Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del webtoon y la novela "La emperatriz divorciada" de Alphatart y con arte de Sumpul, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Capítulo 474. Nudos (1)

Después que comimos, Edward dijo que tenía un asunto que tratar y se fue con McKenna. Debería descansar hoy, ya que ayer estuvo muy enfermo. Pero él no escuchó, diciendo que debía ocuparse del problema de inmediato. Y se fue.

¿Es así como se siente? Siempre que otros me decían que descansara, yo hacía caso omiso de sus consejos y me enfrascaba en el trabajo. ¿Aquellas personas también se sentían así?

En cualquier caso, no podía permitirme descansar cuando incluso mi esposo enfermo se estaba esforzando. Ordené a uno de mis ayudantes que enviara un saludable pájaro azul al Gran Duque Warner, luego me dirigí a mi oficina. Tras ocuparme de algunos asuntos, subí a mi habitación para prepararme para la cena junto con mis damas de compañía. Jane, que estaba ocupada estudiando mientras recorría el palacio, también comió con nosotras.

—¿Cómo vas con los estudios?

—Es más complicado de lo que esperaba. Como es un territorio pequeño, pensé que podría manejarlo bastante bien. Creo que subestimé el trabajo que conlleva.

Mientras comíamos, hablamos de varias cosas, como su territorio, la contratación de una niñera, dónde ubicar y cómo decorar una habitación de bebé. Luego recordé la pregunta que le había hecho a Edward, sobre si el Duque Tom odiaba a Jasper. Pregunté lo mismo a la Condesa Jubel y a Jessica. Hay tantas opiniones como personas. A veces las mejores respuestas vienen de quien menos uno espera.

La Condesa Jubel ladeó la cabeza.

—También me pregunto si el Duque Tom odia a Su Majestad Jasper. Pero, a decir verdad, ese duque...

¿Qué? La condesa me miró, dubitativa. Dado que había sacado el tema, asentí para que continuara. Finalmente suspiró.

—Es un hombre misterioso. Me pregunto por qué traicionó a Irina.

Jessica gritó, clavando el tenedor en el pudín resbaladizo.

—¡Yo también! Siempre estuvieron juntos, como una pareja. ¿Por qué haría eso?

Lauren y Leah no sabían nada de Tom ni de Irina, así que comieron tranquilamente mientras nos escuchaban. Pero la reacción de Jane fue inesperada.

—¿Qué quieren decir?

Preguntó con los ojos bien abiertos. Parecía que escuchaba todo esto por primera vez. A Jessica le sorprendió.

—¿No lo sabes?

—No. Pensaba que los dos eran realmente cercanos.

Jane evitó a Irina y se fue a vivir a un lugar remoto. Pero una vez que abandonó la capital, una serie de acontecimientos extremos la atormentaron. Parecía que no se enteraba de nada. Incluso después de mudarse al pueblo cercano a su territorio, no prestó atención al mundo exterior.

Jessica dijo.

—Mientras Irina se sometía a una prueba de sangre con su hija, el Duque Riddle apareció con el hijo de Irina. Es decir, tu sobrino.

Jane dejó el tenedor.

—¿En serio?

Si bien Jessica cerró la boca, la Condesa Jubel intervino.

—Ese incidente confirmó el adulterio de Alec e Irina.

Jane palideció.

Lauren golpeó el costado de la condesa con el codo, sacudiendo la cabeza. La Condesa la miró extrañada, parecía pensar que era mejor que Jane se enterara ahora, ya que acabaría enterándose. Sin embargo, su expresión cambió al observar a Jane.

Jane se mordió los labios con fuerza y miró fijamente al filete. La expresión de su rostro era terriblemente intimidatoria.

La Condesa le susurró a Lauren.

—¿He dicho algo malo?

Lauren frunció el ceño y se puso la mano en la frente. Jane normalmente notaría el cambio en las personas que la rodeaban, debía de estar realmente sorprendida por la noticia.

Sin darse cuenta de cómo las damas de compañía la miraban, murmuró.

—¿Eso significa que... el Duque Riddle era enemigo de papá y Alec? ¿Por su culpa, papá y Alec se confabularon con Irina... y él lo usó para acusarlos?


—Por aquí.

Jake estaba parado en la puerta principal y saludó con la mano a Leah, que acababa de salir.

Ella sonrió ampliamente en cuanto le vio. Su alegría provocó en Jake una sensación extraña. La mayoría de los nobles fruncían el ceño al verle o parecían asustados. En el Imperio Occidental había más nobles que le trataban bien, pero, aun así, era la primera vez que veía a alguien sonreírle tan feliz.

Por lo general, ni siquiera su familia parecía muy contenta de verle. Era el alborotador, así que, aunque le amaban, también estaban constantemente preocupados por él.

—¡Lord Jacob!

