Hola! Al fin termine de re-escribir este capitulo!

Prometo que ando en ello de escribir otra vez, pero voy a paso de tortuga y de a poco. Ando un rato aqui, otro en Destino de la sangre 2 y en Ying y Yang cuando ando en la micro (autobus o guagua) para ir al trabajo. Así que la intension es lo que cuenta! XD (SPOILERS: también estuve haciendo algo con Arual12 que sabran la otra semana XD)

Espero que les haya gustado el capitulo especial de este fic que subi anteriormente. Los capitulos especiales no solo son para leer la vida de Ran como agente, sino también para explicar de forma más larga como llego a dejarlo. Ojala los aprecien también.

Ya explicado aquello, les dejo el capitulo

Capitulo 22: La Organización da más trabajo.

Respira hondo y la mira fijamente a los ojos. Es ahora o nunca.

—Lo que quiero decirte es… — Su cara ya empieza a hervir y se ve obligado a desviar la mirada y toma aire.

—¿Sí? — Confundida y por una razón extraña se estaba sonrojando al verlo así.

—¡Quiero decirte que…! — El potente ruido de la campana calla sus palabras y le provoca un susto de muerte.

Aoko, con el corazón acelerado pero su cara ya recuperando el tono natural, mira la dirección en donde está la campana sonando. Suspira hondo, no ha alcanzado a comer y ahora tendrá que tragar como un cerdo mientras camina a su salón.

—Hay que regresar a clases, me lo cuentas después. — Decide mientras se pone de pie. — Apresura Kaito. — Empieza a caminar y comer.

No se da cuenta que su amigo de la infancia la mira furibundo y con ganas de golpear a alguien. Ojala Hakuba lo provoque, así tiene la excusa para darle su merecido.

—Sí, sí…ya voy.


De vuelta en Osaka, Kazuha intentaba concentrarse en su entrenamiento como agente. Estaba en una de las salas de tiros de la CIA de Osaka. Disparaba a todos los objetivos que se le cruzaba con maestría, pero su mente seguía pensando en lo ocurrido esta mañana con Heiji. Sabe que estar ahí encerrada todo el día es un acto de cobardía pero no tiene la suficiente madurez para saber que debe hacer. ¿Por qué no existen manuales en la agencia que te diga que hacer si tu mejor amigo descubre que es agente?

Finalmente se dio por vencida al ver que son casi las once de la noche, la mayoría de los civiles duermen a esa hora, así que no hay nadie que intervenga su camino de vuelta a casa, ni siquiera Heiji. Estará tan agotado que de seguro ronca en su cama. Se toma un baño en las duchas, se vistió, seco el cabello y, una vez lista, se despedía de los agentes que pasaban por su camino y se fue rumbo directo a su casa.

Al estar a dos cuadras de su destino, el corazón se le paraliza al ver frente a ella a un moreno que conocía bien: Heiji Hattori. Intento escapar, alejarse de esos ojos iguales a los suyos dando media vuelta y buscar otra ruta para llegar a la casa. No le importa si debe estar saltando techos con tal de no enfrentar al moreno. Pero al parecer tiene tan mala suerte y el detective adivino sus intenciones porque la tomo de la muñeca antes de que hiciera un movimiento alguno.

—Déjame. — Reprocha.

—Tenemos que hablar Kazuha.

—No tengo madures para esto, así que suéltame.

—Kazuha, deja de huir ya. — La enfrenta con esos verdes que arden tanto de molestia y determinación que asusta a Kazuha más que a esos psicópatas que se ha entrometido en su camino durante las misiones. — ¿Por qué no me dijiste sobre esto?

—Porque los agentes generalmente no revelan sus identidades Heiji.

—¿Y?

—Y nada mas… ¿Acaso no ves las pelis? —Suspira en señal de rendición. — Si te lo decía te enfurecerías por haber tomado este camino… pensé que me dirías que lo dejara y eso no quiero. — Por supuesto no iba a admitir que también lo hacía para protegerlo. Ni muerta.

—¡Tonta! — Kazuha se sobresalta y lo mira sorprendida. — Claro que eso me molesta, pero no puedo obligarte a hacer algo que no quieres hacer.

—Heiji… — Una pequeña sonrisa estaba empezando a asomarse. — Yo…

—Eso sí. — La corta. — Me sorprende que la CIA acepte a gente como tú, de seguro pensaron que pondrías a los malos inconsciente con esa voz de pito que tienes.

