La verdad.

Sesshoumaru POV

Iba manejando entre el tráfico pesado del viernes por la noche, todavía temprano, cuando toda la gente se dirige a sus casas y mientras esperaba en un semáforo volví a llamare, ella otra vez no contestó.

Hacía más o menos cinco meses que volvimos del viaje de negocios con mi familia y desde entonces habíamos adoptado una rutina de fines de semana de salidas y sexo. O por lo menos así fue un tiempo, pero hoy justamente me había dado cuenta de que Rin hacía semanas que me estaba alejando progresivamente.

Empezó con no contactarme a media semana cada vez, después ya no deseaba salir sino estar en casa, los últimos dos viernes ni siquiera quiso un encuentro y hoy no fue capaz de responder una sola llamada. Ella y yo no éramos nada, ambos conservamos nuestra libertad sin ataduras y si ella ya no deseaba nada, yo no iba a detenerla. Pero lo menos que me debía era un canal de comunicación abierto, la posibilidad de hacer negocios si era necesario.

Cuando ya estaba cerca de su casa volví a marcarle y esta vez ni siquiera timbró, eso sólo me enfadó más y aceleré tanto como pude hasta estacionarme en el lugar de siempre. Subí las escaleras con los puños cerrados, preparándome para interrumpir su noche con alguien más y no desistir hasta llegar a un acuerdo sobre qué iba a pasar si necesitaba de su actuación otra vez. Toqué la puerta de su departamento con fuerza y me quedé escuchando, no hubo respuesta alguna. Después de un minuto lo volví a hacer muy dispuesto a continuar, pero pronto esta vez escuché que quitaba el cerrojo y la vi abrir, pero sólo un poco.

En el interior reinaba la oscuridad y ella apenas entreabrió lo suficiente para mirarme, sólo pude ver un poco su rostro entre la penumbra pero aún así noté la sorpresa con la que me miraba.

- Necesitamos hablar. -le dije imperativo.

- Vete. -susurró ella como única respuesta y cerró la puerta.

Me quedé ahí quieto por un instante ¿quién se creía esa chiquilla loca? ¿Cómo podía sólo despacharme así? No, claro que no se lo permitiría. Guiado por esa ira probé a abrir la puerta y cedió, ella no se había tomado la molestia de poner el seguro. Vi dos luces encendidas, la de su recámara al fondo y la del baño a medio pasillo, si en verdad tenía a alguien ahí las cosas estaban por complicarse, pero no me importaba.

Avancé por el pasillo casi a tientas hasta que alcancé el baño, ahí esperaba verla en el peor de los casos con otro hombre, pero hubiera preferido eso mil veces a la escena de terror que encontré.

Rin estaba de rodillas en el suelo devolviendo el estómago en el escusado, pero de su cuerpo sólo parecía brotar sangre, pequeñas gotas salpicaban con cada nueva arcada y ella parecía luchar por respirar. Sesshoumaru sólo la observó desde la puerta sin saber qué hacer, cómo reaccionar. Una, dos, tres arcadas más hasta que pareció haberse vaciado y se puso de pie con trabajos para recargarse en el lavamanos y mojarse la cara. Fue ahí cuando él notó que de su nariz brotaban también cantidades considerables de líquido rojo.

Ella en verdad luchaba por no ahogarse con su propia sangre y mantenerse en pie, no era la primera vez que ella estaba en una situación así, pero definitivamente el dolor en su cuerpo y la debilidad sí habían escalado a niveles que no creyó posibles. Después de enjuagarse la boca tanto como pudo pensó en lavarse los dientes, pero sabía que eso sólo haría sangrar sus encías y desistió, fue cuando alargó la mano para tomar la toalla más cercana y ponérsela en el rostro para contener la sangre que escuchó la voz de Sesshoumaru y se sobresaltó, no tenía idea de que estaba ahí. Justo estaba terminando de darle su domicilio a alguien en el teléfono.

- ¿Qué haces? -le preguntó con trabajos entre la sangre y la tela, él pareció no escucharla.

-… sí, de la nariz y estaba vomitando sangre también. Está consciente, pero no se ve bien…. No lo sé… no… acabo de llegar… ¿cuánto tiempo van a tardarse?

