Descargo de responsabilidad: ya saben ustedes que PUCCA y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a su creador Boo Kyoung Kim. Yo sólo usé sus personajes, para crear esta historia loca, pero según yo entretenida.

Descargo de responsabilidad 2: así como el libro de Harry potter sus personajes no me pertenecen, pues le pertenecen a la autora JKRollin. yo sólo utilicé a Harry potter para juntarlo con Pucca, así que no plagien, adapten o copien por favor que eso no está bien.

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"Aprender a aceptar nuestros errores es el primer paso para liberarnos de la vergüenza." _(Garu, William Potter, Sanada y Harry James Potter)

Las cosas no podían haber salido peor, con Pucca castigada y ellos atrapados, era como si algo conspirara para que saliera mal. Filch los llevó al despacho de la profesora McGonagall, en el primer piso, donde se sentaron a esperar, sin decir una palabra.

Hermione y Garu temblaban, era obvio que no estaban muy acostumbrados a meterse en problemas. Excusas, disculpas y locas historias cruzaban la mente de Harry, cada una más débil que la otra.

No podía imaginar cómo se iban a librar del problema aquella vez, pero Harry bien sabía que debía decir algo. Estaban atrapados, y lo peor es que nada sé le venía a la cabeza como para excusarse.

¿Cómo podían haber sido tan estúpidos para olvidar la capa?

No había razón en el mundo para que la profesora McGonagall aceptara que habían estado vagando durante la noche, para no mencionar la torre más alta de Astronomía, que estaba prohibida, salvo para las clases. Si añadía a todo eso Norberto y la capa invisible, ya podían empezar a hacer las maletas.

¿Harry pensaba que las cosas no podían estar peor?

Estaba equivocado, para mala suerte de Hermione, Garu y él mismo. Cuando la profesora McGonagall apareció, llevaba a Neville.

–¡Harry! ¡Garu!

Estalló alarmado Neville en cuanto los vio.

–Estaba tratando de encontrarlos para prevenirlos, oí que Malfoy decía que iba a atraparlos, dijo que tenían un drag...

Harry negó violentamente con la cabeza, para que Neville no hablara más, pero la profesora McGonagall lo vio. Lo miró como si echara fuego igual que Norberto y se irguió, amenazadora, sobre los cuatro.

–Nunca lo habría creído de ninguno de vosotros. El señor Filch dice que estabais en la torre de Astronomía. Es la una de la mañana. Quiero una explicación.

Ésa fue la primera vez que Hermione no pudo contestar a una pregunta de un profesor, al igual que Garu, que evitaba la mirada de la profesora. Hermione miraba fijamente sus zapatillas, tan rígida como una estatua.

–Creo que tengo idea de lo que sucedió.

Dijo seria la profesora McGonagall.

–No hace falta ser un genio para descubrirlo, Harry. Tú y tu hermano se inventaron una historia sobre un dragón para que Draco Malfoy, Jing Jing Ryddle y hasta Pucca Black Dooda salieran de la cama y se metieran en líos. Te he atrapado. Supongo que te habrá parecido divertido que Longbottom oyera la historia y también la creyera, ¿no?

Harry captó la mirada de Neville y trató de decirle, sin palabras, que aquello no era verdad, porque Neville parecía asombrado y herido. Pobre mete-patas Neville, Harry sabía lo que debía de haberle costado buscarlos en la oscuridad, para prevenirlos.

–Estoy disgustada.

Dijo molesta la profesora McGonagall.

–Siete alumnos fuera de la cama en una noche. ¡Nunca he oído una cosa así! Ustedes dos, Hermione Granger y William Potter Sanada, pensé que tenían más sentido común. Y tú, Harry Potter... Creía que Gryffindor significaba más para ti. Los cuatro sufriréis castigos... Sí, tú también, Longbottom, nada te da derecho a dar vueltas por el colegio durante la noche, en especial en estos días: es muy peligroso y se os descontarán cincuenta puntos de Gryffindor.

–¿Cincuenta?

Resopló asombrado Harry, asustando a Garu y Hermione. Iban a perder el primer puesto, lo que había ganado en el último partido de quidditch.

–Cincuenta puntos cada uno.

