Hola, hola mi gente linda ¿cómo han estado? Espero que muy bien.
Acá andamos de vuelta con un nuevo capítulo, estoy de racha y ni yo me creo que estoy actualizando tan seguido, I'm happy.
Los personajes no me pertenecen, el universo de LJDH le pertenece a mi queridísima Suzanne Collins y todos los personajes de Ranma a la talentosísima Rumiko Takahashi.
Me disculpo de antemano por los errores de ortografía que seguramente habrá.
Que disfruten la lectura y como siempre nos leemos al final del capítulo.
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Capítulo 6
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Akane
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Estoy literalmente a unos pasos de la puerta de la casita de concreto cuando me detengo en seco y no es por el humo, el olor o las pisadas sino por el chasquido del arma amartillándose detrás de mí.
Es instinto, costumbre. Mis manos automáticamente tensan la flecha en el arco. Me giro lentamente preparada para disparar, aunque sé que la suerte probablemente no esté de mi lado. Observo el blanco del uniforme de los agentes de la paz, las botas negras y robustas. Una cara de afilada barbilla y el iris castaño en el que clavaré la flecha, pero antes de que suelte la flecha el arma cae al suelo y la mujer desarmada me lanza una mirada de alarma y me ofrece algo en su mano enguantada.
- ¡No dispares por favor! - grita.
Yo me descoloco por el giro de los acontecimientos, quizás, pienso, es solo un plan para capturarme, probablemente deba llevarme con vida para torturarme, para que incrimine a todos aquellos que conozco y me importan. Suerte con eso, pienso, determinada a clávarle la flecha cuando mis ojos se fijan entonces en lo que me ofrece en la mano enguantada.
Es una especie de circulo, una galleta cetrina y húmeda en los bordes, con una imagen muy clara en el centro.
Mi sinsajo.
No está estampado en oro ni es la galleta más apetecible del mundo. No es como en el Capitolio, por moda, en donde lo llevan como un accesorio en pendientes, broches, estampados en la ropa.
Esto es algo más.
Significa algo mucho más peligroso.
- ¿Qué es eso? ¿qué significa? – pregunto con brusquedad.
-Que estamos de tu parte – contesta una voz detrás de mí.
Demonios, no me había dado cuenta que había alguien más. Pero estoy segura que no se atreverá siquiera a quitarle el seguro a su arma, porque sabe que le dispararé a su compañera en ese instante. Estoy determinada a morir si es necesario. Y además, no me iré sola, me llevaré a una de ellas.
- ¡Sal afuera! – Ordeno con rudeza.
-Ella no puede está…
- ¡Ahora mismo sino quieres que le dispare! – Grito interrumpiendo a la agente que me ha mostrado la galleta.
Escucho algo que se arrastra con lentitud y algo que golpea, me hago a un lado sin dejar de apuntar para que pase.
Es otra mujer o mejor dicho una chica porque es aproximadamente de mi edad, trae puesto el uniforme blanco de los agentes de la paz, aunque le queda al menos tres tallas más grande, la capa de pieles gruesas que usan durante el invierno y las botas que también a simple vista le quedan enormes. Uno de sus pies se arrastra y se apoya en una rudimentaria muleta hecha con una rama chueca.
No son agentes de la paz.
Señalo la pistola con la punta de mi flecha, la mujer que la tenía y la soltó comprende y la patea cerca de mis pies, levantando las manos en señal de rendición, pero dejando a la vista la galleta.
- ¿Quiénes son? – Pregunto observándolas con más detenimiento.
La mayor, que es a quien apunto debe tener al menos unos treinta años, de cabello negro, ojos rasgados y piel amarillenta, la otra que esta pálida como el papel, de cabello igualmente negro y ojos del mismo color, pareciera que esta a punto de desmayarse. Se tambalea sostenida en su rudimentaria muleta.
-Me llamo Twill, - contesta la mayor. – Y esta – dice señalando a la más joven – Es Bonnie. Somos del Distrito 8. Huimos.
¡Del 8!, recuerdo rápidamente lo que Ranma me dijo, sobre el levantamiento en el 8. Ellas deben saber que es lo que está pasando.
- ¿De dónde sacaron los uniformes?
-Los robe de la fábrica en la que trabajábamos – contesta Bonnie. – Los fabricamos ahí, esté iba a ser para otra persona… pero, no pudo escapar. Por eso me queda tan grande. – Dice encogiéndose de hombros.
-La pistola es de un agente muerto. – Añade Twill al ver mi desconfianza.
-La galleta – digo señalándola con un gesto de la cabeza - ¿qué significa? – pregunto.
- ¿No lo sabes Akane? – pregunta a su vez Bonnie confundida.
No me sorprende que sepa mi nombre, por supuesto todo Panem sabe quien soy. Mi cara está por todas partes junto a la de Ranma. Además, estamos a las afueras del Distrito 12 y les estoy apuntando con un arco, ¿quién más podría ser?
-Se que es igual a mi sinsajo, mi prendedor, el que llevaba en la arena. – Contesto.
-No lo sabe – comenta Bonnie en voz muy baja – quizá no sepa nada.
-Se lo del levantamiento en el 8 – digo intentando retomar el control de la conversación.
-Sí. Por eso tuvimos que huir – dice Twill.
