Hoy salió nuevo capítulo de Bungo y estoy tiste…
No he leído el manga de Bungou Stray Dogs pero voy al día con el anime. Yo no sé cuándo y cómo vaya a terminar el arco actual pero esta historia ocurre un tiempo después con todos vivos, porque si no viven todos me pondré terriblemente triste. Siento que debería tener más aclaraciones, pero siempre se me olvidan.
Disculpen si me tomo muchas libertades y si los personajes están un poco fuera de su comportamiento habitual, yo solo quiero verlos cariñosos y cuando me doy cuenta pienso "oh, seguro ellos no se portarían así" pero bueno.
– Capítulo 2 –
Un Regalo para Akutagawa
"¿Entonces no somos novios?"
Hay algo ahí que le molesta un poco, pero pensarlo demasiado quizás es mala idea.
"No"
Arrugó el rostro ante la negativa. Se había comido la cabeza el último par de días pensando en ese tema para que Akutagawa desestimará sus propias palabras con un giro despreocupado de su muñeca.
"Pero tú dijiste…"
Me hice a la idea de ser tu novio, estúpido.
"Sé lo que dije"
¿Y ahora vienes a decir que siempre no?
"Entonces…"
¡Solo di que sí y ya!
"¡Qué no, Jin-! -el ataque de tos que ya se había tardado en aparecer calló al pelinegro de mala manera, conteniendo sus quejas con una de sus manos. Le extendió una botella de agua lista que él no dudó en tomar y beber. Eso había sido tristemente predecible- era un decir, Dios…"
Suspiró al observar los pétalos que aplastó en su puño, pequeños y arrugados, blancos como el algodón, buscando ocultarlos torpemente de su vista. Akutagawa como siempre, se porta como el chico orgulloso que no necesita la ayuda de nadie, lo cual le fastidia. Se supone que están trabajando juntos.
Rememoró vagamente lo que sabía de la enfermedad. Flores que se formarían poco a poco en su interior adornando sus pulmones hasta sofocarlos por completo, los pétalos no lucían tan abundantes, pero ya había sangre entremezclada, eso se debía a un daño significativo…
Al menos no hay flores completas o racimos, eso sería bastante grave…
Se rasco la cabeza sin saber qué decir, incómodo. Y entonces Akutagawa reaccionó, pareciendo entender el predicamento en el que se encuentra.
"¿No me digas que… ideaste todo esto sin saber qué hacer?"
Desvío la vista a la bahía ligeramente apenado al ser descubierto, ese día estaba ligeramente nublado así que hacía un buen clima, le había parecido una buena idea citarlo en el muelle para hablar un poco.
"Bueno, yo no era parte del plan inicial…"
Y Akutagawa se ha palmeado la cara, frustrado con su respuesta, arrojando los pétalos en su puño a su costado, dejando que cayeran pesadamente en el pasto junto a la banca en la que están sentados mientras su pierna derecha traquetea compulsa sobre las baldosas marmoleadas.
"¿Entonces para qué me citaste aquí, Jinko? Si ni siquiera pensaste en nada…"
Es curioso como el tono de Akutagawa no suena molesto, más bien…
¿Triste?
"Pensé que podríamos conocernos mejor -eso era algo que igual tendrían que hacer tarde o temprano ¿Por qué no ahora?- quiero saber más de ti para saber cómo ayudarte…"
Akutagawa apenas le miró, completamente fastidiado.
"Pues yo no quiero que me conozcas -se quejó tosiendo un poco, sacando disimuladamente un pétalo de su boca- no puedo creer que pedí el día para esto"
Apretó los dientes, comenzando a arrepentirse de haberse ofrecido para esta locura cuando es consciente de lo mal que la llevan desde que se conocen hace ya dos años. Dos años de mierda sin grandes avances, a decir verdad. ¿Acaso pensó que si le ofrecía su ayuda las cosas cambiarían mágicamente de la noche a la mañana?
Que Iluso…
"¿Tanto me odias? -no podía ser así, si realmente lo hiciera jamás habría aceptado su estúpido plan- ¿De verdad?"
Akutagawa ni siquiera se paró a pensarlo ni mirarlo, con su vista fija al frente y el sonido de los niños jugando a su espalda.
"Si"
¡Esto es el colmo!
