Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de College n Curls.
xxx
Ser consciente
Naruto sonrió ampliamente mientras ajustaba su mochila y trataba de no caminar demasiado rápido. No quería parecer muy ansioso delante de sus compañeros. Sin embargo, era difícil contener su emoción. Solo llevaba fuera un par de semanas, pero ya le parecía una eternidad. Estaba impaciente por volver y molestar a Sasuke, quien probablemente se estaría volviendo loco sin él. Además, seguro que Hinata prepararía algo delicioso para comer durante su visita. Muy distinto de la cecina y verduras secas con las que había tenido que subsistir con sus camaradas.
—¡Casi puedo saborear el curry! —dijo Lee con entusiasmo mientras avanzaba—. ¡Dulce, dulce curry!
—¿Eso es lo primero que quiere comer? —Kiba resopló—. Va a estar con diarrea durante días.
—¡Qué asco! —Naruto se rio y le dio un ligero puñetazo a Kiba en el hombro.
—¡Pero es verdad! Entonces, ¿qué es lo primero que vas a hacer?
Naruto puso sus manos detrás de su cabeza y miró el cielo naranja y rosa mientras caminaban. ¿Qué iba a hacer primero? Claro que podía visitar a Sasuke y Hinata, pero había algo más que había ocupado la mayor parte de sus pensamientos durante la misión. Bueno, no algo, sino alguien.
—Estás sonriendo —indagó Kiba. Naruto giró el rostro para que el moreno no pudiera ver sus facciones—. ¡Vamos suéltalo! ¿Qué pasa?
—¡No pasa nada!
—Tu rostro dice lo contrario.
—Mi rostro siempre así.
—No es propio de ti ser reservado Naruto. Me hieres.
Naruto frunció el ceño y trató de acelerar el paso, pero Kiba no se detendría ante su evasión.
—¡Se trata de una chica! ¡Apuesto a que se trata de una chica!
El rubio se atragantó con su propia saliva tratando de protestar a las sorprendentemente acertadas acusaciones de su compañero.
—¡Ja! ¡Lo sabía, diablos! Vas a ver a una chica.
—¿Una chica? —dijo Lee, acelerando el paso para ponerse a la altura de los otros dos—. ¿Qué es eso de una chica?
—No hay ninguna chica...
—Naruto va a visitar a una chica —Kiba mencionó, dándole una palmada en la espalda al rubio. Lee lo miró con los ojos muy abiertos y la mandíbula desencajada.
—¿Tienes novia?
Naruto se sacudió el brazo de Kiba y se limpió la suciedad imaginaria. Kiba tenía razón. Estaba emocionado por ver a una chica, más específicamente a Sakura. Sin embargo, no era su novia. Ella había dejado exponencialmente claros sus sentimientos por Sasuke, aunque él se fuera a casar con otra. Ella había tomado bien la situación cuando él la dejó para irse a su misión, pero sentimientos como esos no desaparecían mágicamente. Lo sabía por experiencia.
—No es mi novia —refunfuñó, pero su negación solo hizo que la sonrisa maliciosa de Kiba se ensanchara.
—Así que tenía razón, vas a ver a una chica.
—¡Esto es increíble Naruto-kun! El aire cálido del verano, los fuegos artificiales, si esta chica aún no es tu novia, ¡lo será después del festival! —Lee comentó.
—¿Festival? —mencionó Naruto, deteniéndose en medio del camino.
—¿No me digas que lo olvidaste? —Kiba se rio.
—¡El Festival de la Cosecha comienza esta noche! Es un momento en el que todos los elementos de la juventud chocarán para proporcionar la experiencia más potente de la vida. No puedes olvidarte de algo así.
—¿Lo siento?
Kiba puso los ojos en blanco y se ajustó la mochila para poder acelerar el paso.
—Vamos Lee, puedes decirle a este enamorado todos tus consejos mientras caminamos de vuelta.
—¡Shesh! Bien, ¡primero tienes que comprar flores!
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Naruto tragó saliva mientras se paraba frente al vestíbulo del hospital. Intentó ignorar las miradas que recibía. Lo habían mirado por varias razones desde que tenía memoria, pero no se había sentido tan ansioso desde hace mucho tiempo. Agarrando el ramo de margaritas blancas que había comprado ante la insistencia de Lee, y posteriormente de Ino, cambió nerviosamente el peso de un pie a otro. Nunca debió haber escuchado a Lee acerca de preguntarle a su "chica" de que fueran al festival.
