Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "El reflejo de la bruja" de Raiza Revelles, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Capítulo 3: Metatesiofobia

Bella flotaba en la nada. Sentía cómo su cuerpo se mecía en un vórtice donde estaba completamente sola. Era como el cielo nocturno, pero sin estrellas. Era la primera vez que se sentía tan relajada desde hacía tiempo.

—¿Creen que alguien le lanzó un maleficio?

Una voz se infiltró a su burbuja de la gran nada.

—Le dije que necesitaba un amuleto de protección, se lo dije.

Frunció el ceño. ¿Por qué había voces aquí? ¿Por qué interrumpían su paz?

—Ella está bien, solo fue la sorpresa.

Empezó a sentir algo de brisa sobre su piel. Eso le gustaba, eso estaba bien. No importaba entonces que las otras voces molestas estuvieran interrumpiendo.

—Ella no está lista para esto. Eres una egoísta. —Esa voz la conocía bien. Era su madre—. Siempre has sido una egoísta. Debiste dejarme el trabajo a mí.

—No digas sandeces. —La voz de su abuela—. Sabes que no tienes la mirada de la estrella en tu piel. No puedes ser tú.

La burbuja se reventó. Bella se incorporó de golpe, lo que sorprendió a la señora Lilian, con su enorme abanico, y a Kate, que traía una taza con algo humeante en la mano.

—Discúlpenme —dijo Bella arrastrando las palabras, su cabeza se sentía ligera y como si estuviera hecha de gelatina—. No he comido hoy y creo que eso me afectó.

Su abuela no se veía feliz.

—Bebe esto. —Kate le acercó la taza a los labios y Bella apenas tuvo tiempo de abrir la boca cuando ya estaba inclinando el contenido hacia ella. La sensación cálida que bajaba por su garganta era reconfortante. No sabía qué era con exactitud, pero olía a té de canela y tal vez un poco a manzanilla. Tomó la taza con ambas manos y Kate se incorporó.

—Apesta a demonio aquí. —La señora Renata escupió. Se puso de pie con ayuda de su bastón; sus movimientos eran lentos y su espalda estaba encorvada—. ¿Qué hace un demonio aquí adentro? —Sus ojos estaban puestos directamente sobre Kate, como si pudiera verla.

—Señora Renata —dijo su madre con voz azucarada—. Usted la conoce. —Le hablaba con cuidado, como si se tratara de una niña pequeña—. Kate lleva trabajando para la familia desde hace un siglo. Confiamos en ella con nuestras vidas.

—No me importa si ustedes las Swan parten el pan con cerdos. Este es un espacio sagrado —refunfuñó. Marcaba las palabras con tal dureza que podía ver sus dientes amarillos y sus encías manchadas. La señora Renata se había especializado en magia de muerte. Existían pocos necromantes aún y casi todos eran sus alumnos. Su magia era poderosa, pero cobraba un precio alto a juzgar por su aspecto tan deteriorado.

—Aquí tenemos nuestro grimorio. —Alzó su bastón con dificultad y golpeó a Kate justo en la espinilla, quien hizo una mueca de dolor, pero no se movió—. Sal de aquí antes de que te arranque los ojos y los use para mí, demonio.

Su abuela tenía la cara tensa, pero no dijo nada. Era cierto que esa sala estaba reservada para el aquelarre; pocas veces había visto entrar a Kate a ese lugar y siempre había sido en compañía de Sulpicia. Nunca había puesto un pie dentro cuando estaban las otras brujas en una reunión. Siempre esperaba pacientemente afuera de la puerta en caso de ser necesitada o para protegerlas.

—Le pido disculpas, venerable bruja. —Kate hizo una reverencia—. Escuché la conmoción y quise ayudar. Lamento mucho haberle faltado al respeto. Me retiraré enseguida.

—Gracias, Kate. —Bella alzó la taza y asintió.

—¿Por qué no tenemos protecciones aquí? ¿Cómo puede ser que nada le impida a un demonio entrar? Deberíamos tener runas y hechizos activados. —Las otras brujas asintieron. Vio a Alice morderse los labios, pero no dijo nada. Sí tenían protecciones que les impedían la entrada a demonios y espíritus malignos, por eso Bella solo podía entrar con su abuela. El hecho de que las protecciones hubieran dejado de funcionar solo indicaba que la magia de su abuela iba a empezar a decaer antes de lo que pensaban.

