Capitulo 23: Jugando con el tiempo.
Aun con su gran sonrisa de detective, se queda mirando más tiempo su imagen verdadera en el espejo mientras pensaba en lo genial que se ve. Shiho se arregla el flequillo y comenta que le gustaría comprar maquillaje y volver a usarlo, que echaba de menos hacer cosas de mujeres. El profesor suspira resignado ante el comportamiento de los dos, pensando que a pesar de que ya son adultos de nuevo, siguen actuando como niños.
—¿A dónde se habrá ido Jodie? — Comenta el detective una vez decide dejar de verse, concentrando su atención en el hombre mayor.
—Kudo, es una agente… de seguro tuvo cosas que hacer. —Le reclama Shiho mientras se sentaba frente a una computadora y se cruza de piernas.
—Bueno, ahora que tengo mi cuerpo, tendré más facilidad de pelear contra esos malditos.
—Y hacerte el héroe con Mouri Ran, ¿No? — Shiho sonríe burlona al ver la reacción molesta de Shinichi. Mira la pantalla apagada del computador y se pone seria. — Aun así, Kudo-kun, recuerda ser prudente… pelear con tu verdadero cuerpo sólo conseguirás poner en peligro a los que te rodean.
—Ya lo sé… voy a tener cuidado, lo prometo.
—¿Por qué sigo intranquila?
—Oye, dame algo de crédito.
—¿Con tu historial?
—Voy a encender la TV. — Avisa el profesor, con el fin de evitar esos dos sigan debatiendo hasta que corra la sangre. Satisfecho de tener la atención de los dos, cumple su palabra y contempla la primera imagen que ve. — Vaya notición…
El detective se sorprende de la noticia y luego frunce el ceño. — ¿Una explosión en la joyería?
La científica lo observa luego de escucharlo, llamándole la atención que aún tenga los pies quietos… ni siquiera le ha pedido a Agasa que suba el volumen. — ¿No piensas ir?
—¿Por qué me preguntas eso? Hace un momento me regañaste por ser imprudente.
—Lo sé… pero sigue pareciendo extraño que te estés portando bien.
—Te dije que tengas fe en mí. — La mira con cara de pocos amigos.
Pero la verdad… mira de nuevo la televisión, con la comentarista narrando los hechos mientras se ve de fondo a la policía y a los bomberos controlando la situación y ayudando a los civiles… ¿Qué es ese extraño presentimiento que tiene?
Sonoko y Aoko se taparon la boca luego de haber gritado. No saben cómo Gin averiguó que Ran estaría ahí, pero no pueden dar prueba que ellas también. Sus identidades aún son un secreto. Ran, en cambio, no deja de ver el aparato con ojos asesinos, como si tuviera al maldito cara a cara.
—¿Era necesario causar una explosión que arriesgue a inocentes para llamar mi atención, Gin? — Recrimina Ran alzando una ceja.
—Me gustaría quedarme con todo el crédito pero la verdad es que este regalo no es idea mía, sino de Esa Persona.
¿Esa Persona?
—¿Se está refiriendo al Jefe de la Organización? — Susurra Sonoko sin contenerse, ganándose un codazo por parte de Aoko.
—Acertaste Diamante. — Se oye la respuesta de Gin.
Las tres agentes miran el aparato con la boca abierta, sorprendidas.
—¿Eh? — Exclaman al mismo tiempo.
—¡¿Acaso…?! — Se le escapa a Aoko y se tapa la boca al darse cuenta de su error.
Ahora escuchan la risa calmada y maligna del rubio que las tensa, la misma sensación de estar dentro de una piscina a muchos grados bajo cero.
—Así es Jazmín, hemos descubierto las identidades de ustedes tres y la de Cheetah por supuesto… no me dedique al fondo de ustedes porque siempre quise que tú fueras la primera Ángel.
—Me siento honrada. — Sarcástica.
—Estas son las reglas del juego: Deben encontrar la FN-44 que escondimos en una parte de la ciudad.
-¡¿La FN-44?! — Gritaron las tres aterradas.
La FN-44 es una especie de explosivo que la Organización lleva trabajando hace siete años. Los informes dicen que cuando explota, destruye todo lo que está a su paso hasta un radio de medio kilómetro.
—Hemos terminado con ella y pensamos estrenarla… claro, si es que ustedes logran detenerla pronto.