Leah corrió como un caballo de carreras, por lo que olvidó dónde poner las manos. Se sacudió torpemente y luego se apresuró a mantenerlas firmes con una cara seria.

—¿Cómo está?

Recobró la compostura, pero ya era demasiado tarde.

Jacob estuvo a punto de reírse, pero se contuvo. Los dos se dirigieron hacia el restaurante que habían acordado visitar. Pero una vez sentados, la expresión de Leah se ensombreció. No era una expresión forzada como antes. Parecía realmente sombría.

—Señorita Leah, ¿se encuentra bien?

Preguntó Jake preocupado. Su comportamiento era inusual. Sus ojos se abrieron de par en par, como si acabara de despertarse, y sacudió la cabeza.

—Estoy bien. Sólo estaba pensando en alguien.

—¿Un hombre?

—¡No! No pienso en ningún hombre aparte de ti.

Ante la respuesta de Leah, se quedó en silencio.

—Eso, eso no significa que siempre piense en ti. Podría decir que tampoco pienso en ti, pero sería una mentira. Bueno, no creas que me vienes mucho a la mente.

Leah divagó, luego hizo una forma casi de pellizco con los dedos.

—Sólo esto. A veces, muy de vez en cuando, pienso en ti.

Jake separó un poco más el pulgar y el índice de Leah.

—Yo pienso mucho en la Señorita Leah.

La cara de Leah se puso roja como un tomate. Se quedó mirando, embelesada, sus dedos.

—¿Tanto...?

La diferencia era de menos de un centímetro, pero a ella le parecía la longitud del mar y el cielo sin fin.

Jake preguntó mientras contenía una risita,

—Entonces, ¿en quién estabas pensando?

—Ah, en esa joven dama que Su Majestad lleva a todas partes. Se llama Jane y es como un Yorkshire Terrier.

Luego hizo una mueca y se dio un puñetazo en el muslo. Parecía que había algo en su respuesta que no le gustaba.

Aunque Jake no supo por qué se reprochaba a sí misma, se dio cuenta de que apretó el puño con la técnica adecuada. Cerrar las manos de ese modo eliminaba la posibilidad de que los dedos se rompieran con el impacto. Muchos caballeros no lo sabían, pero estaba claro que esta chica era muy lista.

Cuando por fin llegó la comida, los dos comieron en silencio.

Leah abrió y cerró la boca repetidas veces. A Jake le resultaba difícil saber de qué hablar con una dama noble, así que se vio incapaz de iniciar una conversación. Por suerte, a ninguno de los dos les disgustaba el silencio. Además, les permitía escuchar lo que les rodeaba.

—¿No dijo esa santa que fuimos afortunados de que la Emperatriz Isabella se convirtiera en Nuestra Majestad?

—¿Desde cuándo Su Majestad Isabella pasó a ser 'Nuestra' Majestad?

—…

—Antes sólo decías Su Majestad la Emperatriz Isabella.

—Ah, bueno, eso era antes de acostumbrarme.

—Así que te acostumbraste después de un cumplido de la santa? ¿En serio? ¿Qué te pasa?

Jake y Leah escucharon una conversación sobre Bella en una mesa cercana. Los labios de ambos se curvaron en sonrisas mientras sus tenedores se movían. No conocían a esta santa, pero le estaban muy agradecidos. Comieron satisfechos, escuchando los elogios a Bella.

Pero entonces...

—A mí sigue sin caerme bien. A fin de cuentas, es extranjera. Cuando surja un conflicto, se pondrá del lado de su país natal. Ahora mismo, la Emperatriz Isabella trabaja para nosotros, pero en una situación delicada, velará por los suyos. No es que sea algo malo. Yo haría lo mismo. Pero esa es la razón por la que no me fío…

Jake no se abalanzó con puño voladores sobre la persona que estaba hablando mal de Bella. No era porque hubiera madurado, sino porque Leah fue más rápida que él. Ella golpeó la mesa con el puño.

—¡Cuida tu sucia boca!

Jake la detuvo instintivamente, sintiendo por primera vez lo que sentían los demás al estar en sus zapatos.

Cuando Leah finalmente dejó de fruncir el ceño, se miró el puño con desesperación. Poco después, Jake dijo que estaba satisfecho con la comida y se marcharon.

De vuelta en el Palacio Imperial, Bella le mandó a llamar y le preguntó discretamente cómo había ido la comida de hoy, a lo que respondió con sinceridad.

—Fue confortable, fresca y bonita.

Sus palabras no parecían muy significativas, pero el rostro de Bella se volvió rígido. Jake se mordió los labios.

¿He dicho algo que no debía?

Siempre decía lo que no debía. Supuso que ahora lo había vuelto a hacer. Mientras repasaba mentalmente su respuesta, su hermana dijo en voz baja.

—Si quien te gusta es Leah, hermano, entonces, ¿qué tal si... reconsideras el matrimonio con la Princesa Victoria?