Kate se disculpó de nuevo y salió de ahí, cerrando la puerta tras ella.

—Les aseguro que el entrenamiento de mi nieta será completado en el tiempo de vida que me queda. —Sulpicia entrelazó las manos encima de su regazo—. Ella es la última bruja con la mirada de la estrella en ella y debemos agradecer que tal poder permanezca en nuestro aquelarre.

Bella puso se llevó la mano al hombro izquierdo, en donde la pequeña marca rojiza de una estrella de cinco picos descansaba. La última suma sacerdotisa con la mirada de la estrella. Sus adentros se enredaron y desenredaron. Movió los dedos de los pies dentro de sus zapatos y se mordió la lengua.

—Sin embargo, estoy consciente de que hay poderes que desgraciadamente no se pueden heredar. —Un suspiro—. Por lo que pido su apoyo, hermanas mías, una última vez.

Todas se reacomodaron en sus asientos. Bella tenía la cabeza agachada, sin querer mirar a Sulpicia. Si hubiera podido, se habría tapado los oídos también. No sabía qué les pediría, pero Bella sabía que a partir de ese día su libertad había sido revocada. Le habían puesto una piedra metafórica para empujarla eternamente cuesta arriba. Su abuela había buscado ser suma sacerdotisa, su abuela había fundado ese aquelarre, su abuela había tenido opción.

—Con el tiempo que me queda y con el poder que aún permanece en mis huesos, pienso cerrar la puerta que está en nuestro bosque al infierno.

No.

Su visión se volvió roja. Era como si el zumbido de una colmena enfurecida retumbara dentro de su cráneo. Había pasado años tratando de tumbar o burlar los sigilos de su abuela en el bosque para poder llegar a esa puerta. Años de trabajo para poder cumplir su objetivo, meses intentando invocar diferentes demonios que pudieran ayudarla. Empezó a raspar sus dientes superiores con los inferiores. Un gruñido de furia pura se le atoró en el cuello y estaba usando toda su fuerza para contenerse y no correr hacia su abuela.

—Mientras esa puerta permanezca abierta, esta casa no estará segura. Es momento de cerrarla de una vez por todas.

—Es un suicidio —dijo Renné—. Va a tomar todo tu poder, podría llegar a consumir incluso tu alma y nunca llegarás al Summerland.

—Lo único que ha podido mantener contenida esa puerta es la magia del mundo antiguo. Cuando yo parta, no podrán controlar lo que se encuentra detrás de ella.

—¿Y entonces vamos a abandonar a Tanya? —La voz de Bella se desbordó desde su pecho—. ¿Vamos a dejarla ahí para siempre?

Renné hizo un ruido como si se estuviera asfixiando. La expresión en la cara de su abuela era tranquila, estaba en paz con su decisión y eso hizo que un sabor ácido cubriera la lengua de Bella. La habitación empezó a vibrar, los libros volaron de sus estantes. Un jarrón explotó.

—Bella... —Alice la llamó, pero no iba a escucharla. Ya se había callado por suficiente tiempo. Estaba harta de que Tanya no apareciera en las fotografías colgadas en la casa, las únicas que existían estaban guardadas en un álbum en su habitación. La enfermaba que hubieran pasado años sin poder decir su nombre en voz alta, saltaba con cuidado por encima de los recuerdos que tenían con ella, olvidaban celebrar sus cumpleaños, hacían todo para borrar su existencia del registro del aquelarre.

—No voy a permitir que hagas esto. Si cierras esa puerta, Tanya se quedará ahí para siempre. —El fuego de las velas creció y la cera negra empezó a derretirse como mantequilla. No recordaba la última vez que había sentido una emoción tan cruda, fea y visceral. Tal vez era el resultado de años de resentimiento llenos de pus e infección en su interior.

—Basta. —Sulpicia alzó la mano con la palma extendida por unos instantes antes de cerrarla en un puño, como director de orquesta pidiendo silencio. Bella cerró la boca con fuerza. Intentó reprochar, pero sus labios estaban sellados con magia. Por más que intentaba separarlos no lograba hacerlo, su propia voz retumbaba dentro de su cráneo.

—Tu hermana no volverá. No hubo nada que pudiéramos hacer por ella aquel día y no hay nada que podamos hacer por ella ahora.

