Capítulo: Pimienta de mi corazón
Son pocas las noches en las que sus dedos teclean sin parar y olvidan donde estaba. La calidad del teclado no era la misma... Era más tosca y barata. Pero eso era bueno. Era bueno no tener que ir a un departamento oscuro, pero lleno de oídos y ojos ajenos. Era bueno no tener una moto. Era bueno no beber café por necesidad. Era bueno... Shiho tenía ahora esa convicción.
Mientras Kaito preparaba la máscara sobre su verdadero rostro, poco a poco notaba que no podría quitársela en un futuro. Era un destino cruel, pero era el karma quién decidía que todos en algún punto debían pagar por lo que hacían. Y en su caso era su colaboración con la organización en la creación de la droga que había matado a tantas personas y arruinado la vida de muchas otras. El FBI ya lo sabía, pronto la policía japonesa y después el mundo entero.
Nuevamente, encontrarse con este ladrón, la arrebató de las manos de la muerte por unos milímetros que no se podrían comparar con los granos de arena.
Sin amigos, sin familia y ahora sin respaldo.
"No sé qué pase por tu mente, pero no deberías darle tantas vueltas al asunto... La señorita suerte no favorece a quienes la espantan."
Con una salpicadura de parte del rociador de agua afirmó sus palabras.
"Bueno..." aún tenía un poco de suerte.
Las noticias volaban por el aire, era una gala por el deporte, pero para otros era mucho más. El hombre más poderoso de Japón estaba por presentar en sociedad a su hijo recién recuperado del accidente más sonado de los últimos meses.
Las entradas resultaban ser más valiosas que el oro. Los invitados se dividían en dos partes: Por un lado, los deportistas por los cuales se impartía la ceremonia y por el otro, los invitados del grupo Karasuma. Dentro de estos últimos: Socios estratégicos, altos directivos, un par de famosos personajes para hacer especial el momento.
El lugar, el mejor de la ciudad, no tendría un sistema de seguridad lamentable. Por ello las maravillas del látex, extensiones y toneladas de maquillaje no dejaban de impresionar al mago; nuevamente se estaba superando. Había pensado en una manera de entrar su equipo a semejante gala sin ser sospechoso. Estaban por hacer un movimiento bastante visible si algo salía mal, por ahora no metería a Jii en esta aventura ajena, podría hacerlo, pero no quería... Kaito aun no estaba convencido de poner en riesgo a todas sus cartas.
Regresando al tema principal, su planeador estaría acoplado en el disfraz de la pequeña castaña e incluiría unas cuantas bombas de humo para un escapa más efectivo... Llevaría una bocina aturdidora solo por si acaso, como mago debía proveer lo inesperado.
"¿Estás seguro que no lo detectaran en la puerta de entrada?" Shiho tocaba parte del equipo dispuesto sobre la mesa de un viejo taller abandonado.
"¡Por supuesto!" Kaito no dejaba caer su sonrisa mientras terminaba de soldar las piezas del disfraz "Es tan obvio que es perfecto"
"Conociéndolos tendrán algún dispositivo que interfiera con las comunicaciones... El lugar podría estar incomunicado si algo falla" aun los viejos recuerdos rondaban "Es algo muy común en zonas de alto interés"
"Ya lo sé..." el sonido del taladro resonaba en el lugar "Por eso trabajaremos con un sistema cerrado de transmisores... Es similar al Bluetooth de los teléfonos, pero debes de apuntarlo hacia mí para que el mensaje sea enviado"
"Moriremos"
"No deberían salir esas palabras de una niña..." la miró con una cara de incomodidad "Es espeluznante" Kaito se evantó la careta para soldar y le hizo un gesto de que se alejara "Creo que deberías llamar a ese profesor tuyo..." Kaito continuaban soldando "Vamos a necesitar un buen rastreador si queremos tener una oportunidad"
Shiho notablemente se incomodó... No había pasado mucho desde que el profesor y ella...
Respiró profundamente y sacó su celular. Tenía un nuevo teléfono y sabia de memoria el número del profesor. Tenía todo para ayudar al chico que soldaba en la misma habitación.
"No escucho esa llamada señorita" Kaito se estaba jugando el cuello con esta aventura. "Lo resolverás" aseguró Kaito y Shiho suspiró con pesar.
No quieres saber cómo funcionan las cartas de intimidación, las declaraciones de amor o extorsión. No tienes la necesidad hasta cierto punto. Pero cuando ciertos sentimientos te envuelven... Los tabúes pierden su etiqueta de consecuencias y tus principios son escondidos bajo los más desagradables pensamientos. Los asesinos atrapados en Japón compartían esta particularidad. El inspector Megure y muchos otros oficiales en el departamento de homicidios lo entendían.