-Pues están bastante lejos del 8, ¿cuál es su plan? – pregunto porque realmente no lo imagino. Con el invierno y en tan precaria situación, no se que piensan hacer para sobrevivir.
-Vamos al 13 – responde Twill.
-El 13 no existe – digo yo – lo destruyeron hace 75 años.
Bonnie se mueve sobre su muleta y hace una mueca de dolor.
- ¿Qué es lo que te paso? – pregunto.
-Me torcí el tobillo mientras huíamos. Las botas me quedan demasiado grandes.
Me muerdo el labio, indecisa. Creo saber que me dicen la verdad y, además, ellas tienen información que definitivamente necesito si quiero proteger a Ranma y vengarme de todo lo que le han hecho. Vacilo solo un poco más, pero lentamente destenso la flecha y bajo el arco.
- ¿Alguien las sigue?
Pregunto ya que los agentes no las dejarían ir, así como así, probablemente las sigan para convertirlas en avox o incluso matarlas.
-No lo creo – dice Twill – pensamos que nos han dado por muertas en la explosión de la fábrica en la que trabajábamos. Sí estamos vivas es de puro milagro.
-Vamos adentro – digo entrando en la casita y dejando la puerta abierta para que entren.
Dentro un minúsculo fuego arde en la orilla de un tronco grueso, haciendo más humo que produciendo calor, frente a la pequeña chimenea hay otra capa de pelaje grueso de los agentes tirada en el piso, en la que Bonnie se acomoda como puede con ayuda de Twill y extiende sus manos enguantadas delante del débil fuego. Sobre las cenizas hay una lata mal cortada a rebosar de agua y agujas de pino calentándose. Twill se quita su propia capa y la pone sobre los hombros de la chica que tiembla de frio.
- ¿Hacen té? – pregunto con lastima, porque no veo por ninguna parte algo más de lo que puedan alimentarse.
-Creo que si – responde Twill – Hace años en unos Juegos del Hambre, vimos que alguien hacia esto – dice y señala la lata – al menos creo que eran agujas de pino. No estoy muy segura. – dice frunciendo el entrecejo.
Recuerdo nuestro paso por el 8 durante la Gira, un lugar feo e industrializado, lleno por doquier de edificios grises, sucios y feos, sin una pisca de vegetación a la vista, ni un pequeño árbol. Es un verdadero milagro que hayan sobrevivido durante tanto tiempo sin conocer lo más básico sobre sobrevivencia en la naturaleza.
- ¿Se les terminó la comida? – pregunto con pena. Mi tonto corazón de pollo me hace hablar.
-Tomamos lo que pudimos, – contesta Bonnie – todo fue muy rápido y además, había escasez en el Distrito. Mas que nunca, luego de los levantamientos. – Se nos terminó demasiado pronto – dice y su voz se quiebra.
No es más que una chica herida y hambrienta.
-Pues es su día de suerte.
Les digo y empiezo a quitarme el bolso que cruza mi pecho, por suerte tomé varias provisiones además de las que cogí para mí. Traigo una bolsa llena de pan y varias latas que tenía pensado repartir en las casas más necesitadas de la Veta cuando regresara de mi excursión por el bosque. En la Aldea de los Vencedores tenemos comida de sobra, aunque en el Distrito el hambre aumenta cada día más, por eso intento dentro de mis posibilidades ayudar a todos los que puedo lo más discretamente posible, porque desde lo de Ukyo, parece que la gente rehúye nuestra proximidad por temor a las represalias por si los agentes nos ven y no los culpo.
Lo primero que hago al abrir la bolsa es lanzarle a Twill un pan cubierto de queso que ella coge con los ojos muy abiertos, luego me acerco a Bonnie y le pongo otro igual en las manos. Cojo dos tazas de metal que tienen sobre una destartalada mesita y abro el termo con té de manzanilla y miel (mi favorito) y les sirvo. Luego saco el emparedado de carnes frías y lo parto por la mitad y le doy una parte a cada una.
Me observan impactadas, casi babeando.
-Coman – ordeno con suavidad – por favor.
- ¿Es… para nosotras? ¿Puedo comerlo todo? – Pregunta Bonnie con incredulidad levantando el panecillo cubierto de queso en una mano y la mitad de emparedado en la otra.
-Por supuesto, adelante – asiento y le digo sonriendo.
Ambas comen con desesperación, una mordida tras otra casi sin masticar.
-Traten de ir más lento o les dolerá la tripa – les digo, recordando aquella primera vez en el tren cuando no podía parar de comer y Ranma me recomendo comer lentamente, pero cuando se vive con hambre crónica es difícil no comer de esa manera.
Twill se sonroja y hace su mayor esfuerzo por masticar con lentitud su comida, falla, pero no la juzgo. Algo se retuerce en mi estomago recordando a la pequeña Rue en la arena, cuando vi las grabaciones y Ranma le dio una comida completa para ella sola aquella primera noche que pasaron juntos como aliados. Sacudo la cabeza para alejar ese recuerdo y el de Ranma, porque solo puedo verlo en mi mente besando a Ukyo una y otra vez.
-Creo que el té está listo – digo acercándome y quitando la lata de las cenizas pues ya tiene un buen rato hirviendo y además he notado que han arrasado con el té de manzanilla que le serví antes. – Lamento no tener miel para endulzarlo – les digo.
