Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del webtoon y la novela "La emperatriz divorciada" de Alphatart y con arte de Sumpul, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Capítulo 475. Nudos (2)

¿Lo que dije ayer a Jake fue desconsiderado con la Princesa Victoria? Me sentí en conflicto toda la noche. Si la Princesa de Whitemond se casaba con mi hermano, su unión beneficiaría tanto a Whitemond como al Imperio Occidental. Como Emperatriz del Imperio Occidental, me debatía entre haber cometido un error o no.

Pero cuando vi que a Jake se le iluminaba la cara al hablar de Leah, no pude evitar decirlo. Me preocupaba la felicidad de mi hermano.

Antes de que me contara cómo había ido su comida con Leah, también había visto la expresión maravillada de ella. No paraba de murmurar sobre lo débil pero fuerte de voluntad que era mi hermano. Mi cara debía de recordarle a él, porque a veces me miraba de reojo y se ruborizaba.

No sé si sentían amor el uno por el otro, pero sí parecían estimarse mucho. Y si Jake siguiera adelante con el matrimonio de conveniencia en medio de todo esto... ¿no haría más daño a la Princesa Victoria con el paso del tiempo? Mi hermano haría sufrir a la Princesa de la misma manera que Jasper me hizo sufrir a mí. Odiaba la idea.

Tener una amante no era nada que ocultar, pero los corazones de las personas eran otra historia. Por eso el amor causaba tantos conflictos. Los nobles se atacaban unos a otros por las amantes, incluso cuando tenían la suya propia.

Suspiré. Darle tantas vueltas me ponía más inquieta. Debería salir y dar un paseo. En realidad... no era propio de mí inmiscuirme en los asuntos de Jake. Entonces, ¿por qué dije eso ayer? ¿Será porque, como encontré el amor, quería lo mismo para él? Edward siempre me miraba con ternura.

—¿Su Majestad?

El Gran Duque Warner bloqueó mi camino, así que de repente choqué con él.

¡Dios mío! ¿Cuánto escuchó? Había estado vagando sin rumbo desde que salí de mi oficina; en ningún momento noté su presencia.

Sonrió. Debió de oír la última parte de mis pensamientos. Evitando mi mirada avergonzada, se rió entre dientes.

—Lo siento. No quería asustarte. Sólo me pareció que estabas más relajada.

—¿Qué quieres decir?

—En el pasado, te empeñabas más en parecer y comportarte como una emperatriz.

¿Significa eso que ahora no parezco una emperatriz? ¿Está diciendo que he perdido mi dignidad?

—Oh, no. No me refería a eso en absoluto.

El Gran Duque Warner hizo un gesto de disculpa.

—Por cierto, ¿le enviaste el pájaro a Dolshi?

—Sí, ya debe de haberlo recibido.

—Ya veo, espero que le guste.

Después de que nos separamos, caminé un poco más. Un caballero se apresuró a informarme de que el Imperio Oriental había enviado un emisario. Fui a mi oficina y encontré al emisario charlando con uno de mis ayudantes. No recordaba su nombre, pero reconocí su cara.

Tras un cortés intercambio de saludos, le pregunté.

—¿Qué ocurre?

El emisario sacó un sobre bien sellado y me lo extendió.

—Esta es la respuesta a la carta del Emperador Edward.

Dado que la respuesta estaba siendo dada a mí en vez de a Edward, debían haber encontrado a Ian.

—Gracias.

Como no había más noticias, abrí la carta.

—¿Lo encontraron? ¿Tan pronto?

Como esperaba, la carta decía que Ian había sido encontrado, junto con algunas tonterías adicionales. Jane se apretó las mejillas cuando le di la noticia. No sabría decir si estaba sorprendida, contenta o preocupada. Jane no solía revelar sus sentimientos con claridad. Era la primera vez que lo hacía desde que supo lo del Duque Tom.

De hecho, después de enterarse de que el Duque Tom había llevado a Ian al templo, Jane pasaba los días como si hubiera caído en un pozo. Cada vez que hablaba de él, se le helaban los ojos, como si fuera presa de un gran resentimiento, agonía y venganza. No parecía una niña bondadosa e intachable. Aun así, las sombras nunca eclipsaron del todo su rostro. Buscaba fervientemente su camino en la vida, incluso después de que su padre y su hermano murieran juntos.