—¡Maldito hijo de puta! — Grita Sonoko bien cabreada de cómo juega con las vidas humanas… se le ha subido bastante a la cabeza el complejo de Dios.
—Vaya…eso significa una cosa… — La sonrisa de Ran era de pura ironía, casi parecía disfrutar de esta nueva batalla contra Gin. — Paradise ha comenzado.
Las otras dos agentes se ponen tensas. A pesar de ser entrenadas desde pequeñas para ese día, no pueden evitar sentir miedo, conscientes que el Paradise es todo o nada, que si pierden… los cuervos dominaran el mundo.
—¿Habrá pistas? — Pregunta Aoko.
—¿Acaso no pueden hacer nada sin pistas?
—Si crees que así te vengaras por la destrucción de Pandora, estas equivocado. — Molesta.
—Oye, eso no nos lo contaste Aoko. — Alega Ran, aunque sonreía.
—Felicidades. — Dijo Sonoko dándole unas palmadas en la espalda.
Escuchan a Gin lanzar un bufido. —Será su perdición cuando Sol oculte al Hada. — Y se corta la llamada.
—¡Será odioso! — Grita Diamante con una vena en la frente.
—Cuando el Sol oculte al Hada. — Medita Ran alzando la vista, con las cejas alzadas. —Que sutileza para darnos una clave… lo primero que debemos hacer es salir y hablarlo con Jack, Jodie y Shuichi.
—Esta ventana es ideal para salir… pero nos verán todo el mundo si no tenemos disfraces.
—Bueno Sonoko, no podemos estar aquí mucho tiempo… y no lo digo sólo por ellos. — Dice Aoko, refiriéndose a los niños que no entendían lo que estaba pasando con el asunto del celular… todo un alivio. — También por esto.
Estira su mano para enseñar algo en el celular encontrado, preocupada. Sonoko y Ran miran el aparato y abren sus ojos de asombro al ver una cuenta atrás.
Una bomba.
—No tenemos mucho tiempo.
Ran mira su entorno y frunce el ceño al ver las ventanas que están a su derecha. Corre a éstas y ve que la distancia con el edificio de al lado es perfecta para pasar. Sus amigas de inmediato entendieron su plan y le pidieron a los niños que sigan las indicaciones.
—¿Han entendido?
—¡Sí! — Dijeron.
—Pero neechan… ¿Por qué no pueden venir con nosotras? — Pregunta el niño.
—Porque somos súper heroínas. — Dice Sonoko con las manos en las caderas.
—Y los malos no deben pillarnos. — Sigue Aoko guiñando el ojo.
—¡Wooooooo!
Sonoko se puso frente a una de las ventanas de la derecha mientras Aoko se pone en las del frente. — ¡Una, dos y tres! — Sincronizadas patearon su objetivo. Jazmín se aparta rápido, por lo que la gente y las cámaras no consiguieron verla al concentrarse ahí y sin notar que otra ventana se abría. Tuvieron que hacerlo al mismo tiempo porque la gente esta tan concentrada en el show del frente que no se fijara lo que pasa a los lados si lo distraes… mucho menos con un par de niños suplicando ayuda.
Diamante es la primera en buscar impulso, da un salto que la ayuda a quedar en el borde de la ventana, y usa la fuerza de sus dos piernas para impulsarse al otro lado con los brazos formando una equis delante de su rostro para protegerse de los cristales. Consigue entrar al otro edificio cayendo de rodillas y termina rodando, terminando boca abajo. Suspira aliviada y hace la señal de la victoria una vez está de pie. Luego la sigue Jazmín, haciendo los mismos movimientos que su amiga pero terminando de espaldas.
—Pan comido. — Murmura sonriéndole a Sonoko, quien se la devuelve y le ofrece su mano para ayudarla.
—Neechan, ya colocaron la escalera de incendio. — Avisa la niña a Ran, quien postergaba su turno porque quería asegurarse que los pequeños estén a salvo. — Ya tienes que irte.
—¿Qué tan cerca está el bombero? — Trata de mantener la calma a pesar que el celular esta avisando que queda dos minutos para estallar.
—Son dos… y creo que menos de la mitad. — Dice el niño al no saber cómo medir la distancia.
—Bien. — Estaba contando en su mente hasta llegar hasta diez. — No olviden decirle a esos bomberos que vieron un celular con la cuenta atrás.
Ellos no sabrán de la bomba pero cuando le digan eso a los bomberos, ellos sí y se moverán rápido.
