Confesiones

Inuyasha

¿Qué demonios está haciendo este imbécil aquí? ¿Y por qué no me percaté de su aroma?

- Kaho... Himari, lo siento pero debo irme, ¿tienes alguien con quien quedarte?

- Oh descuide, mi amiga se encuentra por allá, está con mis padres.

Miré por sobre mi hombro y efectivamente vi a la otra mujer junto con dos personas mayores. Sus padres ya estaban muertos al momento de conocernos en la época feudal, motivo por el cual jamás los había visto, aún así me sentí aliviado al saber que no quedaría sola.

- Genial. - volví a mirar a Kagome y noté que estaba hablando con él.

Maldición.

No lo dudé, después encontraría la manera de contactarme con Kahori, pero ahora la prioridad era proteger a Kagome y alejarla de ese malnacido.

- Gracias por el baile, nos veremos. - y me alejé sin esperar respuestas.

El camino hacia ella era corto, sin embargo se me hizo eterno. La molestia iba escalando a medida que me acercaba, recordando los múltiples enfrentamientos que había tenido con aquel idiota y sus hermanos.

Antes de si quiera decir una palabra, rodeé su cintura con mi mano, atrayéndola hacía mi, provocando que su nuca chocara con mi pecho.

- Taisho. - la voz espantosa del imbécil me seguía generando el mismo rechazo. - Que sorpresa el verte por aquí.

- Inuyasha. - murmuró. - ¿Qué estás...?

- Vine a buscarte, nos vamos a casa.

- Oh, no tenía idea que ustedes...

- Si, es mi mujer, ¿tienes algún problema con eso?

- Tranquilo... - aquella sonrisa altanera no parecía tener intenciones de borrarse. - No hicimos nada malo, ¿verdad linda?

- Oye, Magatsuhi. - coloqué a Kagome detrás de mi y me le acerqué. - No creas que me he olvidado de ti y de tu estúpido clan, asique si quieres seguir manteniendo la paz entre ambas familias lo mejor será que permanezcas lejos.

- ¿Me estas amenazando? - arqueó una ceja.

- Tómalo como quieras. - entrecerré mis ojos y, sin voltear tomé la mano de Kagome y comencé a caminar entre las personas.

Mi objetivo era claro: quería salir de allí de inmediato, sin embargo me detuve al escuchar la voz de Kagome por encima de la música.

- ¡Inuyasha! - frené y volteé, quitándome el odioso antifaz que ya no soportaba. - ¿Qué carajo estás haciendo?

- Nos vamos de este lugar.

- ¿Qué? Oye, espera un momento... no puedo irme, vine con mis amigas y...

- Puedes mandarle un mensaje luego y decirles que estas bien.

- Pero...

- Basta, Kagome. - volví a tomar su mano. - Nos vamos.

- ¡¿Y quién te crees que eres tú para llevarme de esta manera?!

Ignoré sus quejas y momentos después ya nos encontrábamos fuera.

Maldición, había olvidado que vinimos en taxi.

Pensé, emitiendo un ligero suspiro al mismo tiempo en que sin soltarla nos alejamos por la acera en dirección del centro de la ciudad. Estaba demasiado alterado, por lo que recién fui consciente de mi velocidad y de que aún sostenía su mano cuando nos encontrábamos a unas dos calles de distancia del edificio en el que se había desarrollado la fiesta.

- Lo siento. - pronuncié, deteniéndome. - ¿Quieres que te lleve a tu casa? - ella desvió la mirada sin responder. - Oye... de verdad lamento esto pero todo tiene una explicación.

- Entonces puedes decirla. - nuestras miradas se encontraron y noté que estaba molesta.

- ¿Qué te ocurre? - nuevamente miró hacía otro lado.

- Lo mismo te pregunto.

- Bien, ¿quieres que hablemos? Lo haremos, pero en mi departamento.

- ¿Y por qué...?

- Porque es más seguro que aquí. - voltee y retomé la caminata. Por suerte ella me siguió.

