Culminación
Emma se quedó petrificada delante de Regina. Nunca hubiera imaginado que la joven se apareciera así, a tan temprana hora.
‒ Yo… ¿Puedo entrar?
‒ Iba a llevar a Hope con la niñera
‒ Oh… ¿Puedo pasar esta tarde?
Emma se estremeció ante la voluntad, bien visible, de la bella morena de querer hablar con ella.
‒ Entra, tenemos cinco minutos‒ Regina asintió y echó a andar ‒ Siéntate
Entonces, Regina se sentó, seguida de Emma, una vez que esta colocó a Hope en su parque. La bella rubia la miró y esperó, pero al notar a Regina ligeramente nerviosa, ella carraspeó.
‒ ¿Y? ¿Por qué estás aquí?
‒ Sí, yo…Lo siento…Yo…No sé por dónde comenzar
‒ ¿Quieres ayuda? Me rechazaste después de haber bailado y haberte ofrecido una flor. ¿Está bien resumido?
Regina no se sorprendió por la frialdad en el tono de su amiga y no se lo tuvo en cuenta.
‒ Bastante, sí. Permíteme que añada información suplementaria
‒ Adelante
‒ Yo no te rechacé‒ Emma rio ‒ ¿Qué?
‒ Te tendí mi iris, y…Tú huiste
‒ Tuve miedo
‒ ¿Miedo? ¿Miedo de qué? ¿De mí?
‒ Francamente…No había imaginado que un día…Tú…Te declararas
‒ Ya, yo tampoco
‒ Entonces, ¿por qué lo hiciste?
‒ Porque…Porque llevaba pensando en ello desde hacía un tiempo
‒ ¿Un tiempo?
‒ Realmente abrí los ojos en Nueva York
‒ ¿En…En Nueva York? ¿Con…Henry?
‒ Sí
‒ ¿Él…Está al corriente?
‒ Al igual que David, que Archie
‒ Pero… ¡Se lo has dicho a todo el mundo!
‒ No, Snow no lo sabe‒ sonrió
‒ Lo supongo, sino ya habría quemado mi casa‒ rio Regina ‒ Emma…
‒ Escucha, no tengo la intención de insistir: lo he intentado, he perdido
‒ ¿Es un juego para ti?
‒ No, por supuesto que no. Pero…Me he declarado, tú diste tu respuesta. He perdido. He perdido tu amistad y mi confianza en mí‒ replicó
‒ En honor a la verdad, realmente no he dado una respuesta
‒ No, es verdad. Huiste. Así que, venga, dámela, tu respuesta
Regina se quedó quieta y su corazón se disparó
‒ Yo…
Pero ante la inseguridad de Regina, Emma suspiró
‒ Olvídalo
‒ ¿Puedes dejarme un minuto? Tú has tenido meses para madurar tus ideas, tus sentimientos…
‒ ¿Y tú? ¿Cuáles son tus sentimientos?
‒ No lo sé
‒ …
‒ Yo…Tengo la impresión de ser la última en enterarse, de que todo el mundo lo sabe…
‒ Quizás porque efectivamente hay algo, ¿no?
‒ …
‒ Escucha, no voy a insistir, ya lo sabes. Yo quería…Solo estar en sintonía con lo que siento, y eso hace bastante que no me sucedía.
Regina frunció el ceño
‒ Hablando de eso…Yo…David me dijo algo que me hizo pensar que…No me lo has contado todo
‒ …
‒ Emma, has sido franca conmigo, me gustaría serlo yo también, pero si no conozco todos los datos…
‒ Si te los doy, cambiará tu percepción de las cosas y podrías sentir piedad y eso no lo quiero para nada. No deseo que…Te acerques a mí por caridad.
‒ Deja que sea yo quien lo juzgue. Y, de todas maneras, te aseguro que no sentiré piedad. Es más, por lo que respecta a ti, raramente la he sentido.
Emma sonrió
‒ Cierto
‒ Entonces, dime
Emma se movió, incómoda, en el sofá antes de tomar aire.
‒ Antes…Antes de la muerte de Killian…Todo el mundo pensaba que encarnábamos a la pareja feliz y perfecta que se supone debíamos ser, pero era falso
‒ …
Emma rio tristemente
‒ Él…Me engañaba, Regina
‒ ¿Qué? Pero…
‒ Duró semanas. Comenzó una noche de alcohol. No volvió a casa y supuse que seguía con sus compañeros en su barco…Pero volvió apenado, confesándome que había cometido una tontería. Y yo, yo estaba ciega, lo amaba. Le perdoné, y creí en sus promesas de fidelidad. Pero…Algunos días más tarde, volvió a pasar la noche fuera, pero esta vez, al volver no me dijo nada. A partir de ese día, no volvió a pasar la noche fuera, pero regresaba muy tarde…Intenté creerlo, poner buena cara. Cuando tuve suficiente, me fui a dar una vuelta por el puerto donde solía pasar sus horas, y no tuve que ir más lejos para descubrir que era un asiduo a un bar de "cortesanas" como él las llamaba, y que incluso era cliente habitual de una de las chicas.
‒ Qué cabrón…‒ murmuró Regina
‒ Ya…Supe que se había acabado, pero…Las apariencias…Era una cornuda, sentía vergüenza. Cuando me enfrenté a él, ni siquiera le negó, de todas maneras, era inútil. Pero sacó la baza de la sensiblería, de la familia, de Hope. Yo…Ya no podía más. Durante los últimos meses, incluso, dormíamos en habitaciones separadas. Él se apoderó del sofá.
‒ Emma, ¿por qué no me lo contaste?
‒ Porque yo era Emma Swan Jones. Se supone que yo, al igual que mis padres, tenía que representar a la pareja perfecta, la imagen perfecta de la familia ideal. Pero la verdad era que él me engañó y prefería sus botellas y las putas del puerto. Un pirata, al fin y al cabo ‒ rechinó con ironía
‒ Oh, Emma…
‒ Y ahí está, es por eso por lo que no quería decírtelo
‒ ¿Por qué?
‒ Para no ver esa mirada sobre mí, una mirada de piedad, de compasión. No necesito eso.
‒ Lo siento. Pero…Más allá de la piedad, es sobre todo pena lo que siento. Me hubiera gustado estar ahí para apoyarte. Estabas sola…
‒ ¿Lo peor? Cuando murió, en un primer momento fue la sorpresa, después la pena…Alivio. Lo amaba, pero…al final lo que hacía era sufrir en esa pareja. Solo quedaba Hope para unirnos el uno al otro
‒ …
‒ Fue en Nueva York cuando tomé consciencia de que…Tú lo eras todo. En mi vida, para mi hija. Tú has estado presente, de una manera o de otra, desde mi nacimiento. Siempre has estado ahí y tienes en ti una parte importante para mí. Criaste a Henry, tienes un lazo indiscutible con Hope. Creo que siempre lo he sabido, pero no me daba cuenta, o no quería darme cuenta
‒ …
‒ Sé que…Crees que esto viene de la nada, pero…Ok, fui torpe en el baile, no sabía cómo hacer…
‒ Lo del iris estuvo bien pensado
‒ Una idea de mi madre‒ sonrió Emma, pero ante la expresión de sorpresa de Regina, matizó ‒ Ella no sabe nada. Solo me dijo cómo era lo del cortejo en vuestro mundo.
‒ Oh, ya veo. ¿Y no tiene la mosca tras la oreja?
‒ Oh, bueno, supongo que piensa que tengo a alguien a la vista
‒ Sí, ciertamente un apuesto caballero…
‒ Si ella supiera que apunto hacia una reina‒ ironizó, antes de volver a ponerse seria ‒ Bueno, en fin, en teoría…
‒ Emma…
‒ Escucha, está bien si no sientes lo mismo. Puedo comprender que es complicado para ti
‒ Ah, ¿sí?
