Ranma 1/2 y sus personajes no me pertenecen, son absoluta propiedad de la extraordinaria y cruel Rumiko Takahashi.
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Un poco tarde
Capítulo 2
Orgullo
Se movió con lentitud y se sentó al borde de la cama, tardó un poco en encontrar sus pantalones y el resto de su ropa, cuando estuvo completamente vestido, se calzó los zapatos y revisó si llevaba todas sus pertenencias consigo.
— ¿Ya te vas? Creí que te quedarías a pasar la noche conmigo — solo podía ver su espalda bajo la poca iluminación del cuarto.
— Me gusta dormir en mi propia cama, no estoy acostumbrado a dormir con otra persona — dijo volviendo ligeramente la cabeza hacia ella con una mirada indiferente.
—¿Me llamarás? —preguntó con un tono de voz ligeramente ansioso, cuando él estaba a punto de cruzar el umbral de la puerta.
—Sabes cómo funciona, adiós —dijo de manera abrupta y se marchó de la habitación, cerrando la puerta detrás de él.
Su aliento formaba nubes de vaho en el aire helado, el invierno se había apoderado de Nerima y la ciudad se vestía de blanco por completo. Se maldijo por llevar ropa tan ligera, quizás se enfermaría. Las calles estaban desiertas sin rastro de alguna persona, eran las 3:00 am, después de todo y solo el sonido de sus pasos rompía el apacible silencio. Caminó rápido rumbo a su apartamento, soportando la inclemente temperatura, tenía que frotarse las manos para generar algo de calor. Sin embargo, el frío que sentía no se debía solo al invierno, era un frío más profundo y doloroso, difícil de explicar.
Tocó la pared buscando palpar el interruptor, al encender la luz entrecerró los ojos hasta que sus pupilas se adaptaron. Suspiró de alivio, se dejó caer en el sofá con una mezcla de cansancio y abandono. Su mirada vagó hasta la pecera situada en una esquina de la habitación, donde su mascota nadaba tranquilamente, fue un regalo de su madre, un pez guppy llamado "pecesillo" era un buen nombre para un pez. Sonrió al pensarlo, debería comprar otro pez para que no estuviera solo en esa enorme pecera, para estar solo, ya era suficiente con él.
Se levantó del sofá para poder observar al animal más de cerca.
— ¿Quieres una novia?
— Si, Ranma. Me canso de nadar solo a la deriva.
— Que triste pecesillo, mañana iré a comprar una chica pez para tí y nadarás felizmente en la vida de pareja.
— Que sea guapa y con una aleta muy grande.
— Escogeré a la mejor para tí. ¿Somos amigos, no?
— Mejores amigos por siempre.
— Más te vale guardar mis secretos.
— Cuenta conmigo, los guardaré hasta quedar flotando en la pecera.
Se echó a reír, en verdad estaba loco para fingir una conversación con un pez. No tenía nada mejor que hacer, en verdad era lamentable.
¿Una pareja? él no tenía eso, solo mujeres para tener sexo y sentirse bien momentáneamente. Era muy deprimente si lo pensaba mejor, por más que pudiera comenzar una relación, no tenía sentido si nunca llegaba a sentir algo más profundo por ellas. Se dirigió a su habitación sin ganas de continuar desvelándose, sintiéndose vacío y sin dirección. Necesitaba dormir y que toda su vida de mierda dejara de martillarle la cabeza por un momento.
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Acomodó con cuidado su gorra y sus gafas, odiaba tener que andar con cautela y esconder su identidad, especialmente cuando debía caminar por calles muy concurridas. A pocos metros de distancia, un grupo de niños jugaba fútbol, sus risas felices resonaban en el aire. Al recordar su propia infancia, se dio cuenta de que había perdido la oportunidad de disfrutar de momentos así debido a su entrenamiento. No obstante, no podía arrepentirse de sus decisiones, ya que amaba ser un artista marcial y le apasionaba ser fuerte y superar a sus rivales. Había dedicado su vida a ello y, actualmente, era alguien a quien otros aspiraban a superar. Por eso, se esforzaba cada día por mejorar aún más, si era posible, y no tenía intención de perder contra nadie.
