¡Chiquititos! Me complace traer para ustedes el decimo capítulo y el final de esta humilde historia. Agradezco a todos los que siguieron la historia hasta aquí, espero que la hayan disfrutado. AliaMarmolejo, gracias por tu apoyo, me inspiras a seguir publicando mis tonterías.
Este será el final de la historia, peeeeero pienso subir unos capítulos pequeñitos -de los que aún no tengo absolutamente nada- que den un poquito más de contexto con algunas cosas.
Sin más. Gracias por leer, besitos~
Aclaraciones: Estos son pensamientos.
Advertencias: Nopi.
– Capítulo 10 –
El Final de la Apuesta
Cerró la llave de mano y se miró al espejo, un hilo de sangre bajaba desde la comisura de sus labios hasta su barbilla cayendo y dejando una estela desagradable en el lavamanos. Está más pálido que de costumbre y las ojeras están demasiado pronunciadas. Si Gin lo viera en este momento…
Seguro querría desmembrar al tigre…
Se arrastró nuevamente hasta su cama con la garganta escociéndole. Ha vomitado tantas veces desde que dejó la casa de Nakajima que el sabor a óxido le ha hostigado por completo.
Narcisos amarillos. Camelias blancas.
No tenía que ser un genio para entender lo que su cuerpo gritaba.
Amor eterno para un amor no correspondido…
Vaya chiste qué es. Ryunosuke Akutagawa, uno de los cinco líderes de la Port Mafia rebajado a un ovillo tembloroso bajo las sábanas por el amor no correspondido de su rival.
¿Acaso hay mayor vergüenza que esa?
Acaricio su muñeca, allá donde antes descansaba el regalo de su amor. Se sentía desnudo sin él, tanto como cuando se quitaba a Rashōmon. Haber dejado su obsequio había sido difícil, después de todo era algo que él atesoraba desde el primer momento en que lo vio. El tigre lo había escogido para él. Había pensado en él. Y lo había salvado con él.
Dejarlo dolía, pero él quería confiar en las palabras de Dazai.
Al menos aún tengo…
Estiró su mano por entre las sábanas hasta el pequeño pañuelo que descansaba en su mesa de noche, llevándolo hasta su pecho, aspirando su aroma a lavanda y cítricos.
Se había bañado a penas llegar a casa, pero era imposible borrar de su cuerpo los recuerdos de las caricias, su esencia.
Arrugó el pañuelo con las lágrimas queriendo desbordar una vez más de sus ojos, pero las frenó orgulloso con los dientes fuertemente apretados. Él jamás llorará por nadie. No por eso. Solo necesita descansar y estará como nuevo.
"¿Hermano?"
Asomó su vista entre las sábanas buscando a su hermana. Gin le mira desde la entrada de la habitación con plato en mano.
"Vine a ver cómo estabas, te traje sopa"
Aspiró fuerte antes de responder, con el nudo doloroso en su garganta casi asfixiándolo.
"Estoy bien, Gin. No te preocupes"
Sabe que no puede engañar a su hermana. No cuando ella tiene un olfato tan bueno como el del tigre para detectar la sangre. La mirada que ella le dedicó al bote de basura cercano a él se lo demostró. Aun así ella no lo desmintió, acercándose hasta él y sentándose en el borde de la cama, cediendo el plato con sopa.
"Mori-san quiere verte mañana -tosió tragando la sensación de querer expulsar pétalos nuevamente. Gin le miró con algo de pena antes de continuar- si no ve avances notorios dice que te operará tenga o no tu consentimiento"
Gruño.
Claro que era tonto pensar que Mori no intervendría. Por supuesto que no dejaría morir a uno de sus activos más valiosos si podía evitarlo.
"No necesito que me opere"
"Hermano… -la mano de su hermana luce tan pequeña cuando se aferra a la suya. ¿O será que aún recuerda la pequeña manita que se aferraba con temor a la suya cuando vivían en el Barrio Mortero?- no quiero quedarme sola"
Y no hay nada más que discutir.
Las Camelias blancas no mentían, pero él a su hermana la ama mucho más.