El resto del camino, hasta conseguir un taxi, lo transitamos en silencio. Subimos al auto y le proporcioné la dirección al chofer no sin antes mirarla de reojo. Su mentón descansaba sobre la palma de su mano mientras su brazo estaba apoyado en la puerta y su mirada perdida en la calle. Para esas alturas ya estaba seguro de que estaba enojada y dudaba de si era por lo sucedido segundos atrás o por algo más. Llegamos y subimos a mi departamos, nuevamente musicalizados por el silencio.

Ingresamos y prendí las luces. Ella pasó por mi lado y se sentó en el sofá, fijando sus ojos en mi por primera vez desde que habíamos subido al auto.

- Te escucho. - la seriedad en su tono de voz provocó que mi pecho se apretara un poco, pero ya no tenía más opciones que hablar.

- Bien. - caminé hacia ella y me senté a su lado. - ¿Qué es lo que quieres saber primero?

- ¿Acaso me estas haciendo una broma?

- Es evidente que estas molesta, dime, ¿Qué es lo que quieres saber primero? - suspiró, apretando sus manos sobre sus rodillas y comprendí que se estaba conteniendo para decir lo que verdaderamente pensaba.

Kagome

Maldición, ¿acaso soy tan simple de leer?

Pensé, suspirando mientras apretaba mis manos sobre mis rodillas. La realidad era que, a pesar de que si quería saber de donde conocía a ese extraño hombre, lo que más me interesaba era saber sobre Kahori.

¿Cómo la había encontrado? ¿Qué había sentido? ¿De que hablaron? ¿Iban a volver a estar juntos?

Demasiadas dudas que sabía que no podía preguntar, al menos no ahora, pero estaba segura de que mi autocontrol se iría por la borda en algún momento. Necesitaba tomar una decisión con respecto a todo esto.

- Dime de donde conoces a ese hombre. - a regañadientes logré controlar mis verdaderas intenciones. - Le hablaste con demasiada familiaridad.

- Magatsuhi Sakana es hijo del líder del clan contrario al nuestro. - respondió con seguridad.

- ¿Enemigos?

- Así fue durante muchos años, hasta que nuestros padres firmaron un trato de paz y, desde entonces podemos coexistir en paz.

- Déjame adivinar, ¿guerra de poderes?

- Algo demasiado normal en la época Feudal.

- Lo se... - hice una pausa. - ¿Por qué le hablaste de esa manera tan... enojada? Si entiendes a lo que me refiero...- pude notar como ahora fue él quién apretó los puños sobre sus rodillas y un destello de ira se encendió en sus ojos. - ¿Pregunté algo malo?

- No... no, no es eso pero...

Inuyasha

Inicio del flashback.

Era un día completamente soleado y pacífico. Me encontraba sobre uno de los árboles mientras Kahori recolectaba algunas hierbas medicinales para llevar a la aldea. Todo parecía normal, hasta que percibí su aroma. Inmediatamente me puse de pie sobre aquella rama y entrecerré mis ojos en el horizonte.

Ese maldito, ¿Qué demonios está haciendo por este lugar?

- ¿También lo notaste, Inuyasha? - miré hacía abajo y vi a Kahori mirando en la misma dirección.

- Si, ya se de quién se trata. - descendí, colocándome a su lado. - Es el hijo de Saiko Sakana.

- ¿Qué? - me miró. - ¿Conoces a su clan?

- Él y mi padre fueron enemigos desde siempre... todos ellos son unos malditos tramposos.

¿Qué?

Miré a uno de los laterales y tomé a Kahori por la cintura, arrojándonos al suelo.

- ¡Cuidado! - grité en el mismo instante en el que aquel ataque rozó nuestras cabezas.

- ¡¿Qué fue eso?!

- ¡Magatsuhi! - grité, poniéndome de pie y mirando el la dirección en la que él se encontraba.

- Inuyasha Taisho, que sorpresa el verte por aquí. - me respondió, sonriendo.

- Maldito hijo de puta, ¡¿A qué mierda viniste?!

- ¿Acaso tu padre no te enseñó modales? - tomó la empuñadura de su espada. - En ese caso puedo encargarme por él.

- Keh, ¿verdaderamente crees que tienes la mayor ventaja?. - desenvainé a Tessaiga, quien se transformó de inmediato.

