Hola! Como comente en el caítulo anterior, les voy a presentar mi ´primer capitulo especial de este fic, en concreto lo que paso en el capitulo 128 del anime. Es lo que paso en la muerte de Akemi en este universo en que Ran es agente. Ojala les guste.

DISCLAIMER: DC y MK son propiedad de Gosho Aoyama

Capítulo Especial 1: Buscando a Akemi.

Se supone que iba a ser un día tranquilo, pasar al banco e ir a almorzar en alguna parte, no de preocuparse por miembros de la Organización trabajando allí.

Ran le pide a Conan que espere mientras va con su papá a ver la cuenta bancaria, lo ve irse correr hacia los asientos que están frente a la atención de clientes… y ahí estaba. Usando unas gafas como si fuera la versión femenina de Clark Kent para disfrazarse, un lindo lápiz labial y mirando la hora.

Miyano Akemi.

Miembro de la Organización.

—¿Ran?—Su padre la regresa a la realidad. —¿Qué te demora tanto?

—Ah… lo siento, lo siento. —Acelera el paso para alcanzarlo, mirando de nuevo a Akemi obsesionada con su reloj de pulsera.

Eso sólo significa una cosa: problemas. Desgraciadamente ahora no puede hacer un movimiento o llamara la atención de su padre, así que lo más sensato sería esperar pero ¿Y sí Akemi hace su movimiento mientras está elaborando el tramite? Sería mejor que le envié un mensaje a…

Akemi ahora la observa, había sentido al fin que alguien la miraba pero no se esperaba que fuese una adolescente. Ambas mujeres se miran con preocupación, quizás temiendo el movimiento de la otra, hasta que al final la mayor mueve los labios para decir algo que puede percibir sin problemas gracias a su buena vista.

Lo siento… es por mi hermana.

¿Su hermana? Si no se equivoca, Shuichi le habló algo de ella. Tiene más privilegios que Akemi al ser más lista y se encarga de hacer experimentos para nada agradables. Es todo muy clasificado, por lo no hay detalles de los trabajos de la que se le conoce como Sherry, la misma Organización se encarga de ello.


Fueron los cincuenta minutos más largos de su vida, pero al fin terminaron y rápido saca su celular de agente para enviar un mensaje a Sonoko y Touya de haber visto a Akemi en el banco y parece que la Organización la está obligando a hacer algo no legal. Kogoro le preguntó de dónde saco aquel aparato si se había quedado sin celular por culpa del mocoso detective y le miente, comentándole que su mamá se lo dejo mientras espera que Shinichi le envié por correo el celular que le prometió.

Al parecer Akemi no se ha movido (o eso espera) y anda conversando con Conan como dos amigos que no se ven desde el cole. Pero Ran nota claramente lo nerviosa que está.

Aprovecha la oportunidad que le da Kogoro al andar de Don Juan con la mayor de las Miyano para arrodillarse delante de Conan y hacerle una simple pregunta:

—¿La conoces Conan-kun?

—¡Sí! Se llama Hirota Masami y lleva trabajando aquí medio año.

—Oooh… —Conque ese es su nombre falso en este lugar.

—Es muy amable con los niños.

Sí, eso es algo que Akai le gusta de ella: su amabilidad… aunque lo niegue siempre por penoso, claro. Ahora es el momento de hablar con ella…

—¡Ah!—El grito de Kogoro llama la atención de ambos y Ran se horroriza de no ver más a Akemi. —Se ha ido a almorzar… —Deja caer la cabeza, deprimido.

Tiene que salir de inmediato a buscarla. Hay algo… algo que no le gusta de todo esto. Siente… miedo. Pero, ¿Miedo de qué?

—¡Ran-neechan!

—¿Eh?—Mira a Conan, al parecer lleva un rato hablándole.

—¿Estas bien Ran-neechan?—Se le ve preocupado.

—Estoy bien Conan-kun, lo siento… tenía mi cabeza en otra parte. —Apenada, su descuido casi le cuesta. Después de todo, Conan le ha probado muchas veces lo observador e inteligente que es, capaz de darse cuenta de lo que le pasa… como Shinichi… ¡No hay que pensar en eso ahora!— ¿Qué querías decirme Conan-kun?

—Parece que el tío se va a tardar más de la cuenta, ¿Puedo ir afuera a esperar?

—Eh… sí, claro… pero mantente cerca de aquí, ¿Vale?

Así estará seguro si algo malo llegase a pasar.

El celular le suena mientras Conan se aleja, no duda en sacarlo y se siente aliviada que Touya ande alrededor. Le responde que ahora mismo ha perdido el objetivo porque se fue a almorzar, así que hay que apresurarse. Decide salir y mirar alrededor del banco, sin avisarle a Kogoro, por lo que éste la llama casi en gritos pero está tan metida en encontrar a Akemi por su extraño presentimiento que no presta atención.