‒ Sí, soy la hija de una pareja a la que has detestado. Aunque los tiempos han cambiado…Los prejuicios se resisten a desaparecer. Sé que piensas que no mereces el amor, pero…Estoy dispuesta a…
‒ No
‒ ¿No?
‒ Yo…‒ ella se levantó y de repente parecía nerviosa ‒ Emma, yo tengo que…reflexionar
‒ O…Ok
‒ ¡Hasta más tarde! ‒ dijo con prisa antes de salir, dejando a una Emma sorprendida, pero sonriente: Reflexionar. Sí, Regina no la había rechazado.
El corazón de Regina latía tan fuerte en su pecho que le parecía que su tórax iba a estallar. Cuando regresó a su casa, estaba perdida, totalmente perdida por la declaración de Emma. Esas palabras le volvieron a la mente y su rostro, su mirada, su voz. Se dejó caer en el sofá y posó sus codos en las rodillas, hundiendo su cabeza en sus manos. No se lo podía creer… ¿Emma Swan, la Salvadora…la amaba? Era inverosímil, pero…Eso explicaba muchas cosas: su mudanza a su lado, su presencia en el baile, esa danza, esa flor, pero también su complicidad mutua, su apego a Hope.
Después, pensó en sus propios actos: la manera en la que había rechazado a Mulán y las razones que la habían conducido a decirle que no, su melancolía cuando Emma se había marchado, el haberla alojado cuando volvió y el bienestar que sentía al tenerla a ella y a Hope cerca de ella durante esa semana. Su sorpresa y alegría, apenas disimuladas, cuando comprendió que sería su vecina. Su conmoción cuando la vio en su vestido de gala y sus estremecimientos cuando compartieron ese baile.
No, nada era debido al azar. Pero ¿de verdad podía creer en ello? Y los demás, ¿qué pensarían? Era una insensatez, sin embargo, en su interior, la perspectiva de estar con Emma, de vivir con ella, con Hope, de compartir tiernos momentos, como el del baile, sí, todo la hacía estremecerse…Y no en un mal sentido.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó el motor del coche de Emma arrancar. Se precipitó hacia la ventana que daba a la calle y apenas tuvo tiempo de ver la cabellera rubia de Emma pasando por delante de la casa.
Sintió un pequeño dolor en el pecho. ¿Un lamento? ¿Una decepción? ¿Cómo ir a trabajar si su mente estaba acaparada por otra cosa? Pero, no aparecer en su despacho levantaría sospechas infundadas. No podía dejar que fuera lo que fuera cambiara alguna cosa, a pesar de… ¿De qué? ¿Sus sentimientos? ¿Sus deseos?
Cuando finalmente decidió ir al trabajo, se quedó encerrada en el despacho sin salir. Pero cuando el reloj dio las doce, la tensión se apoderó de ella: ¿Emma aparecería como era su costumbre? ¿O había decidido poner distancia? Los minutos pasaron y nada de Emma en el horizonte. Regina tenía que aceptarlo: las cosas iban a cambiar entre ellas a partir de ahora.
Pero, de repente, tocaron a la puerta y apenas tuvo tiempo de decir "adelante" cuando Emma apareció, bolsa en mano.
‒ Hey, ¿molesto?
‒ No…No, en absoluto. Yo…No pensaba verte aquí…No después de…
‒ Oh, eso, bueno…de hecho…‒ se acercó a la mesa y sacó de detrás de su espalda un ramo de iris azules ‒ He decidido retomar las cosas de otra manera
‒ ¿Emma?
‒ Voy a…seducirte, cortejarte…Llámalo como quieras
‒ Pero…
‒ Esto es para ti. Y evidentemente, no he olvidado tu ensalada.
Regina se inclinó hacia las flores y las olió dulcemente
‒ ¿Se…Seducirme?
‒ Sé que aún tienes dudas. Así que, en lugar de compadecerme de mí misma, he decidido coger al toro por los cuernos
‒ ¿Y yo soy el toro?
‒ Digamos que metafóricamente es así‒ rio Emma ‒ Lo que quiero decir es que…Sé que fui torpe con ese baile y esa flor, pero…Me gustaría hacer la cosas correctamente y mostrarme diga de tu confianza, demostrarte que de verdad te quiero
‒ …
‒ Yo…No quiero ponerte entre la espada y la pared, eh. Si tú no quieres, bueno…Lo dejaré, pero…‒ bajó la mirada ‒ Lo que más miedo me da es perder tu amistad y tu apoyo, que me han sido tan preciados hasta ahora. Y sé que podríamos pasar por encima de eso…
‒ Emma… ‒ se levantó y tendió las manos para coger el ramo ‒ Son muy bonitas, gracias
‒ ¿Acaso…Significa que…aceptas que…?
‒ Sí‒ sonrió Regina ‒ Definitivamente no sé a dónde nos va a llevar esto, pero…Creo que también lo quiero
‒ Ok, entonces…‒ se aclaró la garganta ‒ ¿Aceptarías cenar conmigo? Cuando tú quieras, no te presiono, no te sientas obligada a aceptar inmediatamente, pero…Piensa en ello
‒ Con mucho gusto
‒ ¿Qué? ¿Con mucho gusto aceptas cenar conmigo, o con mucho gusto pensarás en ello?
Regina rio y sacudió la cabeza
‒ Acepto cenar contigo
‒ Ok… ¡Ok! Bueno, euh…
‒ Hey, Emma, relájate
‒ Sí, perdón, pero…En fin, ya sabes
‒ Ya hemos cenado juntas muchas veces
‒ Sí, pero no es lo mismo, ya sabes…
‒ Sí, ya sé‒ ironizó Regina ‒ Pero, relájate. Tómate esa cena como otra cualquiera. No intentes hacer algo diferente bajo la excusa de que no me va a gustar
‒ Ok… ¿Alguna idea?
‒ No intentes nada complicado, Emma. Si intentas parecer otra cosa, podrías equivocarte
‒ Entonces…Una cena en mi casa mañana, ¿te va?
‒ Lo dejo en tus manos‒ sonrió Regina
‒ ¡Guay! Bueno…Mientras, te he traído tu ensalada
‒ ¿No comes conmigo?
‒ No, tengo que ir al Bosque Encantado con mi padre
‒ Oh, muy bien. Ten cuidado
‒ ¡Siempre! ‒ dijo al girarse, lista para salir del despacho. Pero antes de marcharse, se volvió a girar ‒ Dime…
‒ ¿Hm?
‒ Somos…En fin, ¿crees que podríamos ser…?
‒ A su tiempo, Emma, paciencia
‒ Ok, ok… ¡Hasta luego!
No supo por qué, pero esa visita inesperada le hizo un gran bien. Y con el corazón ligero dio cuenta, con placer, de su ensalada, pensando en la famosa cena del día siguiente.
Durante todo el día, Emma parecía estar flotando en una nube, y David se dio cuenta. En el camino de vuelta a Storybrooke, él decidió lanzarse.
‒ Bueno…Tengo la impresión de que todo va mejor, ¿no?
‒ ¿Hm? ¿Qué?
‒ Decía que, vista tu sonrisa tonta y tus canturreos, todo va mejor
‒ No canturreo
‒ Pero no niegas estar feliz. Es un cambio con respecto a tu expresión taciturna de días atrás. Imagino que tiene que ver con Regina
‒ No tengo la intención de hablar de eso contigo
‒ Pero sí ya lo has hecho
‒ Sí, pero…Ya no es lo mismo
‒ ¿Porque acaso es algo que puede concretizarse? O quizás ya lo es
‒ Stop
‒ ¿Entonces?
