Descargo de responsabilidad: ya saben ustedes que PUCCA y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a su creador Boo Kyoung Kim. Yo sólo usé sus personajes, para crear esta historia loca, pero según yo entretenida.
Descargo de responsabilidad 2: así como el libro de Harry potter sus personajes no me pertenecen, pues le pertenecen a la autora JKRollin. yo sólo utilicé a Harry potter para juntarlo con Pucca, así que no plagien, adapten o copien por favor que eso no está bien.
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"Solo a través del castigo se comprende el verdadero valor de la corrección." _(Argus Filch)
A la mañana siguiente, llegaron notas para Harry, su gemelo Garu, Hermione y Neville, en la mesa del desayuno. Eran todas iguales, lo que les hizo entender de qué se trataba.
Vuestro castigo tendrá lugar a las once de la noche. El señor Filch os espera en el vestíbulo de entrada.
En medio del furor que sentían por los puntos perdidos, Garu y Harry habían olvidado que todavía les quedaban los castigos. De alguna manera esperaban que Hermione se quejara por tener que perder una noche de estudio, pero la muchacha no dijo una palabra.
Como Harry y Garu, sentía que se merecían lo que les tocara. A las once de aquella noche, se despidieron de Ron en la sala común y bajaron al vestíbulo de entrada con Neville.
Filch ya estaba allí y también Malfoy, su novia Ryddle y Pucca, quienes trataban de no mirarlos a la cara. Garu y Harry también habían olvidado que a Malfoy, a Ryddle y a Pucca los habían condenado a un castigo, gracias a ellos y lo único que lamentaban era involucrarla.
–Seguidme.
Dijo frío Filch, encendiendo un farol y conduciéndolos hacia fuera.
–Seguro que os lo pensaréis dos veces antes de faltar a otra regla de la escuela, ¿verdad?
Dijo serio, mirándolos con aire burlón.
–Oh, sí... trabajo duro y dolor son los mejores maestros, si queréis mi opinión... es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos... colgaros de las muñecas, del techo, unos pocos días. Yo todavía tengo las cadenas en mi oficina, las mantengo engrasadas por si alguna vez se necesitan... Bien, allá vamos, y no penséis en escapar, porque será peor para vosotros si lo hacéis.
Marcharon cruzando el oscuro parque, todos en silencio, excepto por Ryddle y Malfoy que se quejaban en voz baja. Neville comenzó a respirar con dificultad, notándose los nervios que comenzaba a sentir por lo que pasaría.
Garu y Harry se preguntaron cuál sería el castigo que les esperaba, pues por algún motivo no podían imaginárselo. Debía de ser algo verdaderamente horrible, o Filch no estaría tan contento.
La luna brillaba, pero las nubes la tapaban, dejándolos en la oscuridad. Delante, Harry y Garu pudieron ver las ventanas iluminadas de la cabaña de Hagrid. Entonces oyeron un grito lejano, que los alivió y los hizo suspirar.
–¿Eres tú, Filch? Date prisa, quiero empezar de una vez.
Los corazones de Harry y Garu se animaron: si iban a estar con Hagrid, no podía ser tan malo. Su alivio debió aparecer en sus caras, porque Filch dijo:
–Supongo que creen que van a divertirse con ese papanatas, ¿no? Bueno, piénsenlo mejor, muchachos... Es al bosque adonde iréis y mucho me habré equivocado si volvéis todos enteros.
Al oír aquello, Neville dejó escapar un gemido y Malfoy se detuvo de golpe, haciendo que su novia Chief chocara detrás y contra de él.
–¿El bosque?
Repitió serio Malfoy, y no parecía tan indiferente como de costumbre.
–Hay toda clase de cosas allí... dicen que hay hombres lobo.
–En el bosque de bambú en Sooga hay fantasmas, además de otras raras bestias, esto para mí no sería nada.
Agregó seria Jing Jing, sujetando la mano de su novio Draco. Filch soltó una risa seca y cruel ante el comentario de Jing Jing Ryddle, disminuyendo su comentario a nadie.
–¿Fantasmas, dados?
Gruñó dibertido.
–Bueno, veamos qué tan valiente eres después de esta noche.
Neville se aferró de la manga de la túnica de Harry y dejó escapar un ruido ahogado, era obvio que estaba asustado, aunque los que vivían en soga estaban muy tranquilos.
–Sé ven muy valientes, pero este bosque no es cómo piensan. Y cuando se asusten, eso será problema vuestro, ¿no?
Dijo satisfecho Filch, con voz radiante.
–Tendríais que haber pensado en los hombres lobo antes de meteros en líos, y para los valientes les espera cosas peores.
