Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de College n Curls.
xxx
Ser unidos
¿Cuánto tiempo llevaban despiertos?
Fue tanto tiempo que el tono rosa de la mañana se había desvanecido y la luz del alba inundaba la habitación. Aun así, permanecieron allí. Él se había despertado primero y se contentaba con verla dormir. Su propio sueño había sido tranquilo. De hecho, ni siquiera recordaba haberse dormido y, desde luego, ninguna de las pesadillas habituales asoló su mente. Ella lo estaba volviendo un blandengue. En una persona servicial. Odiaba eso y al mismo tiempo seguía quedándose en aquella cama, aunque ella se hubiera despertado.
Se quedó allí tumbado porque en cuanto se levantarán, tendría que empezar el día. Con los preparativos para partir. Cuando regresaran a Konoha, ella seguiría su camino y él el suyo...
«—No quiero eso.»
Qué tonta era. El destino nunca se había preocupado por los deseos de los humanos.
—Sasuke —ella dijo suavemente, colocando suavemente una mano en su mejilla—. Buenos días.
Sus ojos se arrugaron mientras sonreía, feliz de ver que él seguía en la cama con ella. Se preguntó si ella encontraría la misma alegría dentro de cinco... Diez... Cien años, si es que el contrato hubiera seguido en vigencia. ¿Seguiría mirándolo con tanto cariño y preocupación? ¿Estaría aquí? Todas las personas a las que había amado estaban muertas. Algunos incluso los había matado con sus propias manos. ¿Terminaría ella como otro nombre en esa lista? Era mejor alejarla como hizo con sus compañeros de equipo. Interactuar con ella cordialmente. Verla crecer desde la distancia.
«—Quiero que pruebes algo nuevo.»
En el pasado se había reído de las palabras de Kakashi. Una nueva vida para un hombre roto. No parecía posible en ese momento. Esperanzas vacías construidas sobre una mentira. Tontamente, ingenuamente, ella con cuidado había unido los pedazos de él. Todo había comenzado por un sentido del deber, pero que se convirtió en mucho más.
Él no la merecía. Lo sabía, pero egoístamente, en contra de su buen juicio, quería mantenerla a su lado. Sin darse cuenta, Hinata se movió a su lado y empezó a levantarse de la cama. Salir de la cama significaba empezar el día. Representaba dejar la poca paz que tenían y enfrentarse a la realidad. Sin pensarlo dos veces, la agarró de la muñeca y la volvió a tumbar.
—Cinco minutos más —dijo, permitiéndose disfrutar libremente de la expresión de sorpresa de su compañera.
Cuando la había agarrado antes, mientras estuvo ciego, ¿ponía ella esta misma expresión? Fascinante...
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
—¿Estás seguro de esto Kiba?
Aunque Sakura creía que el clan Inuzuka poseía grandes habilidades de rastreo, le costaba creer que un simple cachorro pudiera seguir un rastro desde tan lejos. Sinceramente, puede que solo los llevara a esta casa porque olía a tocino. Su propio estómago gruñó cuando el olor del desayuno se coló por una ventana abierta.
Oh, lo que daría por estar de vuelta en la aldea y despertarse junto a Naruto para después preparar el desayuno. Sin camiseta, todo ruidoso y... Tan pronto como el pensamiento entró en su mente, se lo quitó de encima. Estaban en una misión.
—Confío en mi amiguito. ¡Nunca he tenido un cachorro que me lleve por mal camino! —respondió el castaño con seguridad mientras llamaba a la puerta—. Además, mi instinto me dice que Hinata está aquí y si esa pelea sucedió, ella podría estar herida.
Sakura pudo escuchar pasos que avanzaban lentamente por la casa. Se preguntaba quién viviría allí, en medio de la nada. La casa era enorme, parecía una posada, pero se estaba cayendo a pedazos debido a la falta de visitantes y mantenimiento. A un lado, vio que había una gran pila de leña. A pesar de lo viejo que era este lugar, había alguien lo suficientemente fuerte como para cortar toda esa madera...
—Kiba... —empezó a advertir, pero la puerta chirrió al abrirse.
La puerta apenas se entreabrió cuando el cachorro de Kiba entró en la posada como una bala, abriendo la puerta a su paso.
—¡Oh, cielos! —comenzó una voz marchita y Sakura se sorprendió al ver que la anciana luchaba por mantener el equilibrio.
