Capitulo 25: Preparaciones para Madrid.
Eri había invitado a su hija y a Kogoro a una cena elegante de abogados, algo que al detective ex policía le parecía extraño pero Ran andaba muy emocionada… y no es por verlo como una oportunidad de unir a sus padres, sino porque todo es un plan que preparó con su mamá para conseguir ir a Madrid sin llamar la atención: pagarle un pasaje a su madre a cambio que la ayude con una excusa creíble. Todos creerían que estaban pasando un momento juntas pero en realidad la única que hará turismo será Eri porque Ran estará ocupada sacando un arpa del continente europeo.
Pero no se esperaba un contratiempo en el plan de engaño: que Shinichi se apareciera. Al parecer Yusaku también fue invitado por algún abogado y accedió ir sólo porque le dijeron que si acompañarlo su esposa e hijo. Así que ahí estaban, los Kudo y los Mouri, sentados en la misma mesa y hablando con tal normalidad que no se esperaba que había una misión allí… porque una cosa es engañar a su padre… y a Shinichi a través de éste… pero es algo muy distinto engañar a su padre y a los dos maestros del engaño al mismo tiempo: Yusaku y Shinichi. Sonoko lo haría pan comido, es decir, consiguió engañar a ellos y a otras mentes brillantes con su actuación de adolescente millonaria y mimada, pero Ran no puede con esa presión si aún siente mariposas cada vez que se recuerda que ahora es novia de Shinichi.
¿Qué clase de relación se estaba metiendo en plena guerra? Es ridículo hasta para ella.
No hay marcha atrás, se recuerda la joven mientras veía a las madres conversando y rogando a todas las divinidades que por favor le concedan el milagro.
Cuando Eri la miró de forma inconsciente, aprovecha esa oportunidad para darle la señal e iniciar su plan.
—Es cierto — Hablo la abogada un minuto después del mensaje, para no llamar sospechas. —, pasado mañana pienso ir a Madrid para relajarme, últimamente he tenido mucho trabajo.
—Bien dicho Eri. — Apoya Yukiko emocionada, incluso ya estaba planeando enviarle un itinerario de lugares a los que debe ir.
—Espero que tengas la calma que necesitas. — Dice Yusaku con una sonrisa.
—O que se quede allí para siempre.
—¡Papá! — Regaña su hija, molesta, mientras Eri lo ve con ojos asesinos.
Este tío,pensó Shinichi con mala cara.
—Y en eso recordé que ustedes no tenían clases por dos semanas. — La abogada se esfuerza por seguir hablando con naturalidad a pesar de que seguía enojada con su marido, viendo a Ran y Shinichi — Por lo que pensé que sería buena idea que vengas conmigo Ran.
—¿En serio? — Sus ojos brillan de la emoción y junta sus manos. Su actuación es tan sorprendente hasta para ella que llega a pensar que de verdad se merece un Oscar. — ¿Me estas invitando ir a Madrid?
—¿Qué piensas Ran? Unos días en el extranjero sólo tú y yo.
—¡Eso es genial, siempre he querido ir a España mamá! — Complementa su afirmación con un movimiento de cabeza. — Es eso o ser la mesera de papá —Y se cruza de brazos.
—¡No te lleves a mi pequeña! — Grito Kogoro mientras la abrazaba — ¡¿Qué pasa si un tipo se aprovecha de ella?!
Shinichi estaba de acuerdo en lo último, pero no dijo nada. No quería verse como un celoso odioso.
—Ran es grande ya y si quiere ir conmigo, que venga.
—Por supuesto que voy. — Se libera del abrazo de su padre. — Hay muchas cosas que quiero ver.
La realidad es que ya se conoce Madrid de memoria (gracias a sus misiones del pasado en dicha ciudad) pero eso es algo que los oyentes no necesitan oír.
—Pues diviértanse mucho las dos. — Dijo Yukiko manteniendo su buen ánimo. — Pero no andes mirando a otro Ran-chan que ya eres de Shin-chan.
—¡Mamá! — Alego el chico sonrojado… como Ran.
