Capítulo: Té y las cartas de Ran
"Joven maestro, su tutor lo esperará en su estudio en tres horas"
Momo reponía ropa limpia en los cajones. Y como ya era habitual cada tarde, Shinichi tomaba una ducha, la mansión empezaba a enmarcar una silenciosa rutina.
Reponer la normalidad, remover lo ajeno y quedarse con lo nuevo.
Era el segundo maestro del joven Arthur. Uno de los mejores del mundo había sido traído desde Suiza solo para enseñarle, sus padres realmente no querían que se perdiera sus clases, Momo admiraba aún más a su señor.
Sería la primera vez que saldría de la mansión con él. Pensar con él zumbando en sus oídos era la única privacidad verdadera que saboreaba en el castillo. Salir del baño traería inmediatamente después a Momo, salir de su habitación atarearía a sus guardaespaldas, salir al jardín adicionaría a seis personas más a su séquito.
Leer resultaba ser su actividad favorita. Una micro privacidad, porque nadie reclamaría que dejara descansar el libro sobre su rostro. Cuando esperar se convierte en tu única opción, cualquier momento para planear era oro puro. Shinichi comprende su situación. Un juego inventado por esa persona, en un cuarto oscuro y con reglas que solo él conoce.
Pero jugar lo mantenía vivo. Sharon mandaba mensajes a media noche cada tres días. Sus amigos parecían estar a salvo, pero eso no será por mucho tiempo. Una mueca focalizó la incómoda sensación de su estómago.
El FBI y Kudo Shinichi estaban buscándolo independientemente. Shinichi había planteado un escenario similar...
Lo buscarían hasta debajo de las piedras sin pistas. Pero no era ese el caso. Creer donde estaría y atacar lo era. Caminar en la oscuridad sabiendo que el lobo está a la espera de atacar. Los métodos de la organización eran constantemente cambiantes y solo esa persona lo sabía.
El libro bajó hasta su pecho y su atención pasó a la ventana superior de la mansión. Una de las ventanas con mayor ornamentación, el cuarto principal, esa persona estaba ahí... Mirándolo.
Podrían estar así por horas, pero no era fácil mantener un concurso de miradas con alguien que paso décadas mirando tras una cámara sin parpadear.
Sería inútil.
El pequeño niño llevaba un buen rato sin apartar la mirada, Karasuma encontraba nuevas formas de molestarlo y atormentarlo. De haber sido un niño de verdad no habría nada divertido de por medio, simplemente empezaría a llorar o se escondería detrás de alguna sirvienta
Habría sido un error dejarlo en su letárgico estado, en ese sentido, la victoria no habría sido suya. Sino del médico que lo sedaba.
El joven detective, reducido a ser un simple muñeco, no podría jugar ajedrez de manera tan entusiasta o analizar cada pequeña cosa en la mansión. Cambiar los cuadros en los pasillos cada día lo mantenía tenso, comer una variedad de platillos exóticos lo hacia consternarse, estar en el mimo ambiente lo ponía en guardia total.
Pero empezaba a volverse repetitivo... Una nueva jugada tendría que cambiar eso.
Tantas piezas, los peones estaban dispuestos a su elección y el tiempo era ahora un gusano insignificante.
"¿A dónde te llevaré hoy?"
Un cuarto dentro de su armario, los ojos de dios, donde podía verlo todo y a todos.
Deslizo el cursor sobre una carpeta llamada Bala plateada, sub carpetas con nombres, lugares, números...
"¿Quién será el indicado?"
Recorrió la carpeta rápidamente. Uno, dos, tres...
El cursor se detuvo sobre un rostro, un nombre que era conocido por muchos y eso definitivamente serviría. Las fechas pasaban volando.
"Es tiempo de una presentación" Arregló su corbata. "Ayner Karasuma debe anunciar la recuperación de su hijo."
El detective Kogoro no sentía sus piernas. Su posición dejaba mucho que desear para los estándares japoneses, pero al menos podrían servirle el té. La tienda de té de la familia Kishu atendería a cualquiera si reservaban una cita.
La persona que preparaba el té con mucha elegancia era quien estaban buscando. Arashi. Largos cabellos negros, un perfil muy atractivo y ojos violetas. Los pretendientes no le faltaban, pero ella tenía otros planes en mente y no eran exactamente en cierto mundo de la política.
Chitose era la acompañante del detective durmiente desde hace unos días. La reunión que sostenían había tardado en preparase, la agenda de Arashi siempre estaba apretada y un hueco fuera de las paredes de la tienda era imposible.
Esperaron hasta que ella terminó de revolver la mezcla. beberlo fue simplemente un pedazo de cielo. Kogoro había oído algo de Eri sobre este lugar y verdaderamente era otro mundo probarlo. Decir mucho más y decir mucho menos.
