Capitulo 24: El arpa Stradivarius.
Aoko llega a su casa agotada pero aliviada que no estén ni su padre ni Kaito. Sabe que tiene que preparar la cena, algo rápido al ser más de las siete y cuarto, pero necesita con urgencia una ducha luego de estar corriendo por media ciudad de Tokio, saltar ventanas y tratando de sobrevivir bajos escombros. Así que deja sus cosas tiradas en su cuarto, se quita la ropa, se pone la bata y corre al baño.
Sonríe contenta de sentir el agua caliente en su piel, apaciguando el dolor muscular por haberlo excedido aquel día. Pero se le borra al recordar la voz de Gin, delatando conocer su identidad, y se muerde el labio, preocupada de la seguridad de su familia y amigos. ¿Qué planea Gin al no atacarla directamente? ¿Usar a sus seres queridos para torturarla hasta que decida matarla? ¿O va a esperar a que las piezas de ajedrez se alineen a su favor antes de actuar? Dios… no saber su jugada ahora que es consciente del peligro que existe no es placentero.
Quizás deba seguir el consejo de los superiores de desaparecer y vivir cien por ciento como agente hasta que todo acabe.
Media hora después, se ve en el espejo ya con el pijama y el cabello seco… y completamente limpia que le dan ganas de sonreír.
—Hora de la cena. — Dice mientras camina a la cocina. Su padre le escribió que estaría en casa en cuarenta minutos, así que debe hacer una cena rápida. —Fideos estará bien.
Tararea una canción que su madre le cantaba en su infancia mientras revolvía los fideos en la olla, aunque en su mente no es su madre quien aparece si un joven preadolescente que le brindaba seguridad en sus brazos, le contaba cuentos y le enseñaba andar en bicicleta. Se da cuenta que cayó una lágrimas en el agua de la olla y se mira en la ventana, sorprendida.
—Pero que estúpida soy… mira que seguir llorando por eso. — Se limpia el rostro. A pesar de su reprimenda, sonreía. — Él está bien… siempre lo ha estado…
Aunque no le ha hablado en medio año.
Hace presión al cucharon y siente tanta envidia de Sonoko al ser la alumna de "esa persona", porque pueden hablar más tiempo… cosa que ella no puede hacer por su relación.
—Bueno Aoko, ¿Qué más podemos hacer? Un error y… — No se atreve a terminar la frase.
Deja que los fideos terminan de coserse para preparar la mesa, pone para tres a pesar que no sabe si Kaito vendrá luego de haber ignorado sus llamadas toda la tarde. Le envió un mensaje antes de bañarse, excusándose que no se había dado cuenta de sus llamadas al tener el celular en silencio, pero aún no ha tenido respuesta ni un toque de timbre. Pensaba llamarlo pero si no pesca un mensaje, mucho menos una llamada… ¿Qué estará haciendo? ¿Algo relacionado con Kaito Kid? Pero ya obtuvo lo que quería, ya no necesita seguir robando… ¿O sí?
Cuela los fideos y busca la salsa de tomates. Escucha a su celular enviar un mensaje mientras revolvía los fideos para esparcir la salsa y está segura que es Kaito mientras lo agarra del bolsillo… hasta que ve el número.
Número bloqueado.
¿Acaso…? Sale de su aturdimiento y abre el mensaje.
Sigo vivo… ¿A la misma hora de siempre?
El alivio que siente es enorme y le contrae el pecho. Sigue vivo… aún la Organización no lo ha descubierto ni ha muerto en una misión. Sus mejillas arden por su felicidad, su sonrisa se ensancha, cierra los ojos y se aferra al aparato con las dos manos, apretándolo en su pecho. Esta es la primera vez que él le envía esa señal minutos después de pensar en querer verlo. Ojala fuera así más seguido pero no puede ser egoísta. Le responde luego de pasar el minuto que siempre han acordado.
¡Claro! Te espero.
Justo en ese momento abren la puerta principal. Al principio se tensa pensando que es el enemigo (ahora que saben quién es, de seguro saben también su casa) y su mano se acerca a uno de los cuchillo de cocina para lanzar a la mínima señal de peligro. Si tan sólo pudiera esconder las pistolas en la cocina… pero no, no con un padre policía y un amigo mago/ladrón rondando por ahí.
—Ya llegue Aoko. — La voz de su padre la hace suspirar de alivio y deja el cuchillo.
