Furia primate y un error.


La habitación en penumbra, apenas iluminada por la luz de la luna que se colaba por la ventana. Recostado en su cama, con un brazo a modo de almohada, Senku no podía evitar pensar en Kohaku y en el beso que al final correspondió.

Ya intuía le sería muy difícil dormir.

Seguía pasando por su cabeza el recuerdo aún vivido de Kohaku, saltando contra él bruscamente para chocar sus labios, y luego cuando se disponía a apartarla… No lo hizo. ¿Por qué no la alejo? ¿Por qué le había correspondido? ¿Qué estaba ocurriendo con él? ¿Y por qué pensaba tanto en ella?

Seguramente, la dopamina y la adrenalina tenían una pequeña fiesta dentro de él justo en ese momento… Y aún estaba bien, siempre y cuando no se uniera la oxitocina.

Kohaku, la joven cabezota de cabello rubio y mirada decidida, que había irrumpido en su vida como un torbellino. Desde el momento en que la conoció, algo cambió en él, esa sensación de no lograr ignorarla y buscar hacerla reaccionar a sus provocaciones… molestarla y descolocarla.

No podía negar que le gustaba, incluso enojada, ¿para qué negárselo a sí mismo? Sí, lo admitía, era una chica y le gustaba; físicamente le atraía como ninguna otra había captado siquiera su atención. Pero existía el "pero" de que no pensaba hacer nada al respecto. Sabía que debía mantener la cabeza fría. Después de todo, no podía permitir que sus hormonas tomaran el control. No se dejaría distraer.

La culpa, en parte, de todo eso, recaía en Byakuya.

Desde siempre, Byakuya le había inculcado principios de caballerosidad, respeto y protección hacia las mujeres.

Senku recordaba las conversaciones comiendo ramen, las enseñanzas sobre cómo tratar a una chica y cuidar de ella. Y a pesar de no demostrar mucho interés por no ser tema científico, sí que lo escuchaba y simplemente eso se adhirió a su personalidad. Tampoco le parecía un problema hasta el momento en que, en medio de su turbación, se preguntaba si esos principios no eran una carga demasiado pesada. Después de todo, esos principios también eran en parte causantes del problema con Luna.

Si tan solo no se hubiese quedado a esperar a Kohaku para cuidarla después, se podría haber evitado que le saltaran encima y le robaran su estúpido primer beso, aunque al final le alegraba quedarse, porque de no hacerlo no se hubiese dado cuenta de que ella le necesitaba.

Le era difícil luchar contra eso, luchar contra la educación de Byakuya y los principios que le había dado; esos principios y enseñanzas a veces chocaban con su propia personalidad que era más bien cínica… Algo que nunca lo había molestado ni notado hasta ahora.

Esos mismos principios eran la razón por la que no se había permitido a sí mismo ver a Kohaku de otra forma: la respetaba, aceptaba que se sentía atraído por la rubia, pero se controlaba.

Por lo menos controlaba su mente cuando estaba consciente.

Pero ahora, después de cómo ella lo había usado en el tren, y después de que se lanzara a besarlo, sentía que tenía una especie de permiso de por lo menos pensar en ella de esa manera…

Y sí, se daría alivio a sí mismo, y lo haría antes de que sus testículos terminaran azules, y sí, Kohaku estaría en sus pensamientos.

Lo haría, no solo porque lo deseara y finalmente se lo permitiera, sino también porque veía eso como el último método para dejar de soñar con ella. ¿Qué demonios le había hecho esa leona? Le parecía ridículo creer que estaba a punto de permitirse pensar en ella de esa forma.

Acomodándose mejor en la cama, se dio permiso de que su mente vagara de nuevo hacia Kohaku.

Rememoro la forma en que ella lo besó y cómo el menudo cuerpo de ella respondió estremeciéndose al contacto de sus manos después de que se aferró a su cintura… Cerró los ojos para concentrarse mejor en la imagen de la chica sobre él, el aroma de Kohaku, llegándole y turbándolo aún más, la suavidad de sus labios contra los de él… Los delgados brazos de ella, envolviendo su cuello… Y entonces, dejó que el recuerdo trascendiera lo que fue real: imaginó a Kohaku moviendo las caderas sobre él, sin ganas de romper el contacto de sus bocas.

Una de las manos de Senku subió en una caricia por la espalda de la chica para después descender lentamente. La otra fue a parar al primer botón que quedaba en el escote de la camisa de Kohaku y de un movimiento rápido lo desabotonó y siguió con los pocos que quedaban hasta que la camisa se abrió sola. Solo hasta entonces se separaron y Senku la contempló un segundo antes de llevar sus manos a sus pechos y masajearlos.