Sin embargo, antes de que pudiese abalanzarme sobre él, una flecha pasó a mi lado, obligándolo a retroceder antes de que pudiese alcanzarlo.

Kahori...

La miré por sobre mi hombro y aún se mantenía con su arco empuñado.

- Mujer. - susurró, perdiendo completamente la altanería que poseía segundos atrás. - Esto no tiene nada que ver contigo.

- Por supuesto que lo tiene. - respondió con firmeza. - ¿Crees que puedes venir a atacarnos y me quedaré de brazos cruzados? Será mejor que te marches si no deseas morir aquí.

- ¿Quieres pelear? - desenvainó su arma. - Porque no tendré problema en mandarte al infierno junto con este idiota.

- Si te atreves a ponerle un dedo encima, será lo último que hagas en tu vida. - dirigí mi espada hacía él, quién permaneció en silencio unos momentos.

Fin del flashback.

- Nunca supe que fue lo que pensó en ese momento, pero terminó por retirarse del lugar. - mis ojos se fijaron en el suelo.

- Quizás... quizás supo que si tú y Kahori unían sus poderes sería demasiado para él.

- Tal vez.

Sin embargo... unos meses después de ese encuentro, Kahori fue asesinada y la Perla de Shikon robada y, aunque nunca pude encontrar al culpable, si sospeché de Magatsuhi.

- Inuyasha. - volví a mirarla y noté el nerviosismo en sus ojos, los cuales cerró al mismo tiempo en que inhalaba profundamente. - Se que te encontraste con Kahori en la fiesta.

- ¿Qué? - fue lo único que logré pronunciar.

Kagome

Sabía que era el momento oportuno para preguntar por ella sin parecer una desesperada o una celosa, por lo que cerré mis ojos y me animé a soltar aquellas palabras. Al abrirlos me encontré con su expresión absorta y estaba segura de que no se imaginaba para nada esto.

- Lo se porque los vi bailando, además... yo hablé con ella. - sus labios se separaron ligeramente antes de que pudiese responderme.

- Espera... ¿Qué? ¿Cómo que hablaron?

- Si, bueno... - procedí a relatarle sobre mi pequeño accidente en el baño y como ella había ofrecido su ayuda. - Pero... me dijo que su nombre era Himari.

Había algo que, sin darme cuenta, había llegado a conocer muy bien de Inuyasha y era aquel brillo que emergía en sus ojos cuando algo le afectaba, y era el mismo que estaba observando en ese momento.

- Ella... - hizo una pausa. - Ella también me dijo que se llamaba así.

- ¿Qué? - ahora la sorprendida fui yo. - ¿Cómo que...? ¿Por qué?

- Porque ella no me recuerda, Kagome. - me sonrió.

Una hermosa y triste sonrisa.

- Yo... no se porque esta aquí, pero... estoy seguro de que ella no recuerda absolutamente nada de su vida pasada... y eso me incluye.

- Inuyasha... yo, lo siento mucho, no quería...

- ¿Por qué te disculpas?

- Bueno, porque... no debí preguntarte nada referido a ella, es decir...

- Oye, no hagas eso. - se acercó, colocando su mano en mi mejilla. - Sabes más de mi que yo de ti, tienes la libertad de preguntarme lo que sea.

- ¿De... de verdad? - asintió, alejando su mano. - Bueno... en ese caso... ¿Qué planeas hacer?

- ¿Con que?

- Con ella.

Permaneció en silencio durante unos segundos, segundos en los cuales posó sus ojos sobre el suelo, seguramente pensando su respuesta.

- No lo se. - sentenció finalmente. - Y... por el momento no deseo pensar en todo esto.

- Entiendo, es algo que te afecta, supongo.

- Bueno... no esperaba volver a verla, al menos no en este tiempo y mucho menos en este momento.

- Hablas como si no te hubieses alegrado de saber que esta con vida.

Inuyasha

Me congelé ante sus palabras, y es que verdaderamente mi primera reacción no había sido de alegría precisamente, es más, si tenía que encontrar alguna palabra que se acercara más fielmente a lo que verdaderamente había sentido, era rabia.