"Prometo operarme de ser necesario. No te abandonaré"
Gin entendiendo su sacrificio le estrechó entre sus brazos. Ellos no eran tan afectivos físicamente, pero ese abrazo se sintió tan necesitado que dolía.
"Debo volver. Si necesitas algo llámame"
Asintió, ligeramente cansado. Era un terrible hermano por preocupar de esa manera a Gin, pero si le preguntaran, él realmente no se arrepentía de alargar su enfermedad esos tres meses aunque hubiese fallado.
Ese había sido el trato con Mori después de todo.
Cucharada tras cucharada bebió su sopa hasta terminar, ahora solo quedaba descansar un rato y estaría mejor, pero el sonido de un mensaje le hizo abrir un ojo cuando estaba por quedarse dormido.
"Por favor ven está noche, ocupamos hablar -Atsushi"
Está por mandarlo a la mierda, claro. Pero…
Lo mínimo que puede hacer antes de ser despojado de sus sentimientos, es despedirse del hombre que ama y no volverá a amar jamás.
…
Suspiró observando el grupo de departamentos pertenecientes a los miembros de la Agencia de Detectives.
Sigue sin entender del todo porque viven en ese basurero, pero su pensamiento era casi ridículo si al final del día él se encontraba volviendo feliz una y otra vez a ese lugar.
Subió paso a paso la escalera, retrasando todo lo posible el encuentro, recordando las palabras de la noche anterior y su huida vergonzosa.
El número 3 del departamento se burla en su cara y antes de siquiera poder rozar la madera con los nudillos la puerta se abrió de un tirón. El chico tigre le recibió ansioso.
"Viniste"
Arrugó el ceño.
"Dije que lo haría"
Pasó dentro antes de arrepentirse, pero esto no es exactamente lo que esperaba encontrar.
Sartenes en la pequeña estufa y un rico aroma flotando hasta la puerta. Velas alargadas, mantel, cristalería nueva -porque está seguro de que eso no lo tenía Atsushi la última vez que comió ahí- y por último, su reloj descansaba en la mesa.
Se acarició la muñeca desnuda mientras caminaba por el lugar, incómodo de haberlo dejado a propósito en la cómoda de la habitación y ahora encontrarlo aquí.
"¿Qué es todo esto?"
"Uhm… un detalle"
Atsushi no le mira, no directamente al menos. Va por ahí con manos temblorosas, cometiendo torpezas con un perpetuo sonrojo en sus mejillas.
Hay algo muy raro en el ambiente, no ocupa ser un genio para notarlo. Esto lo mire por dónde lo mire luce como una disculpa, lo cual va muy acorde a la personalidad del chico tigre, pero hay algo más que no termina de cuajarle.
¿Qué mierda le picó?
"Me alegra mucho que vinieras -no fue hasta que Atsushi sirvió los dos platos en la mesa que se dignó a hablarle nuevamente- hice tu favorito"
Miró el plato con la pechuga de pollo y la ensalada de higos. Después al tigre y nuevamente al plato. Tomó el tenedor y probó un poco ante la atenta mirada. La verdad es que…
"Está muy bueno, Jinko"
La frase fue sencilla, hermética y sin emociones, pero el brillo de emoción llegó a esos ojos que tanto adora llenándolos de felicidad.
"Me alegra mucho"
Y vuelve a preguntarse, mientras ambos cenan, qué mierda se supone que le pasa al chico frente a él. El mismo que no deja de mirarlo, el mismo que se mantiene tan callado y sumiso cuando siempre fue una bola de pelos molesta y fastidiosa desde que se conocieron.
Atsushi era fácilmente comparable a una piedra en el zapato.
Si tuviera que suponer algo, pensaría que está apenado por intimar con él la noche anterior, quizás arrepentido por lo que sucedió después. Pero nada de eso explica del todo su comportamiento.
Si tuviera que elegir diría que…
Se quedó con el bocado a sólo centímetros de su boca, cayendo en cuenta de la situación. El sonrojo, el esfuerzo, la cena, los ojos bajos, la actitud sumisa pero distante.
Lo sabe. Atsushi lo sabe.
Se levantó de golpe, casi tirando el plato y todo lo que había en la mesa al dar media vuelta y dar un paso hacia la puerta antes de caer estúpidamente de bruces al suelo.