—¡Por supuesto!
—Entonces nos veremos otro día pequeños aventureros. — Y salta.
Salta un segundo antes que se aparezcan los adultos. Llega al otro lado con las manos en el suelo, se pone en posición fetal y gira como una rueda hasta golpearse en la pared de espaldas y con la cabeza en el suelo.
—Eso dolió.
—Te veo todo Ran. — Se burla Sonoko, al estar su amiga boca abajo, la falda la tiene en las caderas y se le ve los calzones. — ¿Le envió una foto a Shinichi-kun?
—¡Ni te atrevas! — A pesar de sus ojos asesinos, su cara arde de la vergüenza.
Y entonces se escucha la explosión y las tres miran el edificio. El celular ya debe ser historia.
Sonoko corre a la ventana y suspira de alivio al ver que los niños están a salvo y lo comenta a sus amigas.
—Poner una bomba en el móvil para eliminar la evidencia. — Dice mientras ve a Aoko ayudar a Ran. — Definitivamente lo odio.
—Y yo definitivamente lo mato. — Apoyó su amiga de la infancia ya de pie y quitándose la mugre de la ropa.
—Por lo menos nuestras vidas no son aburridas. — Justifica Aoko, intentando dar el lado positivo de las cosas.
—Es verdad. — Respondieron sus amigas a la vez.
—Bueno, será mejor que nos apresuremos. — Ran apoyas las manos en su cadera y da la media vuelta. — Tenemos una bomba que desactivar y Akai, Jodie y James nos están esperando.
Las chicas se ponen serias y asienten, recordando que el tiempo corre y empiezan a caminar.
—Parece que estamos en unas oficinas. — Dice Sonoko viendo los escritorios y computadores una vez salieron del cuarto que de seguro debe ser de algún gerente.
—Chicas, aún corremos riesgos. — Recuerda Aoko de pronto. — Si salimos del edificio, alguien nos vera… si no es por la televisión, de seguro por el celular de un pibe.
—No te preocupes Jazmín. — Le responde Ran para tranquilizarla. — Sólo debemos buscar en los cuartos de los de limpieza uniformes y salir por la parte de atrás.
Encontraron lo que buscaban en el primer piso, no había uniformes pero si gorras que le ayudaran a ocultar su aspecto junto con las gafas que llevan en sus bolsos. Ran y Aoko tuvieron que hacerse un tomate para que la gorra tape todo el pelo. Ya listas caminan a la puerta de emergencia que estaba ubicaba al lado de las escaleras que bajaron minutos antes.
—Al fin libres. — Dice Sonoko apenas abrieron la puerta.
—Llegan tarde. — Escucharon, provocando que Ran y Aoko se pongan en posición de defensa y Sonoko apunte con su labial laser. — Dejen de jugar y vámonos.
Sólo es Akai.
Suspiran aliviadas.
Siguen al agente corriendo mientras le narraban lo que pasaron desde que hablaron con Gin, que ya saben sobre sus identidades y de la FN-44 que instaló en alguna parte de la ciudad. Al terminar, Akai exhala el humo de su cigarrillo y, a pesar que va sólo en la mitad, lo aplasta en el borde de un basurero y lo tira dentro.
No hay tiempo para fumar.
Se reunieron con Jodie y James, quienes esperaban en la camioneta de Akai a cinco cuadras del incidente. El jefe iba de copiloto y las adolescentes compartieron la parte de atrás con la ex profesora de inglés.
—Pues tenemos un problema… — Dice Jodie una vez Aoko narró lo ocurrido. — ¿Creen que se estén refiriendo al atardecer?
—Si es así, eso reduce la búsqueda. — Murmura su jefe. — Sólo habría que buscar en el lado Este.
—¡Pero sigue siendo un rango enorme! — Reprocha Sonoko. — ¡¿Dónde vamos a pillar Hadas en el área este de Tokio!
—James, busca en Google. — Dice Akai mientras se concentraba en el camino.
—No es mala idea. — Admite el hombre mayor mientras busca en su tablet.
—Personalmente… — Dice Ran de pronto, haciendo mala cara. — me sorprende que Gin diga palabras como hadas.
—Cierto, cierto. — Le apoya Aoko, moviendo la cabeza de arriba abajo. —Pero hay que recordar que esta idea es del misterioso Jefe de la Organización, por lo que la adivinanza también debe ser suya… y fue su señal de iniciar la guerra.