Hagrid se acercó hacia ellos, con Fang pegado a los talones. Llevaba una gran ballesta y un carcaj con flechas en la espalda.
–Menos mal.
Dijo serio.
–Estoy esperando hace media hora. ¿Todo bien, Harry, Garu, Hermione, Pucca?
–Yo no sería tan amistoso con ellos, Hagrid.
Dijo con frialdad Filch.
–Después de todo, están aquí por un castigo.
–Por eso llegáis tarde, ¿no?
Dijo molesto Hagrid, mirando con rostro ceñudo a Filch.
–¿Has estado dándoles sermones? Eso no es lo que tienes que hacer. A partir de ahora, me hago cargo yo.
–Volveré al amanecer.
Dijo serio Filch.
–Para recoger lo que quede de ellos.
Añadió con malignidad, causándole un escalofrío a Neville, a Harry y a Hermione. Se dio la vuelta y se encaminó hacia el castillo, agitando el farol en la oscuridad. Garu, Pucca y Chief rodaron los ojos, mientras que Malfoy se volvió hacia Hagrid.
–No iré a ese bosque.
Dijo serio, y Harry tuvo el gusto de notar miedo en su voz. Garu por otro lado, soltó con ligera burla hacia Malfoy.
–¿Por qué no le pides a tú novia que te cuide para que puedas entrar, Malfoy?
Draco Malfoy frunció el ceño ante el comentario de Garu, y su novia Jing Jing Ryddle miró con desdén a Garu, apretando un poco más fuerte la mano de su novio.
–No necesito que nadie me cuide, Potter.
Respondió frio Malfoy, con el orgullo herido, pero su voz no sonaba tan convincente como de costumbre. Jing Jing intercambió una mirada con Pucca, que mantenía su expresión inmutable, como si todo esto no fuera más que una ligera molestia.
–pucca, controla a tu novio.
Habló Chief seria, Pucca negó con la cabeza, cuando vio que Garu y Harry iban a estallar en risas.
–Garu, no seas grosero con Malfoy, discúlpate ahora.
Dijo seria Pucca, cruzándose de brazos frente a Garu y frunciendo el ceño. Garu levantó las manos en señal de rendición, aunque una sonrisa burlona se mantenía en su rostro.
–Está bien, está bien.
Murmuró neutral, mirando a Pucca con un toque de diversión.
–Lo siento, Malfoy.
Draco lo miró con desprecio, sin aceptar completamente la disculpa, pero antes de que pudiera responder, Hagrid intervino.
–Ya basta de peleas, todos. Lo harás, entrarás al bosque si quieres quedarte en Hogwarts.
Dijo Hagrid con severidad.
–Hicisteis algo mal y ahora lo vais a pagar, así que dejaran de jugar.
–Pero entrar al bosque es solo para los empleados, no para los alumnos. Yo pensé que nos harían escribir unas líneas, o algo así. Si mi padre supiera que hago esto, él...
Dijo indignado Malfoy, siendo interrumpido por Hagrid.
–Te dirá que es así como se hace en Hogwarts.
Gruñó molesto Hagrid.
–¡Escribir unas líneas! ¿Y a quién le serviría eso? Haréis algo que sea útil, o si no os iréis. Si crees que tu padre prefiere que te expulsen, entonces vuelve al castillo y coge tus cosas. ¡Vete!
Malfoy no se movió, aún seguía siendo sujetado por su novia Ryddle. Pero lo que sí hizo, fue mirar con ira a Hagrid junto a su novia, pero luego ambos bajaron la mirada.
–Bien, entonces.
Dijo conforme Hagrid.
–Escuchad con cuidado, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que ninguno se arriesgue. Seguidme por aquí, un momento.
Hagrid los condujo hasta el límite del bosque, Neville temblando y Pucca, Garu y Chief suspirando con resignación. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles negros.
Una suave brisa les levantó el cabello, mientras miraban en dirección al bosque. Garu intentó peinarse, haciendo a Pucca y a Hermione reír al ver los intentos fallidos de Garu por arreglarse.
–Mirad allí.
Dijo firme Hagrid.
–¿Veis eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien. Es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto el último miércoles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido. Tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo.
–¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros primero?
Dijo serio Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz.
–No hay ningún ser en el bosque que os pueda herir si estáis conmigo o con Fang.
Dijo serio Hagrid.
–Y seguid el sendero. Ahora vamos a dividirnos en dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lugar, debieron herirlo ayer por la noche, por lo menos.
–Yo quiero ir con Fang.
Dijo rápidamente Malfoy, mirando los largos colmillos del perro.
–Muy bien, pero te informo de que es un cobarde.