Sakura no era su chica. Era una chica y su amiga. No su novia. Para que fuera su novia tendrían que hacer cosas de pareja, como tener citas. Cada vez que él le había pedido a Sakura una cita, ella lo había rechazado como si fuese una broma o estaba demasiado cegada por Sasuke para darle la hora del día. Esta vez podría ser más de lo mismo.
—¿Naruto? —lo llamó una voz familiar, sacándolo de sus preocupantes pensamientos—. ¿Qué haces aquí?
Sakura se le acercó con cautela, sus ojos verdes se desviaban entre el ramo que sostenía y las enfermeras y pacientes. Naruto tosió torpemente en su mano libre y trató de recordar todas las cosas que Lee e Ino le habían ordenado decir, pero todo terminó en un enredo en su lengua que se negaba a moverse.
—¿Naruto?
—Um sí, ¡acabo de llegar y pensé en pasar por aquí! —soltó torpemente el rubio. Sakura levantó una ceja escéptica y señaló el ramo que sostenía.
—¿Con flores?
De repente, el ramo le pareció demasiado. Por la mirada suspicaz que tenía estaba claro que no las quería. Rápidamente, Naruto buscó la forma de deshacerse de ellas. Al no encontrar nada, escondió las flores detrás de su espalda y soltó una risita torpe.
—Si no necesitas nada, tengo que volver al trabajo…
—¡No! ¡Quiero decir espera! —dijo rápidamente y Sakura detuvo su retirada—. Hay un festival esta noche.
—Sí. ¿Qué con eso?
—¿Vas a ir?
Sakura se encogió de hombros antes de apartarse un mechón errante de cabello rosa detrás de la oreja.
—No pensaba ir. ¿Tú vas a ir?
—Sí. Será divertido, al menos eso escuché, pero no estoy seguro. No ha habido un festival desde hace mucho tiempo, como desde hace mil años. Estaría bien ir. Ya sabes para probar toda la comida. He oído que habrá platos de todas las aldeas y...
—Naruto —soltó Sakura, interrumpiéndolo a mitad de la charla. El rubio respiró hondo y se rascó la nuca.
—¿Me preguntaba si querías venir conmigo? —preguntó.
—¿Como una cita?
—No... Quiero decir sí.
Los ojos de Sakura se abrieron de par en par ante su petición y, de repente, ambos se dieron cuenta de que no estaban solos. En la estación de enfermeras del vestíbulo, tanto médicos como aprendices fingían estar ocupados, pero había demasiados en el mostrador como para ser algo normal. Naruto vio como su excompañera de equipo les enviaba miradas de muerte, lo que solo hizo que fingieran estar más ocupados.
—Pero como amigos, si es que quieres —dijo Naruto, bloqueando a su audiencia de la vista de Sakura con su propio cuerpo.
—Como... ¿Amigos?
Naruto asintió y contuvo la respiración mientras esperaba el inevitable rechazo. Sin embargo, el resultado que esperaba nunca llegó. En su lugar, una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Sakura y ella le dio un asentimiento.
—Esta noche es la primera en mucho tiempo que no tengo que trabajar en el turno nocturno —comentó y Naruto alzó las cejas, expectante.
—¿Entonces?
Sakura le sonrió con suficiencia antes de alcanzarlo para quitarle el ramo de las manos. Luego continuó caminando por el pasillo en la dirección opuesta, ignorando deliberadamente cómo sus compañeros de trabajo la miraban boquiabiertos.
—Sakura-chan ¿eso es un sí? —Naruto gritó tras ella, pero ella solo se despidió con la mano y dobló la esquina—. ¡Voy a tomar eso como un sí!
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
No debería estar tan nervioso. No había estado nervioso en ninguno de sus combates anteriores. A veces se cagaba de miedo, pero definitivamente no se ponía nervioso. Naruto tragó saliva y se frotó las sudorosas palmas en la parte delantera de su hakama, por suerte el material negro ocultaría la humedad, pero sería una mierda tener que limpiarlo. Los dependientes le habían recordado que tuviera cuidado de no mancharla con líquidos. Desde el sirope hasta el sudor, debía tener mucho cuidado de no ensuciar la seda o pagaría con el infierno.