—Bienvenido… debes estar agotado y hambriento… he preparado un montón de comida. — Trata de animarlo. — Él me ha escrito recién y se encuentra bien.
—Gracias… y dile que estoy feliz y aliviado. Que no es malo que me salude también que estoy preocupado. — Que raro, se oye apagado. Al fin se deja aparecer en la cocina y Aoko se asombra de verlo tan serio con ella. La última vez que se mostró así fue… — Tenemos que hablar.
Bien… eso no es algo bueno.
—¿Paso algo en el trabajo? — Preocupada, lo último que necesitaba es oír que lo despidieron o sancionaron por no atrapar a Kaito Kid.
—Aoko, estaba seguro de sólo tenía que pasar esto una vez, no dos.
—¿De qué estás hablando?
—Me has desobedecido… Te has convertido en agente a mis espaldas.
Su cuerpo se tensa y abre los ojos sorprendida. Lo que más temía se cumplió sin saberlo: su padre lo sabe. Pero… ¿Cómo? ¿Le dijeron James o Elizabeth? No… es imposible que la traicionen así a sus espaldas. Ellos (y sus allegados) saben que no quiso decirle nada a Ginzo para que la historia no se repita… para no causarle más daño.
Excepto… no, no puede ser…
—¿Cómo…?
—¡Ese no es punto aquí, Aoko! — La interrumpe, bastante molesto de haber sido engañado por su propia hija. — ¡Te dije que no aceptes!
—Lo sé, lo sé… me pediste que no siguiera los pasos de mi madre, pero…
—¡¿Pero qué?!
—Quería que fuese mi decisión, no la tuya.
Se dio cuenta que sus palabras fueron un golpe duro para su padre y se arrepintió en el acto pero no lo refleja en el rostro, sabe que tiene que verse firme en sus decisiones, sin titubeos, e irónicamente fue algo que su propio padre le enseño. Aun con su cuerpo algo tembloroso por el miedo de decepcionarlo, los ojos al borde de más lágrimas y con una rabia a la persona que se chivo a su padre, no baja la barbilla.
—¿Cómo no me di cuenta antes? — Se queja Ginzo mientras se rasca la cabeza. — Si no estuviera tan concentrado en mi trabajo… hubiera evitado que todo esto sucediera.
—No te culpes, hacías tu trabajo… como yo el mío.
—¿Cuánto tiempo lleva ya el Paradise?
—Oficialmente hoy… no lo voy a dejar. — Agrega rápidamente al verlo a punto de abrir la boca. — Lo siento pero no voy a dejarlo.
—Aoko, no me desobedezcas, tú dejaras de ser una agente.
—¡No lo haré! — Se cruza de brazos. — La Organización ya sabe mi identidad, así que no valdrá la pena tampoco.
—¡¿Qué has dicho?! — Su cabeza ya estaba pensando en miles de ideas para proteger a su hija. — Voy a llamar a…
—Fue Kaito, ¿No es así? — No había perdido detalle así que su cara de sorpresa y duda fue suficiente evidencia para ella. Presiona sus brazos, dando gracias que sigue de brazos cruzados o empezaría a destruir la cocina lanzando cosas. — No mientas, tu cara es muy obvia para mí… si fue Kaito.
Se siente estúpida y bastante arrepentida de su ingenuidad al confiarle su secreto a Kaito… ¡Mira lo que consigues Aoko! se dice en sus pensamientos, totalmente traicionada. No tiene que preguntarse el por qué, de seguro fue una estrategia de su parte para que la apartaran de la guerra… algo bastante obvio.
Pero no es decisión de él.
Ni de su padre.
Es suya. De ella. De Aoko.
—No voy a dejarlo y punto final… y ahí tienes la cena, sírvete tú solo. — Camina a paso decidido, incluso lo empuja lo necesario para apartarlo del camino y se dirige a su cuarto.
—¡Aoko, debes hacer lo que te digo!
—¡No lo haré!
—¡No quiero pasar por esto otra vez!
Ahora es turno de ella sentir culpa, siendo bastante consciente de lo que él… los dos pasaron a causa de su esposa/madre con aquella vida de agente. El destino final.
—¡Lo siento, pero es mi palabra final!
Y se encierra en el cuarto con llave.
Vuelve a agarrar su celular, esta vez decidida de llamar a Kaito, marca los números mientras da vueltas en el pequeño espacio libre de su dormitorio.