-No importa, te agradecemos infinitamente lo que has hecho. Nos has dado más de lo que esperábamos. – Dice Bonnie.
-Es cierto, – añade Twill – muchas gracias Akane.
-Y entonces ¿Cuál es su historia? – pregunto quitándole hierro al asunto, nunca me ha gustado que me gradezcan por nada, me incomoda. Por eso, siempre que dejaba mis presas en las casas de la Veta lo hacía a escondidas.
Me cuentan todo. El desconcierto en el 8 desde los Juegos del Hambre pasados, que no hacía más que crecer. Siempre había estado allí, por supuesto como en todas partes, pero pronto pasó de los rumores a la acción. La ruidosa maquinaria textil de las fábricas, era la cubierta perfecta para que se hicieran planes susurrándose de unos a otros. En las escuelas los maestros hacían correr la voz con notas. En la fábrica donde Twill y Bonnie trabajaban en la zona de inspección, se tardaron meses en conseguir robar los uniformes, una bota por aquí, un par de guantes por allá. Originalmente escaparían Twill y su esposo, porque debían huir antes de que iniciara el levantamiento, era esencial que se corriera la voz en otros distritos de lo que ocurría en el 8, era vital para la rebelión.
El día que Ranma y yo hicimos nuestra parada durante la Gira, fue una especie de ensayo, todos se colocaron en sitios estratégicos que debían atacar cuando llegara el momento. Ese era el plan, el Edificio de Justicia, el cuartel general, la armería de los agentes de la paz, la vía férrea, la central eléctrica del distrito y el centro de la plaza, entre otras.
La noche en que se anunció nuestro compromiso, aquella en que Ranma proclamó su amor hacia mi y se arrodilló ante todo Panem, fue cuando se inició en levantamiento. Todos estaban en las calles con el pretexto de ver en las grandes pantallas la entrevista con Pantimedias Taro, pues era de visión obligatoria, era la excusa perfecta para estar a horas fuera de lo común por las calles del distrito.
Tomaron a los agentes por sorpresa, sobrepasados en número en un principio fueron derrotados con facilidad. Los rebeldes tomaron el centro de comunicaciones y el centro de la ciudad, la central eléctrica. Estaban esperanzados en que podrían ganar, pero en poco menos de 48 horas la rebelión fue diezmada, llegaron aerodeslizadores repletos de agentes armados hasta los dientes, lanzaron bombas que destruyeron los edificios, casas, fábricas y redujeron la resistencia a cenizas. En el caos absoluto, la gente apenas pudo escapar a sus casas con vida. Después, estuvieron aislados durante mas de una semana, sin comida, sin agua, sin carbón para mantenerse calientes o incluso cocinar los pocos alimentos de los que aún disponían unos cuantos. Sin poder salir de sus casas. Con solo estática en los televisores que desaparecía solo cuando colgaban a los instigadores en el centro de la plaza y obviamente lo televisaban para que nadie se perdiera los crueles detalles de las ejecuciones.
Entonces cuando todos en el distrito estaban a nada de morir de hambre, llegó la orden de que todos volvieran al trabajo, obviamente con jornadas laborales exhaustivas y paga miserable.
Twill como maestra y Bonnie como estudiante, tuvieron que volver primero a la escuela y luego del turno ir a la fábrica en la que trabajaban junto al esposo de Twill que ya estaba en el trabajo. Como tuvieron que pasar por las calles llenas de escombros por las bombas, llegaron tarde, estaban a unos cien metros de distancia de la fábrica cuando estalló en llamas; todos murieron incluido el esposo de Twill y toda la familia de Bonnie.
-Seguramente alguien le dijo al Capitolio que el levantamiento empezó allí – dice Bonnie en voz baja.
Ambas corrieron de vuelta a casa de Twill, tomaron las provisiones que pudieron, robaron en las casas de sus vecinos que sabían que habían muerto, se escurrieron hasta la estación del tren y dentro de una bodega vacía se pusieron los uniformes robados, se escabulleron dentro del tren en un vagón lleno de tela y en una parada que hizo el tren en el Distrito 6, huyeron a pie. Escondidas en los bosques, usando las vías a la distancia para orientarse y llegaron a duras penas a las afueras del 12 hace dos días donde se vieron obligadas a detenerse solo porque Bonnie se lastimó el tobillo.
-Entiendo – les digo después de escuchar su historia - ¿pero no concibo que esperan encontrar en el 13? Esta destruido.
-Se miran nerviosas.
-No estamos seguras. Había rumores de que hay gente que ha sobrevivido hasta el día de hoy y están fuera de los limites y el poder del Capitolio. – dice por fin Twill.
-Pero solo quedan escombros, todos lo hemos visto – les digo frustrada por su ridícula esperanza – están los videos que pasan de vez en cuando ¿recuerdan?
- ¿Y te has dado cuenta de que siempre son los mismos vídeos? – responde Bonnie con otra pregunta.
Intento recordar las imágenes que han mostrado.
-Siempre son los mismos – añade Twill – el Edificio de Justicia destrozado y si observas con atención, arriba a la derecha, en la esquina superior un sinsajo. Se ve un instante antes de que se aleje, pero siempre es el mismo.
- ¿En eso se basan para ir hasta allí? ¿En rumores y un pájaro? ¿Creen realmente que el Capitolio se quedaría tan tranquilo si fuera así? Los habrían destruido hace mucho tiempo.