La sonrisa desaparece.

—¡¿Qué dijiste Heiji Hattori?! — Preparando su puño para golpearlo.


Al día siguiente Ran, Sonoko y Conan estaban en el tren de vuelta a Tokio, esperando con impaciencia llegar, especialmente el pequeño porque finalmente volvería a ser Kudo Shinichi y esa felicidad no paso desapercibido para Ran, quien al notarlo, dirige su vista hacía la ventana para sonreír levemente y con ironía.

Sonoko, con los ojos clavados en su celular para oír las noticias "falsas" que dejaron para cubrir el incidente de Osaka, se percata que el celular de su amiga vibra. Se lo hace saber al captarla tan concentrada en el paisaje. Ran pesca el aparato y sonríe al ver que es Akai con un mensaje.

—Shu avisa que Aoko-chan nos va a recibir en la estación de tren.

—¡Fantástico! — Celebra Sonoko. — ¿Crees que podamos las tres ir de compras luego?

—¿De verdad Sonoko? ¿Esa es tu preocupación con una Organización queriendo dominar el mundo?

—Oye, eso no nos impidió antes ir a comprar zapatos nuevos. ¿Recuerdas lo de India?

—Específica que hay cuatro anécdotas.

—Ran. — Las dos mujeres observan al detective encogido, extrañadas. — ¿Qué tan bien conoces a Akai?

—¿Por qué lo preguntas?

—Porque esta celoso. — Responde Sonoko burlona.

—¡No es por eso!

—Aja, lo que digas.

—No lo molestes Sonoko. — Le pide su amiga y mira a su amigo de la infancia. — Shuichi es mi maestro superior. Él me formó como agente.

—Pensé que fue Jinno. — Dice pensando en el agente de la gorra y con sus labios siempre ocupado con un cigarrillo. Es muy raro imaginárselo como… un profesor.

—Jinno forma a todos en los campamentos, nos enseña lo básico y nos observa para analizar quien es apto de enseñarnos al… "graduarnos" del campamento. — Sonoko se encarga de darle la clase exprés. — Y no… no me enseño a mí.

—¿Jodie?

—No… mi mentor es… — Se interrumpe y se queda pensando en el asunto. — Es mejor que no lo diga. Las paredes tienen oídos y él se encuentra en una misión delicada.

Cuando finalmente estuvieron en Tokio, bajaron con sus maletas y comenzaron a caminar hasta que oyeron una voz llamando al par de agentes a gritos. Miraron los tres hacía donde provenía los gritos y vieron a una chica al estilo peleadora: vendas en vez de calcetines cubriéndole las piernas hasta las rodillas, un short corto negro al estilo jeans y una pollera con mangas hasta los codos, suelta y le dejaba mostrar el ombligo. Y tenía un gran parecido con Ran.

—¡Aoko! — Gritaron emocionadas mientras la mencionada la abraza a ambas a la vez

—¡Bienvenidas! — Soltándose del abrazo sin dejar de sonreír. — ¿Cómo estuvo Osaka? ¿Me trajeron algún recuerdo? ¿Combates emocionantes?

—Claro que te compramos algo. — Respondió su igual.

—Hubo asesinato, cacería, robo, infiltración y combate de disparos. — Finalizo Sonoko

—Genial, Jodie me estuvo contando que atraparon a Bailys finalmente… ¿Y quién es el niño? — Pregunta al darse cuenta de su presencia.

—Aoko, él es Bala Plateada. — Presenta Ran.

Aoko mira al pequeño con nuevos ojos, jamás se espero conocer a tal celebridad de todas las agencias del mundo. — ¿Él es Bala Plateada? — Se arrodilla para ponerse a su altura con una sonrisa de emoción. — Es un placer.

—I-igualmente… creo. — Extrañado de verla tan emocionada. ¿Qué estarán hablando de él en el FBI?

—Deberías irte Shinichi. — Aconseja Ran, llamando la atención de todos. — Entre más pronto vayas con Ai-chan, más pronto serás tú otra vez.

—Pero…

—Tranquilo, le diré a papá que encontramos a tus padres en Osaka y volviste con ellos. — Sonríe.

Luego de pensarlo un momento, él le encontró la razón y le prometió un "hasta luego". Se separaron y tomaron sus propios caminos. Conan hacía donde el profesor y el trío de agentes hacía la casa de la morena.