—Ao…
—¡Cállate Kuroba Kaito! ¡¿Quién te crees que eres para mandar a la mierda mi confianza y convertirte en un traidor?! — Suelta un bufido. — ¡¿Pero de qué me sorprendo?! ¡Si eres un maldito ladrón de cuarta!
—Baja la voz. — Se oye preocupado.
—¿Por qué? ¿Temes que mi padre descubra que habló con Kid? ¡¿NO TE DAS CUENTA DE LO HIPOCRITA QUE ERES?! — Estalla sin poder controlarse más, en serio que este día está decayendo a peor. — ¡No tienes idea de lo que has causado a mi padre, Kaito, si no le dije fue por algo! ¡Y hablo sólo de la punta del iceberg! ¡Me has probado que no puedo confiar en ti!
—¡Es peligroso! — Al fin Kaito saca la voz y se pone de tú a tú con la agente. — ¡Lo siento pero es demasiado peligroso para ti!
—¡Eso es problema mío!
—¡Bueno, por ese comentario es que no voy a permitir que sigas con esto!
—¡Mala suerte, no eres nadie para darme órdenes de lo que debo o no hacer! — Al fin deja de dar vueltas y apoya la mano libre en la cadera. — ¡Ni ahora ni nunca, perdiste el privilegio de llamarte mi amigo!
—¡No seas tozuda!
—¡¿Yo tozuda?! ¡Ese no es el problema aquí y lo sabes! ¡Y duerme con los ojos abiertos porque dos pueden jugar al mismo juego y le diré a mi padre que eres Kid!
Hay un silencio que Aoko aprovecha para tomar aire.
—No te atreverías.
—Eso mismo creí yo de ti pero ya sabes las sorpresas que da la vida.
—¡Bien, haz lo que quieras pero no esperes que vaya a tu funeral!
—¡Como si quisiera que estuvieras, no quiero traidores en mi funeral! — Y cuelga.
Se sienta en la cama, sin preocuparle donde habrá caído el celular, preocupada más por los últimos veinte minutos… los veinte minutos más desastrosos de su vida, incluso le ganó a esa misión en Rusia en que tuvieron que curarle el pecho en una veterinaria ya que no podía presentarse en un hospital.
—Eres un idiota… — Susurra sin darse cuenta que había hablado… ni de las lágrimas que caen por culpa del amargo dolor de la traición.
Ran llega a casa y, a pesar del agotamiento, se tiene que obligar a soportar el interrogatorio de su padre, aunque fueron sólo dos minutos porque al parecer Kogoro tenía un compromiso importante. No le pidió detalles ya que su cara decía claramente que era un asunto privado que ni ella tenía derecho de saber. Eso aumenta su curiosidad como agente pero no puede seguirlo esta noche.
Porque tiene una "cita casera".
Se dio una ducha rápida para quitarse el polvo del trabajo duro porque no tenía tiempo, corrió a su cuarto y buscaba en su closet qué ponerse. Al final opto por una falda azul por arriba de las rodillas que era holgada, unas medias trasparentes y zapatos, una pollera blanca y una chaqueta negra encima. Pesco su bolso para guardar allí sus cosas como Ran Mouri y como Ángel… menos el arma, ese lo escondió dentro de la chaqueta, se despidió de su padre (que se arreglaba para su compromiso secreto) y salió de la casa.
—No debería llevar armas, pero… ahora no es el momento de bajar la guardia.
Finalmente llego a la casa de Shinichi. Se afirmo en las rejas para recuperar el aire perdido al ir corriendo y luego las abrió y camina por el jardín. Cuando se acerca a la puerta, se sorprende de verla algo abierto. Entra a la residencia con la mano dentro de la chaqueta para preparar su arma, y luego cierra la puerta.
—Shinichi, si esto es una broma te golpeare. — Con los ojos atentos en cada rincón.
—¿Por qué siempre la violencia? — Apareciendo por el pasillo frente a ella y despreocupado, pero la chica si se sorprendió, a pesar que sabía todo, no podía evitar emocionarse de ver a Shinichi finalmente en su cuerpo…Y tenerlo frente a ella. — Sólo me olvide encender las luces.
Su comentario consigue sacar en Ran una sonrisa.
—Idiota…
—Vienes recién lavada. —Toca un mechón de su pelo húmedo. — ¿Acaso lo hiciste por mí? — Divertido.
