonto, sin responder, mientras ella se iba en el ascensor. Antes de que las puertas se cerraran, levantó su mano con una sonrisa y se despidió.
- Adiós. - repitió y las puertas se cerraron.
Ahí me quedé, como un idiota, viendo el ascensor. Pero una voz molesta detrás de mí me hizo reaccionar.
- ¿Qué te dio la señorita Rin?
- ¿A ti qué te importa? - cerré mi mano, guardé el dulce en mi bolsillo y, sin responder más al idiota de Miroku, me dirigí a mi oficina. Aun así, lo escuché murmurar detrás de mí su último comentario:
- Yo solo decía, señor Sesshomaru.
Idiota
Pensé, mientras cerraba completamente la puerta.
Perspectiva de Rin
Subí a mi auto y me fui de la empresa Taisho con una sonrisa.
Bien, ya un problema menos… o eso espero. Estoy segura de que lo de Sango se puede arreglar, pero lo del joven Inuyasha con Kagome y también Kikyo… uff, ¡por Kami! Ayúdame con esto, ¿sí? Al menos ahora el joven Inuyasha sabe toda la verdad, y el joven Miroku también. Ahora solo queda ver qué camino van a tomar. Solté un suspiro y miré mi lista.
- Bien, ya pasé a ver al joven Inuyasha. Ahora tengo que ir a ver a la abuelita Kaede".
Dios mío, ayúdame a contarle toda la historia sin que le dé un infarto a la abuela, por favor.
Con eso en mente, me dirigí al hogar. Cuando llegué, estacioné mi auto, bajé y caminé hacia la entrada. Un guardia me recibió.
- Hola, ¿se encuentra mi abuelita Kaede?
- ¿Quién la busca, señorita?
- Soy su nieta, Rin Kimo.
- Ah, sí, pase, señorita. Ella está en su oficina.
- Ok, gracias.
Caminé por el largo pasillo, viendo a todos esos niños jugando, y una sonrisa se dibujó en mi rostro. Ahora sé por qué mi abuelita nunca me dejó venir aquí, incluso cuando le suplicaba que me dejara cuidar también de los niños. Pero ahora que ya sabíamos lo del joven Taisho, no había pretexto para que no me dejara pasar tiempo aquí con todos estos angelitos. Di un pequeño salto de emoción, pero me controlé y me relajé; ya había llegado a la puerta de su oficina. Toqué y escuché un:
- Pasa.
Entré.
- Hola, abuelita.
- Rin. Niña, ¿Qué haces aquí? Yo les dije...
- Que no viniéramos, lo sé, abuelita.
- No, claro que no lo entiendes.
- ¿Lo dices por el joven Inuyasha Taisho, abuela Kaede?
- ¿Cómo sabes de él? ¿Kag te contó?
Caminé hasta ella y me puse seria.
- Abuelita, tenemos que hablar de algo muy importante.
- ¿Qué cosa, Rin? Me estás asustando.
- Tenemos que hablar del joven Inuyasha Taisho y de tus nietas.
- ¿Mis nietas?
- Sí, abuelita. De Kikyo, Kagome, Sango, Koshó y Asuka.
- ¿Qué pasó, hija?
- Venga, abuelita, siéntese por favor y escúcheme muy bien, ¿sí?
Ella solo asintió con la cabeza. Solté un suspiro, rogando a todos los dioses que a mi abuelita no le diera algo mientras le contaba todo. Y sin esperar más, comencé a relatarle poco a poco toda la historia de la famosa venganza.
Perspectiva de Asuka
- Koshó, ¿tú crees que podamos hacer que Kikyo y Kagome sean amigas otra vez? - le dije mientras caminábamos hacia la salida.
- No sé, Asuka. Ya viste cómo se puso anoche. Se enojó mucho cuando le hablamos de Kagome. Vamos a tener que buscar una estrategia para sacar el tema con ella.
- Sí, tienes razón. ¿Y si Sango habla con ella?
- Asuka, ya sabes lo que Kikyo dijo. No quería hablar de Kagome.
- Maldición, esto es más difícil que ganarme la lotería algún día.
- Oye, ¿sigues con ese vicio de comprar billetes de lotería? Asuka, eso es un vicio, ya déjalo.
- No puedo.
- Bien, haz lo que quieras, pero volvamos al punto. ¿Qué hacemos para que Kikyo perdone a Kagome?
- Oye, Koshó, ¿y si le decimos la verdad a Kikyo sobre lo que pasó con Kag, sobre su intento de suicidio?
- ¿Estás loca? ¡Kag lo prohibió! No podemos contar que estuvo a punto de suicidarse.