—¡Ran!—Kogoro la alcanza y la toma del brazo. —Te estoy hablando, ¿Qué te ocurre?

—Yo… ¿Conan-kun?—Los dos miran al pequeño de rodillas mirando algo en el estacionamiento del banco.

No será… ¿Akemi va a robar el banco?

Se acerca al pequeño con pasos acelerados y su padre atrás.

—Hey, Conan, ¿Qué estás haciendo? —Pregunta Kogoro molesto de que lo tengan que hacer correr tan temprano.

Ran no se equivocaba. Están robando el banco. Los guardias están inconscientes en el suelo, un ladrón anda con un arma, obligando a otro guardia de ayudar al segundo ladrón en meter el dinero en una furgoneta celeste.

Y uno de esos dos ladrones es Miyano Akemi. Está segura.

El guardia nota sus presencias y pide auxilio. Los ladrones aprovechan la confusión para empujar al guardia, cerrar las puertas y salir con el vehículo a gran velocidad. Su sentido de agente le grita que busque el auto más cercano, "lo tome prestado" y vaya detrás, pero Kogoro le ordena que llame a la policía, quitándole su impulso de adrenalina y recordándole que debe andar con precaución.

Corre al interior del banco escribiendo un mensaje a sus amigos agentes luego de recibir un simple comentario "los vimos salir, vamos tras ellos". Grita a los encargados del banco que deben llamar a la policía y les explica la situación. Mientras todos se mueven, Ran se oculta en el baño y marca para hablar con una persona importante.

—¿Qué ocurre Ran?—Le responden en el segundo tono y se siente aliviada de oír su voz.

—Shu… han robado un banco… Akemi lo ha hecho.

Hay silencio al otro lado y eso le preocupa. Siendo Akai Shuichi, todos sus movimientos o actitudes significan todo o nada. Además, el tema no es de cualquier persona, sino de su novia.

—Ahora entiendo lo que tiene en mente.

—¿Shuichi?

—Akemi tiene pensado liberar a su hermana y a ella misma de la Organización y ellos le pidieron que hiciera algo a cambio.

—¿De verdad van a liberar a Sherry por unos millones? Pero ella es uno de sus cerebros princi-… oh no. —Ahora lo entiende todo.

Por eso tenía aquel miedo… la Organización no va a dar a un miembro valioso para sus experimentos, sin importar la cantidad de millones que le ofrezcan. No son honestos, son astutos y crueles como los cuervos.

Akemi va a morir.

—Ángel… tú…

—¡Shu!—Lo interrumpe, no va a escuchar nada negativo ni prohibiciones. —Se lo mucho que ella significa para ti… la voy a salvar. ¡Te lo prometo!

Le cuelga sin esperar respuesta porque no quiere oír un reproche o un comentario negativo.

Le llega otro mensaje, al parecer perdieron el rastro pero la policía está rastreando ahora el vehículo, así que planean infiltrarse entre ellos. Les asegura que se reunirá con ellos apenas tenga la oportunidad.


Ese guardia es un mentiroso.

Ran lo escuchaba atentamente y se dio cuenta que era una mentira, porque es imposible que puedan los malos disparar en advertencia si los vidrios son temporizados para proteger el contenido que transportan. Pero no puede decir algo, ya ha llamado demasiado la atención con su ajetreo impulsivo y cuando Kogoro le recriminó por haber pedido a otro que llame a la policía si tenía un celular. Tuvo que decirle que se le había olvidado por la adrenalina.

Entonces llamaron al inspector Megure para confirmar que encontraron la furgoneta de los ladrones, aunque abandonada. Sin rastro de los ladrones.

—Ran, pesca a Conan y vuelvan a casa.

—¡Hai!—Ve a su padre, a Megure y a los demás irse a buscar la furgoneta. Planea en ese tiempo cómo ir a dejar a Conan y decirle que espere a que vuelva con las compras que tiene pendientes por hacer. —Vamos Conan-kun. —Se da la vuelta…

Y al parecer su plan no será necesario porque Conan ha desaparecido. Ran se queja una vez más de lo escurridizo que es el pequeño pero luego piensa que se ha ahorrado tiempo y se le pasa.

Se acerca al guardia embustero con un vaso plástico llena de agua helada como una ofrenda de paz. Incluso le sonríe amablemente.

—Lo necesita después de tal horrible episodio.

—Muchas gracias señorita. —Toma un trago.

—Por cierto… ha tenido mucha suerte cuando dispararon la ventana. Como están temporalizadas, es imposible apuntar correctamente.

—Sí… he tenido suerte. —Evita su mirada, es obvio que se puso nervioso.