Sin pensarlo, Sakura dio un paso adentro para sostenerla y se maravilló de lo livianos que eran sus huesos. Esta mujer estaba a una mala caída de romperse la cadera. Era imposible que fuese ella la que estuviera cortando toda esa leña. Lo que significaba que había alguien más aquí que podía hacerlo. Su corazón saltó ante ese rayo de esperanza. Esa persona podría ser Sasuke y donde estuviera Sasuke, estaría Hinata.
—¡Lo siento mucho, señora! —dijo Sakura mientras soltaba a la mujer.
Ella acomodó sus blancos mechones con dedos que temblaban ligeramente por la artritis y miró al grupo con escepticismo.
—¿Alguien ha puesto un anuncio sobre mi posada? Esta es la mayor cantidad de visitantes que he tenido en años.
—¿Visitantes? —preguntó Shino—. ¿Ha visto a un hombre y a una mujer...?
—La información sobre los huéspedes es confidencial —ella resopló—. Tienen suerte de que permita mascotas.
—Señora...
—Ve a sentarte donde junto al fuego y controla a ese perro.
Sakura quería sondearla más, pero Kiba y Shino ya se habían movido para adentrarse en el establecimiento. Caminaban con confianza y ella supuso que eso debía reconfortarla. Cuando miró la mano de Shino vio salir volando a un pequeño escarabajo. No tardarían en saber si iban por buen camino.
Sin embargo, todas sus preocupaciones se desvanecieron cuando los emocionados ladridos del cachorro llegaron a sus oídos. El trío dobló la esquina rápidamente para encontrar que la vieja y polvorienta sala de estar ya estaba siendo ocupada.
—¡Hinata! —gritó Kiba, saltando hacia la pequeña mujer para envolverla en un abrazo.
El cachorro se contoneaba a su alrededor, empujando su húmeda nariz en ella. Shino, aunque silencioso no se quedó atrás.
—¡Kiba-kun! ¡Shino-kun! —chilló.
—¡Hinata, apestas!
—Kiba —Shino lo reprendió, pero el bullicioso hombre solo se encogió de hombros y abrazó más fuerte a Hinata.
—¡Es la verdad! Ella no huele como siempre. No me extraña que tardáramos tanto en encontrarla.
Aunque a la médico en ella le molestaba no poder ver bien a la Hyūga por estar rodeada de sus antiguos compañeros, su lado amigable sintió alivio. Era tan agradable escuchar su voz, incluso si sonaba un poco más débil de lo normal. La escena sangrienta que encontraron en la cueva probablemente tenía algo que ver con eso.
Los ojos verdes se deslizaron del Equipo 8 a la sombra que estaba a un metro de distancia. Parecía tenso. En guardia. No había ninguna amenaza inmediata, pero Sasuke parecía dispuesto a atacar si fuese necesario. La miró brevemente, aunque duró menos de un segundo. En cambio, sus ojos seguían cada movimiento de Kiba y Shino, y una abrumadora sensación de alivio la invadió. Toda la culpa que había albergado... Todo su amor no correspondido cayó de sus hombros, dejándola con una sensación ligereza. Sasuke estaba a salvo. Podía verlo. Eso era lo único que importaba y siempre le estaría agradecida a Hinata por todo lo que había hecho para que él llegara a ese punto. Hablando de eso...
—¡Ejem! —dijo Sakura, alzando ligeramente la voz para hacerse oír por encima de todo el alboroto—. Siento interrumpir, pero voy a necesitar hacer una evaluación de nuestros objetivos.
—¿Objetivos? —preguntó Hinata y Kiba finalmente la soltó.
—Sí, el objetivo de nuestra misión era encontrarte y llevarte de vuelta a la aldea... Con suerte en una pieza a diferencia de los hombres que quedaron en la cueva.
Aunque ninguno de los dos pelinegros se inmutaron, Hinata al menos tuvo la decencia de apartar la mirada. Sakura suspiró y se quitó su ahora sofocante capa para el invierno.
—Muy bien, ¿quién quiere ir primero?
—Sasuke…
—Hinata…
Los dos rápidamente se miraron enojados después de hablar al mismo tiempo. Se produjo un enfrentamiento silencioso, hasta que Hinata finalmente cedió y se levantó del sillón. Sus movimientos eran inseguros y pesados. Sakura sintió que se le hacía un nudo en la garganta. La mujer menuda sonrió, pero no la miró a los ojos.
