Hola, hola... No estaba muerta andaba de parranda… Me pase, lo sé, una disculpa enorme. Para ser sincera tenía este capitulo escrito desde hace bastante tiempo, meses, pero no me convencían algunas cosas, razón por la que tarde horrores, tuve un terrible bloqueo y pensé seriamente en dejar de escribir, pero hey, he vuelto… Una noche viendo un tiktok sobre la maravillosa noticia del nuevo libro y película sobre Haymitch, "Sunrise of the reaping" la inspiración volvió a mi con fuerzas renovadas y desde entonces no he parado de escribir, por lo que, espero volver a las actualizaciones semanales.

Espero estén muy bien y no me odien demasiado por la tardanza. Oh si y como un plus, debo añadir que este es el capitulo más largo que he escrito hasta el momento, por si ayuda a que me perdonen mas rápido. Je, je.

Me disculpo de antemano por las faltas de ortografía que seguro habrá y como siempre nos leemos al final del capítulo.

Sin más por el momento, que disfruten la lectura.


.

Capítulo:4

.


- ¡Casi lo olvido! – digo casi gritando al recordarlo - ¿Qué es lo que te dijo el presidente? ¿Lo logramos?

- Ah, sobre eso. – Hace una pausa y luego dice como si nada – no lo logramos.

- ¡¿Qué?!

Por un segundo pienso que debe ser una broma y una de muy mal gusto, por cierto, pero después de analizar sus palabras y su extraño comportamiento después del silencioso intercambio que tuvo con el presidente anoche. Supongo que todo cuadra.

No lo logramos.

Una ola de desolación me invade y siento ganas de destrozarlo todo, de llorar, huir, gritar y una extraña sensación que se instala en mi pecho haciéndome olvidar por un segundo que prácticamente estoy al punto de un ataque de pánico, cuando veo la tranquilidad y paz que emana Ranma mientras se pone de pie y se pone el pantalón de su pijama, porque se lo quitó antes de acostarse anoche a mi lado. Siento un ligero calor instalarse en mis mejillas mientras lo observo tan despreocupado ajustándose el cordón del pantalón y me observa con una sonrisilla de satisfacción al verme observándolo con tanto detenimiento.

- ¿Te gusta algo de lo que ves? – pregunta coqueto, con una ceja alzada y más relajado de lo que lo había visto nunca.

Se sienta detrás de mí, apoyando su pecho en mi espalda mientras me abraza con fuerza y apoya su barbilla en mi hombro. Suspira con fuerza y se aclara la garganta antes de hablar, cruzando sus brazos en mi estómago.

-Tienes que confiar en mi Akane, tenemos muchas cosas de que hablar, pero tu y yo sabemos que este no es el momento ni el lugar más indicado, – susurra en mi oído- se que no merezco tu confianza, pero te pido solo por esta vez que lo hagas, que confíes y que me creas cuando te digo que te amo con toda el alma…o al menos con lo que queda de ella. – Dice y me da un dulce beso en la mejilla.

Estoy a punto de hablar, mi mente es un hervidero de preguntas sin respuesta y mi corazón bulle de sentimientos contradictorios.

La puerta de mi compartimiento se abre en ese instante seguida de la aguda voz de Hinako anunciando un nuevo y muy, muy ocupado día.

Nos separamos sin decir nada más mientras mi equipo de preparación ingresa entre risitas y cuchicheos entre los que alcanzo a distinguir mi nombre y el de Ranma, cohesionados a sugerencias y sucesos que hacen que se me enrojezca hasta el pelo.


.

Ranma

.

La agenda para el distrito 12 incluye una cena en casa del alcalde Kenzan esta noche y una concentración en la plaza para celebrar la victoria durante el festival de recolección. Siempre celebramos el festival el último día de la Gira de la Victoria, aunque normalmente se trata de una comida sencilla en casa o con amigos, si es que nos lo podemos permitir. Este año será un acontecimiento público y fastuoso ya que lo organiza el Capitolio, todo el distrito disfrutará y se ira a la cama con el estómago lleno.


Akane está cubierta en pieles de color caramelo para las presentaciones en el exterior y yo llevo puesto un cálido abrigo negro, pantalones con forro color caqui y bufanda y guantes a juego. El viento helado del 12 nos recibe en nuestro breve paso por la estación del distrito, lo justo para sonreír, saludar y darnos un ligero pico en los labios antes de entrar al coche que nos llevará a la casa del alcalde para la cena. Ni siquiera veremos a nuestras familias hasta la cena de esta noche.

Me alegra que estemos en la casa del alcalde en lugar de en el edificio de justicia, un lugar con no muy agradables recuerdos para mí, ya que fue donde se celebró el homenaje por la muerte de mi padre en las minas y donde me despedí de mi familia luego de la cosecha.

Y además me agrada el hijo del alcalde, Konatsu, ya que es mi único amigo, sin contar a Ukyo claro, porque ella es una chica. Konatsu es bastante similar a mí, no le interesa lo mismo que a la mayoría de los chicos que consiste en llevar a la mayor cantidad de muchachas al vertedero e intentar llegar a tercera base con ellas.

Por lo tanto, nuestros momentos de convivencia escolar se trataban por lo general de pláticas sobre el bosque que a él le daba mucha curiosidad, intercalados con silencios que por absurdo que parezca no eran para nada incomodos. Luego de regresar como vencedor, nuestra amistad se ha basado en algunas excursiones al bosque, donde yo le enseño a cazar o practicamos artes marciales que yo hago como parte de mi talento y él me enseña algunas cosas que son un antiguo legado de su familia y que, obviamente son un secreto para el Capitolio. Resulta que el alcalde tiene una vena de rebeldía contra nuestras autoridades. A su madre casi no la he visto, sufre de terribles migrañas y aunque una vez platicamos sobre llevarla al Capitolio por tratamiento, Konatsu me dijo que no les habían otorgado los permisos especiales, a pesar de su posición política que en teoría conlleva varios privilegios en el distrito.

Si de algo han servido mis visitas a la capital es que he podido traerle morfilina a su madre o al menos más de la que su padre consigue contrabandear para ella.

Cuando llegamos a la casa del alcalde solo tengo tiempo de darle una ligera palmada en la espalda y una sonrisa sincera a Konatsu mientras Hinako me arrastra al tercer piso para cambiarme para la cena, Portia ha preparado un sobrio y elegante traje negro con corbata y un pañuelo color bronce, zapatos negros tan lustrados que casi creo que podría ver mi reflejo y el cabello suelto y peinado hacia atrás dejando mi frente descubierta. Gracias a lo más sagrado, esta noche no llevo maquillaje a excepción de un poco de corrector en puntos estratégicos o Konatsu no dejaría de burlarse de mí.

Camino por el pasillo alfombrado del tercer piso buscando las escaleras para buscar a Akane y me asomo por la puerta del estudio del alcalde para saludarlo, pero está vacío. Una pantalla que cuelga de la pared está encendida y me detengo unos instantes para ver unas imágenes de Akane conmigo en la fiesta de anoche, donde bailamos y nos besamos, sonreímos y comemos. Todo Panem debe estar harto de los amantes trágicos en estos momentos (al menos yo ya estoy harto de este circo), ya que es lo único que se trasmite por televisión y como de costumbre es de visión obligatoria.

Justo cuando voy a salir del estudio, un pitido agudo me detiene, las imágenes en la pantalla han cambiado, esta fundida en negro con letras amarillas que dicen: "ÚLTIMAS NOTICIAS SOBRE EL DISTRITO 8", algo me dice que yo no debería estar viendo esto, que debería marcharme, pero en cambio mis pies se mueven por si solos y termino acercándome más a la pantalla.

Una locutora de cabello casi blanco y sobrio con el rostro tan serio que casi parece una estatua empieza a hablar con voz ronca y grave. Anuncia que la situación en el 8 empeora, que se establece el nivel de alerta 3. Se han enviado fuerzas adicionales y se ha detenido la producción textil, se muestran imágenes de la plaza del distrito que reconozco porque hace algunos días estuvimos ahí durante la gira. Aún hay banderolas con mi rostro y el de Akane colgando de los postes y edificios, debajo de ellas la turba de gente gritando con los rostros cubiertos con máscaras de trapos caseras, arrojan piedras, ladrillos, palos, lo que tengan al alcance, los edificios arden en llamas y los agentes de la paz disparan sin miramientos matando de forma indiscriminada.