—Demasiado tarde para eso —el Uzumaki refunfuñó en voz baja mientras volvía a limpiarse las manos.
Los ojos azules recorrieron la multitud que caminaba alegremente por la ancha calle principal del pueblo. El estruendo de los platillos. El golpeteo de los tambores. Las voces emocionadas de gente de Konoha y del extranjero. Todos se fundían en una ruidosa sinfonía que dificultaba la audición de sus propios pensamientos, aunque a él no le importaba, por supuesto. Todo ello le proporcionaba una distracción bienvenida en su espera. Además, era divertido ver a todas las caras nuevas maravillándose con los diferentes puestos y atracciones que ofrecía el Festival de la Cosecha. A lo largo de la calle se encendieron farolillos rojos. Cuando la noche cayera sobre la aldea, sin duda sería un espectáculo extraordinario.
Aunque Naruto sabía que sería un Hokage muy superior, tenía que reconocer a Kakashi. El lugar tenía un aspecto estupendo. Durante los últimos seis meses, el esfuerzo de reconstrucción había estado a toda máquina. La gente que había huido a causa de la guerra regresaba con sus familias y cada día aparecían caras nuevas. Pronto esta ya no sería la Konoha de su infancia, sino la del futuro. Era un futuro por el que no podía evitar sentir vértigo.
—¡Naruto! —gritó una voz.
Naruto parpadeó, saliendo de sus pensamientos y se giró para ver la misma persona que lo había puesto tan nervioso. Sakura estaba de pie frente a él, sus ojos verdes lo miraban curiosamente expectantes, hizo un extraño movimiento con sus labios. Labios que, a menos que se lo estuviera imaginando, eran más rosados de lo normal. De hecho, todo el rostro de Sakura estaba diferente. Seguía siendo su rostro, por supuesto, pero había algo diferente, algo más suave y más... ¿Femenino? Llevaba el cabello rosa en un moño, adornado con unas pequeñas horquillas en forma de flor de cerezo. Llevaba un yukata rosa suave con un obi amarillo brillante y, aunque el look era sencillo, lo dejó sin aliento.
—¿Naruto? —dijo ella, agitando una mano frente a su rostro—. Tu rostro se está poniendo rojo. ¿Estás bien?
El hombre tragó saliva y trató de pensar en algo que decir que no sonara tonto. La mano de Sakura dejó de agitarse frente a él mientras se estiraba un poco y presionaba su mano contra su frente. Luego puso su otra mano contra su propia frente como referencia y frunció el ceño.
—No parece que tengas fiebre... —mencionó pensativa mientras retiraba la mano—. ¿Comiste algo raro antes de volver? No deberías estar en un festival si te sientes enfermo...
—¡No estoy enfermo! —soltó.
Si Sakura creía que estaba enfermo, aunque no lo estuviera, se arruinaría su "no cita" y eso era lo último que él quería. Ella tampoco parecía muy convencida de su arrebato. Rascándose la nuca, se tragó lo poco que le quedaba de orgullo y apartó la mirada de ella.
—Tevesmuybonita —murmuró.
—¿Eh?
—Tevesmuybonita.
—Naruto deberíamos volver...
—¡Dije que te ves muy bonita!
Él no había querido gritarle. Por la expresión de su rostro, Sakura tampoco había esperado que lo hiciera, pero no parecía molesta con él. Al contrario, era el turno de ella de ponerse de un vibrante tono rojo.
—¡Hey miren es Naruto!
—¡Chicos vean!
Ambos shinobi de la Hoja salieron de su pequeño mundo de vergüenza para ver a una pequeña horda de niños corriendo hacia ellos. Los niños clamaban a su alrededor, entusiasmados por el festival y por las copiosas cantidades de azúcar que consumieron.
—Mira, he pescado un pez —dijo uno de los niños, con sus rizos castaños sobresaliendo en todas direcciones. Señaló con el pulgar a otro rubio de aspecto desaliñado que estaba a su lado—. Shin dijo que era imposible, pero yo lo hice. Míralo.
—No agites la bolsa, Kei —amonestó Shin.
—¡No estoy agitando la bolsa!
—¡Sí, lo estás haciendo!
—¡Vas a matarlo, idiota!
—¡No-o!
—¡Sí-í!
