Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de College n Curls.
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Ser amado
Al principio del viaje, Sakura estaba escéptica. ¿Cómo podía un animal, incluso uno experimentado como Akamaru, encontrar a alguien que no había visto en semanas? Si Akamaru fuera el que liderara, se hubiera mordido la lengua, pero este pequeño cachorro se lo ponía muy difícil. Sin embargo, Kiba confiaba en las habilidades del cachorro, así que solo le quedaba seguirlo. Le había prometido a Naruto que los traería de vuelta. A ambos...
... Estaba indeciso. Inseguro. Ella siempre había sido capaz de leerlo como un libro, incluso cuando eran genin. Sakura se cruzó de brazos y dejó escapar un pesado suspiro.
—No confías en mí —dijo con voz seria y Naruto negó con la cabeza.
—No es que no confíe en ti…
—Entonces no crees en mis habilidades como kunoichi.
—¡Sabes que eso no es cierto!
—¡Entonces qué es, porque desde mi punto de vista parece que no crees en mí!
Le estaba tomando todo su autocontrol, el no darle un puñetazo que lo enviara volando hasta la próxima aldea oculta. Ella estaba progresando. Estaba madurando y aprendiendo a usar sus palabras en vez de sus puños. Naruto, frustrado, se apartó de ella mientras se pasaba una mano por el cabello.
—Naruto...
—Yo sí, confío en ti —suspiró—. Lo hago... Es solo que... ¿Vas porque estás enamorada de Sasuke?
Escupió lo última apresuradamente y cuando terminó de decir las palabras, sus hombros se desplomaron, como si hubiera estado cargando con un enorme peso esto por mucho tiempo. Todo aquello la dejó confundida.
—¿Por qué dices eso?
—Es... Sasuke es lo único que te ha importado durante mucho tiempo. Entonces la boda fue cancelada y pensé que estaría bien, pero no lo estoy. Odio esto.
Sus brazos finalmente cayeron a sus costados mientras lo entendía todo. Él tenía razón. Sasuke ya no estaba atado a Hinata. Si quisiera, las cosas podrían volver a ser como eran. Como se suponía que debían ser. Sin embargo, esa infantil fantasía que una vez albergó, ahora se sentía como una pesadilla. El verdadero Sasuke... El que había llegado a conocer fugazmente durante los últimos meses no era alguien con quien quisiera estar.
Ella no tenía la paciencia para entenderlo más. Él la ponía increíblemente ansiosa y no en el buen sentido. Era como si siempre estuviera esperando algo que nunca iba a llegar. Al recordar aquellos días, sentía un vacío en la boca del estómago. Estaba insatisfecha.
Su enamoramiento le había causado más problemas de los que valía la pena. Casi había perdido su puesto como aprendiz de Tsunade. Ni siquiera estaba segura de que Hinata y ella siguieran siendo amigas. Y Naruto... Había estado a punto de perderlo innumerables veces al ir persiguiendo a Sasuke. Y podría volver a perderlo. Sacudiendo la cabeza, cruzó la habitación y lo rodeó con los brazos, hundiendo la cabeza en su espalda. Él irradiaba calidez, comodidad y se sentía como en casa.
—Perdóname —susurró—. Pero no podrás deshacerte de mí tan fácilmente.
—Sakura...
El tono cansado en su voz le produjo un agradable cosquilleo y se abrazó a él con más fuerza. Aquí era donde debía estar. El lugar al que pertenecía.
—Los traeré a los dos. Te lo prometo...
... —¡Tenemos algo! —Kiba gritó, sacando a Sakura de sus pensamientos.
Apenas tuvo tiempo de seguirlo a él y a Shino mientras estos aceleraban. Los dos eran implacables en su búsqueda de su antiguo compañero de equipo. Corrieron a través del hielo y la nieve tras el cachorro que parecía haber captado un rastro de olor. Un rastro que los llevó a través de un bosque, más allá de un lago congelado, hacia una cueva. Una vez fuera de la cueva, el cachorro se detuvo y empezó a olfatear. Kiba lo siguió de cerca, pero le dio al cachorro el espacio que necesitaba para buscar. Mientras Kiba y el cachorro investigaban fuera, ella siguió a Shino al interior de la cueva.