—Yo iré primero.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
¿Era posible que a uno le explotara el corazón de felicidad? En ese momento, Hinata creía que era posible a pesar de sus años de formación médica. Ver a sus antiguos compañeros de equipo y al cachorro que una vez cuidó fue una sorpresa más que bienvenida. Estabilizó sus agitados pensamientos para centrarse en solo unas pocas cosas. Incluso ver a Sakura con ellos fue genial. Sabía que su antigua compañera había quedado destrozada al enterarse de su compromiso con el último Uchiha. Hinata no podía culparla por ello. Sakura había amado a Sasuke durante tanto tiempo... Había sacrificado tanto... Sabía de primera mano que un amor así no desaparecía de la noche a la mañana.
Hinata respiró hondo cuando entraron en la pequeña habitación que ella y Sasuke habían estado compartiendo. Sakura miró alrededor de la habitación, evaluando cada rincón. Era algo normal, pero por alguna razón la hacía sentir extraña. A la defensiva. Como si Sakura no debiera estar al tanto de este espacio. No tenían mucho, habían llegado con lo puesto. Su ropa ahora estaba tirada junto al fuego en un montón. Irrazonablemente, la vista la hizo sonrojar.
—Está bien —dijo Sakura, interrumpiendo sus disparatados pensamientos—. Vamos a echarte un buen vistazo. ¿Puedes quitarte la bata?
Lo dijo tan clínicamente como siempre. Como si nunca hubieran salido del hospital de Konoha. Konoha. El recuerdo de la aldea la llenó de nostalgia y temor. Toda la paz y felicidad que sintió con los recién llegados se desvaneció a medida que la realidad se abría paso.
Vacilante, Hinata hizo lo que le pedían, agradecida de que Sakura no se fijara en ninguno de los moretones que cubrían su cuerpo. Todos tenía un nauseabundo tono amarillento, señal de que su cuerpo se estaba curando, pero seguía siendo incómodo. En lugar de eso, simplemente concentró chakra y se puso a trabajar. Rápidamente, los dolores y molestias que había sentido desde que se despertó hacía unos días desaparecieron. Su espalda se enderezó y el letargo que se había instalado en sus huesos se desvaneció. Vio cómo su piel recuperaba su color normal. Todos los rastros del ataque de la banda desaparecieron con la suavidad del chakra de Sakura. Cuando llegó a su cabeza, Sakura finalmente se mordió el labio con frustración.
—Está limpia, pero necesitas mejores suturas y quitarte lo que sea esto. ¡Es un milagro que esto no se haya infectado!
—Sasuke... Ayudó con eso —comentó Hinata, culpable de no haber valorado más su diligencia.
Sakura rio entre dientes mientras trabajaba. Sus suaves dedos separaron con cautela su cabello para ver mejor la herida que se estaba curando.
—Quién iba a pensar que un Uchiha podría convertirse en un blandengue.
¿Quién lo hubiera pensado? Desde luego, ella no pensaba que pudiera ser así y, sin embargo, aquí estaban...
—Hinata... ¿Estás bien?
La Hyūga en cuestión se dio la vuelta para enfrentarse a unos expectantes ojos verdes llenos de preocupación. Ella sonrió lo más tranquilizadora que pudo. Por lo general, le era tan natural como respirar, pero en este momento era tan condenadamente difícil.
—Yo…
—Tampoco te límites a decir que estás bien. Físicamente, puedo ver lo que te pasa y arreglarlo, pero hay otras cosas. Cosas que no puedo arreglar, que no puedes arreglar por ti misma. ¿Estás bien?
—No.
Se le escapó sin querer, pero una vez dicha la palabra, ya no hubo vuelta atrás. Aquella admisión de debilidad rebotó entre ellas y, antes de que Hinata se diera cuenta, las lágrimas corrían por sus mejillas. No estaba bien. Puede que su cuerpo estuviera curado, pero eso solo significaba que estaban un paso más cerca de volver a la aldea. Las palabras de Sasuke la noche anterior se repitieron en su cabeza.
«—Cuando volvamos a Konoha, tú seguirás tu camino y yo el mío.»
Sin embargo, esta mañana lo único que deseaba era abrazarla. Besarla. ¡La estaba volviendo loca! Toda esta situación era una locura, pero ella no quería renunciar a él. Con o sin contrato. Estaba enamorada de Sasuke Uchiha y no podía soportar pasar otro día separada de él. Por muy enfadada que la pusiera. Tan feliz como él la hacía. Tan egoísta como era... Ella no quería renunciar a él.