Naruto sacudió la cabeza ante sus payasadas y se agachó para ver mejor al pez que el chico había ganado. El pez dorado de color brillante parecía petrificado en su bolsita de plástico, efectivamente, estaba siendo sacudido por su nuevo dueño.
—Oye Kei ¿puedo verlo más de cerca? —preguntó y el moreno de cabello rizado parpadeó, cesando momentáneamente su discusión con Shin.
—¡Sí, claro! —dijo Kei y le tendió la bolsa—. Genial, ¿verdad?
Naruto tomó la bolsa con ambas manos y ladeó la cabeza.
—Está bien, supongo, pero parece apretado en esta bolsa, sabes.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que realmente no puedes ver lo genial que es mientras está metido en una bolsa.
—Te dije que le parecería una tontería —refunfuñó Shin y a Kei se le cayó el rostro de la vergüenza. Naruto negó con la cabeza a los chicos y le devolvió el pez dorado a su ahora abatido dueño.
—No es algo tonto. Es supergenial, pero no puede nadar en una bolsa. Solo puedes ver lo genial que son los peces cuando los ves nadar.
—¡Hay un río no muy lejos de aquí! —gritó uno de los chicos que se había agolpado cerca de Shin y Kei—. ¡Si llegamos antes de que se ponga el sol podremos verlo nadar!
—Me parece una gran idea —alentó Naruto, feliz de que el pez no muriera tan pronto.
El rostro de Kei volvió a iluminarse al instante ante la perspectiva de ver a su pez nadar en un río de verdad. Incluso Shin parecía curioso por ver tal cosa, aunque hacía lo posible por parecer desinteresado. Naruto se irguió a toda su altura y puso las manos en las caderas.
—¿Quieres venir a verlo? —preguntó Kei, con sus ojos café, mirando al Uzumaki expectante. Shin le dio un codazo en el costado y resopló.
—Está con su novia, tonto. No quiere ver un pez.
Por primera vez desde que la horda de chicos había llegado, Naruto finalmente miró a su lado donde Sakura estaba de pie. Abrió la boca para negar las afirmaciones de Shin, pero los demás chicos ya se estaban dando codazos y cuchicheando furiosamente. Con sonrisas pícaras y chismosas en sus rostros, todos retrocedieron para seguir adelante con su plan de liberar al pez dorado.
—¡Adiós, Naruto! ¡Nos vemos en la Academia!
—¡Diviértete con tu novia!
El rubio palideció ante el atrevimiento de los chicos. Iba a tener que convertirse en un tirano como Anko si quería conseguir algún atisbo de respeto de ellos. A su lado, Sakura se rio y se despidió de los chicos.
—No hagas eso, solo los incitarás —refunfuñó Naruto mientras se metía las manos en los bolsillos.
El lunes toda la academia creería que por fin tenía novia. Cuando llegara el viernes, probablemente tendría una esposa y dos hijos.
—Eres bastante bueno con los niños —dijo ella. Naruto la miró con los ojos muy abiertos, genuinamente sorprendido de escuchar un cumplido de su parte.
—¿En serio?
—Sí. ¡Probablemente, sea porque tú también eres un niño grande!
—¡Eh!
Él no era un niño. Había visto más que la mayoría a su edad y le gustaba pensar que al menos había madurado un poco. Sin embargo, Sakura no sentía ningún remordimiento por haber herido su orgullo. Su sonrisa que tenía nunca abandonó su rostro cuando se acercó a él y le agarró la mano. En cuanto sus dedos se entrelazaron con los de él, todos los desaires fueron perdonados y reemplazados por una calidez que irradiaba desde la boca de su estómago.
—Vamos a buscar algo de comer, tengo hambre —dijo ella.
Ante la mera mención de la comida, un interruptor se encendió en el cerebro del Uzumaki y la agarró de la mano con más fuerza para tirar de ella. Si era comida lo que Sakura quería en esta no una cita, ¡entonces era comida lo que iba a conseguir!
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Puede que lo causara el vaho del aire, cargado de olor a ceniza y fritanga.
Tal vez porque era su primera noche libre en más de un mes.
