Despues de un siglo por fin puedo subir una continuación!! Celebremos!!!!
Gracias a que me ando maratoneando la serie de DC, me dio por subirla más rapida... y si! leyeron bien! Me estoy arrasando la serie de Conan de principio a fin!! Aunque voy lenta, voy en el 157, por lo que aun me quedan 700 y tantos. Pero no hay que rendirse! Pronto también (espero porque quedarme pegada a ver el anime es mas sencillo que escribir xD) subiré dos capis especiales (hasta ahora creo) de Ran como agente durante la serie de Conan antes de renunciar, de cómo fue para ella la muerte de Akemi y cómo conoció a Kazuha y saber luego que era de la CIA. Esperenlos con ansias y paciencia xD
DISCLAIMER: DC, MK y sus personajes no me corresponden, sino a Gosho Aoyama.
Capítulo 21: Revelando Información.
El sol deslumbra el cuarto de Heiji y le da la bienvenida a Conan para que abra sus ojos. El pequeño detective, desorientado, trata de recordar cómo ha terminado allí. No recuerda haber llegado a casa del moreno ni ponerse el pijama desde que salió con su amigo, Sonoko y Ran.
Por fortuna su memoria echa a trabajar a la velocidad de la luz y las últimas veinticuatro horas regresan sin descanso: Ran es una agente, la búsqueda de Bailys, su pelea con Ran para enfrentar al enemigo y cómo ella lo apunta con un arma para después disparar sin vacilación. Todo el agotamiento desaparece y se desabrocha la camisa del pijama para ver si está herido. No hay nada. Eso significa que no había balas, sólo dardos anestésicos.
Gruñe. Esa Ran es una tramposa.
Sólo se abotona tres botones y sale del cuarto corriendo tan rápido como puede que parece que va tras un maleante y no a enfrentar a su amiga de la infancia. Se la encontró en el living hablando con Sonoko y Kazuha mientras tomaban el té.
—Buenos días, Conan-kun. —Kazuha es la primera que la nota ya que las otras le daban la espalda. Como no recibe respuesta y Ran miraba su taza fijamente, piensa que es mejor dejarlos solos. —Creo que voy a buscar a Heiji.
—Yo voy a llamar a Makoto-san. —Sonoko no duda en pararse igual, pero antes de irse, le susurra algo a Ran. —Es mejor que soluciones tus asuntos matrimoniales con Shinichi-kun.—Le guiña el ojo.
—¡Sonoko!—Chilla bajito mientras las dos se van con paso acelerado. Ve por fin al detective, aún molesta por la audacia de su amiga. — ¿Dormiste bien?—Es lo único que se atreve a decirle porque se niega a confesar lo "malo" que fue dormirlo y toma de un trago lo que queda de su té.
—¿Por qué lo hiciste Ran?
—Porque eres idiota. —Dice sin pensarlo dos veces. —Te dije que te quedaras, no hiciste caso por lo que te dormí. —Se cruza de brazos y piernas. — Como si pudieras ayudar mucho en ese cuerpo de niño. —Se burla.
—No seas tonta, obviamente me iba a negar que fueras a enfrentar a la Organización sin mí.
—Noticias de último minuto Shinichi: no es la primera vez que lo hago.
—¡Yo tengo también asuntos pendientes con ellos!
Cierra sus manos en forma de puño ante aquel recordatorio y se culpa. Si aquella noche en el Tropical Land hubiera insistido para que se quedara…
—Me da igual, pero si sigue molestándote el asunto, tómalo como una venganza por haberme dormido a mí cuando secuestraron a Kazuha-chan.
—No tenía otra opción, iba a volver a ser un niño y no podía dejar en ese entonces que lo descubrieras. —Ran se siente un poco más aliviada de que la tensión se haya disminuido. — Al parecer nos estaremos atacándonos para proteger al otro
—Si seguimos así…—Lanza un suspiro con una sonrisa que delata lo divertido que encuentra aquella situación bastante realista. Entonces recuerda otro asunto pendiente que tienen. —Oye Shinichi, te juro que nunca supe que tú…
—Lo sé. —La interrumpe al comprender lo que quiere decirle. —Jodie y Jack me contaron el por qué te fuiste.
