Capítulo 11: Racconto
Ese pequeño mocoso la desplazaría y se quedaría con SU trabajo. Con él al mando, seguramente el orden del cielo se destruiría y todo sería caos, debía impedirlo a toda costa, por el equilibrio y bienestar del cielo…
¿Cómo podría impedir que el pequeño príncipe la desplazara? Por lo que había averiguado, él mocoso es uno de los favoritos de su padre y creció bajo el alero del Príncipe Joel. Es amado por todos sus hermanos sin excepción y había algo más. Por lo que averiguo de los nueve hijos del creador, los dos menores son sus claros favoritos. Su hija menor es la única, hasta por lo que pudo averiguar que es capaz de hacer que su padre cambie de opinión. Debería acercarse a ella para sacar a Samael del camino…
Se rumoreaba que los lugares favoritos de la menor eran la gran biblioteca y los campos de las gemelas de la naturaleza (Jophiel y Ariel), ahí estaba ahora, observando por si la veía. Una sensación extraña recorrió su espalda…
-No deberías estar aquí- Escucho una voz femenina, fría e infantil a sus espaldas. Giro lentamente y la vio, indudablemente era ella. La altura era similar a la del príncipe Samael, eran parecidos físicamente hasta cierto punto, pero ella tenia el cabello más largo y algo ondulado con mechones negros. Sus ojos eran de diferentes tonalidades de azul y la miraban fríamente, se sentía claramente inferior ante ella y como si estuviera desnuda. Usaba la misma corona con cristales de su hermano pero plateada y su halo de nueve puntas también era de otro color, un color frío -Estás muy lejos de tu estancia Serafin… ¿Qué es lo que buscas?- Le preguntó con frialdad.
-Mi princesa- se inclinó ante ella, algo que nunca había hecho con su hermano -Yo… simplemente…- No termino de hablar cuando la hoja de una alabarda negra estaba en su cuello, solo podía ver los pies de la "menor" pero podía sentir un aura fría y aterradora provenir de ella.
-No creas que podrás utilizarme para dañar a mi amado hermano Sera- La aludida trago saliva -Te recomiendo que aceptes tu destino y le enseñes de buena fé lo que debe aprender y no trates nada extraño en su contra o yo misma cortaré tu cabeza- la amenazó -Mirame- obedecio a su orden, los ojos habían cambiado, ahora brillaban de color dorado en esclerotidas negras, se acerco a su rostro aún con la alabarda en su cuello -Te estaré vigilando, así que ten cuidado, te daré una oportunidad y no le diré a mi padre lo que realmente deseas- Saco la alabarda de su cuello y la hizo desaparecer. Volvió a su estado original y le regaló una dulce sonrisa -Se buena y desaparece, vuelve a tus labores y no regreses aquí- No espero que dijera nada más, se inclinó ante ella y se fue volando a su oficina.
Sintió desesperación, ella lo sabía y la vigilaría, debía actuar rápido o simplemente no actuar. La había amenazado directamente, era claro que no jugaba y que cumpliría con cortarle la cabeza. Si quería sacar del juego al príncipe, ahora debía ser más cuidadosa…
Estaba junto a Lilith en el Edén, había cambiado con mucha dificultad su apariencia, se veía como un querubín -por semanas había interactuado con Lilith para gar su confianza todo para llegar a este punto -El príncipe Samael es el favorito del creador- Le comentó, había observado lo bien que se llevaban -¿Por qué conformarte con Adan cuando puedes ser la esposa un príncipe del cielo? Se rumorea que su padre se irá a descansar y él tomará el mando en el cielo- Lo último no era real.
Lilith la observó sorprendida -¿Samael es tan importante realmente?- se sonrojo -Es cierto que es muy amable y lo quiero mucho más que a Adan, pero no parece correcto ambicionar ser su esposa-
-Claro que es correcto Lilith, te lo mereces, eres mucho mejor que Adan… Él no cambiará, seguirá tratando de doblegar y dominar- con esas dos últimas palabras estaba segura de que la había convencido -Debo regresar, nos vemos pronto- debía permitir que la semilla plantada diera frutos antes de tocar el tema nuevamente…
-¿Realmente crees eso Sera?- le preguntó con entusiasmo e inocencia el joven Samael.
-Por supuesto mi príncipe, pero debe mantenerlo en secreto hasta que esté seguro- Le recomendó -Lilith nunca ha amado a Adan, y él es un patán que no la merece. Usted es bueno con ella y ella con usted… Realmente cree que su padre le impedirá que sean oficialmente una pareja-
-No lo sé Sera, incluso yo debo respetar las normas- inflo sus cachetes como un niño mimado.