Los ojos de Bella se abrieron tanto que temía que se salieran de sus cuencas y rodaran por el suelo. Esas palabras le rompieron el esternón y parecieron tomarla de los pulmones, ya no podía respirar. Cómo se atrevía a decirle que no pudieron hacer nada si, cuando todo ocurrió, Sulpicia salvó a Bella y no a su hermana. Cómo no le importaba decir semejante mentira cuando ese terrible día arrastró a Bella por la cintura de regreso a casa, diciéndole que dejara ir a su hermana.

—Una líder debe ver por la mayoría y eso es algo que vas a tener que aprender cuando seas nuestra suma sacerdotisa. —Un movimiento de su mano y una fuerza invisible dejó a Bella con las manos pegadas a los costados. Todas las brujas fueron testigos de que su abuela todavía la trataba como a una niña pequeña; se sentía completamente humillada.

—Hace tiempo tuve una perturbadora visión en la que un demonio que caminaba por nuestras tierras traía un desbalance terrible. Pude ver el fin del tiempo como lo conocemos. —Tomó aire—. He hecho todo lo que está en mis manos para frenar a los hijos del caos y evitar que esa profecía se cumpla, así que esto no está a discusión. —Miró a Bella directamente a los ojos. —Antes de que pasen las siguientes tres lunas, esa puerta al infierno quedará sellada. Será mi último acto como su suma sacerdotisa.

Las brujas murmuraron en acuerdo con su abuela. Ninguna de ellas podía entender lo que Bella estaba sintiendo. Su hermana iba a quedarse encerrada para siempre. Su hermana, a quien Bella había jurado rescatar sin importar lo que le costara. ¿Estaría asustada? ¿Perdida? ¿Estaba esperándola? ¿Seguía con esperanza de volver? Era el peor destino que podría sucederle a una bruja: vagar en el infierno por la eternidad.

El hechizo de su abuela finalmente la soltó y la reunión se dio por terminada antes de que las brujas pasaran al comedor para el festín de esa noche. Bella no las acompañó y se fue directo a su habitación con pasos pesados y la moral aplastada. Cerró la puerta con fuerza y vio a Patricia dar un pequeño saltito de sorpresa. La lluvia afuera seguía azotando las ventanas y todo en su cuarto olía a humedad y miseria. Tomó una bolsa de basura y con ira metió todas las cosas en las que había estado trabajando. Las notas, las ofrendas, los mapas, iba a tirar absolutamente todo. Ya nada importaba.

Patricia emitió silbidos desde donde estaba.

—La abuela va a cerrar la puerta en el lago —le respondió Bella. Tomó una pequeña escultura de Baphomet que adornaba su escritorio, la lanzó contra la pared y se hizo añicos—. Me quedan menos de tres meses para encontrar la manera de salvarla.

Patricia bajó del escritorio y caminó hacia ella.

—Ni siquiera nos hemos acercado en todos estos años, Patricia, ¿cómo piensas que voy a poder en tan solo tres lunas?

Patricia la miró y movió la nariz. Bella sintió cómo estaba concentrando su poder para ofrecérselo a su bruja, así que sacudió la cabeza.

—Necesitamos más —fue todo lo que le dijo antes de tomar la bolsa y salir a tirarla.

Caminó hacia la parte trasera de la casa. La madera de las paredes crujía al re acomodarse. Se detuvo en la puerta de espejo que daba al invernadero y vio a alguien reflejado frente a ella.

Se detuvo con sorpresa y giró hacia la puerta para asegurarse de estar viendo correctamente. Los fantasmas no se acercaban al invernadero, estaba lleno de salvia. ¿Qué clase de espíritu era más fuerte que sus plantas?

Bella soltó un grito ahogado. En efecto, ahí en la puerta había un chico alto de tez pálida y ojos como esmeraldas. Él se veía tan sorprendido como ella, pero en un parpadeo desapareció y Bella estaba frente a su propio reflejo una vez más. Su corazón comenzó a bombear sangre más rápido. Todo estaba mal. La casa ya estaba cayéndose y su abuela aún no se iba. No quería imaginarse las cosas que estaban por venir.