‒ Pero… ¿En qué te concierne?
‒ Eres mi hija. Y te he visto tanto feliz como en la miseria, y todo gracias a o por culpa de la misma persona. Pero me doy cuenta de que hoy, pareces…flotar en una nube. Me atrevo a creer que se trata otra vez de la misma persona.
‒ … ‒ Emma suspiró antes de sonreír ‒ Sí
‒ Bien. Entonces, ¿qué ha pasado?
‒ Nada. De momento. Yo…Vino a mi casa esta mañana. Se lo he contado todo
‒ ¿Lo de Hook quieres decir?
‒ Sí. Me he sentido aliviada, porque era una de las últimas personas a las tenía que decírselo y el hecho de que fuera Regina…Sí, finalmente me sentí aliviada. A continuación, encadené una declaración algo torpe, pero ella no me rechazo. Este mediodía, le llevé una ensalada y la he invitado a cenar mañana
‒ Bah… ¡Cuántos cambios! Y es… ¿Oficial?
‒ ¿Nuestra cita? Ni siquiera sé si podemos llamarla como tal. Estamos acostumbradas a cenar juntas. Cuando vivía en su casa, lo hacíamos todas las noches.
‒ Bien, pues te toca esmerarte para que no se parezca a una cena cualquiera
‒ ¿Quiere decir con todo el tinglado? ¿Flores, música romántica, todo eso?
‒ No fuerces demasiado. No hay que meterle miedo a Regina‒ rio
‒ Muy divertido. Pero ¿cómo hacer que sea diferente sin que parezca, por otro lado, una verdadera cena romántica? Quiero decir…No soy de las de sacar las velas, los violines y…
‒ ¿Las flores?
‒ Sí, bueno eso…Eso es otra cosa
‒ La has cortejado como se debe, estoy seguro de que saldrás victoriosa de una simple cena
‒ ¡Pero precisamente no es una simple cena! Debe decir "Me interesas, quiero ir más lejos", sin que sea agresivo y se sienta acorralada.
‒ Comprendo, los comienzos son delicados. Pero una vez en marcha, todo se desliza y…
‒ Vale, está bien, lo he pillado‒ suspiró Emma ‒ Mierda…He decidido seducirla y no tengo idea de cómo hacerlo. Me he metido en un verdadero berenjenal, ¿no?
‒ Es…Digamos que no le has echado el guante a la mujer más sencilla‒ Emma se detuvo, en medio del camino ‒ ¡Hey! ¿Algún problema?
‒ ¿Por qué me sorprende que te tomes esto tan bien?
‒ ¿Cómo?
‒ El pasado es pasado, blablablá, pero todos sabemos que, muy en el fondo de ustedes, y de algunos del pueblo y de otros sitios, Regina simboliza un pasado turbulento difícil de olvidar.
‒ ¿Piensas que estoy contrariado de que mi hija ame a nuestra antigua némesis?
‒ Para nada. Es más, estoy bastante asombrada de que te lo tomes tan bien, es todo
‒ Digamos que…He comprendido, rápidamente, que, aunque eras nuestra hija, no teníamos gran cosa que enseñarte, a no ser la noción de esperanza inherente a nuestra familia. Y he comprendido muy bien que oponerme a ti sería en vano, pues cuando yo te digo derecha, tú vas a la izquierda y si te impido algo, irremediablemente, sé que cogerás ese camino.
‒ Entonces, ¿no dices nada por rendición? ¿Porque, pase lo que pase, yo haré lo que quiera, aunque eso no te guste?
‒ Eres adulta, Emma. No tengo que decirte lo que debes hacer. He visto cómo te casabas con un hombre al que apenas amabas, y no dije nada. He visto cómo llegabas por las mañanas al trabajo con los ojos rojos y la expresión cansada, pero volvía la cabeza. Tengo muchos defectos y he cometido muchas equivocaciones también. Ahora, eres libre de amar a quien quieras y hacer lo que quieras. Ok, no se me hubiera pasado por la cabeza que esa persona pudiera ser Regina. Pero por otro lado…Siempre habéis estado unidas, de una manera u otra.
‒ Wow…Pero…Dime…Dime sinceramente lo que piensas
‒ Pienso que es extraño, pero que podría funcionar. No conozco a nadie más cercano a ti, aparte de nosotros, y de Hope. Vosotras…Si tú piensas que lo tuyo con Hook era lógico, entre Regina y tú es…Normal. Quiero decir: en estos últimos años, os habéis acercado, habéis criado a Henry juntas. Y, además, está Hope, y Regina ha estado mucho más presente para ella que su propio padre. Recuerdo que ella estuvo contigo cuando Hope dio sus primeros pasos.
Ante ese recuerdo, Emma sonrió
‒ Sí, fue…Un momento mágico
‒ Y hablando de magia, las dos tenéis una magia tan poderosa que hace moverse a la luna y abrir portales…Y estoy convencido de que tú tienes algo que ver con el hecho de que Regina pueda hacer magia blanca.
‒ Entonces, ¿piensas que ella y yo…es posible?
‒ Evidentemente
‒ ¿Crees que Snow será tan fácil de convencer?
‒ Creo que ella te ha visto muy mal y ahora te ve resplandeciente. Además, ya sabe que estás lista para pasar a otra cosa
‒ ¿Ah sí?
‒ Piensa que le has echado el ojo al joven con quien compartiste algunos bailes la otra noche
‒ Joder…
David rio
‒ Tú lo has dicho
‒ La decepción va a ser dura
‒ No lo creo
‒ ¿De veras? ...Su hija y Regina juntas
‒ La juzgas demasiado rápido. Estoy seguro de que, en su interior, ya lo sabe, como muchos, por cierto. ¿Por qué crees que yo no me sorprendí tanto cuando me lo contaste? Lo sospechaba mucho antes de la muerte de Killian.
‒ ¿Qué…Crees que va a pensar la gente? Hace apenas cinco meses que él ha muerto y…
‒ Qué les den. Se trata de ti, no de los demás. Cada uno lo vive a su manera y a su ritmo. Si tú te sientes preparada para volver a sentir y abrirte a un nuevo amor, pues que así sea. Felizmente, Regina es lo suficientemente madura para dejarte a tu ritmo.
‒ Ella siempre lo ha hecho‒ sonrió Emma pensando en la vez en que le dijo que quería retomar el trabajo y que quería encontrar una casa. Regina había sido comprensiva y a la escucha. Le había dejado tiempo, como siempre.
‒ Bueno, venga, descanso de confesiones. Ya me dirás más cuando las cosas avancen.
‒ ¿Quieres decir cuando…?
David hizo una mueca
‒ Eww, no, cuando tengáis vuestra primera cita.
Emma sonrió, feliz de haber encontrado una oreja atenta y un hombro en el que reposar. El fin de ese día fue ideal para Emma, aún en su nube, sin tener idea de que, por el lado de Regina, las cosas eran más oscuras, pero no menos excitantes.
En su despacho, la bella morena no dejaba de pensar en su cena del día siguiente: técnicamente, ya habían compartido un buen número de cenas juntas, incluso a veces en un ambiente que bien hubiera podido dar señales desde hacía tiempo. ¿Qué esperaría Emma de esa cena? ¿Deberían ellas…? No, era demasiado pronto, no estaba lista. Era la primera vez que Regina notaba que se le escapa las riendas de la situación. Normalmente, era ella la que maneja el timón, que sabía lo que hacer, pero ahora…Emma se había declarado y ella parecía estar a su merced.