Está por gritarle, mandarlo al demonio. Admitirá con hipocresía que el chico de la gabardina es mejor que él y se largará por dónde vino. Pero cuando abre la boca, instintivamente vuelve a cerrarla. Porque Akutagawa giró el rostro hacia él y logra ver un rastro de sangre en la comisura de su labio. Y el terror vuelve. El miedo a no hacer nada, a no salvar a alguien que necesita de su ayuda.
Así que respiro profundo. Sacando un pañuelo de su bolsillo.
Está por acercarse y extenderlo hasta su boca, limpiar el hilo de sangre como cuando limpiaba la baba de los niños más pequeños del orfanato, pero Akutagawa se aleja a la defensiva, con ojos grandes y encrespados, como un gato con el vello de su espalda erizado ante algo sospechoso.
Y entonces comprendió lo que iba a hacer.
"Lo siento -se disculpó bajando el pañuelo aún extendido hacia él, a una distancia prudente antes de que Rashōmon considerara atravesarle el cuerpo- tienes… en el labio…"
Hizo una seña apuntando a su propia cara, apenado por la observación. Akutagawa por otra parte le miró desconfiado antes de tomar el pañuelo y limpiar discretamente su rostro.
"¿Entonces…?"
"¿Entonces qué?"
Junto paciencia y preguntó nuevamente.
"¿Me contarás algo de ti? -Akutagawa pareció pensarlo detenidamente, buscando quizás la trampa en sus palabras- vamos, no puede ser tan malo ¿O sí? Prometo que esto quedará entre tú y yo…"
Hay un último resquicio de duda en su rostro, como siempre que pelean juntos o están cerca. Se sintió ligeramente herido, porque después de lo pasado con Fukuchi siguen sin confiar del todo el uno en el otro.
"Honor de rival -susurró observando sus ojos con la mayor de los sinceridades- solo tú y yo…"
Y él se rindió a sus súplicas.
"Está bien, pregunta -su voz fue suave, casi apenada, en un tono que no cree haber oído antes salir de su boca- ¿Qué quieres saber?"
Oh, mi…
"Uhmmm… ¿Por qué te gusta Dazai-san?"
Creyó que perdería el avance ganado ante lo íntimo de la pregunta, pero Akutagawa desvío la mirada de la suya, abrazándose a sí mismo sin darse cuenta, como si se estuviese protegiendo de algo. Ladeo la cabeza ligeramente confundido, si recuerda bien las palabras que alguna vez Rampo-san le dijo en medio de uno de sus casos, las personas suelen apartar la mirada cuando mienten.
¿Akutagawa está escondiendo algo entonces?
"Me dio un propósito… -suspiró antes de continuar- cuando eres un niño de trece años que no vale nada y lo único que esperan de ti es que mueras como un perro en algún callejón… -guardó silencio ante su explicación, aguantando las ganas de abrazarlo ante la tristeza de sus palabras- y llega alguien y ve potencial en ti… te da una pizca de humanidad… ¿Por qué no…?"
¿Por qué no amarle?
Comprende. La infancia de Akutagawa es algo que se intuía, algo que cualquiera que se atreva a llamarse a sí mismo detective debería de haber adivinado. Pero imaginarlo, oírlo de su boca… casi sintió sus ojos cristalizarse, porque Akutagawa y él tenían más en común que solo ser los discípulos de Dazai.
"Nada de lástima, Jinko"
Se talló el rostro, limpiándose los inexistentes rastros de pena. Tenía que concentrarse en la plática, aprovechar la oportunidad que su rival le obsequiaba para conocerlo mejor.
"Si, si… admito que es una buena razón -que terminó en una relación muy rara de poder, pero buena al fin y al cabo- ¿Qué me dices de detalles? ¿Dazai ha tenido detalles contigo?"
"¿Detalles? -preguntó él pareciendo no entender- ¿Detalles cómo?"
"Si, bueno... -¿Como te explico?- ¿Algo como un detalle amable?"
Akutagawa giro su vista hurgando entre sus recuerdos, mucho más tranquilo y accesible que un rato atrás. Probablemente esto se debía a que estaban hablando de su tema favorito, o bueno, la persona que le gusta. Sonrío feliz, esto definitivamente comenzaba a ser un avance entre ellos.
"¿Cómo no dispararme si me equivocaba?"
Se hizo el silencio, ligeramente roto por los sonidos de los niños jugando en las cercanías.
"Tienes que estar bromeando…"
"¿Tengo cara de que bromeo?"
