Capítulo 4


_/_/_/_/_/_/_/ Tan solo..._/_/_/_/_/_/_/

El médico de turno entra a la habitación con la nueva intravenosa, las enfermeras están ocupadas y él tiene el tiempo suficiente para atender a un paciente regular.

Es cuidadoso en el proceso, retira el antiguo paquete y pone el nuevo.

No aparta la vista del pequeño cuerpo, en una cama más grande que él y su pálido rostro. Lo escaldaba. No era fácil ver a un pequeño conectado a tantos aparatos.

Tan pronto llegó se fue de la habitación, silenciosamente. No sin antes darle una mirada furtiva a la madre del chico fuera de la habitación. Sus heridas eran razonables, pero no deseaba ser internada y no negaría estar ansioso por conocer finalmente a la madre del pequeño... había una charla que había aplazado desde la primera vez que Conan Edogawa ingresó al área de cuidados intensivos.

_/_/_/_/_/_/_/ Tan solo... una_/_/_/_/_/_/_/

La sensación de esas suaves sábanas entre sus dedos, el olor a desinfectante y el clásico silencio obligatorio. El pequeño de hebras doradas siente como sus párpados tratan de quedar cerrados, pero decide intentar ver si estaba en un lugar seguro.

A medida que recorre con la vista toda la habitación, los equipos médicos se empiezan a dibujar y a la par una persona sentada al otro lado de la habitación tras una ventana. Es cuando empieza a escuchar un ligero sonido de parte de las máquinas y los respiradores. La conciencia se esfumaba lentamente, no sin antes ver que también llevaba una máscara de oxígeno e incapaz de negarse a los brazos de Morfeo, volvió a la inconsciencia.

Tal como en todas esas ocasiones en las que se dieron ciertos eventos inesperados, como bombas en las que se vio envuelto, ataques de parte de asesinos... Y por lo general una visita mensual.

_/_/_/_/_/_/_/ Una mentira que mata_/_/_/_/_/_/_/

El doctor Hiruko Eito, es un pediatra muy querido en la clínica metropolitana de Beika y además poseedor de una de las memorias más prodigiosas de su generación. Es por eso que nunca olvida a sus pacientes, para bien o para mal.

Conan Edogawa es uno de los más frecuentes, incluso consideró mandar a poner nombre a una de las camas de forma permanente. Cortes, hematomas, heridas de bala, contusiones y muchas cortadas. En un principio procedió a llamar al centro de bienestar infantil.

Ya que un niño que pasa por ello, en definitiva, no está en un lugar adecuado. Lamentablemente se ignoró sus llamados y nuevamente estaba allí, paciente e ignorado. Era frustrante que su decisión de cuidar y salvar vidas se viera pisoteada de esta manera por la burocracia.

El que el pequeño ahora tuviera el cabello rubio, no le hacía imposible saber su verdadera identidad... Conan Edogawa. El número de la familia con la que estaba viviendo lo tenía en su marcación rápida. Pero, decidió no llamar. Dado que la madre estaba junto a él... finalmente tendría a alguien con quien recriminar el cuestionable historial médico de un niño de ocho años.

Por lo que hablaría con la madre por primera vez y le llamaría la atención. Le contaría todo lo ocurrido por la remota posibilidad de que no lo supiera y llamaría por cuenta propia a la policía metropolitana. Ya había tenido suficiente con niños expuestos a peligros evitables.

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Pensar en el número de veces que vio pasar su vida frente a sus ojos, sería quedarse corto, podía contarlas con los dedos de sus manos. Pero quizás en esta ocasión le faltarían dedos...

Como le era costumbre, burló a la muerte... sus rubias hebras bailaban en el aire mientras los cristales se mezclaban entre ellas.

Ardían sus cortes, el profundo zumbido en sus oídos y el dolor en la parte baja de la espalda la mareaban... pero eso no importaba.

Aun con su gran capacidad para soportar el dolor, la herida en su brazo derecho la entumeció y no la ayudaría a salir del automóvil con el cuerpo de cierto niño envuelto entre sus brazos.

