-Buenos días, Akane… buen día, Akane… ¡Hola! ¿Qué tal tu noche?... ¿Soñaste conmigo? No es para menos ¿Qué te parece continuar dónde nos quedamos?...- poco le faltaba para echar humo por las orejas de solo imaginar que pudiera decirle algo así - Acostúmbrate, acostúmbrate ¡Sólo a mí se me ocurre decir eso! - se reclamaba golpeándose la frente con la palma.
A lo lejos escuchó una puerta cerrarse, de inmediato se giró para ver el reloj y soltó una maldición tomando su abrigo. Corrió por las escaleras, al llegar a la planta baja vislumbró una corta cabellera bailar justo antes de cerrarse el acceso del edificio.
Pensó en alcanzarla para reclamarle pero prefirió ir siguiéndola un par de pasos atrás. Desde ahí podía ver con claridad que todos los varones que le cruzaban por enfrente continuaban su camino con una sonrisa boba en la cara, su ceño se frunció exageradamente.
Pensó que al llegar a la universidad se sentiría más tranquilo pero se equivocaba, nada más cruzar la puerta los varones formaron una barrera entre Akane y él al escoltarla hasta su salón de clases; estaba a punto de empezar a repartir "lecciones" cuando una figura que identificó al instante se posicionó al lado de la fémina. El recién llegado giró el rostro y con un gesto que Ranma no alcanzó a ver claramente, logró que todos los admiradores de Akane se dispersaran dejándolos solos.
Nuevamente el monstruo de los celos empezaba a susurrarle al oído que debía reclamar su lugar al lado de la chica, que era el momento de aclarar las cosas, que tenía que…
-¡Ranma!- la chillona voz atravesó el patio por dónde cruzaban taladrando los tímpanos de los tres transeúntes.
Segundos después el brazo del joven Saotome era aprisionado contra el abundante busto de la propietaria de aquel timbre.
-Te he buscado desde temprano ¿Por qué no has ido por tu café? -
-Voy llegando, Shampoo- contestó fastidiado.
Akane apenas volteó, los miró con gesto de desdén y apresuró el paso junto a Kato quien sonrió con regocijo guiñándole, nuevamente, un ojo a Ranma.
Quiso lanzarse contra ellos, pero la china lo arrastró hacia la cafetería donde trabajaba sin permitirle oponerse.
-0-
Su cuerpo estaba en el gimnasio pero su mente no. Ataviado con su traje de entrenamiento, daba brincos sobre una y otra pierna nervioso observando la puerta.
-¡Saotome!- tronó la voz del entrenador del equipo de karate- ¡Al frente! Enfrentamiento uno a uno - Ranma no lo escuchó - ¡Saotome! - volvió a gritar más fuerte obteniendo el mismo resultado - Atácalo – ordenó al contrincante.
Sin misericordia el otro joven se lanzó sobre el de la trenza, sin quitar la vista de la entrada Ranma lo esquivó y contraatacó noqueando a su oponente, el resto de los alumnos acudieron a socorrer al lesionado.
-Tienes suerte de ser endemoniadamente talentoso, Saotome- habló el entrenador palmeándolo en la espalda y abstrayéndolo de su trance- largo de aquí.
No tuvo que repetirlo, Ranma tomó sus cosas en un santiamén y salió del gimnasio.
Afuera estaba oscuro, sin cambiarse el uniforme se colocó por encima su sudadera y se dirigió al edificio en el que sabía estaba Akane, no tuvo que llegar al salón pues en las escaleras principales la encontró acompañada de quien menos deseaba.
-¿De nuevo solos? - comentó con sorna- las señoritas decentes no deberían hacer eso.
Ella iba a contestar pero en su lugar Kato arremetió.
-Akane es una dama, y al contrario de otros, sabe comportarse a la altura de la situación. Ella se ha ganado mi respeto y admiración con su honestidad.
- ¿Sí? ¿Siempre ha sido honesta contigo? Entonces supongo que ya sabes que ella es mi…
-¡Ranma!- le interrumpió con mirada dura la mujer.