- ¡Estás llamando una ambulancia! Cuelga. No es necesario. -le rogó exaltada, pero él la miró como si en verdad estuviera loca.

- Te estás muriendo. -le replicó con ira.

- ¡Pues deja que me muera en paz! -le gritó con la voz ahogada todavía y se lanzó en un patético intento por quitarle el teléfono, Sesshoumaru sólo retrocedió un paso para evitarlo y luego estiró un mano para sostenerla cuando fue muy evidente que ella trastabillaba.

- Casi no puede mantenerse en pie, creo que tiene fiebre, quizás está delirando. -le explicó a la operadora de la línea de emergencias y escuchó cuando ella le dijo que tuviera la puerta del departamento abierta y tratara de mantenerla tranquila, sentada, no acostada. – Quédate quieta. -le ordenó y la soltó para volver a la puerta y dejarla bien abierta, también encendió la luz de la sala. - Necesito cargarla, no va a cooperar. Pueden pasar cuando lleguen.

Sesshoumaru terminó la llamada y puso el aparato en su bolsillo, después cargó a Rin en brazos dejando atrás el baño que parecía la escena de un matadero. Caminó con ella hasta su habitación y la sentó en la orilla de la cama, con cuidado de dejarla estable. Le parecía que su cuerpo estaba muy caliente y que la toalla que sostenía con debilidad en su rostro cada vez se teñía más de rojo.

- Van a llegar pronto. -le aseguró, todavía sin tener idea de qué le estaba pasando o cómo actuar.

- No debiste. -lo regañó, ahora empezando a llorar. - Me van a llevar, no quiero estar sola ahí. No quiero estar ahí. -balbuceó entre lágrimas.

- Mira, vas a estar bien. Sólo espera a que llegue la ambulancia. -con cuidado se puso de rodillas frente a ella y la miró detenidamente.

Rin tenía los ojos irritados y las mejillas arreboladas, pero el resto de su semblante era pálido como el de un fantasma, también podía notar que había perdido varios kilos ¿desde cuándo? Él no tenía idea de si fue un proceso lento que no notó, o algo que le sucedió de repente en las últimas tres semanas.

- Tú los llamaste. Es tu culpa. Vas a tener que quedarte en urgencias conmigo. Me lo debes. -le ordenó con tono débil y luego siguió esforzándose para hablar. – En la silla está mi maleta con todo lo que necesito, no la olvides. Y en mi bolso están mi identificación, la tarjeta del seguro médico y las de crédito, vas a necesitar dejar eso en recepción para que me ingresen. Hospital Central, ahí tienen mi expediente, ahí trabaja mi doctora.

A Sesshoumaru le tomó un momento asimilar todo eso ¿entonces ella ya sabía? ¿Cómo estaba tan preparada? ¿había estado enferma todo este tiempo? Quiso cuestionarle todo eso, pero la vio cerrar los ojos y comenzar a acostarse, por mero reflejo la detuvo erguida.

- Te vas a ahogar si te acuestas. -la regañó sosteniéndola por los hombros.

- Ya no puedo… -murmuró soltando los brazos y aflojando el cuerpo – Los puntos negros… -susurró antes de cerrar los ojos y soltar la consciencia.

- ¡Rin! -le gritó, pero ella no reaccionó.

La sangre de su nariz continuó saliendo, aunque cada vez era menos, él se sentó a su lado en la cama y la sostuvo erguida, sólo vigilando que siguiera respirando por los minutos más largos de su vida hasta que escuchó ruido en el pasillo y en la puerta de la habitación aparecieron dos paramédicos que empezaron a bombardearlo con preguntas mientras tomaban el cuerpo inconsciente de Rin y lo atendían sentada en el suelo recargada en la cama.

Él realmente no pudo darles nada de información, sólo les describió lo mismo que a la operadora porque no sabía más. Ahí se dio cuenta de lo poco que la conocía en realidad. Recordaba todos sus lunares, pero casi nada sobre ella.