—¡Claro que no! — Grito roja de vergüenza… aunque tenga razón (porque no iba a juntarse con un chico polvorienta por muy amigo de la infancia sea) no iba a admitirlo. — El trabajo de hoy me dejo… ajetreada.
—Oh… ya veo… —Alza la vista y a Ran le llama la atención verlo apenado. Incluso estaba ruborizándose. — ¿Recuerdas… aquella ocasión? ¿En la obra?
—¿Eh? — Se sorprende, ¿Qué tenía que ver ese día con este momento? — ¿Te refieres cuando me dijiste que tenías algo importante que decirme?
—Sí… y llego la hora de decírtelo.
Ran no podía creerse lo que estaba ocurriendo, primero Shinichi le dice que tiene algo importante que decirle y, mientras se preguntaba qué quería contarle, la había tomado desprevenida para atrapar su cintura y, sin soltarla de allí, la trae hacía él para abrazarla, cortándole todo hilo de pensamiento. No la había abrazado así desde… desde la obra de teatro, cuando creyó que era Araide, y si el grito hubiera llegado unos segundos más tarde, lo más probable es que sus labios se hubieran unidos a los de Shinichi. Estaba roja por la cercanía, por la vergüenza y porque oía con claridad los acelerados latidos del corazón, ¿Acaso Shinichi estaba nervioso como ella? No podía saberlo porque estaba atrapada en el pecho del chico, mientras sentía una de las manos de él sobre su cabeza y la otra seguía en su cintura.
—¿Shinichi? — Pudo soltar finalmente su boca algo coherente. — ¿Q-…Qué pasa?
—Primero que nada, quiero que sepas que no permitiré que ellos te pongan un dedo encima… por muy fuerte, por muy trabajo tuyo que sea… por lo menos quiero pelear junto contigo e impedirlo porque… eres la persona más importante para mí. —Dijo mientras se separaba un poco de ella, aún con su mano derecha sobre la cadera de Ran y con su otra mano ahora acariciando gentilmente la mejilla sonrojada de la agente, quien no pudo evitar soltar todo el aire de sus pulmones en un suspiro por tal gesto. — Me gustas demasiado… desde siempre… — Le susurra mientras se iba acercando a ella.
Y finalmente, ambos labios se unieron a la perfección, como si estaban declarando que se pertenecían al otro y a nadie más. Los brazos de Ran rodearon el cuello de detective y a la vez, Shinichi enredaba sus manos en los cabellos de la chica y haciendo el beso más intenso. Estuvieron así por un largo rato, hasta que tuvieron que separarse por falta de oxigeno, pero solo fueron por unos segundos, porque volvieron a besarse de forma más intensa y las lenguas de ambos no tardaron en comenzar una rítmica danza.
—Me gustas. — Repitió el chico cuando se separaron, aun con las manos enredadas en el pelo de Ran. — Eres la persona más importante para mí en este mundo.
Ran tiene que cerrar los ojos para no seguir perdida ante la mirada intensa del detective y poder razonar nuevamente… al menos el tiempo necesario para decirle algo con juicio. — Yo también… me gustas Shinichi.
Al día siguiente, Sonoko desayunaba sola en su cuarto para que sus padres no le vean estudiando la bomba FN-44, analizando todo lo que le envió Análisis y escribiendo anotaciones en su tablet. Cualquier cosa que no estaba de acuerdo con el informe, lo escribía y enviaba su comentario al encargado de la bomba, recibiendo respuesta de inmediato y se lanzaban a un debate que tuvo que interrumpir al darse cuenta que le llamaba Makoto. Deja plantado al tipo, alegando que ya lo hablarían después, y acepta la llamada de su novio muy emocionada de escuchar noticias suyas… más ahora que la Organización conoce su identidad porque es prueba que sigue vivo.
Le había dicho que trataría de probar suerte de entrenar en Madrid, conocer varios tipos de pelea en algunos países europeos. Sonoko le comenta que va a ver si puede visitarlo ahora que se le aumentó el trabajo… también le pidió que se vigile demasiado las espaldas, admitiendo lo que él temía.
—Lamento no estar ahí para protegerte Makoto-san, pero por favor… cuídate.
—Sonoko-san, no te preocupes por mí… concéntrate en tu misión, yo estaré bien.