Salió de la casa y tiró la bolsa en el contenedor de metal. Frente a ella estaban los árboles que conducían a la puerta del infierno que había visto tantas veces en sus recuerdos. Un lazo rojo amarrado en uno de los troncos marcaba el lugar, aunque, incluso sin la marca, se sabía el camino de memoria. Sus pesadillas no le permitirían confundirse. Veía las hojas sacudirse con el viento y una vez más fue abofeteada por la desesperación. Pronto no necesitarían esa marca, puesto que la puerta quedaría sellada, junto con su hermana. Rugió como un animal herido y se abalanzó hacia el bosque con intención de cruzar a como diera lugar. Sintió la tensión del campo protector, los sigilos hacían que le doliera la piel. No podía dejar a su hermana sola. Había sido su culpa. Bella era la culpable de todo y ni siquiera era capaz de enmendar lo que hizo, ni siquiera era capaz de recuperar a su hermana. Le debía su vida por quitarle la suya, estaba dispuesta a balancear todo. Ella era la futura suma sacerdotisa, su poder debía ser superior al de las otras brujas. ¿Por qué no podía romper esa barrera?

Estiró las manos con toda la fuerza que tenía, apretó la mandíbula para no gritar al sentir que sus brazos ardían como si estuvieran en llamas.

—¡Bella!

Las protecciones ganaron y salió disparada con fuerza.

—¿Qué crees que haces? —Kate la ayudó a incorporarse y la regresó con ella a la casa como si fuera una muñeca rota. Y tal vez lo era—. Mírate, debería darte vergüenza. Sabes que no debes intentar cruzar.

Bella se sentó en el pequeño comedor de la cocina. El reloj marcaba las tres de la mañana. ¿Cómo pasó el tiempo tan rápido? Kate se movía rápidamente, tomando cosas de aquí y allá. Su cabello rubio estaba recogido en una cola alta y llevaba un camisón que la cubría hasta los tobillos. Se sentó junto a ella y dejó varias cosas sobre la mesa. Bella sentía que todo ocurría, pero a la vez no, como si fuera una alucinación.

—Dime si te lastimo. —Le tomó el brazo con delicadeza y lo inspeccionó. Bella bajó la mirada y también notó la piel de sus brazos roja por las quemaduras. Kate colocó unas hierbas en un tarro de ungüento y las mezcló.

—Me estoy convirtiendo en mi madre. —Bella se rio.

—No. —le aseguró Kate. La conocía bien, sabía que a Bella no le gustaba tener cosas en común con Renné. Pasó el ungüento por encima de la piel de sus brazos y de inmediato sintió una reconfortante sensación fresca.

—Hoy la energía se está moviendo por el cambio tan grande. — Tomó unas vendas y poco a poco fue cubriendo sus brazos—. Todos lo podemos sentir. Pero a ustedes las brujas jóvenes les afecta más. Seguro Alice tampoco se siente bien.

—Mmmm. —Bella asintió. El tictac de las manecillas del reloj llenaba la cocina. Una falsa viuda negra caminaba por la pared.

—Si te hace sentir mejor —Kate terminó de vendarle el otro brazo y colocó un pequeño broche para que no se deshiciera—, yo creo que vas a ser una gran suma sacerdotisa. Del mismo calibre que tu abuela.

—Gracias.

Sus brazos ahora olían a eucalipto y sus mejillas se sentían calientes. Kate no era una persona que mostrara afecto con frecuencia. Saber que la tenía en tan alta estima le daba un sentimiento cálido en su interior, igual que comer brownies de chocolate recién horneados. Al pensar en comida, su estómago se quejó.

Kate caminó hacia el refrigerador y sacó un bowl de pasta. Sirvió una porción en un plato y lo metió al microondas.

—No puedes seguir comiendo poco y estar sin dormir. Si sigues así, me veré obligada a decirle a la señora Sulpicia y estoy segura de que ella no va a dudar en hechizarte para que cuides tu salud. — Sacó la pasta del microondas y se la puso en frente a Bella, junto con un tenedor. Inmediatamente, Bella se abalanzó y trató de meterse a la boca cuanto pudiera. No se había dado cuenta de qué tan hambrienta estaba hasta que tuvo la comida enfrente.

—Prometo comer mejor —dijo con la boca llena.

—Despacio —suspiró Kate.

—Además —se pasó el bocado golpeando su pecho para no atragantarse—, hoy me afectó más de lo que pensé. Hace un rato creí ver un espíritu en el invernadero.

—¿Ah sí? —Kate colocó un codo sobre la mesa y recargó su barbilla sobre la mano—. Tal vez fue solo un efecto de la luz.

