El aroma de Rosamund

Capítulo 4

Cuando la madre de John Watson murió, se sintió culpable por haber sido incapaz de ver antes lo enferma que estaba, no haber hecho nada para ayudarla, no estar allí cuando al final su cuerpo se rindió. Había fallado como hijo y se enfureció con el mundo por pensar que no era justo.

Cuando la hermana de John Watson lo llamó desde un hospital totalmente borracha para decirle que su padre estaba en cuidados intensivos tras un accidente, se sintió culpable por haberse alejado de lo que quedaba de su familia, no ver cómo su hermana se estaba hundiendo cada día un poco más y cómo su padre parecía no tener interés en nadie más que en sí mismo. Sintió que había fallado como hermano, y pensó que no era justo.

Cuando el capitán John Watson despertó en un hospital de Kandahar con el hombro destrozado y su carrera militar acabada, pensó que el lugar al que pertenecía, la vocación que lo había hecho feliz y la vida que había elegido, habían terminado. Pensó que no era justo.

Volvió a Londres, sobrevivió, o al menos existió, hasta que la vida con la que se había enfadado le devolvió algo que le había quitado al cruzarse con Sherlock Holmes. Le dio un nuevo rumbo, un nuevo propósito, y aunque seguía pensando que no era justo, decidió darse una oportunidad.

Cuando el amigo, el mejor amigo, de John Watson saltó frente a él desde el techo de un hospital, se sintió vacío. Él era el culpable, porque había fallado como amigo, porque lo había dejado solo, porque no había podido evitarlo… no era justo, ya había tenido su parte de dolor y soledad, ya había derramado la sangre y lágrimas para toda una vida ¿Qué había hecho para merecer una vez más ser golpeado de esa manera? Casi perdió el rumbo, casi se dio por vencido, y sólo su enfado contra el mundo lo hizo seguir adelante.

John Watson una vez más falló, escogió a la persona equivocada con la que seguir adelante, la persona que casi le quita de nuevo al amigo que recuperó, aun así siguió adelante. Falló cuando no pudo impedir que su amigo arriesgase su libertad por la mujer que casi lo mató. Y John Watson falló cuando su esposa, la madre de su hija, murió. Y sobre todo, John Watson falló cuando todo su dolor, su enfado, su rabia por el mundo que no era justo con él, lo volcó sobre la persona que menos lo merecía, la persona que lo había devuelto a la vida de todas las formas posibles, la persona a la que más veces había fallado…

Y ahora, parado en medio de los escalones que llevaban a la habitación de su hija, John Watson se daba cuenta de que había fallado una vez más como padre. Había sido incapaz de cuidar de su hija, la habían arrebatado de sus manos y él lo había permitido, su hija estaba perdida y él seguía respirando…. esta vez, si la vida que tan injusta era con él no le devolvía a Rossie, ya no quedaría nada para él.

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Subió los escalones hasta la habitación de Rossie, la cabeza palpitándole con el dolor, incapaz de centrarse en los hombres que discutían los siguientes pasos en la sala. Él no necesitaba saber cuántos efectivos tenía Lestrade trabajando, qué juez haría Mycroft que firmara las órdenes de registro sin hacer preguntas, o cuántas horas se tardará en revisar las imágenes de CCTV. John quería que le dijeran dónde ir, levantar Londres piedra a piedra si era necesario, pero no podía permanecer a la espera mientras su hija estaba en manos de personas desconocidas.

La puerta de la habitación estaba entreabierta, con la luz de noche encendida y unos sollozos contenidos apenas llegaban al rellano. Cuando John empujó la puerta, vio a la señora Hudson sentada en la mecedora de la habitación con la manta de Rossie apretada contra su pecho. Al verlo entrar, hizo lo posible por limpiarse las lágrimas, habiendo el amago de levantarse.

-¡Oh, querido!

-Señora Hudson… -entró, acercándose a ella cuando estuvo en pie-. No tiene que irse.

-Yo sólo quería un momento, hay tanta gente abajo –sorbió evitando los ojos de John-. Mycroft sólo dijo que iban a trabajar aquí unos días, pero luego comenzó a hablar de esos hombres que se llevaron… -se dejó abrazar por John que la acercó con suavidad-, ¡mi niña! ¿Quién puede llevársela así?

Cerrando los ojos, John dejó que la emoción que llevaba horas tragando lo alcanzase, encontrando apenas su voz.

-Fue culpa mía –dijo cerrando aún más los brazos alrededor de la mujer-. Se la llevaron y no hice nada.

Durante unos minutos lloraron uno en brazos del otro, hasta que la señora Hudson se separó, limpiando las lágrimas de John con sus pulgares, mirándolo con decisión.