—Disculpe, señor — el niño tenía una expresión de arrepentimiento en su rostro, hizo una ligera inclinación de cabeza, después de haberlo golpeado accidentalmente con la pelota.
Le sonrió antes de levantarla de un movimiento y realizar algunas cascaritas, tal y como en sus años de la preparatoria. Luego la regresó a las manos del niño.
— No pasa nada, sigan jugando — dijo antes de revolverle el cabello y continuar su andar.
Leyó el nombre del lugar, estaba seguro de que encontraría lo que estaba buscando. Le llamaba la atención los muchos animales que tenían a la venta, no planeaba tener más mascotas, tener un pez era suficiente para él. Cuando pasó cerca de donde estaban los gatos, prefirió darse la vuelta por el otro pasillo. Miraba con interés a los peces, ¿Cómo podían saber cuál era hembra y cuál era macho? Se rascó la barbilla pensativo, hasta que sintió a alguien detrás suyo, se encontró con una chica que se había colocado junto a él.
— Buenos días — saludó amablemente con una sonrisa amistosa —. ¿Está interesado en alguno? Podría ayudarle en su elección.
— Buenos días. Si, estoy buscando un guppy hembra — ella solo asintió antes de señalar a los peces y luego comenzó a decirle la edad que tenían.
Le había comprado una linda pecesilla para su amigo pecesillo, la muy amable señorita lo había guiado en la compra y hasta le había dado amablemente su número, no estaba mal eso podía aceptarlo. Quizás, le escribiría en algún momento, se despidió de ella con un guiño y una sonrisa.
Al salir del local, se encontró de frente con alguien conocido. La persona lo miraba fijamente. Aunque se había puesto nuevamente sus gafas, era claro que lo reconocía.
— ¿Ranma?
— ¡Cuánto tiempo, Pe-chan! —se burló ganándose una mirada de molestia de Ryoga. Al bajar la mirada, se topó con una pequeña sorpresa, una niña pequeña se aferraba a la pierna de su amigo, mirándolo con ojos curiosos.
— Es que eres un ingrato, ni siquiera te dejas ver — dijo Ryoga con una sonrisa sarcástica —. ¿Dime, se te subió la fama a la cabeza? ¿Crees que eres demasiado importante para saludar a tus amigos? — agregó mientras señalaba hacia un lado, sugiriendo que se alejaran de la multitud que pasaba a su alrededor.
— Ya sabes que no es eso, solo que me entretengo en otras cosas — tomó asiento en la banca. Ryoga lo imitó, sentándose a su lado y colocando suavemente a la niña en medio de ambos —. ¿Cuántos años tienes, pequeña? — preguntó Ranma con una sonrisa amable, tratando de romper el hielo con la niña, que parecía tímida y se aferraba a la mano de Ryoga.
— Cinco... — murmuró la niña con voz apenas audible, alzando la mirada hacia Ranma con ojos grandes y curiosos.
— Oh, ya eres una niña grande — dibujó en su rostro una sonrisa cálida y se agachó un poco para susurrarle al oído —. Cuida que tu papá no se pierda, ¿Ok? — ella sonrió de igual forma y asintió con la cabeza, pareciendo alegre de tener esa importante responsabilidad.
— Ukyo está cerca, solo caminamos por este trayecto. Me mataría si me pierdo con su hija — comentó con un tono de broma, pero con un toque de preocupación en su voz, al escuchar lo que decían Ranma y la niña.
— Pero yo te puedo cuidar, papá — aseguró con sus ojos llenos de confianza.
— Lo sé, mi amor. ¿Cuidaras mucho a papi? — preguntó con lágrimas en los ojos de la emoción.
La niña asintió feliz y abrazó a su padre.