—Ya veo… por cierto, ellos no saben que yo se tu identidad ni de la apuesta.
—¿No te lo han dado ellos?
—Si ellos me lo habrían dado, ¿Crees que me dejarían jugar contigo en una apuesta?
—Buen punto...
—Te he mentido siempre… —Conan le sorprende aquel comentario no esperado en esta situación. —, le miento a todo el mundo, menos a Sonoko, a mi mamá y a la agencia… Shuichi y Jack son de las pocas personas que les puedo decir todo porque saben que soy agente elegida para el Paradise… así que cuando me entere que ellos me escondían de la droga que trabajaba Shiho… y que se negaban a decirme que tú eras Bala Plateada, me sentí traicionada por las personas que pensé que jamás me mentirían… de las pocas que podía ser yo misma y entonces… pensé en ti.
—E-… ¿En mí?—Se sonroja.
—Pensé… me di cuenta que si tú supieras que te he mentido y traicionado… ¿Te sentirías igual como me sentí yo en ese momento?—Sonríe. —Y por eso decidí parar y renuncie: porque no quería herirte más, aun si no lo supieras… pero quien iba a pensar que la persona que temía hacerle daño, me estaba haciendo el mismo daño a mí.
—Ran…
—No. —Lo interrumpe bruscamente. —Yo te traicione para protegerte y tú me traicionaste para protegerme… nos dañamos al otro pensando en nuestras seguridades. Por eso tome la decisión de no odiarte ni ser rencorosa por haberme ocultado la verdad. —La sonrisa que le regala al detective encogido lo vuelve a enamorar. —Eso sí, te daré una paliza por haberme visto desnuda.
Conan se congela de miedo, incluso le sale sudor frío de la frente. Ya siente el dolor de la patada y eso que aún no lo han pulverizado.
—Y… Ran, ¿De dónde sacaste la droga si no te lo dieron Jack ni Akai?—Nervioso busca cambiar de tema antes que Ran cambie de opinión y lo mate antes.
—Me lo dio Vermouth. —Responde sin darle importancia, como si estuviera hablando de lo lindo que está el clima.
—¡¿Estuviste con Vermouth?! ¡¿Sola?!
—Y otro más que me dice lo mismo. —Cansada de volver a oír el asunto. —No le demos importancia ¿Vale? Lo importante es que tienes la cura y volveremos mañana, lo que significa que pronto serás Shinichi
—¿No has pensado que puede ser una trampa?
—Sí y sé que no lo es, no es el estilo de Vermouth. —Apoyando su codo derecho en el respaldo de la silla para que su mano sostuviera su rostro. —Así que tranquilo
—¿Terminaron parejita?—Sonoko vuelve radiante de felicidad. Debió tener una buena conversación con Makoto.
—Sí, ya conversamos lo suficiente… ¿Estás contenta ahora?
—No me trates así… mira que yo trato de ayudarlos, incluso me lo van a agradecer en el día de su matrimonio.
—¡Sonoko!—Reprocharon al mismo tiempo.
—Por cierto, Shinichi-kun… toma.
Conan recibe extrañado un taco de hojas pequeñas azules que tienen una cara chibi de Sonoko. Y tienen escrito favor 1, favor 2… y así hasta llegar al veinte.
—¿Qué es esto Sonoko?
—Esos son todos los favores que me deberás por haberme dormido para resolver tus casos y por aprovecharte de ser un renacuajo para verme en ropa interior y desnuda.
—¡¿Qué?!—Rojo de vergüenza y molesto.
—Y me aseguraré que cada favor sea algo grande y peligroso para ti. —Jura con una sonrisa malévola.
—¡No lo haré!
—Si lo harás… o le diré a mi amado Makoto-san todo lo que me has hecho… y todo lo que has visto siendo un niño… eso sería malo, ¿No?
El detective vuelve a sentir un frío de miedo al imaginarse al príncipe de las patadas observándolo con mirada asesina y levantando el pie para rematarlo.