La tenue luz del sol de la tarde aún iluminaba el pequeño espacio, lo que les permitió ver lo que parecía ser un campamento improvisado. Había un saco de dormir. Envoltorios de paquetes de comida. Una pequeña bolsa que contenía kunai y un par de libros. Dos cadáveres yacían en el suelo de la cueva, con cuchillos en las manos y los ojos abiertos. Sakura dio un paso atrás mientras Shino inspeccionaba los cadáveres. Detrás de ella, los pesados pasos de Kiba se acercaban a la cueva. Se volvió y casi vomitó su almuerzo cuando vio la cabeza cercenada que llevaba en las manos.
—Las cosas se acaban de poner más interesantes —dijo y Shino asintió.
—Así es.
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—Deberías probarlas, querida.
Hinata sonrió y tomo el plato de golosinas azucaradas que le ofrecía la anciana que ahora sabía se llamaba Reika. Por mucho que desconfió de Reika cuando se despertó, estaba muy contenta de haberse equivocado. La anciana vivía sola, lejos de la aldea en la que había nacido. La casa en la que vivía era pintoresca, pero demasiado grande para una mujer de su edad. En otra época, había compartido ese hogar con un marido y numerosos hijos, pero ahora estaba solo ella. El marido falleció por enfermedad. La guerra se llevó a sus hijos. Lo único que le quedaba de ellos estaba en esta casa. A pesar de todas sus pérdidas, Reika seguía siendo un cálido hogar en medio de una tundra helada. Hinata se encontró envidiando esa fortaleza.
—¡Seguro que las golosinas no se van a comer solas!
La Hyūga parpadeó, saliendo de sus pensamientos. Entonces le dio un gran mordisco a la galleta de azúcar con canela, bajo la atenta mirada de Reika. La mujer solo quedó satisfecha cuando tragó y le dio un vaso con agua. Era muy estricta a la hora de hacerla comer y Sasuke no era mucho mejor. Si acaso era peor.
No podía hacer mucho por su cuenta. Podía caminar de la silla a la cama. Conseguía comer. Dormir. Todo bajo la atenta mirada del Uchiha. Era muy desconcertante, como si él pensara que iba a morir en cualquier momento. El hombre que consumía sus pensamientos aprovechó ese momento para volver a entrar en el dormitorio, cargado de sábanas y mantas limpias. Reika trató de ayudarlo, pero él le hizo un gesto para que no se molestara. La anciana puso los ojos en blanco ante sus payasadas y murmuró para sí misma, mientras salía de la habitación. Entonces la observó a ella y a la galleta a medio comer que tenía en la mano. Una mirada de desaprobación se dibujó en sus facciones hasta que ella se comió el resto del dulce y él volvió a hacer la cama.
Su preocupación sería linda si no fuera tan autoritario. Tenía que mostrarle de que ella no era tan frágil. Lentamente, se levantó de la silla y cruzó la habitación hasta la cama. Luego tomo la almohada y trató de sacarla de la funda, pero Sasuke la agarró de la muñeca. Su agarre era cálido, débil. Como si esperara romperle los huesos si la agarraba demasiado fuerte.
—Sasuke...
—Siéntate.
Le soltó la muñeca y la pérdida de contacto, por exasperante que fuera, la hizo sentirse vacía. Hinata frunció el ceño y volvió a agarrar la almohada. En respuesta, Sasuke tomo la almohada e inmediatamente empezó a cambiarla.
—Eres molesta —comentó y despojó a la cama de las sábanas sucias.