Al esquivar su mirada por la vergüenza, Ran capta la llegada de una persona que le causa asombro: un hombre abogado alrededor de los cuarenta que se llama Zeus Drew. Sabe que es inglés como el hijo del jefe de los policías y que es bastante reconocido, especialmente desde que se retiro muy pronto y desapareció del público luego de la muerte de su esposa a causa de un accidente de tránsito.
Lo conoce bastante bien porque es padre de Touya Drew, el mismo Touya agente y amigo de ella.
¿Qué hace aquí?, se pregunta mientras toma un trago de su jugo.
—¿A quién ves Ran? — Pregunta Kogoro mientras busca el origen de atención y frunce el ceño. — Ese hombre me suena de algún lado.
—Zeus Drew. — Le recuerda la abogada molesta de su falta de memoria, ¿Cómo se le ocurre olvidar el hombre que casi deja en libertad a un criminal que éste capturo?
—Es el padre de uno de mis amigos. — Se justifica la chica ante su padre. — Tenía entendido que ya no se deja ver públicamente desde que su esposa murió… por eso me sorprendí de verlo.
—Hmm… sabes arto, señorita detective. — Se burla Shinichi.
—Calla que no soy detective. — Reproche molesta. — Lo sé porque soy amiga de su hijo, ¿Lo olvidaste?
—Imposible no hacerlo.
—Mi Shin-chan está celosoooooo. — Canturrea Yukiko.
El hombre Zeus conversaba con un hombre que se le había acercado pero al distinguir a alguien en específico, se tuvo que disculpar y apartarse. Ran se sorprende de verlo dirigirse a su mesa que lo primero que hace es mirar detrás de ella pensando que era otra persona quien llamó su atención, pero no, Zeus Drew se detiene en su mesa…
Específicamente cerca de ella.
—Buenas noches. — Saluda a todos con una inclinación, aunque aquel gesto de respeto iba más para la joven agente.
—Buenas noches Drew-san. — Eri de inmediato toma la palabra al momento que se pone de pie.
—Ah, Kisaki Eri… la Reina del Tribunal. He oído hablar de usted y de lo mucho que tritura a sus víctimas.
—Sólo hago mi trabajo. — Modesta como siempre. — Le presento a mi familia: mi esposo Mouri Kogoro y mi hija Mouri Ran… ellos son la familia Kudo: Yusaku, Yukiko y Shinichi. Son… invitados de otro colega.
—Buenas noches. — Los otros adultos se ponen de pie para saludar.
—Mouri Ran… nos hemos visto antes, ¿No?
—Sí, señor… soy amiga de su hijo Touya. Nos cruzamos un par de veces.
—Amiga de Touya… sí, lo recuerdo perfectamente. — Se vuelve a inclinar. — Le agradezco que le ofrezca su amistad, la verdad es que he estado preocupado por él… aunque en parte es culpa mía. Nunca estoy presente.
—No, no. — Mueve sus manos en negación. — No es necesario que me agradezca, Touya es un amigo muy confiable y que aprecio mucho… me ha salvado el pellejo muchas veces.
Y no lo dice de forma metafórica.
Su comentario causa que el hombre sonría, aliviado de escuchar tales palabras con respecto a Touya.
—Disculpe si suena intruso ya que está claro que pasa un momento agradable con su familia y amigos, pero… Kisaki-san, Mouri-san… ¿Sería muy grosero de mi parte pedir un momento con su hija?
—Yo no tengo ni un problema si Ran no le importa. — Dice Eri.
—Ni yo. — Concuerda Kogoro extrañamente tranquilo, debe notar que solo es un padre que necesita saber de su hijo a través de los ojos de terceros.
—No me molesta. — Ran por fin se levanta de la silla y agarra su bolso de mano. — Volveré enseguida.
—Mi nuera es muy amable con todo el mundo.
—¡Deja de llamar así a Ran mamá!