-No te atrevas a decir algo así, John Watson. Sé que habrías hecho cualquier cosa por protegerla. Te conozco y no permitiré que te eches la culpa de algo que no podías evitar. La encontrarás y la traerás a casa, lo sé -esto ultimo salió menos firme por las nuevas lágrimas de la señora Hudson, pero apretó las mejillas de John y suspiró- Ahora, esos chicos de ahí abajo van a necesitar café, no pienso dejar que ninguno de ellos duerma hasta que mi chica esté de vuelta. Vamos, Sherlock trabaja mejor cuando estás cerca.

Bajaron al salón y la señora Hudson recupero su bandeja vacía para ir nuevamente a su apartamento, no sin dar antes una nueva caricia a John. Sabía que no tardaría mucho en subir nuevamente con un cargamento de café. En la pared del sofá habían desaparecido tres de las fotografías y Sherlock estaba quitando una cuarta.

-¿Están descartados? –preguntó John, aclarándose la voz al darse cuenta de lo ronca que sonaba-.

-En protección de testigos –contestó Lestrade saliendo de la cocina y ganándose la mirada del médico. El D.I. señaló a Mycroft que estaba apoyado en la chimenea al teléfono-. Tiene al subdirector del F.B.I. al otro lado, y le ha confirmado que están localizados en Estados Unidos. Son los que sobreviven de la vieja mafia de Cleveland. Creo que algunos de los restantes están encarcelados, está esperando la documentación, y en unas horas sabremos quién de los que quedan están en Inglaterra o tiene contactos con teléfonos de Londres, será cuando se reduzcan los nombres a buscar en las listas de pasajeros en aeropuertos. Se está cobrando algunos favores –Lestrade se acercó a John, bajando al voz-. Sólo lo he visto así una vez, durante el tiempo que Sherlock estuvo fuera, cuando dejó de estar localizado y él mismo hizo trabajo de campo para traerlo de vuelta.

-Algo de eso oí –la voz de John carecía de calor.

-Tengo a Donovan con el equipo buscando testigos en Glowcester, se ha llevado a los mejores en búsqueda de personas. Y Hopkins está con las denuncias de vehículos robados, a ver si localiza de dónde salió la furgoneta y si alguno de los vehículos que salió de la zona después de incendiarla esta en las listas. Cualquier pista a la que nos podamos agarrar será buena.

-Está bien. Sólo… necesito hacer algo -Se dejó llevar por Lestrade hasta la cocina, quien comenzó a preparar una taza de té que puso en las manos de John, que la cogió automáticamente-. Greg… Mary está muerta ¿verdad? –Lestrade se detuvo en su propia taza mirándolo desconcertado-. Después de Sherlock, de lo que pasó… a veces me he preguntado si ella sería capaz de haber fingido...

-La viste, no fue lo mismo que ocurrió con Sherlock. A ella la viste, estabas con ella cuando pasó, John. No puedes pensar en serio que fuese una mentira.

Antes de que John pudiese contestar, el teléfono de Sherlock sonó con el tono de llamada estándar. La habitación quedó en silencio sólo con el timbre de la llamada entrante, descolgando Sherlock cuando Mycroft le hizo un gesto apenas perceptible y conectando las manos libres.

-Sherlock Holmes –contestó.

Mycroft se puso a su lado y John se mantuvo a un metro de ellos, con los nudillos blancos en torno a la taza que tenía en las manos, mirando el teléfono.

-Señor Holmes, ¿qué noticias tiene de Rosamund Clifford para mí?

-Las noticias que tengo de ella son que está muerta, sé que ha visto su lápida cuando dejó aquella flor.

-He visto cuatro lápidas en las que se suponía que debía estar, y siempre he acabado descubriendo que no era así.

-Esta vez es cierto, estaba allí cuando ella murió de un disparo en el pecho. De todas formas ¿por qué me lo pide a mí y no a su marido?

-Vamos, señor Holmes, sabe mejor que ese marido suyo de lo que es capaz Rosamund. Usted ya hizo el truco una vez, ella lo ha hecho cinco, aunque a diferencia de usted nunca volvía con el mismo nombre. Sé quién es usted, tiene fama de ser un buen detective y de encontrar aquello que busca. Imagino que ella no tuvo que insistir mucho para convencerlo de que la ayudara a desaparecer, si la esposa no estaba en la foto usted se quedaba con el medico ¿No es así?

Sherlock apretó el teléfono con fuerza.

-Si estuviese viva no habría dejado atrás a su hija, esa a la que se ha llevado sin razón alguna para presionarnos ya que es imposible que pueda cumplir con lo que demanda porque le repito, Rosamund Clifford o Mary Watson, está muerta.