Las personas son misteriosas y a veces simplemente no se pueden entender sus acciones. Porque a muchos les gusta mentir u omitir información que no se pensaba relevante.
Y precisamente esto último lo traía a la incómoda reunión con cierto abogado. De pulcra figura, pero con un aspecto semejante a un buitre vestido de negro y una postura semejante.
"Disculpe señor, ¿Puede repetirme eso último?"
Casi con un gruñido llego una contestación favorable "Mi cliente, el señor Karasuma, no tiene deseos de compartir información adicional sobre su hijo Arthur"
"Pero como le reíto, no conozco a ningún niño con ese nombre" Megure nuevamente insistía.
"Si lo hace, ¿Le es conocido el nombre Conan Edogawa?" Una foto fue deslizada hacia el inspector.
Megure tragó un poco de bilis, bien, efectivamente reconocía al muchacho pese a ese color de cabello y ojos.
"Pero eso no es posible abogado Kurogi, en los informes policiales y la base de identidad nacional el chico figura como Conan Edogawa"
"Intereses superiores lo hicieron así y precisamente vengo por ello. Hace un tiempo tuvo un accidente y la prensa no ha dejado de buscarlo desde entonces. Usted es una persona que puede evitar que informacióninnecesariase filtre."
"Aun sin su pedido nosotros no proporcionaríamos datos de un menor de edad inherentemente al echo que fue testigo o víctima de muchos casos."
"Entienda que esto es necesario debido a que su verdadera identidad está en riesgo" el hombre acomodó su sombrero y abrió un sobre que los había acompañado durante toda la conversación. "Necesito que todos aquellos que han tenido contacto con el chico, dentro de la policía, firmen este documento de confidencialidad"
Megure tomó una de las copias y la leyó rápidamente.
"Encontrará que todo está dentro del marco de la ley inspector"
"Perdone que salga de tema, pero aun no entiendo porque el chico vivía con los Mouri siendo... Teniendo su posición como hijo de su cliente"
"Eso solo le compete a mi cliente"
"Veo que no llegaremos a ningún lado con esta reunión" Megure dejó sobre la mesa el documento.
La ley de bienestar infantil (Parte 2)
Ayaka Minamino, en la flor de su juventud y oficinista del centro de bienestar infantil de Tokyo. Actualmente también es una madre de crianza... Temporal.
Hay dos caminos en su futuro con Kuro. El primero involucra una modesta cantidad de dinero siendo cargada a sus cuentas por el estado mes tras mes. El segundo camino involucraba siempre números negativos en su saldo bancario y un compromiso permanente. Los meses habían perseguido ese día. El ultimo y primer papel que tardó en llenar intencionalmente. La decisión.
Era un largo camino y otro más corto. Pero el pequeño que ahora vivía con ella merecía saber cuál había elegido. En una pequeña oficina, de su jefe, el sonido de los teléfonos en las habitaciones contiguas los separaba del silencio incomodo.
¿Quería que su relación con Kuro fuera para siempre o temporal?... ¿Estaba lista para ser madre?
Tantas preguntas y no había suficientes respuestas.
Pero a diferencia de cualquier otra persona, ella sabía todo lo que había tras una decisión errónea. Tantos casos fallidos, tantos abusos, tantos niños sin esperanza...
Cuesta llevar a cuestas esa larga lista de posibles destinos.
Pero sería uno peor si no firmaba. La pluma tocó el papel y su nombre fue escrito. Todo quedó oficializado con su sello personal familiar.
"Confiamos en usted señorita Minamino." con firmeza afirmaba, la mujer frente a Ayaka, sabia de su sentir, fueron muchos años en la línea de trabajo... Se estaba jugando el cuello, pero ambas deseaban darles una vida mejor a todos los niños a su vista.
"Sera un largo camino" Ayaka se decía a sí misma.
"Siempre lo es" La jefe de Ayaka cerraba los ojos, estaban haciendo algo malo... Solo esperaba que como siempre había sido, nadie volteara a mirarlos demasiado, eran niños sin hogar después de todo.
"¡¿F-Falta mucho para llegar?!" el detective Mouri apenas si podía respirar. Era demasiado para él. Subir una larga cadena de escaleras de piedra.
"No demasiado, diría que en veinte minutos llegaremos a la cima" Sorata sostenía la mano de Arashi para evitar cualquier accidente, pese a que ella estaba reacia al principio.