—Señor guardia, tome mi consejo y entréguese antes que lo maten. —Su sinceridad directa asusta al hombre. —La mujer que lo contrató trabaja para personas peligrosas que lo van a matar para no dejar cabos sueltos… yo que usted me voy a la policía. —Le da la espalda. —Estará en prisión pero vivo.

—¿Quién es usted? —A pesar que le da la espalda, puede notar claramente como le creció el miedo y los nervios por el tono de su voz.

—Una persona acostumbrada a luchar contra los cuervos que lo van a matar si no hace lo que le digo.

Sale del banco corriendo y buscando un número en sus contactos telefónicos. Encuentra el que busca, que sólo tiene de nombre una D y llama viendo las calles, buscando algo en específico.

—Hola Ángel. —Escucha al otro lado. —Somos los que ocupan el deportivo azul.

—Gracias Diamante. —Cuelga.

A los tres minutos encuentra el deportivo siendo usado por una castaña y un pelirrojo que usaban gafas para no ser reconocidos. Se apoya en el auto para dar un salto y caer en la parte de atrás mientras los saluda. El pelirrojo enciende el motor y emprende marcha a un escondite donde tienen cosas que van a necesitar.

—Infiltramos la orden del inspector Megure de solicitar el forense para que vayamos nosotros disfrazados de polis. —Explica el pelirrojo.

—Eso significa que tenemos que hacer su papeleo o si no van a descubrirnos. —Suspira la castaña quitándose las gafas, revelando ser nada menos que Suzuki Sonoko. —Que fastidio…—Suspira resignada y alzando los brazos al cielo, disfrutando el viento que produce la velocidad del deportivo.

—¿Por qué Shu se tuvo que ir a Estados Unidos justo ahora? —Reprocha Ángel mirando el cielo.

—¿De verdad estaba Akemi allí?

—La Organización la va a matar Diamante, la han metido en una trampa.

—¿Estás segura? Sé que sale con Akai y que es buena persona pero…

—Créeme, ella asaltó el banco creyendo que así le darán a su hermana y serian libres.

—El Jefe nunca entregaría a alguien valiosa por las buenas. —Comenta Touya observando a Sonoko por un momento. —Ángel no se equivoca en su deducción.

Llegaron a un callejón dónde hay varias fábricas cerradas. Las chicas se bajan despidiéndose de Touya. Corrieron a un edificio color gris y alzaron las rejas tipo garaje y encuentran un furgón de la policía que especifica ser del equipo laboratorio. En el asiento del piloto las espera Idun, un agente pelinegro que tiene los ojos rojos, pero ahora se les ve azules gracias a lentillas de colores, y viste el traje que ocupan los policías en la sección de laboratorios.

.—¡Ya era hora, llevamos dos minutos de retraso!—Se queja colocándose una peluca para engañar a los policías.

Las dos adolescentes corren a la parte de atrás, abren las puertas y entran. Al tener todo cerrado pegan un golpe al techo y escuchan como Idun enciende el motor y sale disparado con la alarma de la policía encendida. No se preocupa de cerrar el garaje ya que Touya lo hará antes de irse. Adentro, aparte de un equipo de investigación igualito a la de la policía, está los disfraces que van a necesitar, así que Ángel y Diamante empiezan a quitarse la ropa, la guardan en una bolsa plástica y la esconden en un cajón secreto con sus pertenencias personales. Se visten el uniforme con maestría a pesar que el conductor daba unas vueltas que a cualquier ser humano normal les haría caer por la gravedad, pero ellas están acostumbradas de tanta práctica.

—¡Se está desahogando por el retraso!—Reprocha Diamante colocándose sin dificultad sus lentillas para cambiar de color de ojos.

—Déjalo, ya nos vengaremos después. —Dice Ángel arreglando el traje para que se infle y parezca un hombre.

Llegaron por fin a la escena del crimen con los disfraces listos. Saludan al que se le presente en el camino, hacen un gesto de respeto a Megure y empiezan a trabajar.

Y ahora Ángel sabe dónde se fue Conan, el bribón se había ido detrás de Kogoro y la policía para venir. Pero ahora no debe pensar en él, sino en Akemi. En encontrarla.

Tú lo conseguirías sin problema, ¿Verdad Shinichi? Piensa con una sonrisa mientras busca huella. Tengo que encontrar a Akemi o Shuichi…


—¡Ya llegue!—Avisa Ran abriendo la puerta y cargando una bolsa del mercado.

—¡Tenemos hambre!—Se quejaron Kogoro y Conan como bienvenida.

—Lo siento, la caja registradora estaba averiada por lo que tuvieron que trabajar a calculadora y se demoraron más. —Explica mientras corre a la cocina. —Enseguida les tendré la comida, sean pacientes por favor.

