Mil gracias a Altariel de Valinor. Cualquier error es mío.
Saber lo que piensas añade orden al caos de donde salen estas historias.
El aroma de Rosamund
Capítulo 2
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El día había sido perfecto hasta ahora. Rossie había dormido toda la noche, despertándose de un humor radiante y alegre, regalando sonrisas y abrazos a todos, desayunando sin hacer aspavientos y permitiendo que le pusieran su ropa para la guardería sin apenas protestar. Cuando la dejaron con su cuidadora, fueron a New Scotland Yard para dar la declaración que habían prometido a Lestrade el día anterior. De mutuo acuerdo, John daría su declaración a la sargento Donovan, dejando que Sherlock, con su incapacidad para sentirse avergonzado, se enfrentara a Lestrade y las inevitables preguntas que vendrían tras su entrada del día anterior cuando estaban… ocupados. Se habían reído hasta quedarse sin aliento tras eso, terminando después con lo que estaban haciendo aun entre risas entrecortadas. Eso no evitó que John se hubiese sonrojado furiosamente cada vez que lo recordaba.
Después de salir de Scotland Yard, comieron con la pareja que estaba interesada en el piso vacío de los suburbios. Aunque John se había mudado oficialmente hacia menos de un mes, llevaba ya casi un año afincado nuevamente en Baker Street. Había ocurrido de forma tan natural que no fue hasta que abrió la nevera del piso una de las pocas veces que pasó allí la tarde y solo encontró un plátano ennegrecido más dos litros de leche caducados, que se dio cuenta de que sólo pasaba por allí cuando tenía que recoger el correo o alguna prenda que no había encontrado en Baker Street. Ese día limpió la cocina de todo lo que estaba pasado de fecha, empacó la ropa restante que quedaba en el piso, que no era mucha, y contactó con su abogado para que comenzase con la venta. Cuando llegó a Baker Street se sorprendió de no haberse dado cuenta hasta ese momento de como el edificio se había transformado hasta convertirse en un hogar para él y Rossie, donde los experimentos peligrosos se hacían en el piso C, transformado casi en un laboratorio, su antigua habitación era la de Rossie, y la de Sherlock la que él habitualmente ocupaba, con o sin el detective durmiendo a su lado.
Después de comer pasaron a ver dos posibles clientes, uno de ellos quedó el caso resuelto en la misma visita, y el segundo fue rechazado ya que implicaba una salida de Londres, algo que Sherlock no iba a discutir por el momento. Cuando recogieron a una entusiasmada Rossie que les enseñaba varios dibujos hechos con pintura de manos, se dirigieron al cementerio. Era el aniversario del día en que John y Mary se conocieron y había sido fijado como el día del cumpleaños de Mary Watson. Casi todos los meses había una visita a la tumba, con Rossie, donde ella dejaba algunos dibujos, y tanto Sherlock como John le decían que su mamá estaba en el cielo, pero que desde allí la veía crecer y la cuidada. Habían hablado mucho sobre cómo mantener viva la figura de Mary por el bien de su hija, manteniendo su recuerdo en sus vidas para que Rossie creciera sabiendo que había sido amada por su madre y que su muerte, aunque prematura, no la iba a privar del amor del resto de su familia.
Tras el DVD que había llegado a manos de John después de los acontecimientos de Sherrinford, quedó claro para él que tarde o temprano Mary se habría marchado y sabía, en lo más profundo de su corazón, que no se habría llevado a Rossie con ella. La persona que había sido Mary Morstan no había planeado ser madre, quizá incluso el haberse casado con John lo había considerado un error, pero tal y como había sucedido, había una criatura maravillosa, alegre y muy querida que crecía feliz y había cambiado sin pretenderlo la vida de las personas que la rodean. Y era debido a ella que mantenía la fachada de que Mary había sido la mejor madre y había amado a su familia por encima de todo.
Pero el día perfecto terminó. Sobre la lápida de Mary, donde solía haber flores secas y dibujos castigados por la intermedie, había una rosa negra, y Sherlock lo consideró tan serio como para llamar a Mycroft para que averiguase quién era el responsable de haberla puesto allí.
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John salió del baño sosteniendo a su hija con su ropa de dormir, manteniendo la fachada de normalidad hasta que estuviese dormida para que él y Sherlock pudiesen hablar con calma. El viaje en taxi hasta al 221 había sido tenso y Rossie, perceptiva e inteligente como era, no dejaba de preguntar por qué no hacían su ruta y visitas habituales. Ahora que había cenado y le había dado su baño, John esperaba que se durmiese sin mucho jaleo cuando se encontró en la sala de estar con Mycroft sentado cómodamente en la silla de Sherlock. Al verlo, Rossie chilló con emoción y se retorció mientras pedía que la bajaran al suelo. Cuando John la dejó ir, ella corrió hasta Mycroft ante la estupefacción de ambos hermanos Holmes.