Ran se aleja apenada por las palabras de Yukiko por haber sido escuchadas por un "extraño" del círculo. Se queda mirando la espalda del hombre (él caminaba delante de ella), preguntándose qué quería decirle… y si debía hablar con Touya sobre aquel encuentro fuera de lo común. Las dos veces que se encontró con Zeus en el pasado no fueron muy… sociables. Se saludaban, conversaban respetuosamente y luego se iba a encerrar a hacer Dios sabe qué. Y no es por discriminarla. El hombre simplemente perdió las ganas de "conversar" con el mundo luego de perder a su esposa. Y a causa de su ausencia y poseer mucho dinero, Touya puede irse a misiones por todo el mundo sin llamar la atención de los civiles. Para ellos es sólo un inteligente mimado que aprovecha el dinero del papá depresivo. Por eso no tiene muchos amigos fuera de la agencia.
Zeus le ofrece la silla de una mesa pequeña y vacía y ella da las gracias, luego se sienta él frente a ella. Ran queda a espaldas de sus padres y los Kudo.
—¿Pasa algo grave Drew-san?
—Ya no sé qué hacer con mi pobre Touya.
Ran abre la boca sorprendida… ahora entendía por qué él se aseguro que quede a espaldas de los otros.
Ese hombre se expresaba gestualmente como un hombre perdido.
Pero la voz ya no es la suya…sino de un hombre más joven.
—Dime Ángel qué hacer con este hijo insensible y bueno para nada que me han dado.
—R… —Se corta al darse cuenta de la mirada que le echa. — Ro… Amuro…
—De verdad soy increíble en el engaño si pude timar a la presumida de Ángel. — Se le nota en la voz lo mucho que lo disfruta.
—Pues eres todo un maestro del engaño si te burlas con la voz pero tu cara es genuinamente la de un padre depresivo y preocupado.
—Eso habla de lo diferente que somos Akai y yo… y claro, Sonoko de ti. Después de todo, yo la entrene.
—Lo que diga señor torturador… ahora entiendo por qué te aseguraste que le dé la espalda a mis padres y los Kudo.
—Harías un gesto que les llamaría la atención… prefiero prevenir con esas mentes brillantes presentes.
Pues estaba en lo correcto, cualquier paso erróneo será suficiente para que Yusaku y Shinichi interfieran… y Amuro no podrá hablar con ella sobre lo que sea que quiera decirle. Y debe ser serio si tuvo que armar todo el disfraz y hablar lo correcto para preparar el escenario idóneo. Al menos…
—¿Te enviaron a matarme? — Por mucho que él sea del PSD y maestro de Sonoko, no puede dejar de lado su deber en la Organización para seguir cumpliendo su papel de chico malo y así destruir la "banda" desde dentro. Aun si eso significa matar colegas. Eso dejo de importarle desde que Shu… — ¿Para eso me apartaste?
—¿Estás loca? Tu padre me mataría antes de dar un paso a la salida más cercana.
—¿Debo tranquilizarme sólo con tu palabra?
—Créeme, jamás me lo ordenarían… Gin quiere ser el único quien te rompa el cuello.
—Que galán de su parte.
— Mi objetivo es otro… — Su confesión llama la atención de la agente ¿Será amigo o enemigo? Tendrá que esperarse al día siguiente si aparece un muerto en este edificio e indague su vida. — Es que te vi y pensé matar dos pájaros de un tiro: trabajar y hablar de Aoko.
—Estoy bastante segura que no le gustara saber que estaba entre medio de un posible homicidio.
—Lo sé, pero no me queda de otra. Ya hable con ella, por lo que no puedo hacerlo hasta que vuelva a ser seguro… y eso tarda meses. — Ran asiente al comprender, Amuro siempre ha hecho todo lo que sea necesario por el bienestar de Aoko, desde que él era un puberto y ella una recién nacida. — Me di cuenta que cuando hablábamos estaba en la casa de Hakuba Saguru.
Menos mal que no estaba tomando algo o de seguro ahora mismo lo escupiría en la cara anciana de Amuro (por el disfraz). Esa parte de la historia no se la contó… quizás porque Sonoko andaba presente también y no quería que la molestara.
—¿Estuviste rastreando su celular otra vez?