- ¿Qué fue lo que dijiste, Koshó?
Ambas volteamos para ver a la persona que teníamos detrás.
- Naraku... - susurramos las dos.
- Koshó, ¿Qué fue lo que dijiste?
- Naraku, ¿Qué haces aquí? - le dije.
- Venía por Kikyo, pero no cambien el tema. ¿Qué fue lo que dijiste?
- Yo... yo...
- ¡Habla! - nos sobresaltamos por su tono de voz hasta que Koshó confesó.
- Naraku, pues... verás. Lo que pasa es que hace un poco más de un mes, Kag... Kag...
Naraku se acercó a ella y la tomó de los hombros.
- ¿Qué fue lo que pasó con Kagome?
- Es que hace un tiempo, Asuka dejó en su departamento un frasco de pastillas para dormir y Kag, en su estado de depresión, quiso tomarse el frasco completo. Pero por suerte, Sango y Rin llegaron a tiempo - terminó de decir.
Perspectiva de Naraku
No podía concebir en mi cerebro lo que escuché: que mi prima iba a suicidarse. Solté a Koshó para dar unos pasos hacia atrás y me refregué la cara por la desesperación. Todo esto empezó por ese maldito. Por él, la amistad de Kikyo y Kagome se fue al carajo. También recordé la charla con Sango y su novio, el tal Miroku, que también se fue al carajo porque es amigo de ese bastardo. Y ahora, por su culpa, Kagome se iba a...
- Naraku, Kagome nos prohibió decirle a Kikyo. Y a ti... por favor, no te enojes. - me dijo.
Puse mi vista en Koshó para decirle:
- Pásame la dirección de Taisho.
- ¿Qué?
- ¡Que me pases la maldita dirección! - le grité.
Ella sacó su teléfono y me envió la ubicación.
- Listo. ¿Qué vas a hacer, Naraku?
- Les prohíbo que le digan algo de esto a Kagome o a Kikyo, ¿les quedó claro?
Ella solo asintió con la cabeza. Caminé hacia la puerta, subí a mi auto y me dirigí a la dirección de Taisho.
Al fin, tú y yo nos vamos a ver las caras, maldito.
Perspectiva de Rin
- Y eso fue lo que pasó, abuelita Kaede.
La miré, pero ella estaba callada. Le había contado todo. Después de dos horas, por fin pude terminar de confesarle lo que ocurrió. Ya me estaba preocupando de que no dijera nada.
- Abuela, ¿se encuentra bien?
Ella me miró como si hubiera salido de sus pensamientos.
- Sí, hija, estoy bien.
- Abuela, ¿Qué piensa de todo esto?
- Hija, no te preocupes por esto, no cargues en tus hombros los problemas de los demás, ¿sí?
- Pero, abuelita...
- Hija, te agradezco que me lo hayas dicho. Yo tomaré cartas en el asunto.
- Está bien, abuelita, pero de verdad, ¿se encuentra bien?
- Sí, mi niña, estoy bien. Ve a descansar, ¿sí?
- Está bien, abuelita, pero aún tengo algunas cosas que hacer. Nos vemos después, porque ya que todo se sabe, puedo venir al hogar a ver a los niños, ¿verdad?
- Claro, mi niña, puedes venir cuando quieras.
- Gracias, abuelita. - le di un abrazo para despedirme y caminé hacia la puerta. - Nos vemos pronto, abuela.
- Claro, hija, nos vemos.
Abrí la puerta y casi choco con una mujer, pero después de unos segundos la reconocí.
- Hola, señora.
- Hola, maestra Rin, ¿Qué haces aquí, cariño?
- Vine a ver a mi abuelita.
- ¿Abuelita?
- Sí, mi abuelita Kaede. Viene a verla a ella, ¿verdad?
- Sí, claro, cariño.
- Pero vaya, qué chico es el mundo.
- Sí, señora. Bueno, me tengo que ir. Adiós.
- Adiós, querida.
Y me fui, dejando a la señora ahí.
Perspectiva de Kaede
- Hola, Kaede.
Miré hacia la puerta y, como si el destino quisiera que todo se supiera de una vez, había llegado mi amiga ese mismo día.
- Hola, Izayoi.
- Kaede, quise esperar, pero ya no puedo con esta curiosidad.
- ¿Cuál? - pregunté.
- ¿Por qué mi hijo conoce a tu nieta Kagome Higurashi y por qué yo aún no sé nada?
- ¿Cómo sabes eso?