-¿Que es tu amiga desde que vivían en su pueblo natal? Lo sé, y es por eso que a pesar de mis consejos de alejarse de ti se ha negado, al parecer te tiene un cariño especial.
-No tienes ni idea- repuso con la mandíbula apretada.
El ambiente era tenso, ambos hombres estaban dispuestos a empezar una pelea ante la más mínima provocación.
-Sólo les falta entrechocar los cuernos cual carneros- comentó Akane riéndose logrando que Kato pusiera su atención en ella- Debo irme, gracias.
Tras una corta reverencia la chica tomó a Ranma por el brazo llevándolo consigo a la salida de la universidad.
Anduvieron el camino al departamento en total silencio, sin embargo apenas cruzar el umbral él comenzó a hablar.
-¿Qué fue eso?-
-¿Qué?- contestó ella distraída descalzándose.
-Sabes de qué hablo-
Apenas incorporarse se encontró con los inquisidores ojos de su pareja. Intentó esquivarlo pasando con indiferencia a su lado, pero él no dejaría así la situación; dio un paso al frente arrinconándola nuevamente contra la pared, colocando su brazo a un costado de ella impidiéndole cualquier huida.
-Escúchame bien porque no volveré a repetirlo, quieras o no soy tu esposo legalmente y no voy a dejar que cualquier estúpido quiera pretenderte ¿Entendiste?
-Estamos casados únicamente para poder vivir aquí, no es como si hubiéramos tenido muchas opciones ¿Sabes? - pronunció ella retadora.
-No me provoques, Akane- contestó con la respiración acelerada.
-¿O qué? – dijo confrontándolo desafiante.
Entonces la tomó por la cintura acercándola un poco más a su cuerpo.
-Te estoy advirtiendo- repuso sin temor.
-No te atreverías- expresó la chica con el pecho subiendo y bajando aceleradamente.
Con lentitud el joven pasó la mano que tenía libre por detrás de la cabeza de Akane sin dejar de mirarla a los ojos.
-No estoy jugando- amenazó nuevamente.
-Te falta valor- replicó sosteniéndole la mirada.
-Lo voy a hacer, Akane- declaró acercándose cada vez más.
-No te creo- manifestó retadora.
Ranma se aproximó tanto que sus labios estaban a punto de rozarse.
-Te dije que no podrías- declamó la mujercita ante la pasividad de él.
- ¿Realmente quieres que sea así? - enunció separándose apenas.
La expresión en el femenino rostro cambió de inmediato, se liberó dándole un empujón yéndose en silencio a su habitación. El chico se quedó en el pasillo mirando el espacio que ahora estaba vacío, se fue a su propio cuarto más confundido que antes.
Al día siguiente cuando aún no terminaba de prepararse para salir escuchó a Akane desde atrás de la puerta.
-Estaré ocupada después del entrenamiento de hoy, por favor no me esperes, llegaré más tarde-
Después de dudar por unos segundos contestó con una seca afirmación.
Nuevamente salió del departamento apenas escuchó la puerta cerrarse, estuvo detrás de Akane todo el camino pero esta vez apenas ingresaron a la universidad Ranma cambió de dirección rumbo al gimnasio.
Golpe, patada, golpe, patada, golpe, patada, el saco de entrenamiento había recibido más de trescientos en los primeros minutos de aquella mañana, el entrenador pensó que si quedaba algo para el final de la jornada sería un milagro.
- ¿Faldas? - cuestionó acercándose con tiento el hombre mayor.
-No, gracias, ya no uso- contestó en automático el joven Saotome.
- ¿Qué?
-Nada- exclamó sacudiendo la cabeza al darse cuenta de que había contestado de forma automática- ¿Qué quiere decir, entrenador?
- ¿Qué pasa, Saotome? ¿Es una cuestión de faldas lo que te tiene así? - el aludido sólo atinó a suspirar- Tranquilo, hijo, es normal. Todos pasamos por ahí.
-No creo que igual que yo.
El hombre de mediana edad soltó una franca carcajada ante la extrañeza de su pupilo.