Su cuerpo se mueve en forma automática en ponerse el delantal y trabajar ya que su mente sigue pensando en el caso, preguntándose dónde se encuentra Akemi. No anda en ninguno de los escondites que conoce por Akai, ni siquiera se encuentra en el piso que ocupa el agente. Y al parecer el guardia no se ha declarado culpable así que es cuestión de tiempo a que lo maten si no lo hace ahora.

Lo siento Shinichi, sé que en tu lugar irías donde ese hombres y lo llevarías a rastras si es necesario, pero él no es mi problema ahora. El tiempo corre y… sus manos detienen el movimiento de pelar un tomate, soy lo peor, ¿No?

—¿Ran-neechan? —La chica agacha la mirada para ver a Conan, sorprendida. —¿Estás bien?

—Sí… claro, Conan-kun. Sólo pensaba en el incidente del banco.

—Hhm… ¿Te puedo ayudar Ran-neechan?

—Claro, ¿Podrías llevar el hervidor para calentar el agua? Y luego pelar esas zanahorias de allí. —Señalando con el cuchillo.

—De acuerdo. —Agarra el hervidor pero antes de llenarlo de agua, vuelve a ver a Ran, notando otra vez lo distante y triste que se encuentra.

Ran. ¿Por qué esta así? ¿Acaso es por su culpa otra vez? Debería llamar pero… hay algo, algo más que no puede descifrar.

Luego de haber cenado, Ran se fue de inmediato a bañar, ni siquiera se preocupó de lavar los platos, alegando que lo haría mañana. Eso extraña a su padre y le pregunta si se encuentra enferma, a lo que ella asegura que sólo está cansada.

Sale del baño y le sorprende pillar a Kogoro con los ojos cerrados y descansando en el sofá con una bolsa en el suelo. Echa un vistazo en la cocina y ve que los platos están limpios. ¿Acaso…?

—¿Papá?

—Si estás cansada duerme ya que no quiero que resfríes mañana. —Es la orden que da con un tono seco y directo.

Si es lo que creyó. Sonríe feliz, al fin una sonrisa verdadera después de todo lo que ha pasado. Se acerca a su padre y le da las buenas noches con un beso en la frente. Quiere ahora mismo llamar a su mamá y contarle sobre aquello, no se lo va a creer…

A las cinco de la mañana su celular de agente vibra bajo su almohada y no se demora en contestar, después de todo no estaba durmiendo muy bien con sus preocupaciones acosándola.

—¿Qué pasa Touya? —Y suelta un largo bostezo.

—El guardia que fue cómplice del robo ha sido asesinado.

—¿Qué? —El sueño desaparece de inmediato ante tal noticia.

—Sí, también el ladrón cómplice de Akemi, se encontró en su habitación y fue hallado un pintalabios que coincide con la marca encontrada en la gorra.

—Gin y Vodka ya están haciendo su movimiento.

—Sí, al parecer van a incriminarla y así, cuando la encuentren muerta…

—… van a creer que fue un suicidio. —Mueve la cabeza en negación. —No… no debo permitirlo. Hay que encontrarla…

—Ángel…

—No Touya. Se lo prometí a Shuichi, le prometí que la encontraría y protegería de ellos… no voy a fallar.

—Pero no puedes impedir los deseos de Akemi.

—Matarse no va a conseguir un mundo feliz con su hermana. Viva sí.

—Pero…

—Gracias por llamar y sigue tratando de encontrar su escondite. —Lo interrumpe. — Prueba con el nombre que usó en el banco para trabajar: Hirota Masami.

Se oye un suspiro al otro lado de la línea. —De acuerdo Ángel, pero… no te derrumbes.

—Gracias por preocuparte. —Agradece para luego colgar.

Deja el celular sobre las sabanas y, aún de rodillas, agarra su almohada para aferrarse como una niña con su peluche favorito. Ve la fotografía que descansa en su ventana, en dónde sale ella con Shinichi en el Tropical Land, aquel día que lo vio por última vez.

Tengo que encontrarla… si tan sólo pudiera pedirle ayuda a Shinichi… ¡No! Yo debo hacerlo, lo prometí…

Ran tarda en darse cuenta que está llorando.


No presta mucha atención a la noticia que da Kogoro sobre los asesinatos y la culpabilidad definitiva a Hirota Masami al haberse enterado ya en la madrugada. Avisa que piensa salir con Sonoko a ver las ofertas en las tiendas como una excusa para ir a trabajar.

Va a dejar los platos a la cocina y lavarlos cuando escucha a Conan despedirse antes de salir. Tiene un mal presentimiento al respecto pero de inmediato le echa la culpa a sus ataques de pánico por andar obsesionada en encontrar a Akemi. Conan es un niño, no hay posibilidad que se meta en problemas… pero Akemi sí.