Muy pronto le informaron que sus signos vitales eran débiles y debían trasladarla de inmediato, deberían subir la camilla, pero las escaleras angostas sólo lo harían más difícil así que le pidieron su autorización para bajarla en brazos, de todas formas ella no podía llegar a los 50kg, cualquiera podría hacerlo fácilmente. Él asintió y cuando la levantaron él tomó la maleta que Rin le había pedido junto con su bolso. Los siguió hasta la salida y puso el seguro antes de cerrar la puerta.

- ¿La llevamos al Sur o al Central? -le preguntó ya estando afuera un desconocido al otro, Sesshoumaru interceptó su conversación.

- Hospital Central, ahí está su expediente.

- De acuerdo. Suba adelante. -le ordenaron y él dudó un segundo pero luego lo hizo.

En el trayecto se preguntó mil cosas y se enfureció cada vez más con ella, primero por haberle mentido todo ese tiempo sobre estar enferma, segundo, por ponerlo en esa situación que él no deseaba manejar y tercero, por ni siquiera haberse cuidado a sí misma.

En algún punto del camino pudo escuchar que el paramédico en la parte posterior de la ambulancia hablaba con alguien y al mirar se dio cuenta de que ella estaba consciente de nuevo. La oleada de alivio que lo recorrió fue mucho mayor de lo que esperaba.

- ¿Tomas medicamentos? -le preguntó el desconocido y luego hubo silencio, ella probablemente había contestado pero su débil voz no se escuchaba sobre la sirena del vehículo. - ¿Qué enfermedad tienes?

Sesshoumaru continuó esforzándose por oír, pero fue en vano. No pudo resolver ni una de sus dudas cuando llegaron al hospital y entró hasta el mostrador en la recepción de urgencias, los paramédicos la llevaron hasta la parte interior sin demorarse nada.

- Buenas noches. ¿Es usted familiar de la señorita? -lo saludó en tono muy profesional una recepcionista.

- Soy su novio. -afirmó Sesshoumaru, no era cierto pero ¿qué más daba? – Tengo sus documentos.

Sacó de la cartera de Rin todo lo que ella le indicó antes y se lo entregó, la mujer tecleó varias cosas en la computadora y muy pronto tuvo hecho el registro.

- De momento la señorita está siendo atendida por el personal de urgencias del hospital, pero el nombre de su doctora está en el expediente con indicaciones de llamarla de inmediato, yo voy a tratar de localizarla ahora. Tome asiento por favor, yo lo llamo en cuanto tenga noticias de su familiar.

Sesshoumaru asintió y fue a sentarse en uno de los incómodos sillones y sintió que ahí respiraba por primera vez después de sostener el aliento por una eternidad. Se miró las manos llenas de sangre al igual que su camisa y fue directo al baño para lavarse, no podría tolerar verse así, no sin saber si podría volver a hablar con Rin o no.

Rin POV

Todo estaba oscuro y frío, lleno de dolor. Sabía dónde estaba, pero no lo deseaba. Era consciente de la sangre y de Sesshoumaru arruinándolo todo. Yo nunca desee acabar en ese hospital otra vez, sólo quería pasar la noche tranquila en mi cama y dejar que la naturaleza hiciera su trabajo.

Ya ni siquiera me repudiaba la idea de que mi cuerpo se descompusiera sobre las sábanas hasta reventar y que el mal olor alertara a los vecinos días después. Por eso no tenía mascotas, porque estaba esperando este momento.

Abrí los ojos una vez más cuando la voz de alguien me lo ordenó y tuve que entrecerrarlos cuando vi la luz intensa del hospital. Sentí la mascarilla de oxígeno en mi rostro y pensé que de seguro ya no estaba sangrando, pero todavía quería vomitar.

En cuanto supieron que estaba despierta empezaron a hacerme preguntas. Yo les di la información recitada de memoria y el nombre de mi médico, ella sabría qué hacer. De paso les informé que en la maleta con mis cosas, al fondo, estaban los papeles legales para mi orden de no resucitar.

- De momento ya estás un poco más estable, la solución que te pusieron ayudó mucho. Tu doctora nos pidió hacerte una transfusión e ingresarte al segundo piso.

- No quiero sangre. -murmuré viendo al médico a los ojos. – No es por religión, sólo no la quiero.