"Hokuto trabajó unos meses en este lugar." Su postura era impecable de la dama anfitriona. "Seishirou fue mi cliente por años"
"Ambos fueron capaces de estar juntos. Habían muchas cosas en contra. Sus familias y su deber. Pero había fuego en su decisión. Eso es lo que pude ver en ellos." acomodó un mechón torcido de su flequillo "Pero es solo una opinión."
La hermosa mujer se despidió y dejó la habitación echando aun más dudas sobre una respuesta. Pero la joven dama ya no parecía tener algo más que revelar a sus invitados.
"Aún no hemos conseguido nada y las personas se nos terminan. Desconocía que Seishirou visitara el lugar, eso fue inesperado, pero eso no quiere decir si hubo alguien más que pudo haber escuchado algo." La mujer se encontraba con un poco de esperanza a estas alturas, las palabras de Kogoro tenían un mayor peso estos días.
Mouri asintiendo con la cabeza terminó su té y se retiró con Chitose. En la recepción una cantarina voz de uno de los trabajadores llamó su atención...Más específicamente lo que decía...
"Han pasado dos años desde la última vez que nos visitó señor Kazemiya. Estamos felices de tenerlo nuevamente..."
Una mente privilegiada. Debían hablar con él. Pero tendrían que esperar a que estuviera libre.
"Espero que tengan una excelente experiencia, soy Sorata Arisugawa, su humilde guía." con una curiosa reverencia dejó a los clientes en una habitación, muy posiblemente para ser recibidos por Arashi.
Rápidamente captó las miradas del detective y la mujer. "Buenas tardes, ¿hay algo en lo que pueda ayudarles?" siempre con una impecable sonrisa.
"Sí, verá, soy el detective Kogoro Mouri. Estoy buscando información sobre un par de tus clientes habituales."
"Me temo que no podemos hablar de nuestros clientes por políticas de la empresa"
Se les invitó a retirarse, con ello, de la forma más propia de una casa de té. Con una reverencia muda.
Y así terminaba otro día de la investigación inconclusa. ¿O no?
"¡No es posible!" Una desmesurada cantidad de cartas salieron del pequeño casillero a la entrada de la escuela.
Muchas cartas. Todas de estudiantes expresando sus sentimientos. Las eliminatorias regionales estaban a una fecha para llegar a su fin, lo siguiente serían las nacionales...
Sonoko ya había separado un hotel lujoso para cada competencia fuera de Tokio. Tenía el permiso de sus padres y un objetivo. Ganar las nacionales. Si bien, la competencia pasada la dejo en el mismo puesto que tenía ahora, ya no era la misma de antes y eso le daba esperanza.
Antes de cruzar el portón de entrada, una profesora la alcanzaba con una cata en sus manos.
"Señorita Mouri. Es una suerte que lograra alcanzarla."
Parecía ser la nueva profesora suplente. "Buenas tardes señorita Miho. ¿Ocurre algo?" Era bastante joven, posiblemente recién graduada.
"El entrenador me mandó a decirte que enviaron invitaciones a los finalistas de las regionales para una reunión este fin de semana. Esta carta tiene más información señorita Mouri"
Ran estaba sorprendida, era la primera vez que le mandaban una de estas. La sueva textura del sobre y el detalle impreso. Debía ser importante. "Muchas gracias. Hasta mañana profesora Mijo."
Ran se encaminó a casa como le era costumbre. Tenía ganas de abrirla, pero si era algo importante debía hacerlo en casa, los vientos del comienzo del invierno solían ser molestos y que decir del frió...
Un semáforo la detuvo en el camino y el zumbido de su celular la desviaría de su destino.
"Hola hija ¿Quieres ir al spa conmigo?"
"Hola mamá, veras..." Aun no se sentía bien del todo. No admitiría que estaba al borde de regresar a aquellas pequeñas ayudas de sus nervios. Sonoko estaría muy decepcionada, su padre lo estaría y su madre... Todos opinarían lo mismo. "Si. Creo que tomaré el tren a tu oficina"
Un segundo después. "Estoy cerca a la agencia, voy en un auto rojo, nos podríamos encontrar en la intersección de la venida principal... En frente de la librería"
"Estoy cerca. Te veo ahí mamá" Se detuvo en seco para inhalar profundamente y exhalar calmadamente, junto a un sacudón de cabeza. Ahora si estaba lista, se dijo.
Ran caminó rápidamente al lugar pactado, muchas personas recorrían las calles y todo parecía ser un buen día. Soleado y agitado. El ruino de una bocina la hizo localizar a su madre estacionada a un extremo de la vía.