Al salir de su casa se pone unas gafas de sol y un sombrero de ala ancha para pasar desapercibida. Luego de varias cuadras, encuentra un auto plateado estacionado, justo igual a la foto que recibió en la mañana. Saca de su cartera las llaves del auto que le enviaron en un sobre café en el buzón y acciona la alarma, sonriendo de oírlo desactivarse.

—Muchas gracias Touya. —Dice mientras abre la puerta y entra.

Conduce varias cuadras para llegar a un estacionamiento subterráneo. Necesita la oscuridad para poder cambiarse sin espectadores. Se cambia el vestido azul por unos jeans y pollera, se quita el sombrero para hacerse un moño y colocarse una peluca rubia y para finalizar, se pone unas máscara como las que usa Kid para cambiar su cara y tener un aspecto de extranjera.

—Perfecto. —Dice con acento ruso. Agarra el celular para leer una vez más la dirección que le enviaron junto a la foto del auto. — ¡Bien! Ahí vamos.

Enciende el auto y parte a su misión.

Luego de veinte minutos manejando (gracias a que aceleró más de la cuenta), llegó al edificio que encontró en el Google Maps al rastrear la dirección. Paso de largo si unas tres cuadras para no ser descubierta en caso de ser observada. Salió con un mapa turístico en las manos y miraba el entorno extrañada, concentrada en su papel de teatro improvisado.

Mira el edificio donde reside Akemi y su mapa constantemente, haciendo creer que está verificando si es así dónde tiene que ir la extranjera. Quizás a encontrarse con un amigo pensarían los demás.

Pero no se imaginarían que ese "amigo" sea la mujer de cabello marrón que se cruza frente a ella.

—¡Akemi!—Aliviada de verla, le impide el paso. No pierde su acento de rusa para mantener el papel.

—Disculpa, no te conozco y tengo…

—Si me conoces, sólo cambie el look… soy la que acompaña a aquel pequeño de gafas.

—¿Pequeño… eres Ángel?—Sorprendida.

—Sí… y ahora te voy a llevar a un lugar seguro. —La agarra de la muñeca. —Te he buscado por todas par-…—Se interrumpe al sentir como su objetivo tira de su mano. —¿Akemi?

—Lo siento Ángel, pero tal cómo se lo dije a Dai-san, esto es algo que tengo que hacer.

—¡No seas tonta! ¡Te van a matar, no te van a entregar a Sherry! —La agarra de los hombros. —Solo conseguirás estar en un matadero.

—Yo también tengo mi carta maestra, así que es imposible que Gin y Vodka me maten.

—Aquel sádico maldito no cambia de opinión jamás, ¡Se razonable!—Akemi nota como le presiona los hombros con más fuerza, el temblor en sus brazos y el ruego en sus ojos.—Le prometí a Shu que te encontraría y protegería hasta que regrese en unas horas… por favor, sé razonable… de seguro lo haces porque él no está para detenerte. Te ama, no lo destruyas con tu muerte… déjame salvarte.

—Ángel…

—Yo sé lo doloroso que es estar lejos de tu ser amado. —Dice pensando en Shinichi. —No sabes qué está haciendo… si se está cuidando bien… si no se ha metido en problemas… es tan… desgarrador… ¡Pero lo que yo siento no se va a comparar con lo que sentirá Shu si tú mueres!—Sus parpados presionan con fuerza y unas lágrimas solitarias caen. —Por favor… Akemi…

La mujer mayor se queda mirando a la agente con ojos llenos de asombro. Es sólo una adolescente y pasa por tanto… alza las manos y, para sorpresa de Ángel, las usa para tomarla del rostro y usar los pulgares para limpiarle el rostro de las lágrimas.

—Gracias Ángel… y sobre tu persona amada, es un idiota por perderse a tal fabulosa mujer. ¿Pero sabes? Yo también amo mucho a Dai-san. —Sonríe muy contenta de dar aquella revelación. —Pero por mucho que lo ame, si yo no voy a enfrentar a Gin y a Vodka… será como si hubiese abandonado a Shiho… por eso debo ir… ¿Y podrías decirle a Dai-san que lo siento mucho? Al final no estaré en nuestra cita de aniversario como prometí… aunque pensándolo bien, sería demasiado pedirte tal requisito.

Las lágrimas regresan, está vez en abundancia, y siente un nudo en la garganta. No sabe por qué, ni ella lo entiende, pero con la voz ronca y baja pide disculpas a Shuichi y acepta dejarla ir, que la entiende. Por eso la abraza con todas sus fuerzas, porque sabe que será la última vez que la verá.

Lo que Akemi no sabe es que aprovecha para esconderle en su saco un pequeño transmisor para seguirle el rastro. Porque no importa si la va a dejar ir, no ira sola.

Todavía tiene una oportunidad.

—Gracias Ángel.

—A cambio… ¿Te puedo pedir una condición?