Ahora entiendo a lo que Happosai le tiene tanto recelo, se lo que es, estoy viendo la revolución.

Salgo aturdido de ahí, bajo las escaleras lo más rápido que puedo y múltiples preguntas se arremolinan en mi cabeza, ¿Por qué esas "noticias" aparecieron en el televisor del alcalde? Ya que estoy seguro de que he visto información clasificada como "rebelde". Un sentimiento de urgencia y pánico me invaden, el peligro me respira en la nuca. Necesito ver a Akane, protegerla, porque si lo que acabo de ver es real, ahora corremos más peligro que nunca.

La sola visión de ella me calma al instante lleva puesto un vestido color bronce de magas largas con los hombros al descubierto y que le calza como un guante, acentuando su fina cintura y sus amplias caderas, le llega por debajo de los tobillos dejando a la vista las delicadas zapatillas del mismo color, lleva el cabello azulado recogido de un lado por un broche de pedrería y la han maquillado sutilmente, su piel es como fina seda cremosa, me pican las manos por tocarla. Es la chica más hermosa que he visto en la vida. Se gira a verme y me sonríe. Creo que mi corazón se ha detenido por unos segundos.


.

Akane

Al día siguiente

.

Mis botas se hunden en la nieve que cruje bajo mi peso, ya casi no puedo sentir la punta de mi nariz y mi pierna buena se empieza a sentir agotada, porque la otra no hace más que resbalar constantemente en el hielo a causa del maldito dolor que me punza y se extiende hasta la cadera. Estoy siendo extra cuidadosa para no caer, lo ultimo que me falta es romperme el cuello en el bosque. La furia y los resabios de dolor son la chispa que me mantiene enfocada, son lo único que me motiva a continuar, creo saber a donde se dirigen las huellas que encontré. Dos pares. Resoplo sin poderlo evitar, me maldigo mentalmente por ser tan ilusa y estoy decidida a suprimir mis sentimientos para siempre y a como dé lugar si resulta que nuevamente me mintió.

Me detengo por un momento a recuperar el aliento, he caminado por más de media hora sin detenerme ni un momento en mi afán de llegar lo antes posible a pesar del temor a encontrar algo que me rompería el corazón de manera definitiva.

Son las primeras horas de la mañana, la nieve lo cubre todo. Durante el día de ayer y por la noche no paró de nevar. Hoy sin embargo el sol esta radiante haciendo resplandecer la blancura de la nieve a pesar de que sus rayos no consiguen calentar el ambiente. Una nueva oleada de determinación me recorre y decido que es suficiente descanso, continúo caminando y sí, aunque hace mucho tiempo que no voy (no desde la última vez que Ranma me llevó ahí) estoy segura de que se dirigen al lago.

Ese maldito mentiroso. Aprieto los puños con fuerza deseando llegar lo más pronto posible, las palabras de Ukyo resuenan en mi cabeza como un gong, aquellas que me dijo en el bosque antes de partir a la Gira de la Victoria, "por eso estoy aquí, para dejarte las cosas claras y que no pienses que porque él se portará decente contigo en la Gira significa que te ama" y aquellas en las que dijo que Ranma se había cansado de mi luego de que fuimos al lago y no obtuvo lo que esperaba, siento mi rostro arder al recordar lo que estuvimos a punto de hacer aquél día, y todo lo que ha pasado desde entonces durante la Gira y en el tren.

Demonios soy tan estúpida. Parpadeo para que las lagrimas de rabia y decepción no escapen de mis ojos ¿Cómo pudo decirle algo tan intimo a Ukyo? ¿Por qué lo haría si se supone que ellos tienen o tenían una relación? Eso es absurdo y cruel. Siento las ideas agitarse en mi mente como un avispero y la esperanza se cuela como agua por las grietas de mi iluso corazón. No, ella no tenía forma de saberlo a menos que él se lo dijera.

Sacudo la cabeza para aclarar mis pensamientos, dentro de poco todas mis dudas serán aclaradas o eso espero. Para bien o para mal.

Me aseguro de seguir el rastro correctamente, ahí están los dos pares de huellas, unas ligeramente más grandes que las otras que deben ser las de él, una ligera sonrisa de satisfacción se cuela en mis labios porque Ukyo tiene los pies grandes, es una tontería, pero lo siento como una pequeña victoria, aunque se vuelve amarga en cuanto recuerdo que ella si esta completa y es perfecta y hermosa, a pesar de tener los pies grandes, ella tiene ambos. Otra punzada de dolor me recorre y va subiendo de apoco. Demonios, debí haber tomado el medicamento para el dolor antes de salir disparada como una idiota a perseguirlos.

Probablemente ya tenían planeado verse este día desde antes de la Gira y aunque la cólera me motiva a ir más rápido no lo hago porque debo ser cuidadosa para no resbalar y alertarlos por si están cerca, nuevamente me detengo unos momentos maldiciendo esta estúpida pierna falsa con amargura luego de subir una ligera cuesta cuando vislumbro algo a la distancia delante de mí.

Su largo cabello castaño refulge con los tímidos rayos de sol que se filtran entre los árboles cubiertos de nieve.

Me escondo rápida y silenciosamente detrás de un tronco y me agacho por si llega a darse la vuelta para que no me vea. Giro la cabeza con rapidez buscándolo, debe estar cerca, pero luego de unos minutos en los que ella se aleja cada vez más hasta perderse de vista noto las tres ramitas entre cruzadas en el suelo cerca de una roca, formando una flecha en dirección al lago. Eso me hace preguntarme si en realidad aun no se han reunido. Pero rápidamente sacudo la cabeza, eso no importa, la cuestión es que van a verse, de eso estoy segura.


.

Ranma

Unas horas antes

.

Es domingo, el día que nos reunimos para cazar y aunque en realidad no tengo muchas ganas de ir, tengo que hacerlo, le di mi palabra el día de la Gira.

Resoplo con fuerza. Soy un idiota. Recuerdo el beso que nos dimos ese día y me asquea la basura de persona en que me he convertido, Ukyo es una víctima más, porque sé que sus sentimientos son reales y yo no debí darle esperanzas en ningún momento. Tengo que aclarar las cosas con ella, ahora más que nunca. La quiero, pero no de la forma que ella cree. Tengo que protegerla a ella también y a su familia de la ira de Happosai.

Termino de colocar las ramitas en forma de flecha señalando el camino que quiero que ella siga y también coloco a un lado un termo lleno de café caliente y unos guantes color marrón oscuro que se me han quedado pequeños y que, aunque le quedarán ligeramente grandes le protegerán las manos del frio. Es demasiado orgullosa para aceptar unos nuevos si yo quisiera regalárselos.

Después de hablar con ella, lo hare con Akane y con Tofu en cuanto sea lo bastante seguro. Tienen que aceptar mi plan porque es el único que tengo y debe funcionar, tardaremos algún tiempo en preparar todo lo que necesitaremos, pero es la única manera de mantenerlos a todos con vida y seguros. Me niego a que Ranko o Akane tengan que pasar por lo mismo que yo. No lo permitiré.


.

He caminado por casi una hora por culpa de la nieve y el hielo que me hacen ir más lento, pero al fin tras revisar mi brújula una vez más para asegurarme de ir en la dirección correcta y dejar la ultima señal con ramitas veo el sendero que lleva al lago. Mientras camino recolecto leña para encender un fuego, la casita que esta a un lado del lago es bastante fría ya que es de concreto y además estamos lo suficientemente alejados del distrito como para que alguien pueda ver el humo saliendo de la chimenea, por lo tanto, es seguro si enciendo fuego. No he cazado nada, pero traigo algunas cosas para desayunar mientras hablamos.

Luego de más de media hora escucho la puerta abrirse.

-Nunca me habías traído aquí. – Dice en lugar de saludarme, mientras camina hacia el fuego y extiende las manos para calentarlas en el fuego. Observo con agrado que lleva puestos los guantes, aunque he notado la frialdad en su voz. Esta molesta y no la culpo.

-Si, bueno. Hace mucho que yo tampoco venía, mi papá me mostró este lugar cuando era niño y venir sin él es… raro, por eso no te había traído antes.