Al menos había alcanzado a meter las manos.
"¡Pero qué mierda te pasa! -gritó colérico y seguro de que las venas del cuello le están por tronar. Giró para encarar a ese chico que está por ahorcar, pero se sorprendió descubriéndolo sobre él- ¡Jin… ko?"
"¿Qué me pasa a mí? ¡Qué te pasa a ti! -gritó él luchando con las lianas de Rashōmon- ¡¿Por qué me mentiste con lo de Dazai?! ¡¿Por qué no me dijiste la verdad?!"
Gruño confirmando sus sospechas, Atsushi lo sabía.
"¡Porque no quería tu lástima, estúpido! ¡Ni tus buenos sentimientos de amistad! -no, él no quería ver esos ojos tornasol mirarlo con lástima o con asco, prefería callarse sus deseos y su dolor- me rechazarías, cla-"
"¡No lo sabes!"
"¡Claro que lo sé, Jinko!"
Claro que lo sabía.
Sabía perfectamente que Atsushi lo odiaba hasta hace unos meses y bien ganado se lo tenía. Igual que sabía que le miraba con pena y lástima después de contarle de su enfermedad pulmonar durante el incidente en el barco.
Odio y lástima son dos cosas que no van de la mano.
Pero el tigre siempre iría mucho más allá de sus propias limitaciones.
Si él hubiese… si él hubiese llegado a decirle sobre sus sentimientos y la enfermedad que se le enredaba como una maldición, Atsushi le habría correspondido con tal de salvarlo por más que le odiara.
Apretó la quijada, rechinando los dientes y aguantando la molestia creciente en su pecho. ¿Había alguna diferencia entre esa situación hipotética y la apuesta que se le había presentado? La verdad es que no. Todas las atenciones del tigre se originaban de la preocupación por su enfermedad. Él sabía que cada beso y caricia estaban marcados por el terror absoluto de una muerte anunciada, no por atracción genuina.
Incluso la petición de ser amigos…
"¡No lo sabes! ¡Simplemente decidiste evadir el tema como si no tuviera nada que ver conmigo!"
¡Porque no tenía nada que ver contigo!
Aspiró fuerte, intentando controlar el temblor de su cuerpo.
"Era mi problema… -respondió sin fuerza, evadiendo nuevamente sus sentimientos- no tuyo"
Atrapado bajo el cuerpo grande lo vio cernirse sobre él de manera amenazadora hasta rozar sus labios, dejándolo sin palabras.
"¿Entonces porque aceptaste esa tonta apuesta si no era para estar conmigo? Porque realmente querías una oportunidad"
Guardó silencio, atrapado por la ferocidad de esos ojos tornasol.
Retrajo a Rashōmon, huyendo de su mirada con su rostro a solo milímetros de distancia y su aliento mezclándose con el suyo. Había sido débil, pero… ¿Realmente había estado tan mal de su parte pedir tan solo y por un momento una probada de lo que podría haber sido ser correspondido?
De que el tigre no lo mirara con odio, sino…
"Solo… quería un poco…"
Calló, incapaz de controlar el temblor en su voz. No debió haber ido. No debía mostrar esa faceta frente al tigre ni frente a nadie. Pero Atsushi lejos de seguirle riñendo o burlarse rozó nuevamente sus labios, aplastando más su cuerpo contra el suyo.
"Entonces solo lo hubieras pedido -susurró- lo hubieras pedido todo…"
Giró levemente el rostro hacia él, haciendo que el roce se volviera un contacto y Atsushi no se contuvo más, atrapando sus labios con pasión y devorándolos por completo. Tan apasionado y ansioso como la noche anterior mientras le tomaba como suyo.
Enterró sus dedos en la espalda del hombre tigre y se rindió a sus deseos, embriagado en el calor del chico sobre él y los recuerdos vívidos de sus manos grandes sobre su cuerpo.
Ahogó un gemido ante la tempestad que le azotó. Atsushi le besa como nunca antes lo hizo y siente que se ahogara en su boca, en su deseo.