Parpadeo repetidamente, con su anterior sonrisa extendiéndose poco a poco en su rostro. No de gracia sino de nervios.
"¡Tienes que estar bromeando! -se levantó de su asiento exaltado, completamente agitado. ¿Pero qué mierda acababa de decir Akutagawa?- ¿¡Cómo que dispararte!?"
"¡Jinko! -él también se levantó encarándolo, rompiendo la atmósfera íntima y volviendo al tono serio de siempre- por si no lo notaste, soy parte de la Port Mafia. ¡La maldita Port Mafia! Dependiendo del líder a tu cargo puedes terminar sin dedos. Dispararle a alguien con poderes por cometer un error no es lo peor que Dazai y otros han hecho"
Gruño sentándose nuevamente, amarrándose su indignación. Tiene razón. Pero aun así es…
Tan cruel…
¿Por qué Dazai… sería así con él? ¿Por qué aun así Akutagawa lo amaría tanto?
"Te dije que nada de lástima -le sintió sentarse a su lado nuevamente, observando por el rabillo del ojo como cubre sus labios con su mano- si vuelvo a ver esa mirada en tu rostro te golpearé y luego me iré"
Respiro profundamente una vez más antes de enderezarse hacia él, decidido. Tenía que hacer algo al respecto. Tenía que hacer que este imbécil olvidara de una buena vez a esa persona tan cruel.
"Bien, olvidemos la amabilidad de Dazai de no arrancarte los dedos -ironizó- dime, ¿Te llegó a obsequiar algo? Y antes de que digas algo filosófico cómo fuerza o determinación, te aclaro que me refiero a algo material"
Akutagawa alzó su mano, apuntando al cielo cómo si hubiera dado con su respuesta sin mucho esfuerzo. Frunció el ceño previendo su comentario.
"No, una cama suave y comida caliente no cuentan"
Eso también lo hizo por mí y no estoy enamorado de él. Así que debe haber algo más…
La mano que apuntaba al cielo bajo acariciando su barbilla entre sus dedos, pensando una respuesta que no tardó mucho en llegar.
"Mi abrigo"
¿Oh…?
"¿Rashōmon?"
"Bueno, es tradición en la Port Mafia que la persona que te recluta te obsequie algo que le pertenezca. Este era su abrigo… -vio los dedos pálidos acariciar con cariño la tela que descansaba sobre la banca. La envidió. Akutagawa nunca había sido así de delicado con él- ciertamente es viejo y sin estilo, pero, aunque no sea obligatorio usar el obsequio dado… esto era de Dazai-san"
No lo había pensado. Sinceramente no se le habría ocurrido. Casi tuvo el impulso de alargar su mano y tocar la tela, pero la mirada de advertencia bastó para hacerle desistir.
Bueno, al menos esto era un comienzo.
Dazai si le había obsequiado algo. Quizás puede empezar por ahí para emular y ser mejor que él tal como aposto. Aunque en términos de amabilidad, quizás ya había ganado…
Porque Dazai no es nada amable.
"Muy bien -se levantó nuevamente, con una idea formándose en su cabeza sobre cómo proceder con el mafioso amargado- ¡Tengo una idea entonces! ¡Dame unos días y volvamos a vernos!"
"¿Qué? ¿Eso es todo?"
Su corazón dio un pequeño vuelco de emoción al ver como Akutagawa parecía descontento con su despedida repentina. Se aguanto la sonrisa un segundo.
"¿Oh? ¿Acaso quieres que hablemos de sentimientos y traumas de la infancia un rato más? -fingió pensar un momento al ver como el otro palidecía- podría contarte de la vez que me clavaron un…"
"Olvídalo Jinko, dejémoslo así…"
Sonrió sin poder evitarlo más. Si, definitivamente ya sabía que obsequiarle.
…
– Unos Días Después –
En el Embarcadero
…
Tardó varios días en encontrar el apropiado.
Porque claro que tenía que ser especial.
Admitirá que al inicio pensó que cualquiera serviría, después de todo, no tenía que ser tan espléndido con alguien que más de una vez intentó matarlo. Pero cuantos más veía, más se convencía de que no podía darle uno de esos, por más caro o bonito que fuese.
Y la verdad sea dicha, su presupuesto es reducido.
Se paseo por el embarcadero, con la pequeña caja bien sujeta entre sus manos. Akutagawa debería estar por ahí.