Ella me observa con recelo - ¿y nunca has traído a nadie más aquí?

-Si estamos aquí, es porque es el lugar más seguro que conozco y hay cosas importantes de las que debemos hablar. – Digo sin contestar a su pregunta, entendiendo su indirecta y sacudiéndome el recuerdo de la ultima vez que estuve aquí con Akane, antes de que todo se fuera a la mierda.

Resopla y se sienta en el piso cerca del fuego mientras se sirve café del termo que le deje en el bosque. – ¿Y de qué quieres hablarme Ranma? ¿de tu reciente compromiso? – Parpadea rápidamente y se aclara la garganta, pues su voz se ha quebrado un poco - pensé que lo nuestro cambiaria cuando regresaras de la Gira, pero no pensé que lo haría de esta manera. Besarme como lo has hecho me confunde, ¿realmente me quieres? ¿O solo has estado jugando conmigo como lo haces con Akane? – dice casi escupiendo su nombre con desprecio – porque te recuerdo que dijiste por años que ni siquiera te gustaba, luego, que todo había sido parte de los juegos y ahora nuevamente los veo en televisión, devorándose a besos y comprometiéndose ¡¿A qué demonios estás jugando Ranma?!

Se ha puesto de pie nuevamente y se acerca tan rápido a mi que no la veo venir cuando me besa con fuerza colgada de mí. Yo soy el único culpable de que ella haya malinterpretado las cosas. No respondo a su beso y tomándola de los hombros la alejo de mí.

-De eso y más es de lo que tenemos que hablar Uchan.

- ¡No me llames así! – dice furiosa alejándose de mi nuevamente – ¡Tú y yo tenemos un compromiso que tienes que cumplir Ranma! Nuestros padres nos comprometieron cuando éramos niños no lo olvides y por tu honor…

No la dejo terminar porque la furia me invade, se preocupa por cosas tan insignificantes así que no puedo evitar gritarle - MI HONOR ME IMPORTA UNA MIERDA, YO NO TENGO HONOR, YA NO MAS… y eso – digo bajando la voz - es lo último que me interesa en estos momentos, me importa salvarte la vida Ukyo, a ti y a las personas que me importan. No lo entiendes, no entiendes nada, tu no fuiste a los juegos, ni al Capitolio y no sabes la cantidad de monstruos que se esconden bajo la superficie de sus ridículos disfraces. Happosai me amenazo, hay revueltas en los distritos y si yo y Akane no calmábamos los levantamientos convenciendo a todo Panem de que nuestro romance es real amenazó con matarte a ti y a tu familia, a mi madre, a la familia de Akane y que tanto ella como mi hermana sufrirían algo peor que la muerte, y maldita sea, se de lo que habla Ukyo… y francamente… preferiría que las mataran.

Ukyo me observa perpleja, casi sin parpadear, su furia se ha desvanecido un poco y la veo titubear antes de hablar.

- ¿Y que tiene que ver tu romance con Akane para calmar a Panem?

- Argh – gruño exasperado – ¿Es todo lo que entendiste de lo que te acabo de decir? – ella me observa con sus ojos azules chispeando de furia.

Así que le explico lo de las bayas a detalle.

-Entonces realmente todo fue una farsa – dice alegre y con una sonrisa. Estoy estupefacto, ¿no entiende la gravedad de lo que le digo?

-Nunca fue una farsa – digo mortalmente serio, es momento de terminar con cualquier resquicio de esperanza a cualquier tipo de relación que no sea de amistad entre nosotros. Ella me observa con la boca abierta en una mueca extraña y confundida.

-No te entiendo, tu dijiste que…

-Siempre fui un estúpido cobarde, pensé que ella no me quería, no tenía nada que ofrecerle y en realidad aun no tengo nada que ofrecerle, pero la amo Ukyo y por cuestiones de las que no pienso hablar contigo ni con nadie más es que me aleje de ella luego de los juegos.

-Tiene que ver con tus visitas al Capitolio ¿cierto?

-Lo que importa es que tengo un plan. Escaparemos. – Digo observándola con determinación e ignorando olímpicamente su comentario sobre el maldito Capitolio.

Ella resopla – ¿y adonde se supone que escaparemos Ranma?

-Aquí, al bosque, bueno iremos más lejos, tenemos que alejarnos tanto como podamos de Panem, del presidente. Conseguiremos provisiones para unos meses y luego cazaremos y recolectaremos. Podemos sobrevivir sin ningún problema.

- ¿Y luego qué? ¿Viviremos toda la vida en los bosques, escondiéndonos? Estamos en pleno invierno nos congelaríamos en poco tiempo sin un refugio, mis hermanos son muy pequeños, mi madre esta enferma. Tu plan tiene fallas Ranma.

-No nos iremos en este momento, debemos planearlo todo, quizá irnos cuando comience la primavera, explorar el terreno.

-Y supongo que tu queridísima prometida y su adorable familia también tendrían que venir ¿no es así?

- Por supuesto…

-No, Ranma. Se escuchan cosas en el Distrito, si todos nos organizamos también podría haber revueltas aquí, detener la producción en las minas, desestabilizar al gobierno, podríamos derrocar a Happosai. – Su bonito rostro se deforma con esa extraña emoción.

-Por su puesto que no, no lo entiendes, todos moriríamos. El Capitolio nos aplastaría como a moscas, el 12 no es nada contra ellos.

-No iré a ningún lado, no soy una cobarde, no huiré. – Dice luego de que ambos nos quedáramos callados por un buen rato cada uno perdido en sus pensamientos. Ella pensando en revolución, yo en el peligro que eso significaría.

La puerta se abre en ese momento y ambos nos quedamos pasmados.


.

Akane

.

He estado escuchando por algún tiempo, específicamente desde que Ukyo le reclamo a Ranma por lo del compromiso pactado por sus padres.

Aun tengo muchas dudas, pero algunas ya han sido contestadas luego de estar escuchando. Creo que ha pasado demasiado tiempo sin que escuche voces y por lo tanto es el momento de entrar.

Ambos me observan con los ojos muy abiertos. No se si decirles que he escuchado todo o hacerme la inocente. Me decido por lo segundo.

- ¿Qué hacen aquí? – pregunto fingiendo desconfianza.

- ¿Qué hacemos, que haces tu aquí? – me pregunta Ranma nervioso, seña de que cree que acabo de llegar y no escuche lo que hablaban antes.

Ukyo se cruza de brazos. - ¿Qué fue lo que escuchaste?

Me ha pillado, sonrió ligeramente.

-Quiero dejarte algo en claro Ukyo. No soy tu enemiga, se que Ranma te aprecia…como amiga – añado y a ella se le salta una vena en la sien – Pero si tus planes son ocasionar problemas en el 12 y poner en peligro a gente inocente incluidas nuestras familias, no dudare un instante en clavarte una flecha entre los ojos. – Le digo mortalmente sería.

-Akane… - dice Ranma con los ojos muy abiertos.

- Se te olvida quien soy Ukyo, mate en los juegos para sobrevivir, mate para proteger a Ranma. Puedo volver a hacerlo... ¿Cómo te enteraste de lo que paso aquí en el lago durante el verano? – pregunto mientras casualmente tomo una flecha de mi carcaj, ella traga duramente y Ranma me observa perplejo y luego a Ukyo.

- ¿De qué hablas Akane? – Pregunta nervioso, quizá cree que realmente voy a matarla. Ganas no me faltan.

Ella levanta la barbilla y al parecer luego de unos segundos se traga su orgullo. – Los seguí. – Dice sin más. Ranma se gira tan rápido a verla que creo que se ha lastimado el cuello, intentando seguir el hilo de nuestra conversación.

-Eres patética. Supongo entonces que todo lo que me dijiste era mentira ¿cierto?

Ella no responde, pero tampoco baja la mirada.

-Te lo explicaré luego – le digo a Ranma que esta más confundido que nunca y a pesar de todo lo que ha pasado me siento feliz, porque al menos todo lo que ella me dijo fue una mentira.

-Eres libre de marcharte cuando gustes Ukyo, pero no olvides lo que te acabo de decir. Ten mucho cuidado con lo que dices y haces de ahora en adelante. – Le digo haciéndome a un lado y guardando nuevamente la flecha para que ella pueda pasar por la puerta.