Todo lo que comía le sabía mejor y las cosas que normalmente no le hacían gracia, de repente le divertían. Cuando él le soltó la mano, aunque solo fuera por un segundo para tomar algo, ella notaba la pérdida. Sin embargo, sus manos no tardaban en volver a buscar las suyas. Incluso ahora, mientras contemplaban el gran final de los fuegos artificiales, sus dedos seguían entrelazados. Sakura sonrió cuando sintió que él le apretaba la mano y se alegró cuando estallaron un par de explosivos particularmente vibrantes.
«—Realmente es un niño grande —pensó Sakura cuando él giró la cabeza para dedicarle una sonrisa.»
Todo su rostro estaba iluminado por los rojos y amarillos que explotaban en el cielo nocturno. Sus ojos estudiaron la forma en que las sombras danzaban sobre su piel y lo desigual de su sonrisa. El aspecto infantil que solía pegarse obstinadamente a sus mejillas hacía tiempo que había desaparecido, dando paso a una mandíbula más masculina. ¿Siempre había sido tan guapo? Unos ojos azules la miraron fijamente. Igual de curiosos y ansiosos. Parecía que había pasado una eternidad entre ellos, mientras los fuegos artificiales seguían estallando en el cielo, los gritos de júbilo de la multitud fueron ahogados por el palpitar de su propio corazón. Poco a poco, su rostro se fue acercando al suyo. Una mano curtida por innumerables batallas se posó suavemente en su nuca y ella se puso de puntillas para igualar su altura.
Tal vez fuera porque había gastado una buena parte de su dinero en juegos y habían quedado con las manos vacías, pero más contentos que antes.
Quizás era porque por primera vez en su joven vida se sentía realmente de su edad.
Naruto ya la había besado una vez, cuando las cosas eran menos complicadas que ahora. En ese momento sus labios habían estado vacilantes y luego cuando se encontraron con los de ella. Sakura también había estado nerviosa. Confundida y culpable. Aquellos sentimientos negativos habían empañado el beso, aunque seguía pensando en ello de vez en cuando, cuando dejaba que su mente divagara. Esta vez, cuando sus labios se encontraron, dejó que la calidez que él le proporcionaba se apoderara por completo de sus sentidos.
Disfrutó del movimiento de sus labios sobre los suyos y del cosquilleo que le producían las yemas de los dedos. Le soltó la mano para rodearle el cuello con los brazos, profundizando el beso y añadiendo una nueva capa de insistencia. Naruto sonrió contra sus labios y obedeció feliz, colocando sus manos en las caderas de ella y atrayéndola hacia él.
Quizás era porque echaba de menos la paz que él le proporcionaba.
Tal vez porque él nunca se había separado de ella.
Probablemente... Era solo porque ella lo deseaba.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Sakura gimió cuando la luz se coló por la pequeña ventana del dormitorio y trató de enterrar el rostro en la almohada para ignorarla. Normalmente, cerraba las cortinas para no tener ese problema. Además, tenía que enfrentarse a otra cosa. Su almohada no era tan suave como de costumbre, de hecho, era francamente dura... Y respiraba.
«—¿Respiraba? —pensó Sakura.»
Las alarmas se encendieron en su cabeza cuando sus ojos se abrieron de golpe.
Lo que la recibió fue una vista que no le era desconocida. Ella conocía el apartamento de Naruto mejor que su propia habitación en la casa de sus padres. Desde que había empezado a quedarse aquí regularmente, el pequeño espacio estaba mucho más limpio. Los pocillos vacíos de ramen y las botellas de agua ya no encontraban en lugares al azar. Los pergaminos estaban colocados de forma ordenada en un escritorio en el que estaba segura de que Naruto nunca se había sentado y la ropa tendía a estar guardada en armario o en el cesto de la lavandería.
Excepto... Que esta vez su ropa de la noche anterior estaba esparcida por el suelo. Seda rosa y naranja se amontonaban al azar, recordándole instantáneamente los eventos de la noche anterior. Los toques incómodos. La respiración agitada. Los besos tan cálidos que hacían que su piel ardiera. Sakura se sonrojó al recordarlo. Bien valía la pena el dolor y la incomodidad que sentía entre las piernas. Se mordió el labio inferior y empezó a incorporarse. Esto, fuera lo que fuera, complicaba las cosas.
—Mmmm —Naruto gimió cuando ella se apartó.