Suspiró cuando los labios tortuosos se separaron de los suyos besando su rostro, presionándose suavemente contra la piel de sus mejillas. Y aún entre suspiros se permitió preguntarse la diferencia entre los besos de días anteriores y éstos. Se separó un poco, mirándolo.
Y encontró lo que antes faltaba.
Atsushi le besa con una gran sonrisa en su rostro que parece irradiar luz propia, cuando antes le besaba con indecisión y molestia no muy bien disimulada.
Parpadeó confuso.
Él creyó que Atsushi le besaba y mimaba a regañadientes. Molesto por tener que hacer esas cosas para mantenerlo con vida. Bueno. Una parte de él lo creyó, aunque Dazai le haya dicho lo contrario.
"¿Tu…"
…de verdad me quieres?
Atsushi se separó cuando estaba por besarle nuevamente, observándolo con esos ojos tornasol rebosantes de amor.
"¿Yo…?"
"Creí que seguirías enojado, que ya no querrías verme"
Por mentirte, por usarte, por herirte…
Atsushi que antes parecía flotar en una nube esponjosa le miró horrorizado por sus palabras, separándose lo suficiente de su cuerpo para que ambos se sentaran en el suelo, uno frente al otro.
"¡No es así! No es como lo piensas. Yo estaba tan, tan, tan celoso de Dazai que no pensé bien mis palabras -sabe que el tigre no miente cuando sus hombros se hunden y su postura no expresa más que pena y culpa- soy tan egoísta. Te quería solo para mí… pero no estaba molesto contigo, no de verdad…"
Bajo la mirada hasta sus manos, las cuales se retorcían nerviosas. ¿Atsushi de verdad no lo odiaba? ¿Además estaba celoso de Dazai? Eso solo podría significar…
"¿Entonces tú…? -No, eso sería imposible. No hay manera de que Atsushi en realidad esté enamorado de él- ugh"
Giró su rostro hacia la puerta, sopesando seriamente la posibilidad de huir antes de preguntar alguna estupidez. Pero Atsushi río comprendiendo sus palabras sin necesidad de pronunciarlas, tomando uno de sus mechones de cabello entre sus dedos.
"De verdad creí que se me notaba que me gustabas"
El susurro de Atsushi le hizo sonrojar las mejillas.
Ese estúpido tigre debe estar mintiendo -pensó- sin lugar a dudas. ¿Por qué razón le gustaría? Simplemente no hay una razón lógica a excepción de que no lo quiere ver morir.
"Imposible. No puedo gustarte, porque cada vez que me besabas te parecía… -dudó un momento, recordando los gemidos obscenos y las caricias calientes- asqueroso"
"¡Qué! -hundió sus hombros ante el tono indignado, bajo la mirada avergonzado- ¡Cómo podría!"
"¡Te separabas rápido! -dijo sintiéndose estúpido, encontrando sus observaciones cada vez más banales- ¡Hacías caras extrañas! ¡De molestia! ¡Parecía que-!
"¡Claro que ponía cara de molestia! ¡Yo quería seguir besándote!"
Su mirada busco el tornasol que brilla en sentimientos agolpados. No miente. Y si Atsushi no mentía, entonces…
Abrió la boca, apuntando con su mano al hombre tigre cuya cara brilla en vergüenza pero le observa con resolución. Atsushi tomó su muñeca, arrastrando su cuerpo hasta sentarlo sobre sus piernas, abrazando su cintura.
"Pero debía alejarme de ti… era tan frustrante -le acariciaron la espalda, le rozaron los labios. El tono de voz que golpeó su rostro bajó hasta convertirse en un susurro meloso- porque eres tan apetecible… si te hubiese besado mucho tiempo te habría arrancado la ropa un par de veces"
Casi quiso reír por sus palabras, recordando no sin cierto bochorno como se había arrancado la ropa mojada en medio de la tina mientras los ojos tornasol le observaban con un sentimiento que ahora sabe no puede nombrar de otra forma que no sea Deseo.
"Déjame decirte que lo hiciste una vez, dos si contamos…"
La risa jocosa estalló en la habitación, aligerando toda la tensión entre ellos.