No dice nada más, solo se quita los guantes que lleva puestos y se los arroja con furia a Ranma en el pecho, luego toma sus cosas y se marcha indignada y furiosa.

- ¿Qué demonios acaba de pasar? – pregunta Ranma super confundido y sin pensarlo dos veces dejo el arco recargado en una pared junto al carcaj y me arrojo a abrazarlo con fuerza.

-La confirmación de que eres un idiota – le digo sonriendo inmensamente. – Buenos días.

-Buenos… Akane ¿Qué rayos haces aquí? – lo suelto para verlo con el seño fruncido y ni rastro de la sonrisa de hace unos segundos – no me malinterpretes, me da gusto verte, siempre es un placer para mí, dice mirándome con dulzura, pero no me explico como has sabido que estábamos aquí.

- Emulando a tu queridísima amiga, los he seguido.

Ambos estamos sentados frente a la chimenea comiendo emparedados de pavo y bebiendo café mientras le explico todo lo que Ukyo me había dicho el día de la Gira en el bosque.

- ¿Y qué fue lo qué escuchaste de mi plática con ella? - Esta serio y ligeramente tenso. – Sé que hizo mal, pero el culpable de todo soy yo Akane. – Dice mirando sus pies, derrotado.

-Lo suficiente. – Le contesto con una suave sonrisa que espero le tranquilice - Te amo y tu idea de huir al bosque no es tan mala. – Lo digo porque con nuestras habilidades en conjunto podríamos mantener con vida y seguras a nuestras familias, pero también sé que es muy arriesgado. – Es solo que dudo que Tofu quiera ir y probablemente incluso mi familia se niegue. Intentaré hablar con ellos lo más discretamente que pueda, pero la verdad es que desde hace un tiempo no eres su persona favorita. Creo que mi padre te odia un poco. Además, me gustaría que me explicaras porque justificas a Ukyo, no tienes idea del daño que me hicieron sus palabras. – Añado.

-Porque es verdad Akane, ella jamás te hubiera dicho nada así si yo… no le hubiera dado falsas esperanzas. Soy una basura Akane y quizá, luego de que escuches lo que tengo que decir… - su voz se apaga. Veo la desesperación y un insondable dolor en su mirada, siento unas ganas inmensas de abrazarlo, pero me contengo.

-Te escucho y no te juzgare hasta que termines de decir todo lo que quieras decirme.


.

5 meses antes

.

El teléfono suena y luego de que mi mamá contestará me llama suavemente.

-Ranma, es para ti.

Me extraña un poco, pero luego de escuchar la voz de Portia me tranquilizo y sinceramente me alegro al escuchar su voz.

Me pregunta como va todo y me dice que he sido convocado para ir al Capitolio el fin de semana, su voz suena extraña, pero en realidad no le doy mucha importancia. Muchos tributos son llevados regularmente al Capitolio para hacer promoción cuando son lo suficientemente populares. Participan en programas de televisión, modelan, etc. Cosas estúpidas, no me agrada tener que ir al Capitolio, ni me entusiasma volver a ver al presidente, pero si lo haré con Akane, supongo que será más llevadero.

-Supongo que nos veremos el viernes entonces. Akane estará contenta de saludarte. – Le digo.

-Oh cariño… ella no vendrá. – Dice suavemente – solo has sido convocado tú, por el presidente en persona. - Su voz suena rara, debe desagradarle tanto el presidente como a mí, aunque es extraño.

Tofu ha estado más gruñón de lo normal y más ebrio también. Luego de despedirnos de Akane en la estación no para de verme de forma curiosa y luego maldecir en voz alta mientras bebe una botella tras otra. Luego de un rato no lo tolero más y me encierro en mi compartimiento en el tren por lo que resta del viaje.

Me despierto asustado cuando me alza de la camisa mirándome a los ojos, los suyos están enrojecidos y con las pupilas temblorosas detrás de las gafas redondas y sucias, el rostro colorado y el pelo desgreñado, con mechones saliendo de su coleta, incluso tiene un poco de vomito embarrado en la barba crecida de varios días. Siento nauseas por el fétido olor de su aliento cuando habla.

-Lo lamento tanto Ranma… en verdad – dice y unas gruesas lagrimas se derraman por sus ojos – Es una mierda… pero haré lo que pueda por ayudarte… te lo… prometo. – Balbucea tropezando con su lengua en cada palabra.

Luego se desmaya, borracho a más no poder. Lo dejo sobre mi cama, no estoy de humor para arrástralo hasta su propia habitación y mucho menos para cambiarle la ropa asquerosa y embarrada en su propio vomito. Pienso en sus palabras unos momentos y decido que son desvaríos de un borracho. No hay lógica en sus palabras, a menos que se refiera a los juegos.

Luego de ducharme para quitarme el tufo a borracho que me dejo Tofu voy a desayunar, ya ha amanecido y solo recordar la sutil promesa de Akane en el anden hace que mis pensamientos vuelen sobre las posibilidades, sobre planes, sobre lugares donde sería perfecto estar con ella de esa forma. La cabaña del lago es la ideal, me pongo a planear lo que haré para hacer la cabaña más acogedora y el tiempo vuela.

Hemos llegado al edificio de los tributos. El centro de entrenamiento y nos instalan en el piso 12. Flashbacks me aterrorizan, desearía que Akane estuviera aquí conmigo, sería menos horrible. Me siento cada vez más ansioso mientras el tiempo corre y mi equipo de preparación junto con Portia me preparan para una cena esta noche en la mansión del presidente. Ellos no están invitados por lo que se lamentan a viva voz una y otra vez mientras terminan de maquillar mis ojos con sombras oscuras que difuminan para que el azul de mis ojos resalte. Portia los calla sutilmente y los saca de mi habitación, pasa sus manos sobre mis hombros, alisando cualquier pliegue en la tela del saco que llevo puesto.

Cabello suelto y rebelde pero lustroso. Camisa rojo sangre, traje negro, zapatos negros, sin corbata y con algunos botones abiertos del cuello. Un reloj de oro que pesa sobre mi muñeca y algunos anillos, las uñas de las manos pintadas de negro e incluso un pendiente de oro en forma de flecha que cuelga del lóbulo de mi oreja izquierda. Me veo peligroso, misterioso, supongo que esto es atractivo para los capitolinos. Como uno de esos cantantes de rock de los grupos famosos del Capitolio que están tanto de moda, aunque no tanto como los vencedores populares.

Portia se despide de mi y de Tofu cuando subimos al elevador, creo ver una interacción silenciosa entre ellos, pero en un segundo desaparece. Debe haber sido mi imaginación, probablemente sean los nervios. Tofu esta impecable, aunque si se presta la suficiente atención, pueden verse en él las señales de la resaca que lo agobia.

No me ha hablado desde la madrugada cuando quedo desmayado en mi cama. No se si tocar el tema, quizá estaba tan borracho que ni lo recuerda, los avox tuvieron que llevarlo a cuestas desde el tren hasta el auto que nos esperaba en la estación y lo mismo hasta el edificio de tributos. De hecho, no le había visto ni el polvo hasta que llego la hora de marcharme, pensé que iría solo hasta que lo vi aparecer frente a mí, luciendo aceptable y medio sobrio, aunque con resaca.

-Sobre lo que dijiste anoche…

Tofu me observa de pronto tan violentamente que me callo al instante, no me ha dicho nada, pero su mirada me dice que cierre la boca y yo obedezco. No se que pensar, tengo un mal presentimiento. ¿Será posible que Happosai me torture para hacerme pagar por lo de las bayas? Mi ansiedad aumenta a cada segundo, ¿me matará públicamente? No se atreverían a hacerlo ¿o sí? Demonios, la incertidumbre me está matando ¿A qué rayos me han traído?

Salimos del edificio entre flashes de los reporteros que se han enterado de mi presencia. Es aquí donde veo al Tofu mentor, es cordial y educado. Saluda y les dedica una sonrisa en la que le veo hasta los premolares. Lo desconozco. Me insta a que salude y sonría también con un furioso susurro sin dejar de sonreír mientras me empuja al interior del auto. Ya adentro me doy cuenta de que sin que me diera cuenta me puso en pequeño papel doblado en la mano.