Sus cansados ojos azules la miraron, con una sonrisa pícara en los labios. Ella no entendió muy bien por qué sonreía hasta que noto hacia donde sus ojos se dirigían e inmediatamente tiró de las sábanas sobre su pecho desnudo.
—Pervertido —siseó y Naruto soltó una risita.
—Buenos días.
Sakura se mordió el labio y se apartó de sus ojos que aún la sondeaban. No importaba si se cubría o no en este momento. Él ya había visto más de ella de lo que jamás le había mostrado a nadie... Partes que ella esperaba mostrarle a una sola persona.
—Estás molesta —dijo Naruto, pero Sakura negó con la cabeza.
Ella no estaba molesta. Lo de anoche había sido... No podía expresar con palabras lo que sentía, pero no estaba molesta. Tal vez confundida y ansiosa, pero ciertamente no enojada. Solo necesitaba tiempo para pensar y no podía hacerlo mientras estuviera sentada y desnuda en la cama del hombre que la confundía tanto.
Con cautela, se deslizó por debajo de las sábanas que la cubrían y salió de la cama, haciendo un leve gesto de dolor cuando sus pies tocaron el suelo. Pasó por encima de sus kimonos enredados y se tomó la libertad de robar una camisa de la cómoda de Naruto. Podía sentir sus ojos observándola mientras se movía por la habitación, pero ella no le devolvió la mirada.
—Estás molesta —dijo una vez que ella se puso una camiseta negra. Luego tomo un par de sus viejos pantalones de chándal y se los puso también. La cama sonó cuando él se sentó con las piernas colgando sobre el borde de la cama—. Si te arrepientes de lo de anoche...
—¡No me arrepiento! —espetó Sakura.
No se arrepentía. Había hombres mucho peores con los que podría haberse acostado anoche. Esos hombres, sin embargo, no venían con la mierda emocional que había entre ella y Naruto. Podría haberse escabullido fácilmente de sus camas y a ellos no les hubiera importado. No la hubieran abrazado durante la noche ni le hubieran susurrado palabras de afectos al oído. Ella no se arrepentía de lo sucedido, pero tal vez... Tal vez él sí.
—¿Y tú qué? —preguntó, Naruto la miró con curiosidad.
—¿Yo qué?
—¡Te arrepientes de lo de anoche!
—No, ¿por qué piensas eso?
—¡Porque tú me lo preguntaste!
—Pues actúas como si lo hicieras.
—¡No me arrepiento!
—¡Bueno, yo tampoco!
—¿Por qué gritas?
—¡Porque tú estás gritando!
—¡Pues yo grito porque tú gritas!
Sakura hizo una pausa para recuperar el aliento y Naruto hizo lo mismo. Esto era ridículo. ¿Por qué se estaban gritando? Los pensamientos de Naruto parecían ir por un camino diferente al de ella, porque sus labios se torcieron en una sonrisa maliciosa.
—¿Por qué me miras así? —preguntó ella con cautela mientras él se levantaba de la cama. Cuando la sábana cayó, ella se giró inmediatamente para no mirar.
—¿Así qué te gustó?
—Oh, Dios mío, Naruto, ¡ponte unos pantalones!
Antes de que el hombre desnudo pudiera protestar por su petición, ella marchó fuera de la habitación. Necesitaba espacio para pensar y no podía hacerlo con él desnudo.
Toc, Toc, Toc
Los frenéticos golpes en la puerta alejaron a la kunoichi de su objetivo de intentar conseguir un momento de paz. Sakura se detuvo un segundo en medio de la sala y miró la puerta con curiosidad. ¿Quién podría querer ver a Naruto tan temprano? Él ni siquiera recibía muchas visitas a horas normales.
Toc, Toc, Toc
—¡Abran! ¡Por favor!
Sakura casi saltó al oír la voz al otro lado de la puerta. No estaba segura de quién podía ser, pero quienquiera que fuese sonaba desesperado. Haciendo a un lado todos los pensamientos sobre Naruto y su situación sin pantalones, cruzó la pequeña sala de estar y abrió la puerta. Una vez abierta, se sorprendió al encontrar a una Hanabi bastante desaliñada al otro lado, con el puño en alto para llamar de nuevo.
—¿Hanabi?
—¿Está aquí? —preguntó la adolescente sin aliento, empujando a Sakura para entrar en la casa—. Por favor, dime que vino para acá.