Su palabra de aliento le provoca un nudo en la garganta y le caen las lágrimas pero consigue sonar fuerte en la voz para no preocuparlo más de lo que ya está. — No te preocupes… ya verás que la gran Sonoko los detendrá a todos.
—Se que lo harás.
Tuvieron que colgar ya que a Sonoko le estaba siendo tarde. Guarda toda la información en su bolso junto con sus cosas del colegio (aunque últimamente no les está prestando demasiada atención por su trabajo), corre por la mansión y baja la escalera deslizándose por el pasamano, ignorando el escándalo de su madre. Se despide de ella y su padre con un grito y se va de la casa. Ve al guardia personal de su padre y ambos hacen un asentimiento de cabeza, recordando lo que hablaron anoche sobre la protección extra de su familia y sin que ellos lo sepan… a veces es beneficioso poder meter en su casa agentes en cubierto sin llamar la atención si tienes dinero.
El celular le avisa que otra vez le llaman y bufa por ello, ¿Qué no pueden hacer nada sin ella una hora al menos? Lo busca en su bolso sin dejar de correr y al ver quien la llamaba, se sorprende y acepta la llamada.
—¿Diga? — Es raro que le llame, normalmente llama a Ran y ella le comenta la noticia. Lo que sea que le dijeron, la sorprende. — ¿En serio? Si es una broma… está bien, ahora voy pero más te vale falsificarme un justificativo para la escuela que me harás llegar tarde. — Cuelga.
Ran despierta mitad cansada por salvar el mundo ayer… otra vez, y mitad feliz al darse cuenta que no fue un sueño… que de verdad Shinichi se confesó y ambos se besaron. Su cara se tiñe de rojo por recordar la gran "intensidad" con que se besaron, ¿De verdad ella estuvo tan dispuesta? Dios… no sabía que tuviera tanta pasión acumulada. Luego de arreglarse en el baño, se encierra en su cuarto para vestirse con el uniforme y amarra su traje de karate en la mochila para luego salir del cuarto a preparar el desayuno.
Su padre la miraba con mala cara por culpa de su sonrisa radiante y su insistencia de tararear una canción sin parar, prueba más que obvia de lo feliz que está, por lo que eso significa que lo paso muy bien anoche. Como le gustaría ir tras aquel mocoso detective y darle una llave de judo que lo deje en el hospital durante semanas por profanar a su adorada e inocente hija.
—Te ves demasiado animada. — Gruñe con los ojos fijos en ella.
—¿De verdad? Me siento igual que todos los días. — En eso oye su móvil.
—Sí es el mocoso…
—No empieces papá. — Contesta mientras le pone mala cara. — Dime… ¿En serio? ¿No es una broma?... bien, iré cuando termine de desayunar. — Frunce el ceño al oír la respuesta al otro lado. — Sí, cuando termine, adiós. — Cuelga.
En Osaka, podemos ver a Kazuha desayunar mientras leía lo del atentado en la joyería y de un ataque de una boutique en su día de inauguración en Tokio en su celular mientras escuchaba a su madre limpiar los platos que ocupó su padre. Había escuchado en la noche que Ran, Aoko y los demás se encargaron que las cosas no fueran a mayores y se alegró de saber que quedaron ilesas… por esta vez. Otra marca para registrar en el libro de "Anotación de Milagros".
Se despide de su mamá y sale corriendo de la casa, disculpándose en un grito por no recoger los platos. En dos cuadras escucha sonar su celular y al ver quién era, suspira de agotamiento… ya se ve llegar tarde a clases.
—¿Qué ocurre? Y espero que me prepares un justificativo o llamaran a mis padres... debe ser una broma, ¿No?... está bien, está bien… ¿No puede ser después de clases?... entiendo… adiós. — Cuelga y vuelve a suspirar. — Si que son impacientes.
Toma consciencia de la realidad al escuchar una voz llamándola mientras le sacude despacio el hombro. Abre los ojos despacio, cegándose por la luz del sol que entra por la ventana que se ve obligada a poner una mano frente a sus ojos y suelta un quejido casi parecido a un ogro furioso.
Aquel gesto sin embargo no afecta la alegre expresión del responsable de despertarla.
—Buenos días Aoko.
—Mierda Saguru… tengo sueño… y estoy molida.
El detective inglés se encoge de hombros, murmurando un "es tarde" y se aparta para darle espacio. La joven agente suelta un bostezo mientras estira los brazos al cielo. Las deja caer en el abdomen y suelta un quejido a causa que se pego con su celular al dejarlo ahí sin recordarlo.