—No. —Bella se puso de pie para servirse de beber—. Lo vi claramente. Era un muchacho. —Abrió la llave del fregadero y se sirvió agua en un vaso de vidrio.

—Pero las plantas del invernadero están bien. Hoy las regué yo misma. —La frente de Kate se arrugó por la confusión. Bella le dio un trago a su agua y se sirvió más.

—Me pareció muy extraño, solo lo vi por segundos antes de que desapareciera. —Se sentó de regreso en la mesa y entrecerró los ojos mientras recordaba lo que vio—. Tal vez no estaba muerto.

Kate levantó una de sus cejas rubias.

—Sus ojos se veían normales. —Se sirvió un poco más de pasta —. Eso es lo que uso para guiarme con los fantasmas. Los ojos no mienten.

—Bella, si no era un espectro, estamos hablando de alguien que está aprovechando que la energía se debilitó para entrar a la casa. Esto es muy peligroso. —Su rostro se endureció y sus ojos se oscurecieron hasta volverse negros—. ¿Qué fue exactamente lo que viste?

—Solo era un chico como de mi edad. —Frunció el ceño mientras forzaba a su cerebro a recordar tantos detalles como se pudiera—. Usaba ropa antigua. —Tocó su propio vestido al decir esto—. Llevaba una camisa blanca y holgada de botones. No logro recordar el color exacto del resto de su ropa. —Se quedó pensando unos momentos—. No lo sé, había algo en él que se veía como de otro tiempo. Por eso pensé que se trataba de un espíritu.

Kate asintió con la cabeza y la dejó continuar.

—Tenía cabello negro y creo que una cicatriz cerca del ojo. Pero no lo pude ver bien.

—Una cicatriz... —Kate se veía extraña. Su cara perdió el color e hizo los hombros hacia atrás—. Bella, ¿ese muchacho tenía ojos verdes? —La tomó de la muñeca, lo que la hizo encogerse en una mueca de dolor.

Ella asintió.

—¿Dónde fue exactamente que lo viste? Llévame ahora. —Se pusieron de pie y fueron hacia el invernadero. Todo estaba apagado y caminaban casi a oscuras.

—Aquí —dijo Bella y señaló la puerta del invernadero. Kate se acercó para inspeccionarla a detalle. Abrió la puerta y observó el otro lado.

—¿Estás completamente segura de que lo viste aquí?

—Sí, pero solo por un momento.

—¿Te dijo algo? ¿Te pidió alguna cosa?

—Nada. Él también pareció sorprenderse al verme y después desapareció.

Kate se cruzó de brazos y se quedó en silencio unos instantes. Afuera la tormenta estaba comenzando a ceder.

—No debería decirte esto. —Se le acercó y la tomó del hombro —. Pero lo que viste fue un demonio.

Bella se sorprendió.

—No es un demonio cualquiera, es uno muy peligroso. Tu abuela lo venció hace tiempo y lleva ocultándose desde entonces.

Prestó atención a esas palabras. Su abuela había logrado vencerlo, pero no matarlo. Tal vez se trataba de un demonio poderoso. Alguien con quien valía la pena hacer un trato...

—Escúchame bien. —Humedeció sus labios—. Ese demonio se llama Edward. Si lo vuelves a ver, tienes que informarme de inmediato, ¿entiendes?

—Sí. —Asintió un par de veces.

—No dejes que se acerque ni a ti ni a la señora Sulpicia. Ven directo conmigo, no tienes idea de lo que ese demonio puede llegar a hacerles.

Bella sintió un escalofrío que le recorría la espalda. Eso sonaba bastante prometedor.

—Ahora ve a dormir. Yo me quedaré a revisar la casa y los alrededores.

Bella se despidió y caminó de regreso a su habitación con una nueva idea burbujeando en su mente. Si ese demonio apareció en su casa, eso debía significar que estaba cerca de ella.

—Y Bella...

Se detuvo antes de dar vuelta en el pasillo. Giró para ver a Kate, todavía frente al invernadero.

—Prométeme que no harás nada estúpido. Te estaré vigilando.

—Lo prometo. —Sonrió y siguió su camino.

Podía prometerlo sin culpa alguna porque lo más estúpido que podría hacer sería quedarse sin hacer nada.


NOTA:

Aqui estan los capitulos de hoy, espero les gusten, la siguiente actualizacion sera el Domingo por la noche.