Ran frunce el ceño y se cruza de brazos, imaginándose una silueta oscura que representa aquel hombre maligno, rodeado de Gin y Vermouth, y trata de adivinar en lo que está pensando. En dónde instalo la bomba… ¿y por qué en un lugar público? Es decir, si ya sabe su identidad y la de las otras, ¿Por qué no matarlas como al capitán del crucero Mona Lisa? Eso si hubiera sido una linda forma de decir "Que empiece el Paradise".
—Está sonando tu móvil Ran. — Avisa Sonoko ya que la chica estaba tan pensativa para darse cuenta.
—¿Eh? — Sale de sus pensamientos, pestañea sin comprender hasta escuchar la melodía que sale de su bolsillo. Saca el móvil del bolsillo y acepta la llamada sin siquiera ver. — ¿Diga?
—Hola Ran. — Escucha al otro lado.
Al oír esa voz, se quedo un segundo sin aliento, sus mejillas se tiñen de rojo y sus ojos se orbitan por la sorpresa, esforzándose por no llorar de la alegría. Tiene que mirar la pantalla para asegurarse que es verdad su número… si es un maldito truco de Vermouth… va a clavar su cabeza en una pica y exponerla en uno de los patios de entrenamiento de los agentes.
—¿Sh…Shinichi? — Su susurro fue apenas audible, pero sus amigas la oyeron con claridad. — ¿De verdad eres tú y no un truco?
—¿No me digas que…? — Susurraron y se sorprenden mucho mas al verla asentir.
—Te pedí cuando nos conocimos que me hicieras una flor de cerezo.
Sí, no hay duda que es él.
—Is true! Cool Kid comes back his body!
—Shinichi, me alegra no oírte como un niño. — Confiesa y sonríe.
—Y a mí me alegra ya no tener que usar mi voz con la pajarita… sí que era molesto.
—¿Qué esperabas? Es lo que consigues por ser un maniaco de los misterios.
—No fastidies… oye Ran, ¿Puedes venir a mi casa? Es que hay algo importante que debo decirte y por razones obvias no es buena idea que salga.
Ran mira otra vez el celular, frunciendo el ceño extrañada. ¿Qué querrá decirle? Acerca el aparato de nuevo a su oreja. — ¿Puede ser en la noche?
—¿Pasó algo? ¿Qué no estabas paseando con Sonoko y Nakamori?
—Sí, pero ahora estoy en una misión pequeña… ¿No te molesta que nos veamos en la noche?
—No, claro que no… ¿Puedo saber la misión?
—No, es asunto del FBI y tú debes quedarte encerrado en tu casa.
—No me regañes.
—No lo haré si haces caso… hablo en serio Shinichi, no salgas… si es necesario le diré a Haibara que te amarre. — A Sonoko casi se le escapa una carcajada al imaginarlo. — Nos vemos en la noche, lo prometo. — Y cuelga.
—Vas a picarle más a esa vena de detective y se meterá en problemas. — Se queja Sonoko ya haciendo apuestas.
—Por eso voy a escribirle a Haibara para que no le quite ojo encima hasta que le diga que todo está bien. — Dice mientras escribe el mensaje.
Ahora es el turno del celular de Aoko en emitir una llamada. Maldiciendo por lo bajo, trata de agarrarlo si lo tiene en su bolso y al ir cuatro personas atrás, iban apretadas y no quería darle un codazo a Jodie. Se paraliza al ver el nombre de Kaito en la pantalla y se muerde el labio, maldiciendo otra vez en su cabeza. No va a hablar con él, ahora mismo está en una misión de vida y muerte, no está disponible para evadirle y que no sepa que una simple salida de compras terminó en la búsqueda de una bomba.
—Lo siento. — Murmura dejando el aparato de vuelta en su bolso luego de cambiarlo a modo vibrador.
Luego de encontrar varias referencias con hadas, James se las envía a los demás por mensaje y decidieron separarse para ampliar la búsqueda. A escondidas se metían en lugares prohibidos para clientes pero no habían conseguido encontrar la dichosa bomba y ya son las seis de la tarde… ya no les queda tiempo y muchas vidas corren riesgo.
—No hemos encontrado la dichosa bomba en ningún lado. — Se queja Sonoko mientras se sentaba en una de las bancas. Como se encontraban separados, hablaban por un comunicador mano libre, en la oreja.