Cerró los ojos y se concentró en su olfato, respirando profundo hasta llenar sus pulmones. Está seguro de que debe estar muy, muy cerca. Después de dos años de pelear lado a lado su aroma se ha vuelto tan característico para él… el olor a madera y cuero, con una pizca de vainilla.
Tan embriagante…
Aunque ahora que lo piensa, desde hace un tiempo atrás hay un cuarto aroma que flota alrededor del pelinegro.
Tendría que haberse dado cuenta.
Lavanda.
¿Sería acaso por las flores que ahora decoran el interior de su cuerpo? Es raro si lo piensa. Porque el blanco y el dorado de los pétalos que llegó a vislumbrar no tienen relación alguna con Dazai. Si él tuviera que suponer, seguramente pensaría que las flores deberían de ser unas rosas rojas con un aroma almizclado… no el aroma fresco a lavanda y limón. ¿O será que esas flores no representaban al individuo que ama sino el tipo de amor? ¿Acaso el amor de Akutagawa era uno puro y virginal?
Aspiró una vez más. El olor era más fuerte en esa zona. Si no conociera al propietario, definitivamente se le haría un aroma bastante rico. Varonil aún con el olor de las flores mezclado con él.
"Jinko -giró sobre sus talones, abriendo los ojos y encontrándose con el chico causante de la gran mayoría de sus problemas- bueno, bueno, pero que tenemos aquí… un tigre perdido…"
"Ja-ja-ja que gracioso eres…"
Solo entonces se percató que estaba en medio de al menos una docena de hombres de la mafia.
Cómo fue que no me di cuenta…
Guardo la caja en su bolsillo antes de levantar lentamente las manos. No es que no pudiera ganarles, pero la idea de ser alcanzado por una bala no suena nada atractiva.
"Agradecería que tus hombres no me dispararan"
Akutagawa sonrió ligeramente, haciéndolo fruncir el ceño.
"Sigan con lo que estaban haciendo, el Jinko solo iba de pasada"
Suspiró, dejando salir el aire de sus pulmones. Bendito sea el pacto de paz entre Fukuzawa y Mori. A Akutagawa no pareció importarle su presencia, alejándose sin decir nada más. Le siguió antes de que se alejara lo suficiente.
"De hecho te estaba buscando…"
"¿Y eso a que se debería?"
"Quería entregarte algo -no pasa desapercibido para ninguno de los dos como los ojos de los reclutas los miran con curiosidad y cautela mientras descargan cajas de madera de los grandes contenedores- ¿Podemos ir a un lugar más… privado?"
Akutagawa se cubrió el rostro, parece que tendrá otro ataque de tos, pero mantiene la compostura, guiándolo hasta estar ambos detrás de un contenedor, pero aun así las miradas indiscretas le pican el cuerpo. ¿Qué tan jugoso sería el chisme de que alguien de la Agencia visita a uno de los líderes de la Mafia en horas de trabajo?
"¿Y bien?"
¿O que hacen cosas curiosas juntos?
"Dame tu mano -pidió tranquilo, ignorando los nervios que le aplastan el estómago- por favor"
Akutagawa le mira largo rato intentando descifrar sus intenciones y a él le duele un poco como el mafioso parece dudar de todos sus actos, en especial cuando se ha estado esforzando tanto.
"No te daré… -lo vio removerse ligeramente incómodo, dudando de sus palabras y luchando contra algo en su interior antes de volver a enderezarse con seguridad- no te daré mi mano Jinko"
Se habría enojado, pero tiene la impresión de que Akutagawa también intenta poner de su parte, aunque no lo parezca.
"Solo dámela, pedazo de tonto"
A regañadientes extendió una de sus manos hasta la suya, tomándola rápidamente y arrugando la tela del abrigo y la camisa debajo, descubriendo su muñeca desnuda para desconcierto del pelinegro. Le soltó y extendió su mano para tomar la otra, repitiendo la operación frente a los ojos grises que observaban sus movimientos con curiosidad.
Tal como pensó no había nada. Así que su elección, esperaba fuese acertada.
"No creí que descubrieras que me automutilo"
…
Espera ¿Qué?
La frase le alarmó, bajando nuevamente su vista a la mano que aún sostiene, observando la piel suave e impoluta, acariciándola en busca de alguna marca o relieve que pudiese parecer fuera de lo normal.
Hizo puchero ante la broma de mal gusto, contrario a la sonrisa sardónica del otro.