–¿Dónde está el gordo? –preguntó con voz emocionada.
–Buenas noches, Rosamund –contestó Mycroft con gravedad–, ¿puedo saber a qué te refieres? –el mayor de los Holmes siempre se había dirigido a Rossie con la misma gravedad que lo habría hecho con un adulto.
–Shelok dice que tienes un gordo dentro, quiero verlo.
–¡Rossie! –exclamó John adelantándose para recuperarla. Podía ver la palidez de Mycroft convertirse en un rojo furioso, dirigiendo la mirada hasta su hermano. Sherlock simplemente estalló en carcajadas que lo obligaron a sentase en el sillón de John–. No le veo la maldita gracia –murmuró el médico incapaz de sujetar a su hija, que trepó al regazo de Mycroft con rapidez, sujetando las mejillas del Cargo Menor y estirándolas como si quisiese ver detrás de ellas. –¡Por el amor de Dios, Rossie, suéltalo!
–Perdón, señorita Watson, pero Sherlock se refiere a que hubo una época en la que no sabía controlar el apetito y tenía una figura poco agraciada, pero como ves, ahora mantengo una figura bastante aceptable debido a que soy estricto con la dieta y el régimen de ejercicios necesarios. –Dijo esto mientras Rossie aún mantenía sus mejillas este sus dedos-.
–¿Y ya no tienes al gordo?
–Me temo que no. –
Haciendo un último intento de ver tras de su piel, estirando un poco más las mejillas y cambiando su ángulo de visión, Rossie soltó la cara de Mycroft y la acarició para aliviar el maltrato.
–Papá dice que Shelok tiene una reina, pero tampoco la encuentro.
Sherlock dejó de reír, John se tapó la cara con las manos maldiciendo de forma inaudible y Rossie besó a Mycroft en ambas mejillas.
–¿Cuándo vas a traerme un perrito?
–Ni hablar de eso –saltó John alcanzándola esta vez y tomándola en brazos para mirarla con seriedad–. En esta casa ya hay suficiente con dos niños, no vamos a añadir animales –dijo esto mirando seriamente a Mycroft–, y no es negociable. Ahora voy a llevarla arriba mientras ustedes…. terminan de reírse.
–¡Tengo que darle las buenas noches a nana Hudson! ¡Y a Billy! ¡Y a Shelok!...
Después de unos minutos en los que John se vio obligado a hacer el obligado tour diario para que Rossie diera las buenas noches a todo lo que era importante, su casera, el cráneo, Sherlock, varios objetos inanimados y el propio Micof (así lo llamaba ella), por fin pudo subir las escaleras hasta su habitación, en el momento en que un Sherlock inusitadamente amable ponía una taza de té en manos de su hermano-.
–No sabía que Rosamund era aficionada a los perros.
–La pasada semana en el parque estuvo jugando con el cachorro de uno de sus compañeros de clase, y desde entonces no deja de pedir uno, me extraña que no lo sepas ya, tienes ¿cuántos?, ¿tres agentes sobre nosotros?
–Por favor, hermano mío, los recursos de la corona no están a mi servicio, y mucho menos para vigilar a tu ahijada.
–Lástima, creía que realmente te preocupabas por su seguridad.
Mycroft tomó un sorbo de su te, apreciando que estaba justo como le gustaba.
–Tengo su seguridad en la misma estima que la tuya, Sherlock –dijo suavemente, mirando la taza mientras la depositaba cuidadosamente sobre la mesa junto a la silla.– Es inteligente.
–Le hablamos como a la persona funcional que es, le explicamos lo que no comprende con palabras acordes a sus conocimientos y la dejamos desarrollar su curiosidad. Quizá solo tiene más oportunidades para aprender. La tutora que tiene en la guardería ayuda, fue una buena elección, por cierto, aunque su entrenamiento militar se desliza de vez en cuando.
–Cuerpo de policía, no militar. Familia de seis hermanos, la mayor, paciencia infinita y empatía, tiene demasiadas emociones para entrar en los cuerpos especiales, aunque sus aptitudes son inmejorables. Será destinada a protección de testigos especialmente vulnerables cuando Rosamund pase a la escuela. ¿Es aceptable hablar con nuestra madre para que adopte un perro?
