EL AROMA DE ROSAMOUND

Capitulo 6

Después de los registros en los locales en cuya parte trasera apareció la furgoneta, se había detenido a la persona que había facilitado la huida del conductor. Resultó ser un chico de diecinueve años que trabajó como camarero en el café, al que habían dado quinientas libras por abrir la puerta trasera cuando recibió un mensaje de texto en un teléfono quemador. Se asustó cuando vio entrar al equipo de policías en el local, e intentó marcharse por la misma puerta trasera, donde fue detenido. En menos de treinta minutos había dicho todo lo que sabía, prometiendo cooperar en todo siempre que mantuvieron al margen a sus padres. Desgraciadamente solo podía dar una descripción vaga y un teléfono prepago que no llevaría a ningún sitio. Estaba convencida de que su participación solo había servido para inclinar un poco la balanza en la guerra de bandas por el territorio. Cuando el sargento Donovan regresó con el detenido a Scotland Yard para un interrogatorio profundo, la esperaba un hombre que gritaba MI5 con luces de neón junto al superintendente en el mostrador de admisión.

-Sargento Donovan, -su superior parecía estar nervioso y gotas de sudor le humedecían la frente. Parecía que lo habían sacado de la cama ya que su hora de llegada solía ser pasadas las nueve y acababa de amanecer. – El señor Pole se hará cargo del detenido.

-Pero señor, aun no lo hemos interrogado…

-¡Sargento!

El llamado señor Pole ignoró al superintendente y su sobreactuada reprimenda, mostrando a Donovan un iPod y entregándole un puntero.

-Es la orden para el traspaso del detenido, señora. Firme por favor.

Con un gesto de desacuerdo obvio, Donovan había firmado, siendo despedida a casa después por el superintendente, quien hizo notar que hacía más de doce horas que debía haber ido a descansar. Frustrada y no dispuesta a ser apartada de la búsqueda de Rossie Watson, estaba al teléfono antes incluso de atravesar las puertas del ascensor que la llevarían al parking.

-Jefe –dijo cuándo Lestrade descolgó-, el superintendente me manda a casa y uno de los minions trajeados de Holmes se lleva al chico.

-Vete a descansar entonces Sally, dios sabe que lo necesitas.

-No, hasta que la encontremos no me voy, y sé que tú tampoco.

Se había hecho el silencio, Lestrade sabía que la determinación de Donovan era superior a la suya en ciertos aspectos, sobre todo cuando se tomaba alguno de los casos como asunto personal.

-Bien –dijo el DI al fin,- ponte ropa cómoda, te recogeré en 30 minutos. Asegúrate de que tu arma y la placa no se quedan atrás.

La primera vez que Mycroft sacrificó sus horas de sueño para vigilar a Sherlock tenía apenas doce años, su hermano cinco. Se había despertado oyendo susurros, pies descalzos que se deslizaban en la noche y puertas que apenas hacían ruido, poco después comenzaban los lamentos y gritos de su hermano. Mami dijo que eran terrores nocturnos, el medico dijo que eran terrores nocturnos… Mycroft comenzó a despertar dos horas después de que todos estaban dormidos, se deslizaba en la habitación de Sherlock y con un libro en sus manos pasaban las noches leyendo y esperando. Los pasos pequeños siguieron llegando a la puerta de Sherlock, pero la puerta no se abrió, los terrores de Sherlock se detuvieron, Eurus comenzó a observarlo y comenzaron sus trastornos alimenticios.

La primera vez que Mycroft se odió a sí mismo y el papel que iba a desempeñar tenía diecinueve años. El tío Rudy puso en sus manos una carpeta donde estaban los informes de una interna en la institución de alta seguridad para enfermos mentales de Cardiff. Los ojos que lo miraban desde la fotografía no eran los de una enferma, eran los de la hermana que crea muerta un año antes en esa misma institución. Esa única vez se permitió vomitar en la privacidad de las oficinas en las había comenzado a trabajar, escucho los razonamientos de por que se había llevado a cabo la mentira, ya pesar de la repulsa que le causaba, asumió que debía continuar con ella para preservar la familia, lo único que realmente importaba a final del día.