- Shippo me lo contó el mismo día que fue a vivir a la casa. Cuando me dijo el nombre de la señorita que acompañaba a mi hijo, no lo podía creer, pero quise darle su tiempo. Ya ha pasado mucho y no puedo con esta curiosidad, Kaede. - dijo, caminando hacia mí. - Dime, ¿qué pasa con mi niño y tu nieta?
Solté un suspiro, agradeciendo que Rin me hubiera contado todo justo a tiempo. Miré a Isayoi para decirle:
- Amiga, hay serios problemas. Creo que vamos a tener que intervenir.
- ¿Qué pasó?
- Ven, sentémonos para hablar.
Nos sentamos y empecé a relatarle la misma historia que me había contado Rin.
Perspectiva de Rin
Subí a mi auto y revisé mi lista. La tercera persona era Kikyo. Me fui a su departamento.
Perspectiva de Naraku
Llegué a la empresa de Taisho, bajé del auto y caminé hacia la entrada. El guardia se puso enfrente.
- Hola, señor, ¿qué desea?
- Soy Naraku Kagewaki y busco a Inuyasha Taisho.
- ¿Tiene cita con él?
- No, pero ¿le puede decir que me reciba, por favor?
- Deje y lo llamo, ¿de acuerdo?
- Está bien, gracias.
Perspectiva de Inuyasha
- No sé tú, Miroku, pero yo me voy en unos minutos más.
- Sí, yo igual, tengo algo que hacer.
- ¿Qué cosa?
- Algo.
- Miroku, no me digas... - pero mi secretario me interrumpió.
- Señor Taisho.
- ¿Qué pasa, Alex?
- Hay un hombre que se llama Naraku Kagewaki y dice que necesita hablar con usted.
- ¿Te dijo para qué?
- No, solo dijo que era urgente.
Miré a Miroku y él se encogió de hombros.
- Tal vez sea un hombre en busca de trabajo.
- Bien, lo que me faltaba. - respondí. - Está bien, dile que pase.
- Con permiso, señor.
- Sí.
Perspectiva de Naraku
- Bien, señor. El señor Taisho dijo que puede pasar. Es el último piso.
- Gracias.
Perspectiva de Inuyasha
Pasaron unos minutos cuando tocaron la puerta.
- Señor...
- Sí, Alex.
- Aquí está el caballero.
- Bien, hazlo pasar.
- Ok, señor. - y lo dejó entrar mientras cerraba la puerta.
Nos quedamos solos los tres: el hombre, Miroku y yo. Me levanté de mi asiento para saludarlo, y cuando estuvimos frente a frente, él me habló.
- Tú eres Inuyasha Taisho.
- Sí. - respondí, algo confundido.
Lo que pasó después no lo vi venir. El maldito me dio un golpe que me hizo retroceder varios metros para luego darme un puñetazo en el estómago. Pero no me quedé sin hacer nada: le lancé un puñetazo que lo hizo girar y retroceder varios pasos.
- ¿Quién mierda te crees, hijo de puta? - le grité.
Miroku se interpuso.
- ¡Señor, lárguese de aquí o llamaré a seguridad!
El tal Naraku lo miró con odio.
- ¡Claro, llámalos! - le gritó. - Es la única manera de defender a tu amigo, porque no puede defenderse solo, ¡maldito cobarde de mierda! - me gritó.
Y eso fue todo. Empujé a Miroku a un lado y me lancé contra el maldito. Le di otro golpe, pero él también me devolvió uno. Se iba a lanzar encima de mí, pero logré esquivarlo y darle una patada en las costillas, tirándolo al suelo. Me lancé sobre él, le di tres puñetazos, pero el maldito sabía pelear, porque me dio un golpe en las costillas que me hizo caer al lado. Entonces, el hijo de puta me dio dos puñetazos en la mandíbula.
En un segundo lo vi lejos de mí, porque Miroku lo empujó.
- ¡No te metas, Miroku! - le grité.
- Pero, Inuyasha...
- ¡Que no! - le grité. Sentí algo en mi labio, me llevé la mano y vi que era sangre, pero el maldito Naraku estaba igual de lastimado en la cara que yo.
Lo vi ponerse de pie para seguir peleando conmigo, pero una vez más Miroku interfirió.
- ¿Quién es usted y qué es lo que quiere?
Naraku me miró y me apuntó con el dedo.
- Aléjate de las dos, maldito bastardo.
- ¿Qué? - respondí. - ¡¿De qué mierdas estás hablando?!
- De Kagome y Kikyo, de ellas estoy hablando.
Un mal presentimiento me atravesó.