—¿Quién vino? —consultó Sakura, con un innecesario sentimiento de celos, aflorando en su pecho.
Hasta donde ella sabía, ninguna otra mujer tenía una razón para venir al apartamento de Naruto. Ella estaba aquí lo suficiente como para que los vecinos ya estuvieran cotilleando, seguramente se hubiera enterado si otra mujer hubiera estado haciéndole visitas a Naruto. Además, él había estado en una misión durante las últimas tres semanas, así que no podía haber venido nadie a buscarlo. Sakura sacudió la cabeza ante sus pensamientos y volvió su atención a Hanabi que ahora había activado su Byakugan para escanear el apartamento.
—¡¿Qué estás haciendo?! —Sakura siseó, recordando inmediatamente el hecho de que las Hyūga podían ver a través de las paredes y que probablemente había un Uzumaki aún desnudo en el dormitorio. Hanabi desactivó sus dōjutsu y maldijo en voz baja.
—Maldita sea, ella no está aquí.
—Otra vez, ¿quién no está aquí?
Hanabi se pasó una mano frustrada por su cabello castaño, el aura que la rodeaba era demasiado pesada para pertenecer a una chica de su edad.
—Mi hermana —dijo finalmente—. ¿La viste, anoche o incluso esta mañana?
—¿Hinata? —Sakura murmuró pensativa antes de sacudir la cabeza.
No había visto a Hinata en el festival. Ahora que lo pensaba, esperaba ver a Hinata y a Sasuke en el festival, pero no aparecieron. Los dos solían quedarse en el Distrito Uchiha, así que no era tan extraño que no asistieran al evento, pero por la forma desesperada en que Hanabi la miraba, se dio cuenta de que algo estaba mal. La chica parecía que iba a desmayarse si el viento la alcanzaba.
Sakura puso una mano en el hombro de la chica y la condujo hasta el sofá verde de Naruto. No era el mueble más cómodo, pero tendría que servir por el momento. Luego le indicó a Hanabi que se sentara, lo cual hizo a regañadientes justo cuando Naruto salía del dormitorio.
—Me puse los pantalones... ¡Oh, hola Hanabi! —dijo Naruto, lanzándole a Sakura miradas confusas, luego se centró en su nueva visitante—. ¿Qué te trae por aquí?
Hanabi se levantó inmediatamente del sofá en cuanto escuchó la voz de Naruto y corrió hacia él.
—¡Por favor, tienes que ayudarme antes de que la tachen de ninja renegada!
—Espera, ¿qué? —preguntó Naruto incrédulo y Sakura se acercó a la pareja con un enfoque más llano.
—Hanabi por favor dinos ¿qué está pasando?
Hanabi se volvió hacia ella con los ojos enrojecidos que se frotó con la mano.
—Hinata-nee-chan... Ella... Se fue.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
—¿Crees que podrás con él? —preguntó Kakashi al enmascarado que estaba a su lado.
—En el probable caso de que haya decidido que ya ha tenido suficiente, no.
Kakashi sonrió satisfecho y se volvió para mirar por la ventana de su despacho el bullicioso pueblo. Los puestos de la noche anterior estaban siendo desarmados y con ellos, la alegría y los recuerdos que habían generado. Todo el ambiente de la aldea era más ligero después de la fiesta. El hecho de que no hubiera ocurrido ningún incidente era un testimonio de la paz por la que tanto habían luchado. Nadie había resultado herido. Ningún complot, ni puñaladas por la espalda.
Era una simple fiesta, pero anunciaba mucho más. Señalaba que las cosas podían cambiar para mejor. En su juventud parecía imposible que la vida pudiera ser mucho más que matar o morir. Cuando estuvo en las filas de ANBU, matar o morir era un hecho constante de la vida. Esas eran las únicas opciones. Sin embargo, su mente había cambiado mucho desde su juventud y, al igual que su perspectiva, la aldea también se había trasformado. Todo y todos tenían la capacidad de cambiar. Incluso gente tan testaruda como el último Uchiha.
—¿Pudiste persuadir a los demás? —preguntó Kakashi y su compañero asintió.
—La persuasión no fue necesaria. La palabra de un Hokage es definitiva.
—Inquebrantable como siempre, independientemente de quién esté en el poder.