Ella lo detuvo, esta vez colocando su mano sobre la de él. Estaba preocupado por ella. Aunque pareciera una locura... Estaba angustiado. Si alguien le hubiera dicho hace unos meses que Uchiha Sasuke se preocuparía por alguien aparte de él, lo hubiera considerado como algo demasiado optimista. Si le hubieran dicho que él se angustiaría por ella, hubiera pensado que era una locura. Sin embargo, aquí estaba ella, mirando de frente está loca realidad.
Sasuke apartó los ojos de su tarea, para mirarla. Entrelazo sus dedos con los de él cuando bajó la guardia y soltó la sábana. Se le atoró la voz en la garganta, bajo la intensa mirada de él. La analizó. Buscaba un problema. Una herida. Ella estaba bien. No estaba preparada para viajar a Konoha, pero en unos días más lo estaría. Gracias a él.
—Sasuke... Gracias por salvarme...
No pudo terminar de hablar, ya que sus labios se posarán sobre los de ella. Cálidos y duros, pero vacilantes. El beso terminó antes de que ella pudiera darse cuenta de lo que él había hecho. Había vuelto a cambiar las sábanas, como si nada hubiera pasado. Como si no se hubiera pasado de la raya y hubiera hecho que su traicionero corazón diera un vuelco.
—¿Por qué...? —empezó, pero su voz se apagó.
Realmente no le importaba por qué y Sasuke no se lo diría. Al menos no ahora. Todo lo que le importaba era mantener ese sentimiento. No importaba lo inconcebiblemente estúpido que fuera... Ella egoístamente quería más.
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Sasuke sabía que no podría controlarse cuanto más tiempo permaneciera en su presencia. Hinata tenía una exasperante forma de meterse bajo su piel. Se adentró en su corazón muerto como un parásito. Ella era todo lo que él quería. Todo lo que despreciaba. Desde el momento en que despertó del coma, ella había sido su enemiga. Su captora. Su hogar.
Sería tan fácil dejarla atrás. La anciana la cuidaría hasta que recuperara la salud. En algún momento, los Hyūga enviarían un grupo para buscar a su heredera desaparecida. Naruto probablemente la buscaría y la llevaría de vuelta a Konoha. De vuelta a la vida que estaba destinada a tener.
A Sasuke se le erizó la piel al pensarlo y se odió aún más. Necesitaba alejar a esa maldita mujer, pero al desenredar las vendas de su cabeza, supo que no podía. No lo haría. Una vez retiradas todas las vendas, que estaban ligeramente ensangrentadas, Hinata se inclinó hacia delante sobre el lavabo. Entonces él vertió lentamente agua tibia sobre su cabeza. La grasa capilar, suciedad y sangre se mezclaron en la palangana, pero se sintió aliviado. Aunque no el mismo nivel de alivio que sintió hace unos días.
Dejó de verter el agua cuando le quedo medio cubo y tomo el champú que le había proporcionado Reika. Olía a naranjas. Era ofensivo para sus sentidos y totalmente impropio para Hinata. Desde que la conocía, desde que la odiaba, siempre había olido a lavanda. Aun así, le pasó los dedos por el cabello para hacer espuma, arrugando la nariz al mismo tiempo.
—Hueles peor que antes.
Las palabras se le escaparon sin querer, pero mantenía lo que había dicho. En cuanto tuviera la oportunidad de cambiarle el champú, lo haría. Hinata soltó una pequeña carcajada, el sonido reverberó en el lavabo metálico. Por mucho que la odiara, sus labios se curvaron hacia arriba. Rápidamente, terminó de lavarle el resto del cabello antes de pasar al acondicionador. Fue difícil desenredar todos los nudos que se le habían formado al estar postrada por tres días. Casi estuvo tentado de agarrar un kunai y cortarle los nudos del cabello, pero no se dejó llevar por la poca paciencia que tenía. Cuando por fin pudo pasar las manos por su larga cabellera, le enjuagó el cabello.