— Te has convertido en un buen padre, quien lo diría, cerdito.
— Cuando tengas hijos entenderás — inmediatamente se arrepintió de decir eso al ver el rostro de Ranma ensombrecerse —. Bueno, igual tampoco me transformo en cerdo, así que deja de llamarme así — agregó con una sonrisa forzada, intentando cambiar el tema —. ¿Tú aún tienes la maldición? — cuestionó con curiosidad.
— Sí, aún la tengo — respondió con un suspiro resignado y una expresión indiferente, encogiéndose de hombros —. A esta altura ya me acostumbré, así que da igual.
— Antes parecías obsesionado con librarte de ella.
— Los tiempos cambian. En algún momento de mi vida, muchas cosas perdieron sentido y todo quedó así — suspiró, mirando al pasado con una mezcla de nostalgia y tristeza. Al principio deseaba volver a la normalidad por su orgullo de hombre, después quería ser normal para estar con Akane y ser un hombre completo para ella. Luego de perderla, todo eso dejó de importarle, por eso jamás fue a Jusenkyo o intentó buscar alguna cura. Era como si hubiera renunciado a todo.
— No te ves muy bien — le dedicó una mirada de preocupación —. Si necesitas hablar con alguien, sabes dónde vivo, somos amigos — aseguró poniendo su mano en el hombro en señal de apoyo.
— Estoy perfectamente, pero creo que sí los visitaré. Extraño los Okonomiyaki de Ukyo y sería bueno visitar a esta preciosa pequeñita — añadió recibiendo una pequeña sonrisa y un asentimiento de parte de ella —. Ahora es mejor que me vaya, debo llevar a mi mascota a casa — mostró dónde llevaba a su nuevo pez.
— Papi, también quiero un pescadito — pidió la niña con ojos brillantes por la idea.
— Ve papi, Pe-chan. Cómprale un pescadito — molestó al verlo ser arrastrado de la mano por la pequeña niña.
Permaneció un instante en el mismo lugar, después de despedirse de Ryoga y la pequeña. Se sentía un poco nostálgico, pero al menos se alegraba de ver que sus amigos habían encontrado la felicidad. Sonrió levemente al pensar en ello, y luego se dio media vuelta para continuar su camino.
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Se agachó un poco, apoyando sus codos en la mesa, y suspiró por lo bajo. Estaba aburrido y aún tenía que enfrentarse a una tediosa rueda de prensa ese día. Sentía un leve dolor en el brazo, resultado de las intensas sesiones de entrenamiento de las últimas semanas. Un mal movimiento había sido el culpable, igual con su capacidad de recuperación eso no era nada, pronto estaría como nuevo. Siguió con la mirada a su representante, que se sentó a su izquierda, y a su derecha estaban el maestro y Rob.
Poco a poco, el lugar se fue llenando de personal de la prensa y diversos camarógrafos que preparaban sus equipos para la transmisión en vivo. Las luces brillantes le daban de lleno en el rostro y los micrófonos estaban estratégicamente colocados.
— Les agradecemos estar presentes el día de hoy a todos. Responderemos sus preguntas en orden, así que recuerden respetar los turnos asignados, pueden proseguir — dijo dando lugar a qué comenzara la rueda de prensa. A su lado Ranma parecía más amargado que de costumbre, solo esperaba que no dijera nada que no debía ese día, ese idiota no sabía controlarse.
— Señor Saotome, ¿Piensa usted que está en la capacidad de defender su título actualmente?
— Absolutamente, estoy confiando que podré conservarlo. Me he esforzado al máximo en mi entrenamiento y estoy listo para enfrentar a cualquier rival que se interponga en mi camino. La pregunta que deberían hacerse es si alguien será capaz de arrebatarme el título. Esto va para todos mis rivales, si quieren el título deberán noquearme por completo, mientras aún siga de pie, seguiré peleando.