- ¡¿Quién mierda eres y qué tienes que ver con Kagome?!
- Kagome es mi prima, hijo de puta.
- ¿Prima?
Recordé que Rin habló de un primo, pero nunca mencionó el nombre. Sin embargo, salí de mis pensamientos cuando Naraku le dio un puñetazo a Miroku, empujándolo, y continuamos peleando. Así fue como nos enfrascamos en una batalla campal.
Perspectiva de Miroku
Si no hago algo pronto, estos dos se van a matar. Justo en ese momento, Alex entró por el ruido.
- ¿Qué pasa aquí?
- Alex, llama a Sesshomaru para que me ayude. ¡Date prisa!
- Sí - y se fue corriendo.
Segundos después, entró Sesshomaru.
- ¿Qué mierda es esto?
- Después te digo, ¡ahora ayúdame a separarlos! - Sesshomaru fue quien, de un solo tirón, separó a los dos. Naraku cayó a mi lado, así que aproveché para sujetarlo.
Sesshomaru hizo lo mismo con Inuyasha.
- ¡Suéltame! - gritó Naraku, e Inuyasha también gritó lo mismo.
- ¡No te voy a soltar, Inuyasha, y si no quieren que los duerma a ambos, se van a quedar quietos! - les advirtió Sesshomaru.
Recién entonces, Sesshomaru soltó a Inuyasha y yo hice lo mismo con Naraku.
Perspectiva de Inuyasha
- ¡Estás advertido, aléjate de ellas dos, ¿me oíste?! - me gritó Naraku, pero yo le respondí con la misma amenaza.
- Mira, lo que pase con Kikyo no me importa, ¿te quedó claro? Pero con tu primita, ese es un tema que yo mismo voy a resolver.
El maldito se iba a lanzar encima mío, pero los guardias llegaron para interponerse. Naraku se alejó de mí, haciendo clara señal de amenaza a los guardias de que, si lo tocaban, les rompería la cara. Luego me miró a mí para soltar su última amenaza.
- Si te veo cerca de cualquiera de las dos, te mato, Taisho.
Sin esperar respuesta, se largó, y los guardias lo siguieron, dejándonos a los tres solos ahí.
- Voy a poner una denuncia contra Naraku - dijo Miroku.
Sesshomaru habló:
- ¿Quién es ese sujeto?
- Es primo de la señorita Kagome. - respondió Miroku mientras ponía el teléfono en su oreja. Pero un libro golpeó su cabeza, y vi a Sesshomaru caminar hacia él y arrebatarle el teléfono para colgar la llamada.
- ¿Por qué me golpeas, Sesshomaru?
- Te voy a golpear más fuerte si no piensas mejor. ¿No me acabas de decir que su prima es la abogada Higurashi? ¿Y qué fue lo que yo les dije a los dos pedazos de mierda sobre la abogada?
Miroku se quedó callado. Mientras tanto, yo busqué en uno de mis cajones una camiseta limpia y me metí al baño para cambiarme y limpiarme el labio.
- Maldito bastardo. - solté.
Al menos él quedó igual que yo con los golpes.
Terminé de cambiarme y salí, mientras ellos me miraban. Recogí mis cosas para largarme.
- ¿A dónde vas? - me preguntó Miroku.
- Me largo, necesito aire fresco. Ya son las siete de la tarde, así que adiós.
Sin decir más, salí de la oficina y me fui de la empresa.
Perspectiva de Miroku
- ¿No vas a ir con él? - me preguntó Sesshomaru.
- ¿Y por qué debería?
- Porque eres su amigo.
- Y tú su hermano.
- No soy su niñera.
- Yo tampoco.
- Idiota. - me respondió, y se fue a su oficina, dejándome solo ahí. Solté un suspiro de cansancio.
- Yo también tengo mis problemas, ¿saben? - dije a la nada mientras caminaba hacia la puerta.
Yo también tengo algo que hacer, y es muy importante.
Con eso en mente, me fui.
Perspectiva de Rin
Cuando llegué a su departamento, toqué el timbre, esperé unos segundos y ella abrió la puerta.
- Rin
- Hola, Kikyo. ¿Puedo pasar?
- Claro.
- Gracias.
Caminé hacia ella y le di un beso en la mejilla. Las dos fuimos al living.
- Siéntate, por favor. ¿Quieres algo de beber?
- No, gracias. Ven, siéntate aquí a mi lado, por favor.
Y así lo hizo ella.
- ¿Qué pasa, Rin?
- Amiga, vengo para hablar de lo que pasó... y de la venganza.
- ¿Te mandó Kagome?