La voz del otro lado del teléfono se rio sin humor.

-Conozco a esa mujer, sé que no hay nada que la detenga cuando quiere desaparecer, no es el primer hijo que abandona ¿sabe? –La mirada de Sherlock se fijó John, que levantó los ojos hasta él sin comprender-. El tiempo corre, señor Holmes, y si no tengo lo que quiero me llevaré mi premio de consolación.

-Una prueba de vida de la hija de John.

-Treinta y seis horas, señor Holmes.

La línea se cortó. Mycroft chasqueó los dedos a uno de sus hombres que se desplazó a otro ordenador y comenzó a trabajar en él. Unos momentos después llegó un mensaje al móvil de Sherlock.

-Ábralo en la pantalla –ordenó Mycroft.

En apenas segundos se abrió un video de poco más de diez segundos, de mala calidad y oscuro. En él había una mujer, una muchacha casi, que sostenía en sus brazos a Rossie, con ropa totalmente distinta a la suya, aparentemente dormida pero con rastros haber estado llorando.

–Bien, Adams, deme todo lo que pueda del video, tiene una hora. Peter, el sonido. –Mycroft se llevó el teléfono a la oreja después de activar nuevamente el sonido, había dejado esperando a su interlocutor durante la llamada-. Andrew, tenemos el audio de una llamada, lo tendrás en unos minutos por el servidor seguro. Una confirmación de identidad sería encantador, junto a la información que puedas proporcionar de los últimos meses del sujeto…. Sí…. Gracias… Contactaré en breve. Te debo esta, Andrew.

Cuando finalmente colgó se encontró con John y Sherlock mirándolo fijamente, el primero hacia esfuerzos por mantenerse en calma, el segundo había cerrado el puño y respiraba con dificultad, pero Mycroft podía decir que era por las imágenes, no por ninguna de las revelaciones de la llamada.

-¿Qué no me has dicho esta vez, Mycroft? –gruñó John -.

-Esa información es nueva para mí también, doctor Watson, lo hubiera considerado relevante de tener conocimiento previo –dijo sin su habitual presunción.

-Dice la verdad –Sherlock quitó de la mano de John la taza que corría peligro de reventar en su agarre-.

-¿Entonces Mary tuvo otro hijo? ¿Uno del que no me habló? ¿y cuando cojones fue eso? –John se cubrió la cara con las manos, sintiendo como el resentimiento por las mentiras de su esposa crecía llevándose el letargo que se había estado asentando él-. Voy a volverme loco.

-Con lo que conocemos de la vida de Rosamund Clifford, lo más probable es que fuese durante el año en el centro de menores. Es el único intervalo de tiempo en el que no hay informes. Si lo dio en adopción, no habrá registros debido a la política de protección de Estados Unidos, pero eso nos lleva a preguntar cómo lo sabe el secuestrador.

-¿Será el padre? –Los dos hermanos Holmes y John miraron a Lestrade, que jugaba con un encendedor a sabiendas que en la casa de John no se fumaba-. No sé, pero esto es personal. No es sólo buscar a alguien que conoció hace cuanto ¿veinte años? En esa época me habéis dicho que Mary era algo así como integrante de una red de distribución a pequeña escala, nada de lo que hubiese hecho pudo ser tan grave para que veinte años después le guarden ese rencor. Se está tomando muchas molestias para encontrarla, y utiliza a Rossie como moneda de cambio. Mencionar que no es el primero que abandona me parece que esta muy cerca de casa.

-A pesar de los años aún me sorprende Detective Inspector –dijo Mycroft volviendo a su teléfono-.

-¿Lo traduzco como "no del todo idiota"? ¿Qué piensas tú, Sherlock? –dirigió la pregunta al detective consultor cuando Mycroft volvió a alejarse esta vez en dirección a la habitación de Sherlock hablando por teléfono.

-Hay una posibilidad de que esté relacionado. Cuando tengamos la información del centro de menores, lo sabremos.

-Eso es casi imposible de conseguir, y menos en otro país Sherlock, aunque imagino que si alguien puede ese es Myc.

Peter llamó a los tres hombres, sacando una imagen de la impresora. Era un primer plano nítido del rostro de la mujer que sostenía a Rossie, una segunda imagen era la de la propia niña. Sherlock sólo tomó la de la mujer, colocándola en la pared sobre el sofá.

-Mándame la imagen al móvil, se la pasaré a Wiggins. Vamos a buscarla a ella.

Notas: Lestrade hace referencia a los hechos ocurrido en "Ausente".