- Ahora va a venir una enfermera para ayudar a ponerte la bata y cambiar tu suero, voy a revisar con banco de sangre cómo van de tiempo para la entrega y con tu doctora. Entonces podemos volver a hablar de ello. Me informaron que tu novio vino contigo ¿quieres que pase?

Yo casi me reí con la idea de que Sesshoumaru fuera mi novio, si para este momento ni siquiera podría considerarlo mi amante, más bien… se había vuelto un carcelero que me mantuvo atrapada en este cuerpo débil.

- Quiero limpiarme la sangre y cambiarme antes.

El médico asintió y se marchó, de inmediato llegaron dos enfermeras a ayudarme con todo el proceso de desnudarme y entrar en la fría bata de hospital. Con mucho cuidado e infinita paciencia lavaron los restos de sangre de mi piel y me dejaron presentable, recostada con el respaldo en alto, la mascarilla de oxígeno, la intravenosa con un goteo rápido y dos cobijas para cubrirme porque moría de frío. Fue entonces cuando Sesshoumaru entró con mis cosas y sus ojos de hielo dorado traspasándome con una mezcla de emociones que sólo me hizo comenzar a llorar de nuevo.

- Te advertí que te fueras. -le dije sin ganas y él se sentó en la silla a mi lado, puso la maleta y la bolsa en la parte baja de la camilla.

- ¿Qué demonios tienes? -exigió saber.

- Pues cáncer no es. -bromee un poco y él se puso más serio, si es que era posible.

- Deja de portarte como una niña y dime qué demonios tienes. -me ordenó otra vez y si no hubiera estado ya sin color por el sangrado, hubiera palidecido.

- Anemia aplásica. Básicamente mi cuerpo casi no produce sangre.

- Pues sí tenías, perdiste mucha hoy. -se cruzó de brazos y yo me reí un poco.

- No tengo casi plaquetas, por eso sangro. Además tengo fiebre, seguramente mis defensas están por los suelos y tengo una infección en algún lado. -le expliqué sin desear que él supiera todo eso, pero sabiendo que no se detendría hasta sacarme el último detalle de información.

De repente el médico volvió con la primer bolsa para transfusión y saludó a Sesshoumaru antes de volcar su atención en mí.

- Este es un concentrado plaquetario, necesitamos iniciar la transfusión de inmediato.

- No quiero.

- Claro que sí. -me interrumpió Sesshoumaru con una chispa de ira en los ojos. – Me acabas de decir que no tienes plaquetas, te las van a dar y punto.

- Ojalá fuera así de simple. -me reí con amargura, pero él no dejó de mirarme con furia.

- Lo. Vas. A. Hacer. -me ordenó y por algún motivo tuve algo de miedo, no supe si de él o de que pudiera hacer flaquear mi resolución de acabar con todo.

- Sólo esta vez. -contesté y miré al doctor para asentir.

Mientras una enfermera colocaba la bolsa nueva para reemplazar el suero apareció una mujer amable, la recepcionista, y me dio a firmar todos los formularios. Yo le pedí a Sesshoumaru que le pasara la carpeta que se encontraba dentro de la maleta y él lo hizo sin mirarlos. Entonces, le informé a la joven de qué se trataba.

- Es una orden de no resucitar. Está validada legalmente, es importante que la tengan para protegerse en caso de que mi corazón se detenga, no pueden tratar de reanimarme.

La joven tomó las cosas y asintió antes de marcharse, pude ver en sus ojos que probablemente era la primer persona que le entregaba esos documentos.

- ¿Estás loca? -cuestionó Sesshoumaru.

- Claro que sí. Pero eso lo establecimos desde el primer día. -le sonreí un poco pero él no me correspondió en lo absoluto.

En ese momento dudé por primera vez de mi maravillosa idea de tenerlo para acompañarme las largas horas que estaría en urgencias ¿por qué no pudo sólo dejarme morir esa noche?

..

- ¿Quieres morirte? -cuestionó Sesshoumaru directamente.

- No es que tenga muchas opciones al respecto. Pero si puedo elegir irme en la comodidad de mi casa y sin tanto alboroto, estaría agradecida.