—Lo hago luego de lo que pasó en Rusia. — Ran ladea la cabeza y se ve obligada a darle la razón. Hasta ella lo haría. — Y ahora esta habitando su departamento después que verifique su ausencia en casa dos días después… y no puedo preguntarle a Ginzo.
—Así que tu brillante plan es preguntarle a su mejor amiga agente mientras estas de encubrimiento para matar uno de los invitados. — Suspira. Es la primera vez que da gracias de estar a espaldas de los Kudo y sus padres o notarían su cara de "agotada de toda la mierda alrededor". — Ginzo-san sabe que ha seguido los pasos de su madre. Ella no quiere oírle decir que lo deje y si a eso le sumamos que Gin y los otros saben su identidad… pues pensó mejor adelantar su plan de independencia.
—¿Lo sabe? — Se oye sorprendido porque su rostro falso sigue en el papel. Es digno de un Oscar. Y pensándolo bien… ¿También arrepentido? — ¿Cómo?
—Alguien en quien confiaba se lo dijo… no me dio detalle pero es obvio que hablaba de Kuroba Kaito… ya sabes, su amigo mago de la infancia que dice que es un pervertido.
—Ah sí… me lo ha mencionado un par de veces… y ahora tengo más ganas de matarlo.
—No te atrevas, Aoko se dará cuenta que fuiste tú… y no te lo va a perdonar por mucho que te ame.
—¿Y asustarlo? — La ve fruncir el ceño. — Vamos… tú también lo deseas… lo veo en tus ojos… quieres que pague.
—Bueno, sí, lo admito… asustarlo un poco no es mala idea… pero algo chiquito para que Aoko no nos acribille vivos.
Al día siguiente, Aoko se despierta en su cama King de su departamento. Lleva casi una semana y aún se le olvida por qué está allí los primeros cinco segundos. Se incorpora y estira los brazos al cielo mientras bosteza sin preocuparle taparse la boca o que no luce para nada una dama. Desvía la cabeza en el lado libre de su cama, cubierta de papeles, computador, tablet, teléfono y sus cuadernos escolares, luego mira su uniforme colgado en la puerta de su closet y sin usar desde que llego.
Había decidido no volver a la escuela… al menos hasta que regrese de Madrid… o más bien hasta que Paradise acabe. Por eso le ha pedido a Keiko sus apuntes, que le envié fotos por correo. Un buen plan para evitar preguntas de cómo tiene un departamento de categoría pent-house y seguir ilocalizable para su padre y Kaito. Lo único que ha hecho es enviarle a su papá un mensaje a diferentes horas y correos para mantenerlo informado que sigue viva, con un video adjunto con sólo una pared de fondo para que no encuentren pistas, y luego de recibir una respuesta borrada el correo. Con Kaito es otra historia. Simplemente no le habla, no se lo merece, así que permite que sea Saguru quien le informe cosas de ella, sólo para que se cabree que confía más en el inglés que en el mago con respecto a datos personales.
Se lo merece.
Al fin decide salir de la cama, pensando que ya fue demasiado cautiverio y que pasara el día fuera… aunque tenga que hacerlo disfrazada. Se ducha pensando que color de peluca debería elegir, si también debería ponerse lentillas para cambiarse el color de los ojos y el atuendo ideal que vaya con su caracterización. Claro… también debe pensar en las armas. Luego de una hora, sale de su cuarto-ropero con los ojos verdes, cabello rojo y rizado hasta los codos, una pollera verde menta que deja su plano abdomen al descubierto y pantalones blancos y ajustados a las caderas… puede que no tenga pechos como sus compañeras y colegas agentes, pero al menos tiene un buen trasero gracias al duro entrenamiento.
No se prepara desayuno, decide comer en el restaurante que tiene el edificio. Se coloca una chaqueta blazer blanco, que deja desabrochado y que esconde dos pistolas únicos (porque fueron creados para que los agentes lo llevaran con fácil acceso y que no sea detectado con alarmas) en bolsillos secretos, agarra sus documentos y sale del lugar.
Consigue entrar al ascensor justo a tiempo. Saluda con un movimiento de cabeza a los otros que están allí y espera paciente llegar al primer piso.
