—Jacob POV—
Intenté lanzarle una mordida a Emmett, pero Paul me detuvo justo a tiempo, su voz resonando a través de la línea de comunicación. No era Sam, a quien esperaba más predecible en esta situación; era Paul.
"¡¿Qué crees haces?!" gritó, empujándome con su cuerpo, transformado y listo para actuar.
— ¡La tregua sigue aún en pie! —dijo Sam, su tono autoritario resonando en el aire tenso—. Nadie hará daño a nadie hasta que atrapemos al vampiro.
Su mirada era firme, y sabía a quién se refería: a ese maldito chupasangre rubio, el responsable de todo este caos.
Por más que una parte de mí, la parte lógica, reconociera que Sam tenía razón, la ira y el dolor me consumían. Observé la escena por unos segundos: Emmett, listo para defenderse, y Alice, asustada, oculta detrás de él, temblando. Paul se interponía entre nosotros, mientras Sam respaldaba su postura.
Retrocedí un par de pasos, mi mente en un torbellino de confusión y rabia, y decidí huir.
"¡Jacob!" "¡Vuelve!" Las voces de Paul resonaban tras de mí, desesperadas.
"¡Jacob!" Jared había llegado, tarde pero presente.
"Déjenlo." La voz de Sam cortó la tensión con severidad, un eco de autoridad que no podían ignorar.
Corrí a toda velocidad hacia casa, sintiendo cómo el bosque se convertía en un borrón a mi alrededor. Imágenes se mezclaban frente a mí:
El vampiro mirando hacia el pequeño barranco antes de encontrar el cuerpo de Bella; Su sangre mezclándose con el agua de la corriente. Mi mano intentando tocarla, pero resistiéndome. A esa maldita chupasangre haciéndose la víctima.
Desesperado, lancé una mordida hacia ella, como si pudiera herirla a través de la distancia, aunque sabía que era solo una ilusión.
Volví a mi forma humana, casi a tropiezos, por la velocidad a la que corría. Tomé un par de prendas de ropa de mi escondite y me las puse a toda prisa. Caminé rápido hacia la entrada, cerrando tras de mí con un portazo que resonó en la casa, ignorando a mi familia, que se sobresaltó ante mi llegada abrupta.
— ¿Jacob? ¿estás bien? —preguntó Rebecca desde el otro lado de la puerta.
Caminaba de un extremo a otro en la pequeña habitación, desesperado, buscando respuestas, una solución.
— ¡¿Jacob?! ¡Responde! —insistió Rachel, golpeando la puerta con creciente ansiedad.
La necesidad de hacer justicia por mano propia me consumía.
— ¡Cállense! —grité, la cabeza me estallaba.
Me senté en la cama, cubriéndome las sienes con las manos, haciendo presión como si pudiera detener el caos en mi mente. Entonces, llegó el silencio. Miré fijamente a la pared frente a mí, vacía y fría.
Todo este tiempo, había sido yo quien debía actuar, quien debía dejar de lado los "principios" de mantener los secretos de las especies. Ellos habían sido egoístas, priorizando sus intereses sobre la vida de las chicas.
Ahora, Bella estaba muerta, y el asesino seguía vivo, paseándose por Forks como si nada hubiera pasado. Era solo cuestión de tiempo antes de que huyera, o de que los Cullen le ayudaran a escapar o que la manada volviera. Cualquiera de esas tres posibilidades era alarmantemente real. Tenía que actuar de inmediato.
Sabía dónde se encontraría, bajo el resguardo de la Comisaría. Por más que lo quisiera, no podía actuar tan salvaje, pero lo que si podía hacer era demostrar su verdadera naturaleza, cuando demostrara que no podía sangrar frente a todos.
Sabía dónde encontrarlo, bajo el resguardo de la Comisaría. Aunque me costaba contener mi furia, debía ser astuto; lo que podía hacer era demostrar su verdadera naturaleza. No podría sangrar frente a todos. El caos era inminente, pero era algo que se había postergado demasiado. Nadie pensaba hacer nada, excepto yo.
Caminé hacia el armario, decidido a encontrar la vieja pistola que había robado del cuarto de Billy hace un par de años. La oculté entre la ropa, sintiendo la frialdad del metal contra mis dedos. No podía arriesgarme a salir por el pasillo, arrastrando la vergüenza de haber gritado a mis hermanas.
Miré hacia la ventana y tomé las llaves de la moto del mueble al lado de mi cama. Abrí cuidadosamente la ventana antes de saltar hacia el exterior. Corrí hacia la moto, encendí el motor y me dirigí a mi próximo destino: la Comisaría de Forks.
Llegué en tiempo récord, a toda velocidad, sin importarme la fila de patrullas estacionadas en la entrada. Estacioné la moto y caminé con paso firme hacia el recibidor.
— Necesito hablar con el oficial… Jasper —dije entre dientes, sintiendo cómo el pronunciar su nombre me daba asco.
La recepcionista pareció notar algo extraño en mí; se tomó su tiempo para hojear un par de papeles y revisar su monitor, sin dejar de mirarme de reojo antes de tomar el teléfono.