La respuesta resignada de Rin lo dejó helado. Él no sabía nada de enfermedades, pero cómo era posible que ella tuviera algo contra lo que no se pudiera luchar. Simplemente no tenía sentido.

- Vas a tener que contestar muchas preguntas. -sentenció viéndola a los ojos, todavía ardiendo en ira y desconcierto.

- Si quieres comprar esa información necesitas algo con qué negociar. -replicó ella tratando de aligerar el ambiente y ganar algo de tiempo para darse valor de pedirle que se fuera o de contarle la historia.

- Pide lo que quieras. -cedió él sin dudarlo.

- Quiero irme a casa.

- Eso no. -atajó Sesshoumaru y Rin se rio.

- Supuse que dirías eso. ¿Qué tal un fin de semana en la playa? Si salgo de aquí, podemos ir sólo tú y yo, nadar por la noche, pasear en bote.

- Hecho. -accedió él a esa petición que le resultaba de lo más simple. – Necesito saberlo todo.

Rin suspiró y empezó a contarle cómo fue que su vida inició la horrible decadencia justo después del accidente de sus padres, pero a ella le tomó meses darse cuenta de que todo lo mal que se sentía no era sólo por la depresión. Fue un sangrado muy similar al de esa misma noche el que la llevó a la sala de urgencias y a miles de exámenes que al final le confirmaron la mala lotería genética que había ganado.

Lo que ella tenía era una de esas enfermedades de una en un millón, sus padres sin saberlo se la transmitieron y aunque siempre estuvo en ella, había permanecido dormida, probablemente activándose por todo el estrés del accidente y la pérdida de su familia.

- Primero me hicieron transfusiones y me dieron medicinas, eso fue simple y funcionó un tiempo. Después, cuando ya no fue suficiente trataron con otras drogas peores que destruyeron mi sistema inmune y también funcionaron sólo un tiempo. -le explicó encogiéndose de hombros.

Tratando de satisfacer toda su curiosidad le dio más detalles de los que deseaba recordar, le habló de cómo su amigo Shawn y su novio se encargaron de cuidarla todo el tiempo, desde recordarle que debía comer, hasta ayudarla a bañarse y llevarla a urgencias cuando era necesario. Ella siempre estuvo muy agradecida, pero en algún punto decidió que no deseaba hacerlo más.

- Yo se los dije. Les pedí que pararan de buscar respuestas, porque no las había. En ese punto lo único que podía ayudarme era un trasplante de médula y la posibilidad de un donador compatible es infinitamente pequeña.

- ¿Ni siquiera lo intentaste? -la interrumpió sin dar crédito de esa posibilidad.

- Aún estoy en la lista, esperando, pero sólo es un trámite, sé que no va a pasar. Pero ellos no pudieron aceptarlo y por eso me fui.

Rin le dijo sólo lo importante sobre su decisión y su mudanza, pues había tenido qué hacer tantas cosas a escondidas de las dos personas con las que prácticamente vivía, que seguramente ni lo recordaría todo. Al final le contó que ella eligió esa ciudad por ser muy grande y no tener ni un solo lazo ahí, para que no la encontraran y contactó a una doctora nada más para que le diera los medicamentos que necesitaba para poder vivir cómodamente el tiempo que le quedara, sólo eso.

Fue tan largo el tiempo que les llevó esa conversación que ya habían pasado la segunda bolsa de contenido hemático y ésta se estaba terminando, ya les habían anunciado que en cuanto se acabara, la llevarían a su habitación y Rin sabía que ese sería el momento de quedarse sola.

- Pues, ahora ya lo sabes. No es una gran historia, pero supongo que vas a comenzar a entender por qué no trabajo ni me preocupo por el futuro, simplemente no tengo uno.

Ella se encogió de hombros y antes de que Sesshoumaru pudiera responder llegó el personal encargado de trasladarla al segundo piso. Todos fueron muy amables y le pidieron a su supuesto novio que llevara las pertenencias personales de la paciente, ella iba a aclararles que eso no sucedería, pero él la silenció con una mirada y se limitó a seguirlos para acompañarla hasta su cuarto.