Cuando Conan llegó a la casa del profesor, no sólo lo encontró a éste, también estaban sus amigos de la escuela primaria.

Al verlos se da cuenta que ya no podrá estar con ellos. Por fin será Kudo Shinichi y ya no pondrá a esos chicos en peligro. Ellos seguirán con su vida sin Conan.

Tendrá que decir adiós.

—¡Conan-kun! — Ayumi sonríe al verlo.

—¡Ya regresaste! — Exclama Mitsuhiko.

—Pudiste haber avisado y hubiéramos preparado comida. — Reprocha Genta.

—Tú sólo piensas en comer. — Se queja Ai con un suspiro.

—Lo siento chicos, pero me voy a volver a ir. — Se disculpa Conan y sus oyentes se asombran. — Voy a regresar con mis padres.

Agasa y Haibara comprendieron de inmediato a lo que se refería en realidad pero se mantienen en un papel de ignorantes sorprendidos.

—¡¿Qué?! — Gritaron los tres niños.

—¡Explícate mejor Conan! — Exige Genta.

—Es demasiado abrupto. — Se queja Mitsuhiko, triste.

—No… — Ayumi derrama lágrimas hasta el punto de ponerse a llorar.

Conan se acerca a su amiga y la toma de los hombros para llamar su atención. Le sonríe amablemente, como también a los chicos.

—No tienen que ponerse así.

—¡Pero…!

—Somos la Liga Juvenil de Detectives, ¿No? Les prometo que nos veremos de nuevo.

En todo ese tiempo, Haibara sólo miraba la escena, preguntándose si debía también despedirse o permanecer en esa forma hasta que la Organización sea derrotada en el Paradise. Porque una cosa es que Kudo se aparezca frente a ellos… ¿Pero al lado de Shiho Miyano? Sería como provocar el Apocalipsis.

Mira entonces a Ayumi, recordando el día en que le dio valor para no esconderse en el programa de testigos. Esa niña de siete años fue muy firme en su palabra de no huir y enfrentar al asesino con sus pequeñas garras y dientes; muy diferente a ella, una joven de diecinueve años que prefiere esconderse como las ratas hasta que el peligro cese, consciente que no tiene ni una posibilidad… pero ese día comprendió por fin que no estaba sola, que contaba con personas preciadas, y debía pelear por protegerlos y a sí misma.

—¿Y bien? — Dice luego de horas, cuando los chicos se fueron de vuelta a casa. — Si has dicho todo eso es porque has ganado la apuesta en Osaka.

—Sí… — Le llama la atención la científica la cara que pone Conan: para nada contento. Y eso es bastante extraño. — Aquí está la formula.

Agarra las hojas y le echa un vistazo, asintiendo de vez en cuando un ingrediente le sonaba o era correcto. Su mente ya empieza a trabajar, dando un resultado positivo que la hace sonreír. — Todo esta correcto.

—¿De verdad Ai-kun? — Pregunta el profesor mientras se arrodilla tras de ella para ver también.

—Sí, con esto y mis avances, debería tener la formula en unas horas.

—¡Eso es fabuloso! — Celebra Agasa.

En cambio Conan, agacha la mirada, lleva las manos en los bolsillos y camina hacia la ventana con una mirada melancólica que llama la atención de los otros. ¿Por qué no está saltando de felicidad luego de tanto tiempo fastidiando por una cura?

—¿Shinichi?

—Kudo-kun… ¿Quién era Ángel?

Su pregunta provoca que el encogido detective sonriera con ironía. — Ran.

Su audiencia se sorprende— ¡¿Qué?! — Exclamaron pensando en la susodicha.

—Lo que oyeron. — Al fin se digna dejar de darles la espalda. — Pero no hablemos más de eso, ahora lo importante es que tenemos los ingredientes. — Fija su atención en la científica encogida. — Entenderás que ahora más que nunca necesito ser yo otra vez.

Haibara se lo queda mirando un rato y luego a los papeles. — ¿De verdad crees que un detective impulsivo puede proteger a una agente con años de preparación? — Se burla mientras da la media vuelta. — Estaré trabajando en el sótano, no me molesten.


Ran les pide a las chicas que la esperen abajo, cosa comprensible si su padre aún no conoce a Aoko y es mejor que siga así por asunto de agentes. Como siempre, encuentra a su padre roncando sobre el sofá con latas de cerveza alrededor y la tele encendida. El aparato enseña el tiempo pero puede apostar que estaba viendo a Yokko en una presentación o actuando algún papel.