Escuchó algunos aplausos dispersos por parte de los demás periodistas. Luego, su mirada se dirigió hacia una mujer que había levantado la mano con confianza, y con un leve asentimiento de cabeza, la invitó a continuar.
— Hablo en nombre de muchos y también por mí, es un honor y un orgullo que el campeón mundial de artes marciales sea alguien de nuestro país. Todas las esperanzas y sueños de los japoneses están depositados en usted, y ansiamos verlo triunfar nuevamente como campeón. En este contexto, ¿siente que la presión es abrumadora o si por el contrario, se siente motivado por el apoyo de su país?
— La presión es algo que siempre está presente, pero creo que es fundamental saber cómo manejarla. Para mí, luchar por mi país es un honor y un compromiso que asumo con orgullo. Siempre tengo en mente las expectativas de la gente y me esfuerzo por no defraudarlos, estoy dispuesto a dar todo de mí para lograrlo. He aprendido a manejar la presión de manera efectiva y eso se refleja en cada una de mis peleas. Y me motiva enormemente saber que contaré con el apoyo de mi país en todo momento.
Inmediatamente otro periodista levantó la mano, listo para continuar con las preguntas.
— Siempre se ha destacado por ser alguien con una gran confianza en sí mismo y una personalidad carismática. Por eso nos surge la pregunta ¿Cómo es que alguien con sus cualidades y éxito aún no se ha casado? ¿Es que prefiere la libertad de la vida de soltero? ¿O siente que aún no está listo para asumir la responsabilidad del matrimonio? ¿No cree que a su edad y siendo una figura pública que sirve de ejemplo para muchos, es hora de sentar cabeza y formar un hogar?
— Ya se les aclaró que no se admitirían preguntas personales — tomó la palabra y miró a la mujer de mala forma. Ranma a su lado, le puso la mano en el hombro y me susurró que lo dejara responder.
— ¿Cómo te llamas?
— Sakura.
— De acuerdo, Sakura. ¿Qué edad tienes?
— 33 años, ¿Yo soy la entrevistada? — preguntó.
De repente se escucharon risas.
— Bueno, para responder a "tus preguntas" — dijo con una sonrisa confiada —. Ciertamente no estoy casado, porque aún no ha llegado mi momento. Pero cuando llegue, me verán con un anillo y una hermosa mujer a mi lado — bromeó, ganando algunas risas del público —. Tal vez eso rompa el corazón de algunas — agregó con un guiño.
Luego, adoptó un tono más serio.
— Tengo 25 años, he ganado 3 campeonatos mundiales, doy a mis padres todo lo que merecen y he ganado lo suficiente para vivir una vida tranquila cuando decida retirarme. Eso será en muchos años más — aclaró con un gesto de la mano.
Después, se dirigió a la periodista con una mirada intensa.
— El ejemplo lo doy cuando me paro sin temor ante un rival y lucho con mi alma cada batalla. No es necesario aparentar perfección para inspirar a otros. Solo es cuestión de demostrar lo que uno vale — afirmó con convicción.
Finalmente, sonrió de lado.
— Y para concluir, me tomo muy en serio mis responsabilidades y he asentado bien la cabeza desde hace mucho tiempo. Por algo estoy aquí y tú me estás entrevistando, Sakura — dijo con una sonrisa confiada.
Mientras hablaba, notó que Rob, que estaba cerca de él, se moría de las ganas de reírse.
— Creo que con eso hemos concluido las entrevistas del día — dijo mientras se levantaban y se dirigían hacia la salida de la sala de prensa —. Nuevamente, gracias por asistir — agregó con un gesto de agradecimiento.
Mientras caminaban, observó a Ranma avanzar con paso tranquilo y confiado por delante de ella.
— Lo hiciste bien — comentó con una sonrisa de aprobación —. Me sorprendiste bastante.
— Ella se metió en temas que no eran de su incumbencia, y eso me molesta. No me gustan las mujeres que se inmiscuyen en asuntos ajenos. Trata de evitar traer a la rueda de prensa a personas tan raras, Nabiki.