Últimamente me preocupaba que fuera a por el Duque Tom con un cuchillo, tal vez porque era como el enemigo final. Mi preocupación sólo crecía ya que el Duque Tom no era de los que se dejan vencer fácilmente por un cuchillo.

—Oh.

Jessica, que estaba con Jane, se sorprendió.

—¿Eso significa que ya volverás al Imperio Oriental?

—No estoy segura.

Jane agitó las manos. Aunque se había propuesto cuidar del único hijo de su hermano, ahora que su encuentro era inminente, parecía asustada.

—Si trae a Ian aquí...

Jessica se detuvo, luego suspiró y dijo.

—Bueno, supongo que no es posible.

Ian era exactamente igual que Irina. Los cortesanos del palacio habían visto su cara unas cuantas veces. Además, su rostro era fácil de recordar, incluso a primera vista. Si Jane traía aquí a Ian, todos sabrían que era su hijo. Ciertamente, Jessica había tenido los mismos pensamientos que yo.

Era difícil saber qué decir. El niño no podía criarse en el palacio, así que podría darle una casa fuera de la capital. Sin embargo, para Jane, que deseaba estudiar aquí, traer a Ian era imposible.

—Por ahora lo buscaré.

Jane continuó.

—Luego pensaré qué hacer. Estoy considerando llevarlo a las tierras Vulturi, pero me preocupa que otros lo acosen... tendré que pensarlo más.

Jessica se desanimó al mirar a Jane, que parecía deprimida.

—¿Entonces sí volverás al Imperio Oriental?

—Mhm.

Jane respondió en voz baja, luego juntó las manos y me miró.

—¿Puedo ir?

—Es tu país, Jane.

—Su Majestad...

Al ver que su expresión se volvió rígida, cedí un poco.

—Lo siento, pero el niño no puede criarse en el palacio. Sin embargo, podría conseguirte una casa no muy lejos.

Ian era el sobrino de Jane, pero no era un noble. No tenía ningún papel en la sociedad. Aún era pequeño, así que, si encontraba una gran mansión con un amplio patio, sería suficiente para que jugara. Una vez que creciera lo suficiente como para salir de la mansión, Jane podría llevarlo a su territorio.

—Gracias. Le estoy muy agradecida. Siempre serás mi héroe, Su Majestad.

Jane juntó las manos en señal de agradecimiento.

Sin embargo, yo no había hecho nada. Aún así, no lo mencioné. No porque fuera realmente el héroe de Jane, sino porque en este momento ella necesitaba a alguien en quien apoyarse. Ella quería confiar en mí, así que aquí estaba yo, como un pilar sólido.

—Por cierto, ¿Señorita Jane?

—Sí, Su Majestad.

—Tengo algo que pedirle.

—¡Sí! ¡Pídame lo que sea!

—Aunque no has causado ningún problema, ¿podrías comportarte con mucha cautela mientras estés en el Imperio Oriental?

—¿Perdón?

Sus ojos se abrieron bruscamente. Su expresión decía, ¿no confía en mí?

—No es por ti, lo que pasa es que hay asuntos delicados. Los Caballeros Transnacionales estarán por allí.

—Pero no tengo nada que ver con ellos...

—Lo sé. Es sólo por si acaso.

De hecho, no era sólo por los Caballeros Transnacionales. Me preocupaba su enemistad con el Duque Tom. Irina estaba muerta, pero ella y Jane habían estado enredadas de forma negativa desde el principio. Aunque Jane había pasado por mucho sufrimiento, su odio por Irina no había cambiado.

El Duque Tom sería un blanco tentador para su ira. Un enemigo ileso al que ella querría golpear. No quería verla enredada con él en una búsqueda de venganza. Podría salir perjudicada.

Ajena a mis preocupaciones, Jane asintió con una sonrisa.

—¡Por supuesto! No se preocupe. ¡Iré y vendré discretamente!