A ese punto, en su imaginación, Senku ya estaba por sacar su miembro duro de entre sus pantalones.

Siguió con la imagen en su cabeza mientras comenzaba a tocarse lentamente, y una parte pequeña y en ese momento lejana de su mente le decía que esperaba que esta fuera la única vez en que se viera en la necesidad de masturbarse pensando en ella.

-…-…-

Al día siguiente, Senku despertó más tarde de lo normal, con el cuerpo distendido, relajado y con energías renovadas. Lo que había hecho la noche anterior surtió efecto; no soñó con la Leona. Y decidido a mantener distancia con Kohaku en ese día sin la obligación de ir al colegio, se vistió con jeans azules y camisa blanca de mangas que subió hasta sus antebrazos. Salió de su habitación y después de cepillarse los dientes y lavarse la cara, se dirigió a la cocina.

Sin embargo, el pensamiento de Senku de alejarse de ella murió en cuanto la volvió a ver.

Kohaku ya estaba allí, ocupada preparando el desayuno.

Senku le miró y siguió caminando hacia la barra, pareciendo indiferente. Sin embargo, notó de inmediato el cambio en ella: una sudadera gris y unos pantalones azules algo holgados vestían a la chica. La misma chica que normalmente optaba por llevar faldas. Y Senku comprendió al instante la razón: Kohaku quería evitar que se notaran sus heridas.

—Buenos días —saludó Senku, entrecerrando su mirada sobre ella, y la rápida pregunta se abrió paso en su cabeza: ¿Tendría más heridas que él no había notado?

Kohaku se sorprendió al verlo y, a pesar de sentirse algo avergonzada, sonrió con los mofletes ya pintados de un sutil rosa. —Buenos días, Senku. —respondió el saludo, intentando hacer como si nada hubiera pasado mientras sacaba pan de la tostadora y evitaba mirarle, si lo hacía recordaría los pensamientos que apenas le habían permitido dormir.

El silencio que siguió fue algo pesado para la chica, sobre todo porque Senku no le quitaba la mirada de encima. Además de buscar a detalle en ella más señales que le indicaran que tenía razón, también se encontraba a sí mismo reprendiéndose cada vez que su mirada iba a parar en los labios rosas de Kohaku.

Maldición, debía concentrarse en lo importante, en la prioridad; ya podía quedarse a contemplar en otro momento como idiota.

Kohaku continuaba con la tarea de preparar el desayuno, y Senku se sentó en una silla alta frente a la barra que dividía la cocina de la sala. Tenía un par de cosas que decirle a Kohaku antes de que Byakuya apareciera, aunque también sentía curiosidad por saber ¿cómo se comportaría Kohaku con él?

—Estoy haciendo tostadas con huevo y jamón —dijo Kohaku, negada a mirarlo, y dio vuelta a los huevos en la sartén.

Senku asintió, observando cómo Kohaku colocaba los platos en la barra. Rápidamente, se fastidió con esa actitud de ella que evitaba mirarlo directamente… ¿Así que la leona intentaría ignorarlo?

—Kohaku —dijo Senku, decidido a hablar con ella antes de que Byakuya llegara. Ese pobre intento de ignorarlo se quedaría en solo eso, el mero intento; no pensaba dejar pasar tan fácilmente el asunto—. Volveré a preguntar, y no pienso repetirme.

Kohaku finalmente alzó la mirada para verlo, sorprendida por el tono de advertencia serio y que le llamara Kohaku y no Leona, y Senku continuó:

—¿Tienes más heridas que no me has mostrado?

La de ojos azules se sorprendió, y por un momento, Senku pensó que intentaría mentirle absurdamente de nuevo. Pero entonces, ella asintió.

—Sí —admitió—. Pero no son importantes. — ¿Cómo sabía Senku que tenía más golpes?

Senku sintió una mezcla de emociones: alivio por la clara honestidad para con él, y preocupación por las heridas que no había visto. — Muéstrame.

Kohaku dudó por un momento, pero luego, después de suspirar, asintió y se acercó a un lado de Senku. Sus delgados dedos subieron la manga de su sudadera. Senku se acercó un poco más, y frunció el ceño, notando la revelación de una serie de moretones en uno de sus brazos; los colores se le extendían como manchas de tinta.