El pequeño no se movía, sangraba considerablemente y a cada segundo necesitaría una mayor atención médica.

Acomodó al niño en su pecho para liberar ambas manos, tomó una de las prendas del niño que estaban regadas por la cabina y la mordió con fuerza. Luego clavó un trozo de cristal en aquel brazo que se negaba a cooperar. Un grito de dolor murió entre aquella tela azul marino.

Ya con la adrenalina a tope logró romper la ventana que se negaba a ceder y con sus manos desnudas empezó a quitar los vidrios restantes.

A veces la capacidad que tiene el hombre, de sentir, se puede nublar y es así como curiosos no pudieron evitar retratar lo que ocurría con sus celulares... ¿Y quién negaría una foto de una madre salvando a su hijo de lo que alguna vez fue un automóvil? ¿Acaso alguien podría?

Primera plana, no todos los días ocurre algo parecido. Así como no parecía haber alguien con intención de ayudar. Nadie como ese ángel o el niño que sostenía entre sus brazos.

Lo único fuera de lo común aquella mañana fue la mujer pelirroja que los sacó a ambos del trozo de metal arrugado. Sin decir su nombre y con una amabilidad tan grande para darles a ambos primeros auxilios.

Uno segundos después el automóvil explotó, ahuyentando a los curiosos y a la mujer. El estruendo incluso había dejado aún más aturdida a la americana.

...

La sirena de la ambulancia, un par de paramédicos hablándole en japonés y nuevamente un infernal zumbido fue lo último que sintió.

.

.

Una contusión de tercer grado en su hombro derecho, ese fue el pronóstico del doctor que acababa de revisarla, sumado a una lesión media en la parte baja de su columna a la altura de las vértebras lumbares y un brazo fisurado. Pero agregaron el clásico "Tubo mucha suerte"

El doctor le comunicó con la mayor delicadeza posible que su "hijo" no había tenido tanta suerte. El menor no había estado llevando su cinturón de seguridad cuando ocurrió el choque, por lo que no pudo evitar un fuerte golpe con la puerta del automóvil. Una contusión de tercer grado en la parte baja de su cabeza, sobre el cerebelo, concluyeron que habría daño interno de algún tipo, por lo que muy posiblemente se recurriría a una operación según fuera el caso y antes que nada debían esperar por su despertar.

_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/Una mentira_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/

En contra de los deseos de los médicos, ella seguía sentada frente a la habitación del niño. Aun con su brazo derecho aparentemente inutilizado y aquel dolor en su espalda, no planeaba irse. No podía hacerlo, fuera del hospital habría muchos ojos puestos en ambos y una desaparición de su parte solo le traería más problemas.

En medio de su pesar, Vermouth fue sorprendida por un hombre que se sentó junto a ella. De apariencia sumamente elegante... de cabello extendido hasta el cuello, una nariz curva y de constitución media.

De traje negro con un pañuelo blanco, sostenía en sus manos un reloj de bolsillo con una joya verdosa incrustada en él.

De unos 40 años de edad, no dudó en poner una mano sobre la de Vermouth, quien a su vez se sobresaltó. No tenía planeado ese encuentro.

―Esto salió mis planes Cris, fue la única manera de acabar con mi pequeño problema... dime ¿El niño heredó nuestros talentos?

Vermounth guardó silencio unos segundos antes de mirarle sin duda en sus ojos...

―Es la persona más lista que he conocido.

Satisfecho con sus palabras, escribió un rápido mensaje en su teléfono antes de irse junto a ella hacía la puerta del hospital.

Dado que habría periodistas a la espera de noticias, no les negarían una entrevista.

Tomó la mano izquierda de su acompañante, se dibujó la mejor y más cordial sonrisa. Y así ambos salieron a declarar.

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Vermouth estaba calmada, aun con lo que ocurrió minutos antes de la llegada de cierta persona...