-Recuerda que antes de los Días Oscuros el 13 se dedicaba al armamento nuclear, creemos - dice Twill con fervor – que se escondieron bajo tierra, en bunkers, cuando los bombardeó el Capitolio, así que solo destruyeron los edificios, pero la gente del distrito sigue viva. Por eso nunca muestran imágenes diferentes, solo es la misma una y otra vez.
-No, estas equivocada, tenían minas de grafito no desarrollaban armamento nuclear – digo no muy segura, porque esa es la información que nos ha dado el Capitolio desde que tengo memoria. Así que realmente no puedo asegurarlo con certeza.
- Sí, es verdad, tenían unas cuantas minas de grafito, pero no las suficientes como para justificar el tamaño del Distrito ni su enorme población – dice Twill.
Me laté el corazón con violencia ¿Y si tienen razón? ¿Existirá ese lugar seguro al que podríamos huir? Sin embargo, si realmente todo esto es cierto, si hay gente en el 13, gente con armamento tan poderoso… ¿Por qué no nos han ayudado? Porque permiten que el Capitolio mantenga a los distritos bajo su yugo y viviendo con hambre y miedo.
No son mejores que el Capitolio, si es verdad que siguen vivos después de tanto tiempo.
-Pues suerte – les digo luego de un rato.
Entiendo que no tienen ningún lugar al que ir, solo les queda esa esperanza y yo no puedo hacer más por ellas, suficientes problemas tengo ya.
Les entrego toda la comida que llevo encima y le entrego el frasco con pastillas para el dolor que llevo a Twill, para que le dé a Bonnie, explicándole como debe administrárselas, después la llevo a al bosque he intento explicarle los principios básicos de la caza, tienen un arma que, en caso necesario convierte la luz del sol en mortíferos rayos de energía, así que no deben preocuparse por que se les acabe la munición. Cuando consigue matar su primera presa, una pobre ardilla que quedo achicharrada pues le dio de lleno me siento satisfecha. Le enseño a despellejarla y limpiarla con un pequeño chuchillo que le he dado. Fabrico una nueva muleta para Bonnie con una rama recta y gruesa. Les explico la utilidad y el uso de algunas plantas medicinales y finalmente les enseños como encender un fuego que caliente de verdad.
Mientras hago todo esto, ellas me interrogan sobre la situación en el 12 y yo les cuento las novedades que ha pasado desde la llegada del nuevo jefe de pacificadores Thread. Cuando veo el sol y me doy cuenta de que es media tarde me despido de ellas debo apresurarme a volver a casa.
Me agradecen mil y una veces y me abrazan.
-No puedo creer que te hayamos conocido – dice Twill con lágrimas en los ojos – todos hablan de ti, es una lástima lo de Ranma.
- ¿A qué te refieres? – pregunto con un mal presentimiento.
-A lo de… bueno, a que ahora parece más amigo del Capitolio, con todas esas visitas constantes a la capital y las fiestas.
- ¡No tienen ni idea de nada! – grito, alterada – ¡si hay alguien que esta contra Hapossai y el Capitolio ese es Ranma, no les permito que duden ni un segundo de sus lealtades!
Ambas callan asombradas por mi desplante y se disculpan, prometiendo que no volverán a dudar de Ranma.
Me siento abrumada, me despido de nuevo y por fin me marcho con la cabeza dándome vueltas con toda la información nueva que tengo.
Ahora me doy cuenta de que el presidente ha estado jugando con nosotros, en especial con Ranma, haciéndole creer que se pueden detener los levantamientos, pero eso jamás fue posible. Sí, es obvio que las bayas fueron la chispa, pero era imposible que pudiéramos detener todo esto, ya había empezado desde mucho antes. ¿Qué caso tenía amenazar a Ranma, usarlo de esa manera? Claro, pienso la forma en que Twill y Bonnie pensaron de Ranma, era para demeritar su lealtad, ¿y visitarlo el día que inicio la Gira? Hacerle creer que si convencía a la población de nuestro romance todo se detendría. Ya era demasiado tarde y él lo sabía, fue un último intento desesperado. Bufo de rabia, ese maldito anciano. Obviamente era una táctica para distraernos, para evitar que aviváramos la llama de la rebelión en los distritos.
Ya estoy cerca del tronco en el que guardo el arco y las fechas cuando un pájaro, trina en una rama y me doy cuenta de que nunca me explicaron realmente lo del sinsajo en la galleta. ¿Qué era eso de que estaban de mi parte? ¿Me he convertido sin darme cuenta en la cara de la rebelión? Demonios esto es muy peligroso y no marcha para nada bien, considerando lo que paso en el 8.
Estoy a punto de llegar a la alambrada y escabullirme por el hueco cuando escucho el zumbido, retiro la mano que estaba a punto de tocar la alambrada en un segundo, zumba como si se tratara de un nido de rastrevispulas. La valla esta electrificada. Diablos.
Retrocedo automáticamente a camuflarme entre los árboles, tapándome la boca para dispersar el vaho blanco de mi aliento y que no delate mi posición, escaneo el otro lado de la valla en la escasa luz del crepúsculo. No parece haber nadie del otro lado en la Villa de los Vencedores.