—¿Condición?

Ángel se lo susurra en el oído, sorprendiéndola.

La deja partir. No pierde de vista sus movimientos, por lo que nota como algo cae del cielo para pegarse en el auto de Akemi. Alza la vista pero no ve a nadie, por lo que se pregunta si habrá sido su imaginación. Pero ahora mismo no es tiempo para eso, los segundos son importantes o si no…

Corre a su auto, maldiciendo la precaución por haberlo dejado a tres cuadras, se sube y pesca el celular que dejo en la chaqueta. Mientras busca el número, algo a gran velocidad paso por su derecha, obligándola a alzar la vista, pero sólo ve un rastro de humo. ¿Qué habrá sido eso?

—¡Diamante!—Enciende el auto y parte a gran velocidad. — ¡Le instale el rastreador, indícame por teléfono por donde se mueve! ¡Gin y Vodka estarán ahí también!

—¡¿Por qué no has avisado antes?! ¡Maldición Ángel!—Se escucha el acelerado sonido de las teclas gracias a la velocidad de los dedos de Diamante sobre un teclado de computadora. —Ya la tengo fichada, sigue mis indicaciones con cuidado.

—De acuerdo, por mientras avisa a los otros. —Se mete en la oreja un audífono para la sordera, pero éste es no es para sordos, sino para hablar por teléfono como manos libres.

Las indicaciones de Diamante la llevaron a una bodega deshabilitada. Se baja un poco lejos por precaución. Necesita mucho de eso si va a enfrentarse a Gin. Encuentra el auto de Akemi estacionado y una patineta familiar… ¡La patineta de Conan!

—Mierda. —Se queja en voz baja alzando su pollera por la espalda para sacar su pistola que cuelga en los jeans. —Si Gin le ha hecho algo lo castro… total, le hago un favor a la humanidad.

Se apoya en la pared, cerca de la entrada y, con cautela, saca la cabeza para ver el interior.

No está Gin ni Vodka.

Pero si esta Conan sosteniendo a Akemi cubierta de sangre.

—¡No!—Grita sin pensar, corriendo a los dos mientras guarda su arma antes que Conan lo notase. — ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien pequeño? —Da gracias de recordar mantener el acento ruso o Conan se daría cuenta de su identidad por la voz.

—Señora… ¿Quién eres?

Ángel nunca había visto a Conan así, tan perdido y fracasado… parece un adulto. No. Parece… se parece a Shinichi…

—Me he perdido, como notaras no soy de aquí… pero espera que voy a llamar a la policía y a una ambulancia.

Estas pensando en tonterías Ran… Ya has comprobado que Conan y Shinichi no son la misma persona… sólo estás… derrumbada.

Te he fallado Shuichi.

—Ella está muerta. —Declara el niño.

—Lo siento mucho niño. —Le toca el hombro. —No te vayas a ningún lado mientras llamo a la policía. —Sale corriendo o se va a desmoronar ante Conan.

—Ángel. —Escucha en su oreja la voz de su amiga y colega. —Jazmín va a infiltrarse en la morgue de la policía para sacar el cuerpo de Akemi. Mientras voy a tratar de rastrear a Gin y Vodka… creo que obtendré algo.

Ángel mira otra vez el auto de Akemi y nota que algo falta.

—Diamante, dile a Jazmín que vaya a la morgue con un repuesto.

—¿Qué? ¿Un repuesto de qué?

—Ella sabe, sólo apúrate.


Gin y Vodka descansaban en un bar, tomando algunas copas mientras esperaban su aperitivo. Estaban en absoluto silencio, de vez en cuando viendo algún correo en sus celulares.

Una camarera pelinegra, de ojos café y radiante sonrisa, hacía lo mejor limpiando los vasos a pesar de trabajar en un ambiente… demasiado masculino. Incluso le salía un tarareo de vez en cuando. Triunfal deja el último vaso en su lugar, satisfecha de su pequeño logro de tener los vasos listos para la hora en que se vuelva más ajetreado.

La puerta que da a la cocina se abre y sale un señor vestido de cocinero, ofreciéndole una bandeja con dos platos de comida para los clientes de sacos oscuros. La camarera lo recibe y se acerca a los clientes sin dejar de sonreír.

—Gracias por esperar. —Dice para luego dejarle a Gin su plato y después a Vodka. —Disfruten de la comida.

—Gracias. —Dice Vodka sin ganas, a diferencia de Gin que prefiere mantener el silencio.

—Por favor, avisen si necesitan algo más. —Les da la espalda y regresa a sus quehaceres.

Todo se mantiene en un rumbo normal en aquel lugar hasta que el teléfono del local suena.