-Aquí no – dice en voz baja, fingiendo que carraspea, cuando hago el amago de abrirlo para ver lo que es.

Entendiendo. Lo guardo de inmediato en el bolsillo interior de mi saco.

La mansión del presidente es imponente, con las altas columnas blancas de la entrada y los enormes jardines con fuentes y el pasto verde perfectamente podado. Los nervios me hacen una pesada bola en el estómago. Dentro no hay reporteros, solo una interminable muchedumbre de personas importantes e influyentes dentro de la capital.

Tofu no se aparta de mi lado, aunque lo veo anhelar las copas de champagne y las botellas de licor que están sobre algunas mesas. Me presentan caras nuevas, algunos ya los conozco de la cena que tuvimos luego de la victoria junto a Akane y que se llevó a cabo aquí mismo en la mansión.

De pronto siento un peso que se cuelga de mi brazo.

-Ni hao chico en llamas – dice la seductora voz de la ganadora del 4, Shampoo.

- ¿Cómo? – pregunto confundido, observando a la esbelta chica que cuelga de mi brazo.

–Significa "hola", es jerga del 4 – dice sonriente, sacudiendo la mano para quitarle importancia y continúa hablando. - No sabes cuanto deseaba conocerte bombón, eres aun más guapo en persona – dice mientras restriega sus pechos en mi brazo y su largo cabello purpura se balancea en su espalda. Lleva puesto un diminuto vestido lila que le marca cada una de sus pronunciadas curvas y un profundo escote que deja a la vista su generoso escote, el cual puedo ver en todo su esplendor desde mi altura. Rápidamente veo hacia otro lado, siento la cara arder y me imagino la cara que pondría Akane si nos viera así. Probablemente estaría furiosa, trago nervioso y escucho la melodiosa voz de mi compañera cuando se ríe amistosamente.

-Vaya eres todo un caballero ¿eh? Un chico bueno. Y dime bombón, ¿Eres virgen?

Escupo el contenido de la bebida que ni siquiera me había dado cuenta que había cogido a causa de los nervios.

Ella ríe aún más fuerte, pero sus ojos escarlatas bordeados de largas pestañas oscuras se ven vidriosos, como si estuviera ebria o algo así.

-Ven, no tenemos mucho tiempo. – Dice mientras me jala de la mano y me lleva a uno de los muchos baños. - Este al parecer esta vacío. – Murmura.

Estoy a punto de hablar, pero ella se lleva un dedo a los labios para indicarme que guarde silencio.

-Toma, - me dice modulando solo con los labios sin emitir ningún ruido y me extiende una bolsita pequeña con una pastilla blanca y me urge a que la guarde mientras observa a todos lados con nerviosismo. Estoy muy confundido, pero lo hago, la guardo en el bolsillo de mi pantalón.

De pronto entra un tipo calvo con los labios hinchados vestido de colores chillantes.

-Aww, no hay ningún lugar donde podamos estar en privado – dice Shampoo mientras le guiña un ojo al tipo que tiene la cara brillosa y roja por el alcohol.

- Por mi no hay problema, preciosa, hagan como si yo no estuviera aquí – dice relamiéndose los asquerosos labios hinchados. -Siempre es un placer ver a un par de jóvenes tan atractivos interactuar tan… íntimamente. – Dice alzando las cejas.

Creo comprender a lo que se refiere y de pronto me siento furioso, me dan ganas de partirle la boca a golpes y de pronto Shampoo se ríe como colegiala y le pone una mano en el pecho, lo cual me deja estupefacto.

-Febo, sabes que todo tiene un precio querido… y tú no lo has pagado. – Le sonríe, le guiña un ojo y me saca de ahí tomándome de la mano como si yo fuera un niño.

Estoy sorprendido y asqueado por su actitud, los rumores sobre ella eran ciertos, me da asco, pero entonces veo su rostro, esta a punto de llorar, aunque se recompone en un instante y es como si nada hubiera ocurrido, caminamos rápido a otro baño y ella se acerca a mí, poniendo sus manos en mi pecho acercando demasiado su rostro al mío. Si cualquiera nos viera pensarían que vamos a besarnos o algo así.

Todo sucede demasiado rápido, no tengo tiempo de apartarme, cierro los ojos y por un momento, el ruido del bosque me envuelve, aves, insectos, el susurro de las hojas de los árboles movidas por el viento, el aroma de los pinos y la tierra me llenan las fosas nasales. Estoy en la arena y las manos que me presionan el pecho son las de Azusa y siento su sangre caliente y espesa sobre mi cara cuando le corto el cuello.

-Oye tranquilo chico en llamas – dice con un tono distinto al que le he escuchado, aunque lo hace en voz muy baja - respira profundo, soy Shampoo, tu nueva mejor amiga cariño y tienes que controlarte – dice suavemente mientras me mira a los ojos con preocupación.

Vuelvo en si y el ruido de la fiesta regresa gradualmente, la música suave, el choque del cristal de las copas, las risas y la plática banal de los invitados, el dulce perfume de Shampoo envolviéndome y sus pequeñas manos posadas en mi pecho.

-Eso, muy bien. Has vuelto. Entra rápido al baño y léelo, tienes menos de un minuto antes de que empiece la subasta. – Me dice y me empuja suavemente por la puerta.

Entro a trompicones al baño y me encierro en un cubículo. No se como lo supo, pero sé que se refiere a la nota que me dio Tofu en el auto. La abro y la leo.

"Chico, esto es una mierda, pero es lo que es. Te han traído para subastarte. Shampoo ya te debe haber dado la pastilla. Tienes dos opciones o te la tomas o se la das al que te compre. Hazlo sin que nadie te vea cuando estén solos. Es lo único que puedo hacer por ti chico. No puedes negarte o habrá consecuencias peores, se de lo que hablo. Quisiera poder hacer más."

Mi corazón late rápido, muy rápido. No entiendo nada. ¿Venderme? ¿Subasta? De que mierda hablan Tofu y esta chica.

-Señor Saotome. El presidente solicita su presencia. – Dice la voz grave de un hombre del otro lado de la puerta del cubículo en el que estoy. Ni siquiera note que alguien más había entrado.

-Un momento. – Digo, tiro el papel al retrete que se deshace rápidamente y jalo la cadena.

Cuando salgo del baño escoltado por este enorme hombre de piel oscura no veo a Shampoo por ningún lado, ni a Tofu. Mi corazón sigue latiendo con urgencia, como si quisiera saltárseme del pecho. Quizá van a torturarme o a matarme. A lo mejor para eso es la pastilla, un suicidio rápido, pero si así fuera ¿por qué Tofu me diría que se la de al que me compre? No logro entender nada, caminamos por un largo pasillo alfombrado del color de la sangre. Aun puedo sentirla en mis manos, que palpitan y se sientes pegajosas, como si la alucinación de hace unos minutos hubiera sido real y la sangre de Azusa cubriera mis manos en estos instantes.

Entramos por una puerta oculta en un muro. La habitación es elegante y opulenta, con engastados en oro en las molduras del techo blanco, muebles de finas maderas, pinturas enormes con imágenes de desnudos, monstruos, sangre y depravación. Al centro hay un sillón de terciopelo color vino bordado con hilos de oro que emula perfectamente al trono de un rey, en el que está sentado el presidente, mirándome con suma satisfacción.

Camino por la alfombra dorada y mullida, tan perfecta e impoluta. Es suave, como si caminara sobre una nube y siento que va a tragarme en cualquier momento. Como arenas movedizas. Me detengo a unos tres metros de distancia de la serpiente que me observa como a una presa y trago duro. No tengo idea de lo que quiere de mí. Seguro pagaré por todas mis insurrecciones.

-Bienvenido señor Saotome – dice con voz como la seda. El olor pútrido de la sangre me llega hasta donde estoy de pie frente a él. Viene de su boca. Mezclado con el intenso aroma de la rosa que lleva en la solapa del saco. – ¿Cómo le ha ido en su distrito, la vida de un victorioso es tan tranquila como dicen? ¿Cómo esta su queridísima novia, la señorita Tendo? ¿Ha disfrutado su estancia en el Capitolio hasta el momento? - Las preguntas se agolpan una tras otra sin darme tiempo de contestar a ninguna de ellas. Se sienten como latigazos y no sé por qué, pero me siento aterrorizado por este diminuto anciano. - Lo he visto platicando con la bella Shampoo hace un momento.