Fue encarada sola, Eito aprovechó el momento perfecto para tenderle una emboscada. Dentro de su oficina, con la excusa de ver el archivo medico de su hijo. Vermouth creía saber la razón de la extraña actitud del pediatra, pero no esperaba una recriminación sobre...

― "Esto entra perfectamente en un rango de descuido doméstico"

Frente a ambos dejó fotos del menor, mientras era castaño, cada una de ellas durante alguna intervención en el hospital y claramente esto demostraba que había hecho un seguimiento riguroso.

"El centro de bienestar infantil estará aquí con solo una llamada"

Vermouth no pudo evitar que esto pasara. Su alfil había sido acorralado de manera curiosa... Jaque mate. Pero aun había salida...Una que le dio el mismo que la encaró.

"Es usted... ¿Es acaso su madre?"

Vermouth pensó cuidadosamente su siguiente paso... y quizás en ese momento solo la verdad parecía ser suficiente.

"Ahora si lo soy"

Pareció confundir al médico de manera inesperada, pero coherentemente logró unir la pieza que necesitaría.

"Estuvo lejos de nosotros por más de un año. No saben de él en el medio y estoy segura que tampoco usted, en su investigación encontró algo se eso."

"La policía lo trajo en múltiples oportunidades... lo derivaban a mi cuidado una y otra vez. Ninguna madre al ser testigo de cómo su hijo se lastima una sola vez de esa manera... permitiría que volviera a pasar. "

Sus ojos... Estaban rojos y su voz se en crispaba. Le estaba recriminando y estaba sacando todo de él.

Ella comprendió a que se refería, la falta de sentido común de Yukiko. Claramente cualquiera en su posición hubiera tomado a la pequeña víctima del APOTOXIN y lo hubiera alejado de todo ese extraño mundo.

Pero la preocupación en ella se transformó en claridad ante la motivación del delicado médico. Era lógico, al igual de su posición y trabajo. Un médico dedicado al cuidado y bienestar físico de los inocentes infantes. No tendría razón por la cual tomar medidas ante una pieza ajena al tablero y no quería lidiar con una buena persona.

Respetaba que él fuera un médico y ahora presenciaría una de sus mejores mentiras.

"Creo que es un niño fuerte e independiente, es por ello que tomé esta decisión ¿O me negará que su inteligencia sobrepasa a alguien de por lo menos diez años mayor?"

Él pareció dudarlo unos segundos, pero eso pareció motivarle aún más de lo que esperó.

"Si, es verdad que puede tener una inteligencia mayor a la de cualquier niño de su edad. Pero eso no significa que gracias a ello deberá pasar por una falta de interés y cuidado. Él incurre al peligro porque nadie le ha enseñado antes que estaba mal, nadie le ha recordado que su falta haría daño a muchos. ¿O él ya lo sabe?"

La cara del médico enrojeció y se humedeció, en algún punto de la conversación había empezado a llorar. Ya era algo personal para el médico. De continuar así debía seguirle el hilo de sentimientos que prácticamente podía tocar entre ambos perfectamente, era para lo que nació, al fin y al cabo.

Lágrimas, un ligero temblor corporal, una excusa de trabajo y una muy bien detallada historia de trasfondo... Convenció al doctor de que todo estaría bien de ese momento en adelante.

Elegantemente, con un brazo en un cabestrillo y enyesado.

Vermouth salió de la habitación satisfecha, pero decidió guardar las apariencias hasta llegar a un baño para poder así limpiarse las lágrimas.

Era tan fácil engañar a otros.

_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/Que te consume_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/

Entre las yemas de sus dedos una pequeña cajita blanca se balanceaba al son del movimiento de sus manos. Una grabadora digital.

Eito había planeado conseguir una confesión, para así usarla como prueba incriminatoria y dársela a las autoridades al hacer la denuncia. Pero... Ya no le parecía correcto, era solo una madre que hacia lo más difícil por el bien de su hijo. Estar lejos.