Enarbolaba ahora un nuevo papel al que no estaba acostumbrada y no sabía si le disgustaba o no. Debía confiar en Emma, y con toda franqueza, no tenía miedo. Emma era una mujer dulce y fuerte, con carácter, pero también con momentos en lo que parecía tan perdida como lo estaría una niña a la que había que proteger. Recordaba sus veladas donde, sentadas en el sofá, disfrutaban simplemente de la presencia de la otra, sin intercambiar palabra. Después, Emma se quedaba dormida pegada a ella y, hoy ese gesto que parecía anodino en su época, la hacía estremecerse. ¿Cómo actuar la noche siguiente? Si actuaba con normalidad, Emma pensaría que no estaba interesada. Si actuaba más osadamente, Emma podría creer que esa noche…
Ante ese pensamiento, Regina se levantó de la silla y se puso a caminar de arriba abajo por el despacho imaginándose mil escenarios diferentes de lo que podría suceder al día siguiente, y una cosa le venía sin cesar: el primer beso. La idea de besar a Emma dejaba a Regina con los nervios a flor de piel. Sus labios que se tocan, sus cuerpos que se estrechan. De repente, la mente de Regina divagó hacia pensamientos menos castos de tal manera que tuvo que abofetearse para evitar tener esas imágenes poco castas en su cabeza.
Era imposible que dieran el paso la primera noche, ¿no? No, evidentemente Regina ya había franqueado esa etapa la primera noche, pero con Emma…Las cosas no debían ser más…Menos…
Gruñó entonces y cuando se dejaba caer en el sofá de su pequeño salón, tocaron a la puerta.
‒ Adelanteee…‒ gruñó Regina sin realmente darse cuenta
‒ ¿Regina?
El corazón de la bella morena se saltó un latido al ver a Emma aparecer
‒ ¿Qué haces aquí?
‒ Oh, bueno…‒ alzó una carpeta ‒ Vengo a traerte el informe mensual financiero de la comisaría
‒ Oh, muy bien, solo me faltaba ese para cerrar el presupuesto
‒ ¿Estás cansada?
‒ ¿Huh?
‒ A esta hora raramente estás en el sofá. ¿Te encuentras mal?
‒ Oh, no, no, yo…Solo…
‒ Déjame adivinar: ¿piensas en mañana por la noche?
‒ ¿Mañana por la noche?
‒ Nuestra…Cena
‒ Ah, oh, no, en absoluto‒ mintió Regina ‒ Yo solo…Estoy llena de trabajo. Como siempre a finales de mes, ya sabes: cerrar los presupuestos, preparar el mes siguiente…
‒ Ya, ya veo. Yo…Bueno, te dejo entonces
‒ Sí, yo…Gracias
‒ Regina, ¿estás segura de que todo va bien?
‒ Sí, sí, todo va bien
Pero Emma no era tonta, conocía a Regina, el más mínimo de sus gestos, de sus expresiones faciales.
‒ Regina, si hay algún problema con lo de mañana…
‒ ¿Lo de mañana?
‒ La cena
‒ Oh, no, ningún problema, ¿por qué habría de haber?
‒ No lo sé. No deseo obligarte a nada, ya lo sabes. Si tienes problemas con la palara "cita", entonces…tómalo como una cena habitual entre las dos. No sería la primera vez que compartimos una. No espero nada, ¿sabes? No te meto presión.
Regina se divertía ante el cuidado que demostraba Emma para no apurarla. Entonces sonrió suspirando.
‒ Emma, no deseo una cena habitual‒ se acercó a ella y le cogió las manos ‒ Si así fuera, ¿cuál sería el interés en querer ir más lejos en nuestra relación? Imagino que no deseas una relación platónica o de simples amigas que se divierten de vez en cuando, ¿me equivoco?
‒ Euh, sí, en fin, no. Yo…quiero que sea serio entre nosotras. Pero, no quiero que te sientas oprimida e incómoda ante la idea de una cena romántica.
Regina sonrió
‒ No voy a mentirte. Siento una ligera aprehensión, pero no ante la idea de un nosotras. Solo pienso en todo lo que hemos compartido desde tu regreso de Nueva York y esa semana en la que viviste bajo mi techo: esos momentos en la noche, cerca del fuego o incluso esos desayunos compartidos. Todas esas cosas que, pronto, se revestirán de otro simbolismo.
‒ ¿Y eso te molesta?
‒ No. Es extraño y embriagador a la vez. Es como…Salir con tu mejor amiga: nos conocemos de memoria y ya desde hace más de diez años.
‒ Bueno…Podremos descubrir otra faceta de nuestras personalidades. Una faceta más…íntima, más tierna‒ dijo ella estrechando las manos de Regina entre las suyas ‒ Yo también estoy cagada, créeme. Pero hemos perdido bastante tiempo, creo. Ahora, podríamos pensar un poco en nosotras, ¿no crees?
Regina se acercó y acarició con su índice la mejilla de la bella rubia
‒ Lo creo, sí
‒ Entonces…Relax, todo irá bien mañana. No te pido nada, no espero nada a no ser pasar un buen rato contigo alrededor de una mesa, como ya lo hemos hecho y como lo volveremos a hacer, ¿ok?
‒ Ok
‒ Sé que no te gusta no tener el control de la situación, pero, por una vez, déjame hacer, solo una vez, solo mañana
‒ Prometido
‒ Bien. Ahora, si me permite, señora alcaldesa, tengo una comisaría a la que ir. ¡Quiere usted no distraer a sus empleados!
Regina estalló en una carcajada.
‒ Veremos quién distraerá a quién, hum…
‒ ¿Amenazas?
‒ Promesas
‒ Oh, vaya… ¿Quién perdía confianza hace diez minutos, eh?
‒ ¡Lárgate! ‒ ordenó Regina sonriendo
‒ ¡Bien, jefa! ¡Hasta mañana por la noche!
‒ Eso es…
Cuando la puerta del despacho se cerró, Regina dejó escapar un suspiro de satisfacción: sí, la visita de Emma la había aliviado. Como si ella supiera exactamente lo que había que hacer o decir para tranquilizarla y calmarla. Porque era el caso: Regina se sentía más serena ahora. Sí, la cena del día siguiente sería un poco diferente, pero al mismo tiempo, sabía que sería un éxito, no tenía ninguna duda de ello.
Durante el resto de la jornada, Emma permaneció en la comisaría, con la cabeza en las nubes. Cuando David se le unió, se sorprendió al verla tan concentrada en su ordenador.
‒ Eh, bah…¿Qué caso te tiene tan concentrada?
‒ Mi menú
‒ ¿Hein?
‒ Está bien querer agradar a una chica en una cita, pero cuando esta es una verdadera cordon bleu, no hay que dejar nada al azar en el menú. Y eso es un marrón
‒ Espera, ¿no me digas que llevas en el ordenador desde antes por eso?
‒ Por favor…No hay nada que hacer aquí…Tengo que ocuparme en algo. Y, en serio, es una cuestión crucial. ¿No se dice que una pareja se mantiene por dos cosas?
‒ Tengo miedo de preguntar por cuáles…
‒ El sexo y la comida
‒ Ah…
‒ Tengo que apostarlo todo en la cena de mañana, porque, ya sabes, en cuanto al sexo con muje…
‒ …Ok, stop. Lo he pillado.
‒ Ya…
‒ Está claro que frente a Regina no puedes competir‒ refunfuñó David mientras se alejaba
‒ ¡Hey!, Hey, ¿qué quiere decir eso? ¡Hey, respóndeme! ‒ dijo ella levantándose y rodeando la mesa para correr tras David hacia la máquina de café, cuando Mulán entraba ‒ Hey, ¿qué quiere decir eso? ¿Que Regina…Ha tenido ya…algo con mujeres…? Bueno, quiero decir…Bah, ya sabes
David rio y se inclinó lentamente hacia ella
‒ Hm…Digamos que no era raro que Snow me contara esas…Cosas
‒ ¿Cosas? ¿Qué tipo de cosas?