—Serás… —¿Qué no eran importantes? ¡Si el brazo mostraba hinchazón! —¿Y en el resto del cuerpo? —preguntó Senku alzando la mirada con una vena a punto de palpitarle en la cien, su voz más ronca, y su puño se apretó bajo la mesa. ¿Qué bestia salvaje había cruzado su camino? ¿Y por qué demonios no le había informado que tenía más golpes?

Kohaku, después de dudar nuevamente, se levantó la sudadera hasta la mitad de su abdomen. El moretón más grande se extendía a un costado de su torso y hasta donde la cintura de sus vaqueros ocultaba el resto. Senku sintió una oleada de ira y preocupación al ver que la extensión del tono morado llegaba más debajo de la cintura del pantalón azul. La chica desabrochó el botón, bajando sus jeans lo suficiente para que Senku pudiera ver el morado completo. Incluso alcanzaba a vislumbrar el color de su ropa interior, un naranja vibrante que contrastaba con la sombría marca en su piel.

—¿Por qué no lo dijiste?

Kohaku se alzó de hombros. —No es tan grave. Hace mucho que un oponente no me lastimaba así.

Senku apretó el puño con más fuerza. ¿Cómo podía minimizarlo de esa manera? Quería rastrear al responsable, desentrañar cada detalle y asegurarse de no volver a verla en ese estado vulnerable; un estado como ese en esa chica era completamente anormal e ilógico.

—¿Cómo fue? —insistió, ahora su mandíbula también tensa.

Kohaku dudó nuevamente. Pero antes de que pudiera presionarla más, ella habló.

—No importa. Era una pelea y ella dio lo mejor de sí —dijo ella. Finalmente, se bajó la sudadera, cubriéndose de nuevo y se ajustó bien la ropa ante la atenta mirada de Senku.

Kohaku volvía a confirmarle que era una chica quien le había atacado. —Ese club de peleas, ¿dónde se ubica? ¿Y cómo terminaste allí en un principio?

Kohaku se sorprendió por la pregunta, pero luego volvió a alzar los hombros. A esas alturas, dudar o intentar mentirle u ocultar cualquier cosa de Senku parecía injustificado… e imposible. Casi podía creer que le leía la mente.

Sobre todo, después del interés que Senku demostraba.

Senku se interesa por mí… Se dijo mentalmente la de ojos azules.

—Está en el barrio viejo. Le dicen "Furia primate". Y los peleadores van para mejorar sus habilidades… o por dinero. —Como era su caso.

Senku asintió, memorizando la información. —¿Y cómo terminaste en un lugar así?

—La primera vez que fui fue hace casi dos años —contó la chica—. Necesitaba el dinero, y era una forma de ganarlo. Me hablo del lugar, Tsukasa Shishio —dijo recordando cuando conoció al castaño. Ambos se habían topado en la recepción del hospital, regresando de visita: Tsukasa a su hermana y Kohaku a su madre. —Es el club de Tsukasa.

Senku reconoció el nombre.

—Y la segunda vez fue hace unos meses. Necesitaba el dinero para la colegiatura.

A pesar de tener beca deportiva no era completa; aún le faltaba un porcentaje que pagar, pero había mentido a su padre diciendo que tenía la beca completa para que él no se preocupara por la colegiatura de su primer año.

Senku asintió, entendiendo la situación. —Entonces es un lugar a dónde vas cuando realmente necesitas dinero. Pero hasta donde tenía entendido, no quieres… ¿Preocupar a Kokuyo? —termino por preguntar con sarcasmo.

Y fue el turno de Kohaku de asentir a pesar de notar el tono retórico con el que habló Senku. —Por eso no debe saberlo. Solo he ido para pagar una deuda del hospital, la segunda vez para pagar la colegiatura y esta… bueno, también fue por dinero.

Senku continuaba con semblante serio. —No lo mencionaré al viejo ni a tu padre, pero tengo una condición.

Kohaku se limitó a escuchar, intrigada y emocionada por la posibilidad de que se mantuviera el secreto.

Senku se acercó más a ella; su voz baja y seria. —No regreses a ese lugar. Si necesitas dinero puedo prestarte. O si eres muy orgullosa, entonces puedo ayudarte a encontrar la forma de conseguirlo.

Kohaku frunció el ceño al escucharlo. ¿Prometer no regresar? Tenía amigos ahí, amigos que quería volver a ver y comprendían bien su mundo de las artes marciales reales. Sin contar que lo que él pedía no hacía falta… ella podía.