La pequeña grabadora quedaría guardada como una muestra de que su decisión era correcta, por el bien de alguien... Con el que de alguna manera compartía el número de visitas en ese mismo hospital.

El pequeño aparato terminó en uno de los cajones de su escritorio, quizás lo escucharía nuevamente si llegaba a dudar que estaba haciendo lo correcto.

...Poco sabía que escucharía nuevamente la cinta en otras circunstancias.

_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/ ahoga_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/

― "Gracias a todos por su preocupación. Soy Ayner Karasuma, mi pareja Cris Vineyard y mi hijo han sido tratados con mucho cuidado. Ella se encuentra bien, pero el estado de mi hijo es reservado. Procederé legalmente en la medida de lo posible. Además, los invito a las eliminatorias nacionales de karate y Judo; este año la prefectura de Tochigi será la sede, cercano al monte Nasu y más adelante el grupo Karasuma profundizará en detalles."

Directo, completo y seguro. Así fue como se presentó Ayner Karasuma, de quien más tarde no se dejaría de hablar.

_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/Las mentiras_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/

Estaba celebrando su cuarta victoria en los tribunales cuando miró aquel televisor. La noticia del incendio... el negocio familiar ardía en llamas.

Siendo una típica japonesa era resaltante su cabello rojo brillante y su estatura promedio. Ayaka Minamino, joven activista por un cambio a mejor en un país con un sistema antiguo, según ella. Y que además no temía ensuciarse un poco para conseguir su cometido, eso lo demostraban las ordenes de restricción que llevaba a cuestas y su amplio historial por estar en protestas no autorizadas. Felizmente nada comprobado, por ello aun trabajaba para el departamento de bienestar infantil.

Cada fibra de su ser gritó en agonía al escuchar más tarde como habían sido hallados restos humanos... Nadie respondía a sus llamadas. Ni su madre, tío o primo. Era amargo el sabor de la impotencia al sentirse sola, era asquerosa la falta de información y se sentía un fracaso sentada a la espera de una sola llamada tranquilizadora.

Ya eran cuatro horas desde la noticia, pasaba de medio día cuando salió ella misma al lugar de los hechos. En su motocicleta atravesó las calles de Tokio, se detuvo en un semáforo en la Avenida central de Nagano y por primera vez, en lo que ella recuerda, aceleró antes del cambio total de luz. Con la prisa que tenía pudo escuchar el rugir del tubo de escape y un aparatoso choque unos segundos, esto mientras estaba en la mitad de la avenida. Un camión salió disparado desde un escondido callejón y envistió un automóvil con fuerza. Frenó lo más cuidadosamente posible metros más adelante, sin dejar de ver como el automóvil volaba por los aires y golpeaba aparatosamente el concreto en un horrible sonido.

Nadie se acercó después, por lo dañado que estaba el automóvil no se podía ver a los ocupantes... Y nadie ayudaba.

Una pequeña voz en su interior le pedía no interferir y seguir su camino al incendio... Pero su razón le recordó quien era, corrió al automóvil y trató de socorrer a los heridos. La ventana del conductor estaba reventada y el conductor inconsciente. Tanteó su pulso hasta notar que no había nada ahí. Fue cuando el sonido en la ventana trasera le mostró a otra persona atrapada.

Ayudó a quitar los trozos de vidrio que aprisionaban a la mujer e inmediatamente después la jaló, para ver como entre sus brazos había un niño. Con sangre encima e inconsciente, no se movía.

Tomó a ambos lo más lejos que pudo del automóvil y empezó a revisarlos. Aun con primeros auxilios necesitarían ayuda médica de inmediato.

Minamino reparaba en el hecho de que por poco se había librado de esa suerte, si tan solo hubiera esperado al semáforo... Estaría muerta.

...

El automóvil explotó un par de minutos después y luego las ambulancias llegaron. Ayaka se fue tras eso, no podría hacer más y tenía otros asuntos que atender.

Es una terrible coincidencia que el camión saliera cuando ella pasaba... ¿verdad?


_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/Las puntadas de una mentira_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/