— No se encuentra en este momento, pero si desea… —respondió finalmente.
La miré por unos segundos y decidí ignorarla, pasando de largo hacia las oficinas.
— ¡Oye! ¡No puedes hacer eso! —exclamó.
Noté cómo varios policías me miraban desde sus escritorios; dos de ellos me tomaron por los hombros, intentando inmovilizarme.
— Tranquilo, chico —insistió uno de ellos, tratando de evitar que me removiera, pero batallando más de lo habitual.
— Sé que lo están ocultando —renegué, logrando salir de su agarre. Mi mirada se centró en los presentes, llena de odio y resentimiento—. ¡Asesinos! ¡Todos ustedes! —grité, dirigiéndome hacia las oficinas principales, donde antes trabajaba Charlie. No dudaba que le hubieran asignado ese cargo en este momento—. ¡Sé que estás aquí! ¡Sal ahora y da la cara!
Al intentar avanzar, un grupo de policías me atrapó de nuevo, ahora el doble. No necesitaba ver sus rostros para saber que estaban sorprendidos; les costaba mantenerme quieto. No estaba ofreciendo mucha resistencia, pero ellos seguían luchando. La desesperación comenzaba a apoderarse de mí, sintiendo cómo mi temperatura corporal se elevaba poco a poco.
Mierda. Era una bomba de tiempo en este lugar.
— Detengan de inmediato todo esto, suéltenlo ya. —La voz que ordenó era familiar: Charlie Swan, quien aún parecía mantener cierto nivel de respeto entre ellos.
Me soltaron al instante, tambaleándome un poco mientras intentaba recuperar el equilibrio. No esperaba verle allí, pero detrás de él, a la distancia, pude ver a la manada. Negué con rabia.
"Si alguien más es asesinado, será culpa de ustedes," les advertí por la línea de comunicación.
Volví mi mirada hacia Charlie, y el odio que había sentido se desvaneció al notar que sus ojos comenzaban a cristalizarse.
— Busquen en el viejo camino Forestal 67, más allá del marcador 12, justo donde el sendero de cazadores se cruza con el arroyo de la reserva —indicó, esforzándose por mantener su voz firme—. Hay una desviación que casi nadie usa. La cabaña está oculta más allá del arroyo. Allí encontrarán los cuerpos.
Cerré los ojos, negando con impotencia. Sabía que se refería a la ubicación donde estaba Bella. Un par de brazos me rodearon; esta vez, era un abrazo que me tomó por sorpresa. Intenté contener las lágrimas frente a Charlie, el padre de Bella, quien había estado presente en mi vida desde que tenía memoria.
— Gracias —dijo apenas en un susurro, su voz temblando—. Por nunca rendirte al buscarla… Ojalá yo hubiera hecho lo mismo.
— Fue… —intenté responderle, con un nudo en la garganta, pero él me interrumpió.
— Lo sé. —Me separé del abrazo, mirándolo confundido. Charlie sacó de su bolsillo una fotografía maltratada y cortada por la mitad, una imagen de boda donde solo aparecía Jasper—. Los chicos me la entregaron; fue encontrada en el lugar.
"Ni una palabra" me amenazó Sam por el canal. Miré a mi alrededor, buscando a Sam por encima de Charlie.
"Y aun así la proteges" le respondí con desdén.
Por más que quisiera delatar a todos los Cullen en ese momento, me mordí la lengua, aguantando la frustración. Me dirigí de nuevo a Charlie.
— ¿Irá al lugar?
— No —respondió, con un nudo en la garganta—. Debo… arreglar las cosas para el funeral y el entierro… Y avisarle a Reneé.
Asentí.
— Los veré allá.
Pasó de largo hacia lo que alguna vez fue su oficina; sabía que se refería al funeral, al que asistiría junto con el resto de los Black, las personas más cercanas a él.
Caminé hacia la salida, donde esperaban los chicos, sus expresiones serias. Solo dirigí mi atención a Sam.
— ¿Por qué? —pregunté a regañadientes.
— Tú no fuiste el único que perdió a alguien, ellos también. Y si los delatas, nos expones a todos.
Fui hacia la moto, hirviendo de cólera, dejando atrás la comisaría a toda velocidad. Los policías estaban demasiado ocupados distribuyéndose para ir a la escena del crimen, ignorando el caos que dejaba a mi paso.
Estaba aún sentado sobre el asiento del piloto en el auto, con la vista perdida, estacionado fuera de la funeraria. Todo el pueblo de Forks se había reunido para despedir a varias familias y a sus hijas.
Las desaparecidas de Forks
Así las habían llamado en las noticias, en los periódicos, en las radios. Todo un escándalo a nivel estatal, acompañado de una imagen del responsable: Jasper Whitlock. Se había relatado la escena del crimen de manera censurada, omitiendo que, en la misma escena, también había estado el cuerpo de lo que alguna vez fue Carlisle Cullen. Para cuando llegaron, ya no había rastro de ninguno de los Cullen involucrados. Ahora era solo una amarga pesadilla.