Es lo que se consigue al hablar de madrugada.
—Imagino que no iras a la escuela. — Dice Saguru mientras se mueve por el lugar para preparar todo.
—Supones bien. — Mira el techo serena, recordando lo que paso anoche y lo que la llevo a la casa de Saguru. — Lamento los problemas que te causare si mi padre y Kaito descubren que pase la noche aquí.
—Lo dices como si hubiera pasado algo.
—Anda tú a hacerles entender a esos dos idiotas que tú dormiste en tu cama y yo en el sofá.
—Mi imagen de caballero se arruinara si descubren que no te cedí la cama. — Abre el refrigerador para buscar la leche y el jugo.
—Me la cediste diez veces… y diez veces me negué. — Al fin decide incorporarse, pero sólo termina sentada, con las piernas aun cubiertas por la manta que le dejaron. Se queda mirando el suelo mientras lo escucha preparar el desayuno para dos. — No vine a darte lastima… vine porque es el único lugar donde Kaito no se le ocurriría buscar… y tenía una cita telefónica.
—Ah sí…con él. — Sonríe bastante arrogante al verla fruncir el ceño. — Es un secreto a voces entre tus admiradores Jazmín.
—¿Qué es un secreto a voces? — Obstinada.
—Todos están a la segura que eres la novia de ese sujeto.
A la chica se le escapa un "ja" y ladea la cabeza. Malditos agentes entrometidos… actúan igual que la policía de homicidios con respecto a vigilar a los tales Sato y Takagi, desperdiciando tiempo y recursos del gobierno. Por eso un día llamo a Megure con voz de una señora que se quejaba de la incompetencia de los oficiales al invadir un parque de atracciones por espiar a una pareja de novios, incluso abusando de las placas… Ran le contó tres días después que Megure hizo sufrir a todo el departamento de homicidios y nadie sabe por qué.
—Mira… la verdad me da igual, que crean lo que quieran… no es asunto suyo… ni tuyo.
Ni lo ha negado ni afirmado, por eso Saguru vuelve a sonreír…la curiosidad es grande para un detective.
—Yo me mantengo al margen. — Dice alzando los brazos en señal de paz.
—Eso no impide que tengas tu propia hipótesis.
—Pero soy reservado. — La contempla ponerse al fin de pie, sosteniendo el celular y sólo con una camisa y bóxers que él le presto para dormir. — ¿Sabes? Tengo ganas de sacarte una foto así… para fastidiar a Kaito por el resto de su vida.
—Después de lo que ha hecho, adelante… te doy permiso.
Al fin los dos se sientan a comer y Aoko debe admitir que Saguru tiene una excelente habilidad de cocinero, subiéndole por fin el ánimo desde que la despertaron. Prefirieron disfrutar del silencio únicamente interrumpido por la música clásica o Watson, el halcón que quería atención de su dueño.
—Tranquilo Watson, termino de comer y te dejaré ir a cazar.
—¿Puedo hacerlo yo?
—Claro… el guante está al lado de su jaula.
Aoko se pone de pie, se acerca a Watson como si fuera algo cotidiano para ella, se coloca el guante y luego abre la enorme jaula, alzando la mano protegida. Silba y el halcón responde volando en el espacio disponible en círculos para luego caer sobre la mano de la joven. Ella sonríe, le da una caricia y luego lo deja irse a cazar por los alrededores de la ciudad.
—Gracias… — Murmura volviendo su mirada al inglés. — Por darme una mano.
—Con ese amigo que tienes, necesitas mucha ayuda.
—No sé si debería seguir en esa categoría después de lo que me hizo… me traicionó. Traiciono mi confianza dos veces. — ¿Es esto lo que sintió Ran cuando descubrió que James y Akai le guardaron el secreto de Silver Bullet? Se sienta en silencio, señal que no quiere hablar más de ello… o que quizás no sabe aún qué pensar. Cada vez que un tema se relaciona con Kaito queda así: con los pensamientos dando vuelta y migraña. — Pero de verdad, gracias Saguru.
—Cuando quieras Aoko… puedes quedarte todo el tiempo que quieras.
—Por mucho que eso te encantaría… para tu placer personal y para fastidiar más a Kaito, no quiero abusar… tengo un departamento, no quería usarlo hasta que cumpliera los dieciocho pero… bueno, a adelantar planes. Te dejaré todo cerrado y en orden cuando regreses.