La primera vez que Mycroft agradeció el puesto menor que ocupaba en el gobierno y los favores que había hecho a personas insignificantes, tenía veintitrés años. Sherlock había desaparecido hacia tres días. Accedió a circuitos de información que aún le estaban vetados, repartió elogios, hizo más favores y desdeñó agradecimientos. Cuando encontré a su hermano dos semanas después en un hospital, ya había reclutado a tres de las personas que formarían su red de confianza, sabía a quienes ostentaban el poder en las sombras, y sabía que no podía dejar que nadie supiera que su punto vulnerable eran los miembros de su familia.

La primera vez que Mycroft tuvo miedo de no ser lo suficientemente bueno estaba al otro lado de una línea de teléfono y acababa de recibir el mensaje que Sherlock había enviado desde el filo del techo de St. Bart'S… Después de esa primera vez vino Serbia, y la incertidumbre y el miedo de llegar tarde demasiado habia ocupado cada pensamiento de sus dias y noches de vigilia. Nada superó el alivio de traer de vuelta a su hermano… después, Apeldore y el sabor amargo de fracaso… Agra y el odio recrudecido por saber que de una marera u otra era culpa suya… y en Sherrinford, Mycroft Holmes asumió que estaba siendo castigado por sus pecados, su arrogancia, sus mentiras, sus miedos, su odio y sobre todo por su incapacidad para haber cuidado, mantenido a salvo y haber amado a su familia.

Ahora Mycroft Holmes tenía miedo una vez más, y por primera vez en su vida no sabía que hacer…

-¿Mi c? –la voz de Lestrade al otro lado de la línea sonó desconcertada. Llevaba años llevando encima el teléfono seguro que una vez le diera Mycroft, con el que se comunicaban rara vez y siempre que eran asuntos más personales, de ahí la sorpresa del DI y su tratamiento informal- ¿ha ocurrido algo? -Mycroft respiro varias veces en el teléfono, buscando las palabras para expresar qué lo había llevado a salir del apartamento de Sherlock y llamar a Lestrade. Eran pocas las veces que se había permitido pedir ayuda desde que grababa. -Me estas asustando –murmuró Lestrade.

-¿Qué hago? –dijo al fin con voz segura. Lestrade lo sabía tanto que sabía que debía esperar a que Mycroft se encontrara con las palabras. Por lo que pasó casi un minuto antes de que continúe- Si no logro arreglar esto… no sé cómo…. –un largo suspiro escape de los labios de Mycroft-, ninguno de los dos sobrevivirá, y será culpa mía.

-Para Mycroft, y escúchame bien, esto va a salir bien, ¿me oyes? –Greg al otro lado del teléfono había hecho señas a Anthea que estaba a pocos metros de él, escribiendo apresuradamente en su cuaderno de notas "Baker Street, ahora, Myc" y mostrándoselo. Ella entendió subiendo a uno de los vehículos en el minuto siguiente-. Dime que tienes hasta ahora. Quizá pueda darte una idea de que no se te haya ocurrido.

Una risa más parecida a un graznido escapó de los labios de Mycroft.

-No soy como Sherlock, no necesito una caja de resonancia que me adule y cante mis alabanzas.

-Por supuesto que no, tienes tu propio coro privado para eso, pero en este momento estás centrado en las consecuencias y no en los hechos. Dime Mycroft, con tus recursos ilimitados ¿qué ha averiguado que sea de ayuda?

Por un segundo, Mycroft puso los ojos en blanco, él no tenía recursos ilimitados, y cuando se trató de asuntos personales solo contaba con un grupo reducido de personas cuya lealtad estaba segura al cien por cien.

-Está bien, aunque soy consciente de que esto es para tu propia tranquilidad. Aunque debo recordarte que nada de lo que escuches debe ser divulgado a otras personas.-La pequeña broma privada hizo que algo se calmara en el pecho de Mycroft, escuchando casi la sonrisa con la que el DI correspondía al otro lado-. Tenemos localizado el vehículo donde viaja la pareja que tenía a… Rosamund… Rossie… en el centro comercial. Hay confirmación visual por las cámaras de tráfico de ambos, pero no de ella. Tengo un equipo que los sigue a un minuto, y seguimiento aéreo para no perder su ubicación si abandonan la carretera. Estamos a la espera de que se detengan y poder asegurarnos que está con ellos. Una vez localizado la recuperaremos y esas personas serán puestos bajo custodia para ser interrogados y averiguar quién es el responsable.

-Bien, ¿les ha dicho a ellos?

-No, hasta tener la total seguridad de que no nos hemos equivocado y ella está donde creemos que no les diré nada, y aun no se si sería certificado si no puedo ofrecer la recuperación como un hecho consumado.