—No debemos rendirnos, Diamante. — Aoko trata de subirle la moral.
—Debemos seguir buscando hasta el último minuto. — Ordena James con su autoridad.
—El problema es que ya no sabemos dónde buscar. — Ran escucha la voz de Akai mientras tenía la vista fija en una televisión encendida de una tienda de electrónicos. — Aún nos queda alrededor de la mitad y ya está empezando a atardecer.
Ángel mantiene su silencio al estar concentrada, tratando de meterse en la mente de Gin, adivinar cómo piensa y dónde lo escondería. Lo más obvio es que debe ser un lugar dónde haya mucha gente, le excita la muerte en abundancia y el caos… sería un buen comienzo del Paradise.
Sale de su aturdimiento por una imagen de la tele que llama su atención y suelta un pequeño grito de asombro.
—Angel? Is you okay?
—¡Lo tengo! ¡Hada en ingles es Fairy! ¡Y en estos momentos se está inaugurando…!
—¡La boutique Magic of Fairy! — Concluyeron Diamante y Jazmín al recordar la imagen de la noticia en una revista.
—¡Me adelantare porque estoy cerca! — Avisa Ángel y empieza a correr
—¡Los demás, debemos ir! — Dice James con su porte de líder.
—¡Entendido señor! — Exclamaron los demás agentes.
Ángel corría desesperada, casi la chocan dos veces y al ver unos jóvenes con patineta, le pidió a uno la suya para luego irse con ella a gran velocidad sin esperar respuesta, así que escucha varios reclamos a su espalda.
—Si es cierto que se encuentra ahí la bomba, sólo tenemos una hora.
¡Tengo que darme prisa!
Se detiene al ver unas enormes escaleras hacía debajo de más o menos seis metros y, al parecer, es un atajo ideal para llegar porque Ángel, decidida, se desplaza por el barandal a gran velocidad con la patineta, como toda una profesional de dicho deporte.
—¿Cómo vamos a desalojar toda esa gente? — Pregunta Jazmín mientras corría hacía dicho lugar.
—Akai se está encargando de eso. — Responde James en el asiento del copiloto, viendo cómo el hombre hacia llamadas sin dejar de conducir. — ¿Cuál es tu posición Ángel?
—Pues…
—Está a diez minutos de llegar. — La interrumpe Diamante al estarla rastreando gracias al GPS de su teléfono.
—Eso significa que te quedaran sólo treinta minutos para entrar, encontrar la bomba y destruirla. — Pensativo y preocupado.
—Eso es un problema. — Se queja la heredera millonaria, recordando toda la información que tenían de la FN-44. — Se necesita mínimo dos horas para apagarla, incluso expertas como nosotras.
—Entonces la única solución que nos queda es reprogramar el cronómetro. — Dice Jazmín.
—Ya oíste Ángel. — Habla Akai con su seriedad de siempre.
—Deja de recordarme cosas que ya sé. — Reprocha bastante molesta mientras se deslizaba por una rampa, logrando cruzar, con el impulso que se gano, la calle en pleno aire, dejando a la gente sorprendida.
Se agarra en el poste de luz aún en el aire o iba a tener una golpiza fea en la acera o en la pared del edificio, maldice al ver la patineta romperse en dos al chocar en el dicho edificio, y baja el poste como si fuera un tubo de bomberos. Ya de pie, se arregla la falda y el pelo, ve a la gente perpleja y sólo levanta la mano para saludar y se va corriendo, dando gracias que ya no le faltaba mucho para llegar.
Al llegar, maldice que este atestado de gente, por lo que no le queda más remedio que entrar a empujones, preguntándose dónde estará la ayuda que pidió Akai para la evacuación. Ya dentro, corre a la puerta que dice "Sólo Personal Autorizado", bastante segura que allí lo encontraría. Se encuentra un cuarto reconfortable, con asientos y una mesa para descansar, incluso tazones, microondas y hervidores para la colación. Abre su bolso y se pone sus gafas, activando los rayos X que le ayudan a encontrar la bomba detrás del refrigerador. Se sube las gafas y pesca el refrigerador para correrlo, encontrando que la pared fue alterada con un cuadrado marcado que trataron de ocultarlo con yeso. Agarra uno de los hervidores y lo usa como arma, golpeando la zona alterada hasta conseguir un agujero, tira el aparato y aparta pedazos, consiguiendo suficiente espacio para pasar.