—Ven aquí —Sakura suspiró y rodeó con sus brazos los ahora temblorosos hombros de Hinata—. Cuéntamelo todo.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Cuando Hinata se había ido para estar al cuidado de Sakura, por fin se relajó. Sakura era muchas cosas, pero no era una mala médico. Por desgracia, eso lo dejo solo con los compañeros de equipo de Hinata, una situación en la que no deseaba estar. Tal vez la anciana tuviera alguna tarea en la que pudiera ayudar...
—¿Dónde ha ido esa chica? ¿La del cabello rosa? ¿Y tu mujer? No debería estar moviéndose —la familiar voz de Reika llego a la habitación antes de que la vieran. Cuando lo hicieron, pudo notar que estaba disgustada por no poder seguir la pista de todos sus visitantes.
—Está ayudando a Hinata —Sasuke respondió vagamente y eso pareció satisfacer a la mujer.
Con un gruñido pesado, colocó la bandeja que llevaba sobre la mesita. Llena de café, tostadas y tocino, era una comida escasa. Sin embargo, a juzgar por las miradas ansiosas de Kiba y el perro, era un gesto bienvenido.
—Me voy a la ciudad a buscar provisiones. Todas estas nuevas bocas que alimentar —refunfuñando la última parte en voz baja.
Aprovechando la oportunidad de marcharse, Sasuke se apartó de la pared en la que había estado apoyado para unirse a ella. El viaje de vuelta a Konoha sería largo y habían dejado todas sus provisiones en la cueva.
—No tan rápido Uchiha. Nos gustaría hablar contigo —dijo Kiba.
Toda su jovialidad de antes se había ido, reemplazada por una seriedad desconocida. Era casi divertido ver al hombre intentar hacerse el duro. Al percibir el tono serio en la voz de su amo, el cachorro finalmente se calmó y no tocó la bandeja de comida que estaba desprotegida. Poniendo los ojos en blanco, Reika resopló y salió de la habitación. Todo el tiempo se quejó de no tener a nadie que le ayudara con las compras. Cuando la mujer estuvo por fin fuera del alcance de sus oídos, Kiba tomó la palabra.
—No sé qué mentiras le has estado contando a esa pobre señora, pero Hinata no es tu esposa. Sabemos que el contrato fue cancelado por ti —habló—. También sabemos que la razón por la que Hinata apesta es porque ha pasado demasiado tiempo contigo…
—Ambos hemos sido propuestos por los Hyūga para casarnos con Hinata a nuestro regreso. Todos los herederos de clanes elegibles en Konoha y otras aldeas aliadas han recibido la misma invitación —Shino lo interrumpió—. Sería como casarse con una hermana, pero Kiba y yo acordamos que uno de nosotros aceptara. Es mejor que enviarla al mejor postor de otra aldea.
Sasuke se erizó ante la perspectiva, pero siempre había sabido que eso era lo que pasaría. Podía sentir cómo su mandíbula empezaba a apretarse mientras miraba a los dos hombres, uno de los cuales acabaría siendo el marido de Hinata. Puede que fueran shinobi de la hoja, pero ninguno de ellos podía hacerle sombra en términos de poder. Incluso en el estado en que se encontraba, con un sharingan inestable y un control imperfecto de chakra. Si estuvieran en la misma situación que en la cueva, ¿habrían sido capaces de protegerla? No. Ella estaría muerta ahora mismo y ellos también.
«Mía.»
—¿Y si ella no acepta tu amable propuesta? —se burló, tragándose la inexplicable rabia que empezaba a brotar en su interior.
«Mía.»
Contrato o no, no podía soportar que Hinata fuera entregada a un hombre que no pudiera protegerla. Los otros hombres intercambiaron una mirada cómplice y la dureza de sus expresiones disminuyó. En su lugar había lástima y eso le hizo odiarlos aún más.
«Mía.»
—Sé que ya no tienes un clan, pero estas cosas no funcionan así —Kiba suspiró y se puso en cuclillas para darle al cachorro un trozo de tocino de la bandeja. Shino asintió con la cabeza.
—Hinata es una Hyūga. Está obligada a obedecer.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Reika se había superado con la cena. El estofado que había preparado había llenado a la mayoría hasta reventar. Hinata aún podía oler la comida en la habitación. Por desgracia, no tenía mucho apetito para disfrutarlo. Su cuerpo y su mente se sentían más ligeros gracias a Sakura, pero su corazón seguía pesado. Vio pasar las horas. Pasaban tan rápido como la nieve se acumulaba alrededor de la vieja posada. A medida que avanzaba la noche, todos se fueron a sus propios alojamientos improvisados. Sakura ocupaba una habitación al otro lado del pasillo. Kiba y Shino compartían la habitación de al lado.