–¿Intentas manipularme para que visite a nuestros padres con asiduidad?
–Sólo menciono que puede ser beneficioso para el desarrollo de la señorita Watson un entorno mas relajado ocasionalmente, así como una apariencia de familia convencional ya que pareces haber decidido involucrarte en su crecimiento ¿Quizá un perro de aguas?
–Setter –Mycroft no pudo evitar notar como la mirada de su hermano se desviaba hacia la chimenea, sobre ella había una fotografía antigua de Sherlock cuando era un niño, sonriente con su sombrero pirata y el brazo sobre Víctor, de su misma edad, con la misma sonrisa de felicidad–. Yo… me gustaría… si va a haber un perro debería ser como el que imaginé… ¿es eso extraño?
Los dos hermanos se miraron, Sherlock con el ceño fruncido, Mycroft se vio obligado a carraspear para encontrar su voz.
–Creo que no.
–Bien.
Los pasos de John bajando de la habitación de Rossie parecieron romper la atmosfera extraña de los hermanos, enderezándose cada uno de ellos en su papel de indiferencia. John abrió su portátil y tras unos momentos apareció en la pantalla la imagen de la habitación de su hija, donde ella tarareaba adormilada una canción al peluche que aferraba.
–Se dormirá en unos minutos, –dijo el médico aceptando la taza que Sherlock le acercó–. Y ahora hablemos de cosas de mayores. ¿Qué pasó en el cementerio?
Los dos hermanos se miraron, y con un asentimiento Sherlock cedió la palabra a Mycroft.
–Creo que lo justo sería que antes conociera algunos de los antecedentes de tu esposa para contextualizar, John.
–Me dijiste que borraste todos sus registros y solo quedó la historia de Mary Watson.
–Y así es, pero te recuerdo que tengo una memoria mejor que la de Sherlock, y al contrario de lo que hace mi hermano, no borro nada, por lo que recuerdo cada detalle de la vida real y las actividades que realizó la persona con la que te casaste. La rosa que ha aparecido en el cementerio es un retazo de su pasado real, y claramente quien la hizo llegar quiere que mi hermano y tú seáis conscientes de que la ha encontrado.
"Rosamund Clifford, nacida el 12 de abril de 1976, en Cleveland, en el auge de la guerra de bandas por hacerse con el control de la ciudad. Su familia tenía una floristería, y aunque no formaban parte de ninguna de las familias del crimen, a mediados de los 80 parece que los reclutaron para la distribución de drogas y pagos bajo la tapadera de la entrega de flores. Eso la puso en contacto con los bajos fondos. Su inteligencia, la rapidez de acción y una capacidad extraordinaria para adaptarse la llevaron a ser parte fundamental del negocio. Cuando el FBI destruyó el entramado criminal de la ciudad gracias a los informantes que habían reclutado, su familia cayó en desgracia. El padre y el hermano en la cárcel, donde murieron en pocos meses en peleas carcelarias, la madre se suicidó y ella fue enviada a un centro de menores, donde hizo un trato a cambio de lo que sabía. Le dieron una nueva identidad, enterrando a Rosamund Clifford. De allí y con su nuevo nombre entro en el ejército, donde destacó por sus habilidades de guerrilla. Cuerpos especiales durante cuatro años, de donde fue dada de baja con deshonor cuando mató por error a un civil en una escaramuza en Togo. Desapareció y con una nueva identidad entró a formar parte de AGRA, hasta Tiblisi. Después de eso, sabes cómo fue.
"Quien dejó ese mensaje viene de su pasado, de sus días en Cleveland, tiene los medios para haber rastreado los movimientos de Rosamund hasta Mary Morstan en Londres a pesar de la limpieza que se hizo, y sospecho que no cree que Mary Watson esté realmente muerta.
–¡Jesucristo! –murmuró John pasándose las manos por la cara-.
–Estoy en contacto con alguien en Estados Unidos que rastrea los contactos de Rosamund de aquellos años, pero no hay mucho que no esté clasificado o simplemente borrado. Los nombres que aparezcan irán llegando a tu correo, Sherlock, la investigación correrá de tu cuenta. Yo me encargaré sólo de la seguridad, últimamente se me ha limitado el acceso arbitrario de personal para fines no relacionados con Seguridad Nacional.
–¿Limitado?
–Reducido, tu buen comportamiento en los últimos meses ha rebajado tu categoría de "altamente inestable" a "impredecible".
