Capítulo 4. Ilusión
No podía dormir, no hacía otra cosa que dar de vueltas en el futon y no podía apartarme de la mente el suceso de en la mañana, como desearía que se volviera a repetir, sentía un tremendo impulso de ir hasta su dormitorio y hacerle de todo… fuuuu… ¡Ikezu!
Olvídalo Shizuru… Así no se hacen las cosas…
Me incorporé en la cama e hice las cobijas a un lado, me levanté y caminé hasta el comedor. Quizá un bocadillo nocturno me ayudará a poder dormir. Aunque me gustaría más poder hablar con Natsuki y saber qué es lo que esté pasando.
Abrí la puerta y me quedé paralizada en la entrada, dentro estaba mi peliazul hurgando en el refrigerador. Ella se giró enseguida por el ruido que hice al abrir la puerta. Me quedé petrificada.
A decir verdad, no sabía si debía encararla.
Después de lo que pasó Natsuki había estado muy evasiva conmigo y no quería presionar, aunque todo mi ser exigía respuestas.
– ¿Shizuru? – Me miró un segundo y después me hizo una seña con la mano para que pasara – ¿Te pasa algo?
– No podía dormir…
– Ni yo, vine por un bocadillo… ¿Quieres? – me preguntó señalando el refrigerador con su pulgar.
– Ookini
Me animé a entrar, Natsuki miró nuevamente hacia el interior del refrigerador. Me sentía supremamente nerviosa. No solamente por lo que había pasado, si no por lo que podría pasar. Natsuki parecía ahora muy serena y no sabía qué era lo que me esperaba.
Cuando estuve cerca, la peliazul me acomodó una silla y sin dudarlo tomé asiento mientras ella preparaba un par de sándwich.
– ¿Quieres que te ayude?
– No. Es algo sencillo puedo hacerlo, ¿Quieres un vaso de leche?
– Si, por favor.
Esto es algo que no ocurre todos los días, pensé mientras veía lo linda que se veía Natsuki cocinando.
En cuanto terminó de servir la comida se sentó a mi lado y me sonrió tímidamente. ¡Awwwww que ternura!
– Espero que te guste
– Seguramente que si – Contesté radiante de alegría – Todo de Natsuki me gusta – La peliazul se sonrojo, pero me sonrió antes de empezar a comer.
No había nada de ruido en la casa, solo se escuchaba el caminar del reloj de pared y los sonidos que hacíamos al masticar.
Como me gustaría que este momento no se terminara nunca.
– ¿Qué? – Me preguntó Natsuki al darse cuenta que la estaba mirando.
– Nada… nada… – Respondí a tiempo terminándome el último bocado.
– Dime… – Sus ojos verdes me miraban atentamente
– Natsuki… hacía mucho tiempo que no comíamos juntas, es lindo… – Natsuki volvió a sonreírme.
– Si. No habíamos podido ¿verdad? – La peliazul me limpió una lágrima que se me había resbalado por la mejilla con su dedo pulgar. Y enseguida se levantó del asiento, se puso atrás de mí y rodeo con sus brazos.
Natsuki me estaba abrazando y yo me sentía como en un sueño. Puse mis manos sobre sus brazos, para retenerla.
Pensé en levantarme del asiento. En abrasarla de frente, pero temía que se alejara. Este contacto era lo que necesitaba, así que incliné mi cabeza, para acercarla a su brazo derecho.
Su cabeza estaba sobre la mía y por un momento aluciné que Natsuki besaba mis cabellos.
– No llores… ¿Qué tienes?
– Nada… solo un poco de nostalgia… – Le dije aferrándome a sus brazos.
Me fue inevitable recordar el pasado, antes de que Natsuki supiera lo que yo sentía por ella, pasábamos mucho tiempo juntas, sobre todo en las noches me gustaba preparar bocadillos nocturnos y quedarnos comiendo y hablando hasta muy noche.
A Natsuki le gustaba cantar y tocar la guitarra y a mí me encantaba escucharla y mirarla cuando tocaba.
– Todavía no tengo sueño… pensaba subir un rato a la azotea… ¿Quieres venir?– Me preguntó con timidez
Afirmé con la cabeza al instante y sonreí. Natsuki me dio su mano y de la mano me llevó hasta su habitación.
– Espérame aquí…
Natsuki entró a su cuarto cerrando la puerta detrás de sí y salió enseguida con un par de chamarras, cerró la puerta impidiéndome ver el interior de la habitación y me puso con cuidado una de sus chamarras.
Esto parecía un sueño, por alguna razón Natsuki estaba siendo muy cariñosa conmigo. Nos sentamos juntas en la esquina de la azotea para mirar el cielo.
– Fufufu… Natsuki, esto me recuerda a cuando íbamos al instituto.
– Si, antes nos quedábamos mirando las nubes en los descansos.