—¡OTOSAN! — Grita al mismo tiempo que golpea el escritorio con su puño para despertarlo.

—¡AAAAAH!

Abajo, Sonoko se echa a reír y le recomienda a Aoko que mejor pasen al Poirot a pedir un refresco, que Ran va a tener para rato con su padre.

—¡En serio papá, por una vez puedes comportarte!

—No molestes Ran, sólo estaba echando una siesta.

—¡¿Una siesta con cerveza?! ¡De seguro te quedaste dormido con la televisión encendida! — Empieza a buscar una bolsa de basura, por muy agente que sea, no puede dejar de lado su responsabilidad de ser la niñera de su papá. Suspira hondo. — Ahora yo debo recoger tu desastre.

—Hai, hai… eres fabulosa Ran-chan.

La chica se tiene que recordar que no puede matarlo y empieza a recoger las latas vacías y a limpiar ceniceros, dándole la orden que vaya a cambiarse de ropa y asearse en el baño, que debe lucir presentable para los clientes.

Aunque ahora me pregunto cómo lo va a hacer sin Shinichi alrededor.

Su padre baja del tercer piso ya cambiado y limpio al mismo tiempo que ella termina de arreglar la oficina. Ran asiente en señal de aprobación mientras Kogoro miraba su alrededor.

—¿Dónde está Conan? ¿Otra vez en casa del profesor jugando?

—Conan-kun volvió con sus padres. — Su respuesta sorprende a su padre. — Aparecieron en Osaka y dijeron que querían llevárselo. Mañana tengo que llevar sus cosas a la casa del profesor para que se lo envié.

—¿Pero qué le pasa a esos sujeto? Abandonan a su hijo y ahora exigen recuperarlo… ¡Ni siquiera vienen aquí a dar las gracias por aguantarlo!

Ran lo mira de forma acusador y con las manos en las caderas, pero por dentro piensa que en realidad sólo finge. A su manera quiere a ese pequeño y lo echara de menos… aunque si supiera que en realidad es Shinichi, lo va a matar… cien veces.

—¿Por qué sonríes? — Reprocha Kogoro al notarla contenta.

—Nada, sólo pensaba… Sonoko me espera abajo y vamos a dar una vuelta.

—¿Qué? ¿No les basto Osaka para pasear? Mejor prepárame algo de comer.

Su hija lo mira de forma asesina. — No soy tu empleada… aunque para que lo sepas, te preparé algo de fideos. En la cocina vas a encontrar la olla. Y será un momento, podrás vivir hasta que llegue.

—Ran. — La llama al verla recoger su cartera. — Te aviso que por ahora no voy a aceptar ningún caso por si aparecen clientes mientras yo no estoy.

—¿Eh? — Pestañea extrañada. — ¿Por qué? ¿Acaso tienes un caso especial?

—Nada de eso… son asuntos míos, así que sólo haz lo que digo.

Ran lo ve agarrar el diario, concentrado en los titulares, y se pregunta qué estará ocultando. Después de todo, los Mouri son buenos guardando secretos.

—De acuerdo… ya vuelvo… — Cierra la puerta.

Kogoro deja el diario y mira la calle por la ventana, contemplando a la gente hasta encontrar a su hija entrando al Poirot, de seguro la chica Suzuki está allá dentro.


Las agentes recorrían las tiendas de Tokio mientras se ponían al día, a veces usando palabras claves al involucrar misiones.

—Ahora que lo pienso… — Comenta Ran casualmente, dirigiendo sus ojos en Sonoko. — ¿Qué te dijo Kyogoku-san cuando volviste a ser una agente Sonoko?

—Se molesto un poco y se preocupo… incluso dijo que iba a tomar el avión de vuelta a Japón para hablar con Jack al contarle que estaba aquí. — Sonríe ampliamente y con las mejillas ruborizadas, pensando en su novio de mirada seria y con el uniforme de karate. — Pero luego lo acepto y me dijo que tuviera cuidado y que lo llamara por cualquier cosa.

—¡Que dulce!

—Joder, como me gustaría que Kaito fuera así de comprensible. — Reprocha Aoko.

Entraron a una joyería que estaba con pocos clientes y muchos empleados. Sonoko estaba viendo que collar comprarse mientras sus amigas miraban y se preguntaban cómo se verían con un collar o aros que les llama la atención. Incluso Aoko se quedo mirando mucho rato un anillo de compromiso que le recordó al que llevaba su madre en las fotografías que le enseñó Rei al no tener recuerdos detallados de ésta.