Dice y señala detrás de mí. Hay una enorme pantalla en una pared, dividida en muchas otras, en donde puede verse toda la fiesta desde distintos ángulos. Shampoo ríe divertida junto a un grupo de anormales que la observan con adoración y la tocan sin reparos con demasiada confianza. Tofu bebe en el bar y a juzgar por la cantidad de vasos frente a él, no le falta mucho para llegar a la inconsciencia.

-Me gustan las fiestas, pero no estar en ellas. Me gusta más ver desde aquí, como si fuera un reality. – Dice y me giro a verlo, él esta absorto en la pantalla y en la mano tiene un pequeño control remoto y presiona un botón. – Mire – me dice y me giro de nuevo a ver la pantalla.

Uno de los recuadros se hace más grande. Es una sala distinta, hay unas treinta sillas vacías y acomodadas frente a un escenario en el que hay una fotografía mía de cuerpo completo y una más de mi rostro sonriente. La gente empieza a entrar y a sentarse en las sillas, un hombre de traje oscuro se para detrás de la tribuna y le ajustan un pequeño micrófono en la corbata.

La sala esta llena, las personas se ven ansiosas. El subastador comienza la puja. Por mí. Pequeños letreros con números son alzados de entre la multitud. Entre sedas de colores radiantes, pieles, plumas, piedras brillantes, rostros maquillados en exceso y algunos incluso modificados con extremas operaciones que los hacen verse grotescos. Hombres y mujeres por igual.

- ¡Vendido! – Dice entusiasmado el subastador, luego de varios minutos que me parecen eternos. La gente aplaude con decepción mientras el hombre que ha ganado se pone pie.

Un tipo de unos cuarenta y tantos años, alto, de contextura gruesa, piel pálida y pelo engominado teñido de purpura. Y al igual que todos aquí maquillado en exceso y vestido ridículamente, con pantalones bombachos, botas altas negras y una casaca dorada que hace juego con los pantalones purpuras. Su sonrisa es enorme y el terror se instala en mi pecho. Quiero huir, pero no se de que, no se adónde. Un nudo se sitúa en mi garganta y se me dificulta respirar ¿Qué demonios quiere de mí? ¿va a matarme? ¿Torturarme?

-Veras Ranma, puedo llamarte Ranma ¿cierto? – pregunta con una sonrisa. Puede hacer lo que quiera y lo sabe. Su pregunta es una burla más. – Cuando hiciste tu… truco con las bayas, me dejaste en ridículo. Te burlaste de mí. Del maravilloso sistema de Panem. De la estructura social de nuestro país. Eso, obviamente no puede quedarse sin un… correctivo – dice disfrutando de mi mi reacción, pero que puedo hacer para ocultarla, estoy en pánico, soy un chico de solo 16 años y no entiendo nada de lo que dice. La mascara de indiferencia que intento reflejar se cae a pedazos frente a este pequeño hombre.

-Solo quería salvarla – digo con voz ahogada, refiriéndome a Akane.

-Por supuesto. Lo entiendo. – Su mirada aguda me taladra. – Pero usted sabía perfectamente que solo puede haber un ganador y aun así… - su voz se apaga unos segundos. - Es usted muy astuto, debo admitirlo. Nunca habíamos tenido dos ganadores y no podíamos quedarnos sin ninguno. Sabe como manipular a las masas y eso Señor Saotome – dice volviendo a su antigua manera de llamarme – no lo puedo permitir. Vera, tengo un sistema, para… detener todo tipo de insurrección, por mínima que esta sea. Pero seamos honestos, usted sabía que habría consecuencias ¿no es así? Esto que acaba de ver, es solo para un grupo selecto de vencedores, solo para aquellos que logran molestarme lo suficiente y los compradores, personas que están dispuestas a pagar lo que sea necesarios por disfrutar de la compañía de los vencedores son de mi entera confianza. Si se niega a otorgarle al señor Tulio Crane lo que sea que demande de usted, su adorada señorita Tendo será entonces quien pague la deuda. Y no quiere que eso pase, se lo aseguro. Si usted cumple con el trato, ni ella ni su familia sufrirán las consecuencias, lo prometo. Nadie en su casa sabrá nuestro pequeño secreto en tanto usted lo guarde y puedo asegurarle que usted será uno de los favoritos. Ahora – dice poniéndose de pie con una inmensa sonrisa de satisfacción, - vaya con su dueño por esta noche señor Saotome y no quiero escuchar ninguna queja.

Sus ojos brillan con maldad pura y un escalofrío recorre mi cuerpo, me siento petrificado y solo me muevo porque el hombre que me había escoltado antes prácticamente me lleva a empujones, salimos del estudio. Todo pasa como un borrón, caminamos por pasillos y salimos por una puerta a un garaje, entramos a una camioneta blindada con los vidrios entintados por los que no puedo ver nada. Luego de unos cuarenta minutos llegamos a nuestro destino, me bajan de la camioneta, es un estacionamiento privado dentro del edificio, entramos a un elevador y subimos varios pisos, luego de que la puerta se abra el hombre me empuja sacándome del elevador y la puerta vuelve a cerrarse.

Estoy en una apartamento amplio y elegante, con altos ventanales desde donde puede verse la ciudad de noche. Sinceramente es impresionante, pongo la mano sobre el cristal frio y deseo con todas mis fuerzas no estar aquí. Las palabras del presidente resuenan en mi cabeza. Me siento lento y torpe. Unos pasos sobre el piso de lustroso mármol me hacen voltear. Aquí esta el hombre que gano la subasta. El que me compro. ¿Qué demonios esta pasando? Una idea cruza mi mente de manera fugaz, pero no puede ser cierta.

-Querido Ranma no tienes idea de cuanto deseaba que llegara este momento, por poco me ganan el placer de esta noche, ¡pero lo conseguí! – Dice sonriendo emocionado mientras bebe de la copa que tiene en la mano y de la que no me había percatado. Su mirada me hace sentir asco. La revelación de lo que este tipo quiere, de aquello por lo que pagó me hace vibrar de rabia, quiero partirle la cara a golpes, quiero destrozarlo. Siento nauseas.

Se acerca a mi con paso lento y con una sonrisa confiada, mi primer impulso es darle un puñetazo, pero mi brazo no responde como quisiera, es demasiado lento y el tipo lo atrapa con una mano y se acerca, ha dejado la copa sobre una mesita de la sala. Me acaricia el cuello y yo me siento impotente y confundido, porque quiero apartarme de su asqueroso toque, pero mis pies son torpes y pesados, mi mente se siente adormecida y mi vista se torna cada vez más borrosa.

-Querido, ¿en serio crees que te dejarían solo conmigo sin una garantía? – vuelve a acariciarme el cuello y luego arranca algo que tenia pegado como una tirita en el cuello y me lo enseña. – Nunca te dejarían a mi merced sin un pequeño seguro de vida para mí. No he olvidado lo que hiciste en la arena – dice relamiéndose los labios inflados.

-Que por cierto me encanto y me aterro a partes iguales, eres un asesino fascinante y por lo que vi en esa última noche en la arena, un amante fogoso. – Me estremezco. - Pero ven querido, siéntate conmigo.

Me lleva a un amplio sofá de cuero marrón. Se acerca más a mí y lame mi mejilla dejando un rastro de asquerosa saliva al paso de su lengua. Me han drogado, no estoy seguro de cuando fue. El guardia, cuando me empujo por el elevador me tomo del cuello, quizá fue en ese momento.

-No te preocupes querido, esto no es tan fuerte como para dejarte inconsciente, solo te hace dócil para mí.

Intento apartarme de él con todas mis fuerzas, pero me siento en el limbo, todo es ondulante y se difumina a mi alrededor. La luz cambia y el tiempo se escurre a mi alrededor como si fuera agua turbia. Me ha quitado el saco y esta desabotonando mi camisa, juro que quiero detenerlo y matarlo, pero mis movimientos son torpes y pesados, estoy demasiado débil y el repugnante aroma de su aliento inunda mis fosas nasales en el instante en el que empieza a besarme y a morderme el cuello. Las náuseas me invaden cuando consigue dominarme con su peso y me besa, su asquerosa legua invade mi boca. No sé cómo, pero consigo apartarme aterrorizado y asqueado.