- No, no me mandó nadie. Estoy aquí por mi cuenta, y por favor, hablemos como dos personas civilizadas, te lo pido.
- Sango me dijo que tú no sabías nada, Rin.
- Así es. Yo me enteré hace poco, de hecho, el mismo día que tú. A excepción de que yo no sabía de la venganza.
- Venganza que nunca llegó.
- Pero llegó algo mucho peor que eso, Kikyo. Todos salieron lastimados.
- No fue mi culpa, fue de Kagome.
- ¿Estás segura de que tú no tienes nada de culpa, Kikyo?
- ¿A qué te refieres?
- Kagome empezó todo esto para defenderte de él.
- Sí, vaya manera de defenderme.
- Amiga, sabes que Kag lo que buscaba era lastimar al joven Inuyasha, tú lo sabes. Conoces a Kag mejor que nadie.
- Eso creía, Rin, pero ya ves, uno no termina de conocer a las personas.
- ¿Qué pasaría si las cosas fueran al revés? Si la que estuviera en los zapatos de Kag fueras tú, y Kag en los tuyos.
- Yo jamás le haría lo que ella me hizo.
- Eso no lo sabemos, solo el destino puede confirmarlo, Kikyo.
- Rin, no quiero seguir hablando de esto.
- ¿Por qué no? Amiga, ha pasado más de un mes. ¿No crees que es tiempo suficiente para hablar de esto?
- No hay tiempo suficiente, Rin. El dolor que tengo lo llevaré conmigo para siempre.
- Está bien, pero solo te pido un favor, ¿sí? Te prometo que jamás volveré a hablar de este tema.
- ¿Qué cosa?
- Quiero que me escuches, solo eso.
- Rin...
- Por favor. - la interrumpí. - Si no me dejas hablar ahora, créeme, me tendrás todos los días aquí. Y sabes que soy muy persistente.
- Está bien, te escucho.
Sonreí, sabiendo que había ganado mi primera batalla con Kikyo.
- Bien, mira. Kagome iba con toda la intención de vengarte, eso jamás lo pongas en duda. Ella tenía en mente al patán que entre todas describieron.
- Porque lo es.
- Kikyo, déjame terminar, por favor.
- Dale.
- Ok, todo iba bien. Kagome hasta inventó una historia para que el joven Inuyasha no la tocara. Tú sabes, la mentira que usó.
- Algo de una boda.
- Así es. Kag inventó que fue humillada y engañada, que la dejaron en el altar, pasando una de las peores humillaciones.
- ¿Y qué con eso, Rin?
- Resulta que, al pasar el tiempo, el joven Inuyasha se comportó con ella de manera diferente a como lo hacía con las otras. Jamás la llevó al departamento de soltero; al contrario, la llevó a su verdadero departamento, haciendo que la mente y el corazón de Kagome empezaran a pensar y sentir diferente hacia él.
Kag, al tiempo, se dio cuenta de que lo amaba y no sabía cómo terminar todo esto. Pero lo peor no fue eso, sino la razón por la que Inuyasha era así con las mujeres.
- Ja, sí, claro. ¿Había una razón para que él fuera así de bastardo con las mujeres?
- Así es, Kikyo. Inuyasha vivió la historia que Kag le contó... en persona.
- ¿Cómo?
- Inuyasha, hace seis años, se iba a casar. Era el hombre más feliz del mundo, pero, cuando llegó el día de su boda, su novia dijo que no. Él no sabía por qué, hasta que uno de sus mejores amigos, como un hermano, le respondió y le dijo que su novia no se casaba con él porque estaba enamorada de él, su amigo. Era el amante de su prometida. Todo el mundo vio eso. Inuyasha, en ese momento, herido, traicionado y humillado frente a todos, se fue de la iglesia y desapareció por mucho tiempo. Cuando al fin lo volvieron a ver, el joven Inuyasha era otra persona; era alguien duro, frío y sin vida, y no respetaba a ninguna mujer que se le atravesara.
Creo que la mentira que Kagome le dijo fue un detonante para que el joven Taisho no la viera como a las demás y tampoco quisiera jugar con ella, al grado de enamorarse otra vez. Y fue de Kagome, Kikyo.
- ¿Y tú crees esa mentira, Rin? Inuyasha la tuvo que inventar para llevarse a Kagome a la cama, y bien que supo hacerlo.
- Kag pensó lo mismo que tú, y Sango también. Entre las dos buscaron en internet lo que pasó hace seis años, pero no pillaron nada.
- ¿Lo ves?, Rin, me estás dando la razón.