David le echó una mirada de entendimiento a Mulán
‒ Ya sabes…Guardias…Sirvientes…Era moneda corriente que ella "se ocupara" como bien podía a la espera de que al rey le apeteciera
Pareció que la sangre de Emma había abandonado su cuerpo y que iba a desmayarse.
‒ Espera…Quieres decir que ella…que ella…Con mujeres, ella ya ha…
‒ Oh, ciertamente muchas veces, sí
‒ Mierda…Y yo que pensaba que…que, por una vez, estaríamos al mismo nivel
‒ ¿Y en qué te molesta?
‒ Por norma general, que uno de los dos tenga experiencia es bastante guay, pero…Regina ya es una mujer con seguridad, pensaba de verdad que, por una vez, estaríamos en igualdad en ese aspecto y que aprenderíamos juntas…Arghhh, ¿¡y por qué hablo de esto contigo?!‒ dijo tomándose la cabeza entre las manos
‒ Pues habla con alguien que comprenda mejor estas cosas
‒ ¿Eh?
Él inclinó la cabeza hacia Mulán que estaba enfrascada en sus informes.
‒ Estás de broma, ¿no? Ella quería salir con Regina. Es como si…Fuera su ex. Sería demasiado raro hablar de esto con ella.
‒ ¿Ah, sí? ¿Más raro que hablar con tu padre?
Emma puso los ojos en blanco
‒ Oh, cierra la boca…
‒ Escucha, Mulán…Podría comprender lo que sientes y tus miedos mejor que cualquier otro, sobre todo yo. No me malinterpretes, me gusta ser tu confidente, pero hasta cierto punto…Será mejor que me mantenga en la ignorancia‒ dijo con una sonrisa ‒ Deja tu orgullo de lado, y habla con ella, ¿ok?
‒ …
‒ Bueno, yo me voy. Tu madre me quiere en casa pronto. ¿Quién sabe lo que tiene en mente? ‒ dijo irónico
‒ Ok…‒ Cuando David desapareció tras las puertas, Emma miró de soslayo a Mulán. No, para nada iba a hablar de sexo con una mujer que, ciertamente soñaba con tenerlo con Regina. Entonces se dio la vuelta y volvió a su mesa para ocuparse de algunos informes antes de, una hora más tarde, abandonar la comisaría despidiéndose de Mulán.
Cuando volvió a su casa, pasó por delante de la casa de Regina y vio la luz de la habitación de la joven encendida. Se estremeció al imaginarse a Regina en camisón o saliendo de la ducha…Se dio una bofetada mental antes de entrar en su casa y dejarse caer sobre el sofá maldiciendo: no tenía suficiente presión para estar a la altura de Regina como novia pasable, para ahora esto…Jamás habría pensado que ella sería más experimentada también en ese terreno.
Ella se vería como una idiota, una muchachita torpe y débil…Pero ¿qué coño haría Regina con una chica como ella? Una mujer-florero que apenas era capaz de planear un menú correcto, de imaginar una sencilla cita, pero que, a la vez, fuera bastante sofisticada para una mujer como Regina…Y ahora, tenía que estar pensando en el después y su falta de experiencia con mujeres.
Y la curiosidad tomó el relevo: ¿cómo sería ella en la cama? ¿Dominaba o se dejaba hacer elegantemente? ¿Actuaba diferente con los hombres y con las mujeres? ¿Cuántas criadas habían explorado su cuerpo? ¿Y si…Y si en Storybrooke había tenido también mujeres? Podría haber intercalado a mujeres cuando estaba con Graham para mantenerse "ocupada"
Su imaginación volaba como loca y de repente, imágenes poco castas de Regina en la intimidad la asaltaron. ‒ Mieeerrrdaaa…‒ gruñó ‒ ¡Una ducha! ¡Una ducha bien fría, Emma! ‒ se ordenó antes de darse cuenta de que su hija, a la que había ido a buscar al salir del trabajo, la mirada, perpleja ‒ Hey, nada de juzgar, ¿ok? Si quieres que Regina forme parte de la familia…Habrá que apostar todo a tu carita amorosa, porque tu madre, visiblemente, no está preparada para ser la novia ideal‒ suspiró
Hope balbuceó y Emma se lo tomó como una afrenta.
‒ Tienes suerte de ser mi hija. Pero podría considerar tu llegada a este mundo ocultando las pruebas…Después de todo soy sheriff
Hope se echó a reír más fuerte y dio palmaditas
‒ ¡Mamá!
‒ ¡Te odio pequeña bola de amor!
‒ ¡Mamá, mamá, mamá!
‒ Dime… ¿qué te parecería tener una segunda mamá, eh?
‒ …
‒ Quieres mucho a Gina, ¿no?
‒ ¡Nia!
‒ Sí…Nia…Ella es guay, ¿verdad?
‒ Sí…
‒ Ya. Vamos a hacer todo lo posible
Le acarició sus bellos rizos rubios antes de prepararle su biberón, después se pusieron a ver la tele juntas para finalmente meterla en la cama. Solo en ese momento pudo darse esa ducha salvadora para su mente.
Una vez en la cama, volvió a pensar en la velada del día siguiente: ninguna presión, era su lema, pero desde que se había enterado del pasado de su futura novia, tenía la impresión de estar completamente perdida. Sin realmente saber lo que hacía, tecleó en el móvil palabras clave como "sexo", "mujer", "lesbiana" y desorbitó los ojos al ver las primeras imágenes desfilar por la pantalla. Rápidamente, cerró todo y dejó el teléfono apoyado en su pecho.
‒ Joder, estoy bien en la mierda. Aquí a punto de mirar porno lésbico…¡qué idiota!
Cerró los ojos y se giró hacia la ventana: al otro lado de la calle, a algunas casas de distancia, Regina dormía probablemente sin preocuparse con todas estas cuestiones fútiles. Sí, por su parte, Regina no pensaba seguramente que el sexo fuera problemático.
‒ Antes de pensar en el sexo, Emma, piensa en la cena de mañana y no metas la pata…‒ suspiró antes de cerrar los ojos.
Porque sí, el día siguiente sería una velada crucial.
No había tenido elección. Tenía que admitirse vencida…Vencida por sus deseos, sus hormonas y su mente lasciva. Desde que se había despertado, solo tenía una idea en la cabeza: hacer que esa noche fuera inolvidable, en todos los sentidos. Pero si la comida podía aún ser manejable, el después era más problemático. Seducir a alguien siempre era una ciencia inexacta, aún más si la persona que se tenía delante era experimentada y sobre todo del mismo sexo…Un sexo que le era extraño.
Así que, más pasaba el día, más Emma debía rendirse a la evidencia: necesitaría ayuda. Y, escuchando los consejos de su padre, y a pesar de las pocas ganas que tenía, a regañadientes apareció frente a la mesa de Mulán, quien estaba concentrada en su ordenador.
‒ Hm, hm…
Mulán alzó la cabeza
‒ ¿Emma? ¿Algún problema?
‒ Sí, no, bueno…Yo… ¿Te apetece ir a tomar una cerveza al Rabbit Hole o a otro lado?
‒ Oh, euh…‒ miró su reloj ‒ ¿Ahora? Pero ¿no estaría mal si abandonamos ahora el puesto?
‒ Na, David está aquí, y si pasa algo tenemos los buscas
‒ Ok
David vio a su hija y a Mulan salir, le guiñó un ojo a Emma que le respondió con su dedo corazón extendido.
Cuando entraron en el Rabbit Hole, el ambiente estaba lejos de ser el que se encontrarían caída la noche. Era un ambiente más calmado y silencioso, incluso el público de esa hora no era el mismo que el de la noche.