Una vez que el agua salió limpia, le envolvió la cabeza con una toalla, aunque esta no contuvo todas las gotas. Unos ojos muy pálidos lo miraban mientras él intentaba secarle la larga melena. Curiosos. Anhelantes. Hizo todo lo posible por evitar su mirada para no caer en el mismo error que había cometido antes. Hinata no se daba cuenta, pero lo estaba tentando. Ahora que había recuperado la vista por completo, no podía evitar fijarse en ella de formas que no debería. Sus rosados labios se abrían y cerraban como si quisieran decir algo, pero no lo hacían. Un rastro de agua corría por su esbelto y pálido cuello. Vio cómo el rastro bajaba por la clavícula y desaparecía detrás del camisón prestado. Un delgado camisón que no le costaría rasgar.
El Uchiha apartó los ojos y se centró en la ventana. Estaba anochecido cuando empezaron, pero ahora la noche se había instalado por completo en la tranquila propiedad. Podía oír a la anciana en el piso inferior, preparando la cena en la cocina. Podía sentir el calor de la piel de Hinata sobre él, desafiándolo a acercarse. Sin pensarlo, volvió a besarla. Sus labios eran suaves y flexibles. ¿Por qué sentía tanta necesidad de besarla? ¿Tan reprimido estaba?
Cuando ella se apretó contra él y sus dedos se aferraron con fuerza a la parte superior de sus brazos, toda lógica se esfumó. La lengua de él rozó el labio inferior de ella, pidiendo entrar, y ella accedió de inmediato. Su boca estaba caliente y resbaladiza. Gimió cuando su lengua se encontró con la suya. Eso no hizo más que incitarlo. Quería consumirla. Tomar todo lo que ella era y hacerlo suyo. Solo entonces encontraría la paz. Después de lo que le pareció una eternidad, finalmente rompió el beso para tomar aire, que deseo no haber necesitado. Ella le devolvió la mirada. Estaba sin aliento y sonrojada. Tenía los ojos nublados, desorientados por la lujuria y esa emoción que él sabía que era amor. Él retrocedió.
—¿Sasuke?
La preocupación se apoderó de ella, pero él le dio la espalda y fue a por vendas nuevas. Aún tenía el cabello demasiado mojado como para vendarle la cabeza, pero él necesitaba un respiro. Sin embargo, solo pudo distraerse un rato antes de verse obligado a acercarse de nuevo a la Hyūga. Ella lo miró con curiosidad, esos ojos pálidos analizaban cada uno de sus movimientos.
—Me besaste. Dos veces.
Sasuke la ignoró. Su afirmación no merecía una respuesta y él no podía justificar lo que había hecho. No podía decirle la razón. Eso solo haría real el sentimiento que crecía en el fondo de su corazón y no podía permitirlo. No podía volver a perder a alguien o se volvería loco de verdad.
—¿Por qué cancelaste el contrato?
Eso sí podía responderlo. Ella esperó ansiosamente una respuesta y él se preguntó si debía ser sincero o lastimarla. Herirla la devolvería al camino que debía seguir. Lastimarla era lo que él había querido desde el principio...
—Deberías estar agradecida —dijo fríamente mientras volvía a sentarse frente a ella—. Sin el contrato ahora puedes casarte con Naruto tal como querías.
Ella no se inmutó ante sus palabras. Él tendría que indagar más.
—No fuiste mancillada ni contaminada. Estoy seguro de que él seguirá queriéndote.
Nada. Frunció el ceño y apretó los dedos alrededor de las vendas.
—Vi una salida y la tomé.
Ante esto, ella se limitó a parpadear e inclinar ligeramente la cabeza hacia un lado. Las gotas de agua cayeron en cascada sobre el suelo.
—Ya no querías casarte conmigo.
—Yo no quiero estar atado a una idiota.
—No soy una idiota.
—No, eres una mártir dispuesta a marcarse a sí misma ¿para qué? ¿Como una garantía? ¿Para ser quien me mantenga a raya? Me mentiste aquella noche… —dijo, alzando la voz al hacerlo.
—Intentaba protegerte...
Odiaba el hecho de que podía sentir cómo su ira crecía y salía a la superficie.