- No pillaron nada, Kikyo, porque su padre y hermano pagaron una fuerte suma de dinero para borrar todos los videos y fotos en menos de 24 horas.
- ¿Y tú vas a creer esa mentira, Rin? No te creía tan ingenua.
- De hecho, al principio ni Sango ni Kag creyeron en esa historia, pero fue alguien que conoce también al joven Inuyasha desde que nació quien le contó toda la historia a Kagome. Y esa persona, tú sí le vas a creer, porque ella no mentiría con algo así. Ella vio todo lo que pasó en esa boda.
- ¿Quién?
- La abuelita Kaede.
- ¿Mi abuela? Estás loca. Mi abuela no puede conocer a ese hijo de...
- Kikyo, no insultes delante de mí, por favor. - la interrumpí.
- Mi abuela no puede conocerlo, Rin.
- Pues sí lo conoce, y mejor que nadie. Si quieres respuestas sobre el joven Inuyasha, la abuela Kaede te las puede responder todas, amiga.
La vi levantarse y caminar como una leona enjaulada.
- No, Rin. Eso no cambia que Kagome me haya traicionado. Eso no es de amigas.
- Kikyo, tampoco es de amigas que tú la hayas hecho ir a enamorar a una persona por venganza, sabiendo todo lo que eso implicaba. Y tú sabes a qué me refiero.
- Pero ella me mintió.
- Y tú la dejaste seguir con esta venganza.
- Pero yo después quise que esto parara, que lo olvidáramos a él para siempre.
- Pero tu decisión llegó muy tarde, Kikyo. Kag pudo cometer un error, el joven Taisho también, por lo que te hizo. Pero tú, Kikyo, ¿tú no has cometido errores en esta historia?
- Yo...
- Kikyo, sé que estabas lastimada, pero dime. ¿Por qué dejaste que Kag se acercara a él cuando sabías que había riesgo de que se enamorara? ¿Por qué la obligaste a que se acercara a un hombre que, al principio, ella odiaba? ¿Y por qué dejaste que esto siguiera sin detenerlo antes?
Kikyo, no te estoy culpando de todo esto. Solo te pido que seas justa y que veas tus propios errores, porque tú también tienes algo de culpa en todo esto.
- Rin, ya no quiero seguir hablando, por favor.
- Está bien, Kikyo. Ya te dije lo que venía a decirte, así que ahora es tu decisión si quieres arreglar las cosas. Y si quieres respuestas, la abuela Kaede te las puede dar. Pero antes de irme, quiero que sepas algo más.
- ¿Qué cosa?
- Todo este tiempo, desde que la bomba estalló, Kag ha estado en un trance de depresión muy grave, al grado de que Sango vive con ella desde hace más de un mes. Kag, en ese estado, estuvo a punto de suicidarse, Kikyo.
Perspectiva de Kikyo
Mi corazón se detuvo con lo último que dijo Rin: que Kagome había hecho eso. Sentí mi cuerpo helarse por completo, y vi en los ojos de Rin que no mentía, porque los tenía cristalinos.
- Kikyō, ese día, gracias a Kami, Sango y yo llegamos a tiempo. Sango le arrebató las pastillas que se iba a tomar. Eran las pastillas de Asuka.
Me aterroricé; sabía muy bien de qué pastillas hablaba Rin.
- Bueno, eso es todo, ahora me tengo que ir para que no se me haga tarde. Nos vemos, amiga.
Me abrazó, y yo apenas pude abrazarla. Ella caminó hacia la puerta, se fue, y yo me quedé ahí, sola. Mis ojos comenzaron a opacarse por las lágrimas al pensar que Kagome quiso suicidarse.
Me caí de rodillas al suelo, dejando que las lágrimas rodaran por mis mejillas. No podía controlar mis emociones. Luchaba por contenerlas, pero era inútil. Desesperada, tomé mis llaves y salí de mi departamento. Necesitaba tranquilizarme, y la única persona que podía hacerlo en estos últimos tiempos era Naraku, así que fui a su departamento.
Perspectiva de Rin
Después de unos 25 minutos de haberme ido del departamento de Kikyo, llegué al templo de la tía Naomi. Me bajé del auto y subí las escaleras. Cuando llegué a la puerta, toqué. La tía era la última de mi lista.
Cuando la puerta se abrió, vi a mi tía.
- Rin, cariño, ¡qué sorpresa!
- Hola, tía Naomi. - la saludé con un abrazo.
- Pasa, hija, pasa. ¿Todo bien en la escuela?
- Sí, tía, todo bien.
Caminamos hacia la cocina.