¿Qué está pasando? Me pregunto intentando no entrar en pánico, quizá Thread ha electrificado la alambrada como una medida de seguridad extra, ¿o será que sabe que me he escabullido del distrito? ¿Estará decidido a dejarme fuera del 12 para encontrarme el mismo, capturarme y sentenciarme a muerte en la horca o algo peor? ¿Cómo se enteró de mi salida? Diablos, recuerdo lo de la grabación, aquella que el presidente le mostró a Ranma en la que estaba con Ukyo, me esfuerzo para no pensar en que se besaban, pero fallo miserablemente.
Es obvio que hay cámaras.
Rayos, rayos.
Mi mente esta frenética, no debí haber salido, no debí haber puesto a todos en peligro, porque es lógico que irán a interrogar a mi familia, a Tofu y a Ranma sobre mi paradero. Los he puesto a todos en peligro por mi estupidez.
Camino a lo largo de la valla, siempre escondida detrás de los árboles, intentando que nadie me vea, buscando el lugar apropiado, un hueco o algo en la alambrada, pero no veo nada, la luz cada vez es más escaza y el frio más intenso. Además, la pierna punza dolorosamente, recuerdo con amargura que le di el frasco con pastillas a las mujeres y me maldigo por ello, debí haber dejado un par para mí. Mi estomago ruge y recuerdo que tampoco he comido nada, excepto por el té, me pareció injusto comer algo cuando ellas no tenían nada y yo podía regresar a casa y comer algo caliente.
Cálmate, me ordeno. No es la primera vez que me quedo de este lado, de vez en cuando la energía eléctrica volvía al distrito, y lo único que hacía era subir a la rama de un árbol y esperar un rato hasta que volvía a irse.
Pero ya ha pasado al menos media hora y nada, además nadie sabe que estoy acá, no hay nadie que pueda venir a ayudarme, tengo que resolver esto sola y rápido.
Al cabo de un kilómetro aproximadamente de estar caminando veo un árbol de arce grande y viejo, una de sus enormes ramas cuelga del otro lado de la alambrada al menos a unos 5 o 6 metros de altura, lo cual es ideal para no freírse con el campo eléctrico. El tronco es demasiado grueso y liso para trepar por él, diviso otro árbol más joven cerca y decido trepar por el para intentar luego saltar a la rama gruesa por la que podré llegar al otro lado del distrito.
Por suerte la bolsa de caza donde llevaba las provisiones esta vacia y no agrega peso extra, pero esto será difícil, hace mucho tiempo que no trepo, para ser exacta desde que estaba en la arena y además hay que añadirle el asunto de la prótesis, sé que me dijeron que cuando mi cuerpo se acoplará a ella sería aun mejor que mi pierna real, pero que se pudran eso no ha sucedido a pesar de que han pasado poco más de seis meses y no se cuando suceda eso, si es que sucede.
La pierna no me responde como yo quisiera, trepar es una tarea ardua y difícil, resbalo una y otra vez, el dolor es punzante, pero me concentro en ir un paso a la vez, después de minutos consigo llegar lo suficientemente alto, pero aun me queda el detalle de saltar a la rama del otro árbol, oscurecerá en pocos minutos y tengo que apurarme, el toque de queda será en poco tiempo y estoy demasiado lejos de la Aldea de los Vencedores, no se como rayos voy a conseguir llegar a tiempo. No lo pienso más y salto, solo escucho el palpitar enloquecido de mi corazón en los oídos y de pronto el golpe seco, el aire saliendo de mis pulmones al impactar mi pecho con la dura rama, lucho unos segundos por mantener el equilibrio, abrazándome a la rama, intentando que el aire entre a mis pulmones de nuevo, con los ojos apretados y jadeando involuntariamente.
Cuando por fin logro respirar de nuevo, no tengo tiempo que perder, gateo con cuidado sobre la rama, esta húmeda por la nieve y resbaladiza, estoy a punto de caer en varias ocasiones, pero ya no hay vuelta atrás, la alambrada zumba con fuerza debajo de la rama, trago saliva y continúo avanzando hasta que estoy a varios metros de distancia sobre y lejos de la alambrada. Poco a poco me cuelgo de la rama con ambas manos, hasta quedar colgando vertical al suelo, miro abajo y recuerdo porque siempre preferí esperar a que la energía eléctrica se fuera.
Aprieto los ojos y me suelto.
La caída se me antoja eterna y al mismo tiempo demasiado rápida. Toco el suelo el talón de la pierna buena y luego le sigue mi cuerpo entero, el aire vuelve a salir de mis pulmones cuando mi espalda toca el duro suelo, ruedo sobre mi lado derecho intentando no gritar por el dolor que me recorre desde el talón derecho hasta el coxis.
Me doy el lujo de apretar los dientes del dolor por unos cuantos minutos y luego, me arrastro hasta unos arbustos cercanos. Evaluó los daños y estoy casi segura de que mínimo me he fisurado el talón, tengo las manos raspadas y el dolor en la rabadilla es terrible, agradezco no haber caído sobre la prótesis o seguro estaría enloqueciendo por el dolor ahora mismo, de por sí ya me ha dolido todo el día y ahora hay que añadirle este nuevo daño a mi cuerpo. Demonios.