-Hasta donde sé, no hay una norma que lo impida- eso captó la atención del príncipe -Su hermano Joel es quien escribe y oficializa las normas, usted es como un hijo para él- las mejillas del menor se pusieron doradas ante esta mención -Dudo mucho que su alteza se niegue o que haga algo en su contra. Después de todo es por amor-
-¿Amor?- repitió dudativo -¿Realmente crees que es amor?-
No podía ser cierto, él dudaba de que fuese amor, si lo dudaba su plan no se concretaría…
Con dificultad había logrado emparejar a Lilith y al príncipe Samael, pero el temor del chico había impedido que lo hiciera público, eso dificultaba sus planes. Una nueva mujer se había entregado a Adan, debido a que Lilith se había negado a estar cerca de él y ya ambos se aborrecían. Adan fue quien pidió una nueva esposa y se le concedió, una más sumisa y pequeña. Ese era el camino…
Había convencido fácilmente de que la nueva mujer de Adan, Eva sufría por los tratos del primer hombre y que él como uno de los hijos del Creador debía hacer algo. Por otro lado había funcionado perfectamente mostrarle el mismo camino a Lilith quien reforzaba esta idea, ahora sólo faltaba el cómo…
–manzana- repitió pensativo el inocente príncipe. Con esto debía ser muy sutil.
-Así es mi joven príncipe- forzó una sonrisa, era agotador cada sesión con él, fingir aprecio y respeto para ganarse su confianza -los humanos deben ser cuidadosos y comer esa manzana, está prohibido-
-¿por qué?-
-Por que les daría libre albedrío-
-¿Eso no es bueno? ¿Qué decidan y piensen por sí mismos?- al fin lo había logrado, todo iba por el buen camino.
-Algunos dirían que no, que es bueno mantenerlos bajo control y alineados… Pero lo importantes es que piensa usted- se reverencio -Debo irme su majestad- Odiaba inclinarse ante él y llamarlo así, pero si todo salía bien, pronto ya no lo vería. Ahora debía encargarse de alejar del cielo a su hermana que claramente no era tan lista como creía, desde su único encuentro habían pasado años y aún no se daba cuenta de que había continuado con su plan….
Samael había sido capturado y era retenido en el palacio, se rumoreaba que lo habían herido y todo esto mientras su hermana estaba lejos. Habían convocado a un juicio, pero este se había retrasado porque nadie sabía donde estaba ella…
-Mi señor- le dijo a su creador que había ido a su oficina -No me corresponde a mi decirlo, pero si el juicio se retrasa más, la división será aún mayor y una lucha de poder será inevitable. Muchos arcángeles, tronos y querubines no están de acuerdo con que se haya retenido y lastimado a su hijo menor, están dispuestos a derramar sangre para liberar a la estrella de la mañana- Algunas de sus palabras eran ciertas, otras no. Debía hacer lo posible por acelerar el juicio, antes de que volviera la estrella de la noche al cielo y arruinara todo, porque a pesar de todo estaba segura de que si regresaba todo terminaría mal para ella…
El juicio había terminado, finalmente todo había marchado bien, le había sorprendido lo lastimado que estaba Samael pero mentiría si dijera que sentía remordimiento o compasión…
-Samael Morningstar, Luz del cielo, Eres condenado a abandonar el cielo y ser desterrado al nuevo mundo que has creado por tu desobediencia- fueron las frías palabras del mayor de los príncipes -perderás tus alas, tu halo y caerás a ese pozo infernal junto a la primera mujer-
Cuando los príncipes Azrael y Leliel inmovilizaron en el suelo a su pequeño hermano, y el príncipe Miguel sacó su espada sagrada, ella apartó su vista. No quería ver eso, podía escuchar los sollozos de los otros príncipes que estaban presente en el estrado, ellos habían votado a favor del perdón, pero solo era tres contra cuatro. Cuando volvió a abrir los ojos ya habían lanzado a la primera mujer a través del portal al infierno y ahora hacían lo mismo con el príncipe celestial…
-¡Samy!- Las puertas del salón se abrieron y la agitada princesa entró, todos se congelaron, ella se veía desconcertada, sucia y con algo de sangre dorada -¿Pero qué hacen? ¿Dejenlo ir?- corrió hacia él.
-¡Detenganla!- escuchó que el creador les ordenaba desde los alto a sus hijos. Los gemelos volaron hacia ella para retenerla, pero a un par de metros de ella salieron volando en direcciones opuestas y quedaron estampados en las murallas sin poder salir de ahí. Miguel soltó a su hermano en el abismo, ella voló hacia él, le dio un puñetazo en el rostro y lo hizo chocar con el estrado inferior, y saltó en busca de su hermano. No esperaría a ver lo que sucedía, se levantó junto al resto de los ángeles ajenos a la "familia real", ya se enteraría después del resultado de esto…
Para su fortuna, Samael estaba en el infierno junto a la primera mujer y la princesa estaba inconsciente en el castillo. Nadie sabía los detalles, sólo sabían que ella estaba dormida hace días y que el edificio del tribunal estaba destruido…
Era de noche, la princesa al fin estaba sola en su habitación. Se vio tentada a cortarle el cuello a esa mocosa insolente, pero sabía que sólo las propias armas sagradas que portaban algunos de los príncipes podían hacerles daño, sin embargo, había algo que podía hacer. Mantenerla dormida y lo hizo por milenios…
Por milenios también interfirió en cualquier contacto entre Lucifer y su familia del cielo, a pesar de que por ambos lados buscaron el contacto…
-Sera por favor… ¿Puedes decirme si mi hermana llegó bien?- Un joven Lucifer hablaba con ella a través de la invocación.