Lo que no se esperaba al entrar al restaurante es a Akai.
El hombre estaba de pie en la entrada, con las manos en los bolsillos y mirando el paisaje que le mostraba la ventana más cercana.
—Pensaba que no te gustaba venir.
—El que no me guste estos lugares para vivir, no significa que no deba pasar Aoko.
—¿Y qué haces en mi morada? Quiero decir, en una parte de mi morada.
Akai no responde, en vez de eso, le hace un gesto y se adentra al restaurante. Directamente a una mesa para dos. Aoko suspira resignada ante aquel comportamiento, consciente una vez más que su maestro hace lo que le dé la gana.
Apenas se sentó, Akai le entrega el periódico de hoy. Debe ser el motivo de su visita, de ahí que frunce el ceño. ¿Qué tiene que ver la prensa en todo esto? Estira el diario al estar doblado y todo tiene sentido al ver el titular que ocupa toda la plana.
¡ABOGADO ASESINADO ENTRE COLEGAS!
Al parecer, en una cena de abogados, Wang Tora fue encontrado muerto, un abogado que se le conoce por pelear contra los fiscales y empresarios corruptos, ayudar a los que no tienen para conseguir un abogado calificado para sus casos problemáticos y participar en varios programas con el fin de proteger y crecer la naturaleza en Japón. Si Aoko no se equivocaba, esta… o estaba más bien, entre los diez mejores seres humanos como ejemplo a seguir en una revista que leyó. Por debajo de Nelson Mandela.
—Es una lástima para el planeta pero no entiendo aún por qué él es la causa de tu presencia,sensei.
—Fue asesinado por Bourbon.
Oh… ahora si tiene sentido.
—¿Por Re-…? — Se muerde el labio, castigándose mentalmente por casi soltar el verdadero nombre del agente infiltrado en zona pública.
Ve la fotografía del hombre muerto con otro punto de vista. Se imagina que está viendo a Rei en ese lugar, tranquilo y despreocupado para bajar la guardia de sus objetivos… y luego, con unos ojos fríos y serios, saca el arma y dispara. Creando una escena del crimen que no dejara huella de su presencia.
Se entristece al punto de lanzarse a llorar, pero mantiene la compostura gracias a la presencia de Akai. Desde que empezó a admirarlo con sus once años, ha hecho todo lo posible para no mostrarse débil. Una digna alumna suya. Por eso le molestaba la libertad de Ran para hacer lo que quisiera, emocionalmente hablando, en frente de él. Claro que hoy ya entiende que eso no afecta la opinión que Akai tenga de ellas dos. Pueden llorar literalmente una cascada de lágrimas y el agente seguirá creyendo que tiene perfectas alumnas rompedoras de huesos.
—¿Cómo sabes que fue él?
—Porque Ran lo vio. — Su oyente alza la mirada, dejando por fin de prestarle atención al periódico, y lo contempla mitad sorprendida y mitad confusa. — Él fue disfrazado del padre de Touya (debió pedirle ayuda a Vermouth), y se aprovechó de ello para hablar con ella. Conversaron, luego de unas horas, se acercó a su objetivo para ganarse su confianza y luego desaparecieron. Zeus no ha vuelto a la fiesta y Taro apareció muerto.
—¿Le ha echado la culpa a Zeus-san? — Se frota la frente al presentir la migraña típica causada de tanto enredo y dramas entre agentes. — ¿Qué quiere tener ahora problemas con Touya?
—Pues sí, él ha quedado como principal sospechoso. Aún cuando no han encontrado sus huellas dactilares ni una evidencia de haber sido él. Lo han rastreado en las últimas horas y la policía se sorprendió de encontrarlo en Estados Unidos. Sus papeles, los testigos, la servidumbre y su hijo confirman que Zeus Drew no ha dejado América en todo este último mes.
—Me imagino sus caras.
—Está bastante sorprendido y molesto… y ni hablar de su hijo. Touya, al ser consciente de los trucos de Vermouth, llamó a James para entender que ocurría. Luego terminó hablando con Ran cuando se enteró que estuvo allí.