‒ ¿Una cerveza?
‒ Oh, euh…No bebo alcohol
‒ ¡Venga ya! Un buen poli empina bien el codo cuando es necesario. En serio, ¿nunca la has probado?
‒ No. Me abstuve solo al champán durante el baile en Arendelle
‒ Hm, ya veo…Venga, prueba
Mulán imitó a Emma y bebió del botellín antes de hacer una mueca
‒ Ouh, es…Especial
Emma rio
‒ Bueno…Hay que enseñarte muchas cosas
‒ Ciertamente
‒ Hey, hagamos un trato: yo te enseño a convertirte en una chica más guay y más de este tiempo y…tú me enseñas un poco más sobre las relaciones entre…Mujeres
‒ ¿Perdón?
La seguridad de Emma se evaporó, aunque los efluvios del alcohol comenzaban a hacer efecto
‒ Yo…No tengo ninguna experiencia en eso. Hasta hacía algunos meses, no pensaba que las mujeres pudieran atraerme, pero…
‒ Surge Regina‒ concluyó Mulán ‒ Lo he comprendido
‒ Sí…Ella…Me dijo que tú te habías declarado, pero…Que te había rechazado
‒ Sí, es la historia de mi vida. No tengo nada de suerte en el amor…
‒ Pero… ¿Te gustan las mujeres desde hace una eternidad, no?
‒ ¿Una eternidad? Yo…No lo sé. Todo lo lejos que recuerdo, jamás sentí un flechazo hasta…cierta persona. Nunca conseguí poner en palabras mis sentimientos, mis emociones. Y cuando finalmente pude verlo todo más claro, era demasiado tarde…Ella se había comprometido y estaba embarazada.
‒ Súper…
‒ A partir de ahí, me uní al grupo de Robin…Eso me iba bien: había acción, viajes y sobre todo hombres, hacia los que no me sentía para nada atraída.
‒ Supongo que no pasaba a la inversa‒ sonrió Emma ‒ Una hermosa chica como tú en medio de tipos solteros y que se sentían solos…
‒ Dejé las cosas claras inmediatamente, y también estaba bajo la protección de Robin. Nunca me sentí en peligro
‒ Y…Después vino Regina…
Mulán bebió un nuevo sorbo y suspiró
‒ Sí…Cuando conseguí el trabajo en la comisaría…Regina…Era otro nivel. Al comienzo, me dije que solo su presencia me satisfaría y después…
‒ …yo me marché
‒ ...Tú te marchaste, sí. Y pasé más tiempo con ella y ese sentimiento que creía enterrado comenzó a resurgir. Tuve miedo…Pero…Me decía que, contigo lejos, Regina no estaría influenciada por tu presencia. Lo que yo no había previsto es que ella ya estaba atraída por ti, y desde hacia tiempo. No tenía ninguna oportunidad. Pero, sin embargo, me lancé…No sé en absoluto por qué…Sabía que me iba a estrellar contra un muro, pero, no quería lamentarlo, no como la primera vez
‒ Y, de todas maneras, te llevaste un planchazo
‒ Pero fue menos doloroso porque me lo esperaba. Y además…volviste, y lo supe, lo vi inmediatamente‒ sonrió tristemente ‒ Formáis una hermosa pareja, si mi opinión cuanta para algo
‒ Cuenta, de verdad
‒ ¿Por qué todo esto? ¿Por qué venir aquí?
‒ Yo…Necesitaba hablar…
‒ ¿De Regina?
‒ Sé que está fuera de lugar, que es una mierda pedirte consejos, pero…Ya sabes, te gustan las mujeres desde hace más tiempo que a mí
‒ Tengo tanta experiencia como tú en la materia: las dos mujeres que me han gustado están en la actualidad cogidas.
‒ Sí, pero…Tenemos un sentimiento en común: amar a las mujeres. Conozco pocas personas…
‒ ¿No tienes a tus amigas en Oz? Ciertamente tienen más conocimiento que yo en el tema
‒ Sí, pero…Están ocupadas con Oz, la familia, bueno…Y además…Creo…Creo que tú y yo tenemos una cosa en común: nos gusta Regina. Bueno, ok, dicho así, parece raro, pero…Has entendido la idea.
‒ Creo que sí
‒ Escucha, lo que estoy a punto de preguntarte debe quedar entre nosotras, ¿ok?
‒ Ok
‒ Yo…‒ se acercó a Mulán, esta hizo lo mismo al comprender que la bella rubia deseaba ser discreta ‒ Cuando…Lo que tú sentías por las mujeres…Has…Nunca te has preguntado…cómo…cómo…
‒ Respira, Emma, te noto tensa
‒ Sí, digamos que no es fácil abordar esto…Y mucho menos con una mujer a la que le gustaba la que a mí me gusta. ¡Arghh, soy estúpida, déjalo estar!
Entonces se levantó, pero fue detenida por la mano de Mulán estrechando su ante brazo.
‒ Emma. Si necesitas hablar, estoy aquí. Nunca he querido hacer de ti mi enemiga. Y si intenté algo con Regina fue menos por desagradarte que por intentar demostrarme a mí que…podía aún gustar a alguien. Pero fracasé.
Emma entonces la miró y suspiró
‒ Ok…‒ se sentó de nuevo y tomó aire ‒ Ok, comencemos por el principio…Tú… ¿Ya has besado a una chica?
Mulán la miró alzando una ceja y sonrió tristemente
‒ Sí…Pero fue una aventura sin futuro. Salía de esa decepción con ese primer amor y…Ella era bastante echada para delante. Yo quería solo saber si esto venía de mí, si era deseable a los ojos de alguien. Así que, cuando ella me abordó, no dije que no, pero no sentía nada amoroso, en todo caso ningún sentimiento que se acercara lo más mínimo a lo que había podido sentir antes.
‒ Ya veo…Pero…Entonces, ¿tienes…experiencia en el tema? Quiero decir…Con las mujeres
‒ Solo sucedió una vez. Preferí frenar antes de que se convirtiera en más serio. Quiero decir…Acostarse con alguien sin sentir atracción, no es un proyecto de vida, salvo para quienes lo quieran, que no es mi caso. Quiero decir…No puedo hacerlo si no hay sentimientos.
‒ Pero… ¿Has amado? Quiero decir…El sexo‒ pronunció ese fin de frase tan bajo que Mulán tuvo que acercarse más para escucharla. Y cuando comprendió a dónde quería llegar Emma, abrió los ojos de par en par.
‒ Oh, entiendo…
‒ ¿De verdad?
‒ Temes tu primera vez con Regina‒ concluyó
‒ En realidad…Temo el sexo con una mujer. Yo nunca…Bueno, eso. Y al parecer, Regina ha tenido bastantes experiencias
‒ Entonces, tienes miedo de no estar a la altura
‒ Oh, no tengo miedo, sé que no estaré a la altura. Solo quiero…no pasar por una ignorante.
‒ ¿Y acudes a mí porque…?
‒ Porque pensaba que sabrías algo más que yo. Bueno, ok, te has acostado una vez con una mujer, sigue siendo más que yo
‒ ¿Qué esperas? ¿Que te cuente?
‒ No, no, solo…No sé: las sensaciones, el deseo…
‒ No puedo comparar con los hombres…
‒ Lo sé, y francamente, no tengo más que a Regina en la cabeza. Olvidaría todo mi pasado sexual si eso me pudiera ayudar a sentir las cosas a 1000% con ella.
Mulán la miró y sonrió
‒ Estás enamorada.
‒ Yo…Bah…La quiero mucho...
‒ No comprendo por qué la palabra "amar" es un tabú. Si yo me hubiera atrevido a decirla antes, quizás las cosas habrían sido diferentes.