Por un instante a la mente de la rubia llegó, como un borrón rápido, el recuerdo de su yo más joven, presentándose sola en una sala de urgencias con un dedo de su mano derecha fracturado por un tonto accidente mientras entrenaba. Y tan rápido como apareció en su memoria, lo desechó.

—No es necesario, Senku, puedo encargarme sola… Siempre he podido.

Senku frunció el ceño al escucharla. —Si no quieres que esto se revele, necesito tu palabra. —¿Es que ella pensaba volver? No era un chismoso ni un metiche, pero necesitaba que le asegurara que no volvería a realizar la estupidez de presentarse en ese lugar… Y ni modo, seguía metiéndose donde no le llamaban. — Además, esto podría llegar a afectarme, por lo que debo estar diez billones seguro de que no volverás a ser imprudente.

Una mezcla contrastante de emociones se debatió en Kohaku en ese instante; por un momento creyó que Senku genuinamente se interesaba por ella, pero lo último dicho por él le cambiaba la idea: le dejaba bien claro que la insistencia de Senku era por evitarse el problema que podría traerle. Algo de decepción le apretó el pecho cuando reflexionó que el chico frente a ella buscaba evitarse molestias futuras, y ella podía convertirse en uno. Sobre todo si por algún tipo de herida resultaba que dejaba de serle de utilidad en su laboratorio.

—Ja, no necesitas convertir esto en tu problema —dijo con una sonrisa forzada. —No volveré a ser una molestia para ti.—Una molestia como seguramente lo fue el día anterior donde él tuvo que quedarse a curarle.

Kohaku apretó los puños con fuerza; por alguna razón eso que ella misma decía le hizo temblar el labio inferior.

Senku estaba por interrumpirla al captar el notorio y rápido cambio de ánimo de la chica; desde su posición no alcanzaba a ver sus manos hechas puño, pero sí la diferencia en el timbre de voz y su azulina mirada, ahora ensombrecida.

Sin embargo, Kohaku no lo dejó interrumpirla y continuó:

—Ese beso…—No era el momento para sacar el tema, pero después de pensar que solo le traía problemas el beso que tanto le quitó el sueño por la noche, no podía evitar pensar que seguramente también fue molesto para Senku, por lo que resultaba ser también un error de su parte haberle saltado encima de esa forma. —Fue un error. — Estaba siendo estúpida y justo en ese momento se sentía ridícula, ridícula solo con ella porque no podía culpar a Senku de ilusionarse por un segundo y creer que se interesaba en ella. —No debí hacerlo… y no me disculpe por eso. Lo siento… por besarte. —dijo con las palabras calándole en la garganta.

Senku sintió un repentino nudo en el estómago.

El de cabellos alzados solo podía pensar que eso que ella decía debería aliviarlo, porque significaba que Kohaku entendía bien su actual posición respecto a relaciones sentimentales; sin embargo, no fue así; el escuchar las palabras de Kohaku más bien le desagrado lo que decía y la forma en que lo decía.

La joven rubia había usado un tono de voz bajo, su mirada algo esquiva, y el intento de sonrisa forzada… Esa chica era ya el cliché de un libro abierto cada vez más fácil de leer para Senku y, aun así, de un momento a otro logró hacerlo sentir frustrado.

El presidente del club de ciencias podía reconocer las emociones de los demás, pero eso no le hacía más fácil reconocer las propias ni el saber cómo manejarlas.

Varias preguntas se pasaban por la cabeza de Senku asombrosamente rápido y se repetían.

¿Qué estaba diciendo la rubia imprudente? ¿Un error? ¿Besarlo fue un error?

Podía pensar que ese beso fue muchas cosas; un lanzamiento muy brusco para iniciar un beso era uno de sus pensamientos, pero pensar que fue un error no era uno de ellos.

¿Por qué estaba diciendo eso cuando lo que quería era que le prometiera que no volvería a ir a un lugar que la pondría en peligro?

Ese sábado resulta que ya lo percibía como el resto de toda esa semana: igualmente agotador, pero reconocía que era agotador en diferente manera, esta era confusa e intensa. —Kohaku, no… —comenzó a decir Senku.

El sonido de la puerta al ser abierta abruptamente interrumpió a Senku haciéndolo chasquear la lengua.

Su padre había llegado.

—¡Estoy en casa! —exclamó un alegre Byakuya entrando en la cocina después de dejar en el recibidor su saco, zapatos, maletín y llaves.

A pesar de no haber regresado desde el día anterior por trabajo, el Ishigami de mayor edad llegaba con una gran sonrisa y mirada suspicaz, escaneando el lugar hasta que se topó con Senku y Kohaku.

