Gales... bien manicurado, más peinado que de costumbre, talqueado y súper perfumado, detiene el coche dos cuadras antes de la casa de Luxemburgo y mira la hora.

¿Va a la hora que le ha dicho?

Va a la hora que han quedado... como una hora antes, de hecho.

No sé si va a estar en casa.

No, no... No espera que lo esté. De hecho, se detiene dos cuadras antes porque ha llegado antes específicamente para que no tenga ningún contratiempo y exista la posibilidad de... llegar tarde.

Luxemburgo quería volver pronto de la oficina, de verdad.

Es sábado...

Sí, bueno. Ejem. ¿Y?

Nada, nada. O sea es que Gales lleva todo el día orbitando alrededor de esta cita completamente histérico y nervioso.

Lux lleva toda la semana... pero mientras trabaja.

Ya... ahora no le arregles.

¡Es la verdad!

Gales se limpia las manos humeditas en el pantalón, se humedece los labios, se revuelve... saca su libro. Se mira al espejo retrovisor, se limpia las manos, se revuelve, se peina, lee tres veces el mismo párrafo...

Sabes que no hace falta que le esperes en el coche, ¿verdad?

No... Está esperándole. O sea no sabe que no está. Está esperando que den las... ¿siete ha dicho? Está esperando que sea la hora a la que ha dicho que pasaría por él.

En serio, verás que es más fácil que entres, le avisen que ya estas y se vuelva de la oficina corriendo y salgáis a tiempo que no que haga todo eso a la hora que has dicho y lleguéis tarde. Ya deberías haber aprendido eso de Galia.

Es que como va a adivinar eso, él... supone que está en su casa. Vale, a la media empieza a tener esta duda EXACTA.

Pues porque se lo come el trabajo, como si no lo supieras...

Pero es... hoy, ¡es su primera cita!

Pero el trabajo es una amante absorbente y complicada.

A las seis y media en punto, saca el teléfono y le llama.

Tarda un poco en contestar... pero lo hace.

—He-Hello —trata de no sonar nervioso.

—Hey, ¿qué pasa?

—Ya sé que falta media hora pero... bueno, solo quería avisarte que estaré por ti a las siete. E-Ehm... ¿estás listo?

—Ah, oui, oui, las siete, oui, pero aún queda un rato —se le oye teclear

—Estas en... wait. ¿Estás trabajando?

—Oui. ¿Estás aburrido y quieres venir algo o antes?

—¿Estás en tu casa o en la oficina?

—En la oficina, iba a estar aquí hasta las seis o así.

—Son seis y media, darling...

—Que va, deben ser como las cuatro.

—Mira tú reloj... paso por ti ahí mejor.

—¿Seguro no estás en horario de las islas?

—Mira tú reloj!

Se da la vuelta a la silla y mira el del ordenador.

—Oh! Dréckt! Pero si ya son las seis y media!

—Es lo que te digo... paso por ti ahí y nos vamos —Gales enciende el coche.

—Ugh, ugh! Oui. Lo que sea. Hasta ahora —le cuelga.

Gales suspira haciendo los ojos en blanco. Debe ser bonito salir con alguien puntual...

Pues búscate a un sajón.

Ugh. No. Se encamina al trabajo de Luxemburgo y le vuelve a llamar en unos quince minutos.

—Allò?

—Ya estoy afuera de tu oficina...

—Oui, oui, voy, un minuto y ya estoy.

Gales apaga el coche, se peina, se toma una pastilla de menta, se pone un poco más de loción y vuelve el ritual de estar histérico.

Y... Lux no viene

Otros quince minutos más tarde... le llama. Ya son las siete...

—Oui?

—¿Dónde estás?

—Pues aquí, ahora bajo, pero no voy a terminar si no paras de llamarme cada diez segundos.

—¡Te llame hace quince minutos!

—Quoi? Qué va!

—Créeme que si... ¿te falta mucho?

—Non, non, solo quería acabar de revisar esto y mandar el mail para que no se quede a medias.