Rabia de no comprender absolutamente nada.

- No es eso, es decir, si me alegra saber que esta bien y, al parecer, lleva una buena vida, pero...

- Pero te duele el no poder retomar en donde quedaron porque no te recuerda. - se adelantó, quizás con la intención de saber realmente si yo quería o no regresar a su lado.

- Kagome. - en un impulso la tomé de las manos, sorprendiéndola. - En el mismo momento en el que te vi hablando con Magatsuhi decidí ir a buscarte...

- Porque temiste que pudiese estar en peligro.

- Te recuerdo que Kahori también estaba ahí... - mi tono se volvió serio de repente. - ¿Ya olvidaste lo que acabo de contarte?

Y en ese momento cayó en cuenta de lo que le estaba diciendo.

- ¿No temes que él vaya a lastimarla?

- No tiene motivos para hacerlo. En la época feudal Kahori era blanco de todos los seres malignos debido a la perla que protegía, ahora no hay nada que haga que su vida este en riesgo.

Y verdaderamente estoy muy agradecido con que ella tenga la posibilidad de llevar una vida normal.

- Inuyasha... yo no te estoy comprendiendo. - se zafó de mi agarre, cruzando sus brazos. - ¿Qué es lo que quieres en verdad?

- ¿Qué es lo que quiero?

- Me dijiste que no soy una más. - repentinamente su tono reveló una seriedad que, en el fondo, me preocupaba. - ¿Qué significa eso?

Suspiré, quizás preparándome mentalmente para mostrar mi lado vulnerable por segunda vez en mi vida ante los ojos de una mujer.

Una que me interesa más allá de lo que hubiese imaginado.

- Yo... choqué con Kahori cuando tú saliste del cuarto, ya sabes... - tragué saliva. - Y... lo primero que se me vino a la mente después de que logré salir del shock inicial, fue ir a buscarte. - sus ojos se abrieron bastante ante mis palabras. - Sabía que la única persona capaz de calmar la tormenta interna que estaba sintiendo eras tú, y no me equivoqué. - sonreí.

- Entonces... fue por eso que llegaste tan alterado.

- Si, lamento si te preocupe.

- No, no tienes que disculparte, pero... realmente es lindo que me digas eso. - sonrió y mi corazón comenzó a golpear con más fuerza.

Y es que su sonrisa realmente lograba desarmarme.

Sin embargo, aquella pequeña calidez duró poco, ya que de la mismísima nada recordé que, más temprano ese día, la había invitado a tomar un café la siguiente tarde, por ende recordé el motivo que me llevó a hacerle esa invitación.

- Maldición. - murmuré, colocando mis codos sobre mis rodillas al mismo tiempo en que comenzaba a restregar mis cienes.

- ¿Qué te ocurre? ¿Te sientes bien? - se acercó un poco más, acariciando mi espalda con su suave mano.

- Si, es que... había olvidado algo, algo que tengo que decirte. - la miré.

- ¿Qué sucede?

- ¿Recuerdas que te invité a tomar algo mañana? - asintió.

El repiquetear de mi corazón había escalado niveles que ni siquiera recordaba haber llegado, al mismo tiempo en que me debatía internamente si tenía que ser directo o tratar de dilatar la situación lo más posible. Evidente me quedé demasiado tiempo pensándolo, porque ella se pronunció.

- Me estas asustando, dime que pasa.

Yo también estoy asustado, Kagome, no tengas dudas de ello. Sin embargo, mi miedo no pasa por la situación, si no porque temo que te alejes para siempre al saber esto.

- Es sobre Kikyo...

- ¿Kikyo? - me miró confundida.

- Ella... - realmente no quería decirlo. - Ella está embarazada. - quise desviar mi mirada, pero sabía que debía sostenerla en sus ojos. - Esta esperando un hijo mío.

Extra.

Miroku.

Al llegar nuevamente al salón la busqué con la mirada y, a pesar de mi aguda visión, no logré encontrarla por lo que tuve que recurrir a mi olfato sensible, el cual me resultaba bastante útil a pesar de que no era tan acertado como el de Inuyasha.