—¿Diga?—Pregunta la camarera apenas contesta. —Sí… ¡Oh! No se preocupe, le digo de inmediato. —Alza la cabeza para ver a sus dos clientes madrugadores. —Disculpe… ¿El señor del pelo largo?—Gin alza la vista y la ve como si estuviera ante un animal de laboratorio pero ella no se deja intimidar. Será que es valiente o bastante ingenua. —Una señorita lo busca en el teléfono.

Gin se pone de pie, ignorando la preocupación de Vodka. Lo más probable es que sólo sea Vermouth para fastidiarlo un rato. Maldita mujer odiosa y sus habilidades para encontrarlo aún si están en diferentes países. Acepta amablemente el teléfono (algo raro en él, quizás no quiere llamar la atención siendo brusco) y acerca el auricular a su oreja.

—Good Night Gin.

—¿Por qué tengo la seguridad de que no eres quien creo?

—Do you miss me?

—Hello Angel.

—I take that like a "yes"

—How do you found me?

—Like Vermouth said: a secret makes a woman, woman.

—So sad… I like the food here, but for you now I'm going to leave.

—Maybe I walk there some day then. What do you think? You and I… drink one cup or two… with a bullet in your skull.

Aquella invitación le ocasiona gracia a Gin que no contiene una carcajada. Le encanta estas pláticas con Ángel que a veces admite que será toda una lástima cuando la mate y ya no tenga con quien entretenerse.

—Why you call me?

—Because you kill Akemi.

—I see… you want revenge.

—I know revenge doesn't give back Akemi from the death and I know Akai will kick your ass when he comes Japan. But… at least I'm going to enjoy your pain. Bye, bye and kisses.

Y se escucha vidrios hechos pedazos.

Sorprendido, Gin cuelga y sale con paso acelerado al exterior, encontrando a su amado auto clásico sin un cristal y con varios choques. Vodka salió detrás de él y quedo igual de asombrado. El más alto camina a su vehículo sin perder la calma a pesar que desea matar al primero que se le atraviese, encontrando algo sobre el asiento del piloto.

Una nota.

Una maldita nota con la forma de un ala.

Estamos a manos por ahora.

Ángel.

Es todo lo que dice.

—Maldita. —Arruga el papel con rabia pero sus labios dibujan una sonrisa malvada llena de excitación.


Son las dos de la mañana cuando Ran sale de su casa desde la ventana de su dormitorio. Con acrobacias dignas para una película de acción, consigue tocar tierra sin despertar a nadie. Corre al punto de encuentro aún con un sentimiento de satisfacción de haber hecho enojar a Gin al averiar su auto bien feo. Es algo que no se puede conseguir todo los días.

Pero como ya sabe, no va resolver la inutilidad que siente por haber fallado.

Se detiene y respira hondo, no va a llorar de nuevo, no ahora con una junta con sus colegas agentes. No quiere preocupar a sus amigos con aquellos ánimos bajos que tiene. Es su problema después de todo, hizo una promesa riesgosa creyendo ciegamente que lo conseguiría… pero no, la realidad le probó otra vez que hay riesgos, o matas o te matan. No todos son cómo Shinichi, quien por alguna razón siempre conseguía resolver los casos más peligrosos sin que el culpable termine muerto.

Si nosotros, los detectives, dejáramos que los culpables mueran… no seriamos diferentes de ellos… es lo que dice siempre.

—Vaya… este caso me ha hecho pensar demasiado en él… ¿Por qué diablos no llama más seguido? Así dejaría de estarme preocupando tanto… tal vez lo llame yo mañana… y le exigiré que ya me entregue mi celular. —Emprende de nuevo la marcha. —Aunque tú también estarías decepcionado de mí si supieras lo que he hecho como agente, ¿No?

Al fin llega a la plaza y ya está esperando la agente Jazmín y al parecer está sola. Jazmín y ella no sólo son conocidas por haber sido entrenadas al mismo tiempo por Akai Shuichi, sino también por ser bastante parecidas físicamente que podrían pasar de gemelas. Las mismas facciones faciales, los mismo zafiros de ojos y el mismo largo de pelo chocolate, aunque Jazmín lo tiene en un look despeinado que le queda bien. Viste unos pescadores color crema, zapatillas rojas especiales para hacer alpinismo (de seguro para escalar por su casa como ella misma lo hizo hace una hora) y una blusa del mismo color de sus ojos, sin mangas y con sólo tres botones en el centro, por lo que se le ve el ombligo y un atractivo escote que da la ilusión de tener los pechos más grandes.

—Pensé que no te preocupaba ser plana Aoko.

—¡Mooo, Raaaaaaan! —Reprocha al mismo tiempo que se levanta de la banca.

—Perdón, perdón… ¿Y tu novio no ha visto tal ropa?