—De acuerdo.
—¿De acuerdo qué?
—De acuerdo Sonoko-sama.
Sonoko se cubre los labios con sus dedos mientras suelta una risa de villana victoriosa. Conan la ve con ojos asesinos por haber sido atrapado y Ran se divierte de lo lindo.
Kazuha encuentra a Heiji en una especie de gimnasio que tiene la familia Hattori y que éste usa para practicar kendo. No quiere interrumpirlo, le gusta verlo concentrado en otra cosa que no sea su fanatismo por los misterios, así que se lo queda mirando apoyada en la pared sin hacer ruido para no desconcentrarlo.
Entonces piensa en lo que sucedió anoche entre ellos, en lo que Heiji le conversaba sin sospechar que Cheetah, dentro del disfraz, estaba Kazuha.
Estaba sentada en la parte de atrás de la furgoneta aprovechando que las puertas estaban abiertas, con las piernas sacadas para afuera miraba el movimiento de los agentes custodiando el lugar ahora que el combate contra Bailys había acabado. Cheetah se toca el hombro izquierdo, herido y sangrando por culpa de una bala que se le incrustó ahí durante la pelea. No fue serio, pero le duele como cualquier lesión en los entrenamientos.
También tenía heridas en las piernas y en la frente. Son menores y espera que puedan pasar desapercibidas con maquillaje para mañana porque realmente no se le ocurre qué próxima mentira decirle a Heiji. La de caerse en la escalera ya la usó muchas veces…
—¿Estás bien?
Aquella voz la saca de sus pensamientos y se sobresalta de ver a su amigo de la infancia tan cerca. ¿Cómo se acercó tanto sin que lo notara? Bueno, eso le pasa por andar en la luna… su instructora la mataría si supiera de esto.
—Dis… ¿Disculpa? No te escuche.
—Que si estás bien.
—¡Ah! Sí… —Carraspea. —Estoy bien, gracias por preguntar. —Desvía la mirada preocupada de que la cercanía y tanto tiempo mirándose cause que Heiji la descubra.
—Tienes suerte de no tener nada serio.
—Tienes razón o no podría levantarme de la cama mañana. —Sonríe burlona.
¿Eh? Heiji se sorprende, aquel inocente gesto despierta sus sentidos de detective y no sabe por qué. Quizás…
Rayos, la he cagado, piensa Kazuha un poco asustada por darse cuenta del rostro de su amigo lleno de curiosidad y sospecha. La misma que pone cuando se enfrenta a algún misterio que llama su atención.
—¡Cheetah!—Uno de los agentes médicos la llama, rompiendo el ambiente peligroso. —Te toca, ahora puedo atender tus heridas.
La agente suspira aliviada y se pone de pie.
—De la que me salveeee. —Dice sin pensar a causa de lo aliviada que se siente.
—¿Qué quieres decir?—Preguntó Heiji extrañado.
—¡Nada, nada! Sólo digo tonterías cuando tengo mucho dolor. —Explica con las mejillas rojas de vergüenza. —Ya nos veremos otra vez Celebridad de Osaka. —Se aleja corriendo, aguantándose el dolor con tal que el moreno no siga cerca de ella y sospechando.
—De verdad que debo tener más cuidado. —Murmura bien bajito.
Heiji termina de practicar y busca una toalla, notando al fin la presencia de su amiga.
—Hola Kazuha, no te había visto. —Saluda.
—El que sea flaca no significa que sea transparente.
—Yo no he dicho eso. —Reprocha y entonces algo llama su atención. —Oye Kazuha, ¿Cómo te hiciste aquella herida?—Señalando su frente.
—¿Eh?—Se la toca, sintiendo la textura de una bandita. El día de hoy usaba unos jeans y una pollera que le ayude cubrir sus hombros, así podría ocultar sus heridas y no llamar tanto la atención, especialmente la de su amigo. —Ah, esto… estaba ayudando a mamá en guardar los platos en la cocina y me pase a pegar con una de las puertas de las repisas altas.