Me paro como puedo, sosteniendo mi peso en la prótesis, aguantando los pinchazos de solo cuando tengo que pisar con la otra puerta, camino lentamente y con cuidado, inspirando y exhalando a cada paso, concentrada en contener el dolor y llegar a casa. Paso por la plaza, los locatarios empiezan a cerrar sus locales y aunque tardo unos momentos la idea me llega como una saeta, necesito una coartada. Entro lo más rápido que puedo en una tienda y compro varias chucherías, dulces, vendas y antiséptico, entre otras cosas. En cuanto salgo del lugar el hombre cierra la puerta, no me queda mucho tiempo.
Diviso a lejos la panadería de mi familia y sopeso la idea de ir a refugiarme dentro, pero no tengo como avisarle a mi familia que estoy ahí y si mis sospechas son ciertas ya debe haber al menos un par de agentes en mi casa, esperando que yo no llegue para inculpar a mi familia, pensando quizá que he huido.
Siento un subidón de energía, probablemente sea adrenalina de solo pensar que puedan castigar a mi familia como lo hicieron con Ukyo si yo no llego lo suficientemente rápido y camino, camino a pesar del terrible dolor y de la debilidad, me palpita la cabeza, quizá también me golpee al caer o puede que solo sea el hambre, el cansancio o todo junto.
Cuando cruzo el arco de la entrada a la Villa ya es prácticamente de noche, las únicas luces son las de las casas habitadas, o sea tres y unas pequeñas farolas en el camino hacía ellas. Exhalo temblorosamente una vez más ante la puerta de mi casa y entro.
-Llegué – digo intentando por todos los medios que mi voz suene normal.
-Hola hermanita que bueno que has llegado, te tardaste demasiado en tu paseo. Pero lo importante es que llegas justo a tiempo para la cena – Dice mi hermana Kasumi apareciendo en el recibidor, con el rostro en pánico, aunque su voz suene demasiado alegre.
¿Paseo? Pienso, por supuesto, no estamos solos en casa ni de chiste.
Camino lentamente hacia la cocina donde al parecer están todos.
El sitio esta lleno, menos mal que la casa es amplia.
Sobre la estufa hierve lentamente un guiso en una olla, el olor inunda mis fosas nasales y mi estomago ruge, huele delicioso.
En la mesa al lado izquierdo de la cocina están sentados mi padre que anota distraídamente algunas cosas en su libreta de recetas, Ranma y Tofu que juegan a las damas chinas, Nabiki que está recargada con los brazos cruzados en el refrigerador detrás de Ranma, con el rabillo del ojo veo del lado derecho y pegados a la pared, quietos como estatuas a dos agentes de la paz, un hombre y una mujer de rostro severo, ambos ya cerca de la treintena. Hago como que no los he visto y sigo caminando mientras me quito la bolsa del hombro y la pongo sobre la mesa. Kasumi pasa a mi lado se dirige a la estufa, quita la tapa del estofado y lo revuelve un poco con una cuchara de madera.
Sería una estampa hermosa de no ser por los agentes, por la situación y por el terrible dolor que me produce caminar.
-Hasta que te dignas a llegar – dice Nabiki. Noto también en ella el pánico detrás de su mirada de indiferencia y el comentario sarcástico.
- Oh, y hablado eso querida hermana mía, ¡vas a pagármelas!, me dijiste que encontraría la casa del señor Faucher cerca de la entrada este de la mina y no era verdad. – Improviso la mentira, no es la primera vez que Nabiki y yo lo hacemos, antes cuando me escabullía al bosque y ella era mi tapadera para que papá no se enterará solíamos hacerlo. Nos sale naturalmente mentir.
-No, yo te dije entrada oeste, lo que pasa es que nunca me pones atención por estar pensando en este bombón – dice Nabiki riendo y poniéndole las manos en los hombros a Ranma que me observa con sus labios en una sonrisa torcida y los ojos azules brillantes fijos en mí.
Ranma se pone de pie y me abraza con fuerza, el dolor me recorre como electricidad y se me pone la carne de gallina, un gemido de dolor sale de mi boca y consigo camuflarlo como un gritito de indignación. Ranma se tensa unos segundos y afloja el abrazo, pero no me suelta, se ha dado cuenta de que algo me ha pasado.
-Es verdad hermanita, Nabiki dijo que era por la entrada oeste. A veces eres un poco distraída. – dice Kasumi con una sonrisa mientras me señala con la cuchara.
-Lo siento preciosa, pero dicen la verdad – comenta Ranma riendo y luego me da un beso ruidoso en la mejilla que me hace enrojecer de furia por el apelativo, ha aprendido muy bien de Tofu, como molestarme. No me suelta y yo lo agradezco, porque ya no tolero sostener sola mi peso, duele demasiado.
Todos ríen de mi irritación, como si esta fuera nuestra rutina diaria. Incluso veo al agente hombre suprimir una sonrisilla.
- ¿Y al final, al menos encontraste el jarabe de arce? Porqué te tardaste demasiado dando vueltas por el distrito – pregunta mi padre uniéndose a la mentira, - quiero intentar esa nueva receta que te comenté hace unos días.
Sonrió internamente, menos mal que se me ocurrió llegar a la tienda. Y por suerte compré jarabe de arce, lo importante es que no creo que los agentes sepan que venden ese tipo de miel en la tienda, aunque no de la misma calidad que la del señor Faucher, que realmente existe y del que estamos hablando todos. Aunque obviamente no fui con él ni por asomo.