—¿Protegerme? —le espetó incrédulo, como si fuera una maldición.
La vio tendida en el suelo del dojo, incapaz de moverse. En la nieve, desangrándose. ¿Por qué? ¿Por qué seguía haciendo esto? Hinata le tendió una pequeña y pálida mano, pero él la apartó. Ella volvió a intentarlo, pero se encontró con el mismo rechazo. Intentó ponerse en pie, pero tropezó tras dar dos pasos. Al verla luchar, él se enfureció aún más.
—Sasuke —ella habló, su voz era apenas un susurro—. Por favor, no te enfades. Estabas progresando tanto. No podía dejar que te sellaran...
—¡Nunca te pedí que hicieras eso!
Pudo ver a sus padres muertos ante él. A Itachi sonriendo débilmente mientras se desvanecía. No. No podía aceptar que esto volviera a suceder. No lo aceptaría.
—Lo volvería a hacer. Me disculpo por mentirte, pero solo quería proteger... Protegerte.
—Tch, bueno ya no tienes que preocuparte por eso. No soy el ciego y lisiado del que puedas compadecerte.
—¡Nunca me has dado pena! —ella gritó y la desesperación en su voz chocó con la ira de él—. ¡Te temía! Te he despreciado. Te amé. Pero ni una sola vez mi corazón ha sentido lástima por ti.
Con sus últimas palabras cayó de rodillas agarrándose la cabeza por el sobreesfuerzo. Él estuvo a su lado en unos instantes, pero esta vez era ella la que rechazaba su contacto. Lo empujó débilmente, pero eso solo hizo que él la levantara y la colocara sobre la cama. Las lágrimas corrían libremente por sus rubicundas mejillas.
Miedo.
Odio.
Amor.
Todo eso y más se reflejaba en su rostro y en sus recuerdos. Conocía muy bien esas emociones, siendo el odio su compañero más familiar. Sin embargo, en este momento le resultaba diferente, aquella mujer reflejará esas emociones. Se sentó con ella en la cama y esperó a que dejara de llorar.
El Ser Suave que fue su atormentador y su salvavidas hacia la cordura. La que lo volvía loco y lo único que lo mantenía en este mundo. A pesar de lo alterada que estaba y de lo mucho que se había resistido a que la levantara, su cuerpo se fundió con el suyo como siempre lo había hecho. Como si no hubieran pasado ni una sola noche separados. Si cerraba los ojos le parecía que eso era cierto, pero era la verdad. Podía verlo y debía enfrentarse a la realidad.
—Ya no estás atada a mí —comentó cuando las lágrimas por fin dejaron de correr por el rostro de la menuda mujer—. No necesitas sacrificarte por mí ni ponerte en peligro.
—Sasuke...
—Cuando volvamos a Konoha tú seguirás tu camino y yo el mío.
De todas formas, no debía tener contacto con ella. Estar juntos en este momento no debería haber sucedido.
—No quiero hacer eso.
Quería alejarla. Decirle que lo que ella quería no le importaba, pero esas palabras murieron rápidamente en sus labios. En cambio, ella se inclinó para presionar sus labios contra los suyos. Su cuerpo se movió en contra de toda lógica, acercándola y disfrutando de la sensación.
Esta mujer... Está maldita Hyūga... Sería su muerte...
Continuará... Ser unidos
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Notas: ¡Hola! ¿Qué tal les va? Por fin terminé mi semestre y pude avanzar un montón, no se imaginan las ganas que tenía de retomar las historias. Aprobé todas mis materias, por lo que ahora me merezco un buen y pequeño descanso… Y que mejor manera de descansar que acompañada del SasuHina.
Otra cosa, disculpen por esta actualización tan apresurada, pero el fin de semana pasado hubo lluvia con muuuucho viento en mi ciudad y pos… No hay wifi, por lo que toco sacrificar un par de datos móviles para subir los capítulos antes de olvidarlo. Nos estamos leyendo en próximas actualizaciones. Cuídense mucho.
Naoko Ichigo