—Mira que serás tonta, ten más cuidado para la próxima.
Sí, para la otra le diré a Vodka que no me disparé porque tengo un amigo detective que podría sospechar… no te jodas Heiji, pensó molesta con el hombre de gafas. Por su culpa ahora tiene que andar en estas conversaciones vergonzosas con el moreno.
—¿Qué hiciste anoche que no me has llamado como prometiste?
—Lo siento, lo siento. —Apenado junta sus manos e inclina la cabeza varias veces. —Lo olvide por completo, es que surgió algo urgente.
—¿Algo urgente? ¿Te refieres a un caso?
—Así es, de verdad lo siento.
Como le gustaría recriminárselo como otras veces, pero esta vez debe ser justa con él. Si se hubiese acordado de llamarla, ella lo habría ignorado por andar de papel de agente justo al lado suyo. Además, no le puede reprochar por olvidarlo si estaban metidos en un asunto de urgencia internacional (aunque Heiji crea que ella no lo sabe)
—Por esta vez te salvas, pero a la próxima te voy a matar, ¿Quedo claro?
—Claro, claro… lo que digas. —Y apoya su mano en el hombro de Kazuha.
Justo el hombro izquierdo. El que fue herido.
—Auuu. —Se queja cerrando los ojos.
—¿Kazuha?
Mierda, hoy no es mi día de suerte. ¡¿Por qué justo tenía que tocarme el hombro herido?!
—¿Qué pasa, Kazuha?
—Nada Heiji, sólo me diste un poco de electricidad estática.
Pero el moreno no se lo cree y, para asombro de Kazuha, le baja un poco el lado izquierdo de la pollera, descubriendo vendajes blancos que ahora tiene una mancha roja en el centro. Al parecer la herida se le abrió un poco por la brusquedad de Heiji al apoyar su mano ahí. ¿Y ahora qué mentira debe decir?
—¿Qué te paso Kazuha? ¿No me digas que fuiste atacada en la cocina?
—Que va Heiji, esto me lo hice hace dos noches al evitar que un maleante ataque a una anciana… mi papá no lo sabe, no le digas o ira a acosar al ladrón.
—Hmm… —Heiji acerca su rostro al de ella, demasiado cerca, y la ve con ojos llenos de desconfianza y enojo que hace temer a la chica. — ¿No me estarás ocultando algo verdad?
—¿Yo? Que va Heiji, si te ocultará algo sería sobre tu cabeza de tamaño de Júpiter
Debería dejarlo así, todo lo que le ha dicho es verídico, nada fuera de lugar. Hay que acabar con esa discusión y que el curso de su relación sea la de siempre. Pero… ¿Qué es lo que le molesta? ¿Qué es lo que le hace presionar más de lo costumbre?
—No sé por qué… pero me estas ocultando algo importante Kazuha y no entiendo por qué no lo vi antes.
Lo sabe… de alguna forma siempre lo ha sabido pero, como Kudo, se negaba a ver esa verdad y por eso inconscientemente lo bloqueo y aceptó todas las excusas y mentiras que le decía. Quizás ahora que Ran ha revelado su identidad y le ha enseñado que todo el mundo miente ha decidido ser más atento y no ponerse más vendajes en los ojos… o simplemente ahora que una guerra ha comenzado debe estar más atento para no terminar fuera del tablero de ajedrez por un descuido.
Sonríe. Al parecer ahora es ella la acorralada en el tablero.
O quizás se cansó de fingir como él.
—Soy de la CIA… mi nombre en clave es Cheetah.
Ante tal revelación, Heiji retrocede sorprendido. La ve como si la estuviera conociendo por primera vez. En su cabeza aparece la imagen de aquella agente que le llamaba la atención por alguna razón… y ahora lo entendía. ¡Era Kazuha! Por eso los gestos le eran familiares, por eso no podía dejar de mirarla ayer cuando nadie lo notaba y por eso se le acerco preocupado al verla sentada en la furgoneta y tan herida.
—Tú… Kazuha tú…
—¡Lo siento Heiji!—Da la media vuelta y sale corriendo, ignorando los gritos del chico.