Dijo tajante la profesora McGonagall, resoplando a través de su nariz puntiaguda.

–Profesora... por favor... Usted, usted no...

–No me digas lo que puedo o no puedo hacer, Harry Potter. Ahora, volved a la cama, todos. Nunca me he sentido tan avergonzada de alumnos de Gryffindor.

Doscientos puntos perdidos, se lamentaron los 4 en silencio. Eso situaba a Gryffindor en el último lugar, peor de lo que Harry y Garu habían pensado.

En una noche, habían acabado con cualquier posibilidad de que Gryffindor ganara la copa de la casa. Harry sentía como si le retorcieran el estómago, su gemelo no podía ni levantar la mirada al sentir que rompía su honor tan preciado.

¿Cómo podrían arreglarlo?

Garu y Harry no lo sabían, por eso mismo Harry y Garu no durmieron aquella noche. Podían oír el llanto de Neville, que duró horas.

No se les ocurrían nada que decir para consolarlo, ya que Harry nunca había consolado a nadie y Garu nunca fue bueno en ello. Sabían que Neville, como ellos mismos, tenían miedo de que amaneciera.

¿Qué sucedería cuando el resto de los de Gryffindor descubrieran lo que ellos habían hecho?

Al principio, los Gryffindors que pasaban por el gigantesco reloj de arena, que informaba de la puntuación de la casa, pensaron que había un error. ¿Cómo iban a tener, súbitamente, doscientos puntos menos que el día anterior? Y luego, se propagó la historia.

Harry y Garu Potter, los famosos Harry y Garu Potter, Harry el héroe de dos partidos de quidditch y Garu el protector de lo justo, les habían hecho perder todos esos puntos, ellos y otros dos estúpidos de primer año, que al parecer no tenían nada mejor que hacer.

De ser dos de las personas más populares y admiradas del colegio, Harry y su hermano Garu súbitamente eran los más detestados. Hasta los de Ravenclaw y Hufflepuff les giraban la cara, porque todos habían deseado ver a Slytherin perdiendo la copa.

Por dondequiera que Garu y Harry pasaran, lo señalaban con el dedo y no se molestaban en bajar la voz para insultarlos. Los de Slytherin, por su parte, les aplaudían y les vitoreaban, diciendo:

«¡Gracias, Potter, les debemos una!»

Sólo Ron los apoyaba.

–Se olvidarán en unas semanas. Fred y George han perdido puntos muchas veces desde que están aquí y la gente los sigue apreciando.

–Pero nunca perdieron doscientos puntos de una vez, ¿verdad?

Dijeron Garu y Harry tristemente.

–Bueno... no.

Admitió apenado Ron, lamentando la situación de sus amigos. Era un poco tarde para reparar los daños, pero Harry y Garu se juraron que, de ahí en adelante, no se meterían en cosas que no eran asunto de ellos.

Todo había sido por andar averiguando y espiando, ya lo sabían y por eso se sentían mal. Se sentían tan avergonzados que ambos gemelos fueron a ver a Wood y le ofrecieron su renuncia, aunque a él no le pareció por nada del mundo.

–¿Renunciar?

Exclamó indignado Wood.

–¿Qué ganaríamos con eso? ¿Cómo vamos a recuperar puntos si no podemos jugar al quidditch?

Wood miraba a los hermanos Potter con determinación, sus cejas fruncidas en una mezcla de sorpresa y frustración. A pesar del desastre que habían causado, no estaba dispuesto a perder a sus mejores jugadores en el equipo de quidditch.

Harry y Garu intercambiaron miradas incómodas, sabiendo que su oferta de renunciar no ayudaría en nada, pero el sentimiento de culpa pesaba demasiado. Así que suspiraron cabizbajos, sin que Garu mirara a nadie en particular.

–Pero, Wood...

Comenzó serio Harry, con la voz llena de arrepentimiento.

–Todo esto es culpa nuestra. Gryffindor está en el último lugar por nuestra imprudencia.

Wood agitó la mano, cortando el comentario de Harry.

–Escuchen, sí, cometieron un error. Uno grande.

Admitió serio, manteniendo su tono firme.

–Pero renunciar no solucionará nada. Lo que debemos hacer ahora es luchar más fuerte que nunca. No hay razón para rendirse.