"En ese momento aún tenía autocontrol. No como ahora que podría perderlo en cualquier momento y volver a hacerte mío… -las manos en su cintura le apresaron, aplastándolo fuerte contra las caderas que se restriegan debajo suyo hasta hacerlo gemir- podría hacerlo para castigarte, aún estoy tan molesto de que me hicieras creer que te gustaba Dazai. Sabías que así ganarías la apuesta…"
Sonrió al ser descubierto en su travesura.
"Yo jamás dije que me gustara Dazai…"
"Eres un tramposo -ronroneó Atsushi en su oído con voz melosa, derritiendo sus sentidos, con manos posesivas en su cuerpo, con los labios a punto de devorar los suyos- exijo una compensación"
Alzó el rostro, escapando de esa boca deseosa que está por atraparlo y devorarlo entero.
"Oh~ que mal perdedor eres… -susurró ahogando un gemido cuando el tigre apresó su cuello entre sus labios- pero hoy estoy de buenas así que oiré tus demandas Atsushi"
"Mmm… en primera, nada de insultos ni poderes entre nosotros… -murmuró soltando su cuello y comenzando a lamerlo- en segunda, me dejaras tocarte cuando yo quiera…"
Levantó una ceja separándose un poco, casi riendo por lo hambrienta que sonaba esa petición ahora en comparación con la primera vez que la dijo en medio de un montón de contenedores.
Los ojos tornasol brillaron traviesos.
"Y en tercera…"
"Oh ¿Hay una tercera? Pero que tigre tan caprichoso -jugueteó con el cuello de la camisa blanca, desabotonando el área del pecho- déjame adivinar, debo ser más lindo contigo"
Le besó abrazándose a su cuello, suspirando su nombre. Atsushi río cuando se separaron, pero el agarre en su cadera se hizo más fuerte. La sonrisa en él le supo a ternura.
"Suena tentador, pero prefiero tus modales atrevidos y tu humor ácido -no pudo contener la curiosidad en su expresión. ¿Qué sería si no?- sé mi novio"
Abrió la boca sin poder creer del todo las palabras, pues sinceramente nunca pensó que algún día las oiría del tigre blanco. Pero helo aquí, tres meses después de que su secreto haya sido descubierto por la única persona que él no deseaba lo descubriera. El chico con el que jamás creyó tener una oportunidad después de todas las cosas terribles que se habían hecho el uno al otro. Y aquí está él, ese mismo chico sosteniendo con delicadeza su cuerpo entre sus brazos, pidiéndole lo imposible, mirándole con ansiedad y duda.
"Yo sé que lo arruine mucho… desde un inicio, especialmente ayer después de… -la mirada tornasol apagó su brillo y él siente la necesidad de abrazarlo contra su pecho- lo que quiero decir es… estar contigo estos tres meses me hicieron muy feliz. Tan egoístamente feliz y… yo…"
"Jinko- le interrumpió antes de que este chico tonto se pusiera a lloriquear sobre su hombro- si es tu manera de conseguir que se repita lo de ayer…"
Sonrió al verlo enrojecer y tartamudear, agitar las manos en todas direcciones y casi verle combustionar.
"¡No! ¡Si! ¡Digo! ¡Sí, pero no es por eso! -se cruzó de brazos con una ceja alzada mientras Atsushi vuelve a tomarlo de la cintura con manos temblorosas, cómo si temiera su reacción- te juro que no es por eso, podemos no hacerlo si quieres, juro que no te tocaré un cabello sin tu permiso, lo juro, solo, por favor…"
Se empujó hacia él, besándolo con hambre. ¿No hacerlo, dice? ¡Por supuesto que lo harían! Haría lo que fuera por tener a ese hermoso hombre tigre sobre él, abrazándolo, amándolo, gruñendo su nombre, suspirando palabras de amor y susurrando unas cuantas cosas sucias entre dientes.
Soy un adicto a ti…
Atsushi está tan perdido en medio de su beso que hacer que se recostara fue absurdamente fácil. Desde la altura, sentado sobre sus caderas y la dureza de Atsushi entre sus piernas respondió.