Solo quería irse, pero irse ya.
Aoko corría por los pasillos de la escuela como alma que lleva el diablo de nuevo, pero esta vez no era por culpa de Kaito, sino porque estaba atrasada. Había pasado la noche en el hospital secreto de la agencia (aprovechando que su padre iba a estar toda la noche trabajando en la jefatura) y una vez que el doctor le dijo que podía irse, partió a su casa a cambiarse con intenciones de ir a la escuela ya que no quería llamar la atención de sus compañeros, ni mucho menos la de Kaito.
Desliza la puerta con demasiada energía y brusquedad que deja el salón por un segundo en shock. Todos la ven como si fuera una especie de revelación divina que le produce vergüenza… quizás debió esperar a la hora del almuerzo.
—Nakamori-san, ¿Se puede saber qué clase de llegada es esa? ¿Tiene idea de la hora que es?
—L-lo siento sensei… tuve un accidente de camino a la escuela. —Señalando los vendajes rodeando su frente. —Tuve que pasar a un hospital a que me atiendan. —Avergonzada le entrega la autorización del director para entrar y la licencia médica, tratando de ignorar los susurros a sus espaldas.
Ya se ve luego siendo atacada por preguntas. Especialmente por parte de Keiko.
—Hmm…—El profesor revisa con detalle los papeles entregados. —Bueno, todo está en orden. Puede tomar asiento, Nakamori-san y espero que se recupere pronto de ese golpe… debió ser duro por lo que dice aquí.
Nakamori da las gracias, riendo nerviosa, y se va derechito a su asiento con la cara roja por todos los ojos en ella y los cuchicheos que no terminan. Los únicos que se mantenían en silencio pero sospechando de Aoko fueron Saguru, Akako y Kaito, pero igualmente estaban curiosos por saber de su tardanza y sobre aquel "accidente". Aoko da un largo suspiro de agotamiento apenas su trasero toca su asiento y empieza a buscar el cuaderno y estuche. Lo que sea con tal de mantenerse ocupada y no pensar en ser el centro de atención del salón ni en su trabajo en equipo con Kid para derrotar a Gin.
No… más bien, su trabajo en equipo con Kuroba Kaito.
Se paraliza un segundo al recordar tal realidad.
—¿Y a ti qué te paso?—Oye su voz a su izquierda.
Lo mira. Ese chico que está a su lado es su amigo de la infancia. Es un pervertido. Es un infantil. Narcisista. Con un ego tan potente como el sol. Caprichoso. A veces dice cosas que hieren sin pensar pero lo recompone y le perdona. Es un mago de cuarta que sólo sabe hacer trucos que le permita ver a las mujeres en los vestidores.
Es la persona que más ama en este mundo.
Y resulta que es Kaito Kid.
—Iba… iba caminando para acá cuando un hombre estaba escapando de la policía. —Habla bajito para que sólo él lo oiga y no interrumpir la clase. — Estaba en su camino, así que me empujó y mi cabeza chocó con un auto. Menos mal que el semáforo estaba en rojo o en vez de ser golpeada por el auto, hubiera sido atropellada.
—Oye pero eso es serio, deberías estar en casa Aoko.
—Estoy bien, estoy bien… fui de inmediato al hospital y me atendieron sin problema. No le vayas a decir a mi papá o puede recorrer todas las celdas de la jefatura o la ciudad buscando a ese hombre para matarlo.
Y la clase mantuvo su curso natural hasta que toco para el almuerzo. Aoko se felicitó por mantener la mente ocupada en clases y no en Kaito y Kid como la misma persona. Pero ahora que no tiene con qué distraerse, aquellos recuerdos la acosan y se siente agobiada. Y que el salón le haga preguntas no ayuda mucho, así que le pide ayuda a Saguru al tenerlo más cerca y él, gustoso bloquea la puerta apenas ella sale corriendo con su almuerzo el tiempo suficiente para perderse de vista.