-Pues sí, - digo yo, apartando sutilmente los brazos de Ranma de mi alrededor y abro mi bolso para sacar las cosas casualmente – después de que el hombre que vende leche de cabra me indicara el camino correcto y no gracias a tu hija – le digo a papá mientras le lanzo una mirada acusatoria a Nabiki que se encoge de hombros.
-Insisto en que yo te di las indicaciones al pie de la letra, es solo que eres demasiado terca para aceptar tus errores, – dice acusadora y entiendo el mensaje. Estaba preocupada por mi ausencia.
-No, dijiste este, porque recuerdo claramente que te pregunté "¿junto al vertedero?" Y tú dijiste que sí y…
-Ejem- la agente se aclara la garganta fastidiada, interrumpiéndome.
Yo volteo a verla al instante haciéndome la sorprendida.
-Oh lo siento, no los había visto, ¿en qué puedo ayudarles agentes? – digo lo más amablemente posible, aunque la hipocresía se escurre por mi voz como la miel.
-El jefe Thread nos envió con un mensaje para usted – dice ella.
-Llevan horas esperándote – añade Tofu como cualquier cosa.
Confirmándome el hecho de que todo fue a propósito, electrificaron la valla para atraparme del otro lado, esperaban que no apareciera y así poder llevarse a mi familia, a Ranma y a Tofu e interrogarlos, muy posiblemente además, con métodos poco ortodoxos.
- Debe ser un mensaje muy importante – digo y pregunto: - ¿y cuál es?
- ¿Podemos preguntar donde ha estado señorita Tendo? – pregunta el hombre.
-Deberían preguntar mejor donde no he estado. Creo que ya lo oyeron – digo soltando un bufido – estuve buscando al señor Faucher, para comprarle jarabe de arce todo el día.
-El jefe Thread quería que le dijéramos que, a partir de ahora, la alambrada que rodea el Distrito 12 estará electrificada 24 horas al día, – dice la mujer fastidiada.
-Oh, ¿pero no lo estaba ya? – pregunto haciéndome la inocente y me gano una mirada de advertencia de Tofu.
-Creyó que les sería de utilidad la información. Y de paso señor Saotome, podría pasarle la información también a su prima – le dice con una mirada de superioridad.
No puedo ver la cara de Ranma, pero seguro está molesto, estiro la mano inconscientemente y aprieto la suya para calmarlo por si acaso
-Gracias, se lo diré, – comenta Ranma con voz neutra – seguro que dormiremos más seguros de ahora en adelante ya que se ha arreglado esa falla de seguridad.
Está arriesgándose demasiado. Le aprieto la mano como advertencia y creo que capta el mensaje porque ya no añade nada más.
La mujer aprieta la mandíbula, está molesta, pero ya que el plan no les salió como esperaban y seguro no tienen mas órdenes, saluda con la cabeza y se marcha muy recta con el agente siguiéndola detrás.
Kasumi los sigue para abrirles la puerta. Cuando salen y ella cierra, me dejo caer en la mesa.
- ¿Qué tienes? – pregunta Ranma alarmado.
-Me lastimé el talón – digo gruñendo – y el coxis.
Ranma me coge con cuidado en brazos y me lleva a un sofá de la sala de estar.
-Creo que quizás está roto – digo resoplando – el talón.
-Iré por mi madre – dice Ranma y sale de la casa como una exhalación.
Cuatro pares de ojos me observan con atención, Kasumi se acerca y me quita la bota del lado de la prótesis y cuando intenta quitarme la otra un grito involuntario se escapa de mi garganta.
La madre de Ranma entra a casa con el rostro alerta.
-Hola querida ¿qué ha sucedido? – pregunta mientras me escanea con la mirada buscando lesiones.
-Me caí en el hielo, me lastimé el pie y el coxis, - digo esperando que eso sea suficiente, creo que ya todos estamos al tanto de que la casa definitivamente debe estar intervenida.
Me quita la bota con cuidado y yo aprieto los dientes para no gritar de nuevo, Ranma se ha arrodillado a mi lado tomándome de la mano con el rostro lleno de preocupación.
-Creí que… pensé que... te habías marchado – susurra cerca de mi y puedo notar la angustia en su voz.
Yo solo sacudo la cabeza negándolo y aprieto su mano.
Su rostro refleja alivio cuando fija sus ojos nuevamente en los míos, aunque no deja de estar preocupado.
Nodoka palpa los huesos de mi pie ahora descalzo con cuidado y yo hago una mueca sin poderlo evitar, duele demasiado.
Ranko entra con un enorme botiquín, lo pone en el suelo al lado de su madre y luego me sonríe, aunque con algo de preocupación.
-Puede que esté roto, – dice – palpa mi pierna entera hasta llegar a la cadera y haciendo que me ponga de lado revisa mi coxis – solo es el golpe, no parece que nada este fuera de lugar por aquí – dice ya más tranquila.
Ordena eficientemente que me traigan mi pijama para que me cambie y poder ponerme una férula en el pie.
Ranma no se aparta de mi lado, aunque se da la vuelta respetuosamente mientras mis hermanas me ayudan a cambiarme.
La madre de Ranma me inyecta algo para el dolor y la inflamación, me inmoviliza el pie y lo venda y deciden solo ponerme una bolsa con hielo en la rabadilla.
