Capítulo 2. Revelación

Desperté por la mañana, los rayos del sol se filtraban por la ventana dando comienzo al nuevo día, con un poco de pereza me estiré debajo de las sabanas y después de girar un buen rato en la cama me levanté finalmente.

Pasé enseguida al cuarto de baño para lavarme la cara y los dientes. Después regrese al cuarto. Pasaba los ganchos de un lado al otro del armario mientras seleccionaba la ropa que usaría cuando la puerta de la habitación se abrió deslizándose hacia el costado.

¿Natsuki?

La peliazul había entrado al cuarto. Se veía un tanto despeinada y aún vestía el pijama, si es que así se le puede llamar a la ropa que ella utiliza para dormir, aunque más bien es un pequeño short y una camiseta ajustada que marcaba sus encantos.

No pude evitar que mis ojos recorrieran todo su cuerpo, y por su bien aferré mis manos al saco que había sacado del armario. Respiré profundo y regresé mi mirada a las prendas antes de que mis más bajos instintos salieran a flote.

Shizuru… – La peliazul se acercó bastante a mí, me escalofrió el hecho de tenerla tan cerca.

Por lo general Natsuki no se aparece ante mí con tan pocas prendas. Es más, últimamente es raro que siquiera se aparezca. Natsuki solamente trabaja, come y duerme. Rara vez salimos, pero aún así, con el simple hecho de verla un poco todos los días me sentía feliz. No del todo complacida, pero algo era algo. Y tratándose de Natsuki eso era mucho.

¿Te sientes bien? – Le pregunté al ver sus pupilas dilatadas, la ojiverde me miraba intensamente y su rostro dibujaba una media sonrisa.

Tragué saliva e intente disimular mi nerviosismo. Natsuki definitivamente estaba extraña, provocativa y sensual…

Me siento bien… – Respondió rápidamente, acercándose de una manera tan inesperada que no supe que era lo que quería hacer.

El estomago se me encogió de los nervios al ver como acercó su rostro al mío. Instintivamente me moví soltando el saco que iba a elegir momentos antes.

¿Qué ocurre? – Natsuki estaba a un palmo de mí, cosa que me puso los pelos de punta – ¿Nat…?

Ni siquiera pude terminar de decir la frase, porque Natsuki se abalanzó sobre mis labios rápidamente. Me acorraló sobre la pared sin darme tiempo de reaccionar siquiera. Me tomó unos segundos reaccionar y comenzar a responderle ese increíble beso.

Por supuesto no iba a dejar pasar esta oportunidad, aunque debo admitir que me sentí no solamente emocionada si no también confundida y ligeramente intimidada por la forma en cómo Natsuki comenzó a besarme.

Más que un beso brusco me pareció un beso pasional. Esos que te desprenden del suelo unos instantes, que te dejan entre la vida y la muerte, sin aliento y sin formas de seguir respirando.

El momento fue increíble. Apenas me percaté de cómo mis brazos la rodearon, recibiéndola, pegándola a mi cuerpo, para hacer de ese momento uno más intenso.

Perdí el control de mi respiración y mi corazón latía a rápidamente. Sus labios eran deliciosos, su cálida lengua comenzó a jugar con la mía, sus cálidas manos sobre mi espalda. Sus brazos me sujetaban con firmeza. Sus suaves pechos sobre los míos. Su respiración entrecortada… me mataba.

Natsuki me recostó en la cama sin siquiera despegarse de mí, con una facilidad increíble. No me lo esperaba y a pesar de mi confusión no me negaría y menos después de tantos años de espera. Pero para ser sincera… esa no era la forma en cómo me hubiera gustado estar con Natsuki, pensaba al tiempo que la peliazul me recostaba nuevamente en la cama para seguir besándome.

Lo que yo sentía por ella era más que un deseo o una atracción física. Lo cierto es que yo a Natsuki la amo desde hace mucho tiempo, aunque en esos momentos podía percatarme que mi querida peliazul se estaba dejando llevar por el libido y no opuse resistencia, más bien todo lo contrario me dejé hacer por ella y cooperé mientras me sacaba la blusa de un modo más bien urgente y continuaba besándome haciéndome perder la cordura.

No tenía idea de cómo es que había cambiado de opinión, de por qué se encontraba precisamente hoy desatando sus pasiones en mi habitación y realmente quería saberlo, pero a duras penas podía controlar mi respiración después de sacarle la camiseta a semejante ángel para probar sus encantos, cosa que apenas me dejo hacer ya que enseguida me abraso y aprisiono contra el colchón.

Natsuki siguió besándome de la misma manera, su respiración entrecortada, sus labios recorriendo mi piel, con urgencia, me estaban volviendo loca. Ya no podía controlar mi voz, Natsuki me hacia gemir de placer.

Llego el momento en el que mis manos se encaminaron hacia sus caderas, quería deshacerme de una vez por todas de ese short, pero justo cuando mis manos tocaron la tela ella apresó hábilmente mis manos sobre mi cabeza, con firmeza, sometiéndome.

De repente, escuche su voz llamándome horrorizada desde la puerta de la habitación.

¡Shizuru!