—Y te dijo a ti también y tú decidiste venir a darme las "buenas noticias" — Sarcástica mientras finge un tono alegre. — Y hace sólo una semana que hable con él… es un record personal en nuestro tiempo distanciados de nuestra relación.
A Akai se le escapa una sonrisa de lado.
—Era mejor que te enteraras de mí que de otra persona.
Ahí debe darle la razón.
—Gracias…maestro Obi Wan.
Llega por fin la mesera, dándoles los buenos días y disculpándose por la demora. Los dos agentes pidieron café y el menú de desayuno americano que consistía en muchos panes, galletas e ingredientes para ponerle al pan como mermelada, huevos revueltos, cecina, queso, etc.
—¿Por qué… Amuro quería hablar con Ran? — Pregunta apenas quedaron solos nuevamente.
Dios, como odiaba hablar de él con su falsa identidad.
—Estaba preocupado por ti… — Akai apoya los codos en la mesa, entrelaza los dedos y apoya allí su mentón, observándola de una forma que la pone incómoda. — según él, estabas en la casa de Hakuba Saguru.
Aoko maldice en su mente mientras le empieza a arder la cara. Claro, era obvio que luego de su casi muerte en manos del ejercito de Rusia él iba a mantener un ojo en ella de todas las formas que su limitada relación pueda. Dios, si Diamante se entera… ya tiene demasiado con los rumores sobre Rei y ella para que ahora pongan a Hakuba en un trágico triangulo amoroso.
—Sonoko no lo sabe. — Descifrando sin problema su dilema interno y la chica suspira de alivio. — Solo Ran, yo… y Amuro, obvio. Quería saber si te paso algo grave como para pasar la noche allí.
—¿Y Ran te dio la respuesta?
—Sólo me dijo que te fuiste porque tu padre ya lo sabe y se pelearon.
Aoko bendice la inteligencia de Ran. Con que ella y Amuro sepan los detalles es suficiente por el bien de Kaito. Si Akai se agrega al paquete… pues su amigo idiota se puede dar por muerto.
—Ahora que tu padre conoce la verdad… ¿Le vas a decir que iras a Madrid o le mentiras?
—Mentir… sigo en plan invisible hasta que se me pase el enojo… o él se dé cuenta que no controla mis decisiones.
Ni Kaito ya que estamos.
—¿Y qué le dirás?
—Nada, seguiré diciéndole que estoy bien y estudiando a pesar que no voy más a la escuela. No tiene que saber que sigo haciendo lo mismo… en otro continente.
Lo único que obtiene de respuesta es un asentimiento de cabeza. Cosa que le gusta de Akai es él no reprocha las decisiones correctas o erróneas de que toma ella o Ran, consciente que ser agente no es fácil cuando tienes doble vida al mantener la parte de agente en secreto. Tampoco lo hace porque él tiene el pensamiento que las personas tienen que darse cuenta por sí misma si lo que hacen están bien o mal.
Y porque sabe que él mismo ha hecho (y continua haciendo) estupideces también.
—Gracias… — Repite su agradecimiento. — de verdad Shu-sensei.
El agente vuelve a regalarle una sonrisa pequeña y apoya una mano sobre su cabeza, dándole el mismo gesto amigable que se le da a un niño.
Las vacaciones de Kazuha comenzaron antes de las de Ran, por eso ya se encontraba lista con su maleta en la entrada y con la mentira a sus conocidos que una tía la invitó a pasear en Yamagata durante los días festivos. Su madre iría allá al día siguiente para ayudarla a cubrirla, en cambio su padre mantendría un ojo puesto en Heiji para que no se dé cuenta del engaño.
Asegúrate de seguir viva,recuerda sus palabras de esta mañana antes de marcharse al trabajo,se qué pido mucho para un Toyama, pero de verdad quiero algún día presenciar a mi hija en su boda y presumirlo con mis colegas.
Escucha que tocan a la puerta y mira la hora. Su colega y compañera de viaje ha llegado puntual como de costumbre. Oye a su madre dirigirse a la puerta principal.