El Hokage se rascó la barbilla por encima de la máscara y observó cómo dos figuras se lanzaban a través de las secuelas del festival hacia la torre. Unas manchas naranja y rosa corrían como dos murciélagos del infierno, claramente decididos y probablemente cabreados. Kakashi cerró los ojos y se preparó para el dolor de cabeza que le sobrevendría. A su lado, la figura enmascarada soltó una risita y se apartó de la ventana.
—Me marcho antes de que lleguen esos dos —dijo.
Kakashi asintió y apartó la vista de la destrucción que se avecinaba. Si Naruto y Sakura se enteraban de la presencia de Yamato no tardarían en atar cabos. Sin embargo, por muy ruidosos que se pusieran los dos, manejarlos sería mucho más fácil que lidiar con Hinata. Solo habían pasado unas horas desde que ella le había pedido marcharse con los ojos hinchados y rojos de tanto llorar. El hecho de que él fuera incapaz de decirle qué había sido de su ahora ex prometido no ayudó en nada a su ya totalmente aplastado espíritu.
En todo caso, solo lo empeoró.
Levantando la vista de la aldea, volvió los ojos al cielo y pensó distraídamente que la Hyūga y el Akimichi ya deberían estar a una distancia considerable de la aldea. Con suerte, cuando regresara lo haría con la cabeza más despejada y el corazón un poco menos roto.
—¡Oye, no pueden entrar ahí!
—¡Fuera de mi camino!
La puerta de su despacho se abrió de golpe y dos furiosos shinobi irrumpieron en su despacho.
—¡Kakashi-sensei! ¡¿Qué demonios está pasando?!
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
—¡Estoy tan contento de que vengas conmigo Hinata-san! ¡Ahora tengo a alguien que me haga compañía! ¿Has estado alguna vez en territorio de la Nube?
Hinata negó con la cabeza ante su exuberante compañero, que la miraba como si le hubiera salido un tercer ojo. Levantando el puño en el aire, siguió adelante en su camino lejos de Konoha.
—Voy a enseñarte las mejores tiendas de dango por el camino. También de curry. Se me hace agua la boca de solo pensarlo.
Como todo lo demás, sus divagaciones se desvanecieron en el fondo de su mente y asuntos más urgentes pasaron a primer plano. Asuntos en los que prefería no reflexionar, pero en los que se veía obligada a hacerlo. No es que Chōji no fuera un buen compañero. En muchos aspectos, le recordaba a Naruto y Kiba. Era leal, ruidoso, digno de confianza. Era un excelente shinobi y un gran amigo, pero ahora mismo ella solo quería estar sola. Bueno, no sola... Pero no con él.
—También tienes que probar el pastel. ¡Ooooooh hombre! Hay una pastelería genial justo en la frontera. Es absolutamente increíble.
Hinata suspiró y se concentró en poner un pie delante del otro. Era la única forma de no llorar. Si siguiera en el Complejo, estaba segura de que se convertiría en un charco de lágrimas. Tendría que volver, por supuesto... Su honor dependía de ello, también su clan. Hanabi pendía de su regreso. Sin embargo... Ella no quería volver.
—¡Oh, y no me hagas hablar de la barbacoa! ¡No hay nada como la barbacoa de la Nube! ¡Te va a encantar!
Irse no la hacía sentir mejor, pero la perspectiva de quedarse era peor. La realidad de tener que casarse con otra persona era impensable. Tan extraña como había empezado toda la situación, en realidad había empezado a tener ganas de casarse con Sasuke.
«—Sasuke —pensó, mientras se le hacía un nudo en la garganta.»
Kakashi no le había dicho nada sobre su situación. Sí estaba vivo o muerto. Un hombre libre o pudriéndose en una celda de Konoha. No le había dicho absolutamente nada, salvo que su padre le había informado de la anulación de su contrato matrimonial. Hinata resopló mientras los ojos empezaban a arderle con las lágrimas. Se frotó los ojos con la mano derecha y acarició suavemente a su cachorro, aun sin nombre, en su cabestrillo mientras dormía.
—Hinata-san —dijo Chōji con curiosidad, deteniendo su paso para mirarla fijamente—. ¿Se encuentra bien?
La mujer en cuestión forzó una sonrisa en su rostro y asintió.
—Por supuesto.
Continuará en... Ser tú mismo
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Notas: Empezamos alegres y terminamos bien sad.
Naoko Ichigo