-Las mujeres no son complicadas, muchacho, es sólo que nosotros somos tontos y no entendemos indirectas. Llevo 20 años casado y aún no descifro cuando a mi esposa le duele realmente la cabeza o es que quiere... un masaje de pies. Pero si algo he aprendido en este tiempo es que la respuesta la tenemos frente a nuestras narices, sólo es cuestión de poner un poquitito de atención para saber cuál es. ¡Ánimo, hijo! Verás que tú también sabrás qué hacer si tan solo te fijas en los detalles. Ahora deja ese saco en paz y ve a correr tres vueltas al campus, te ayudará a despejar la mente.
Pensando en lo que le había dicho el entrenador, el varón salió dispuesto a disfrutar de la cálida mañana mientras hacía el recorrido habitual de diez kilómetros en cada vuelta. Sumido en sus pensamientos, de repente llamó su atención una silueta que reconocería en cualquier lugar, para su mala fortuna estaba acompañada de otra persona que comenzaba a odiar con cada fibra de su ser.
Deseó con toda el alma caer encima del individuo para molerlo a golpes, sin embargo, recordó las palabras del entrenador y prefirió observar, al menos por el momento. Se acercó sigilosamente a donde estaban procurando no ser visto.
-Sólo sería una noche, Akane, nadie tiene por qué enterarse- hablaba Kato.
-Ya te dije que no es posible, además, ese tipo de actividad siempre deja marcas. Sería imposible ocultarlas.
-Claro que es posible, tú no tenías ni idea de que yo lo hacía hasta que te lo conté.
-Bueno, tenía mis sospechas, no disimulas muy bien que digamos la evidencia.
-De acuerdo, ganas esta, pero te prometo que será distinto. Además, se nota que eres excelente; contigo sería entrar, salir y listo ¡dinero fácil!
-No lo sé ¿y si se entera Ranma?
- ¡Vamos! El chico no es muy listo, seguramente ni siquiera lo notaría- ante la mirada reprobatoria de la joven añadió- y aunque lo haga, no le debes explicaciones ¿no crees? No es más que tu compañero de departamento, no es como que lo quisieras ¿verdad?
Ante el cuestionamiento, Ranma, quien había pasado desapercibido hasta el momento, no pudo evitar dejar escapar un gutural sonido que reptó desde su interior hasta emanar por su garganta, una especie de gruñido primitivo. Inmediatamente la acompañante de Kato giró buscando el origen, pero para ese entonces el joven Saotome ya se había alejado para no ser descubierto.
Regresó al gimnasio completamente furioso, lo poco que acababa de escuchar era demasiado perturbador para permanecer tranquilo. En cuanto llegó señaló a los cinco mejores del grupo, los más agresivos y avanzados en técnica que había en la universidad.
-¡Combate! - bramó.
El entrenador, viendo el estado en el que se encontraba su nuevo talento dudó, pero pensó que no había mejor manera de probar a aquel de quien aún desconocía todo su potencial que sometiéndolo a las pruebas más duras. Le regresó la mirada a los jóvenes que le observaban dudosos, asintió con gesto mudo y de inmediato inició el enfrentamiento.
El más grande atacó primero, Ranma lo mandó a volar de una sola patada, luego el siguiente lo intentó infructuosamente obteniendo el mismo resultado.
-¡Todos! ¡Al mismo tiempo! ¡Ya!- volvió a gruñir.
-¡¿Qué no oyeron?! ¡Contra él!- le secundó en la idea el mentor.
Los quince muchachos que estaban en el entrenamiento se lanzaron contra el recién llegado con toda su fuerza y voluntad, pero ni juntos pudieron siquiera tocarlo, al contrario, lo único que consiguieron fue adornar el suelo del recinto, golpeados y humillados.
Ranma jadeaba, aunque para él eso era un juego de niños su rabia le impedía respirar tranquilo. Con parsimonia, el entrenador se acercó lo suficiente como para tocarle la espalda, el muchacho apenas sintió un leve roce, lo siguiente que supo fue cuando abrió los ojos en la clínica de la universidad.