Lo mío siempre serán las energías, pero la de Sango aún no he logrado distinguirla.

Comencé a caminar entre las personas, siguiendo aquel pequeño rastro que me llevó a lo que parecía ser una especie de puerta camuflada. Me acerqué, en ese momento un hombre salió y lo reconocí de inmediato: Hoshiyomi, el director del hospital. Segundos después, Sango apareció.

- Vaya Saoto, no sabía que te agradaban las personas mayores. - pronuncié tratando de parecer tranquilo, aunque en el fondo una ligera molestia me invadía. Ella volteó y su mirada me desconcertó.

- ¡Miroku! - para mi sorpresa, se lanzó a mis brazos, corroborando que mis sospechas no eran infundadas. - Por favor, necesito encontrar a mis amigas.

- ¿Qué te sucede? - la tomé por los brazos, notando que estaba temblando ligeramente. - ¿Sucedió algo con el director del hospital?

- ¿Lo viste salir?

- Sango. - para ese momento mi mente había comenzado a volar y lo que me estaba imaginando no me agradaba en lo absoluto. - No me digas que te hizo algo porque te juro que lo asesino en este instante.

- ¿Qué? - me observó confundida. - ¡No! ¡No es lo que esta pensando!

- ¿Entonces?

Comenzó a mirar en todas direcciones, casi como si estuviese buscando a alguien.

- Por favor, ayúdeme a encontrar a Rin y a Kagome, necesito sacarlas de aquí.

- De acuerdo. - tomé su mano. - Pero tendrás que explicarme lo que está sucediendo.

Nuevamente nos adentramos en aquella marea de gente y, si debía ser honesto, el hecho de haber concluido con mi deber no me daba más motivos para quedarme en aquel lugar. Luego de un par de minutos, noté que ella se detuvo repentinamente.

- ¿Qué sucede, Sango? - volteé y vi en sus ojos una especie de miedo, por lo que redirigí mi mirada a la misma dirección.

No puede ser, ¿Qué está haciendo él aquí?

- Es él. - murmuró ella, llamando mi atención.

- ¿Qué? ¿De donde lo conoces?

- ¿Usted lo conoce?

Para esas alturas mi mente era un caos, pero sabía que la prioridad en ese instante era apartar a la señorita Kagome de Magatsuhi, sin embargo cuando estaba a punto de dar a un paso, vi que Inuyasha se acercó y la alejó, cruzando un par de palabras con él, algo que me pareció más que oportuno.

- ¿A quién más dijiste que teníamos que buscar? - regresé mis ojos a Sango. - No te preocupes por Kagome, Inuyasha está con ella.

- ¿Cree que se quedará a su lado?

- Estoy seguro? - los miré por sobre mi hombro. - ¿Lo ves? Se están yendo juntos, vamos a buscar a la otra chica.

- ¡Rin! - gritó. - ¡Se suponía que había ido al baño con Kagome pero no esta aquí!

Aquello reactivó mi preocupación, ya que conocía muy bien a Magatsuhi y a los Sakana en general, sabía que ellos no eran de fiar al igual que quienes los rodeaban.

- Bien, busquémosla. - volví a tomar su mano y a caminar en otra dirección.

Rápidamente me percaté de aquel conocido aroma y me sorprendí, ya que era muy extraño el que él viniese a este tipo de eventos. Me dirigí en su dirección y lo encontré bailando con una jovencita.

- ¿Rin?

- ¿Ella es tu amiga? - su expresión mostraba una mezcla de confusión y molestia.

- Si, es ella, ¿no recuerda que hace rato la saludó al acercarse?. - se soltó de mi agarre y se acercó rápidamente.

No, realmente ni siquiera recuerdo haberla observado, pero si tú lo dices...

- Rin.

- ¿Sango? - se alejó de Sesshomaru de inmediato. - ¿Qué sucede?

- Pensé que habías ido a acompañar a Kagome al baño.

- Y si lo hice, pero...

- Señoritas. - intervine al notar la ligera tensión en las palabras de Sango. - Les recuerdo que estamos en una fiesta, por favor si tienen algo que discutir, pueden hacerlo en privado.