"Hola mama" Un rápido beso en la mejilla después, se puso el cinturón de seguridad.
"¿Cómo te fue hoy hija?"
"Muy bien mamá. Mis notas son buenas y... "Recordó el sobre en su bolsillo.
"Me mandaron una carta de la competencia." Lentamente quitó el sello de cera en la superficie. Una letra K perfectamente dibujada.
Un saludo elegante, acompañado con una hermosa letra y claridad. Le extendían una invitación para una cena de gala con los otros finalistas de las regionales. De etiqueta, sin costo y en el mejor hotel de la ciudad.
Patrocinado por elgrupo Karasuma.
"Es una invitación, para una gala por los finalistas regionales"
"Eso es fantástico Ran. Entonces tenemos que ir por un hermoso vestido. ¿Qué opinas ir después del Spa?"
"¿No sería muy tarde para entonces?"
"Tokio no nos cerrará sus puertas solo por una hora. Esta es nuestra noche de chicas Ran."
Ran dejó escapar una sonrisa, pasar tiempo de calidad con su madre la hacía muy feliz. Disolviendo un poco ese dolor que no la dejaba tranquila.
Frente a frente, un hombre de elegante traje y cierto chico sostenían una acalorada discusión.
"Mis fuentes me han confirmado que habrá una gala en Tokio, los Karasuma celebrarán a los participantes de un torneo de Karate.
Civiles entrarán libremente por unas horas a un lujoso lugar y conociéndolos será en una de sus torres. Ya que de momento no tienes información de su cede de Kioto, esto será un cambio de escenario. Espero verlo en la Gala, Kudo Shinichi."
Pero con una sonrisa suya "Por supuesto"
Kaito apenas se mantenía en personaje ante un hombre como el presidente Dakot. Apenas quedaba parte de la personalidad de Shinichi, el hombre no lo sospechaba, porque era lo que buscaba en un peón. Sin embargo, necesitaba ser Shinichi a como diera lugar.
No había podido proporcionarle información necesaria por semanas, pero era lógico, no había podido entrar a la mansión. Los protocolos eran tan estrictos y cada trabajador tenía un sensor en su tobillo, imposible de quitar para mala suerte del mago.
El nuevo equipo del mago de la luna llena se trasladó a Tokyo. Era tiempo de una jugaba más directa.
"¿Cómo que no puedes salir a la calle?"
Shiho aun temía ser un blanco seguro y no quería toparca con la liga de detectives. Un problema con tres niños muy valientes metiéndose en la boca del lobo no era ni por mucho su peor pesadilla.
"Si me ven, tendrás muchos problemas..."
Una respuesta silenciosa entró por los oídos del mago "Déjame adivinar, quieres un disfraz para ir libremente, ¿Estoy en lo cierto?"
Ante la falta de respuesta de la niña, Kaito sintió que comprendía un poco mejor a esos dos niños listos. Problemáticos. Estaban por lograr que le cayeran bien los niños de verdad.
"Está bien. Pero yo elegiré como te verás." Una sonrisa santurrona en Kaito revelaba sus oscuras intenciones...
Definitivamente ese chico no se le iba a escapar. El detective Mouri estaba escondido tras una máquina de bebidas. Ese chico, Sorata Arisugawa, salía de su trabajo a las seis de la tarde.
Ropa informal, bastante informal, cualquiera negaría que trabajara en una casa de té. Su fuerte voz al teléfono solo lo confundió más a Kogoro... Pero, ¿cómo alguien como ese chico llegó a una calmada casa de té?
El seguimiento tuvo un dato inesperado al ver a su objetivo besando a una chica, pero vaya sorpresa, se trataba de la señorita Arashi, quien hacia unas horas les había servido el té.
"No sabía que ella..." Chitose, quien llevaba acompañándolo todo el día susurraba desde detrás de un enorme periódico, economía seguramente.
"¿Quiere una foto la hermosa pareja?" Mediana edad y sin algo mejor que hacer, cámara en mano, se plantó en frente de ambos. Lo suficientemente cerca de los otros para ser descubiertos. Con una mano haciendo el símbolo universal de la paz ambos sin decir una palabra posaron para el hombre.
"Serán 800 yenes" Kogoro casi grita por el precio. Con eso podría comprar unas buenas cervezas. Pero por el bien de la investigación lo dio con pesar. "¡Que tengan una linda noche!"
Simples gestos. Sin palabras. Pero dudaban si mirarlos, quizás ya tenían su atención puesta y solo esperaban un desliz.
"Yo hubiera pagado mil por Arashi." Y fue así que cinco horas de espera se esfumaron, así como los ochocientos yenes del detective durmiente.