—No te molestes.
—No es molestia… eso sí, ¿Me podrías enviar un mensaje si Kaito fue o no a clases? Para ver si puedo pasar a casa.
—De acuerdo.
El celular de Aoko suena, interrumpiendo la buena atmosfera. Ella se apresura en agarrarlo, con la tonta esperanza de siempre que sea él… pero no. No cuenta con esa suerte por culpa de la maldita seguridad y las misiones de encubierto.
—Por tu cara apuesto que es trabajo.
—Bienvenidos al mundo real… Hola Shu. — Saluda al contestar. — ¿Es una broma?... Tienes razón, tú no sabes lo que es eso… no molestes, gracias y nos vemos. — Cuelga.
Aoko es la última en llegar pero igualmente estaban las tres agentes atrasadas en la reunión con Akai en el museo nacional. Nota claramente sus miradas extrañadas de verla con ropa civil y no con el uniforme de su escuela pero mantienen un silencio respetuoso y les da las gracias en su mente. Aunque está claro que va a decirles después para que estén informados de su posición actual.
—Llegan tarde. — Dijo el hombre apenas las tres mujeres están frente a él.
—A parte de ti Shuichi, tenemos vida social. — Alega Sonoko con las manos en las caderas y viéndolo muy molesta.
—No empiecen ustedes una discusión. — Pide Ran con una cara de exasperación.
—Olvídalo, sabes que pedir eso es como pedir que Shuichi se convierta en la versión femenina de Jodie. — Le comenta Aoko resignada.
—Eso da miedo Aoko. — Dijeron sus amigas, dirigiendo sus miradas a ella.
El hombre adulto se cruza de brazos y mira a las adolescentes con esa mirada seria típica de él que consigue callarlas y prestarle atención, resignadas.
—Gracias al libro de jeroglíficos de Takami, hemos averiguado dos cosas importantes.
—¿Cuáles son? — Pregunta Sonoko.
Hablaban mientras fingían admiración en las reliquias.
—Lo primero que averiguamos es que el Jefe de la Organización es un cargo hereditario.
—O sea que en realidad hay una familia que en vez de dedicarse a la medicina o a la docencia… se dedica a ser mercenarios y asesinos. — Comenta Ran como si no fuera importante. — Interesante.
—¿La otra? — Pregunta Aoko con el ceño fruncido.
—Ya averiguamos el por qué esa familia es tan fanática de los Stradivarius: Los robaban porque quieren buscar el instrumento que tiene marcado el nombre del segundo jefe de la Organización.
Su audiencia se sorprende.
—Ya veo. — Dijo Ran mientras mira una obra. — La organización fue creada en el año 1810, por lo que hemos registrado hasta ahora, de seguro el hijo o nieto hizo un descuido que provocó ser revelado por alguien y ese alguien lo marco en lo que tenía más cerca…
—Y lo más cerca que tenía era un Stradivarius. — Murmura Sonoko. — Que desperdicio.
—Le has acertado Ángel. — Le felicita Akai, llenándola de un extraño orgullo fraternal que le hace pensar si así se siente Sera cuando él la elogia. — Lo marcaron en uno de los instrumentos de Antonio… pero era dueño de un instrumento extraordinario e único de Antonio Stradivari. Y por eso no han podido encontrarlo hasta ahora.
—¿Único y extraordinario? — Preguntaron Diamante y Ángel.
—Lo tengo, el arpa. — Exclama Jazmín emocionada de acertar.
—Exacto, el nombre del Jefe de aquella época esta anotada en el arpa… el único arpa que fabricó Antonio Stradivari.
—Pero Shuichi, nadie sabe, hasta el día de hoy, dónde está. — Le recordó Ran.
—Tenemos suerte entonces que Takami haya logrado resolverlo antes de ser asesinada… el dueño, le puso el nombre en 1810 y luego de años, cayó en 1829 en un personaje muy famoso que lucho por su país hasta el día que fue asesinado en 1865.
—¿Y ese quién es? — Quiso sabes Aoko.
—Shuichi… — Su igual si consigue adivinar lo que estaba pensando. — ¿No te estarás refiriendo al decimosexto presidente de los Estados Unidos?
—¡¿Abraham Lincoln?! — Gritaron sus amigas sorprendidas
—Ese mismo — Hablo el de la gorra. — Y no griten.