Garu, siempre silencioso pero observador, asintió lentamente. Su hermano mayor, aunque fuera solo por unos minutos, siempre había sido un modelo de valentía, pero ahora Garu sentía una carga mayor sobre sus hombros. Sabía que él también debía hacer algo para reparar el daño.

–Wood tiene razón.

Dijo firme Garu, finalmente encontrando su voz y levantando la mirada.

–Si nos rendimos ahora, será como si le diéramos la victoria a Slytherin.

Harry miró a su hermano, sorprendido por sus palabras. Garu no solía intervenir tanto en conversaciones, pero era claro que estaba decidido a no dejar que su error los definiera.

–Entonces, ¿seguiremos en el equipo?

Preguntó curioso Harry, con una mezcla de duda y esperanza.

–Por supuesto que sí.

Respondió seguro Wood, esbozando una pequeña sonrisa forzada.

–Y más les vale entrenar como nunca antes lo han hecho. Tenemos que ganar ese próximo partido. Será nuestra única oportunidad de compensar los puntos perdidos.

Los Potter asintieron, sabiendo que la batalla aún no había terminado. Aunque el ambiente en Gryffindor seguía siendo tenso y las miradas de decepción no desaparecían, tenían un objetivo claro en mente: devolver a su casa el honor perdido.

Pero hasta el quidditch había perdido su atractivo, se esforzaban y todo, pero nadie les miraba sí quiera. El resto del equipo no les hablaban durante el entrenamiento, y si tenían que hablar de ellos los llamaban:

«Los buscadores.»

Hermione y Neville también sufrían, aunque por supuesto no era lo mismo. No pasaban tantos malos ratos como Harry y Garu porque no eran tan conocidos, pero nadie les hablaba.

Garu y Hermione habían dejado de llamar la atención en clase, y se quedaban con la cabeza baja, trabajando en silencio. Harry casi estaba contento de que se aproximaran los exámenes, ya que lo mantenían ocupado en otra cosa como a sus amigos.

Las lecciones que tenía que repasar alejaban sus desgracias de su mente, olvidando por un momento la difícil situación de él y su gemelo. Él, Pucca, Ron, Hermione y Garu se quedaban juntos, trabajando hasta altas horas de la noche, tratando de recordar los ingredientes de complicadas pociones, aprendiendo de memoria hechizos y encantamientos y repitiendo las fechas de descubrimientos mágicos y rebeliones de los gnomos.

Y entonces, una semana antes de que empezaran los exámenes, las nuevas resoluciones de Harry y Garu de no interferir en nada que no les concerniera sufrieron una prueba inesperada. Una tarde que salían solos de la biblioteca oyeron que alguien gemía en un aula que estaba delante de ellos, llamando su atención de inmediato por sonido. Mientras se acercaban, oyeron la voz de Quirrell.

–No... no... otra vez no, por favor...

Parecía que alguien lo estaba amenazando, algo que los gemelos querían descubrir. Así que Garu y Harry se acercaron, tratando de oír con atención.

–Muy bien... muy bien.

Oyeron que Quirrell sollozaba, haciendo que ambos sé alarmaran ligeramente. Al segundo siguiente, Quirrell salió apresuradamente del aula, enderezándose el turbante. Estaba pálido y parecía a punto de llorar.

Desapareció de su vista y Harry y Garu pensaron que ni siquiera lo habían visto, aunque era más que obvio que sí pasó. Esperaron hasta que dejaron de oírse los pasos de Quirrell y entonces inspeccionaron el aula, llenos de curiosidad por lo que pasó.

Parecía vacía, pero la puerta del otro extremo estaba entreabierta. Harry y Garu estaban a mitad de camino, cuando recordaron que se habían prometido no meterse en lo que no les correspondía.

Al mismo tiempo, habrían apostado doce Piedras Filosofales a que Snape acababa de salir del aula y, por lo que Garu y Harry habían escuchado, Snape debería estar de mejor humor... Quirrell parecía haberse rendido finalmente, lo que no parecía una buena noticia.

Harry y Garu regresaron a la biblioteca, en donde Hermione estaba repasándole Astronomía a Ron y a Pucca. Harry les contó lo que había oído, Garu solo se sentó junto a Pucca y asentía con la cabeza de vez en cuando para confirmar lo que decía su gemelo.