Rachel, acompañada de Paul, tocó en la ventanilla, insistiendo con señas en que bajara.
— Jacob, vamos —dijo Rachel—. No podemos quedarnos aquí.
— No sé si puedo, Rachel —respondí, mi voz apenas un susurro.
El salón más grande de la funeraria se había asignado a Bella, con una fotografía vieja de ella en Phoenix y su nombre en un elegante marco. A todas las demás chicas les habían puesto el mismo identificador en sus salas, pero, por supuesto, la hija del ex jefe de policía se destacaba. Los lamentos de Reneé Dwyer resonaban desde lejos, pero no era la única; había otras personas que parecían sufrir aún más. Como los padres de "Angela Webber", o por lo menos eso decía al lado de la imagen de la chica con lentes.
— ¡¿Por qué ella?! ¡Llévame a mí en su lugar!
Esos gritos desgarradores me pusieron la piel de gallina mientras pasaba. Frente a la sala de Bella, un chico rubio no dejaba de llorar, paralizado en su dolor, obstruyendo la entrada. No fue hasta que una chica de cabello castaño se acercó y lo movió al vernos.
— Mike… —lo llamó, acariciándole la espalda en un intento de consolarlo.
— Lo siento —se disculpó sin mirarnos, antes de alejarse.
Un escalofrío recorrió mi espalda al ver a los Cullen: Emmett, Alice y Edward. Alice evitó mi mirada en cuanto me vio, levantándose junto a Emmett, disculpándose con Edward antes de pasar tensa a nuestro lado.
— Estaré bien —le aseguré a Rachel, tomándola de la mano por unos segundos antes de caminar hacia Charlie y Reneé para darles el pésame.
Conforme me acercaba, el ambiente se tornaba más denso, y no podía evitar mirar el plateado féretro en el centro de la sala.
El abrazo de Charlie fue rápido y seco, antes de que volviera a su conversación con Billy, mientras que Reneé parecía reconfortarse en la tristeza; sus ojos, ya rojizos e hinchados, reflejaban la devastación.
— Luce hermosa —dijo, pasando un pañuelo por sus mejillas sin despegar la vista del ataúd, su voz sonando ronca y quebrada.
Me tomó del brazo y me llevó hacia el ataúd. Intenté negarme, pero terminé cediendo, tragué con dificultad cuando sentí que se me cristalizaban los ojos al verla allí, con la piel tan pálida y un vestido blanco que parecía brillar a la luz tenue.
Luciría más hermosa si la hubieran convertido en una de ellos.
— Disculpa —sonreí a Reneé, sintiendo las lágrimas deslizarse por mis mejillas, y vi que ella estaba igual.
Por el anochecer, terminé sentado al lado de quien menos pensé: Edward Cullen. Lo observé por horas, inmóvil, con la vista fija en el ataúd. En cambio, el resto de los vampiros no regresaron por el resto del día.
— No sabía que eran tan… unidos —dije con recelo, recordando su posible amistad con Bella.
— No lo éramos —admitió, sin apartar la mirada de ella—. Pero me reservo el derecho a hablarte de mis sentimientos hacia ella.
Su respuesta me tomó por sorpresa, y un silencio incómodo se instaló entre nosotros.
— Nos iremos al amanecer —continuó, y no pude evitar reír con sarcasmo, ignorando las miradas curiosas que pudieran lanzarnos.
— Entonces, ¿esto es una despedida?
Este sonrió.
— ¿Qué son las despedidas sin regalos?
Lo observé confundido mientras se levantaba, manteniendo la vista fija en Bella. Sin poder evitarlo, imité su movimiento y me puse de pie también.
— Limita tus pensamientos solo para ti, Jacob —me advirtió, antes de entregarme una imagen doblada en cuatro—. Emmett y yo nos aseguramos de que no pueda escapar. Si realmente quieres hacer justicia, lo encontrarás en el sótano de nuestra casa —su mirada se oscureció, cargada de una intensidad inquietante—. Pero si prefieres ser razonable y entregarlo, solo dile a Sam y al resto. Considera la deuda saldada.
Lo miré, confundido, mientras caminaba hacia la salida. Al abrir la imagen, me encontré con el asesino de Bella, amordazado y atado con una serie de cadenas; apenas así lograron retenerlo.
¿Cómo lo había encontrado?
Busqué a Edward en el salón, pero ya se había ido. Mis ojos se encontraron con los de Paul, que me miraba con confusión. Guardé el papel disimuladamente y caminé hacia él, manteniendo una expresión neutral.
— Se van por la mañana —me limité a decir, y él solo asintió, sin sospechar nada más.
Caminé hacia la salida de la funeraria, sintiendo el peso del secreto y la responsabilidad sobre mis hombros.
Si han llegado hasta este punto, ¡les agradezco el haberle dado una oportunidad a este fanfic! Espero hayan llorado y sufrido junto conmigo y aunque es un final agridulce, créanme que fueron los mismos personajes los que me llevaron a esto , pero no se pongan tristes que aún faltan 3 Capítulos Bonus resolviendo los hilos de la trama, adelanto: Tendremos el POV de Edward y Jasper.
