Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de Lavender-Long-Stories.
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Hinata se cubrió la sonrisa con el dorso de la mano. Le parecía una tontería. Sentados ahí en traje de gala mientras comían helado.
Sasuke sonrió con una de las cucharillas que les habían dado, entre los dientes.
—Me gusta tu nuevo peinado.
Hinata se tocó los rizos despeinados que le habían quedado después de quitarse el pasador.
—Empezaba a doler.
—No estaba siendo sarcástico —aclaró Sasuke—. Tu cabello suele estar muy prolijo. El estilo desordenado te queda bien —a Hinata se le calentó el rostro y frunció el ceño. Ahora parecía que se estaba burlando de ella—. ¿A qué viene esa expresión?
—No hace falta que mientas —Hinata tomó otro bocado de su helado para refrescarse.
—De verdad que no crees que eres linda, ¿verdad? —Sasuke ladeó la cabeza.
—No digas cosas que no crees... — Hinata lo intentó.
—Lo digo en serio —Sasuke volvió a sentarse, llevándose la cuchara de plástico a la boca—. Siempre has sido muy linda. Opino que la única razón por la que no se te acercan los hombres es porque tus amigos son chicos —Hinata resopló, encogiéndose en la silla. Esto no le gustaba. No quería cumplidos vacíos—. ¿Por qué no me crees?
Porque esto no era real, y de vez en cuando, recordar eso la golpeaba más fuerte de lo normal, y hacía que su corazón se desplomara porque se estaba engañando a sí misma al pensar que lo era.
La sonrisa de Sasuke cayó por completo.
—Hinata, yo no te mentiría —Hinata apretó los labios. Eso era lo que lo hacía difícil. Sabía que él probablemente no le mentiría, pero si lo hacía más fácil, ¿por qué no hacerlo? Si la hacía sentirse amada como él le prometió, ¿por qué no decirle algunas palabras dulces?—. Espero que lo sepas.
Hinata picoteó su helado. Había arruinado la diversión con su inseguridad. Ahora sí que se sentía mal.
Sasuke se levantó de repente. Hinata se encogió, esperando a que se marchara enfadado, pero se estremeció cuando le movió la silla para que quedara frente a él. Se inclinó hacia su ella para captar toda su atención.
—Siempre he pensado que eres adorable, ¿me entiendes? —Hinata parpadeó dos veces antes de asentir rápidamente, apartándole el rostro mientras se le aceleraba el ritmo cardíaco—. No pongas esa expresión de derrotada, o tendré que asegurarme de que desaparezca —añadió Sasuke antes de retroceder.
Hinata tomó aire y su rostro se torció con irritación al entender lo que él había dicho y lo que acababa de hacer.
Sasuke soltó una risita mientras alejaba de un manotazo la servilleta que ella había hecho bola y le había lanzado.
—Funciona, ¿verdad?
—Eso es muy mezquino —Hinata resopló.
—Solo si estuviera fingiendo —Sasuke la miró enarcando una ceja.
Hinata hizo un mohín. Ahora solo estaba tranquilizando los latidos de su corazón.
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Sasuke sabía que, al volver a su casa, se enfrentaría a los gritos. Por eso estaba evitando volver a casa, pero, por razones obvias, no podía dejar que Hinata lo acompañara toda la noche, por muy linda que se viera con el cabello suelto y la chaqueta de su traje sobre los hombros.
Hinata contemplaba el río desde la colina en la que se habían instalado. Tenía la mala costumbre de meterse en su cabeza y quedarse allí.
Sasuke se dio cuenta de que llevaba años observándola, la tristeza tras sus ojos, la mirada lejana mientras pensaba en las cosas que no podía tener. Debía sentirse sola, la habían convencido de que ella no valía la pena.
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Hinata le tendió una bola de arroz desde su sitio, sentada en la cornisa. Sasuke resopló, tomándola y dándole un mordisco furioso.
—Esto es estúpido.
—Solo faltan unas horas —le aseguró Hinata, mirando a los demás chicos, que estaban un poco más impacientes por participar en la excursión en el histórico santuario. Desgraciadamente, esto no era tan divertido para ellos. Antes ya pasaron muchas horas haciendo estos rituales.
Lo que no les mostraba en una excursión, era que no debían prestar una inmensa atención a los detalles ni centrarse en hacerlo bien, o que su abuela los golpeara con una vara de bambú por encorvarse en el altar, o casi quedarte dormidos porque escuchar una historia sobre como un hombre con diez concubinas fue envenenado por su hija. No era interesante tener que oír toda la historia política de por medio.
Hinata daba pequeños mordiscos a su bola de arroz, no sabía si era porque estaba distraída o para tener una excusa para seguir allí sentada. Sus ojos seguían a una persona que se movía lentamente. Sasuke frunció el ceño al ver a Naruto, pasándoselo como nunca con una Sakura muy enfadada que le gritaba que la dejara en paz.
—Sakura-chan se ve bonita con kimono —murmuró Hinata.