Y entonces…BAM.

Una explosión causa que el techo explote y caiga al suelo, causando el caos. Algunos lograron escapar y otros quedaron atrapados en los escombros. Otros… no contaron con suerte. Como habían dos niños asustados y sin capaces de moverse cuando la explosión inicio, las agentes los agarraron y se pusieron en una de las esquinas del lugar, salvándose a pelos de morir aplastadas gracias a que corrieron a que se cubrieron con una de las mesas de hierro que estaban al otro lado del mostrador, pero aún así terminaron atrapados como si estuvieran en una cueva cerrada.

Ninguna se atrevió a hablar en los siguientes minutos, queriendo estar seguras que ni sus respiraciones causarían una réplica.

—Estuvo cerca. — Susurro Sonoko, rompiendo el silencio una vez queda claro que están a salvo… por ahora.

—¿Están bien pequeños? — Pregunta Ran sonriendo, con el fin de transmitirles calma y seguridad.

—S-Sí… — Respondieron a la vez. Estaban asustados y sus ojos húmedos.

—Tranquilos, todo estará bien. — Les alentaba Aoko contemplando su pequeño entorno. — ¿Alguna idea de cómo salir?

—Creo que en mi bolso tengo mi arma láser. — Hablo Sonoko viendo su bolso como puede detrás de su hombro. — Podemos usarlo para hacer un hoyo entre los escombros y salir.

—Pero la pregunta del millón sería… — Comenta Aoko con una voz sospechosa. — ¿Quién puso esta bomba y por qué?

—De eso nos ocuparemos después… o quizás la policía, ahora lo importante es salir. — Dice Ran. — Te ayudare a sacarlo Sonoko, así no nos moveremos mucho.

Con cuidado, Ran introdujo su mano en el bolso y sin siquiera ver logró sacar el arma. Era de color blanco, muy pequeño que parece sacada de la película de los Hombres de Negro y tenía forma de una pistola de juguete, así que si alguien le preguntaba por qué llevaba eso, Sonoko podía decir que es un regalo para un primo o algo así y nadie sospecharía. Ran se lo pasa a la dueña porque estaba más cerca del escombro.

Sonoko apunta los escombros con su pequeña arma y, al apretar el gatillo, un rayo rojo, como el de los rayos X, es liberado y traspasa su obstáculo de salida como una cierra. La agente del cintillo lo movía lentamente, hasta formar un gran círculo, apaga el arma al terminar y da un leve empujón, consiguiendo una salida circular.

—Ya está… primero entrare yo, luego el niño, luego Aoko, después la niña y finalizas tú Ran.

—Entendido. — Dijeron sus amigas.

Ingresaron en el orden dicho, teniendo cuidado de no golpearse las adolescentes ya que el agujero les llegaba de altura a la cintura con el fin de no arriesgarse a otro derrumbe. Mientras Sonoko ocupaba su arma otra vez al llegar a fin de camino, Ran aprovecha para ver si hay suerte con la señal.

—¡Hay señal!

—Al fin una buena noticia. — Reprocha Sonoko sin perder la concentración.

—¿Crees que puedas abrir el canal de noticias? — Sugiriere Aoko, sospechando que este incidente debe salir en la televisión. Es imposible de ocultar.

—Estoy en ello… — Murmura mientras va abriendo ventanas en el navegador. Sonríe al encontrar un canal que lo está transmitiendo. — Listo.

Se podía oír como una reportera hablaba del accidente y que aún no se sabía quiénes estaban ahí atrapados. Se podía ver a la policía y como hablaban con los que sobrevivieron y también Ran podía ver a Megure con Shiratori, Takagi y…

—Tu padre también esta Aoko.

—Genial, ahora voy a tener que disfrazarme.

—No te quejes que nosotras también tendremos que hacerlo. — Reprocha Sonoko malhumorada.

—El problema es que yo no traje nada.

—Tranquilas, ya veremos cómo salir de aquí sin ser pilladas por la policía o la prensa. — Asegura Ran bastante confiada… o al menos quiere creer eso. Lo último que necesita es salir en las noticias y ser vista por su padre, Shinichi, su madre y los demás… y está segura que ni Aoko ni Sonoko quieren ser vistas. — Voy a llamar a Jodie para que nos recoja.