Dijo neutral Hagrid.
–Entonces yo, Harry, Garu y Hermione iremos por un lado y Draco, Pucca, Neville, Jing Jing y Fang, por el otro. Si alguno encuentra al unicornio, debe enviar chispas verdes, ¿de acuerdo?
Garu y Jing Jing asintieron, ambos Sacaron las varitas y unas de sus espadas, mientras Hagrid seguía dando instrucciones.
–Sacad vuestras varitas y practicad ahora... está bien... Y si alguno tiene problemas, las chispas serán rojas y nos reuniremos todos... así que tened cuidado... en marcha.
El bosque estaba oscuro y silencioso, viendo como Fang se alejaba con los demás del otro lado. Después de andar un poco, vieron que el sendero se bifurcaba.
Harry, Hermione, Garu y Hagrid fueron hacia la izquierda, mientras que Malfoy, Ryddle, Neville, Pucca y Fang se dirigieron a la derecha. Anduvieron en silencio, con la vista clavada en el suelo.
De vez en cuando, un rayo de luna a través de las ramas iluminaba una mancha de sangre azul plateada entre las hojas caídas. Garu y Harry vieron que Hagrid parecía muy preocupado, aunque sé mantenía callado ante ellos.
–¿Podría ser un hombre lobo el que mata los unicornios?
Preguntó curioso Harry, Garu no estaba muy convencido de ello.
–No son bastante rápidos.
Dijo serio Hagrid.
–No es tan fácil cazar un unicornio, son criaturas poderosamente mágicas. Nunca había oído que hubieran hecho daño a ninguno.
–Todo tiene una debilidad, Hagrid, eso significa que debe haber algo más poderoso que un unicornio y eso debe de ser lo que los está matando.
Dijo neutral Garu, mientras pasaban por un tocón con musgo. Harry y Garu podían oír el agua que corría: debía de haber un arroyo cerca. Todavía había manchas de sangre de unicornio en el serpenteante sendero, cuando Hagrid le respondió a Garu con tono ligeramente hosco por la preocupación.
–Tienes razón, Garu, pero no me imagino que pueda ser.
La preocupación de Hagrid se notaba en cada paso que daban por el oscuro y espeso bosque, llenando el ambiente de una fuerte tención. Las hojas crujían bajo sus pies, mientras seguían las manchas plateadas de sangre de unicornio.
Harry y Garu intercambiaban miradas, conscientes de la gravedad de la situación. A pesar de las bromas anteriores, ahora ambos estaban atentos, sintiendo la tensión en el aire.
Hermione también permanecía en silencio, concentrada en el entorno. De vez en cuando, miraba hacia los árboles, como si esperara que algo o alguien surgiera de entre las sombras.
La luna apenas se filtraba entre las ramas, lo que hacía que el bosque pareciera aún más misterioso y amenazador. Haciendo que Garu comenzara a temer, a pesar de estar acostumbrado a ambientes así por ser un ninja semi-profecional.
–Sea lo que sea que está lastimando a los unicornios, no debe estar lejos.
Murmuró seguro Harry, intentando mantener la calma, aunque una parte de él no podía evitar pensar en lo que podría estar al acecho entre los árboles. Garu asintió, ajustando el agarre de su espada y el de su varita con la otra mano.
Garu sabía que debían estar preparados para cualquier cosa, a pesar de los nervios que sabía que ya todos tenían. Aunque no lo expresaba abiertamente, también sentía una extraña sensación en el aire, como si algo los estuviera observando.
De repente, un fuerte crujido resonó a su izquierda, haciendo que los cuatro se detuvieran en seco. Hagrid levantó la mano para indicar que permanecieran en silencio, esperando volver a oír el ruido.
–¿Lo escuchaste?
Susurró asustada Hermione, con la voz temblorosa.
–¿Estás bien, Hermione?
Murmuró Hagrid, agregando con seriedad.
–No te preocupes, sí el ruido es del unicornio, no puede estar muy lejos si está tan malherido, y entonces podremos...
De repente el gigante se calló, ordenando unos segundos después con prisa.
–¡PONEOS DETRÁS DE ESE ÁRBOL!
Hagrid cogió a Harry, A Garu y a Hermione y los arrastró fuera del sendero, detrás de un grueso roble. Sacó una flecha, la puso en su ballesta y la levantó, lista para disparar.
Los cuatro escucharon, atentos a cualquier cosa y esperando lo peor. Alguien se deslizaba sobre las hojas secas, prollectando más sobras en la ya obscura noche.
Parecía como una capa que se arrastrara por el suelo, llenando a Garu de un pavor que solo Pucca era capaz de probocarle. Hagrid miraba hacia el sendero oscuro, pero, después de unos pocos segundos, el sonido se alejó.