Sasuke no entendía como Hinata podía alagar así a su competencia. Sakura no era ni de lejos tan agradable como ella. Oyó lo que le dijo a Ino cuando se pelearon por él. No quería imaginarse lo que decía a sus espaldas.
—La abuela me lanzaría su zapato si me pillara haciendo eso en un santuario.
—Es tan despreocupado —Hinata suspiró—. Es como si supiera que, si sonríe, el mundo le devolverá la sonrisa.
—No me hagas sentir náuseas —Sasuke arrugó el envoltorio de su comida.
Sasuke esperaba ver una sonrisa en su rostro, ya sea por el chico que le gustaba o por su comentario, pero su expresión era plana mientras miraba a los demás. Como si ya no estuvieran allí.
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Sasuke parpadeó mientras una sonrisa se dibujaba en el rostro de Hinata.
—¿Te estás quedando dormido?
Sasuke negó con la cabeza.
—No, perdona. Solo estaba pensando.
—Llevas mirándome fijamente los últimos minutos —Hinata se burló.
—Ya te dije que eras linda —contraatacó Sasuke. El rostro de Hinata se torció—. Eh, no lo hagas —Sasuke le agarró de la barbilla—. Voy a llamarte linda más a menudo hasta que dejes de poner esa expresión cada vez que te lo diga.
Hinata hizo un puchero. Sasuke se rio. Ella no se estaba haciendo menos tierna, pero él soltó su mano de todos modos. Hinata suspiró, levantándose y saliendo de su nido de tela.
—Deberíamos irnos a casa.
—No quiero —admitió Sasuke.
—Hay que hacerlo —Hinata extendió su mano para ayudarlo a levantarse.
Sasuke la agarro, pero no hizo ningún esfuerzo por levantarse. Probablemente, Itachi estaba esperando junto a la puerta. Su padre le daría un sermón por la mañana, pero estaría más preocupado por las consecuencias que por la relación en sí, y por eso no creó que fuera tan importante decírselo con antelación.
La mano de Sasuke se tensó al recordar lo que dijo Itachi. "Ella no vale la pena". Su mirada se centró en el rostro de Hinata para ver que se había transformado en preocupación. Volvía a ver a través de él. Sasuke le dio un tirón y ella se precipitó hacia delante en un revuelo de tela. La llevó hasta su regazo. Hinata solo tuvo un momento para recuperarse de la sorpresa antes de que él la rodeara con sus brazos.
—No quiero. ¿Qué van a hacer si no vamos a casa? —podía sentir cómo su corazón latía con fuerza.
Hinata apoyó las manos en sus brazos, girando la cabeza hacia él. Apretó sus labios hasta formar una línea.
—Ya sabes lo que van a pensar.
A Sasuke no le importaba lo que le pensaran de él, pero...
—Supongo que a ti no te verán muy bien, ¿eh?
Hinata se mordió el labio.
—Creo que... Eso es lo que queremos que piense la gente.
—No te hagas eso —la regañó Sasuke—. No quiero que hagas cosas fuera de tu zona de confort. Necesito que seas tú misma.
—Lo normal es que hubiera llegado a casa hace horas —la mano de Hinata se cerró cómodamente alrededor de su brazo.
—Entonces deberíamos irnos —Sasuke suspiró.
—Yo tampoco quiero irme a mi casa —admitió Hinata.
—Supongo que esto será más fácil cuando podamos vivir juntos —el rostro de Hinata se quedó en blanco—. ¿No habías pensado en eso?
—Yo... No lo había pensado tan a futuro —Hinata tartamudeó.
Sasuke soltó una risita.
—¿Pensaste en el matrimonio y no en que las parejas casadas vivan juntas?
—Tenía otros asuntos en los que pensar —Hinata se defendió.
—Entonces, ¿qué hacemos? —los brazos de Sasuke se aflojaron mientras suspiraba—. Tú decide —el rostro de Hinata se torció para pensar, luego frunció el ceño ante su propio pensamiento—. ¿Qué?
—Bueno... Podríamos buscar una habitación de hotel. Estoy segura de que alguien podría vernos salir por la mañana. Eso consolidaría la historia —Hinata explicó lo que se le ocurrió.
—Te acabo de decir que no quiero hacerte eso. Sí, así parece más creíble —Sasuke negó con la cabeza. Sabía lo que pensaría la gente. Le felicitarían y la insultarían por lo mismo—. Pero te llevaré a tu casa —a pesar de lo que había dicho, apoyó la cabeza en su hombro. Todo esto sería más fácil una vez pasada la explosión inicial. Una vez que todos lo superaran y lo superaran, entonces podrían dejar de sentirse así.
Podrían tener un lugar solo para ellos. No tendrían miedo de volver a casa y ver qué y quién les esperaba. Podrían trabajar juntos bajo sus propios términos. Ese era el plan. Solo tenían que superar la parte difícil.
Hinata se llevó una mano al cabello y suspiró. Solo un poco más.
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Naoko Ichigo