Marca el número mientras vuelven a su caminata, deseando encontrar pronto una salida discreta. — Hello Angel. — Ran suspira de alivio al escucharla.

—Jodie, ¿Dónde estás?

—En la casa del profesor. ¿Sabías que Cool Kid consiguió el antídoto?

—¿En serio? — Fingiendo sorpresa, pero en su cara se veía nerviosa. — ¿Estas en estos momentos con él o sola?

—I'm alone…What happens?

—¿Estás viendo la televisión?

—Pues sí… ahora mismo están transmitiendo una explosión que ocurrió en una joyería. Qué terrible, ¿No?

—Pues sí, muy malo… te cuento algo peor.

—¿Qué es peor?

—Sonoko, Aoko y yo estamos en los escombros de la joyería que exploto.

—WHAAAAT?! — Ran se tiene que aparta el celular a causa de tan potente grito.

—¡Disimula Jodie, no quiero que Shinichi te oiga! Debe estar tranquilo mientras esta con ese asunto, cosa que no estará si se entera que estamos aquí. Si se le ocurre venir, cosa que es obvio que sucederá, con su verdadero cuerpo, corre riesgo de que Gin y Vodka lo vean en la tele.

—Ok, tienes razón… disimular. Iré ahora mismo con Shu y te escribiré luego dónde nos esconderemos para esperarlas.

—Eso haré. — Cuelga y ve a sus amigas y a los niños aún asustados pero con más confianza de salir. — Va a venir enseguida con Shuichi, así que debemos apurarnos.

Luego de un minuto, Sonoko vuelve a usar su arma comentando que es algo bueno que no se hayan pillado gente con el laser o los niños tendrían pesadillas. Ran la reprende por decir eso delante de ellos pero es un alivio que no hayan entendido gracias a que Aoko los distrajo para que siguieran animados.

Se encontraron unas escaleras que de seguro están en la parte de atrás de la joyería porque no les sonaba para nada haberla visto antes del caos.

—¿Será seguro?

—No tenemos otra alternativa Aoko. — Sonoko cargo a la niña a su espalda y los pequeños brazos rodean su cuello. — No te sueltes.

—Hai. — Dijo la pequeña mientras se aferraba firmemente en el cuello de Sonoko, quien empieza a subir las escaleras.

—Yo la cargo Ran. — Se ofrece Aoko, haciendo con el niño lo mismo que hizo agente millonaria.

Cuando lograron subir, notaron que estaban en lo que quedaba de un sótano abandonado, cubierto de polvo y telarañas. Sospecharon que debe ser el tercer o cuarto piso si no sufrió tantos daños. Dieron un suspiro de alivio al pensar que ya había terminado lo peor y ahora debían ingeniárselas para salir sin ser vistas.

El sonido de un móvil las desconcierta.

Están bastante seguras que el celular que suena no proviene de ninguna de las tres. Miran su entorno, ¿Cómo es que un celular se puede hallar en un sótano? Ven como la niña indica una pequeña ventana que estaba cerca de ellos.

—Está nuevo. — Comenta Aoko una vez Ran lo agarra para inspeccionarla.

—Y parece que está aquí desde anoche. — Dice Sonoko.

Por fin Ran decide aceptar la llamada y lo pone en altavoz. — ¿Diga?

—Bienvenidas a mi juego de matanza Ángel, Diamante y Jazmín.

Aquella voz provoca que las tres adolescentes se miren sorprendidas, atónicas.

Conocen esa voz.

—¡GIN! — Gritaron a coro, apenas salieron de su estupor, mientras pensaban en el rubio de larga melena.


—¿Eh? ¿Dónde está Jodie?

—Salió hace unos minutos Shinichi. — Respondió el profesor mientras lo veía ponerse su saco.

—¿No me digas que querías ver su reacción? — Pregunta la científica, colocándose su bata de laboratorio.

—No me regañes Haibara, ni que fueras mi madre. — Viéndola con malos ojos.

—Creo que deberías dejar de llamarme así. — Ambos se miran al espejo atentamente. — Después de todo, ya no somos más unos niños.

Ambos se veían en el espejo con sus verdaderos cuerpos, Shinichi con las manos en los bolsillos de su pantalón y Shiho de brazos cruzados mientras comenta que no está mal la ropa de Yukiko que le prestaron. El adolescente dibuja en sus labios su sonrisa marca detective, llena de ironía y satisfacción.