Gales suspira.

—S-Sube. Sube y verás que es eso.

—Vaaaale, ahí voy...

Le cuelga intentando darse más prisa. El británico hace una mueca y mira su reloj... o sea es... sábado. ¡Y tenían una cita! Ugh. Sale del coche, pensando ahora que... no va a bajarle unas bloody flores. Quizás no debía haberle traído estúpidas flores. Aprieta los ojos y va a la entrada... a ver si le dejan pasar.

No hay nadie en la entrada, es sábado, está ahí él solo.

Bien, eso ayuda... esperemos que esté abierta la puerta.

Nah, pero le abre él.

Gales se estira la camisa... no se ha puesto corbata solo porque Lux le ha reñido con lo de la formalidad y entra cuando le deja pasar, volviendo a pasarse una mano por el pelo para peinarse.

—Luuuuux

Está en su despacho.

Igual le grita desde que entra.

—Aquí! —grita de vuelta.

Ahí va, con maripositas en el estómago y está ahí en camiseta y tejanos.

—Hello...

—Voy, voy, voy, pinky promise!

—Pues... no parece.

Le sonríe sin mirarle, tecleando y Gales se sonroja un poco más porque esta no es la entrada triunfal que esperaba con beso en la puerta de casa de Lux.

—Hmmm... Vamos a llegar tarde.

—Ya casi, ya casi, ¿a qué hora es la obra?

—A las nueve.

—¿Qué tal si vamos en el jet? Llegamos en media hora y aun puedo acabar esto, ir a casa, darme una ducha...

Gales parpadea.

—¿Quieres ir... en avión a mi casa? Pero...

—Para llegar más rápido.

—Pero podemos ir de una vez... En coche y... bueno como quieras, pero ¿cuánto te falta?

—¡Es que no voy a ir en vaqueros!

—Pues... mejor en vaqueros que no ver la obra, ¿no? O sea... —Gales vacila—. Pero ¿es que no sabías que era hoy la cita?

—¡Claro que lo sabía! Pero... se me ha echado el tiempo encima, lo siento —aprieta los ojos, cerrando el portátil.

—Vale, no pasa nada... —le sonríe un poco—. Quieres ir aún o... Podemos hacer otra cosa o cambiarlo para otro día o...

—Non, sí que quiero, venga... solo... ¿había algún motivo para ir en coche?

—Pues... no. No... No en realidad. Solo movernos allá quizás, no... No es que tenga un chofer esperándome en el aeropuerto, pero...

—A lo mejor podemos montar el coche al avión, vamos, les llamaré.

Galés parpadea.

—¿Montar el coche en el avión? Lux... eso es absolutamente complejo. Vamos sin el coche y ya está, solo de pensar en los permisos...

—Es un jet privado, ya arreglaremos el papeleo el lunes —se levanta y le mira un poco desconsolado—. Venga, pareces un poco decepcionado...

—No, no... Es solo que esto está yendo un poco distinto a lo que había pensado. ¿Nos vamos? Es que... la obra es en un par de horas y aún falta ir a tu casa.

—Oui, oui... —suspira.

—Lo peor que puede pasar es que no lleguemos a tiempo... venga, ¿ya estás?

—Oui.

—¿Te ayudo con... algo?

—Sonríe... como si te alegraras de verme.

Gales parpadea y se sonroja, sonriendo un poquito, atrapado, porque en efecto está tan sacado de balance con todo esto que en efecto, ni siquiera ha sonreído.

Justo por eso es que Lux ha dejado de hacerlo

—Bien. Bastante bueno, habrá que trabajarlo un poco más pero puede valer —sonríe también.

—Perdona, es que me había... llevo todo el día preparándome para una cosa y todo esto me ha puesto todo de cabeza y... y-yo iba a... yo... —balbucea un poco.

—Quoi?

Gales se sonroja un poco más y se humedece los labios. Y es que mira que guapo está ahí, con su computadora y en su oficina y... es que se pone nervioso del todo, otra vez de golpe.