‒ Amar a alguien es…Sagrado. El amor, en su gesto más puro, es algo tan fuerte, tan simbólico que cuando se pronuncia es como…una promesa, no…Un hechizo. Un hechizo que lanzamos a alguien y que lo sigue‒ Emma rio ‒ De ahí la expresión "embrujar a alguien", es eso. Regina me ha hechizado…Así que…Sí, creo que…La amo
‒ ¿Y piensas que es recíproco?
‒ Ni idea. Ella está más a la defensiva. Sé que está haciendo un esfuerzo y que no hace más que pensar en la situación. Me gustaría de verdad que la cena de esta noche afirme mi deseo de llevar adelante algo concreto con ella. Formar una familia, ella, Hope y yo.
‒ Si me preguntas estas cosas sobre…eso… ¿es porque piensas ir más allá con ella esta noche?
‒ ¿Esta noche? Por Dios, no. Simplemente quiero que todo salga bien esta noche, solo una sencilla cena en la que le confiaré mis intenciones, lo que deseo para nosotras, para las tres. Después de eso, esperaré a que ella reflexione y que de el próximo paso. No deseo presionarla, por miedo a que huya. Regina es una mujer fuerte, de carácter. Sé que detesta no llevar las riendas o que la situación se le escape de las manos. Saber que yo me he declarado la pone entre la espada y la pared. Es por eso por lo que no quiero hacer nada esta noche. Solo quiero…Estar con ella, es todo.
‒ No pienses
‒ ¿Hm? ¿Perdón?
‒ Cuando llegue el momento, no pienses. Déjate ir, déjate guiar por tus impulsos. Tengas miedo o no, también tienes el derecho de dejarla hacer. No hay nada de malo en eso. Demostrar que eres la mejor en ese terreno ciertamente no cambiará lo que Regina piensa de ti.
‒ …
‒ Tú lo has dicho: Regina ama tener el control. Quizás, en ese terreno en concreto, deberías cederle las riendas
‒ Pero…Deseo estar a la altura
‒ Da igual que lo que hagas, si es el momento correcto y las dos lo deseáis, entonces será perfecto
‒ … de todas maneras estoy cagada…
‒ Es normal, es un gran paso en una relación, pero todo llegará a su tiempo, Emma. Cuanto más pienses en ello, la presión será más fuerte y estropeará el momento.
‒ Sí…Eso sigue sin decirme cómo debería actuar en el momento crucial.
Mulán tomó aire y pensó
‒ Yo no pensé en nada en ese momento. Solo…Imaginé lo que podría gustarle, porque imaginé lo que podría gustarme a mí. Evidentemente, cada mujer es diferente, cada expectativa es particular. Solo mantente atenta a Regina, a sus reacciones. Intenta, prueba, y sabrás si vas por el buen camino.
‒ Intentar…‒ murmuró, pensativa, Emma
‒ No puedo aconsejarte otra cosa desafortunadamente
‒ Gracias, Mulán, de verdad. Espero que encuentres, un día, la rara perla, te lo mereces.
Mulán sonrió mientras bebía otro sorbo de su cerveza.
‒ Sí…Un día, quizás
Emma le dio un golpecito en el hombro
‒ Hey, no te preocupes, llegará. Mientras…Terminamos esta cerveza y volvemos al trabajo
‒ ¿No va contra la ley beber alcohol estando de servicio?
‒ Oh, para lo que hacemos como servicio…
Siguieron hablando durante dos horas, y cuando estaban terminando sus copas, un grupo de mujeres entró y Emma pudo distinguir a Lily, su amiga de la infancia, que había regresado a Storybrooke después de haber viajado un poco por todos lados. Emma sonrió y tuvo una idea.
‒ ¡Hey, Lily!
‒ Oh, Swan…‒ se acercó y las saludó ‒ ¿Qué hay de nuevo? Oh, euh…Me enteré de…En fin…Ya sabes…Mis condolencias
‒ Ya, gracias. Oh, te presento a Mulán. Mulán, Lily, la hija de Maléfica.
‒ Oh, ya veo. Entonces… ¿También eres…un dragón?
‒ Se puede decir que sí‒ sonrió Lily
Al sentir una atmosfera extraña, Emma sonrió y se levantó
‒ Ok, yo…Lily, te confío a Mulán, tengo que cosas que hacer
‒ ¿Qué? Pero…
‒ Conoceos. Después de todo, eres un dragón, ella tiene orígenes chinos, el país de los dragones…Ya tenéis algo en común, es genial, ¿no? Venga, nos vemos más tarde Mulán.
‒ Pero…‒ Mulán no tuvo elección y vio a Emma alejarse, mientras que Lily frunció el ceño, divertida, antes de sentarse en el lugar que ocupaba su amiga segundo antes y beber un sorbo de la cerveza dejada por Emma.
‒ Entonces, vienes de China, ¿eh?
Mulán la miró, sorprendida, pero se relajó
‒ Se puede decir…
Al final de la jornada, cuando estaba casi lista para abandonar la comisaría, David la llamó
‒ Hey, ¿te vas?
‒ Sip, tengo que adelantarme para preparar la comida
‒ Ok. Dime una cosa, ¿sabes dónde está Mulán? No la he visto desde el mediodía
‒ Hm, la dejé en el Rabbit Hole en buena compañía. Al parecer…Ha ido bien con Lily
‒ ¿Lily? ¿La hija de Maléfica? ¿Ha vuelto?
‒ Parece que sí. Nos la cruzamos en el bar
‒ Espera, ¿¡has dejado a Mulán con ella?!
‒ Oh, venga ya, no se la va a merendar, bueno, espero‒ rio Emma
‒ Eres de lo que no hay…Tenías que meter baza…
‒ Mulán es una chica guay, merece tener también suerte
‒ Hace solo una semana querías arrancarle los ojos‒ ironizó David
‒ Es de sabio rectificar. Esa chica también tiene derecho a ser feliz
‒ ¿Y si Lily le da también calabazas?
‒ Eso nadie puede saberlo. Ahora, la pelota está en el tejado de Mulán, pero…Tengo la íntima convicción de que podría funcionar. ¿Soy la Salvadora o no?
‒ ¿Y eso qué es? ¿Otro de tus sextos sentidos?
‒ Quizás. Bueno, ¡me marcho! Nos vemos mañana
‒ Sí, y suerte para esta noche
Emma le hizo una señal con la mano y regresó a su casa con el corazón hinchado de esperanza: esa noche tendría su primera cena romántica con Regina. La situación era crucial para la pareja.
Así que, se metió en los fogones, después, dispuso una decoración refinada, pero no exagerada: algunas velas por aquí y por allí, un ramo de iris, por si Regina no había comprendido ya el mensaje, idiota, y Pink para demostrar que no era algo solo romántico.
Se había tomado un tiempo infinito para preparar una comida correcta, sabiendo que tendría delante a la reina de los fogones para juzgarla. Incluso pensó en hacer trampas y pedir para llevar, pero, si quería vivir para siempre con Regina, esta última tendría que acostumbrarse, ciertamente, a sus fallas culinarias. Después de todo, Regina no estaría ahí solo para hacerle de comer. Emma también tendría que ocuparse de ella, se lo debía, después de todo lo que Regina había hecho por ella en esos últimos meses.
Tenía que admitir que, sin la bella morena, probablemente se habría hundido y, quién sabe, quizás se habría quedado en Nueva York para siempre. Pero hoy, cuando ya había aceptado sus sentimientos por Regina ya no podía imaginar su vida sin ella. Y mientras estaba hundida en sus pensamientos, tocaron a la puerta.
Corrió para abrir y descubrir a una Regina más deslumbrante que nunca.