La habitación era sobria pero bonita, algo espaciosa inclusive. Tenía su baño propio con todos los aditamentos para el cuidado de los pacientes, un televisor, un sofá cama, una mesa con dos sillas y juegos de sábanas y almohadas extras en el clóset.

Sesshoumaru observó todo lo que hicieron con la joven mujer para dejarla instalada en su nueva cama, también tomó nota mental del nombre de su enfermera asignada y de cualquier otro detalle que le pareciera importante saber. Sentía como si su cabeza hirviera de información que jamás deseó tener.

- Buenas noches. -saludó de repente una extraña que iba entrando. Se trataba de una mujer de mediana edad con bata blanca, asumió sería la doctora que llevaba el caso de Rin.

- Buenas noches. -saludó la joven mientras la enfermera le entregaba el expediente a la recién llegada y se quedaba cerca para escuchar cualquier indicación. – Y lo siento. No es una hora muy prudente.

- Lo único por lo que me gustaría que te disculparas es por haberte descuidado así. Pesas 45kg. Esto no sucedió en un día. ¿hace cuánto que empezaste a notarlo?

- Algunas semanas. Quizás dos meses. -Rin suspiró y Sesshoumaru se acercó un paso, de no ser porque no estaban solos le hubiera reclamado muchas cosas en ese instante.

- Tienes compañía. Es un buen cambio. –sonrió la doctora que apenas notó al hombre y le extendió una mano para estrecharla, así se presentaron con sus nombres y ella volvió a concentrarse en su paciente. – Te tomaron exámenes cuando llegaste, nunca te había visto tan mal. Vas a necesitar más sangre y plaquetas. Pero eso será mañana, no quiero sobrecargar tu sistema y provocar una mala reacción. Cuéntame. ¿Qué pasó hoy?

Rin le narró el día tan largo que tuvo, cargado de dolor y sangrados nasales intermitentes, suponía que tuvo fiebre todo el día pues apenas podía levantarse para no ahogarse con su propia sangre. También le hizo una lista de las pocas cosas que había logrado comer y los muchos medicamentos que ingirió.

- Pero supongo que la sangre que vomité era de la nariz, ya ha pasado antes. -le restó importancia al asunto y ella y su médico siguieron hablando como si fueran viejas amigas poniéndose al corriente.

Sesshoumaru encontró toda la situación tan horrible que rayaba en lo ridículo ¿cómo podía Rin sólo contarle así todo eso? Como si le narrara una visita al teatro y no un episodio cercano a la muerte. Cuando la doctora tuvo suficiente información le mencionó los medicamentos que le dejaría prescritos y que le repetirían los análisis al día siguiente.

- Si todo sale bien vas a poder irte el lunes a casa.

- Sobre eso de "salir bien", quiero informarle algo. Debe estar en el expediente, pero es necesario que lo sepa. Tengo mi orden de no resucitar legalmente avalada.

- Tírala a la basura. -le pidió la médico que se veía tan frustrada como el mismo Sesshoumaru cuando se enteró de la noticia. – Ya te dije que podemos ganar tiempo hasta encontrar un donador compatible, pero tienes que ayudarte a ti misma.

- Ya estoy muy cansada. -la joven suspiró y la otra mujer negó con la cabeza antes de dirigirse a Sesshoumaru.

- Trata de hacerla entrar en razón, por favor.

Después de su petición se despidió prometiendo volver a la mañana siguiente y se marchó junto con la enfermera, fue así como Rin y Sesshoumaru quedaron solos en la habitación, donde ella estaba a punto de liberarlo, pues ya no estaban en la sala de urgencias, él había cumplido lo que le pidió y era momento de dejarlo ir.

- Vas a invalidar esa orden de no resucitar. Tu doctora no te ha desahuciado, no te vas a rendir. -le dijo Sesshoumaru tan pronto como la puerta se cerró y estuvo a su lado.

- Tú y yo hemos hecho buenos negocios juntos. Pero esto es algo a lo que no puedes ni acercarte. -le advirtió mirándolo a los ojos para que entendiera que hablaba en serio. – De todas formas, ya cumpliste, me acompañaste en urgencias y ya estoy en mi habitación. Puedes irte. -lo despachó tratando de evitar que iniciara un pleito que nadie iba a ganar.