Luxemburgo parpadea un poco, aun con media sonrisita

—N-Nothing... nothing. Vamos.

—Pero ¿qué habías preparado?

—Nada. Solo... No me hagas caso —hace un gesto con la mano—. Anda, vamos.

Acaba de guardar el ordenador y se va tras él.

Gales se limpia las manos en los pantalones, sonrojadito aún, pensando que vale, no pasa nada... ahora en avión. Seguro van a llegar tarde igual y si no pueden ir al teatro quizás puedan solo ir a cenar.

Aunque quizás si llegaban... vamos, que Lux y su súper jet... le mira de reojo.

—No vas a arreglarte así por horas y horas, ¿verdad?

—Lo haré en el avión —le sonríe.

—Y-Y... ¿qué ha pasado? ¿Si terminaste lo que querías? —Gales se ríe un poco con eso, guardándose las manos en los bolsillos.

—Non, pero... tendré que apañarme —aprieta los ojos.

—Pero si es sábado... —Gales pone los ojos en blanco y se ríe—. Vale, aprendido... la próxima vez empezaré a perseguirte desde las cuatro para que estés listo a las siete.

—Ugh... me lo he buscado —protesta apretando los ojos.

—Absolutamente. No puedo decir que no —abre el coche con el controlito y se sonroja un poco más porque sí, hay florecitas ahí para él y unos bombones de chocolate.

¿En el asiento del copiloto?

Sí... De hecho Gales se dirige ahí a abrirle la puerta.

¿Qué flores son?

Son unos narcisos.

Oh... Luxemburgo levanta las cejas.

—¿Y esto?

—E-Eso de ahí e-es para ti. No es... n-no es ninguna señal extraña, es...

—Non? ¿Qué es? —le mira, sonriendo y tomándolas.

—Daffodils... las hay en mi casa y pensé que podrían gustarte. Y-Ya sé que eres un chico y ya te di flores una vez y... bueno, igualmente, esto es una cita y yo... ugh. Es tarde, deberíamos irnos

—Pensaba que era una indirecta —se sienta en el coche. Gales se ríe un poco.

—Not really... aunque si quieres ponerte el saco. ¿Eres un narciso bello? Ahora mismo si suenas un poco con eso de que quieres ir a vestirte por horas —le pica un poco.

—Justo a eso me refería, pero pues... necesito tiempo para arreglarme, mira que guapo vienes tú —le señala.

—¿T-Te lo parece? —Gales se sonroja—. No traigo corbata y me siento raro...

—Pues... vas de business-casual. Tal vez el pelo...

—¿Q-Qué tiene el pelo?

—Gomina como para suplir una fábrica.

—¡Pues es para estar bien peinado!

—Pero la gracia es que no se note, hombre, tienes que fingir que tienes el pelo bien peinado de manera natural, ¿lo ves? —mueve la cabeza de un lado a otro para que vea como se le mueve a él

—Ugh... bueno, pues... así suelo peinarme yo.

—Casi todo lo que tiene que ver con estética implica eso —le mira de reojo—. Es importante.

—Vale, hago una nota mental con eso.

—Es que... Imagina que te estoy besando... en la parte de atrás de la platea o... en la calle contra una farola o... donde sea. Y las cosas se empiezan a poner más... interesantes y los besos son... profundos. Si se me ocurre meterte las manos al pelo y acabo con ellas pegajosas seguro me corta el rollo.

Gales se sonroja terriblemente con toda la idea mental que le acaba de meter.

—Oh... E-Eso... Ya, ya... no. Vale. No está pegajoso pero sí duro. Vale... voy a arreglarlo. Aun así, e-eso... implica cosas.

—¿Cómo cuáles? —Luxemburgo le mira de reojo y sonríe

—E-Es que hay una cosa que... e-es decir, yo... q-quería —vacila—. E-En mi cabeza esto... tu... y yo... y... —se humedece los labios y le mira también —. V-Vale. Si hay besos, lo arreglo.

—Es... una cita romántica, ¿no?

—Of course!