— Sabes que no tengo control sobre quiénes asisten a las ruedas de prensa, Ranma. No me pidas milagros, es imposible filtrar a todos los asistentes. Y, por favor, intenta cambiar esa expresión, pareces un muerto viviente —dijo Nabiki mientras sacaba su teléfono para revisar algo.
— Es mi cara normal, ¿Es todo por hoy? — preguntó con un tono cansado —. Estoy agotado después de tantos eventos, necesito comer algo y dormir hasta el próximo año.
— Por hoy sí, pero mañana tenemos una reunión con uno de nuestros patrocinadores más importantes — dijo Nabiki mientras revisaba su agenda —. Quieren ofrecerte un nuevo contrato y tienen la extraña necesidad de verte en persona, no se conforman con solo hablar por teléfono o videoconferencia, los muy infelices — comentó mientras tecleaba rápidamente un mensaje en su teléfono y lo enviaba. Luego, volvió a abrir su agenda y comenzó a revisar sus notas para la próxima reunión.
— Entonces, me desaparezco — se despidió apresurando su paso a la salida.
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Fue una excelente elección haber comprado esa cama. Era increíblemente suave y cómoda, perfecta para relajarse después de un día agotador. Se sentía aliviado de que el día hubiera terminado finalmente, ya que pronto tendrían un viaje que prometía ser intenso y eso significaba días más atareados. Pero por ahora, se permitiría disfrutar de un merecido descanso. Cerró los ojos y se dejó envolver por la sensación de somnolencia, permitiendo que su cuerpo se relajara por completo.
No tenía ni idea de cuánto tiempo había dormido, pero lo cierto es que se despertó de repente y sin previo aviso. Ahora se encontraba en la cocina, con una taza de té humeante en sus manos.
— Con lo bien que estaba durmiendo… Son las 2:00 am, vaya bonita hora para despertarse — maldijo prendiendo la televisión y dejándose caer sobre el sofá con un suspiro de resignación.
Mientras veía la película de terror, su mente comenzó a divagar y automáticamente pensó en Akane. Habían pasado meses desde su última conversación, desde aquel día que salieron a comer y él decidió cortar toda comunicación con ella. La verdad era que le molestaba demasiado y no sabía cómo tratarla. A diferencia de las anteriores veces, esta vez le había afectado mucho y sentía que como hombre debía tener algo de orgullo, suficiente para dejar de mendigar por algo de afecto. Por otro lado, la culpa no lo dejaba en paz, jamás. La vocecita en su cabeza se encargaba de repetirle que no la merecía y que no tenía derecho a quejarse.
Todo parecía una porquería, su humor era de lo peor. Pero, ¿qué podía hacer él? No se sentía bien, y estar lejos de ella parecía ser lo mejor para ambos. Sin embargo, aún estando así, no había un solo día en que dejara de pensar en ella. ¿No había sido suficiente ya? ¿Cuánto más debía sufrir? Se preguntaba si la famosa frase "el tiempo lo cura todo" era cierta, porque ese mismo maldito tiempo parecía estar matándolo por dentro. Intentaba permanecer fiel a sus palabras y no volver a buscarla, lo intentaba en serio, pero no había día en que no quisiera correr a buscarla, solo necesitaba verla un segundo más.
Con manos temblorosas, desbloqueó su teléfono y su mirada se dirigió de inmediato al chat. Había silenciado las notificaciones de su número personal, así que no tenía idea si alguien había intentado comunicarse con él. Su corazón latía con ansiedad mientras descendía con su dedo por la pantalla, descubriendo varios mensajes y audios sin escuchar. El último mensaje era del día anterior... Su pulso se aceleró al ver el nombre de ella en la pantalla.
Comenzó a reproducir los audios uno a uno, cerró sus ojos intentando mantenerse tranquilo.
— Hola, Ranma. Hace tiempo que no hablamos, cuando puedas escríbeme, por favor.