- Y dime, cariño, ¿qué te trae por aquí a estas horas?
- Tía, tengo que contarle algo muy importante. ¿Y los demás?
- Souta acompañó al abuelo. En unas horas los vienen a dejar.
- Bien, mejor así.
- Hija, ¿qué pasa? Me estás asustando.
- Tía, lo que vengo a decir es muy delicado.
- ¡Ya habla, por el amor de Dios!
Tomé la mano de mi tía y, una vez más, le relaté toda la historia de Kikyo, Kagome, el joven Inuyasha y la venganza.
Perspectiva de Sango
Vi la hora en el reloj de mi escritorio: eran las 8 de la noche. Guardé mis cosas, me quité la bata y me puse la chaqueta, mientras pensaba.
- Ya ha pasado un mes desde lo de la loca de Shima y aún no sé nada de ella. ¿Estará tramando algo?. - murmuré, mientras recordaba la paliza que le di hace un mes.
*Flashback*
Estacioné mi auto y bajé para caminar hacia un local. Al llegar al mesón, saludé a mi amigo:
- Hola, Nobunaga.
- ¡Hola, Sango! Cuánto tiempo. ¿Qué te trae por aquí? ¿Se te dañó la computadora o el teléfono?
- No, nada de eso. Necesito que me ayudes a encontrar a una persona. ¿Podrías darme su dirección, por favor?
- Claro, dime el nombre.
- Se llama Shima Kawasaki.
- Ok, deja que busque en la computadora.
- Vale.
Pasaron unos dos minutos cuando mi amigo encontró la dirección.
- Listo, Sango. - dijo, anotando la dirección en un papel y entregándomelo. - Aquí está.
- Gracias. - le sonreí.
Nobunaga era un gran amigo y un excelente hacker con las computadoras. Guardé el papel en el bolsillo y me despedí de él:
- Adiós, nos vemos.
- Claro, nos vemos.
Caminé hacia mi auto y me fui. Revisé el papel y me dirigí a su casa. Cuando llegué, me quedé esperando hasta que apareciera. Sonreí por mi gran suerte: la maldita loca estaba saliendo de su casa. Se subió a su auto, y yo la seguí en el mío.
La seguí por unos 30 minutos hasta que la vi estacionarse en un baño público.
- Bingo, te tengo, maldita loca. - murmuré.
Estacioné mi auto y la seguí. Caminé muy cerca de ella, y cuando entró al baño, recorrí el lugar. Estaba completamente desierto. Con un rápido movimiento, me adentré en el baño, empujando a la loca, que cayó al piso.
- ¡Tú! - me gritó desde el suelo.
Le sonreí.
- ¿A poco no me esperabas ver completa y sin ni un rasguño?
- No sé de qué me hablas.
- Ah, pues deja que te aclare esa mente de nuez que tienes. - le dije, dándole una tremenda cachetada que le dejó el cachete rojo.
- ¡Aaah! ¡Estás loca! ¿Cómo te atreves a pegarme? ¿Sabes quién soy yo?
- No, la que no sabe quién tiene al frente eres tú, loca desquiciada. - le respondí, dándole otra bofetada que hizo que su labio se partiera.
- ¡Aaah! ¡Ayuda!
Me abalancé sobre ella para taparle la boca bruscamente.
- Shhh. Si intentas gritar, te corto la lengua. ¿Me escuchaste, perra?
Ella solo asintió con la cabeza.
- Bien, ahora escúchame muy bien: si vuelves a hacer esa estupidez de mandarme a quién sabe dónde con esos idiotas que tienes como matones, será lo último que hagas en tu puta vida. ¿Te quedó claro?
Ella movió la cabeza en señal de afirmación.
- Ok, y una cosa más: te vas a mantener muy lejos de Miroku. Si me entero de que te acercaste a él, te vas a arrepentir de haber nacido. ¿Te quedó claro?
No me respondió.
- ¡¿Te quedó claro?! - grité, presionando más fuerte mi mano contra su boca.
Recién entonces asintió.
- Bien. - la solté.
- ¡Maldita, no te saldrás con la tuya!.
- Oh, claro que ya me salí con la mía, enana de mierda.
- ¡Lárgate! - me gritó con odio.
La miré con más odio aún, me acerqué a ella y sonreí malévolamente. Ella se tensó.
- Shima, ¿crees que la pelea que tuve con esos tres bastardos te va a salir gratis?.
- ¿Qué? ¿Qué quieres decir?
- Quiero decir que te voy a dar una lección que jamás olvidarás en tu puta vida.
- ¡No, por favor!