- Tiene razón. - redirigió sus ojos a su amiga. - Lo mejor será que nos vayamos.

Por la mirada de la joven pude notar que estaba apenada por algo, quizás por haber estado con Sesshomaru, quién se mantuvo inmutable en todo momento.

- Yo te llevaré, Rin. - pronunció, sorprendiéndonos a todos.

- ¿Y tú por qué? - no quedaban rastros del miedo que ella manifestaba segundos atrás. - ¿Acaso me estoy perdiendo de algo?

- Sango, tú vienes conmigo. - nuevamente interferí.

- ¡Usted no se meta! - me apuntó con el dedo y tomé su mano, acercándola a mi. - Tú y yo tenemos que hablar.

Su cuerpo se tensó y, al separarse de mi, nos observamos durante unos segundos hasta que me dio la espalda, mirando a su amiga.

- ¿Vas a ir mi casa o a la tuya?

- Voy a ir con Kohaku...

- De acuerdo. - suspiró. - Llévala y espero que no tengas otros planes. - entrecerró sus ojos. - No me importa que seas un Taisho.

- Sango, puedo irme en un taxi, no es necesario que él...

- Vámonos. - dijo Sesshomaru, alejándose.

- Ve. - el tono de Sango se suavizó. - Después hablaremos.

Sin responder, la joven siguió al hermano de Inuyasha mientras que Sango no les quitaba los ojos de encima.

- ¿Se encuentra todo bien? - francamente la curiosidad me estaba ganando.

- Eso espero. - me miró. - ¿Vamos?

Ayame

- ¿Por qué me pides eso? - realmente me había desconcertado con aquella petición.

- Porque no. - respondió Koga, sin más. - ¿Y a ti que te ocurre? ¿Por qué estas llorando?

- ¿Preguntas por curiosidad o que? - toda la mezcla de emociones que estaba sintiendo en ese momento no ayudaba a mi humor.

- Señorita Ayame, ¿va a regresar a su casa? - ambos fijamos nuestra mirada en Myoga.

- No te preocupes, anciano Myoga, yo puedo llevarla, de todos modos ya estaba por largarme de este lugar.

Me quedé en shock, jamás en la vida se me había cruzado la posibilidad de que ellos se conocieran, por lo me vi en la obligación de preguntarle.

- ¿De donde lo conoces?

- En este lugar tengo muchos conocidos, ¿no es así? - sus ojos celestes se posaron en los de él.

- ¿Quiere ir con él, señorita? El joven Koga no es un ser malo.

Vaya, para que me pregunte eso después de todo lo que sucedió, significa que realmente es de confianza... o eso parece.

- ¿Qué le dirás a mi padre?

- La verdad, que se fue a su casa escoltada por uno de sus hombres.

- ¿Uno de sus hombres? - miré a Koga. - ¿Trabajas para mi padre?

- Ni siquiera se quien es. - se encogió de hombros.

- Bien. - pase por su lado. - Llévame a mi casa.

- Oye no me agrada tu tono. - me siguió. - Me ofrecí por amabilidad, pero...

Ambos nos detuvimos a unos metros de distancia de la puerta, seguramente sorprendidos por la imagen que se presentó frente a nuestros ojos. Inevitablemente mis ojos viajaron a Koga y noté que estaba con su ceño fruncido.

Y no era para menos teniendo en cuenta que acabábamos de ver a Kagome salir de la mano de Inuyasha Taisho.

- Puedes seguirlos si lo quieres. - pronuncié, visiblemente incómoda.

- No es necesario. - emitió un leve suspiro. - Kagome es libre de hacer lo que se le da gana, después de todo no es mi novia.

No supe que responder, después de todo Kagome era mi amiga. Me quedé allí durante unos segundos hasta que decidí salir, rogando no encontrarme con ellos afuera. Afortunadamente el exterior estaba desolado.

- Pediremos un taxi. - Koga se posicionó a mi lado, tomando su celular.

- De acuerdo.

El silencio reinó durante unos minutos y, cuando finalmente guardó su móvil, me miró, poniéndome un poco nerviosa.

- Eres una hanyo.