–Lo sabía.
Murmuró serio Hagrid.
–Aquí hay alguien que no debería estar.
–¿Un hombre lobo?
Sugirieron temerosos Harry y Garu.
–Eso no era un hombre lobo, ni tampoco un unicornio.
Dijo Hagrid con gesto sombrío.
–Bien, seguidme, pero tened cuidado.
Anduvieron más lentamente, atentos a cualquier ruido. De pronto, en un claro un poco más adelante, algo se movió visiblemente.
–¿Quién está ahí?
Gritó firme Hagrid.
–¡Déjese ver... estoy armado!
Y apareció en el claro... ¿era un hombre o un caballo? De la cintura para arriba, un hombre, con pelo y barba rojizos, pero por debajo, el cuerpo de pelaje zaino de un caballo, con una cola larga y rojiza. Garu, Harry y Hermione se quedaron boquiabiertos, inpactados por lo que veían.
–Oh, eres tú, Ronan.
Dijo aliviado Hagrid.
–¿Cómo estás?
Se acercó y estrechó la mano del centauro.
–Que tengas buenas noches, Hagrid.
Dijo serio Ronan, mirando todo el tiempo a Hagrid. Tenía una voz profunda y acongojada, cuando preguntó con tono bajo.
–¿Ibas a dispararme?
–Nunca se es demasiado cuidadoso.
Dijo neutral Hagrid, tocando su ballesta.
–Hay alguien muy malvado, perdido en este bosque. Ah, éste es Harry Potter, este es su jemelo William Potter y ella es Hermione Granger. Ambos son alumnos del colegio. Y él es Ronan. Es un centauro.
–Nos hemos dado cuenta.
Dijo débilmente Hermione, garu solo callado por algo muy diferente a lo que veía en Sooga.
–Buenas noches.
Los saludó cortez Ronan.
–¿Estudiantes, no? ¿Y aprendéis mucho en el colegio?
–Eh...
Balbucearon ambos hermanos, sin saber bien que decirle al sentauro.
–Un poquito.
Dijo con timidez Hermione.
–Un poquito. Bueno, eso es algo.
Ronan suspiró, apartando la mirada de ellos. Torció la cabeza y miró hacia el cielo, fijándose en tras estrellas que podía ver.
–Esta noche, Marte está brillante.
–Ajá.
Dijo serio Hagrid, lanzándole una mirada.
–Escucha, me alegro de haberte encontrado, Ronan, porque hay un unicornio herido. ¿Has visto algo?
Ronan no respondió de inmediato, manteniéndose callado y dejando el lugar en una especie de tención. Se quedó con la mirada clavada en el cielo, sin pestañear, y suspiró otra vez.
–Siempre los inocentes son las primeras víctimas.
Dijo lamentándose.
–Ha sido así durante los siglos pasados y lo es ahora.
–Sí.
Dijo triste Hagrid.
–Pero ¿has visto algo, Ronan? ¿Algo desacostumbrado?
–Marte brilla mucho esta noche.
Repitió insistente Ronan, mientras Hagrid lo miraba con impaciencia.
–Está inusualmente brillante.
–Sí, claro, pero yo me refería a algo inusual que esté un poco más cerca de nosotros.
Dijo serio Hagrid, siendo un poco más espesifico.
–Entonces, ¿no has visto nada extraño?
Otra vez, Ronan se tomó su tiempo para contestar. Hasta que, finalmente, dijo firme:
–El bosque esconde muchos secretos.
Un movimiento en los árboles detrás de Ronan hizo que Hagrid levantara de nuevo su ballesta, pero era sólo un segundo centauro, de cabello y cuerpo negro y con aspecto más salvaje que Ronan.
–Hola, Bane.
Saludó amistoso Hagrid.
–¿Qué tal?
–Buenas noches, Hagrid, espero que estés bien.
Respondió este a su vez.
–Sí, gracias. Mira, le estaba preguntando a Ronan si había visto algo extraño últimamente. Han herido a un unicornio. ¿Sabes algo sobre eso?
Preguntó el paciente Hagrid, mientras Bane se acercó a Ronan. Miró hacia el cielo, fijándose en las estrellas y los planetas.
–Esta noche Marte brilla mucho.
Dijo simplemente.
–Eso dicen.
Dijo Hagrid de malhumor.
–Bueno, si alguno ve algo, me avisáis, ¿de acuerdo? Bueno, nosotros nos vamos.
Garu, Harry y Hermione lo siguieron, saliendo del claro y mirando por encima del hombro a Ronan y Bane, hasta que los árboles los taparon.