—¡Ya te dije que Kaito no es mi novio!—Roja como un tomate. — ¡Ya te está pegando la maldad de Sonoko! ¡No estoy interesada en un pervertido niñato con un ego que puede competir con el largo de la muralla China! ¡Además…! —Se interrumpe y su cara arde más todavía si es posible. —Él no me tomara en serio aun si fuese tan pechugona como tú… sólo soy la amiga con la actitud de un ogro…

— ¡No soy tan pechugona! —Igualmente mantiene el buen ánimo y se sienta. —No conozco al tal Kuroba pero creo que siente algo por ti.

—¿Cómo puedes estar segura de eso?

—Porque sería un idiota si no se fijara en lo maravillosa que eres. —Le regala una sonrisa radiante que hace ruborizar a su amiga de vergüenza. —Y si realmente no lo nota, ni modo, él se lo pierde.

El rostro de Kaito invade la mente de Aoko y, llena de vergüenza, esquiva la mirada de su amiga y colega.

—Por cierto Jazmín… ¿Conseguiste cambiar los cuerpos?—Ran decide volver al tema principal para ayudar a Aoko, ya ha sufrido demasiados ataques de vergüenza en quince minutos.

—¿Qué si los cambie?—Suelta un bufido en señal de molestia. — ¡Por supuesto que sí! ¿Por quién me tomas? Pero… ¿Tienes idea de lo complicado que es encontrar un cadáver idéntico a Akemi físicamente para poder disfrazar y hacer el intercambio? Aun cuando contamos con una morgue con cadáveres de criminales para casos así…

—Lo siento, venías llegando de una misión en Francia y te di más problemas.

—Olvídalo, es lo mínimo que podía hacer por Shuichi. —Suspira hondo y deja caer su peso en el respaldo del banco. —Míranos, menudas aprendices somos, él ha hecho tanto por nosotras y ni siquiera pudimos salvar a su novia.

—No digas eso Jazmín, yo soy la única que debería sentirse así. Yo estaba en la ciudad, a ti te mandaron a investigar en Francia si Chait Noir era de la Organización o no… tú no sabías que iba a pasar esto. En cambio yo…

—Tú tampoco lo sabias… la única diferencia es que tú estuviste aquí y trataste. Yo ni siquiera hice algo

—¿Lo viste? ¿Viste a Shu?

—Sí… lo oculta bien pero está destrozado… a pesar que venía llegando, tomo su coche y se fue a su piso. De seguro a pasar las penas con lágrimas y alcohol como en las pelis.

—Mientras no sea con un cuchillo en las venas, todo bien. —También deja caer su peso en el banco para mirar las estrellas. —Oye… ¿Crees que hicimos lo correcto?

Jazmín entiende el mensaje oculto de aquella pregunta.

—Eso quiero creer Ángel… por Shu.

—Sí… pero aun así me siento como una traicionera.

—Ya verás que cuando lo sepa todo nos va a felicitar de ser tan manipuladoras que hasta él cayo.

—Supongo que tienes razón. —Murmura y gira su cabeza a la izquierda para contemplar a su amiga. — ¿Cómo hiciste el intercambio de cuerpos?

—Todo fue muy fácil Ángel. Una vez que elegí el cuerpo idóneo para reemplazar el de Akemi, lo metí en una máquina de rayos uva para que tuviera la temperatura necesaria para poder hacerle los retoques. Le coloque en la muñeca uno de los inventos de Melina para que se mantenga en la temperatura adecuada a cada instante y luego lo metí en una de las bolsas de cadáveres de la policía. Me disfrace de un doctor forense y Yokko e Idun de conserjes para meter el cuerpo dentro de un cubo de basura con ruedas y aparentar ser dos simples tipos que están limpiando. El doctor Shiba, quien es el que reemplace, ya estaba entretenido gracias a Touya, así que no tuve ningún problema de entrar, sacar el cuerpo de Akemi con Idun, poner el falso exactamente igual al real, le quite la pulsera, Yokko hackeo los datos de ADN que podrían haber de Hirota Masami o Miyano Akemi y del cuerpo falso para que cuando le hagan pruebas, se compruebe que es ella y no una impostora… y el final salió tal como planeamos tú y yo.

—Sorprendente Jazmín, te has lucido.

—Lo sé… ojala este fuera uno de los temas de conversación en la escuela… así Kaito lo pensaría cien veces antes de meterse conmigo.

Ángel se echa a reír al imaginárselo. De seguro todo el mundo le tendría miedo con aquella habilidad de matar y no ser jamás descubierta.

Escuchan un silbido, señal de que los otros han llegado. Las dos miran en la misma dirección a Sonoko saludando con la mano alzada y acompañada de los chicos.

—Un día… —Dice Ángel de pronto, bajo para que Jazmín sea la única que la escuche. —cuando todo acabe y encuentre a Miyano Shiho… y esté a salvo de la Organización… la voy a reunir con su hermana.