—Y eres... no eres menor, ¿verdad?

Gales se ríe.

—Definitivamente no... —se revuelve—. ¿Recuerdas lo que me dijiste el miércoles que podía pasar?

—¿De qué?

—Dijiste que si quería que me comieras hoy...—responde sin mirarle.

—Ah, bueno, sí, a eso me refiero. Uno esperaría que lo de los besos fuera como el... mínimo indispensable.

Gales sonríe... poniéndose más nervioso. Pero sonríe.

—Por un momento pensé que estaba yo malentendiéndolo todo —se detiene frente a la casa de Luxemburgo.

—A caso... ¿has hecho para no comerme tú a mí?

Gales se ríe, sin mirarle.

—¿Es importante?

—Pues es importante que me aclares antes que me meta en la ducha.

—E-Estoy perfectamente listo para... E-Eso.

—Como sea mentira... —igualmente se baja con sus flores. Y sus bombones, no los olviden...

¡Ni los habían visto los bombones!

—Lux... espera —le detiene al notar que no se los lleva, los toma y se baja del coche también—. Has... olvidado esto.

—¡Oh! Bombones también... uf... France va a odiarte por eso —sonríe.

—France? —levanta las cejas y le da la vuelta al coche hacia él.

—Es con France con quien hago deporte.

—¿Y él te pesa o qué? —se sonroja un poco más al verle con las flores en la mano y se pasa una mano por el pelo, apretando los ojos porque sí que está duro.

—Non, me peso yo y con él es que quemo las grasas.

—E-Encontraremos una mejor forma de que quemes grasas —le sonríe, frente a frente.

Levanta una ceja y sonríe de ladito. Gales se encoge de hombros.

—Vaya... entonces quizás pueda compartirlos

—Podemos comerlos entre los dos y quemar las calorías entre los dos —traga saliva, porque... quiere besarle. Se sonroja un poco más.

—Oui, por eso justo lo decía —asiente vacilando porque no sabe que pasa pero algo siente que pasa.

—Por si acaso querías compartir con alguien más... —levanta los bombones hacia él.

—Ah, mais oui. Te toca... uno. Ni siquiera sé si entero, con toda la gente que somos, es una caja de veinte, ¿verdad?

—Me parece que no quiero compartir esto con nadie más que contigo... —Gales sonríe de lado y no suelta la caja.

—¿Seguimos hablando de los bombones o...?

—No tengo... ni idea —es que solo le mira un poco atontado y Luxemburgo se ríe—. E-Esto... se parece más a lo que tenía yo en mente, a-aunque... T-Te... s-se supone que...

—Venga, ¡dilo!

—Iba a besarte —admite apretando los ojos—. P-Pero no tengo que hacerlo. Vamos a llegar tarde.

—¿No tienes que hacerlo? —Levanta las cejas.

—Pues si levantas las cejas así como si te hubiera dicho que iba a cortarte las orejas...

—Me preguntaba más bien por qué me lo dices en vez de hacerlo, pero... aún no ha empezado la cita así que...

—N-No estoy acostumbrado a que se pueda —da un pasito hacia él y traga saliva.

—No se puede porque aún no ha empezado la cita —sonríe y se echa atrás—. Voy a ducharme, ¿puedes poner mis flores en un jarrón?

—La... ugh, la cita ya empezó —protesta un poco, lloriqueante—. Las pongo si tú te apuras.

—No empezó, ¡voy en vaqueros!

—¿Y esa es mi culpa? —se ríe poniendo los ojos en blanco.

—Oui. No voy a las citas en vaqueros.

—¿Cómo va a ser mi culpa? Y yo creo que deberías de dejar de decir eso... pero ¡vengaaaa! ¡Que ya es tardísimo!

—Oui, oui... —le mira unos instantes más, mordiéndose el labio. Gales le sonríe un poco, inclinando la cabeza

Sonríe y se da la vuelta para irse al baño.

—Aun en vaqueros, te verías más guapo que yo...

Ya se ha ido ¡no le hagas volver!