— Últimamente solo he sabido de tí, por las páginas de chismes y las noticias, espero que en verdad te encuentres bien.
— Tu mamá me llamó hace poco, me dijo que tampoco se ha podido comunicar contigo. Sé que tienes cosas que hacer, pero al menos deberías hablarle a ella, no debes ser un desconsiderado.
— Acabo de comprar un nuevo árbol de navidad, aunque no he decidido como lo decorare está vez. Me preocupas, idiota.
— Tuve un día complicado en el trabajo. Me pregunto si estás cuidando de tí, eres un poco descuidado, trata de no enfermarte, tonto.
Su mano cayó al piso, todavía aferrada al teléfono, mientras su mente bullía con pensamientos y emociones encontradas. Se preguntaba, una y otra vez, por qué ella no podía simplemente olvidarlo, liberarlo de este sufrimiento. Así todo sería más fácil para él, podría seguir adelante. Pero la realidad era que ambos seguían atrapados en una historia sin cerrar, una historia que solo parecía generar dolor y sufrimiento. A pesar de eso, él todavía la necesitaba, sentía un vacío sin ella. Sin pensarlo, marcó su número, impulsado por un deseo profundo de tenerla consigo.
— Hola.
Se levantó de golpe al escuchar su voz al otro lado de la línea. No había esperado que ella contestara a esa hora y se quedó momentáneamente sin palabras. Su mente se quedó en blanco y no sabía qué decir. Pero podía escuchar su respiración, lenta y pausada, al otro lado de la línea, ella estaba esperando que él respondiera.
— Hola — respondió de la misma forma.
— Hace frío.
— Si, hace mucho frío. ¿Estás abrigada?
— Si, igual la calefacción funciona bien. ¿No estás cansado?
— Un poco. Me acabo de despertar.
— Yo estaba mirando la nieve caer, se ve hermosa durante la madrugada.
— Siempre te ha gustado eso. ¿Cómo va la decoración del árbol?
— Aún sigue empacado, no me decido aún. Mi estado de ánimo no es tan bueno, para procesar las ideas.
— Solo ponle muchas cosas, es lo que haces todos los años, una estrella grande y bonita en lo alto.
— Es una excelente idea. ¿Me ayudarás a poner la estrella?
— Tengo que hacerlo, eres muy pequeña para eso.
— No soy tan pequeña, tú eres demasiado alto.
— No cambies la verdad. ¿Qué quieres de regalo de navidad?
— Muchas cosas. Nunca puedo decidirme por una sola.
— Hazme un listado para no olvidarme.
— Lo haré, pero tendrás que venir para entregártelo.
— Iré, solo que no sea de 10 hojas. Tampoco te aproveches.
— Nunca lo hago, mentiroso.
— No miento.
— ¿Ranma?
— ¿Si, Akane?
— Te extraño.
Se cubrió la cara, intentando ser fuerte, pero el nudo en su garganta era insoportable.
— También te extraño mucho.
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Saludos preciosuras
Bueno la historia tiene que ser triste, es algo difícil de explicar cómo dos personas que se quieren, pueden estar separadas. Y también te preguntas cómo dejas ir, algo que forma tan parte de tí.
Por ahí leí a alguien que anda dando spoiler de los personajes. Me encanta el personaje de Nabiki eso siempre lo digo, con las señales apuntaban quien podía ser el personaje perfecto para ser el representante, en este caso la representante. Y sobre el esposo de Akane, solo se deben plantear quién es el único que podría tener esa posibilidad. Ya por descarte uno quedó fuera en este capítulo. Se preguntan por qué no Akari como pareja de Ryoga, simplemente me gusta más el ship con Ukyo, y como personajes secundarios no le doy tanta importancia que sean una pareja canon del manga.
Me he enganchado con escribir está historia, así que me verán actualizado un poco más rápido, está en específico. Igual las demás también las voy a avanzado.
Nos vemos muy pronto.