Se oculta en su refugio bajo las escaleras. Aliviada empieza a comer su almuerzo, aunque sin muchas ganas por seguir "asimilando" que Kaito es Kid. Que Toichi-san era un ladrón. Que Kaito estaba entre medio de la Organización, pero ahora que Pandora ha sido destruida, él se mantendrá seguro y no volverá a robar… ¿O sí?
—¿Qué debo hacer ahora? Si le digo que sé que es Kid, tendría que probárselo y eso significa que tendría que contarle que soy la agente del FBI de anoche…—Suspira hondo. —Y más encima me siento mal de ocultarle cosas a Jodie y Shuichi…
—WHAT?! WHY?!
—Cálmate Jodie.—Rogó Jazmín nerviosa de verla tan alterada. —Ya lo dije, no quiero relacionarme más en casos de Kaito Kid.
—¿Por qué?—Le pregunta Akai y eso llama su atención.
No hay reproche, sólo simple curiosidad y eso le alegra. Aunque no lo parezca, respeta mucho a Shuichi y lo aprecia mucho como su maestro, por lo que no quiere ser una vergüenza para él. No responde al comienzo, quiere darse un tiempo para pensar en la respuesta correcta:
—Estoy en deuda con Kaito Kid, sino fuera por él, Gin habría descubierto mi identidad y en estos momentos estaría matando a todos mis seres queridos.
—But Jazmin…
—Déjala Jodie. —Akai la interrumpe para luego ponerse un cigarrillo en los labios. —Está en su derecho de tomar y dejar los casos que quiera. —Y enciende su cigarro.
Jazmín suspira de alivio, aunque por dentro les pide disculpas por ocultarles lo que sabe. No tiene la fuerza de delatar a su mejor amigo… tampoco la fuerza de visitarlo en una prisión extra especial contra magos ladrones.
—En cierto modo no mentí, pero de verdad no puedo delatarlo.
—¿Delatar a quién?—Oyó de golpe, provocando que grite del susto.
—¡Kaito!—Alegó molesta, olvidando por aquel segundo todas las preocupaciones y dudas que rondan en su cabeza. — ¡¿Qué quieres matarme de un susto?!
—Tranquila mujer. —Sin preguntar se sienta a su lado como si fuera un acuerdo silencioso al ser amigos desde pequeños. — Con que aquí estabas oculta, debí imaginarlo.
—¿Qué quieres? Si viniste a fastidiarme o a verme la ropa interior, no estoy de ánimos en verdad, así que vete.
—Amanecimos con el pie izquierdo por lo que veo.
—Por tu culpa parezco que despierto con el pie izquierdo todos los días.
—Ya, ya…perdón, sólo quería saber si estabas bien, es todo.
—Sí, si lo estoy. —Se concentra de nuevo en su almuerzo, pero en realidad ni ella se creía aquella respuesta tan vacía.
—Vamos, no seas así conmigo, dime lo que pasa.
No hay respuesta porque no sabe qué decir. Aoko se muerde el labio en un esfuerzo por no desmoronarse. Ya ha llorado demasiado en el hospital anoche mientras le daba vueltas al asunto, no necesita llorar de nuevo, ni mucho menos frente a la causa de aquel enredo en su cabeza.
Todo sería más fácil si el maldito de Gin nunca le hubiera dicho "Hijo de Kuroba Toichi". Es su maldita culpa y anhela ir tras él mientras duerme y dejarlo calvo. Si tan sólo tuviera a Furuda a su lado…
— ¿Aoko? Vamos Aoko… no me hagas preocupar tanto.
Es difícil para ella creer eso pero ahí está. Esos ojos no mienten y la sorprenden. Y verlo directo a los ojos en ese estado fue su perdición. Necesitaba soltarlo porque ya no aguanta otro secreto más. No puede ocultarle que es agente y que sabe que es un ladrón al mismo tiempo. No es justo. Aoko no es como Kaito, a él le es fácil engañarla y mentirle en su cara; a ella no, siempre le ha sido difícil verlo a la cara con cada mentira que sale de su boca.
—Kaito. —Deja su almuerzo de un lado y lo enfrenta. —La verdad es que tú eres Kaito Kid. —Dijo sin rodeos.