Tendido en la cama de los servicios médicos, giró la cabeza y lo primero que vio fue a Akane sentada en la silla próxima a donde estaba, tenía la cabeza recargada en su lecho y entre sus manos sostenía la suya. Se incorporó lo suficiente para darse cuenta de que el resto de sus compañeros de equipo también se encontraban ahí y lo observaban con una mezcla de rencor, envidia y admiración.
-¡Qué suerte tienes, Saotome! Vaya que es linda tu novia.
-Y amorosa, ha estado aquí desde que llegó anoche. Apenas se ha separado de tu cama.
-Yo llevo dos años de universidad y no he tenido ni una cita, tú apenas tienes un mes y ya conseguiste a una de las novatas más populares.
Comentarios de ese tipo se escuchaban por toda la sala, fue tal el alboroto que finalmente Akane abrió los ojos irguiéndose para observar al herido.
-¡Ranma!- exclamó abrazándolo efusivamente subiéndose al lecho.
Ante la inesperada muestra de cariño atinó únicamente a rodearla con uno de sus brazos, provocando que el resto de los chicos emitiera una exclamación de ternura.
-Ya basta, este asunto solo es de dos- sentenció el entrenador que tenía poco de haber ingresado a la sala.
Acto seguido, corrió la cortina que separaba el pequeño rincón del resto a fin de apartarlos de las miradas impertinentes. Ranma le miró agradeciendo silenciosamente, él respondió gesticulando la palabra "detalles" antes de correr por completo la tela.
La chica se separó para mirarlo de frente.
-Me preocupé mucho cuando se hizo tarde y no llegabas a casa, llamé a cuantos pude hasta que al fin alguien me dijo que estabas aquí producto de lesiones en tu entrenamiento, vine de inmediato.
-¿Tarde? ¿Qué tan tarde?
-Era la 1 de la mañana cuando me dieron razón de ti.
-¿Y cómo llegaste aquí a esa hora?
-Vine corriendo.
-¿Por qué no tomaste un taxi?
-No se me ocurrió- contestó avergonzada- lo único que me importaba era llegar.
-Discúlpame por preocuparte- repuso arrepentido.
Akane puso su mano encima de la de él.
-No importa, lo que me interesa es que estás bien.
Él entrelazó sus dedos con los de ella y los apretó con cariño, le rodeó la espalda con el otro brazo y la atrajo hacia su pecho, en ese instante toda la preocupación que la había embargado se desbordó en silenciosas lágrimas que rodaban por sus sonrojadas mejillas. Ranma soltó su mano para levantarle la barbilla y poder verla, parecía tan tierna e indefensa, sin pensarlo acercó sus labios y depositó un casto beso en ellos, la chica lo respondió con dulzura.
Más tarde ese día y luego de rigurosos exámenes para comprobar su estado físico, al fin le dieron el alta a Ranma, el resto del equipo permanecería una noche más para que se recuperara completamente.
Una vez que llegaron a su departamento la calma volvió a reinar en sus vidas.
-¿Por qué no tomas una ducha? Te sentirás mejor-
Él asintió en silencio para después dirigirse al baño.
Apenas salió lo primero que vio fue a su compañera de departamento observando a través de la ventana de la sala, la luz de la luna la bañaba delicadamente haciendo brillar su nívea piel, destellos emanaban de su cabello dándole un aire etéreo. Se acercó con la cabellera húmeda y suelta, llevaba puesto el pantalón del pijama y una camiseta, ella giró quedando boquiabierta ante la excitante visión, el arrebol cubrió sus mejillas, bruscamente giró sobre sus talones dándole la espalda para evitar que percibiera lo que le provocaba.
-Akane- le llamó con calma.
Volteó de nuevo para verlo de frente, sin embargo se movió tan rápido que chocó con los duros pectorales de su esposo, lo que aumentó su nerviosismo de sobremanera.
-Discúlpame- retrocedió avergonzada tropezando con el descansabrazo del sillón causando que cayera.