Senku sentado y Kohaku de pie a un lado de él.

Senku se recuperó rápidamente del estado de frustración e irritación que tenía antes de ser interrumpido. La conversación que había estado por tener con Kohaku no era asunto que le incumbiera a su padre.

Por su parte, Kohaku parpadeó un par de veces, dedicándose por un minuto a olvidar el sentimiento amargo que le había dejado el pensar que estaba equivocada, hasta que lo consiguió y entonces una gran sonrisa se esparció por su rostro al ver al amable hombre que ya veía como parte de su familia.

—¡Bienvenido! —saludó entusiasta haciendo una reverencia frente a él.

Sí, hace solo un minuto, había sentido una especie de ardor en el estómago al pensar ser una molestia para Senku… Casi como acidez estomacal. Pero no, no necesitaba ni un segundo para pensar y recomponerse; recordaba quién era, era Kohaku, y no iba a desanimarse ni siquiera un poco por el desdén de otra persona; además, Senku estaba en todo su derecho de intentar ahorrarse dolores de cabeza buscando evitarse las molestias que ella pudiera causarle. Sin embargo, no era necesario; ella no estaba en ningún peligro, por lo que la promesa que Senku le pedía no era necesaria.

Ser Kohaku, orgullosa y fuerte, eso era lo que le había enseñado, la persona más importante para ella que ya no estaba. Y no era el momento para olvidarlo.

Senku también hizo una pequeña reverencia inclinando la cabeza hacia su padre, a pesar de aún tener la idea en la cabeza de querer continuar la conversación que interrumpió…

Byakuya fingió demencia al no mencionar palabra sobre el estado en que había sorprendido a los chicos antes de que ambos se recompusieran, pero sí, lo había captado, y no sabía si lo que había visto efímeramente era bueno o malo.

El mayor había alcanzado a notar a un Senku con el ceño fruncido, mirando insistentemente a una… ¿nerviosa pequeña-Kohaku? Eso no era normal. Y además percibió un aura de tensión al solo poner un pie en la cocina. Algo había pasado definitivamente con sus chiquillos, pero requería detalles para determinar si los sucesos se inclinaban a favor de su plan o en contra. Después de todo, dejarlos para que tuvieran algo de tiempo a solas fue parte de uno de sus planes.

—Estoy hambriento —habló Byakuya sonriendo con boca y ojos.

Kohaku se retiró hacia la estufa para servir también a Byakuya un buen plato con el desayuno. — Le serviré, por favor, siéntese.

Byakuya se acercó hasta sentarse a un lado de Senku.

—¿Cómo les fue su primera noche conviviendo solos?

Los mofletes de Kohaku se colorearon nuevamente de un leve rosa al escuchar la pregunta, pero al instante se recompuso y se acercó para colocarle también el plato con abundante comida en la mesa frente a él, dedicándole una cálida sonrisa.

—Cenamos ramen instantáneo. —Kohaku se mordió un poco la lengua inconscientemente como castigándose a sí misma por no poder dejar de mentir.

—¡Oh! Eso no está…—Byakuya estaba por responder, regresando sus pupilas del plato con comida a Kohaku, cuando la sonrisa que la chica le brindaba pasó a segundo plano al notar la bendita en su mejilla. —¡¿Kohaku, qué te paso?!

—Nada, nada —dijo Kohaku rápidamente, moviendo sus manos frente a ella, intentando restar importancia.

—¡¿Senku te pego?!— Escupió una absurda conclusión apresurada. Que eso hubiese sucedido explicaría el ceño fruncido de Senku y el nerviosismo de Kohaku. Pero había un gran problema con eso…

Al escuchar la tontería de deducción de su padre, Senku no pudo reprimir su exclamación de asombro con el ceño fruncido. Muy indignado, se podría decir. Golpear a una chica iba completamente en contra de lo que le había enseñado siempre. —¡¿Qué?!

—No, eso no puede ser. —Continúo hablando el mayor, sin escuchar a Senku e ignorando la boca abierta de Kohaku. — Mi hijo es un caballero. Nunca golpearía a una mujer.

Senku soltó un bufido, algo irritado por los comentarios sin sentido de su padre.

Kohaku suspiró aliviada y relajó los hombros; por un minuto pensó que Byakuya realmente creía algo como eso.

—Claro que nunca haría algo así. Además, no tiene la fuerza para eso. — Esta vez Senku solo le dedicó una irritada mirada al hombre de cabellos blancos. — Lo descarto completamente. ¿Pero entonces qué sucedió?