"Sinceramente no es eso lo que buscaba"
"¿Entonces qué buscas? -preguntó él observando sus manos aún entrelazadas, tosiendo un poco y cubriéndose la boca con su mano libre- si se puede saber…"
Le soltó, recuperando la caja de uno de sus bolsillos y extendiéndola al pelinegro, repentinamente nervioso.
"Dijiste que Dazai te dio tu abrigo -de verdad se había esforzado por eso, esperaba que Akutagawa al menos lo agradeciera en vez de tirarlo al mar- pensé que era buena idea empezar esto obsequiándote algo también"
Akutagawa recibió la caja con dudas, girándola entre sus dedos para observarla en todos sus ángulos, hasta que se decidió a abrirla.
Le gustaría poder poner nombre a la emoción que se reflejó en los ojos grises al ver el contenido, sería presuntuoso de su parte hacerlo, pero la palabra que retumbó en su mente fue dicha.
"¿Por qué… -preguntó Akutagawa sacando su regalo de la caja y observandolo mejor, pasando la yema de su pulgar por sobre la carátula- un reloj?"
"Bueno -dudó, rascando su mejilla- tienen un significado importante del lugar de dónde ven-"
Calló al ver cómo Akutagawa le extendía la mano con el reloj en ella. Se le hizo un vacío en el estómago. ¿Acaso no le había gustado? ¿O quizás la Port Mafia tenía prohibido usar objetos de externos?
No, definitivamente no le gusto…
Tomó el reloj entre sus manos nuevamente, observándolo. ¿Tan mal estaba? Bueno, es cierto que sus gustos y los del pelinegro difieren un poco ¿Pero aun así despreciaría el regalo? ¿O es porque el regalo era suyo?
Los ojos le picaron, hace mucho que no se sentía tan decepcionado.
"¿Qué esperas, Jinko? Ayúdame a ponerlo"
Levantó la mirada. No había notado que el brazo del mafioso seguía extendido en su dirección, esperando pacientemente a que le prestará atención.
Akutagawa alzó una ceja.
"¿O ya te arrepentiste de dármelo?"
"¡Oh! ¡No! -chilló dando dos pasos en su dirección, pegándose más a él y cortando la distancia que los separaba. Tomo una vez más la palma de esa mano pálida y deslizó el objeto sobre su muñeca- claro que no"
"¿Y entonces? ¿Qué significa un reloj de dónde vienes?"
Detuvo su trabajo a medio terminar, levantando la mirada y observando el rostro del chico que tiene a solo un palmo, con el corazón feliz por el interés genuino con el que hizo su pregunta.
"Del orfanato de dónde vengo, el director no nos permitía usar reloj. Decía que era un objeto que solo tenían derecho a usar aquellos individuos con una voluntad establecida -se mordisqueó ligeramente el labio, recordando el terror que su padre le hizo pasar muchos años- él pensaba que aquellos que viven para ser controlados no necesitan uno… así que pensé que sería algo perfecto para ti"
Akutagawa pareció meditar su respuesta mientras él terminaba de ajustar la correa, sonrió observando el resultado. La verdad es que le quedaba muy bien.
"¿Entonces por qué tú no tienes un reloj?"
La pregunta le desconcertó. ¿Él? ¿Con un reloj? Ni siquiera se le había pasado por la cabeza.
"No lo sé... supongo que lo rompería con las manos de tigre -mintió. Akutagawa no le creyó, pero pareció no importarle, observando la pieza en su muñeca, acariciándola con la otra. No pudo evitar sonreír al ver el detenimiento con el que observan su regalo- bien, ahora intenta usar a Rashōmon en él"
"¿Eh? No creo que… -ambos observaron cómo de la correa salían finas líneas, lianas que se entrelazaban hasta formar una cuchilla alargada, no como el habitual Rashōmon pero si algo que podría sacarle de apuros- ¡Si! ¡Si se pudo!"
"¿Pero cómo...? -los dedos largos y pálidos acariciaron la correa, observándola detenidamente- ¿Esto es tela?"
Debe admitir que su desconcierto es encantador.
"En realidad es una aleación entre elastano y nylon, pero el acabado lo hicieron para que pareciera cuero -no pudo evitar brillar de emoción al ver la sorpresa reflejada en el otro. ¿Significaba eso que le había gustado?- ¡No es algo que debas usar para matar! Pero pensé que tenía que ser algo que pudiera ayudarte en alguna crisis, por eso lo busqué así. ¿Qué opinas?"