-Sí Ranma querido. Lucha. – Su mirada es demoniaca no puedo describirla de otra manera, sus ojos brillan peligrosos y yo como un pequeño conejo asustadizo observo a mi alrededor intentando encontrar una vía de escape, pero en el fondo se que no hay escapatoria. Me pongo de pie tropezando y camino hacia la puerta del ascensor, pero Tulio se ríe detrás de mí y jalándome violentamente del cabello me arrastra por un pasillo, una puerta se abre automáticamente y él me empuja dentro haciendo que caiga sobre una enorme cama con sabanas oscuras.

Una música estridente y luces led rojas inundan mis sentidos. Estoy en el infierno.

-Hay querido, creo que se han pasado un poquito con el tranquilizante – dice riendo, mientras su asquerosa respiración se hace cada vez más pesada y su voz se agrava. – Aunque me agrada que aun puedas luchar un poquito, porque me fascina cuando se resisten, - dice al mismo tiempo que su sonrisa se hace enorme. – Pague demasiado por ti y más te vale que valga la pena.

Esta sobre mí, tocando mi pecho descubierto. Estoy aterrorizado y confundido. Me quita los zapatos mientras canta la letra de la canción que está sonando en ese momento y ahí entre la niebla mental y la casi parálisis de mi cuerpo recuerdo la pastilla que me dio Shampoo.

Creo saber lo que es, debe ser alguna droga fuerte. Necesito que se la tome.

Lucho contra la pesadez de mi cuerpo y consigo torpemente coger la pastilla del bolsillo de mi pantalón justo en el instante en que este monstruo comienza a desabotonar mi cinturón para terminar de desvestirme.

Quiero gritar, quiero irme, quiero matarlo. Aprieto la pastilla en el puño de mi mano.

El tararea la canción y sonríe mientras jala mis pantalones desvistiéndome. Escaneo la habitación, el pánico me hace un poco más receptivo, veo una copa con algún liquido azul sobre la mesita de noche. Tulio está ocupado desvistiéndose así mismo ahora, confiado en que no puedo huir de él y tiene razón el muy maldito, así que aprovecho mi oportunidad y me siento recargando la espalda en la cabecera como puedo, pues todo gira a mi alrededor, tomo la copa y antes de que él vuelva a mirarme pongo la pastilla que gracias al cielo se disuelve al instante burbujeando.

- ¿Qué haces, querido Ranma? No deberías de beber eso, tu eres joven y vigoroso, además ya estas demasiado drogado para mi gusto, - dice y me quita la copa de la mano y se la bebe de un trago – Esto es solo para mayores, jijiji. – Dice riendo como si fuera una broma, como un estúpido infantil, aunque es el mismo demonio ante mis ojos. – Esto hará que toda la noche mi fiel amigo no decaiga ni un solo instante, porque voy a disfrutar esto como no tienes idea.

Y cuando dice esto último un escalofrió me recorre la espina dorsal y un terror agudo me paraliza al instante de nuevo, me observa complacido por el efecto de sus palabras mientras toca su miembro y me arranca la última pieza de ropa interior que cubría mi desnudez, para inmediatamente abalanzarse sobre mí.

Escucho su risa amortiguada y sus jadeos graves, como si estuviera debajo del agua, se burla de mí una y otra vez por mi incapacidad de defenderme, por mis inútiles intentos de luchar.

La pastilla no surte el efecto que esperaba, al menos no al instante.

Y la droga que me suministraron a mí no me noquea como hubiera deseado, no me hace olvidarlo todo como quisiera. Pero impide que sienta dolor, me sumerjo en una laguna de indiferencia, no estoy en mi cuerpo. Mi mente navega en el bosque, mi cuerpo esta insensible y aunque puedo sentirlo tocándome, es como si no me importara en lo más mínimo, porque no estoy ahí.

Mi mirada se desenfoca y su asqueroso rostro de labios hinchados se difumina ante el verde de las hojas del bosque, su respiración agitada y palabras vulgares en las que susurra mi nombre, disminuyen ante los sonidos de las aves del bosque, el tacto de su piel caliente y pegajosa es borrado por el viento que despeina mis cabellos en la cima de una colina.

Estoy disociado y me esfuerzo para no pensar en Akane, no quiero que su recuerdo se vea manchado por esta horrorosa experiencia, por esto a lo que estoy siendo sometido.

Por fin la pastilla hace efecto y el demonio del Capitolio queda inconsciente, pero es demasiado tarde para mí, porque nunca más volveré a ser quien era.

Creo, dentro de la niebla mental en la que estoy que no ha pasado mucho tiempo, pero se ha sentido como una vida entera. Una eternidad de impotencia y dolor, de asco y odio.

He perdido toda inocencia y me asquea mi propia existencia. Odio con todo mi ser a Happosai. Odio al capitolio y odio a este asqueroso tipo que se atrevió a hacerme tanto daño solo para obtener placer. Quiero matarlo.

Veo la copa vacía sobre la mesita, estiro la mano intentando cogerla, voy a romperla y clavarle el cristal afilado directo a la yugular, pero me faltan las fuerzas y pronto antes de siquiera rozar la copa con la punta de los dedos, el cansancio de tanto luchar inútilmente me arrastra en un sueño profundo.

Despierto en una habitación oscura, los ronquidos de Tulio taladran mi cerebro. Mi cabeza palpita dolorosamente a causa de las drogas y el alcohol que ingerí hace algunas horas, porque realmente no sé cuánto tiempo ha pasado. Intento levantarme de la cama, mis piernas están enredadas en las sabanas y un brazo pesado se aferra a mi abdomen.

Con urgencia y casi cayendo de la cama logro apartarme de él, su presencia y tacto me repugnan, me arrastro luchando para ponerme de pie y un dolor agudo me taladra las entrañas y baja por mis piernas casi haciéndome gritar, pero me muerdo la lengua, no quiero que se despierte por ningún motivo, quiero irme de aquí. Las lágrimas resbalan por mi cara y un nudo enorme amenaza con asfixiarme porque se agranda cada vez más en mi garganta, quiero gritar, quiero matarlos a todos y quiero morirme yo.

Nuevamente veo la copa sobre la mesita de noche y con pasos temblorosos me acerco determinado a tomarla, la rompo golpeándola en la misma mesa y la empuño como si fuera una daga con todo el odio del que soy capaz, sorprendentemente el ruido no despierta al demonio. Voy a hacerlo pedazos. Alzo el brazo y entonces se abre la puerta de la habitación e ilumina el interior cegándome por unos segundos, me quedo congelado aun con el brazo alzado y la copa rota en la mano.

El avox que ha abierto la puerta, abre los ojos enormes y corre hacia mí y me quita la copa en un instante, sacudiendo su cabeza en negativa, con una urgencia y tristeza infinita en su mirada. Me jala del antebrazo intentando que salga de la habitación, viendo con terror a su amo que duerme roncando pesadamente en toda su desnudez.

Me da una arcada involuntaria al verlo tan plácidamente dormido y ya no es necesario que el avox me jale para salir porque yo prácticamente huyo de la habitación.

No puedo evitarlo y vomito sobre el pulido piso de mármol, salpicando mis pies.

Me asusto al sentir algo que me cubre por la espalda. El avox me ha cubierto con una sábana mientras me observa con tristeza.

Me extiende una nota y leo lo que dice con algo de dificultad, porque mi vista aún está un poco borrosa.

"El tiempo por el que se ha pagado ha terminado. Si lo desea puede tomar un baño antes de marcharse, pero si lo que quiere es irse rápidamente, abajo lo espera un auto que lo llevará al centro de entrenamiento"

Por su puesto que me iría en ese instante, pero no envuelto en una sabana como una ramera, aunque amargamente pensé, eso es lo que soy exactamente. Apreté la sabana con fuerza a mi alrededor y me puse de pie, escaneando con la mirada la sala de estar buscando algo que ponerme, el avox que se había retirado unos momentos mientras leía la nota, salió de la habitación del tipo con mi ropa y zapatos en las manos y cerró la puerta con cuidado. Se acercó a mí y me la tendió. La humillación y la vergüenza me inundaron nuevamente, el odio, pero comprendí que no podía matar a ese gusano, porque luego ¿qué pasaría con Akane y mi familia si lo hacía?, me trague el dolor y me vestí mientras el avox me daba la espalda, probablemente cuidando que no me decidiera por ir a asesinar a su amo.