Kohaku se apresuró una vez más a contestar antes de que Byakuya volviera a decir algo que siguiera empeorando el humor de Senku.

Y Senku, por su parte, ahora clavó su mirada en Kohaku, a la espera de saber que saldría de sus labios. ¿Ella volvería a mentir?

—. Me resbalé en el baño y me golpeé la mejilla con la puerta. — Y esa fue la mejor mentira que se le pudo ocurrir.

Senku enarcó una ceja, asombrado por lo que acababa de escuchar. Vaya excusa más tonta…

Byakuya la miró con escepticismo, pero no insistió, solo asintió, a pesar de sentir que todo era sospechoso. — Entonces, por favor, ten más cuidado, pequeña Kohaku.

Molesta consigo misma por mentir tanto, se mordió el interior de la mejilla y se sentó para desayunar, sintiendo la penetrante mirada de Senku que la veía serio hasta que dio una mordida a su tostada…

—Bueno, ramen instantáneo, ¿eh? —dijo Byakuya sin desvanecer su sonrisa—. Senku, lo hizo, ¿no?

Senku se encogió de hombros. —Me tocaba.

Byakuya se rió y le dio un golpecito en la espalda a Senku. —Bueno, es tu especialidad, Senku.—Senku miró mal a su padre después de ese golpe; se lo había dado justo cuando estaba dando un sorbo a su café. — Y Kohaku, ¿algo por hacer hoy?

Kohaku sonrió, intentando relajarse después de haber estado bajo la mirada intensa de Senku que sentía que la juzgaba por mentir en sus narices. —Sí, iré a hacer algunas compras.

—¿Necesitas algo en particular? —dijo Byakuya, interesado.

Kohaku pensó por un momento. —Solo algunas cosas que necesito además del uniforme de invierno.

Y la tensión en la habitación disminuyó un poco conforme la conversación con Byakuya siguió, pero Senku aún estaba pensativo en la conversación interrumpida con Kohaku. Al final la rubia no prometió volver a ese lugar, y además… ¿Por qué seguía sintiéndose frustrado?

Byakuya, satisfecho con la atmósfera un poco más relajada, decidió seguir conversando con los jóvenes que seguía notando que actuaban algo extraño. Era poco, pero sin duda podía notar que algo sucedió en su primera noche solos. Sobre todo porque desde que llegó, alcanzaba a captar con sus ojitos que Senku no apartaba la vista de Kohaku.

El Ishigami más joven se alzó de la silla después de terminar su desayuno, llevando su taza de café. Su mirada intensa seguía fija en Kohaku.

—Te acompañaré —dijo, su voz baja pero firme.

Kohaku se pasmó, su rostro sonrojándose ligeramente y su mandíbula cayendo de a poco.

—N-No es necesario —dijo incluso boqueando, buscando sonar tranquila. ¿Qué estaba pasando?

Senku se acercó a ella, su presencia desafiante. —Insisto —dijo, su mirada penetrante—. Quiero asegurarme de que no te pierdas. — Y terminar la conversación que tenían pendiente, pensó para sí.

La rubia podía sentir subir el calor de su cuerpo por la intensidad de la mirada de Senku. Se sentía atrapada, pero no podía negar la emoción que le provocaba. Sentirse así no concordaba con lo que hacía minutos había pensado de Senku.

Byakuya, sentado en la mesa, sonreía con satisfacción. La escena parecía ser. Era exactamente lo que había planeado.

—Bien, bien. Que tengan un buen día, entonces. —intervino, su voz divertida. —Iré a descansar porque estoy muerto —habló levantándose y comenzando a retirarse, volviendo a dejarlos solos en la cocina.

Senku siguió sin apartar la mirada de Kohaku.

La joven titubeó por un momento antes de asentir, sin dejar de preguntarse ¿Por qué Senku quería acompañarla?

Imaginarse pasando la tarde en compañía de Senku le ponía ansiosa. ¿Quizás, solo un poco, él realmente la estaba observando? ¿Realmente no era que solo le traía problemas? Sin embargo, había algo más: una extraña calidez en el pecho cada vez que creía que le importaba a Senku.

Acababa de aceptar ir con Senku, así que tendría que posponer la llamada a esa persona para verse en otro momento. Después de todo, ya se habían visto en "Furia primate" y cuando prometió llamarlo para salir no especifico cuando sería.


Esto sí que va lento, bueno, unos 2 caps más y ya iremos más rápido.