Y pasó lo increíble.
Akutagawa sonrió. Sonrió tímido mientras acaricia su obsequio. ¿Este chico de verdad podía sonreír de esta manera? Solo lo habría creído por verlo. Y aquí estaba él, siendo testigo de algo inimaginable.
Estaba tan emocionado por el genuino cariño con el que esos dedos acarician su objeto que no pudo evitar tomar esa mano nuevamente por sobre las correas, rozando los dedos fríos y acercándose a su dueño, tan cerca que pudo aspirar su aliento, observar las vetas plata en los ojos oscuros.
"¿Te gustó? -se siente tan feliz que por un momento olvidó con quién estaba tratando. Y si bien esto era algo que pudo prever, aun así, no lo esperó- ¡Ay!"
Le soltó adolorido, acariciándose las palmas de las manos, con el olor pestilente a sangre inundando sus fosas nasales.
¿¡Pero qué…!?
Lo miro con enojo, a punto de estallar en insultos. Pero se detuvo al ver la sorpresa en su rostro, los ojos abiertos con horror, la postura defensiva, cómo si…
Como si hubiese sido involuntario…
Le ignoró un momento, observando sus palmas. Había sido superficial. Akutagawa seguramente había retirado las espinas en cuanto pudo.
"Auch"
"Yo…"
"Está bien -susurró dejando su poder fluir hasta sus palmas, curándolas en el acto- esto no es tan raro entre nosotros después de todo, pero tenemos que hacer algo al respecto"
Akutagawa bajo la mirada como un niño regañado. Quizás recibir un pinchazo de vez en cuando con tal de tenerlo así de dócil estaba bien.
"Ooooook entonces, tú y yo vamos a poner ciertas reglas durante estos tres meses para que nadie salga herido, ¿Está bien? -se cruzó de brazos y Akutagawa resopló- primero que nada, prohibidos los insultos y los poderes entre nosotros"
Le vio encogerse de hombros, amodorrado en su papel de indignación y aceptando en silencio el acuerdo.
"Y segundo, de ahora en adelante me dejaras tocarte cuando yo quiera"
Está seguro de haber oído como una docena de personas contenían la respiración. ¿Acaso estaban espiando su conversación? ¿Por qué se asustarían…?
Eh…
Normalmente reaccionaría más rápido a sus propias meteduras de pata. Esta vez no tuvo tanta suerte -la verdad es que se distrajo- y fue embestido por Rashōmon hasta caer en lo alto de un contenedor. Al menos Akutagawa había tenido la amabilidad de no afilar los pliegues para partirlo por la mitad.
"¡No soy tu prostituta barata, Jinko!" -apenas pudo esquivar el siguiente ataque, el que le pasó terriblemente cerca de la pierna. ¡Joder! ¡¿Acaso quería castrarlo?!- ¡Te voy a arrancar las bo-!"
De rodillas sobre el contenedor suspiró al verlo doblarse y convulsionar hasta que un grupo de pétalos bailó bellamente entre su boca y el suelo, envueltos en hilos de saliva y sangre. Pero se asombró al no ver pétalos blancos ni amarillos sino violetas.
¿Violetas?
"No me refería a eso y lo sabes -las mejillas se le entintaron al solo imaginar sus manos sobre ese cuerpo esbelto, sujetando la cintura estrecha. Se levantó para marcharse, si se quedaba Akutagawa no estaría feliz hasta castrarlo al menos una vez- Lo sabes ¿Verdad?"
"No te atrevas a huir -por supuesto que sería un estúpido sino aprovecha para huir- te lo advierto"
Le saco la lengua al ver cómo apenas recuperaba el aire, incapaz seguramente de seguirle el paso.
"Agreguemos una tercer regla -sonrió- debes ser más lindo conmigo"
Río al esquivar el ataque, huyendo de la escena. Akutagawa era alguien muy divertido de molestar y ver esas mejillas enrojecidas -ya fuese de vergüenza o indignación- al pensar que se le insinuaba, definitivamente había valido cada jodido centavo.
Próximo Capítulo:
Sentimientos Encontrados
Entrenar juntos puede que sea una buena manera para acercarse.
Lástima que los trompicones accidentados y
la panda de chismosos no estaban en sus planes.
Saluditos~