– Ara, ara, y ahora son las estrellas… que hermoso esta el cielo esta noche.
Natsuki y yo estuvimos platicando un largo rato, como nunca antes, recordando viejos tiempos e inclusive hablamos de nosotras. Todo parecía tan perfecto que no me resistí en tomar su mano. Solo tomar su mano, sin ninguna mala intención. Entrelace mis dedos con los suyos y la apreté con cariño mientras platicábamos. Esperaba que Natsuki se soltara, pero no lo hizo.
Si esto era un sueño no quería despertar todavía.
– Shizuru tu siempre tenias muchos fans… incluso todavía tienes ¿verdad?
– Ara, ara… Natsuki no me digas que estas celosa…
– Pues si… tengo celos Shizuru…
– ¿Tú celosa? – Le dije sin podérmelo creer, por un momento me pareció como si Natsuki reclamara mi atención pero enseguida recapacite. Seguramente a lo que se refiere es a la popularidad – Ara, pero si Natsuki también era muy popular, había quienes te seguían solo que tu no les hacías caso, estoy segura que en la oficina al menos un par de personas andan detrás de ti…
– No me refiero a eso… tú eres muy amable con tus fans…
– ¿Eh?
– Me hace sentir insegura ¿sabes?… Siento que alguien puede alejarte de mi… – Me confesó mientras miraba las estrellas
– Natsuki… ¿No es enserio verdad? Tu eres lo más importante para mi… siempre lo has sido… desde que te conocí.
– ¿En verdad? – Me preguntó mirándome a los ojos y apretando mi mano, se me fue el aliento unos segundos.
– ¡Por supuesto! Natsuki ¿Cómo puedes dudarlo? Si siempre te lo he dicho…
– Me alegro… todo este tiempo estuve preocupada… casi no lo digo pero… te quiero Shizuru, te quiero mucho…
– Yo también te quiero Natsuki… – "Te amo" pensé en silencio y un nudo comenzó a formárseme en la garganta al no poder decirle esas palabras, todo era tan perfecto que temí arruinarlo.
– Oye Shizuru… ¿Sabes que paso el otro día en la oficina?... Teníamos mucho trabajo, ya era tarde… y luego entro el de recursos con una bolsa de botana… ya sabes que no nos dejan comer en horas de oficina… me moría de hambre… entonces…
Moriría por darle un beso, pensaba mientras la escuchaba hablar, pero bien sabía que no podía hacerlo. Natsuki seguramente se molestaría conmigo, o se aterraría y no quería perderla, esta noche, así como estaba quizás ha sido el mejor momento que hemos tenido desde hace ya unos años.
Claro que salíamos en ocasiones pero con mi cercanía ella siempre se ponía tensa, no me sentía libre de darle un abraso, o un beso, o tomar su mano mientras caminábamos porque sentía que ella lo tomaba a mal, Natsuki siempre lo malinterpretaba. Lo cierto es que me gustaba pero no siempre quería acercarme a ella de esa forma, solo extrañaba el contacto con ella.
Esta noche Natsuki se abrió demasiado conmigo, lo que daría por que siempre fuera así, porque me contara como le fue en su día, por poder tener quizá una tarde de amigas común y corriente, lo que daría por que Natsuki jamás se hubiera enterado de mis sentimientos, quizá así podríamos estar tan juntas como antes.
Por supuesto que lo que más deseaba era una relación con ella, pero de todas formas no íbamos a estar juntas. Yo no podría forzarla. Mi amor es tan inmenso que simplemente no podría.
Lo único que tenia era a esta Natsuki sentada a mi lado, tomando mi mano y contándome un poco de su vida cotidiana y nada más… podrían suceder tantas cosas más… pero esto era todo lo que tenia… y a la vez me sentía muy afortunada.
– Natsuki… ¿puedo pedirte algo?
– ¿Qué cosa Shizuru?
– ¿Podrías cantarme una canción?
– Jajaja ¿Enserio? – Me preguntó extrañada, afirmé con la cabeza – Bueno, si quieres… aunque tiene mucho que no canto, estoy fuera de forma y a capela no bueno.
– Me gustaría escucharte… – Le pedí con timidez.
La peliazul me sonrió nuevamente, suspiró, jalo aire y comenzó a cantar con la mirada fija en el inmenso cielo estrellado.
De entre todas las canciones del mundo ella escogió una que no me esperaba, era la misma que alguna vez me llego a dedicar en un festival escolar, frente a todo el alumnado. Una que me hizo sentir mil cosas, pero que me dejaba en claro mi lugar en esta relación. Me sentía aliviada y a la vez destrozada, sabía que Natsuki estaría para mí pero únicamente como amiga y nada más.