Ranma no ha dicho nada, pero permanece a mi lado acariciando mi cabello una y otra vez, resoplando de vez en cuando.
Una hora después y luego de haber comido tres platos de estofado un pan y varios vasos de té, descanso en un sillón reclinable junto a la chimenea, Ranma está a mi lado, sentado en el suelo con la cabeza recargada en el antebrazo del sillón y me observa tan fijamente que me incomoda, porque puedo ver en su mirada el reproche y todas las palabras que no puede decirme para regañarme, seguramente debe sospechar que estaba en el bosque y tiene muchas preguntas que hacerme y yo tengo muchas cosas que contarle, pero aquí no es seguro.
-Ven – le digo – necesito un abrazo.
Él se incorpora y me abraza, poniendo estratégicamente su oído cerca de mis labios. Yo le devuelvo el abrazo inhalando su aroma a almizcle, madera y al cuero de su chaqueta. Y suspirando susurro lo más bajo que puedo en su oído la historia resumida de todo lo que paso en la casita del lago, le hablo rápidamente de Twill y Bonnie, resumiendo la historia lo más que puedo, intentando no omitir lo más importante.
El 13, el levantamiento en el 8. La alambrada electrificada. Esperando que él llene los espacios vacíos.
Cuando termino me siento exhausta, mis ojos se cierran contra mi voluntad, hace un rato la madre de Ranma me dió un poco de jarabe para dormir, me dijo que lo que me había inyectado no sería suficiente y que necesitaba dormir adecuadamente si quería recuperarme rápido.
Ranma nota que por momentos me quedo dormida, aunque lucho con fuerza por seguir despierta, me toma en sus brazos y sube las escaleras dirigiéndose a mi recamara, Kasumi va delante de él y levanta las frazadas de mi cama para que Ranma pueda acostarme, me deposita con sumo cuidado intentando que mi rabadilla no me moleste tanto y cuando intenta apartar sus brazos de mi cuerpo yo lo retengo. No quiero que se vaya, no quiero que me deje sola con las pesadillas y con el dolor, no quiero que vaya con Ukyo a velar su sueño, ahora es mi turno.
-No te vayas – balbuceo como una borracha.
-Debo irme, tienes que descansar – dice suavemente contra mi oído y deposita un suave beso en mi frente, ha conseguido soltarse de mi débil abrazo.
-No me dejes sola, quédate conmigo – intento retenerlo tomando su mano.
Las brumas del sueño me sumergen, mis ojos ya no resisten más, mi cama se siente como arena movediza, que me arrastra al país de los sueños.
Siento a Ranma recostarse a mi lado mientras me abraza y yo instantáneamente me acomodo en su pecho porque ese es mi lugar, escuchando el sonido de los latidos de su corazón que me arrullan dulcemente.
-Siempre – dice él antes de que me quede dormida.
Te amo, digo yo, pero creo que mis labios no me han obedecido y sólo lo he pensado.
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Continuara…
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Y hasta ahí lo dejamos por el momento, se que no ha habido mucho romance como acostumbro, peeeero, es un capítulo que era necesario, para que tanto Akane como Ranma supieran que no conseguirán nada haciendo lo que el presidente quiere, necesitan echarle gasolina a la chispa que iniciaron, para que explote.
Quiero ver el mundo arder, como diría Elmo, jejeje.
Y al final me di cuenta de que este capitulo ha sido narrado en su totalidad por Akane, el siguiente probablemente sea solo narrado por Ranma en compensación, cosa que me agrada bastante, porque si bien Ranma es más emo, también es más mal hablado y peleonero, voy a gozar terminando el próximo capitulo.
Espero que a pesar de todo les haya gustado el capítulo, a partir de los siguientes capitulos se nos viene el drama total y la acción (en varios sentidos) con todo, así que, preparaos.
Espero como limosnera un review que le sobre por ahí, Jijiji.
Gracias por sus comentarios a:
Benani0125: Holis bonis. No te vaya dar algo mija, respira profundo, jajaja. Ya para todos es bien sabido que Ranma es idiota e impulsivo, pero tiene bonitos sentimientos. Sobre el karma, estoy de acuerdo contigo, el karma es prro, pero, aun así, y que conste que no soy pro Ukyo, siento que fue demasiado para la chamaca.
Espero seguirte haciendo feliz y que este capitulo lo hayas disfrutado tanto como el anterior.
Abrazos cibernéticos linda, besitos.
SARITANIMELOVE: Hello bella. Pos como te digo que no, sí sí. El muchacho anda confundidillo, pero su corazón siempre laté más fuerte con Akane, que es su verdadero amors. No os preocupéis. Espero éste capi te haya gustado, saludos enormes y besitos.
Morix2: Hola bella, corrígeme si me equivoco, pero no creo haber leído reviews tuyos antes, al menos en este fic. Si lo has hecho (escribirme antes), perdóname, soy medio olvidadiza, si supieras la de veces que tengo que revisar mis notas para no regarla cuando escribo, jejeje… y aun así sucede…
Te agradezco un montón por el review, y me hace muy feliz que te esté gustando el fic, ¿ya te leíste pan y circo? La primera parte digo. Hay estoy divagando, continuemos. Espero que te haya gustado este capitulo y espero volver a leer otro comentario tuyo pronto. Saludos enormes y besitos.
Sin más por el momento nos leemos al próxima, saluditos.