No la escuché más. Le di la paliza de su vida, dejándola ahí tirada, como lo que es: una maldita basura.
Salí del baño, caminé hacia mi auto y me fui al departamento de Kagome.
- ¡Espero no volverte a ver, Shima de mierda! - exclamé.
*Fin del flashback*
- Creo que ya aprendió su lección - me dije a mí misma y salí de mi consultorio.
Cuando llegué al primer piso, me despedí de Celeste.
- Adiós, Celeste.
- Adiós, doctora Taijiya.
Cuando llegué a mi auto, alguien detrás de mí me tomó del brazo para voltearme. Estuve a punto de darle un golpe en la cara, pero él me sostuvo el golpe.
- Hola, Sango
- Miroku - susurré.
- ¿Cómo estás? - me dijo, soltando mi mano.
- ¿Qué haces aquí?
- Tenemos que hablar, Sango.
- No, tú y yo no tenemos nada de qué hablar. - me di la vuelta para abrir mi auto, pero mi cintura fue rodeada por el brazo de Miroku, que me llevó hacia su auto. - ¡Miroku, ¿qué haces?! - quise zafarme, pero él me dio vuelta para estar frente a él y, sin esperarlo, me beso con una necesidad tan grande como la que yo tenía por él desde hacía semanas.
El beso no fue tierno, al contrario, fue tan apasionado y desesperado que mi mente quedó en blanco y solo sentía sus labios contra los míos. Mi espalda fue acorralada contra su auto, y sin darme tiempo a pensar, Miroku abrió la puerta y me metió en el coche.
Seguía con la mente en blanco. Lo vi dar la vuelta y entrar al auto, luego lo encendió.
- ¡Miroku, ¿qué haces?! - le dije.
- Sango, tú y yo tenemos una conversación pendiente, y la vamos a tener hoy mismo. - no me dijo más, solo arrancó el coche.
Perspectiva de Inuyasha
- Otra, por favor.
- Claro, señor, aquí tiene.
- Gracias.
Ya iba por mi quinto trago y lo terminé en dos sorbos para pedir el séptimo. Me di la vuelta para ver el lugar.
Después de mucho tiempo, aquí estoy otra vez, en el mismo bar donde conocí a Kikyo, Tama y a Kagome Higurashi, y donde mi vida dio un giro de 180 grados.
Recorrí el lugar con la vista y no había cambiado en nada. Muchas mujeres buscaban algo casual, lo sabía por la forma en que miraban a los hombres, y los hombres a ellas.
- Tenga, señor, aquí está su trago.
Me di la vuelta hacia la barra para recibir mi bebida.
- Gracias. - dije, mientras me quedaba allí, jugando con el vaso, hasta que alguien me susurró detrás de mí:
- Hola, exjefe.
Me di la vuelta para ver quién era, y era mi exsecretaria.
- Esmeralda, ¿qué haces aquí?
La vi sentarse a mi lado, con un vestido que no tapaba nada.
- Pues verá, exjefecito, yo sabía que te gustaba este bar, así que vengo todas las noches a ver si te veía. Y ya ves, aquí estás. Después de todo, esa mujer no te pudo sacar de esta vida tan divertida, ¿verdad?
No le respondí, solo tomé otro trago de mi vaso. Pero ella se acercó muy peligrosamente a mí y puso su mano en mi pierna, muy cerca de mi entrepierna, y seguía subiendo. Yo la miré mientras ella volvía a hablar.
- Inuyasha, ¿por qué no recordamos viejos tiempos? Podemos pasarla muy bien esta noche, tú y yo. En tu departamento o en el mío, eso da igual. ¿Qué dices?
- ¿Andas algo desesperada, Esmeralda, o es mi idea?
Ella, en lugar de enfadarse, soltó una risita coqueta y me respondió:
- Cuando se trata de ti, siempre ando hambrienta, de follar cariño. Dime, ¿cuándo fue la última vez que tuviste sexo desenfrenado? Sabes que yo hago lo que tú me pidas cariño
Una vez más, no le respondí, pero me quedé pensando.
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que no estoy con una mujer?
Pensé.
La última vez fue con Kagome, y de eso ya hace mucho tiempo. Y, para qué negarlo, necesitaba quitarme este estrés de alguna manera. Tomé mi vaso y me lo acabé de un solo trago. Después, miré a Esmeralda, le sonreí y le respondí:
- ¿Por qué no?.
Ella me sonrió.
Continuará... continuará...
Si llegaron hasta aquí, gracias.
Créditos de la ortografía: la bella autora Cbt1996. ¡Gracias, linda!