—Kazuha, llegaron por ti.
—Gracias mamá, dile que ya voy. — Le responde en un grito
Se levanta del suelo y mira el entorno de su cuarto. Siempre lo hace, pero esta vez es especial… de una forma intuye que no estará en su casa, ni mucho menos descansando, por un largo tiempo y quiere absorber todo cuando necesite un momento de cordura en su ajetreada misión de vida o muerte.
Baja las escaleras a paso lento, siguiendo con aquel mantra de memorizar su hogar con todos sus cinco (o más) sentidos. Se detiene frente a la foto en que sale su padre sentado en una silla, con ella encima, de lado como si la cargara al estilo de princesa, y su madre detrás de ellos, los tres sonriendo. Nunca lo hace, pero con su celular se consigue una copia personal.
Para no olvidar lo que le espera en casa.
—Nos veremos luego okasan. — Se despide mientras recoge su maleta de mano.
—Sí… — La mujer la mira mitad serena y mitad preocupada. — Ten cuidado, ¿Sí? Piensa antes de actuar.
—No por nada soy de la CIA. — La abraza con su mano libre, que su madre le corresponde sin dudar. — Volveré antes que me extrañes.
—Te tomaré la palabra. — Le besa la frente. — Deja bien en alto el apellido Toyama.
—¡Pan comido! — Y sale.
Apenas está en el aire libre y sin la mirada de su madre, se permite suspirar. Más le vale cumplir su palabra.
—¿Aún no estás lista Cheetah?
—¡Shh! ¿Quieres que te oigan todo el vecindario Melina? — Le reprocha con ojos furiosos a su acompañante.
—Relájate, ¿Quieres? — Melina, como Kazuha, es una agente de la CIA. Sus ojos eran azules y su cabello de color miel. Viste unas sandalias blancas y un vestido hasta las rodillas de color negro — Elizabeth nos trajo un auto para nosotras… yo conduzco, obviamente.
—Oye, que prefiero morir peleando, en por culpa tuya.
—Muy graciosa.
Se sube al vehículo que le dejo Elizabeth: Mercedes, rojo, descapotable. Hay que ir con estilo al aeropuerto si quieres que te tomen en serio. Kazuha deja su maleta en el maletero, ya ocupado por el de Melina.
—Es un auto muy bonito, Kazu, ¿No te parece? — Se oye muy feliz para el gusto de Kazuha, aún sabiendo que iba a compartir una misión importante con el FBI.
—Lo es. — Abre la puerta de copiloto y disfruta del suave asiento. — ¿Nos vamos ya?
—¿Ya te despediste de todos?
—De mi padre esta mañana y de mi madre hace un rato.
—¿Y qué me dices del morenazo de tu novio?
—Mo-… ¡Heiji no es mi novio! — Le grita con la cara roja.
—Aja, lo que digas… ¿Te despediste de él?
Kazuha piensa en lo que paso ayer en la tarde, había ido a casa de la familia Hattori para anunciarle que iba a irse por asunto de trabajo… pero con una modificación.
—¿Yamagata?
—Sí… tengo una tía allí y la iré a visitar. — Se arregla un flequillo rebelde. — Aprovecharé la salida para investigar a un sospechoso de ser uno de esos cuervos.
—Voy contigo.
Eso le causa pánico pero trabajó muy bien para no reflejar nada en su rostro o resto del cuerpo.
—No digas tonterías, ¿No te comprometiste con un caso? — Apoya las manos en las caderas. — No voy a estar sola y es sólo una misión de reconocimiento.
—Hmm… — Claramente no le gusta la idea de no hacerle compañía… pero ya dijo que no estará sola y no quiere causarle problemas si anda detrás como un perro guardián. — Vale, tienes razón… pero asegúrate de mandarme algún mensaje.
—Lo haré tranquilo.
—Sí, ya lo hice.
—Bueno, entonces… ¡Nos vamos a Madrid!
Con las gafas de sol ya puestas, enciende el auto y da marcha a su destino: el aeropuerto.
Kazuha busca en su cartera sus propias gafas y ve a su compañera con ojos sospechosos mientras se las pone.