- Loca y necia.

- Lo tomaré como un cumplido. Ahora vete, necesito dormir. Si estoy bien en la semana te llamo el viernes.

Sesshoumaru puso los ojos en blanco y se marchó sin decirle otra palabra, y aunque Rin estaba preparada para dejarlo ir, de todas formas se le llenaron los ojos de lágrimas y se estiró para tomar el control de la televisión y tener algo en qué distraerse. Le esperaban mínimo dos días de terrible aburrimiento.

Rin POV

Desperté algo sobresaltada cuando la enfermera me movió el brazo, por un segundo había olvidado dónde estaba, pero el rostro de la desconocida y su uniforme blanco me devolvieron a la realidad. Ya había amanecido y ella estaba ahí para tomar una nueva muestra de sangre. Sin decir nada estiré el brazo que ella necesitaba para dejarla trabajar y murmuró un agradecimiento que ignoré cerrando los ojos para conciliar el sueño otra vez. Al cabo de muy poco tiempo había terminado y yo me estaba sumiendo de nuevo en un sueño ligero cuando habló.

- Van a traer el desayuno en una hora, pero la cafetería está abierta todo el tiempo y pueden subir la comida a la habitación. El número está junto al teléfono. Con permiso.

¿Sería que yo podía comer lo que fuera? Nunca antes me habían permitido ordenar y cualquier comida extra la obtenía en forma de regalos cuando le daba lástima a alguien del personal. Quizás ella era nueva y sólo quería ser amable.

Con mucho cuidado de no halar el suero conectado a mi brazo me giré para, otra vez, tratar de conciliar el sueño, pero una voz familiar me sobresaltó como si hubiera visto un fantasma.

Pude escuchar a Sesshoumaru murmurando algo que no entendí y abrí los ojos de golpe sólo para encontrarlo en el sofá con la computadora en las piernas y el teléfono al oído ¿qué demonios estaba haciendo ahí? Él me miró un segundo y luego volvió a concentrarse en la pantalla mientras seguía con su llamada de negocios. Yo sólo lo observé todo el tiempo que tardó en colgar tratando de adivinar qué estaba pasando.

- Parece que viste un muerto. -afirmó con una media sonrisa burlona.

- Estando aquí era mucho más probable ver un muerto que a ti. -le aseguré sonriendo, por lo menos me alegraba que no hubiera cambiado su forma de tratarme.

- No te acostumbres. Tengo que estar el lunes temprano en la oficina. -advirtió sólo constatando un hecho, sin modificar en nada el semblante. Como si no estuviera haciendo algo extraordinario sólo con estar ahí.

- El lunes me dan de alta. Voy a estar mejor en casa.

- Ya estuve investigando y tengo un abogado listo para venir a primera hora, antes de que te den el alta, para hacer el trámite e invalidar esa estupidez de no resucitar.

La seguridad que destilaba mientras me aseguró eso fue tan conmovedora como ofensiva. Sabía que él era así, sólo enfocado a sus objetivos, pero no me iba nada bien que quisiera llegar a irrumpir así en decisiones que no eran de nadie más, sólo mías.

- ¿Cómo lo haces? -pregunté tratando de entender.

- Traer el abogado es muy simple.

- No, no. Eso lo entiendo. ¿Cómo puedes ser tan engerido que no escuches ni una sola palabra? ¿O tan egocéntrico que crees que voy a doblegarme y ya?

- ¿Qué quieres a cambio? Podemos hacer un contrato para que todo esté estipulado. -me ofreció dejando la computadora a un lado para ponerse de pie y comenzar a acercarse.

- No hay una moneda de cambio que valga lo suficiente.

- Seis meses, dame ese tiempo. Si en seis meses todavía quieres dejarte morir, yo mismo te consigo la validación de otra orden. A cambio puedes pedir lo que quieras.

- ¿Inclusive irme a casa ahora? -lo cuestioné sólo para molestarlo un poco y todavía tratando de entender todo aquello.