‒ Wow…¡Estás magnífica!
‒ Oh…Gracias‒ Emma creyó vislumbrar unas mejillas sonrosadas y le agradó
‒ Entra
‒ Hm, ¡huele bien!
‒ Eso espero. Me ha costado un huevo hacer ese pollo asado
‒ Tienes el don de estropear el ambiente
‒ Peeeero lo he hecho con amor
‒ ¿Ah sí?
Emma solo respondió con un guiño antes de proponerle algo de beber
‒ ¿Una cerveza o…Algo más refinado para la señora?
‒ Un whisky, si tienes
‒ ¡Ouh! Hey, ¡no te emborraches en nuestra primera velada!
‒ Querida, una única copa no hará que pierda los papeles
‒ ¿Acaso su Majestad es de empinar el codo fácilmente? ‒ bromeó Emma
‒ Digamos que…Me gusta una copa de vez en cuando, me ayuda a relajarme
‒ ¿Y ahora estás tensa?
‒ No…Especialmente. ¿Tendría razones para estarlo?
‒ Yo, en todo caso, lo estoy‒ soltó, con sinceridad, Emma
‒ ¿Ah, sí? ¿Por qué?
‒ Porque esta cena es importante para mí. Es…Es nuestra primera cena como…Bueno en potencia…En fin, no es una cena como otra cualquiera. Es nuestra primera cena oficialmente romántica, ya sabes y…
‒ Emma, relax, lo comprendo
‒ Pareces llevarlo cien veces mejor que yo, cuando eras tú la que estabas en pánico hace algunos días, cuando me declaré. Yo…Estaba tan segura de mí misma. Me encantaría haber encontrado esa seguridad hoy. Solo soy buena anticipando las posibles cagadas que podría decir o hacer, esperando que tú no cambies de opinión y que sigas queriendo darnos una oportunidad.
Regina escuchó atentamente, pero también con expresión seria. Cuando Emma hubo acabado su perorata, Regina se acercó y le cogió las manos.
‒ Emma, yo…Te tomas esto con tal gravedad. ¿Por qué pensar que harás o dirás una torpeza? ¿Por qué creer que yo renunciaría a un nosotras al más mínimo obstáculo? Tienes tan poca fe en ti, me voy a ver obligada a redoblar esfuerzos para demostrarte que vales la pena. Me haces hacer esfuerzos extra cuando, yo misma, ya los hago para permanecer digna y en calma, cuando yo misma intento estar serena cuando por dentro un tornado de cuestionamientos me asalta.
‒ …
Se arrodilló cerca de ella y estrechó un poco sus manos en las suyas
‒ Emma…Estoy perdida aún en mis sentimientos, pero una cosa es segura, Emma Swan, te quiero enormemente y no tengo intención de desaparecer. Y si hace falta, te demostraré que vales la pena, y con mucho, ¿me escuchas?
Emma la miró y se lanzó a sus brazos, cayendo de rodillas también
‒ Oh, Regina…
La bella morena estrechó su abrazo durante unos segundos, disfrutando del perfume de flores de su cabellera, antes de soltarla.
‒ Bueno, ahora que está todo dicho, ¿podemos comernos ese pollo?
La atmósfera, a partir de ese momento, se relajó. Emma llevó la bandeja, y contra toda expectativa, Regina felicitó a la cocinera. Desfilaron los minutos, después las horas, y sin que se dieran cuenta, transcurrió buena parte de la noche
‒ Ha sido una delicia‒ confesó Regina
‒ ¿En serio? Porque en el futuro espérate a tener más. Cenas, quiero decir. Conmigo. Bueno, románticas
‒ Lo he pillado‒ sonrió Regina ‒ Y lo estoy deseando
‒ Espera… ¿No se supone que la próxima te toca a ti?
‒ ¿Cómo?
‒ Bueno, no sé…Una vez yo, una vez tú. Nos alternamos, ya sabes
Regina alzó una ceja
‒ ¿Es lo común?
‒ Bah, no lo sé. Por lo normal, en una relación hetero, es el chico quien a menudo lleva las riendas, ya sabes. Pero aquí…
‒ ¿Compartimos la tarea? ‒ dijo, irónica, Regina
‒ ¡Exactamente! ¡Compartir las tareas es esencial en una pareja!
‒ Una…Pareja…‒ murmuró Regina
‒ Sí, en fin…Aún no es oficial, pero…Bien, pronto…Espero
Regina sonrió
‒ Sí, pronto‒ entonces echó un vistazo a su reloj ‒ ¡Dios mío, es casi la una de la mañana! Tengo una reunión mañana con una delegación de Agrabah
‒ Oh, mierda…Bueno entonces…‒ Emma la acompañó hasta la puerta ‒ Ha estado…Me ha encantado la velada
‒ A mí también. Entonces, si he entendido bien, ¿la próxima cena me toca a mí?
‒ Oh, bueno, no es una obligación. Si quieres, puedo yo otra vez…
‒ No, me toca a mí
‒ ¿Estás segura?
‒ Insisto. Digamos… ¿Mañana?
‒ Espera… ¿qué…? ¿Tan pronto?
‒ ¿Por qué? ¿Cuánto tiempo habría que esperar?
‒ No sé…Yo…No tengo idea
‒ Pues eso. Lo dicho. Nos vemos mañana por la noche
‒ Genial. Pero… ¿Tendrás tiempo de preparar algo?
‒ Evidentemente. ¿Acaso no soy una reina?
‒ Efectivamente, Majestad‒ de repente un silencio planeó encima de ellas y una ligera tensión electrificó la atmósfera. Una palpable incomodidad se hizo sentir ‒ Bueno…Yo…Buen regreso
‒ Sí, el camino no es muy largo, debería llegar sana y salva. Bien…Me ha encantado la cena
‒ Ya lo has dicho…Pero estoy feliz de escucharlo de nuevo‒ Emma se acercó y tomó una mano de la joven mujer y le depositó un tierno beso ‒ Buenas noches, Regina
Ese simple gesto le dio un vuelco al corazón de Regina, tan sencillo y romántico al mismo tiempo, no podía pedir nada mejor.
‒ Buenas noches, Emma
Cuando sus manos se separaron, Emma sintió un vacío, y una brisa rodeando su cuerpo que hizo nacer dolorosos estremecimientos. Sí, una sola cena y Emma ya sufría con la separación, era patética. No…Estaba enamorada.
Regina mentiría si no dijera que estaba en una pequeña nube. La velada había sido idílica: ni demasiado, ni demasiado poco. Emma había sabido equilibrar. Evidentemente, las cenas compartidas con anterioridad no estaban lejos, cada una había metido suficiente tensión y atención para hacer de esa velada una etapa suplementaria hacia una relación más lograda.
Cuando descansó en su cama, aún vestida, suspiró de satisfacción. Sí, estaba feliz. Y ese beso en la mano…El contacto de sus labios con su piel…Y de repente su mente se arrastró hacia senderos menos castos y más peligrosos.
Gruñó mientras se agarraba la cabeza con las manos.
‒ ¡No seas idiota, Mills!
Pero lo era. Actuaba como una adolescente con su primer amor y…Le gustaba eso. Esa velada le había confirmado una cosa: quería más noches con Emma, más cenas, más intercambios, más besos en la mano, ella quería todo eso y mucho más aún.
Entonces, con cierta excitación se quedó dormida pensando ya en la cena del día siguiente: estaría a la altura, tenía que estarlo.
Lo que ella no sabía es que Emma, por su parte, también se había quedado dormida con la sonrisa en los labios. El día siguiente sería un nuevo desafío, una nueva etapa, esa cena deberá estar a la altura…Ella tenía que estar a la altura, era necesario.