Y ella... Estaba sola.
Sasuke no la siguió cuando todos se separaron por la noche. En cambio, se quedó en la cocina con Reika. Aparte. Distante. Evasivo. Había algo en su mente, eso lo sabía. Después de pasar tanto tiempo juntos se le estaba haciendo mucho más fácil leerlo. Más fácil de leer, pero no de entender. Hinata suspiró y empezó a quitarse la ropa y a ponerse el camisón prestado por última vez.
Mañana tendrían que emprender el viaje de regreso a Konoha. Tendría que agradecer a Reika su hospitalidad antes de partir. La mujer no tenía por qué abrirles las puertas de su casa. Una sonrisa afectuosa se dibujó en sus labios mientras levantaba la gruesa colcha de la cama. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de acostarse, la puerta de la habitación se abrió con un chirrido.
Allí estaba Sasuke, bañado por la luz de la luna que inundaba la habitación. Sus ojos oscuros recorrieron su cuerpo. Comprobando si había heridas, se sintió satisfecho cuando no encontró ninguna. No obstante, no entró en la habitación. Era como si un campo de fuerza invisible le impidiera dar el siguiente paso. Hinata dejó caer el edredón que sostenía.
Esta sería su última noche a solas. Su última noche juntos. No quería desperdiciarla dudando y temiendo sobre el futuro. Abrumada por su responsabilidad. Su deber. No. Esta noche solo quería ser una mujer. Una mujer enamorada de un hombre que parecía que consumiría todo su ser si ella se lo permitía. Esta noche... Se lo permitiría.
Sin decir una palabra, cruzó la habitación para pararse frente a Sasuke. Él siguió cada movimiento de ella, expectante... Deseoso. Fácil de leer, pero al mismo tiempo no lo era. Si la rechazaba esta noche, no se permitiría pensar en ello. En su lugar, sería valiente y fiel a su deseo. Pensando en eso, fue que tomó su mano entre las suyas y tiró suavemente de él hacia la habitación. Sasuke respondió de inmediato, como si aquel fuera el permiso que había estado esperando. Apenas se cerró la puerta tras él, sus labios se posaron sobre los de ella.
Un fuego la recorrió desde la boca del estómago hasta los dedos de los pies. Sus dedos hormiguearon con electricidad al momento de enredarlos en el cabello de él. Cuando ella tiró de su cabello, él gimió, y ella guardó la reacción en su memoria. Por el momento, estaba demasiado ocupada intentando recordar que debía respirar. Sasuke, en cambio, no tenía esos problemas. Con aire de experiencia, la levantó y la llevó hasta la cama. Luego la dejó en la cama y su cuerpo cubrió el de ella. Le dio besos apresurados y hambrientos. La sensación la llenó de una manera que su cena abandonada no pudo. Cuando él se apartó, ella no pudo evitar soltar un gemido, un sonido tan desconocido para sus oídos.
—Sasuke.
Lentamente, Sasuke le besó la mandíbula. El cuello. Su lengua casi demasiado caliente, le recorrió la clavícula.
—Voy a hacerte mía.
Sus palabras fueron agresivas, pero desesperadas. Sus manos le recorrieron los muslos, subiendo cada vez más el camisón.
—Me vuelves loco, Hyūga —gruñó antes de pellizcarle el cuello con suavidad.
Ella jadeó mientras él le lamía cualquier dolor que pudiera sentir.
—¡Sasuke!
—No puedo pensar en otra cosa cuando estás cerca y cuando te vas, sigues ocupando mis pensamientos.
Sus dedos le rozaron las bragas, que se humedecieron rápidamente, y ella se arqueó ante su contacto.
—Di que no —le susurró al oído—. Di que no y me detendré.
Se apartó ligeramente y ella sintió que se le partía el corazón. Le estaba ofreciendo su última pizca de autocontrol. Ella le dio la única respuesta que podía darle. Suavemente, Hinata apretó sus labios contra los de él, acallando cualquier duda que aún tuviera en aquella mente espinosa. Lo deseaba.
Todo de él.
Continuará... Ser Testigos
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Notas: ¡Ahhhh! Finalmente… Por fin hicieron algo para estar juntos.
Guest Guest: Me alegra que te gustaran los capítulos anteriores.
Naoko Ichigo