Por su parte Chitose seguía a todos hasta el final. No parecía cansada, al menos por apariencia.
"A-Aun no me han dicho que nos espera en la cima" El detective durmiente estaba por hacerle honor a su nombre, llevaban casi dos horas de caminata a través del espeso bosque
"Lo averiguará cuando lleguemos" Arashi aceleró el paso ante las constantes preguntas del detective durmiente. "No debió de ser entrometido señor Mouri, ahora le toca esperar"
Kogoro se reprendía, esto le pasaba por caer en los encantos de chicas tan atractivas. Pero que la pareja haya decidido contarles mas sobre el sospechoso tendría que valer la pena, mucho mas que el vago testimonio en la ceremonia del te. Poco a poco la figura de Seishiro se dibujaba en su mente.
Cerca de su vigésimo quejido, en lo alto apreció un pequeño templo, desgastado por el paso de los años, pero no por ello descuidado en medio del silencio que lo envolvía.
"Es un viejo templo, ¿Qué hay aquí señorita Arashi?" Chitose cortó finalmente su silencio.
La pelinegra se adentró en el lugar hacia un gran árbol de cerezo "Aquí está una vieja conocida" Con su mano frotó levemente la piedra grabada a los pies del antiguo árbol, esta se lucía resplandeciente en medio del jardín que la rodeaba.
Con finas y elegantes letras sobre la piedra se leía el nombre de Hokuto Sumeragi.
"Era muy joven, pero se alzaba como la voz de la razón entre ambos lados. La amaban... La amábamos." La pareja miraba triste el lugar.
La mayor de los Sumeragi no temía a levantar su voz y hablar con la verdad.
"Fumma le trae flores cada semana." Sorata se agachó para tomar una del ramo que yacía a los pies de la tumba.
Son apenas las cuatro de la mañana en su reloj de pared, pero siente un nudo en la garganta y muy a su pesar, sabe que falta poco para el medio día.
Las horas son muy confusas simplemente porque tiene prohibido abrir alguna cortina. Quiso mantener a su modo la cuenta de los minutos, pero es confundido en múltiples ocasiones por las mucamas. Ellas tienes la orden de caminar sin parar en el pasadizo. No hay donde ir simplemente parecen tener el único objetivo de romper ocasionalmente un jarrón o tocar la puerta de habitación para darle un recado de su padre.
Pero para ser productivo ya tenía bastante información del lugar y las rutinas. El jardín tiene varias hectáreas, pero hay guardias para cada cien metros cuadrados aproximadamente, las mucamas tienen prohibido entrar al jardín a menos que sea para acompañarlo estrictamente a cada momento. Eso incluye a los mayordomos y demás personal. Por su parte dentro de la mansión las sirvientas tenían rutas permitidas: sus habitaciones, el cuarto donde de encontraba, y la lavandería, raramente la cocina. Los mayordomos tenían una mayor libertad para dentro de la mansión, pero no salían de la misma. Parecía que todos Vivian dentro las veinticuatro horas del día.
Ya no hay mucho que hacer por su reciente encierro, las mucamas raramente hablaban entre ellas. Desde que se reunió con Renya todo empezó a ponerse más estricto. Incluso Vermouth tenía prohibido verlo hasta que llegara el día de la gala.
No había pegado el ojo en un tiempo indeterminado, pero seguramente este era un castigo demasiado desproporcionado por lo que sea que hubiera hecho mal.
Shinichi hubiera deseado que fuera algo sin importancia porque repentinamente unas horas más tarde, el mismísimo Karasuma, vino a verlo en persona.
No hubo sonrisa en su rostro en esta oportunidad, no había teatro, no había tolerancia, solo dureza y casi creyó silencio.
"Tus seguidores han causado un gran alboroto"
Quiso mantener la compostura y fingir la ignorancia de un pequeño, pero con el ánimo palpable en la habitación era casi imposible. Pese a morderse la lengua, no parecía bastar para acallar su feroz mirada.
"Haremos un pequeño viaje de regresó a Tokio"
No había entrado ni siquiera a la habitación y el personal fuera de esta estaba enmudecida a diferencia de hacía unos minutos.
Shinichi veía esta nueva faceta del hombre que dirigía la organización.
Estuve mucho tiempo fuera desde 2020, entré al mundo laboral y ahora estoy en pausa. Por ello este pequeño relato.
Gracias a todas las personas por sus amables comentarios y alientos, no quería abandonar a mi pequeño hijo- fic