-Lo siento Lucifer, pero no te entiendo- Respondió confundida, pero temerosa de la respuesta.
-Salael estuvo aquí- Eso la impactó y la puso nerviosa -se veía confundida… no lo sé, fue extraño- continuó diciendo el rey del infierno -parecía estar en el pasado… no sé cómo explicarlo… le pedí que regresara a casa… puedes averiguar si llegó bien… por favor-
-Lucifer, averiguaré si llego bien pero no es correcto que tengas contacto con tu familia… ellos no desean saber nada de ti- lo último era mentira, una mentira que alimentó por milenios y que se derrumbaría si la más joven aparecía -Adiós Lucifer- cortó la comunicación angustiada. La peligrosa princesa había despertado, lo mejor era no decir nada y que no hubiese regresado al cielo…
Por varios siglos la menor estuvo ausente hasta que un día, según el rumor, el creador la trajo de regreso. Debía evitarla a toda costa, poner barreras en su mente y evitar que estuviese cerca de cualquiera que le diera una pista…
No fue difícil evitarla, la menor no solía alejarse mucho del castillo o del sector de los arcángeles…
Tras la muerte de Adán, debía inventar algo para que no la culparan y no se enteraran de los exterminios, junto a Lute creó una historia bastante buena y estaba segura de que los príncipes celestiales culparian a Lucifer, después de todo ya lo había hecho una vez…
Sólo debía deshacerse de la menor nuevamente…
-Lute, para que todo salga bien debemos impedir que la princesa asista al juicio- la exorcista asintió -alguien en quien confíes debe interceptar el mensaje que la invita a la reunión, por suerte para este tipo de cosas siguen usando papel… le daré un artículo que sólo servirá una vez para que se infiltré al castillo celestial… debe ser alguien muy discreta-
-Sí señora-
-Por otro lado, necesitamos distraerla- no podía negar que disfrutaría esta parte -La citaré en cierto lugar para que algunos de tus agentes la distraigan, no es la más fuerte ni habilidosa de sus hermanos así que no les costará trabajo someterla. No importa si la lastiman, solo no la maten-
-Elegiré a las mejores-...
Su corazón dio un vuelco cuando la vio entrar al tribunal, su apariencia no había cambiado tanto, era igual de imponente pero más madura y altiva, debía guardar las apariencias o todo estaría perdido…
Y lo estuvo, sentía irá y ganas de apuñalarla, ahora sería desterrada pero al menos su secreto estaba a salvo…
O eso creyó…
Todos volvieron al presente, era una sensación extraña. Sintieron ganas de vomitar inicialmente, respiraban con dificultad…
-¿Pero qué mieda fue eso?- Azrael fue el primero en hablar, aunque con algo de dificultad.
-Azrael, cuida tu vocabulario- lo regaño su padre, algo agitado por todo lo que acaban de presenciar, todo había sido demasiado vivido y mucho más terrible de lo esperado. Noto como sus hijos procesaban toda información, estaban enojados, frustrados y podía notar culpa en los mayores. Él mismo, ahora que estaba más consciente de todo, sentía irá y culpa. Fijó su mirada en su hija menor, Sera la mantuvo dormida por milenios y quiso lastimarla hace tan solo unas horas.
-Sera es culpable de que lastimara a nuestro hermano y lo expulsaramos de casa- murmuró Miguel conmocionado, su respiración se estaba agitando.
-Hey… tranquilo- Rafael comenzó a frotar su espalda para que se calmara.
Leroy de la nada abrazo a su hermana menor -No puedo creer que además de hacer que Samy cayera, ella te mantuvo lejos de nosotros por tantos milenios y que no nos hayamos dado cuenta de que ella era quién te mantenía dormida- le dijo con la voz quebrada y lágrimas en los ojos.
Salael salió del shock y lo apartó con suavidad, no deseaba compasión -Lo importante aquí no es lo que me hizo hermano… lo realmente importante es el daño que le hizo a Samy y en consecuencia a nuestra familia, a la humanidad… por sus ansias de poder, control y egoísmo- declaró con frialdad.
-Hija mía- su padre la llamó con un tono seco, estaba claro su enojo -¿Sera sigue con vida?-
La mirada de la menor era sombría y fría, nunca la habían visto así sus hermanos -Me pediste que no la lastimara físicamente mientras obtenía la información padre- murmuró, sus hermanos estaban sorprendidos, ¿ella había hecho esa caja misteriosa que les mostró lo que había hecho Sera? -Fue difícil no caer en tentación después de descubrir lo que todos aquí acabamos de ver y sentir… pero no la he lastimado y sigue con vida- respondió finalmente.
-Llévanos a tus dominios entonces hija mía-
Eso realmente la sorprendió -Eh… Eh… ¿A todos?... ¿Estás realmente seguro padre?-
-Sí, llévanos a "ese lugar" mi pequeña estrella-
Parpadeó un par de veces procesando las palabras de su padre y antes que cualquiera de sus hermanos hablará con un chasquido de sus dedos los transportó a todos a "ese lugar".