Era de contextura delgada y un poco bajo, frágil. Quizá tendría unos 15 años o incluso menos, no quise pensar en los horrores que viviría ese pobre muchacho estando esclavizado como lo estaba a este repugnante ser. La fragilidad del chico solo hizo que me envolviera la miseria, si yo con la aparente fuerza física que tenía no había podido hacer nada para evitar lo que pasó, que sería de este pobre chico a merced de ese monstruo.

El Capitolio y sus habitantes son la basura de todo Panem y desgraciadamente son tan poderosos que no se puede luchar contra ellos.

Abatido subí al ascensor, aguanté el ardor de las lágrimas para no dejar caer ninguna más, caminé como autómata aguantando el dolor de las heridas físicas y mentales y subí al auto.


Ya en el centro de entrenamiento no le vi ni el polvo a Tofu ni a Portia, lo cual agradecí, no podría mirarlos a los ojos.

En la ducha, ni siquiera el agua casi al punto de la ebullición logró quitarme la sensación de su tacto o la peste de su perfume. Lloré y grité mientras el agua lavaba mis lágrimas y la sangre de mis heridas, me destrocé los nudillos de las manos al dar de puñetazos en las baldosas de la ducha.

Nunca volveré a ser el mismo, soy el fantasma de lo que era, de aquel chico de la veta.

Happosai se ha encargado de convertirme en basura.

Sobre mi cama estaba una nota del presidente.

Donde me sugería/amenazaba con guardar silencio, ser dócil, portarme como un vencedor si no quería que en la próxima visita especial fuera Akane quien viniera en lugar de yo.

Un odio y una miseria inimaginables me colmaron el alma. No puedo creer que Tofu no me advirtiera, o Portia. Me dejaron ir a ciegas, si lo hubiera sabido antes podría haber planeado algo, podría haber huido, podría… No podría haber hecho nada, porque ante el presidente no soy más que una hormiga insignificante a la que puede pisar y destruir en cuanto él quiera.

Tofu no dijo nada cuando nos vimos más tarde. Portia no apareció mas durante mi estancia. La ropa que dejó para mis próximas apariciones en público, estaba colgada en el armario con una nota indicando la fecha en que debía usarla e indicando que mi equipo de preparación iría unas horas antes de cada compromiso ha peinarme y maquillarme. Aunque a decir verdad no volví a tener ningún compromiso hasta el día siguiente, lo cual agradecí.


En el regreso a casa me encerré en mi compartimiento, hasta que Tofu irrumpió unas horas después. No le importaron los agentes de la paz, ni los micrófonos o cámaras que hay en el tren. Se dejó golpear por mí, se dejó insultar hasta que ya no pude más, porque lo entendí por fin. Entendí porque Tofu es el borracho indiferente y egoísta que es. Él paso por lo mismo.

- ¿Te negaste? ¿Qué hiciste? – me atreví a preguntar después de varios minutos de silencio, mientras Tofu se limpiaba la sangre del labio reventado.

-Debes saber chico, que, en ese tiempo, aún no habían perfeccionado lo de las subastas, eran por decirlo de alguna manera una novedad. Y la primera vez me negué rotundamente, luche con uñas y dientes. – Dice con voz ronca. Está hecho un asco, desgreñado y apestando a vomito y licor, creo que ni siquiera se ha cambiado desde aquella primera noche en la mansión del presidente.

- ¿Qué paso? – pregunto yo sin verlo a la cara, sentado en el piso sintiéndome peor que basura.

-Lo mismo que ha pasado siempre con los que hacemos cosas que no les agradan. Me vendieron un tiempo después de que volviera a casa. Me negué aquella primera vez y mi madre murió cuando regresé, en circunstancias extrañas que no atribuí al Capitolio. Al mes me hicieron volver y me volví a negar. Al regresar mi novia fue injustamente condenada por salir supuestamente al bosque y la ahorcaron frente a mi y a todos en la plaza del distrito.

No me atreví a seguir negándome. El presidente se aseguró de que fuera especialmente horrible e inolvidable para mí. Me subastaron diariamente durante toda mi estancia en esa visita al Capitolio y, aun así, cuando regresé a casa descubrí que no me quedaba nadie. Desde entonces chico, este – dice sacudiendo su petaca llena de licor – se ha convertido en mi mejor amigo.

La cosa terminó cuando deje de ser deseable para ellos. Y cada vez que hay un vencedor especialmente atractivo o alguno que haga algo que no les agrade, - dice viéndome intensamente – se aseguran de cobrar un buen precio. Muchos han acabado locos, han intentado suicidarse o terminan siendo adictos como yo o se niegan y terminan solos…como yo – dice riendo amargamente. – La cuestión es que es tu decisión negarte, pero ahora sabes lo que costaría que te dejen en paz. Aunque en mi caso ni siquiera cuando pague el precio me dejaron en paz.

Y claro que lo sé, el solo imaginar que le harían a Akane o que asesinaran a mi familia me aterroriza. No puedo hacer nada. Seguiré siendo el juguete del presidente.

Las lagrimas nuevamente ruedan sin que pueda detenerlas. Soy un maldito llorica, un cobarde, un objeto que puede usar a su conveniencia. No valgo nada y no merezco nada.

Intenté olvidarlo, verlo como algo que desaparecería cuando volviera a casa, pero obviamente no fue así.

En las siguientes visitas, fui vendido nuevamente a mujeres y hombres, dos o tres veces en cada ocasión. El presidente se ha ensañado conmigo. Shampoo quien se ha convertido en mi aliada, me dijo que hacer, como engatusarlos para que creyeran que me agradaba el asunto y no se vieran tentados a pedir que me drogaran como aquella primera vez, aunque a veces aun así lo hacían. Shampoo también me conseguía pastillas y después de comportarme como todo un galán justo como deseaban (lo cual era especialmente difícil para mí), me las ingeniaba para drogarlos antes de que se dieran cuenta y haciéndoles creer después que habían conseguido aquello por lo que habían derrochado sus fortunas en mí.


.

Hoy

.

Guardo silencio mientras Akane termina de procesar todo lo que le he dicho. Contarlo ha sido como volver a vivirlo y no puedo tolerar su silencio ni su mirada. Camino ansioso en el limitado espacio libre de la cabaña, siento los ojos ardiendo, las lagrimas amenazan con brotar de mis ojos, pero resisto. Lo único que me falta es que Akane me veo llorando como un inutil.

.

Continuara…


Pues si, como he dicho al inicio del capítulo he vuelto, y debo decir que ha sido… rayos no se ni que escribir. Fue un capitulo difícil de escribir y creo que también de leer. Mi intención no es la de incitar a la morbosidad ni mucho menos, solo creo que al menos en el libro de LJDH, se dejan demasiado al aire las atrocidades de las que son capaces en el Capitolio y en esta mi historia, creo que es necesario profundizar un poco más en el tema, para que se entienda la maldad y depravación que se vive en el Capitolio y por lo tanto la urgente de necesidad de un cambio en el sistema. No solo es la glotonería, la insensibilidad de los habitantes ni la depravación que tienen tan normalizada. Es la necesidad urgente de la revolución.

En fin, espero sus comentarios ansiosamente.

Gracias por sus reviews a:

Alexandraaa417: Holis, no mueras muertamente por fis, al menos no antes de volver a dejarme un review, jejeje. Saluditos hasta Perú bella.

Benani0125: Rayos he desaparecido más de un milenio esta vez, perdonsirijillo querida. Desaparezco y aparezco like magic , pero aquí andamos de vuelta. Saludos enormes linda.

Lucitachan: Casi, casi abandono, pero heme aquí. ¿Qué te pareció la revelación de Ranma? Aunque ya todos sabíamos por donde iba la cosa, fue terrible escribirlo para mí. Saludos enormes guapa.

SARITANIMELOVE: Holis aquí andamos otra vez. Saludos enormes bella.

Lana Winter: Llego el día, aquí estamos de nuevo, espero te haya gustado el capitulo y espero tus comentarios al respecto. Saludos hermosa.

Sin mas por el momento nos leemos en el próximo cap. Besitos.