Me tomó por sorpresa, sorpresa que evidentemente se reflejó en mi rostro.

- ¿Cómo lo sabes?

- Tu aroma, tu energía... los no humanos nos reconocemos con facilidad, ¿no crees?.

- Bueno... - miré el suelo, notablemente nerviosa. - Se de algunos demonios, pero...

- Tú olfato no está muy desarrollado, se nota. - colocó sus manos en sus bolsillos. - ¿Cuál de los dos es el humano?

- Mi madre. - el recordarla hacía que todo se volviera más que pesado. - Ella es una sacerdotisa.

- ¿Tienes poderes espirituales?

- No lo sé.

- ¿Ni siquiera te han entrenado? - meneé la cabeza. - Se ve que tu familia no te quiere demasiado... cualquier hanyo no entrenado es un blanco fácil.

- No se que decirte. - su comentario me había molestado, más no quería más problemas.

- De igual manera... tienes suerte.

- ¿Suerte?

- Tu apariencia es linda.

¿Qué demonios acaba de decir? ¡¿Y por qué me estoy poniendo tan nerviosa?!

- Quiero decir que te pareces mucho a una humana normal, podrías haber salido con ciertas cosas como orejas o algo más.

- Cla... claro, entiendo.

No pude seguir mirándolo sin sentir que mis mejillas iban a estallar. Por suerte para mi, antes de que pudiésemos seguir hablando, el taxi llegó.

Magatsuhi.

Estar entre simples humanos era una de las torturas más grandes que había tenido que soportar durante toda mi vida y esta no era la excepción.

Miserables seres inútiles, jamás comprenderé el motivo de su existencia.

Sin embargo aquellos tormentosos pensamientos se borraron al encontrar entre la multitud a aquella hermosa joven.

¿Será ella?

Pensé, tratando de recordar la imagen que Ayame se había visto obligada a mostrarme de sus amigas y supe que no estaba errado. Me acerqué sin dudarlo.

Vaya, que exquisito aroma... es muy dulce. Si su sangre sabe como huele, debe ser exquisita.

Me fue imposible no relamerme los labios, pero logré contenerme sin que notara mis intenciones.

- Buenas noches, señorita. - pronuncié y ella volteó, sorprendiéndose.

- Bu... buenas noches. - perfecto, las mujeres con los nervios maleables me fascinaban.

- Disculpe si la asusté. - sonreí. - Pero me llamó la atención el verla tan sola aquí.

- Si, bueno, estaba buscando a mis amigas.

- ¿Quiere que la acompañe? Juntos las encontraremos más rápido.

Estaba a punto de responder cuando fue apartada de mi cercanía por nada más ni nada menos que Taisho.

- Taisho, que sorpresa verte por aquí.

Estaba tan entretenido con ella que no me percaté de que te encontrabas en este lugar.

- Inuyasha. - murmuró ella. - ¿Qué estás...?

- Vine a buscarte, nos vamos a casa.

- Oh, no tenía idea que ustedes...

- Si, es mi mujer, ¿tienes algún problema con eso? - su clara molestia denotaba su interés en ella.

Algo que me recuerda a los viejos tiempos cuando morías por proteger a esa sacerdotisa.

- Tranquilo... - sonreí. - No hicimos nada malo, ¿verdad linda?

- Oye, Magatsuhi, no creas que me he olvidado de ti y de tu estúpido clan, asique si quieres seguir manteniendo la paz entre ambas familias, lo mejor será que permanezcas lejos.

- ¿Me estas amenazando? - siempre con sus patéticos intentos de discursos intimidantes.

- Tómalo como quieras. - sin decir más, tomó la mano de la joven y se perdieron entre la multitud.

Asique esta tal Kagome es tu nuevo interés amoroso, ¿verdad?

Pensé, sonriendo mientras recordaba aquel Secreto que guardaba con orgullo en mi pecho, uno que sabía que podía destruirlo por completo cuando lo supiera. Miré a uno de los laterales y vi a Kahori sonriendo y charlando, casi como si fuese una señal del destino.

Te ves tan tranquila, ¿Quién diría que hace cientos de años pereciste bajo mis garras?