-¿Estás bien? - se acercó preocupado.
-¡Sí! Bien, bien, bien, bien, todo bien, más que bien, todo bien, bien bien- hablaba alteradamente incorporándose como impulsada por un resorte- ¿Tú qué tal? ¿Todo bien?
-Sí, gracias- repuso sonriendo de una manera tan encantadora que por poco se queda embobada observándolo.
-¡Qué bien! - agregó mientras caminaba en reversa en dirección de su habitación tropezando con todo cuanto se cruzó en su camino- En vista de que todo está bien, iré a descansar, necesito acostarme contigo ¡No! Quise decir que necesito acostarme, sola. Fue una noche muy larga, mejor nos acostamos ¡No! ¡Juntos no! Cada uno en su cama ¿Si? Buenas noches, Ranma.
Cerró a toda velocidad la puerta de su cuarto desapareciendo de inmediato de la vista del muchacho, sonrió complacido, al parecer aquel beso no sólo había removido cosas en él.
-Atención a los detalles- dijo para sí mismo.
-0-
Abrió los ojos, miró el reloj que estaba en el buró y se incorporó con pereza. El dulce aroma del café y hot cakes con mantequilla inundó su nariz llamándola como un embrujo, su estómago gruñó recordándole que no había comido nada el día anterior. Salió de su habitación aún medio dormida atraída por la exquisita fragancia, la visión que encontró le hizo pensar que seguía soñando.
Ranma estaba en la cocina con su cabello sujeto en una coleta baja, llevaba una playera negra ajustada y volteaba con habilidad los panqueques en el sartén.
-¡Huele delicioso!- exclamó adormilada.
El muchacho volteó, abrió los ojos y la boca atónito.
-Ranma, se está quemando- dijo la chica corriendo en su dirección.
El aludido observó pequeños hilos de humo que salían de la estufa, rápidamente sacó el panqueque y puso los utensilios sucios en el fregadero.
-Akane- habló tratando de evitar verla directamente pero dirigiéndole fugaces miradas, sus mejillas estaban coloreadas de un intenso rubor - no había notado cuánto te había crecido el busto.
Ella miró hacia abajo dándose cuenta que la blusa del pijama que llevaba se había movido de lugar dejando expuesto uno de sus senos. Rápidamente se cubrió y giró dándole la espalda para poder acomodarse la ropa.
-Están… son, muy bonitos – dijo él con vergüenza.
Akane no supo si darle su merecido o las gracias, sin embargo como sentía un tremendo calor que se extendía por todo el rostro y quizás más allá, prefirió ir a cambiarse.
Pasó un tiempo antes de que saliera de su habitación, pero como su hambre era mayúscula al fin se dirigió al comedor. Encontró su plato prolijamente servido junto a una humeante taza de chocolate, se sentó y comenzó a comer con deleite.
-Iré a ver a los compañeros – escuchó que hablaba el chico saliendo de la cocina- no tardaré.
-¿Seguro estás bien?- cuestionó con auténtica preocupación.
Él asintió con una sonrisa confiada, se dirigió a la puerta pero antes de llegar desanduvo el camino, se colocó junto a ella, le levantó la barbilla con sus manos y le dio un beso en los labios; fue una caricia cargada de deseo, ávida, tan apasionada que Akane sintio quedarse sin aliento.
-Que tengas un gran día – habló terminando el contacto y retomando su camino para desaparecer de inmediato tras la salida.
En el elevador sentía que sus orejas echaban humo, pasó su lengua por los labios y relamió el sabor de la miel de maple que había obtenido de Akane.
-Podría acostumbrarme a esto- pensó.
Dentro del departamento, la chica cubría sus ojos con las manos mientras movía enérgicamente las piernas desbordante de alegría.
-Podría acostumbrarme a esto – dijo para sí.
-- 0 –
Hola de nuevo.
Les traigo otro capitulo de esta nueva historia, espero les esté gustando.
Gracias por sus bellas palabras y sus follows, me animan a apurarme a terminar.
Nos leemos pronto.