Lo mejor sin duda sería no hacerme ninguna nueva ilusión. Una parte de mi se negaba a sufrir y quería enterrar estos sentimientos de una vez por todas y casi estaba a punto de lograrlo, pero su mano entrelazada con la mía, su sola presencia, su melodía, su profunda mirada y su calmada respiración me daban un mensaje que no sabía cómo interpretar.
No quería que terminara la noche… ni este momento pero me sentía supremamente agotada, lo cierto es que estaba haciendo un esfuerzo para no quedarme dormida, pero mis ojos comenzaban a cerrarse.
Natsuki al parecer se dio cuenta y soltó mi mano para abrasarme. Hacía mucho que no me sentía con esta confianza, la peliazul no daba señales de querer irse, así que me permití recargarme sobre su hombro.
Mientras la escuchaba cantar cerré mis ojos y lentamente me fui acomodando en su regazo. Natsuki termino abrasándome como quien carga a un niño pequeño y me cantaba cada vez más suave, arrullándome.
A poco estuve de quedarme dormida, entonces abrí los ojos y me encontré con los suyos que me miraban muy de cerca, Natsuki aún estaba cantando como un ángel, creo que no pude evitar sonrojarme al mirarla tan cerca de mí.
Natsuki jamás se me había acercado tanto como esta noche, casi podía sentir su cálido aliento sobre mis labios, parecía como si quisiera besarme pero lo cierto es que seguía cantando y ambas estábamos demasiado adormiladas, simplemente no quería hacerme de ninguna esperanza…
Tan pronto termino la canción quise decirle que le había salido preciosa. Que su voz era la más hermosa del mundo, pero las palabras no salían de mis labios.
Mi corazón palpitaba con fuerza al ver su rostro tan cerca hipnotizándome, recordándome porque amaba a esta mujer con toda el alma.
Por tan solo un par de segundos parecía como si solo existiéramos nosotras, nada más que nosotras, dejé de escuchar como cantaban las cigarras, deje de ver la luz que proyectaba la luna, solo miraba sus labios entreabiertos que pronto se unieron a los míos en un suave beso.
Sentí que el mundo se me iba, que subía al cielo.
Este era el beso con el que siempre soñé, un beso suave, dulce. Un tierno e inocente contacto y nada más.
Natsuki me había besado y cuando se alejo de mis labios unos milímetros le devolví el beso, mientras con mi mano tomaba su nuca suave y delicadamente.
Y después de ese beso Natsuki me sonrió haciéndome sonrojar como nunca. ¡Por Dios! Me hizo sentir como toda una adolescente besando por primera vez y me sonreí llena de felicidad.
Entonces un ruidito proveniente de la escalera me hizo voltear. ¿Cómo? ¿Natsuki nos estaba mirando? Miré nuevamente a la Natsuki que me abrazaba y luego a la que nos miraba bastante avergonzada unos metros adelante.
La Natsuki que me abrasaba comenzó a desvanecerse y por suerte alcance a incorporarme, y la Natsuki que tenía enfrente se giro nerviosa y comenzó a bajar por las escaleras.
– ¡Natsuki! – Me levanté enseguida y corrí para alcanzarla, mientras trataba de procesar todo lo sucedido.
Alcancé a Natsuki en la puerta de su habitación, de pronto se me había espantado el sueño.
– Natsuki – Detuve la puerta justo antes de que la cerrara en mis narices. La ojiverde me miró sonrojada – Espera… hablemos… – Le supliqué con el corazón desbordado.
– Tsk…
– ¿Qué está pasando?
– No se… – Respondió con un hilo de voz, evitando mi mirada.
– Ara, pero…– Necesitaba esa respuesta tanto como el aire para sobrevivir.
– Ya casi amanece… ve a dormir…
Yo conocía muy bien a Natsuki, sabía perfectamente cuando ella no quería hablar, cuando quería estar a solas, pero por alguna razón esta vez no sabía que pensar. La peliazul se veía dubitativa, confundida y me miraba de una manera que jamás me había mirado, de una forma dócil. ¿Y ese sonrojo, qué significa?
Después de unos segundos de intercambiar miradas me anime a dar un paso hacia ella para estar más cerca, pero al mismo tiempo Natsuki retrocedió un paso y tragó saliva, miró a su alrededor buscando hacia donde irse. Mi corazón quedo paralizado.
Nuevamente me había equivocado, no sabía qué era lo que estaba ocurriendo pero me quedaba claro que no debía insistir, así que retrocedí un paso y salí de la habitación.
– Que duermas bien.
Regresé a mi habitación con el corazón en la mano. Más confundida que nunca y con la huella de sus labios en mi boca…
N/A: ¿Qué les pareció? Qué complicado es esto del amor… ¿Shizuru debería abandonar sus ilusiones, o aferrarse a ellas más qué nunca? ¡Cuéntame lo que opinas! ¡Saludos y abrazos a todas y todos! ¡Gracias por leer y por todos sus reviews! 3