¿Natsuki? – La miré atónita y enseguida miré a la chica que tenía sobre mí que era la mismita Natsuki.

Sin comprender volví a mirar a la Natsuki de la entrada que tenía el rostro coloradísimo y una cara de terror genuino y luego a la Natsuki que estaba apresando mis manos y que tenía una sonrisa llena de deseo, la Natsuki que me besaba apasionada y perdidamente hace unos instantes y en ese momento sentí terror. ¿Qué está pasando?

¡Déjala! –Gritó la Natsuki de la entrada abalanzándose hacia nosotras.

Aburrida… – Le dijo esta con reproche antes de desvanecerse.

¡Sí! De desvanecerse.

Natsuki intento detenerse pero la carrerilla que llevaba la hizo caer encima de mí. Afortunadamente pude atraparla en mis brazos pero enseguida supe que no debí haber hecho eso. Su rostro fue a parar directo a mis pechos.

El grito de Natsuki fue tan grande que sentí temor de que alguna patrulla llegara a la mansión.

Enseguida se escapó de mis brazos y salió corriendo de la habitación, sin molestarse siquiera en cerrar la puerta tras de sí.

Después de lo ocurrido y de cómo había quedado mi cuerpo decidí terminar el trabajo que Natsuki inicio, ya que no suelo ser muy tolerante al agua fría y nunca había podido bajarme la calentura de ese modo.

Mientras lo hacía, no podía dejar de revivir cada momento, cada sensación magistral que me había causado… Natsuki… Natsuki… deliraba de placer, deliraba por ella… y tras una ola de goce finalmente desfallecí.

Me sentía ahora relajada, tranquila, pero a la vez confundida. Necesitaba respuestas, precisaba hablar con ella.

Reuní fuerzas y me encamine a la ducha. Me arregle y salí a buscar a la peliazul por toda la mansión. Requería una explicación, lo menos que me merecía era que Natsuki me explicara ¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Qué había sido todo aquello?

¡Natsuki! – La asalté en el comedor, la peliazul literalmente se cayó de la silla y se le subió el color al rostro.

¡Oye! ¡N… no t… te acerques! – Natsuki retrocedió completamente nerviosa.

Me puedes explicar ¿Qué fue lo que…?

¡Buenos Días! – Nos interrumpió la cocinera y antes de que pudiera hacer otra cosa Natsuki había abandonado el comedor.

Salí tras ella pero desafortunadamente la peliazul se había ido. Respire profundo. Ya sabía lo que eso significaba, no tendría noticias de ella pronto… y no me atreví a llamarle a su celular a pesar de que lo tuve en mi mano todo el maldito día. La conocía de sobra, Natsuki me evitaría hasta el cansancio, y yo nunca tenia buenos resultados presionándola. Lo único que podría hacer era esperar…

Natsuki apareció hasta ya muy entrada la noche. Cosa que no hizo más que inquietarme, definitivamente lo que había ocurrido no era para nada algo normal.

Hasta donde yo sabía Natsuki no tenía ni una gemela ni súper poderes. Hasta donde yo sabía la peliazul no era lesbiana y yo no le gustaba.

Entonces ¿Por qué? ¿Por qué me dio alas? ¿Por qué tengo sensación de que ahora hay una oportunidad con ella? ¿Estaré mal en ilusionarme? Debo admitir que una parte de mi se sentía terrible, no era la primera vez que sufría de amor por Natsuki.

Esa chica es la prueba manifiesta de que el karma existe y algo debía estar pagando para tener a semejante diosa como amiga y no como algo más. Mi karma era no ser correspondida y eso era una carga incesante que con el tiempo y haciendo constantes esfuerzos había logrado aminorar.

Como sea me había acostumbrado a no obtener ya nada de Natsuki. Pero de un día para otro a la susodicha se le ocurre cambiar de opinión, darme el mejor momento erótico de mi vida y lo peor de todo, dejarme en ascuas. ¡Repítanme que el karma no existe! Si no es karma no sé lo que es…

A pesar de que intente abordarla, esta rápidamente se dirigió hacia su habitación y sin el más mínimo remordimiento me cerró la puerta en la cara, decepcionada no me quedó más remedio que irme sola hasta mi habitación. Ya sabía lo que ocurría cuando Natsuki se sentía acorralada. Huía y no quería que ella se alejara nuevamente de mi lado.

Quería llorar pero en el fondo sabía que eso no me llevaría a ningún lado. Conocía a Natsuki y sabia que no obtendría respuesta de ella en un buen tiempo, es decir, hasta que las aguas se calmaran. Lo cual si me lo preguntan se me hace bastante injusto pero ¿Quién soy yo para exigirle a la vida?

¿Quién soy yo a fin de cuentas para exigirle algo a Natsuki?


N/A: ¿Y ustedes creen en el karma?... ¿Qué pasaba por la mente de Natsuki?, ¿Qué debería hacer Shizuru?, ¿Qué sucederá entre nuestras protagonistas ahora?

¿Qué les pareció este capítulo? Cuéntenme lo que opinan y déjenme sus opiniones, sus dudas, teorías… quejas… jajaja

Saludos y no te pierdas el siguiente capítulo. ¡Nos vemos pronto! Ja ne!