–¡Entonces Snape lo hizo!

Dijo serio Ron, más fuerte después de que sufriera la mordida del dragón y de que Ronnie King lo curara.

–Si Quirrell le dijo cómo romper su encantamiento anti-Fuerzas Oscuras...

–Pero todavía queda Fluffy.

Dijo segura Hermione, agregando con entusiasmo Pucca.

–Sí, no creo que nadie pueda pasar a ese lindo perrote de tres cabezas.

–Eso no lo sabemos.

Murmuró Harry, inquieto.

–Si Snape ya consiguió que Quirrell cediera, es solo cuestión de tiempo que averigüe cómo burlar a Fluffy.

Hermione frunció el ceño, pero no dijo nada. Mientras, Garu parecía ensimismado, observando a Pucca de reojo, como si el estrés de la situación pesara menos en su mente cuando la miraba.

Aunque nunca hablaba mucho, era evidente que la presencia de Pucca le daba una calma que pocos más conseguían. Claro que no lo admitiría todavía, pues sabía que ella sé pondría más efuciba y él necesitaba aún conseguir el honor perdido de sus tíos los Sanada.

–Así es, tal vez Snape descubrió cómo pasar ante él sin preguntarle a Hagrid y aún no lo sabemos.

Dijo firme Ron, mirando a los miles de libros que los rodeaban.

–Seguro que por aquí hay un libro que dice cómo burlar a un perro gigante de tres cabezas. ¿Qué vamos a hacer, Harry, Garu?

La luz de la aventura brillaba otra vez en los ojos de Ron, algo que no sé veía nada bueno. Pero Hermione respondió antes de que Garu y Harry lo hicieran, como para evitar otra imprudencia de los chicos.

–Ir a ver a Dumbledore. Eso es lo que debimos hacer hace tiempo. Si se nos ocurre algo a nosotros solos, con seguridad vamos a perder.

–¡Pero no tenemos pruebas!

Exclamó serio Harry, agregando Garu con seriedad.

–Es verdad, sin nada en concreto, volveremos a salir perjudicados.

Hermione frunció el ceño, evidentemente frustrada por la situación. Sabía que Harry y Garu tenían razón, pero no le gustaba la idea de no informarle a Dumbledore.

Pero sin pruebas concretas, cualquier acusación que hicieran contra Snape no solo caería en oídos sordos, sino que también podría hacerles parecer imprudentes ante Dumbledore. Sin embargo, la creciente preocupación por lo que estaba ocurriendo no les dejaba en paz.

–Necesitamos ser cuidadosos.

Dijo seria Hermione, respirando hondo.

–Pero no podemos ignorar lo que está pasando, tal vez sí sé lo decimos a Dumbledore con otras palabras es posible que nos crea.

Pucca asintió, claramente de acuerdo. Aunque no hablaba mucho, la determinación en sus ojos era palpable.

Garu la miraba de reojo de nuevo, y aunque mantenía su semblante serio, era obvio que la presencia de Pucca lo ayudaba a mantenerse calmado. Así que suspiró junto a Harry, y sin pensar ambos dijeron a la misma vez.

–Quirrell está demasiado atemorizado para respaldarnos. Snape sólo tiene que decir que no sabía cómo entró el trol en Halloween y que él no estaba cerca del tercer piso en ese momento. ¿A quién pensáis que van a creer, a él o a nosotros? No es exactamente un secreto que lo detestamos. Dumbledore creerá que nos lo hemos inventado para hacer que lo echen. Filch no nos ayudaría aunque su vida dependiera de ello, es demasiado amigo de Snape y, mientras más alumnos pueda echar, mejor para él. Y no olvidéis que se supone que no sabemos nada sobre la Piedra o Fluffy. Serían muchas explicaciones.

Hermione pareció convencida, pero Ron no.

–Si investigamos sólo un poco...

–No.

dijeron Harry y Garu en tono terminante:

–Ya hemos investigado demasiado.

Harry Acercó un mapa de Júpiter a su mesa y comenzó a aprender los nombres de sus lunas, seguido por su hermano Garu, que por primera vez se negaba a actuar en algo.