-Está bien Mycroft, solo asegúrese de decirles cuando esté seguro, no los dejes en la oscuridad.

-¿Por qué ha enviado a Anthea? Es más útil contigo, tiene acceso a bases de datos de la policía cualquier país que tenga sus datos informatizados.

Greg se mostró una pequeña sonrisa, aún no sabía cómo los hermanos eran capaces de saber qué hacían aún sin verlo.

-Tengo a Sally, la despidió a casa desde la central cuando uno de tus minions se llevó a su detenido, pero se trata de uno de los nuestros, así que ha desobedecido y está aquí.

-La sargento Donovan será una buena sustituta cuando decidas jubilarte, o cuando quieras el puesto del superintendente, ese hombre aún no ha sido reprendido como merece por su nefasta actuación durante los eventos en torno a Moriarty y mi hermano. –Hubo un nuevo suspiro en la línea de parte de Mycroft, apretando levemente el terminal. –Gracias Detective Inspector, como siempre ha sido invaluable para ponerme en el camino correcto.

-Cuando quieras Myc.

La línea se cortó y Mycroft permaneció unos minutos en el mismo sitio, en la acera frente a los escalones de Baker Street, hasta que el coche negro se detuvo ante él y salió Anthea, con su Tablet en la mano izquierda y escuchando por teléfono.

-Señor, tenemos confirmación visual –dijo tendiendo el auricular a Mycroft.

El llamado hombre de hielo se vio obligado a carraspear para no traicionar su propia emoción antes de hablar a la persona que estaba al otro lado de la línea.

-¿Cuál es la situación? – preguntó a la persona al mando.

-Señor, confirmación visual del objetivo, podemos recuperarla en dos minutos con riesgo mínimo.

Mycroft apretó los dedos alrededor del auricular, sabía que los riesgos mínimos podían costar la vida de los rehenes, pero dejar que Rosamund continuara en manos de extraños durante un segundo mas no estaba dentro de lo tolerable.

-Luz verde. En la medida de lo posible quiero a los aptos responsables para un interrogatorio.

-Sí, señor.

La línea se cortó y Anthea puso ante Mycroft la Tablet en la que había estado trabajando. Estaba dividida en cuatro imágenes distintas, cada una de ellas correspondía a cada una de las cámaras que llevaban los integrantes del equipo que había estado puesto en acción en las pocas horas que habían tenido. Tres de ellos eran la élite de las fuerzas especiales que por una razón u otra habían sido retiradas del servicio activo. Mycroft los había reclutado para su equipo de personal privado, hombres de total confianza que no hacían preguntas. Durante los dos años que Sherlock había estado en el continente esos hombres habían sido una sombra que había cuidado y facilitado el trabajo de su hermano pequeño en la tarea que se había impuesto. No respondían ante nadie más que Mycroft. La cuarta cámara pertenecía a la mujer que como ocurrencias de última hora había sido agregada al grupo. Ella era la agente encubierta que cuidaba de la seguridad de Rossie, una cara amiga que la niña reconocería, alguien que se preocuparía por ella al nivel que necesitaría cuando fuera recuperada.

Durante un minuto cuarenta y segundos, Mycroft demostró cómo dos personas, un hombre y una mujer, eran sacadas de un vehículo que repostaba en una gasolina y eran neutralizados con eficacia y no poca rudeza. En la parte inferior derecha de la pantalla se vio como el cuerpo de Rosamund Watson era sacado del asiento trasero del vehículo. Sus cabellos habían sido cortados, sus ropas cambiadas y había rastros de lágrimas y vomito su rostro.

-Está viva –Mycroft soló el aire que estaba conteniendo cuando escucho claramente la voz del jefe de equipo. – Solicito la recogida medicalizada señor.

-Si, en camino. Buen trabajo capitán. –Mycroft entregó la Tablet a Anthea que ya estaba enviando mensajes a los hombres de respaldo. Entrando en el 221B y subiendo los escalones de dos en dos buscó a Sherlock que se había retirado a su habitación, donde John se había escondido con anterioridad. Abrió la puerta con cuidado, intentando mantener la calma.–Hermano, John, tenemos una ubicación. Imagino que quieren acompañar al equipo.

-¿A donde? -ambos se pusieron en pie al momento.

-Al centro médico donde están trasladando a Rosamound, la hemos recuperado.