Día 4: Curar heridas

Spike se limpiaba las lágrimas con la manga de su camisa. El Día de San Valentín podía ser brutal, ahora él lo sabía de sobra. Sentado en la banca de un parque, miraba con un poco de envidia a las parejas felices a su alrededor. Era increíble cómo una simple fecha en el calendario tenía tanto poder en las personas.

¿Spike? ¿Pues qué estás haciendo aquí?

Al mirar hacia arriba, se dio cuenta de que Applejack lo miraba con una sonrisa comprensiva y en cierto modo un poco triste. Y es que no era para menos, ya que el pequeño ramo de rosas en sus manos al final no llegó a su destinatario.

Nada, sólo… pensaba en cosas. Tú sabes.

Sí, me lo imagino.

Applejack se sentó junto a él, pasándole un brazo alrededor del cuello. No se había dado cuenta, pero ella también llevaba una pequeña flor en las manos que no dudó en darle. Al principio, Spike no quiso aceptarlo, pero ella le acomodó la flor en el ramito que cargaba con tanta tristeza. Se trataba de un tulipán color amarillo. Le dio bastante color a sus rosas, que ya empezaban a tomar ese matiz violáceo de tanto tiempo que las apretó con las manos.

Ánimo, dulzura —dijo ella otra vez—. Eres muy joven para dejar al amor romper tu corazón.

Lo sé, es sólo que… agh, ¿cómo pude imaginar que yo le gustaría? Con tantos pretendientes, jamás se fijaría en mí.

Applejack desvió la mirada hacia el suelo. Apenada, por supuesto, pero Spike ni se daba por enterado.

Bueno, terroncito, no se llaman "flechazos" por nada. Siempre hay alguien que saldrá herido. Pero si hay algo por lo que vale la pena arriesgarse, es el amor.

Al caer en cuenta de esto, Spike recuperó su ánimo y asintió ante las palabras de Applejack. Al alzar la vista, pudo contemplarla con más detenimiento; ni siquiera podía creer que ella le había dicho esas palabras.

Gracias, AJ —dijo él, limpiándose las lágrimas.

No es nada, yo creo que fuiste muy valiente.

Ella le sonrió y caminaron juntos por el parque. De pronto, haberse confesado a Rarity este día, prácticamente en frente de sus amigas, parecía un suceso distante a pesar de haber sucedido hace menos de una hora. A cada paso que daba, sentía dejar una pesada carga, y al final, cuando se despidieron a la salida del parque, se sentía totalmente renovado.

Ya nada dolía dentro de él, y hasta parecía sentirse orgulloso de sí mismo. Caminó a su local de arcades favorito y las flores se quedaron en un cesto de basura. Todas, excepto una.