—Diablos, voy a necesitar un baño largo después de esto. — Dice volviendo a ponerse las gafas y esta vez activa una linterna que le permite ver adentro. Tratando de ignorar los insectos, sonríe al encontrar por fin la FN-44. — ¡Lotería!
—¡Hey! ¡Usted no debería estar aquí! — La había pillado una de las empleadas, bastante cabreada de encontrar tal destrucción.
Pero Ángel ni se inmuto, concentrada en la labor de salvar la ciudad, se mete al agujero hasta la cintura. Contempla la bomba un momento ya que sólo la había visto en dibujos y planos al ser sólo una muestra antes de haber dejado su trabajo, pero por fin reacciona en lo importante al ver que sólo le queda veinte minutos. Abre una pequeña puerta que tenía la bomba, encontrando los cables madres.
—¡¿Qué no escuchas?! — La vendedora perdió la paciencia y se arrodilla, agarrándola de la ropa. — ¡Sal de ahí y más te vale pagar por los daños!
—¡Silencio, ¿Qué no ves la bomba?! — Le reprende mientras señala el arma letal y disfruta por un segundo ver miedo en ella. — ¡Si no me deja trabajar, ni sus huesos van a quedar! — Ignorando los gritos de la mujer ya histérica, vuelve a lo importante. — Jazmín, tú te encargaste de estudiar sobre la FN-44 una vez yo me fui… ¿Qué cable debo cortar para la reprogramación?
—Bueno, según los planos que tenía Vodka y copie, debes cortar uno verde.
—¿Qué pasaría si se cortase el negro o el azul? — Se oye la voz de Diamante, ella miraba en su celular los planos de la bomba.
—El negro provoca que el cronómetro avance rápido y el azul… bueno, la bomba estalla de inmediato.
—¿Cuánto tiempo contamos si consigo hacer el retroceso?
—Un día.
—Hmmm….
—¿Qué pasa Ángel? — Pregunta Akai al no oírla satisfecha.
—Es demasiado fácil, no es de ellos… — Saca su celular para conectarse via Bluetooh con sus gafas, teniendo frente a sus ojos las mismas funciones que el celular y pide un escáner del aparato. — Lo que me temía.
—¿Qué pasa, Ángel? — James no puede aguantar la tensión del peligro.
—Aoko no se ha equivocado pero todo ha sido un despiste, si cortó el verde vamos a explotar el pedazos… para conseguir la reprogramación, hay que escribir una contraseña, por eso hay un teclado dentro.
—Deberíamos llamar entonces a Rena. — Sugiere Diamante.
—Pérdida de tiempo. — Descarta Jazmín.
—Y hay riesgo de que la Organización la descubra. — Agrega Akai ya estacionándose.
—Una contraseña… de doce dígitos… maldita sea. — Susurra Ángel pensando en las millones de posibilidades, entonces ve al lado del teclado lo que parece ser la marca de un beso con lápiz labial rojo. — ¿Vermouth? ¿Ella preparó la contraseña?
Sus ojos se abren de asombro.
—Me pregunto…
—¿Por qué razón? ¿Por qué no delataste a Shinichi?
—Yo jamás podría dispararle a Silver Bullet.
—Espera Ran. — Le advierte James al escucharla teclear. — No hagas nada a lo brusco.
—Solo tengo 4 minutos James, así que si tienes algo mejor…
— Apresúrate. — La corta Akai, colocándose de su parte.
—¡No es mi culpa Shu! — Grita mientras escribía la contraseña y aprieta Enter con los ojos cerrados.
Pasaron dos segundos largos del infierno en que todos aguantaron la respiración, esperando respuesta de Ángel.
—¡Funciono! — Grita triunfal de ver el tiempo retroceder hasta tener veinticuatro horas que se congelaron hasta que alguien lo vuelva a activar de forma manual. Aliviada, pasa su brazo en la frente para quitarse el sudor, sonriendo de sentir como su corazón ya volvía a calmarse. — Debemos llevarla para Análisis.
— ¿Cuál era la contraseña al final? — Quiso saber Diamante.
Ángel iba a responder pero al ver la marca de los labios, decide callar y sonríe.
—¿Ángel? — Pregunta Jazmín.
—A secret makes a woman, woman.
—¿Eh? — Preguntaron sus amigas, confundidas.
Ya te pague lo que te debía Vermouth, piensa con ironía, saliendo de la habitación.