—¿Q-Q-…? —Al pobre casi le da un infarto. ¿Cómo es que ella…? A lo mejor es culpa del maldito de Hakuba, tramando esta trampa para separarlos y conseguir pruebas definitivas que es Kid. Debe solucionar esto rápido. — ¡¿Pero qué tonterías estas diciendo Aoko?!
—Lo que oíste, deja de fingir… ¡Deja de mentir, lo sé todo! Y si me sigues mintiendo o haciendo trucos para qué deje de creerlo… me largaré a llorar y no te lo perdonaré nunca.
Estaba tan decidida en sus palabras que tiene miedo por un segundo. Hay que hacerlo con cuidado o Aoko…
—¿Y tú como estás tan segura?
—Porque…—Suspiro, necesitaba mucha fuerza para lo que vendría a continuación. — Porque yo estaba ahí contigo en el parque peleando contra Gin.
Kaito se sorprende y queda mudo por un segundo. No puede creer que Aoko sepa de la existencia de aquel hombre que viste como un cuervo y porta unos ojos con deseo de matar.
—Tú… tú no estabas ahí, estaba…
—Estaba Jazmín… ella y yo somos una, Kaito. Soy una agente del FBI y mi nombre en clave es Jazmín.
Kaito queda en blanco, sigue sin saber que decir, por lo que Aoko lo toma como una oportunidad de hablar sin interrupción.
—Estás heridas que ves son lo que obtuve tras lo ocurrido anoche. Pero esta, la de mi pie, la que te oculte… en verdad era resultado de algo que me ocurrió en una misión. Tuve que tirarme de un precipicio y usarme de escudo para salvar a un ministro que la Organización quería matar. Tuve que quedarme en cama una semana en la casa de una amiga agente, ocultándoselo a mi padre, claro.
—¿Te lanzaste de un precipicio? ¡¿Estás loca?!—Recupera el habla y sólo le basto escuchar cómo su amiga es un masoquista.
—Lo que quiero decirte es que… no estás solo en esto, yo estoy involucrada. Bueno, no sé si lo sigues porque finalmente obtuviste a Pandora y ahora que la destruimos, ya vengaste a tu padre. Tu misión se llevó a cabo con éxito, ¿No?
—¡Tonta!—La chica se sorprende de aquel grito. — ¡¿Cómo quieres que esté tranquilo si me enteró que tu vida corre peligro en manos de ellos?!
—Kaito…—Murmuro sorprendida para luego agachar su cabeza, porque estaba comenzando a ruborizarse. Para su alivio, su móvil comienza a sonar en ese momento y da gracias a todos los dioses que existan. — ¿Diga?
—Hello Girl
—Hola Jodie… si me llamas por otra misión, comenzare a apostar que terminare inválida al finalizar la semana.
—Calm down, calm down. —En el otro lado de la línea, Jodie sonríe divertida al oír como la chica suspiraba aliviada. —Solo te llamo para decirte que Ángel y Diamante regresan mañana de su misión.
—¿En serio?—Aquella noticia de verdad le alegro aquella mañana problemáticas. — ¿A qué hora?
—A las tres de la tarde, ¿Quieres ir a recibirlas en mi lugar?
—¡Claro!—Sonríe. —Ya quiero verlas, gracias por avisarme.
—No hay de qué… bueno, ya te dejo que debo ver un asunto con Camel.
—Okay! Bye!—Y cuelga.
—¿Era uno de…?—Kaito toma la palabra, preocupado de que ella tenga que irse otra vez a enfrentar problemas de nivel global.
—Sí, quería decirme que unas amigas agentes regresan de su misión en Osaka. Eso es todo lo que te digo. —Sonríe. Al parecer, desahogarse le ayudo a ser la de antes… aunque sea un poco.
—Aoko… yo… ya que nos contamos todo, hay algo más que quiero decirte.
—¿Eh?—Le sorprende ver a su amigo está tan decidido. ¿Qué podría ser para ponerlo así? — ¿Qué ocurre Kaito?