- Por supuesto. -afirmó y me extendió la mano derecha, quizás para sellar el trato o tal vez para halarme fuera de la cama, de cualquier forma yo lo ignoré.

- ¿Es la psicopatía? ¿Por eso crees que puedes manipularme así?

- Deja de jugar. Te estoy hablando en serio.

Su ultimátum lleno de furia me hundió un poco más en la cama y me dejó paralizada, por fortuna de repente se abrió la puerta y entró la doctora, como una intervención hecha para salvarme. O por lo menos para prolongar un poco más la agonía.

- Buenos días. ¿Cómo pasaste la noche?

- Dormida.

- Según tu expediente aún no cede la fiebre, pero tampoco ha aumentado. Eso es bueno. Después del desayuno te van a poner más plaquetas y sangre. Ya actualicé la información para la lista de espera de trasplante, deben haberte subido unos lugares después del evento de ayer. Pero si pudieras no desaparecer constantemente para poder darle un seguimiento de cerca a tu caso, sería mejor.

Yo asentí y pude ver que Sesshoumaru le prestaba especial atención, tampoco me pasó desapercibida la mirada que ella le dio, era como si me estuviera perdiendo de algo.

- ¿Ustedes se conocen? -intervine de repente.

- Cuando me fui anoche ella aún estaba en la central de enfermeras. -explicó Sesshoumaru con un aire de superioridad que odié.

- Así es, yo le facilité el pase de visitante permanente, para que no tuviera inconvenientes al volver. ¿Hay algún problema?

Por un segundo pude ver la duda en los ojos de la médico, hasta donde todos ahí sabían él era mi novio y lo que ella hizo sonaba natural, pero haberle dado acceso ilimitado a mi habitación podría salir muy mal. Exponerme demasiado a sus intentos de negociar bien podía darle resultado y yo no deseaba eso.

- ¿Rin? Si hay algún inconveniente ese pase se puede revocar en cualquier momento. -me aclaró cuando no pude darle una respuesta rápida.

- Yo esperaba que hicieras una videollamada. -intervino él con todo el peso de sus ojos en mí y ahí pude entenderlo, yo seguía siendo un negocio.

Esa revelación dolió de una forma nueva, pero al mismo tiempo me dio alivio. Si él estaba insistiendo porque me necesitaba para sus negocios, podría ayudarlo un poco más. Como siempre, yo ya no tenía nada que perder.

- Está bien. -respondí finalmente. - Él puede quedarse.

- ¿Y puedo comentar con él los detalles de tu caso? - inquirió la doctora, quizás pensando en que ya había cometido errores la noche anterior al decirle quién sabe qué cosas.

- Claro. Lo que él quiera saber.

Esta vez la respuesta fue fácil, porque ya no temía que yo le importara, con eso estaba bien. Después de eso la visita no duró mucho y en cuanto estuvimos a solas Sesshoumaru retomó la conversación justo donde la habíamos dejado. Pero yo me sentía diferente.

- ¿Qué quieres a cambio de seis meses? -me presionó recargándose en el barandal de mi cama de hospital, con una expresión indescifrable y de la nada supe qué tenía que pedir para que desistiera y ni su negocio fuese tan importante ya.

- Si quieres que pase seis meses de infierno en tratamientos que no funcionan, el único precio que voy a aceptar es que duermas conmigo cada noche. -al final le sonreí, convencida de que había ganado, él levantó una ceja y no se movió.

- Cuando te den de alta mi asistente te va a llevar a tu casa para que empaques tus cosas. Lleva todo lo que necesites para instalarte en mi departamento. -yo lo miré sin dar crédito de lo que acababa de escuchar ¿estaba hablando en serio? ¿Así de fácil aceptó? Pero si yo ni siquiera estaba considerándolo de verdad. O por lo menos eso creía. – Seis meses. -murmuró en voz baja y se acercó para rozar apenas mis labios.

Una décima de segundo después se había alejado y yo estaba ahí todavía, pasmada, tratando de entender en qué me había metido.

Continuará...

Holi! ¿Opiniones? ¿Pedradas? ¿Mentadas?

Gracias por todo su apoyo! Un abrazote. Nos leemos el sábado. Sin spoilers esta vez.