—Lo siento. — Dijeron apenada.
—Pero Shuichi, eso es imposible… entre las pertenecías de Lincoln no estaba el arpa, había una pero… no era un Stradivarius y la donó antes de morir al Real Conservatorio de Música que se encuentra en Madrid. El arpa está desaparecida desde la muerte del creador y es imposible que este en manos de Lincoln.
(Nota de la Autora: Voy a aclarar que eso del arpa que estuviera con el presidente no es cierto, a lo mejor si y lo adivine por la intuición femenina XD. Lo he inventado para el fic y porque no salía mucho del arpa, solo que Antonio hizo una, no se dice donde esta ahora por lo que le invente esto. Por lo que no quiero a ni un lector experto de Historia criticándome).
—Se nota que haces tus tareas de agente y como estudiante Ángel. — Akai sonríe sarcásticamente. — ¿Recuerdas que tuviste la oportunidad de ir allá cuando tenías una misión en España?
—Sí, y vi el arpa… era muy hermosa…
—Takami también la vio, dime… ¿Notaste algo extraño en la parte inferior del marco resonante?
—Ahora que lo dices… había una mancha café y algo como si hubiera sido golpeado… la guía del museo dijo que, según la esposa de Lincoln, al presidente se le había caído, rompiéndose un poco esa parte, y lo reparo personalmente… pero que como no tenía barniz, lo oculto con esa pintura café.
—¿Y sabías que también tuvo la oportunidad de ir a Abraham Lincoln Birthplace Nacional Historic Site?
—No bromees. — Dijeron las chicas asombradas.
Ese lugar era nada menos que un terreno de campo en donde estaba la cabaña donde el decimosexto presidente vivió.
— A Takami le llamo la atención sobre lo de la mancha y creyó que tendría respuestas allá. Cuando llegó, hizo el recorrido turístico… pero al "Perderse" — Dijo aquella palabra entre comillas porque en realidad, Takami se había alejado de los demás — encontró algo que llamo su atención y ese algo era una pequeña puerta secreta detrás de un librero que estaba en el comedor de la cabaña y vio un cuaderno viejo y polveado que estaba escrito por Lincoln. — Saca del bolsillo interno de su chaqueta el mencionado objeto para entregárselo a Ran. — Su siguiente misión será ir a Madrid y traer de forma segura el arpa.
Sonoko se emociona porque estará en la misma ciudad que Makoto-san.
—Espera un momento. — Ran alza las manos. Algo no le cuadraba. — Si la Organización, en aquellos años, era consciente que el nombre del Jefe estaba en el arpa y que lo tenía el presidente… ¿Por qué no lo tomaron?
—¿Y por qué crees que fue asesinado?
—Fue asesinato por un actor… por John Wilkes Booth. — Dijo Aoko.
—Ese tal John era un miembro de la Organización que fue enviado para matarlo tras no haber conseguido que Lincoln hablase. — Disfruta las expresiones que pone su audiencia. — Para más información sobre lo ocurrido, lean el cuaderno.
—¿Eso significa que la Organización supo de la ubicación del arpa recientemente?
—Así es Jazmín, no se público del secreto hasta hace cinco años y ellos buscaban el momento perfecto para robarlo: el inicio de Paradise.
—Pero Shu, ¿Cómo lo haremos para sacar de España un arpa donada por el presidente, Abraham Lincoln? — Pregunta Ran. — ¿Robarla?
—Uhh… robar un Conservatorio Español está en la lista de Cosas por Hacer como Agente. — Se burla Sonoko.
—En estos momentos Elizabeth fue al Real Conservatorio para hablar con el dueño, explicándole todo lo ocurrido hasta con detalle, acompañada del Director de la CNI como apoyo. Y, como una de los jefes de la CIA, eligió para esta misión a Cheetah y a Melina, mientras que Jack las eligió a ustedes y a los chicos.
—¿Touya, Aarón, Yokko e Idun también?
—¡Esto será divertido! — Exclama Aoko con una sonrisa, olvidando por un momento sus problemas fuera de la línea del trabajo.
—Su misión es ir y traer a salvo el arpa. Y hay algo más… vayan con precaución que es bastante probable que la Organización va a hacer también su movida.
—Será fácil.
—Como quitarle un dulce a un niño. — Continúo Sonoko.
—Vamos a patear algunos traseros — Dijo Ran con una sonrisa de ironía.