—Estás muy alegre para ser consciente que mis amigas del FBI estarán en la misión.
—Me voy a Europa. Voy a tratar de no querer matar a esas presumidas siempre y cuando aproveche el viaje para divertirme.
—Oye, que vamos a trabajar, no de turismo.
—Vamos Kazuha, no seas borde. — Disfrutando de la mala cara que pone.
Al fin era el día en que las adolescentes agentes del FBI debían partir a Madrid. Aunque sigue sin gustarle dejar a su hija ir, Kogoro arrendó un auto para llevarla al aeropuerto… y a Eri también. Ran estuvo emocionada y nerviosa todo el viaje de verlos avergonzados y malhumorados al mismo tiempo. Sabía que Aoko iría por su cuenta, que le habían dejado una moto en su estacionamiento para trasladarse y que un agente encubierto como guardaespaldas en la mansión Suzuki escoltaría a Sonoko.
Para que Kogoro no viera el parecido de Aoko con su hija, ésta se puso una peluca, gafas de sol y se presentó como prima de Sonoko. Una vez que las tres adolescentes y la abogada pasaron el check in, se juntaron con Kogoro en la cola para pasar por el embarque antes de ir a su puerta correspondiente.
—Dales un buen golpe si alguien intenta sobrepasarse contigo, ¿Entendido Ran?
—Sí papá. — Ya cansada de oírle decir lo mismo una décima vez.
—Ya se acerca nuestro turno. — Anuncia Sonoko emocionada.
Aoko se mantenía en silencio, revisando en el celular los mensajes de Keiko y Saguru. Casi se le escapa un grito al leer uno de su amiga que le contaba que pillo a Akako entrar a la casa de Kaito y, que al parecer, estuvieron allí varias horas. De verdad trata de no pensar en eso, no es asunto suyo… pero, ¿Desde cuándo Akako-chan va a la casa de Kaito? ¿Tanta confianza se ha ganado durante su ausencia?
Por Dios, Aoko, no pierdas tus hormonas pensando en teorías raras que se supone que estas enojada con él. Lo que haga no es asunto tuyo… como tampoco es asunto suyo lo que tú hagas.
Maldita sea la adolescencia.
—Y tú… más te vale cuidarte. — Reprocha Kogoro a Eri con ojos acusadores. — Que vas de vacaciones, no a meterte en problemas.
—N-no me trates como a una niña. — A pesar de su alegato, Eri se ruboriza por darse cuenta que Kogoro estaba preocupado.
Una persona corre por el aeropuerto. Su manera de correr, su ritmo, destaca para los oídos entrenados de Ran al reconocerlo perfectamente. Se sale de la línea y, a pesar que no debe, sonríe al ver a Shinichi.
—¿Shinichi-kun? — Sonoko, al verlo también, se sorprende de verlo allí.
Aoko aprovecha la ocasión para ver al famoso Kudo Shinichi, a pesar que ya lo visto en periódicos y en la televisión, igual no deja de asombrarle su parecido con Kaito.
—¿De verdad creías que ibas a irte sin que me despida? — Es lo primero que dice, con los ojos puestos en Ran.
—Tu tardanza me hizo sospechar.
—Aww… ¿No son lindos? — Se burla Sonoko, juntando las manos y lanzando besitos.
La reciente pareja oficial se ruboriza, avergonzados. Al menos tuvieron apoyo de Aoko al darle un codazo a Sonoko. Y también apoyo de Eri, que mantenía a Kogoro al margen con un jalón de orejas.
—Ran… de verdad, ten cuidado.
—Sólo iré a pasear, no a meterme en otro agujero de problemas. — Miente, lo hace con una facilidad en su expresión gestual, pero dentro de ella en verdad se llena de culpa.
Pero Ran ya sabía que las mentiras son necesarias si hay que proteger a Shinichi. La Organización no puede saber que está vivo o habrá cabezas inocentes que correrán.
Así que, por el bien de Shinichi, de los inocentes y que la balanza se mantenga a su favor, debe mentir con una sonrisa.