"Claro que lo haremos, Jinko -y la sonrisa que Atsushi le dedicó brilló tanto como los ojos tornasol- no pienso privar a mi amado novio del sexo… no cuando se siente tan bien estar entre sus brazos"
"Haces a tu novio muy, muy feliz Ryunosuke -las manos suaves se sienten tan cálidas y seguras en su rostro que podría cerrar los ojos y dormirse contra ellas, pero el llamado de Atsushi atrajo su atención- Ryunosuke, te amo…"
La respuesta fue inmediata. Tanto como lo sería un espasmo. Tan vergonzosamente inesperada como lo había sido aquella vez en el embarcadero, cuando había revelado su secreto por primera vez.
Se giró violentamente fuera del cuerpo de su novio y abrió la boca dejando caer un puñado de flores blancas sobre el piso de madera.
Se le secó la boca al ver lo que había vomitado.
"¿Pero qué-?"
Las flores casi formadas en su totalidad eran Camelias, claro. Pero eso no era lo raro. Lo raro era verlas marchitas. Los pétalos estaban arrugados, con un ligero color lodoso y un olor a funeral.
La respuesta a sus preguntas se las daría el Tigre.
"¡Oh Ryu!"
Los besos volvieron con el doble de intensidad, casi tumbándolo. Se aferró fuerte a los hombros anchos y soportó los embates cargados de deseo. Unos minutos después y con los labios punzando logró apartar lo suficiente al tigre como para preguntar.
"No entiendo… ¿Qué significa?"
Atsushi río mientras intenta comerle nuevamente la boca a besos y mordidas. Alejó el rostro lo suficiente para no ser comido y Atsushi gruñó con molestia.
Vaya que era verdad que le ponía de mal humor detener sus besos.
"De verdad que eres un descuidado ¿Ni siquiera te molestaste en buscar nada? -negó ante el regaño. Él sabía que podía morir o ser operado. ¿Qué importaba entonces el resultado? Atsushi pareció captar su hilo de pensamientos y aplastó su mirada hacia él- Ryu… ¿De verdad no te importó? ¿Así de descuidado eres con tu salud?"
Dio un brinco al sentir la mano impertinente del otro darle una suave palmada en el trasero a modo de regaño.
Ni siquiera pudo indignarse, Atsushi ya se cernía sobre él con un aura ligeramente abrasadora. Le derribaron sin poder pelear, acomodándose sobre su cuerpo, sosteniendo su rostro.
"¿Jinko?"
"¿Recuerdas la apuesta, Akutagawa? ¿Qué pasaría si yo ganaba?"
Giró su vista, intentando recordar las palabras del chico tigre. La verdad es que estando debajo de su cuerpo poca atención podía poner, y cuando hicieron la apuesta Atsushi estaba sentado sobre sus caderas. Más concentrado estaba en no querer besarlo que en lo que sea que había prometido.
Atsushi suspiró.
"Sabía que nunca me ponías atención… esas flores marchitas simbolizan el fin de la enfermedad. Tú al fin ves tus sentimientos correspondidos, por eso la planta empezó a morir. Y como aún estamos dentro de los tres meses, eso significa que yo también gane -el tigre rozó una vez más sus labios, mientras abre su abrigo e interna una mano en su interior- y Ryūnosuke Akutagawa es un hombre de palabra. Por lo tanto, cumplirá con su parte de la apuesta ¿Verdad?"
Se perdió un momento en los ojos acuarela, en su intensidad y su calor, recordando vagamente lo antes pactado.
"Si… valorare más mi vida… "
Atsushi pareció complacido antes de tomar su reloj de la mesa y colocarlo nuevamente en su muñeca, donde pertenecía.
"Más te vale… tienes prohibido morir y dejarme"
"No pienso dejarte por nada, Jinko"
Claro que jamás lo dejaría. Después de todo, las camelias que descansaban moribundas a su lado no mentían. La eternidad iba de la mano con sus pétalos manchados de sangre.
Atsushi asintió antes de inclinarse y volver a poseer sus labios con vehemencia. Se aferró a él una vez más. Exigiendo y tomando todo lo que el tigre tuviera para él. Esta vez sin mentiras ni otros nombres de por medio.
"También te amo Atsushi"
Y se dejó abrazar una vez más por esa sensación que solo tenía cerca del tigre. El gusto de sentirse amado.
…
Saluditos~
